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martes, 24 de octubre de 2017

Octubre de 1962: ¿Acaso fue Fidel Castro quien puso al mundo al borde del holocausto mundial?


Fidel Castro comparece por CMBF-Televisión Revolución en respuesta al discurso del Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, relacionado con la situación de los misiles soviéticos existentes en territorio cubano, 23 de octubre de 1962. Foto: Archivo de Cubadebate/ Fidel Soldado de las Ideas.
Fidel Castro comparece por CMBF-Televisión Revolución en respuesta al discurso del Presidente de Estados Unidos John F. Kennedy, relacionado con la situación de los misiles soviéticos existentes en territorio cubano, 23 de octubre de 1962. Foto: Archivo de Cubadebate/ Fidel Soldado de las Ideas.
Todavía se observa en cierta literatura los enfoques que, al exponer e interpretar la llamada Crisis de Octubre, señalan a Cuba como la máxima responsable de poner al mundo al borde del holocausto mundial. Ello también responde a la manera errada en que se manejó la crisis, en especial por la dirección soviética, siendo Cuba la más desfavorecida tanto en su imagen internacional como en la solución a que llegaron Kennedy y el premier soviético Nikita Jruschov.
La manera en que Jruschov actuó al producirse la crisis, cuando sin contar con la dirección cubana negoció con Kennedy la salida de los cohetes nucleares de la Isla, y peor aún, de manera subrepticia negoció esa salida a cambio de la retirada de los misiles nucleares estadounidenses ubicados en Turquía e Italia, dejan mucho que desear sobre las verdaderas o fundamentales motivaciones que tuvo Jruschov a la hora de proponer a los cubanos la instalación de los cohetes en Cuba. ¿Qué tenían que ver los cohetes de Turquía e Italia con la defensa de Cuba? ¿Por qué no exigió se devolviera a la Mayor de las Antillas el usurpado territorio de la Base Naval de Guantánamo, se eliminara el bloqueo económico u otros aspectos que sí se ajustaban a los intereses de la Isla?
A pesar de que en las concepciones defensivas ya elaboradas para entonces por parte de la máxima dirección cubana, los misiles nucleares no estaban comprendidos, y de la conciencia de los líderes cubanos de que su presencia en el territorio insular podía afectar el prestigio de la Revolución, se aceptó la instalación de los cohetes, a partir de que se cumplía con un principio ineludible de apoyo internacionalista con el Campo Socialista y la URSS en particular, sobre cuya amistad no existía la menor duda, porque la había demostrado muchas veces. Se trataba entonces de que si la URSS había estado siempre dispuesta a ayudar a Cuba en los momentos más críticos, no se podían esgrimir intereses nacionales estrechos, cuando los que estaban en juego eran los intereses del Campo Socialista como un todo y por supuesto, vistos en un sentido más estratégico, los de la capacidad para defender a Cuba también.
Mucho se perdió en el terreno moral, político y diplomático cuando los soviéticos decidieron que la instalación de los cohetes nucleares en Cuba se hiciera de manera secreta, y solo hacerla pública cuando fuera un hecho consumado, al que Estados Unidos supuestamente tendría que resignarse. El líder de la Revolución Cubana defendió en todo momento que la operación se hiciera pública bajo el respaldo del derecho internacional, pues no había nada ilegal en ello. Aunque mantuvo el criterio de que los soviéticos eran los que debían tomar la decisión final, por consideración a su gran experiencia internacional y militar. (1)
La famosa y tantas veces manipulada carta de Fidel a Jruschov escrita entre la noche del 26 y la madrugada del 27 de octubre (traducida y enviada al líder soviético desde la embajada de la URSS en La Habana), ha sido uno de los documentos más utilizados para ubicar al líder de la Revolución como un «irresponsable» y hasta un «loco», que puso en riesgo la existencia humana en la faz de la tierra.
Hay que decir que si para Estados Unidos la crisis había comenzado en octubre de 1962, Cuba vivía una crisis que amenazaba su supervivencia como nación independiente y soberana desde enero de 1959, enfrentada a las más disímiles formas de agresión del gobierno de Estados Unidos, incluyendo la invasión mercenaria de Playa Girón en abril de 1961. La «Operación Magosta», la más amplia operación de guerra encubierta, elaborada e implementada por Estados Unidos contra otro país, aprobada por el presidente Kennedy en noviembre de 1961, debía concluir con la invasión directa de las fuerzas armadas estadounidenses en la Isla, precisamente en octubre de 1962.
La carta enviada por Fidel a Jruschov no proponía dar el primer golpe nuclear preventivo, sino que, en caso de producirse la invasión a Cuba —la variante menos probable—, no vacilara la URRS en responder con armas nucleares, evitando cometer los mismos errores de la Segunda Guerra Mundial (2), pues la invasión significaba que ya Estados Unidos se había decidido a iniciar la guerra termonuclear lanzando el primer golpe nuclear contra el país soviético. Es de destacar que si Fidel hubiera dominado el estado real de la correlación de fuerzas nucleares, con una ventaja aplastante para el lado norteamericano, esta misiva jamás se hubiera producido, pues significaba incitar al líder soviético al suicidio de su pueblo.
Fragmentos de las cartas intercambiadas por ambos líderes en esos días de tensión, muchas veces citadas inconexamente, ilustran de manera fehaciente la verdad histórica:
Mensaje de Fidel a Jruschov, el 26 de octubre:
Hay dos variantes posibles: la primera y más probable es el ataque aéreo contra determinados objetivos con el fin limitado de destruirlos; la segunda, menos probable, aunque posible, es la invasión. Entiendo que la realización de esta variante exigiría gran cantidad de fuerzas y es además la forma más repulsiva de agresión, lo que puede inhibirlos.
(…) Si tiene lugar la segunda variante y los imperialistas invaden a Cuba con el fin de ocuparla, el peligro que tal política agresiva entraña para la humanidad es tan grande que después de ese hecho la Unión Soviética no debe permitir jamás las circunstancias en las cuales los imperialistas pudieran descargar contra ella el primer golpe nuclear.
Le digo esto porque creo que la agresividad de los imperialistas se hace sumamente peligrosa y si ellos llegan a realizar un hecho tan brutal y violador de la Ley y la moral universal, como invadir a Cuba, ese sería el momento de eliminar para siempre semejante peligro, en acto de la más legítima defensa, por dura y terrible que fuese la solución, porque no habría otra.
Jruschov a Fidel el 30 de octubre:
En su cable del 27 de octubre Ud. nos propuso que fuéramos primeros en asestar el golpe nuclear contra el territorio del enemigo. Usted, desde luego, comprende a qué llevaría esto. Esto no sería un simple golpe, sino el inicio de la guerra termonuclear.
Querido compañero Fidel Castro, considero esta proposición suya como incorrecta, aunque comprendo su motivo.
Fidel a Jruschov el 31 de octubre:
No ignoraba cuando las escribí que las palabras contenidas en mi carta podrían ser mal interpretadas por usted y así ha ocurrido, tal vez porque no las leyó detenidamente, tal vez por la traducción, tal vez porque quise decir demasiado en pocas líneas. Sin embargo, no vacilé en hacerlo. ¿Cree usted compañero Jruschov que pensábamos egoístamente en nosotros, en nuestro pueblo generoso dispuesto a inmolarse, y no por cierto de modo inconsciente, sino plenamente seguro del riesgo que corría?
(…)
Nosotros sabíamos, no presuma usted que lo ignorábamos, que habríamos de ser exterminados, como insinúa en su carta, caso de estallar la guerra termonuclear. Sin embargo, no por eso le pedimos que retirara los proyectiles, no por eso le pedimos que cediera. ¿Cree acaso que deseábamos esa guerra? ¿Pero cómo evitarla si la invasión llega a producirse? Se trataba precisamente de que este hecho era posible, de que el imperialismo bloqueaba toda solución y sus exigencias eran desde nuestro punto de vista imposibles de aceptar por la URSS y por Cuba.
(…)
Yo entiendo que una vez desatada la agresión no debe concederse a los agresores el privilegio de decidir, además, cuándo se ha de usar el arma nuclear. El poder destructivo de esta arma es tan grande y tal la velocidad de los medios de transporte, que el agresor puede contar a su favor con una ventaja inicial considerable.
Yo no sugerí a usted, compañero Jruschov, que la URSS fuese agresora, porque eso sería algo más que incorrecto, sería inmoral e indigno de mi parte; sino, que desde el instante en que el imperialismo atacara a Cuba y en Cuba a fuerzas armadas de la URSS destinadas a ayudar a nuestra defensa en caso de ataque exterior, y se convirtieran los imperialistas por ese hecho en agresores contra Cuba y contra la URSS, se le respondiera con un golpe aniquilador.
(…)
No le sugerí a usted, compañero Jruschov, que en medio de la crisis la URSS atacara, que tal parece desprenderse de lo que me dice en su carta, sino que después del ataque imperialista, la URSS actuara sin vacilaciones y no cometiera jamás el error de permitir circunstancias de que los enemigos descargasen sobre ella el primer golpe nuclear. Y en ese sentido, compañero Jruschov, mantengo mi punto de vista porque entiendo que era una apreciación real y justa de una situación determinada. Usted puede convencerme de que estoy equivocado, pero no puede decirme que estoy equivocado sin convencerme.

Esta carta también ha sido utilizada para sostener la versión de que a los soviéticos, ante las «propuestas irracionales» del líder cubano, no les quedó más remedio que negociar con Estados Unidos de espaldas a la dirección de la Isla. Este aserto no tiene fundamento, en tanto la decisión soviética de hacer proposiciones a los norteamericanos sin tener en cuenta las opiniones de Cuba, habían sido tomadas en Moscú desde el día 25 de octubre, cuando la carta de Fidel no había sido concebida.
Un testimonio de extraordinaria valía para demostrar la falsedad de los criterios que señalan que Fidel incitó a Jruschov a dar el primer golpe nuclear preventivo contra el territorio estadounidense es el de Alenxander I. Alexéiev, quien se desempeñaba en octubre de 1962 como embajador de Moscú en La Habana y a quien el Jefe de la Revolución le dictara el controvertido mensaje:
La noche del 26 para el 27 de octubre Fidel Castro visitó nuestra embajada y dictó el texto de una carta para que se le hiciera llegar a N.S. Jruschov. En la misma se abordaba cuán tensa se había tornado la situación y la posibilidad de un ataque estadounidense (invasión o bombardeos)a Cuba en las próximas24—72 horas. Fidel alertaba a Jruschov sobre la perversidad de los americanos y lo convocaba a tomar todas las contramedidas imprescindibles, aunque en honor a la verdad, sin llegar a concretarlas. Estando todavía Fidel en la embajada, envié un breve cifrado en el que informaba sobre la posibilidad del ataque a Cuba. Unas horas antes nuestros militares habían cursado un telegrama a Moscú en los mismos términos preocupantes. La carta de Fidel salió para Moscú más tarde, una vez que se tradujo al ruso, y no fue hasta la mañana del 28 que llegó a manos de la dirección soviética, cuando ya había sido adoptada la decisión sobre la retirada de los proyectiles. Se sabe también que lo que llegó por víatelefónicadel Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSSa la secretaría de Jruschov no fue el texto íntegro del mensaje,sino un resumen, motivo por el cual se pudieron producir imprecisiones.
Este mensaje generó serias incomprensiones, ya que N.S Jruschov en una de sus cartas reconvino a Fidel por haberle supuestamente sugerido que asestara un golpe nuclear preventivo contra el enemigo. La carta de Fidel fue dada a conocer por la prensa cubana y de ella no se infiere semejante conclusión.
Fidel admite que el malentendido se debe a inexactitud de la traducción o a que yo no lo haya interpretado a él correctamente. Quisiera hacer constar con absoluta responsabilidad que la culpa no es nuestra. La traducción de la carta que dictó fue hecha por otros funcionarios de la embajada que conocían bien el español y el texto publicado por Granma es idéntico al de nuestra traducción. Por lo que se puede concluir que los reproches de Jruschov carecen de fundamento. En el mensaje no se hacen semejantes afirmaciones. Todo puede haberse debido al extraordinario estrés al que estaba sometida la dirección soviética y al involuntario deseo de justificar la peliaguda decisión de retirar los proyectiles sin el consentimiento de la dirección cubana.
Reitero que Fidel entonces no instó a que asestáramos un golpe nuclear preventivo, sino que se limitó a alertar que los estadounidenses, conocedores de nuestro apego al principio de no ser los primeros en usar las armas nucleares, podían emprender cualquier aventura, incluido un golpe nuclear. Por lo demás, el bombardeo de los objetivos nucleares soviéticos hubiese sido de por sí equivalente a un golpe nuclear. A mi juicio, Fidel no estaba pensando en un golpe nuclear preventivo, sino en la necesidad de advertirles a los americanos que nuestro respeto al principio de no ser los primeros en utilizar las armas nucleares, no debía ser tomado como una garantía que los preservaría de la represalia. El reproche de Jruschov a Fidel es además improcedente, porque la operación que habíamos emprendido al trasladar los proyectiles a Cuba perseguía el objetivo de intimidar a los americanos, disuadirlos de emprender acciones militares, no de emplear los cohetes.
A pesar de transcurridos 55 años de aquellos acontecimientos, aun se intenta tergiversar la historia. Lo cierto es que, como dijera Ernesto Che Guevara en su célebre carta de despedida, al referirse al papel desempeñado por el Comandante en Jefe durante la crisis: «Pocas veces brilló más alto un estadista que en esos días». Solo la posición firme de la dirección cubana, al negarse a cualquier tipo de inspección en el territorio cubano, al plantear los Cinco Puntos e impedir en todo momento que se le presionara, fue lo que salvó el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura, y que la isla no terminara siendo vista como un simple peón de los soviéticos. Esto fue así, a pesar de que la URSS tomó decisiones inconsultas con la parte cubana que trajeron como consecuencia que la Isla fuese la menos beneficiada con los resultados de la crisis.
Además de la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo, continuaron los planes de sabotaje y magnicidio contra los principales líderes de la Revolución, el bloqueo económico, la subversión, los ataques piratas, el apoyo al bandidismo y el resto de los componentes de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba. Es decir, Estados Unidos siguió invadiendo a Cuba en menor escala, prácticamente día por día, y esto se debió a que los problemas de fondo que habían provocado la crisis no fueron resueltos. Aunque la crisis de octubre de 1962 ha sido la de mayor peligrosidad en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, muchas otras crisis afectarían las relaciones bilaterales durante décadas.
Notas
(1) Tomás Diez Acosta, Octubre de 1962, A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, (Segunda Edición), p.100.
(2) El 22 de junio de 1941 se produjo el ataque sorpresivo nazifascista a la URSS. El gobierno soviético poseía informaciones de inteligencia de que dicho ataque se ejecutaría y las consideró de carácter provocativo. Debido a ello, no tomó todas las medidas recomendadas para tal caso, con lo cual permitió al enemigo asestarle un potente golpe y el mantenimiento de la iniciativa estratégica durante los primeros meses de la contienda bélica. Información tomada de Tomás Diez Acosta, Octubre de 1962: A un paso del Holocausto, Editora Política, La Habana, 2008, p.179.
Ignacio Ramonet, Cien Horas con Fidel. Conversaciones con Ignacio Ramonet (tercera edición), Oficina de Publicaciones del Consejo de Estado, La Habana, 2006, pp.315—316.
Ibídem, p.319.
Ibídem, pp. 320—321
Citado por Antolín Bárcena Luis, El intercambio de mensajes entre Fidel Castro y N.S. Jruschov durante la Crisis de Octubre. Apuntes de un traductor a 50 años de los hechos, pp.7—8.
Los Cinco Puntos planteados fueron: 1-Cese del bloqueo económico y de todas las medidas de presiones comerciales y económicas que ejercen los Estados Unidos en todas las partes del mundo contra Cuba.2-Cese de todas las actividades subversivas, lanzamientos y desembarcos de armas y explosivos por aire y mar, organización de invasiones mercenarias, infiltración de espías y sabotajes, acciones todas que se llevan a cabo desde el territorio de los Estados Unidos y de algunos países cómplices.3-Cese de los ataques piratas que se llevan a cabo desde bases existentes en los Estados Unidos y en Puerto Rico.4-Cese de todas las violaciones del espacio aéreo y naval por aviones y navíos de guerra norteamericanos.5-Retirada de la base naval de Guantánamo y devolución del territorio cubano ocupado por los Estados Unidos.

(La versión original de este texto fue publicada en la Revista Contexto Latinoamericano, Vol 2, Año 1, Segunda Temporada, Jul-Dic 2017, Ocean Sur.)

lunes, 16 de octubre de 2017

Octubre de 1962. Cómo conocí por dentro una base soviética de cohetes


Por Edison Velázquez López.

En el año 1961 el Comandante Ernesto Guevara, como Ministro de lndustrias, me había designado su Delegado en Oriente, provincia que estaba directamente bajo el mando del Ministro de las FAR, el compañero Raul. En abril del año siguiente el Che me orientó hacerme cargo provisionalmente de Ia Empresa del Niquel, con instalaciones en Nicaro, Moa y Felton, y que en aquella época constituía Ia única empresa del Ministerio cuya Dirección se encontraba en el interior del país. Para el nombramiento se tuvo en cuenta que había participado en Ia nacionalización de esas industrias y que como Delegado del Ministro las atendía y conocía. Esa es Ia razón por Ia que me encontraba en aquellos históricos momentos en una zona que me daría Ia oportunidad de vivir una curiosa experiencia.

Meses después, encontrándome ya dirigiendo Ia Empresa, que tenia sus oficinas en Nicaro, una mañana mi secretaria me informó que un grupo de tres señores rusos querían verme, cosa que en principio no me sorprendió, pues era natural y corriente que esto sucediera, dado que teníamos una asistencia técnica soviética permanente colaborando con el arranque de las instalaciones de Moa, así como en trabajos asociados en general con Ias problemáticas de las dos fábricas de níquel.

AI recibirlos en mi oficina, me percaté de que no me eran conocidos y, tras los saludos de rigor, de inmediato pregunté en qué podía servirles, por lo que tomó Ia palabra quien notoriamente parecía ser el jefe y, utilizando a uno de sus acompañantes como traductor, me dijo: "Camarada, tengo orientaciones de hablar con usted, somos de una agrupación militar emplazada cerca de aquí y confrontamos algunas dificultades en cuanto a Ia alimentación. Queremos solicitar su ayuda." Rápidamente les respondí que estábamos a su entera disposición y les solicité conocer en que podíamos ser de alguna ayuda para ellos, a lo cual muy concretamente contestó que se trataba del pan, que era lo único que les hacia falta. 

Analizamos entre las dos partes todas las posibilidades y acordamos que Ia ayuda consistiría en el suministro de tres sacos de pan con unas cincuenta flautas por saco, dos veces por semana. Todos los lunes y jueves, una persona seleccionada entre mis compañeros de confianza, les haría Ia entrega del alimento en el Iugar sugerido por ellos, el entronque de Mayari-Festón. Hacia las 11 de Ia mañana de los días acordados, ellos Io recogerían, y para facilitar Ia coordinación les mostré el jeep de cuatro puertas que usábamos en Ia Dirección y que tenia inscriptas las siglas J-2 en las puertas. En Nicaro existía una panaderfa vinculada a nuestra industria y encargué el cumplimiento estricto de Ia tarea al compañero Ernesto Mora, quien después de haber sido un combatiente distinguido de Ia Huelga de Abril de 1958 en Ia localidad de Sagua Ia Grande, ocupaba por aquellos días el cargo de inversionista de Ia nueva mina "Sol Líbano”, entonces en construcción.

Todo funcionó sin dificultades y, transcurrido alrededor de un mes, mi secretaria nuevamente me informó que otra vez querían verme dos de los compañeros rusos que habían venido anteriormente y que no eran identificados por el personal cubano como cooperantes nuestros. Se trataba del traductor de Ia ocasión anterior, esta vez acompañado por el político de Ia agrupación. Venían con Ia misión de extenderme una invitación del Jefe del contingente militar para visitar sus instalaciones. Era aproximadamente un jueves. Rápidamente acordamos que el sábado en Ia mañana efectuaríamos Ia visita y que iría conmigo el Director de Ia fábrica de Nicaro, compañero Luis Gálvez Taupier, quien anteriormente había sido Director de Ia Empresa del Cemento y se encontraba trabajando allí como un refuerzo enviado por el Comandante Guevara, dado el ambicioso plan de inversiones de Ia fabrica y Ia lmportancia estratégica del níquel en aquellos días. Todo quedó coordinado con Ia misma facilidad de entendimiento práctico con que habíamos planificado Ia entrega del pan. lríamos sin chofer.

Consulte con Galvez y consideramos oportuno llevarles un presente,que consistió en tres botellas del coñac español conocido como ''Tres Cepas”, que provenían de un viejo remanente de licor heredado del protocolo de Ia casa de visitas.

Llegado el sábado salimos para cumplir con Ia invitación y al arribar al punto de encuentro acordado, allí nos esperaban disciplinadamente los dos compañeros soviéticos que habían estado en Ia oficina. Con ellos tomamos rumbo a Ia carretera de Banes y después de un tramo abandonamos el asfalto, recorriendo una zona virgen y no transitada. Luego de un largo trecho de monte llegamos a una especie de acantilado, con una impresionante pared casi vertical a Ia costa, y un camino que bajaba hacia el mar, llevándonos a una pequeña e irregular explanada de diente de perro, una zona baja que no era visible desde ningún punto exterior de observación. Cual no seria nuestra sorpresa al toparnos de pronto con los enormes cohetes, columpiándose en sus plataformas, con un camuflaje que sólo permitía identificarlos a corta distancia. Allí estaban, con sus dotaciones de soldados soviéticos al frente de cada plataforma. Fue algo inolvidable. 

Allí, con el diente perro como piso, tenían sus casas de campaña aquellos jóvenes. Nuestros guías seguidamente nos condujeron al Estado Mayor de Ia unidad, que no era sino otra tienda de lona donde nos esperaba su comandante, el Mayor Iván Minovich, en quien reconocimos el mismo rostro de quien nos había visitado en aquella primera ocasión en nuestra oficina. Nosotros no salíamos de la sorpresa, mientras ellos, muy contentos y sonrientes, disfrutaban de nuestra expresión de asombro y admiración.

De Ia breve explicación de Ia instalación que nos expusieron, quizás lo único que entendí fue que ellos nos veían a diario, cada vez que despegábamos en nuestros pequeños aviones, un Cessna y un Morava bimotor, para viajar Ia ruta Moa-Santiago de Cuba-Habana en tareas del Ministerio. Obviamente, no éramos el enemigo, pero nos impresiono saber que nos tenían en Ia mirilla, aunque no era de extrañar en un momento en que todo lo que se moviera en el aire podía ser una potencial agresión.

Ante Ia perspectiva de sabernos vigilados por nuestros aliados, Gálvez, tratando de romper el hielo por nuestra parte, les hizo entrega de las botellas de coñac que llevábamos como presente. Presto y sin perder tiempo el político saco cuatro vasos y como si se tratara de un refresco, sirvió Ia primera botella dividiéndola en generosas porciones. Yo mire a Gálvez con preocupación. Tenia úlceras estomacales y llevaba varios días con una dieta solo a base de malanga, pero conocía que Ia costumbre rusa en el brindis exigía devolver el vaso vacío de un solo golpe. El mayor Ivan hizo el primer brindis, en saludo a sus amigos visitantes, y los vasos fueron vaciados de un solo sorbo. Terminado el primer brindis, agradecí el gesto de confianza de invitarnos a visitar su base y expresé que ello nos obligaba a un serio compromiso con esa muestra de confianza; valoré altamente su presencia internacionalista, tras lo cual aproveché para "meter Ia cuña" de que tenía úlceras y que Ia bebida me estaba restringida. Esperaba que los amigos soviéticos reconocieran aquel primer brindis, por mí efectuado a pesar ml enfermedad, como un sacrificio en aras de mostrar mi gratitud y camaradería con ellos, pero no había terminado de hablar cuando con una alegre y jocosa sonrisa que dejaba ver varias piezas de oro, el político, a quien si mal no recuerdo llamaban Vladimir, con gran seguridad me aseguró que esa bebida era Ia mejor medicina para mi padecimiento. Por suerte, pensé en aquel momento, solo trajimos tres botellas, que en efecto, duraron minutos. Ya en el ultimo brindis Vladimir sacó un enorme envase de cristal, que contenía tomates navegando en abundante vinagre. Nos dijo que su esposa se los había enviado recientemente, y entonces vi Ia señal de no tener que beber mas. 

Los temas de conversación, superada Ia sorpresa inicial, versaban alrededor de las permanentes lluvias características de aquella época del año y las cartas de las familias, que hablaban acerca de Ia vida cotidiana en Ia Unión Soviética, los hijos, el trabajo. Mi tranquilidad duró minutos porque ante lo extenso y agradable de Ia charla, Vladimir se ausentó momentáneamente, regresando con una cantimplora enorme. Plástica y redonda, de un tipo que nunca antes había visto. Yo, que daba por terminada Ia odisea de los vasos boca abajo, vacíos de un solo sorbo, tendría una nueva sorpresa. Vladimir esgrimió con genial destreza Ia enorme cantimplora y volvió a llenar los vasos de una bebida blanca. De reojo mire a Gálvez y murmuré una palabra que resumía algo que venia temiendo desde hacia minutos y me preocupaba en aquel momento mas que los cohetes que apuntaban a mi avioneta: Vodka. Haciendo acopio de valor para no producir un desaire a nuestros anfitriones, bebí un nuevo y demoledor trago de aquel supuesto vodka y sentí que algo quemante bajaba por mi garganta. Dos lagrimas se desprendieron de mis ojos y, sin pedir permiso, tomé un tomate a modo de naranja fresca para apagar el fuego de Ia boca. Inferí, sin necesidad de mucho análisis, que estábamos bebiendo algo parecido a lo que en Cuba llamamos popularmente "alcoholite". Ante lo que constituía ciertamente un suicidio, miré de nuevo a Gálvez, buscando no sé qué solución a aquel martirio, pero me di cuenta de que el lo disimulaba mejor que yo: no aparentaba sufrir el cambio y daba Ia impresión de que seguía tomando del ''Tres Cepas”, en lugar de aquel veneno. Ese martirio fue el costo que tuve que pagar por el privilegio de haber visitado Ia base de cohetes que, comprensiblemente, con el mundo al borde de un desastre nuclear, constituía un secreto de los mas reservados.

En las semanas posteriores, estando ya en conocimiento de Ia existencia de esta instalación y con Ia extraña sensación de sentimos observados cada vez que viajábamos en nuestro pequeño avión, aunque guardando en silencio nuestro secreto y sin dar a entender nada al piloto, a partir de aquel acontecimiento tratábamos, desde Ia altura que alcanzaba nuestro aparato, de ver la base soviética imposible, pues el Iugar formaba una especie de bolsón que penetraba dentro del acantilado. Contando además con un magnifico camuflaje, ni desde el aire, ni desde el mar, era posible descubrir Ia instalación, a pesar de que en muchas oportunidades alcanzábamos alturas de regreso de 3000 pies y el humo de Ia fábrica de Nicaro lo divisábamos a casi 30 millas de distancia.

Varias veces comentamos con Gálvez Ia tremenda sorpresa y emoción que habiamos tenido el privilegio de experimentar juntos. Para los dos se trataba de algo unico e inolvidable. Sin embargo no imaginábamos que aqui no terminaba el camino de las sorpresas: El 27 de octubre de 1962 aconteció el histórico derribo del avión espía U-2.

Yo había viajado a La Habana el día 20 de octubre, citado a un despacho con el compañero Orlando Borrego, que se encontraba en funciones de Ministro de lndustrias, por estar el Che movilizado en Pinar del Río al haber alcanzado Ia crisis su punto mas alto de ebullición. Ante Ia amenaza inminente de bombardeo e invasión, Borrego me instruyo el día 22, el regreso inmediato a mis responsabilidades en Ia protección de las fábricas y Ia toma de medidas emergentes en su defensa. Conociendo con mas precisión Ia gravedad de los acontecimientos y previendo Ia movilización y movimientos militares existentes en un país en estado de guerra y plena disposición combativa, como era el nuestro en aquellos días, fue necesario que se me extendiera un salvoconducto, única forma de viajar de manera expedita en aquellas condiciones, dada Ia necesidad que tenia de llegar rápidamente a Nicaro.

En media de este clima de tensión comenzaron a llegar el día 27 de octubre, en horas de Ia tarde, noticias de que algunos trabajadores avisaban que en sus zonas de trabajo o residencia habían caído fragmentos de algún cuerpo extraño, por lo que surgían comentarios acerca de si eran de un avión. El día 28 por Ia mañana, el Jefe de Ia Seguridad de Estado en Ia región, cuyo Centro se encontraba en Mayarí, me llamó por teléfono para que a las 6 de Ia tarde fuera a encontrarme con él, pidiéndome que llevara conmigo a un traductor de ruso que fuera de entera confianza. Para esa misión Gálvez localizó a un ingeniero hispano soviético de apellido Barredo, militante del PCUS y de absoluta lealtad hacia nosotros.

Puntualmente, como fue acordado, a las 6 estuvimos en Mayarí, y de allí nos trasladamos con el Delegado de Ia Seguridad hasta un pequeño aeropuerto agrícola, que estaba en Ia salida de Mayarí para Cueto. Allí estaban depositados una cantidad de fragmentos metálicos acopiados en diferentes lugares de Ia zona. Después de leer las inscripciones en idioma ruso que se conservaban en algunos fragmentos Barredo confirmo que se trataba de un cohete y hasta tenia impresa la fecha en que había desfilado en el acto tradicional en Ia Plaza Roja de Moscú. Incluso recuerdo claramente como era también posible leer Ia fecha en que había sido recargado el misil. Aunque entonces se publicó que el U-2 había sido derribado en Pinar del Río, Gálvez y yo ya en aquel memento sospechamos que el cohete interceptor había sido lanzado en Ia base de nuestro amigo, el mayor Iván.

Aunque muchos aspectos de esta historia hoy se conocen en detalle, y al no existir ya los peligros de que alguna información pudiera ser de ayuda al agresivo enemigo de siempre, hemos considerado útil dejar constancia de esta experiencia que privilegiadamente nos tocó vivir y conocer a Gálvez y a mi.

Han transcurrido cincuenta años de aquellos acontecimientos, tiempo en que siempre mantuvimos Ia duda acerca de quien orientaría al mayor Iván Minovich, Jefe de Ia base soviética de cohetes que contactamos en Nicaro, para Ia ayuda alimentaria que requerían.

Tratando de hacer una reflexión realista y tomando en cuenta Ia poca claridad existente sobre quien dio Ia orden del derribo, en nuestro criterio caben tres posibilidades: Ia orientación de contactarnos pudiera haber partido de Ia máxima autoridad del Ministerio de lndustrias, o del Jefe militar de Ia provincia, pero con mucha fuerza está anclada en nuestras mentes Ia posibilidad real de que fuera una iniciativa personal del mayor Iván, acción que se correspondería con Ia seguridad, valentía política, confianza en sí mismo y audacia personal que caracterizó la decisión tomada por él, en el derribo del U-2, como ha quedado comprobado en las interpretaciones mas recientes de aquellos hechos históricos.

( Tomado de Segunda Cita)

martes, 22 de noviembre de 2016

Habla Camilo Guevara, hijo del Che

Oleg Yasinsky / Desinformémonos
forum@forumenlinea.com

La idea de esta entrevista nació hace varios años en Kiev, capital de Ucrania. Un amigo periodista, Andrey Manchuk, había conocido a Camilo Guevara en un viaje a Cuba gracias a la ayuda del Instituto Cubano de Amistad de los Pueblos. Allí Camilo contó algunas anécdotas de sus estudios en la URSS, demostrando un notable manejo del léxico vulgar ruso, entre otras virtudes. Pensé en lo interesante que sería hacerle un par de preguntas sobre la perestroika y las causas de la caída de la Unión Soviética.

Jamás imaginamos, en esos días, que en nuestra Ucrania se instalaría la nefasta ultraderecha nacionalista; que conocidos y amigos morirían en el proceso; que los libros de Andrey serían prohibidos y él, como muchos ciudadanos honestos, sería amenazado y perseguido.

Entre tanta locura, varios ideólogos nacionalistas afirmaron que el Che Guevara es uno de sus héroes ya que, según ellos, admiraba a la guerrilla nacionalista ucraniana y hasta aprendió de ella. Sentí eso como un agravio personal. Tuve ganas de hablar urgente con alguien de la familia del Che para que respondiese a esa infamia.

Tiempo después, invitado a Cuba por unos amigos luchadores por la paz colombianos, me acordé de esto y escribí a Camilo. Luego, tras unos cafecitos en su trabajo, en el Centro de Estudios Che Guevara, pensé que sería bueno convertir esta conversación en una la entrevista y abordar no sólo la situación ucraniana, sino la de la izquierda latinoamericana y mundial.

Así se gestó esta conversación realizada por correo electrónico, la que seguramente será un testimonio más de este confuso momento histórico, tan distante todavía de nuestros sueños. Siento estas palabras no sólo como opiniones, sino también como posible material de construcción de puentes entre los tiempos y los mundos, hoy fragmentados por el neoliberalismo.

Ernesto Guevara, padre del entrevistado –y tal vez también de una generación entera de quienes supieron despertar, soñar despiertos y poner sus vidas y sus muertes por un mundo mejor, sin pedir nada a cambio– es una de esas pocas personas que, sin alcanzar muchos éxitos tangibles en su momento, han logrado alumbrar a la humanidad con una luz que nos queda para siempre.

José Martí dijo, en un artículo escrito en el exilio, que “patria es humanidad”. La mirada de Camilo Guevara nos parece un importante aporte en la construcción o el rescate de esta patria, porque simplemente le tocó, además de ser hijo del Che, ser un hijo común de un pueblo tan especial como el cubano. Es común, porque muchos en esta isla siguen caminando en esta dirección y tal vez es lo único que realmente importa.

Camilo, viviste y estudiaste en la URSS, ¿cuáles fueron los momentos y experiencias que más te marcaron durante esa estadía?

–El primer encuentro con Moscú fue muy especial, nunca se me ha borrado, y mira que tengo mala memoria. También fue el primer viaje fuera de mi país, estaba un poco eufórico, aunque creo que no se notaba.

Lo que conocía hasta entonces de la Unión Soviética era por medio del testimonio de otros y la información obtenida en los medios, sumado a algo de la literatura soviética y pre soviética, principalmente rusa, y muchos filmes y documentales. Incluso, llegué a tener profesoras de ruso cuando estudiaba en los Camilitos. Todo esto era como un reflejo, algo etéreo. Nunca había estado en Rusia, y realmente tenía una imagen muy edulcorada e irreal de ese gran país.

Llegué a Moscú en septiembre del 81, con apenas diecinueve años. Tú sabes lo que eso implica. Estaba lleno de aspiraciones, algunas mundanas, otras más elevadas. Esa noche fue fresca, casi fría, y al respirar el aire de Moscú tuve una rarísima sensación. Tenía una idea cercana de cómo debían ser las cosas, esas que se pueden tocar y ver, pero me faltaba probar los olores, respirar el aire, sentir las estaciones. La llegada de nuestro grupo no fue para nada interesante. Más bien pasamos inadvertidos, sin bombos, ni platillos. Sin embargo para mí fue, como ya dije antes, muy especial.

Después tuve momentos muy gratos, que recuerdo con calidez. Vivencias que marcan mucho. Un sinfín de cosas que si no las hubiera vivido seguro sería hoy otra persona.

Siento un gran afecto por aquel pueblo que fue tan hospitalario, solidario y cariñoso con los cubanos. Su historia, su literatura, su arte me son caros. Siento como míos sus fracasos y victorias. Los llegué a querer como a los propios.

La restauración del capitalismo en los países de la ex Unión Soviética ha sido una sorpresa para toda mi generación. No sabíamos que, ya a principios de los 60, el Che advertía sobre este riesgo. ¿Ha sido una sorpresa para ti lo que pasó?

–Sí, porque los pronósticos, por muy bien fundados que estén, dependen del resultado de un millón de factores. Estamos hablando de una gran nación que desarrolló una revolución autóctona y épica contra viento y marea. Que venció las hordas nazi-fascistas a costa del sacrificio de su pueblo, haciéndole un favor impagable a la humanidad. Los soviéticos realizaron hazañas de diversa índole y en infinidad de campos. Soy de los que creen que ni los críticos o enemigos más objetivos o viscerales de la URSS se esperaban algo así. Siempre tuve la convicción de que no había fuerza capaz de destruir tan enorme obra. Subestimé la burocracia política, la acumulación de errores y la influencia capitalista en la mentalidad de algunos dirigentes.

Se precipitó una avalancha que estuvo acumulando energía por mucho tiempo. El descrédito creciente del proyecto socialista soviético y de un aletargado Partido Comunista, alimentó el escepticismo reinante y trajo, como consecuencia, una desidia suicida. Pienso, aunque no sirva de mucho, que en este caso en particular hubieran podido solucionarse ciertas cosas yendo por un camino diferente. Todo esto queda en la especulación. Aun así soy de la opinión de que, efectivamente, se podía y se debía transformar, pero sin caer en el caos.

El Che lo que advertía era que en la URSS ya se estaba conviviendo con el capitalismo. Ante todo, trataba de prevenir a los revolucionarios de esta situación, porque veía que ese estado de cosas podía hacer reversible el intento de crear una sociedad más justa y humana. Entendía el daño que esto podía traer para las fuerzas progresistas a nivel mundial. Al fin y al cabo, la Unión Soviética fue el gran referente ideológico para muchos por mucho tiempo.

¿Cuáles crees que fueron las principales debilidades o contradicciones del socialismo soviético que posibilitaron su derrumbe? Dentro de la izquierda postsoviética se suele reducir la cuestión a la discusión entre el trotskismo, el estalinismo y la crítica a éste último, pero, ¿existirá algo más de fondo?

–Yo creo que todavía hay que hacer un análisis lo más científico posible. Es decir, despojado de cualquier atisbo de sentimentalismo o afinidad ideológica para llegar a un resultado más o menos preciso. No abogo por que se aborde este tema sin perspectivas militantes o de clase, eso es imposible, sólo pido que se vea como una experiencia que se debe desnudar, radiografiar, auscultar hasta el último e insignificante pedacito para descubrir las raíces de lo que estuvo mal o bien, porque esa experiencia es, quizás, en una versión mejorada, la única forma que existe de salvarnos como especie.

¿A quién le toca esa responsabilidad? Simple, a los que están convencidos de que el capitalismo es barbarie y que es un momento histórico que se debe superar. Muchos pensaron que el socialismo era la solución pero, ¿cuál socialismo? No es el mismo el que empezaron los bolcheviques con Lenin, que el de los soviéticos con Stalin. O el vietnamita, el chino o el cubano. El socialismo se ha adaptado a las características de cada lugar ora mostrando deslumbrantes avances, ora desalentadores retrocesos, por tanto puedes encontrarte una gama muy amplia de opciones, tanto que sería lícito preguntarse, si alguno o, tal vez, todos, nunca han llegado a ser tal, sino un pálido reflejo de lo que se pudiera obtener. Por lo tanto, encuentras una gama muy amplia de opciones que, probablemente, apenas constituyan un formidable esfuerzo que no llegó a florecer en su totalidad. Es decir, hay que depurar cada experiencia, sin temor. Deberíamos discernir qué estuvo bien y que no, teniendo como base al humanismo revolucionario y los valores que nos hacen nobles. Tenemos el deber de convertir las nuevas experiencias en algo cien por ciento positivo, que es como podrían funcionar y perdurar en el tiempo.

Si todo se redujera a una simple discusión entre trotskistas y estalinistas, hallar la solución sería relativamente fácil. Me temo que el asunto es mucho más complejo. Pasa por solucionar un cúmulo inmenso de interrogantes económicas, psicosociales, políticas, en fin, de todo tipo, que amenazan el normal funcionamiento de una nueva sociedad, que para colmo, en sus profusos intentos de formación nunca pudo dormir en un colchón de pétalos, sino más bien de espinas, asediadas de un aluvión de dificultades y urgencias de muy compleja salida. Así y todo, de las experiencias en cuestión, hay mucho de lo que se puede estar orgulloso.

No obstante los evidentes reveses, debo decirte que no hemos sido testigos del fin. Se desarticularon ciertas experiencias porque se alejaron de la esencia. Pero se darán nuevas revoluciones. Algunas repetirán errores, otras serán mejores. Así, poco a poco, llegaran las verdaderas. Creo, sinceramente, que las respuestas pueden encontrarse por diferentes caminos, porque cada caso será peculiar, aunque deberán cumplir algunos parámetros imprescindibles, como ser alternativa al capitalismo, tener espíritu de comunidad, ser profundamente humano, ser solidario, noble y justo, ser racionales, etcétera.

La ultraderecha nacionalista ucraniana, que tomó el poder en Kiev, en múltiples publicaciones y en su discurso oficial ha asegurado que el Che fue un admirador de la guerrilla anticomunista del Ejercito Insurgente Ucraniano (UPA), aprendió de ellos la táctica, en la batalla por Santa Clara fue asesorado por ellos y hasta invitó a su líder Stepán Bandera para participar en la lucha contra Batista. Creo que sería importante que lo comentaras.

–Eso es absolutamente improbable y burdo. Claro que no es ingenuo. Se trata de utilizar el poder de convocatoria del símbolo que representa el Che en beneficio para la reacción. Lamentablemente hay mucha gente crédula dispuesta a creer cualquier estupidez sin detenerse ni un segundo a pensar. Esto lo saben muy bien los reaccionarios y se aprovechan de ello.

Esto no es casual ni aislado. Me contaron una vez que en una manifestación neofascista, en Italia, aparecieron pancartas con la imagen del Che. Yo, creyendo que era cosa de la izquierda para enfrentar dicha manifestación, le pregunté a mi interlocutor “Se formó tremenda bronca, ¿no?” Él me sacó del error diciéndome que los fascistas habían llevado las pancartas como parte de su identidad, de su liturgia. Eso en parte es fruto del constante intento de separar la historia y el pensamiento del Che de su imagen, la que ha tenido una divulgación muy peculiar y universal.

Es frecuente este tipo de maniobra táctica. Confundir es una herramienta muy eficaz para acercar a su orilla a las masas, que son las que determinan el curso de los acontecimientos. Suelen ser inescrupulosos y burdos, el fin justifica los medios. Con el pasar del tiempo es posible, logren o no sus objetivos, que aclaren cínicamente que la mentira era necesaria por un bien mayor. Y probablemente ese bien mayor y común termine esclavo en las manos, como es costumbre, del pequeño grupo de privilegiados.

No critico el sentimiento genuino de alguien por su tierra. Es algo que, a ésta altura del desarrollo de la civilización, es natural. Los cubanos conocemos muy bien esto. También hemos visto “patriotas” que, con tal de enfrentar el supuesto mal que acecha a la patria, se entregan en cuerpo y alma al primero que les prometa villas y castillas. Y, de ser necesario, entregan a la patria también.

Siempre hemos sido muy celosos de nuestra soberanía e independencia. Son cosas sagradas por la que murieron muchos cubanos a través de los siglos. Esto nos hace ser lo que somos hoy. Un insigne del siglo XIX fue el querido general mambí Antonio Maceo, conocido como el Titán de Bronce. Lo traigo a colación porque imagino que su entereza y sapiencia pueden ser útiles para los ucranianos, a pesar de las grandes diferencias que nos separan. Maceo dijo, ante la posibilidad de que Estados Unidos nos “ayudara” en la lucha contra la Metrópoli española, que era contra quien combatían los cubanos en aquellos momentos: “todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos, mejor es subir o caer sin su ayuda, que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”. A la OTAN no le importan la independencia ucraniana ni los ucranianos. Están expectantes porque necesitan esa plaza por sus riquezas y posición geográfica, y si se las dejan en las manos, verán qué difícil será sacarlos de allí. O saldrán cuando la dejen en tan mal estado que sea imposible reconstruirla en corto plazo, lo que traería muchos males al pueblo ucraniano. Ojalá aprendan de Irak, Libia y Siria.

Me impresiona y conmueve el cariño que todavía, y a pesar de la traición de los líderes de la perestroika, tienen los cubanos hacia nuestros pueblos, que para ustedes siguen siendo el pueblo soviético. ¿Como ves los últimos acontecimientos y la actual guerra en Ucrania? ¿Cómo ha sido posible?

–Siento a veces una gran impotencia viendo cómo se manipulan los sentimientos de una nación en beneficio de los imperios. Es evidente que la guerra en Ucrania es contra Rusia. Puede ser muy molesto para un patriota verlo o que otros lo vean así, pero es la verdad. Al menos es como yo lo percibo.

Toda esa zona que ahora puede estar dividida por fronteras fue la cuna de las tres naciones eslavas que, en su época, se unieron a las repúblicas soviéticas. Sus relaciones datan de mucho antes de constituir, según el caso, un imperio o un país. Sus sangres y culturas están mezcladas. Han sido mucho más tiempo aliados, hermanos, que oponentes o adversarios. Por esto y otros factores políticos e históricos, no puedo entender como permiten que intereses foráneos los contrapongan.

Hubo un instante post soviético donde existió un equilibrio frágil, pero equilibrio al fin, entre fuerzas que veían la solución a sus problemas en puntos cardinales opuestos. Haciendo una labor de zapa, el occidente, llamémosle así, aunque no es exacto el epíteto, fue confabulándose con sus acólitos regionales para cambiar el estado de cosas y dar un golpe de estado. Inmediatamente empezaron a intentar aplastar la posible reacción con terror, con propaganda nacionalista, racista, campañas al estilo fascista. Como resultado estalló la caldera, y con ello se dieron las diferentes propuestas de las poblaciones en estos territorios en pugna. Incluso se proclamó la independencia de algunos.

El llamado nacionalismo es un extremismo dañino que alimenta las más bajas pasiones. No es casual que fueran aliados de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, ni que sus discursos y propagandas sean tan retrógradas. No tienen nada que aportar a los valores positivos que han sido reconocidos universalmente.

Rosa Luxemburgo, pienso que injustamente, culpaba a Lenin por haber creado el nacionalismo ucraniano. Es evidente que llegaron a constituir gobierno por la independencia que le llegó a Ucrania, dada la expresa voluntad de los revolucionarios bolcheviques encabezados por Lenin. Ella, una voz autorizada por ser polaca, revolucionaria y una muy lúcida intelectual (vivió y fue asesinada en Alemania), decía, en otras palabras, que los ucranianos nunca habían tenido un estado propio y que era innecesario crearlo artificialmente. Mejor era aprovechar la circunstancia para sumar ese territorio, en el que convivía una nación de origen étnico e idiosincrasia eslava, a Rusia que, como se sabe, estaba en revolución. Lenin no aceptó la idea porque una revolución no puede pasar por alto la voluntad de un pueblo, de una nación. Si esto sucedía tenía que ser notoriamente democrático. Y fíjate que Ucrania era tan importante para los revolucionarios rusos que Lenin aseguraba que no podían crearse las condiciones propicias para fundar el socialismo sin la cuenca de Donetsk, y se conoce bien el papel estratégico que jugaba toda Ucrania en las guerras desatadas contra Rusia. Aun así decidieron darle la independencia.

Más allá de cualquier otro análisis, el hecho cierto es que hoy son un estado por aquella circunstancia, y no se ve la menor señal de que los rusos puedan cambiarlo o de que estén interesados. De lo que menos precisan los rusos es de tierras. Sí seguridad, y eso se resuelve con pactos, con buena voluntad. Por lo tanto, no entiendo como un verdadero patriota puede apoyar este conflicto torpe que, además, puede generar incalculables consecuencias para toda la zona. ¿No sería más beneficioso tratar de llegar a acuerdos sensatos, con el fin de distender los ánimos? Estoy seguro que toda la comunidad internacional, la rusa y gran parte de la nación ucraniana lo verían con buenos ojos. Me refiero, sustancialmente, a los pueblos, ya que es conocido el interés de ciertos poderes y de sus representantes locales por acercar la guerra a las fronteras rusas.

Este tipo de problemas no se resuelven fácilmente. Se necesitan tino y paciencia. Hay que llamar a la cordura. Hay que estar dispuesto a abrazar con las manos limpias, sin dagas escondidas. Cuando se desatan las pasiones más insanas se cometen tantos errores y crímenes que importará poco quién tuvo o no la razón. El daño ya estará hecho, y las principales víctimas serán el pueblo ucraniano y el ruso. Nunca se debe olvidar algo que en Cuba se le dice mucho a los niños: “el que empuja no se da golpes”.

Tomado de Forum

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