Comandante de la Revolución, Ramiro Valdés Menéndez, deposita una flor ante la llama eterna que acompaña a los combatientes del Frente Las Villas, en el Complejo Escultórico Ernesto Guevara de la Serna, en Santa Clara. Foto: Arelys María Echeverría Rodríguez/ ACN.
El Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez es un hombre no dado a la palabra, tampoco lo necesita, sus acciones a lo largo de su vida de revolucionario hablan por sí solas.
Es héroe de la República de Cuba. Con apenas 21 años estuvo en el asalto al Cuartel Moncada, fue uno de los ocho seleccionados para tomar la posta 3 y sería el primero en penetrar al cuartel, después de bajar de un golpe la cadena que impedía el paso en esa área. Formó parte de los 82 expedicionarios del yate Granma que desembarcaron el 2 de diciembre de 1956 en la costa sur de Oriente.
Integró parte del núcleo guerrillero que inició la lucha en la Sierra Maestra luego de los difíciles días posteriores al desembarco. Al crearse la columna invasora No. 8 «Ciro Redondo», al mando del comandante Ernesto Che Guevara, fue designado su segundo jefe.
Han pasado 50 años de la caída del Che en Bolivia, y 20 del hallazgo de sus restos y posterior traslado a Cuba. Pocas veces se le ha oído hablar de la misión que Fidel le encomendara: «una tarea difícil y dura para nosotros».
Investigadores y especialistas que participaron en «aquella verdadera hazaña científica», como dijo Fidel, han ofrecido sus testimonios; sin embargo, es un privilegio contar con sus declaraciones.
A fines de 1995, el general retirado boliviano Mario Vargas Salinas afirmó en una entrevista que el cadáver del Che estaba enterrado bajo la pista de aterrizaje del antiguo aeropuerto de Vallegrande. ¿No obstante esta información existía en Cuba algún otro indicio que indicara que los restos del Che permanecían en suelo boliviano? ¿Cuándo y cómo el gobierno cubano decide enviar un grupo de investigadores y científicos para incorporarse a la búsqueda de los restos del Che?
Como se conoce, la versión oficial difundida por el gobierno de Bolivia, después del asesinato del Che, aseguraba que su cadáver había sido incinerado y sus cenizas esparcidas en la selva boliviana.
Sin embargo, desde entonces se conocieron testimonios de pobladores, campesinos y militares, sobre posibles lugares de enterramiento del Che y sus compañeros de lucha.
Además, en 1983 orientamos desarrollar una investigación histórica para determinar los lugares donde pudieran estar enterrados el Che y los guerrilleros que le acompañaron en la gesta boliviana, partiendo del criterio fundamentado que la versión oficial constituía una desinformación, elaborada a propósito, para impedir cualquier posibilidad de búsqueda e indagación.
Esta pormenorizada y fecunda investigación, que se realizó entre 1983 y 1987, permitió establecer 13 lugares de posibles enterramientos de los guerrilleros, entre ellos el del Che, que tuvieron mucho valor para la tarea desarrollada posteriormente, a partir de 1995.
La declaración del General retirado Mario Vargas Salinas, en una entrevista de prensa, al hacerse pública el 21 de noviembre de 1995, tuvo una gran repercusión en Bolivia e internacionalmente y propició que el entonces presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada, emitiera un decreto autorizando la búsqueda de los restos de los guerrilleros y su entrega a los familiares, por razones humanitarias.
De inmediato, en Cuba se creó una Comisión Central presidida por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, e integrada por antiguos compañeros del Che, así como un Grupo de Trabajo Ejecutivo para el cual me designaron, encargado de establecer la estrategia y dar seguimiento, paso a paso, del trabajo a realizar en Bolivia y en Cuba.
Fue designado el doctor Jorge González, entonces director del Instituto de Medicina Legal, como representante de los familiares del Che, de los combatientes cubanos y de Tania, así como Jefe de un Grupo multidisciplinario de científicos cubanos que, en composición reducida, viajó a Bolivia en diciembre de 1995, después de haber realizado visitas a los familiares de los guerrilleros y múltiples indagaciones para conformar las fichas de identificación Pre-Mortem de cada uno de los guerrilleros.
Los trabajos iniciales en Bolivia se realizaron conjuntamente con el Equipo de Antropología Forense Argentino, el cual regresó a su país tiempo después, mostrando disposición de viajar nuevamente a Bolivia si fuese necesario.
El equipo cubano prosiguió su incansable labor, incorporando, progresivamente, a otros científicos y expertos según las tareas a realizar.
Coméntenos sobre las manipulaciones tendientes a quebrar las razones humanitarias que habían prevalecido en las altas esferas del Gobierno boliviano encabezado por el mandatario Gonzalo Sánchez de Lozada durante la búsqueda de los restos.
Como era de esperar, el Gobierno de los Estados Unidos y, en especial, la CIA y algunos sectores de la derecha boliviana trataron de neutralizar e impedir que se continuara la búsqueda, utilizando diversas manipulaciones y fuertes presiones al gobierno boliviano, por lo que se trató de establecer un tiempo límite para la búsqueda y se realizaron múltiples acciones y medidas activas con ese fin.
Cuentan que el agente de la CIA de origen cubano Félix Rodríguez, ante la cercanía del hallazgo, se apareció en una avioneta en Vallegrande acompañado con las cámaras de la CNN y ubica el enterramiento en un lugar opuesto a donde buscan los cubanos.
Fueron varios agentes de la CIA de origen cubano los que trataron de desinformar ubicando otros posibles lugares de enterramiento e inventando «historias», pero el resultado de las investigaciones con los decisivos testimonios de campesinos y pobladores de la zona, junto a la capacidad científica y perseverancia revolucionaria de los científicos cubanos, permitieron que el 28 de junio de 1997 se produjera el hallazgo de una fosa común donde se encontraban 7 cuerpos y uno de ellos con sólidas evidencias que indicaban eran los restos del Che.
¿Cómo usted valora la labor del equipo multi-disciplinario cubano que participó en el hallazgo?
Nuestro Comandante en Jefe valoró esta histórica tarea como «una verdadera hazaña científica».
Debemos destacar que en esta labor de investigación, búsqueda, hallazgo e identificación de los restos del Che y sus compañeros de lucha participaron 71 científicos y especialistas cubanos, de los cuales 15 trabajaron, en diferentes momentos, en Bolivia, en incansable labor, ampliando y profundizando la investigación histórica, así como utilizando y aplicando con iniciativas diversos medios tecnológicos modernos y otros creados con ese fin.
Durante todo el tiempo se mantuvo, desde Bolivia, una amplia y sistemática comunicación, informando sobre los avances, las dificultades y las necesidades para el trabajo, que eran sometidas, según la temática, a los científicos y expertos que se encontraban en Cuba, para valorar las problemáticas presentadas, buscar posibles soluciones y dar las respuestas, que se trasladaban a Bolivia.
En total participaron en esta histórica tarea, de una u otra forma, 27 instituciones científicas cubanas.
En junio de 1997, finalmente son encontrados los restos del Che. ¿Cómo recibió la noticia?
Estábamos convencidos de que los restos del Che serían encontrados. Al respecto decíamos entonces: «todo es cuestión de tiempo…».
Además, antes del hallazgo de la fosa común, se habían encontrado restos de varios guerrilleros, gracias al apoyo y colaboración de pobladores de la zona. Esto acrecentaba nuestra confianza.
No obstante, cuando nos informaron desde Bolivia el hallazgo de la Fosa Común, la emoción fue indescriptible. ¡Lo logramos…!
El 6 de julio fueron trasladados los restos del Che al Hospital Japonés, en Santa Cruz de la Sierra, para su identificación definitiva. Teniendo en cuenta todo lo que había acontecido ¿no desconfiaron de que alguien pudiera desaparecerlos?
En el Hospital Japonés, en Santa Cruz de la Sierra, se realizaron las identificaciones antropológicas, antropométricas y otras, por los especialistas cubanos y argentinos, que fueron convocados para ese fin, basándose en los datos recogidos en las Fichas de Identificación Pre-Mortem, que se habían confeccionado en Cuba, antes de partir el Grupo multidisciplinario a Bolivia. Una vez que llegaron a Cuba los restos del Che y sus compañeros se realizaron las correspondientes identificaciones por ADN que confirmaron las anteriores.
Durante la permanencia en el Hospital Japonés de los restos del Che y los guerrilleros encontrados en la fosa común, se adoptaron todas las medidas de seguridad posible, garantizándose la protección y custodia por los propios científicos.
¿En qué condiciones se produjo el traslado de los restos del Che a Cuba en una misión encomendada a usted por Fidel, quizás la más difícil de su vida revolucionaria?
Fue una tarea muy difícil y dura para nosotros. Viajamos en un chárter de cubana de Aviación especialmente seleccionado y preparado para esa misión.
Llegamos al aeropuerto de Viru-Viru y las autoridades bolivianas no autorizaban que descendiéramos del avión, a lo que después accedieron, circunscribiéndonos al pequeño aeropuerto de Santa Cruz de la Sierra.
Los restos colocados en sus respectivas urnas de caoba se subieron a la escalerilla del avión formando una cadena entre los científicos y funcionarios cubanos.
Una vez dentro del avión y colocadas adecuadamente las urnas, partimos hacia Cuba en absoluto silencio.
En el largo viaje pasaron por mi mente, como si fuera una película, muchos de los momentos que habíamos compartido con el Che.
El sábado 12 de julio, con la puesta del sol aterrizó el avión de Cubana de Aviación, en el que viajaban los restos mortales de Ernesto Che Guevara, en la base de la Fuerza Aérea de San Antonio de los Baños. No era una tarde cualquiera. Usted rindió un parte militar al Comandante en Jefe: «La misión de trasladar a suelo patrio los restos del comandante Ernesto Che Guevara y cuatro de sus compañeros caídos en combate, ha sido cumplida», dijo. ¿Qué sentimientos embargaban a Ramiro Valdés hombre, guerrillero? ¿Cómo recuerda a Fidel ese día?
La amistad que puede unir a los hombres que han combatido juntos en una guerra durante años, en una guerra justa y por ideales, es algo muy especial y profundo. Durante los años que estuvimos en todas las contiendas de esta etapa de nuestras guerras de liberación, nos unió una profunda amistad, un profundo sentimiento de compañerismo y solidaridad. Ese tipo de sentimiento perdura para siempre y va junto al respeto y consideración que siempre he tenido hacia Fidel, como guía y jefe de nuestro movimiento y líder de nuestra invencible Revolución, y, hacia el Che, como mi jefe en la contienda de la invasión a Occidente.
Como muchos de nosotros, conocí al Che en México, y a partir de entonces todos comenzamos a sentir e identificar en él a un hombre de profundas convicciones antiimperialistas y de valentía sin límites, pero a la vez de una vasta cultura y humanismo. Fueron todas esas cualidades las que lo llevaron a unirse inmediatamente a nuestro movimiento y ser uno de los combatientes de la total confianza de Fidel. Su decisión de salir de Cuba para combatir en otras tierras la tenía predictada por su propia madurez política antiimperialista desde muy joven.
Cuando fuimos designados por Fidel para la tarea de traer a Cuba los restos del Che y sus compañeros, la acogimos como una misión de un decisivo combate, el cual no se podía perder. Ya hemos explicado sobre todo el trabajo del equipo que cumplió la misión. Teníamos el compromiso con Fidel y Raúl, y a la vez con mi compañero y jefe de la columna invasora «Ciro Redondo», quien había caído en tierras bolivianas en su permanente lucha contra la injusticia, lucha que desde muy joven se la había propuesto.
Al llegar a Cuba y ver a Fidel recibir la misión de los que llegábamos, fue un momento que unieron muchos sentimientos de todas nuestras vidas. Por cumplida y muy importante no dejaba de ser una misión un tanto dolorosa y, que de alguna manera, reflejaba tristeza en nuestros corazones. Pero regresábamos con el deber cumplido y eso nos daba la fuerza necesaria, seguridad, y tranquilidad por haber hecho lo que nos tocó hacer.
La hemeroteca de la Sociedad Médica del Hospital General de México, donde ejerció el joven argentino doctor Ernesto Guevara, conserva los impresos originales de este y otros trabajos de investigación realizados por Ernesto
Carné profesional del Che en México. Foto: Marta Rojas
«Desde los primeros momentos de la investigación de las enfermedades alérgicas, se ha tratado de encontrar un método que testifique adecuadamente la acción antígena de los diversos alergenos en contacto con determinado organismo humano. La variedad de pruebas ensayadas, tanto en la vía empleada como en su técnica, es muy grande, y la investigación de las sensibilizaciones alimentarias ha tenido y tiene épocas de entusiasmo e indiferencia, según los países y escuelas que las ensaye».
«(…) Hace algunos años, el investigador argentino Salvador Pisani, trabajó con alimentos semi-digeridos perfeccionando una técnica propia que le permitió obtener grandes éxitos terapéuticos y fundamentar todo un cuerpo de doctrina basada en la importancia de las sensibilizaciones alimentarias en el proceso del estado alérgico.
Debido a que la técnica expuesta en este trabajo se basa en todo lo conocido sobre la investigación del doctor Pisani, con quien colaboré durante varios años en la Argentina, esquematizaré sus conceptos fundamentales. El origen del estado alérgico sería una disposición anormal de la mucosa del tubo digestivo, cuya hipermeabilidad permite (...)».
Estos fragmentos sobre una investigación científica relacionada con las alergias, corresponden a un trabajo realizado por el doctor Ernesto Guevara de la Serna, joven médico argentino, procedente de Guatemala y por entonces residente en México D.F., el cual fue publicado en el volumen II, número 4 (mayo de 1955), de la Revista Iberoamericana de Alergologia –Alergia– que dirigía el ya desaparecido profesor, doctor Mario Salazar Mallén, eminente médico mexicano a quien muy pronto se asociaría en calidad de alumno el hoy universalmente conocido, Che Guevara.
La hemeroteca de la Sociedad Médica del Hospital General de México, donde ejerció el joven argentino doctor Ernesto Guevara, conserva los impresos originales de este y otros trabajos de investigación realizados por Ernesto.
Durante esa etapa el Che trabajó tanto en el Hospital General como en el Instituto de Cardiología, donde el profesor Salazar Mallén contaba con un centro de investigación.
En la actualidad, casi todos aquellos alumnos internistas o residentes, agrupados alrededor de Salazar Mallén, junto a Ernesto Guevara, han sido o son profesionales de renombre. De igual forma ocurrió con otros colegas del Che en el Perú, durante su paso por la tierra del Inca, cuando se desempeñó como alumno de medicina en la especialidad de Leprología, e integró un núcleo de estudiosos encabezado por el doctor Hugo Pesce, también una eminencia en medicina tropical y un hombre de avanzado pensamiento político, teórico marxista, amigo y compañero de José Carlos Mariátegui.
Compañeros del doctor Ernesto Guevara –en la rama de la medicina– tanto en Perú como en México, coinciden en que Ernesto estaba profundamente interesado en la medicina, en su función social, y que tenía madera de investigador, aunque la política dominaba el campo de su mente, extraordinariamente analítica.
EN LA RESIDENCIA DE MONTES URALES, MÉXICO D.F.
«Un día Ernesto le dijo a mi marido, el doctor Salazar Mallén: “Maestro... pues ahí nos vemos”. Una expresión muy suya entonces, una despedida; y luego se fue en el yate Granma con Fidel Castro».
Así lo cuenta la señora Olvido Tapia, viuda de Salazar Mallén. Ella es una de los testimoniantes que localizamos en México, cuando recogíamos información sobre la vida de Ernesto Guevara en aquella ciudad, donde se incorporó al grupo comandado por Fidel.
Olvido Tapia nos recibió en su residencia de la elegante barriada de Montes Urales, la misma que visitaba frecuentemente Ernesto, y allí nos mostró su jardín y las sillas donde el joven argentino conversaba con el profesor sobre temas científicos y sobre política.
«El profesor Salazar Mallén era un devoto de su profesión y quería que Ernesto Guevara se entregara como él a la medicina, en cuerpo y alma, porque consideraba, con sobrada razón, que aquel muchacho tenía mucho talento para la investigación. Mi marido me contó que finalmente no logró convencerlo y Ernesto lo confirmó cuando dijo aquella frase suya de despedida. Después, cuando Mario se enteró del desembarco del Granma y de los avatares que pasaron Fidel, Ernesto y todos ellos, estaba furioso, pero muy furioso por no haber podido impedir que Ernesto se hubiera ido. Me decía: “Verás, este muchacho no va a resistir, acuérdate de su asma”. Pero la vida le dio la razón al Che, como lo nombraba todo el mundo, y no a mi marido.
Luego, en 1959, 1960, el Che llamaba a Mario por teléfono para consultarle sobre medicamentos y sobre problemas de alergia. También Mario lo llamaba a él y lo tenía informado de cómo marchaban las investigaciones en ese campo; ellos siguieron siendo grandes amigos.
«El Che lo invitó a Cuba para que se relacionara con los médicos de allá, lo llevó a visitar lugares donde él había combatido como .guerrillero con el Comandante Fidel Castro, y Mario trajo a México muchas fotografías en las que aparecían el Che, sus ayudantes barbudos, su esposa Aleida March... Pero cuando Mario murió, hace poco tiempo, a mí me atormentaban los recuerdos y rompí muchas fotos, cartas y entre esos papeles estaban también algunas relacionadas con Ernesto», relata Olvido Tapia.
«Tanto quería el maestro a Ernesto que lo hacía acompañarnos a las excursiones, casi todas relacionadas con eventos sobre su especialidad médica que se celebraban en otros estados del país. Mi hija, entonces muy pequeñita, y desgraciadamente también fallecida, tenía encanto con Ernesto y él con ella. La subía a la espalda y caminaba grandes tramos con ella a cuestas, simplemente para complacerla en sus intereses infantiles; él era muy amable y respetuoso. Cuando el profesor hablaba con otras personas que Ernesto no conocía, enseguida se separaba del grupo, y si Mario no lo llamaba, no tomaba parte de la conversación, aunque dominara perfectamente el tema en cuestión.
«Incluso nosotros lo invitarnos tan pronto llegó, a vivir en esta casa, donde había espacio y comodidades para él, pero Ernesto rehusó. Dijo que no estaba bien que un alumno viviera en la misma casa de su profesor, que el maestro necesitaba privacidad y que había ciertas distancias que guardar; no hubo forma de convencerlo de que viniera con nosotros, él prefirió quedarse dentro de un saco de dormir sobre una cama de reconocimiento en un cuartico pequeño de consulta e instrumentos en el hospital, hasta que tuvo su propio departamento.
«Ya, como el Che Guevara, Ernesto le dedicó un libro suyo a mi marido. Mario se puso de lo más orgulloso. La dedicatoria decía: “Al doctor Salazar, espíritu abierto a todo impulso, aunque agnóstico en materia de guerras de liberación, con el deseo de convertirlo. Che La Habana, abril 12/60».
Facsímil de la revista Alergia del mes de mayo de 1955. En la página 157 aparece un trabajo de investigación realizado por el doctor Ernesto Guevara titulado: «Investigaciones cutáneas con antígenos alimentarios semi-digeridos». Foto: Marta Rojas
EL MÉDICO DAVID MITRANI, AMIGO DE ERNESTO
El hilo para encontrar a compañeros de Ernesto Guevara en el Hospital General y en el Instituto de Cardiología, lo tomamos a partir del encuentro con la señora Olvido Tapia; en su misma casa conocimos a David Mitrani, otro de los alumnos de Salazar Mallén y uno de los más amigos del Che.
«¿Te acuerdas, David, cómo Ernesto llevaba todo el tiempo a María Eugenia mi hija a horcajadas...?» –evocaba Olvido Tapia con Mitrani en una sala de la casa repleta de hermosas obras de arte universal y otras piezas originales del acervo cultural mexicano–.
«Ibamos casi todos los días a “taquear” (comer tacos parados en la calle). Durante bastante tiempo ese fue el plato fuerte de Ernesto y mío. Luego yo me metí en un negocio de mueblería y ahí progresé económicamente, pero no dejé la medicina. Ernesto, por su parte, en esos tiempos malos, económicamente hablando, tiraba fotos e incluso trabajó como periodista para una entidad argentina».
El testimonio del doctor Mitrani fluye y él siente que revive aquellas años juveniles. El médico da un salto en el tiempo y relata su encuentro con Ernesto cuando ya era el comandante Guevara; comieron juntos en las oficinas del Banco Nacional de Cuba a cargo del Che. Recuerda Mitrani.
«Me admiraba verlo con su uniforme y su estrella de comandante. El Che puso una botella de vino sobre la mesa y me dijo: “Yo sé que tú eres un burgués y mandé a prepararte una comida con vino”. Así era su fina ironía». De inmediato el pensamiento de David Mitrani regresa a México:
«EI Che era solo un año mayor que yo. Eramos muy jóvenes. Yo lo admiraba, lo admirábamos todos en el hospital, porque con sus 24 años había andado toda América, había participado en la “revuelta” de Guatemala... En fin, por su origen argentino lo que él nos contaba nos parecía a veces una exageración, pero era la pura verdad: él había vivido intensamente esos años, y aquí en México también. Durante el día estaba trabajando en sus investigaciones, mientras por las noches ejercía como profesor asistente en las prácticas de fisiología en la vieja Facultad de Medicina. También tiraba fotos. Por otra parte, intervenía perros y gatos para sus investigaciones, y lo interesante es que era muy maduro en sus cosas y a la vez parecía un muchacho grande; por ejemplo citando, como decía la señora Olvido, jugaba con la pequeña María Eugenia. Nosotros dos discutíamos muchísimo sobre política internacional; él era muy maduro».
Ernesto Guevara no le había ocultado a su amigo David Mitrani su encuentro con los revolucionarios cubanos y en particular con Fidel. Él nos lo contaría de este modo:
«Al día siguiente de Ernesto conocer a Fidel vino a verme al hospital muy entusiasmado, pero muy entusiasmado, y me contó que había conocido en él, en Fidel, a una gente muy agradable y muy inteligente. Después yo fui conociendo a algunos cubanos a quienes atendí como médico en el hospital, a pedido expreso de Ernesto. Cuando lo tomaron preso él me mandó a llamar, me mandó a pedir adrenalina; le llevé personalmente algunas ampolletas y lo curioso es que llego a la cárcel y lo primero que me encuentro es a Ernesto, al Che, jugando ajedrez con uno de los agentes, con uno de sus carceleros.
«Pero –continúa Mitrani–, volviendo a su interés por la medicina, les diré que Ernesto trabajó muy duro y muy seriamente, como todo lo que él hacía; su labor investigativa tuvo fortuna. Como joven tuvo un éxito rotundo porque le publicaron sus trabajos en una revista especializada. Recuerdo, al menos, dos muy sonados sobre antígenos alimentarios y sobre la acción de la estamina en el útero de las gatas. Él hizo las investigaciones solo y redactó los trabajos en medio de sus inquietudes políticas y la lucha por la vida, porque incluso ya había hecho una familia».
La señora Olvido Tapia viuda del profesor Salazar Mallén, en su residencia de Montes Urales, México, ofrece sus testimonios sobre el joven médico argentino, especialista en Alergia. Foto: Marta Rojas
Olvido Tapia acota que Ernesto era un joven intelectualmente muy bien formado y Mitrani hizo una anécdota a propósito:
«¡Ah, eso sí! A las doce del día en el laboratorio el maestro (Salazar Mallén) tenía la costumbre de interrumpir las labores y tomar el café con nosotros; durante ese rato se realizaba alguna lectura de una obra clásica, por lo regular relatos cortos de Mark Twain o de Anton Chejov. El maestro mandaba a sus alumnos a comentar lo que se había leído y Ernesto, con esa madurez y esa cultura que tenía, participaba siempre con intervenciones enriquecedoras. Por las tardes, cuando terminaba el trabajo en el laboratorio, entonces era la suya: invitábamos a las chicas y a otros colegas y el Che preparaba dos litros de té de hierba mate, y a conversar, a discutir acaloradamente...
A Ernesto le encantaba preparar el mate y nos obligó a tomarlo con él, y ya lo extrañábamos cuando no tomábamos ese mate. Luego salíamos él y yo de nuevo a taquear, o a cumplimentar nuestros intereses individuales respectivos».
León Bessudo, una de las personas que conoció al Che en México. Foto: Marta Rojas
EL ALPINISTA: TESTIMONIO DEL DOCTOR BESSUDO
David Mitrani y Olvido Tapia nos facilitaron la ubicación del doctor León Bessudo, médico y uno de los más destacados aficionados al alpinismo en México en particular a la subida y descenso del volcán Popocatépetl, en Puebla, a unos 60 kilómetros de México D.F., cuya altura alcanza los 5 450 metros en la Sierra Nevada.
Nos encontramos con el doctor León Bessudo en su consulta, instalada en un laboratorio clínico de su propiedad en la Colonia Roma.
El doctor Bessudo había sido uno de los jóvenes médicos que disfrutó alguna vez de la hora de la hierba mate en el laboratorio de Salazar Mallén. Era amigo personal de David Mitrani y también del maestro. Por primera vez había ascendido el Popo cuando contaba 16 años de edad. En 1955 Mitrani le pidió, como un favor personal, que llevara a Ernesto al cráter del Popocatépetl, donde él quería colocar una bandera que había traído de su país, junto a los demás pabellones nacionales que tradicionalmente se colocaban allí el Día de las Banderas, alrededor de la fecha del 12 de octubre.
«Accedí al ruego del doctor Mitrani; yo había conocido a Guevara en el laboratorio, pero le pregunté a mi amigo si Ernesto tenía el entrenamiento adecuado, pues el esfuerzo es tremendo. No sabía si tenía ese entrenamiento o no, pero sí tenía la fuerza necesaria y la voluntad al extremo que yo no me enteré en esa oportunidad que el doctor Guevara padecía de asma crónica.
«La subida al cráter es de aproximadamente 12 kilómetros, a partir del sitio donde comienza el ascenso de los alpinistas –sigue relatando Bessudo–. La subida en efecto, es extremadamente difícil, y si no se tiene experiencia, es aún más peligrosa. Es importante llevar la ropa y los equipos adecuados, diríamos que imprescindibles, y revisarlos bien antes de partir. El Che, o el doctor Guevara no tenía ninguno adecuado y yo le conseguí el suyo en la Universidad; me lo prestaron y se lo facilité a él porque lo veía muy entusiasmado, muy interesado en cubrir esa meta en su vida, ir a esa excursión al cráter. Nuestro grupo lo constituían entre 20 y 25 alpinistas. Yo los llevaba todos los años. Así dispuesto todo, se incorporó, ascendió a la cima y llevó su banderita pequeñita que me dijo era una bandera “especial” para él; llegó a la cima con ella, la colocó junto a las demás banderas, le tomé las fotografías que a él le interesaban, incluida esa de la bandera. Yo llevaba la cámara de mi hermano y es posible que el Che llevara la suya, no lo recuerdo, el caso es que le tomé la foto como él quería».
Sobre las características del Popocatépetl y la excursión de aquel día, nos contó Bessudo que en el Popo hay un clima muy curioso y variado, si sopla el viento, se congelan hasta los huesos; y si no sopla en absoluto, hay que quitarse la ropa especial, a pesar de que uno está en la nieve. Esto ocurre por la altura y por la intensidad del sol. En esas condiciones el sitio puede volverse muy caluroso.
Aquel día, según él, estaba nublado, pero no soplaba mucho viento, se podía subir más fácilmente. Sin embargo, en un momento determinado se sintió mucho frío y a algunos de los que integraban el .grupo se les congelaron los pies y hubo que trasladarlos al hospital.
¿Y después de saber que aquel Ernesto era el Che Guevara, qué pensó Bessudo?, le preguntamos al médico alpinista. El respondió:
«Ese fue mi único contacto directo con el Che, pero me ha dado mucho gusto haberlo tenido conmigo en ese momento de su ascensión exitosa al Popocatépetl en 1955; ese será siempre un pasaje inolvidable en mi experiencia de alpinista».
Los días 20 y 26 de enero de 2017, nuestro programa de televisión La pupila asombrada transmitió la entrevista realizada al Comandante Ernesto Che Guevara, entonces Ministro de Industrias de Cuba, por la periodista estadounidense Lisa Howard, el 12 de febrero de 1964. Se trata de grabaciones originales, sin editar, de aquel encuentro del cual la televisora ABC trasmitió solamente 22 minutos doblados al inglés, el 22 de marzo de 1964.
El blog Dialogar, dialogar, de nuestro colaborador Elier Ramírez Cañedo ha publicado la transcripción íntegra de ese material realizada por Versiones Taquigráficas del Consejo de Estado.
Entrevista al Comandante Ernesto Che Guevara, realizada por Lisa Howard, el 12 de febrero de 1964, “Año de la Economía”. (Versiones Taquigráficas – Consejo de Estado)
Lisa Howard.- Señor Guevara, desde el triunfo de la Revolución, la economía cubana –según los informes- se ha deteriorado en todos los sectores. La producción industrial, el cultivo de hortalizas, la cosecha de azúcar del pasado año, que alcanzó un mínimo de tres millones y medio de toneladas. ¿Cómo explica esta regresión económica?
Ernesto Guevara.- La pregunta es una afirmación, en primer lugar. Entonces lo que primero que hay que hacer es destruir la afirmación y después contestar la pregunta.
La afirmación de que todos los aspectos de la economía cubana se han deteriorado durante el transcurso de la Revolución es falsa. La producción industrial ha aumentado del año 1959 a aquí. Podría haber aumentado mucho más si no fuera tan influenciada por la industria azucarera, que efectivamente ha descendido. La producción industrial ha aumentado a un ritmo de un 7% anual, dejando de lado el azúcar, y estos dos últimos años: 1963, que ha pasado, y los cálculos para 1964, serán aumentos mayores; 1963 es de un 10% y 1964 calculamos más, además de que el azúcar aumentará ahora.
En el campo agrícola ha habido algunos problemas, tampoco son totales. El azúcar, que es nuestro cultivo fundamental —todavía tenemos características de monocultivo—, descendió mucho. Eso se debe a una mala política azucarera nuestra y a la extraordinaria sequía de los dos años pasados. Sin embargo, en otros aspectos de la agricultura no ha sucedido lo mismo, y hemos tenido algunos éxitos parciales: ya el algodón es hecho en Cuba, el kenaf igual, cultivos desconocidos anteriormente.
Creo que todo el análisis debe centrarse en el azúcar. Como usted decía, la producción azucarera fue muy débil, no de 3 500 000, pero sí de 3 800 000 toneladas, la más baja en muchos años. Ya este año será más alta, todavía no podemos decir cuánto, ni creemos que sea un aumento sustancial, porque además ha estado el ciclón de por medio, que ha afectado la cosecha, pero será más alta, y de aquí en adelante crecientemente irá en aumento el azúcar.
La producción industrial, en general, como ya le digo, ha ido en un aumento sostenido. Y esto debe considerarse como un éxito mucho mayor si se tiene en cuenta el bloqueo extraordinario a que ha sido sometida Cuba.
Lisa Howard.- ¿Cuánto afecta el bloqueo económico a la economía cubana?
Ernesto Guevara.- No se puede dar, por lo menos yo no puedo dar una cifra exacta de la incidencia del bloqueo sobre Cuba, incluso, porque el bloqueo tiene facetas negativas y facetas positivas, entre las facetas positivas está el desarrollo de la conciencia nacional y del espíritu de lucha del pueblo por superar las dificultades; pero si usted considera que toda la maquinaria cubana, casi todas las industrias cubanas, algunas de ellas de carácter exclusivo, estaban enviadas desde los Estados Unidos, además de que Cuba era receptora de toda la maquinaria vieja de los Estados Unidos, donde los capitalistas las enviaban aquí para seguir acumulando ganancias y ya muchos productos están descontinuados, se puede dar una idea de que un extraordinario esfuerzo ha habido que hacer para poder superarlo.
Las cifras no se pueden dar, no las conozco. Evidentemente, ha significado un retraso grande. Ahora, también para nosotros ha sido una lección positiva y una enseñanza de cómo tenemos que manejar nuestra economía en el porvenir. Creo que, más o menos, le contesté.
Lisa Howard.- Rusia está inyectándole una gran cantidad de dinero a la economía cubana cada día. ¿Qué le sucedería a la economía de la Isla si esa ayuda cesara de repente?
Ernesto Guevara.- Estas afirmaciones de las cantidades diarias corresponden efectivamente al modo de pensar norteamericano, y el concepto de inversiones, tal vez, responda un poco a la idea que los norteamericanos se hacen de lo que es ayuda. La ayuda norteamericana a los Estados americanos del Sur, se revierte después contra esos propios Estados. En el caso nuestro ha habido lo que se puede llamar ayuda, que es la condonación de ciertas deudas comerciales y empréstitos a largo plazo de tipo absolutamente comercial. El resto es el comercio natural entre los dos países.
Cuba ha dejado de tener como primer cliente de importación y exportación a los Estados Unidos y ahora es la Unión Soviética. Si cuando usted pregunta qué es lo que pasaría si la ayuda soviética cesara se refiere al intercambio en total, pues yo puedo contestarle que se paralizaría la vida del país, porque, por ejemplo, el petróleo viene todo de la Unión Soviética y son casi 4 millones de toneladas; pero eso no es ayuda, eso es intercambio comercial en términos de absoluta igualdad, y nosotros lo pagamos con nuestro azúcar y otros productos. La ayuda se ha debido efectuar estos años de mala cosecha en un superávit, un exceso de exportaciones de la Unión Soviética con respecto a nuestras importaciones. Estos años con el aumento del precio del azúcar ha disminuido mucho. Actualmente nuestros términos de intercambio son relativamente parejos, aunque siempre la Unión Soviética nos da un desbalance comercial, y después está la ayuda en las inversiones, que son muy cuantiosas y que, si cesaran, pararía nuestro desarrollo industrial. Por eso hay que precisar bien que el término de “ayuda” no es el más correcto para nuestras relaciones con la Unión Soviética, que lo que nosotros mantenemos es una relación de igualdad entre países socialistas, efectuando un intercambio de provecho mutuo.
Lisa Howard.- Muchos críticos del régimen cubano creen que lo floreciente de Cuba se debe a lo efectiva que ha sido la propaganda comunista; que hay una diferencia entre la imagen que se da de Cuba y la verdadera Cuba: ¿Cuál es su reacción al respecto, doctor Guevara?
Ernesto Guevara.- Yo creo que más bien debiera yo preguntarle a usted cuál es la opinión suya, porque yo tengo una imagen de la Revolución, la mía, además quizás deformada por el puesto que ocupo. La gente en América, nuestra América y, en general, en todo el mundo, tiene otra imagen de la Revolución. Al llegar aquí se confrontan las dos y es cuando se produce el choque, pero ese choque se produce sobre la gente que viene de afuera; nosotros acostumbrados a criticar todo lo nuestro y a criticar todo lo malo y a ver con profundo sentido crítico el desarrollo de la Revolución, no nos damos cuenta a veces de los avances que tenemos, y son ustedes, los que nos visitan cada tanto tiempo, los que a veces nos llaman la atención sobre los avances. De modo que esa pregunta yo como entrevistador se la podría hacer a usted.
Lisa Howard.- Comandante Guevara, muchas evidencias externas indican que el sistema económico marxista no funciona; no le proporciona una vida de abundancia a su gente. Al cabo de 47 años, la Unión Soviética todavía no es capaz de brindar alimentos, viviendas y ropa apropiados a su pueblo. ¿Cree que se debe a que el sistema marxista no brinde incentivos adecuados para alcanzar altos niveles de productividad?
Ernesto Guevara.- Usted tiene alguna tendencia a deslizar afirmaciones en las preguntas; yo tengo que volver a destruir primero la afirmación para después contestar la pregunta.
Usted afirma que está demostrado que el sistema marxista no da bienestar a la gente, yo creo todo lo contrario. Si lo comparamos con los Estados Unidos, el nivel de vida de cualquier pueblo es más bajo; pero cuando ustedes hablan del modo de vida americano y del mundo libre, deben considerar en ese mundo libre, por ejemplo, los 200 millones de hombres que en América Latina se mueren de hambre, mueren de enfermedades, no llegan ni siquiera a ver la edad adulta porque mueren famélicos de niños; toda esa gente contribuye a la grandeza económica de los Estados Unidos que los explota en alguna forma. Así sucede en el África y sucedió en el Asia también. El marxismo rompe todo eso.
En Cuba, evidentemente hoy hay una situación más estrecha para mucha gente que antes; pero hay una situación mucho mejor para mucha más gente que antes, y eso lo puede ver usted si viaja por el interior, si conoce a los campesinos nuestros cómo vivían, a nuestros trabajadores del azúcar cómo vivían; entonces tal vez pueda encontrar la raíz de la pregunta.
En este momento en que nosotros somos sitiados por el imperialismo norteamericano, no podemos darle a nuestro pueblo todo lo que quisiéramos, pero le hemos dado todo lo que hemos podido y todo lo que hemos sido capaces de hacer hasta ahora, en igualdad de condiciones, desde ministros hasta cualquier otro cargo del gobierno. Y esa es la principal razón por la cual los pueblos siguen luchando por liberarse.
Viet Nam del Norte está liberado y, sin embargo, Viet Nam del Sur no encontró mejor el modo de vida norteamericano, sino que se rebeló, tomó las armas y está derrotando a la intervención norteamericana. Póngase a pensar si no hay algo detrás de eso que incite a los pueblos a luchar y si no es que el marxismo ofrece una vida mejor para los pueblos.
Lisa Howard.- Pero el gobierno de los Estados Unidos está muy consciente de los problemas en América Latina, y a través de la Alianza para el Progreso está tratando con mucha fuerza de elevar el nivel de vida de las personas en todo el hemisferio. Ahora bien, si las clases gobernantes acuerdan realizar reformas agrarias y reformas tributarias, y si el nivel de vida aumenta, ¿no perdería el mensaje de la Revolución Cubana su significado?
Ernesto Guevara.- Claro, lo perdería inmediatamente. El mensaje de la Revolución Cubana tiene ese significado, porque por su propia gravitación el imperialismo no puede hacer sino reformas muy tibias que no llegan al fondo del asunto. Si toda Latinoamérica fuera liberada de la dominación imperialista, el imperialismo mismo se vería en muy serios problemas. La base de sustentación del imperialismo, que es la dominación de los países latinoamericanos a través del intercambio desigual, el intercambio de productos manufacturados por materias primas, la toma de todos los factores decisivos en cada gobierno a través de las oligarquías vendidas al imperialismo, si todo eso cambiara, el imperialismo habría perdido su fuerza, estaría entonces afrontando la crisis general del capitalismo, es decir, precisamente la crisis entre la propia clase obrera del interior del país, explotada hoy, pero cuya explotación no se ve, porque se traslada a América, al África y al Asia y entonces el conflicto estaría directamente en el interior de los Estados Unidos.
De modo que, naturalmente, el mensaje de la Revolución Cubana perdería toda su importancia en ese momento, pero no sería necesario tampoco, porque precisamente eso es lo que deseamos para nuestros pueblos, para todos los pueblos de América. Y después de haber obtenido lo que todos deseamos no hay necesidad de estar lanzando mensajes que ya no tendrían significación.
Lisa Howard.- ¿Entonces estamos de acuerdo en el deseo de que se realicen estas reformas?
Ernesto Guevara.- ¿La verdadera reforma, la ascensión del pueblo al poder? Estamos de acuerdo.
Lisa Howard.- Comandante Guevara, ¿cree que eso no se puede producir mediante un proceso evolutivo, sino que tiene que ser resultado de la violencia y de conmociones revolucionarias?
Ernesto Guevara.- Eso depende siempre de las clases reaccionarias, que son las que se niegan a dejar el poder, a dejar las prebendas del poder. Donde la fuerza del pueblo sea tal que pueda obligar a las clases reaccionarias a abandonar el poder por la vía pacífica, se hará así, es mucho mejor para todos. Donde las clases reaccionarias traten de mantener el poder de todas maneras, surgirá, independientemente de la voluntad de nadie o del deseo de nadie, la chispa que incendie toda la América o una parte de la América y, en definitiva, el pueblo llegará al poder.
Lisa Howard.- Cuando Cuba producía materias primas para los Estados Unidos y tenía que comprar los productos manufacturados de nosotros, ustedes llamaban a eso la peor forma de colonialismo económico. Ahora, de nuevo, Cuba está asumiendo el mismo rol, predominantemente agrícola, con el sistema soviético. ¿Es esto repentinamente aceptable?
Ernesto Guevara.- Sí, yo comprendo.
No, no es exacto ni mucho menos.
En primer lugar, hay que precisar que no es solamente el intercambio de materias primas por productos manufacturados lo que condiciona el imperialismo, sino todos los aparatos anexos a estas relaciones de intercambio.
Cuba vendía azúcar a los Estados Unidos y recibía materiales, pero el azúcar que vendía a los Estados Unidos se transformaba en dólares que también iban a los Estados Unidos y, además de esto, los materiales que venían, venían para fábricas norteamericanas, en una buena parte, que elaboraban productos que vendían aquí, convertían los pesos en dólares y también iban a los Estados Unidos. Esta es una de las fases del dominio imperialista sobre un país.
Ahora, con respecto al intercambio directo de materias primas con productos manufacturados. Precisamente, nosotros hemos tenido largas conversaciones con la Unión Soviética sobre esto, y de esas conversaciones surgió un precio especial para el azúcar. Eso es precisamente la demostración palpable de que las relaciones socialistas se hacen sobre bases totalmente distintas; y al precio pagado por la Unión Soviética, nuestro azúcar nos permite importar la maquinaria suficiente para desarrollar nuestra industria y convertirnos ya en un país industrial-agrario y no simplemente un exportador único de materias primas.
Lisa Howard.- Comandante Guevara, ¿cuando luchaba en la Sierra Maestra, preveía que la Revolución tomaría un rumbo tan radical?
Ernesto Guevara.- Por lo menos intuirlo. Naturalmente, la forma y el desarrollo tan violento de la Revolución no se podían prever. Incluso, la formulación marxista-leninista de la Revolución no era previsible, eso fue producto de todo un largo proceso que usted conoce bien.
Nosotros teníamos la idea, más o menos vaga, de resolver los problemas que veíamos palpablemente en los campesinos que luchaban con nosotros y en los obreros que conocíamos; pero ya sería muy largo contar todo el proceso de la transformación de nuestro pensamiento.
Ahora, no le quepa la menor duda de que tuvo una participación importante Estados Unidos y su forma de actuar en el desarrollo de la Revolución, en el aceleramiento de la Revolución sería más bien.
Lisa Howard.- Se dice que el comunismo es incompatible con el temperamento cubano. ¿Cree usted que afectaría a los cubanos acatar la rígida disciplina de la sociedad comunista?
Ernesto Guevara.- Esa es una de las tantas versiones sobre el comunismo. Al comunismo lo hacen los pueblos y, por lo tanto, los pueblos lo hacen a su imagen y semejanza. Las particularidades de nuestra estructura étnica, social y cultural se trasplantan a nuestras formas de hacer y de construir la nueva sociedad, y la disciplina no es ninguna cosa ajena a los pueblos, simplemente responde a una etapa de desarrollo. Cuando no hay nada más que una cosecha al año y la cosecha depende del viento, del sol o de la lluvia, el tiempo no tiene importancia y la disciplina tiene muy poca importancia; pero cuando hay que sujetarse a un ritmo de desarrollo, cuando hay industrias, cuando cada minuto vale su propio peso, entonces la disciplina tiene que venir automáticamente.
En el proceso nuestro de desarrollo, de industrialización del país, la disciplina, por su propio peso, se establece en todo el país, es una necesidad vital y el pueblo la comprende y la adapta inmediatamente a su manera de ser.
Lisa Howard.- Nos parece a nosotros, contemplando la escena cubana, que los dos problemas principales son: las dificultades de disciplinar al pueblo para el comunismo, y la creciente burocracia. ¿Cree usted que son estos los dos principales problemas?
Ernesto Guevara.- Nuestros problemas, ¿no?
Lisa Howard.- Sí.
Ernesto Guevara.- Nuestros dos problemas principales son: el imperialismo y el imperialismo, entonces después pueden venir los demás; pero ahora le puedo contestar sobre la pregunta que usted me hace.
La burocracia es un problema, es el producto de una sociedad que tiene que desarrollarse muy rápidamente, con cuadros que no están capacitados para esa etapa de desarrollo, entonces se establece un poco el cambio de cantidad por calidad. Donde un hombre eficiente puede hacer un trabajo, se necesitan 10 hombres que discutan, que intercambien ideas, que duden, que se equivocan, incluso, para hacer el mismo trabajo. En este momento la burocracia es un lastre en Cuba, pero es un lastre transitorio, el lastre del período de aprendizaje, y después la vamos a eliminar.
La disciplina yo no considero que sea absolutamente ningún problema para Cuba, y si usted hubiera estado el 2 de enero aquí, hubiera podido ver desfilar nuestras Fuerzas Armadas y eran todos cubanos, no había ni congoleses, ni chinos, ni soviéticos desfilando, y era un verdadero ejército, ese lo hemos hecho nosotros, nuestro pueblo lo ha hecho. De modo que la disciplina no es un problema para nuestro pueblo.
Lisa Howard.- ¿Qué es lo que se está haciendo para eliminar este grave problema de la burocracia, y así mismo, la falta de organización que nosotros hemos visto?
Ernesto Guevara.- Primero tenemos que empezar a estudiar qué es lo que hemos hecho, para ver dónde está la raíz de la burocracia. Consideramos que la raíz de la burocracia está, nosotros le hemos llamado, en cierta falta de motor interno de algunos funcionarios. Es decir, les falta sentir en sí mismos el problema de que se trata; cierto temor a las consecuencias de los actos que obligan a la protección del papel, siempre un papel por delante, que, además, en los Estados Unidos también se desarrolla, no es solo en el comunismo, hay mucho papeleo también en las oficinas públicas norteamericanas, y, por último, ese desconocimiento real del problema. Entonces nosotros ahora estamos estudiando detenidamente estas causas, viendo cómo se pueden ir eliminando y consideramos que la burocracia es un lastre, pero no es un peligro y se eliminará con el desarrollo de la Revolución.
Lisa Howard.- ¿Usted cree posible que este problema de la burocracia sea intrínseco al sistema comunista?
Ernesto Guevara.- No, le decía que no. La burocracia nosotros la heredamos como elemento del pasado cubano, y existe en los Estados Unidos también. Puede ser que en determinados momentos del desarrollo del socialismo la burocracia aumente excesivamente, puede ser, yo no soy un teórico como para hablar sobre este punto; pero, evidentemente, la burocracia existe en el capitalismo y en los sistemas socialistas, en ambos.
Lisa Howard.- Pero la burocracia aquí es realmente asfixiante. No tiene idea de cuánto demora obtener un papel.
Ernesto Guevara.- Ahí salía, el otro día estaba leyendo una publicación nuestra, tomado de una revista, TheParkintong creo que se llamaba (Risas).
Lisa Howard.- Comandante Guevara, el doctor Fidel Castro ha expresado con frecuencia su deseo de normalizar las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, ¿usted desea la normalización de tales relaciones?
Ernesto Guevara.- Sobre la base de los principios, ¡cómo no!, y yo quizás más que nadie, porque la industria es la que sufre el bloqueo, la industria y el transporte quizás sean los sectores de la producción que sufren el bloqueo más duramente. El transporte ahora se ha liberado, pero nosotros no, de modo que sobre la base de los principios y de una absoluta igualdad, nos parece ideal una normalización de relaciones.
Lisa Howard.- Doctor Guevara, ¿opina usted que el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos sería beneficiosa para la economía cubana?
Ernesto Guevara.- ¿Diplomáticas?
Lisa Howard.- Y comerciales.
Ernesto Guevara.- ¡Ah! Bueno, serían beneficiosas, pero claro…
Lisa Howard.- Discúlpeme. Voy a hacer la pregunta de otra forma.
Doctor Guevara, ¿qué piensa del restablecimiento de las relaciones diplomáticas y comerciales entre Cuba y los Estados Unidos y sus beneficios para la economía cubana?
Ernesto Guevara.- En el momento actual, naturalmente, de empezar de nuevo estas relaciones tendrían que ser gradualmente. Nuestros grandes productos de exportación los hemos derivado hacia otros mercados; pero, evidentemente, siempre sería más fácil para nosotros lograr productos, sobre todo, piezas de repuesto, que están muy cerca y que son fabricadas, precisamente, por los norteamericanos.
Ahora, de todas maneras luce en el momento actual, que no es una realidad muy cercana, y nos podemos pasar sin esas relaciones también perfectamente.
Lisa Howard.- ¿No resulta bastante difícil cuando sus líneas de suministro se hallan a 7 000 millas de distancia?
Ernesto Guevara.- Resulta difícil, resultó sumamente difícil y complicó mucho las cosas al principio; pero se va superando cada vez más, pronto podremos crear reservas y con las reservas ya nuestros almacenes estarán aquí, podremos ir remediando la mayoría de las dificultades; a medida que transcurra el tiempo es menos dificultoso la distancia para lograr nuestros abastecimientos. Y, además, también, la relación se hace más estrecha, se conocen más las necesidades de un año para otro, de manera que nuestros suministradores pueden preparar con tiempo los envíos, y año a año se está notando esto en la economía cubana.
Lisa Howard.- ¿Usted podría analizar, para nosotros, cuán efectivo ha sido el bloqueo estadounidense?
Ernesto Guevara.- Me parece que ya casi casi eso es una invitación a un delito de infidencia, ¿no?
Hemos reconocido la importancia del bloqueo, también anunciamos, y con la misma tranquilidad, que el bloqueo no nos va a impedir avanzar; pero, primero es difícil especificarlo, y, después, no es tan conveniente tampoco; todavía, a pesar de sus buenas intenciones, somos enemigos y es bueno que el enemigo sepa solamente las generalidades de su contrincante.
Lisa Howard.- Entonces, ¿yo puedo deducir que usted me está diciendo que el bloqueo económico ha sido muy efectivo?
Ernesto Guevara.- Usted ha presumido varias cosas durante el curso de nuestra entrevista, entre otras, que el comunismo no tiene ninguna influencia, que es un retraso a la productividad; que el bloqueo es muy efectivo, es la última deducción; que la burocracia es asfixiante. Al mismo tiempo me dice que se nota algo distinto desde su última entrevista con nosotros en Cuba. Yo también deduzco que usted ha visto un avance de la Revolución Cubana y yo podría preguntarle a usted. Si todo es tan malo y si el bloqueo es tan efectivo, ¿por qué avanza la Revolución Cubana?
Lisa Howard.- Yo he dicho con frecuencia que usted es el hombre más franco que hay en la isla. Por lo tanto, espero que usted me diga cuán efectivo ha sido el bloqueo.
Ernesto Guevara.- Y yo le repito que no puedo decirlo. Desde el punto de vista de las cifras diría una mentira, cualquiera que ella fuera, porque también le he dicho que el bloqueo ha tenido aspectos positivos y aspectos negativos; pero, incluso, suponiendo que fuera la persona más franca, no creo que tenga ese crédito especial en Cuba, donde todos somos francos; pero aun suponiéndolo, hay veces que con toda franqueza hay que decir ciertas cosas que uno no puede contestarlas y también es franqueza.
Lisa Howard.- Yo sé que ustedes han adquirido autobuses en Londres; barcos en España. Tengo entendido que tienen una misión económica en Suiza. ¿Esto constituye un cambio fundamental en la economía cubana?
Ernesto Guevara.- ¿Usted se refiere a un cambio en la economía o en la política económica?
Lisa Howard.- Un cambio en la política económica.
Ernesto Guevara.- Yo considero que no, que ha habido cierto cambio en la política económica de algunos países, cierto resquebrajamiento de la unidad monolítica del “mundo libre” y se comercia más con Cuba ahora. Nuestra disposición a comerciar ha sido siempre la misma, sobre las mismas bases; es decir, la mercancía es una mercancía y debe ser de beneficio mutuo para quien la compra y para quien la vende esa transacción, sobre esas bases siempre hemos comerciado con todo el mundo y también con los Estados Unidos aún después de no tener relaciones.
Los Estados Unidos habían influido mucho para que no se nos vendieran determinadas cosas y usted conoce bien todo el debate que ha habido sobre los autobuses vendidos por la Leyland; pero quien ha cambiado no somos nosotros, en realidad, hay ciertos aspectos de la política internacional que han cambiado. No sé si nosotros tendremos algo que ver con eso, no nos creemos tan importantes.
Lisa Howard.- ¿Estima usted que este comercio con el occidente que tienen ahora continuará y quizás se ampliará en un futuro?
Ernesto Guevara.- Tengo esperanzas…, es decir, perenne.
Lisa Howard.- Quisiera que ampliara más sobre este tema.
Ernesto Guevara.- Al principio, cuando comenzó la Revolución, aun antes de tener inconvenientes serios con los Estados Unidos, habíamos enviado varias delegaciones a distintos países de Europa, en general, lo que había era una abstención, la gente no tenía mucha confianza en nuestra capacidad de sobrevivir. Esto se acentuó más cuando las contradicciones con Estados Unidos se acentuaron a su vez. Llegó un momento en que prácticamente los intercambios iban descendiendo año por año y muy aceleradamente; sin embargo, después de Playa Girón y posteriormente a la Crisis de Octubre, sobre todo, se ha ido viendo un cambio paulatino, y ahora más acelerado, de todos los países de Europa hacia la Revolución Cubana. Nosotros estamos seguros de nuestra permanencia como Gobierno Revolucionario, de la permanencia de la Revolución, y parece que esa fe también ha trascendido a través de nuestros hechos y de nuestra capacidad de defensa a los comerciantes de otros países capitalistas del mundo y han decidido mantener relaciones que eran tradicionales, en muchos casos, con Cuba.
De manera que todo hace pensar que esas relaciones seguirán y que, incluso, se abrirán, porque siempre ahora existía la inseguridad de después, si se cerraba el comercio, cómo traíamos las piezas de repuesto; pero, sobre todo, Inglaterra y Francia han mantenido con nosotros relaciones muy buenas en ese sentido y han garantizado las piezas de repuesto para las maquinarias que ellos nos han vendido en la etapa revolucionaria, y eso también ha acentuado nuestra confianza en la posibilidad de importar nuevas maquinarias y acrecentar con equipos tecnológicamente de primera calidad, de lo más avanzado del mundo, toda una serie de industrias que tenemos en desarrollo.
Lisa Howard.- ¿Qué le sucedería a la economía cubana si de pronto este comercio con el occidente se suprimiera?
Ernesto Guevara.- Nothing (Risas).
Lisa Howard.- Nada. Pero usted afirma que es necesario.
Ernesto Guevara.- Es conveniente.
Lisa Howard.- ¿Qué es lo que a usted le gustaría ver a los Estados Unidos hacer en lo que se refiere a Cuba?
Ernesto Guevara.- Es muy difícil precisar esa pregunta, es un poco irreal; casi que la contestación más franca y más objetiva sería nada, nada en todos los sentidos: nada a favor y nada en contra; dejarnos tranquilos, en una palabra.
Lisa Howard.- ¿Se siente usted optimista con respecto a la posibilidad de una normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos?
Ernesto Guevara.- Creo que es difícil también contestar. Estamos expectantes, observando la situación simplemente, tomando providencias para uno u otro camino que se pueda seguir, depende de una serie de circunstancias de las características mismas del gobierno norteamericano, y depende también de cómo sepa valorar la situación del mundo. Hasta ahora no ha dado indicios claros de que sabe valorar exactamente la correlación de fuerzas en el mundo. Por lo tanto, no hay indicios claros de que la normalización va a ser total. Ahora, hay ciertos indicios de que a pesar de las últimas provocaciones como esta, absolutamente piratesca, prisión de nuestros pescadores, las cosas se conducen con otro tono. Si fuera así, podríamos convivir al menos; amigos difícilmente lo podamos ser durante muchos años del gobierno norteamericano. Contra el pueblo norteamericano creo que usted habrá visto aquí que no tenemos absolutamente nada, y que no hay el menor odio en nuestro país contra el pueblo norteamericano.
Lisa Howard.- Muchas gracias señor Guevara.
Ernesto Guevara.- No sé decir “de nada”, tengo que decirlo en español (Risas).
Lisa Howard.- Si algo le ocurriera a Fidel Castro, ¿cuál cree que sería el destino de la Revolución Cubana y quién cree que accedería al poder aquí?
Ernesto Guevara.- Por la índole de la pregunta supongo que se refiere usted a que le sucediera algo violento. Sería, naturalmente, y nosotros no lo podemos negar, un golpe muy fuerte para la Revolución Cubana; Fidel es nuestro dirigente indiscutible, indiscutido y nuestro verdadero guía en una serie de situaciones extraordinariamente difíciles que ha pasado Cuba, en la cual ha dado muestras de su altura mundial de dirigente. Creo que ninguno de nosotros tiene esa altura, pero hemos adquirido una experiencia revolucionaria en años de lucha, en años de lucha a su lado, nos hemos formado en una escuela única, una escuela de audacia, de sacrificio, de decisión por defender los principios, de análisis de los problemas, y entre todos podremos salir adelante aun cuando le sucediera algo.
¿Quién lo reemplazaría? Sería una cuestión a discutir posteriormente. Nosotros no hacemos esa clase de análisis ahora, ni tenemos ninguna aspiración ninguno de nosotros; pero lógicamente su hermano Raúl, no por ser su hermano, sino por sus propios méritos, es el viceprimer ministro y es el más indicado entre nosotros para seguir el mismo rumbo de la Revolución Cubana.
Lisa Howard.- Usted que ha trabajado íntimamente con Fidel Castro durante muchos, muchos años, ¿cuál es su opinión de Fidel como hombre y como dirigente?