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lunes, 30 de octubre de 2017

La migración cubana: los árboles y el bosque



Foto: Kaloian.

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30 octubre, 2017 

Por:


Julio César Guanche, On Cuba

El pasado 28 de octubre el canciller cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, anunció en una reunión con cubanos residentes en EE.UU. nuevos cambios a la política migratoria cubana. El ministro los enmarcó en una doble temporalidad: dentro del largo plazo – “paulatino” – de revisión de esa política, iniciada en 2012; y en el tiempo coyuntural de una respuesta desde Cuba a los cierres que ha impuesto en este campo la administración de Donald Trump. Como colofón de su intervención, el ministro cubano anunció: “Cuba abre”, con lo que desató una tempestad de euforia en unos y de indiferencia en otros, en el tan polarizado debate cubano sobre el tema migratorio.

La celebración cuenta con razones lógicas: el anuncio elimina el requisito de la habilitación del pasaporte –a través del cual sobrevivía para los emigrados el permiso de entrada eliminado en 2012, y que en ocasiones encarecía más aún el pasaporte–; permite entrar al país por mar –ya no solo a través de cruceros, lo que amplía las posibilidades de viaje marítimo–; autoriza el ingreso al país a quienes salieron ilegalmente –lo que beneficia a “balseros” y otros casos aislados–; y eliminó el requisito de avencidamiento para solicitar la ciudadanía cubana por nacimiento a descendientes, nacidos en el extranjero, de padre y / o madre natural de Cuba –lo que agiliza y reduce costos del proceso.

El escepticismo, la indiferencia, e incluso la denuncia de ser “más de lo mismo”, tienen también sus razones propias. Primero, celebrar el restablecimiento de derechos es algo que debe hacerse con cierta distinción, pues no son favores sino obligaciones estatales. Segundo, las medidas se anuncian dentro de un proceso “paulatino” que no se compromete con contenidos específicos (se van “soltando” medidas a discreción) ni con cronogramas transparentes. Tercero, los cambios podrían ir más lejos, pues mantienen la obligatoriedad de la prórroga y el precio de los pasaportes –uno de los más caros, si no el más caro, del mundo–; la obligación de entrar cada 24 meses al país de origen –del cual se es ciudadano–, y conservan múltiples excepciones, como la interdicción de hasta ocho años para los que abandonaron misiones oficiales. Un cambio importante sería la unificación bajo una sola condición de ciudadanos residentes en el exterior de todas las formas tipificables de migrantes.

Los aprobados no son, sin embargo, cambios “cosméticos”. El requisito de avencidamiento data nada menos que de ¡1944! Toda la legislación cubana desde entonces ha colocado como criterio rector para la adquisición de ciudadanía el requisito de residencia. Luego, no es un cambio menor su exclusión, pues modifica una sostenida –y vista desde hoy quizás “arcaica” – tradición jurídica, que se mantiene en otras zonas. Por ejemplo, en la Ley Electoral vigente, que coloca la residencia como requisito habilitante para el voto, por encima de la condición legal de ciudadanía.

Por otra parte, la mayor facilidad para adquirir la ciudadanía abre más puertas al derecho sucesorio, cuando desde la Ley No. 989 de diciembre de 1961 hasta 2011 –una friolera de 50 años– se dispuso “la nacionalización mediante confiscación a favor del Estado cubano, de los bienes, derechos y acciones de los que se ausenten con carácter definitivo del país.” Con la nueva medida –continuando y facilitando lo aprobado en 2011 y 2012– los nacidos fuera de Cuba, de padres cubanos, que adquieran la ciudadanía cubana, pueden heredar propiedades familiares. Para los que estén en ese caso, tampoco luce como un tema menor.

En las reacciones frente al anuncio ha sido señalado menos, y forma parte del asunto, que no existe ley de Ciudadanía en Cuba. Es un hecho francamente singular. Tanto en los 1980, como en 1990, se hicieron sendos borradores de ley, nunca aprobados. Desde 1982 –han pasado 35 años hasta hoy– hemos escuchado frases como esta: “Sabemos que en la actualidad las Comisiones de estudios jurídicos de la Asamblea Nacional se encuentran trabajando en un proyecto de ley de Ciudadanía que sin duda recogerá las realidades actuales, pero es el hecho cierto de que todavía esta actividad está regida por el Decreto 358 de 1944, lo cual provoca no pocos inconvenientes.”

Ningún país del continente tiene, como Cuba, vigente (parcialmente) un decreto de 1944 sobre el tema (Reglamento de Ciudadanía). Esa norma es preconstitucional y cuenta con gran cantidad de artículos materialmente irrealizables, como los que regula que “jurarán también que se encuentran en posesión del estado político de ciudadano cubano y que residen habitualmente en Cuba, y esto último lo probarán con el informe de vecindad expedido por el Alcalde Municipal de su residencia o por el Capitán de la Estación de Policía de su demarcación si residiere en la ciudad de La Habana”. En este punto, la crítica a lo “paulatino” del proceso está más que justificada.

La carencia de ley de ciudadanía, cuya existencia ordena la Constitución desde 1976, provoca un enredo extraordinario, y la falta de un marco claro, estable y consolidado sobre tan sensible tema. Entre las causas más comúnmente señaladas para explicar la ausencia de esta ley –a falta de justificación oficial– se encuentran la de mantener la obligación para todos los nacidos en Cuba de entrar al país con pasaporte cubano, para que así quede obligado por el derecho nacional durante su estancia en el país (sin poder invocar alguna otra ciudadanía, y sus derechos respectivos, en caso que la posea), y la recaudación por parte del Estado de los elevados costos de la conservación del pasaporte cubano y de su vigencia.

El artículo 32 de la Constitución vigente dejó libre al legislador la definición de las causales de pérdida de ciudadanía; mantuvo la reserva de ley para su recuperación; especificó que no se admite la doble ciudadanía, pues en caso de adquisición de una extranjera, se perderá la cubana; y admitió el derecho a cambiar de ciudadanía. Sin embargo, al no existir ley de ciudadanía no existe actualmente procedimiento regular para su cambio. A todos los efectos nacionales, solo se reconoce la ciudadanía cubana, y no se hace cumplir ese derecho consagrado en la Constitución.

La imposibilidad práctica de cambiar de ciudadanía ha sido objeto de una interpretación, como la que sostiene la profesora Martha Prieto, que asegura que se reconocen “dos ciudadanías”, pero no la “doble ciudadanía”. Significa que, al reconocerse “dos” ciudadanías, se acepta la existencia de una ciudadanía extranjera, sin que por ello se pierda la cubana, pero la extranjera no surte efectos dentro de Cuba, cosa que ocurriría en caso de aceptarse la doble ciudadanía.

Un tema reciente activó este asunto: la concesión de la ciudadanía española por naturalización a cubanos residentes en Cuba que aplicaban a sus condiciones, por la española Ley 52/2007, de 28 de diciembre, o “Ley de la Memoria Histórica”. De las más de 500 mil solicitudes hechas en todo el mundo para esta Ley, 40,7 por ciento de ellas fueron de cubanos, el país con mayor número de solicitudes, seguido de Argentina, con 25,5 por ciento. En su caso, los que han obtenido ciudadanía española por esa vía, lo hicieron desde Cuba, y siguieron manteniendo la ciudadanía cubana.

La única norma existente de modo transparente sobre el tema, y que se cumple en la práctica, no es de naturaleza estatal, sino partidista. La normativa interna del Partido Comunista de Cuba (PCC) que según la Constitución “es la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado” (art. 5), establece que solo “Excepcionalmente podrán admitirse en el partido a ciudadanos cubanos que ostenten, además, otra ciudadanía”. En consecuencia, los adquirentes de la ciudadanía española por la Ley de Memoria Histórica, si eran militantes del PCC, perdieron esa condición, y mantuvieron la ciudadanía cubana. O sea, el PCC cumple la Constitución, pero no lo hace, en este punto, el Estado cubano.


Foto: Kaloian.

Lo antes descrito es una breve muestra de los problemas que encara la concepción “paulatina” de la reforma migratoria. En mi opinión, es más deseable una concepción integral. Con ella, se puede celebrar con distinción cada paso coyuntural –como los de ahora y, en el futuro –ojalá que inmediato–, la tan demandada eliminación de las prórrogas del pasaporte y la eliminación del límite de 24 meses para entrar al país. También, se podría apreciar cómo se insertan dentro de un horizonte que permita ver el bosque completo –y hacer deseable su visión. Es probable que una política así concebida genere no solo más consensos hacia la política en curso, sino más beneficios conjuntos para el Estado y para sus ciudadanos.

Para ello, dar cuenta de la realidad de Cuba como un país trasnacional es esencial. En el campo artístico y cultural, la idea de Cuba como un “aleph”, elaborada por Ambrosio Fornet, se ha abierto paso desde los 1990 para legitimar la producción cultural allende los mares como cubana, como coproducida por compatriotas; pero ese tipo de comprensión moral sobre qué es “lo cubano” hoy, ha avanzado con mucha dificultad y lentitud hacia otros campos, como el que nos ocupa.

En 1937, Enrique Gay Galbó hablaba del “mosaico de nuestra población”, refiriéndose a la inmigración de cientos de miles de personas que llegaron hasta esa fecha a Cuba: “Una de las anomalías de nuestro panorama jurídico en que no tenemos leyes propias de un país de inmigración, por las que nadie se ha preocupado”. Ochenta años después la situación es por completo diferente: Cuba es un país de migrantes y es preciso legislar en función de esa realidad.

En los últimos cincuenta años han emigrado más de 2 millones de cubanos a más de 160 países, lo que sitúa la Isla en la mitad de la tabla de los países emisores de migrantes. Dar cuenta de esa realidad no es solo legislar “poquito a poquito” quitando trabas, sino procesar maneras de reconocer a la población migrante plena membresía nacional, reconocerles un lugar en la consecución del desarrollo económico y social de Cuba y abrir –aquí sí no queda otra que “paulatinamente”, si queremos ser mínimamente realistas– un proceso de reconocimiento de derechos políticos y de mecanismos propios de representación de las diásporas con capacidad de intermediación política.

Por todo ello, no debería ser este un tema que esté conectado reactivamernte a los cierres de Trump –y a la debida y legítima reacción frente a sus infames políticas y a la justa denuncia del bloqueo. Debería corresponder a la migración patriótica en los EE.UU. disputar toda decisión oficial que afecte a la nación cubana y a sus ciudadanos; pero corresponde al Estado cubano y a todos sus ciudadanos, dondequiera que estén en este ancho mundo, abrir este campo como una necesidad nacional, encuadrada en un marco político de derechos, y dentro de un marco moral de relación con los migrantes, que ofrezca a todos sus ciudadanos el rostro más amable de su nación.

martes, 23 de agosto de 2016

Cubanos y punto


Foto: Kaloian 23 agosto, 2016 Arturo López-Levy 








La participación de más de una docena de deportistas cubanos compitiendo por otras naciones en las Olimpiadas de Río de Janeiro ha elevado en el debate público una de las carencias más importantes de la reforma migratoria cubana de 2013: la cuestión de la doble nacionalidad.

Aquellos cambios aportaron progresos sustanciales en el tratamiento del gobierno cubano a la migración de sus nacionales y su relación con su país de origen. Pero el alineamiento de la política cubana con los estándares internacionales de derechos de viaje recogidos en el sistema de derechos humanos de las Naciones Unidas fue insuficiente.

La puesta en marcha de la reforma migratoria en 2013 puso en evidencia la necesidad de cambios ulteriores. Desde su concepción, mejoró los derechos de viaje de los cubanos residentes en la Isla sin desmontar el trato discriminatorio hacia los nacionales que habían emigrado antes de esa fecha.

Ese tratamiento desigual, con impuestos abusivos escalados para gestiones de pasaporte y regulación del regreso a Cuba, como país de origen, está reñido no solo con los estándares internacionales de derechos humanos, sino también con importantes principios constitucionales del Estado cubano, que se proclama desde su nombre como una “República” y reconoce la igualdad de los ciudadanos ante la ley y el respeto a la dignidad plena del hombre como culto cívico.

En un contexto en el que la población cubana tiende al envejecimiento y el decrecimiento y la sociedad cubana se hace más transnacional y plural, los avances efectuados expusieron aun más la contradicción entre la animosidad ideológica de los sectores más conservadores de la oficialidad hacia los que habían optado por su cuenta y riesgo emigrar, y el interés nacional cubano, que es mantener la relación más fluida posible con esa población.

Para poner un ejemplo: es evidente que la participación cubana en los Juegos Olímpicos o en los campeonatos internacionales de béisbol, voleibol, atletismo, y otros deportes se beneficiaría de una política más abierta a la inclusión en los equipos nacionales de cubanos residentes en otros países o que hayan adoptado otra nacionalidad.

Además del prestigio internacional y la alimentación del orgullo nacionalista –ganancias intangibles importantísimas–, habría también beneficios económicos directos de una política fiscal sensata hacia los ingresos alcanzados por los deportistas, como resultado de su esfuerzo personal y talento, así como de subsidios aportados por sus connacionales, y políticas dirigidas a promover el deporte en la Isla.

Todas esas liebres saltaron a raíz de la hazaña deportiva del vallista Orlando Ortega, cubano que ganó medalla de plata en la carrera de 110 metros con vallas bajo la bandera española. Al terminar la carrera Ortega declaró entre llantos que le habían ofrecido la bandera cubana “pero estaba buscando la de España como loco”.

A raíz de esto, algunos observadores trajeron a colación unas afirmaciones del periodista cubano Randy Alonso de la Mesa Redonda, voz cercana a la posición oficial, en las que calificaba a deportistas nacidos en Cuba que competían bajo otras banderas como “ex cubanos”.

La condición nacional no se pierde ni al emigrar de Cuba ni al adquirir otra ciudadanía, ni al desobedecer al gobierno comunista. Desde el punto de vista del sistema internacional de derechos humanos, existe un derecho inalienable de retornar al país de origen. El Comité de Derechos Humanos de la ONU, a cargo de manejar la implementación del Convenio Internacional de Derechos Civiles y Políticos ha establecido que “país de origen” no se limita a país de ciudadanía. Incluso en casos en que la adopción de otra ciudadanía implicase la pérdida de la de nacimiento, la nacionalidad de origen no se pierde, manteniéndose el derecho de “entrar y salir” del país de nacimiento sin limitaciones, acorde al artículo 12 de ese convenio.

El propio gobierno cubano tiene un largo récord de tratar como ciudadanos propios a todos los nacidos en el país, cualquiera fuese su condición legal en el exterior. El gobierno cubano ha exigido pasaporte cubano para viajes a la Isla a todo cubano emigrado después de 1970. Incluso en esos casos, ha emitido ese documento a personas emigradas con anterioridad a esa fecha que así lo decidiesen, incluyendo aquellas envueltas en casos explícitos de hostilidad a la soberanía del país.

En lugar de repartir descalificaciones de excubanidad hay asuntos más útiles al interés nacional: ¿Qué hacer para que menos cubanos emigren? ¿Qué hacer para que el capital humano desarrollado en las décadas revolucionarias de inversión en la educación y enriquecido por experiencias de vida en el exterior se revierta en oportunidades para Cuba? ¿Cómo dar continuidad real y sustantiva a los diálogos entre las partes de la nación cubana en la Isla y su diáspora patriótica para que la participación económica y política de los emigrados en el deporte, la cultura, el debate público y la vida de la nación sea canalizada de forma constructiva y armoniosa a la soberanía, el prestigio y los intereses nacionales?

En relación a la doble ciudadanía, se impone una reflexión realista sin falso chovinismo ni doble moral. Hoy hay centenares de miles de cubanos que tienen además de la cubana, otra ciudadanía. A Cuba le conviene que sus emigrados adopten la ciudadanía de los países donde residen, sin perder la suya. Así, en plenitud de derechos pueden aportar más a la relación bilateral con su país de origen, sin quedar a merced de posturas anti-inmigrantes.

¿Por qué no reconocer la doble ciudadanía explícitamente, como apunta la tendencia en las naciones emisoras, tratando a los cubanos solo como tales para asuntos referentes a su patria de origen, sin descalificarlos de ningún derecho o tratamiento igualitario en razón de portar otra ciudadanía?

Por su parte Orlando Ortega tuvo la oportunidad de ser un buen cubano, un buen español, un buen ciudadano del mundo en el siglo XXI, cuando millones de personas viven múltiples identidades al emigrar, y optó por rechazar la bandera de la estrella solitaria. Sus argumentos para rechazar la bandera cubana por agradecimiento a España carecen de asidero. ¿Es que no tiene nada que agradecer a Cuba, el país donde nació y lo formaron como deportista, al punto que bajo esa bandera que rechazó fue a competir a las olimpiadas de Londres?

En la segunda década del siglo XXI hay precedentes suficientes de deportistas como la jamaicano-estadounidense Marion Jones que portaron banderas juntas y agradecieron a los múltiples países de los que vienen. Ortega tuvo la oportunidad de ser grande y pasar por encima de las miserias. La desperdició.

No dudo que el gobierno cubano haya cometido injusticias con el vallista Ortega, como lo ha hecho la oficialidad cubana con muchos en múltiples ocasiones. La política deportiva cubana post-revolucionaria tiene también indiscutibles méritos, al convertir a la Isla en una potencia deportiva. En cualquier caso, Cuba es una nación, un país, una historia, un proyecto martiano-nacionalista, una cultura de la que –como dice la canción del grupo Buena Fe– “nunca te irás del todo”, o mejor dicho, nunca te irás. Porque el emigrado la lleva consigo, no importa lo que digan los que nos quieren descalificar. El INDER, el gobierno cubano, sus políticas y representantes son parte inseparable de Cuba, pero la nación cubana es mucho más que eso; y no responde a una sola manera de pensar ni a un espacio físico concreto.

La bandera cubana, la adorada en los versos de Bonifacio Byrne y Enrique Hernández Mijares, representa a la nación toda; a los cubanos patriotas que viven dentro o fuera de la Isla y que en días de Olimpiadas celebran juntos cada medalla ganada por un cubano.





miércoles, 13 de julio de 2016

Cuba no es un país normal

Por Harold Cardenas, El Toque

Cuba es un país atípico pero ¿debería aspirar a ser normal? ¿Qué es un país normal en América Latina? Quizás el objetivo sea ser extraordinarios.

Una noche intenté enamorar una chica europea en la bahía de Matanzas. Caminando por la arena, con los pies descalzos, me dice: “en España estaría preocupada de pincharme con la aguja de un adicto, no se puede hacer esto”. Entonces le hablé de nuestra tranquilidad ciudadana y cómo esto contradecía la imagen que ella tenía de Cuba, en realidad nunca fui bueno bajando muela. Esa noche me llevé varias victorias y una de ellas fue convencerla de que lo normal está sobreestimado, toca ser extraordinarios.

Si le preguntas a muchos cubanos qué quisieran tener, te dirían que lo normal: comida rápida, Internet y básicamente todo lo que ven en las películas de Hollywood. Si hacemos el mismo experimento con un dominicano, un guatemalteco o un salvadoreño, fácilmente responderá mencionando educación, salud pública y otras cosas que ya tenemos en Cuba. Las aspiraciones pueden ser muy distintas, por lo general los seres humanos damos por sentado lo ya alcanzado.
Hoy somos un país atípico
Esta islita tiene cosas “anormales”, algunas maravillosas y otras lamentables. Nacer y estudiar en Cuba es algo bello, te formas en una sociedad saludable donde recibes una preparación al nivel del primer mundo, ¿y entonces? Somos una fábrica de profesionales que han educado medio planeta, han informatizado América Latina y los continuamos exportando por decenas de miles, la mayoría sin regreso hasta el momento. Una vez graduados de la universidad, no tenemos con qué pagarles, no sabemos qué hacer con ellos. Es lamentable y ya casi nos parece normal.

Recuerdo a mi amigo Otto, que estudió física nuclear y al graduarse estuvo haciendo rayos X en un hospital, nunca me atreví a criticarle su decisión de marcharse a Europa.

Situaciones como esta son tristes, hipotecan el futuro pero no son definitivas. Lo importante es encaminarnos hacia una construcción que permita el desarrollo nacional y quizás un día veamos muchos de los emigrados regresar. Si queremos ser un país normal, habría que ver cuáles son los criterios de esa supuesta normalidad, si queremos ser Suecia, Uruguay o República Dominicana. En lo personal, preferiría no ser ninguno sino nosotros mismos, en un camino socialista que amplíe sus bases democráticas.

Lo normal en la región es el narcotráfico, la corrupción desfachatada (la nuestra es más sutil, aunque preferiría que no tuviéramos ninguna), el pandillismo, los altos niveles de violencia y una brecha social que haría la nuestra palidecer de vergüenza. Ese no puede ser el rumbo a tomar, aunque algunos incautos con tal de comer en McDonald se lancen allí irresponsablemente. Cuba debe salvar sus conquistas y encaminarse urgentemente a lograr otras.

Lo normal en Cuba también es tener que conectarse a Internet en un parque público, recibir mal servicio en casi todos los establecimientos que no son a precios astronómicos, irritarse con el transporte público, frustrarse con los funcionarios públicos que no rinden cuenta de su gestión (que son todos) y aún así comprar el periódico con la esperanza de que la prensa empiece a cambiar ese día. Estas son algunas de las cosas que evitan seamos ese país extraordinario, al que nos trataron de conducir Martí, Mella, Guiteras, el Che.

Hoy somos un país atípico. Nadie que se haya enfrentado a Estados Unidos durante tanto tiempo podría evitar replegarse hacia trincheras inmóviles. Nadie que herede un pasado colonial de corrupción y mala administración puede evitar sus propios errores. Y aún así conservamos varios indicadores a la altura del primer mundo, mantenemos una soberanía que ha costado carísima y nadie más en este continente puede ostentar.

Tenemos mucho de extraordinario. Tanto es así que una chica española, después de criticarnos fuertemente, lo reconoce esa madrugada en la playa, inconscientemente. Y sin que ella se de cuenta a uno se le hincha el pecho y todo lo demás desaparece durante un rato. Cuba no es un país normal, por suerte y por mucho que nos cueste.

lunes, 21 de marzo de 2016

Mi familia y Obama

Por Silvio Rodriguez


En estos días han llovido estampas, interpretaciones y hasta augurios sobre la visita que empezará hoy el presidente de los Estados Unidos a Cuba. Entre ellas estuvo el mensaje de Pánfilo y sus amigos que, por cierto, puse en Segunda cita, dedicándoselo a los que deseaban desentrañar el carácter cubano. Pues resulta que ayer me dijeron que el Sr. Obama había respondido varias preguntas del célebre humorista. Aclaro que no creo que los asesores presidenciales lean nuestro blog, pero es obvio que están bien informados.


Se ha dicho mucho que el cubano es un pueblo hospitalario y generoso. Esto es porque la mayoría somos más dados a confraternizar que a lo contrario. Yo creo que es algo genético, que nuestra historia nos fue inoculando desde su exterminio inicial, y luego con sus migraciones forzadas y/o voluntarias, con sus luchas privadas y colectivas por la supervivencia, y con esa sustancia moral que solemos llamar soberanía y que es, ni más ni menos, tener en cada momento el mayor libre albedrío que nuestras capacidades nos permitan, sin dejar de pujar siempre por más.


Algunas reflexiones de especialistas se basan en interrogantes sobre las calidades de las conversaciones entre dos gobiernos que han sido arquetipo de enfrentamiento durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va de este. A pesar de posturas opuestas, se suele coincidir en que el futuro será según lo hablado. Yo, por supuesto, comparto la curiosidad por ciertos detalles, aunque supongo los matices. Pero si de algo estoy seguro es de que una cosa es lo que se dice, incluso lo que se cree honestamente, y otra es lo que resulta. Sobran ejemplos en la historia, lo mismo en el sentido de la seriedad que en el del desparpajo. Por eso tiendo a decantarme por lo que me ha movido siempre, por lo que sueño para mi país, que es dignidad, aún con las variantes que presuntamente incorporarán la dialéctica y los astros o, dicho de otra forma, las causas y los azares.


He notado que se suele olvidar que este litigio terrible empezó porque nuestros vecinos no soportaron que decidiéramos qué hacer en nuestra propia casa. Estaban acostumbrados a que aquí se hiciera lo que ellos querían. Y haciendo bien patente su disconformidad, no sólo nos negaron el habla sino que nos hicieron la guerra.


Aquella causa nos apartó violentamente de lo que hubiera sido nuestra vida de pueblo aguerrido pero pacífico, mitad trabajador, mitad tarambana. Aquella causa nos obligó a tomarlo todo con más drama que choteo, nos mostró y nos acercó como nunca a las razones de la hormiga. Aunque debajo seguía bullendo aquella cosa juguetona nuestra que a principios de los 80 llevó a un amigo a confesar lo mucho que le gustaba nuestro “socialismo con pachanga”.


Quién sabe si ha llegado el momento de intentar empatarnos con lo que no nos dejaron ser, con lo que fuéramos de haber tenido un vecino más respetuoso y amable. Y digo quién sabe porque obviamente no todo el futuro depende de nosotros y porque, además, por más que fuera deseable ya no somos los mismos.


En momentos así –sólo en momentos así– es concebible el deseo de prolongar la existencia, digamos otro medio siglo, a ver qué pasa. Pero como esto no es posible, pregunté a mi familia –a todos, sobre todo a los que no vivieron las causas originarias del conflicto– qué le dirían o qué les inspiraba el ilustre visitante de hoy. Y por eso concluyo este momentáneo soliloquio con lo dicho por los que me respondieron, en el orden estricto que me fueron llegando y con sus propias palabras.


Para no irme a la cola, me tomo la licencia de empezar con mis propias palabras para recibir a Barak Obama, las que termino con dos frases que siempre decía mi padre, Dagoberto Rodríguez:


Bienvenidos Ud. y su familia a Cuba, Sr. Presidente.


Nunca es tarde si la dicha es buena.


A mi que me quiten lo bailao.


Mi hijo Silvio Liam


Buenos días papa, sobre lo q me preguntas yo realmente no opino mucho sobre eso por q no creo en las buenas intenciones ni de Obama ni de ninguno d estos señores, pero si su interés en Cuba fuera ayudar al pueblo le diría q pasara por los barrios más calientes d Oriente como por ejemplo algunas partes de Alcides Pino en Holguín y viera las condiciones en que viven las personas y también q preguntara por los salarios en Cuba, q escuche todo lo que quiere decirle la gente incluyendo la oposición, q fuera a una marcha de las damas de blanco a ver si ese día no le caen a golpes delante d el, pero sobre todo le diría que no creyera en un gobierno q coje a los niños pa hacer actos de repudio afuera d las casas de opositores y otras barbaridades que son demasiadas, pero realmente papa yo no creo ni siquiera q Obama tenga q ver con las deciciones políticas y el futuro de las relaciones entre Cuba y usa, dentro d poco ya no será presidente y quién sabe quién venga detrás y lo que tiene en mente, para mí esto es una pantalla para algo, quizás me equivoco como t digo yo ni opinó sobre esto, un beso grande


Mi esposa Niurka:


Tengo sentimientos encontrados respecto a la visita de Obama.


Por una parte deseo que las cosas mejoren porque deseo que la vida sea mejor para la mayoría de los Cubanos y que en Cuba la mayoría viva mejor, y si la visita trae consigo mejoras para la gente, pues bienvenida sea.


Pero entonces aterrizo y no lo creo, entonces prefiero que ya pasen estos tres días de visita de Obama y que vengan los Rollings.


Mi nieto Diego:


Yo le diría a Obama que tengo muchas ganas de ver a mi papá y por lo tanto que me otorgue un visado que me permita ir a verlo cada vez que yo pueda. Y que nos quite el bloqueo porque yo soy nadador y si Cuba pudiera tener un mayor intercambio comercial con el resto del mundo, tuviéramos, los deportistas cubanos, mejor acceso a implementos deportivos y otros materiales que ayudarían a que estuvieran en mejor estado las instalaciones deportivas.


Mi hija Violeta:


Si yo tuviera la oportunidad de hablar con el presidente Obama le contaría que he sido víctima de la incomunicación entre Cuba y Estados Unidos.  Que he padecido en carne propia la hostilidad de los gobiernos de su país contra Cuba. La separación de mi mamá cuando se fue por el Mariel en el año 80 me ha marcado para toda la vida y, aunque esta fuera su decisión,  considero que en gran medida ha sido responsable ambos gobiernos de las tantas familias separadas.  De haber habido una relación armoniosa entre ambos países se hubiera impedido tanta distancia y tantos años  sin verse los cubanos de aquí y de allá. Y sobre todo hubiera evitado tantos muertos en el estrecho de la Florida y en la frontera mexicana. Le pediría a Obama que invalide la ley de pie seco-pie mojado que, aunque favorece a  algunos cubanos para que alcancen su “sueño americano”, en la misma media los lleva a perder la vida en el intento de alcanzar suelo norteamericano. Además de que es muy injusta con el resto de latinoamericanos que sin embargo, teniendo más necesidad de mejorar sus vidas que nosotros,  no tienen el derecho de acogerse a esta ley. En cambio mueren masacrados, desaparecidos, de sed y de hambre,  mujeres, hombres y niños  que en vez de alcanzar “una vida mejor” logran una muerte certera.  La verdad es que a mí como cubana me da  vergüenza: nosotros sí, y ellos no. ¿Por qué? Obviamente esta ley no tiene  otro motivo que el de incitar a los cubanos, dándoles un aparente “privilegio” a que se jueguen la vida tratando de llegar a Estados Unidos, para luego desacreditar con falsa estadística a nuestro país.  Yo le diría a Obama que nos quite el bloqueo, que termine su mandato dejando al mundo convencido de que ese Nobel de  la Paz que le han otorgado lo tiene bien merecido. Porque como dijera José Martí: “ El mal es accidental, solo el bien es eterno”


Mi sobrina Mariela:


Tío, a priori, yo estoy a favor de las buenas relaciones de toda índole entre todos los seres, naciones, etc., pero en este caso en particular lo que me pasa es que de ellos desconfío, hasta que no se demuestre lo contrario. No lo puedo evitar.
 Cuando yo vea cambios, como por ejemplo, que levanten el bloqueo, o que quiten la Base Naval de Guantánamo, entonces podré seguramente empezar a verlos de otra forma.

Mi hijo Omar:


Señor Obama: sé que a veces se le identifica a usted con El Poder sólo por el cargo que representa. No sólo esa idea es falsa (El Poder, usted lo sabe bien, tiene muchas raíces, y muchas están en la sombra), sino que usted mismo se ha visto limitado e impedido en su propio país para emprender algunas políticas. Además, se acerca el final de su mandato, y tendrá que pasar el relevo. Teniendo en cuenta todo esto, y dado que su poder real es limitado pero aun así real y efectivo, lo que le quiero decir respecto a Cuba son dos cosas.


No soy ingenuo, sé que existen intereses dentro de Estados Unidos para reabrir las relaciones con Cuba, y por lo tanto usted no ha estado solo, pero aun así le reconozco la valentía política para haber dado el paso. Al fin y al cabo, sí hay sectores en su país que siguen resistiéndose a cualquier cambio en la política respecto a Cuba, y ha hecho usted una apuesta decidida y valiente. Las posiciones maniqueístas, el “estás conmigo o estás contra mí” y otras falsas dicotomías sólo han fomentado el desconocimiento mutuo. Ya basta de culpar al otro y no asumir los propios errores. La mayoría de la gente, aquí y allá, queremos acceso a la sanidad y a la educación de calidad, a internet y poder ganarnos la vida.


Lo otro que le quiero decir es que, aun conociendo sus límites, este camino no se puede quedar a medias. Lo que espero de usted es que consiga que el retorno a esa vieja política propia de la Guerra Fría tenga un alto coste político, económico y social para los futuros representantes de su país. Que esto no tenga marcha atrás. Que a los que vengan les cueste más regresar que seguir para adelante. Eso me parece que es lo mejor para los dos pueblos, y lo mejor que usted puede hacer. El simbolismo de unas fotos y unos titulares es importante, pero lo es más que se ayude a mejorar la calidad de vida de la gente.


Mi hija Malva:


Opino y reconozco que la visita del presidente Omaba es un acontecimiento histórico; pero sinceramente si su visita no hace mejorar la situación en Cuba, beneficiar a los ciudadanos o no hace nada importante como levantar el bloqueo o quitar la base de Guantánamo, no le veo sentido. Simplemente es un acontecimiento simbólico que en mi caso me dará un receso en la escuela por dos días, pero solo eso y nada más, así que honestamente me es indiferente.


Mi suegra Mirta:


Hoy  llega Obama a Cuba, estoy plenamente convencida de que es un día que quedará marcado en la historia de Cuba pero no tengo la certeza de cuál será la repercusión final de este viaje. Obama ha dicho claramente que la visita servirá para promover cambios polí­ticos en la isla.


Pienso y recuerdo. Los que como yo hemos tenido el privilegio de haber vivido y poder rememorar todo lo sucedido desde aquel día en que nos despertamos en la mañana con el grito de ¡Batista se fue! este día tiene sin dudas un significado especial.


Pero las sensaciones son encontradas, ¿siento que ha ganado Cuba? No puedo afirmar ni lo uno ni lo otro, es cierto que muchas cosas han cambiado, algunas para bien y otras para mal, es cierto que mucho hemos dejado a lo largo de estos años. Recuerdo muchos momentos, las carencias, la beca, las incertidumbres, los miedos desde adentro y desde afuera, las amenazas, años en estado permanente de guerra psicológica, el encierro en la isla “rodeada de aguas por todas partes”, los entrenamientos militares, el cordón de La Habana, la Crisis de Octubre y el U-2 con el piloto yanki sobrevolando mi Instituto Pre-universitario, la homofobia, las concentraciones en la Plaza de la Revolución, lo tranquila que es La Habana si la comparamos con otras ciudades del continente, el privilegio de tener una atención de salud adecuada, las posibilidades de estudios, la libreta de abastecimiento, el pan nuestro de cada día, los apagones, la mochila preparada durante muchos por si la familia tenía que evacuar la capital porque nos atacaban, la pasta perla, la falta de desodorante, los kikos plásticos, la bicicleta… ¿se pueden borrar todos estos años con una visita de 2 días de Obama?


Definitivamente mi sensación es ambivalente, siento júbilo y tristeza, certeza e incertidumbre, siento seguridad y miedo.

martes, 15 de marzo de 2016

Cuba es un país de emigrantes... y lo seguirá siendo (+Audio) (+Videos)




 

 Casi el 11 por ciento de la población cubana vive fuera del país. La emigración es un fenómeno natural, pero tiene impactos a nivel individual y social

Después del 17 de diciembre de 2014 (17D), fecha en la que Cuba y Estados Unidos anunciaron su decisión de restablecer las relaciones diplomáticas y avanzar en pos de la normalización, no pocos cubanos en la Isla —que ya amasaban la idea de emigrar— consideraron que había llegado el “ahora o nunca”.

Los cubanos varados en Costa Rica salieron de la Isla legalmente

De acuerdo con los datos del Centro de Investigaciones Pew, en Estados Unidos, en el año fiscal 2015 entraron por las fronteras de ese país 43 159 cubanos, 78 por ciento más que en 2014, cuando ajustaron su estatus 24 278.

Para el Doctor en Ciencias Antonio Aja Díaz, director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana la explosión de emigrantes no tiene que ver tanto con un cambio específico en la dinámica migratoria, como la conjunción de varios factores que han influido en este fenómeno.

“Esencialmente no se ha producido un cambio sustancial, en primer lugar porque el país receptor, Estados Unidos, dejó claro, antes del 17D —cuando se produjo la reforma migratoria y la entrada en vigor de la Ley 302— que su posición continuaría inalterable. Hablamos de los acuerdos migratorios y la aplicación de la Ley de Ajuste Cubano y la política dePies Secos - Pies Mojados.

cubanos que se han ido del país

• Lea aquí la Ley 302 de 2012, modificativa de la Ley 1312 “Ley de Migración”

“El gobierno norteamericano lo ha reiterado, en la figura de su secretario de estado John Kerry cuando estuvo en La Habana, y también el presidente Barack Obama. Evidentemente, hay una intención por parte de los Estados Unidos de no modificar, en el escenario actual más perentorio, su política inmigratoria hacia Cuba.

“Esto puede tener diferentes lecturas, relacionadas con desalentar una posible explosión migratoria ante la incertidumbre de si se mantendrá el tratamiento preferencial, refrendado por la Ley de Ajuste. De ahí que ese sea el primer elemento que indica que no ha habido una gran diferencia en estos asuntos.

Doctor en Ciencias Antonio Aja Díaz director del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana

“Por otra parte, ya venía aumentando el otorgamiento de visados de salida definitiva, resultado de los acuerdos migratorios, así como también el visado para visitas temporales, y esos dos factores mantienen un flujo de emigración y de visitas que va en detrimento de una explosión migratoria.”

—Sin embargo los números hablan por sí solos: 43 000 cubanos entrando por las fronteras norteamericanas, en solo un año, es una cifra inquietante. Es significativo que no estamos hablando de balseros, sino de ciudadanos que salen legalmente del país y, en muchos casos, emprenden una travesía azarosa por tierra.

—Estos fenómenos migratorios venían dándose desde finales de la década del '90, con la utilización de la ruta del sur para llegar a los Estados Unidos, que es algo que no inventaron los cubanos, sino los centroamericanos. Esa, que ha sido la ruta de los latinoamericanos rumbo al Norte, incluso, de asiáticos, ya desde finales de los '90 comenzó a ser utilizada por los cubanos, con el objetivo de ajustar su estatus al llegar a la frontera.

El profesor Antonio Aja es autor del texto Al cruzar la frontera, un análisis minucioso de la dinámica migratoria cubana

“Ese camino está muy ligado al tráfico de personas, y que en el caso de los cubanos, tiene un origen en las familias y sus redes sociales asentadas particularmente en Miami, que comenzaron a pagar cifras considerables para el traslado de sus familiares. A su vez, es un gran negocio que estaba sucediendo en los límites fronterizos a la callada, nadie hablaba de eso. Esa es la realidad. Lo que pasa es que eran cifras de menor consideración.

“Después del 17 de diciembre, ante la expectativa de que en algún momento, obviamente, va a modificarse la política migratoria de Estados Unidos hacia Cuba, aunque no se sepa cuándo, se fue dando un movimiento explosivo de emigración.

Se producen entonces los hechos de Costa Rica y Panamá. Más de 7 000 personas varadas. Ese sí ha sido un hecho distinto a lo que venía sucediendo, porque realmente, aunque con pequeñas fluctuaciones, la migración indocumentada y el tráfico fueron elementos de baja significación desde finales de los '90 hasta hace unos dos años.

• Conozca la historia de uno de los cubanos que estuvo varado durante meses en Costa Rica

ruta de migracion en centroamérica

La llamada Ruta del Sur no fue “inventada” por los cubanos, pero a finales de 2015 se produjo una crisis migratoria con más de 7 000 nacionales varados en Costa Rica y Panamá

—Pero, ¿por qué a pesar de que no ha cambiado la política y el discurso oficial norteamericano asegura que no habrá modificaciones, la percepción de los individuos es que deben irse ahora porque luego podría ser “tarde”?

—Primero vamos a reconocer en el potencial migratorio externo de Cuba una capacidad de comunicación y un nivel de conocimientos e información altos, que no tenían hace 20 años. Esto implica que el migrante, cuando toma esa decisión, lo hace con conocimiento de causa. En segundo lugar, y a partir de lo dicho, pues sencillamente se conoce bien la política, Cuba la divulga, los académicos la explican. Se sabe que Pies Secos- Pies Mojados no es ley, sino una política que fue implementada por una administración y que puede ser eliminada por la actual en cualquier momento, sin necesidad de ir al Congreso.

“Desde el lado de allá, en el principal asentamiento de cubanos en Estados Unidos, Miami, donde se estima viva casi un millón de personas, existe una población que se informa y sigue el asunto. La proximidad geográfica da la posibilidad de seguir al detalle lo que está pasando. Sabemos quién es Marco Rubio, lo que está diciendo en el Congreso. Hay información suficiente para saber que estas circunstancias van a cambiar.

“Además, la lógica de cualquiera que tenga intenciones de emigrar le indica que si se habla de normalización, si Cuba ya no está en la lista de países que patrocinan el terrorismo, entonces en algún momento se normalizará la situación migratoria. De ahí que el pensamiento es “hay que aprovecharlo ahora”.

“No obstante, hay un elemento fundamental: existe un potencial migratorio. Y va a seguir existiéndolo. Cuba es un país de emigración y lo seguirá siendo. Nuestras leyes pueden favorecer la circularidad y el retorno temporal. Ir, regresar, vivir allá, acá. Pero no se producirá, en mi opinión, un factor que detenga la emigración.

 





Bruno Rodríguez: Cuba coincide en alentar una migración segura

—Si Barack Obama, haciendo uso de sus prerrogativas, eliminara la Política de Pies Secos - Pies Mojados, ¿qué cambiaría?

—Se cortaría, casi en su totalidad, la trata de personas. No necesariamente dejarían de entrar cubanos por la frontera y continuarían ajustándose, porque eso está a tenor de la Ley de Ajuste. Pero si se elimina, y se vuelve a aplicar lo que se hacía en los años 90, cuando se le exigía al emigrante dar fe de que es perseguido político (que es la esencia de la Ley de Ajuste), entonces bajaría extraordinariamente la cifra. Porque lo que pasa hoy es que el cubano que llega a las fronteras mexicanas o canadienses, enseña su pasaporte y no le preguntan nada más. Lo que pudiera ocurrir es que disminuya el flujo, y se encauce por las vías legales.

“Si eso va unido a que se mantengan los acuerdos migratorios y la emisión de visas de salida definitiva, disminuiría el número de ciudadanos que se exponen a los riesgos y peligros de la emigración indocumentada e irregular. Hay otra parte del tema, que tiene que ver con los beneficios aparejados a la Ley de Ajuste, dígase residencia al año y un día, ayuda federal, rápida inserción en la sociedad; este es un grupo de factores que, a la larga, va a ir desmontándose.



—De hecho es a lo que, ahora mismo, está apostando el senador por la Florida Marco Rubio...

—Exacto. Está tratando de desmontar esa parte del asunto, porque supuestamente eso provoca circularidad, aumenta la cantidad de remesas, los viajes. Pero ese no es el asunto fundamental. Lo importante es frenar el tráfico, evitar que las personas se jueguen la vida, porque no pensemos que se trata de montarse en un avión y tomar otro y ya. Estamos viendo la complejidad de la situación en Costa Rica y Panamá.

 





Marco Rubio apuesta por modificar la Ley de Ajuste Cubano


—La emigración tiene impactos a nivel individual, grupal, pero, también, en el plano nacional. En las fotos de los cubanos varados en Costa Rica y Panamá se veían muchos rostros jóvenes. ¿Cómo afecta esta circunstancia la dinámica demográfica en Cuba?

—Una de las tres variables que inciden en las dinámicas demográficas de cualquier país, además de la fecundidad y la mortalidad, es la migración. En el caso de Cuba salen, mayoritariamente, los jóvenes, en edad laboral, altamente calificados y en gran número las mujeres.

“De manera que estos son factores que van contra la dinámica demográfica en un país envejecido. El envejecimiento está dado, en primer lugar por el aumento del grupo etáreo de 60 años y más, y la disminución de los otros, que está marcada por la disminución de los nacimientos y la pérdida de los jóvenes.

• Propuesta de un enfoque estratégico para abordar el envejecimiento de la población

“En ese escenario, la migración se convierte en un factor negativo, al que hay que buscarle soluciones. Los países de alta tasa de envejecimiento, por lo general, reciben población. Esto les rejuvenece la población, sobre todo la económicamente activa. Por tanto, Cuba tiene ese elemento disfuncional, esa disyuntiva, y es una alteración importante, ahora, y más aún en los próximos años cuando el envejecimiento aumente, si no se hace un proceso de reversión y si no crece el número de nacimientos.

cubanos varados en costa rica 2

Todavía en Costa Rica quedan miles de cubanos

“Hay otros escenarios. Si Cuba logra una mayor circularidad de la migración, un retorno temporal de sus migrantes jóvenes, si se aprecian cambios favorables en el escenario económico para que esa migración participe en los procesos productivos, se podría revertir el envejecimiento.

“Todos los países como el nuestro, que tienen un saldo migratorio negativo (casi un 11 por ciento de su población fuera), tratan de hacer funcional ese proceso, lo que significa darles participación en la sociedad.

“Por supuesto, en el caso de Cuba hay un factor importante, pues buena parte de esa migración reside en el país que es el principal antagónico político, ideológico e histórico de la Revolución cubana. Ese factor se mantiene, pero cada vez más se va modificando y hay que aprovechar ese contexto.”

—¿Cuánto más habría que hacer para que ese saldo migratorio conciba a Cuba como una posibilidad para regresar, para no irse del todo? En mi opinión todavía no lo somos...

—Entonces el tema no está en la imagen hacia la emigración, sino en nuestra viabilidad como proyecto económico social. No se trata de ser viable para que regresen los cubanos que viven en el extranjero. Debe ser viable porque sí, en lo económico, en lo productivo, en la participación, para garantizar que los logros en materia de salud, seguridad ciudadana, educación, no se pierdan, para que no perdamos todos estos años vividos. En la misma medida que nuestro proyecto, los Lineamientos, lo que se apruebe en el futuro cercano, vaya cambiando la sociedad cubana en pos de hacerla autosostenible, más participativa, entonces se integrará el factor de la emigración. No al revés.

martes, 8 de marzo de 2016

Último Jueves en.....Estados Unidos

BY YADIRA ESCOBAR

Llegué a tiempo y pude encontrar silla en primera fila (quizás porque los cubanos no se destacan por ser puntuales) y vi el debate más democrático por estos días en Miami.  A mi lado Roberto Simeón que al igual que yo por primera vez asistía al evento que se celebra cada último jueves de mes en la cafetería “Tinta y Café”. Tres panelistas hablaron sobre los últimos 40 años de la educación en Cuba, y desde el público hubo preguntas y comentarios muy críticos como suele ocurrir entre cubanos.



Fue bueno el intercambio, y vi que los panelistas fueron muy abiertos sin andar pensando en retoricas vacías o ideologías encasilladoras al contar sus crianzas allá, en Cuba. Desde el publico un joven cubano-ruso tocó el tema de los comunistas corruptos en la Perestroika y su papel en las privatizaciones que hicieron sufrir a tantos bajo el capitalismo más salvaje. El joven consideró que en Cuba se puede repetir la misma situación de caos y corrupción, que podría evitarse si personas desde Estados Unidos van a la isla con proyectos educativos basados en su propia experiencia de vivir en un estado de derecho y de firmes leyes.


Hubiera sido ideal escuchar al panelista Harold Cardenas sobre este tema tan delicado dentro de Cuba, pero él no contestó al joven cubano-ruso (minuto 1:12 ). La única mujer en el panel contestó a tan difícil tema que salpica a los que tienen el poder ahora en Cuba. Ella aseguró que ya está pasando, y se refirió a los comunistas y funcionarios que llevan años enviando sus hijos al extranjero y sobre todo a Miami, para prepararse y ser la nueva clase capitalista en la isla.


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Simeón al terminar el evento me manifestó que hacia años que el no veía a los cubanos discutir tan libremente sin faltarse el respeto, y que le parecía que estábamos aprendiendo a ser tolerantes como nación. Roberto en su largo exilio ha visto muchos intentos de este tipo, que han terminado sin resolver nada por la intolerancia y el extremismo. A mi se me pidió una opinión relacionada con los jóvenes que vienen a Miami pensando que es el paraíso. A este país vine con seis años, así que nunca experimenté esa frustración de “paraíso perdido”, por lo tanto hablé de un caso concreto de una persona conocida que vino dejando atrás ropas que luego necesitó al comprobar que en Miami no dabas una patada y salia dinero. También señalé que si Cuba no quiere que la juventud emigre debe hacer que la economía funcione.


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  Mi breve e improvisada opinión junto a Roberto Simeón

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Mis hermanos y mi papá, escuchando atentamente en Tinta y Café, junto al diverso publico.

Mi padre Reinaldo Escobar me acompañó a dicho evento, y aunque le gustó la forma en que se desarrolló, me comentó que lo malo de estos debates es que se queden en palabras y nada más, no concretandose en política real. Luego en el camino de regreso a casa, mis hermanos me confesaron que hubiesen querido participar pero se sentían un poco tímidos, pero el hecho de que se entusiasmaran tanto me dice que fue un éxito, porque lograron entusiasmar a jóvenes que sólo conocen a Estados Unidos, pero que todavía se sienten vinculado a su Patria.


Aquí les comparto el vídeo de mi improvisada y solicitada opinión:



Vídeo completo del evento en Tinta y Café




martes, 1 de marzo de 2016

Voy a pedir asilo político en Haití

Por Eduardo del Llano


Estados Unidos es un gran país para vivir. Probablemente el mejor del mundo. Uno puede criticar su política exterior, la estupidez y arrogancia de sus turistas, la salud y las armas y esas cosas que critica Michael Moore, pero la verdad es que hay que ser idiota para negar las ventajas de radicarse allá.


Ahora bien, Estados Unidos no es el mundo, aunque parece fácil olvidarlo una vez allí. Muchos emigrados cubanos radicales insisten en que la búsqueda de democracia y libertad fue la razón fundamental de su partida, en que el comunismo no les dejó alternativa. Bueno, de que detestaban el sistema no me cabe duda, pero quien huye de la represión, quien está verdaderamente en peligro no se pone muy selectivo, y sin embargo la inmensa mayoría se fue a USA, a Canadá, a España o Francia a pesar de que, con escasas excepciones (Corea del Norte, China, Cuba, algunas naciones islámicas y poco más) el mundo está conformado por democracias capitalistas. Siete de cada diez, cuando emigran a sitios como Guatemala, Honduras o Botsuana, lo hacen con la idea de saltar después a los Estados Unidos. Hasta donde sé, ninguno de esos detractores sistemáticos -no ya del régimen cubano sino de la ética y la ejecutoria de los artistas cubanos y de cualquiera que vive en Cuba- lo hace desde democracias capitalistas como Namibia o Paraguay. Suena como que el objetivo no eran tanto la libertad y la democracia como un país concreto, ¿no? Algunos presos políticos y opositores en activo sí han sufrido y sufren persecución, pero los demás… vamos, seamos sinceros, díganme que querían mejorar, reformular su cachito pá vivir, ir al seguro in the fast lane, que diez Terceros Mundos no hacen un Primero, eso puedo entenderlo y aplaudirlo, pero no lo politicen más allá de lo necesario, no me digan que este es el país del fracaso si dondequiera hay gente con motivos para decirlo del suyo. Claro que ellos no tienen Ley de Ajuste. De 1959 a la fecha ha habido dictaduras verdaderamente sangrientas en un montón de países latinoamericanos (Argentina, Uruguay, Paraguay, Guatemala, Haití, Nicaragua, Brasil, Chile, etcétera), pero no existe ni ha existido Ley de Ajuste Chileno, Ley de Ajuste Haitiano o Argentino. El diez por ciento de los dominicanos vive en Nueva York, centenares de mejicanos y salvadoreños y haitianos intentan pasar cada día a territorio de USA, sin Ley de Ajuste a su favor, y nadie dice que su fuga refleja el fracaso de la democracia capitalista en esos países, ¿verdad?, sólo que son pobres y querían una oportunidad. Well, there you go.


Y es que la dirección del viaje lo es todo. Si usted se va de Cuba a USA, no digo yo si creerá haber llegado al Paraíso… por lo menos al principio. Y por supuesto que desde esa perspectiva Cuba les parecerá un sitio primitivo y estático. Con todo, no se justifica renegar del Tercer Mundo, olvidar que existe, que de allí se proviene. Por lo general cuando tienen chance y oportunidad para viajar, esos emigrados se van a conocer Europa, Canadá o Japón, es muy raro que vuelen a países pobres, y si lo hacen es más raro todavía que se alejen del hotel más de lo imprescindible para tirar fotos. El resto del mundo –porque lo hay, ¿saben?- es algo que aparece en las películas de Hollywood, de fondo para que el americano ayude a los nativos, o en la tele. Bueno, claro, también está Internet, pero que levante la mano aquél que en los últimos diez años ha buscado en la red información acerca de la situación política en Yibuti. De hecho, que la levante aquél que sabía de la existencia de Yibuti.


Ya lo he dicho antes, tengo buenos amigos emigrados, y nada contra el hecho de marcharse. (Como tampoco contra quien regresa, llámese Issac Delgado o Yoani Sánchez). Aquellos que se vean retratados tomen esto como, ehhh, una crítica constructiva a ese microscopio que a veces interponen entre ustedes y su país de origen, entre ustedes y el Tercer Mundo. No crean que saben lo que pasa aquí mejor que nosotros, aunque nuestra prensa sea una mierda, no nos juzguen si no han puesto un pie por acá en veinte años o vienen una semana para refugiarse en Varadero con la familia, no traten de demostrar lo indemostrable, esto es, que quien huye muestra más valor que quien se queda. 


Respeten y no se hagan los yumas.

lunes, 22 de febrero de 2016

Esculturas símbolo del vacío de los viajeros que dejan un país

 Esta serie de esculturas tienen como nombre, dado por su autor, como “Los Viajeros” que traducido al Francés sería “Les Voyageurs”, su creador es de origen Francés, nacido en Marruecos y su nombre es Bruno Catalano.

Las esculturas presentadas por este autor, se corresponden con una serie de estatEsculturas-Bruno-Catalanouas, que han sido creada y son obras originales presentadas por el autor; en donde las características predominantes de estas obras de arte se fundamenta en que en sus cuerpos son incompletos, les falta algo; es decir donde debería haber una parte del cuerpo (parte del torso o parte de algún brazo) no hay nada.


Estas esculturas, tienden a reflejar el vacío que se experimenta y que se siente al salir o verse forzado a abandonar un País, una cultura, una familia o a su gente, motivado a cualquier circunstancia o razón. En si las obras de arte reflejan de cierto modo la condición de los viajeros, sintiendo entre tantas cosas, como especie de un vacío, de algo que falta y no se termina de completar.


Los semblantes de las estatuas, reflejan un rostro serio, casi de pesar, con una maleta en una de las manos, sostenida con fuerza y siempre con  ese espacio faltante, espacio que al parecer se queda en la tierra desde donde se parte o que ningún otro lugar podrá llegar a completar, de cierta forma.


Las figuras son realizadas tradicionalmente de bronce; los vacíos que están presentes en estas obras también se prestan para ser completadas visualmente con el paisaje de fondo de donde se encuentran y de cierta forma transmite una cierta carga emocional, que en ocasiones resulta ser bastante conmovedora.


Bruno Catalano nació en el año de 1.960 en Marruecos, pero a los 12 años tuvo que abandonar su país, esta situación desde muy pequeño le causó un gran dolor y un gran pesar, aspecto que se ve reflejado en sus diferentes esculturas.


Su gusto y admiración por el arte comenzó desde muy joven, pero el trabajo por la escultura de sus diferentes obras, se empezó a concretar a partir de la edad de 30 años, sus primeros trabajos fueron realizados en arcilla y en la actualidad, más de cien obras de arte de este tipo, son de su autoría.


Sus esculturas han sido exhibidas en innumerable países, tanto en exhibiciones públicas como privadas, las mismas han sido vistas en Inglaterra, Estados Unidos, Suiza, Bélgica, Argentina, Chile, España y Brasil. Exhibiciones, en donde el artista ha ganado gran aceptación, obteniendo el reconocimiento del público que las admira.


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