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viernes, 15 de abril de 2016

Conversando con Jorge González y Alberto Faya: El VII Congreso del Partido tiene idea de país (+ Podcast)

Por: Ismael Francisco, Rosa Miriam Elizalde






El Dr. Jorge González (izquierda) y Alberto Falla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Dr. Jorge González (izquierda) y Alberto Faya. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Los analistas perciben que este Congreso del Partido Comunista de Cuba, el VII desde 1975 y que comenzará el sábado en La Habana, es clave para trazar el futuro político y económico de la isla en un contexto geopolítico que promete tantas oportunidades como riesgos frente al poderoso vecino del Norte.

Estados Unidos, con su bloqueo cincuentenario todavía en pie, ha anunciado una relación menos beligerante. Pasa revista a los fracasos de la estrategia del “cambio de régimen” a garrotazos con la Isla, pero no esconde su fervoroso deseo de instalarnos otro gobierno y otro sistema político. “No hemos cambiado la estrategia, sino la táctica”, diría fríamente la Subsecretaria de Estado Roberta Jacobson, en conferencia de prensa celebrada a la sombra del águila de bronce que preside el jardín de la casa en Miramar del Encargado de Negocios estadounidense. Catorce veces utilizó la palabra cambio o sus derivados el Presidente Barack Obama en el discurso en el Gran Teatro de La Habana, como para que no quedara ninguna duda.

¿Cómo perciben este contexto los delegados e invitados al VII Congreso del Partido? ¿Qué opinan de las matrices que se imponen hoy en los análisis sobre el foro de los comunistas cubanos? ¿A dónde nos lleva esta reunión? Cubadebate ha invitado a dos militantes que, en calidad de invitado o delegado,  asistieron a las discusiones previas y estarán este fin de semana en el Palacio de las Convenciones, sede del Congreso. Son, además, dos figuras públicas reconocidas en el ámbito científico y artístico del país: el Doctor Jorge González, médico forense, y el músico Alberto Faya.

Congreso ahora sí o no


-Rosa Miriam Elizalde: Uno de los elementos que se tuvo en cuenta para mantener la fecha del VII Congreso del Partido fue la necesidad de no interrumpir la periodicidad de este tipo de foro. ¿Ustedes creen que este es un momento propicio para hacer el Congreso?

Jorge González: Bueno, desde el punto de vista de la frecuencia con que debería hacerse teóricamente lo sería, y teniendo en cuenta además que demoramos mucho para el Congreso anterior (14 años), estamos tratando de recuperar el ciclo natural de estas reuniones, cada cinco años. No creo que se deba esperar para analizar los resultados de Lineamientos y para establecer la conceptualización de nuestro modelo. A lo mejor todavía no están totalmente maduras esas ideas, pero el encuentro es necesario para evaluar hasta dónde se ha avanzado. A lo mejor este es un Congreso que no podrá definir totalmente la conceptualización del modelo cubano, pero me parece que sí estamos preparados para hacer una aproximación a la conceptualización, y que no se debe esperar por ello.

Este es un Congreso donde no se establecerán Lineamientos nuevos, sino que lo que vamos a hacer es revisar los que se aprobaron; ver los que no se han podido ejecutar, por qué no se han logrado y qué otras cosas nuevas tenemos que hacer para mejorar nuestro socialismo.

No tenemos por qué reunirnos para establecer algo definitivo, sino para impulsar los pasos futuros. Pienso en una escalera. Para llegar al final hay que subir varios escalones, hay quien los sube de uno en uno, hay quien de cinco en cinco, de tres en tres, depende de la capacidad de cada quien. Nosotros estamos en una escalera. Creo que este Congreso ayudará a dar un paso—no sé si será de un escalón, de dos, de tres…—, veremos.

Alberto Faya: Voy a seguir con la metáfora tuya de la escalera. Lo que definirá el paso será la manera en que la gente aborde los problemas, y no tengo dudas de que se hará de manera crítica. Lo que he percibido en las reuniones previas, en las discusiones que hemos tenido entre los militantes del Partido, es la decisión de la militancia de avanzar lo más profundamente posible. He visto una discusión muy seria, he visto abordar problemas con toda libertad y amplitud, lo cual me hace pensar que hay un Partido que está alerta y relacionado con los problemas esenciales que los cubanos estamos viviendo.

Si el próximo Congreso se hace exactamente igual a este, o no, todo dependerá también de nosotros mismos y de nuestra vida y de la manera en que nosotros los cubanos dentro de este Congreso y de los que vengan vayamos definiendo cómo hacerlo. Decir que esta reunión es apresurada, decir que está fuera de lugar es de un nivel de especulación incluso teórica demasiado aventurada y por aventurada riesgosa y equivoca.

Los documentos del Congreso




El Partido Comunista de Cuba (PCC) realizará su VII Congreso el 16 de abril del 2016, fecha fundacional de la organización y aniversario 55 de la Declaración del carácter socialista de la Revolución. El evento evaluará el cumplimiento de los acuerdos del VI Congreso y la Primera Conferencia Nacional del Partido, precisará el camino para continuar perfeccionando el modelo económico y social cubano, y elegirá a los integrantes del Comité Central. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

El Partido Comunista de Cuba (PCC) realizará su VII Congreso el 16 de abril del 2016, fecha fundacional de la organización y aniversario 55 de la Declaración del carácter socialista de la Revolución. La clausura es el 19 de abril. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Rosa Miriam Elizalde: Uno de los criterios que más he escuchado en estos días es la preocupación— incluso reconocida en el periódico Granma— en torno a que los documentos que debatirá el Congreso debieron ser consultados con la militancia de base, e incluso a nivel popular como en Congresos anteriores. ¿Ustedes qué piensan?

Jorge González: No solo los documentos del Partido, sino las leyes, las decisiones más importantes de este país, siempre se han sometido a una consulta popular y el Comandante en Jefe— incluso cuando ha tenido que reconocer públicamente que nos equivocamos en algo— lo ha dicho públicamente, ha asumido la responsabilidad, aunque no fuera solo de él sino de todos nosotros. Por tanto, yo creo que eso es lo que genera esta inquietud en la población, fundamentalmente en la propia militancia, y en el pueblo en general. Estamos habituados a la consulta más amplia. A la gente le preocupa que vayamos a un Congreso del Partido donde el pueblo no ha evaluado directamente en los documentos de la conceptualización, de las cosas fundamentales, porque estamos hablado de una conceptualización; estamos hablando de una definición política, de conocer cómo se van a regir los Lineamentos, lo que nos va a guiar. Eso genera inquietud.

Los Lineamientos, por ejemplo, realmente son la continuidad del proceso anterior. El pueblo participó anteriormente y ahora se siente con el derecho a participar. Estoy de acuerdo con que esa es una preocupación que tiene un fundamento, como también sé que ha sido tenida en cuenta y hay razones que explican por qué se hace ahora en el Congreso, bajo esta circunstancia, que no excluye la discusión amplia, antes, durante y después de la reunión.

Pongo el ejemplo de lo que me ha pasado a mí muchas veces, incluso haciendo mi estudios como especialista o como miembro de un tribunal: yo le daba la tesis a revisar al profesor y él me hacía un conjunto de observaciones, yo modificaba mis observaciones y tres meses después le presentaba la tesis otra vez al profesor y me volvía a hacer consideraciones. Cuando yo revisaba lo que me anotó esta vez, descubría que había regresado a la primera versión. Es difícil tener un documento acabado, sobre todo si surge de la base de consultas permanentes.

La dialéctica de la vida no permite que nosotros tengamos una conceptualización estática. El mundo va cambiando y sin perder los principios, se pueden ir modificando las estrategias y los documentos, por supuesto. No estamos en una burbuja. Podríamos pensar que las enfermedades transmisibles, por ejemplo, son un problema de Cuba. Si nosotros no trabajamos con el resto del mundo, no vamos a estar libres de enfermedades. Si nosotros tenemos aquí gente que entra y sale, cubanos que van a cumplir misión, etc., para nosotros también es una preocupación la situación de salud de esos países, porque influye en la nuestra.

En el caso del VII Congreso, a lo largo y ancho del país ha participado en estas discusiones una enorme cantidad de personas: todos los diputados como representantes del pueblo, un grupo importante de la militancia del Partido Comunista de Cuba, directivos, especialistas etc. Ahí está la expresión del pueblo, lo cual no excluye que en algún momento se lleve a discusión popular. Al final esto no es una fecha de un examen estatal que tiene que ser ese día a esa hora. Nosotros tenemos en nuestras manos la posibilidad de hacer un debate hoy, y otro mañana. Por tanto, lo que estamos elaborando son conceptos que van a estar mejor definidos para someterlos al pueblo y cambiarlos, si hay que cambiar alguno.

Alberto Faya: Sé que hay núcleos del Partido que han expresado la necesidad que ellos tenían de discutir estos materiales… Creo que habría tenido una utilidad, no lo niego. Pero tampoco se puede ignorar el contexto de fenómenos políticos y sociales que están ocurriendo en estos momentos en Latinoamérica. Incluso y con mucha más razón, después de la visita de Obama— que no era casualidad que primero viniera a Cuba y después fuera a Argentina—. Los estadounidense están moviéndose hacia una conciliación con sectores muy importantes de derecha en nuestra América y para mí resulta muy claro cómo están tratando de tener una táctica con Cuba diferente a la que están aplicando en otros países de América Latina, como es el caso de Venezuela.

La celebración de un Congreso del Partido en este contexto político e histórico es muy importante. Ayudará a ubicarnos mejor en ese contexto. Es pertinente que la máxima dirección del Partido valore en el más importante encuentro de su militancia cuál es la postura frente a esta realidad que no va a esperar por nosotros, independientemente de que estoy de acuerdo con que es muy importante también discutir los más ampliamente posible los documentos que impactan en nuestra sociedad. Sin embargo, es une error decir que el proceso previo a este Congreso no tuvo una dimensión popular. Yo he visto hablar y discutir los documentos en estos días a muchas personas que vienen de la entraña popular y los he visto expresarse, hacer críticas, hacer aclaraciones, hacer propuestas sobre las tesis que volveremos a discutir este fin de semana.

La composición del Congreso


Rosa Miriam Elizalde: Hablando de las bases sociales de este proceso, hay dos zonas de la sociedad cubana que son esenciales en la nueva política estadounidense hacia la Isla: una, el sector privado y la otra, los jóvenes. Ha llamado la atención que entre los delegados al Congreso haya solamente 55 jóvenes entre mil delegados, aunque también hay múltiples invitados que no se tienen en cuenta en estas cifras. Ustedes que han estado en los debates, ¿se valoró la relación del Partido con los jóvenes y la atención que Estados Unidos presta a este sector?


Alberto Faya: El promedio de edad de los delegados de La Habana, por ejemplo, es de cuarenta y tantos años, lo cual no es un promedio de ancianos. El concepto de juventud no se define necesariamente por una edad determinada, sino por la proyección de un pensamiento. Recuerdo que Alfredo Guevara decía “jóvenes sí, pero jóvenes inteligentes, jóvenes con un pensamiento formado, jóvenes que sepan como supo Rubén Martínez Villena, Mella…”, es decir jóvenes con pensamiento maduro. He visto esa madurez en los debates previos, que me hace pensar que vamos por un buen camino.

Jorge González: Estoy seguro de que se ha tenido cuenta la representatividad, aunque el asunto, coincido, no es solo de edad. Estuve 15 años de Rector de una universidad (Ciencias Médicas), y eso me hizo ser más joven. Cuando empecé en la Universidad en vez de cumplir más años iba cumpliendo menos, porque el estar todos los días con jóvenes obliga a pensar, no como joven, porque ojalá pudiera pensar como joven, pero sí tener su visión de los problemas. Eso a veces es muy difícil. Cuando yo tenía que hablar con los jóvenes debía emplear un discurso diferente a cuando tenía una reunión con el Consejo de Dirección de la Universidad, porque el pensamiento es diferente y la forma de llegarle a los jóvenes es diferente. Entonces, tú puedes ser aceptado o rechazado por la forma del discurso, aunque tú no cambies en tus principios. El hecho de que haya una representación de jóvenes dentro de los delegados es más que suficiente para que ellos hagan valer su pensamiento. O sea, eso no está dado solo por la cantidad. La cantidad no implica obligatoriamente calidad; la calidad debe estar en que esos sean verdaderamente representativos y que tengan la voz y el pensamiento de los jóvenes.

La Conceptualización del Modelo




Dr. Jorge González y Alberto Falla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Dr. Jorge González y Alberto Faya. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Rosa Miriam Elizalde: Hay quien dice que la Conceptualización del Modelo Económico y Social puede convertirse en un ejercicio hermenéutico. ¿Cómo lo valoran, teniendo en cuenta que partimos de que ese primer proyecto de conceptualización tuvo, en enero, más de 600 recomendaciones del Pleno del Comité Central?

Alberto Faya: He visto una participación muy activa de la gente, esos nos libera del tecnicismo, de la aproximación imaginaria a la sociedad. Los cambios más profundos que se han hecho dentro de la sociedad cubana, los hemos venido protagonizando los mismos cubanos con la Revolución. ¡Si esto es hermenéutica…!

Jorge González: Yo creo que tenemos que tener clara una cosa. Por ejemplo, una especialidad de la Medicina es la Epidemiología. Cuando vas a enfrentar una epidemia lo primero que tienes que hacer es una definición de caso; si tú no haces una definición de caso, no puedes enfrentarla. Tú tienes que saber que cuando él hable de un caso de Zika y el otro hable de un caso de Zika, todo el mundo esté hablando de lo mismo. Esa conceptualización científica es imprescindible para enfrentar un problema. Un país tiene que conceptualizar, tiene que saber que cuando todos hablemos, hablemos de lo mismo y que cuando todos pensemos, pensemos en lo mismo. Si nos referimos al bienestar, ¿de qué bienestar estamos hablando?, ¿cuál es el concepto de bienestar que tiene uno y cuál es el concepto de bienestar que tiene otro?

Hubo un cambio en el mundo con la definición de salud. En un momento determinado la gente pensaba que salud era la ausencia de enfermedad y no es solo eso. Yo puedo no estar enfermo y no ser saludable, porque para lograr la salud hay que lograr el bienestar y el bienestar va más allá de la simple ausencia de la enfermedad. Por tanto, cuando hablamos del pueblo saludable tiene que ser un pueblo que no solamente no tenga enfermedades, sino que tenga lo que lleva implícito el bienestar. Para poder enfrentar un problema, hay que definirlo.

Cuando a mí me dijeron: “vas para Bolivia a hacer la búsqueda de los enterramientos”, el concepto no era solo encontrar al Che. Lo tenía claro desde que salí de aquí: debíamos encontrar a todos los guerrilleros por igual, cubanos o no cubanos, porque todos eran patriotas y había que encontrarlos a todos. Entonces, eso es un concepto, definido previamente, que ayuda a no desviarse del objetivo.

Nosotros somos privilegiados porque durante más de medio siglo hemos tenido a un gran profesor (Fidel) que nos ha definido los conceptos, y un poco nos hemos acostumbrado a que ese profesor nos diera el concepto de Revolución y nos diera muchos otros… Este es un momento importante para que nosotros digamos: “bueno, tenemos que tener escrito esos conceptos”. Los cubanos, por ejemplo, hemos hecho mucho en la atención primaria de salud, y cuando tú vas a buscar en los libros, a veces escribe más la gente que viene a Cuba y ve lo que en Cuba se hace.

No somos de la escuela de tener escrito los conceptos, y me parece a mí que en este caso la dirección del país y el Partido, en particular, nos está pidiendo esas definiciones: qué cosa es nuestra sociedad, hacia qué rumbo va, qué cosa es nuestra economía, hacia dónde debe ir su rumbo, qué cosa son nuestras relaciones, hacia donde debe estar el rumbo de nuestras relaciones… y yo creo que eso es lo más importante, que nosotros definamos los conceptos, para que cuando se vaya a evaluar si lo que hicimos quedó bien o mal, tengamos los instrumentos para ello. Uno, por ejemplo, es la participación. Esa es una de las definiciones fundamentales recogidas en los documentos que van a ser sometidas a discusión.

Alberto Faya: En realidad no se puede llegar a esto sin la participación de mucha gente, y la prueba de que no es resultado de un academicismo formal es que lo que aparece en la conceptualización no es definitivo -de lo contrario no nos hubiéramos enterado de las 600 recomendaciones del Pleno-, y sabemos, además, que seguirán siendo discutidos sobre la base de un principio esencial, que es el de la unidad de los cubanos en torno a un proyecto. El proyecto está claro y está definido. La diversidad de criterios está amparada en esa unidad y no en un ejercicio formal de democracia, al estilo tradicional burgués.

Idea de país


Rosa Miriam Elizalde. Ciertos ideólogos del centrismo político hablan de que ha comenzado la batalla final por el futuro de Cuba, porque la sociedad está signada por “conductas carentes de la civilidad necesaria”, ausente de “una idea de país”. ¿Sintieron que la idea de país estuvo ausente de las discusiones previas del VII Congreso del Partido?

Alberto Faya. Decir semejante cosa es un insulto a todas las personas que han estado discutiendo problemas serios y muy grandes de nuestro pueblo, que sí tienen una idea de país y que representan a todos sus sectores. Me parece que se colocan por encima de la sociedad, con ojos prestados, con voces ajenas. Como la de Obama, que de pronto nos dice a nosotros cómo tenemos que comportarnos. Es la perspectiva de un pensamiento generado por la dominación— a veces no tan lejos de la colonia, porque tampoco pienso que aquí vivimos en un mundo poscolonial—. El discurso de Obama fue muy colonizador y la colonización implica la división del país, el restarle al país y a la cultura cubana la unidad que le es necesaria para la supervivencia.

Esta no es y creo no sea la batalla final. Esta es la batalla que nos toca ahora. Mañana vamos a tener otra batalla diferente, o la van a tener otros cubanos. Yo sé que hay muchos cubanos y los he visto, jóvenes de edad y de pensamiento van a seguir librando las batallas necesarias para el desarrollo de nuestro pueblo. Confió profundamente en eso. Adjudicarse la tarea de una batalla final es colocarse como agorero o una especie de mesías con respecto al futuro de Cuba, y yo, francamente, no respeto semejante posición.

Jorge González: No hay ninguna batalla final; hay una batalla cotidiana. La batalla de todos los días, la batalla que hemos venido desarrollando durante 58 años, que ha ido cambiando en el tiempo y que lógicamente tendrá determinadas formas de enfrentar los problemas de acuerdo con las circunstancias. De alguna manera lo hemos tenido que enfrentar en otro momento. Han cambiado las cosas, a veces ha habido cambios bruscos, y solo por la cultura política que tiene el pueblo cubano se han logrado entender.

Rosa Miriam Elizalde: ¿Si tuvieran que resumir en una frase cuál es la idea del país que va a definir este Congreso, qué dirían?

Jorge González: Un país para su pueblo.

Alberto Faya: El concepto martiano de “con todos y para el bien de todos”.

Rosa Miriam Elizalde: Aunque el “con todos y para el bien de todos” de Martí -nos recuerda Cintio Vitier- objeta y reprocha enérgicamente a siete tipos de personas que tienen un denominador común: la desconfianza en la capacidad del cubano “para vivir de sí en la tierra creada por su valor”, que era precisamente el eje de la tendencia anexionista.

Alberto Faya: Claro, claro, y en ese “todos” no están los que apuestan a la desunión; no están los  “increíbles”, como llamaba Martí en su ensayo “Nuestra América” a esos teóricos colonizados, advirtiéndoles que “con un decreto de Hamilton no se le para la pechada al potro del llanero”.

(Transcripción a cargo de Geydi Acosta, Maylin Mustelier, Yaritza Echemendía y Carmen Garmendia)


Dr. Jorge González y Alberto Falla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Dr. Jorge González y Alberto Faya. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate




Conversamos con…




El Dr. Jorge González es uno de los forenses más reconocidos del mundo y quien representó a la familia de Ernesto Che Guevara en la búsqueda y retorno a Cuba, en 1997, de los restos del guerrillero argentino y de sus compañeros caídos en la selva boliviana. Actualmente es el director de Docencia del Ministerio de Salud Pública, a cargo de la Red de Universidades de Ciencias Médicas. Invitado al Congreso del Partido.



Alberto Faya es músico y cuenta con una amplia discografía dentro del Grupo Moncada, del que fue fundador, y ha participado como instrumentista, cantante, solista y arreglista en otras muchas grabaciones. Su extensa labor como guionista y conductor de programas incluye, entre otros, espacios como “Sur” en Habana Radio y “La clave del enigma” en la Televisión Cubana. Delegado al Congreso del Partido.

En Video



Podcast: Conversando con el Dr.Jorge González y Alberto Faya







lunes, 4 de abril de 2016

Narciso Cobo: El socialismo es esencialmente un ejercicio de participación







LA HABANA. ¿Qué conceptos y prácticas deben caracterizar al nuevo modelo socialista? ¿Cómo distinguirlo del vigente? ¿Cuáles son los espacios de autonomía de una sociedad civil socialista? ¿Cómo tendría que funcionar el sistema político?


Esta serie de entrevistas se dirige a indagar las concepciones de un orden socialista renovado, y a contribuir modestamente a su debate crítico.


Narciso Cobo es jurista y profesor Titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Fue presidente de la Sala de lo Económico del Tribunal Supremo Popular y de la Sociedad Cubana de Derecho Económico y Financiero. Actualmente funge como vicepresidente de la Corte Cubana de Arbitraje Comercial Internacional. Ha publicado artículos en la revista Temas y participado como ponente y público en las sesiones de Último Jueves.


Fernando Luis Rojas (FLR): Está claro hoy que las rutas del socialismo en sus 99 años de puesta en práctica no responden a un mapa prestablecido y cierto. Pero también que, sin reformularlo, desde cada experiencia nacional y visión del mundo actual, sin saber hacia cuál queremos ir, caminando a tientas, o importando modelos, se corre el riesgo de no llegar a ninguno. Ahora que se acerca el VII Congreso del Partido Comunista y se habla de su conceptualización, ¿qué distingue al socialismo existente y el que se necesita para Cuba? ¿qué distancia existe entre uno y otro?


Narciso Cobo (NC): A nuestro favor tenemos los errores. Unas veces hemos dado en el clavo y otras en la herradura. Entonces la distinción entre el socialismo que tenemos y el que necesitamos va a depender, ante todo, de la capacidad que tengamos para corregirlos. No basta con hablar de ellos. Se trata de no dejar que continúen pautando, de hecho, la vida cotidiana del cubano.


Por momentos hemos mostrado la capacidad de autocriticarnos, pero quizás no hemos sido —ni acabamos de ser— coherentes con esa autocrítica. Por otra parte pienso que no se hace un verdadero espacio al debate y la crítica social.


Pese a lo justificativos que hemos sido —y creo seguimos siendo—, sin culpar de ello a la prensa que quizás piensa y quisiera decir las cosas de otra manera, no creo que nos haya faltado —ni nos falte— un pensamiento crítico informado. Y como si este no bastara, tenemos el del sentido común de la gente, que el humor del cubano no ha dejado nunca de reflejar. Será un problema de canales o de interlocutor, pero lo cierto es que, intencionadamente o no, se hace una “zona de silencio” en torno a la crítica social, un silencio paralizante. Es de las cosas que considero, obligadamente, tenemos que cambiar.


En el socialismo que me represento es la gente lo que tiene otra centralidad, no el Estado. Este último tiene un papel ordenador, conductor hasta cierto punto, en la transformación de las relaciones sociales, pero es la sociedad la que construye el socialismo. Y no sé si “construir” sea la palabra. Pero lo cierto es que este no se hace sin participación, sin oír a la gente. Suele decirse que tenemos diseñados los espacios, pero en la vida real yo creo que todos, en un grado u otro, somos conscientes de que ni son todos los que deben y pueden ser ni son lo efectivos que quisiéramos que fueran. Hay un cierto autoritarismo o centralismo que, perdonando la expresión, más que anular, “suplanta” esta participación.


FLR: Usted decía que “unas veces hemos dado en el clavo y otras en la herradura”. ¿Cómo se daría entonces en ese socialismo necesario o deseado la dinámica entre continuidad y ruptura?


NC: Hay que advertir que hay continuidades, valores, que han sustentado el proyecto revolucionario en el ámbito social, que deben seguir formando parte, pienso, de ese socialismo que necesitamos o queremos; que no debemos renunciar a ellos, aunque puedan formar parte de nuestra utopía. A la vez que dan una dirección y un sentido a las transformaciones, encierran una capacidad movilizativa que en todo caso debemos preocuparnos por perfeccionar. Nuestro ideal de una sociedad lo más justa e igualitaria posible está entre esos valores que, sin embargo, pueden verse relegados, como resultado de las propias transformaciones.


Sin apego a la perpetuación y sin temor a la ruptura, un proceso de transformación como el que debemos llevar a cabo, presupone continuidad y renovación.


Quizás la mejor forma de responder, entonces, sea “por oposición”, a partir de los rasgos negativos que puede presentar nuestro socialismo que de alguna manera le restan capacidad de atracción o credibilidad. Y esto es algo que tendríamos que comenzar por analizar y debatir, abiertamente. ¿Qué hace que nuestro sistema no tenga la credibilidad que quisiéramos que tuviera? Creo que atribuir este fenómeno solo a los problemas económicos que confrontamos sería una simplificación.


FLR: ¿Qué otros problemas podrían considerarse además del económico?


NC: Hay otros factores que pueden concurrir y que más allá de las carencias materiales, creo le restan capacidad de atracción al proyecto cubano. El fenómeno migratorio es solo una manifestación de esto. Y, por paradójico que pueda resultarnos, al menos una parte de la respuesta pudiera estar, pienso, en lo que llamamos, con toda justicia, conquistas del socialismo. Aunque nadie duda de los logros en los campos de la salud y la educación, por tomar quizás los más reconocidos internacionalmente, sucede que damos por sentado sus bondades y solemos pasar por alto las disfuncionalidades que presentan en el día a día, para dar respuesta a expectativas que no han dejado de evolucionar y de ser cada vez más exigentes y que buscan criterios de comparación que dejan atrás nuestra realidad.


No hay que perder de vista que los cambios que fueron radicales en su día, como parte del proyecto revolucionario, hoy forman parte de los derechos adquiridos y solo suelen evaluarse a partir de las insuficiencias que puedan presentar actualmente. La gratuidad y universalidad de servicios como la educación y la salud se dan por sentadas, ahora es un problema de calidad. Si bien esta es reconocida por los organismos internacionales y se expresa en indicadores sociales que nos posicionan favorablemente como país, es cierto que en la percepción del ciudadano medio no es igual. Sin perder de vista que esta es una visión compartida muchas veces por quienes laboran en ambos sectores y que no ven retribuido su trabajo, de verdadera especialización y dedicación, en detrimento de su sentido de pertenencia y entrega profesional.


Con sus matices y diferencias, no deja de suceder algo parecido en campos tan distintos y representativos de nuestra identidad, como el deporte, la ciencia o la cultura, pese a los logros en unos y otros.


Por otra parte, en Cuba, a pesar de tratarse de un país de trabajadores, no alcanzamos a reconocer el trabajo. Quizás, reflexionando en alta voz, sea este el problema de mayor peso en la falta de credibilidad del socialismo que tenemos. Y por oposición, es este el aspecto primordial que debe resaltar en el socialismo que queremos: el respeto por el trabajo, su centralidad. No es un problema de declaración. O filosófico. O de exaltación en los marcos de una jornada dedicada a un sector u otro. Es en los hechos que tiene que figurar este reconocimiento, que no se expresa solo en términos monetarios o retributivos, aun cuando este último evidencie ser, quizás, el problema mayor. Restituir la centralidad del trabajo quizás sea el reto más honda significación en las transformaciones que tenemos por delante.


FLR: Aunque usted evita la simplificación, en la insuficiente credibilidad de nuestro sistema lo económico mantiene un peso significativo.


NC: Y lo político. Dos pueden ser los rasgos que presenta nuestro socialismo que, a mi juicio, le restan igualmente credibilidad: la centralidad del poder y la falta de participación, que quizás puedan sintetizarse en el verticalismo que padecemos. La primera se expresa en todos los campos y si por una parte hace densa la red que se estructura jerárquicamente, por otra anula la iniciativa, la creatividad, la autonomía de los órganos que están llamados a compartir funciones de gobierno o administración. En el plano de los valores, hacer lugar a la participación solo de manera figurativa, sin concederle verdadera importancia, cuando en rigor el socialismo es esencialmente un ejercicio de participación, no deja de ser caldo de cultivo del oportunismo, la complacencia, la mediocridad y la doble moral.


En lo económico, sin entrar a los problemas de la excesiva estatalización, actualmente en vías de corregirse, la centralización, de manera análoga, persiste como un rasgo distintivo que afecta el funcionamiento de la economía y descoloca a los actores económicos; anulando su capacidad de emprendimiento y vaciando de sentido la participación de los colectivos de trabajadores, sin la cual el carácter socialista de la propiedad estatal carece de verdadera sustentación. Si a esto sumamos la estrechez de algunos criterios aún prevalecientes en torno a la pequeña empresa; tenemos una economía caracterizada por su rigidez, baja productividad y limitada eficiencia. No tanto por ser primordialmente estatal, como por la forma de organizar y llevar a cabo la actividad económica.


FLR: Para aprovechar su metodología de diseñar y construir “por oposición” el modelo deseado, ¿qué conceptos y prácticas sobre la propiedad, los medios de producción y el mercado, deben caracterizarlo?


NC: La conceptualización de las formas de propiedad puede no haber sido la más acertada, pero pienso que es en la práctica, en su realización, donde encontramos los obstáculos mayores. De una manera u otra todas las formas de propiedad reconocidas se ven limitadas y condicionadas en la vida real. En este sentido creo que, de cara al futuro más inmediato, partiendo del proceso de consulta que deberá desplegarse con vistas a la reforma constitucional que debemos llevar a cabo, tendremos todos que preguntarnos por las relaciones de propiedad que necesitamos. Y eso implica abandonar esquemas o estereotipos relacionados tanto con la propiedad estatal como con las restantes formas de propiedad, de manera que los derechos relacionados con su realización puedan ejercitarse conforme a su naturaleza y finalidad, en beneficio de sus titulares y de la sociedad.


En cuanto a los medios de producción, término que a veces nos ha llevado por derroteros equivocados, pienso que los pasos que se dan en relación con las formas de gestión empresarial no estatal, expresión que continua poniendo de relieve una visual estatista, van dirigidos a reconocer el papel de estos nuevos actores y, como corolario, la diversidad de formas de titularidad e intervención de estos sobre los medios de producción a su disposición. Todo medio o instrumento de producción, equivale a decir todo actor económico, cuenta. Todo lo que obstaculice o haga ineficiente su empleo va en contra de la racionalidad económica que pienso debe primar para acabar de salir adelante.


Son los actores económicos, cualquiera que sea el régimen de propiedad, los que crean la riqueza. Toda la riqueza. Crean valores con su actividad. Es importante que lo puedan hacer con la mayor racionalidad y eficiencia. Si se ven estorbados o impedidos por hallarse privados de la capacidad para tomar decisiones y asumir su responsabilidad por los resultados, difícilmente se les puede culpar. No es el empresariado, pienso, el que debe continuar cargando las culpas. Hay que revisar el entorno de este empresario, y corregir todo aquello que lastre o impida que desenvuelva su actividad.


En esto, y no quisiera dejar de decirlo, la forma en que hoy día se ejerce el control sobre los actores económicos tiene, en mi opinión, parte de la responsabilidad. En el imaginario del empresario cubano, quiérase o no, se trabaja muchas veces para la supervisión. Esto es algo que en boca de Carmela, la protagonista de la película Conducta, es una alerta de algo en lo que debemos reflexionar.


FLR: Usted hablaba de la centralidad que debe tener la recuperación del trabajo. Esta problemática se identifica muchas veces con lo estatal, pero en realidad lo trasciende. En el sector tipificado como “trabajo por cuenta propia” —muy heterogéneo— se establecen relaciones que en ocasiones no reivindican el lugar central del trabajo; pero este se encuentra tan deprimido en el ámbito estatal que una subvaloración de su papel en la pequeña o mediana propiedad privada no parece significativa.


NC: Pero es que en la forma en que se trata ese universo al que tú te has referido, tan heterogéneo, conduce de alguna manera al ocultamiento de esas relaciones laborales; por lo tanto, todas las relaciones que se inscriben en ese espacio, en ese ámbito, entran en un grado de precariedad porque carecen de verdadera tutela. Ellas están todo el tiempo sujetas a “mi” autoridad, a “mi” decisión, con un grado de dependencia que le impone una sujeción diferente, aun cuando sus criterios de realización personal se acerquen más aquí, con independencia de que su proyecto de vida sea más realizable a partir de los ingresos que pueden derivar de aquí; pero el factor trabajo aquí acusa toda esta problemática. Si a esto le añades la otra mecánica de invisibilidad, real, estás agravando esta situación que tú adviertes. Entonces el tema relación de trabajo indudablemente es, en mi opinión, de máxima sensibilidad.


Carolina García Salas (CGS): Quizá a la concepción del proceso de trasformaciones en Cuba le estén faltando miradas integrales, abarcadoras y articuladoras de distintos campos, desde el punto de vista jurídico, ¿cuáles son los principales retos?


NC: Todo esto que estamos hablando tiene necesariamente que expresarse en un sistema y orden legal, en un régimen normativo. Es que la norma, el derecho, lo que formula son expectativas de conducta, básicamente. Cómo queremos que se conduzcan la sociedad, determinados grupos, la persona. Son expectativas de conductas. Eso implica algo, una categoría que en mi opinión es clave y que nosotros la hemos desacomodado, que es el interés. ¿Cuáles son los intereses?, ¿qué son los intereses sociales?, ¿cuáles son los intereses personales? No hablo de necesidad, la necesidad es una categoría muy importante, pero esta, la de los intereses, lo es también.


Para ponerte un ejemplo: un pelotero cubano —yo ni siquiera soy un aficionado al beisbol, no quisiera incurrir en ninguna superficialidad— puede haber sido aplaudido por la afición, puede incluso haber sido beneficiado, reconocido, estimulado moral y económicamente y, sin embargo, emigra. Esto indica que no necesariamente se trata de problemas económicos, o de la posibilidad de ganar millones, es que en su imaginario jugar en Grandes Ligas tiene una significación importante, le falta ese otro reconocimiento para su realización como persona, quiere “medirse” allí.


Entonces el de los intereses es uno de los campos en los que requeriríamos trabajar de manera muy sostenida. Hay que identificar esto, revelarlo, para poder tener las normas adecuadas que los tutelen, que los protejan, que hagan posible su realización.


Esto sucede en todos los ámbitos, en el de las asociaciones, de las fundaciones, ¿cuántos intereses diversos no están presentes en su conformación? Pero alrededor de estos procesos todavía hay muchas restricciones. Por un lado, el síndrome del ocultamiento, el pensar que hay siempre cosas detrás, no dichas. Por otro, el problema de que, no consideramos, no concebimos la no subordinación. ¿Por qué una asociación tiene que subordinarse?, ¿a qué? En otros contextos estas organizaciones forman parte del entramado social, simplemente. Sin embargo, en nuestra percepción es impensable que no se subordine a algo. Es una expresión evidente, me parece, de aquel verticalismo del que hablaba.


FLR: En este fenómeno que apuntaba Carolina y que usted desarrollaba ha sido una clave la alusión al problema de la participación y del verticalismo. Ahora usted mencionaba la actitud ante el asociacionismo como una de las expresiones. Creo que eso puede estar vinculado con determinados ejercicios de generación jurídica. A veces uno se pregunta, ¿cuál es el ámbito de discusión que debía tener una determinada medida que se establece? Estoy pensando, por ejemplo, en la Ley de inversión extranjera. Cuando se habló del proceso de discusión previa a la aprobación de la Ley por la Asamblea Nacional, se refirió un proceso muy amplio de consulta con un grupo de especialistas, treinta, cuarenta por territorio, como una cifra significativa.


Experiencias como esta generan preguntas: ¿Se discute todo?, ¿qué se discute?, ¿cómo se dan los vínculos?, ¿cuál es el papel del Estado?, ¿qué otros mecanismos?, ¿qué otros mediadores están?, ¿podrían ser las asociaciones quizás un espacio para ello?


NC: Quedarse en esa franja de que si discutimos esta o aquella ley puede llevarnos a asumir que tenemos los espacios de participación que quisiéramos y necesitamos; yo no creo que sea así. No hay que confundir el proceso de gestación de las normas legales con lo que es el proceso de participación de la ciudadanía en todo lo que le toca y concierne, son cosas diferentes.


La norma, de alguna manera, está precedida por una política, independientemente de que a esa política, a su vez, le anteceden estudios, investigaciones, que han identificado necesidades de ordenamiento, de cambio, de regulación, en alguna esfera de la sociedad, en los que es comprensible y necesario que participen expertos.


Pero, ¿cómo se participa de la gestación de esas políticas?, casi tecnocráticamente; no debe ser. ¿Cuándo y cómo discutimos esas propuestas, esas bases de políticas públicas en cualquiera de los campos, en relación con la juventud y el problema migratorio, el envejecimiento de la población, la pobreza, la desigualdad, los precios? Todas esas son proyecciones que se deben de alguna manera examinar, más allá de los limitados espacios en que a veces discurre este examen, más abiertamente.


Después se formula esa política y se somete a una aprobación que la congela, la sacraliza; y no hay tampoco una intervención en la aprobación de las mismas, ¿dónde es que, como regla, se aprueban esas políticas, en qué espacio?, en el más reducido que tenemos.


Y luego se va al proceso de implementación. Nuevamente, ¿dónde se debate? Muchas veces no hay ese otro momento de reflexión ni de reconsideración de lo que quedó aprobado. Hay directamente una norma que está llamada a proyectar y reflejar la política con sus aciertos y con sus errores.


Después viene el problema de la eficacia de aquella norma. ¿Dónde y cómo se evalúa? Entonces se gestan “zonas de silencio” en torno al comportamiento disfuncional de esa política o de aquella norma, en torno a su propia ineficacia. Creo que el tema de la participación no podemos verlo restringido a esa consulta que a veces se hace, porque ese proceso no está dirigido a formar o fomentar consenso. Este último implica capacidad de intercambio, diálogo, es donde va estructurándose gradualmente un pensamiento diferente, que está nutrido de muchos otros y eso no creo que lo tengamos, realmente, en nuestra visual. Sin embargo, no es nada que no podamos hacer.



Foto: Carolina García Salas
Foto: Carolina García Salas

CGS: Hablando de participación, ¿cuáles considera que son los rasgos y espacios propios de una sociedad civil socialista?


NC: La sociedad civil resulta un concepto o una categoría que, a pesar de comenzar a tratarse entre nosotros en los 90, no parece acabar de encontrar el debido acomodo. Ni en la teoría ni en nuestra práctica social. Pese a contar con organizaciones sociales de una vocación integradora, que han desempeñado un papel importante a lo largo del proceso revolucionario y que nacieron como productos originales de este, su perpetuación y limitada capacidad de renovación, parece haber erosionado su legitimación en la actualidad. Esto nos obliga a pensar.


Las asociaciones, portadoras de una amplia diversidad de intereses y representativas de importantes sectores de la sociedad cubana, cuyo crecido número pudiera sorprendernos, se ven restringidas de manera significativa en su ámbito de actuación. Hay un síndrome velado que hace denso el espacio en que estas se mueven, que les resta el protagonismo que les es propio como vectores de una dinámica de intercambios, a pesar de que no dejan de compartir muchos de los empeños y compromisos de nuestro proyecto social. Esto, sin excluir el papel que pudieran incluso asumir en la esfera de la redistribución para contribuir a amortiguar diferencias y a la sostenibilidad, legitimación y credibilidad de nuestro sistema social. Una gran parte de ellas, sin embargo, carece incluso de visibilidad.


Las razones para contar con ellas son múltiples. La sociedad cubana es rica en espacios. El cubano propende en cierta medida a integrarse a cuerpos, a grupos, en los que su vocación o inclinaciones se ven de alguna manera compartidas con otros, y que refuerzan su forma de apreciar o valorar una actividad. Este es un modo importante de participación. A la vez. Las asociaciones tienen un indudable impacto social, permiten la realización personal de sus miembros o integrantes. Tienen —o pudieran tener— un papel de articulación nada despreciable. El solo hecho de su capacidad de diálogo debiera obligar a hacerles otro lugar. Pero está claro que también debe haber una voluntad de escuchar.


FLR: Esas restricciones a las asociaciones y esa necesaria voluntad de escuchar de la que habla, nos remite a mirar el sistema político. En este sentido, ¿cómo debe funcionar un sistema político socialista renovado?


NC: De entrada, creo que de manera diferente a como viene haciéndolo. De forma mucho más participativa. Más abierta. Más inclusiva. Lo político no se agota en lo electoral. Me lo represento más bien en su funcionamiento: en la gestación, aprobación e implementación de las políticas públicas, y en su ejecución y control. No puede, o no debería, operar sin un grado diferente, verdaderamente efectivo, de participación popular. Y si ello va a realizarse bajo la rectoría del Partido, debe tener lugar con la participación obligada de toda la sociedad civil, puesta en función de ello. El Partido no debe suplantar a esta.


El Estado sirve a la sociedad civil, no a la inversa. Luego, el sistema político debe ordenarse de modo tal que aquel se organice y funcione de manera verdaderamente representativa y participativa, no simbólicamente, sino de manera efectiva. Ello supone otra capacidad de intervención del ciudadano y de realización de sus derechos, y también de las instancias locales por ser las más cercanas a este, a la comunidad, a la vida real, a lo cotidiano, donde se debe manifestar y realizar el sistema social. Es lo que le imprime a este, y posibilita, su legitimación y credibilidad. Ese es, creo, el verdadero espacio en que se concreta y realiza el socialismo.


Hoy, francamente, considero frustrante la participación ciudadana. Y pienso que parte importante de este sistema político debe estar en la capacidad que muestre de estar atento a los problemas de la gente y dar solución a estos con su participación. Los medios de prensa, como caja de resonancia de los posibles intereses en conflicto, deben tener un papel importante en este entramado. En esa dirección habría que replantearse quizás el problema de estos y buscar formas más adecuadas que le confieran la necesaria “capilaridad”. En esto, la función de la prensa es irremplazable.


Por otra parte, aunque centralización y autoritarismo no son la misma cosa, se dan las manos. Y más allá de lo que pueda entorpecer, como tantas veces se ha dicho, la autonomía de los actores económicos, la creatividad e independencia de pensamiento y el ejercicio de las libertades, no deja de resultar un campo propicio para conductas complacientes y oportunistas, que lastran el sistema político y lo privan de la necesaria legitimación.


Pienso que nuestro socialismo tiene que ganar credibilidad, no solo para los de afuera, sino ante todo para nosotros mismos; y renovar su legitimidad, con el acuerdo de todos. La histórica alcanza a explicar el proyecto social cubano, pero no la continuidad, permanencia y sostenibilidad de su ideario. Y esto es importante; es algo en lo que obligadamente tenemos que pensar.


Son ya mayoritarias las generaciones nacidas dentro del proceso revolucionario, que tienen otra perspectiva de las realizaciones alcanzadas y que, sin desconocer los sacrificios de las que las preceden, son portadoras de nuevas exigencias. Yo creo que es necesario fomentar un nuevo consenso de los derroteros que nos proponemos, con la más amplia participación de todos. Creo que más allá de las reformas económicas emprendidas, y las transformaciones que se vienen operando, el proceso de modificación del texto constitucional, como verdadero eje articulador de estos cambios, debe contribuir a sentar las bases y a fijar las pautas que den paso a esa necesaria renovación de nuestro sistema político, en su integralidad.


FLR: Hay una cosa que me resulta interesante como expresión de esa “participación ciudadana frustrante”. Tiene que ver no solamente con la participación en el diseño o definición de esas políticas, sino con la evaluación de las mismas. Por ejemplo, en el proceso de discusión de los Lineamientos había una percepción bastante amplia de la necesidad de una transformación. Ahora, no creo que esté la fórmula para identificar que esa política de cambio que inicialmente fueron losLineamientos pueda enfrentar obstáculos, problemas y padecer desviaciones o errores desde el propio momento en que se empieza a implementar.


NC: Tiene que ver con muchas cosas, Fernando. Lo primero que yo te preguntaría, ¿por qué colocarnos en lo que fue el debate de los Lineamientos para examinar este problema? Hemos tenido otros espacios de convocatoria en momentos cruciales, pero tenemos el Congreso [del Partido] a las puertas, ¿por qué no hemos debatido lo que se va a examinar, considerar, analizar allí? Eso es lo que legitima a la fuerza rectora. ¿Hay que esperar a que decidan lo que yo voy después a examinar? ¿Por qué? No ha sido ni siquiera nuestra práctica histórica. Lo que se ha llevado a los Congresos siempre ha sido debatido con un grado de amplitud, ¿cómo en un momento como este se nos va a privar de eso?, ¿qué se dirá de la Constitución, de los Lineamientos, de las estrategias? Hay que sentar las bases para recibir al menos un ruido de cómo pensamos, percibimos, qué nos angustia, qué nos preocupa. Y no es una discusión formal, parte de una necesidad de registrar para poder llevar a ese marco el rigor, la profundidad de análisis que merece.


Dentro de nada habrá cambios importantes, concluye la presente legislatura y termina Raúl como presidente de Estado y gobierno, ¿y quién asume? Antes tú conocías todos y cada uno de los secretarios del Partido de provincias, antes te sabías de memoria los miembros del Buró Político, los del Secretariado; eso formaba parte de la cultura política. ¿Ministros? La mayor parte eran conocidos. El factor histórico, presente en la mayor parte de ellos, reforzaba su autoridad. ¿Hoy quién los conoce? Estamos ante una nueva realidad en la que las instituciones están llamadas a desempeñar un papel central. Entonces tenemos que apostar a un diseño más inteligente de estas.


Yo creo que, pese a todos los empeños en su preparación, nunca hemos estado en una situación de mayor precariedad en las estructuras de dirección del país. Cómo no oír a la gente, si es un momento en el que tienes que formar consenso, alimentarte de todas las percepciones, de todas las inteligencias. Creo que tenemos capacidad instalada, tenemos la gente, tenemos un por qué, tenemos cómo. Sería muy lamentable que no hiciéramos las cosas bien pudiendo y teniendo cómo hacerlas. Si en algún momento ha sido necesaria la participación, es este.


Foto de portada: Carolina García Salas


(Tomado de Revista Temas)






viernes, 18 de marzo de 2016

¿Qué puede hacer Cuba?








En estos días en los que Cuba se prepara para recibir la visita del presidente de los Estados Unidos Barack Obama, nuestro Catalejo inicia la publicación de una serie de artículos de varios especialistas estadounidenses, cubanos y latinoamericanos en torno a las circunstancias en que esta tiene lugar, así como su significación en el contexto actual de la política norteamericana, la realidad interna cubana y el ámbito hemisférico. El artículo que presentamos a continuación es el primero de ellos.


Cuba ha reconocido que el Presidente Barack Obama ha adoptado medidas positivas para modificar algunos aspectos del bloqueo y que altos funcionarios de su gobierno han dicho que otras están en estudio. “Sin embargo, no ha sido posible implementar una buena parte de las medidas, por su alcance limitado, por la persistencia de otras regulaciones y por los efectos intimidatorios del bloqueo en su conjunto…”[1]


El gobierno de Estados Unidos anunció en tres ocasiones desde el 17 de diciembre de 2014 (17D) —enero y septiembre de 2015 y enero de 2016— medidas de flexibilización del bloqueo a Cuba en materia de viajes, comercio, operación de empresas estadunidenses, así como la eliminación de límites a determinados tipos de remesas de dinero.


Sin renunciar a nuestros ideales ni claudicar en nuestros principios, ni dejarnos presionar en nuestros asuntos internos, como señalara el General de Ejército Raúl Castro, los tres conjuntos de medidas decretadas por el gobierno de los Estados Unidos abren posibilidades de intercambios que, independientemente de sus intenciones, pueden ser provechosos para Cuba.



¿Qué puede hacer Cuba para aprovechar las medidas en beneficio propio?


Una de las intenciones principales de las nuevas medidas fue facilitar la expansión del turismo estadounidense a Cuba a partir de las 12 categorías de viajeros que su gobierno autoriza. En 2015 arribaron 453 925 viajeros, colocando a Estados Unidos como el segundo emisor de visitantes a Cuba, después de Canadá.


Desde 1980 Cuba recibe visitas de norteamericanos de origen cubano a sus familiares pero las medidas de Obama han facilitado su aumento y diversidad —en 2015 alcanzaron la cifra de 292 692—. En tanto exista el interés de enriquecer las relaciones del país con su emigración y aprovechar su desarrollo en tierras extranjeras en bien el país, el gobierno cubano podría promover actividades y planes turísticos dirigidos a unir las familias; así como a jóvenes de origen cubano, con productos como  los campamentos de verano, cursos de español e historia y actividades deportivas; impulsar actividades en las localidades que atraigan a los oriundos de estas y fomenten la identidad nacional y local; propiciar la contribución de técnicos y profesionales a sus antiguos lugares de trabajo y estudio, incluyendo la posibilidad de retorno y reinserción para los que lo deseen; facilitar el retiro en Cuba de ancianos de origen cubano ofreciéndoles servicios especializados como casas de vida asistida —que pueden ser gestionadas por cooperativas o privados— y seguros médicos o tarifas preferenciales para hacer uso de la salud pública cubana, sin tener que extenderles el acceso gratuito de que gozan los residentes.


En cuanto a viajeros estadounidenses que desean realizar actividades comerciales en Cuba, para efectuar gestiones oficiales estos deben entrar con visa de negocio: sin ella no pueden ingresar a una oficina o instalación del Estado o ser recibidos por nuestros funcionarios. Pero para gestionar una visa de negocio la debe solicitar un organismo del Estado a favor del extranjero, por tanto, se produce un círculo vicioso que limita grandemente los contactos iniciales y exploraciones potencialmente positivos para ambas partes. El gobierno debiera facilitar estos encuentros flexibilizando las normas y prácticas, utilizando, por ejemplo, la Cámara de Comercio como espacio de encuentro y exposición, y puerta de entrada a los organismos y empresas, algo así como lo hace el Centro de Prensa Internacional para los periodistas.


El cuello de botella que se está produciendo con el aumento de visitantes norteamericanos sin vínculos familiares – 161 233 en 2015 – se debe en parte a que solo tres agencias receptoras —Amistur (ICAP), Havanatur (MINTUR) y San Cristóbal (OHCH)— están autorizadas a recibir grupos norteamericanos. El MINTUR debiera permitir que todas las agencias nacionales y extranjeras autorizadas en Cuba gestionen servicios turísticos para viajeros norteamericanos, de la misma manera que lo hacen con las otras nacionalidades.


Otro conjunto de medidas está dirigido a ampliar las actividades educativas que se realizan desde los Estados Unidos en Cuba. Este es un campo en el que el sector no estatal pudiera complementar al Estado, organizando y brindando actividades educativas al turismo proveniente de ese y otros países, en áreas como la enseñanza del idioma, cultura —danza, música, teatro, artes, cine— deportes y ecoturismo. En interés de facilitar la gestión de turismo educativo de proveedores no estatales y comunitarios, el Estado pudiera ofrecer espacios en ferias y convenciones, permitir su inclusión dentro de los canales actuales de promoción turística y abrir la posibilidad de crear redes nacionales de comercialización que combinen servicios estatales y no estatales  —hospedaje, alimentación, excursiones y actividades educativas.


Las regulaciones de Obama han ampliado las posibilidades de enviar remesas y donativos por parte de nacionales de Estados Unidos, de origen cubano o no. Mucho se puede hacer para aprovechar el espacio creado en aras de aumentar su monto y ampliar sus beneficios más allá de los familiares directos de los que las envían.


Se puede comenzar por una mayor transparencia en los datos y la información que permita a los investigadores, estudiosos y periodistas analizar los flujos de remesas y donativos, su impacto y potencialidades. Igualmente, valdría reconocer el papel múltiple de las remesas, como aporte al consumo familiar, a la construcción y reparación de viviendas  —contribuyendo al auge de la industria de la construcción— y como capital de inversión privada.


Es conveniente ver en las remesas y en los proyectos “humanitarios” un potencial de apoyo social y comunitario, por ejemplo, creando fondos para el fomento de proyectos y actividades en localidades e instituciones a los que pueden aportar los oriundos de allí. Igual se presta para antiguos alumnos de escuelas y universidades, trabajadores de determinados centros, fanáticos de clubes deportivos, etcétera.


Merece consideración la posibilidad de propiciar proyectos sociales financiados por donaciones privadas norteamericanas. El proceso de aprobación de donaciones y proyectos en Cuba, vengan de donde vengan, sean de instituciones o individuos, es sumamente burocrático y engorroso, como atestiguan tanto donantes como beneficiarios. Frecuentemente vemos a extranjeros que desean hacer un aporte monetario a una institución o proyecto civil que visitan y se ven imposibilitados de hacerlo por las regulaciones de control que en la práctica resultan disuasivas. La mejor respuesta del gobierno cubano al auge de la colaboración internacional de fuentes privadas norteamericanas con contrapartes cubanas que puede suceder como resultado de estas medidas, es que haga más ágil y eficiente el proceso de aprobación y gestión para todos.


Se deben aprovechar proactivamente, en función del desarrollo local, las oportunidades que han abierto las nuevas regulaciones del gobierno de los Estados Unidos para generar proyectos de preservación del patrimonio, al utilizar mecanismos como la Red de ciudades patrimoniales, agrupaciones de descendientes de la localidad, hermanamientos de ciudades, grupos de aficionados a la historia, arquitectura, antigüedades, etcétera, para este fin.


En otra categoría están las medidas dirigidas a fomentar las relaciones entre la sociedad civil norteamericana y la de Cuba. Si nos atrevemos a ver esto como oportunidad y no como amenaza, puede traer dividendos políticos —por el conocimiento positivo de la realidad cubana que se difundiría directa e indirectamente en los Estados Unidos— económicos y sociales  —por los recursos que se puedan ingresar mediante estos contactos y actividades.


Igualmente, constituye una oportunidad permitir una gestión descentralizada por parte de las organizaciones de la sociedad civil cubana y los gobiernos locales en cuanto a gestionar proyectos humanitarios y actividades de fundaciones y ONGs, siempre que el origen de los fondos sea privado. El Estado puede facilitar plataformas de encuentros entre organizaciones civiles de cada país, por rama: educativas, medioambientales, deportivas, cultuales, religiosas, juveniles, comunitarias, de género, etcétera; y aprovechar la posibilidad que abren las regulaciones de enero 2016 de considerar solicitudes de exportación de productos norteamericanos a ONGs cubanas.


En cuanto a las relaciones comerciales, las regulaciones del gobierno estadounidense orientadas a autorizar una expansión de exportaciones e importaciones de productos y servicios pudieran aprovecharse mucho más en función de la economía cubana, en particular de sus consumidores y productores no estatales. Dichas regulaciones pretenden privilegiar al sector privado en los sectores de la construcción, agricultura, pequeña industria y servicios. Las cooperativas, que para Cuba son parte de la economía social, a los efectos del gobierno norteamericano son “negocios privados”, por lo cual estarían incluidas.


El Estado cubano pudiera responder positivamente a estas oportunidades creando mecanismos para la importación y venta mayorista y minorista de los productos y servicios recién autorizados, sin que pierda control, estableciendo, por ejemplo, una importadora/exportadora especializada, una zona franca donde se pueden comercializar, mecanismos financieros que faciliten créditos a los compradores, etcétera.


De igual manera, pudieran fomentarse las exportaciones de bienes y servicios a los estados Unidos producidos por el sector no estatal y su acceso a tecnologías y mercados, que generen ingresos para el país.


Una oportunidad particular que se está desaprovechando es la exportación de software y aplicaciones producidas en Cuba por informáticos cubanos, por carecer de respaldo del Estado. Este pudiera propiciar los contactos, plataformas y mecanismos comerciales descentralizados que permitan la exportación de servicios informáticos por parte de privados y cooperativas —aún en fase de aprobación— en especial a Estados Unidos, y el cobro de ingresos e impuestos por estas exportaciones. Entre otros beneficios estaría el de retener a cientos si no miles de informáticos que están emigrando por falta de empleos suficientemente remunerados y oportunidades en el país.


A menudo los visitantes norteamericanos dicen que no pueden aprovechar el límite máximo de $400 USD de importaciones de Cuba porque, más allá de los $100 permitidos de alcohol y tabaco, no tienen qué comprar. El Estado, a través de instituciones como el Fondo de Bienes Culturales, la Asociación de Artesanos y Artistas, las Industrias Locales, así como las agencias turísticas y gobiernos locales, pudieran hacer mucho más por promover las producciones artísticas y artesanales de calidad, dirigidas a un turismo de mayor nivel que el que acude a las ferias y mercados callejeros. Ejemplos hay en instituciones como FONACULT en México.


Poco o nada se ha comentado públicamente de la nueva regulación (enero 2016) que permite excepciones “caso a caso” de exportaciones de EU a empresas y otros organismos estatales para la provisión no lucrativa de bienes y servicios en beneficio de la población, por ejemplo, para la producción agropecuaria; creación artística, cultural y patrimonial; educación; producción de alimentos; prevención y manejo de desastres; salud pública y saneamiento; construcción y renovación de viviendas; transporte público; potabilización de agua; suministro de electricidad y otras energías; deporte y recreación; y otras infraestructuras; y exportaciones de productos para el consumo de la población. Esto pudiera aprovecharse para disminuir costos de importación de productos actualmente adquiridos en otros mercados y, combinado con una promoción activa de donativos, aumentar la provisión total de estos bienes y servicios destinados a la población.


Las regulaciones de enero 2016 permiten transacciones relacionadas directamente con producciones profesionales audiovisuales y artísticas norteamericanas en Cuba, dentro de las que también se cuentan filmaciones y producciones de programas de televisión y cine, y productos musicales y artísticos. Esto incluye la posibilidad de contratación de personal cubano y pago de derechos y servicios. Entidades como el ICAIC, RTV Comercial y la Asociación de Productores Audiovisuales pudieran aprovechar esta oportunidad para convertir a Cuba en una atractiva locación para estas producciones, compitiendo favorablemente con otros escenarios como Puerto Rico y República Dominicana, entre otros motivos, por la presencia de competentes profesionales y técnicos audiovisuales y de experimentadas productoras estatales e independientes. Esto se puede combinar con la posibilidad de importar equipos y materiales de uso en dichas producciones, lo cual aumentaría el stock y mejoraría la tecnología existente en el país. En estas circunstancias se pudiera incluso pensar en coproducciones con EU como se hace con otros países.


La actualización del modelo económico cubano comenzó mucho antes de que se iniciara el proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos. La aprobación de los Lineamientos (2011) relanzó al socialismo cubano sobre nuevas bases. Estos incluyen: “Reconocer y promover el desarrollo de fórmulas no estatales de gestión de la propiedad, y diferentes actores en la economía; Otorgar el papel preponderante a la empresa estatal socialista, fuerte y bien organizada […]. Ampliar el ejercicio del trabajo por cuenta propia y su utilización como una alternativa más de empleo que contribuya a elevar la oferta de bienes y servicios.” [2]


Aprovechar las medidas de flexibilización del bloqueo a Cuba promulgadas por el gobierno de Obama en función de los objetivos trazados por el Partido y la Revolución, para incrementar la eficiencia económica, los ingresos y el desarrollo, es otra expresión de independencia y soberanía nacionales, de fortaleza y de creatividad.










[1] Granma, Editorial, 9 marzo 2016.



[2] Partido Comunista de Cuba (2011) Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución