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jueves, 23 de marzo de 2017

Fernando Ravsberg: “El principal aporte de los nuevos espacios informativos ha sido demostrar que otro periodismo es posible en Cuba”.

María Isabel Alfonso, Cuba Posible

Marzo 23, 2017


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Foto tomada de laventana.cult.cu

Cuba Posible, en su esfuerzo por dar continuidad a las reflexiones sobre la prensa y la esfera pública en nuestro país, ha entrevistado al periodista de origen uruguayo Fernando Ravsberg, quien ha sido corresponsal de diversos medios de prensa extranjeros en nuestro país, y mantiene, desde hace varios años, el reconocido blog Cartas desde Cuba.

¿Cómo es que llegaste a hacer periodismo en Cuba y por qué te decidiste a quedarte en la Isla?

Llegué, como muchos otros colegas en el año 1990 para cubrir el desenlace político de Cuba frente a la desaparición de la URSS y del Campo Socialista europeo. Desde el viejo continente había la percepción de que la Revolución cubana no sería capaz de sostenerse sin el apoyo soviético.

En el año 1997 intenté convencer a los medios para los que trabajaba de la conveniencia de cambiarme por otro colega, pero no conseguí el apoyo en las redacciones. Todos insistieron en que me mantuviera “hasta el fin de la película”; seguían con la tesis de 1990. Poco tiempo después caía en las redes de esta nación, me enamoré de ella y fui yo el que no quiso irse a pesar de haber tenido una par de ofertas muy interesantes de trabajo. Por otra parte, mi independencia de criterio es más apreciada como corresponsal que como miembro de una redacción.

¿Cómo concibes el periodismo y cómo se parece el que tú practicas al que concibes como ideal?

Yo concibo el periodismo como un servicio público y a los periodistas como trabajadores al servicio de la sociedad; como los basureros, por ejemplo. En este sentido mi ideal es una sociedad en la que todos los medios sean de propiedad pública, regido por leyes que protejan a los periodistas frente a los poderosos y también a la población ante el ejercicio poco ético del periodismo. A pesar de que Cartas desde Cuba no es un medio de prensa, sino simplemente mi blog personal, hago una selección de noticias buscando prestar un servicio a los cubanos. Hace algún tiempo una dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) me dijo que me leía pero que a veces no estaba de acuerdo con algunas cosas que yo publicaba. Le respondí que yo también estaba en desacuerdo con algunas cosas que publicaba, pero que lo hacía porque consideraba que eran cuestiones de interés público. Así he informado sobre la migración ilegal y los riesgos que implica, sobre las propuestas de senadores de Estados Unidos para quitar las ayudas sociales a los cubanoamericanos, etc.

Los medios de comunicación en Cuba son estatales, es decir, no están en manos de poderes privados. Pero, ¿son realmente medios públicos? ¿Cuál es la diferencia? ¿Cuál es tu preferencia?

Los medios en Cuba son, en un 99 por ciento, de propiedad estatal; yo diría, incluso, que partidaria porque el máximo poder lo tiene el Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba (PCC). El modelo es calcado del soviético y se mantiene a pesar de que en la URSS se convirtió en una herramienta clave para desmantelar el socialismo. Sin embargo, el hecho de que todos los medios sean estatales le da a Cuba una oportunidad única de transformarlos en medios públicos sin tener que enfrentarse, como en otros países, con poderosos propietarios particulares. De todas formas, la burocracia pondrá todas las zancadillas posibles a ese paso porque la independencia de los medios pondrá al descubierto la corrupción e inoperancia de muchos sectores.

Para que haya medios públicos es necesario que la sociedad cuente con leyes que regulen el ejercicio de la profesión como explicaba antes; esa ley de prensa se retrasa en las gavetas de la burocracia pues teme que esta afecte sus intereses económicos.

La posición de atrincheramiento adoptada por un sector del periodismo y la blogosfera cubanos parecen ir en contra del espíritu de “actualización” y transformación que, promovidas por el gobierno, atraviesa la sociedad. ¿A qué crees que se debe esto?

Yo creo que en todo momento de cambio (y este lo es), hay fuerzas que empujan la carreta hacia adelante, otras que la intentan frenar metiéndole palos en las ruedas y muchas que se quedan indiferentes esperando el desenlace.

Son variadas las razones por las que los inmovilistas actúan con el extremismo que lo hacen en la sociedad (la blogosfera es solo un reflejo). Están los corruptos que viven del río revuelto y no quieren que la economía se ordene, porque eso afectaría sus ganancias. Por otra parte, hay un buen grupo de oportunistas que protegen sus puestos en el aparataje “político ideológico” porque este les da privilegios, viajes, gasolina, automóvil, etc… Finalmente están los que sinceramente creen que los cambios traerán el fin del socialismo, la instauración del capitalismo y la dependencia de Estados Unidos.

No sabría decirte cuántos hay en cada uno de estos grupos, pero te puedo asegurar que las reformas de Raúl Castro tienen muchos enemigos que, en su conjunto, ejercen una poderosa fuerza contra los cambios. El contrapeso y principal apoyo del Presidente reside en que la población, en su mayoría, desea cambios que les permita una vida más próspera.

¿A qué atribuyes la emergencia de espacios alternativos en los campos del periodismo y la blogosfera en Cuba? ¿Qué aportan estos medios? ¿Qué limitaciones tienen?

Yo creo que el principal aporte de los nuevos espacios informativos (me resisto a utilizar las palabras “medios” y “alternativos”), ha sido demostrar que otro periodismo es posible en Cuba, que se puede hacer dentro de la Isla y con periodistas nacionales. Lo que queda patente con la apertura de estos nuevos espacios informativos es que Cuba tiene excelentes periodistas y una pésima prensa. La causa de esta problemática es, sin lugar a dudas, la relación Partido-Prensa, que ha llevado a los medios nacionales a perder su credibilidad.

La mayor limitación de estos nuevos espacios informativos es la económica. Es muy difícil obtener financiación sin que los blogs oficialistas, de inmediato, te acusen de “mercenario”. Esos mismos que reciben dinero en abundancia de las arcas del Estado. Fue el caso de Harold Cárdenas, quien trabajó para “El Toque”, de Radio Nederland y con lo que ganaba ahí sostenía, en parte, a su blog La Joven Cuba. Llegaron al absurdo de acusarlo de trabajar para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), porque Holanda es miembro de esa organización. Es por esta razón que, a pesar de haber recibido ofertas de apoyo económico de las más variadas fuentes, sigo optando por pagar los gastos de Cartas desde Cuba con mis ahorros.

La violencia física contra los periodistas es una constante en muchos lugares del mundo. En Cuba se han promovido estándares de respeto hacia los profesionales del periodismo y, en general, aunque hay mucho por cambiar, la Isla está muy lejos de la caricatura que pintan los grandes medios en Estados Unidos. Sin embargo, hace poco sacaste una nota denunciando un comentario de violencia (e incluso, xenofobia) de un bloguero cubano contra tu persona. ¿Piensas que esto es una tendencia que puede seguir proliferando, o una lamentable y aislada excepción? ¿Crees que a pesar de esto, se han ampliado los espacios de aceptabilidad y pluralismo?

Pienso que uno de los mayores logros de la nación durante el último medio siglo fue eliminar la violencia social que existía en Cuba antes de 1959. Era tanta la violencia que el Presidente de la República tuvo que reunirse con los gánsteres para negociar con ellos. Era tanta la violencia que muchos estudiantes universitarios iban a las aulas con pistolas.

Yo creo que la amenaza que recibí, la cual fue festinadamente reproducida por la periodista cubana Norelys Morales, muestra una escalada en la violencia del debate público. Pero los violentos no son los estrategas de esta presión, los verdaderos actores intelectuales son quienes, sin la menor prueba, señalan a los nuevos espacios de información como parte de un complot para destruir a la Revolución cubana. A partir de ese enfoque surgen exaltados que sueñan con tener paramilitares como en Colombia o sicarios como los Zetas mexicanos para ajustarnos cuentas a los periodistas. Y, además, lo escriben en sus blogs. Realmente, con los antecedentes violentos de esta sociedad, creo que cualquier manifestación de este tipo debería ser atajada a tiempo.

¿De qué manera un periodismo más investigativo y menos pasivo nos convierte en ciudadanos con mayor capacidad de participación/ transformación?

Yo creo que Internet ha creado un espacio nuevo para la construcción de mensajes combinados entre periodistas y lectores. La posibilidad de que los lectores comenten y aporten nuevos elementos hace que la nota no esté terminada hasta que el último lector dé su opinión.

Algunos periodistas han cerrado el espacio de comentarios en Cuba, Colombia y otros países por el trabajo que cuesta la moderación de ese debate. Yo creo que cerrar la interacción es castrar el periodismo digital, convertirlo en estéril. En Cartas desde Cuba hemos logrado que revolucionarios, anticastristas y personas sin una posición tomada puedan debatir en base al respeto en el desacuerdo. Creo que debatir con los que piensan diferente y forman parte de la nación es la mejor forma de alcanzar la unidad en la diversidad, en momentos en los que hasta el Presidente de la República cuestiona la falsa unanimidad.

Sin embargo, ahora no solo hace falta exigir a los periodistas profesionalidad, también es necesario plantearles a los lectores seriedad en sus comentarios, avalando con datos y fuentes lo que afirman.

Has comentado en tu artículo “La Revolución digital de Cuba”: “Es inútil intentar contener el río de información que circula por Internet construyendo diques. La nación ganaría si esos recursos se dedicaran a enseñar a los cubanos a navegar, dándoles las herramientas que les permitan sortear hasta la más engañosa de las corrientes”. ¿Cuán importante es promover prácticas de aceptabilidad y accesibilidad a Internet hoy en Cuba?

Entiendo que debe haber leyes que sancionen, por ejemplo, el terrorismo o la pedofilia en Internet; pero dados los avances tecnológicos creo que el uso responsable de la red depende, fundamentalmente, del usuario. En este sentido me parece una torpeza prohibir en Cuba el acceso a determinadas páginas cuando hasta un niño puede hoy sortear el bloqueo. Esta situación obliga a apostar por preparar al usuario para que navegue con responsabilidad, para que no crea todo lo que aparece en Internet, para que sepa separar “la paja del trigo” e, incluso, para que conozca cómo buscar la información que necesita entre miles de millones de informaciones. Creer que con “policías ideológicos” se puede controlar Internet, es una ilusión o una forma de intentar continuar viviendo del cuento.

Algunos de tus críticos en Cuba se centran en que eres colaborador de un medio “español” (Público), pero no explican que se trata de una de las publicaciones digitales españolas de izquierda de mayor seguimiento en ese país y en la red. ¿Cuáles son sus contenidos y políticas editoriales? ¿Qué representa colaborar para un periódico como éste en el contexto del panorama mediático español actual?

Efectivamente, trabajo para el mayor periódico de izquierda de España y el único de los grandes que trata la situación cubana sin prejuicios ideológicos. Se trata del medio que apoyó a “Podemos” desde el inicio del movimiento, cuando ningún otro órgano de prensa les daba un espacio. Por otra parte, fue el primer gran periódico que dio el salto al ciberespacio, cerrando su versión de papel, experimentando un gran crecimiento en el número de lectores (lo cual hoy se demuestra que fue un gran acierto y otros grandes periódicos intentan imitarlo).

A nivel editorial no tengo ningún problema, mis notas se publican sin cambios, por lo que soy responsable de cada palabra que aparece en ellas. Creo que el “encuentro” entre Público y yo no fue casual, ni un amor a primera vista, sino un acercamiento gradual e intelectual.

Los extremistas me acusaron antes de ser un mercenario al servicio de la BBC, ahora siguen diciendo lo mismo aunque trabaje en Público y pague Cartas desde Cuba de mi bolsillo. Son como un disco rayado, tienen poco talento hasta para elaborar infamias.

La censura parece estar hoy a la orden del día en Estados Unidos, país que se vanagloria de practicar los estándares de la “prensa libre” (me refiero, en concreto, a la prohibición a The New York Times, CNN, Político, Los Ángeles Times, y otros medios de prensa, a participar en las sesiones informativas de la Administración Trump). ¿Qué nos dice esto de las dinámicas informativas globales, y de las particularidades de Cuba?

Creo que los derechos de los periodistas se están reduciendo en todas partes del mundo, los atropellos van desde Honduras hasta Francia, aunque los más floridos sean los de Trump. En parte tienen responsabilidad los medios de prensa, los cuales toman posiciones editoriales demasiado marcadas a favor o en contra de algunos políticos. También tenemos responsabilidad los propios periodistas, que somos incapaces de levantarnos e irnos cuando un colega es agredido por los matones de un político. En el caso de Cuba ya ves cómo cuando un extremista amenaza a un periodista con una golpiza pues la colega Norelys Morales se solidariza públicamente… con el agresor.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Mariela Castro en HBO: entrevista a Jon Alpert.

María Isabel Alfonso
febrero 15, 2017



Fotos cedidas por Jon Alpert

Jon Alpert es el director del documental Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution, distribuido y exhibido recientemente por HBO Documentary Films, sección de la mega-cadena de televisión por cable HBO. Presentada en el 2015 tanto en el Festival Doc New York, como en el Festival de Cine de La Habana, Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution explora los desafíos y transformaciones del movimiento LGBT en la Isla a través del seguimiento de historias personales de miembros de esta comunidad y de los testimonios de Mariela Castro, impulsora, sin lugar a dudas, de muchas de las transformaciones que han tenido lugar en el campo de los derechos de género.

La película, consecución del proyecto iniciado por otro de los grandes realizadores independientes norteamericanos interesados en Cuba (el recientemente fallecido Saul Landau), está precedida por más de una docena de trabajos de los cuales 16 han sido ganadores del Emmy Award; dos, nominados para el Academy Award y cuatro para Columbia DuPont Awards, por mencionar sólo algunos de los reconocimientos. Pocos meses antes del estreno de Mariela Castro’s March, Alpert recibió el Lifetime Achievement Award, galardón concedido por Doc New York a aquellos que han realizado contribuciones importantes al campo del documental.


John Alpert y Mariela Castro durante la grabación del documental Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution

Alpert es fundador junto a su esposa, Keiko Tsuno, del Downtown Community Television Center (DCTV), organización comunitaria que desde 1972 provee entrenamiento a neoyorkinos interesados en la cinematografía. A través de talleres, renta accesible de equipos, eventos y proyecciones abiertas al público general, DCTV ha logrado mantenerse fiel a su compromiso de empoderar a jóvenes que buscan iniciarse en esta compleja y costosa carrera.

Los temas de género no son noticia en los grandes medios de Estados Unidos. Mucho menos lo es el del movimiento LGBT en Cuba. Hace poco, un comentador de la reconocida cadena noticiosa MSNBC hablaba de la Isla y sus políticas sexuales como si todavía estuviéramos viviendo en los años 60. Se refería a los “campos de detención a los homosexuales”, es decir, a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), como si aún estuvieran en vigor. Las distorsiones son notables.

Mariela Castro’s March ha llegado acompañado de críticas positivas y de otras más controversiales. Más allá de sus evidentes aciertos y posibles puntos débiles, es innegable que el documental llena un evidente vacío de información en Estados Unidos sobre las dinámicas LGBT cubanas. Ofrecemos aquí una entrevista a Jon Alpert, en la que el realizador aborda los riesgos, retos, esperanzas y desafíos que acompañaron y acompañan la realización y proyección de este filme

– El documental Mariela Castro’s March. Cuba’s LGBT Revolution está dedicado a Saul Landau. ¿Comenzaron juntos este proyecto? ¿Cuál es la conexión?

Saul vino a verme para decirme que quería hacer una última película sobre Cuba, que él se estaba poniendo viejo y quería que yo colaborara con él. Me explicó que el tema era el movimiento LGBT y el liderazgo de Mariela Castro, así como la ironía de que su padre y su tío hubiesen estado ligados (de la manera en que lo estuvieron) a la etapa homofóbica de los primeros años de la Revolución, las UMAP, etc. Saul tenía acceso a Mariela en Cuba, y entonces accedí a trabajar con él. Pero lo que yo no sabía era que no solamente se estaba poniendo viejo y que necesitaba un colaborador, sino que se estaba muriendo. Él tenía cáncer y sabía que hacer el documental era importante. Yo no sabía la seriedad de su condición cuando comenzamos el proyecto. En medio de todo, enfermó tan gravemente que no pudo continuar trabajando. Entonces fui a California y, básicamente, me hizo prometerle en su lecho de muerte que, no importara lo que pasara, yo continuaría el proyecto. No voy a decir que murió feliz por esto, pero el saber que yo lo terminaría le dio tranquilidad.

– Existe la concepción en la mentalidad norteamericana de que Cuba es una sociedad totalmente cerrada y que las personas tienen miedo de hablar, lo cual pasa por alto las complejidades y particularidades de la sociedad cubana. Tengo la impresión de que si Mariela Castro no hubiese estado en la película, las personas entrevistadas no hubiesen contado historias, o hablado de sus traumas… ¿Qué crees?

Creo que la apertura y la candidez con la cual las personas hablan a las cámaras y a los reporteros en Cuba, se ha incrementado a través de los años. Por ejemplo, en mis primeros viajes a Cuba durante en los años 70 había un número de factores que hacían difícil obtener un margen amplio y diáfano de opiniones… Creo que hicimos un buen trabajo, pero tuvimos que trabajar muy duro. En aquellos tiempos teníamos a un “baby sitter” o “acompañante” al lado todo el tiempo, y no se permitía que trabajaras sin esa persona a tu lado. También los equipos eran grandes, pesados, y quizás tenían un aspecto algo intimidatorio. Había un sentido más sistémico de lo “políticamente correcto”, una participación más activa de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR); tú probablemente puedas analizar esto mejor que yo…

Entonces era raro encontrar desviaciones de la forma de pensar oficial. Quizás había personas pensando diferente, pero no todo el mundo estaba dispuesto a hablar de eso. Con el paso de los años, de forma continua y progresiva hasta este momento, tú puedes encontrar opiniones mucho más diversas entre las personas con quienes hablas. El sistema de “baby sitter” se acabó hace muchos años; la gente se siente más confiada. También pasa que tú tienes que establecer una relación de confianza con las personas con las con que estás trabajando. Creo que hemos hecho eso en Cuba y la gente de diferentes sectores de la sociedad están familiarizados con nuestro trabajo y con nuestra integridad, y por tanto, pueden confiarnos sus opiniones. Yo me siento confiado en que yo puedo ir a La Habana mañana y encontrar gente con un amplio grado de criterios sobre cualquier tema.

– Después del estreno de tu documental, en algunos artículos se te ha criticado por no hacerle a Mariela las preguntas difíciles ¿Cómo responderías a esta crítica?

Yo he leído algunos de esos artículos también; creo que hay muchas cosas por explorar con respecto al tema LGBT en Cuba: su historia, sus derechos, sus oportunidades de futuro… Nosotros, de manera muy conscientemente, escogimos centrar nuestra historia alrededor de Mariela y su trabajo. Si ella no fue cuestionada más duramente, fue mi culpa. Yo le hice muchas preguntas que no están en el documental. De ellas escogí solo un número determinado. Hubo momentos en que nos sentamos y le hicimos las preguntas que muchas de las personas involucradas quisieron hacerle. Me parece que tenemos muy buen material acumulado. Pensamos que lo que escogimos poner en la película fue lo más iluminador. Estas fueron las opciones editoriales que se hicieron, y si a alguien no le gusta, estamos (por lo menos) contentos de que vieron la película. Dejemos que la critiquen. Esto no significa que no existan muchas áreas que explorar en el tema de los derechos LGBT y otros derechos en Cuba. Así que a estas personas les deseo un maravilloso tiempo explorando estas cosas, y haciendo su propia película.

– Algunos en Cuba han criticado que limitar la narrativa de estas dinámicas a una sola persona, implica que al hacerlo se le puede quitar mérito a un proceso mucho más orgánico que implica a múltiples actores. ¿Piensas que narrar los hechos a través de los ojos de Mariela Castro podría ser problemático en este sentido?

No soy académico, no soy sociólogo, pero voy a hacer una observación. En Estados Unidos tenemos movimientos de “abajo hacia arriba” en el campo de los derechos LGBT. El alto nivel de visibilidad que existe entre la gente sobre estos temas comenzó hace alrededor de 40 años; tuvo que hacerse un camino para llegar al punto en el que estamos ahora. Ese tipo de movimiento en las leyes y en cuanto a la aceptación en general de las personas, en Cuba, fue un proceso condensado de “arriba hacia abajo”, circunscrito a un período de cerca de unos 5 años, cuando el liderazgo del país implementó grandes cambios. Entonces tienes una progresión mucho más rápida en Cuba, que es absolutamente de “arriba hacia abajo”. Hay personas que no aceptan que esto sea así porque en Estados Unidos lo hacemos de “abajo hacia arriba”. Entonces son dos tipos de modelos: en uno tienes el liderazgo de “arriba hacia abajo” y después la aceptación general de la sociedad, aceptación legal, aceptación política de los derechos que cada uno debe tener. Pero hay definitivamente diferencias entre los dos movimientos, y ambos tienen sus fortalezas y sus debilidades.

– Bueno, en Estados Unidos es difícil de aceptar la existencia de otros modelos, no sólo en este campo sino en muchos otros…

Mira, las cosas funcionan de “abajo hacia arriba”, hasta que dejan de funcionar. Por ejemplo, ahora tenemos un gran potencial en Estados Unidos contra la homofobia oficializada de “arriba hacia abajo”, emanada de Washington. No hemos visto evidencia de eso todavía pero, ciertamente, la Administración Obama acogió la defensa de los derechos LGBT de una forma muy visible. No fueron efectivos todo el tiempo, pero sí proveyeron un liderazgo de la misma forma en que Fidel lo hizo con sus discursos y acciones, con respecto a los temas por los que estaba abogando. Y ahora Mariela encarna otro liderazgo en los aspectos por los cuales ella aboga. Obama tenía un asesor transgénero en la Casa Blanca; no va a existir un asesor transgénero en la Casa Blanca con la presente Administración. Creo que con cualquiera de los beneficios que tuvimos de “arriba hacia abajo”, implementados por la Administración Obama, vamos a tener que proyectarlos “bottom-upping”, es decir, empujarlos desde “abajo hacia arriba” con la nueva Administración.

– ¿Qué dificultades impone hacer una película para receptores situados en lados tan distintos del espectro, como lo son la audiencia cubana y la norteamericana, en cuanto a niveles de información, etc.?

Bueno, queremos que nuestras películas sean vistas por tantas personas como sea posible. Esperamos siempre que cada una de ellas contribuya a que otras personas piensen en pos de cambios positivos. En Estados Unidos, por ejemplo, yo estaba haciendo esta película inspirado en mi madre; esperaba influenciar en la manera en la que ella piensa acerca de los asuntos LGBT. Puede que yo no esté de acuerdo con ella, pero yo quería que ella viera la película para que así pudiera comenzar a pensar de una forma más constructiva. Si lees artículos de activistas de la comunidad LGBT, muchos criticaron el filme y encontraron partes que pudieron ser mejoradas. Eso está bien. Yo no hice la película para ellos; la hice para personas como mi madre.

También he puesto el ojo en la población cubana. Hemos estado trabajando con las autoridades, en los últimos tres años, para hacer una proyección del documental. Estuvimos muy cerca de pasar el documental en un espacio de tipo noticioso, pero de alguna forma eso no llegó a suceder. Siento que tenemos que empezar desde el principio para llegar a un acuerdo con el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).


Jon Alpert, documentalista y periodista norteamericano.

– ¿Pero fue presentado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, cierto?

Sí, pero eso no constituye una audiencia general; es una audiencia muy pequeña… Inicialmente tuvimos una presentación a teatro lleno. Asistió un amplio espectro de personas; gente de la industria cinematográfica, personas del liderazgo (una gran representación del liderazgo), lo cual fue muy positivo. Cuando pedí hacer una sesión de preguntas y respuestas, se me dijo: “Nosotros no hacemos sesiones de preguntas y respuestas”. Yo les dije: “¿Y por qué no hacerla después de mi película?” Entonces, el segundo día, se presentó el documental en un salón pequeño, atiborrado de personas, con una muy emocionante sesión de preguntas y respuestas en la que las personas hablaron de su experiencia de crecer en las provincias, cosas como ésas… Para mí fue uno de los momentos más importantes del festival: la sesión de preguntas y respuestas. Pero repito, no fue en un salón grande.

Al día siguiente, debido a la demanda, añadieron una presentación en el cine-teatro América, en Centro Habana. Esa era la presentación que realmente me tenía muy emocionado, pues es un lugar grande que podría acoger a todas las personas que no cupieron en la proyección del día anterior. Cuando llegué al teatro había un grupo grande de personas transgénero que nunca había visto; es decir, no eran parte de los activistas asociados con Mariela, no eran personas que habían estado en ninguno de los eventos en que yo había estado. Era un grupo grande de gente tratando de entrar, y al no poder hacerlo empezaron a sentirse muy frustrados. Entonces, cuando camino hacia la puerta del cine, veo un cartel que decía que la presentación había sido cancelada. Empiezo a tocar la puerta y finalmente me dejan entrar. En el lapso de 10 minutos obtuve como tres o cuatro excusas contradictorias de por qué la película no iba a ser mostrada. Primero, que no tenían una copia. “Okay, yo tengo una copia, aquí está”. “Ah… usted tiene una copia… Bueno, el proyector está roto.” Y yo: “Ah, ¿sí? Bueno, déjeme revisarlo…” Y ellos: “Bueno, en realidad no es el proyector, es que tenemos apagón…” Básicamente por alguna razón que desconozco, no quisieron poner el filme en el teatro América. Creo que esa semana se había dado el caso de otra película que no habían querido mostrar, lo cual había provocado cierto descontento. Es cierto que el cine está en una parte de La Habana que quizás es más difícil de controlar, y creo que ellos simplemente no quisieron tener ningún problema. Es muy desafortunado que fuera cancelada la proyección.

Esta es otra de las razones por la cual hemos estado trabajando con Mariela y con el ICRT, para lograr un horario de proyección en Cuba. La cosa también es que no he podido dedicarle a esto todo el tiempo que hubiese querido. Ha habido mucho trabajo asociado a la presentación de la película aquí en Estados Unidos. Fuimos invitados a presentarla, por ejemplo, en las Naciones Unidas, en el Comité de los Derechos Humanos. Creo que es la primera vez que honran a Cuba con un gesto positivo en el contexto de los Derechos Humanos; normalmente las Naciones Unidas critican a Cuba en este tema. También creo que es la primera vez que un filme sobre este tema es mostrado allí. Se hizo en un salón muy hermoso, el Salón de los Delegados, acompañado por intervenciones muy inspiradoras, con Mariela presente.

Es decir, si pones todo eso junto: la burocracia de las Naciones Unidas, la burocracia de Cuba, la burocracia de HBO… Poner a toda esa gente a trabajar juntos llevó mucho trabajo.

Entonces, en el medio de todo eso, muere Fidel. Yo quería ir a Cuba para filmar todos los acontecimientos alrededor de su muerte, porque estamos haciendo una película acerca de tres familias cubanas a través de los años. Es una suerte de “resumen” de mi devoción por tratar de entender lo que pasa en Cuba…

– Después de haber filmado en Cuba por tantos años, ¿crees que ha habido una transformación en la sociedad cubana? ¿Ves una gran diferencia entre la Cuba que filmaste anteriormente y la de ahora? 

Yo te puedo hablar en términos de estas tres familias que he estado filmando por muchos años, pues hace 30 años me propuse dejar de filmar lo que serían las “grandes noticias” y concentrarme en estas familias; de cierta forma, me impuse yo mismo esa limitación. Creo que en términos del idealismo visceral, de pasión, de promesas, los primeros días de la Revolución tuvieron una energía, una condición muy única. Como cuando te casas, todos esos días iniciales son muy emocionantes. En cada sociedad, en cada gobierno, en cada relación, ya sea con tu esposa o tu esposo, el tiempo juega un papel en todo esto; las expectativas también. La capacidad o incapacidad de cumplir con las expectativas de una sociedad, con las supuestas promesas, juega un papel fundamental. Casi me siento compelido a hablar de Estados Unidos, porque nos hemos metido nosotros mismos en una situación en la cual una parte significativa de nuestra sociedad cree que las promesas y el potencial de América no han sido cumplidos. Hemos llegado a un lugar de estancamiento y declive.

– Y cómo has logrado mantener ese espíritu con tu organización, DCTV?

Siempre estamos arriba de eso… Añadimos nuevas clases, buscamos nuevas cámaras, arreglamos nuestro local. No queremos que la gente se encuentre con un centro comunitario descuidado. No deben ser solamente los bancos los que tienen ambientes agradables y edificios bonitos. En una organización comunitaria las personas también se merecen un ambiente de trabajo agradable. Esto no quiere decir que no tengamos problemas; pero ciertamente gastamos más tiempo tratando de corregirlos que congratulándonos a nosotros mismos. Somos incansables. Ha sido difícil, pero lo hemos logrado.