Mostrando entradas con la etiqueta J. A. Téllez Villalón. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta J. A. Téllez Villalón. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de octubre de 2019

El Rey y “los otros”, las aspirinas del león-mercado

J. A. Téllez Villalón • Cuba
Las fábricas de subjetividad de “los elegidos” son enfáticas en asentar un “pensamiento único”; con sus criterios de valor y los ordenamientos deseados. Salvo excepciones, los guionistas y directores de los emporios multimediáticos se constituyen en “intelectuales orgánicos” del sistema capitalista. Sirven, con relatos fáciles de digerir, los significados y sentidos funcionales de la conservación del estratificado statu quo. Presentan, incandescentes, las marcas que identifican y las cercas que separan a “los otros”, al “rebaño desconcertado”, los perdedores y salvajes de hoy. Prácticas de dominación en las que late una impronta marcadamente excluyente y malthusiana. Con trazas desde las reflexiones inaugurales de la Sociedad Mont-Pelerin, germen del (neo)liberalismo, y un poco más atrás, en los estereotipos típicos de la antropología victoriana y el discurso comparativo del evolucionismo del siglo XIX, que el humanista José Martí supo percibir y criticar.
Fotos: Internet
 
Para “filtrar” sus relatos lentamente —como pedía Friedrich Von Hayek, “desde la cúspide de la pirámide hacia la base”—, el gran imperio del entretenimiento creado por Walt Disney tiene una fórmula de probada eficacia comunicativa y comercial; desde la Blancanieves de 1937, hasta la recién estrenada active live de El Rey León. Jon Favreau, director de esta última, la resume así: “mezclar magia y mensaje. Necesitas ambas: la aspirina y el puré de manzana”, confesó. “La tecnología es una forma de magia. Para nosotros, hacer The Lion King tan excitante e interesante visualmente como pudimos, con todas estas tecnologías que la gente no ha visto hasta ahora (...) crea emoción. Y cuando su curiosidad está en lo más alto, eso les hace receptivos a la historia. Siempre tienes que tener los fuegos artificiales a mano para mantener a los jóvenes enganchados”, añadió el millonario.
Enganchados con una historia fabricada que recicla signos pertenecientes a diversas culturas, ensamblados asistemáticamente; con nuevos significados y la destrucción consecuente de sus sentidos originarios. Se ha repetido que la película está inspirada en el drama Hamlet, de Shakespeare, pero el propio Favreau revela la conexión de la historia del largometraje con otros mitos. En su caso con la mitología del antiguo Egipto, la “historia de Osiris, Seth y Horus que es muy similar”, relacionada al fratricidio bíblico de Abel y Caín.
Asumiendo al mito como una clave a descifrar, para quitar máscaras, alumbra saber de la recurrencia en la mitología de las civilizaciones arcaicas, de “La rebelión primigenia”. El levantamiento de un grupo de seres ingratos que ponen en peligro la preeminencia del creador del cosmos y sus legítimos sucesores. Esta abrupta e injustificada ruptura de la paz, es resuelta por “los elegidos” con una avasalladora violencia y la sucesión dinástica. Así, como resolución privilegiada a la crisis, el dios-sol-rey se eleva en un nuevo horizonte: el del Estado.
Cuentos mitológicos inscriptos en ámbitos diversos, pero con evidentes similitudes y conexiones con un mito común. Con estructuras narrativas equiparables a la de El rey león, desde la cosmogonía a la cratología, y con referencias a un sucesor. En uno de ellos, el mito de “El Sol Alado”, aparecen Osiris, su hermano Seth y dos Horus (Horus Behedeti, el que mata a los extranjeros, y Horus hijo de Isis y Osiris).  En una de las terroríficas escenas, Horus Behedeti se transforma en “un león de rostro humano” — “coronado con la triple corona”—, para matar con sus garras a los rebeldes, arrancarles sus riñones y preparar con ellos una comida.
Solo con la violencia eficaz cabe hacer frente al caos, se repite en ellos, de manera “obsesiva”. Práctica que hacen suya los seguidores de Levi Strauss, quien advirtió que la redundancia es la cualidad esencial de todo mito. El discurso mítico procede por acumulación obsesiva de “paquetes” de “enjambres” o de "constelaciones de imágenes" que imprimen su validez por la fuerza de su lugar de enunciación. Históricas estrategias, diferenciadas —y complementarias— para cada estrato de los “otros”, para la gran masa animal de la pradera, las marginadas hienas y el terrorífico Scar.
Para su estigmatización simbólica, las maquinarias de subjetividad de las élites han acumulado un catálogo de marcas (sexuales, raciales, étnicas, religiosas...)  y exónimos (el salvaje, el bárbaro, el negro ese, la marginal esa, el delincuente ese, la inmigrante prostituta, el inmigrante invasor, el terrorista musulmán, el mapuche violento y el chavista ratacomunista). Llegando hasta el discurso más público y mediatizado, como “El eje del mal” de George Bush, los “países de mierda” de Donald Trump, la “caquita petrificada” de Jair Bolsonaro.
Para la internalización de su inferioridad (social, económica y cultural), para la mansa aceptación de su lugar (abajo y en la periferia), le inoculan sistemáticamente a la manada la condición de dependencia; la percepción de que los elegidos, en la cima de la roca, son la “vanguardia de las energías nacionales” y del mundo. Las muchedumbres acostumbradas a no tener, sobreviven con el temor de perder lo único que le regalan, las ilusiones y promesas de progresar. Con el “quiero ser princesa” y con el quiero ser “desarrollado” se distribuye interesadamente la tolerancia a la subordinación. La aceptación, como “normal”, “natural” y “correcto”, de los límites y correcciones sugeridas, recomendadas e impuestas por “los elegidos”, en virtud de su posición más avanzada, su excelencia o belleza.
“El pato Donald, en los dibujos animados, como los desdichados en la realidad, recibe sus puntapiés a fin de que los espectadores se habitúen a los suyos”, señalaban Adorno y Horkheimer. Los animados martillan “la antigua verdad de que el maltrato continuo, el quebrantamiento de toda resistencia individual, es la condición de vida en esta sociedad”. Así producen y reproducen lo que Kant denominó la “minoría de edad”; una posición subjetiva en la que las personas se conducen como un rebaño, transfiriendo al otro la dirección de su propia vida, sin hacerse responsables de sus actos, por cobardía e impotencia”.
Operatorias complementarias a la simbolizada con el “Hakuna matata”. El conformismo a pulso, la invitación a la apatía política, a “elegir” estar fuera del sistema, vivir en la periferia sin molestar. Según este relato, ser feliz es no intervenir ni protestar, evadir las responsabilidades; entregarse al placer lúdico y a la enajenación perpetua es el modo de conseguir una vida relajada. Salirse del camino de los poderosos y salirse de la cruda realidad, injusta por naturaleza, según los ideologemas producidos y defendidos por los de Disney.
Burbujas que se inflan trasmutando lo ilusorio, lo aparente y lo real; con la “disolución de todo lo sólido”, para decirlo a lo Bauman, que dificulta al niño adquirir sentidos orientadores. Parece natural que las presas adoren a su depredador y el león mande por su cariz (parece más rey que el más desarrollado mono). En el mundo Disney apenas aparecen los que hicieron ricos a los reyes y facturaron con sudor y sangre todo lo bello en el palacio. Las princesas no hacen caca, me dijo, con mediatizada convicción, la más pequeñita de mis niñas.
Con el active live se revive el relato original. Se acredita a una nueva guionista, pero se afirma la repetición, cuadro por cuadro, de casi el 95% del guion de los 90, para satisfacer la nostalgia de aquellos niños de la “generación X”, que devoraron una y otra vez la película y sus sagas. Y con “caballo ganador”, inmunizar de futuro a las nuevas generaciones. Engancharlas a un eterno presente sin proyecto y sin compromisos colectivos, desconectados de los metarrelatos históricos. Presentándoles como natural el mundo de Simba. Ya no para entronizar al Estado como “monopolio de la violencia legítima”, como aquellos mitos de la “rebeldía primaria”, sino para vendernos como solución al caos, la elevación suprema del oro-león-mercado, la reificación y cosificación, la sincronización de todo al ciclo de reproducción del capital. “Todo lo que toca la luz… se vende”.
Intenta rugir, bajo el reluciente envoltorio del CGI, la euforia que, en 1992, llevó a Francis Fukuyama a decretar el fin de la historia. Recordemos la arrolladora implementación de las políticas neoliberales aplicadas por la Thatcher y Reagan (1979-1980), la caída del Muro de Berlín (1989), la Guerra del Golfo (1991) y la disolución de la URSS (1991). El argumento de El Rey León comenzó a gestarse en 1988 y su producción se inició en 1991. Las proyecciones de prueba se hicieron entre 1993 y 1994, hasta su estreno a mediados de ese año.
Regresa a la pantalla con la misma “aspirina” y con un más delicioso “puré de manzana”. Con mayor capacidad de naturalización, al cambiarse —según el crítico Sebastián Pimentel— “el melodrama por la fábula de aprendizaje, y la tragedia por una visión más contemplativa y cíclica de la naturaleza”, y por su visualidad hiperrealista, con animales que parecen de verdad. Capacidad de inducir la asunción de los fenómenos sociales representados en la película, como regidos por leyes de la naturaleza y no por leyes de los hombres. A biologizar la exclusión social y culpar a los perdedores por sus bajos coeficientes de inteligencia, determinados por sus ADN y no causados por la marginación sociocultural, la explotación y el saqueo.
Como se alude en el tráiler, El rey león de Jon Favreau también se estructura alrededor de “El ciclo sin fin”. Se nos vende como ley natural, como una regla necesaria para el ordenamiento social y económico. “Encontrar nuestro gran legado en el ciclo sin fin” es ocupar el lugar escogido por Dios-naturaleza, sería nuestra contribución al equilibrio y la paz del mundo. La “lejanía”, “la pradera” y la alta roca del rey, es la representación de una sociedad y un sistema mundo estratificado en clases sociales, culturas y naciones; claramente definidas por las cadenas de consumo, de objetos, servicios y símbolos.
El rey león de Jon Favreau también se estructura alrededor de “El ciclo sin fin”.
 
El cementerio de los elefantes, el lugar de las hienas manchadas, uno de los “oscuros rincones”, periféricos al iluminado territorio de Mufasa y Simba. De ahí los signos con que los estigmatizan. Sus nombres, voces y estereotipadas figuras y conductas. En la versión en inglés, las hienas hablaban con el argot que identifica a las comunidades afroamericanas. En la versión en español, su acento era mexicano; además, en una de las escenas se sabe que comen “tacos”. Es claro, entonces, que en la película las hienas representan a los marginales o extranjeros, potenciales ladrones o inmigrantes.
Pero sus peores manchas son las comportamentales. En la original, Scar se lo dice abiertamente en una canción: “Hienas vulgares e infames, carentes de toda virtud, guiadas por mi talento e ingenio mi reino llegará a su plenitud”.  Son inadaptadas al sistema, no aceptan el orden impuesto por el rey —“¿quién necesita un rey?”, dicen—. Por su propensión al caos e irrespeto a la “Ley de la naturaleza”, son culpables y merecen ser castigadas con violencia. Porque como dice Locke, “aunque ese estado natural sea un estado de libertad, no lo es de licencia”. “El dios solar no puede impedir que su prohibición sea violada”. “Él mata por amor a la vida. (...) Este es el dios al que el rey representa en la tierra”, resume Jan Assmann lo que los mitos egipcios “justificaban”.
No debe ser causal que los personajes negativos, las escenas que los involucran, son las principales modificaciones de la última versión. Las hienas no son presentadas como obedientes soldados fascistas, sino más bien como una comunidad marginada, inconformes por el dominio de los leones sobre las tierras que deberían ser suyas. En la secuencia del primer encuentro entre Simba y las hienas, estas son muchas más de tres y se ven más amenazantes y agresivas. Los chistes y momentos caricaturescos de la original fueron omitidos. Shenzi se mantiene con su nombre (salvaje en swahili), pero se sustituyen el de Banzai (grito de guerra y género del ánime japonés) y Ed, por los africanos Azizi (rareza, luz de luna) y Kamari (azar, poderoso), intentando aludir las razones de la “mala conciencia”, que los lleva a la desobediencia y la rebeldía.
Con el abuso de estos estereotipos, se consigue lo que Herbert Marcuse definió como “predicación analítica”. La asociación de ciertos individuos o grupos a patrones fijos, “la identificación autoritaria entre persona y función”. Un sustantivo específico, unido casi siempre con los mismos adjetivos y atributos, convierte a la frase en una fórmula hipnótica que infinitamente repetida, fija el significado en la mente del receptor. Ciertos atributos identifican al excluible y prescindible, al enemigo a enfrentar y compulsan automáticamente a despreciarlos y a odiarlos.
Con el abuso de estos estereotipos, se consigue lo que Herbert Marcuse definió como “predicación analítica”. 
 
El (neo)liberalismo también naturaliza sus criterios filosóficos, estéticos y morales. Esconden o desfiguran los mecanismos de distinción por clase social que atraviesan nuestra forma de vida y criticaba Pierre Bourdieu. La naturalización del buen gusto ligándolo a procesos de distinción social que las clases dominantes establecen respecto a las clases populares. Interés en distinguir la alta sociedad de la baja sociedad, la élite refinada de la chusma. Disney equipara lo bello y refinado con lo de la realeza. En ello subyace la misma función interesada que ha tenido, desde la Ilustración hasta acá, la hegemónica definición de lo bello y lo feo. “Lo bello” tiene la marca del palacio, no de la choza. Excelsa es la ópera y no la música callejera.
El brillo y el oro eran (son) marcas del poder. La realeza cargaba pesadas coronas y joyas, se disfrazaba con estrambóticos vestuarios y pelucas, se comportaba bajo pomposos protocolos, para distinguirse y deslumbrar a los gobernados. Para parecer un sol. Por ello, gozar del aprecio del Rey era gozar de su luz, y merecer su desprecio era caer en la oscuridad de las mazmorras. En la primera versión, el rey león era de oro y brillaba todo el tiempo. Aun en la escena en la que Mufasa desciende a la oscura cueva de su hermano Scar, su color es amarillo brillante. Simba tiene ese mismo brillo y color de piel. Por encima del rey, solo el firmamento lleno de estrellas, que representa el linaje, autoridad heredada, desde los reyes del pasado.
En contraposición, Scar nunca brillaba, fue excluido de la luz. El felino Caín sube al poder de noche, y mientras manda el sol y el agua se esfuman. Solo cuando Simba lo derrota, la luz y la fertilidad retornan. A propósito, plantea Jan Assmann que en la mitología egipcia el poder se confirma en el enfrentamiento con su opuesto: “La rebelión es el inevitable lado oscuro del gobierno”. “Apofis es el opuesto del Sol, y Seth, el de Osiris”. Recordemos que Seth, dios de los extranjeros y que simbolizaba el desierto, la oscuridad y el caos, mató a su hermano Osiris, que enseñó a los hombres la civilización y las leyes, y era el dios de la fertilidad y la vegetación.
Scar, líder de las hienas, fue concebido para el terror (scary significa horrible). Marcado como Caín, por un toro en la versión de 1994 y por el poder, Mufasa, en la segunda. Su diseño animado es marcadamente diferente. Era como un collage de todo lo malo y tenebroso, un pastiche de todas las “bestias negras” concebidas y/o aprovechadas por los EE.UU. para constituirse en gendarme del mundo. La silueta de Scar se dibuja por delante de la media luna menguante en alusión al símbolo de los pueblos árabes y su sombra adquiere la forma de uno de los símbolos del movimiento nazi. En la escena en la que las hienas deciden apoyarlo, estas marchan al ritmo de la reconocidísima “marcha prusiana”. Se dice que en el remake, se contempló eliminar la escena, pero se mantuvo, suavizando un tanto las referencias a los nazis  y cambiando la canción “Be Prepared”.
Ya se sabe, la muchedumbre atemorizada es más fácil de manipular. En el verano de 1993, Samuel Huntington publicó su “Prepárate”, el ensayo “¿Choque de civilizaciones?”. Para el catedrático, “la principal fuente de conflicto” será cultural. Estamos —alertaba— en los albores de un enfrentamiento étnico, cultural sin precedente en la historia de la humanidad. Con su tesis revitalizaba en el seno de la civilización occidental el temor por las otras civilizaciones, por “el otro”, marcado étnica y culturalmente.
En 1926, con equivalentes propósitos se publicó en España “La rebelión de las masas”, del divulgador del liberalismo José Ortega y Gasset. Como expresión de su desprecio a las masas, el burgués culpa a estas por el “trastorno profundo de los valores cívicos y culturales y de las maneras de comportamiento social”, que irrumpían. Para Ortega “una nación no puede ser solo ‘pueblo’ necesita una minoría egregia, como un cuerpo vivo no es solo músculo, sino, además, ganglio nervioso y centro cerebral”. Equivalente a la tesis de Tocqueville, de que la aristocracia es la portadora de los valores democráticos y libertarios, y a las que promovían los neoconservadores en el poder político en los tiempos en que se gestaba El Rey león. Formados en la Telluride Association, bajo la égida del ya mencionado Leo Strauss, quien enarbolaba que la filosofía, las ciencias y la política para las multitudes deben ser construidas sobre versiones falsas, caricaturescas, y simplificadas de verdades. Para los straussianos, la raíz de todo el mal radica en las rebeldías de los 60.
Demonizar a los “pobres de la tierra” hace más fácil justificar la acumulación de la riqueza y la desigualdad social. Asumir que la gente es en gran parte responsable de sus circunstancias, exonera a las élites y sus gobiernos de responsabilidades. Cuando se naturaliza e individualiza el problema de la diferencia y la exclusión, es más fácil criminalizar y marginar a los “otros”, hacerles pagar por su supuesta culpa, y contar con el respaldo del resto de la sociedad. El discurso discriminatorio llega a ser lo “políticamente correcto”.
El imperio Disney se presentará como liberal y multicultural, pero es oligárquico y elitista hasta en su logo. Un palacio feudal con evidente alusión a subdivisiones y jerarquías. En la base, la firma estilizada de Walt Disney, quien se convirtió en paradigma en convertir el arte en un gran negocio, armonizando sus intereses al de las élites políticas. Pragmatismo asumido por los últimos dos CEOs del emporio.
El imperio Disney es oligárquico y elitista hasta en su logo.
 
Michael Eisner, presidente de la junta directiva y director ejecutivo de Disney desde 1984, se refirió en una entrevista a la necesidad de sopesar las ideas creativas con las demandas de los negocios, para crear magia, pero al mismo tiempo mantenerse dentro de un presupuesto estricto. Sin embargo, Roy Disney, sobrino del fundador de la Compañía, consideró en su momento que Eisner no mantenía ese delicado equilibrio entre el arte y los negocios, y que había sacrificado algunas de las cualidades especiales de Disney en aras de mejorar las ganancias. En su opinión y en la de parte de los accionistas, a Eisner se le fue la mano en el “branding”, entiéndase la promoción incansable de la marca Disney a través de la creación de escuelas para casi todas las películas de Disney o enfatizando la relación entre los productos de una película y la película en sí misma.
Según Robert Iger, el CEO de Disney desde febrero de 1999, el éxito del conglomerado se ha debido no solo a la inversión y al gran impacto que ha tenido el marketing, sino al balance entre innovación y mantener la herencia de la compañía, “contar historias que emocionan al público”. En 2018, Igor cobró un bono anual US$ 65,6 millones, cifra que equivale a 1.424 veces lo que un empleado promedio de la empresa, lo que desató la crítica de Abigail Disney, la nieta del hermano de Walt Disney. Como Walt y Eisner, Robert Iger no es un outsider del sistema político estadounidense, sino un defensor de este. En junio de 2010, fue nombrado por el mismo Presidente Barack Obama, como su asesor y Presidente del Consejo de Exportación de Estados Unidos. Desde el 2012 es Miembro de la Academy of Arts & Sciences. Se ha manejado incluso su intención de postularse para presidente de los EE.UU.
El régimen imperante en la compañía lo resume con elocuencia el diseñador de las hienas que acompañaban a Scar en el filme de 1994. “Es muy triste que el accionista esté ahora en la misma sala, decidiendo qué películas se hacen; “cuando trabajas en un proyecto para Disney, no te pertenece. Ellos lo poseen, te pagan por trabajar allí…”, manifestó David Stephan. Bajo la “razón instrumental” que caracteriza la empresa, la creatividad se subordina a la ganancia (financiera y subjetiva). Los creativos, marginados de las decisiones, sirven para defender el jerarquizado statu quo y convertir a la cultura en una fuerza social conservadora.
José Martí, en contraposición, consideraba a la cultura como complemento vital de la condición humana, pues libera al hombre, por un lado, de la fragmentación a que lo expone “esa expansividad anonadadora” de la cultura de masas, y por otro, lo completa al conectarlo con su universal condición humana. Concepción muy cercana a la de Bourdieu, la “cultura” entendida como un agente de cambio, más precisamente, “un instrumento de navegación para guiar la evolución social hacia una condición humana universal”. Propagar la cultura, con un tronco autóctono, era condición para la libertad de los pueblos. Con orgullo por lo propio.
“José Martí, en contraposición, consideraba a la cultura como complemento vital de la condición humana”.
 
Para el político y esteta, “lo desigual no es bello, ni lo desproporcionado”. “El desinterés es lo más bello de la vida; y el interés es su fealdad”. Por el desinterés — escribe en 1894— son bellos los hombres: y feos, aún abominables, por el interés excesivo que de la legítima prudencia saca excusa para la inactividad y la avaricia”.
Su fraternal humanismo le hace creer, y compartir con los amiguitos de La Edad de Oro, que “el mundo es un templo hermoso, donde caben en paz todos los hombres de la tierra, porque todos han querido conocer la verdad, y han escrito en sus libros que es útil ser bueno y han padecido y peleado por ser libres, en su tierra, libres en el pensamiento”. Así lo representa en su “Historia del hombre contada por sus casas” y en “La exposición de París”. Por eso llama príncipe al hijo del pastor. Porque para quien echó su suerte con los pobres, “todo hombre nace rey” y un hombre que se cultiva, y se levanta por sí propio, es el más alto de los reyes”.

domingo, 5 de febrero de 2017

“Esperanza socialista o ʹbarbarie civilizatoriaʹ”. Entrevista a Jon E. Illescas desde Cuba (II)

Por: J. Ángel Téllez 
Fuente: CUBARTE
Categorías: SOCIEDAD, ENTREVISTA
Jon E. Illescas Martínez es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández y Doctor en Sociología y Comunicación por la Universidad de Alicante. Es, además, artista plástico bajo el seudónimo de Jon Juanma e inventor del “Sociorreproduccionismo”. Colabora con frecuencia en las páginas de Rebelión y de El Viejo Topo en temas sobre cultura, geopolítica, arte, comunicación y economía. Autor del libro La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados (El Viejo Topo, 2015), donde presenta esclarecedoras tesis y descubrimientos sobre la industria cultural hegemónica, los videoclips, y las llamadas “celebrities”; con lo que el capitalismo consigue el consenso cultural e ideológico, la perpetuación de su sistema de dominación y la dilución de la rebeldía.
Estábamos en plena arenga por una pedagogía revolucionaria. Pero hay que convencer de que “sí se puede”. En tal sentido, te pregunto si en tus estudios sobre esta “dictadura”, hallaste algunas “fisuras” o “grietas” sobre la que pudiésemos incidir, profundizar, “arañar”, para adelantar el desplome de este Imperio Multimediático y antes de que acaben con el humanismo y con la humanidad misma.
No existe ninguna grieta en ellas. Las grietas hay que crearlas en otras partes con otras herramientas (y en el libro esbozo la posibilidad de la construcción de una industria cultural contrahegemónica). Pensar que existen grietas en las industrias culturales hegemónicas (es decir, las más poderosas de la burguesía internacional) sería tan quimérico como afirmar que se puede realizar la revolución socialista realizando entrismo en el Partido Republicano de Donald Trump.
Te confieso, Jon, que ese “no existe ninguna grieta” me resulta, demasiado absoluto. ¿No crees que es más dialéctico encontrar esas fisuras, si no en ellas mismas, entre ellas, en su competencia o en la batalla por el mercado tal vez, en los espacios a los que no llegan…, más objetivo o alcanzable que construir una “industria” cultural contrahegemónica?
Te responderé de otro modo refiriéndome a otra industria cultural con semejantes problemas a la musical. ¿Crees posible que en la actualidad las multinacionales del libro creen una producción mayoritariamente socialista, comunista, marxista o anticapitalista? En cambio, si por grietas entiendes que estas multinacionales tengan una ínfima parte de su producción que sea socialista, comunista, marxista o anticapitalista, aceptaré que las grietas están en todas partes. El problema es que son grietas que sólo resquebrajan la escayola del edificio en ciertas habitaciones, no afectan a su estructura y están controladas por muy pocas manos debido a la estructura oligopólica de la industria que controla el flujo de consumo que rocía a las mayorías. No en vano, sólo 3 empresas multinacionales controlan más del 92% de los 500 videoclips más consumidos. La batalla por el mercado tiene sus límites y el signo ideológico de la mayoría de su producción no es un factor que afecte la cuenta de resultados. En el libro lo ilustro con numerosos ejemplos de productos que eran potencialmente rentables y fueron censurados o infrarrepresentados desde la cúpula por su signo ideológico contestatario. Una de mis tesis principales es que la industria cultural no es una industria capitalista más que se rija primordialmente por la cuenta de resultados, sino que también tiene su peso en factores ideológicos.
¿Cuáles serían los artistas paradigmáticamente rebeldes, que se enfrentaron a los dictados de los dueños de estas corporaciones de la industria musical, rompiendo sus reglas y librándose la “serialización” y/o que muestran en su haber obras de indiscutible calidad a la vez que consiguen ser populares?
Pues son algunos artistas quienes todavía colocan la música por encima del dinero. Pero son pocos y dentro del pop actual no hay absolutamente nadie, al menos, en la liga de los grandes (es decir, en el Top 30 de Twitter, por ponerte un ejemplo). De hecho, cuando un artista tan popular como Michael Jackson comenzó a implicarse políticamente y a realizar videoclips con contenido humanista, precipitó el final de su carrera. Por supuesto, hay artistas dentro de grandes sellos que tienen un mensaje de izquierda, pero es porque previamente han obtenido la luz verde del Presidente de la misma compañía, porque entiende que su público no será mayoritario sino un nicho de mercado de donde podrán obtener réditos económicos. Pero esta oligarquía burguesa jamás permitirá que los artistas que trabajan para ellos y tienen mensajes de izquierda, lleguen a las mayorías. Sería algo así como clamar por la revolución contra sus propios intereses.
Pero en tu muro de facebook encontré un elogio al artista estadounidense Prince, ¿no será este un ejemplo?
Prince fue un genio de la música popular y un espíritu libre que una vez alcanzada la riqueza entendió que ésta nunca estaría por encima de su integridad como artista lo cual precipitó la censura que enfrentó cuando se rebeló contra la explotación que sufrían/sufren los músicos de mano de las multinacionales, cuando abandonó Warner incumpliendo su contrato, inventándose la estratagema del símbolo. Prince fue un genio que no podría existir en la actualidad con la estructura vigente de la industria musical. Del mismo modo que no podrían existir los Pink Floyd. Y cuando digo que no podrían existir no quiero decir que no haya músicos de su talento en la actualidad, sino que por diversos motivos no serían tan promocionados como lo fueron Prince en los ochenta y principios de los noventa y Pink Floyd en los setenta. Si existieran hoy, serían conocidos por nichos de mercado, pero nunca competirían con Justin Bieber o Katy Perry, porque los gerentes de las compañías simplemente barrerían esta opción.
Sin embargo, Prince (a diferencia de algunos componentes de Pink Floyd) no fue nunca socialista ni anticapitalista y la mayoría de las veces que mostró un mensaje contrahegemónico (como cuando se posicionó contra la Guerra de Irak) fue censurado. O los temas que incluía en sus álbumes con un contenido social más explícito y siempre humanista, fueron ignorados en las estrategias promocionales de su gran discográfica que siempre prefirió apostar por los temas de contenido más sexual y, por ende, inocuo para el sistema. Como perfectamente ejemplificó la antítesis coetánea de Prince, es decir, Madonna. Alguien que siempre gozó del favor de la gran industria por su versatilidad como títere del pop.
Pasando ya a la Isla, ¿qué referencias tienes de Cuba, Martí, Fidel y del proyecto social que construimos desde 1959?
Pues tengo una información insuficiente, pese que a que conozco personas que han vivido y trabajado allí. Nunca he estado en Cuba, aunque es algo que me gustaría solucionar lo antes posible. Por supuesto conozco todas las atrocidades de la Dictadura de Batista y los primeros años de la Revolución, después el acercamiento más o menos dependiente/independiente a la URSS, parejo a la enemistad con EUA y los duros años noventa donde se acabaron los precios subsidiados del bloque soviético. Conozco algunos avances propios de las economías socialistas en cuanto economías planificadas (en educación, arte y sistema de salud), pero también sé de las contradicciones que genera el intento de construcción del socialismo en un solo país en un mar internacional de capitalismo neoliberal. Por ejemplo, sé de las dolorosas contradicciones que éticamente genera un turismo inevitable en la Isla. Luego está el embargo genocida de los Estados Unidos y todo el daño que ha generado a la población cubana.
Actualmente me preocupa que en la economía cubana se amplíe el espacio para la economía privada y se cree una clase de pequeños capitalistas que puedan ser decisivos a la hora de enterrar en un futuro más o menos próximo los aspectos más positivos de la construcción socialista cubana. Me preocupa que Cuba tome de ejemplo a China y se reproduzcan en las islas las desigualdades sociales que estamos viendo en el gigante asiático. También sé de los ideales de Martí y la importancia histórica de Fidel al que conozco por sus obras, artículos y entrevistas. Pero debería tener más información para poder pronunciarme sobre su saldo histórico.
De lo leído sobre tu libro, las tesis que maneja y los resultados que recoge de tus investigaciones sobre el videoclip y las industrias culturales hegemónicas, se deduce la importancia de su “reproducción” en toda la “aldea global”; sin embargo infiero un “valor agregado” en nuestro contexto, en un país como el nuestro empeñado y necesitado de construir “otra” cultura hegemónica, anticapitalista, humanista y liberadora. ¿Lo ves de ese modo?
Totalmente. Creo que se deberían de realizar estudios sobre el a veces diálogo y otras veces lucha que se produce entre la producción del videoclip cubano y el videoclip mainstream de manufactura estadounidense. He visto algunos videoclips cubanos maravillosos, donde el aspecto y la validez artística era un valor fundamental por encima de su validez como mercancía cultural o como reclamo para la venta de otras mercancías. Si el espacio para la reproducción del capital sigue avanzando en Cuba, por los errores o las imposibilidades de la construcción socialista en una isla circundada por un océano de capitalismo, estos videoclips tenderán a desaparecer y otros más zafios totalmente alejados de los valores humanistas y socialistas (llenos de nihilismo y cosificación de la vida humana) seguirán avanzando como ocurre en el mundo capitalista en general. Y esto será terriblemente peligroso para las futuras generaciones.
¿Cuáles de tus tesis destacarías, o crees más necesarias para “afinar”, o hacer efectiva –a nuestros intereses políticos– la producción, la recepción crítica y el consumo de audiovisuales en Cuba Socialista, “subdesarrollada” y a 90 millas del mayor Imperio de las industrias culturales en el planeta?
Sin duda alguna destacaría la necesidad y las posibilidades de crear una Industria Cultural Contrahegemónica, es decir, una Industria Cultural Socialista. Es lo que hago en el último capítulo del libro. Sería una industria cultural lo suficientemente amplia para que cupiesen cuantas más voces y melodías mejor, pero lo suficientemente coherente y consciente como para enfrentar la afrenta antihumanista y degradante propia de la producción del videoclip mainstream, la punta de lanza de la conquista cultural de los jóvenes por el capitalismo internacional.
¿Cuáles pudiesen ser las estrategias? ¿Producir audiovisuales contrahegemónicos? ¿Tendríamos la capacidad de “competir”? ¿Prohibir, bajo regulaciones refrendadas o preceptos éticos consensuados? ¿Seleccionar del todo lo menos dañino y/o promover solo lo mejor o que más se aviene con nuestros valores? ¿Preparar o capacitar a los “consumidores” de estos productos?
Desde luego financiar decididamente, como prioridad política en la lucha de clases cultural, producciones contrahegemónicas que entroncaran con los valores humanistas y socialistas, es decir, con lo mejor del ser humano ilustrado en el siglo XXI. Además, debería de realizarse sin perder de vista su vocación mayoritaria y para ello se debería hacer un análisis para ver dónde está el nivel medio después de años de degradación cultural y musical capitalista. Además, habría que empoderar en el alfabetismo audiovisual a los jóvenes y no tan jóvenes para enseñarlos a “leer” y “escribir” con imágenes, para hacerlo más fuertes a las embestidas alienantes del videoclip mainstream controlado por el gran capital. La prohibición no sería el camino a mi modo de ver, bastaría con no financiar con dinero público estas producciones. Por supuesto, desde el mundo capitalista todavía se realizan producciones de valor estético y/o humanístico resaltables, pero cada vez son más minoritarias desde el mainstream y encuentran su hábitat en los llamados nichos de mercado (donde habitan géneros rentables para minorías culturales distintas a las mayorías que consumen el mainstream musical, es decir, el pop sintetizado actual).
Como fiel heredero del pensamiento martiano, el recientemente desaparecido líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, defendió e integró en su accionar revolucionario la tesis de que: “ Una Revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas”; denunció en varias ocasiones la agresión cultural a la que estaban sometidos los países del tercer mundo con el propósito imperial de destruir sus identidades nacionales; fue promotor aquí del libro de Ignacio Ramonet Un delicioso despotismo que comparte algunas tesis de tu libro y, además, ante el derrumbe del “campo socialista” y sus consecuentes secuelas para Cuba, planteó que la cultura era lo primero que había que salvar. ¿De qué modo podríamos integrar estas ideas en la estratégica batalla en el campo cultural a la que nos hemos referido durante toda la entrevista?
Pues primero que todo, tomándonos muy en serio la cultura, no sólo como el más alto y digno producto del trabajo humano –como bien defendía un socialista muy conocido en Cuba, el español-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez–; sino también como el terreno donde se crea la conciencia política y por tanto el núcleo de la (posible) lucha de clases (consciente). O lo que es lo mismo, el terreno donde se comenzará a dirimir si la esperanza socialista es factible o no frente la barbarie civilizatoria que engendra el capital y que todavía nos tiene reservada.
Fidel era un hombre muy inteligente y en este sentido, por lo que cuentas, estaba al tanto de la importancia de la cultura en la batalla política. Sin embargo, no soy un defensor a ultranza de las “identidades nacionales” (y es algo que critico mucho en la izquierda actual), porque las mismas son el resultado de un determinado estadio del desarrollo histórico de la cultura homínida. Glorificarlas sería antidialéctico y querer petrificarlas ir contra el desarrollo histórico, contra el (muy denostado por los posmodernistas) progreso. A medida que el mundo se hace más pequeño, el mercado mundial alcanza todas las dimensiones de nuestra vida diaria (pues nos nutrimos de productos y servicios –también culturales– realizados en todo el orbe). No hay que tener miedo a la mundialización de las ideas que el capitalismo permite hasta cierto punto, si no llevarla a un nuevo nivel donde la democracia de los pueblos de la sociedad-mundo (en construcción) decida qué servicios y productos desean consumir. Algo que actualmente dictan los oligarcas que controlan la Dictadura cultural del capital que es la Dictadura del Videoclip, pero no solo se reduce a ella, sino que abarca toda la producción de las industrias culturales trasnacionales regidas por los intereses económicos e ideológicos de la burguesía dirigente.
Bueno esto sería un buen inicio para otro debate más largo… Por último, ¿Qué textos o autores les recomendarías a un joven revolucionario cubano que decida acompañarnos en esta guerra contra la dominación cultural a través de los videoclips, los videos juegos, por solo mencionar dos de sus más poderosas armas?
Sinceramente hay muy pocos que traten estos temas con la seriedad requerida, menos desde una perspectiva contrahegemónica (ya no te digo socialista o marxista). A estos jóvenes revolucionarios les recomendaría que empezaran por mi libro y si quisieran profundizar en los aspectos teóricos leyeran los capítulos dedicados a este tema en mi tesis doctoral Industrias culturales y juventud en el sistema-mundo. El videoclip mainstream como mercancía y como reproductor de ideología (la cual se puede descargar gratis en la red). En ella realizo un compendio de autores materialistas de diversas disciplinas (Antropología, Psicología, Comunicación, Economía Política, etc.) para dar los primeros pasos hacia la construcción de una perspectiva de análisis audiovisual marxista. Algo inexistente hasta la fecha. Autores importantes para el inicio de esta síntesis fueron además de Marx, Engels y Gramsci, Vigotsky, Rossi-Landi, Dallas Smythe, David Harvey o Terry Eagleton. Pero hay muchos más. Algunos son autores clásicos de la Comunicación como Walter Lippmann, Armand Mattelart o Manuel Castells. Clave fue también la importancia de los diferentes tiempos históricos de Braudel en conjunción con los últimos avances de la psicología evolutiva y la antropología sexual modificada con los cambios de nuestra sociedad-mundo conectada gracias a Internet por la tecnología satelital y los superordenadores.
Gracias, Jon, en nombre de los que luchamos en Cuba por un mundo mejor. Ah, y ¡Hasta la victoria siempre!
Gracias a ti y un fuerte abrazo para todos los socialistas de corazón que luchan desde la Isla por un futuro mejor: para su país y para este maltrecho mundo que está condenado, afortunadamente, a ser de todos.

“Pensar y cultivar la mente es totalmente revolucionario.”


Entrevista a Jon E. Illescas desde Cuba (I)
Por: J. Á. Téllez Villalón
A Jon E. Illescas lo conocí “de vista” en Rebelión [1], precisamente en el sitio donde el entrevistado –al decir suyo– nutrió su pensamiento, “a la izquierda de todo lo que se solía encontrar en la disidencia oficial, es decir, la controlada”. Con trabajos cuyos contenidos resultaban más interesantes que sus propios títulos: Videoclips, sueños envenenados y revoluciones castradas, A Katy Perry le gusta trabajar con el Pentágono, Los pezones de Rihanna. El coito sin fin del capitalismo, ¿Es Beyoncé una militante del black power?; en los que no solo hallé reflexiones y tesis que compartía en lo fundamental, sino también preocupaciones que también tienen cabida en la Cuba Socialista, rodeada de un inmenso mar capitalista y expuesta a los “sueños prefabricados” de las industrias culturales hegemónicas (II. CC. HH). Luego –como le comenté en los primeros e-mails–, lo descubrí como referencia en las esclarecedoras conferencias del ministro de cultura cubano Abel Prieto sobre la banalización y la crisis cultural de hoy [2]. Entonces, me volví un seguidor de sus dos blogs [3] y lo añadí como amigo en facebook, hasta que después de unos intercambios “electrónicos” le propuse –y aceptó– la entrevista o más bien el intercambio que sigue.
Bueno, Jon, ¿puedo llamarte así? ¿Cómo te dicen tus hermanos o compañeros de lucha?
Claro que sí, así mismo me llaman y conocen.
Si tuviese que presentarte al público cubano diría: Jon E. Illescas Martínez es un joven español de 34 años, nacido en Orihuela (Alicante). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández y luego, con mucho trabajo, se hizo Doctor en Sociología y Comunicación por la Universidad de Alicante. Es, además, artista plástico bajo el seudónimo de Jon Juanma e inventor del “Sociorreproduccionismo”. Colabora con frecuencia en las páginas de Rebelión y de El Viejo Topo en temas sobre cultura, geopolítica, arte, comunicación y economía. Allí ha venido presentando sus esclarecedoras tesis y descubrimientos sobre la industria cultural hegemónica, los videoclips, y las llamadas “celebrities”, con lo que el capitalismo consigue el consenso cultural e ideológico, la perpetuación de su sistema de dominación y la dilución de la rebeldía. Acopiadas en un libro “que vale lo que pesa” y que urge publicar y dar conocer en la Isla.
¿Acierto en esta breve reseña? ¿Qué otros datos consideras imprescindibles destacar de tu breve, pero fructífera batalla contra el Capitalismo?
No sé si aciertas, pero me gustaría pensar que así lo haces; pues la cronología es correcta y tus palabras son más que alentadoras con mi trabajo.
Respecto a mi batalla por el Socialismo, me gustaría comentar que se inició sobre los 16-17 años, cuando comencé a preguntarme por qué vivíamos en un mundo tan desigual y donde la calamidad acechaba las vidas de miles de millones en un escenario de abundancia y progreso tecnológico sin parangón. Así comencé a leer libros parcialmente críticos con el proceso de globalización neoliberal y a trabajar con diferentes y conocidas ONG; hasta que profundizando en mis lecturas y contrastándolas con la praxis en esas organizaciones (por cierto, “sí gubernamentales”) entendí los límites estructurales que ofrecían para cambiar las cosas. Así fue, como en tercero de la carrera, creo recordar, conocí la página de información de izquierda Rebelión que literalmente me ofreció una plétora de nuevos autores radicales y anticapitalistas sobre los que nutrir mi pensamiento, a la izquierda de todo lo que se solía encontrar en la disidencia oficial, es decir, la controlada. Posteriormente vino el (principio del) descubrimiento de El Manifiesto [2] y la obra de Marx y Engels cuando estudiaba el último año de carrera en Barcelona. Lo cual, a la postre, sería definitivo para mi transformación en marxista y, por ende, socialista y comunista.
Paralelamente, esa pasión por el Arte, como parte de la cultura, y la Economía Política me llevó a crear el “Sociorreproduccionismo” a finales del 2008. Un sistema democrático y socialista de adquisición de arte plástico que buscaba (y busca) crear una esfera socialista dentro de la sociedad-mundo capitalista donde vivimos, para esbozar un futuro posible y eliminar las diferencias de renta y clase a la hora de adquirir una obra de arte de larga elaboración y, por ende, mayor precio (no en vano, mayor tiempo de trabajo socialmente necesario).
Luego seguirían muchas otras batallas, intelectuales y directamente políticas…
Conectándonos ya con tu libro La dictadura del videoclip, ¿por qué su título? ¿La dictadura es del videoclip o con el videoclip? ¿No es acaso un régimen de dominación velada o no concientizada y que lejos de repulsa, produce atracción?
Es una dictadura de facto, auditiva y audiovisual, debido a que nos la encontramos en muchos espacios públicos que frecuentamos por otros motivos ajenos a la fruición musical (un supermercado, un centro comercial, un gimnasio, el coche de un conocido, la fiesta de un amigo, etc.). Es una dictadura que se ejerce mediante el control oligopólico de la producción y distribución de la música de masas, junto a la atracción por medio del estímulo de nuestros instintos más básicos (y allí entra lo que llamo la “sexocracia”, dirigida a los jóvenes adolescentes).
¿Pensando en qué lectores lo escribiste? ¿Para los jóvenes –el blanco principal de estos instrumentos de dominación– o para los más viejos, tal vez padres, abuelos, críticos de estos fenómenos, políticos, militantes, revolucionarios, decisores de políticas públicas en el campo cultural…? ¿Acaso para realizadores de audiovisuales?
Para todos ellos, pero sobre todo para los educadores (donde entran –o deberían caber– todos los adultos que has citado).
¿No te preocupó, teniendo en cuenta las preferencias de los jóvenes homo videns –construidas así por las II. CC. HH–, a lo audiovisual y a lo clip, corto, sencillo, free de pensamiento; la extensión y profundidad del libro? ¿Has pensado en alguna forma de transferirlo a estos nuevos códigos o canales de comunicación? Lo digo pensando en fórmulas cercanas a las caricaturas que acompañan los textos de tu libro, por cierto, muy divertidas.
Pues había pensado en algo así para promocionarlo, pero la idea que sugieres me parece genial. Ahora sólo hace falta encontrar al grupo de personas que estarían dispuestas a tal trabajo creativo y de agitación pedagógica-política (risas). En serio, sería una gran idea. Sin embargo, lo cortés no quita lo valiente y es necesario que los jóvenes además de pensar mediante el –muchas veces frenético– lenguaje audiovisual, reflexionen con los tempos y la profundidad que sólo pueden proporcionar los libros.
¿Conocías al caricaturista o lo contrató la editora? ¿Comparte tus ideas sobre el videoclip?
Lo conocía como fan suyo que soy desde hace muchos años. La idea de contactar con Miguel Brieva fue mía y el editor confío en mi criterio. Cuando le pasé algunos capítulos del libro se interesó y se implicó más allá de lo profesional con el trabajo, algo que le agradezco de corazón. De hecho, Miguel Brieva, también es músico y tiene un grupo fuera del mainstream llamado Las buenas noches. No sabría decirte si comparte todas las ideas que expongo en el libro, pero sí la gran mayoría y por eso fue un placer trabajar con él y desde el principio hubo sintonía. Uno de los mayores placeres que me produjo el arduo trabajo de escribir La dictadura del videoclip fue conocer mejor a Miguel y pasar de ser un fan, a un fan que también es amigo.
¿Qué papel juegan los videoclips en la “globanalización” (globalización de lo banal), en la exclusión del “rebaño desconcertado” –el 99% de la humanidad– de los asuntos públicos o políticos?
Para los jóvenes y muy especialmente los adolescentes, un papel clave. Porque desactivan el descontento casi natural de la juventud por el mundo que los rodea mediante temas, como bien dices, banales. Reorientan esa rebeldía consustancial a la juventud hacia cuestiones inofensivas para el capitalismo. Y desactivar a la juventud no es cualquier cosa. La juventud es uno de los pilares de cualquier revolución social, cultural o política (o ambas a la vez).
¿Qué importancia le confieres dentro de la cultura hegemónica que fabrican y reproducen los 365 días del año, el sloganresumido así por Galeano: “Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales”?
Aunque entiendo el porqué de Galeano, en el caso de los videoclips lo cambiaría por “Dime qué consumes y te diré quién eres”. Como profesor de secundaria te puedo decir que si analizas lo que los jóvenes consumen en televisión e Internet (y mucho de lo último son videoclips) con el entorno socioeconómico de donde proceden, tendrás un retrato bastante cercano de su carácter. Y cuanto menor es el capital económico y cultural (siguiendo a Bourdieu) de los jóvenes en cuestión, mayor es la influencia de las industrias culturales burguesas en sus vidas. Por ende, nos encontramos ante un escenario altamente desfavorable para cualquiera que se considere socialista. Es un campo muy difícil de sembrar porque ya ha sido previamente sembrado hasta la extenuación, pero con otras semillas.
Pero no para echarse a llorar, ¿no?
Si del llorar emerge una rabia constructiva muy necesaria, bendita sean las lágrimas. Quien no puede llorar no puede amar y quien no puede amar, siguiendo al Che, no puede ser un revolucionario cabal. El caso es que hay que ser realista para saber de dónde partimos y vislumbrar todo el trabajo que nos queda por realizar. Desde la izquierda muchas veces hemos querido construir la casa por el tejado y saltarnos las partes más arduas del trabajo revolucionario como, por ejemplo, el sembrar. La pedagogía revolucionaria es por defecto lenta y costosa. Pero sin ella no puede existir ninguna revolución que no quiera imponerse por la fuerza de las armas. Marx (y Engels) dedicaron lo mejor de su vida a escribir/divulgar El Capital para que los obreros entendieran de una forma científica la razón por la cual el Capitalismo debería ser superado por el Socialismo llegado su momento (un momento que la clase obrera podía “acelerar” dentro de unos límites materiales). Sin razón no hay revolución. Pero esta tarea está totalmente inacabada.
Es más, en estos tiempos de banalización de todo pensamiento profundo (incluso en los partidos de izquierda), pensar y cultivar la mente es totalmente revolucionario e incluso irreverente. Creo que hay que multiplicar los ateneos socialistas en todos los grupos de izquierda y popularizar el marxismo. Lo digo así de claro. La nueva izquierda puso en el tapete temas importantes que a veces estaban relegados en los círculos marxistas, pero supuso el principio del debilitamiento de una contrahegemonía científica por una cultura minoritaria dedicada a cambiar el sujeto revolucionario de la clase obrera por una multitud de sujetos que pertenecían a minorías que por defecto no podían llegar a ser nunca mayoritarias (la comunidad LGTB, los inmigrantes, las mujeres, etc.). Un marxismo inteligente, actual, que empodere a los militantes y no los duerma de aburrimiento por utilizar un lenguaje que no es el suyo, porque fue parido hace casi dos siglos, es urgente. El marxismo está vivo porque el capitalismo sigue vivo y coleando pese a todas sus crisis, el problema es que muchos marxistas que conocen lo que Marx dijo parecen muertos en vida y nadie se quiere acercar a la muerte, por puro instinto de supervivencia. Así el marxismo es en la actualidad una minoría política dentro de una minoría activista (la gente de izquierdas). Por esa razón, mi obra, pese a ser muy sesuda en algunas partes, intentó conectar con un público mayor con las caricaturas de Miguel Brieva y con un tono divulgativo y divertido que no hiciera la lectura más difícil de lo que en algunas ocasiones, no tenía más remedio que ser. Marx decía que “en la ciencia no hay caminos reales, y sólo tendrán esperanzas de acceder a sus cumbres luminosas aquellos que no teman fatigarse al escalar por senderos escarpados”, sin embargo, podemos ponernos unas buenas botas, esforzarnos por ser buena compañía y contar chistes por el camino. Quizás así alguno de los miles de millones de trabajadores explotados, quiera asumir el reto y el esfuerzo de cultivarse en el marxismo para cambiar la realidad más allá del camino sin salida que supone la socialdemocracia.
Continuará…
Notas:

jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Engage-tusando a Cuba? Traduciendo un concepto


Por J. Á. Téllez Villalón

“Today, I approved a Presidential Policy Directive that takes another major step forward in our efforts to normalize relations with Cuba. This Directive takes a comprehensive and whole-of-government approach to promote engagement with the Cuban government and people, and make our opening to Cuba irreversible.” 

 President Obama (14-10-2016)

Engagement es quizás el anglicismo de moda que mejor tipifica eso que se ha dado en llamar “pérdida por traducción” o lost in translation, es decir a la desaparición al traducir una palabra de todos sus matices o los juegos de palabras que desaparecen al traducir un texto de un idioma a otro.

El término encuentra su origen en el verbo francés engager. A su vez, engager tiene como etimología: “mettre en gage”, “poner en prenda”, "dar su palabra un fiador en promesa de unión", “involucrar a su fe”, "comprometerse (a declarar)". El sustantivo gage se origina por un lado de gwage que se traduce como "lo que ponemos o dejamos en depósito como garantía de una deuda, la aplicación de algo y por otro de guage que es “lo que se da a una persona en concepto de indemnización, la satisfacción por el mal que ha causado él" [1].

Desde el francés, encontramos como equivalentes en español: empeño, alistamiento, intervención, enganche, juramento, tratado, palabra comprometida, compromiso, pacto, alianza, obligación, aliento, fianza, hipoteca, ajuste, contrato, inscripción, encuentro, apertura. Una de las expresiones en la que se emplea el verbo es “engager qn à faire”, es decir: “incitar a alguien a hacer (algo)”.

El vocablo, fue aceptado sin modificación alguna por el idioma inglés, sin embargo en este no se reconoce todas las acepciones que tiene en la lengua de origen y además se le han añadido acepciones que solo existen en la de Shakespeare. Tiene como sinónimos: booking, participation, involvement, involution, mesh, meshing, interlocking.

En su sentido general, puede trasladarse al español como cita, compromiso nupcial o noviazgo, pero cubre un campo de acepciones más amplio y que traduce más sutilezas que el engañoso “compromiso”. Entre sus traducciones se contempla acepciones como: implicación, nexo, relación; pero también: intervención, batalla, combate, pelea.

Son de la misma familia de engagement: engagé (comprometido, voluntario), engaging (atractivo, agraciado, insinuante, simpático), engagingly (de manera atractiva, con encanto).

Sutilezas que también gana o pierde el sustantivo al transferirse del habla popular a la psicología, las tecnologías organizacionales, la publicidad o el marketing, como desde la Psicología de la Salud Ocupacional, el Marketing Industrial y otras profesiones afines, hacia la Política, las ciencias políticas y la teoría de las relaciones internacionales.

De modo que muchos profesionales de habla castellana prefieran emplear engagement y no sus posibles equivalentes en español. Así argumentan que el término “marketing de compromiso” no traduce el de engagement marketing, como marketing no puede ser traducido como mercadeo.

Salanova y Llorens desde la Salud Ocupacional han planteado: “Al día de hoy no hemos encontrado un término que abarque la total idiosincrasia del concepto, sin caer en repeticiones, simplezas o errores. El engagement sabemos que no significa exactamente lo mismo que otros conceptos que sí tienen su homónimo en lengua inglesa como son: la implicación en el trabajo (Work involvement), el compromiso organizacional (Organizational commitment), dedicación al trabajo (Work dedication), enganche (Work attachment) o dedicación al trabajo (Workaholism).” [2]

Como concepto fue empleado por primera vez en el ambiente científico en 1990, cuando William A. Kahn -quien estudiaba las organizaciones dedicadas al cuidado de personas con bajos recursos, con enfermedades o en edad avanzada-, definió el “engagement personal” como el “aprovechamiento de los miembros de la organización de sus propios roles de trabajo”; “en el engagement, las personas utilizan y se expresan a sí mismas física, cognitiva, emocional y mentalmente durante el desarrollo de sus roles”[3].

En sus trabajos, el académico identificó los problemas que se presentan en este tipo de organizaciones y las estrategias que se utilizan para enfrentar estos problemas. A través de los estudios de Kahn, el engagement surgió relacionado con el compromiso, es decir, el estado en el cual las personas expresan su “ser entero -física, cognitiva y emocionalmente- en el papel que desempeñan”.

Un poco más tarde se, comienza a identificar el engagement como un estado ideal y opuesto al burnout- el agotamiento mental en el desempeño profesional-; necesario para el funcionamiento óptimo de las organizaciones. Basado en esta definición de engagement, con posterioridad se desarrolló una escala de 13 ítems formada por tres dimensiones: engagement cognitivo, emocional y físico.

Desde una perspectiva psicológica, el engagement se presenta como un estado de realización positivo que experimenta el trabajador en relación con su trabajo. Un trabajador engaged siente su trabajo como placentero, “no como una carga agobiante que le consume la vida”. De allí, que aporta más beneficios para el dueño.

Por otra parte, se habla de un engagement marketing, a través del cual se establece una relación con el consumidor como nunca antes se había conseguido en el marketing dirigido a las masas. Bajo sus prácticas, subyace una nueva filosofía de marketing; se estudia a fondo cada consumidor y se dirigen acciones -meticulosamente planificadas- hacia las necesidades, anhelos y deseos de esos consumidores. Unas necesidades y expectativas que están enraizadas profundamente en sus convicciones éticas y morales, en su estilo de vida y que tienen su base en cómo experimentan y entienden la vida y en cómo se relacionan con el mundo, es decir su cultura.

El engagement es en tal sentido, la vinculación que se logra con la comunidad a través la presencia de la empresa y que le permite pasar de simples extraños, a personas con las que se tiene relaciones que involucran un grado emocional. Un cambio en la actitud de sus contactos, más allá del compromiso, pero que están enlazados con él, entiéndase, unión emocional, deseo de permanencia y satisfacción con lo que se hace.

Resulta ilustrativo que como paradigma del engagement marketing se tome a la multinacional Apple; empresa que en los últimos años ha logrado que sus productos sean consumidos con una pasión desorbitada, pese a que lo perjudique con la venta de productos a más de un 60% de su precio real, si le quitásemos el marketing. [4]

De modo que como concluyó @philgonzalez, después de asistir a una conferencia sobre el engagement, la mejor traducción del termino es “enganchamiento”, pues en Castellano cuando hablamos de “engancharse”, queremos decir que estamos tan enamorados de algo o alguien que “hacemos las cosas sin razonamiento, ni medición del coste, ni del tiempo, ni de sus consecuencias” [5].

Así, el engagement es una categoría empleada tanto por el marketing industrial y el digital, como el marketing político o electoral, para mejorar la “implicación entre un productor y un consumidor”, un sitio y sus seguidores o entre un político y sus electores.

Con el engagement político se persigue atraer a los posibles electores tratando de crear una imagen de este positiva y cercana a la población, apelando a su sensibilidad y valoraciones afectivas. El engagement en este caso, se enfoca en lograr que el votante sienta que su posible gobernante es alguien como él; presentándose, con la más encantadora envoltura, las cualidades humanas del candidato, su compasión, su entrega y sus ganas de llevar adelante su proyecto político. Se recomienda tratar de mostrarse fuerte y sólido en sus convicciones, pero a la vez afable, ameno, atractivo.

Un recurso de engagement que ha ganado en explotación en las últimas contienda electorales, sobre todo de la derecha, es el uso es el de las redes sociales. No por gusto, el único sector estadounidense autorizado a negociar e invertir en Cuba, sea el de las TICs.

Nótese que las acciones para promover el engagement son diseñadas y dirigidas desde el liderazgo o el poder; por una marca, un gestor de web, un empresario o un político, para ganar adeptos, clientes, electores y en fin de cuentas, ganancias, plusvalía.

Bajo estos preceptos se condujo el “encantador” Barack Obama, antes y durante su visita a la Isla. Con los anuncios a través de las redes sociales de su visita y del encuentro de pelota con los Tampa Bays, con su “¿Que bolá Cuba?” (sic), al aterrizar en La Habana. Continuándolo con sus dos sketch humorístico en el programa televisivo más popular en la Isla, en el encuentro con los emprendedores en la cervecera y especialmente en su discurso en el Gran Teatro y - junto su familia-, en el set de diplomacia deportiva que fue el Estadio Latinoamericano.

Sus habilidades y resultados en Política 2.0, ya se habían evidenciado fehacientemente durante sus dos campañas presidenciales. Obama es actualmente el líder en la llamada twiplomacy (diplomacia digital) y el político más influyente (@POTUS), y el de más “enganchados” (@BarackObama), con 76 y 79 millones de seguidores, respectivamente.

El término engagement para referirse a su nueva política hacia Cuba, fue utilizado por el propio Obama, en una entrevista el 19 de diciembre del 2014 [6] y en su discurso sobre el estado de la Unión, poco después. En ellos anunció claramente las características más generales de esta “mantra” para la Isla.

Una nueva estrategia que sintetiza de este modo: “un enfoque diferente y más inteligente, una estrategia paciente y disciplinada que emplea todos los elementos de nuestra potencia nacional” [7]. Es decir, bajo los fundamentos del smart power o poder inteligente y del “realismo progresivo” en la teoría de las relaciones internacionales.

Un proceso largo, que combina “el palo y la zanahoria” para castigar retrocesos y bonificar reformas; con estrategias de relacionamientos diferenciados para con el gobierno y con la sociedad civil y cuya efectividad dependerá -en su opinión-, de la cultura del pueblo cubano y de la implicación de las otras potencias aliadas en el propósito de promover los valores “universalmente aceptados”, que son los del capitalismo occidental, de fuertes raigambre liberal. Presupuestos reiterados en las más recientes Directivas para Cuba y donde aparecen engage o engagement en 38 ocasiones [8].

Una versión, digamos mejorada, que la del “realista” Henry Kissinger, para quien el engagement era un propósito que se alcanzaba mediante la combinación equilibrada de diplomacia y fuerza disuasiva- o explícita.

Desde la diplomacia, había sido empleado antes para nombrar las “negociaciones” con Irak, Venezuela y Myanmar (antigua Birmania), por nombrar algunos.

Datos y hechos que nos remiten a otro concepto, quizás reacio a sumarse al compendio de las categorías de las ciencias políticas, pero que califica como ningún otro lo que debemos traducir los cubanos cuando escuchamos engagement; hablo de engatusar, utilizado para significar: “ganarse la voluntad o el favor de una persona adulándola o aparentando tener ciertas cualidades que en realidad no se tienen”.

Vocablo que etimológicamente resulta de la confluencia de dos voces encantusar y engatar. Encantusar que se deriva de encantar (hechizar) y viene del latín incantare compuesto por el prefijo in- más cantare, frecuentativo de canere (cantar) con la raíz kan (cantar), presente en chantaje. Engatar que viene de gato (del latín cattus), animal de muy mala reputación en el imaginario popular de muchos pueblos, incluso los anglosajones, y al que recurrimos en aquella frase de “dar gato por liebre”.

Ante lo que vale recordar a Martí, quien nos legara que no se ha juzgar “la república autoritaria y codiciosa, y la sensualidad creciente, de los Estados Unidos”, por “la sonrisa y lujo del salón de recibir, o por la champaña y el clavel de la mesa del convite.”[9]

Sea esta mi contribución, para más luces - y raíces- con las que traducir, no solo la “mala palabra” y su engage-tusadores brillos, sino la nueva táctica imperial para conducirnos hacia el capitalismo neoliberal


Salanova & Llorens (2008),Estado actual y retos futuros en el estudio del burnout. p. 64; http://www.cop.es/papeles.

Kahn, W. A. (1990), Psychological conditions of personal engagement and disengagement at work. Academy of Management Journal(33); http://amj.aom.org/content/33/4/692.full.pdf

Ver de mi autoría, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217235

http://instagramers.com/spanish/engagement-ya-tiene-traduccion-en-espanol-el-enganchamiento/

https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/12/19/remarks-president-year-end-press-conference

http://elpais.com/elpais/2016/01/13/media/1452672459_479650.html


Ver de José Martí, O. C. t.28, pp.290-294