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lunes, 20 de junio de 2016

Destellos y sombras desde un Congreso para sociedades posibles.

Por Ovidio D´Angelo Hernández , Cuba Posible
 Todo proceso político y social –como es el caso del VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC)– presenta siempre, aún en sus coherencias e incoherencias posibles, un cuadro de multiplicidades semánticas en el que vale la pena hurgar, toda vez que define perspectivas, trayectorias, cursos precisos o imprecisos de la construcción social en los próximos tiempos. Y, con ello, se presenta en una escala de tonos y matices, dudas y sombras –que reiteran el pasado reciente o distante de nuestro actual sistema político–, pero también ciertos destellos que podrían iluminar caminos posibles a seguir en el desarrollo de la sociedad. A algunos de esos destellos y sombras voy a dedicar estas breves notas, con el ánimo de poner sobre el tapete, anticipándolas, cuestiones que me parecen esenciales a resolver en el plazo más inmediato de nuestras proyecciones socio-políticas.




Voy a destacar las que me parecen algunas de las más importantes cuestiones derivadas de los fragmentos de discusiones televisadas y los discursos de apertura y cierre del VII Congreso, porque considero que algunos momentos del debate y del contenido de esos discursos tienen elementos que podrían, a manera de destellos aprovechables, abrir puertas que necesitan adentrarnos en profundizaciones viables para el logro de un socialismo cubano: participativo, democrático, próspero y realmente creativo.

A pesar de que solo se empiezan a difundir los planteamientos de fondo en que se fundará la concepción del modelo socialista que se pondrá a discusión, al parecer, muy pronto y de los cambios constitucionales imprescindibles que habrán de proponerse, lo que se ha adelantado en el Congreso nos propone una polémica y debate amplios de sus basamentos.

Así, de manera muy preliminar y asistemática consideraría lo siguiente, como aspectos a tomar en cuenta en el debate.

¿Unipartidismo o pluripartidismo? El tema de democracia y derechos políticos ciudadanos.

La referencia “humorística” del Primer Secretario al “partido de Fidel” y “al partido de Raúl”, daría para pensar… ¿no es el mismo estilo ni proyección? ¿Cabrían otras alternativas?

Dentro del propio tema, Raúl planteó que continuará existiendo un solo Partido. ¿Se pudiera estar de acuerdo?, con inquietudes… Asumamos eso como la directriz de la actual Dirección política, al menos hasta el próximo Congreso.

La idea del unipartidismo –que se ha querido fundamentar en la concepción martiana, de otra época, en otro contexto y para otros fines–, realmente es heredera de la concepción leninista, posteriormente muy modificada por Stalin, del socialismo real soviético, de su Constitución y su época.

En el momento histórico que se asumió la fundación del PCC estábamos en la etapa “heroica” de la Revolución y del “socialismo luminoso del futuro”. En gran parte de la población la dirigencia del proceso gozaba de amplios consensos en sus programas y metas sociales…, se había vencido a una dictadura oprobiosa y la confianza en los líderes traía novedades promisorias, a pesar de –y también gracias a– las agresiones y limitaciones imperiales.

Estamos en otro contexto histórico… ¿sería necesario precisar bien esto?

Pero, ¿cómo se va a articular esa “nueva” idea de Partido Único más “democrático” con varias cuestiones, para que no quede solo en consigna inerte?:

a) Con la –hace tiempo– necesaria diferenciación de la función del Estado y del Partido.

Según el capítulo 5 de la Constitución, el Partido es el órgano superior de dirección de la sociedad, lo que no conjuga bien con el tema del capítulo 3, que otorga el poder al soberano: el pueblo. Siendo así que este no elige a los dirigentes del Partido ni posee mecanismos legales para exigir cuentas a su Dirección, queda prácticamente anulada dicha soberanía popular.

Si bien existen “órganos electivos” del Estado, que conservan una idea de “representatividad”, también ello es incoherente, puesto que las comisiones de candidatura para delegados a las asambleas provinciales y diputados a la Asamblea Nacional (no así para las asambleas municipales, que son nominados directamente por el pueblo), de algún modo siempre rectoradas por el PCC, reafirman el poder absoluto de las concepciones predominantes en la Dirección política partidaria del momento, propiciando el desentendimiento e involucración de amplios sectores de la sociedad, conducentes a situaciones de inercia, descompromiso, decepciones  y desgajamientos del tejido social.

No hay más que asistir a una asamblea de rendición de cuentas de delegados para “darse cuenta” de que estos no tienen capacidad de impacto en las decisiones municipales y mucho menos del país; si esto es así, qué queda para los aburridos asistentes a dichas asambleas.

Este esquema de “democracia representativa” no ofrece una alternativa poderosa a las manipulaciones de dichas formas de gobierno en países capitalistas “democráticos” con la excepción de que, aunque los elegidos no cumplan el programa inicial y conserven cuotas de impunidad, al menos la ciudadanía puede elegir entre varias opciones –a veces solo diferentes en aspectos formales y matices.

Todavía a la condición del Partido Único –quizás aún necesario en esta difícil y contradictoria etapa histórica de Cuba y del mundo, plagada de intereses hegemónicos–, le podría corresponder, sin interferencias con las funciones estatales, un rol de profundización y apertura ideológica flexible de las producciones clásicas, de las teorías sociales y las nuevas, de “auscultamiento” popular, de revisión y de reelaboración creativa continua, según van emergiendo las proyecciones de los contextos actuales y las nuevas visiones de futuro que conserven valores fundantes de solidaridad, justicia social, democracia popular, libertad, etc., para ponerlas a consideración de la población y tomar de ellas, no para imponerlas.

b) Igualmente, debemos debatir el cambio de la consigna de “socialismo próspero y sustentable”, que muy bien podríamos desglosar con más elementos conceptuales, y definirlo, quizás, como una sociedad “independiente, socialista, democrática, de progreso y sustentable”.

Si el pueblo es el soberano, es él quien debe decidir sobre las cuestiones fundamentales, y el Estado, legítima y libremente electo por la población -¿con qué tipo de comisiones de candidatura mediante?- debe someterse a sus inquietudes y rendir cuentas a todos los niveles, con la mayor transparencia informativa y de manera periódica y abierta a toda la población. Todo ello lleva a un replanteo profundo de los órganos y espacios de participación ciudadana del Poder Popular.

c) Entonces, ¿mediante qué mecanismos organizativos se propiciará la mayor democracia interna del Partido, de las organizaciones sociales tradicionales (de masas) y otras corrientes que emergen de sectores de pensamiento diverso, socialista o de otros tipos?

¿Cuáles serían los mecanismos para evitar la actual y evidente separación entre “el Partido de “arriba” y el Partido de abajo”, -alusión de varios autores marxistas cubanos reconocidísimos-; o sea, de qué manera se tomará en cuenta la opinión crítica e incluso divergente sobre determinados problemas de la política del país de los militantes de base y como se les rendirá cuenta de ello?

Aún más complicado y necesario, ¿cómo se tendrá en cuenta –por el Estado y las organizaciones del Partido– la opinión ciudadana respecto a los problemas y proyecciones importantes del país y qué papel ejercerá esta en la conducción del país?

Todo ello, ¿no debería llevar a una reflexión amplia del nuevo concepto de democracia ciudadana y popular a elaborar y poner en práctica, con una nueva función aún del Partido Único, para dejar oportunidades al surgimiento de espacios de discusión y organizaciones sociales deliberativas espontáneas, para propiciar el debate abierto de las posiciones, en el que solo se van forjando convicciones e ideas viables y confiables?

Por demás, el papel de algunas organizaciones de masas tradicionales, ¿no debería cambiar, desde la inercia y su descontextualización actual; por ejemplo, de los sindicatos, de los CDR, etc., que responden a líneas temáticas elaboradas desde instancias centralizadas y no a los intereses y necesidades actuales de los trabajadores y comunidades?

Por supuesto, el papel de los medios de comunicación tendría que abrirse al debate social más amplio, aunque esto se realizara de manera gradual, pero “con prisa y sin pausa”, espacio que ya han ocupado diferentes medios digitales y alternativos, aún con poca resonancia social.

La garantía de los derechos políticos y ciudadanos de libre expresión, asociación, etc. solo tendría que tener sus límites necesarios en cuanto estuvieren al servicio de una potencia extranjera o financiado por sus instituciones oficiales, y ejercerse dentro de marcos de deliberación y acción pacíficos y de construcción de consensos, para lo cual un nuevo papel del Partido Único tendría que adaptarse sensiblemente, renunciando a la verdad absoluta y construyendo con y desde los demás.

Otra cuestión de gran importancia es la próxima “discusión” de los documentos sobre la concepción del modelo y planes hasta 2030. Aquí se plantean varias cuestiones centrales, que nos sugieren la siguiente pregunta:

¿Cómo se realizarán estas “discusiones”?, pues ya tuvimos la experiencia de la “consulta” masiva de los Lineamientos, respecto a los cuales no se produjeron procesos de deliberación reales –más bien produjeron catarsis individuales en espacios sociales–, si entendemos que un proceso de deliberación implica conocimiento de argumentos diversos de sustento de las afirmaciones, compartir los puntos de vista entre unos y otros en el mismo colectivo y entre los diversos espacios colectivos de debate, conocer las tendencias generales y profundizar en los conceptos y posiciones centrales… Esto necesitaría: 1. Otro modo de conducir las asambleas para propiciar ese tipo de deliberaciones. 2. Posibilidad de llegar a comparaciones, contrastes de posiciones. 3. Elaborar consensos entre diferentes posiciones abordadas. 4. Conocer la mayor cantidad posible de informaciones básicas y de opciones que se manejan en los diferentes públicos y sectores. 5. Crear mecanismos transparentes y democráticos, abiertos, para construir las elaboraciones definitivas, etc.

Esto, entre otras cosas, plantea el reto de un periodismo muy ágil y de cambios de estilos de coordinación de debates públicos. Está próxima la discusión de los “documentos”, por lo que estas cuestiones son de gran relevancia actual.

El Congreso abrió algunos espacios para la profundización y el debate de estos y otros temas, lo que podría ser positivo si se saben aprovechar en sus potencialidades constructivas, aun con una permanencia de parte importante de la dirección histórica y otros continuadores de la misma política en el Buró Político, cuando muchos esperaban  una amplia renovación generacional que asegurara nuevos bríos y planteos críticos.

Otra nota sensible, finalmente, es la alusión a que los cambios constitucionales –que para muchos nos parecen urgentes y directrices fundamentales de un nuevo Estado de derecho socialista– hayan quedado como una tarea “para continuar en los próximos años”, con el peligro de realizar un gobierno sin Ley Fundamental y derechos ciudadanos apropiados a los nuevos contextos emergentes.

La propiedad socialista y la propiedad privada.

Esto lo he tratado en otros artículos más ampliamente. Se asume de manera oficial, por primera vez, el deslinde entre cuentapropismo y pequeña y mediana propiedad privada, lo cual resulta positivo, pero debería llevar al reconocimiento de los instrumentos jurídicos que legalicen su personalidad jurídica, sus necesidades asociativas, normas para organizar y balancear la participación de los trabajadores, la distribución de ganancias y el servicio social de las empresas, más allá de las cargas impositivas, etc., frente al poder del capital privado y de la burocracia estatal –en el caso de las empresas estatales (no necesariamente sociales).

Este tema resulta urgente ante la necesidad de refundación de nuevas bases socialistas de la sociedad y ante el desafío de las relaciones Cuba-Estados Unidos, Europa, etc., en la formación de capacidades privadas e inversiones extranjeras y de los Lineamientos sobre constitución de las empresas estatales (para que fueran realmente) “socialistas”.

Estos son solo algunos de los retos pendientes que tenemos por delante, en el empeño de que el Congreso resulte de relevancia para la construcción socialista renovada y democrática. Los temas están abiertos, la oportunidad de aprovecharlos en las próximas etapas de debate público requeriría de un nuevo diseño amplio y efectivo de formas de deliberación social.


viernes, 17 de junio de 2016

Necesitamos socialismo y realismo

Por Humberto Pérez González

El proceso de actualización del modelo económico que se está implementando se ha enrumbado correctamente, aunque su marcha se siente y parece lenta, tal vez por la impaciencia de ver resultados lo más pronto posible, algunos de los cuales se esperaba estarlos viendo ya. A veces se adolece de marchas y contramarchas intermitentes no siempre lógicas y justificadas, en algunos aspectos importantes los pasos son demasiado cortos y demorados faltando el sentido de urgencia a que se refirió Raúl en su Informe al VII Congreso, se manifiestan trabas de distinto tipo, aparecen regulaciones y medidas contraproducentes y a veces absurdas o por lo menos incomprensibles, etc.


Fidel en su Informe al Primer Congreso del Partido decía que ¨… el revolucionario tiene también el deber de ser realista…Hay que aprender también de los hechos y de las realidades” y en la definición que hizo en su discurso del 1ro. de mayo del 2000 entre otras cuestiones planteo que ¨Revolución es luchar con audacia, inteligencia y realismo¨.


El realismo es una condición indispensable en estos momentos para aspirar a consolidar, profundizar y  desarrollar con éxito y de manera viable nuestro proyecto socialista, sobre la base naturalmente del gran trecho ya caminado en estos 57 años de Revolución y tomando lo mejor de lo logrado y pensado en las diversas etapas de dichos años incluyendo las más idealistas que también nos legaron importantes aportes a recoger, pero sobre todo a partir de un análisis objetivo de la situación,  circunstancias, hechos y realidades actuales:


-- país pequeño, de economía abierta y sin recursos naturales suficientes,


-- infraestructura y planta industrial sumamente deterioradas,


-- ausencia de fuentes de ahorro interno suficientes para respaldar el proceso inversionista que se requiere,


-- falta de un apoyo económico externo como el que en cierto momento se tuvo,


--rodeados por un mundo predominantemente capitalista con el cual estamos obligados a vincularnos económica y financieramente y de alguna manera integrarnos a él,


--con una sociedad interna desgarrada por un Periodo Especial que lastimo seriamente los logros sociales conquistados incluso a los más significativos y emblemáticos, y que la fracturo en diversos segmentos desiguales económica y socialmente entre sí,


--con una mayor parte de la población (obreros y empleados del sector estatal, pensionados, etc.) que no recibe ingresos legales suficientes para vivir


-- con gran parte de sus familias divididas y aproximadamente un 15% de su población residiendo en el exterior


--con la existencia de dos monedas y varias tasas de cambio en su circulación monetaria interna lo que contamina, desfigura y hace no confiables indicadores macroeconómicos fundamentales  necesarios para tomar decisiones y conducir la economía, que desestimula a las empresas exportadoras y a la inversión extranjera y, algo muy importante y muy negativo:


Se trata del hecho de que esta dualidad monetaria y sobre todo la multiplicidad cambiaria es un factor inflacionario y deformador, de un impacto determinante en los mercados de oferta y demanda (entre ellos en los mercados agropecuarios ) y en general de los altos precios del mercado minorista al inyectar a través de las remesas (uno 1800 millones de CUC anuales), un circulante importado de más de 43 mil millones de pesos al año no asociados al proceso productivo nacional (1800 millones de CUC al cambio de 1x24) que más que duplica el total de la demanda solvente generada internamente por todo el sector estatal expresada por la suma del total de salarios, pensiones y asistencia social la que anualmente resulta, según datos de la ONE,  aproximadamente de solo unos 35 o 36 mil millones de pesos o poco más.


A esta demanda solvente inflacionaria adicional de origen externo habría que sumarle además la magnitud de la generada por los ingresos en divisas o CUC de paladares, taxistas y demás cuentapropistas que venden productos y servicios directamente a los extranjeros, más los ingresos de las “jineteras” y las propinas en el turismo, cifras de las que no conozco sus estadísticas pero que son altas y también al cambio de 1x24 van a comprar y demandar productos y servicios al mercado minorista.


Estos componentes anormales y sobredimensionados de la demanda solvente tienen el agravante de que se concentran principalmente en una parte minoritaria de la población con capacidad para pagar cualquier precio que le pidan y absorber casi totalmente o por lo menos a la mayor parte de la oferta disponible.


En resumen una demanda solvente teratológicamente deformada: por un lado exagerada  y anormalmente inflada para una parte minoritaria  de los demandantes, por otro lado insuficiente   para una mayoría de la población  ante la cual los precios no están a su alcance y como sumatoria una demanda solvente total que más que duplica a la que sería lógicamente generada desde un punto de vista económico, financiero y monetario.


Mientras esta anomalía persista no hay medidas administrativas ni  precios topados ni lucha contra intermediarios innecesarios y especuladores, que logre un equilibrio de precios más o menos normal. Las medidas administrativas tomadas, aunque produzcan alivios temporales van a ocasionar consecuencias secundarias contraproducentes, deformadoras y negativas en cuanto al papel que el mercado debe jugar en el nuevo modelo económico en proceso de implantación pues atacan causas aparentes  y cuando menos secundarias y no a las principales causas reales del fenómeno inflacionario.


Las únicas medidas adecuadamente orientadas,  en el contexto de las que se están tomando, son las destinadas a lograr aumentos de la producción y la oferta pero tendrán efectos demorados e insuficientes, porque reiteradamente se verán contrarrestados y en gran parte anulados  por la deformación creciente de la demanda solvente antes mencionada.


Esa demanda tan anormalmente inflada  va a continuar manifestándose de manera necesaria y significativamente alcista en los mercados que existan legalmente, en estos momentos principalmente en los que se han conservado de libre oferta y demanda sin precios topados,  y cuando estos no respondan a ella con su oferta, se desviara y lo hará en el mercado negro.


Hay que tomar en consideración además que un mercado tan distorsionado no es el complemento adecuado a la planificación centralizada, combinación que se ha planteado para la construcción del socialismo en nuestras condiciones.  De no normalizarse    la relación oferta-demanda y el mercado en general, esta  combinación y complementación  aconsejables  entre planificación centralizada  y mercado y entre sector estatal y no estatal de la economía, se  verán seriamente afectadas y pudiera una vez más conducir a fenómenos que produzcan la apariencia de que socialismo y mercado son irreconciliables y, una vez más también, al riesgo de decidir equivocadamente: ¨botar a la criatura junto con el agua sucia¨.


--Otro aspecto de la  situación actual, que no debemos olvidar en un análisis realista de la misma, es el de la existencia de unas masas altamente calificadas y con alto nivel cultural como promedio lo que en general es indudablemente un factor positivo pero que, al tratarse de masas insatisfechas en muchas de sus necesidades,  potencia su capacidad de crítica,  exigencia  y  discrepancia, en momentos en que la influencia aglutinadora, de arrastre y de freno por parte de la generación histórica de los dirigentes que hicieron la Revolución y la han encabezado hasta el presente esta llamada a desaparecer ya que, por razones biológicas inevitables, deben abandonar el escenario político en el quinquenio en curso o a fines del mismo.


Si el Socialismo que tratemos de desarrollar no es realista estará condenado al fracaso.


Raúl ha reiterado el slogan de avanzar “sin prisa pero sin pausa” para evitar improvisaciones que generen “remedios peores que la enfermedad”.


Hace casi 40 años, el propio Raúl el día 19 de diciembre de 1975, al referirse a la ejecución de las tareas del Primer Congreso planteo de manera similar el de “Ni lentitud de jicotea, ni corre-corre improvisado”.


Nos parece más adecuada la consigna del Primer Congreso porque se puede avanzar “sin prisa pero sin pausa” (que es la consigna actual) y no obstante hacerlo “con lentitud de jicotea”, lo que debe ser superado pues hay urgencias que no esperan y los remedios pueden llegar tarde.


A partir de la experiencia vivida se hace aconsejable estar alertas para evitar que, con respecto a los lineamientos aprobados en el VI Congreso y confirmados en el VII y a las medidas para la actualización del modelo económico social actualmente en proceso de aplicación, se vayan a producir engavetamientos,  abandonos, tergiversaciones y labor de freno por negligencias, indolencias, falta de sistematicidad, inercias mentales que se resistan al cambio como ha advertido Raúl, o también por falta de convicción en el camino decidido o por determinados intereses  personales que puedan imprimir un solapado “paso de jicotea” e intentar el desvío de dicho camino por temor a perder poder y posiciones.


Afincados en los principios inclaudicables de soberanía, independencia y dignidad nacionales, debemos luchar por un Socialismo que mantenga, recupere, consolide y desarrolle  los logros alcanzados en salud, educación y otras esferas de justicia social, y que sea capaz de satisfacer adecuadamente de manera estable y de acuerdo con el desarrollo tecnológico actual de bienes y servicios de consumo las necesidades materiales y espirituales crecientes de todo el pueblo incluyendo a sus segmentos de menores ingresos, en un proceso gradual de superación lo más rápida posible de las desigualdades creadas por el Periodo Especial.


Debemos lograr que los salarios y pensiones sean suficientes para satisfacer las necesidades básicas de la familia cubana pues mientras los ingresos normalmente legales para la gran mayoría de la población no alcancen para vivir, como es reconocido oficialmente, es absurdo pensar que habrá una resignación estoica a existir sin vivir y se hace lógica e inevitable la búsqueda de los recursos complementarios e irrenunciables para asegurar la subsistencia por vías ilegales y los desvíos y la corrupción encuentran un caldo de cultivo objetivo que no puede ser contrarrestado ni vencido únicamente por las vías del control y represión administrativa y policial ni por la propaganda y educación ideológica.


Fidel en 1971, en su discurso con motivo del 1ro. de mayo, planteaba que “…si nosotros queremos avanzar en lo moral, y avanzar en la conciencia, debemos eliminar los factores que constituyen caldo de cultivo, que están contra de la moral, que van contra la conciencia, que promueven la corrupción”.


Por otro lado mientras la pirámide de ingresos este invertida y desarticulada no se lograran las motivaciones indispensables para el incremento de la productividad del trabajo social, de la calificación laboral y profesional y para el necesario aumento de la producción y la oferta que tanto se requieren. Una Reforma Salarial se hace aconsejable a partir de un salario mínimo que alcance para cubrir las necesidades básicas y de ahí en adelante proporcione la posibilidad de ingresos para sufragar como promedio de manera creciente una “vida decente” de menor o mayor nivel según  la calificación y aporte a la sociedad del trabajo realizado por cada cual.


Sabemos que se trata de un complicadísimo rompecabezas a ser armado a partir de la situación actualmente existente, pero si bien es cierto que el problema no se resuelve con una simple subida de salarios ante una oferta que no crezca también es cierto que la producción y la oferta no crecerán rítmica y sostenidamente mientras no haya la adecuada motivación material para ello.


Es necesario devanarse los sesos para encontrar los formulas y vías que, eludiendo las “terapias de choque”, nos conduzcan lo más rápido posible a una situación monetaria normal y estable y a un sistema estructural de ingresos de la población que resulten impulsores de la producción, la eficiencia económica y la estabilidad social.


Debemos trabajar por un proyecto Socialista que como objetivo tenga por una parte una base productiva y financiera sólida, pero además por un Socialismo que cuente por otra parte con una base cultural e ideológica suficientemente fuerte y arraigada que le permita reproducirse una y otra vez, legitimada reiteradamente por el consenso popular de manera espontánea sin ningún tipo de medidas de represión ni de compulsión evidentes, ni tampoco coyunturalmente por el liderazgo carismático de una u otra figura.


Un Socialismo auto sostenible no solo desde el punto de vista económico y medio ambiental sino también en lo ideológico, social y político.


Un Socialismo lo suficientemente atractivo como proyecto social que soporte los errores y cambios de los gobernantes de turno sin perder el apoyo del pueblo o por lo menos de la amplia mayoría del mismo. Que sea capaz de mantener ese consenso en medio de la inevitable y saludable diversidad de ideas, criterios y creencias y que estas puedan manifestarse sin cortapisas, sin sentirse censuradas y reprimidas (aunque deban comportarse lógicamente dentro de determinados principios y regulaciones éticas y morales), que puedan acudir a todas las fuentes de información disponibles sin secretismos y sin zonas prohibidas de acceso.


Para lograr este Socialismo se requiere ir logrando una satisfacción creciente y sostenida de las necesidades materiales de la población y, además, la práctica de una democracia auténticamente representativa y participativa, con libre debate de puntos de vista y participación no solo en la formulación de criterios sino en la toma de decisiones. Se hace urgente esta práctica en primer lugar dentro del Partido, en lo que viene insistiendo Raúl reiteradamente, y mucho más cuando nos pronunciamos por la existencia de un Partido único lo que considero necesario y vital en las actuales circunstancias políticas internas, regionales y mundiales.


Se hace necesaria la participación activa de nuestros economistas y demás intelectuales de las Ciencias Sociales en las discusiones y toma de decisiones sobre la implementación del modelo económico social aprobado. Sin temor a las denominaciones considero conveniente crear uno o varios ThinkTank con nuestros científicos sociales más destacados, capaces, patriotas, revolucionarios y realistas.


Se hace necesaria, además, una participación más realmente democrática de las masas a través de las diversas organizaciones en que se agrupen, en las comunidades en que vivan,  en los procesos electorales y  de gestión de los   Órganos del  Poder  Popular  en sus  diferentes nivel es, en la gestión y/o autogestión de las entidades económicas estatales y no estatales de las que forman parte, es esencial la participación libre y no oficialista y censurada de los creadores del arte y la literatura y de manera muy importante de una prensa  con  informaciones  al día , sin tabúes,  sin cesuras ni autocensuras y  aprovechando  todos los medios modernos de comunicación existentes.


Como leí hace unas semanas de un destacado representante de nuestra Ciencias Sociales: “El Socialismo no puede posponer más la democracia que ha prometido” y otro intelectual también destacado nos recordó recientemente unas palabras de Fidel pronunciadas en 1970 en las que decía: “No puede haber ningún Estado más democrático que el Socialista. Si no es democrático fracasa… sin las masas pierde la batalla”.


Solo así se podrá forjar el consenso del que hablo Raúl en la clausura del VII Congreso como factor fundamental del que dependerá el ritmo y el éxito de nuestro proyecto socialista y evitar que prospere la alternativa capitalista presente en el pensamiento y actividad de algunos y  que se nos ofrece, además, con formas cautivadoras a través de los medios de comunicación dominados por los enemigos del socialismo y en discursos melosos,  cantos de sirena y determinadas acciones económicas y políticas estimulantes por parte de los representantes del enemigo tradicional convertido ahora en un “buen vecino”, cuyas intenciones pérfidas y aviesas en gran medida explicita con todo desenfado. No obstante es preferible y mucho más ventajosa su actual política de “buen vecino” que la política de Big Stick   sostenida durante toda la historia anterior del proceso revolucionario. Lo hemos vencido frente a su política anterior y debemos y podemos ser lo suficientemente hábiles, astutos, prácticos y realistas para vencerlo en  el nuevo escenario que se nos plantea.


Sobre la base de una mejoría visible, sostenida y creciente de las condiciones de vida de la población(aunque solo pueda ser gradual y lenta al inicio) y de la posibilidad de un ejercicio democrático real que convenza y de una participación activa en los asuntos económicos y sociales (lo que no tiene que ser tan gradual y lento), acompañadas por una eficiente formación cultural e ideológica,  los sectores más vulnerables de nuestra sociedad y sobre todo nuestros jóvenes podrán avizorar un futuro lo suficientemente prometedor y estimulante para que se reduzcan sus incertidumbres y sus tendencias a la emigración, se fortalezca el sentimiento patriótico, nacionalista y socialista  y se vaya logrando de manera creciente el consenso necesario en una mayoría creciente de la población.


La labor de educación política, cultural e ideológica por sí sola no lo lograra y menos con fórmulas,  insistencias y letanías rutinarias y pasadas de moda que provocan agobio y rechazo.


La actual generación joven nació  y/o se desarrolló en el Periodo Especial y siente y piensa, en parte con razón, que las deudas que hay que saldar con ella no las contrajo el capitalismo, distante casi 60 años atrás en el tiempo, si no el propio proyecto socialista desarrollado hasta ahora y sus dirigentes. Por ello el consenso no puede lograrse principalmente a base de pedir actos de fe en el Partido y en la Dirección Revolucionaria y con un discurso gastado, poco atractivo y sobre todo poco convincente.


 Marx y Engels escribieron una temprana obra de manera compartida entre ambos en 1844 editada con el título de “La Sagrada Familia”. En la parte tercera de su capítulo VI elaborada  por Marx, este hace una síntesis de determinadas concepciones o doctrinas de una de las tendencias  del materialismo francés que entroncaban, según él, con el socialismo y el comunismo, y en una parte resume y expone lo siguiente: “Si el hombre forma todos sus conocimientos, sus sensaciones, etc. a base el mundo de los sentidos y de la experiencia dentro de este mundo, de lo que se trata es, consiguientemente, de organizar el mundo empírico de tal modo que el hombre experimente y se asimile en él lo verdaderamente humano, que se experimente a sí mismo en cuanto hombre. Si el interés bien entendido es el principio de toda moral, lo que importa es que el interés privado del hombre coincida con su interés humano”.


Considero  que se trata de una idea que debe ser base principal a tener en cuenta, guía orientadora  y objetivo a lograr en cualquier sociedad que se proponga construir el Socialismo.


Interpreto este aserto y lo que de él se deriva para la práctica de la construcción socialista como una exhortación  a estudiar y pensar, teniendo en cuenta el país y momento dados de que se trate, en cómo organizar y estructurar el mundo empírico, entendiendo por este a las relaciones de propiedad y de posesión, las relaciones de producción en general, el destino y distribución de los resultados del trabajo y de lo producido, la participación de los hombres, sus facultades de decisión y los mecanismos de estímulo, en primer lugar los económicos, de tal manera que el interés privado de cada individuo coincida con el interés social, lograr lo que conviene a todos a partir de lo que conviene a los individuos, que estos moviéndose tras su interés particular lógico y bien entendido, lo que resulta natural e inevitable, estén llevados a hacerlo también en aras del interés social, del interés humano. No pretender lograrlo como punto de partida  por pura conciencia a desarrollar únicamente mediante la educación y formación ideológica superestructural sino sobre la base de que el modelo de organización económica y social  aplicado los lleve objetivamente a ello.


Organícese el mundo empírico de la construcción socialista de tal manera que “el interés privado del hombre coincida con el interés humano” y compleméntese ello con la correspondiente, inteligente, atractiva y convincente educación cultural y político-ideológica.


La Habana, 14 de junio de 2016

jueves, 16 de junio de 2016

Dolores militantes

Por: Harold Cárdenas Lema


Un proyecto de país que no conduzca al Socialismo no me interesa. Es por eso que vivo adolorido desde el último congreso del Partido, porque los golpes amigos duelen más que los enemigos. Al ver postergada la continuidad generacional en la dirección del Partido sentí que la necesidad de nuevos sistemas de trabajo y nuevas fórmulas se postergaba también. Y una parte de mí entiende a Raúl, quiénes mejores para librar la batalla que quienes se han probado en el tiempo, pero es más que eso.


Sería un error creer que la necesidad de renovación en la dirección del país implica una crítica a los dirigentes actuales, se trata de un proceso natural largamente pospuesto que de seguir aplazándose arriesga convertirse en ruptura. Virgilio Piñera decía que no hay nada peor que ver a la generación anterior claudicar, quizás lo único peor sería verlos omitidos en su protagonismo, a todos los niveles.


Mi abuelo hoy ve el noticiero y siente que para él se trata de la batalla final contra el imperialismo pero para nosotros no. Como Fidel en su tiempo, sentimos hoy que tenemos toda una vida de luchas por delante y mejor nos alistamos a protagonizarla, como lo hizo la Generación del Centenario. Algo debe estar muy mal realmente para envidiar a quienes se enfrentaron a Batista y vivieron los mayores peligros físicos, es que hoy el escenario es más complejo.


Quizá la persona que arruinó todo fue Obama, su visita justo antes del congreso y su influencia mediática en la isla puso a la defensiva todo el aparato político cubano. ¿Se podían operar grandes cambios entonces? Difícil. Aún así debemos aspirar a ser no solo un parlamento en una trinchera sino también arriesgarnos en situaciones bajo presión.


Soy orgulloso militante de la UJC en Cuba. Como dijera Diego en Fresa y Chocolate, tengo una cabeza que piensa, y no me voy de mi organización, no me voy de mi país, porque sin mí le faltaría un pedazo. Antonio Guiteras veía para esta isla un futuro luminoso dentro de una democracia socialista, muchos lo vemos así también y por eso nuestro blog se creó bajo su experiencia. No se trata de cambiar unas personas por otras, no es una simple sustitución generacional, debe implicar un salto cualitativo también en las formas de hacer política.


Así como Fidel perfeccionó las ideas de Guiteras y Mella, en la actualidad hay muchos que pueden perfeccionar las fórmulas actuales. Honestamente, me hubiera gustado ver a Obama medirse junto a Josefina Vidal de tú a tú, o junto a Díaz Canel o Lázaro Expósito. Y Raúl es un interlocutor válido que además simboliza cómo este acercamiento con Estados Unidos ha sido iniciado por la generación histórica, pero la edad lo pone en una desventaja injusta y tenemos tanta gente joven que también lo podría hacer.


En la práctica no tiene sentido citar nombres porque el país está repleto de dirigentes desconocidos que no llegan a la luz pública, pero están ahí. Aquí expreso mi opinión de ciudadano, la de militante será más fuerte, en el proceso de debate que comienza sobre los documentos presentados al calor del Congreso. Y es buena señal, excelente oportunidad esta para abrir un diálogo nacional dentro de las fuerzas revolucionarias.


El congreso partidista quedó por debajo de mis expectativas, que quizás eran muy altas, quizás el cambio de mentalidad no lo logramos realmente o quizás Obama nos arruinó todo con su visita. Pero me duele cuando lo inminente es pospuesto o se siguen cometiendo los mismos errores que atentan al sentido común. No es un dolor ajeno o una queja francotiradora, no soy de los que se cansa, cuelga los guantes o se va del país. Ni pienso renunciar a Cuba, pero en estos días tengo un dolor militante en el pecho, ojalá pase pronto.

sábado, 7 de mayo de 2016

El hueco negro de la opinión pública



Diariamente ajustamos buena parte de nuestra comprensión del mundo con la lista de asuntos que escalan en el hit parade callejero. Depende de cuán cerca o cuán lejos estemos de los “dolientes” para que podamos reconocer hasta qué punto un tema realmente importa y a cuántos nos moviliza. Porque la mayoría de las veces solo tenemos como feed back el “cocinaíto” en familia, íntimo, sobre las “cosas públicas”, ese que se realiza en paz o a dentelladas a la hora de estar en casa, mientras suenan los calderos.


También algo nos aporta el pleno grito en el pasillo de una guagua a punto de estallar, cuando a un vociferante, cuerdo o no, le da por enunciar sus verdades; o al contrario, cuando en susurros cada vez más corrosivos se pasan, de boca en boca, ciertas ideas.


En ese fluir discontinuo, aproximativo, donde se configuran opiniones orales, ayudan además los juegos cotidianos que el humor y la música popular protagonizan; aunque los chistes y los estribillos tengan que atenerse a los bordes que la censura mediática establece.


La información disponible sobre lo que pensamos y queremos los cubanos resulta tan vaga e imprecisa, tan apreciativa, tan de tumba y vira…, que asusta.


¿Quién se atreve hoy a afirmar cuál es la opinión mayoritaria, y cuáles sus matices, respecto, por ejemplo, a las consecuencias del 17D y el progresivo acercamiento entre Cuba y Estados Unidos? ¿Quién y a partir de qué criterios puede definir cómo evalúan las personas en Cuba el proceso de reordenamiento económico, o el desempeño de un ministro, o las perspectivas de una nueva ley electoral?


El hecho de que la opinión pública no se estudie apenas, y que tampoco se difundan los resultados de sus indagaciones, no es un hecho fortuito, ni la consecuencia colateral de un descuido. El hueco negro de la opinión pública ha sido el tablero de operaciones ideal para que decisores tomen decisiones exonerados per se de compromisos medibles, cuantificables, escrutables. Suele darse por sentada la buena intención y la experticia de quienes administran recursos y diseñan políticas, en el contexto de una economía estatalizada. Y más grave aún, se da por sentado el consenso.


En Cuba, muchas decisiones se han modelado después de asambleas públicas masivas. Recuerdo bien, porque lo viví en plena conciencia, el proceso de reuniones previas al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, en ese parteaguas que fue 1990. Igual ocurrió durante los Parlamentos Obreros, o más recientemente durante la discusión de los Lineamientos…, o del Código de Trabajo. En todos los casos la cantidad de participantes fue abrumadora, y también el volumen de propuestas. Pero en ninguna de estas experiencias, al finalizar, se devolvió al público el examen estadístico de los criterios que las personas, esperanzadas, ofrecieron.


La apropiación institucional del balance de la opinión pública en esos eventos y la falta de socialización de los resultados, no como documento final sintetizado, procesado, sino en su aspecto estadístico y sin interpretaciones, distorsiona el valor consultivo de estas experiencias.


En ese panorama, el pequeño grupo de cubanos que desde la isla nos conectamos a Internet o a algunas redes (25 por ciento de la población), hemos visto cómo ha ido creciendo en esta zona de la vida, virtual, un nuevo espacio de vertimiento de opinión: la zona de comentarios de la prensa digital, donde los usuarios, anónimos o a camisa quitada, desde la Isla o desde fuera, le buscamos la quinta pata al gato de forma bastante liberada, a pesar de la falta de costumbre.


Aunque casi todos los foros se moderan -también en OnCuba, por cierto-, los usuarios de sitios web como Cubadebate o incluso Granma, cada vez consiguen aproximarnos mejor a una visión del heterogéneo espectro de opiniones que vamos elaborando día por día; y no solo sobre asuntos estrictamente políticos. El principal valor de estos espacios es que convierten el ejercicio de oralidad, en escritura.


La palabra escrita, aunque sea en letra digital, es recuperable, citable, contestable, y por todo ello más poderosa: un ágora ad hoc. De paso, compartir criterios allí va nutriendo la imagen de nosotros mismos, proteinizando nuestros acuerdos, fraguándolos en el trasiego colectivo entre el mundo real y el virtual.


No obstante, todavía vemos que se puede “caer el mundo”, que los foristas pueden argumentar con sabias interpretaciones o desgañitarse, sin que esa expresión genere respuestas. Todavía la agenda pública allí recogida, esa pequeñita constancia de lo que pensamos, parece afectar poco o nada la agenda institucional de los servidores públicos.


La mayoría de las veces, tal como ha ocurrido recientemente, a partir de los nuevos equívocos en las pruebas de ingreso a la universidad, los actores institucionales no parecen sentirse en la obligación de replicar, se muestran elusivos. Frente a estos debates, muchas veces ejemplares, pasan de largo aquellos que desde ministerios, o empresas estatales millonarias, se apoltronan seguros de que un bit de opinión no les tuerce el rumbo. Pero la suma de ellos…, ah… ese día magnífico en que el 75 por ciento de los desconectados de hoy se vuelvan ciudadanos digitales, podría cancelar tanta soberbia.



viernes, 15 de abril de 2016

Conversando con Jorge González y Alberto Faya: El VII Congreso del Partido tiene idea de país (+ Podcast)

Por: Ismael Francisco, Rosa Miriam Elizalde






El Dr. Jorge González (izquierda) y Alberto Falla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Dr. Jorge González (izquierda) y Alberto Faya. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Los analistas perciben que este Congreso del Partido Comunista de Cuba, el VII desde 1975 y que comenzará el sábado en La Habana, es clave para trazar el futuro político y económico de la isla en un contexto geopolítico que promete tantas oportunidades como riesgos frente al poderoso vecino del Norte.

Estados Unidos, con su bloqueo cincuentenario todavía en pie, ha anunciado una relación menos beligerante. Pasa revista a los fracasos de la estrategia del “cambio de régimen” a garrotazos con la Isla, pero no esconde su fervoroso deseo de instalarnos otro gobierno y otro sistema político. “No hemos cambiado la estrategia, sino la táctica”, diría fríamente la Subsecretaria de Estado Roberta Jacobson, en conferencia de prensa celebrada a la sombra del águila de bronce que preside el jardín de la casa en Miramar del Encargado de Negocios estadounidense. Catorce veces utilizó la palabra cambio o sus derivados el Presidente Barack Obama en el discurso en el Gran Teatro de La Habana, como para que no quedara ninguna duda.

¿Cómo perciben este contexto los delegados e invitados al VII Congreso del Partido? ¿Qué opinan de las matrices que se imponen hoy en los análisis sobre el foro de los comunistas cubanos? ¿A dónde nos lleva esta reunión? Cubadebate ha invitado a dos militantes que, en calidad de invitado o delegado,  asistieron a las discusiones previas y estarán este fin de semana en el Palacio de las Convenciones, sede del Congreso. Son, además, dos figuras públicas reconocidas en el ámbito científico y artístico del país: el Doctor Jorge González, médico forense, y el músico Alberto Faya.

Congreso ahora sí o no


-Rosa Miriam Elizalde: Uno de los elementos que se tuvo en cuenta para mantener la fecha del VII Congreso del Partido fue la necesidad de no interrumpir la periodicidad de este tipo de foro. ¿Ustedes creen que este es un momento propicio para hacer el Congreso?

Jorge González: Bueno, desde el punto de vista de la frecuencia con que debería hacerse teóricamente lo sería, y teniendo en cuenta además que demoramos mucho para el Congreso anterior (14 años), estamos tratando de recuperar el ciclo natural de estas reuniones, cada cinco años. No creo que se deba esperar para analizar los resultados de Lineamientos y para establecer la conceptualización de nuestro modelo. A lo mejor todavía no están totalmente maduras esas ideas, pero el encuentro es necesario para evaluar hasta dónde se ha avanzado. A lo mejor este es un Congreso que no podrá definir totalmente la conceptualización del modelo cubano, pero me parece que sí estamos preparados para hacer una aproximación a la conceptualización, y que no se debe esperar por ello.

Este es un Congreso donde no se establecerán Lineamientos nuevos, sino que lo que vamos a hacer es revisar los que se aprobaron; ver los que no se han podido ejecutar, por qué no se han logrado y qué otras cosas nuevas tenemos que hacer para mejorar nuestro socialismo.

No tenemos por qué reunirnos para establecer algo definitivo, sino para impulsar los pasos futuros. Pienso en una escalera. Para llegar al final hay que subir varios escalones, hay quien los sube de uno en uno, hay quien de cinco en cinco, de tres en tres, depende de la capacidad de cada quien. Nosotros estamos en una escalera. Creo que este Congreso ayudará a dar un paso—no sé si será de un escalón, de dos, de tres…—, veremos.

Alberto Faya: Voy a seguir con la metáfora tuya de la escalera. Lo que definirá el paso será la manera en que la gente aborde los problemas, y no tengo dudas de que se hará de manera crítica. Lo que he percibido en las reuniones previas, en las discusiones que hemos tenido entre los militantes del Partido, es la decisión de la militancia de avanzar lo más profundamente posible. He visto una discusión muy seria, he visto abordar problemas con toda libertad y amplitud, lo cual me hace pensar que hay un Partido que está alerta y relacionado con los problemas esenciales que los cubanos estamos viviendo.

Si el próximo Congreso se hace exactamente igual a este, o no, todo dependerá también de nosotros mismos y de nuestra vida y de la manera en que nosotros los cubanos dentro de este Congreso y de los que vengan vayamos definiendo cómo hacerlo. Decir que esta reunión es apresurada, decir que está fuera de lugar es de un nivel de especulación incluso teórica demasiado aventurada y por aventurada riesgosa y equivoca.

Los documentos del Congreso




El Partido Comunista de Cuba (PCC) realizará su VII Congreso el 16 de abril del 2016, fecha fundacional de la organización y aniversario 55 de la Declaración del carácter socialista de la Revolución. El evento evaluará el cumplimiento de los acuerdos del VI Congreso y la Primera Conferencia Nacional del Partido, precisará el camino para continuar perfeccionando el modelo económico y social cubano, y elegirá a los integrantes del Comité Central. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Partido Comunista de Cuba (PCC) realizará su VII Congreso el 16 de abril del 2016, fecha fundacional de la organización y aniversario 55 de la Declaración del carácter socialista de la Revolución. La clausura es el 19 de abril. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Rosa Miriam Elizalde: Uno de los criterios que más he escuchado en estos días es la preocupación— incluso reconocida en el periódico Granma— en torno a que los documentos que debatirá el Congreso debieron ser consultados con la militancia de base, e incluso a nivel popular como en Congresos anteriores. ¿Ustedes qué piensan?

Jorge González: No solo los documentos del Partido, sino las leyes, las decisiones más importantes de este país, siempre se han sometido a una consulta popular y el Comandante en Jefe— incluso cuando ha tenido que reconocer públicamente que nos equivocamos en algo— lo ha dicho públicamente, ha asumido la responsabilidad, aunque no fuera solo de él sino de todos nosotros. Por tanto, yo creo que eso es lo que genera esta inquietud en la población, fundamentalmente en la propia militancia, y en el pueblo en general. Estamos habituados a la consulta más amplia. A la gente le preocupa que vayamos a un Congreso del Partido donde el pueblo no ha evaluado directamente en los documentos de la conceptualización, de las cosas fundamentales, porque estamos hablado de una conceptualización; estamos hablando de una definición política, de conocer cómo se van a regir los Lineamentos, lo que nos va a guiar. Eso genera inquietud.

Los Lineamientos, por ejemplo, realmente son la continuidad del proceso anterior. El pueblo participó anteriormente y ahora se siente con el derecho a participar. Estoy de acuerdo con que esa es una preocupación que tiene un fundamento, como también sé que ha sido tenida en cuenta y hay razones que explican por qué se hace ahora en el Congreso, bajo esta circunstancia, que no excluye la discusión amplia, antes, durante y después de la reunión.

Pongo el ejemplo de lo que me ha pasado a mí muchas veces, incluso haciendo mi estudios como especialista o como miembro de un tribunal: yo le daba la tesis a revisar al profesor y él me hacía un conjunto de observaciones, yo modificaba mis observaciones y tres meses después le presentaba la tesis otra vez al profesor y me volvía a hacer consideraciones. Cuando yo revisaba lo que me anotó esta vez, descubría que había regresado a la primera versión. Es difícil tener un documento acabado, sobre todo si surge de la base de consultas permanentes.

La dialéctica de la vida no permite que nosotros tengamos una conceptualización estática. El mundo va cambiando y sin perder los principios, se pueden ir modificando las estrategias y los documentos, por supuesto. No estamos en una burbuja. Podríamos pensar que las enfermedades transmisibles, por ejemplo, son un problema de Cuba. Si nosotros no trabajamos con el resto del mundo, no vamos a estar libres de enfermedades. Si nosotros tenemos aquí gente que entra y sale, cubanos que van a cumplir misión, etc., para nosotros también es una preocupación la situación de salud de esos países, porque influye en la nuestra.

En el caso del VII Congreso, a lo largo y ancho del país ha participado en estas discusiones una enorme cantidad de personas: todos los diputados como representantes del pueblo, un grupo importante de la militancia del Partido Comunista de Cuba, directivos, especialistas etc. Ahí está la expresión del pueblo, lo cual no excluye que en algún momento se lleve a discusión popular. Al final esto no es una fecha de un examen estatal que tiene que ser ese día a esa hora. Nosotros tenemos en nuestras manos la posibilidad de hacer un debate hoy, y otro mañana. Por tanto, lo que estamos elaborando son conceptos que van a estar mejor definidos para someterlos al pueblo y cambiarlos, si hay que cambiar alguno.

Alberto Faya: Sé que hay núcleos del Partido que han expresado la necesidad que ellos tenían de discutir estos materiales… Creo que habría tenido una utilidad, no lo niego. Pero tampoco se puede ignorar el contexto de fenómenos políticos y sociales que están ocurriendo en estos momentos en Latinoamérica. Incluso y con mucha más razón, después de la visita de Obama— que no era casualidad que primero viniera a Cuba y después fuera a Argentina—. Los estadounidense están moviéndose hacia una conciliación con sectores muy importantes de derecha en nuestra América y para mí resulta muy claro cómo están tratando de tener una táctica con Cuba diferente a la que están aplicando en otros países de América Latina, como es el caso de Venezuela.

La celebración de un Congreso del Partido en este contexto político e histórico es muy importante. Ayudará a ubicarnos mejor en ese contexto. Es pertinente que la máxima dirección del Partido valore en el más importante encuentro de su militancia cuál es la postura frente a esta realidad que no va a esperar por nosotros, independientemente de que estoy de acuerdo con que es muy importante también discutir los más ampliamente posible los documentos que impactan en nuestra sociedad. Sin embargo, es une error decir que el proceso previo a este Congreso no tuvo una dimensión popular. Yo he visto hablar y discutir los documentos en estos días a muchas personas que vienen de la entraña popular y los he visto expresarse, hacer críticas, hacer aclaraciones, hacer propuestas sobre las tesis que volveremos a discutir este fin de semana.

La composición del Congreso


Rosa Miriam Elizalde: Hablando de las bases sociales de este proceso, hay dos zonas de la sociedad cubana que son esenciales en la nueva política estadounidense hacia la Isla: una, el sector privado y la otra, los jóvenes. Ha llamado la atención que entre los delegados al Congreso haya solamente 55 jóvenes entre mil delegados, aunque también hay múltiples invitados que no se tienen en cuenta en estas cifras. Ustedes que han estado en los debates, ¿se valoró la relación del Partido con los jóvenes y la atención que Estados Unidos presta a este sector?


Alberto Faya: El promedio de edad de los delegados de La Habana, por ejemplo, es de cuarenta y tantos años, lo cual no es un promedio de ancianos. El concepto de juventud no se define necesariamente por una edad determinada, sino por la proyección de un pensamiento. Recuerdo que Alfredo Guevara decía “jóvenes sí, pero jóvenes inteligentes, jóvenes con un pensamiento formado, jóvenes que sepan como supo Rubén Martínez Villena, Mella…”, es decir jóvenes con pensamiento maduro. He visto esa madurez en los debates previos, que me hace pensar que vamos por un buen camino.

Jorge González: Estoy seguro de que se ha tenido cuenta la representatividad, aunque el asunto, coincido, no es solo de edad. Estuve 15 años de Rector de una universidad (Ciencias Médicas), y eso me hizo ser más joven. Cuando empecé en la Universidad en vez de cumplir más años iba cumpliendo menos, porque el estar todos los días con jóvenes obliga a pensar, no como joven, porque ojalá pudiera pensar como joven, pero sí tener su visión de los problemas. Eso a veces es muy difícil. Cuando yo tenía que hablar con los jóvenes debía emplear un discurso diferente a cuando tenía una reunión con el Consejo de Dirección de la Universidad, porque el pensamiento es diferente y la forma de llegarle a los jóvenes es diferente. Entonces, tú puedes ser aceptado o rechazado por la forma del discurso, aunque tú no cambies en tus principios. El hecho de que haya una representación de jóvenes dentro de los delegados es más que suficiente para que ellos hagan valer su pensamiento. O sea, eso no está dado solo por la cantidad. La cantidad no implica obligatoriamente calidad; la calidad debe estar en que esos sean verdaderamente representativos y que tengan la voz y el pensamiento de los jóvenes.

La Conceptualización del Modelo




Dr. Jorge González y Alberto Falla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Dr. Jorge González y Alberto Faya. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Rosa Miriam Elizalde: Hay quien dice que la Conceptualización del Modelo Económico y Social puede convertirse en un ejercicio hermenéutico. ¿Cómo lo valoran, teniendo en cuenta que partimos de que ese primer proyecto de conceptualización tuvo, en enero, más de 600 recomendaciones del Pleno del Comité Central?

Alberto Faya: He visto una participación muy activa de la gente, esos nos libera del tecnicismo, de la aproximación imaginaria a la sociedad. Los cambios más profundos que se han hecho dentro de la sociedad cubana, los hemos venido protagonizando los mismos cubanos con la Revolución. ¡Si esto es hermenéutica…!

Jorge González: Yo creo que tenemos que tener clara una cosa. Por ejemplo, una especialidad de la Medicina es la Epidemiología. Cuando vas a enfrentar una epidemia lo primero que tienes que hacer es una definición de caso; si tú no haces una definición de caso, no puedes enfrentarla. Tú tienes que saber que cuando él hable de un caso de Zika y el otro hable de un caso de Zika, todo el mundo esté hablando de lo mismo. Esa conceptualización científica es imprescindible para enfrentar un problema. Un país tiene que conceptualizar, tiene que saber que cuando todos hablemos, hablemos de lo mismo y que cuando todos pensemos, pensemos en lo mismo. Si nos referimos al bienestar, ¿de qué bienestar estamos hablando?, ¿cuál es el concepto de bienestar que tiene uno y cuál es el concepto de bienestar que tiene otro?

Hubo un cambio en el mundo con la definición de salud. En un momento determinado la gente pensaba que salud era la ausencia de enfermedad y no es solo eso. Yo puedo no estar enfermo y no ser saludable, porque para lograr la salud hay que lograr el bienestar y el bienestar va más allá de la simple ausencia de la enfermedad. Por tanto, cuando hablamos del pueblo saludable tiene que ser un pueblo que no solamente no tenga enfermedades, sino que tenga lo que lleva implícito el bienestar. Para poder enfrentar un problema, hay que definirlo.

Cuando a mí me dijeron: “vas para Bolivia a hacer la búsqueda de los enterramientos”, el concepto no era solo encontrar al Che. Lo tenía claro desde que salí de aquí: debíamos encontrar a todos los guerrilleros por igual, cubanos o no cubanos, porque todos eran patriotas y había que encontrarlos a todos. Entonces, eso es un concepto, definido previamente, que ayuda a no desviarse del objetivo.

Nosotros somos privilegiados porque durante más de medio siglo hemos tenido a un gran profesor (Fidel) que nos ha definido los conceptos, y un poco nos hemos acostumbrado a que ese profesor nos diera el concepto de Revolución y nos diera muchos otros… Este es un momento importante para que nosotros digamos: “bueno, tenemos que tener escrito esos conceptos”. Los cubanos, por ejemplo, hemos hecho mucho en la atención primaria de salud, y cuando tú vas a buscar en los libros, a veces escribe más la gente que viene a Cuba y ve lo que en Cuba se hace.

No somos de la escuela de tener escrito los conceptos, y me parece a mí que en este caso la dirección del país y el Partido, en particular, nos está pidiendo esas definiciones: qué cosa es nuestra sociedad, hacia qué rumbo va, qué cosa es nuestra economía, hacia dónde debe ir su rumbo, qué cosa son nuestras relaciones, hacia donde debe estar el rumbo de nuestras relaciones… y yo creo que eso es lo más importante, que nosotros definamos los conceptos, para que cuando se vaya a evaluar si lo que hicimos quedó bien o mal, tengamos los instrumentos para ello. Uno, por ejemplo, es la participación. Esa es una de las definiciones fundamentales recogidas en los documentos que van a ser sometidas a discusión.

Alberto Faya: En realidad no se puede llegar a esto sin la participación de mucha gente, y la prueba de que no es resultado de un academicismo formal es que lo que aparece en la conceptualización no es definitivo -de lo contrario no nos hubiéramos enterado de las 600 recomendaciones del Pleno-, y sabemos, además, que seguirán siendo discutidos sobre la base de un principio esencial, que es el de la unidad de los cubanos en torno a un proyecto. El proyecto está claro y está definido. La diversidad de criterios está amparada en esa unidad y no en un ejercicio formal de democracia, al estilo tradicional burgués.

Idea de país


Rosa Miriam Elizalde. Ciertos ideólogos del centrismo político hablan de que ha comenzado la batalla final por el futuro de Cuba, porque la sociedad está signada por “conductas carentes de la civilidad necesaria”, ausente de “una idea de país”. ¿Sintieron que la idea de país estuvo ausente de las discusiones previas del VII Congreso del Partido?

Alberto Faya. Decir semejante cosa es un insulto a todas las personas que han estado discutiendo problemas serios y muy grandes de nuestro pueblo, que sí tienen una idea de país y que representan a todos sus sectores. Me parece que se colocan por encima de la sociedad, con ojos prestados, con voces ajenas. Como la de Obama, que de pronto nos dice a nosotros cómo tenemos que comportarnos. Es la perspectiva de un pensamiento generado por la dominación— a veces no tan lejos de la colonia, porque tampoco pienso que aquí vivimos en un mundo poscolonial—. El discurso de Obama fue muy colonizador y la colonización implica la división del país, el restarle al país y a la cultura cubana la unidad que le es necesaria para la supervivencia.

Esta no es y creo no sea la batalla final. Esta es la batalla que nos toca ahora. Mañana vamos a tener otra batalla diferente, o la van a tener otros cubanos. Yo sé que hay muchos cubanos y los he visto, jóvenes de edad y de pensamiento van a seguir librando las batallas necesarias para el desarrollo de nuestro pueblo. Confió profundamente en eso. Adjudicarse la tarea de una batalla final es colocarse como agorero o una especie de mesías con respecto al futuro de Cuba, y yo, francamente, no respeto semejante posición.

Jorge González: No hay ninguna batalla final; hay una batalla cotidiana. La batalla de todos los días, la batalla que hemos venido desarrollando durante 58 años, que ha ido cambiando en el tiempo y que lógicamente tendrá determinadas formas de enfrentar los problemas de acuerdo con las circunstancias. De alguna manera lo hemos tenido que enfrentar en otro momento. Han cambiado las cosas, a veces ha habido cambios bruscos, y solo por la cultura política que tiene el pueblo cubano se han logrado entender.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Si tuvieran que resumir en una frase cuál es la idea del país que va a definir este Congreso, qué dirían?

Jorge González: Un país para su pueblo.

Alberto Faya: El concepto martiano de “con todos y para el bien de todos”.

Rosa Miriam Elizalde: Aunque el “con todos y para el bien de todos” de Martí -nos recuerda Cintio Vitier- objeta y reprocha enérgicamente a siete tipos de personas que tienen un denominador común: la desconfianza en la capacidad del cubano “para vivir de sí en la tierra creada por su valor”, que era precisamente el eje de la tendencia anexionista.

Alberto Faya: Claro, claro, y en ese “todos” no están los que apuestan a la desunión; no están los  “increíbles”, como llamaba Martí en su ensayo “Nuestra América” a esos teóricos colonizados, advirtiéndoles que “con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero”.

(Transcripción a cargo de Geydi Acosta, Maylin Mustelier, Yaritza Echemendía y Carmen Garmendia)


Dr. Jorge González y Alberto Falla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Dr. Jorge González y Alberto Faya. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Conversamos con…




El Dr. Jorge González es uno de los forenses más reconocidos del mundo y quien representó a la familia de Ernesto Che Guevara en la búsqueda y retorno a Cuba, en 1997, de los restos del guerrillero argentino y de sus compañeros caídos en la selva boliviana. Actualmente es el director de Docencia del Ministerio de Salud Pública, a cargo de la Red de Universidades de Ciencias Médicas. Invitado al Congreso del Partido.



Alberto Faya es músico y cuenta con una amplia discografía dentro del Grupo Moncada, del que fue fundador, y ha participado como instrumentista, cantante, solista y arreglista en otras muchas grabaciones. Su extensa labor como guionista y conductor de programas incluye, entre otros, espacios como “Sur” en Habana Radio y “La clave del enigma” en la Televisión Cubana. Delegado al Congreso del Partido.

En Video



Podcast: Conversando con el Dr.Jorge González y Alberto Faya







Desenredando el ovillo de “la conceptualización del modelo”.

Por Pedro Monreal ; Cuba Posible


 Existen dos maneras posibles de discutir acerca de “la conceptualización del modelo” en Cuba. Una de ellas -la más extendida- es el debate en el plano coloquial, algo que ciertamente es legítimo y útil, sobre todo a los efectos de poder comunicar ideas a la ciudadanía en general. Otra manera de abordar el asunto es mediante la discusión científica, donde lo que se pierde en amplitud comunicativa generalmente se compensa con una mayor precisión explicativa. No son dos planos inevitablemente antagónicos, sino complementarios. En esencia se trata de una tensión básica del proceso de diseminación de ideas, incluyendo la construcción y la divulgación de ideologías.







Los problemas comienzan a darse cuando la divulgación de conceptos –supuestamente avalados por la actividad científica- se enrumba por vertientes divulgativas que, en realidad, terminan por divorciar los conceptos de sus fundamentos científicos. Es, por cierto, un tema ampliamente abordado por la teoría marxista, desde Marx y Engels hasta Hobsbawm, pasando por Lenin y Lukács. Ha sido precisamente la “vulgarización” –un vocablo “fuerte” directamente relacionado con este asunto- uno de los términos que tradicionalmente logra captar más vivamente la atención de quienes se inician en la literatura marxista.

Se trata entonces de una posible fuente de contradicciones que no tiene sentido eludir ni minimizar en el contexto de la valoración del debate actual sobre la conceptualización del modelo del país. La cuestión es cómo lograr hacer una discusión razonada que permita abordar el tema en toda su complejidad. En las breves líneas que siguen me concentro en dos asuntos relativos al plano de la ciencia –específicamente de las ciencias sociales- respecto a las cuales debería existir un acuerdo básico para poder sostener una conversación adecuada sobre “la conceptualización”.  

Primero, desde una óptica científica, los términos como “conceptualización” y “modelo” son susceptibles de adquirir significados precisos a pesar de que usualmente son empleados con un carácter polivalente. Es solo una cuestión de delimitar bien el sentido de su utilización.  Sin necesidad de entrar en demasiados detalles técnicos, conceptualizar consiste, esencialmente, en elaborar conceptos que permitan comunicar claramente las explicaciones que se intentan ofrecer. La creación de conceptos sirve para superar el lenguaje cotidiano y es el resultado de la detección de realidades sociales que necesitan ser identificadas mediante un lenguaje técnico preciso. Por ejemplo, decir que “la economía está mejorando” es mucho menos preciso a la hora de describir la dinámica de un sistema económico que cuando se afirma que “se ha producido un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB)”. De hecho, se logra una precisión aún mayor cuando el concepto es “operacional”; es decir, cuando es posible medir el concepto. Siguiendo con el ejemplo anterior esto pudiera expresarse de la siguiente manera: “se ha producido un crecimiento del 5% del Producto Interno Bruto (PIB)”.

Por otra parte, definido de la manera más sucinta posible, un modelo es una representación de la realidad, pero un modelo no es la realidad misma. Un modelo únicamente imita partes de la realidad para reproducir los fenómenos que tienen lugar en su interior. La realidad no puede ser reproducida completamente por ningún modelo (1). Para los científicos, un modelo es la realidad observada desde un prisma teórico. Existe consenso acerca de que un modelo es “una simplificación, es decir, una representación más pequeña, menos detallada, menos compleja, o todo ello al mismo tiempo, de alguna estructura, sistema o porción de la realidad que permite al investigador comprender o, más bien, suponer su funcionamiento” (2). El subrayado lo he agregado para resaltar el tipo de capacidad esencial que le proporciona un modelo a quien lo utiliza: suponer, o sea, no saber algo con total certeza.

Segundo, existe una diferencia entre la modelación como ejercicio “normal” de los seres humanos y la modelación científica, pero ello no significa que el primer tipo de modelación pueda ser menospreciado. No se trata de que un tipo de modelación sea superior al otro, sino de que son procesos distintos. La modelización científica es una importante herramienta metodológica para la investigación social y consiste en una técnica que procura seguir un conjunto de estrategias que faciliten la construcción de modelos (3). Por otro lado, construir modelos sin utilizar la ciencia es una manera de entender el mundo usada regularmente por las personas, aun cuando estas no lleguen a formularse explícitamente los modelos utilizados. Por ejemplo, en un tema tan complejo como la política, el hecho de que a un número considerable de personas no les resulte sorprendente la mayoría de las cosas que suceden es un indicador de que los ciudadanos tienen ideas preconcebidas (“modeladas”) sobre la manera en que funciona la política (4).  

En mi modesta opinión, lo que pudiera ser más interesante sobre un documento oficial acerca de la conceptualización del modelo en Cuba no es tanto lo que pudiese ofrecer en cuanto a una visión sobre la realidad –algo que pudiera tener valor en sí mismo-, sino lo que pudiera revelar en términos de la estrategia de investigación y de las herramientas de producción de conocimientos que se hubiesen utilizado. Para decirlo rápido: tendría más interés en el plano metodológico (qué es lo que se ha hecho para entender la realidad) que en el plano normativo (qué tipo de realidad desea construirse, algo para lo que -en sentido estricto- no es imprescindible disponer de una modelación científica).

Finalmente, parece conveniente apuntar tres preguntas básicas que deberían estar abordadas –o cuando menos planteadas- en cualquier documento científico sobre “la conceptualización del modelo” en Cuba.

   - ¿Cuál es el propósito fundamental de la conceptualización del modelo? (Es una pregunta relevante porque es difícil encontrar modelos “todo-terrenos”. La utilidad del modelo dependerá de los fines para los cuales fue construido: descripción, explicación, predicción, etc. De hecho, se necesitarían metodologías distintas dependiendo de la finalidad de la conceptualización).

   - ¿Contiene la conceptualización del modelo una evaluación empírica de tres aspectos fundamentales?: a) la evaluación de los supuestos; b) la evaluación de las predicciones; y c) la evaluación de modelos alternativos. (La pregunta es importante porque la observación empírica en ausencia de una teorización de base no es más que una mera descripción; mientras que el análisis teórico sin evaluación empírica puede resultar en modelos refinados, pero irrelevantes desde el punto de vista de su aplicabilidad.) (5)

   - ¿En qué medida el modelo que se ha conceptualizado contiene “términos inobservables”?, es decir, aquellos supuestos que no pueden ser comprobados de manera empírica con datos de la realidad y que si el modelo los incorpora entonces hacen que el propio modelo no sea verificable empíricamente (6). (La pregunta es relevante porque pudiera estar relacionada con hipótesis centrales del modelo al que se aspira, como es el caso del supuesto de que la planificación centralizada es garantía de eficiencia sistémica.)

Considero que es muy apropiado reconocer que las definiciones respecto hacia donde debe encaminarse la sociedad cubana no dependen de lo que piensen los académicos, pues se trata obviamente de un asunto fundamentalmente de la política. No obstante, el proceso debe dar cabida a las ideas producidas con rigor. Aplicando la metáfora de que la teoría es “una malla de conceptos y relaciones” (7), habría que tomar debida nota de que aun cuando nunca logremos construir una malla infalible (nunca lo será), resulta elemental tratar de asegurar un nivel básico de consistencia de tal malla conceptual del cambio y para ello es conveniente cerciorarse del rigor de la conceptualización y de la modelación social que se está realizando. Repito que no se trata de que la conceptualización científica del modelo sea imprescindible para cambiar la sociedad pero puestos a conceptualizar, conviene asegurar la calidad del ejercicio.

Notas:

1. López Montiel, Gustavo (2006), "Modelos formales en ciencia política: ¿alternativas en la construcción y validación de teoría?", en Víctor Alarcón Olguín (coord.), Metodologías para el análisis político. Enfoques, procesos e instituciones. México: UAM / Plaza y Valdés.

2. Boscán Carrasquero, Guillermo (2010). “La modelización formal en la ciencia política: Usos, posibilidades y limitaciones”. Revista Política y Gobierno. Vol.17 no.1 México ene. 2010.

3. La construcción de modelos en el marco de las ciencias sociales cuenta con una notable bibliografía. Entre otros textos pudieran consultarse los siguientes: Gilbert, Nigel y Klaus Troitzsch (2006), Simulación para las ciencias sociales, Madrid, McGraw Hill; Green, Donald y Ian Shapiro (1994), Pathologies of Rational Choice Theory: A Critique of Applications in Political Science, Londres, Yale University Press; y King, Gary, Robert Keohane y Sydney Verba (2007), El diseño de la investigación social: La inferencia científica en los estudios cualitativos, Madrid, Alianza Editorial.

4. Schrodt, Philip (2001), "Construcción de modelos matemáticos", en Jarol Manheim y Richard Rich, Análisis político empírico: Métodos de investigación en ciencia política, Madrid, Alianza Editorial, pp. 255–279.

5. Aldrich, John, James Alt y Arthur Lupia (2008), "The EITM Approach: Origins and Interpretations", en Janet Box–Steffensmeier, Henry Brady y David Collier, The Oxford Handbook of Political Methodology, Oxford, Oxford University Press, pp. 828–843.

6. Green, Donald y Ian Shapiro (1994), op.cit.

7. Hempel, C.G.,  La explicación científica, Buenos Aires, Paidos, 1979



El entorno internacional del VII Congreso del PCC

Por: Jesús Arboleya Cervera

 Próximamente tendrá lugar el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba y a nadie escapa su importancia. Es el último que estará presidido por la generación histórica de la Revolución Cubana y aunque tendrá que evaluar los resultados de las transformaciones acordadas en el pasado Congreso, su principal reto radica en satisfacer las expectativas respecto a la proyección futura del país. En este contexto, adquiere especial relevancia el análisis de coyuntura internacional en que tendrá que desenvolverse y sus perspectivas.



El VI Congreso, celebrado en el año 2011, se caracterizó por la institucionalización de los cambios del modelo económico cubano y conllevó la articulación de un consenso, que implicó una amplia discusión popular respecto a sus principales documentos. De esta manera, se intentó adecuar la economía del país a sus propias necesidades internas, superar deficiencias económicas y políticas que fueron crudamente criticadas, mejorar la inserción de Cuba en el mercado internacional y avanzar hacia la integración con el resto de los países latinoamericanos.


El momento indicaba una coyuntura particularmente favorable para estos propósitos. La victoria de Hugo Chávez en Venezuela doce años antes, sobre todo su consolidación progresiva, a partir de la victoria contra el intento de de golpe de Estado en 2002, fue el origen de profundas transformaciones en el entorno político latinoamericano.


A través de los movimientos sociales, accedieron a la presidencia de sus países Evo Morales y Rafael Correa. A ello se sumaba la presencia de Ignacio Lula Da Silva, en Brasil; Néstor Kirchner y Cristina Fernández, en Argentina; el gobierno del Frente Amplio en Uruguay y el sandinista en Nicaragua, así como un consenso muy generalizado hacia la integración latinoamericana, en un momento económicamente muy favorable para la región, como resultado del aumento de los precios de las materias primas.


Es en la década previa al congreso cubano que resulta descartada la idea de la creación del Área de Libre de Comercio para las Américas (ALCA), promovida por Estados Unidos, y surgen o se fortalecen otros bloques regionales independientes, como la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), el más abarcador de todos, al que están integrados todos los países del hemisferio, excepto Estados Unidos y Canadá.


De esta manera, en muy breve tiempo, Cuba se veía plenamente insertada en un entorno regional del que había sido excluida como resultado de la política norteamericana y, particularmente, los acuerdos económicos con Venezuela permitieron llenar en parte el vacío que significó la desaparición de la URSS y el campo socialista en Europa Oriental.


A mejorar el entorno económico y político del país también contribuyó la potente emergencia de China en la región, las relaciones con Rusia y Canadá, el fortalecimiento de los vínculos con países tercermundistas que mejoraban significativamente su situación, como Vietnam y Angola, incluso el interés de capitales provenientes de diversos países europeos, todo lo cual completó un marco de relaciones internacionales muy amplio, a pesar de que el bloqueo norteamericano continuaba siendo un inmenso obstáculo para su funcionamiento.


Apenas dos años antes de celebrarse el VI Congreso, asumía Barack Obama la presidencia de Estados Unidos. Llegó al poder en medio de una crisis económica que amenazaba todo el funcionamiento del sistema y el descrédito internacional resultante de la “guerra contra el terrorismo”, durante el mandato de George W. Bush. Su discurso, su personalidad, incluso su condición de primer presidente afroamericano en la historia de ese país, despertó enormes expectativas en todo el mundo, especialmente en América Latina, donde anunció “un nuevo comienzo” de las relaciones con la región.


Aunque en el caso de Cuba inicialmente solo adoptó medidas que venían a enmendar las decisiones más impopulares de la administración Bush. Su simple presencia atenuó los aspectos más agresivos de la política precedente y generó la esperanza de avanzar en un mejoramiento de las relaciones entre los dos países. Aspecto que el propio presidente Raúl Castro resaltó en su discurso ante el Congreso, cuando dijo:


“Reiteramos la disposición al diálogo y asumiremos el desafío de sostener una relación normal con Estados Unidos, en la que podamos convivir de manera civilizada con nuestras diferencias, sobre la base del respeto mutuo y la no injerencia en los asuntos internos”.


Demoró tres años que esta posibilidad se concretara, la mitad de los cuales se emplearon en negociaciones secretas, hasta que el 17 de diciembre de 2014 fue anunciado por ambos presidentes el inicio de un proceso encaminado hacia la normalización de las relaciones entre los dos países.


Sin duda, una de las razones que condicionó la decisión de Obama, fue la posición unánime de América Latina y el Caribe, exigiendo la participación de Cuba en la VII Cumbre de las Américas, a celebrarse en Panamá en 2015.


En esos momentos, América Latina presentaba una posición internacional bastante homogénea, con predominio de los gobiernos populares progresistas, y el propio presidente Obama declaró que Estados Unidos se encontraba aislado en la región, como consecuencia de la política hacia Cuba.


Este escenario ha cambiado bruscamente en los últimos meses. La crisis económica, resultado de la caída en picada de los precios del petróleo y las materias primas en general, tornó sumamente difícil el mantenimiento de las políticas sociales que servían de base a los gobiernos progresistas, afectando su propia existencia.


La muerte de Hugo Chávez complicó la situación interna venezolana, hasta la pérdida de la mayoría parlamentaria en las últimas elecciones. La derecha también ganó las elecciones presidenciales en Argentina y Dilma Rousseff enfrenta la posibilidad de un golpe parlamentario en Brasil. Incluso Evo y Correa, a pesar de todavía contar con altos márgenes de popularidad, han tenido que enfrentar contratiempos y derrotas. Todo lo cual afecta el consenso integracionista, requerido de voluntad política, dada la escasa complementariedad de las economías latinoamericanas y su dependencia de los mercados extraregionales.


Estados Unidos no ha sido ajeno a este proceso, ya sea patrocinando a las fuerzas de la derecha, promoviendo acuerdos de libre comercio bilaterales o multilaterales, sobre todo en el área del Pacífico, y recomponiendo su influencia política en la región, gracias a la emergencia de gobiernos que le resultan afines.


Este es el escenario adverso en América Latina que tendrá que enfrentar el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba. A su favor influyen los avances en las relaciones con Estados Unidos, los cuales, paradójicamente, no se han visto afectados por los retrocesos progresistas en la región, lo que demuestra que la nueva política hacia Cuba responde a factores objetivos de difícil reversibilidad.


Más importante aún, el nuevo entorno de las relaciones con Estados Unidos abre espacios a las relaciones económicas internacionales de Cuba, lo cual se aprecia en los recientes acuerdos con la Unión Europea y el creciente interés de inversionistas extranjeros, incluso norteamericanos, en el mercado cubano.


Nada de esto implica que se ha llegado a una solución de las contradicciones sistémicas presentes en las relaciones con Estados Unidos, ni los retos que constituye para la propia conducción del socialismo cubano, las características de un entorno internacional regido por la globalización del capitalismo, bajo la preeminencia de la hegemonía norteamericana.


El éxito del próximo Congreso dependerá en buena medida en establecer las pautas que deben orientar la política cubana en este contexto, así como en su capacidad para reforzar el consenso interno, en las condiciones que impone este complejo escenario internacional. En ello radica su trascendencia para el futuro de Cuba.


(Tomado de Progreso Semanal)




jueves, 14 de abril de 2016

VII Congreso del Partido Comunista de Cuba: Retos y Expectativas.

Infolatam

Denver,  Por ARTURO LÓPEZ LEVY


(Infolatam).- El mayor reto para el Partido Comunista de Cuba (PCC) en su VII Congreso es lidiar con un grupo importante de la población, especialmente dentro de la juventud que ya pasó la página de la era revolucionaria. Ese segmento de la sociedad ya se fue, no del país, sino del tiempo que justificó el sistema de partido único de vanguardia, de la lucha revolucionaria contra Batista, de Girón, de la crisis de los misiles, de toda esa epopeya que es vista como una historia lejana. No es que el gobierno carezca de sectores amplios y comprometidos con su narrativa, es quecomo tendencia ha perdido compromiso ideológico de sus partidarios y aquiescencia en muchos otros segmentos.


Si el PCC quiere seducir a esos sectores a adoptar sus metas, tendrá que fabricar un nuevo consenso. En lo económico este reto implica construir una economía que otorgue mayores recursos  para promover sus intereses cada vez mas pluralizados.Esa tarea parece imposible sin la construcción de una economía mixta, integrada y abarcadora, en la que cambien sustancialmente las funciones del estado de controlador a regulador y promotor de una relación armónica entre los sectores estatal y no estatal.


El PCC ha admitido que solo se ha cumplido un 21 por ciento de los lineamientos económicos y sociales, el plan de gobierno aprobado en el Congreso anterior. Muchos otros siguen en marcha. En el área de los trabajadores cuentapropistas o sector de pequeños propietarios privados-según reportes del ministerio del trabajo, el numero de los mismos fue en 2015 496 400, decreciendo de un total en 2014 de 504 600. Los procesos de reunificación monetaria y descentralización se han dilatado mientras la aprobación de contratos para la inversión extranjera queda muy por debajo de las propias metas indicadas por las autoridades.


La reforma ha alcanzado un equilibrio de reforma parcial que da la satisfacción engañosa de una estabilidad dinámica que no es tal. La experiencia de reformas detenidas a medio camino en Europa Oriental y Rusia demuestra efectos funestos en términos de auge de corrupción, inflación oculta, des-incentivación  de los trabajadores no beneficiados por los cambio, desigualdad y despojo de los activos de las empresas estatales. El periódico Granma, del PCC, ha anunciado la discusión de un documento sobre las bases del modelo económico como parte de la agenda del congreso. La no disponibilidad del mismo a la prensa impide juzgar hasta que punto atiende la falta de complementariedad y coherencia en las reformas hasta ahora implementadas.


raul castro pintadaDetrás de la parálisis hay fallas técnicas como los cuellos de botella del sistema, en primer lugar la centralización del poder y la aprobación de reformas abarcadoras a nivel de Raúl Castro como presidente de los consejos de Estado y de ministros, en virtud del artículo 74 de la constitución,  y primer secretario del PCC y el hecho de que en temas como la unificación monetaria se está entrando en terreno inexplorado.


Por otra parte, hay una cautela oficial justificada por la lógica de seguridad nacional que ve los actos de acercamiento norteamericanos como muy parciales, y dependientes del resultado electoral de 2016. No menos importante es que las reformas parciales han tenido ganadores tempranos con conexiones en altas esferas de poder, y ellos están en el mejor de los mundos, beneficiándose de las incoherencias de las reforma, prosperando sin pagar impuestos adecuados, y capitalizando las ventajas de sus contactos en el gobierno o desde el.


Desde un interés nacional focalizado en el desarrollo económico, el congreso debería ofrecer una visión de cómo lidiar de forma más coherente y expedita con esos temas. Desde el VI Congreso del PCC a la fecha, se han perdido oportunidades importantes de construcción de infraestructura, avances en la seguridad energética, alimentaria, y la creación de mercados más completos que eran posibles con el marco presentado por los lineamientos económicos y sociales. La idea de priorizar el sector estatal en todo ha llevado a que muchas obras no se han hecho ni concluido por el gobierno, ni por el inversionista extranjero ni por el emergente sector privado domestico, ni por una interacción entre ellos más dinámica.


No se ha establecido el tan demandado mercado mayorista para las entidades no estatales. El número de contratos del gobierno con el sector cuentapropista y cooperativo, ya permitidos por los lineamientos, es mínimo. Las llamadas cooperativas de segundo grado, como forma de ampliar las posibilidades productivas y de ganancia de eficiencia del sector no estatal brillan por su ausencia. De hecho, la transición posible de un número importante de empresas estatales al sector cooperativo se ha frenado en el último año. Es de esperar que el congreso discuta como destrabar esos nudos.


La nueva situación política indica la transición inter-generacional a un liderazgo menos cohesionado por sus experiencias históricas más múltiples que la generación revolucionaria de 1959. Esa nueva dirección se enfrenta a la tarea de manejar una sociedad y burocracia mucho más plurales y educadas que sus predecesoras. Se trata de una ciudadanía que precisamente por ser más instruida, gracias en parte a los logros revolucionarios, demanda más del gobierno y su gestión. La reforma ha traído brotes de desigualdad y corrupción que el PCC tendrá que atajar, a pesar de su renuencia a ser más transparente, si quiere evitar que el desafecto se transforme en oposición.


Los cambios generacionales en el liderazgo generan atención amplia porque nuevos líderes pueden marcar una diferencia de política y celeridad en la implementación de cambios urgentes para sacar la economía a flote y preservar la estabilidad política del país. El primer secretario Raúl Castro, cumplirá  85 años y el segundo secretario, José Ramón Machado Ventura, 86. El partido no ha oficializado aun los límites de mandato y edad  propuestos en el pasado reciente por Raúl Castro pero hay una promesa política de renovación del propio presidente cubano, que la elite cubana pagará un precio en legitimidad si las ignora. El VII Congreso debe producir por lo menos un nuevo segundo secretario y un cronograma de sucesión ordenada en los cargos centrales del partido y el estado cubanos.


 El presidente de Cuba Raúl Castro (d) y el presidente de Estados Unidos Barack Obama saludan hoy, lunes 21 de marzo de 2016, durante una rueda de prensa tras una reunión sostenida en el Palacio de la Revolución en La Habana (Cuba). EFE/ALEJANDRO ERNESTO En política exterior, la dirección cubana puede celebrar un lustro de provechosa cosecha. Se destrabó la relación con Estados Unidos con los acuerdos del 17 de Diciembre, obteniendo sustanciales avances en las relaciones con la Unión Europea, Rusia y China. En América Latina, Cuba organizó la cumbre de la CELAC y está jugando un papel de primera importancia en la negociación de paz colombiana, un proceso a punto de mate. Las negociaciones exitosas de la deuda cubana con el Club de Paris auguran un ambiente más amistoso para la transformación interna en curso.


El Congreso ofrece a la clase política cubana una oportunidad de pensar y decidir ahora si quiere contemporizar con un orden mundial liberal donde elementos de respeto  a la soberanía por los cuales había luchado Cuba por un siglo, están disponibles. Lo más probable es que se produzcan ajustes en el balance de la política exterior cubana pero se mantenga la combinación de roles nacionalista e internacionalista revolucionaria de las últimas décadas. Un tema a favor de ese balance es que Cuba ha encontrado formas de canalizar la identidad de voz del sur global a través de misiones de salud internacional, como las realizadas en África occidental contra el ebola que no son incompatibles con el orden global con liderazgo estadounidense.


La visita del presidente norteamericano Barack Obama a Cuba en las vísperas del congreso partidista ha elevado las expectativas, el simbolismo y la atención sobre el mismo. El sector mas globalista de la elite estadounidense ha indicado intenciones de  cambiar la lógica imperial-coercitiva del embargo y la hostilidad por una dinámica mas persuasivo- hegemónica. La dirección cubana puede usar los próximos meses para ser socio de Obama en hacer irreversible el proceso de acercamiento entre los dos países. Una actitud cubana activa promoviendo los negocios y viajes posibles de EE.UU a la isla, puede crear un círculo virtuoso en el que más contactos con Cuba se traduzca en mas presiones sobre el congreso estadounidense, y estas a su vez en mayores aperturas.