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lunes, 1 de agosto de 2016

La cultura del silencio en los medios de comunicación cubanos.

Por René Fidel González García, Cuba Posible




Y como el miedo crea hábito, nuevas clases de miedo han estado apareciendo con los años.
Rafael Alcides

Lo contrario de la fe no es la herejía, sino la indiferencia.
Elie Wiesel


En la primavera del año 2010, el extinto Alfredo Guevara Valdés, posiblemente uno de los últimos intelectuales renacentistas cubanos, sajaba a la prensa cubana en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana, en un ejercicio de agudeza y consecuencia crítica. En aquel entonces Alfredo ponía en duda, con declarado optimismo, pero con un desamparo escalofriante, la existencia de un paradigma actual de periodismo en Cuba. Hablaba con estudiantes y profesores, y se preguntaba: “¿qué ejemplo de periodismo le podemos poner a ustedes?”(1). El último Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), con la presencia de directivos del instituto rector de la radio y la televisión, así como de altos funcionarios de organizaciones políticas y gubernamentales, trató también no pocas de las insatisfacciones de los profesionales de los medios cubanos de comunicación y las de la población.

Sin embargo, cuando Guevara señalaba la orfandad de paradigmas de los estudiantes cubanos de periodismo no hacía referencia a la ausencia de un modelo de formación profesional. Al margen de las críticas que se le pueden hacer, la calidad de escritura, la voluntad de predominio de un estilo pulcro y exigente en la mayoría de los trabajos, la altísima preparación post-graduada de muchos de ellos para un ejercicio ético y profesional superior y el despliegue de una agenda temática amplia y profunda por la diversidad de los temas y la seriedad de abordajes realizados, ajenos, casi absolutamente, a presupuestos de frivolidad y superficialidad(2) –por sólo citar algunas de sus cualidades positivas–, caracteriza en buena medida la producción periodística cubana. El rastro que dejaba su disquisición, que prosiguió luego desgranando en otras universidades del país, apuntaba, por el contrario, al desastre que entrañaría para la sociedad y el proyecto político cubano que el amasijo formado por la minuciosa oficialización de cada aspecto de la vida cotidiana, la censura, la autocensura y el secreto, se consagrasen, definitivamente, como el paradigma de los medios de comunicación cubanos.

Aunque la aparición de estos elementos negativos –y su oscura, clandestina, e inconstitucional normatividad– puedan estar condicionados por las contracciones de los retrocesos y deformaciones de la ética política revolucionaria ocurridas en los segmentos de peligrosidad histórica más agudos que se atravesaron en Cuba en las últimas cinco décadas, o al mismo tiempo, ser resultado de la importación del denso y opresivo sistema soviético de control de la información, es indudable que se instauraron con vocación de convertirse en un paradigma sistémico –también profesional– que quizás desde muy temprano no solo fue el nicho ecológico que proporcionó protección e impunidad a la burocracia y difuminó gradualmente (hasta lo imposible) las zonas de contacto de la ciudadanía y el Estado –sobre todo en provincias, municipios, caseríos y poblados–, sino que también, y contradictoriamente con el papel que debieron jugar los medios dentro del proyecto revolucionario, acabó por hacer de la extensa y complejísima realidad cubana su punto ciego por excelencia.

En otro sentido, la función propagandística de los medios(3), exacerbada, contaminada y orientada por idénticas funciones ejercidas por el aparato partidista cubano y el de muchas de las organizaciones de masas, fue la herramienta que limitó paulatinamente lo que había sido una de las plataformas más eficientes para propiciar y expresar auténticamente los comportamientos políticos de los cubanos y movilizarlos alrededor de un proyecto propio(4), y la que produjo, finalmente, la sobre-exposición de la población a proyectos, planes y cambios de visiones del futuro, y la aparición de un fenómeno que alguna vez he llamado “el hastío utópico”.

Tanto la tendencia de no asumir la complejidad de la realidad(5), como la de presentarla a través de untravelling inacabable de éxitos, retos y nuevos planes que invisibiliza al país y sus gentes –sus proyectos de vida y problemas, contradicciones, aspiraciones, fracasos e irrealizaciones, sus flaquezas y defectos– han sido incorporadas hasta hoy a las insatisfacciones de amplios sectores de la población cubana que valorizan los medios de información como espacios de conocimiento, debate, crítica, análisis, deliberación, juicio e información de la realidad de la sociedad, o por aquellos integrados por personas que han crecido en sus márgenes lúdicas y de entretenimiento, u otros, que se han desconectado cada vez más de ellos, saturados por su carga propagandística, o respondiendo, más que a una visión crítica propia, a la circulación y reproducción de estereotipos negativos sobre su funcionamiento y calidad(6).

En cualquier caso, y aunque aún resguardadas en el difuso borde existente entre las opiniones privadas y las públicas, ambas tendencias han contribuido, cada vez más, a una comprensión social común que las integra culturalmente como parte de una estrategia dominante que implementa lo gubernamental y lo político cubano en el manejo de los medios de comunicación.

Paradójicamente, los que se encontraron en las reuniones del último Congreso de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) quizás eran conscientes de que el hecho de que los medios de comunicación cubanos, y el propio trabajo periodístico, estuviesen dentro y fuera del plenario bajo fuerte cuestionamiento por la sociedad cubana en su conjunto, podía ser interpretado tanto como un indicador del valor y la trascendencia para la vida cotidiana que le otorgan sectores muy importantes de la población, como una expresión del desafío que supone la urgencia de replantear su función dentro del proyecto y el proceso revolucionario cubano.

En otra oportunidad he reflexionado sobre los conductos tendidos desde la familia y la educación por los que se puede experimentar, o aprender a usar, el silencio como estrategia, y de cómo este puede confluir al conjunto de instituciones de una sociedad, caracterizando las interacciones que en ellas se producen. Es algo que, en ningún caso, se puede ignorar, pero cuando esas dinámicas de reproducción del silencio alcanzan los medios de comunicación, ya sea como directrices de su funcionamiento, o como conductas e ideas culturalmente dominantes, se establecen entonces de una forma duradera en nuestra ecología personal.

En la diversidad de los medios, y dada la innegable centralidad y preponderancia que tienen en la vida cotidiana, el silencio muta rápidamente a su forma cultural más viral, puesto que la cultura del silencio que progresa desde las estructuras internas de la familia y de la educación, se distribuye luego a la sociedad a través de los medios de comunicación hasta hacer de estos –en su variedad y distintos alcances–, el tramo final de un ciclo cerrado de reproducción social sumamente eficaz y continuo.

En el caso de las estructuras e instituciones, las asociaciones e individuos que hacen parte de los medios de comunicación, incluso aquellas que existen en las comunidades, o en el espacio virtual de las redes sociales y la emergente blogosfera nacional, la importancia de asumir el desafío del replanteo de la función de los medios de comunicación en Cuba no trata solo de un “cambio de mentalidad”, como se ha intentado debatir en la sociedad cubana desde lo político, sino, más explícita y ambiciosamente, de sintonizarlos a la necesidad de un profundo cambio social y jurídico que advierta y lleve a la práctica, resueltamente, la interrupción de aquellas dinámicas de funcionamiento dentro las instituciones –y de la sociedad– que le puedan conducir a ser agencias de reproducción del silencio.

Aunque sea cierto que las instituciones pueden ser en última instancia, detenidas, entorpecidas y limitadas por la cultura de quienes participen en su funcionamiento, es su diseño y principios rectores, y sobre todo sus prácticas reales, sus normas y la existencia y posibilidad del control –y exigencia– público, los que determinarán dentro de ellas la cultura de los hombres y las mujeres que las integran.

Ese replanteo tendrá que hacer de la democratización de los medios de información, de su acceso ciudadano y control público, una de las metas más inmediatas. “Ciudadanizados” y reubicados dentro –y  como parte– de la esfera pública, los medios de comunicación podrán ser desplegados, entonces, en todas sus potencialidades.

Sin embargo, aunque crucial, la alta sensibilidad que ha tenido para el sistema político cubano cualquier cuestión relativa al diseño y funcionamiento de los medios de comunicación, no puede confundirse con la importancia real que estos tienen. Su blindaje y defensa como sector clave de la esfera pública de nuestra sociedad es también necesario y urgente, a corto plazo, en el campo jurídico(7), también en el de los valores y las creencias sociales. La emergencia de nuevas y múltiples formas sociales de trasmisión de contenidos puede, pese al aparente dominio que la centralización y uniformidad de los medios oficiales proporciona, acabar por acorralarles y aislarlos. La ritualización conduce a la parálisis.

De algo se puede estar seguro: las posibilidades de la restauración capitalista en Cuba, y el sucesivo empoderamiento, hegemonía y dominio de una nueva clase política y sus matrices económicas, estarán necesariamente vinculadas a su capacidad final de hacerse del control de los medios. Un control que será alcanzado siempre después de lograr desde el propio cuerpo del Estado –pasando por acelerados ejercicios de idiotización y alienación de la población, vitales para el logro de la hegemonía capitalista– su privatización y el despojo de sus funciones y características públicas. No hay por qué creer que ese control será inmediatamente material, por el contrario, la experiencia indica que las primeras posiciones a tomar serán las simbólicas e ideo-estéticas, por su potencial para producir –y gestionar– una rápida acumulación cultural.

Curiosamente, cuando discutía algunas de las ideas anteriores con un viejo amigo este me preguntó si de lo que hablaba era de desarrollar una versión tropical de una de las ramas de la perestroika. Le señalé entonces el valor y alcance de la paradoja que representaba un evento como el ciclón Sandy, que siendo muy dramático para una ciudad que se creía a salvo detrás de sus baluartes montañosos, permitió a los santiagueros descubrir con asombro, los extendidos cinturones de pobreza que le rodeaban –ocultos tras su topografía y flora– , y poderlos identificar como tales –desastres íntimos, dolorosos y pre-existentes de una ciudad orgullosa– dentro de las imágenes superpuestas de los devastadores daños ocasionados por el fenómeno meteorológico que trasmitía la televisión nacional, que eran –lo habían sido antes y lo seguirían siendo después–,  increíblemente omisas en cuanto a ellos.

El problema es que esa deuda de realidad presente en los medios de comunicación –y me refiero también al acumulado histórico de esa deuda–, es necesariamente societaria y, como todas las deudas, tiene una cualidad permanente y fatal: lastra. En nuestro caso nos impide tomarnos en cuenta, asumirnos, integrarnos, movilizarnos, al mismo tiempo que ofrece una coartada infinita a la mediocridad, la abulia, la codicia, la ambición y el poder, o a sus probables y casi infinitas combinaciones.

En ese sentido es que los medios de comunicación funcionan dentro de una sociedad como un sistema inmunológico: su fuerza, su eficacia y fortaleza no depende de ignorar lo que le hace daño al organismo, sino de identificarlo, asumirlo y combatirlo; lo contrario a eso lo hace débil, enfermo o, simplemente, inútil. La “paradoja de Sandy” señala, además, un déficit infame que ninguna consideración derivada de la política puede justificar seriamente sin comprometer, al mismo tiempo, la raíz pública de lo político: la complicidad –y responsabilidad– que colectivamente se puede tener con el silencio.

Cuba necesita reencontrarse consigo misma y con sus contradicciones, por más amargas que sean. Lo está haciendo ya –quizás lo ha hecho siempre–, pero esta vez lo está haciendo más desde las personalidades, las ínsulas, las islas que cada uno de nosotros somos. Ello realmente es imprescindible, pero ese proceso para que sea útil y trascendente, tiene que ser también colectivo, si no será –acaso solamente– egoísta, despiadado o, simplemente, estéril.

Reconocerse en sus múltiples identidades y singularidades, despedazar la imagen estereotipada(8) o total(9) que le han construido los medios de comunicación y que le impide verse completamente tal como ha sido y como fundamentalmente sigue siendo, como quiere ser, será imprescindible para impedir que detrás de esa imagen intrascendente, chata, vacía y desconcertante(10) –el país atomizado y atomizador– que se alza desde nuestras contradicciones y desigualdades sociales, logre e imponga, al país solidario, la hegemonía de la ética de la incertidumbre que tan cara es a sus propósitos.

Ese inaplazable despliegue mediático –también de sus profesionales y de los ciudadanos-, tendrá que asumir como parte del extenso catálogo de situaciones que atañen e impactan de diferentes formas al marco civilizatorio construido en Cuba, las profundas asimetrías regionales y sus orígenes y consecuencias; descubrir, enfrentar y compartir las historias de vida, los desafíos cotidianos de sus hombres y mujeres, de sus ancianos e infantes que están en condición de pobreza; constatar, discutir e interpelar las disfunciones, deformaciones y decisiones de nuestro sistema político y económico, las zonas de intermitencia, ruptura y falla de las estructuras de desarrollo social-humano-ecológico, y hacerlo desatando el protagonismo ciudadano y sus enormes potencialidades emancipadoras y éticas en la concepción y concreción de la idea del socialismo.

La vertebración de un eficiente y abierto sistema de formación de opinión pública y de retroalimentación de lo político-institucional y del corpus de la sociedad civil resultará en ese esfuerzo, una condición imprescindible para que nuestras metas como individuos sean contenidas dentro de las metas del país. Sin dudas, esta será clave para que la continuidad y el perfeccionamiento democrático del proyecto social que se ha ensayado en Cuba no sucumba entre su progresivo anquilosamiento y envejecimiento utópico y el peso de las ideas que históricamente han funcionado como su contrapartida. La coincidencia colectiva en ese proyecto –de la que eclosionó el Socialismo en Cuba– dependerá siempre –como en el pasado– tanto de la posibilidad de poderlo interpretar colectivamente como de ser capaces, y estar en situación, de negociar entre todos una realidad social y política común.

Definitivamente, cualquier lógica social o institucional presente entre nosotros que haga de los medios de comunicación compartimentos estancos de los intereses y necesidades de legitimación política a costa de su capacidad de funcionar como un instrumento de plasmación, crítica, concepción y proposición de la realidad, y eficaz herramienta de control del poder en todos los niveles y zonas de ejercicio, acabará ella misma por producir –y sucumbir ante– eventos de dominación –dominaciones– que subordinarán y reducirán la acción individual y colectiva presentes en los procesos sociales a típicas acciones concertadas desde ejercicios de poder, influencia y autoridad de élites, grupos e individuos.


Notas:

1.    Vid. Guevara, Alfredo: Dialogar, dialogar (escuchar, enseñar, afirmar, aprender), Ediciones Nuevo Cine Latinoamericano, La Habana, 2013, p.140.

2.    Para solo poner un ejemplo, en 2014, a propósito del Día de la Prensa Cubana, Theodor Friedrich, representante en Cuba de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) entregaba un reconocimiento a 8 periodistas cubanas de diferentes publicaciones y del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, por la profundidad y sensatez con que abordaron asuntos vinculados a áreas de interés de la organización. Vid. La FAO reconoce a periodistas cubanas, en Juventud Rebelde, jueves 3 de abril de 2014, año 49, No. 139, p.8.

3.    En cambio, la sustanciación de la función educativa y de trasmisión social de valores de los medios cubanos, fue un poderoso y efectivo instrumento de cambio social que tributó al imago mundi de generaciones de cubanos, su sensibilidad y desarrollo civilizatorio.

4.    Como lo había demostrado, para solo citar dos ejemplos, el inédito y masivo proceso de transición a un consenso sobre el socialismo ocurrido entre 1959-1961, en un país marcadamente anticomunista como Cuba, o más recientemente en el tiempo, con la rearticulación socio político y constitucional de inicios de los años 90.

5.    Desconozco cuáles razones técnicas, financieras, o de otro tipo, si las hubo, pudieron provocar que las emisiones de TELESUR, de las que Cuba es fundadora, estuvieran restringidas a una selección de contenidos realizada por el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT)  –algo similar ocurrió también en Argentina–,  lo cierto es que incluso después de alcanzar una trasmisión de 12 horas, el ángulo de reflejo de la realidad cubana es muy bajo y casi inocuo en contraste con el de otros países. Sin embargo, programas como Dossier, conducido por el periodista Walter Martínez y retrasmitidos por el mismo canal, tienen entre los cubanos y cubanas una tele audiencia tan extraordinaria, exigente y culta como para influir en cambios de horario de retrasmisión del mismo, según insinuara su conductor.

6.    La irónica reflexión de una compañera apuntaba hace un tiempo atrás, refiriéndose a la televisión nacional, y recuerdo que citando a alguien más, que la programación de nuestros informativos parecía hecha por la KGB (Komitet Gosudárstvennoy Bezopásnosti, o Comité para la Seguridad del Estado) y la de entretenimiento por la CIA (Central Intelligence Agency)

7.    La “juridificación” de las libertades reconocidas por la Constitución es imprescindible. Una Ley de Medios de Comunicación sería necesaria como primer paso para ese blindaje que se deriva de su regulación constitucional. Después de más de cuatro décadas de su promulgación, el mandato constitucional que relaciona la libertad de prensa y de palabra, sigue siendo, junto a otras reservas de leyes, una ausencia dentro del plan legislativo de la Asamblea Nacional, pero también un serio límite para la democracia en Cuba.

8.    Desde hace más de veinte años los medios cubanos han servido sistemáticamente de plataforma de reproducción de estereotipos sociales negativos sobre habitantes de las provincias de Pinar del Río y de Santiago de Cuba. En el caso de esta última el uso peyorativo del término “palestino” es una referencia que engloba en realidad a los habitantes de la región oriental.

9.    Las producciones de la Televisión Serrana, de una calidad desde todo punto de vista muy notable, y cuya aportación a la identidad y la cultura de la población rural o urbana montañosa y al conocimiento nacional de sus aspiraciones, problemas, necesidades y logros serían fundamentales, tienen en la actualidad una presencia insignificante en la programación de la televisión cubana.

10.    Una entrega del programa humorístico Vivir del Cuento de la Televisión cubana, centraba su trama en el viaje de dos de sus personajes a una instalación turística cubana gracias a la invitación que les realizara un ciudadano extranjero. Su estancia fue, por decirlo de algún modo, una especie de  hoja de ruta de la satisfacción de muchas de las carencias materiales    –la mayoría de ellas muy primarias– y espirituales que enfrentan los cubanos en la vida cotidiana, o si se quiere, la estancia en una dimensión paralela –y opuesta– a ella. El programa, que tuvo una duración inusual, concluía con el despertar de ambos personajes: todo había sido un sueño. La ironía, el sarcasmo y otros recursos humorísticos empleados hasta ese momento para presentar la realidad, dejaron serias dudas de hasta qué punto se trataba de un abordaje de ella, o al mismo tiempo expresaba, consciente o inconscientemente, la burla de un sector de la población cubana y la subsiguiente humillación de otros, impedidos de vivir, fuera o dentro de las instalaciones de turismo, de acuerdo a los estándares de calidad de vida allí exhibidos. Curiosamente, los personajes involucrados pertenecen al grupo etario en que a menudo coinciden la condición de adulto mayor y pensionado, cuya atención y protección será en los próximos años el desafío social más importante que enfrentará el Estado cubano.


sábado, 26 de marzo de 2016

Obama vino a vivir del cuento.




 Por Fidel Díaz





 Hace rato esperaba un chance para entrevistar a El Diablo Ilustrado, y hubiera preferido tejer un cuestionario abordando temas culturales, pero se me ha dado la oportunidad ahora y el tema Obama está en el ambiente. Espero, no obstante, una próxima oportunidad, diabluras adentro. 

F: En artículo de corte humorístico -que no circuló mucho-, a raíz del anuncio de intención de normalizar las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos aquel 17 de diciembre, escribiste que Obama no es bueno ná. Ahora, tras su visita a Cuba ¿sostienes esa afirmación?


EDI: Realmente la frase fue el título, y confieso que había cierto toque si no sensacionalista, con el ánimo de llamar la atención. Creo, no obstante que es la esencia de lo que decía. Y ahora, mi respuesta es que el problema no es únicamente que Obama no sea bueno, sino que le es imposible serlo en tanto que es presidente de los Estados Unidos. Esto no niega que pueda tener algunas virtudes personales, inteligencia, buenos modales, ser un hombre de familia, etc. Pero Estados Unidos es un imperio, y Obama, por tanto, un emperador. A veces envueltos en la feria de las ilusiones mediáticas nos quedamos en las impresiones ligeras –que, por demás. son fabricadas.


Vimos incluso a un Obama intentado ser actor, con lo cual ha logrado otro record: ser peor que Ronald Reagan, otro presidente de los Estados Unidos que había sido actor de películas hollywoodenses de vaqueros, los llamadoswesterns; y no lo digo yo, en su mandato han llovido los chistes acerca de su calidad actoral, sustentada además en su tiempo por la crítica cinematográfica norteamericana. ¿por qué Obama se prestó para el papelito en el programa de la televisión cubana Vivir del cuento? Pues porque se lo orientó el equipo de asesores que diseña sus pasos y su imagen.


Está publicada la entrevista a Luis Silva (Pánfilo) en que explica cómo lo llamaron de la Casa Blanca esos “asesores”, le hicieron la propuesta de programa y estuvieron trabajando una semana –correo electrónico mediante- quitando bocadillos, puliendo la dramaturgia para intentar algo orgánico que diera la imagen que buscaban del presidente. ¿Por qué ese papel (para los que ven más allá de las apariencias podría decirse “papelazo”)? Buscando un simple impacto parsa ganarse al público.  ¿Te das cuenta? Estamos hablando de un presidente recurriendo a una actuación, y ahí está la esencia: se trata de que los presidentes en Estados Unidos son personajes de una gran maquinaria propagandística, que esconden las ideas, o la falta de ellas detrás de las apariencias.


Con esta aparición, en el programa de mayor teleaudiencia, y escogiendo un par de innings en el beisbol, los asesores le reforzaban una imagen popular en Cuba, cercana a los gustos de la población; y es que en el fondo la visita más que cualquier otro objetivo tenía el de romper la imagen de enemigos; o sea, dejar atrás 50 años de agresiones múltiples, borrar el pasado con un presidente simpático, casi populachero (incluyendo “qué bolá”, “echar palante” –cuando Obama es todo un gentleman de Harvard, que nada tiene que ver con las clases humildes) en el papel de amigo del pueblo cubano, para hablar de oportunidades económicas, con cierto toque de Papá Noel – sonriente, familiar, mostrando que el capitalismo es la solución- preguntaba a los cuentapropistas qué les hacía falta para prosperar, para que sus negocios fueran en grande. Estuve esperando que de un momento a otro sacara la varita mágica; sin embargo… ¿y el embargo? Los temas principales el bloqueo, la base naval, los dejó en el “estamos trabajando en eso”.  


F: ¿Por qué escogen un programa como Vivir del cuento?


EDI: Hasta hemos visto algunas películas y un excelente serial como House of cards que muestran descarnadamente cómo trabajan esos equipos multidisciplinarios, especialistas en medios masivos, que hacen investigaciones, sondeos de opinión… cuando te decía lo de que un presidente de los Estados Unidos es un actor, no tiene nada de metáfora, son literalmente personajes desde que optan por una carrera política. Es algo increíble, ¿te das cuenta de lo que estamos hablando? Quien ocupa la Casa Blanca no es alguien que ha llegado allí por un proyecto, por unos ideales, por su consecuencia, sino alguien que ha ido asumiendo ese papel que le dan cual si fuese en una telenovela. El equipo te escoge vestuario, pelado, si sales con familia o solo, si es conveniente que vaya contigo un perro, o que cargues a un niño, a dónde ir y a dónde no, revisan meticulosamente cada presentación en público, incluyendo los discursos, a algunos se los hacen completos. Estudian cada lugar al que van, por dónde deben entrar y a quién saludar… y esto es más que sabido. Lo mejor es que estamos en un mundo tal de simulaciones que eso se toma por normal.  


F: No me has respondido por qué el programa humorístico y esos encuentros con Pánfilo.


EDI: Obvio. Saben que es uno de los programas –si no el más- popular de la televisión cubana. Y que es de corte costumbrista que mira a la sociedad cubana, a nuestra cotidianeidad desde las diversas capas de la población, y que su personaje central representa a las capas más humildes. Para el diseño que trajo Obama de gran benefactor del pueblo cubano, le viene como anillo al dedo. Primero, causa un gran impacto en la población, como un gran número de circo, y aunque no quieras te deja la impresión de alguien campechano, que se quita el saco y se sienta a jugar dominó, preocupado por los desposeídos… en fin, dramaturgia. Si lo miras con un mínimo de agudeza te das cuenta de que es algo impostado. 


F: ¿Crees que, como ser humano, Obama es alguien insensible a lo que padecen los de abajo?


EDI: Eso es difícil de saber; tiendo a pensar que en su yo más profundo es un ser que tiene sensibilidad humana y que, a pesar de que no trabaja –ni puede trabajar- para los de abajo, pues… 


F: ¿Por qué no puede trabajar para los de abajo?


EDI: Volvemos a lo mismo. Obama puede ser, en tanto ser humano, un hombre hasta bueno; incluso cuando uno lo ve con su familia -aun sabiendo que eso casi seguro es parte del diseño-, no puede evitar simpatías hacia él en ese sentido; pero es el presidente de los Estados Unidos, y no se llega a ese puesto por gracia divina. Allá el que crea en el sistema democrático norteamericano, pero se sabe -ellos mismos lo han más que demostrado- que a la Casa Blanca llega el que deciden los grandes poderes que tienen los hilos económicos de la nación (y más allá de ella); un selecto grupo de megamagnates que tienen el control de todo el país, en primer lugar de los medios masivos y el armamentismo, así como las grandes industrias. Es un poder inimaginable concentrado en un grupo de personas. Para ser presidente hay que estar más que probado ante ese grupo de oligarcas para los cuales no existe el ser humano, solo consumidores. Hay que ser parte de ellos.


La campaña de Obama de 2008 tuvo un costo de 760 millones de dólares. ¿Quiénes dan ese dinero? ¿Para qué? Es una puja entre grandes empresarios, buscando garantizar sus intereses.  O sea, que las elecciones en Estados Unidos son un negocio más, en el que los grandes empresarios invierten en los candidatos –seleccionados por ellos mismos- a cambio de garantizar que una vez presidente, ese caballo por el que apostaron les garantice con sus medidas ventajas para sus negocios. Alguien mínimamente antisistémico no tiene posibilidad ninguna no solo de llegar a la presidencia de los Estados Unidos, ni siquiera de ser escuchado en los grandes medios masivos; esa posibilidad no existe. Allá el que crea también en esa libertad de expresión, y que allí se puede hablar libremente. Allí se puede atacar a un presidente, lo que no se puede es atacar el sistema. Puedes hacerlo, pero imprimir un volante, o en una radiobase, y sin hacerte muy popular. Los de abajo no tienen voz, ni pueden tenerla porque los medios masivos son monopolios privados, que pertenecen ¿a quién? A los multimillonarios, cadenas que no dejan levantar cabeza a nadie que se oponga a sus intereses ¿y cuáles son sus intereses? Los de la oligarquía, que ni siquiera es solo estadounidense, pues de manera que son un imperio, tienen carácter global. En el mundo se dice, y se repite, lo que a ese grupo de megamagnates le conviene. No hay verdad sobre la tierra, sino la que fabrican con ese poderío mediático incalculable. 


F: ¿No estás absolutizando?


EDI: Bueno, está Telesur, y nuestros pequeños canales y emisoras públicas, lo cual es nada contra lo que enfrenta. Mira estos datos: De las 300 primeras firmas de información y comunicación en el mundo, 144 son norteamericanas, 80 son de la Unión Europea, 49 son japonesas. ¿Qué le queda al Sur?


Sigo: De las primeras 75 empresas de prensa, 39 son norteamericanas, 25 son europeas, 8 son japonesas. De las 88 primeras firmas de informática y telecomunicaciones, 39 son norteamericanas, 25 son europeas, 8 son japonesas. ¿Hay libertad de expresión? Claro, para los poderosos, o sea: los países que dominan al mundo, y dentro de ellos, los grandes empresarios dueños de esos monopolios. Que cada día son más concentrados en una persona o una familia, pues compran más medios y los unifican.


Veamos uno solo de esos monopolios, analiza estos datos de la acumulación de una sola firma: Time Warner AOL (Estados Unidos).


Resultado de la fusión entre la revista Time, la productora cinematográfica Warner Brothers y el proveedor de servicios de internet América Online. Es líder mundial en la venta directa de información y entretenimiento. En el 2001, por ejemplo, obtuvo ingresos por 38 mil 234 millones de dólares. Es la editora de revistas más grande en EU con 120 millones de lectores a nivel mundial y posee canales de televisión que abarcan Europa, Asia y América. En el 2001 produjo y exhibió dos de las películas más taquilleras: Harry Potter y El Señor de los Anillos. Maneja la segunda compañía discográfica en el mundo y la segunda operadora de televisión por cable con 12.8 millones de suscriptores.


Veamos una lista breve, por arribita, de los medios que controla:


Editoriales de libros (28 en total): Time Life Books, Book-of-the-Month Club (50% AOL Times Warner y 50% Bertelsmann), Paperback Book Club, Warner Books


Canales de Televisión (38 en total): Warner Brothers (17% es de AT&T), HBO, Cinemax (25% de AT&T), Comedy Central (12.5% de AT&T y 50% de Viacom), E! And Style (tiene el 7.5% y el resto es de Disney, Liberty Media y Comcast), CNN, Cartoon Network, TNT, Music Choice (con Sony, EMI, AT&T y otros)


Otros servicios: Road Runner (modem desarrollado con Media One Group, Microsoft, and Compaq), Time Warner Communications (servicio telefónico), Time Warner Security (seguridad residencial y comercial por monitoreo)


Producción y distribución de televisión (15 en total): Warner Bros, Hanna – Barbera, Castle Rock Entertainment


Revistas (79 sin contar los DC comics): Time, Fortune, Life, Sports Illustrated, People, Entertainment Weekly


Música (70 firmas): Warner Bros, Atlantic, Columbia House (50% con Sony)


Internet (además de diversos sitios de internet): America Online, CompuServe, Netscape, ICQ Instant Messenger, Winamp


Mercadotecnia: Productos de la marca Warner Bros y sus tiendas (170 en 30 países), Parques recreativos


Producción Cinematográfica: New Line Cinema· Warner Bros, Fine Line Features


Además de unos cuantos equipos de futbol, ventas por televisión, televisión vía satélite y acciones en Radio Sportsline.


Cuando lees esa información te surge una pregunta ¿quién tiene la libertad de expresión? Ese mismo monopolio es uno de los pocos en el mundo; enfrenta sus intereses y verás. Lo vemos en América Latina, cada vez que hay un gobierno de izquierda le arman la gran campaña de difamación monopolios como este y los no menos jugosos monopolios de los principales países. Por ejemplo, Argentina. Hay quienes no comprenden cómo Macri salió en las elecciones, siendo un representante de la oligarquía más de derecha y reaccionaria. Pues la respuesta es sencilla, si miras el poderío mediático no hace falta razonar.


En Argentina hay dos grupos que son dueños de casi todos los medios de comunicación, ellos son Telefónica Argentina S.A. y el Grupo Clarín. ¿Sabes lo que significa que dos grupos de la oligarquía dominen los medios?


Para que veas de qué estamos hablando veamos uno de ellos, Telefónica Argentina S.A.


Posee Telefé, Radio Continental, FM Hit, ocho estaciones provinciales, revista Gente, Para Ti, Billiken, La Chacra y Campo Argentino. Además, cuenta con Canal 11 de Salta, Canal 8 de Córdoba y Canal 7 de Neuquén, la compañía de TV del Atlántico (a través del Canal 10 de Mar del Plata), Patagonik Film (30 %), y el 20% de Torneos y Competencias (eventos deportivos). Sprayette S.A., Katalyx Argentina S.A., Atento Argentina S.A. y Emergia Argentina S.A. Es dueña de Advance (proveedor de servicio de Internet), Telinver S.A. (empresa que publica las guías telefónicas), Altocity.com S.A. (un shopping virtual), Telefónica Data Argentina (servicios Web para empresas), Telefónica Móviles S.A. (telefonía móvil, con su producto estrella: Unifón), Terra Networks S.A. (grupo global de Internet con presencia en 43 países – el tipo de gigante comercial que absorbe a la competencia pequeña.


Si todo ese poderío se pasa meses expandiendo la imagen de que Macri es bueno, que Cristina es mala, si a eso le sumas que esos mismos magnates te hacen una guerra económica pues son los dueños o los aliados de todos los negocios, ¿por quién vota la mayoría? A veces, excepcionalmente, se da que el carisma de un líder es tal que llega al casi colmo de romper ese cerco, pero calcula el bombardeo, cambias de canales en la TV y todos con ese mensaje, levantando además calumnias pues no hay el menor apego a la verdad; a veces le basta con amplificar algo que publicaron en un blog, -o mandaron a publicar en un blog- luego lo rebotan todas las cadenas con cintillos como “según algunas fuentes de información”… y ya está regada la campaña, dígase contra Lula o Dilma, Evo, Cristina, Maduro, Correa, es algo realmente monstruoso y que la gente regularmente cree. Porque si lo dicen todos los medios –aparentemente distintos- debe ser verdad. Esto viene acompañado de un sistema ideológico que hace creer a las “masas” que son voces distintas, que hay diversidad, que hay libertad de expresión, y que representan los intereses del pueblo, y lo que hacen en realidad es someter al pueblo a los intereses de los grandes mercaderes. 


F: Pero nos hemos apartado de Obama…


EDI: Para nada. Cuáles fueron las “causas” que vino a defender Obama en Cuba.


1.Internet. El benefactor del pueblo cubano quiere que estemos bien informados porque la falta de libertad de expresión nos tiene aislados del mundo. Ya vemos cuál es la libertad de expresión capitalista, cada vez menor –si eso fuera posible-pues cada día se concentran más, casi hasta el absoluto, los monopolios mediáticos. ¿Por qué Obama enfatiza tanto Internet? Porque la TV, la radio y la prensa en Cuba son estatales y no pueden penetrarlas para subvertir, como hacen en Venezuela, Argentina, o Brasil, por poner ejemplos clásicos de estos días. Lo han intentado financiando medios desde Miami, con un ataque de cientos de horas diarias de agresión radiotelevisiva, durante más de 50 años, pero no han logrado el objetivo, de ahí el famoso y tan reiterado “no funcionó” de Obama, que muestra el cinismo de la filosofía gubernamental estadounidense. El cambio hacia Cuba no es motivado por la comprensión y reconocimiento de una acción como el bloqueo que va contra los derechos humanos, sino porque –con todo el pragmatismo maquiavélico imperial- no funcionó y hay que buscar otra vía para lo mismo, para destruir el sistema. 


F: Entonces… ¿consideras negativo el Internet que nos ofrece?


EDI: Por el contrario, toda tecnología para los cubanos son beneficiosas; porque, amén de todos los problemas y retrocesos, incluso educacionales, hay una espesura cultural, espiritual, ética, ideológica de dimensiones que no pueden calcular ni los especialistas que han tejido el plan con rostro Obama hacia Cuba. Ya sabemos de la ideología mediática American way, que se ha expandido por el mundo, y claro que es un nuevo reto, pero también Internet es un paso gigante para cualquier investigación, trabajo, intercambio de cultura que no está en los primeros planos de las redes globales que proponen la desinformación y el aparataje seudo-informativo, ese entretenimiento insustancial con el que tratan de despoetizarnos, desmovilizarnos, encerrarnos en la burbuja que nos rebaja del status de persona al de consumidor. Y si ellos quieren contribuir al desarrollo tecnológico pensando que con eso nos tumban, bienvenida la contribución. Aunque Cuba está en ese camino sin tener que acudir a la tecnología norteamericana, (a fuerza de tantas trabas que nos han puesto). Ahora los “benefactores” insisten generosos en “desarrollarnos” a los inditos, claro que desde el sector privado; pues se trata de sembrar las bases del capitalismo.


F: Dabas a Internet como punto 1 ¿cuáles son los otros?   


EDI: Precisamente el punto 2 es la fábrica de grandes empresarios. El propio Obama en su discurso ante los cuentapropistas, se lo plantea como de mediano a largo plazo. No es que abogue por la propiedad privada, o los negocios particulares, que sabe que ya los hay en Cuba, puso énfasis especial en los grandes negocios, o sea, sembrando la ambición con el slogan de ser emprendedores y hasta puso el ejemplo de los cubanos negociantes de Miami. Por supuesto, no hizo alusión de ese “emprendimiento” que parte de los esbirros de alta jerarquía que saquearon los fondos de la nación cuando se fueron con las maletas repletas en 1959, y que desde entonces con el privilegio, y financiamiento politiquero, del propio gobierno norteamericano desde entonces, han creado una casta ultraderechista con gran poder económico.


El objetivo es tener a la vuela de unos años una oligarquía de grandes magnates, que lógicamente, tendrán intereses de clase, capitalistas, y como tales actuaran contra todo proyecto socialista y en unión de otras oligarquías del continente.  Todas, curiosamente, tienen a Miami como capital ¿será que allí es donde “se corta el bacalao”?


F: En síntesis lo que propone es que hagamos paulatinamente el capitalismo, porque la economía socialista es ineficiente; hasta aludió a las bondades de la economía de mercado.  


EDI: Si realmente Obama quiere ayudar a los pobres de la tierra sería bueno que desplegara allí, en sus Estados Unidos, el mismo entusiasmo y carisma que mostró en el gran Teatro de la Habana incitando a los cuentapropistas cubanos a convertirse en grandes empresarios. A ver si logra impregnar de ese espíritu emprendedor a los 46,7 millones de pobres que tiene en su país, el que él gobierna, o al menos a los 20,8 millones de norteamericanos que viven en lo que se valora como “pobreza severa”. Si hay tantas oportunidades en el paraíso de la propiedad privada cómo se entiende que el país más rico del mundo, tenga una tasa de desempleo de 4.9 por ciento es decir unos 7.8 millones sin trabajo alguno. Más de 500.000 personas en Estados Unidos viven en las calles, en sus coches, en albergues u hogares subsidiados por el Estado por la falta de hogares asequibles, aproximadamente un cuarto de los “sin techo” son menores de 18 años.


Esa es la exitosa economía de libre mercado que nos trajo sonriente, el apuesto Obama.  Claro que no es él, el problema es sistémico. El llamado libre mercado no es más que la rapiña de unos seres contra otros para escalar en una sociedad diseñada para medir a la gente por lo que tiene y no por lo que es, es la competencia impía del que araña para hacer crecer los negocios sin piedad con nadie y solo pensando en amasar fortuna sea como sea, en un proceso imparable en el que no importa el prójimo ni la sociedad. De ahí que el capitalismo sea el enemigo de los pueblos, y en la etapa presente más todavía porque cada día la riqueza se acumula en menos manos, por lo que las “oportunidades” son para menos, y los más, que crecen, pasan a una miseria mayor. En esa rapiña consumista, se saquean los recursos naturales, y se contamina el ambiente hasta niveles ya insostenibles y ¿por qué es tan difícil cambiar algo que ya visiblemente está destruyendo el planeta? Porque son los intereses de los grandes magnates y no están dispuestos a disminuir un ápice sus ganancias para salvar nada, ni a nadie.


Obama, por ejemplo, ha intentado limitar la tenencia de armas de fuego, a ver si disminuye un poco la escandalosa violencia en su país, alrededor de 13 mil personas son asesinadas cada año en Estados Unidos; pero los grandes magnates, los que colocan a los presidentes en la Casa Blanca con sus millones, están detrás de la sociedad del rifle y la industria armamentista, que son de los más fabulosos negocios a nivel mundial. De ahí que Estados Unidos no puede dejar de hacer guerras, fabricarlas, en todos los rincones del planeta y de ahí que hayan inventado el cartel de gendarmes mundiales, como los policías que velan por la democracia universal. Lo cual no es más que la justificación para tener tropas y armar guerras en cualquier “oscuro rincón del planeta” como diría Bush.


F: Por qué ese cambio de política de Estados Unidos con respecto a Cuba mientras con el resto de los países de gobiernos de izquierda mantienen la guerra abierta.


EDI: Ya casi te contesté, se han visto obligados a cambiarla y el mismo Obama lo declaró porque el método tradicional no ha funcionado. América Latina se estaba escapando del poder imperial y han rediseñado su política; han recrudecido las campañas mediáticas y la desestabilización económica contra Venezuela, Argentina, Brasil, Bolivia… arman campañas difamatorias en los medios contra los líderes, caotizan la economía, si eso no alcanza arman manifestaciones llegando a la violencia, en la medida en que se acercan las elecciones, en fin una guerra sin cuartel para lo que cuentan con los monopolios mediáticos y los poderes económicos, todos en manos de las oligarquías. ¿Por qué hay que cambiar con Cuba? Porque aquí la economía es fundamentalmente estatal y los medios también, o sea que no tienen esas armas. Han insistido por métodos diversos durante medio siglo, desde bombardeos, ataques costeros, infiltraciones de bandas armadas, invasión, sabotajes, plagas, intentos de magnicidio, manipulación de la emigración, pagando disidencias y otros derroches de imaginación malévola y no lo han conseguido. Hasta que sacaron las cuentas. Y han decidido entonces pasar de la fuerza a la tentación. Por otra parte, este cambio de política tiene un valor añadido para ellos: dando la imagen de que no somos tan enemigos creen que podrían restar a la integración latinoamericana ese papel de líder moral que tiene Cuba; contando con que de alguna manera bajemos un poco el tono de la voz antimperialista.


F: ¿Entonces te parece bien o mal la visita de Obama a Cuba?


EDI: Buenísima, aunque no lo hizo muy explícito Obama mediante, ha reconocido Goliat que Davisito ganó ese combate, y que tienen que cambiar el tipo de guerra. No es que sea fácil, pero ahora tienen que medir más los pasos. Ya, por ejemplo, no pueden ponernos de nuevo en una lista de países terroristas; algo inconcebible, cuando hemos sido los agredidos.  Estuvimos hasta hace unos meses en esa lista, y de pronto no solo Obama viene sino que trae a su familia (la mujer, las hijas y hasta la suegra) –algo en lo que también creo que es innovador, no recuerdo otro presidente del mundo haciendo una visita oficial con suegra (esto habla bien de él, y de ella). ¿Te imaginas a alguien arrastrando a su familia a un país terrorista?


También reconoció los logros en salud y educación; algo subrayado ya por la humanidad entera, pero que lo haga un presidente de los Estados Unidos es un gran paso. Quedaron sobre la mesa varios campos de colaboración. Está planteado el mayor intercambio académico, de proyectos y de visitantes, lo cual va a reservar más sorpresas para los norteamericanos que visiten la isla que a la inversa, pues ya los medios nos muestran sobradamente la cara hermosa del Norte.


Esta visita cambia radicalmente no solo la mirada hacia Cuba en los Estados Unidos, también en el resto del mundo donde se replica la visión del infierno caribeño que ofrecen los grandes circuitos mediáticos. Aunque seguirán las campañas y hasta acrecentadas, tienen que tener otro matiz a partir de ahora.


En cuanto a Obama personalmente, ha tenido que enfrentar, por supuesto, los ataques de la ultraderecha y desafiar todo ello merece ser reconocido; por otra parte, dentro del papel de un presidente de los Estados Unidos fue bastante respetuoso, si bien no dejó de exponer su política, obviamente contra el sistema socialista. Me parece maravilloso pasar de enemigos a muerte y a punta de pistola, a contrarios que colaboren en los puntos en que les permitan esas abismales diferencias. Ojalá se tomen en serio lo de tumbarnos por la vía de la relación económica y se limiten algo en cuanto al financiamiento de la subversión directa pero solo tres días después de salir Obama de Cuba  el Departamento de Estado anunció hoy un programa de orientación de prácticas comunitarias por $ 753.989 para “jóvenes líderes emergentes de la sociedad civil cubana.”


F: ¿Quién será el próximo presidente de los Estados Unidos?


EDI: Sospecho –y ojalá me equivoque- que será alguien de mano dura. Ya tienen redimensionada la política en el continente y está surtiendo efecto, las izquierdas pasan por un momento difícil y les conviene alguien que apriete ahora esas tuercas. La mujer la reservarán por si, como Bush, llega una etapa de descredito global. Precisamente con el artículo “Obama no es bueno ná” trataba de explicar, medio en broma, que habían colocado en la presidencia de los Estados Unidos a un negro como un efecto de impacto, de distracción, que cambiara radicalmente la imagen del país. Les urgía a esos grandes poderes del imperio, algo que enterrara informativamente la imagen troglodita de Bush; y de pronto la carta Obama sabrían que sería de un efecto descomunal. Creo que esperarán a otro bache similar, para echar mano al recurso de una mujer en el gobierno. Ojalá sean solo especulaciones mías.


T: ¿Qué pasaría con Cuba si gana la derecha las elecciones en los Estados Unidos?


EDI: No creo que cambie mucho, va a seguir este mismo curso, pues quienes trazan esas políticas son los poderes económicos, el grupo élite de la oligarquía imperial. Puede haber alguna puja entre los más interesados y los menos, en entrar en negocios con Cuba, o los compromisos con unos u otros, del que logre el sillón presidencial, pero en el fondo es el mismo juego. Fíjate que desde que comenzó todo este viraje, los grandes periódicos que hasta ese momento decían horrores de Cuba comenzaron a cambiar el lenguaje y a reconocer algunos logros de esta “dictadura” a la que siempre apellidan castrista. Un presidente puede influir algo, pero la política en los Estados Unidos la mueven los intereses de los monopolios económicos.



lunes, 29 de febrero de 2016

Latidos compartidos: un acercamiento bien hecho a problemas actuales de Cuba



No voy a hablar de aciertos estéticos (que los tiene) en Latidos compartidos, sino de asuntos que se dramatizan, en mi opinión, con matices adecuados. Bajo la dirección de Consuelo Ramírez y Felo Ruiz, con un guion de Amilcar Salatti, Gabriela Reboredo Iglesias, y Yunior García Aguilera, la obra ha ganado televidentes y provoca debate.

Uno de los temas que miro detenidamente es el de la mujer testigo de Jehová (Magdalena, interpretada por Loreta Estévez Canto), que no tiene un tratamiento ni despectivo, ni irónico.

La creyente se sumerge constantemente en contradicciones, desde sus relaciones sexuales hasta su obsesión de bautizar a un hijo adolescente, que, enamorado, no quiere reaccionar al placer por un bautizo, para el que no ha sido preparado.

El marido (Martín, actuado por Jorge Luis Fernández Treto) insistente en su necesidad erótica, cambia la actitud cuando su esposa conoce que padece de cáncer. Las contradicciones en ese núcleo familiar no se que solución tendrán, porque, además, Martín es un ex -recluso tratado con toda naturalidad, tal y como se le pide a la población que interrelacione con hombres y mujeres que cometieron algún delito y ya “pagaron” su deuda.

Hace años una siquiatra a la que admiré mucho, ante actitudes homofóbicas me decía “la gente no se da cuenta que el homosexualismo no es ni bueno, ni malo, sencillamente es”. Creo que bajo esa premisa se trabajó el guion y la dramaturgia de Latidos… Rogelio (Alberto González Corona) y Fabián (Luis A. Batista Bruzón) son no un par de gays, son una familia, su comportamiento no se acerca para nada al amaneramiento caricaturesco.

Con buenas relaciones de amistad y respeto con sus amigos, la pareja se enfrenta a la homofobia raigal de Macario (Manuel Porto Sanchez, de nuevo una buena actuación), padre de Rogelio que duda, más que eso, teme decirle a su padre que Fabián es su pareja, no su amigo. Esta actitud de presentar a los jóvenes en una actitud ética, que se enfrentan al sufrimiento ocasionado por Macario, hará que cuando este reconozca (así lo espero) que debe no tolerar sino aceptar a su hijo, los televidentes –al no ser algún retrógrado- aplaudirán ese reencuentro humano.

Darío, defendido por Alejandro Cuervo Aguiar, es ¡al fin ¡ un médico de carne y hueso: se enamora de una paciente que tiene al marido en estado de coma, por un accidente en el que intervino el propio Darío. Generalmente, los médicos en la televisión cubana son impolutos, este actúa como lo que es: un hombre que sucumbe ante el amor.

Otro aspecto novedoso es que el guion abarca dos paladares Vereda y Tropical (ese era el titulo, pero no lo pudieron usar por derecho de autor) en las que se ve eso que se llama cuenta propismo, que no se rige por el modo estatal cubano y que hasta ahora en un alto por ciento da buenos resultados.

Las dueñas de los establecimientos Luz Marina (Ariana Álvarez) y Tamara Morales (Omayda) representan dos puntos de vista distintos de ver la vida, aunque las dos estén enamoradas del mismo hombre, el abogado Maikel Yunior (Leonardo Benítez), y en sus vidas amorosas una es “honrada” y otra “casquivana”. Pero las dos exigen por igual el cumplimiento de sus empleados, “luchan” los abastecimientos e incluso compiten con la contratación de músicos para amenizar los locales.

En la propia relación con Maikel en ningún momento se habla de que es un negro y Omaida es blanca. Como escribí en algún momento no hay mejor mensaje antirracista que las manos blancas, acariciando, arañando la fuerte musculatura negra del hombre que posee a la mujer.

Luz Marina es voluptuosa, libre en sus relaciones, rasgos que ofrece convincentemente Ariana Alvarez, y que tiene un misterio con su embarazo. Habrá que esperar si este personaje sigue siendo un cascabel o en algún momento Ariana enseñe el rostro de alguien que parece no poder parir.

Hay otros dos tipos que resultan no comunes: el delincuente de cuello blanco Pedro Pablo (Ulik Anello Sánchez) y el buscavidas Buey de oro (Jorge Martínez). El primero es proxeneta, mentiroso, abusador, irrespetuoso con su esposa, en fin, un Lucifer envuelto en una tez blanca y el segundo en verdad juega a la ilegalidad pero es un buen tío, buen jefe, caritativo y noble, a pesar de su lenguaje ambientoso.

En fin. creo que latidos que comparto (aunque no me gusta el título) es una buena entrega para ese espacio que se debe respetar en nuestra tv: el mensaje de Rogelio y Fabián es más efectivo que decenas de cuartillas que se escriban en pro de que se imponga la aceptación con los personas de diferentes opciones sexuales. Y bueno, volveré sobre Latidos… hay otros aspectos a tener en cuenta.

(Tomado de Portal de la televisión Cubana)