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jueves, 12 de mayo de 2016

Notas en el foro “Cultura y Nación: El misterio de Cuba”




Por Abel Prieto, Bohemia


“La historia como arma”




-Quiero de inicio felicitar a la Sociedad Cultural José Martí por inaugurar un nuevo espacio de pensamiento y discusión. Sería esencial que lograran organizarlo de modo sistemático y que pudieran atraer a muchos jóvenes y a todos los sectores de la población cubana que ha encontrado en la Sociedad fundada por el cro Hart un camino para canalizar su vocación de entrega y sus inquietudes en el campo de las ideas. Si hay un momento en que estamos obligados a promover el intercambio en torno a la guerra cultural y simbólica, el análisis colectivo, el diálogo, es este. El tipo de desafío que tenemos por delante, no admite respuestas simplificadas ni puramente emocionales. “El peor error de un revolucionario”, decía Fidel, “es no pensar”. Hay que ejercitarse en pensar, en argumentar, en razonar; en ver la realidad en su devenir y en toda su complejidad, más allá de las coyunturas. Uno de los problemas más evidentes que se advierten hoy es que muchas veces nos quedamos retenidos, embrollados, en la coyuntura, en lo inmediato, y “los árboles nos impiden ver el bosque”, aquel refrán que Hart repetía tan a menudo cuando nos vimos envueltos en los 80 en discusiones menores y se nos escapaba el significado excepcional, trascendente, de contar con una fuerza cultural impresionante.

-Para mí es una alegría compartir la apertura de este ciclo con el historiador Ernesto Limia, autor de dos libros excelentes que nos hablan muy sagazmente de ese “misterio de Cuba” (Cuba entre tres imperios. Perla, llave y antemural y Cuba libre: la utopía secuestrada). Tuve el privilegio de acompañarlo a Bayamo, su tierra natal, y de hacer allí varias presentaciones de Cuba libre… que se convirtieron de hecho en debates sobre la enseñanza de la historia, sobre la importancia de mantenerla como memoria viva de las generaciones más jóvenes, algo que hoy tiene que convertirse en una misión de la mayor importancia.

-Se nos invita desde el exterior a no quedarnos paralizados en el pasado y a mirar el futuro, precisamente cuando más necesidad tenemos de nutrirnos de nuestra historia, justamente para ver claro el camino hacia el futuro.

-Como dice Graziella Pogolotti, “Mal contada, como simple sucesión de datos, la historia induce al aburrimiento y al rechazo. Explorar sus intersticios puede ser cautivante, sobre todo cuando se percibe la multitud de factores que intervienen en ella, entre tantos otros el humano, único animal capaz de recordar y narrar” (En busca del unicornio, “La fascinante aventura de la historia”).

-Aquí Graziella nos sigue dando lecciones sobre cómo enfrentar los retos culturales del presente: contar bien la historia, evitar presentarla como un tedioso rosario de hechos, verla en todas sus dimensiones y llegar hasta la intimidad de sus protagonistas. Las principales virtudes de los libros de Limia radican precisamente en su traslado incesante desde la visión geopolítica y social hasta las conductas humanas, como decía Graziella, y en su capacidad para cautivar al lector.

-Si siempre ha sido un problema para estudiosos y pedagogos que la historia pueda resultar fastidiosa, ahora es un problema muchísimo más grave, en medio de un mundo donde la diversión, el placer, la fragmentación, la amnesia, el culto al instante, se han convertido en pilares de la industria cultural hegemónica.

-Recuerdo varias controversias sobre cómo hacer más atractiva la enseñanza de la historia, en la Unión de Historiadores, en textos de profesores e investigadores, y recuerdo en particular un diálogo de Fidel en una reunión con jóvenes, en un Congreso de la FEU, en que él lanzó la idea de hacer una especie de concurso para textos históricos resumidos y amenos, que sirvieran para aproximar a la gente joven a la materia. Creo que un primer volumen de historia universal, escrito por Torres-Cuevas y otros compañeros, fue fruto de esa proposición.

-Muy tempranamente, en 1966, a Moreno Fraginals le inquietaba el tema. En un texto aparecido en Casa de las Américas dijo que los estudiantes rechazaban acercarse a investigaciones de corte académico y preferían “como lecturas —no como disciplinas— la historia apasionada, alucinante, que se revela detrás de la tortura, la gangrena, la favela, o la recia explicación de una clase social que ofrece El cimarrón o Memorias de una cubanita que nació con el siglo. El resumen definitivo de este problema está en la respuesta sincera del agudo José Luciano Franco, cuando le preguntaron por qué la historia era tan aburrida: ‘La historia real’ —respondió—, ‘ese apasionante suceder diario, creado, jamás es aburrido. Quienes somos definitivamente aburridos somos los historiadores’.” (“La historia como arma”)

-La historia, tal como dice el título de Moreno Fraginals, es un arma, sin duda, y un arma formidable. Por estos días, por cierto, hojeando el número especial de la revista Cuba Socialista que se lanzó en el Congreso del Partido, volví a leer el vaticinio estremecedor de Fidel del 26 de Julio de 1989: “…tenemos que advertir al imperialismo que no se haga tantas ilusiones (…) porque si mañana o cualquier día nos despertáramos con la noticia de que (…) la URSS se desintegró, (…) ¡aun en esas circunstancias Cuba y la Revolución Cubana seguirían luchando y seguirían resistiendo! (…)//¡Este es el mismo país y es el mismo pueblo de Céspedes y de Martí; (…) de Agramonte y de Máximo Gómez; (…) del Titán de Bronce Antonio y Maceo;(…) de Yara y de Baire; (…) de la Protesta de Baraguá; (…) del Moncada, de Girón y del internacionalismo (…)!”

-Es muy significativo que en un momento tan dramático como aquel, cuando Fidel sabe ya que podemos quedarnos solos, totalmente solos, en un mundo carente de equilibrio alguno, acude a la historia del 68, del 95, a los próceres de las Guerras de Independencia, como un asidero, como una fuente de inspiración para enfrentar un reto descomunal.

-Haber sobrevivido a aquellos años 90, contando con el apoyo de la mayoría del pueblo, es uno de los “milagros”, de los “misterios”, que habría que inscribir con énfasis particular en nuestra epopeya. No olvidemos, por supuesto, que en una reunión de la UNEAC del año 93 Fidel dijo aquello tremendo, “la cultura es lo primero que hay que salvar”. Ahí estaba enlazando, obviamente, cultura y nación.

-Hace unos días, en Santa Clara, en un taller de preparación del Consejo Nacional dedicado al trabajo comunitario, Miguel Barnet propuso que ese evento tomara como lema una frase de Fernando Ortiz: “La cultura es la patria.” Precisamente allí, en Santa Clara, Barnet y yo conocimos a un periodista y realizador holguinero (Juan Gabriel Gordín) que hizo con otros dos jóvenes un documental sobre la enseñanza de la historia de Cuba. En este material los realizadores combinan preguntas a profesores e historiadores, a jóvenes estudiantes de Secundaria y Preuniversitario y a adultos abordados al azar en la calle. Los resultados son inquietantes: por ejemplo, la fecha en que Colón llegó a tierra cubana por primera vez es desconocida por la mayoría de los encuestados, y hay uno que opina que fue en 1868; la pregunta “¿a quién se le conoce como el Titán de Bronce?” despierta respuestas disparatadas; una sobre Flor Crombet (fíjense, cuando ya se había difundido el serial Duaba) queda en el aire y casi caricaturizada. No había en la reacción de los encuestados ningún rastro de eso que los sociólogos llaman algo así como “respuestas de prestigio” (no sé si esos son los términos exactos), es decir, respuestas falsas que tratan de prestigiar al encuestado. Algunos jóvenes, ante la pregunta de si les interesaba la historia de Cuba, respondían que no, tajantemente, que aquello un tanto extravagante les era totalmente ajeno, con una franqueza total. Ninguno dijo, por ejemplo: “Sí, me interesa, pero me falta tiempo para estudiarla…”

-A la hora de evaluar este documental, hay que tener en cuenta que los realizadores no se propusieron hacer una encuesta con todas las de la ley, con el rigor y las reglas del juego que requieren las encuestas científicas, en las que “la muestra” que responde el cuestionario representa en alguna medida a la población cubana de determinadas edades y sectores. Quisieron llamar la atención sobre un fenómeno a partir de un vistazo inevitablemente parcial y azaroso. A la vez, no podemos culpar a los jóvenes entrevistados de su desinterés y de su ignorancia. Hay que verlos como resultado de nuestra incapacidad.

-En los vacíos que hemos ido dejando al estudiar y divulgar la intensa y apasionante historia de la Revolución, es frecuente encontrar la versión distorsionada de nuestros enemigos. No debe sorprendernos su afán por “embellecer” la República neocolonial, por pintarnos la Habana de los años 50 como una ciudad rebosante de lo que llaman “glamour”, de grandes tiendas por departamentos y edificios muy altos y resplandecientes y hasta de rescatar benévolamente a personajes tan siniestros como Batista. Tratan de engañar a todo el que pueda ser engañado para hacer circular la idea de que la Revolución vino a quebrar una de las naciones más florecientes de América Latina y usan estadísticas groseramente manipuladas. (Asistí a una brillante conferencia sobre este plan que dio el director del Instituto de Historia René Glez Barrios y recomiendo a la directiva de la Sociedad José Martí que lo inviten a venir al espacio que se inaugura hoy. Es un tema al cual hay que volver y buscar modos de enfrentarlo; porque se orienta a llenar de forma distorsionada cualquier vacío que hayamos ido dejando en la investigación, la enseñanza y la divulgación de la historia revolucionaria.)

-Me acuerdo de que hace ya unos cuantos años, en Pinar del Río, causó cierto revuelo una revista adscrita en aquel momento al Obispado. Una de las líneas editoriales de Vitral tenía que ver con la relectura —intencionada y reaccionaria— de la historia de una provincia, mi provincia, especialmente desamparada en la Cuba capitalista. Varios números se referían a algo maravilloso que se había perdido con la Revolución: la unidad de la familia pinareña y de todos los valores asociados a ella. La emigración, la incorporación de la mujer al trabajo, las movilizaciones agrícolas y militares, las misiones internacionalistas, todo eso había destrozado los valores familiares. Yo estaba en la UNEAC en esa época y más de una vez debatimos en la filial de Pinar esa campaña específica. Puse en una de estas discusiones un ejemplo de mi familia y hablé de cómo, cuando murió de tisis, muy joven, mi abuela paterna, su viudo, es decir, mi abuelo, que pasaba por una situación económica difícil, tuvo que repartir a sus hijos entre distintos parientes para que se hicieran cargo de ellos. Eso fue algo que marcó para siempre, muy dramáticamente, a mi padre. De pronto, aquella linda y armónica familia pinareña quedó desperdigada. (Fidel habla en Guerrillero del Tiempo de esos niños huérfanos que las familias acogían en un acto de solidaridad y, sin embargo, no trataban exactamente igual que a sus propios hijos. Con esa sensibilidad especial hacia la injusticia que tuvo desde la infancia, incluso en sus formas más sutiles, Fidel le cuenta a Katiuska que una prima “recogida” no era tratada igual, no fue a la escuela, debía ayudar en algunas tareas de la casa. Leyendo ese pasaje de Guerrillero del Tiempo recordé el episodio que vivieron mi padre y sus hermanos en aquella etapa.) Claro, Vitral no evocaba a las familias pobres, a las familias campesinas, a los niños que dejaban la escuela en 4to grado para irse a trabajar a la vega de tabaco, a los que sobrevivían en los “llega y pon”. La estampa armoniosa, kitsch y mediocre que evoca Vitral es la de la familia burguesa.

-Sin ninguna duda, una de nuestras prioridades tiene que seguir siendo la enseñanza y promoción de la historia, en particular entre las jóvenes generaciones. Sé que en la Unión de Historiadores se ha seguido debatiendo a fondo sobre este asunto, y hay que saludar el nacimiento de la revista El Historiador, dirigida por Roberto Pérez Rivero, como un nuevo espacio que puede ser muy útil en estos debates.

La cultura de la resistencia

-Estuve dándole vueltas al título de este foro (“Cultura y nación: el misterio de Cuba”). Por un lado, me vino a la memoria aquella frase tan citada de Lezama donde se refiere a Martí como “un misterio que nos acompaña”; por otro, recordé algo que dijo Hart cuando se habló de canonizar a Félix Varela. Según lo que está establecido, había que incluir en el expediente un “milagro” probado, y el cro Hart dijo: “El milagro ya está: somos nosotros.” Es decir, que el milagro de Varela es la propia Revolución cubana y su capacidad para resistir y renovarse. Y, sin duda, el hecho de que estemos aquí después de tantos naufragios y derrumbes, parecería un hecho milagroso, misterioso.

-Cuando uno se lee el segundo libro de Limia y ve cómo repasa los enormes obstáculos que se fueron alzando frente a aquellos libertadores enfrentándose, solos, sin ayuda exterior, a un aparato militar tremendo, con la taimada colaboración del Imperio del Norte, está obligado también a recordar la permanente pelea cubana contra los demonios del imposible que reseña Cintio Vitier en Ese sol del mundo moral.

-Sé que Limia tiene entre sus planes inmediatos avanzar sobre dos nuevos volúmenes (uno sobre la República colonial y otro sobre la Revolución después del triunfo del 59). Y, si pensamos en los milagros y misterios que va a encontrar este minucioso historiador al evaluar la neocolonia, hay que recordar todo el empeño de EEUU, durante medio siglo, por absorbernos desde el punto de vista espiritual y cómo los ideales nacionales y la cultura, juntos, inseparables, resistieron esos embates.

-Recordemos aquel pasaje final de Lo cubano en la poesía de Cintio,[2] cuando, terminado su recorrido por la obra de los poetas que aportaron una pieza, pequeña o grande, al rompecabezas de nuestra identidad, nos dice amargamente: “somos víctimas de la más sutilmente corruptora influencia que haya sufrido jamás el mundo occidental”. Se trata, es obvio, de la invasión de los modelos yanquis. Sigue Cintio: “lo propio del ingenuo ‘american way of life’ es desustanciar desde la raíz los valores y esencias de todo lo que toca…” Es tan avasalladora esa invasión que “en cualquier momento futuro podremos estar expuestos a la desaparición como Estado aunque sea en apariencia soberano”. Confía, sin embargo, en que “espiritualmente nos escaparemos siempre, en la sabrosa onda inapresable del pueblo y en la flor alta y libre de nuestra sensibilidad, a las pujantes simplificaciones norteamericanas, del mismo modo que nos escapamos de las ancestrales obstinaciones españolas”.

-Ahí, en ese ejemplo específico, la resistencia de una neocolonia económica y política a perder su identidad y sus utopías, está uno de esos “milagros” de Cuba asociado al binomio cultura-nación. Por un lado, decisivo, estuvo la cultura popular cubana, mestiza, muy rica, muy fecunda, de una gran densidad en términos espirituales, despreciada por la oligarquía racista. Lo que Cintio llama “la sabrosa onda inapresable del pueblo”. Por otro, el empeño de intelectuales aislados o unidos en pequeños grupos, sin apoyo oficial alguno, Fernando Ortiz, Lydia Cabrera, Orígenes, Nuestro Tiempo, Ciclón, expresiones de “la flor alta y libre de nuestra sensibilidad”. Y, como un tercer punto del triángulo, habría que resaltar a la escuela pública cubana y a sus maestros.

-Unos meses atrás visité el museo municipal de Consolación del Sur, recién restaurado y con una museografía renovada, de mucha calidad, idónea para ponerse al servicio de la educación. Allí conocí al historiador Rolando Jesús González, que trabaja allí, en el museo, y me contó de un libro que está haciendo sobre aquel curso de verano en Harvard que recibieron en 1900 alrededor de 1300 maestros cubanos durante la 1ª intervención yanqui. Empezó a investigar y a escribir sobre aquella iniciativa a partir del descubrimiento del diario de una de las maestras, oriunda de Consolación, que viajó a Estados Unidos y pasó ese curso. Rolando ha estudiado concienzudamente los programas que prepararon en Harvard para lavarles el cerebro a los maestros cubanos, muchas horas de inglés, muchas horas de historia de los EEUU, un énfasis particular en el papel de los EEUU en la liberación de Cuba del yugo español. Y, aparte de las clases en sí mismas, les incluyeron un recorrido didáctico por instituciones y sitios históricos y hasta un encuentro con el Presidente McKinley. Sin embargo, Rolando está convencido (y tiene pruebas para demostrarlo) que el objetivo de la operación fracasó y que los maestros regresaron e hicieron en Cuba una labor patriótica estratégica. Creo que ese libro de Rolando, aún inédito, va a resultar muy provechoso, sobre todo ahora, cuando se organizan “cursos de liderazgo” para jóvenes cubanos y el intercambio académico con EEUU puede intensificarse.

-Hay otro libro muy interesante que estudia este curso de verano en Harvard durante la 1ª intervención yanqui. Fue Premio UNEAC, y es de la historiadora Marial Iglesias (Las metáforas del cambio en la vida cotidiana. Cuba: 1898-1902). Marial explica que la utilización de himnos, banderas e imágenes de próceres de la independencia de los EEUU en las escuelas de ese país, al contrario de lo que se pretendía, sirvieron a los maestros cubanos para exaltar los símbolos y figuras de “nuestro siglo épico” (como decía Cintio en 1957). Eso es parte de nuestro milagro, de nuestro misterio. Querían formar anexionistas, que a su vez irradiaran anexionismo hacia las nuevas generaciones, y milagrosamente, misteriosamente, muchas de las cosas que aprendieron allá nutrieron sus recursos para inculcar patriotismo.

-En sus hermosas palabras de agradecimiento a la AHS por haber recibido el título “Maestro de Juventudes”, Fernando Mtnez Heredia evoca a “mi inolvidable maestra de primaria”. “Cuando yo era un niño (dice), aquellos educadores eran los únicos intelectuales que estaban al alcance de la mayoría de los muchachos del país. Ellos hicieron lo indecible para que fuéramos muy patriotas, honestos y cívicos. (…) Pero, sobre todo, aquellos maestros querían que nosotros llegáramos a ser protagonistas de la Cuba futura, una nación soñada que tendría que realizarse del todo…” En ese texto, además, Fernando dirige consejos muy atendibles a los educadores del presente. (Está en su libro más reciente: A la mitad del camino.)

-Hart decía con toda razón que los asaltantes del Moncada que tenían una formación marxista eran muy pocos. La inmensa mayoría, decía él, eran martianos, a partir de la educación patriótica que habían recibido de sus maestros. Como dice Fernando, “los únicos intelectuales que estaban al alcance de la mayoría de los muchachos del país”.

-Todo esto tiene que ver con esa “cultura de la resistencia” a que alude Graziella en el breve ensayo ya citado, que explica cómo el espíritu soberano y de emancipación de este pueblo se fue reconstruyendo después de cada golpe, de cada derrota, de cada traición, hasta llegar a 1959. En ese texto, ella nos invita a estudiar integralmente, en todas sus dimensiones, la cultura cubana de resistencia más allá de las luchas, más allá del arte, en “todos sus componentes” (En busca…, p 157).

Un sistema fracasado y otro vencedor

-Uno de los mensajes esenciales de los que pretenden destruir la Revolución Cubana, aunque venga más o menos perfilado retóricamente, es en realidad muy simple. Por una parte, la Revolución, su lenguaje “politizado”, su institucionalidad, las nociones mismas de socialismo y soberanía, representan el pasado, los vestigios de un mundo que desapareció, la “guerra fría”. Por otra, el paraíso idealizado de los “emprendedores”, de los “famosos”, del capitalismo global sostenido en valores universales, simbolizan el futuro, la modernización, un espectro infinito de oportunidades, el consumismo con todo su repertorio de fetiches. Es también el reino de las nuevas tecnologías, que ejercen (y es totalmente lógico que sea así) una atracción especial sobre los nuevas generaciones. Paralelamente, al lenguaje de la izquierda se le ataca por “ideologizado”; al que emplea la derecha, implacable en su agenda monolítica, se le felicita por haber dejado atrás los rastros de las “ideologías”.

-(Ya en el contexto más general de la ofensiva reaccionaria en América Latina, Atilio Borón ha subrayado que por parte de la reacción hay una apología del “cambio” en sí mismo: ese fue el lema de campaña de Macri, sin aclarar, por supuesto, que se trataba de un salto al pasado, al neoliberalismo menemista más crudo, y una consigna similar ha estado usando la derecha en Venezuela, en Brasil. Para la receta contra Cuba, también se emplea de algún modo esta incitación al “cambio”: los que nos aferramos al socialismo eficiente, desburocratizado, democrático, que estamos levantando y al que no podemos renunciar, nos negamos a “cambiar”; los que promueven la restauración capitalista, quieren presentarse como portadores del “cambio”.)

-El socialismo, según los enemigos de Cuba, fracasó. El capitalismo, en cambio, ha triunfado. Un sistema que va a liquidar el planeta, que ha gestado guerras sangrientas interminables y persigue y reprime a los que huyen de ellas, que representa la dictadura de las corporaciones y vuelve a engendrar de su seno el monstruo del fascismo, que gasta millones y millones en publicidad consumista mientras crecen las masas de desamparados —de “descartables”, como dice el Papa. Un sistema incapaz de solucionar la crisis económica, humanitaria, ética, medioambiental y cultural.

-Hay tantos argumentos para demostrar que el capitalismo es un sistema fracasado, bárbaro e inviable, que sorprende que haya prosperado la idea de que es el orden natural e insustituible en que debe organizarse la sociedad humana. Sin embargo, teniendo en cuenta el poder de la industria de manipulación y desinformación a su servicio, uno empieza a comprender que en lo que sí el capitalismo ha triunfado, sin ninguna duda, ha sido en consolidar a escala planetaria su hegemonía cultural. Tan resonante ha sido su éxito en el campo de la conciencia y de la subjetividad, que mantiene hipnotizadas a sus propias víctimas. Los llamados “perdedores” se sienten personalmente culpables de sus tropiezos y agonías y siguen esperanzados en que, algún día, quién sabe cuándo, con mucho esfuerzo y mucha suerte, podrán quizás ingresar en las filas de los llamados “triunfadores”.

-“Todos deben soñar y que cada uno alimente esa esperanza de que un día podrá ser también rico [dice Frei Betto, en una entrevista con periodistas de Prensa Latina durante su participación en la II Conferencia Internacional Con todos y para el bien de todos,], un Pelé, una Lady Gaga, un Michael Jackson, es su propuesta. Y ahí llega el sufrimiento de los jóvenes que ponen en su vida cuatro cosas [como metas]: dinero, fama, poder y belleza, y cuando no alcanzan ninguno de esos parámetros van siempre a los ansiolíticos, las drogas, viene la frustración de los falsos valores…”

-En cuanto al socialismo, es cierto que se derrumbó un modelo en Europa Oriental; pero aquello que se “desmerengó”, como dijo Fidel, fue una experiencia determinada y no puede llevarnos a la conclusión de que es imposible construir una alternativa al capitalismo, basada en la solidaridad y la justicia social, en la participación, en colocar al ser humano en el centro de todo. En el caso específico de Cuba, la Revolución, bloqueada, agredida, hostigada, trabajando entre aciertos y errores, logró transformar una colonia envilecida en una nación que hoy goza de prestigio mundial por los resultados de su obra en el campo de la salud, de la educación, de la cultura, de la ciencia; por tener resueltos problemas que son apenas sueños quiméricos en muchos países del Norte desarrollado. Solo gente cegada por el odio, por la frustración, por la rabia, es capaz de negar la dimensión de la obra revolucionaria.

-La vida demostró que formar “el hombre nuevo” no era un proceso fácil. En el campo de los valores, como en todos los campos, hay vuelcos, desvíos, accidentes, tropezones. Mi generación tuvo el privilegio de ver desaparecer la prostitución —que formaba parte manifiesta del paisaje de tanto “glamour” de aquella Habana prerrevolucionaria. No solo los barrios, digamos, “especializados”, como Colón, no solo la práctica misma de la prostitución y del proxenetismo, sino la idea misma de que alguien vendiera su cuerpo por dinero. La Revolución arrancó de raíz, de la realidad y de la conciencia de este pueblo, esa antigua profesión tan degradante. No obstante, ya lo sabemos, renació con la crisis. Y el pícaro cubano, que siempre había estado ahí, algo más agazapado después del 59, retomó fuerza. Hubo serios repliegues éticos. Hubo casos de corrupción donde estuvieron implicadas personas con una larga y relevante trayectoria revolucionaria, y se tomaron medidas duras, drásticas, pero imprescindibles.

-Pero, si alguien cree que “todo está perdido”, como dijera Fito Páez, les recomiendo que se lean Zona Roja de Enrique Ubieta, dedicado a la lucha contra el ébola de los médicos y enfermeros cubanos. Lo presenté en la Feria, en la Casa del Alba, con muchos de los protagonistas del libro presentes allí. Sé que se considera de mal gusto, pero voy a permitirme citar algo que dije en esa presentación: “Hoy, cuando en medio de las dificultades cotidianas hablamos tanto de los valores que se han deteriorado entre nosotros, necesitamos que alguien nos ponga delante las hazañas que recoge Zona Roja. No es un libro que habla de remotas páginas de la historia. No revive los épicos 60. Sus protagonistas están aquí y ahora en Cuba (…). Algunos tienen menos de 30 años; otros, 10 ó 20 más. En todos ellos, a pesar de avances y retrocesos, de carencias y contradicciones, hay una prefiguración indudable de aquel “hombre nuevo” de que hablaba el Che. Son portadores ejemplares de los más puros ideales de la Revolución cubana.”

“¡Llegó el muchacho de la película!”

-Aquella frase antiquísima (“¡Llegó el muchacho de la película!”) ha caído en desuso, sin duda, pero da la impresión de que pudiera renacer. En mi niñez, en mi adolescencia, se empleaba a menudo cuando uno estaba contando una película yanqui de indios y cowboys, de gánsteres y policías, de aventuras o de guerra (se veían por entonces muchas películas sobre Corea, donde siempre había un antecesor de Rambo, solitario, intrépido, posiblemente herido, que iba aniquilando con su ametralladora a legiones y legiones de chinos). “El muchacho de la película” era el Bueno, el héroe, por supuesto, y hacía su aparición en el momento decisivo, crucial, para deshacer los planes de su antagonista, “el Malo de la película”. Apenas faltaban unos segundos, por ejemplo, para que el tren pasara por encima de una mujer que el Malo había amarrado a los rieles; o para que los indios (que eran obviamente Malos, aunque en la realidad histórica hubieran sido exterminados sin piedad por los supuestos Buenos) emprendieran el asalto final contra los infelices que resistían en una cabaña ruinosa o debajo de alguna carreta; o para que mujeres, niños o ancianos indefensos fueran aplastados por un peñasco lanzado desde lo alto de una montaña o por un meteorito o por la Maldad en sí misma, convertida en una bola de fuego aniquiladora. Era muy emocionante ver cómo “el muchacho de la película” llegaba siempre a tiempo.

-Conversando con alguna gente en torno a la comunicación que se ha abierto con los EEUU, a veces me parece que hay quien está a punto de exclamar “¡llegó el muchacho de la película!”. Inocencia, exceso de optimismo, desmemoria, admiración infantil y acrítica por la Superpotencia y en algún caso deseos irrefrenables de abandonar los principios para entregarse al abrazo de Satanás, de todo eso hay. Algunos olvidan que los pasos que se han dado con EEUU son resultado de más de 50 años de resistencia y tenacidad de este pueblo y de su dirigencia revolucionaria. Que los representantes del Imperio reconozcan explícitamente que la política del cerco ha fracasado, es una gran victoria de Cuba. Abre posibilidades valiosas, sobre todo en la batalla contra el bloqueo, y al propio tiempo nos presenta nuevos retos. En este sentido, resulta esencial la labor descolonizadora, de “sembrar ideas, [y] sembrar conciencia”, como decía Fidel, que tenemos que desplegar.

-Todos tenemos que ponernos a pensar muy en serio cómo atendemos a la convocatoria de Raúl en el Informe Central del 7mo Congreso: “A la par que salvaguardamos en el pueblo la memoria histórica de la nación y perfeccionamos la labor ideológica diferenciada, con especial énfasis hacia a la juventud y la niñez, debemos afianzar entre nosotros la cultura anticapitalista y antiimperialista, combatiendo con argumentos, convicción y firmeza las pretensiones de establecer patrones de la ideología pequeño burguesa caracterizados por el individualismo, el egoísmo, el afán de lucro, la banalidad y la exacerbación del consumismo.”

-Entre los desafíos que enfrentamos actualmente está en lo que podríamos llamar la identificación entre “lo yanqui” y “lo moderno” y entre “lo yanqui” y “el desarrollo”. Esto no lo inventamos aquí, ni lo inventaron ellos para aplicarlo aquí, ni es algo reciente. Tiene mucho que ver con elementos de carácter objetivo, asociados al ímpetu económico y comercial alcanzado por el joven Imperio en el siglo XIX y la imagen que de sí mismo que se fue construyendo para consumo interno y externo.

-Martí tuvo que enfrentarse a la idealización del paradigma yanqui de modernidad y progreso para enfrentarse a las posiciones anexionistas y coloniales. Cómo olvidar su portentosa “Vindicación de Cuba”, ante caricaturas del pueblo cubano expuestos en 1889 en distintos diarios norteamericanos Ante la infamante semblanza de un “pueblo afeminado”, “de vagabundos míseros y pigmeos morales”, “de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio”, Martí responde que “hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes para ser libres”. Y arremete contra la imagen de Estados Unidos como paradigma de las naciones libres: los cubanos, dijo, “no pueden creer honradamente que el individualismo excesivo, la adoración de la riqueza, y el júbilo prolongado de una victoria terrible, estén preparando a los Estados Unidos para ser la nación típica de la libertad”.

-Muchos años después, derrotado el fascismo, los yanquis llevaron a Europa su modernidad. Armand Mattelart (nacido en 1936) cuenta que, cuando los soldados norteamericanos entraron en el pueblo belga donde vivía, con ellos “penetraba un tipo de modernidad (…) constituida por múltiples signos (…): la goma de mascar, la botella de Coca-Cola, los cigarros Chesterfield o Camel, los bolígrafos (…). Ellos portaban las cosas de las que la guerra nos había privado: el chocolate negro, el pan blanco, las naranjas de la Florida, etc. El battle-dress (el uniforme de combate con el que soñaban todos los niños de mi edad), el Jeep, la Harley-Davidson y tantos otros objetos que se convertirían después en clichés de lo norteamericano.” (Por una mirada-mundo. Conversaciones con Michel Sénécal, Editorial Gedisa, S.A., Barcelona, 2014, p 22. Edición original: París, 2010.)

-En otro libro suyo, donde hace un análisis histórico de la evolución del concepto de “defensa nacional” en EEUU, Mattelart se refiere a un libro de 1949 del sociólogo del Massachusetts Institute of Technology (MIT) Daniel Lerner, “antiguo oficial de la OSS [Oficina de Servicios Estratégicos, antecesora de la CIA] y especialista en guerra psicológica”, que desarrolla el “triángulo seguridad-desarrollo-comunicación”. El subtítulo del libro, nos dice Mattelart, es esclarecedor: “modernizando el Medio Oriente”. Y explica: “La noción de modernización se identifica explícitamente con la de occidentalización (westernization). Y su última fase, su tierra prometida, no es otra que el acceso a la sociedad de consumo, como expresión de un progreso concebido de forma lineal. // Durante más de un cuarto de siglo, estas estrategias de comunicación persuasiva que, se supone, difunden el deseo de innovación entre las naciones menos desarrolladas, dirigirán el pensamiento sociológico sobre el desarrollo y se aplicarán en las zonas geográficas más diversas.” (A. Mattelart, Un mundo vigilado, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Madrid, 2009, p 84-85. Edición original: París, 2007.)

-“Lo que yo vi como niño, en 1944, en una estilográfica Sheaffer que llevaba un soldado norteamericano, era un ejemplo de un modo de vida que yo no conocí pero que me atraía. Treinta años más tarde, lo que yo veo en el último modelo de esta pluma estilográfica, que continúa siendo fabricada por la misma empresa, y de la que las revistas hacen publicidad, es un producto del grupo Textron, que es un grupo transnacional que fabrica tanto estilográficas como dispositivos para los bombarderos B-52 de la fuerza aérea de los EEUU, que durante el mismo período arrojan napalm y defoliantes Agente Naranja en Vietnam del Norte. Entre uno y otro momento, entre una y otra visión, mi sentido geopolítico se ha formado. // (…) La legendaria figura del general Patton [veterano de la 1ª y la 2ª Guerras Mundiales], que me había seducido en mi infancia, se quebraba y se convertía en el joven oficial que, en 1916, había participado en una operación de castigo, con gran cantidad de armamento, dirigida por el general John J. Pershing, contra Pancho Villa y sus tropas, en el Estado de Chihuahua…” (Por una mirada-mundo, cit., p 84)

-Este proceso, que podríamos llamar el trayecto del pro-yanqui ingenuo, infantil, al antiimperialista consciente, informado, crítico, que en el caso de Mattelart duró, según su propia confesión, 30 años, deberíamos acelerarlo ante las urgencias del presente y empezar a promoverlo desde edades tempranas.

-(Yo recuerdo en mi niñez los viajes que hacía mi familia a la Habana a finales de los 50. Mi padre nos trajo y vimos en el Cine Radiocentro la primera película en una tecnología llamada “Cinerama”. Fuimos al restaurante Wakamba, que, si no me equivoco, fue uno de los primeros self-service de la Habana; y mi madre, mi hermana y yo subimos y bajamos por las escaleras eléctricas que había en algunas tiendas. Como para el Mattelart niño de 1944, aquello para mí era asomarme a la “modernidad” y estaba asociado de un modo más o menos evidente a EEUU. Después, mucho después, supe que toda esa parafernalia era para sacarle el dinero a la gente y que los indios eran las víctimas y no los victimarios y aprendí, gracias a Mattelart y a Ariel Dorfman, que personajes tan entrañables como Walt Disney y el Pato Donald no jugaban limpio.)

-Esta idealización yancófila es una de las tendencias, llamémosle así, que debemos enfrentar en la Cuba de hoy, en la guerra de ideas y valores que hay que librar, cada día con más inteligencia y creatividad, cada día con más capacidad para dialogar con la gente, para escucharla, para argumentar, sin retórica alguna, desde la convicción de que en este terreno se están decidiendo cuestiones vitales para nuestro destino como nación.

-La exaltación de todo lo que viene del Norte y la identificación de lo yanqui y lo moderno, de lo yanqui y el desarrollo, pueden ir desde el éxtasis ingenuo de un joven que se ha creído lo que le muestran las series y películas hasta el oportunismo neoanexionista de aquel con una formación intelectual más completa, que hace concesiones y guiños con total conciencia de lo que está haciendo y ve una fuente de viajes, dinero, premios, éxito, en distanciarse de la Revolución y jugar al “disidente”. Se trata de un neoanexionismo la mayoría de las veces amorfo, desestructurado, aunque pudiéramos encontrarlo en formas, digamos, superiores, en los oportunistas que están apostando al futuro post-revolucionario que imaginan.

-El otro día, en un intercambio que tuve en San Alejandro con profesores de las distintas escuelas de arte del país, hablábamos de la necesidad de emplear materiales audiovisuales para contrarrestar esa cándida idealización de lo yanqui. Les mencioné un programa de televisión que está haciendo Torres-Cuevas, “La otra historia”, donde comenta algún hecho histórico determinado y luego pone una película. Hace poco puso Pelotón de Oliver Stone, y Torres-Cuevas decía en su introducción que no hay nada mejor como antídoto para los que admiran al personaje de Rambo que ver un filme como este sobre las tropas yanquis en Vietnam. Todo el horror de esa guerra imperialista, su salvajismo, su bestialidad, la carencia de moral y del más mínimo sentimiento humano en los supuestos portadores de ideales democráticos, está sintetizado en Pelotón. Evidentemente, por cada película como esta que vean nuestros jóvenes es probable que consuman cien o doscientas o trescientas donde sea exaltado el mesianismo yanqui. Los profesores me hablaban de un turno que hay, que se titula “Debate y reflexión”, y ellos mismos me decían críticamente que ese tiempo se usa la mayor parte de las veces para leer simplemente el periódico. ¡“Debate y reflexión”! ¡Qué falta nos hacen en una circunstancia como esta! Y qué falta nos hace motivar a nuestros estudiantes a debatir y a reflexionar sobre todos estos problemas. Habría que motivarlos, por supuesto, para que lean el periódico, para crear en ellos la necesidad de estar informados; pero podríamos usar materiales audiovisuales. Ahí está Pelotón, y están La historia no contada de los Estados Unidos, Wall Street, JFK, Nixon, del propio Oliver Stone, y está el cine de Costa-Gavras y el de otros muchos realizadores y documentales como los de Michael Moore y una serie como Castillo de naipes. Quiero decirles que el programa “La otra historia” de Torres-Cuevas nació de los encuentros entre el MINCULT y el ICRT para conciliar prioridades y políticas y se aspira a que sea utilizado por los maestros y profesores en los centros de estudios.

-Es indispensable que preparemos a nuestros niños y jóvenes (y a toda nuestra población) para descifrar los códigos de la seducción, de la hipnosis, del show. Debemos convertir el antiimperialismo cultural, espiritual, el anticolonialismo, en algo instintivo. Ante nuestras insuficiencias en el campo de la comunicación, la cultura y la educación, ante esquemas, retóricas y el llamado “teque”, “el muchacho de la película” puede llegar con unos cuantos trucos baratos y seducir a gente crédula.

-Una de las estafas más frecuentes y extendidas, en Cuba y en todo el planeta, es el de la “libertad de escoger” que, según se dice, tiene el joven de hoy, el que se prepara su propio “menú” en términos de consumo cultural (y aquí sí es legítimo emplear el término “consumo”). En realidad, esto es algo de lo que he hablado otras veces, construye en primer lugar su menú a partir de un espectro limitado de opciones. Y, en segundo lugar, lo hace bajo la presión de la agenda dominante.

-A la fascinación hacia el oropel “comunicativo” propio del espectáculo, se une entre nosotros el apoliticismo ya mencionado, un rechazo a la información política, por sobresaturación o por cualquier otro motivo, y una actitud evasiva, deseosa de “desconectar” y entregarse al entretenimiento vacío. Generar opciones atractivas para emplear el tiempo libre, con una utilización intencionada de las nuevas tecnologías, debe ser una prioridad para nuestras instituciones. Durante el tiempo libre se forman valores, se captan símbolos y otros se quiebran.

-Aunque parezca contradictorio, promover entre nosotros lo mejor de la cultura norteamericana, como se hizo desde muy temprano en el campo del libro (recuerdo aquella edición muy rústica de Moby Dick en papel gaceta, en cuatro tomitos, de la colección Biblioteca del Pueblo; o los cuentos completos de Poe en la traducción de Cortázar, Whitman, Henry James, Dos Passos, Faulkner, Hemingway, Scott Fitzgerald y tantos otros), ayuda a combatir el influjo de la industria hegemónica proimperialista. Ese legado extraordinario ha sido la primera víctima del Mercado.

-En las bases del culto renovado a lo yanqui (que no empezó, que conste, con el llamado 17-D ni con la visita de Obama), hay un componente de escepticismo, de crisis de fe en nuestras posibilidades para salir adelante, emparentada con la remota convicción de quienes, hace más de 150 años, no creían capaces a los cubanos de gobernarse a sí mismos. No olvidemos aquella advertencia de Martí: “la idea de la anexión está condenada a impotencia permanente; pero es un factor grave y continuo de la política cubana… y mañana perturbará nuestra república…”

-En este punto vale la pena detenerse y recordar aquella expresión de Fidel en Palabras a los intelectuales, acerca de que solo podemos renunciar a aquellos que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios. Primero, las organizaciones e instituciones de la Revolución deben saber distinguir entre el neoanexionismo, de un lado, y, del otro, las dudas legítimas y la crítica nacida de un análisis comprometido y auténtico. Y solo apartar del diálogo a los mercenarios, con los cuales, por supuesto, no hay nada que hablar.

Otros dilemas, otros peligros

-Un obstáculo muy visible, demasiado visible, para rehacer el tejido espiritual del país, allí donde esté dañado, y consolidar nuestros valores, radica en el auge de las conductas marginales. A menudo estas conductas se vinculan con el influjo directo de la industria cultural hegemónica y la admiración hacia los “tipos duros” que protagonizan muchos de sus subproductos. El caso tragicómico de aquel individuo que se hacía llamar “Gilbertman” es un ejemplo muy didáctico de esta conexión.

-El otro día, en un encuentro del consejo editorial de Cuba Socialista, Fernando Martínez Heredia señalaba que uno de los peligros más graves que tenemos por delante es la extensión del “apoliticismo”, y Helmo Hernández decía que podía conducir más tarde o más temprano al anexionismo. -Por esto que decían Fernando y Helmo del “apoliticismo”, es tan trascendente entender “la banalidad” entre los rasgos de los patrones ideológicos que debemos enfrentar; porque a menudo esta corriente central de la industria hegemónica del entretenimiento la vemos irresponsablemente como algo secundario, colateral, como puro divertimento.

-Un reto complejo del presente radica en la imagen victoriosa del “nuevo rico”, astuto, hábil, adinerado, como símbolo de realización y éxito, y el deterioro del prestigio del conocimiento, del saber, de la inteligencia, de la eticidad, son impedimentos que hay que vencer si aspiramos, como señalaba Raúl, a “afianzar (…) la cultura anticapitalista y antiimperialista”.

-Frente al “nuevo rico” como ganador, aparecen como “perdedores” los atados a la utopía, los estoicos, los viejos que lo sacrificaron todo, que no se corrompieron, que no traicionaron sus principios. Esta percepción tan amarga, tan dura, de sus padres y abuelos, puede anidar en esos jóvenes apolíticos, que ven su realización personal fuera de Cuba, en el capitalismo tan afable y simpático de las películas, o que pudieran pensar que nuestra solución está en volver al pasado.

-En el polo, digamos, opuesto, con respecto a la marginalidad y de los “nuevos ricos”, en los sectores más cultivados, en nuestras universidades, debemos estar atentos a la contaminación de la ideología neoliberal que ha venido haciendo estragos en la enseñanza superior en todo el mundo. No olvidemos que desde los años 70 del siglo pasado las universidades yanquis contrataron a prestigiosos intelectuales latinoamericanos para investigar y dar cursos especializados sobre temas muy específicos, y así vaciar de sentido integrador, utópico y emancipador el pensamiento de Nuestra América, fragmentarlo y hacerlo inofensivo. El neoliberalismo ha hecho lo imposible para que las universidades abandonen su tradicional misión humanista y se conviertan en fábricas de los especialistas que necesitan las corporaciones. Estas corrientes llegan inevitablemente a nosotros, con ropajes tecnocráticos y en apariencia “desideologizados”, y pueden confundir a mucha gente. Debemos acudir en particular al intercambio académico con EEUU con principios muy claros, con toda la fuerza del talento formado por la Revolución, y evitar deslumbramientos y posiciones aldeanas.

-La pretensión de fomentar una quintacolumna enemiga de nuevo tipo, con publicaciones digitales bien diseñadas y concebidas, ornamentos socialdemócratas o “centristas” y una palabrería cargada de eufemismos, está siendo financiada desde el exterior ante el descrédito de la contrarrevolución tradicional. Es un frente que no debemos menospreciar. Sus promotores son supuestamente los adalides del “diálogo” civilizado, frente a todas las intransigencias y han ido ganando influencia en sectores intelectuales.

-No podemos permitir que el interés por el debate sea desviado de su cauce natural y conducido hacia espacios ambiguos y manipuladores. Esta propia Sociedad José Martí, nuestras organizaciones de creadores, las instituciones, están obligadas a promover de modo sistemático el debate cultural revolucionario.

-La denuncia de toda forma de discriminación o prejuicio racial, que fue lanzada hace ya muchos años por la vanguardia de nuestros intelectuales y artistas, es algo por lo que los enemigos de la Revolución han mostrado mucho interés. Por fortuna, la UNEAC ha dado continuación a este trabajo de crítica y propuesta desde esfuerzos como la Comisión Aponte. Se ha intentado aplicar en Cuba, incluso, fórmulas y lenguajes importados desde una realidad tan ajena a la nuestra como la norteamericana. No podemos descuidar este aspecto. Por una parte, hay que seguir dando una guerra sin cuartel contra el racismo, una aberración indigna que crece en el mundo entero y es definitivamente inadmisible en una sociedad como la nuestra; por otra, hay que impedir que vengan desde fuera a pretender darnos lecciones. Todo lo que nos divida, tenemos que solucionarlo dentro de la institucionalidad y la sociedad civil revolucionarias.

-El culto a los avances tecnológicos por sí mismos, más allá de la ética, más allá de su carácter superfluo o del servicio que pudieran prestar al ser humano, es otro rasgo de la llamada globalización que se ha instalado entre nosotros. Nuestra posición, como se ha dicho reiteradamente por la dirigencia cubana, no es en lo absoluto conservadora con respecto a las nuevas tecnologías, y existe un ambicioso programa de informatización de la sociedad cubana. No obstante, si bien las tecnologías son inocentes en sí mismas, pueden servir para las mejores causas (promover la educación, la ciencia, la cultura, las investigaciones en todos los campos, el trabajo en común) y también para las peores: como cauce y catalizador de la avalancha de las fuerzas desintegradoras. Habría que promover una apropiación de las nuevas tecnologías que pase invariablemente por criterios éticos, humanistas y culturales.

-Específicamente en el sector cultural, han surgido tendencias en artistas y promotores que se cuestionan el papel de las instituciones y consideran que a través de formas no estatales podría lograrse una promoción nacional e internacional más eficiente. Aunque en estas valoraciones no hay un basamento propiamente político, las personas que sostienen estas ideas coinciden sin proponérselo con el interés de nuestros enemigos de desmontar la institucionalidad revolucionaria. Desmantelarla equivaldría a liquidar la política cultural y a dejar en manos del mercado el establecimiento de jerarquías y modelos. Esto nos obliga a seguir trabajando para hacer más competentes y creativas a nuestras instituciones y reforzar su vínculo con la vanguardia artística e intelectual. Sin sus instituciones, el ámbito cultural se convertiría en una jungla, y la mediocridad ganaría una preponderancia irreversible. Hay aspectos objetivos que no nos favorecen: las instituciones no han contado a veces con los recursos necesarios para promover el talento que crece inagotablemente en este país, y los creadores buscan apoyo en entidades extranjeras, algunas bienintencionadas y otras no tanto. Son problemas que no tienen soluciones fáciles y que deben ser abordados crudamente.

-Entre funcionarios vinculados directa o indirectamente con la vida cultural de los territorios, nos topamos a veces con confusiones entre cultura y opciones recreativas de cerveza y reggaetón y cierta incomprensión del papel principalísimo que ocupa la protección consciente de nuestra identidad nacional, de nuestras tradiciones, en toda su riqueza, en el tipo de batalla que tenemos por delante.

-Estas incomprensiones y esta subestimación de la cultura se fundamentan con frecuencia en cierto pragmatismo economicista, que puede hacerle un daño incalculable a nuestra política cultural.

Lecciones de otros procesos

-Hoy nuestro pueblo (o al menos los que quieren estar informados, leen periódicos, ven noticieros, ven Telesur) está al tanto de los embestidas de la derecha de este continente y de cómo arremete, aliada con el Imperio, contra los gobiernos progresistas que lograron avances verdaderamente inimaginables en el campo de las políticas sociales y la integración regional. Ya sabemos que ningún proceso se parece a otro. Cada uno tiene su propio origen, su propia historia, su propia lógica.

-Para Betto, según la entrevista con Prensa Latina ya citada, “una de las causas principales de retrocesos en gobiernos progresistas en América Latina es el descuido en la formación ideológica de la sociedad. …no se trata de un fenómeno nuevo ni propio del continente, pues ya se había dado en la antigua Unión Soviética y en el resto de Europa del Este. …en los últimos años, se logró elegir jefes de Estado progresistas, conquistar conexiones continentales importantes como la alianza bolivariana, Celac, Unasur, pero se cometieron errores. No podemos engañarnos, pues no se garantiza el apoyo popular a los procesos dando al pueblo sólo mejores condiciones de vida, porque eso puede originar en la gente una mentalidad consumista. La solidaridad es el valor mayor tanto del socialismo como del cristianismo. En la perspectiva capitalista, al contrario, (…) toda la presión de los medios de comunicación, publicidad, películas, telenovelas, va dirigida a evitar que la gente quiera cambiar el mundo. Según esos postulados, usted puede cambiar de camisa, de cabello, de anteojos, de carro o de cerveza, pero jamás cambiar su realidad política. Ya no son paradigmas altruistas, solidarios, como el Che, Camilo, Fidel, Raúl. La gente quiere imitar a los consumistas, sus cantantes, deportistas, porque son las imágenes que el capitalismo proyecta y los jóvenes quieren una razón de vivir, todos nosotros la queremos, y es una disputa permanente entre quienes quieren llevar a los jóvenes a su redil. Pero no es fácil vivir en un mundo en el que el neoliberalismo proclama que la utopía está muerta, que la historia ha terminado, que no hay esperanza ni futuro, que el mundo siempre va a ser capitalista, que siempre va a haber pobres, miserables, y ricos, y que, como en la naturaleza, siempre va a haber día y noche y eso no se puede cambiar”.

-Y nos alerta acerca de que el peligro que tendríamos aquí, en Cuba, es que los jóvenes puedan empezar a ver la Revolución exclusivamente “como un hecho del pasado y no un desafío del futuro, y cuando la gente la ve como un hecho del pasado ya mira las cosas no por sus valores, por su horizonte revolucionario, sino por el consumismo también: quiero tener esto, lo otro, todas las cosas, y entonces aquí no pueden ahora, estiman que demora mucho y ven solo a aquellos pocos a quienes las cosas les han ido bien afuera”.

-Me consta que Frei Betto conoce a fondo del valor de la historia y entiendo qué quiere decir cuando nos alerta sobre la necesidad de colocar a la Revolución en el porvenir, en el futuro, como un reto para los jóvenes, y en evitar que los afanes consumistas ganen espacio en ellos. Por eso me permito retocar su advertencia. Yo diría que debemos lograr que los jóvenes sientan y vivan la Revolución en todo su itinerario histórico, con pasión y profundidad, y al mismo tiempo sientan y vivan y defiendan su continuidad como la única garantía de tener patria, de tener dignidad.

-No es posible, sin memoria histórica, ser plenamente antiimperialista ni ser plenamente anticapitalista. Nuestros jóvenes deben incorporar la noción del “cambio” a ese proceso (que es y seguirá siendo pasado y futuro) a través de la idea de Fidel de “cambiar todo lo que debe ser cambiado” para hacer un socialismo superior, no como la consigna tramposa de Macri y de la derecha en América Latina y de los que quieren regresarnos al capitalismo.

-Hace dos días, en la UNEAC, en otro encuentro sobre trabajo cultural comunitario, mucha gente abogaba por una mayor integración de los actores capaces de conformar un frente en defensa de nuestras raíces, de nuestra historia, de los principios y valores de nuestro socialismo. Hablando con Limia ayer, coincidíamos en que hay mucha gente que podría aportar, pero está dispersa. Una prioridad sería unirnos más, articularnos mejor, reagrupar a las fuerzas de la cultura revolucionaria y actuar con mayor coherencia. Creo que ese era exactamente el espíritu que animaba al cro Hart cuando lanzó la idea de crear un movimiento tan amplio y diverso como el que milita en la Sociedad Cultural José Martí. En el espectro que abarca esta Sociedad hay maestros, profesores, realizadores de nuestros medios, intelectuales y artistas, comunicadores sociales, instructores de arte y promotores culturales de varias generaciones, es decir, toda una gama de personas de la sociedad civil de la Revolución que tienen deseos de trabajar, de participar, que no han perdido la mística, que conocen todo lo que está en juego en la actualidad, que son martianos desde lo más hondo de sí mismos. En ellos hay potencialidades ilimitadas que debemos utilizar.

[1] Notas para la conferencia impartida el 5-5-2016 en la Sociedad Cultural José Martí.

[2] Fechado entre octubre y diciembre de 1957 y escrito “del fondo de un profundo abatimiento”, según revela su autor en un prólogo a la edición de 1970.





Abel Prieto

Por Abel Prieto



Pinar del Río, Cuba (11 de Noviembre de 1950)


Escritor, editor y profesor. Ex Ministro de Cultura de la República de Cuba. Asesor del Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Es además diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En 1999 publica la novela El vuelo del gato (Editorial Letras Cubanas) en la que se mueve entre la ficción y el ensayo. La novela fue ganadora del premio de la crítica en 2001, y más tarde publicada en España por Ediciones B. Ha escrito varias colecciones de relatos entre los que se destacan Los bitongos y los guapos(1980), y Noche de sábado (1989). En el campo de la ensayística se distingue por sus estudios sobre José Lezama Lima. Recientemente publicó los Viajes de Miguel Luna.








lunes, 22 de febrero de 2016

Notas sobre la crisis cultural de hoy: una mirada desde Cuba




Red En Defensa de la Humanidad Cuba. X Congreso Internacional de Educación Superior “Universidad 2016” en el Palacio de Convenciones de La Habana, Cuba.



Agradezco al Ministro Alarcón y a los organizadores de este evento que me hayan invitado a compartir con ustedes algunas ideas sobre el tema “las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones y el consumo cultural”. Esto es algo que hemos estado debatiendo en Cuba, sobre todo en los congresos de la Asociación Hermanos Saíz (de Jóvenes Creadores) y de nuestra Unión de Escritores y Artistas y luego en otros encuentros organizados por la Comisión de Medios de la UNEAC. Sin ninguna duda, estamos viviendo una gravísima crisis de la cultura. En esta crisis las tecnologías desempeñan un sustancial papel de catalizador. Lo amplifican todo a una velocidad extraordinaria. Se han puesto al servicio del consumismo, de la industria hegemónica del entretenimiento y del culto a los llamados “famosos” y ayudan a conformar y a darles vida a los millones de fanáticos que siguen sus aventuras cotidianas.



Es bueno aclarar desde ahora que en Cuba no tenemos ningún prejuicio contra las TIC. Hay un ambicioso programa de informatización de la sociedad cubana, que empezó, hay que decirlo, desde las escuelas primarias, desde todas las escuelas, incluso aquellas situadas en lugares muy remotos, de difícil acceso, en las montañas, en todas partes. Nosotros tenemos el 100 por ciento de la población infantil escolarizada, y hay que decir que el 100 por ciento de los niños cubanos, sin excepción, aprenden computación con mayor o menor calidad. Formamos informáticos muy capaces, y hay un programa para la extensión de Internet que ha dado pasos decisivos en los últimos tiempos. Consideramos que las TIC son inocentes en sí mismas. Son portadoras de aquello que los seres humanos quieran hacer con ellas. Pueden servir para organizar redes de coleccionistas de sellos, de amantes de la poesía y de las motos, de solitarios en busca de compañía y también de pedófilos. En sus foros pueden discutirse temas sociales, políticos, ecológicos, es decir, temas vitales, primordiales, o, por ejemplo, qué condujo al cantante Justin Bieber a cambiarse repentinamente de peinado.

Bien utilizadas, las TIC ofrecen vías portentosas, impensables en otras épocas, para la enseñanza, para la vida social y económica, para la investigación, para difundir y compartir el conocimiento, la ciencia, el arte, la literatura, el buen cine y las formas más diversas (no necesariamente idiotizantes) de emplear el tiempo libre. Es una prioridad para nosotros en Cuba emplear a fondo las potencialidades que ofrecen las TIC.

Con respecto a las TIC, se han construido algunos mitos. Uno de ellos tiene que ver con que aportan una “libertad” al consumidor de cultura que nunca tuvo hasta ahora, es decir, que con las nuevas tecnologías nació un protagonista activo de los procesos culturales. Se supone (según este mito) que un joven de nuestros días, ajeno ya a la tiranía vertical, unidireccional, de la televisión y del cine en su formato tradicional, está en disposición de prepararse su propio “menú” cultural. Esto no es cierto, o es cierto solo muy parcialmente: ese joven diseña su “menú” a partir del número limitado de platos que la industria hegemónica del entretenimiento pone a su disposición. Ese consumidor, a la hora de ejercer su “libertad”, está ya atrapado por la maquinaria, y escogerá las opciones de moda. Si alguien tiene dudas, que revise las cifras millonarias de fans que siguen a los “famosos” de moda a través de las redes sociales. No es posible que esas multitudes hayan decidido “libremente” convertirse en adictos de personas que a menudo carecen absolutamente de talento. Al ser puestas al servicio de la agenda de la industria hegemónica, las TIC contribuyen a reforzar el mensaje omnipresente. Sería absurdo pensar que las adolescentes que levantan altares caseros para exaltar la imagen de Justin Bieber están haciendo uso de su libertad para “elegir”. No fueron ellas, en la intimidad de sus respectivas conciencias, quienes “eligieron” a su ídolo. Fueron los profesionales de la publicidad, los laboratorios que trabajan para la promoción de los “famosos”, quienes la condujeron a ese delirio. Por cierto, Justin Bieber, o más bien sus managers, han hecho un uso intencionado, muy hábil, de YouTube, que les ha reportado ingresos millonarios. Habría que reconocer que los jóvenes de hoy son más “libres”, eso sí, para disfrutar las ofertas de su aparente preferencia en los horarios que deseen y a través del dispositivo de que dispongan.

Hoy se nos da la paradoja dramática de tener a nuestro alcance los más eficaces y rápidos instrumentos posibles para la formación cultural mientras contemplamos cómo la frivolidad gana más y más espacio y cómo retroceden y se desintegran los paradigmas de la tradición humanista. Hervé Juvin subraya que en la globalizada “cultura-mundo” el adicto, el “integrado”, ha perdido toda visión organizada de la memoria cultural. “Juan Sebastián Bach y el rap, las firmas de los grafiteros y Chanel, el confesionario y el monasterio oriental (…) mezclados en esos nuevos estados de conciencia que forja la práctica de las incitaciones simultáneas.” (Gilles Lipovetsky y Hervé Juvin, El Occidente globalizado. Un debate sobre la cultura planetaria, Anagrama, Barcelona, 2011) [Aquí vale la pena recordar aquel viejo análisis de Umberto Eco sobre los museos de cera de los Estados Unidos, donde conviven réplicas de George Washington junto a Gulliver y al Pinocho de Disney, donde ficción y realidad, pasado y presente, historia y cómic, lo trascendente y lo intrascendente, se fusionan en una instancia mítica e ingenua.]

Estamos todos, incluso los cubanos, por supuesto, asediados diariamente por esa avalancha de subproductos culturales, cuyos propósitos básicos son al parecer vender y divertir; aunque es evidente que traen consigo una carga de valores altamente tóxicos: consumismo, violencia, racismo, exaltación de la imagen y los hábitos de los colonizadores, una competitividad feroz, la promoción de la ley del más fuerte, el culto fanático a la tecnología en sí misma (más allá de su utilidad y del sentido ético), la tergiversación de la historia o su disolución en una amnesia inducida, desarticulación del pensamiento y de la capacidad de atención, trastorno absoluto de las jerarquías culturales, como ya dije, al integrarlas en un amasijo postmoderno donde se entremezclan los creadores imprescindibles con una tropa de mediocres.

Hoy las universidades y en general todas las instituciones educativas llevan adelante su labor a contracorriente de una marea muy poderosa que arrastra a niños, adolescentes y jóvenes hacia un mundo deslumbrante y en esencia vacío, donde en nombre de la diversión y el placer se han abolido la memoria, la ética, la solidaridad y todos los principios humanistas, donde los valores culturales, el conocimiento y la virtud carecen de prestigio frente al dinero, la fuerza, el poder, la sensualidad y el glamour, donde todo se mezcla en un torbellino vertiginoso de imágenes, sin paradigmas reconocibles, donde no hay centro ni sentido —solo fragmentación. Resulta inevitable recordar, cuando se contempla con cierta distancia el panorama del presente, aquellos versos de Macbeth que utilizó Faulkner para titular una de sus grandes novelas: “La vida no es más que (…) un cuento relatado por un idiota, lleno de ruido y de furia, sin significado alguno.”

Sé que en la actualidad hay toda una corriente intelectual que se niega a aceptar la crisis, saluda con benevolencia todos estos fenómenos y considera “nostálgicos” y “anticuados” a aquellos que tratan de promover un análisis crítico de la situación. Nuestra magnífica ensayista Graziella Pogolotti, que nos da lecciones semana tras semana a través de su columna en el periódico Juventud Rebelde, se autobautizó al escribir hace unos años sus memorias como “dinosauria”, por su fidelidad a los valores del humanismo, hoy en desgracia. A mí, en lo personal, no me preocupa que me acusen de “apocalíptico” (como dijo, hace ya muchos años, Umberto Eco) o de “nostálgico” o “anticuado” o incluso de “dinosaurio”; porque estoy convencido de que lo que está en juego es demasiado trascendente. Va mucho más allá de la estética, del llamado “buen gusto”. Tiene que ver con valores esenciales asociados incluso a la supervivencia de la especie humana. ¿Cómo vamos a convencer de la urgencia de frenar la agresión al medio ambiente a personas que han edificado su sentido de la felicidad en torno al consumismo? ¿Cómo reeducarlas en un estilo de vida racional, equilibrado, responsable, no basado en el despilfarro ni en la carrera impetuosa (azuzada por la publicidad) por comprar-desechar-comprar mucho más allá de sus auténticas necesidades? ¿Cómo inculcar en estas personas un espíritu solidario básico hacia sus semejantes si han sido educadas para la competitividad más feroz y en función de sobrevivir en un mundo donde “los ganadores” deben aplastar sin piedad a “los perdedores” si pretenden llegar a la meta?

El joven que ingresa hoy en la universidad llega con la formación recibida en las escuelas que ha cursado y con una formación paralela, en apariencia no institucional: aquella que ha estado absorbiendo desde su infancia a través de los más diversos materiales audiovisuales, de la publicidad, del paraíso elaborado por la cultura comercial. Un diluvio de mensajes, en apariencia dispersos, y sin embargo de una coherencia escalofriante, ha llovido sobre él para entrenarlo como adicto de todos esos subproductos y convertirlo en alguien que solo concibe su felicidad y su destino en tanto “consumidor”. Si pertenece a la minoría privilegiada, habrá podido materializar estos deseos o al menos un porciento de los mismos. Si nació y creció en el seno de una familia pobre o de recursos modestos, ha vivido con intensidad, dolor y frustración el sueño siempre postergado del consumo y espera al graduarse a estar más preparado en la carrera hacia el éxito. Sabe sin embargo (se lo han enseñado bien) que su realización como ser humano está asociada definitivamente al acto de consumir. Recordemos aquella frase de Frei Betto, “Consumo, luego existo”, parafraseando a Descartes.

Y es que el consumidor sueña con “alcanzar el estatus del producto”, porque increíblemente “la mercancía tiene marca, estatus, agrega valor a quien la lleva”. Y en los grupos de adolescentes se imponen las mercancías como señal identitaria. Si el sujeto se niega a ostentar estos objetos, “corre el riesgo de ser excluido (…) del círculo social que establece como código de identificación cierto nivel mínimo del patrón de consumo”. Por otra parte, la carrera consumista no tiene fin: “Un producto adquirido hoy (…), estará obsoleto mañana (…), usted puede empeñarse en conservar el mismo equipamiento electrónico, suficiente para sus necesidades actuales. Pero todos a su alrededor constatarán su anacronismo. Usted perderá su identidad de tribu...” [A este tipo de caducidad subjetiva, que nos lleva a desechar un equipo por “demodé” o “arcaico”, aunque funcione todavía, se le llama “obsolescencia percibida” y es un ejemplo muy común –y extremo– de la irracionalidad del sistema.] [De este modo, continúa Betto] las personas se vuelven mercancías vendibles, escaparates ambulantes que esperan ser admiradas, deseadas, envidiadas y codiciadas. De ahí la onerosa inversión en gimnasios, cosméticos, cirugías plásticas, etc.” La “cultura neoliberal [nos dice] nos hace creer que de [las mercancías] (…) emana una energía que nos cubre como una unción bendita, la de que pertenecemos al mundo de los elegidos, de los ricos, del poder. (…) Y si nos vemos privados de tal privilegio, el sentimiento de exclusión causa frustración, depresión, infelicidad.” [En el caso de la propaganda dirigida a los adolescentes, se explota con especial intencionalidad la necesidad del individuo en esas edades de reconocerse como miembro de un grupo y de sentirse aceptado por él. Esta influencia se refuerza hoy gracias a las redes sociales. Y ya sabemos el peso que tiene la “autoestima” y el que tiene la “tribu” (o el grupo) en una edad de tanta inseguridad, de tantos titubeos y perplejidades, como es la adolescencia.]-Sobre las nuevas generaciones, que cada día leen menos, es decir, que cada día dependen más del ámbito audiovisual, pesa un fenómeno de enorme influencia que el estudioso español Jon E. Illescas ha llamado en un libro “la dictadura del videoclip”. (La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados, ed. El viejo topo, 2015). Se trata de algo que divierte, sin dudas, a niños, adolescentes y jóvenes, e igualmente promueve en ellos “valores y deseos (…), desde la riqueza hasta una forma de hedonismo que pasa por la cosificación y la sumisión de la mujer” e impone “una forma de vivir y de pensar”. “El videoclip hegemónico emite un mensaje demoledoramente individualista, apunta Illescas (…), se fomenta la competitividad, se invita a vivir de forma hedonista el presente y a buscar el placer más intenso y lo más inmediatamente posible.” En suma, “sirve para construir un relato en el que la riqueza es sinónimo de felicidad y goce. Y de paso se debilitan valores humanistas como la generosidad o el afecto”. Los mensajes seductores de los videoclips son absorbidos acríticamente por el consumidor cultural, que ve “la violencia, el machismo, el egoísmo o la desigualdad como parte de la naturaleza humana”. Los empuja además hacia el consumo: “la pobreza apenas aparece en los videoclips. Y las consecuencias políticas de su invisibilización son inmediatas: si la pobreza se oculta es fácil que se excluya del debate público”. Por otra parte, el videoclip se ha convertido "en un catálogo que nos invita a ir de compras al centro comercial más próximo" (dice David Becerra, en un lúcido comentario al libro de Illescas). Un ejemplo: “con el clip 'Bad Romance' de Lady Gaga. En este videoclip se insertan hasta nueve anuncios: vodka Nemiroff, videoconsola Nintendo, ordenador portátil HP, equipos Hi-Fi Philippe Stark, auriculares Heartbeats, gafas de sol Carrera, ropa Burberry, lencería La Perla o zapatos Alexander McQueen.// (…) En general los productos anunciados en los videoclips están dirigidos a un público joven. Aunque, como señala Illescas, algunas veces un solo anunciador paga la producción total del videoclip, como es el caso, por ejemplo, de 'Papi' de Jennifer López, donde la marca de automóviles Fiat se convierte en el auténtico protagonista del metraje.// El videoclip se concibe, pues, como un discurso audiovisual donde generar un espacio publicitario que transforme al espectador en un mero consumidor."

Aquí, al hablar de los videoclips, han asomado algunos de los llamados “famosos”. Vale la pena detenerse en ellos; porque ocupan un sitio central en la maquinaria “educativa” paralela a las instituciones tradicionales de enseñanza. El llamado “consumo cultural” contemporáneo no se concibe sin la presencia de estos fetiches.

De un modo u otro, hasta donde sé, los programas de estas instituciones, en todos los niveles, aspiran o han aspirado a promover entre los estudiantes la aproximación a figuras paradigmáticas, es decir, a aquellos que han consagrado sus vidas a causas nobles, la emancipación, la paz, los derechos humanos, la defensa de la verdad, los avances científicos y culturales. Salvando la distancia entre países, regiones e ideologías, supongo que muchos educadores tratarán por las vías a su alcance que las nuevas generaciones conozcan algo de la vida y la obra de hombres y mujeres como Galileo, Leonardo da Vinci, Mozart, Bolívar, Toussaint-Louverture, José Martí, Benito Juárez, León Tolstoi, Pasteur, Gandhi, Bertrand Russell, Marie Curie, Einstein, Picasso, Chaplin, Martin Luther King, Nelson Mandela, Paulo Freire, la Madre Teresa de Calcuta o el recientemente canonizado Oscar Arnulfo Romero, entre tantísimos otros, todos dignos de admiración. En Cuba, por ejemplo, son ineludibles para nuestros educadores las figuras del Che, de Mella, de Maceo, de Fidel, por supuesto, de nuestros patriotas, revolucionarios y pensadores de vanguardia, desde que éramos colonia de España hasta la Revolución que triunfó en 1959.

La propia figura de Cristo, uno de los símbolos centrales de Occidente, con su prédica de amor, desprendimiento material y sacrificio por los demás, es indudablemente el paradigma por excelencia en un sinnúmero de instituciones de enseñanza. Sin embargo, la maquinaria “educativa” paralela emite mensajes agresivamente anticristianos a propósito de los festejos navideños: “Antes, durante y después del que se conoce como día del aniversario natalicio de Jesucristo, una vorágine mercantil se apodera del mundo…” Así, el nacimiento de aquel que dijo que era más fácil que entrara un camello por el ojo de una aguja que un rico en el reino de los cielos, se convierte en una orgía de publicidad y consumismo. De hecho, la Navidad termina siendo “un episodio de expansión comercial cuya capacidad de penetración ha rebasado todo límite”. (Véase el artículo “¡Arriba las manos, esto es la Navidad!” de Fernando Buen Abad.)

En el presente, en este empeño por fundar paradigmas dignos de ser conocidos y estudiados por niños, adolescentes y jóvenes, todos los educadores del mundo, incluidos los cubanos, topan inevitablemente con el Olimpo de la maquinaria “educativa” paralela, habitado, como sabemos, por los “famosos”. Son cantantes, modelos, actrices, actores, diseñadores de modas, deportistas, aristócratas, presentadores de televisión, representantes de la élite empresarial, “triunfadores” en general. Y la gama tiende a crecer, como veremos.

En la operación de enmascaramiento de la pobreza que ve Illescas en los videoclips, los “famosos” desempeñan un papel insuperable: nadan en dinero y ostentan su fortuna gastando millones en caprichos. [Un ejemplo: Lady Gaga tuvo que someterse a una operación de cadera y decidió encargar a una joyería exclusiva la rápida confección de una silla de ruedas bañada en oro. El también famoso joyero (Ken Borochov) dijo, muy orgulloso, que había hecho algo “digno solo de una reina”. Este encargo insólito fue calificado benévolamente por los medios como “otra extravagancia”; aunque generó polémicas. Pero luego la extravagancia se transformó prodigiosamente en filantropía, pues, cuando mejoró, Lady Gaga regaló la silla a una fan inválida llamada Emma y pagó el tratamiento y el trasplante al que debió someterse la joven. Y puso a disposición de Emma a su equipo médico personal. Obviamente, el noble gesto de Lady Gaga generó una avalancha publicitaria incontenible.]

Al propio tiempo, cada episodio de la vida privada de un “famoso” se convierte de inmediato en una noticia mundial. A veces da la impresión de que los managers del “famoso” le sugieren cada mes o cada trimestre “fabricar” un incidente, un escándalo pequeño o grande, para alimentar su leyenda y que su popularidad se dispare. [Hay miles de ejemplos; pero me parece ilustrativo un real o supuesto altercado de Rihanna en 2009 con su entonces novio, el cantante Chris Brown, que motivó al parecer la cancelación de una presentación de esta “famosa” en el espectáculo de los Grammy Awards. Por vía digital circuló una fotografía filtrada de la policía de Los Ángeles, en la cual se evidenciaba que la cantante había sufrido lesiones visibles, y hubo una cobertura de prensa muy amplia del caso. Brown se declaró culpable de delito mayor de agresión, recibió cinco años de libertad condicional y se le ordenó permanecer a unos cincuenta metros de distancia de Rihanna, menos en los eventos públicos, que se reduciría a diez metros. Pese a todo, en febrero de 2011, una jueza modificó, con el consentimiento de Rihanna, la orden de restricción, y se permitió a ambos cantantes aparecer juntos en premios y nominaciones. Esta historia tuvo millones de espectadores, tantos o más que los de una telenovela exitosa. Cada testimonio, cada revelación, cada medida judicial, cada gesto de rechazo o clemencia, cada metro de distancia que acercaba o distanciaba a Rihanna y a Brown, fueron seguidos ávidamente por los fans.]

Estar al tanto de la vida de los “famosos”, es un hábito que puede crear adicción. Una Web (www.wonderwalllatino.com) tiene una peculiar invitación a inscribirse por medio del correo electrónico para recibir boletines semanales. Dice así [todo en mayúsculas muy realzadas]: “¡REGÍSTRATE PARA TU DOSIS SEMANAL DE CHISMES DE “FAMOSOS”! INGRESA TU CORREO ELECTRÓNICO.” Es muy significativa y muy obvia la alusión a la “dosis semanal”, o sea, al medicamento o a la droga que no pueden faltarte.

La mayoría de los “famosos” incursionan en el mundo de la actuación, en series y películas, muchas veces encarnándose a sí mismos. Son jueces en concursos de corte reality shows y de todo tipo (la fama les otorga una autoridad particular); publican autobiografías escritas por otros y libros fotográficos sobre sí mismos; hacen labor de filantropía, a veces sospechosamente copatrocinada por grandes corporaciones; tienen estatuas en los museos de cera (y estas instituciones convocan a los fans a contemplar las réplicas de sus ídolos, mientras esperan el gran momento, el momento más anhelado, de verlos en persona); protagonizan encuentros y desencuentros amorosos y escándalos de diversa índole, como el que acabamos de comentar, que son difundidos ampliamente y levantan su popularidad. Intervienen activamente en la publicidad comercial y muchos despliegan su propia línea de modas, perfumería y hasta videojuegos.

Las redes sociales se han convertido en un espacio privilegiado para la comunicación entre los “famosos” y sus seguidores. Jamás, ni el más insigne emperador en la historia de las civilizaciones, logró reunir un ejército tan numeroso y ferviente como el que logran reunir los “famosos” a través de Facebook, Twitter y YouTube. Jamás hubo una vía para exaltar los ánimos de esas tropas multitudinarias y hacer incluso que caigan en un estado parecido al éxtasis como la que ofrecen estas redes.

Hace algún tiempo me propuse hacer una especie de análisis comparativo entre diez “famosos” que eran entonces los más seguidos en Facebook. Ese estudio quedó inconcluso, por falta de tiempo, y lo lamento; porque fui descubriendo pormenores interesantes. En aquella fecha me tropecé con una lista dorada (el “Top 10”), integrada por Eminem con casi 50 millones, seguido por Rihanna con 48 millones y, en tercer lugar, Lady Gaga con 45.6 millones. Le seguía la única latina del “Top 10”, Shakira, con 43 millones, seguida por el fallecido Michael Jackson con una diferencia de pocos miles. Venían a continuación Justin Bieber, Cristiano Ronaldo, Katy Perry, el grupo de rock Linkin Park y el rapero Akon. (Me topé hace pocos días con la listas de los “famosos” más seguidos en Twitter en 2014 y descubrí no sin sorpresa que algunos nombres se repiten: en primer lugar, Katy Perry, con más de 51.3 millones de fans; el segundo puesto es para Justin Bieber, quien cuenta con 50.2 millones; el tercero, un político, Barack Obama, con 42 millones; luego, en cuarto puesto, Lady Gaga, con 41.1 millones; y finalmente, tres lugares después, en el 7mo, Rihanna con 34.5 millones.)

Uno de estos “famosos”, Justin Bieber, ha encontrado en las redes sociales una vía determinante para sus ventas y para el cultivo de la llamada “Fiebre Bieber” en sus fans. Gran parte de la atracción hacia Bieber se debe a su canal de YouTube. Mucho antes de que publicase su primer EP [o extended play, de una duración máxima de 20 a 25 minutos], My World, sus videos de YouTube habían sido vistos millones de veces. Su representante Braun le solicitó que trabajara más su imagen de YouTube y grabara más videos caseros para publicarlos en su canal. Braun declaró que le pidió a Justin que «cantase como si no hubiese nadie en la habitación». «El producto será destinado a niños [añadió], dejemos que ellos hagan el trabajo, para que así sientan que les pertenece». [Vean qué sagaz pedagogo este Braun: comprende que si los niños imaginan “el acabado” de los videos “privados y espontáneos” de Bieber se “apropian” de la farsa, la hacen suya y caen por sí mismos en la trampa de modo irreversible.] Luego, siempre aconsejado por Braun, Justin Bieber abrió una cuenta en Twitter, mediante la cual interactúa con sus fans y cuenta con millones de ellos. Se estimaba hace algunos años que su cuenta ganaba cada día 24 mil nuevos seguidores. Sus cuentas de YouTube y Twitter han demostrado ser herramientas de marketing, por ejemplo, su video musical del tema «One Time» comenzó a venderse de manera espectacular después de haber sido publicado en su canal de YouTube.

Rihanna llegó a ser la artista con más "me gusta" o "likes" en Facebook. También es la primera mujer en pasar los 3 billones de vistas en el portal YouTube. La agrupación “famosa” Linkin Park tomó parte de la banda sonora de Transformers: la venganza de los caídos (2009) (la segunda película de una trilogía de “imagen real” que proviene originalmente de una línea de juguetes y luego de cómics y dibujos animados) y se ha vinculado con otra opción de las TIC en extremo influyente: los videojuegos. El videojuego de Linkin Park salió al mercado en 2010 y debutó en iTunes en el puesto número tres en la categoría de juegos de acción más vendidos. En él se puede apreciar a los seis integrantes de la banda, y cada nivel está basado en uno de los miembros del grupo. En este videojuego aparecen algunos de los principales temas de su discografía. Este es un ejemplo de cómo se conectan en torno a los “famosos” y a su promoción todas las opciones que ofrecen la industria hegemónica del entretenimiento y las TIC puestas a su servicio. [Por cierto, a propósito de la evolución de los Transformers de juguetes a cómics, de cómics a dibujos animados, de dibujos animados a una saga de películas de “imagen real”, hay que decir que otra lección que se aprende tempranamente en nuestros días tiene que ver con el culto a la tecnología. Esto ha llevado incluso a la gran industria del entretenimiento a fundar en esos aspectos tecnológicos la promoción de sus producciones. Hoy los llamados “efectos especiales” han llegado a ser más atractivos para el consumidor potencial de una película o de una serie televisiva que cualquier otra valoración asociada a la trama, a los personajes, al conflicto, a “la historia”. Un producto supuestamente artístico, donde lo sustancial esté concentrado en ese culto a la tecnología, traiciona de entrada, por su esencia misma, la raíz humanista del arte. Des-humaniza la experiencia estética, la vacía. Hasta se advierte la propensión a sustituir los monstruos de las viejas películas de terror por engendros de la técnica a los que todo lo humano les resulta ajeno. Ante estas criaturas diseñadas fríamente para la destrucción, uno siente nostalgia por aquellos antiguos vampiros y hombres lobos, malvados, sí, pero en cierto modo tiernos.]

Los “famosos” reciben día a día honores de revistas de mucha circulación, que resultan curiosos por sus términos rimbombantes. Rihanna, por ejemplo, fue incluida por la revista Forbes en la nómina de las más “poderosas” en todo el planeta. Apareció entre las diez mejores vestidas de 2008 según la revista People, integró la lista de la revista Glamour de las 50 mujeres más glamorosas en 2009 y fue declarada por esta propia publicación “la Mujer del Año”. Ya en junio de 2007 Gillette había nombrado a Rihanna “la celebridad con piernas de diosa”. En 2011 Esquire la declaró “la mujer viva más sexy”. MTV la ha nombrado “la estrella más grande y la reina del Caribe”. En el 2012 la revista Time colocó a Rihanna en el puesto número ocho de las personas más “influyentes” del mundo. Fue nombrada la mujer del año también por la ya citada revista de moda Glamour. Igualmente la nombró una de las celebridades más “calientes” de 2012. En 2011 y 2012 la revista Vogue le dio el título de “la Mujer del Año”. Fundamentó la decisión argumentando que Rihanna era “independiente, enérgica”, con “clase y espíritu de lucha”. En ese mismo año la cantante fue calificada como la cuarta persona más “poderosa” del mundo.

Otro ejemplo de cantante multipremiada es, por supuesto, Shakira. La empresa Live Nation la consideró la artista más importante de su generación, “por su impacto global claramente consolidado”. [El mecanismo de formación y lanzamiento de “famosos” se mueve así. Logra hacerte muy popular y luego te premia por haber conseguido lo que la maquinaria se propuso.] Según la revista Forbes, Shakira es una de las cantantes que más dinero gana y está dentro de las cien mujeres más influyentes del planeta. Los “famosos” obtienen continuamente todo tipo de premios vinculados a la industria hegemónica del entretenimiento. [Estos galardones funcionan como fórmulas legitimadoras en el proceso de fabricación de un “famoso”; son raramente cuestionados; se les considera indicadores jerárquicos irrefutables.]

De hecho, hay un mensaje “educativo” reiterado y muy claro que cala día a día en la conciencia (y en el subconsciente) de los seguidores de los “famosos”: las ganancias, la fama, te hace ser “influyente”, “poderoso”, “sexy”; te permite acceder a una vida superior, a una escala privilegiada de la especie humana.

Al propio tiempo, el dinero que recibe un “famoso” o el que se invierte en una superproducción cinematográfica o el que recauda un best-seller actúa como otro indicador que el consumidor asocia candorosamente con la calidad

“La mejor publicidad [dice el antropólogo cultural búlgaro Ivailo Díchev] es la cifra del presupuesto, el número de visitas, el precio de venta (¿no recuerdan que hasta hace poco pensábamos que las cosas importantes las entienden solo unos pocos escogidos?). ¿Qué escribían sobre el Harry Potter de turno el año pasado? [2005] ¿Analizaban los personajes, el estilo, las metáforas? El primer mensaje, el fundamental, fue [la venta de] ‘7 millones de ejemplares en las primeras 24 horas tan solo en los Estados Unidos’. (…) Uno no debe perderse filmes como Terminator, Titanic, Troya, el nuevo Superman, precisamente por el potlatch global de sus presupuestos record; ocurre algo excepcional, se gastan cientos de millones, significa que es importante, significa que es cultura. Por otra parte, ‘de bajo presupuesto’ se convirtió en una definición despectiva para filmes marginales, de los que uno puede prescindir. El filme de bajo presupuesto tiene menos efectos (…) y exige un esfuerzo especial del ojo, entrenado en otro ritmo visual. En ese sentido, mirarlo no es un placer, sino un trabajo.” (“¿Una hegemonía de lo popular-global?”, 2006, Denken Pensée Thought Myśl… E-zine de Pensamiento Cultural Europeo, volumen 3, Centro Teórico-Cultural Criterios, la Habana, 2015) [Es decir, el dinero invertido en una producción artística o seudoartística es directamente proporcional a la calidad de la misma. Y viceversa.]

Los “famosos” refuerzan la corriente consumista; pues se prestan continuamente (y son muy bien pagados por ello) para anunciar los más variados productos y aceptan componer e interpretar canciones asociadas a campañas publicitarias. Incluso van más allá y fundan líneas de artículos supuestamente diseñados por ellos y “divinizados” con sus nombres. Un caso notable es el de Rihanna, quien dijo que proyectaba crear su propia empresa, "Rihanna Entertainment", en la que combinaría todos sus negocios, incluyendo la música, cine, perfumes, moda y empresas del libro. (No sé si llegó a fundar la citada empresa. Sí leí que lanzó hace algún tiempo un libro fotográfico que estuvo precedido por una enorme publicidad. No olvidemos aquella escritora de origen croata, Dubravka Ugresic, que analizó la decadencia del mercado literario y nos habló de que en el mundo delirante de hoy las memorias de Mónica Lewinsky merecen más publicidad que las obras completas de Marcel Proust. Por cierto, hablando de Mónica Lewinsky, es coherente que —después del escándalo y de ascender a la categoría de famosa— no solo encontrara espacio en el ámbito editorial, sino además en un programa estelar de reality-shows y en el lanzamiento y venta de una marca propia de bolsos.)

Por lo pronto, Rihanna ha firmado contratos de patrocinio con Body Secret Spray (su primera gira se llamó Rihanna's Secret Body Spray Tour), con Nike, con Gucci; grabó la canción «Winning Women» con otra intérprete para promover un desodorante femenino de Procter & Gamble. [Esto es muy sintomático de la lógica publicitaria que asocia el uso de un producto con convertirse en un “ganador”, en este caso en una mujer “ganadora”.] Rihanna llegó a convertirse en la portavoz de Nivea: una canción suya fue parte sustancial de la campaña "Nivea's 100 Years of Skincare". Ha trabajado con Armani para diseñar su propia colección de jeans y ropa interior.

Otro mensaje “educativo” que multiplican intensamente los “famosos”, tiene que ver con lo que podríamos llamar “el desmesurado valor de lo superfluo”. Ya hablamos del ostentoso capricho de Lady Gaga de tener una silla de ruedas de oro. Otra cosa que ya mencioné: el cambio de peinado de Bieber, un acontecimiento ocurrido súbitamente hace años, en el 2010, que fue considerado el «corte de cabello más costoso de todos los tiempos». Y es que hubo que alterar todos los productos que reflejaban su imagen. Una compañía de juguetes estadounidense gastó 100 mil dólares para corregir muñecos “Bieber” que iban a ser vendidos en la temporada navideña de 2011. (Y los museos de cera con réplicas de Bieber tuvieron que hacer inversiones considerables. Habría que imaginar la reacción de una seguidora fanática que después de pagar la entrada a uno de esos museos se topara con un Bieber peinado “a la antigua”. Otro ejemplo más reciente: la actriz Uma Thurman se presentó en público con lo que llamaron “un mal maquillaje” que según una publicación “causó un gran revuelo en las redes sociales”. El escándalo sobre su "nuevo rostro", llevó a la actriz a pronunciarse y defenderse de las críticas. "Creo que a nadie le ha gustado mi maquillaje", dijo en el programa de televisión Today, de la NBC. Allí también aprovechó la ocasión para asegurar que no se había sometido a ningún tipo de cirugía. Nótese cómo lo trivial adquiere un peso gigantesco en la lógica de los “famosos”. Obviamente, lo superfluo desplaza a lo realmente trascendente en la escala de prioridades de las víctimas de esta maquinaria, sobre todo si se trata de niños y jóvenes.)

La exaltación de la belleza física y la quimera de la eterna juventud, forman parte de la exacerbación por lo superfluo del ámbito de los “famosos”. En un artículo digital (“El antes y después de los famosos”, de junio de 2015) dedicado a la adicción por la cirugía estética de celebridades de Hollywood y del mundo del espectáculo y de la moda, se llega al morbo de presentar imágenes de las mismas, donde se superponen “el antes” y “el después” de los rostros “famosos” y se invita al público no sin cierta crueldad a mover el cursor de izquierda a derecha para ir redescubriendo las rugosidades, los pliegues, las papadas, los cuellos de lagarto, que tanto dinero costó encubrir. De una célebre estrella de cine comenta que “hace unos años algunos medios de información informaron de que la actriz se había gastado más de 350 mil euros en retoques estéticos”. Otra “confesó que se había hecho al menos unas 20 operaciones” para eliminar las arrugas.

Todos o casi todos los “famosos” de la lista que mencioné (la del que fue una vez el “Top 10” de Facebook) son de origen humilde y sus familias pasaron –según lo que ellos mismos cuentan— por situaciones muy precarias. Apoyan de esta manera la resurrección del mito de Cenicienta y la esperanza de la multitud de “perdedores” de llegar a ser “ganadores” algún día.

Al propio tiempo, muchos de ellos ejercen la filantropía a través de donaciones, conciertos benéficos y fundaciones, todo muy publicitado. Debo aclarar que no dudo de que algunos de estos “famosos” sean personas generosas y que practiquen un altruismo genuino y con los mejores propósitos de ayudar a los necesitados. Pero, más allá de sus intenciones personales, en el Olimpo de los “famosos” no hay nada puro, y a menudo sus acciones filantrópicas se contaminan. El sistema crea una extraña promiscuidad donde cohabitan la filantropía, la publicidad y el marketing.

Hablábamos antes de cómo es anticristiano promover el consumismo en torno al nacimiento de Cristo. Y es necesario recordar ahora que el ejercicio de una filantropía acompañada de propaganda tampoco es propiamente muy cristiano. En Mateo, 6, 1-4, dice Cristo: “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos, de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompetas delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles (…). Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.” Los actos filantrópicos de los “famosos” van acompañados de trompetas, como sabemos, y resuenan en las sinagogas, en las calles, en los medios, en las redes sociales.

Cuando Shakira tenía ocho años, su padre se declaró en bancarrota. Más tarde dijo ella: "En mi cabeza infantil, ése fue el fin del mundo". Para mostrarle que las cosas podían ser peores, su padre la llevó a un parque cercano para que viera los huérfanos que vivían allí. La imagen la impresionó y se dijo "un día voy a ayudar a estos niños, cuando me convierta en una artista famosa." Y creó la Fundación Pies Descalzos a finales de los años 1990 con el objetivo de brindar ayuda a toda la comunidad infantil desprotegida de Colombia y de países del tercer mundo. Curiosamente, Rihanna contó una historia muy similar: «Cuando yo era joven [explicó] y me gustaba ver la televisión y veía a todos los niños que sufren, siempre dije: cuando yo sea grande, quiero ayudar a otros». Por eso creó Believe Foundation en 2006, la fundación le proporciona a los niños ayudas en la educación, apoyo económico, social y médico.

Shakira, gracias a su labor humanitaria, fue nombrada por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) embajadora de buena voluntad. Por otra parte [y aquí empieza la promiscuidad de que hablábamos], la marca española de automóviles SEAT se asoció con Shakira para fabricar un automóvil que llevaría el nombre de la fundación: el llamado SEAT León Pies Descalzos. Este vehículo fue finalmente subastado en 2007, en el Salón del Automóvil de Ginebra, en presencia del presidente de la marca española Erich Schmitt. Shakira ha recibido también donaciones para sus empeños filantrópicos de la compañía AMAG, el importador suizo de automóviles Porsche. [Por lo pronto, nadie podrá negar que haya algo contradictorio en que corporaciones asociadas a la industria automovilística se empeñen en patrocinar con tanto entusiasmo una Fundación que lleva un nombre alusivo a aquellos que nunca podrán comprar un automóvil y que se lance para colmo un modelo de vehículo bautizado como SEAT León Pies Descalzos. Es el tipo de hechos, muy publicitados, que es capaz de enturbiar las intenciones más nobles.]

En ocasiones estos esfuerzos filantrópicos de los “famosos” no terminan bien. Hace unos días presenté el libro Zona Roja de Enrique Ubieta, sobre la batalla que dieron médicos y enfermeros cubanos contra el ébola en Sierra Leona, Liberia y Guinea. Allí me enteré de una patética iniciativa “solidaria” de unos músicos muy reconocidos de Europa y Estados Unidos que en noviembre de 2014 “se unieron para grabar una canción de ‘solidaridad’ con los enfermos de ébola. Pero no indagaron mínimamente en la cultura de los pueblos que padecían la epidemia (…). El título de la canción ‘¿Saben qué es Navidad?’, era fatal para conectar con una población –en dos de los tres países infectados [Sierra Leona y Guinea] — mayoritariamente musulmana, y la letra, lejos de ser educativa, resultaba inexacta en la descripción de la epidemia e infundía miedo a los europeos. (…) En África, provocó rechazo.” Y es que era una iniciativa compasiva y humanista; pero marcada por una visión colonial. Una estudiosa liberiana de temas africanos respondía, airada, a la canción, en un despacho de BBC Mundo citado por Ubieta: “Preguntar si sabemos qué es la Navidad… pues sí lo sabemos, pero no la celebramos.”

Un aspecto muy sensible de los impulsos filantrópicos de los “famosos”, tiene que ver con la adopción de niños de países del Sur. Hasta alguna prensa del sistema se ha preguntado más de una vez si es “un verdadero gesto de amor” o si tendrá acaso “algo de moda chic”. Niños provenientes de Haití, de Malawi, de Mongolia, de Camboya, de Etiopía, de Vietnam, de Corea. Juvin lo comenta de un modo un tanto brutal, en este contexto, dice, “no es de extrañar que (…) las estrellas se arroguen el derecho de comprar niños que gracias a ellas conocerán un futuro de oropel pero no a sus padres ni su tierra”. [En esta amarga referencia de Juvin a la publicitada adopción de niños del mundo subdesarrollado por “famosos” del Norte, no es difícil ver una metáfora del proceso de absorción y despojo de sus raíces a que son sometidos millones de niños, adolescentes y jóvenes del Sur por la industria hegemónica del entretenimiento. Son secuestrados por una maquinaria colonial implacable, que terminará haciéndolos desconocer su tierra y sus padres.]

Algunos “famosos”, por otra parte, cultivan una imagen de cierta rebeldía inofensiva para el sistema. En el referido Top 10 de Facebook, hay tres negros y mestizos: uno de ellos de origen africano, ex recluso, Akon; Rihanna, nacida en Barbados y Michael Jackson. Hay además una hispana, Shakira, y un eterno adolescente “revoltoso”, una especie de Peter Pan que se niega a crecer, Justin Bieber. Da la impresión de que los que fabrican a los “famosos” aspiran a darle colorido a su Olimpo e intentar que las minorías explotadas tengan allí algún ídolo que adorar. Incluso Lady Gaga se empeña en representar la rebeldía. En un artículo de The Sunday Times («Lady Gaga y la muerte del sexo» 2010), Camille Paglia afirmó que esta “famosa” «es más bien una ladrona de identidad que alguien que rompe los tabúes eróticos, un producto manufacturado del mainstream que afirma cantar para los raros, los rebeldes y desposeídos, cuando no es nada de eso».

Amy Kaufman del periódico The Los Ángeles Times comentó sobre Justin Bieber: «Aunque [fue] (…) educado en el ambiente suburbano de Stratford, Ontario, su forma de vestirse y de hablar —emplea jerga afroamericana (…) — sugiere que busca imitar a sus raperos favoritos». Good, apodado el «arrogante entrenador» de Bieber, le dio un «aspecto callejero» al estilo del cantante que consistía en gorras de béisbol, sudaderas, placas colgantes identificadoras de tipo militar y zapatillas llamativas. La idea de apelar a una cierta “rebeldía” basada en lo superficial, en lo superfluo, es algo que aparece también en Rihanna, quien, en un momento de su carrera, adoptó según los medios “una imagen más rebelde” para grabar uno de sus álbumes: “cortó su pelo y lo tiñó de negro”.

En el citado artículo de David Becerra sobre el libro de Illescas se habla de cómo “el videoclip hegemónico construye el modelo de lo que podemos denominar 'black capitalism'”. “Por medio de cantantes afroamericanos, generalmente procedentes de barrios marginales, se construye la idea de que el éxito es posible, de que se puede escapar de la pobreza a través de las reglas del sistema capitalista, aunque a veces eso implique delinquir, hacer uso de la violencia o el tráfico de drogas. La oligarquía, se apunta en 'La dictadura del videoclip', produce nuevos referentes para las poblaciones de los guetos, modelos despolitizados que muestran salidas siempre individuales, nunca políticas o colectivas, a los problemas que padecen. La construcción de una estrella de rap que ha escapado de la pobreza desplaza del imaginario otros referentes como Martin Luther King, Malcolm X o Angela Davis.” -[En este punto se vincula este análisis con los que veremos de inmediato de la narcomoda y los “nuevos héroes” como El Chapo o Pablo Escobar. Habría que añadir el largo trabajo de “folklorización” que ha hecho Hollywood sobre figuras de la izquierda, como Eva Perón (Evita, el musical de Andrew Lloyd Weber llevado al cine por Alan Parker, con Madonna en el papel de Eva Perón y Antonio Banderas en el del Che como “narrador”), Frida Kahlo (Frida de Julie Taymor, donde aparece Tina Modotti reducida a un presunto amorío lésbico de Frida), Emiliano Zapata (Zapata, el sueño de un héroe de Alfonso Arau, donde el revolucionario es una especie de chamán) y Federico García Lorca (la escandalosa Muerte en Granada, también titulada La desaparición de García Lorca, de Marcos Zurinaga, con Andy García en el papel del poeta asesinado; se basa en dos libros del reconocido biógrafo de Lorca Ian Gibson, que autorizó vergonzosamente que se le diera crédito y que luego, incluso, utilizó la película para hacer un llamado aludiendo al filme en la cubierta de las reediciones: Poderoso caballero es don dinero, sin ninguna duda). Por supuesto, al sistema le conviene muchísimo más que los adolescentes admiren a un rapero drogadicto, “rebelde” entre comillas, que a Martin Luther King o a El Chapo o a Pablo Escobar que al Che. ]

Hasta ahora, al hablar de “famosos”, nos hemos referido a cantantes, actores y actrices, modelos, futbolistas, presentadores de televisión. Pero este Olimpo puede llegar más lejos: En un reciente artículo (“El boom de la narcomoda a partir del Chapo”) el periodista mexicano Eduardo Febbro nos informa que “el jefe del Cartel de Sinaloa, El Chapo Guzmán, se ha convertido también en una moda de indumentaria y en una marca registrada. Una de las hijas del narco mexicano (…) y dos de sus ex compañeras (…) consiguieron que el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial, el IMPI, patentara la marca El Chapo con el fin de comercializar varios productos. De las 24 solicitudes presentadas (…), el IMPI aceptó patentar la marca en cuatro clases: metales preciosos y aleaciones, cuero, cuero de imitación, pieles de animales, juegos, juguetes, artículos deportivos, publicidad, dirección de negocios y administración comercial.// El Chapo Guzmán no es solamente el proveedor de un fructuoso río de leyendas sino, también, de toda una estética que va del narcoclothing [narco-ropa] hasta las camisetas con su rostro, juguetes, máscaras, piñatas, muñecos y disfraces. La narcoestética es un negocio que sobrepasa las fronteras de México.// (…) La Reina del Pacífico, nombre que se refiere a la narcotraficante Sandra Ávila, está patentada desde 2004 y la marca puede ser usada para vender café, azúcar, cacao, arroz, tapioca, harinas, cereales, pan, pastelería, helados, miel, sal, vinagre, mostaza e incluso hielo. Con la marca de tequila Don Neto ocurre lo mismo. …elaborado con agave azul honra la memoria de Ernesto Omelas Gazcón, uno de los fundadores del Cartel de Guadalajara”. [Nótese que en la gama de productos, aparte de la omnipresente publicidad, están juegos, juguetes, artículos deportivos, cereales, pastelería y helados, es decir, producciones destinadas sobre todo a niños y adolescentes. Alguien muy tolerante pudiera pensar que un curtido bebedor de tequila Don Neto ya tiene su mundo de valores formado y que la marca “narco” no va a influir en él; pero qué decir de los niños que consuman juguetes, helados y cereales “La Reina del Pacífico” o “El Chapo”.]

“Los narconombres como marca o la narcoestética son un negocio redondo [sigue diciendo Febbro]. Los relatos populares, las leyendas tejidas por los medios de comunicación o las narconovelas parecen extraerle a esos nombres las connotaciones negativas (…). Al día siguiente de que la prensa mexicana revelara el contenido de los SMS intercambiados entre El Chapo y la actriz mexicana Kate del Castillo apareció una camiseta y una gorra con una de las frases de ese romántico intercambio entre el narco y la actriz: “Te cuidaré más que a mis ojos”. Desde 2006, la percepción de cierta opinión pública cambió con la difusión de productos televisivos donde los narcos eran los héroes, principalmente los narcotraficantes colombianos y mexicanos.” [A la buena imagen de los narcotraficantes se añade, como en los “famosos” más tradicionales, la práctica supuesta o real de la filantropía. Se revive con ellos la leyenda de Robin Hood.] “El hermano del narco colombiano Pablo Escobar, Roberto [continúa Febbro], organiza multitudinarios tours turísticos por las tierras donde creció la leyenda de Escobar. (…) [Otro] hijo de Pablo Escobar popularizó en la Argentina una marca de ropa, Escobar Henao, que llevaba a su padre en los diseños. Las camisetas tenían estampadas la cédula de identidad de Pablo Escobar, un certificado judicial sin causas pendientes o incluso su tarjeta de crédito (…). [Y Febbro llega a la siguiente conclusión:] No hay libro, reportaje o edición especial de diarios o revistas que no conozca los efectos positivos de los narcorrelatos. Tal vez la gente los prefiera a ellos, con nombre y apellidos, que a esos asesinos, estafadores y ladrones de la sombra que son los miles de operadores bancarios o financieros que actúan en el mundo provocando hambrunas espantosas con la manipulación de los mercados o el precio de las materias primas. La narcoestética y su impacto son mucho más que un signo de mera frivolidad o un reflejo de la ligereza de los medios.

[Esta idea es realmente digna de ser meditada y discutida. ¿No resultarán los narcos, a los ojos de la gente, más directos y honestos que los grandes ladrones de gobiernos y corporaciones? Este factor señalado en el artículo, puede tener cierto peso, sin duda. Pero a mi juicio lo decisivo es la categoría de “famoso”, sea cual sea la causa de esa fama, que reina hoy en el clima cultural y espiritual de la “globocolonización”, como la llama Frei Betto. Recuérdese el giro que dio la opinión pública en EEUU en torno a Oliver North, cuando fue procesado por el escándalo Irán-Contra. Un peón de Reagan que había violado las leyes de su país para promover la guerra sucia en Nicaragua con dinero de la venta de armas a Irán, se convirtió de pronto en un “famoso”, en un héroe. Por cierto, en aquel financiamiento de la Contra se movió mucho dinero del narcotráfico autorizado por la CIA.]

De este modo, la fama, el dinero, la diversión vacía, el hedonismo, la tecnología “pura”, se instalan como valores por encima de todo requerimiento ético. Los “guías espirituales” de las nuevas generaciones, los “famosos”, no tienen mucho que decir y solo exhiben detalles reales o ficticios de su vida privada y gestos filantrópicos que se confunden frecuentemente con la publicidad y el marketing. Cuando dan “limosna”, no es nunca “en secreto” y no solo se entera la mano izquierda de lo que hace la derecha: se enteran también decenas de millones de fans. La maquinaria “educativa” paralela ostenta un poder formidable.

¿Qué hacer?, se preguntaba Lenin. ¿Qué hacer?, nos preguntamos en Cuba, en los encuentros de la UNEAC y de la AHS que les mencioné al principio. Aquí, en Cuba, aún en medio de gravísimos problemas económicos y con el bloqueo intacto, tenemos algunas ventajas que no tienen otros países. Vencimos al analfabetismo en 1961 y nos trazamos metas muy ambiciosas para elevar gradualmente el nivel educacional de la población. Ya mencioné la escolarización generalizada de la infancia cubana como una conquista. Contamos con más de 3 mil instituciones culturales (museos, bibliotecas, librerías, casas de cultura, galerías) en todo el país. Algunas con problemas constructivos, aunque hay ahora un ambicioso plan de reparación. Los medios masivos de comunicación están en manos del Estado y de la sociedad civil revolucionaria. Ese fenómeno tan peligroso y acelerado de concentración del poder mediático en manos de corporaciones, no existe ni existirá en nuestro país. Sin embargo, como ya dije, la crisis cultural del mundo contemporáneo nos contamina día a día. Padecemos el efecto de subproductos culturales provenientes del extranjero y de subproductos culturales made in Cuba que imitan lo peor de los modelos hegemónicos. Fidel dijo hace muchos años que no podía pretenderse formar a los ciudadanos del presente y del futuro como si vivieran en una urna de cristal –y eso lo dijo cuando ni siquiera se hablaba de las TIC.

Hay consenso entre nosotros en que en la cultura y la educación tenemos que trabajar de manera más articulada, más coherente, maestros y profesores, instructores de arte, escritores y artistas, realizadores de radio y televisión, informáticos, periodistas, los promotores culturales que trabajan en las comunidades, las organizaciones estudiantiles, en general todos los que de un modo u otro influyen en las nuevas generaciones, para fomentar la participación en los procesos culturales, cultivar la memoria histórica y combatir el “presentismo” y mostrar (no en pedestales ni en estatuas de mármol) a los paradigmas reales, a los hombres y mujeres que hicieron aportes a nuestra nación y a la humanidad. Debemos lograr que la política cultural de la Revolución esté presente en todos los espacios públicos, pertenezcan a instituciones o funcionen bajo formas de gestión no estatal. Hay que empeñarse a fondo para ofrecer a nuestros niños y jóvenes opciones de recreación atractivas y utilizar para ellos las TIC. Se ha iniciado la producción de videojuegos educativos, en un esfuerzo que deberá ampliarse y convertirse en una alternativa. Debemos intervenir sin complejos de inferioridad en la actual guerra de símbolos. Llegamos a tener, hace ya muchos años, un personaje de cómics, convertido luego en protagonista de dibujos animados, que derrotó durante varias generaciones a Walt Disney: el mambí Elpidio Valdés. Nos sobra talento y creatividad para este combate.

Al propio tiempo, junto a la generación de alternativas, hay que ir formando un receptor crítico, capaz de enfrentar, sin ser arrastrado, la oleada seudocultural. Para ello el ICAIC está coordinando con la participación del MINED, del MES, de las universidades, de la Brigada José Martí de Instructores de Arte, del Instituto de Radio y Televisión, de la UNEAC, de la AHS, de las organizaciones estudiantiles, un Programa para el Fomento de la Cultura Audiovisual. En las Casas del Joven Creador de la AHS y en algunas universidades (pronto se extenderá a todas) hay una magnífica colección de varios cientos de películas de calidad, que puede descargarse gratuitamente. Alfredo Guevara, el fundador del ICAIC, decía que él no creía en las élites pero sí en las vanguardias. Estamos gestando una vanguardia de conocedores del cine de arte, del gran cine universal, y esa vanguardia tiene la misión de irradiar y multiplicarse. Pronto aparecerá en la televisión cubana un programa de análisis de la lógica manipuladora y fraudulenta de los reality shows.

Hay que diseñar de conjunto modelos y paradigmas culturales ajenos al mercado, donde el ser humano esté realmente en el centro. Estaríamos levantando un valladar (“una trinchera de ideas”, diría Martí) frente a la arrogancia suicida, egoísta, de los que pueden destruir, no sólo el humanismo, sino la propia especie humana.

Me acuerdo de aquella idea de Fidel de que el mejor antídoto frente al consumismo es el arte, la cultura, el desarrollo pleno de la espiritualidad del ser humano. Y Martí le escribe a María Mantilla, su hija biológica o espiritual (eso es secundario, por supuesto) y le habla de “la gente inferior e inútil” que “lo sacrifica todo” por “la riqueza y la soberbia”: “…la elegancia (…) está en el buen gusto, y no en el costo. La elegancia del vestido, la grande y verdadera, está en la altivez y fortaleza del alma. Un alma honrada, inteligente y libre, da al cuerpo más elegancia, y más poderío a la mujer, que las modas más ricas de las tiendas. Mucha tienda, poca alma. Quien tiene mucho adentro, necesita poco afuera. Quien lleva mucho afuera, tiene poco adentro, y quiere disimular lo poco. Quien siente su belleza, la belleza interior, no busca afuera belleza prestada (…). Siéntete limpia y ligera, como la luz. Deja a otras el mundo frívolo: tú vales más. Sonríe, y pasa.” (Cabo Haitiano, 9 de abril, 1895).

¿Cómo lograr que nuestros jóvenes, “limpios y ligeros como la luz”, sonrían y pasen de largo frente a la galería de “famosos” con “mucho afuera” y tan “poco dentro”? ¿Cómo lograr que no se avergüencen de sus raíces, que no se sientan inferiores, que no crean que la marca de unos zapatos deportivos o de un pulóver les otorga algún tipo de “abolengo”, que no olviden la historia, que no pierdan la sensibilidad por los demás?

Martí dijo también que “Patria es humanidad”, una de las frases martianas que más repite Fidel; por lo que, indiscutiblemente, los cubanos no podemos ver esta batalla de ideas, de símbolos, de valores, como algo restringido a nuestras fronteras. Hace dos días, el 16, nos reunimos en la Casa del ALBA, un grupo de escritores, músicos y editores invitados a la Feria del Libro, y hablamos de cómo reforzar la Red de intelectuales, artistas y movimientos sociales “En defensa de la Humanidad”, un movimiento amplio, ecuménico, ajeno a cualquier sectarismo, que surgió en el año 2003 para enfrentar la ofensiva imperial, el fascismo, las guerras de saqueo, el neoliberalismo, la colonización de las conciencias y las manipulaciones mediáticas y promover la cultura de la resistencia y la emancipación. Para esta Red las nuevas tecnologías de la información y la comunicación son imprescindibles. Uno de los pilares del sistema de dominación cultural radica en convencer a los inconformes de que vivimos en el único orden social y económico posible y que aquel que pretenda cambiarlo no es más que un Quijote tragicómico y solitario. La Red constituye en sí misma un mentís a este fatalismo.

Debemos identificar los núcleos de la cultura de la resistencia que existen en las distintas regiones del mundo y hacer lo posible por establecer conexiones entre ellos, fomentar intercambios, dar a conocer nuestros auténticos procesos culturales y que “fama” y “talento” empiecen algún día a marchar juntos (aquella consigna del cineasta cubano Julio García Espinosa). Podemos impulsar la crítica rigurosa de los mecanismos legitimadores de los “famosos”, de las trampas con que se engaña a sus seguidores y de toda la maquinaria “educativa” paralela.

Resulta decisivo aplicar aquel método que el gran poeta cubano José Lezama Lima llamó “el rasguño en la piedra”. Estamos obligados a abrir grietas en la todopoderosa muralla de la hipnosis masiva. Hay que usar las nuevas tecnologías con la mayor creatividad para salvar el legado humanista acumulado por tantas generaciones. La gente no puede renunciar a pensar, a razonar, a analizar, el entorno en que vive. Ni a pensarse a sí misma. Tiene que construir un sentido para su vida más allá del consumo y del deleite efímero. Las utopías no pueden desaparecer arrasadas por un remolino “lleno de ruido y de furia, sin significado alguno”. ¿Y si trabajamos a través de las redes sociales para reclutar seguidores, por ejemplo, de las ideas de Martí o de las de Martin Luther King? Recuerdo que en una reunión de la dirección del Movimiento Juvenil Martiano hablamos de eso, de usar las TIC para promover entre los jóvenes el pensamiento de Martí. ¿Y si trabajáramos para que ganen cierta fama aquellos grandes líderes espirituales que muy poca gente conoce? Sería un error imperdonable, estratégico, contemplar con los brazos cruzados el desfile de estos nuevos dioses que no tienen nada que decir.

Gracias, un abrazo a todos.

Fuente: http://cubaendefensadelahumanidad.blogspot.gr/2016/02/notas-sobre-la-crisis-cultural-de-hoy.html