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lunes, 25 de septiembre de 2017

El partido de Cuba Imposible y la lista infeliz.

 Por Rafael Cruz

Parte I: El pueblo cubano sí tiene ideología

Luego de leer la declaración de fe de Roberto Veiga, el director de esa plataforma pública llamada Cuba Posible, proyecto de partido político destinado a apropiarse del poder en Cuba y con ello hundir la nación en lo imposible, me sentí animado a escribir unas reflexiones en interés de denuncia y también de entrenamiento, que esta guerra es de resistencia, pero en la medida que avanzaba con el discurso infeliz del raro espécimen de “candidato político sin ideología” descubrí que es imposible en el término razonable de un par de cuartillas señalar tanta necedad, a no ser con la síntesis de un exabrupto criollo- tenemos bastantes y muy buenos en nuestro idioma- pero eso sería sonoro y pintoresco pero no educado. Voy a esforzarme por la síntesis, cuando considere que estoy a punto de los bostezos, pongo al final del párrafo un visible punto y una nota amenazante “continuará”. 

El escarnio más visible en el texto de marras es el intento de poner a José Martí de su lado. Citado fuera de contexto, manipulando y ocultando, el centrista ofende al independentista. Si le damos crédito estaríamos poniendo a José Martí al mismo nivel del ideólogo autonomista José Fernández de Castro o con el anexionista José I Rodríguez Hernández quien conspiró contra el héroe cubano en la Primera Conferencia Internacional Americana. Ofende a Martí, niega su radicalismo, su toma de partido. Martí es el centro de una ideología, de una ética que se sostiene en el pensamiento y en la práctica revolucionaria. El señor Veiga debería, por decencia al menos, no poner en sus textos las palabras de un Mayor General del ejército libertador que murió en combate todo ímpetu, todo hombre, todo valor. Si continúo por ese camino terminaré en la ira y el exabrupto será mi texto, de modo que dejaré a otros, magníficos escritores y pensadores revolucionarios, quienes seguramente se sentirán estimulados a vindicar al Maestro con palabras más acabadas que las que yo, guajiro al fin, pueda decir. 

El señor Veiga afirma en su declaración: 

“No ocurrirá un desarrollo inclusivo de la pluralidad ideo-política del país. Sólo serán aceptados aquellos cubanos convocados a ratificar posiciones oficiales, preferentemente aquellas que expresen la mayor resistencia posible a todo cambio del actual modelo socio-político o la nostalgia en torno a épicas (y a errores) del pasado. De este modo, resulta obvio que tampoco se asumirán, de manera oficial, los cambios necesarios para desarrollar el país y hacer evolucionar el bienestar de la sociedad cubana (en aquellos aspectos que resulta imposible culpar al bloqueo estadounidense de los defectos y carencias que padecemos)”.

Y continúa con total desfachatez: 

“Quizás los defensores del inmovilismo puedan tener razones válidas; pero en ningún caso, a estas alturas de las circunstancias, ellas poseen la legitimidad política e histórica que pueda justificar el sostenimiento del lamentable estado de nuestra realidad. Sólo basta percibir algunos de los efectos de tal empecinamiento para comprender que están errados. Entre ellos podemos encontrar: pobreza, marginalidad, corrupción, incapacidad para generar desarrollo, desesperanza y frustración, así como la emigración continua de cubanos talentosos y capaces”.

San Jorge y el dragón

A lo interior del proceso de construcción socialista circulan, se contraponen, interactúan contradicciones y matices diversos, complejos algunos de ellos en los límites del antagonismo absoluto, ese proceso de constante movimiento es el responsable de la existencia misma de la sociedad cubana, de su sistema político y sobre todo de la constante transformación, contrario de negación. El trazado cartesiano de la ruta o las rutas a seguir para llegar al comunismo es dialéctico y contradictorio, lo cual se evidencia cada día en la realidad de los cubanos, en las decisiones y en los errores, en los avances, en la sobrevivencia en los que se van a otros lugares, en los que se quedan en Cuba. En una sociedad en transición, el sujeto es un sujeto en transición y no inmóvil o anclado. Digo sujeto y digo mucho más que persona, extiendo el concepto a los actores sociales y políticos, económicos que confluyen dentro del sistema. Desde el comienzo mismo de la revolución este país se transforma cada día. En los últimos años, la evidencia de ese cambio constante es el día a día de una nación.

Por tanto es absurda la tesis del inmovilismo, a no ser que se sostenga sobre la idea maliciosa de considerar como sinónimo de cambio la cesación del propósito socialista, y la imposición del capitalismo en cualquiera de sus variantes, entonces hay que decir con toda franqueza que en efecto, estamos ahí, en la construcción socialista, luchando con todas las fuerzas para impedir el retorno al pasado, el cual nos presentan disfrazado de futuro en HD, tercera dimensión, realidad virtual, promesas hipertextuales y todas las variantes posibles de la seducción en la postmodernidad. 

Del mismo modo es malicioso, pero sobre todo grosero, señalar a la revolución como responsable de los males que enfrenta y lucha por derrotar, los cuales son antinaturales en el proyecto socialista. Sobreviven como ya sabemos, porque durante la transición al socialismo, y un tanto más allá, conviven los males y las conductas propios de la sociedad capitalista no derrotada aún, mezclada en el tejido social, ardiendo bajo, como el fuego en la hierba húmeda. Existe dentro porque aún no ha sido extirpado y aquí deberíamos decir por qué no ha sido derrotados. Las razones son diversas, algunas tienen que ver con fallos en el mismo sistema, lógico en un proceso que se reproduce a si mismo, “sin calcos ni copias”, sin referentes ni mapas. 

Un proceso que avanza hacia lo ignoto por un camino laberíntico que se hace al tiempo que se avanza. Hay que ser torpe o venenoso para negar que el error es parte de la realidad. Se toman decisiones, se aprueban leyes se hacen políticas para resolver los problemas actuales, el mecanismo muchas veces se atasca y es preciso desarmarlo para desatascarlo, el fallo en ocasiones está en el mismo sistema, otras veces en las personas. Pero muchas veces ocurre que cuando las soluciones son la respuesta esperada, la vida nos cambia las brutalmente las preguntas. Es el caso de estos días ciclónicos, desastrosos, cuanto hubiéramos avanzado si nuestro archipiélago no estuviera en la ruta natural de los huracanes. La revolución es eso “luchar contra poderosas fuerzas dominantes”. 

Sobreviven esos males además porque llegan- incesantes como las olas del mar- desde el exterior. Cuba no está rodeada solamente de agua, sino también de capitalismo persistente, poderoso agresivo. La guerra cultural, la guerra económica contra la Isla rebelde está ausente de las declaraciones de fe de los fallutos políticos. Tendientes naturales al servicio del imperio, nunca o casi nunca denuncian el crimen del imperio, que es esa guerra de desgaste, genocida y cincuentenaria contra Cuba. El efecto sostenido, acumulativo, deformador del bloqueo, está excluido o es limitado en los textos serviles, como la principal variable que impide el desarrollo de la nación y si se menciona, así de soslayo- como en el texto aquí denunciado- se alude pero como arma arrojadiza contra la revolución, el bloqueo es una excusa una culpa en las consignas del “oficialismo” y no una terrible realidad.

Es su libro Cuba Revolución o Reforma, el que por cierto será lanzado nuevamente en los próximos días ahora en edición de Ocean Sur, Enrique Ubieta apunta “Se demoniza a Cuba por no haber podido impedir el resurgimiento de la prostitución, y la solución implícita, la capitalista, significaría la extensión de la prostitución. Se acusa a Cuba de no haber podido contener ciertas injustas diferencias sociales después del derrumbe del llamado campo socialista y la solución capitalista sería acrecentarlas, hacerlas más hondas, injustas e irreversibles.” (1)

Acusar a la revolución de la corrupción, la marginalidad (término discutible) la pobreza, es igual que acusar a San Jorge de la existencia y la maldad del Dragón. Sin embargo debo considerar esa idea con ciertos visos de razón. Sin el héroe el dragón es el todo. Sin la revolución, como pasa en otras naciones, la pobreza, la corrupción, serían el todo, la existencia misma del sistema, el producto natural del egoísmo eterno, desesperanzador natural. En el estado de la revolución, esos males son tan evidentes como perseguidos, tan ofensivos como acorralados, tan lacerantes como ajenos. El dragón no tiene paz, porque el héroe no se la da tampoco los males del capitalismo duermen tranquilos en un Estado, en un pueblo, en revolución socialista, que si tiene ideología marxista, martiana, fidelista.


¿Vale la pena este debate? Sí, lo que está en juego supera a las personas y las individualidades. Lo que está en juego es Cuba, su independencia y con eso no se juega. En ocasiones la gravedad de los asuntos, su naturaleza impide despersonalizar el debate, ojalá fuera posible, aunque solo significara no dar más publicidad a quien no la merece pero, lamentablemente este no es el caso. El director del proyecto de partido político Cuba Posible, y casi por obviedad su figura de cabecera en las aspiraciones al poder en la Isla, hace y pública en su página una declaración de fe, la cual semeja uno de esos pasquines de propaganda electoral propias de las campañas por el escaño mayor del Estado. Al final del texto, solo le faltó decir- aunque no le echamos de menos- “Vote por Mi”.

¿Anticomunista y cristiano?

El texto del aspirante a candidato está llenos de mensajes para atraer a los modernos reformistas, autonomistas, anexionistas, socialdemócratas y otras muchas variantes de la contrarrevolución. Su primera declaración es un mensaje bien claro para tranquilizar a los patrocinadores electores. Declara -casi con rudeza- que no es comunista.

“Quiero ratificar que no soy comunista. Pese a sus más iluminados análisis, diagnósticos y postulados, no alcanzo a simpatizar con tal teoría, filosofía, ciencia, ideología. (…) De la misma manera, siempre me inquieta cierto espíritu que le insufló a dicho ideal su fundador, Karl Marx”.El egoísmo es la única presa que hace el comunismo de la voluntad humana. Se opone al mercado y a la mercancía como centro de todo y en su lugar ubica al humanismo revolucionario, igual hace el cristianismo, comparte el pan y los peces, expulsa a los mercaderes del templo. Desde el lanzamiento del Manifiesto Comunista en enero de 1848 las acusaciones contra los militantes son las mismas que hace este candidato del partido burgués, matizadas lógicamente por el contexto histórico.

El comunismo se propone sustituir la libertad burguesa, sustentada en los tiempos actuales por el neoliberalismo en todos sus gradientes y defendida a capa y espada a lo largo de todos estos años por los dueños del poder hegemónico, que destroza la naturaleza, incrementa la pobreza y la desigualdad al tiempo que insiste en detener la historia, negar la lucha de clases, afianzar el poder de los ricos sobre los medios de producción.

La doctora Isabel Monal, Premio Nacional de Ciencias Sociales de Cuba, aseguró en una ocasión que no es posible interpretar el mundo actual, con certeza, si no es a través del marxismo. Ese que al decir del doctor Fernando Martínez Heredia es una epistemología del conocimiento social y esa afirmación rebasa el reduccionismo del marxismo a una ideología, teoría o ciencia. Es la interpretación de la realidad, de la historia, de los acontecimientos en los que interviene el ser humano junto a su entorno a partir del marxismo como metodología para el conocimiento. Es obvio que suscribo esas afirmaciones.

También subscribo, con ambas manos, la opinión de Frei Betto “El socialismo es el nombre político del amor” debido a la formación cristiana del “político sin ideología”, de la que tanto se ufana, debería serle más próximo este pensamiento de un probado seguidor de Cristo. Por cierto hay otro pensador revolucionario, no creyente, que llega a conclusiones similares a las de Frei Betto. “Un revolucionario está guiado por grandes sentimientos de amor” Ernesto (Che) Guevara. La sociedad a la que aspiramos los revolucionarios cubanos, está más próxima del ideal de Cristo que propuesta por Cuba Posible y su director.

Huracanes y sismos en la gente y en los bancos

Aún en medio de las carencias, el sistema político cubano, nuestra mayor conquista, ha sobrevivido a 50 años de guerra despiadada. ¿Qué son 50 años para un sistema social? ¿Qué son 60 años en el lentísimo devenir de los tiempos históricos? El capitalismo con cinco siglos no ha sido, ni lo será capaz de resolver los problemas de la humanidad, es más los acrecienta. ¿Cómo se puede acusar a la revolución cubana de fallida si apenas ha nacido, y su infancia ha sido traumática por los odios, las maldiciones, la guerra tangible, mortal, constante de los poderosos gobiernos gringos y los mafiosos de origen cubano? Al pueblo cubano debería reverenciarse por su heroísmo. Apoyar la destrucción del sistema social que ha escogido la inmensa mayoría de los cubanos y ha defendido con su propia sangre es un crimen.

Tres huracanes monstruosos y un sismo descomunal han devastados nuestras naciones. Solo una mirada a tan extremas circunstancias a la respuesta, la recuperación, el respeto a la vida humana deberían servir para comprender las diferencias cuando el gobierno revolucionario, el partido de vanguardia, no interesado en pujas electorales, sino al servicio de la gente, actúan en conjunto con el pueblo, en bien de todos, en el socialismo; con otras naciones donde los partidos políticos y los egoísmos de gobernantes y propietarios ponen, antes que las personas, sus cuentas bancarias. 

Me pregunto ¿Si en la sociedad para la que se postula Cuba Posible, el Estado reduciría o eliminaría los impuestos de los negocios privados afectados por el huracán, como ha hecho el gobierno revolucionario? ¿O se manejarían los fondos públicos como lo hace España- uno de los modelos de estos señores- para salvar a los bancos con el dinero de la gente, o como ha hecho Cuba, poner el dinero de los bancos para subsidiar a las carencias de la gente? No se pueden comparar los bancos de un país pobre y bloqueado como está nación del Caribe, con los poderosos bancos de las transnacionales imperantes en el mundo.

Político sin ideología o “Soy tan liberal como conservador”

El señor director no es comunista según el mismo dice, y seguidamente apunta “En cuanto a mi posición socio-política, nuevamente ratifico que, aunque reconozco la legítima naturaleza de las ideologías, no poseo ideología alguna y siempre me esforzaré para jamás tenerla”.

Seguidamente el aspirante se apresura a contradecirse:

“Sólo me aferro a un ideal (una República de y para la justicia social) y a unos pocos principios sin los cuales este sería imposible (libertad personal, desarrollo humano, seguridad legal y social, democracia ciudadana, gobierno eficaz, progreso económico, y equidad social)”.

Será que necesitamos de la bondadosa sociedad que nos promete el aspirante para garantizar el desarrollo humano en Cuba La respuesta está delante de nosotros mismos.

Según Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) Entre las 188 naciones que presentan los datos de Desarrollo Humano al, Cuba ocupa esta vez el lugar 67, lo cual mejora en dos escaños su posición respecto al informe del 2014, y la sitúa, nuevamente, entre los países con Desarrollo Humano Alto. Hay mucho por hacer para mejorar esos índices, pero lo que hay que hacer, solo puede hacerse en el socialismo.

Tal y como dice mi compañera del equipo docente, profesora de filosofía, mi crítica más dura y amorosa: en los parámetros por los que se mide el desarrollo humano al mundo provienen de los ideólogos del capitalismo, los cuales desconocen la historia de saqueo de las metrópolis a las colonias y como esas deformaciones llegan a estos días como huellas y distorsiones de siglos de explotación y saqueo, pero no obstante, esos parámetros de la ONU, son los que tenemos.

Pero vale la pena seguir un poco más con el marketing político del aspirante a candidato electoral: 

“Por otro lado, también quiero confirmar de nuevo que, en cuanto a los instrumentos para realizar este ideal y estos principios, no tengo apego a ninguno de los que he propuesto. Estos, repito, siempre serán circunstanciales, porque nunca se refieren al fondo, o sea, al fundamento y al fin, sino a la forma que impone cada contexto, cada reto” y más adelante en el texto asegura que

“En este instante afirmo que no dejaré de trabajar por mi país y que lo haré sólo a favor de esa República prometida por el más grande de nuestros patriotas. Para ello, estoy dispuesto a cooperar con todos los cubanos de buena voluntad, militantes de los diversos “comunismos”, de los disímiles “socialismos”, de los diferentes “liberalismos”, de todas las proyecciones socialcristianas, etcétera. Todas las ideologías y orientaciones ideo-políticas pueden ser legítimas y enriquecedoras…”

De personajes así decía mi abuela “es un bicho” refiriéndose a sus maneras ladinas, a la astucia en sus movimientos para conseguir quedar bien con todos, como aquel político en los años 40 del siglo pasado que en un mitin electoral, ante el reclamo de un asistente por haber cambiado de bando afirmó sin tapujos “soy tan liberal como conservador”. El candidato o aspirante a candidato informa que pude cambiar sus “instrumentos” en cualquier momento y así satisfacer, según las circunstancias, a los potenciales electores o, como ocurre en las democracias burguesas, a los dineros que pagan las campañas pero compiten entre ellos.

Tenemos partido señores ¿Quién da más?

Finalmente, el anuncio oficial:

“Ante esta disyuntiva, los signos de los tiempos reclaman un activismo, también amplio e intenso, encaminado, sobre todo, a definir soluciones y la manera de hacerlas viables, así como exigir y asegurar que se realicen (…) Incluso, cuando sea pertinente y posible, será indispensable proponerse, además, la constitución de una agrupación política programática, sin la cual no serían factibles tales propósitos (a pesar de que dicha probabilidad se mantiene cancelada de forma oficial y anatematizada por sectores significativos de la sociedad)”…

A los votantes del futuro, animadores y sobre todo financistas del presente el señor director les promete que va a “exigir y asegurar” ¿la soberbia es pecado? Continúa la declaración anunciando que en el momento que sea “pertinente” constituirán una “agrupación política”. Partido político destinado a luchar por el poder en Cuba. Un partido opositor con toda la atención y mimos -en dólares y euros- de los enemigos de la revolución. Una estructura visible sobre la que llamar la atención ya que las creadas hasta el momento por la CIA, como esa esperpéntica cofradía de las Damas de Blanco están degradadas y por las que nadie apuesta un centavo.

Al leer el texto del aspirante no puedo evitar hacerme preguntas:

¿A quién se está ofreciendo este señor como candidato posible en una Cuba Imposible? ¿Cree hay condiciones favorables en Cuba como para apoyar una propuesta de migración al pluripartidismo y con ello favorecer una transición suave a la sociedad de mercado? ¿Tal vez cree poder convencer a la mayoría de los cubanos, los cuales apoyamos abrumadoramente el proyecto socialista de que cesen en ese apoyo?

En el escenario de la industria anticubana ¿Tal vez aspira a suplir la ausencia dejada por Oswaldo Payá, ausencia que en el pobre caleidoscopio de la contrarrevolución no ha sido suplida en todos estos años por ninguno de los relanzados como anticastristas “moderados o no confrontacionales” y mucho menos por los virulentos o caricaturescos sujetos del mercenarismo, lo cual deja abierto un espacio potencialmente solvente del mercado anticubano? ¿Será por eso que la autobiografía política del aspirante hace tanto énfasis en sus años al frente Espacio Laical o de Casa Cuba?

Lo que sí es obvio que el director de Cuba Posible y su equipo responden a un patrón de contrarrevolucionarios destinado a meter cuña en los próximos desafíos democráticos de Cuba, y a vender una imagen confiable a los norteamericanos influyentes en la política de EEUU hacia Cuba que apoyan el acercamiento, pero no el sostenimiento del sistema socialista, y a los europeos quienes encuentran total empatía con esas ideas de la socialdemocracia que le son tan familiares. En materia de marketing político esta declaración, el perfil editorial y toda su línea de mensajes en Cuba Posible es una muy clara oferta en busca de clientes con influencia y sobre todo con dinero.

Preguntas complicadas, pero igual también es un derecho cuestionar.

Por qué será que ya este discurso del director de Cuba Posible creo haberlo oído antes, tal vez es que me recuerda las palabras de Manuel Artime jefe civil de la derrotada Brigada mercenaria 2506 “revolución sí, comunismo no”.

O quizás se me parece a las palabras de Jorge Mas Canosa en los tiempos en que se alistaba como futuro presidente de Cuba bajo las promesas liberadoras de Reagan primero y de Bush padre después. “Es muy simple lo queremos para Cuba: libertad, respeto a los derechos humanos, pluripartidismo, democracia y elecciones libres periódicamente”.

Iguales de pragmáticos, iguales de anticomunistas, pero como ellos, el partido político de Cuba Imposible está destinado a engrosar esa lista infeliz que la historia de vez en cuando nos recuerda. Mientras tanto, el pueblo cubano mayoritariamente trabaja para conseguir una sociedad próspera y sostenible, esa que aún lejos, nos llena de esperanza ante un mundo caótico y brutal una sociedad que se llama comunismo donde el amor y no el egoísmo hagan realidad el sueño de Marx y el ideal de Cristo.

(1) Ubieta E. 2012. Cuba Revolución o Reforma, editora Abril, La Habana pág 114

miércoles, 16 de agosto de 2017

Fidel: Estratega de la democracia socialista

A propósito de acercarse los primeros comicios generales en que no estará físicamente presente el Comandante en Jefe, recordamos algunos momentos en que se refirió al sistema electoral cubano

Por IGOR GUILARTE FONG

En el momento que ejercía su derecho al voto el 3 de febrero de 2013. (Foto: ISMAEL FRANCISCO/ cubadebate.cu)

Puntual, a las seis de la mañana del 3 de febrero de 2013 abren sus puertas los 29 957 colegios habilitados a lo largo y ancho de la Isla. Los pioneros –no gendarmes– armados con pañoletas y sueños custodian las urnas. Los representantes de las organizaciones de masas y las autoridades electorales se funden en los trajines de la jornada electoral, convocada con el objetivo de votar por los delegados a la Asamblea Provincial y diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Pocos minutos antes de que el reloj marque las cinco de la tarde, repentinamente, aplausos y murmullos rompen la calma que hasta ese momento ha reinado en el colegio electoral número uno, de la zona 13, circunscripción 13, en el capitalino municipio de Plaza de la Revolución. Los presentes, y muchos más que corren a sumarse tras propagarse la voz por el barrio, dan una calurosa bienvenida al elector número 28. Todos quieren saludar a su eterno e invicto Comandante en Jefe.

El Fidel del pueblo entabla con periodistas y vecinos un diálogo que dura hora y media. Con su habitual amenidad y capacidad discursiva, conversa sobre temas diversos. Economía cubana y global, política nacional e internacional, retos de la Cuba actual, nuevas tecnologías, guerras, agricultura, Chávez, unidad latinoamericana, antigüedad de la especie humana, y hasta viajes de exploración a Marte, evidencian su afán por estar informado.

De vez en vez, matiza la seriedad de sus análisis con pinceladas de humor. Eso también lo caracteriza. Al ser interrogado por las elecciones, explica que si bien no puede revelar por quién ha votado, en tanto significaría violar la ley, lo ha hecho por las mujeres, “y claro, también por un hombre que había en la boleta, para evitar que estos se pongan bravos”.

Además, pregunta por la cifra de personas que ya han acudido al colegio, así como por las cantidades de electores y colegios a nivel nacional. Al aproximarse a los pioneros que amparan la urna se interesa por sus estudios, edades y lugares de residencia.

“Aquí las elecciones no son como en Estados Unidos, donde apenas vota una minoría. No podemos dejar que eso pase nunca, porque aquí manda el pueblo”, asegura.

“Este es un pueblo valiente. No tenemos que probarlo. Cincuenta años de bloqueo y no han podido derrotarnos… Solo decirle que el pueblo lo es todo, sin el pueblo no somos nada, sin el pueblo no habría Revolución”, enfatiza como parte de un mensaje dedicado a sus compatriotas.

Ese domingo. Acontecen lluvias e interrupciones de la electricidad en varias localidades del país, pero la participación masiva no desmaya. Así fue el día de los últimos comicios generales en los que habría de participar, físicamente, Fidel.

Por esta democracia

La vinculación con el pueblo no ha sido cuestión de coyunturas, responde a la filosofía de la Revolución y al ejemplo nacido de su principal líder desde los primeros días del triunfo. (Foto: Autor sin identificar)

En el ideario del líder histórico, desde los inicios de su práctica política y lucha revolucionaria, se visualiza la importancia que otorga a la participación popular como motor impulsor de las tareas y puntal en la consolidación de la obra de la Revolución.

Basado en esa concepción y en las tradiciones patrias, proyecta una visión nacionalista que otorga a la democracia un nuevo sentido. Para Fidel no es este un concepto abstracto, sino que depende de las condiciones sociales, la justicia social, participación de las masas, igualdad plena de los ciudadanos, acceso a la asistencia médica, la educación y demás derechos humanos elementales.

Él asocia la democracia al ejercicio de un gobierno supeditado a los intereses colectivos, que las autoridades desplieguen la dirección social y política en función de los derechos integrales de las mayorías. Por eso, tempranamente, durante el acto conmemorativo por el primer aniversario de la huelga de abril de 1958, insistió en la necesidad de poner el poder en manos del pueblo:

“La democracia que existía aquí antes era el derecho a comprar libremente las conciencias, era el derecho de corromper libremente al pueblo, era el derecho de la oligarquía a gobernar, nunca el derecho del pueblo. Y la democracia que nosotros vamos a implantar es una democracia donde el gobierno sea de verdad un gobierno del pueblo, y que el gobierno no sea de las oligarquías, sino un gobierno de la mayoría del pueblo”.

Un año después, el 1° de mayo de 1960, en el discurso pronunciado con motivo del día internacional de los trabajadores, ratificó el modelo de democracia que aspiraba para Cuba. En la entonces Plaza Cívica enunció: “Te inventaron una democracia, una rara y extraña democracia en que tú, que eres la mayoría, no contabas para nada; en que tú, campesino y obrero, que eres el que produce la mayor parte de las riquezas, y que conjuntamente con los trabajadores intelectuales, produces el total de la riqueza; tú que lo producías todo ni siquiera tenías oportunidad de aprender muchas veces a firmar tu nombre. […] ni siquiera existías políticamente dentro de la sociedad. […] Te hablaban de derechos que nunca existieron para ti.

“¡Y a eso llamaban democracia! Democracia es aquella en que las mayorías gobiernan; democracia es aquella en que la mayoría cuenta; democracia es aquella en que los intereses de la mayoría se defienden; democracia es aquella que garantiza al hombre, no ya el derecho a pensar libremente, sino el derecho a saber pensar, el derecho a saber escribir lo que se piensa, el derecho a saber leer lo que se piensa o piensen otros; el derecho al pan, el derecho al trabajo, el derecho a la cultura, y el derecho a contar dentro de la sociedad. ¡Democracia, por eso, es esta, esta democracia de la Revolución Cubana!”.

Aplausos prolongados y exclamaciones de vivas a Cuba, la Revolución y sus líderes, que son coreados por la multitud, interrumpieron sus palabras por espacio de 20 minutos.

En vísperas de la invasión mercenaria por Playa Girón, Fidel sentenció que “esta es la Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes”. En esa intervención trascendental proclamó el carácter socialista de la Revolución.

Esas sí son elecciones

En varios procesos electorales, Fidel ponderó las condiciones y méritos de los candidatos por los que le correspondía votar y, con proverbial modestia, aseguró verse en un dilema a la hora de elegir. (Foto: cubadebate.cu)

Consecuente con esos principios de democracia, Fidel defiende la implementación de mecanismos de promoción, postulación y elección distintos a los existentes en la sociedad burguesa que imperó hasta 1959. Esta nueva tipología no fomentaría la exclusión de los humildes, sino todo lo contrario. Se basaría en el reconocimiento del mérito, la capacidad, la modestia, la dedicación a las tareas revolucionarias y al trabajo para satisfacer las necesidades populares, como factores decisivos de la confianza que la misma sociedad deposita en aquellos que elige.

A raíz de comenzar a implementarse el actual sistema electoral, Fidel usó de la palabra en la clausura de la sesión de constitución de la Asamblea Nacional –en su cuarta legislatura– para esclarecer el papel de los delegados provinciales y los diputados a la Asamblea Nacional. En alusión a estos últimos advirtió que “[…] no deben olvidarse jamás de que representan a la nación, porque van a tomar medidas y a adoptar decisiones que afectan a la nación, y en nombre de la nación. Pero también representan al municipio y al distrito de donde provienen, tienen una doble representación, y no pueden olvidar el municipio ni el distrito que los eligió, ni pueden olvidar la necesidad de los contactos”.

Más adelante, en el propio encuentro efectuado en el Palacio de las Convenciones, celebrado el 15 de marzo de 1993, delineó la responsabilidad del parlamentario en la sociedad y que debe ir siempre con la verdad ante el ciudadano. El diputado, expuso entonces Fidel, “debe hacer todo lo que pueda por su distrito, y cuando no pueda hacer nada, hablar con los electores cada vez que pueda y explicarles qué se hace y qué no se hace, qué puede hacerse y qué no puede hacerse. Constantemente hay que estar dando explicaciones”. Así el líder marcó un estilo nuevo en el trabajo de los cuadros del gobierno y en el acercamiento a la gente.

En varias ocasiones el Comandante en Jefe valoró como logro de la Revolución la creación de un sistema electoral autóctono, basado en la unidad de consenso y el respeto a los intereses de las mayorías. Muchas veces resaltó que ya no es un partido quien postula, sino los propios vecinos que escogen en reuniones a sus representantes.

El 26 de julio de 1974, durante el acto conmemorativo por la histórica fecha, que tuvo por sede la provincia donde se había experimentado la constitución del Poder Popular, subrayó: “Las elecciones que acaban de tener lugar en Matanzas han sido las más puras en la historia de nuestro país: elecciones sin componendas, sin fraudes, sin demagogia, sin politiquería. Nadie tuvo necesidad de aspirar, porque no fueron las aspiraciones personales las que determinaron la nominación de un candidato sino las aspiraciones colectivas. Sin campañas electorales, porque la campaña electoral aquí es la propia vida del hombre, nominado por el pueblo; su campaña electoral es su propia biografía, su conducta a lo largo de su vida, y su página de servicios a la patria.

“¡Jamás se produjeron unas elecciones con tanto entusiasmo! Jamás en Cuba –ni en la época en que votaban hasta los muertos– hubo una participación de más del 90 por ciento en las elecciones. […] Primera vez que en Cuba se celebran unas elecciones sin bayonetas y sin fusiles a las puertas de las escuelas. Y esto es lógico, porque estas no eran elecciones de rapiña, no era una pugna por repartirse un botín, sino las elecciones del pueblo revolucionario, organizadas por el pueblo revolucionario, y para el servicio del pueblo revolucionario, con la participación incluso de los pioneros. […] ¡Esas sí son elecciones!”, afirmó.

Siempre que se manejó la intención del voto unido esclareció: “Si hay quien no quiere votar por alguno, está en su pleno derecho de no votar por alguno. Tiene derecho a votar por todos, por varios, por uno o por ninguno, debe sentirse realmente libre el ciudadano. El valor del voto unido es que exige un trabajo de persuasión, de educación, de formación, y es una apelación a la conciencia, no a la disciplina”.

Validez de un legado

No solo debemos defender nuestro concepto de democracia, sino que debemos sentirnos orgullosos de él, aseveró Fidel. Hoy el pueblo lo respalda. (Foto: radiorebelde.cu)

A lo largo de cinco décadas ha quedado de manifiesto la convocatoria de la dirección de la Revolución para que el pueblo ejerza la democracia de manera plena, orgánica y consciente. Y en esa aspiración, la huella de Fidel Castro Ruz, su líder histórico, resulta incuestionable.

Bajo la visión fidelista, la democracia no queda en un significado teórico sino que para él dicho término conlleva una aplicación práctica dentro de la sociedad, donde la participación popular en la toma de decisiones encarna la dignificación del individuo.

En defensa de una obra de conjunto, reiteró siempre que la esencia de la democracia cubana radica en la batalla ineludible por garantizar la justicia social, el bienestar colectivo, la unidad del pueblo, la independencia nacional, la solidaridad con países hermanos, el enfrentamiento a la voracidad imperialista.

Lo más importante es la participación. Fue esa la máxima del Comandante en Jefe en días en que correspondió poner las urnas a voluntad del pueblo. Cuba le respondió en varias oportunidades con más de 90 por ciento de asistencia.

A las puertas de un nuevo proceso electoral, el primero que se celebrará sin la presencia física de Fidel, su máximo inspirador, el desafío mayor está en mantener presente su ejemplo y su prédica; participar y confiar en el futuro. Así, jamás morirá su legado.