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domingo, 17 de diciembre de 2017

Las cuatro estaciones de Fernando Martínez Heredia

Por: Rosa Miriam Elizalde


Fernando Martínez Heredia. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Palabras en la presentación del libro Cuba en la encrucijada, de Fernando Martínez Heredia (Ruth Casa Editorial y Editora Política, 2017), en el Centro “Juan Marinello”, el 13 de diciembre de 2017.
En una nota a sus lectores, el autor de Cuba en la encrucijada comenta que ha hecho una selección de trabajos sobre problemas actuales, la mayoría frutos de la impronta periodística y pensados para el lector cubano, en diálogo con la historia del país. Explica que ha dividido los textos en cuatro grupos, de acuerdo con los temas y que, casi todos, se publicaron en los medios digitales –de hecho en Cubadebate, donde él colaboró regularmente desde el 2009, se pueden consultar 53 artículos suyos.
Para no repetir las razones de ese ordenamiento editorial, que tiene la mano y la inteligencia de un sabio, les propongo recorrer cuatro estaciones de Fernando Martínez Heredia, que se reconocen en el hilado de toda su obra anterior y se revelan también en este libro.

Primera Estación: Fernando, el Apóstol del Socialismo cubano

Independientemente de la fe que cada uno tenga, admitamos que Fernandoera un Apóstol. Se consagró durante toda su vida, con total coherencia, a la prédica de un socialismo que tenía apellido, “cubano”, un emblema honroso, digno de formar parte del lenguaje en una etapa civilizatoria cargada de esperanzas y peligros, y en la que conceptos aledaños como libertad, democracia, soberanía, derechos humanos, solidaridad, patria y hasta Dios se han vuelto tan livianos como el aperitivo, el selfie, las Kardashian, los crucigramas o el horóscopo.
Si alguien quiere hoy o mañana restituir la verdadera enjundia a esas dos palabras, “socialismo cubano”, que son el hilo conductor de cada texto de este libro, tendrá que pasar obligatoriamente por Fernando Martínez Heredia y concluir que la médula de su apostolado es la convicción de que sin conciencia revolucionaria no hay socialismo posible.
Él nos dice a cada paso que las revoluciones no son hechos arqueológicos, pero no basta con invocar las palabras “socialismo” o “revolución” cada tres por dos. Cuba no se va a revolucionar socialistamente por sí misma, es decir, sin la voluntad de los sujetos que abracen “el socialismo cubano, que tiene una profunda necesidad de apelar al patriotismo popular de justicia social” [1],como él subraya en uno de sus artículos.
Fueron diversos los campos en los que se ocupó su pensamiento, pero este apostolado socialista es el elemento central de su obra que explica el por qué de la atracción que ejerció y aún ejerce sobre muchos dentro y fuera de Cuba: la suya fue siempre una prédica centrada en el estudio de los procesos de producción de la subjetividad humana en el socialismo.
Después de varias décadas de predominio de un marxismo vulgar y de experiencias socialistas que se desvanecieron en el aire, los textos de Fernando Martínez Heredia apuntan en una dirección que permite asimilar creadoramente las nuevas formas de lucha y de expresión de la subjetividad social sin tener que abandonar para ello el fundamento que proporciona el paradigma de la importancia de la producción o la centralidad del concepto de lucha de clases.
Estas prosas tienen, además, el calor del contexto. Sus trazos, hijos en ocasiones de un titular del noticiero nocturno, revelan no obstante el rasgo más peculiar del talante político de Fernando que lo acompañó durante toda su vida. Capta los elementos nuevos, revolucionarios, que brotan de la acción misma del pueblo, sin dejar de tener en cuenta de manera realista las condiciones internacionales y las condiciones al interior de Cuba, que han cambiado mucho en los últimos diez años. Con una gran dosis de imaginación democrática, este Apóstol del socialismo cubano nos convence en estas páginas, de una y mil maneras, de que no debemos permitir la victoria de la dominación y que la única opción decente para nuestras vidas sigue siendo continuar el proyecto anti-capitalista y desenajenante en Cuba.
Un domingo, en uno de los encuentros del club “La pensadera”, como le llamábamos a las reuniones informales que armábamos en la casa de Rebeca Chávez y Senel Paz, Fernando me habló de una cita de La sagrada familia, de Marx y Engels, que parece un juego de palabras: “Si el hombre es formado por las circunstancias, será necesario formar las circunstancias humanamente”. Allí está toda la sustancia de un problema que para Fernando –y lo reitera en varios artículos de Cuba en la encrucijada– no se ha superado en ninguna parte, pero tenemos que resolver en este archipiélago donde la “normalidad” significa que el 90 por ciento de los 500 años transcurridos entre la llegada de Colón y la actualidad, han sido de dominación colonial o neocolonial. Lo dice en este libro y lo comentó entonces en “La pensadera”: es falso que estemos librando una pugna cultural entre el neoliberalismo y la economía estatal, como algunos lo enfocan. No, nuestra bronca es entre la dominación capitalista que recupera fuerza social y un socialismo cubano que tendrá que transformarse y ser cada vez más socialista, o perecerá tras esa breve existencia medida a partir de los últimos 500 años de nuestra historia. Y acto seguido, muy a lo Fernando, armó su propio retruécano con la frase de los padres fundadores que recuerdo, palabras más o menos: lo mínimo que podemos decir es que todavía no estamos formando las circunstancias todo lo humanamente que nos es posible para que se formen humanamente las personas.

Segunda Estación: Fernando, el antimperialista tozudo y militante

Quizás el artículo más comentado de Fernando en Cubadebate y en el ciberpotrero que habita en una esquina de Facebook, es el que encabeza esta antología: “Días históricos, épocas históricas”. Comienza con una declaración tajante: “El pasado viernes 14 no fue un día histórico”. Se refiere al 14 de agosto de 2015, fecha en que reabrió la Embajada de Estados Unidos en La Habana con tres Chevrolets del 59 como telón de fondo en la puesta en escena del Secretario de Estado John Kerry.
El Antonio Guiteras que Fernando llevaba por dentro planta aquí el trípode de la ametralladora y dispara con furia a las verdaderas intenciones de Estados Unidos en la nueva coyuntura política. Es decir, apunta contra “la esperanza de dividirnos entre los prácticos y sagaces, los que comprenden y los rabiosos y ciegos, los aferrados y anticuados.” Dispara “a la posibilidad de hacernos una guerra que no es de pensamiento, sino de inducción a no pensar, a una idiotización de masas”.
“Me llega a admirar –escribe Fernando- que funcionarios norteamericanos crean que hacer visitas y parecer simpáticos sea suficiente para que los cubanos se sientan reconocidos y gratificados, algo solamente explicable por la subvaloración del que se siente imperial y el desprecio que ya les conocía José Martí”. Por eso, clama por “desbaratar confusiones y desinflar esperanzas pueriles como una de las tareas necesarias”, y a ello dedicará varios artículos y entrevistas que desbordan el paréntesis de este libro.
En medio del discreto tono diplomático que tomó el discurso oficial y el entusiasmo desembozado por el giro de la política norteamericana en sectores dentro y fuera de Cuba, Fernando fue uno de los pocos intelectuales que en esos días dijo abiertamente que la brújula política del país, el antimperialismo, estaba una vez más siendo sometida a la prueba de las nuevas situaciones y necesidades nacionales.
Cuando Esther Pérez, su compañera, me llamó para que presentara este libro, lo describió como “los artículos de Fernando sobre Estados Unidos”. Obviamente, todos los textos que aquí aparecen no abordan directamente la nueva vecindad que se inició a fines de 2014 y se fue a bolina dos años después, pero sí fue este el leit motiv de buena parte de la producción de artículos y ensayos de Martínez Heredia desde ese año hasta su muerte en junio pasado. Pero en todos los textos, desde el primero hasta el que estaba escribiendo o soñando en su última madrugada, es posible reconocer las balas trazadoras de su antimperialismo militante y guiterista.

Tercera Estación: Fernando, el incómodo

Quizás convenga subrayar que el “socialismo cubano” de Martínez Heredia no es un concepto usable con cualquier norma de conducta. Significa ante todo una ejecutoria y una palabra que no admiten maquillajes, que no comulgan con el desarme ideológico ni con su opuesto, el voluntarismo ideológico. Por eso resultaba incómodo.
Más de una vez hablamos de esta “incomodidad” y algunas de sus consecuencias no deseadas, como la de ser citado alegremente lo mismo para afirmar un argumento que para contradecirlo. “Los manipuladores no me han tenido, no me tienen y no me tendrán”, comentó un domingo en “La pensadera”.
Fernando fue siempre un socialista incómodo, porque sus convicciones socialistas tenían una vena jacobina y otra vena clasicista, sístole y diástole de su pensamiento. Fue un filósofo difícil de clasificar porque la solidez de sus convicciones morales le empujaba a estar siempre con los de abajo, con la mayoría, mientras que su erudición marxista y su pasión por la historia lo alejaron siempre de las modas y de las instrumentalizaciones políticas. Y verán en este libro otra constante en la obra de Fernando: pocos como él en Cuba se han tomado tan en serio aquella frase de Gramsci que dice que la verdad es revolucionaria.
Fernando pelea contra la censura, el dogmatismo, el racismo que naturaliza la desigualdad y el economicismo ramplón, pero aún más contra la idea de un Imperio sin imperialismo, que ofende al sentido común. Se subleva contra los intentos de reducir al país a la fantasía de los buenos tiempos republicanos, cuando no imperaban “la chusma y los castristas”. Le va arriba a lo que llama “la democratización mercantilizada del consumo cultural” y dice que es “suicida quien crea que esto es solamente un entretenimiento inocente para pasar ratos amables”. Pone en su justo lugar al nacionalismo de derecha emergente en Cuba, que como ocurrió a inicios del siglo XX, no podría ser anexionista por presión de los de abajo, pero sí “cumplir su papel entreguista de cómplice y subordinado del imperialismo norteamericano”.
Llama por su nombre al autoritarismo trasnochado que pretende obstaculizar la utilización de los nuevos medios, y también, al conservatismo social que cree posible vivir “en digital” y modernizarse por imitación, ser apéndice de los objetos y las imágenes, y dejar de ser pueblo para convertirse en público. Protesta contra la inercia y la pasividad y usa frecuentemente el verbo “pelear”, porque “estamos en medio de una guerra: la contienda cultural entre el capitalismo y el socialismo en Cuba”. Planta ante el hecho bochornoso del uso de nuestra bandera en un acto para recibir turistas, pero exige que además de “establecer responsabilidades y motivaciones interesadas”, se analice la cuestión más seriamente y se busquen las causas de por qué “sectores de pobres priorizan un ingreso para resolver necesidades perentorias y no el rechazo a una ofensa a la dignidad y los símbolos nacionales”.
Leyendo este libro cualquiera se da cuenta de que no hay manera de encasillar a Fernando, que es incómodo tal vez porque sus frases y sus preguntas son como estiletazos capaces de condensar en una oración simple un pensamiento complejo y vital, que se resiste a ser clavado con alfileres como mariposas en el panel de un entomólogo.

Cuarta Estación: Fernando, el intelectual del pueblo

Este libro es coherente con la vida y el pensamiento de Martínez Heredia, porque nos dice: “primero la gente”, “todo con los pobres de la tierra y nada sin ellos”. Porque nos habla de la gran oportunidad que tiene la Cuba de hoy de privilegiar la justicia, de poner al ser humano en toda su dignidad como objetivo fundamental de la economía y no al revés. Porque demuestra que la ostentación a la que nos llama el capitalismo a ultranza, toda esa vida figurativa, está profundamente equivocada desde sus raíces.
La historia desde la perspectiva de los más humildes, dice Fernando, nos permite descifrar los valores rectores de nuestra existencia y comprender que la identidad nacional nació de los sacrificios de los próceres y de los pobres de todos los colores, en una fragua donde “todas las formas de la entrega y el altruismo se hicieron cotidianas”, en “un trance en que la bandera del triángulo rojo y la estrella solitaria se volvió sagrada, y la marcha, el campamento, el héroe, el amado y la amada, la jornada de sangre y de muerte, se expresaron en canciones”. E incluye a pie de página una décima que nos revela otra de las cualidades de Martínez Heredia: a la par que despierta el espíritu crítico, su prosa no renuncia a avivar las emociones sin las cuales la Historia, particularmente aquella en la que se reconocen los de abajo, termina en letra muerta:
Cuando asoma la mañana
alumbrando el firmamento
se escucha en el campamento
alegre el toque de diana.
Cuando la tropa cubana
se forma por compañía
y el sargento, al ser de día
pasa lista diligente,
al responderle ¡presente!
yo pienso en ti, vida mía.
En fin, les recomiendo fervorosamente este nuevo título tan Martínez Heredia, tan de puertas abiertas hacia nuestra cultura, a un modo de entender la vida, a un país; tan anudado a la idea de calado profundo que deja marcas, huellas y que se acerca bastante al sentido de la existencia de un hombre que hizo de la palabra una herramienta de trabajo, pero sobre todo un ámbito de reflexión existencial y política.
Si coincidimos después de leer Cuba en la encrucijada que en el socialismo antimperialista, incómodo, popular y cubano que soñamos se distingue precisa y nítida la imagen de Fernando, hagamos con sus estaciones lo que él nos pedía que hiciéramos con la obra del Che: “Vamos a tomarlo para hacerlo realmente nuestro, apoderarnos de él y vamos, sobre todo, a utilizarlo”.
(Tomado de Desbloquendo Cuba)

viernes, 26 de mayo de 2017

“Comandante”, exposición fotográfica dedicada a Fidel en Canadá

En este artículo: Alberto Korda, Canadá, Cuba, Cultura, Exposición, Fidel Castro Ruz, Fotografía, Liborio Noval, Roberto Chile
26 mayo 2017 | + | 


Palabras de Rafael Acosta: “Fidel Castro y la fotografía”
Texto introductorio de Rosa Miriam Elizarde para el libro “Hasta siempre, Comandante”



“Reflexión” (2005). Foto: Roberto Chile.

En el salón de actividades de la Embajada de Cuba en Ottawa será inaugurada este viernes 26 de mayo la muestra fotográfica “Comandante”, que reúne fotografías de Fidel Castro, líder histórico de la Revolución Cubana. A lo largo de este año, la muestra recorrerá las ciudades canadienses de Montreal, Kitchener, Toronto y Vancouver.

En un total de 31 instantáneas, este homenaje póstumo abarca diferentes facetas de la vida del Comandante en Jefe, en imágenes tomadas por los fotógrafos cubanos Alberto Korda, Liborio Noval y Roberto Chile, éste último presente en Canadá para la inauguración.

Como expresa el escritor Rafael Acosta de Arriba en sus palabras introductorias a la exposición, “en las imágenes de los tres artistas, aparecen retratados con imaginación y detalle el rostro del revolucionario, sus atributos simbólicos, sus costumbres, sus manos, su forma de caminar y hablar… Se trata de tres fotógrafos muy talentosos que hicieron de Fidel un modelo en movimiento, una figura en constante accionar, como lo fue toda su vida”.


“Comandante en Jefe ¡Ordene!” (1962). Foto: Alberto Korda.

A la inauguración asistirán autoridades del país norteño, miembros del cuerpo diplomático, cubanos residentes y amigos de Cuba.

La muestra ha sido patrocinada por la institución cultural The Museum, de la ciudad de Kitchener, así como por organizaciones políticas amigas y grupos de solidaridad.

(Con información de la Embajada de Cuba en Canadá)

Palabras de Rafael Acosta: “Fidel Castro y la fotografía”


“Jugando pelota en el Instituto Cuqui Bosh, Santiago de Cuba” ( 1964). Foto: Liborio Noval.

La fotografía siempre fue concebida por el líder de la Revolución Cubana como un arma de difusión de ideas, una herramienta de trabajo en la construcción y defensa de la causa revolucionaria.

Se trata de una relación de larga data, que comenzó tan temprano como 1955, cuando en Nueva York, en ocasión de recaudar fondos para la expedición que proyectaba hacer para comenzar la lucha guerrillera, Fidel, acompañado del periodista Vicente Cubillas, fue al encuentro del fotógrafo emigrado Osvaldo Salas para que le hiciera algunas fotos a él y a Juan Manuel Márquez, uno de los lugartenientes del movimiento revolucionario cubano. Aquellas fotos de los actos de recaudación y agitación política que realizaron en la ciudad norteamericana, dan fe de ello. También en la Sierra Maestra, las fotografías documentaron el proceso de la guerra. La dirección rebelde tuvo el cuidado de realizar esa crónica histórica, para que no se perdiera en la posteridad.

Pero fue después del triunfo revolucionario de enero de 1959, que esa confianza de Fidel Castro en el poder movilizador de la fotografía, encontró un cauce extraordinario. Desde luego que eran necesario diestros fotorreporteros, y ellos existían, además de que eran firmes aliados de la naciente Revolución. Las imágenes del triunfo, de los primeros momentos de la consolidación del poder revolucionario, las batallas de Playa Girón, las tensiones de la Crisis de Octubre, las grandes movilizaciones populares, los rostros de los héroes y las batallas económicas y culturales, todos esos hechos cardinales de los años sesenta del siglo pasado, fueron registrados por un grupo de notables fotógrafos que construyeron toda una crónica de la Revolución.

Fidel Castro los animó y estimuló, les brindó el periódico Revolución, en el que personalmente discutió ideas de diseño e imagen con ellos; los llevó como fotógrafos acompañantes en sus constantes giras por el país y en sus viajes al exterior. Esto facilitó el registro fotográfico de un amplio espectro de la vida del país en revolución, con las ideas más modernas en cuanto a publicidad gráfica y política. Tal conjunto de imágenes se ha conocido posteriormente como “fotografía de la épica”.


“Fidel” (1963). Foto: Alberto Korda.

En la presente muestra fotográfica aparecen obras de dos de aquellos legendarios fotorreporteros, Alberto Díaz (Korda) y Liborio Noval, y de un artista más joven, pero que en las décadas más recientes acompañó a Fidel Castro como camarógrafo en sus intensas jornadas de trabajo, Roberto Chile. Entre los tres ofrecen un panorama representativo de la vida y obra del líder de la Revolución Cubana.

En las imágenes de los tres artistas, aparecen retratados con imaginación y detalle el rostro del revolucionario, sus atributos simbólicos, sus costumbres, sus manos, su forma de caminar y hablar, gestos y actividades como gobernante. Se trata de tres fotógrafos muy talentosos que hicieron de Fidel un modelo en movimiento, una figura en constante accionar, como lo fue toda su vida.

Finalmente, la antigua relación de Fidel con la fotografía se expresó en el hecho de que se convirtió en uno de los hombres más fotografiados del siglo XX. Pasó de impulsor de la fotografía documental en Cuba a ser uno de los modelos más asediados del planeta. En los años finales de su vida tuvo momentos de reconocimiento para los fotógrafos, y en una reunión de 2001 con cuatro de ellos (Raúl Corrales, Korda, Liborio y Roberto Salas), documentada no casualmente por Roberto Chile, les confesó que, sin su trabajo, la obra de la Revolución no hubiese sido conocida como en realidad lo ha sido.

Artísticamente hablando, los tres artistas aquí reunidos, son fotógrafos de altos valores estéticos en sus obras, y de personales y sensibles poéticas de la visualidad. Aquí están las imágenes que hablan por sí solas.

Texto introductorio de Rosa Miriam Elizarde para el libro “Hasta siempre, Comandante”


“En el Valle de Caujeri,Guantanamo” (1977). Foto: Liborio Noval.

Cuesta creer que el dolor pueda resultar poético. Pero surgen aquí como estrofas de un poemario vivo las carreteras iluminadas y a oscuras (o alumbradas débilmente al paso de la caravana con el destello de los celulares y las velas); los altares con imágenes recortadas de una vieja Bohemia; Raúl Castro acariciando la pequeña urna funeraria en el Cementerio Santa Ifigenia; los techos, las puntas de las lomas, las mejillas y los brazos grabados con un nombre; los crespones negros en los árboles; el paso del armón militar entre lágrimas, brazaletes, flores arrancadas con premura y mil y un gestos de desolación; el tapiz de una muchedumbre apretada en una plaza donde flotan al mismo tiempo la bandera, la lluvia y el silencio.

Este es un espejo en el que nadie habría querido mirarse y que retrata la noticia de la muerte del líder de la Revolución cubana, el 25 de noviembre de 2016. Son estas fotografías el testimonio del abatimiento colectivo en los nueve días de duelo nacional que siguieron a esa fecha, pero también la demostración empírica de que habrá que pasar por encima de millones para arrebatarle a este archipiélago la memoria y el amor por Fidel Castro.

El Comandante en Jefe de los pobres, el guerrillero y el estadista, aquel que se extraña cuando apenas se ha ido, descansará dentro de una piedra tan sencilla como la almendra de un río y es para Cuba, en su partida, el vínculo más fuerte que a esta hora la une.


“Sí por Cuba” (2005). Foto: Roberto Chile.


Fidel y el Che en el torneo de pesca de la aguja Ernest Hemingway (1960). Foto: Alberto Korda.


Fidel en el Jimmy’s Cafe del Bronx, Nueva York 25 Octubre 1995. Foto: Liborio Noval.


Collage “Fidel”. Fidel, Fotos de Enrique Meneses, Robert Taber, Perfecto Romero, Luis Korda, Alberto Korda, Osvaldo Salas, Roberto Salas, Raúl Corrales, Liborio Noval, Mario Collado, Andrew St. George.


Collage “Yo soy Fidel”. Fotos de Roberto Chile.


Collage “Yo soy Fidel”. Fotos de Roberto Chile.

Las fotos de la exposición “Comandante”


jueves, 25 de agosto de 2016

Raúl Roa Kourí: Mi padre fue un gran intérprete del pensamiento de Fidel (+ Podcast)

Por: Rosa Miriam Elizalde, Ladyrene Pérez

Raúl Roa Kourí en la grabación de este podcast. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate




Bienvenidos a un nuevo podcast de Cubadebate a través de Spreaker. Grabamos desde el Estudio 1 de Radio Rebelde, hoy con un invitado especialísimo, Raúl Roa Kourí. Vamos a hablar de Viento sur, un libro que ya se presentó en la Feria Internacional de La Habana, este año, pero que va a tener un relanzamiento en el Instituto de Relaciones Internacionales (ISRI), en septiembre. Es una obra bastante sui generis, cuya edición príncipe es de 1953 y no ha vuelto a la imprenta hasta ahora, más de cincuenta años después.

Se trata un libro importantísimo para entender el contexto de la República y el pensamiento de su autor, y es, además, una obra deliciosa del padre de nuestro invitado. Hablaremos, por supuesto, de Raúl Roa García, el Canciller de la Dignidad, y uno de los intelectuales más más simpáticos y más sólidos del siglo xx cubano. Le damos la bienvenida a Raulito Roa a Cubadebate, pero antes de entrar en el contenido del libro, quisiera que me hablaras de la circunstancia en la que tu padre armó esta obra.

Raúl Roa Kourí: Cómo no. En primer lugar, Rosa Miriam, muchas gracias por invitarme al programa, y además, muchas gracias por eso de especial, no sé cuán especial será tu invitado, pero de todos modos, como tú dices, Viento sur es un libro sui generis.

Esta edición, que no reproduce exactamente la edición príncipe, sino una parte de aquella, pues, lamentablemente, por cuestiones económicas hubo que reducir una serie de capítulos; recoge el material que quedó y es realmente, representativa de la obra original.

El libro fue publicado en 1953, no recuerdo si fue un poco antes o un poco después, es decir, si estaba mi padre en Cuba todavía cuando salió la primera edición, de la Editorial Selecta, la misma que había publicado Bufa subversiva, su primer libro, en 1935. Más tarde, salió Quince años después, así titulado porque vio la luz tres lustros después deBufa subversiva, y Viento sur –cuya aparición no llegó a ser quince años más tarde del libro homónimo–, que recoge artículos de periódicos y revistas publicados por mi padre entre 1939 y 1953, principios del ’53.

Viento sur tiene ese título por una razón que mi padre explica muy bien y cito de memoria: “Sopla hoy en el mundo un viento sur, que es un viento estéril, caliginoso, hirsuto”, etcétera, lo define en su Introito, que para mí es un prólogo fabuloso. Recuerdo que Víctor Casaus me pidió que yo hiciera un prólogo para esta edición de Viento sur y le dije: “No hay más prólogo para Viento sur que el de mi padre”, es realmente insustituible.

Vale la pena leer esa entrada del libro, donde Roa dice: “Sopla hoy en el mundo el viento sur, es un viento estéril, hirsuto, caliginoso, exasperante y sucio, enajena el mar, monda el bosque, libera el lodo, empuerca el alma, angosta la risa, embota la mente, enerva el sensorio, degüella el canto, pega en la cara y embarra la boca de tierra parda, espesa y viscosa”.

Raúl Roa Kourí: En verdad tiene ritmo de poema, y además, un idioma, un lenguaje, que corresponde a literatura más que a la prosa política.

Sin embargo, ese viento sur que soplaba entonces, estamos hablando del año ‘53, es el mismo que sopla hoy, es el mismo, sólo que es peor, incluso hoy es peor el viento sur o el viento vira’o, como le llamaban nuestros guajiros “sibilinamente”, según Roa. Es el que existe hoy en el mundo, es decir, todo lo que estamos viendo: concentración del imperialismo, del hegemonismo mundial de los Estados Unidos, eso es algo que mi padre ve en aquella época, que denuncia, porque lo viene haciendo desde Bufa subversiva. Se trata de una continuidad del pensamiento político de Roa sobre la situación nacional, pero también internacional.

El libro se publica originalmente en 1953 y esta edición tiene cinco capítulos, uno de ellos dedicado al golpe del 10 de marzo de 1952, del dictador Fulgencio Batista. Roa analiza ese contexto con toda la frustración y la furia del momento. Está aquí la mirada de un revolucionario que carga una historia de luchas contra la tiranía machadista, profundamente antiimperialista.

Raúl Roa Kourí: Efectivamente. Hay una cosa que dice aquí, y lo cito: “La etapa que hoy vivimos es sin duda contrastada objetivamente mejor que la de ayer, mas es sólo eso, una etapa. Mientras esté en devenir, la Revolución de 1895 no se habrá coronado. Y como los tiempos son otros y el mundo ha entrado en nueva y decisiva fase de su historia, en la cual se entremezclan significativamente estertores y vagidos, habrá que culminar la Revolución de 1895 a la altura de la época y en apretado haz con los pueblos que Simón Bolívar liberó con su espada y José Martí fecundó con su verbo”. Fíjate que dice exactamente que hay que hacer lo que hemos hecho, la Revolución antiimperialista, socialista, que tuvo lugar en Cuba, pero además, la revolución que se ha venido gestando en América Latina por los pueblos, basada precisamente en el ideario de Simón Bolívar y de José Martí. Es algo que Roa no sólo prevé, sino afirma que eso es lo que se debe hacer.

Lenguaje culto y popular en una voz única


Este no es solo un libro de combate, sino una nueva evidencia de la prosa de Roa, que tiene un estilo único, con una capacidad inigualable para engarzar el lenguaje culto y el popular, al punto de jugar magistralmente con las palabras. Un artículo de este libro, “Criptograma”, es un jeroglífico que, sin embargo, todo cubano puede entender perfectamente. El cifrado deja ver una clara su intención de denuncia.

Raúl Roa Kourí: Todas las palabras pertenecen a la lengua española. Recuerdo cuando yo lo leí que había muchas palabras cuyo significado no sabía, mi padre me dijo: “Búscalas en el Diccionario de la Real Academia, están todas ahí”, y efectivamente, ahí están todas.

Difícilmente haya una burla más inteligente e incisiva contra el batistato, en juego cómplice con el lector.

Raúl Roa Kourí: Lo es, pero además, es una burla al censor: en aquella época la censura se aplicaba a toda la prensa cubana, y el viejo simplemente se burlaba del censor de El Mundo, que entre otras cosas era un ignaro, y no entendió absolutamente nada de lo que significaba “Criptograma.”

Esta capacidad de Roa de utilizar el lenguaje culto y el popular como ningún otro intelectual de su época, lo destaca Samuel Feijóo en un número de la Biblioteca Nacional al conmemorarse el centenario de Roa. Dice Feijóo que si las conversaciones entre ellos se hubieran grabado los filólogos estuvieran gozando con el tremendo cubañol que hablaban. ¿Cómo eran esas conversaciones?

Raúl Roa Kourí: Hay que empezar diciendo que Samuel Feijóo es otro personaje fabuloso de la literatura, de la vida cubana, un creador de imaginación extraordinaria, un hombre, además, que conocía profundamente los redaños de la vida cubana, del monte, del campo, de las montañas, y se conocía los dichos, los hechos de la vida en el Escambray y de los lugares cercanos adonde él vivió, que era en Santa Clara, pero además, conocía de los mitos, conocía de todos estos cuentos y relatos de las abuelas, de los negros viejos, y entonces utilizaba un vocabulario también muy prolífico, y se divertía con mi padre hablando de esos temas e inventando incluso palabras, porque los dos se dedicaron a acuñar palabras, pero con mucho sentido.

¿Por ejemplo?

Raúl Roa Kourí: Ahora no te puedo decir alguna en concreto, pero yo sí recuerdo que inventaban nombres para animales o nombres para otras cosas, o para personas, le decían a alguien un apodo, le inventaban un apodo a la gente.

Parece que era común en algunos de los compañeros de Roa. Carlos Rafael Rodríguez inventó la palabra “tarúpido”.

Raúl Roa Kourí: “Los tarúpidos”, decía mucho Carlos Rafael. Trabajé con Carlos y recuerdo que me decía: “Estamos rodeados de tarúpidos”, una mezcla de tarado con estúpido. Eso es de Carlos.

Larguirucho, flaco, intranquilo…


El Roa más conocido es el Canciller de la Dignidad, y así se llama habitualmente. No sólo por la dignidad con la que representó a su país, sino por esas batallas que libró frente al enemigo ideológico en la OEA y en las Naciones Unidas, con expresiones poco convencionales en la diplomacia e ingeniosísimas, en los momentos dramáticos de la invasión de Girón y durante la Crisis de Octubre. Pero ahí no termina Roa. Sabemos cómo él se describió: “Larguilucho, flaco, intranquilo, boquigrande, orejudo, ojillos soñadores con relumbres de ardilla, a veces melancólico, jocundo casi siempre, lenguaraz a toda hora, y más peludo que un hippie, aunque ya anti-hippie por naturaleza”. ¿Cómo era él exactamente?

Raúl Roa Kourí: Él era así como se describe, pero también hay una presentación que hace Pablo de la Torriente de mi padre en Bufa subversiva donde realmente dice lo mismo más o menos, porque Pablo lo caló muy bien, y era su íntimo amigo, y realmente lo define así y como un hombre desordenado, salvo en la creación de collages fotográficos…

Dice Pablo de la Torriente: “Y sobre todo Raúl Roa, enfermo desde mañana antes de declarar la huelga de hambre, convertido en una línea horizontal rodeada de pellejo y llena de un pelo tumultuoso en la cabeza, que demostró tener el espíritu más firme que pudiera imaginarse. Raúl Roa es un hombre”. Es una descripción más cercana al imaginario de Roa que la hecha por el propio Roa, ¿o no?

Raúl Roa Kourí: Es una definición cierta, pero la que hace mi padre de sí mismo también es una definición cierta. Él era un hombre largo, flaco, yo le veía feo, y un día incluso me acuerdo que le dije cuando era yo niño, a mi madre: “Mamá, ¿cómo es que tú, que eres una mujer tan bonita, te has casado con un hombre tan flaco y tan feo?”, y ella respondió: “Cuando yo conocí a tu padre él tenía una melena romántica muy linda, y además, era un hombre que hablaba muy bien, y lo sigue haciendo, y eso fue lo que me interesó, su inteligencia, no su aspecto”.

Por cierto, tus padres se conocieron muy jóvenes.


Ada Kourí y Raúl Roa.

Ada Kourí y Raúl Roa.




Raúl Roa Kourí: Mi madre tenía trece años, y mi padre estaba preso en El Príncipe con un grupo de compañeros del Ala Izquierda Estudiantil, entre ellos estaba Pablo también, por supuesto, y otros más. La hija de mi tío-abuelo, Jorge Roa, Olivita, era amiga de mi madre del colegio, aunque algo mayor que mi madre, y un día le propuso: “Vamos a ver a a mi primo Raulito, que está preso en El Príncipe”, y mamá fue con ella, y así fue como conoció a mi padre.

Mi padre, por supuesto, aunque en aquel momento tenía veintitrés años y mamá trece (era una niña de trece años bastante grande), se quedó muy impresionado con Ada Kourí, y como él conocía a Juan B. Kourí, dado que mi abuelo Kourí, era profesor de medicina, pero además el único miembro del claustro universitario que votó contra del otorgamiento del doctorado Honoris Causa a Gerardo Machado, al asno con garras, los jóvenes estudiantes rebeldes eran sus amigos y le admiraban.

Entonces, con el pretexto de oír al viejo Kourí, papá iba a su casa para ver furtivamente a Ada. Ese fue un romance que duró mucho años, porque ellos se casaron exactamente en 1935 después de la huelga de marzo. Mi padre había tenido que salir al exilio con Pablo de la Torriente y otros compañeros, y entonces desde Nueva York le pidió a mamá casarse, y a pesar de lo azaroso del asunto, convenció epistolarmente a todo el mundo de que debían casarse. Mis abuelos Roa estaban en contra, decían: “¿Cómo te vas a casar si tú todavía no tienes una vida hecha, cómo vas a mantener a Ada?”; respondió: “Trabajaremos, no importa”, y así, efectivamente, mamá se casó por poder y marchó a Estados Unidos al exilio, donde trabajó a destajo en una fábrica de ropa interior femenina, y mi padre trabajaba como camarero con Pablo, limpiaban platos y cosas así. Los dos eran dedicados; tanto es así que mi padre quedó después con la costumbre de ser él siempre el que lavaba los platos, después que mamá cocinaba, porque le gustaba, y además nunca aprendió, por supuesto (digo yo por supuesto no sé por qué, porque yo sí aprendí a cocinar,) él nunca aprendió a cocinar; y además, de la cárcel se quedó con la costumbre de lavar su ropa interior personalmente, siempre, y lo hizo dondequiera que estuvo.

Se casaron en 1935 y en 1936 naces tú. Estamos celebrando tus ochenta cumpleaños.

Raúl Roa Kourí: Ya los celebramos. El 9 de julio de este año arribé a la valetudinaria edad de ochenta años, pero de pie y p ‘alante.

No lo parece.

Raúl Roa Kourí: Bueno, pero los siento, los llevo.

Roa, el delicado




Raúl Roa y Pablo de la Torriente Brau (derecha).

Raúl Roa y Pablo de la Torriente Brau (derecha).




Ya que has invocado a Pablo, hay una foto donde están él y Roa juntos, a quien Fina García-Marruzle dedica un poema. Lo publicó en un ensayo que ella tituló “Roa, el delicado”. Es sorprendente, porque además subraya un rasgo que no parecería convenir exactamente con las descripciones de Raúl Roa que hemos citado aquí.

Raúl Roa Kourí: Cierto. Yo estaba presente el día que Fina lo leyó. Ese ensayo lo hizo Fina después de la muerte de mi padre y siendo rector Salvador Vilaseca del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, que hoy lleva el nombre de   Raúl Roa García. Vilaseca organizó un coloquio al cual invitó a Cintio Vitier, Fina García-Marruz, José Antonio Portuondo, Julio Le Riverend y a Federico de Córdova, que recordaron a mi padre. Realmente, todos escribieron ensayos estupendos, recogidos después por el ISRI en un pequeño tomo.

Yo me quedé sorprendido de aquel título de Fina, “Roa, el delicado”, porque nadie podría pensar que Roa era delicado, pero lo era, era delicado en sus relaciones con los demás. Era delicado, por ejemplo, en sus relaciones con gente que había sufrido, que había tenido problemas, a los cuales había defendido además; esa delicadeza de Roa la vio Fina, y es la única que yo recuerde, que ha dicho eso de Roa “el delicado”. Uno puede decir de Roa cualquier otra cosa, pero no le viene a mentes que fuera Roa, el delicado, y sin embargo lo era. El ensayo de Fina es precioso, sí, es una maravilla.

Fina también habla de cómo usaba Roa las palabras, y subraya que tu padre utilizaba una especie de “lenguaje de caballería”. Por ejemplo, él no dice tropa sino huestes y añade Fina: “una luz no ilumina, sino destella. Sus nombres preferidos son heraldo, paladín, bastión, giróvago o girovagante, vigía. Los espinazos son erectos y los picachos fulgentes. Basta fijarnos en sus adjetivos, afilado, señero, cabal, prometeico, recoleto, fragoso, empinado, centellante”. ¡Qué capacidad de observación!

Raúl Roa Kourí: Sí, es fantástico. Quiero decirte que mi padre afirmó haber heredado su estilo de puño y letra de su abuelo Ramón Roa. Si lees la prosa de Ramón Roa, verás muchas palabras que recuerdan las de su nieto Raúl, y es que papá bebió mucho de la obra de su abuelo Ramón Roa, a quien admiró enormemente y sobre quien escribió un libro muy importante, Aventuras, venturas y desventuras de un mambí, un verdadero fresco de la guerra del ‘68 y de la Cuba de aquella época, del ‘68 al ‘78.

Nos presenta a los mambises como realmente debieron ser, una vecinería humildísima.

Raúl Roa Kourí: Así mismo. Bueno, eso de que los mambises andaban en andrajos es cierto, y además, después en el ‘95 también. Cuando yo estudié Historia de Cuba en primaria, hace ya millones de años, eso no se hablaba, no se hablaba de la situación que tenían los mambises, y cómo lucharon contra viento y marea en aquella Guerra de los Diez Años, que fue una cosa terrible, y que se perdió por desunión de las tropas cubanas en realidad; eso impidió que se pudiera seguir la lucha en aquel momento, vino el Pacto del Zanjón, y por supuesto, la Protesta de Baraguá, que reafirmó el empeño del pueblo cubano en seguir la lucha por la emancipación nacional y social.

Pienso que Fina captó muy bien todo lo relativo al vocabulario de mi padre. Por otra parte, hay algo muy interesante, y es que Roa fue un gran lector de aventuras; para empezar, Emilio Salgari, que fue el libro de cabecera no sólo suyo sino mío, porque él me inculcó el hábito; pero también leyó a Julio Verne, Alejandro Dumas, Víctor Hugo…Todos los cultivadores del género.

Era igualmente un ávido lector de novelas, de poesía, gran admirador de poetas como Rubén Darío, por supuesto, de José Martí, de Casal, de Heredia, pero además, entre los poetas suyos preferidos a lo largo de la vida recuerdo que figuraban Rubén Martínez Villena -a quien admiró y quiso entrañablemente-, José Zacarías Tallet, Regino Pedroso…

Bochinche al Presidente de los EEUU




Conversando con Raúl Roa Kourí en el Estudio 1 de Radio Rebelde. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Conversando con Raúl Roa Kourí en el Estudio 1 de Radio Rebelde. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate




Acabo de releer El fuego de la semilla en el surco, de tu padre, una biografía sobre Rubén Martínez Villena que quedó trunca, porque Roa no la pudo terminar, no le dio la vida para eso.

Raúl Roa Kourí: Ese libro también es extraordinario, e igualmente un fresco de la vida de Cuba en aquel período de lucha contra Machado. Y déjame decirte una cosa, ese libro, como dices tú, quedó trunco, pero hay una historia que obviamente no es conocida. En aquellos días yo era Embajador ante las Naciones Unidas, y el Comandante en Jefe me comunicó que mi padre estaba mal y que cuando yo tuviera oportunidad viniera a Cuba a verlo, porque conocía nuestra estrecha relación. Hijo único, ¿no?, entonces tú entiendes que la relación con mi padre era muy cercana, había cierta complicidad entrambos. Él me leyó el último capítulo, lo había escrito; dos días después, me confesó: “Lo rompí “¿Cómo que lo rompiste?”, repuso: “Sí, porque no me gustó”. “Papá, pero si era excelente, era el colofón lógico del libro”, me dijo: “Sí, no, no, pero no me gustó porque yo quiero terminar como una obra beethoveniana y no llegaba a ser beethoveniano el final, y por lo tanto lo rompí y lo voy volver a hacer”, y ya entonces sí no le dio la vida para escribir ese último capítulo.

En ese libro tu padre describe con trazos casi cinematográficos el “recibimiento” que le dio la juventud cubana a Coolidge, el primer presidente de los Estados Unidos que llegó a Cuba, en 1928. Refiere la “tángana” de ese día frente al Teatro Nacional –hoy Gran Teatro de La Habana, visitado también por Barack Obama-, con gritos de “¡Abajo el imperialismo yanqui!” y “¡Viva Sandino!” Por cierto, una historia olvidada.

Raúl Roa Kourí: Sí, sí. Por supuesto, aquella visita, tuvo lugar durante el régimen de Machado, por lo tanto había repudio total al régimen existente, pero además, a Coolidge, que era quien apoyaba todo aquello, quien mantenía la Enmienda Platt y el intervencionismo en nuestros asuntos internos. Sus sucesores también siguieron esta política, ¿no?, por supuesto, pero bueno, Coolidge era entonces el representante de la política imperial.

En esta ocasión, la segunda visita de un presidente norteamericano a Cuba, realmente recibimos con mucho respeto al señor Obama, que a mi juicio es el representante del mismo imperio, que no ha cambiado ni de naturaleza, ni de política, ni de nada, y que se merecía no ese recibimiento cortés que le hizo el pueblo de Cuba, sino el bochinche que le armaron los argentinos. Pero estábamos hablando de la amistad de Roa y Pablo.

Con Pablo aún y siempre todavía


Por eso recordábamos el poema de Fina, dedicado a la foto donde aparecen los dos amigos. Ella suele hacer ese tipo de perfil poético. Recuerdo otro gran poema de Fina donde la imagen es la de Martí, en la fotografía que él se hizo en Jamaica con unas yerbajos al fondo.

Raúl Roa Kourí: Sí.

Donde ella dice: “Su traje me conmueve como una oscura música que no comprendo bien./Toco palabra pobre”. En este poema dedicado a una foto de Roa y Pablo están esos trazos poéticos, que revelan el carácter de los dos amigos. Es un soneto, titulado “Retrato”, escrito en 1983. Vale recordarlo a nuestros oyentes:

Pablo a tu lado siempre, ardiente, fiero
y festivo a la vez, de cubanía
entrañable, Pablo, que es Pablo de la simpatía,
muchacho siempre, y qué muchacho entero,

tan año treinta —política, boxeo,
estudiantil denuedo y tiranía—,
nauta parece aquí, hondo minero,
soldado recio y paladín del día,

Y tú, chisporroteante, de expresiva
mano que juega, que discute o clama,
al presidio que ahora te encaminas,


vas con tan libre y rara dulzura,
raro poeta allí, reverso de otra llama,
con Pablo aún y siempre todavía.  

Raúl Roa Kourí: Es precioso ese poema de Fina.

Háblame de esa amistad.

Raúl Roa Kourí: Esa amistad se anuda en el bufete de Fernando Ortiz, donde Pablo trabajaba junto a Rubén Martínez Villena como mecanógrafo, y trabajaba también Conchita Fernández, quien después fue secretaria de Eduardo Chibás, y también de Fidel Castro, al triunfo de la Revolución.

Mi padre fue al bufete de don Fernando a ver a Rubén, y ahí le presentaron a Pablo. En ese momento se estaba organizando el 30 de septiembre de 1930, la gran tángana estudiantil del 30 de septiembre, donde murió Trejo, y mi padre, que conoce a Pablo en aquellas circunstancias en el bufete, le habla de todas estas cosas, de los preparativos y le dice: “Si no supiera que te acabas de casar —Pablo se había casado hacía poco con Teté Casuso—, te invitaría a que te unas a nosotros en esta tángana”, y Pablo contestó: “No, unido ya estoy, el que esté o no casado no tiene nada que ver, yo estaré allí también”, y ahí Pablo se enrola en ese movimiento, que después lo conduce a ser fundador del Ala Izquierda Estudiantil, Estaba allí y cayó herido también.

Junto a Trejo.

Raúl Roa Kourí: Al lado de Trejo, herido a sedal en la cabeza, y a los dos los llevan rápidamente a Emergencias, muere Trejo y Pablo, que no estaba herido grave, se salva; a partir de ahí se anuda una amistad muy profunda entre el viejo y Pablo, porque además, tenían un carácter similar, les gustaban las mismas cosas, les gustaba el cine enormemente, los dos iban a ver películas; sus ídolos preferidos del cine eran los mismos, Charles Chaplin, Lon Chaney, Buster Keaton, Jean Gabin. Les gustaban también actrices de la época, mujeres fatales, mujeres bellas.

Greta Garbo.

Raúl Roa Kourí: Estaba pensando en Greta Garbo precisamente y no me venía el nombre. Recuerdo que también admiró mucho a Michèle Morgan, una actriz francesa muy bella, rubia, de ojos verdes transparentes, que actuó junto a Jean Gabin en muchos de los grandes éxitos del cine francés.

Ellos compartían no sólo eso: habían sido lectores furibundos de Emilio Salgari, y se sabían absolutamente del pe al pa todas las novelas de Sandokan, El Corsario Negro, los nombres de todos los personajes. Recuerdo que hacían competencias. Más tarde, yo competía con mi padre también, pero él lo hizo primero con Pablo, y decía: “¿A ver, dónde fue que murió Araña de Mar?”, “Mira, murió en el combate del Marianna contra Lord Guillonk”, cosas de ese tipo.

Luego, Pablo escribía. Fue la época más o menos en que publicó el libro Batey a dos manos con Gonzalo Maza, como tú sabes, y a papá le entusiasmó aquel libro.

Roa siempre fue escritor, siempre publicó. Primero, cuando José Antonio Fernández de Castro era director de la página literaria del Diario de la Marina y acogió a toda una serie de jóvenes escritores que además eran progresistas, en contradicción con la línea editorial del Diario.

Pero José Antonio, que era un hombre avanzado y realmente fabuloso, yo lo conocí, era muy amigo de mi padre y de todos esos muchachos, jóvenes y menos jóvenes, que eran escritores, y además escritores novedosos, porque traían un estilo al periodismo cubano que no era en aquel momento el que prevalecía, ni mucho menos. Ahí están los artículos de Pablo, que son formidables, no sólo los publicados en esa página sino también todos sus artículos sobre la Guerra Civil Española. Son de una fuerza tremenda, que te traen de verdad el cuadro de lo que fue esa guerra, el sufrimiento de la gente, la lucha del pueblo español contra el fascismo. Luego, aquel libro increíble de Pablo que es El soldado desconocido cubano, que está escrito en un lenguaje popular, procaz en algunas ocasiones, pero que es una gigantesca broma y una máscula denuncia del imperialismo y de la guerra capitalista.


El Comandante Ernesto "Che" Guevara, junto al canciller Raul Roa, en el aeropuerto Jose Marti para recibir a una delegacion coreana. La Habana, Cuba. Foto: Prensa Latina

El Comandante Ernesto “Che” Guevara, junto al canciller Raul Roa, en el aeropuerto Jose Marti para recibir a una delegacion coreana. La Habana, Cuba. Foto: Prensa Latina




Viento sur parece escrito por un contemporáneo.

Raúl Roa Kourí: Tienes razón. Yo creo que son ambos nuestros contemporáneos. Tú lees lo que escribió Pablo hasta su muerte, en el año ‘36, y son cosas que podían haber sido escritas hoy. Las de Roa igual, tienen gran frescura.

Y leyendo Viento sur, si haces una traspolación de las cosas que sucedían entonces a las que suceden hoy, ves que mucho de lo que se dicen allí que tiene validez todavía, y una vigencia plena. Eso hace que sean escritores jóvenes.

Pero hay que decir también lo mismo de Rubén Martínez Villena. Rubén tiene obras que parecen escritas hoy; y poemas de Pepe Tallet, José Z. Tallet, que para mí tienen una actualidad tremenda. Mi padre quería mucho a Pepe, y yo desde niño iba a su casa, y le hacíamos unas bromas que no puedo repetir por la radio, pero mi padre me hacía decírselas a Tallet. Yo pensaba que a Pepe le encantaba y un día me enteré por su hijo Jorge que lo odiaba. “Oye, pero es mi padre el que me manda a decirlas, Jorge”. “Sí, sí, papá sabe que es tu padre quien te indica que se las digas, pero no le gusta, así que si puedes no lo hagas más”, y ya más nunca le dije aquellas invectivas a Pepe; en verdad me percaté de que eran horribles. Mi padre se burlaba de él, y Pepe, que quería muchísimo al viejo, no le decía nada.

Roa, Director de Cultura


Obviamente en este libro aparece el drama de la República Española, la muerte de Pablo, sus angustias, el deseo de hacer justicia a su amigo caído en el frente español. También se refleja una circunstancia muy importante no solo en la vida de Roa, sino en la cultura nacional, que es su paso como director de Cultura -con Aureliano Sánchez Arango como Ministro de Educación.

Raúl Roa Kourí: Cuando Aureliano Sánchez Arango fue nombrado ministro de Educación por el gobierno de Carlos Prío habló con un grupo de amigos, de compañeros de lucha del año ’30, para que trabajaran con él en el ministerio, entre ellos Salvador Vilaseca, Ignacio Fiterre, Carlos Alfaras (sobreviviente de El Morrillo) y con mi padre para que fuera director de Cultura. Roa no quiso, pues no le interesaba tener nada que ver con el gobierno de Carlos Prío, y entonces mi madre, cuando se enteró de que esa era su respuesta, le dijo: “Pero mira, Raúl, te has pasado la vida diciendo que hay que hacer esto, y hay que hacer aquello, ahora tienes oportunidad para hacerlo, habla con Aureliano y dile que tú aceptas a condición de que se pueda hacer el programa que tú quieres hacer”, y así fue, y Aureliano estuvo de acuerdo. Entonces aceptó Roa la Dirección de Cultura, donde estuvo hasta que en un momento determinado hubo cosas de la política de Prío que él condenó, entre otras los problemas del gansterismo en la Universidad de La Habana, puesto que era también decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público. Renunció, pues, a la Dirección de Cultura. Estuvo dos años al frente de esta, y en esos dos años se hicieron las cosas que nunca se habían hecho, aunque había intentado hacer las antes, en alguna medida, José María Chacón y Calvo.

Chacón trató de hacer algunas cosas, pero realmente en aquel momento no tuvo presupuesto. En cambio Roa tuvo no un gran presupuesto, pero sí más adecuado que le permitió hacer la Feria del Libro, no sólo en La Habana, sino en provincias; el Tren de la Cultura, que salía de la capital y recorría toda la Isla, en el cual iban exposiciones de nuestros mejores pintores; el Ballet de Alicia Alonso… Iban jóvenes, entre ellos, Julio García Espinosa, que llevaban el cine a los lugares más recónditos del país, a la Sierra en un camión y proyectaban películas a los campesinos, que nunca habían visto el cine. Se editaron las obras de una serie de periodistas famosos, como Juan Gualberto Gómez; se editó Pluma en ristre, de Pablo. Eran periodistas que no se habían publicado hasta entonces. Se alentaron las obras de teatro; el guignol, por ejemplo. En la radio surgió el Teatro Experimental del Aire, que dirigía Justo Rodríguez Santos, y escribían en sábados alternos, Justo y Félix Pita Rodríguez. En la televisión cubana, en CMQ precisamente, salióUna Hora de Arte y Cultura, programa donde había a veces ópera, zarzuela, teatro clásico…

Además, mi padre publicó el Mensuario de arte, literatura, historia y crítica, en el que escribían no sólo los mejores escritores, ya reconocidos, sino gente joven. Por ejemplo, Enrique Núñez Jiménez escribió en el Mensuario las primeras noticias que se publicaron sobre espeleología en Cuba, pues él fue fundador del Instituto de Espeleología; escribían asimismo jóvenes como Jorge Tallet, y por supuesto, los conocidos escritores, como te dije, de la época. Colaboró Juan David, el gran caricaturista que tuvo Cuba en el siglo xx, extraordinario caricaturista personal, y Carmelo con sus xilografías…

A Juan David debemos la portada de este libro.

viento sur roaRaúl Roa Kourí: La portada de Viento sur,precisamente; es una de las caricaturas. Siendo mi padre como era, Juan David le dedicó una cantidad de caricaturas a lo largo de toda la vida, y el viejo decía: “Pero mira esto, chico, me ha acabado, acabó conmigo”, y efectivamente, esta misma, esta misma a mi padre le gustaba mucho, pero al mismo tiempo decía que había acabado con él. En elMensuario, como señalé, también colaboraba Carmelo; en fin, fue una etapa en que hablando yo un día con Abel Prieto, le dije: “Antes de todo lo que se ha hecho aquí en cultura por Armando y luego por ti, está la obra de Roa”. Respondió: “No, es que lo único que se hizo realmente de esa amplitud antes de la Revolución fue la obra de tu padre en dos años en el Ministerio de Educación en la Dirección de Cultura”. Bueno, con Ana Cairo hemos hablado mucho de eso también, porque Ana escribió Imaginarios de Raúl Roa. Y hay una compañera, Danay Ramos, que hizo su tesis para el doctorado, sobre la obra de Roa en la Dirección de Cultura, además de dirigir la multimedia que al respecto financió el Ministerio de cultura.

La multimedia realmente me pareció estupenda, porque ahí está todo lo que hizo Roa en la Dirección de Cultura, y es algo realmente impresionante. Las Misiones Culturales, fue otra interesante iniciativa; una idea prestada de Federico García Lorca, porque tenía que ver con La Barraca y las Misiones Culturales que se hicieron en la República Española cuando era ministro de Educación don Fernando de los Ríos, y Federico colaboraba con ese Ministerio, y además, era muy amigo de la familia de los Ríos, empezando por Don Francisco Giner de los Ríos, creador de la Escuela Libre de Enseñanza de Madrid.

El padrecito rojo


Hay otros textos importantes: “Papalote sin cuchilla”, una denuncia al golpe del 10 de marzo; “El padrecito rojo”, dedicado a la muerte de Stalin. En este último, Roa se detiene profundamente en los graves errores de Stalin.

Raúl Roa Kourí: Sí, y además, antecede por tres años exactamente al discurso de Jrushchov en el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética. Denuncia el dirigente soviético los crímenes de Stalin y de las cosas que sucedieron en la Unión Soviética durante aquel período, y comenzó lo que se llamó el deshielo.

Mi padre, que siempre fue marxista, leninista y martiano, nunca militó en el viejo Partido Comunista cubano, ¿por qué?, porque desde muy temprano él y Pablo y otros más (no quiero mencionarlos, pero podría mencionarlos) se convencieron de que la política estaliniana no era la correcta, porque obliteraba cosas tan importantes como la libertad y la democracia interna del Partido, que existía en época de Lenin pero la abolió Stalin; además, las represiones brutales que hizo de todos los seguidores de Lenin, porque realmente acabó con casi el noventa por ciento de los miembros del Comité Central electos en el Congreso en que aquel fue electo, el último Congreso en el que participó Lenin, y después todas estas otras cosas que sucedieron: la colectivización forzosa, la represión, el traslado de gente contra su voluntad a otros lugares del país, la creación de los gulags, de los campos de concentración. Todo ello se sabía. Había gente que decía que eso era propaganda del imperialismo. Pues no era propaganda del imperialismo; era realidad, y lo reconoció después Jrushchov. Recuerdo que el discurso de Jrushchov en el XX Congreso aquí no se publicó por el Partido, y no hablaron de eso para nada, una cosa absurda, cuando había sido ya dicho por Jrushchov y publicado en Europa, en todas partes, yo lo leí en Le Monde, en una separata salió completo en el año ‘56.

Mi padre tenía la convicción de que aquello no era lo que realmente querían como socialismo, como comunismo; y escribe ese artículo describe a Stalin como fue, sin negar sus aciertos, no es que fuera todo errores. Él tuvo aciertos, está claro, en la dirección del país, pero tuvo errores tremendos, y cosas que ya no son errores sino monstruosidades, que nada tienen que ver con el socialismo ni con el comunismo, por lo menos no con el que nosotros queremos.

Roa fue un crítico del estalinismo, y a la vez es el amigo de Rubén Martínez Villena, líder del Partido Comunista cubano, a quien lo unió –dicho por el propio Roa- “la amistad más limpia, alegre y honda de su vida” y a quien le dedicó esa biografía de la cual hablamos, publicada mucho después de la muerte de Stalin. ¿Cómo interpretar ambos hechos?

Raúl Roa Kourí: Rubén muere muy tempranamente, y yo no sé qué hubiera pensado si hubiera visto las cosas que sucedieron después. Él estuvo incluso en la Unión Soviética, porque fue a tratarse, y estuvo en Sochi un tiempo para tratar de recuperarse de la tuberculosis, cosa que no logró, pero además, él lo que quería era estar en Cuba y estar en la lucha, y no estar fuera de Cuba. Pero mi padre admiró siempre mucho a Rubén.

Y Rubén sí, Rubén era un marxista-leninista convencido, y dirigió el Partido con esa visión. Tuvo un error evidentemente cuando la huelga de los autobuses, de las guaguas, que en definitiva fue la que tumbó a Machado. Él trató de impedirla; después que había empezado la huelga trató de pararla porque, al parecer, Machado había aceptado demandas del Partido, y entonces él pensó que como en ese momento no se podría hacer una revolución social en Cuba, y en eso tenía razón, entonces era preferible ganar posiciones y hacer otras cosas desde el poder, aunque fuera un poder compartido o no fuera el poder total, etcétera. Eso estaba de acuerdo con la línea internacional del Partido. Él no lo hizo porque se equivocara personalmente, sino porque siguió la línea internacional del Partido, que era esa, si no hay posibilidades de hacer una revolución social entonces hay que buscar la manera de buscar un frente amplio en el cual quepa el Partido, en el cual el Partido pueda influir para hacer las cosas que se deben hacer. Así lo explica mi padre en el libro que tú citaste.

Intérprete de Fidel




20 de septiembre de 1960. Vista general del Hotel Theresa, en Nueva York, en la 125 y 7ma ave., donde Fidel Castro se alojó. Foto: Ossie LeViness/NY Daily News Archive via Getty Images

20 de septiembre de 1960. Vista general del Hotel Theresa, en Nueva York, en la 125 y 7ma ave., donde Fidel Castro se alojó. Foto: Ossie LeViness/NY Daily News Archive via Getty Images




El intento de enfrentar a Roa con Rubén va de la mano del supuesto desencuentro entre tu padre y Fidel Castro por la relación que Cuba estableció con la Unión Soviética. ¿Ocurrió tal cosa? Recordemos que Roa fue designado en 1959, poco después del Triunfo de la Revolución, como Embajador en la OEA y luego, en ese mismo año, Fidel lo nombra Canciller hasta 1976, años en que se fraguan las relaciones entre Cuba y la URSS. ¿Se produjo en esta etapa alguna desavenencia o contradicción entre el Canciller y el líder de la Revolución?

Raúl Roa Kourí: Mi padre estuvo totalmente de acuerdo con la política de la Revolución, estuvo totalmente de acuerdo con Fidel; fue, a mi juicio, un gran intérprete del pensamiento político de Fidel al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores. Fue digamos el ejecutor de la política exterior que pensó Fidel, porque la política exterior de Cuba la pensó Fidel Castro, mi padre también contribuyó, pero fue Fidel quien la llevó a cabo. En ese sentido fue un intérprete fiel del pensamiento revolucionario de Fidel Castro, y por supuesto, estuvo de acuerdo con que la Revolución adoptase el camino socialista, porque él era y seguía siendo marxista y leninista, martiano y socialista, entonces no tuvo ninguna contradicción al respecto.


Nikita Jrushchov, Primer Secretario del Partido Comunista Sovietico, visita a Fidel, en su humilde habitacion del hotel Theresa, del barrio de Harlem. "He venido a saludar al Heroe Nacional de Cuba que derroco la tirania Batistiana", dijo Nikita Jruschov. durante su estancia en Estados Unidos con motivo de la XV sesion de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). Junto a Fidel y Jruschov se encuentra el canciller cubano Raul Roa (I). Nueva York, Estados Unidos. Foto: Prensa Latina

Nikita Jrushchov, Primer Secretario del Partido Comunista Sovietico, visita a Fidel, en su humilde habitacion del hotel Theresa, del barrio de Harlem. “He venido a saludar al Heroe Nacional de Cuba que derroco la tirania Batistiana”, dijo Nikita Jruschov. durante su estancia en Estados Unidos con motivo de la XV sesion de la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU). Junto a Fidel y Jruschov se encuentra el canciller cubano Raul Roa (I). Nueva York, Estados Unidos. Foto: Prensa Latina




Por otro lado, era obvio para cualquiera en nuestro país que no teniendo el apoyo de nadie teníamos que aceptar el apoyo de los soviéticos, porque además, lo ofrecieron espontáneamente. Yo estaba en Naciones Unidas en el año 1960, como miembro de la Misión permanente de Cuba en la ONU, en la Comisión Económica, y recuerdo cuando fue Jrushchov a ver a Fidel al hotel Theresa, y cuando se levantó de su escaño y, fue, después de su discurso, el primero que fue a saludar a Fidel y le dio un abrazo en el medio de la Asamblea General. Nikita le ofreció asimismo una cena a la delegación cubana, a la cual asistí, en la embajada soviética, muy fraternal y amistosa.

Después me tocó acompañar al embajador Bisbé –ya murió- a ver al jefe de la delegación soviética en aquel momento (ya se había ido el canciller Gromiko) el viceministro de Relaciones Exteriores, Vasilii Kuznetsov, que había sido líder sindical y era miembro del Comité Central del Partido, a decirle lo siguiente (yo fui el que le trasladé ese mensaje): “¿Si nosotros nos vemos obligados a nacionalizar las refinerías de petróleo extranjeras podrá la Unión Soviética abastecernos del petróleo necesario?”, y él contestó: “Yo no puedo darle esa respuesta”. “Claro que no, usted lo que debe hacer es consultar y darnos la respuesta que le den de Moscú”. Cuarenta y ocho horas después nos llegó la respuesta a nosotros, pero ya había llegado a Cuba, que sí, que nos suministraban el petróleo. Hay que pensar que en aquel momento, cuando se reunió el Buró Político del PCUS en Moscú para decidir darle el petróleo a Cuba, el ministro de Comercio Exterior, Patolichev, dijo que no tenían suficientes barcos tanqueros para mandarnos el petróleo, y Jrushchov afirmó decidido: “A comprarlos”, y eso era una millonada de dólares lo que costaba en el mercado mundial. En aquel momento, la Unión Soviética no tenía una situación económica boyante, pero así y todo compraron los barcos, y mandaron el petróleo, y eso realmente es algo que hay que agradecer. Fidel jamás ha olvidado ese gesto y otros similares de la Unión Soviética, que fueron de apoyo real a la Revolución cubana; no hubiéramos subsistido si no es por ese apoyo.

¿Cómo vivió Roa ese momento?

Raúl Roa Kourí: Lo vivió igual que yo, igual que todos aquí, de acuerdo con todo, absolutamente de acuerdo con todo aquello. Para que tú veas la posición de mi padre ya desde el año ’52. Dice en Viento Sur: “Unirse primero, lo demás se obtendrá después por el esfuerzo concertado, la limpidez de propósitos y la táctica congruente, sólo así pudo derribarse a Machado y reducirse a Batista. A cuantos hemos vivido el proceso revolucionario cubano en su entraña, nos tiene que lucir absurdo que aún no se haya dado ese paso”. Es decir, ahí está Roa abogando por la unidad en la lucha contra Batista.


El Primer Ministro Fidel Castro Ruz denuncia ante la prensa internacional el secuestro del avion que regresaria a La Habana a la delegacion asistente a la XV Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), por contrarevolucionarios de origen cubano al servicio de la CIA y del gobierno estadounidense. Nueva York, Estados Unidos. Foto: Prensa Latina

El Primer Ministro Fidel Castro Ruz denuncia ante la prensa internacional el secuestro del avión que regresaría a La Habana a la delegación asistente a la XV Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), por contrarevolucionarios de origen cubano al servicio de la CIA y del gobierno estadounidense. Nueva York, Estados Unidos, septiembre de 1960. Foto: Prensa Latina




La hora de la conversación se fue volando. Me ha quedado todavía mucho por preguntar, pero ya nos hacen señas. Hay que despedirse. Me gustaría que le recordáramos a los oyentes cuándo y dónde se presentará Viento Sur, el libro del cual hemos estado hablando hoy.

Raúl Roa Kourí: Se va a presentar en septiembre en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García de La Habana. Se ha editado a iniciativa del Centro Pablo, de Víctor Casaus, su director, que hará una donación de ejemplares de Viento surpara los jóvenes que estudian en ese Instituto, y él me ha pedido que sea yo el que presente el libro.

Conversando…


Raúl Roa Kourí en la grabación de este podcast. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate

Raúl Roa Kourí (1936): Diplomático y escritor. Ha colaborado en los diarios habaneros El Mundo y Revolución, en las revistas Humanismo y Cuadernos Americanos de México, y en Bohemia, Casa de Las Américas, Revolución y Cultura, La Gaceta de Cuba, Opus Habana y La Siempre Viva. Miembro del Jurado Casa de Las Américas para literatura brasileña. Ha impartido conferencias en Columbia University, Nueva York, en Yale University, en el Centro de Relaciones Internacionales de la Universidad Johns Hopkins, la New School for Social Research, la Universidad de La Habana, el Centro de Altos Estudios Latinoamericanos de París, y otros. Autor de La Batalla en Ginebra, Editora Política, La Habana, 1989; ORCALC, cincuenta años de acción, Unesco, La Habana, 2000; Bolero y Otras Prosas, La Habana, 2000; Roa x Roa, Editorial Capiro, Santa Clara, 2000;En el Torrente, Casa, 2004 (Premio Casa 1999, Mención en la categoría de testimonio); Memoria de Mundos Varios, Editorial Unión, La Habana, 2012; Roa que Roe, Ruth Casa Editorial (edición digital), 2014. En preparación, Papelería de Raúl Roa.

Escuche el podcast con Raúl Roa Kourí