Autor: Fernando Luis Rojas, Carolina García Salas
Este artículo forma parte de la serie:
¿Qué socialismo?
(Foto tomada de Progreso Semanal/Kaloian Santos).
.Las Ciencias Sociales en Cuba han estado mucho tiempo de espalda unas a otras. Hijas de un siglo que como el XIX definió rígidos objetos de estudio y metodologías particulares, ellas se encerraron en compartimentos estancos y reclamaron para sí una parte de la realidad social. Ocurre, sin embargo, que la sociedad es una, y compleja, y mientras más se fraccione para su estudio, menor será la riqueza de sus resultados.
Ante fenómenos sociales, siempre multicausales, serán necesarios enfoques multidisciplinarios; es precisamente esta la mayor contribución del texto que presenta Ediciones Matanzas como parte de su catálogo del 2015: Cepos de la memoria. Impronta de la esclavitud en el imaginario social cubano, nueva entrega de Zuleica Romay, rara avis entre los directivos cubanos, que pocas veces mantienen una vida intelectual activa.
No es este el primer libro sobre las relaciones raciales en Cuba, ni siquiera de su autora, que tiene un texto previo; sin embargo, a mi juicio, es el más significativo de todos los que conozco, dado el ambicioso entramado científico desde el que aborda el tema de la discriminación racial: la Historia, incluyendo sus vertientes cultural y científica; la Sociología; la Antropología y la Psicología, son áreas discursivas que sirven de apoyatura a una investigación que, por demás, combina las perspectivas diacrónica y sincrónica y hace gala de un enfoque comparativo que ilustra muchas de sus inquietudes en otros contextos, históricos y epocales.
La propia autora considera que Cepos de la memoria puede llegar a ser un libro inquietante, y hace bien en opinar de este modo, pues su lectura desmitifica confianzas excesivas, discursos políticos e históricos, y revela, con toda crudeza, el hecho cierto de que las construcciones ideológicas —como el racismo—, no desaparecen por decreto, ni siquiera por políticas igualitarias e inclusivas; sino que se incorporan a la subjetividad, de ahí que nos explique en la introducción: “Cuando es rechazado por la razón o el sentimiento, el racismo existe en el instinto y la emoción. Negada por filiaciones ideológicas, discursos éticos y preceptos educativos; la dúctil noción de raza aflora en frases y comportamientos cotidianos, y en estados anímicos tan evanescentes como la aprensión y la inquietud”.
Se encamina entonces, en cada parte del texto, a develar cómo se manifiestan los mecanismos que reproducen hasta hoy un proceso de dominación y subordinación que se inició siglos atrás con la esclavización del africano, pero que no es reducible únicamente al ámbito económico o político, sino también a nivel de la subjetividad, del mundo simbólico, del modo en que las marcas de la memoria logran implantarse en el imaginario de dominadores y dominados, haciéndoles compartir representaciones sociales estereotipadas. La esclavitud pertenece al pasado, es cierto, pero como bien afirma Zuleica: “Si el cuerpo queda libre pero la mente sigue encadenada al pasado, o a la reproducción adaptativa de las relaciones de subordinación que ese pasado engendró, los modos de pensar y comportarnos seguirán las pautas establecidas por quienes nos dominaron una vez, creando condiciones para que continúen haciéndolo, ahora desde la prisión de nuestra mente”.
Confieso que disfruté la edición de este texto, que sometió a dura crítica algunas supuestas verdades recibidas como parte de mi formación profesional. Pero si elogiable es por su contenido, también lo es por su forma expositiva. El ensayo es un género literario híbrido, y esa es su mayor complejidad. Debe compartir el lenguaje literario con el científico y, por ello, cualquier exceso en uno de esos sentidos lo hace fracasar: por metafórico y vacío o por denso y cargante. De ahí que convertirse en un buen ensayista es una tarea sumamente difícil, y a pesar de ello… cuánto escrito se presenta bajo la etiqueta de ensayo sin serlo. Este no es el caso del texto que presentamos, pues la autora es dueña de un estilo en el que se reúnen lo coloquial y lo problémico; al lector se le provoca constantemente de modo inteligente, con situaciones cuyo objetivo es generar un pensamiento crítico y una actitud reflexiva acerca de tan espinoso tema. Invito a los lectores a que se dejen provocar, pues al final de la lectura sabremos mucho más sobre nosotros mismos.
Por: Eduardo del Llano, On Cuba
Te quedas desnudo, inerme, confuso. Toda tu información se ha perdido. Sí, los colegas te recomendaron –miles de veces- hacer una copia de seguridad a diario, pero lo fuiste dejando, te ganó esa engañosa sensación de que las cosas terribles sólo les pasan a otros, y ahora ya ves: la última salva no contiene, por ejemplo, la versión más reciente de la novela que estás escribiendo, sino una primitiva y ramplona: todas las buenas ideas se te ocurrieron después. O el trabajo por encargo que ya casi habías terminado, que tienes que entregar pasado mañana y por el que ya te pagaron un adelanto. O las fotos de tu hijo, o aquéllas, privadas y no menos irrepetibles, con Fulana. Sin embargo, lo que más te angustia son las películas, las series, los conciertos, los Just for laughs gags y esa carpeta que tiene todo el mundo pero cada uno rotula con un nombre que ahuyente a los curiosos, algo como Papeles del Sindicato o Fotos de Tumores. El entretenimiento, vaya. Sin ordenador ves la realidad como es. Has perdido los espejuelos mágicos. Sin el ordenador estás a merced de la TV cubana.
No puedes simplemente salir y comprar otra. Bueno, algunos sí pueden, buscan opciones en Revolico y pagan un equipo mejor sin que les tiemble el bolsillo, pero tú eres un cubano de a pie, así que lo primero que haces es llamar a ese socio infaltable que sabe de computación, que dice que está muy ocupado pero tratará de hacer un huequito por la tarde. Y efectivamente viene por la tarde, pero dos días después: dos días durante los cuales jadeas y boqueas como un pez sobre la arena, no sabes qué hacer con el tiempo libre, te preguntas cómo pudiste vivir antes de que la computadora entrara en tu vida, incluso te sorprendes mirando la telenovela nativa por encima del hombro de tu pareja. El tipo examina tu máquina. Ahí se establece una fórmula, que podría enunciarse como: la probabilidad de que el especialista te arregle la máquina es inversamente proporcional a tu grado de amistad con él. Dicho de otro modo, lo más probable es que la avería rebase el rango de habilidad del socio que no iba a cobrarte, y tengas que llamar a uno de esos números que ofrecen reparaciones y servicios informáticos de todas clases, y en consecuencia tus finanzas del mes sufran uno de esos recortes que a nivel macroeconómico se llaman ajustes. Al cabo viene ese otro experto; enseguida le brindas café para caerle simpático y estimular su vena solidaria; el tipo se lo toma, pero su expresión no cambia. Entonces pueden ocurrir varias cosas:
-La peor es, sin duda, que ponga cara de no entender qué diablos le pasa al equipo, y hasta te mire con cierto reproche, como si fueras tú el creador de tan insólita anomalía. Como si él no supiera que todos los ordenadores los diseña Murphy.
-Que te diga que el problema sólo se resuelve con una pieza que él no tiene, que en la calle se consigue muy rara vez porque está descontinuada, que se la puede pedir a un socio que vive afuera y viene el mes próximo, que tengas paciencia. A continuación cierra el equipo… y empieza a sonar uno de esos pitidos tenebrosos anunciando el advenimiento de un nuevo bateo en el sistema.
-Que lo arregle, y entretanto te humille explicando que tu tecnología es prehistórica, que pronto aquel componente de allí también va a fallar porque el polvo y la humedad se lo han comido. Elogia un modelo nuevo que acaba de ver en un website y que está tan fuera de tu alcance como el premio Nobel de la Paz para Donald Trump (aunque, si antes lo ganaron Henry Kissinger y Menahem Beguin, cualquier cosa puede pasar). Fríe huevos al ver la obra inhábil del último especialista que metió las manos en tu maltrecho equipo, te pregunta: ven acá, ¿quién te hizo eso? y enseguida explica por qué está mal todo lo que su predecesor recomendara. Al final dice que con su arreglo resolverás un par de meses, pero que él te aconseja comprar un nuevo kit completo de una generación más reciente -que ellos tienen en oferta- para a continuación hacerte salivar enumerando las posibilidades que se abrirían ante ti. Ahí es donde empiezas a recolocar tus prioridades, pues salvo las medicinas para un ser querido en agonía, nada va por delante de que la máquina funcione. De un ser muy querido.
La computadora es el nuevo auto: te da muchas más preocupaciones de las que te quita, es una amante tiránica y absorbente. De la misma manera que cuando te rompes un brazo y vas a la consulta descubres que La Habana está llena de brazos rotos y que no eres un ser excepcional cuya vida replica un divino guión, sino un comemierda más en una gran humanidad de accidentados, al estropearse tu máquina llamas a tus amigos y te enteras de que la laptop de uno enciende cuando le da la gana, que la del otro a veces reconoce el disco duro y a veces no, que al tercero un virus le acabó con toda la información y que el cuarto acaba de vender su ropa cara, la moto y dos originales de Servando para comprarse el modelo nuevo que aparece en el puñetero website.
Cada mañana que la computadora enciende es una prueba de la existencia de Dios. Y lo dice un ateo.
El bloqueo comercial, financiero y económico al que Estados Unidos tiene sometida a Cuba es un acto totalmente ilegal, es por eso, que cuando el gobierno estadounidense menciona esa acción contra nuestra patria lo califica de “embargo”.
El embargo, según la definición de varios diccionarios, “es la acción de retención, traba o secuestro de bienes, por mandamiento de un juez competente o autoridad”. Evidentemente es la forma de solucionar el litigio entre dos partes que se disputan la propiedad de algo y debe ser un juez o la autoridad competente el que decida quién es el propietario de la misma.
El llamado “embargo” de Estados Unidos contra Cuba, no ha sido determinado por juez o autoridad competente alguna, ha sido una decisión del ejecutivo estadounidense, totalmente inconsulta, que se ha ampliado y reformando en la medida que un presidente distinto ha ocupado la Casa Blanca, ya será demócrata o republicano.
Cuando buscamos en los propios diccionarios el significado de la palabra “bloqueo” encontramos que se define como “la acción y efecto de bloquear. Asedio de un plaza, puerto, etc. mediante el corte de las comunicaciones con el exterior de un país enemigo. Inmovilizar la autoridad, una cantidad o crédito, privando a su dueño de disponer de ellos.”
Cómo es fácil comprender y desde el punto de vista jurídico y legal, la acción que por más de cincuenta años el gobierno de Estados Unidos ha estado imponiendo a Cuba es un bloqueo, no un embargo, es un acto de guerra. Para ratificar esto, el propio presidente de Estados Unidos, por años, incluyendo este, ha firmado la Orden Ejecutiva mediante la cual nos designa como un país afectado por la Ley de Comercio con el Enemigo.
Somos el Enemigo, legal y oficialmente, de ahí que lo que se nos ha aplicado durante todos estos años es un bloqueo, no un embargo. Un bloqueo ilegal que no ha sido determinado por una autoridad competente como está establecido y que forma parte de la guerra que Estados Unidos continúa desarrollando contra nuestra Isla.
El paquete de medidas tomadas por la administración del Premio Nobel de la Paz el día 14 de octubre de este año, forman parte de las acciones de la mencionada guerra. El clima bélico continúa, lo que ahora la agresividad viene edulcorada, para que los incautos se la puedan tragar y les sepa bien.
Las declaraciones realizadas por nuestro gobierno en relación al paquete de medidas lo desenmascaran como un verdadero “paquete”, lo que en el argot popular cubano siempre se ha utilizado para denominar una mentira.
Esta mentira tiene varios propósitos. Como ya se ha dicho por la compañera Josefina Vidal, responsable de los asuntos relacionados con Estados Unidos en nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores y divulgado por nuestra prensa, las medidas anunciadas benefician más a Estados Unidos que a Cuba y en lo esencial no modifican el bloqueo al que nos tiene sometidos pues mantiene una serie de limitaciones, incluyendo, la imposibilidad de que los ciudadanos estadounidenses viaje libremente a Cuba.
Debemos ver el “paquete” desde un punto de vista adicional. Dentro de pocos días se discutirá en la Asamblea General de las Naciones Unidas el proyecto de resolución que anualmente Cuba presenta denunciando el bloqueo.
Estas medidas, tomada por la administración Obama, también van encaminadas a tratar de restarle fuerza al mencionado proyecto y dar la apariencia de que el gobierno de Estados Unidos estás realizando acciones en función de la eliminación del bloqueo, que está haciendo todo lo que puede en función de eso ( lo cual no es cierto).
Además de utilizar este pretexto para mantener sus acciones agresivas, también dirán que en definitiva debe ser el Congreso el que decida al respecto, por lo que es necesario esperar que el Congreso decida reunirse, ponga el punto en su agenda de discusiones y que al votar, la mayoría esté de acuerdo en el levantamiento del bloqueo.
Otro mecanismo diabólico para poder continuar con la política agresiva.
Estados Unidos hablará con muchos de los países que votan a favor del proyecto de resolución cubano, primero les pedirán que voten en contra del mismo pues la situación ha cambiado. Ahora se mantienen relaciones diplomáticas entre ambos países y Estados Unidos, a partir del 17 de diciembre del 2014 ha estado tomando medidas que modifican la situación que existía anteriormente.
Pedirán, si se mantienen las intenciones de voto favorable por parte del país con el que están negociando, que al menos solicite a Cuba, para poder apoyar su proyecto, que modifique el lenguaje del mismo, tomando en consideración que ya existen relaciones diplomáticas entre ambos países y que la situación ha tenido cambios “significativos”.
Esta acción va encaminada a restarle fuerza a nuestro proyecto de resolución y que el mismo tenga una significación distinta a los que se han aprobado en años anteriores, tratando de mejorar la imagen de Estados Unidos en el ámbito internacional y principalmente en América Latina.
El paquete tiene una envoltura bonita, lo principal es ver lo que en realidad contiene.
La Habana, 18 de octubre del 2016
Pedro Monreal,Cuba Posible
La cuestión del empoderamiento de la sociedad civil cubana evoca el tema de la “partícula de Dios”. Hace apenas cuatro años fue anunciada una de las mayores validaciones científicas de todos los tiempos: la confirmación material de la existencia del “bosón de Higgs” o “partícula de Dios”. Según los entendidos, el “bosón de Higgs” puede ser la piedra angular del rompecabezas necesario para entender los modelos estándar de la física. Ayudaría a explicar casi todo y, para facilitar la comprensión del tema, los físicos teóricos utilizan la analogía de los peces en el agua.
La teoría de Higgs plantea que el Universo está inmerso en un entorno invisible similar a un campo magnético. Las partículas elementales, como los electrones, están sumergidas en ese llamado “campo de Higgs” como los peces lo están en el agua. Una sardina, al ser pequeña, interacciona muy poco con el agua y puede moverse velozmente. En cambio, una ballena interacciona con más agua y se desplazará más despacio. Un electrón con poca masa, es como la sardina. Una partícula como elquak, con una masa mucho mayor, es como la ballena.
Pero como lo bueno siempre trae cola, el físico Stephen Hawking –probablemente el científico contemporáneo con mayor visibilidad global-, ha advertido sobre los riesgos que implicaría continuar con la investigación del “bosón de Higgs”, afirmando que tal proyecto “podría destruir el Universo” si los científicos extienden el experimento hasta niveles de energía superiores a los 100 mil millones de giga-electrón-voltios, lo que llevaría al Universo a sufrir un “retraso catastrófico de vacío”.
Otros expertos, sin embargo, matizan el asunto al señalar que por el momento no hay razones para tanta alarma. Llegar a la zona de peligro que advierte Hawking requeriría la utilización de un descomunal acelerador de partículas del tamaño del planeta Tierra, algo muy poco probable en el futuro previsible. Por el momento, la alerta de Hawking serviría más para inspirar obras de ciencia ficción que para ser tomado como una alerta apocalíptica creíble.
¿Giro hacia la esencia ideológica o ejercicio de levitación intelectual?
El tema del empoderamiento de la sociedad civil ha cobrado presencia en el debate ideológico cubano en meses recientes. Inicialmente se presentó asociado a la denuncia de acciones enemigas para destruir el socialismo cubano en el nuevo contexto de una paulatina normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En ese plano, las preocupaciones están plenamente justificadas. Se dispone de numerosas pruebas relativas al empecinamiento tradicional del imperialismo estadounidense en derrotar a la Revolución por todos los medios posibles; un propósito al que no han renunciado los enemigos de Cuba y respecto al cual se cuenta con evidencia reciente.
Sin embargo, en las últimas semanas se ha producido un giro en el tratamiento del tema pues, de manera creciente, las menciones al empoderamiento parecen divorciarse del análisis concreto de la realidad del país. Desde varias áreas del debate ideológico nacional, ha emergido lo que parece ser una excitada corriente crítica al empoderamiento de la sociedad civil cubana, que está resultando ser más un asunto de creencia que de evidencia. Algo que tiene que ver más con la arenga que con el análisis razonado.
Todavía no puede afirmarse que se trata de una corriente de opinión bien estructurada, pero algunos intelectuales y comunicadores parecerían estar considerando el empoderamiento de la sociedad civil como una especie de piedra angular de un rompecabezas ideológico. El empoderamiento funcionaría como una variante ideológica criolla de la “partícula de Dios”. Explicaría muchas cosas en el plano ideológico y, llevado a ciertos límites, tendría implicaciones apocalípticas: la destrucción de la Revolución. Pero, ¿cuán fundamentada es esa idea que se nos presenta? ¿Por qué habría de prestársele atención a esa visión de las cosas?
Lo que ha comenzado a proclamarse es que, más que ser el resultado primigenio de la perfidia imperialista, el empoderamiento es un mal intrínseco de la propia existencia del sector privado nacional. Este cambio de énfasis en el argumento es importante. La posible manipulación imperialista del empoderamiento se desplaza al plano instrumental. El plano esencial para que la conspiración pudiera iniciarse sería el funcionamiento del emergente sector privado nacional. Allí estaría localizada la raíz de un mal interno que podría ser instrumentalizado por los enemigos externos.
¿Hacia dónde pudiera conducir esa línea de razonamiento? En la medida en que esa perspectiva parece asumir que el empoderamiento de la sociedad civil es sustancialmente incompatible con el socialismo en Cuba, el corolario político de tal enfoque sería “mantener a raya” al sector privado, negándole o limitándole cualquier posibilidad de empoderamiento a los ciudadanos que en ese sector trabajan.
Adicionalmente, esa visión pudiera derivar en la alucinación de que sería viable intentar una especie de lobotomía ideológica masiva al más de medio millón de hombres y mujeres que ya hoy trabajan en el sector privado, para que en ellos no se asentase la ideología que corresponde a las condiciones materiales concretas de su existencia. En vez de ello se les estaría exhortando a adoptar una ideología apartada de la manera en que esas personas interactúan diariamente con las fuerzas productivas y con las relaciones sociales de producción.
Hay al menos dos características de esa visión de las cosas que se encuentran en abierta contradicción con el método marxista. Primero, se trata de un enfoque idealista que desconecta la ideología de su determinación material. Segundo, postula un enfoque no científico de un fenómeno social -el empoderamiento-, pues omite la necesidad de disponer de evidencia antes de arribar a conclusiones. Parecería asumirse que puede enunciarse cualquier “cosa política” sin necesidad de que esté respaldada por un análisis riguroso de la realidad.
Ignorando la evidencia
Toda discusión acerca del empoderamiento de la sociedad civil cubana debería comenzar con datos “duros” sobre la realidad social del país y con un análisis cualitativo metódico de esa realidad social concreta. Tendría que considerarse, entonces, que el sector privado “realmente existente” en Cuba –a pesar de todas sus imperfecciones y de las limitaciones que se le imponen-, es hoy un componente efectivo de la seguridad nacional debido al efecto positivo medible que desempeña en la estabilidad social y política de la nación.
¿De qué otra manera pudiera entenderse el hecho de que ese sector absorbe –casi totalmente- los 94,000 puestos netos de trabajo que cada año desaparecen del sector estatal, se ocupa de la cuarta parte de los alojamientos de un sector estratégico como el turismo, genera ingresos y paga salarios que sostienen a miles de familias, ofrece empleos honestos a miles de personas que de otro modo pudieran dedicarse a actividades socialmente desestabilizadoras, y reduce –al menos parcialmente- la sangría migratoria de fuerza laboral calificada del país?
La seguridad nacional necesita una economía funcional y estabilidad social. Si todavía eso no se entiende adecuadamente, pues entonces habría que insistir en que el debate debe empezar por ese punto.
Quienes critican a rajatabla el empoderamiento de la sociedad civil del sector privado nacional deberían interesarse por responder cinco preguntas:
¿Qué datos concretos tienen acerca de la manera específica en que ya se produce el empoderamiento en el sector privado en Cuba?
¿Cuál es la evidencia medible del supuesto impacto negativo del empoderamiento de la sociedad civil en la ideología y en la política socialista actual?
¿Dónde puede encontrarse un análisis (científicamente validado) sobre la efectividad que tendría en Cuba el intento de suplantar ideologías desconociendo la determinación material de estas?
¿Cuál es la evidencia de que es admisible “meter en el mismo saco” los procesos de empoderamiento y la ideología de los segmentos sociales tan diversos que forman el sector privado nacional?
¿Cómo se sustenta (con datos específicos) la visión de que la incipiente clase mediana y pequeño burguesa nacional -que el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) ha reconocido como legítima en el nuevo modelo económico y social- tiende a oponerse inherentemente a la Revolución?
Llama la atención que quienes critican los procesos de empoderamiento de la sociedad civil del sector privado en Cuba no solamente no ofrecen respuestas a esas preguntas, sino que incluso no parecen estar interesados en hacérselas.
Resulta cuestionable la validez de esta “partícula de Dios” ideológica que intenta abrirse paso en el debate nacional. Obviamente, no representa la piedra angular de explicación verosímil alguna. Lo que ella proclama no se apoya en datos ni en un método para entender la realidad. Tampoco es convincente la visión apocalíptica que proyecta respecto al socialismo cubano, en un escenario de empoderamiento de la sociedad civil.
Como en el caso de la alarma lanzada por Hawking, el fantasma que se agita no se corresponde con los datos de la realidad actual y previsible ¿Dónde está el sector privado nacional, actual y en perspectiva, con la escala y el poder suficiente como para disipar la ideología socialista en Cuba y que fuese capaz -parafraseando a Hawking- de colocar a la Revolución en una situación de “retraso catastrófico de vacío”?
Discursear es fácil; demostrar es más complicado. Para llegar a conclusiones acertadas sobre cuestiones políticas e ideológicas conviene apoyarse en el pensamiento científico.
Los peligros para la seguridad nacional
Como ocurre con los peces en el agua, en la Cuba más diversa que se contempla en la renovada visión de país a que se aspira, sus distintas clases y grupos sociales tendrán una “masa” y dinámicas diferentes. De tal diversidad material emergerán, ineludiblemente, distintas ideologías y maneras de imaginar y de decidir el futuro; es decir, convivirán disímiles procesos de empoderamiento.
El sector privado no es simplemente un apéndice menor que se le agrega a un modelo mayor respecto al cual es esencialmente incompatible. En la práctica, de lo que se trata es de armar un modelo nuevo –aunque se le llame actualizado-, que debe integrar componentes muy diversos de la manera más coherente posible. Se sabe que no es fácil lograrlo, pero ese es el plan.
Como se reconoce oficialmente en Cuba, el predominio del sector estatal no es antagónico con una cohabitación de formas heterogéneas de propiedad y de gestión. Si esa premisa se acepta, entonces debería admitirse que el predominio de una ideología comunista no tendría que ser necesariamente incompatible con la coexistencia de las distintas ideologías que pudiesen estar determinadas por la heterogeneidad de la base económica de la sociedad. Esa coexistencia pudiera ser conflictiva respecto a ciertos temas y en determinados momentos, y pudiera ser más sosegada en otras circunstancias. Es difícil predecirlo de manera anticipada. La práctica política tendrá la última palabra en cada momento.
Proyectar abiertamente descréditos ideológicos gratuitos y visiones infundadas de posible alevosía política de parte del medio millón de hombres y mujeres que trabajan en el sector privado nacional es problemático, al menos por dos razones políticas fundamentales. En primer lugar, tiende a considerar como ciudadanos de segunda a una parte de la población, con lo cual, en vez de unir, se divide y se excluye. En segundo lugar, se reemplazaría, con argucias retóricas, la base racional –sustentada en evidencias- que debe tener la política de la Revolución, con lo cual esta se debilitaría. Difícilmente pudiera salir algo constructivo de esa combinación. Entre otras cosas, se corre el riesgo de erosionar un componente de la seguridad nacional del país.