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martes, 28 de marzo de 2017

Recordarlo como un grande al que no pudieron derrotar

Por: Eugenio Martínez
En este artículo: Cuba, España, Fidel Castro Ruz, Homenaje

Palabras de Eugenio Martínez Enríquez, Embajador de Cuba en España durante el acto de Homenaje a Fidel Castro Ruz el 25 de marzo en el Teatro Marcelino Camacho de Madrid.

Buenas tardes.

Después de las bellas e inteligentes palabras de Belen, las profundas de Angeles, las originales de Frabbetti, los mensajes de Javier, poco me dejan para decir, pero lo haré.

Gracias a los organizadores que saben los quiero mucho.
Los que vinieron de lejos a pesar de que los organizadores con razón le dijeron no lo hicieran porque no cabrían y era cierto.

A Centella y Alvaro del Partido Comunista de España, siempre con Cuba sin dobleces; a los diplomáticos nos acompañan, entre otros de Venezuela, que no se equivoquen, resistirá. En especial quiero mencionar al Embajador de El Salvador que es un guerrillero ahora representa a su país en Madrid, una guerrilla que Fidel siempre defendió.

Gracias por este bello esfuerzo, en el que han puesto todo su empeño ustedes, nuestros hermanos, compañeros, camaradas, amigos y compatriotas.
Hemos escuchado estimulantes testimonios, recuerdos, elogios e interpretaciones sobre el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana, donde hay mucho compromiso con su legado, que fortalecen nuestro aliento y la confianza.
Homenajes y actos de genuino recuerdo al líder cubano se han celebrado en España desde noviembre pasado en más de cuarenta localidades como Bilbao, Irún, Donostia, Ortulleia, Gijón, Oviedo, Santiago de Compostela, Lancara, Vigo, Badalona, Mollet del Vallés, Lérida, Sabadell, Torrelavega, aquí en Plaza Callao, en el CAUM, Carabanchel, frente a la Embajada, frente a los Consulados de Cuba en Barcelona y en Islas Canarias, en Valencia, Castelló, Alicante, Aragón, Zaragoza, Burgos, Pamplona, Las Palmas, La Laguna, Sevilla, Málaga, Granada, Cádiz, Guadalajara, Logroño, Valladolid, Huelva.

¡Gracias compañeros!

Estimados amigos:

Fidel sabía que la Revolución era un maratón, pero la corría como un sprint. ¿Sería porque conocía ya los obstáculos que enfrentaría su osadía necesaria? En 2011 Fidel escribió “la Revolución Cubana no disfrutó un minuto de paz.”

La continuada existencia de la Revolución cubana y la de su líder, fue tomada por muchos como un gigante atrevimiento. Para otros como una afrenta personal. Sí, fue un gigante atrevimiento, porque para Cuba no había otro tan necesario e imprescindible, un acto de rebeldía que imaginaban muy pocos tuviera el éxito que tuvo. El primero en atreverse fue Fidel, su gestor y líder; su soñador y artesano; su defensor y garante.

Durante el acto en Callao en diciembre pasado, recordé que José Martí valoró que “los hombres se miden por la oposición que se les presenta”. Esta imponente verdad, fue más cierta para el líder cubano que para nadie.
Los inconvenientes que se le interponían eran cada vez mayores como aquella bella canción de Silvio, ese símbolo bien escogido de la serpiente que mata y aparece una mayor. Los retos que enfrentó el Comandante en Jefe fueron siempre mayores, pero su lucha, su fé y optimismo (que para él eran lo mismo), se multiplicaban con el reto, no disminuían.

El líder cubano hizo trizas conceptos de las relaciones internacionales y de la política, como el fatalismo geográfico, el orden mundial existente; el papel de las potencias; los mitos raciales de supremacía blanca y los de género; nunca antes un país del llamado Tercer Mundo contribuyó con cientos de miles de sus valientes internacionalistas a defender la independencia, libertad y desarrollo, sin cobrar por ello, y los cubanos lo hicimos en países de ese mismo mundo a miles de kilómetros de distancia.

Nunca un representante de Fidel y de Cuba ha tenido que someterse a penosas presiones a la hora de decir las verdades que muchos se ven obligados a callar o murmurar. Así nos enseñaron nuestros líderes y así lo hacemos.

Y ese modo de vida, nos hizo más plenos como seres humanos, más grandes y felices porque nos movía el desprendimiento y la solidaridad, no el egoísmo.

“La permanente enseñanza de Fidel es que sí se puede”, resumió el General de Ejército Raúl Castro en la despedida a nuestro líder el pasado diciembre en Santiago de Cuba.

Bastaría esa actitud para continuar defendiendo su legado.

El 26 de julio de 1953 Fidel Alejandro Castro Ruz tenía 27 años cuando dirigió a 135 jóvenes valientes para asaltar la segunda fortaleza militar de la dictadura de Batista ocupada por mil hombres armados. Ciento treinta y cinco contra mil. Vean que reto. No se tomó el cuartel, pero encendió la chispa revolucionaria que no se apagaría hasta la victoria.

3 años después, 82 jóvenes cubanos comandado por Fidel desembarcaron en el Oriente de Cuba en un yate de recreo. Llegaron a un pantano, donde perdieron la mayoría de sus armas; el bote que utilizaron para trasladarlas a tierra, se hundió. Tras el pantano, atravesaron un zona de piedras afiladas donde sus calzados de desbarataban. 3 días después los revolucionarios cubanos son sorprendidos por el ejército de Batista. Los 82 se dividen en 28 grupos; 8 de esos grupos están compuestos por 2 o 3 combatientes, como el de Fidel, que sólo tenía 3. 13 expedicionarios se quedan solos. En resumen de los 82, sólo 21 llegan a la Sierra Maestra que era su objetivo.

No es necesario ofrecer otros datos. Cualquiera podría pensar que aquí terminó la historia, pero sólo comenzaba. Dos semanas después, el líder de la Revolución se encuentra con su hermano Raúl, expedicionario también y el Presidente cubano nos cuenta que Fidel le dio un abrazo y le pregunta: “¿cuántos fusiles tienes?” “Cinco”. Fidel replica :”más dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!”
¡Quién lo podía creer! Fidel. Y así fue 24 meses después. 21 derrotan a 80 mil y con siete fusiles el primero de enero de 1959 se ocuparon 100 mil armas de las que disponía el ejército de Batista. Esos 21 tenían el apoyo de millones de cubanos.

Ahora me permito muy resumidamente que las propias palabras del líder de la Revolución Cubana mejoren las mías para recordarlo:

De su perseverancia:

Preguntan a Fidel: ¿Cuál es el trabajo que menos le gusta? Respuesta: el trabajo de dormir, por el tiempo que tengo que invertir en eso.

De su actitud respetuosa:

Preguntan a Fidel: ¿Cree que el pueblo norteamericano pudiera aprender más conversando con usted? Respuesta: Aprender no, pero pudiera comprender mejor.

De su modestia:

Cierta vez, durante uno de sus viajes al exterior le preguntaron ¿Su visita ha sido histórica? Respuesta: No me corresponde juzgarla.

Su fe en la victoria y en el mejoramiento humano.

Preguntan a Fidel: ¿Por qué defiende el comunismo, si el comunismo murió?

Respuesta de Fidel: También murió Cristo y revivió. El socialismo sigue vivo y seguirá vivo porque la edad del egoísmo tiene que pasar.

De su lealtad:

Preguntan a Fidel: ¿Usted puede decir que la Historia lo absolvió? Respuesta: Estoy absuelto porque he seguido mis principios y mis ideas.

Su sentido del deber:

Preguntan a Fidel: ¿Usted está cansado de gobernar? Respuesta: ¿Quién ha dicho que esto es un deporte o un placer?

Así era Fidel, a quien le tocó conducir situaciones desacostumbradas, cambiar perspectivas habituales y asumir la flexibilidad táctica para conseguir los objetivos.
La evaluación del líder cubano puede resumirse en su eterna fe en la victoria, en que los hombres pueden conducir su destino, en que no hay límites para conseguir lo que se propone; que la victoria existe mientras se luche; que una derrota no lo es, hasta que no sea aceptada.

Su larga existencia y el cariño que recibió es la demostración irrefutable de sus victorias.

Fidel encarnó hasta el último de sus días la voluntad de millones, que durante décadas lucharon por su independencia verdadera, con la vía alternativa hacia la edificación de una sociedad más justa.

Esa alternativa no encontró manso el camino y debe evaluarse en las condiciones que se desarrolló. Esa vía de desarrollo, debe estudiarse sin ignorar que debió enfrentar el terrorismo feroz, el sabotaje económico, los bloqueos y sanciones, que aún persisten.

Un camino donde nos inventamos con el liderazgo de Fidel instituciones populares de Gobierno, no los eufemismos que se disfrazan de democracia. No nos quedamos en la Revolución en un ejercicio único de distribución justa de ingresos, se complementó con el acceso igualitario la superación; a la seguridad y protección ciudadanas y a la liberación plena de la mujer.

Esa alternativa de Fidel funciona porque no hay un niño desnutrido, ni desapariciones forzosas o públicas; donde no se asesinan periodistas, donde no hay mafias organizadas, ni tráfico de drogas, ni desahucios, ni hay que pagar por que te donen un corazón, ni te coloquen una prótesis, o para obtener un título universitario, para aprender a tocar guitarra, para acceder a la cultura o ser campeón olímpico; donde todos los niños están inmunizados contra más de diez enfermedades, entre otros motivos, razones por las que en Cuba han desaparecido para siempre, enfermedades que lamentablemente padecen otros pueblos del mundo que no tienen bloqueos, ni sanciones.

No se resistió Fidel a la idea que los conocimientos son patrimonio de naciones ricas y ahí están ya reconocidos, el aporte y competencia de científicos cubanos que él estimuló y guio hasta patentar cientos de vacunas y medicamentos contra enfermedades a las que accede nuestro pueblo cotidianamente, en un sistema que sobre la base de consumos austeros, busca la menor desigualdad posible.

Y muy lejos estaba el líder de la Revolución de conformarse, de considerar que todo lo que hizo y construyó era perfecto.

Cito sus propias palabras: “Los revolucionarios cubanos hemos cometido errores, y los seguiremos cometiendo, pero jamás cometeremos el error de ser traidores. Quizás el principal error de idealismo cometido, fue pensar que en el mundo había una determinada cantidad de justicia y respeto al derecho de los pueblos cuando, ciertamente, no existía en absoluto.”

Nuestro sistema tiene mucho que hacer todavía, mucho que corregir, muchos errores de revolucionarios que enmendar, aún con el asedio que nos rodea; conscientes de que esta herejía, tiene un alto costo que hemos pagado.

Sucede que los mismos que defendieron las sangrientas dictaduras militares llamadas descarnadamente “de seguridad nacional”, se ofenden porque en la Cuba de Fidel se sostenga por sesenta años una alternativa sin su beneplácito, como la gestamos y queremos los cubanos, donde se recuperó para siempre la igualdad de hombres y mujeres, sin importar color de la piel, origen social o posición en la sociedad.

Se puede discrepar con las ideas de Fidel. Claro, es totalmente legítimo. Nada más humano, pero no calumniar.

Ante su fallecimiento, los mismos que defendieron el apartheid, la discriminación racial y de género en pleno siglo XX, los paquetes de ajuste y empobrecimiento; los que nos aconsejaron hacerlo en Cuba sin pudor, como única salvación ante la caída de la Unión Soviética, los que practicaron y todavía practican la tortura como método, la encarcelación sin juicios y de hombres encadenados, atrapados en capitales europeas a plena luz del día sin escrúpulos y sin derechos, los mismos que agredieron a países soberanos con pretextos falsos, que asesinan a líderes políticos desde drones ocultos o con píldoras, disparos, equipos de buceo, bombas, como los más de seiscientos intentos que sufrió Fidel, fueron los que no perdieron un minuto tras su fallecimiento para intentar opacar su figura y trayectoria; para contener la admiración desbordada de los pueblos y el respeto de sus enemigos; y le adjudicaron asesinatos que nunca cometió, hambrunas en Cuba que no existen, torturas que no conocemos ni cómo hacerlas.

Repito lo que dije en diciembre, no se imaginen que nos van a derrotar desde una portada de un diario, ni de un plató de televisión, con mentiras y calumnias. El juicio de la historia sobre Fidel no les corresponde a los políticos mediocres ni a los medios de comunicación vendidos al capital, les toca a los pueblos y ya lo han hecho.

Hermanos:

La imagen de la aglomeración apoteósica de miles de personas en cada visita al exterior del líder cubano, los millones que leían sus discursos, entrevistas y reflexiones, junto al interés de quienes visitaban Cuba por encontrarlo, la admiración permanente de los pueblos, el hábito cariñoso de cada uno de los que lo conocieron por conservar como trofeos esos minutos o largas horas que compartieron con él, los millones en Cuba y en el mundo que lo despidieron dentro del dolor y el compromiso, como hoy ustedes lo hacen, una suerte de cautiverio revolucionario de admiración y pasión, contrasta con otra enorme colección de medios de comunicación y políticos que no pasarán a la historia, quienes en extraña paradoja se morían por entrevistarlo, al mismo tiempo que no cesaban cotidianamente de criticarlo y empañar su figura, acompañando así a la reducida cantidad de quienes lo adversaban; cantidad pequeña, pero esforzada y poco exitosa en su afán de eliminarlo físicamente y disminuir la fuerza de su ejemplo y virtudes.

Esta es la demostración irrefutable de que el Comandante en Jefe de la Revolución Cubana colocó sus fuerzas del lado de las necesidades de los pueblos, no de las oligarquías.

Amigos, si los admiradores de Fidel se unieran en una sólo patria, nuestro país sería uno de los más poblados. Esa patria de la solidaridad con Cuba, la patria de Fidel, que componen ustedes junto a millones, es inextinguible, tangible e internacionalista como él quiso que fuera el mundo, donde luchó por terminar el egoísmo y pasar a la era de la solidaridad.

La era que gestó en Cuba junto a su noble pueblo; pueblo que guió para que en admirable prueba de altruismo, consciencia ciudadana y espíritu revolucionario, entregara la vida de dos mil de sus hijos para defender la libertad de muchos pueblos del llamado tercer mundo; o para vencer la ignorancia y la ceguera con programas cubanos de alfabetización o de salud; para salvar millones de vidas de seres humanos excluidos por lo modelos de organización social típicos del capitalismo.

Compañeros:

El poeta Paul Valéry sentenció “Los grandes hombres mueren dos veces: una vez como hombres, y otra como grandes.” Así nos dejó Fidel.

Sé que lo han oído una y otra vez, también sé que nos creen; mas les reitero que los cubanos y cubanas no abandonaremos el camino rebelde y necesario iniciado por Fidel, su prédica de cambiar lo que deba ser cambiado para el disfrute de las mayorías, no de elites o transnacionales; no dejaremos que nos gobiernen o nos digan qué hacer otros y serán las instituciones populares que lideró Fidel; el partido que fundó y de vanguardia, el pueblo cubano, el que nos conduzca a lo que deba ser cambiado; para que nunca, nunca, dejen de mandarse a sí mismos los cubanos y que brille la estrella de las cinco puntas, libre e independiente de verdad, sin unirse a ninguna constelación que la someta.

Y como él habló siempre mucho mejor que nosotros, no puedo concluir sin sus palabras.

Preguntan a Fidel: ¿Comandante cuál es su peor enemigo?

Respuesta: No tenemos enemigos peores, porque a todos, a todos los podemos derrotar.

Así lo vamos a recordar, como un grande al que no pudieron derrotar.

Patria o Muerte: !Venceremos!

lunes, 27 de marzo de 2017

Buscando a Pablo, el escritor y brigadista cubano enterrado en Montjuïc


Por: Silvia Marimón
En este artículo: Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, Fotografía, Historia, Pablo de la Torriente Brau
27 marzo 2017

Según el testimonio de las hermanas, Pablo de la Torriente Brau estaría enterrado a pocos metros del nicho 3772. Foto: FRANCESC Melción CENTRO CULTURAL PABLO DE LA Torriente BRAU
Según el testimonio de las hermanas, Pablo de la Torriente Brau estaría enterrado a pocos metros del nicho 3772. Foto: FRANCESC Melción/ Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau.
En julio de 1936 el escritor y brigadista cubano Pablo de la Torriente Brau asistió a un mitin a favor de la República española en Union Square y decidió que tenía que ir a España a luchar en la Guerra Civil. Participó en la Batalla de la Carretera de La Coruña, en el noreste de Madrid, entre el 29 de noviembre de 1936 y el 15 de enero de 1937. En uno de los días más cruentos por la superioridad numérica del enemigo y por la niebla, el brigadista cubano cayó y cinco soldados rescataron su cadáver de entre las líneas enemigas.
“Encontré a Pablo: estaba tendido en el suelo, boca arriba, el cuerpo todavía estaba caliente. Le grité, ‘Pablo’, pero no me contestó. Le quité la chaqueta y la camisa y vi que una bala le había entrado por el corazón y le había salido por el hombro”, escribía el soldado Justino Frutos, que fue compañero de Pablo de la Torriente Brau en la décima Brigada Mixta, comandada por Valentín González, el Campesino.
El cuerpo fue embalsamado y lo enterraron el 23 de diciembre de 1936 en el cementerio madrileño de Chamartín, y el 13 de junio de 1937 lo trasladaron al nicho número 3772 de Montjuïc con el propósito -así lo quería él y su mujer- de llevarlo a Cuba. Pero los republicanos perdieron la guerra y Pablo de la Torriente Brau nunca salió de Montjuïc.
Desde los años 60, el consulado cubano quiere recuperar los restos de este periodista y escritor cubano a quien el poeta Miguel Hernández dedicó el poema Elegía segunda que después Silvio Rodríguez convirtió en canción.
Pero exhumar los restos de Pablo de la Torriente Brau no es fácil. En el Registro de Cementerios de Barcelona consta que su cuerpo estaba embalsamado y que se depositó en el nicho 3772 en una concesión temporal por dos años. El 26 de septiembre de 1939, según se especifica en el mismo registro, se acabó la concesión, se sacaron sus restos del nicho, y se colocaron en una fosa. En ningún lugar se especifica cuál.
Un estudio elaborado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, la Asociación Científica ArqueoAntro, la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales y la Universidad del País Vasco reivindica su exhumación y da muchos detalles sobre dónde podría estar enterrado De la Torriente. El antropólogo Javier Iglesias, de la Sociedad ArqueoAntro, que ha participado en más de 40 exhumaciones, destaca la importancia de que los restos del brigadista cubano sean desenterradas: “Es vital recuperar los restos de aquellos que vinieron a luchar en España contra el fascismo y, además, lo reivindican desde los años 60”, asegura.
En 1963 Isidro Rosales Quesada, técnico de la Embajada de Cuba, redactó un informe para localizar la tumba de De la Torriente. Rosales contaba que había visto el nicho y que los trabajadores del cementerio le habían indicado la fosa donde se la había enterrado en 1939: “Está al lado del nicho y la fosa está totalmente sellada”, aseguraba Rosales. En ese momento, sin embargo, la exhumación fue imposible.
Foto: Cortesía del Centro Pablo.
Foto: Cortesía del Centro Pablo de la Torriente Brau.

Conversaciones con la Generalitat

En 1970 la hermana de Pablo de la Torriente Brau, Zoe, se entrevistó con el enterrador que sacó el brigadista cubano de su nicho y lo trasladó a la fosa, y le indicó el mismo lugar que mencionaba Rosales.
“Esta persona, con la ayuda de un libro de referencia que utilizan los trabajadores del cementerio, la llevó al lugar que él recordaba y, sin dudarlo, señaló el punto exacto donde se depositaron los restos del Pablo y de once adultos más y dos fetos, que podrían proceder de otras sepulturas temporales o bien haber llegado ese mismo día en el cementerio”, afirma el estudio.
En otro documento se detalla que, según el enterrador, los otros once enterrados podrían ser fusilados. Años más tarde, otra hermana del Pablo, Nora, fue al cementerio y el enterrador le indicó el mismo lugar.
La dirección general de Relaciones Institucionales de la Generalitat admite que está en conversaciones con el consulado cubano -hay prevista una reunión esta semana-, pero que aún no puede adelantar qué acciones emprenderá. Iglesias cree que es importante abrir una zanja y averiguar qué hay debajo del lugar que señalaron tanto Rosales como las dos hermanas del brigadista: “Puede ser un osario, una fosa individual o colectiva”, apunta Iglesias. “La familia señala un lugar pero en esta zona no tenemos constancia de que hubiera habido ninguna fosa. Hoy en día no tendría ningún sentido que enterraran alguien allí, pero era en 1939 y entonces podía pasar de todo”, dice el director general de Cementerios de Barcelona, Jordi Valmaña. En cualquier caso sería la primera exhumación de este estilo que se hace en el cementerio de Montjuïc.

Una mata de pelo

El equipo de Iglesias aporta también pruebas genéticas. En 2009, Zoe de la Torriente Brau entregó a Vicente González, presidente de la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales, una mata de pelo que su hermano le había dado poco antes de venir a luchar en la Guerra Civil Española: “Es todo un reto para los genetistas, porque nunca antes se había tenido material genético de una persona represaliada, pero también se podría comparar con familiares no directos [ni Pablo ni sus hermanas tuvieron hijos pero la Asociación de Amigos de las Brigadas internacionales está intentando localizar familiares de tercer grado que viven en España] o pedir al gobierno cubano que exhumar los restos de alguna de sus hermanas enterradas en Cuba”, dice Iglesias.

Uno entre mil brigadistas cubanos

Pablo de la Torriente Brau. Foto: Archivo.
Pablo de la Torriente Brau. Foto: Archivo.
Víctor Casaus es el director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, fundado en 1996 en La Habana para preservar el archivo y toda la documentación del escritor y brigadista cubano. Han publicado toda su obra en doce volúmenes: “Raúl Roa [un escritor y diplomático cubano] intentó en muchas ocasiones encontrar los restos del Pablo, incluso durante el gobierno franquista, pero no lo consiguió”, asegura Casaus.
“En Cuba es muy conocido como escritor, por su obra periodística. Escribió Crónicas de la guerra en sólo tres meses, los que estuvo luchando, y porque vino en España, como más de mil cubanos, para defender la República”, añade.
Pablo de la Torriente Brau nació en Puerto Rico el 12 de diciembre de 1901 y se trasladó a Cuba con su familia en 1913, donde su padre fundó el Colegio Cuba. Se matriculó en la Universidad de La Habana pero nunca se licenció porque se involucró en la lucha política contra la dictadura de Gerardo Machado. Escribía en diferentes publicaciones y estuvo en prisión dos veces. Soñaba ser capitán de barco y superó todas las pruebas de la Escuela Naval de Cuba pero al final del examen salió su espíritu rebelde y escribió: “En Cuba, senador es sinónimo de botellero [aprovechado]”.
Se exilió en Nueva York dos veces y se ganó la vida fregando platos y vendiendo helados. Allí fue donde decidió que tenía que irse a España a luchar:
“He tenido una idea maravillosa. Me voy a España, a la revolución española. ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Estaré cuando ni Hitler ni Mussolini puedan sostenerse más y se lancen a la guerra, y entonces vendrá la batalla definitiva entre oprimidos y represores. Y asistiré, sea como sea, el gran triunfo de la revolución”, escribió.
El 1 de septiembre, este escritor y periodista al que Cuba ha dedicado una fundación muy activa a nivel cultural, cogió un barco para ir a España. De momento, 81 años después, todavía no ha salido. “Me quedaré en España, compañero/ me dijiste con gesto enamorado/ y al final sin tu edificio tronante de guerrero/ en la hierba de España te has quedado”, escribía Miguel Hernández en el poema que le dedicó.
Foto: Cortesía del Centro Pablo de la Torriente Brau.
Foto: Cortesía del Centro Pablo de la Torriente Brau.
Pablo de la Torriente Brau, con tres de sus hermanas, en el monumento a los estudiantes de Medicina, junto al Malecón habanero.
Pablo de la Torriente Brau, con tres de sus hermanas, en el monumento a los estudiantes de Medicina, junto al Malecón habanero. Foto: Cortesía del Centro Pablo de la Torriente Brau.
Foto: Cortesía del Centro Pablo de la Torriente Brau.
Foto: Cortesía del Centro Pablo de la Torriente Brau.

En video, Silvio Rodríguez canta la Elegía segunda de Miguel  Hernández a Pablo 

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domingo, 24 de abril de 2016

Silvio Rodríguez: “Los vientos de cambio en Cuba deben salir de nuestros pulmones”





Por Nora Navarro

El cantautor cubano Silvio Rodríguez (San Antonio de los Baños, 1946) actúa este domingo en el Cuartel de Artillería de Murcia, dentro de una gira por varias ciudades españolas, que comenzó el pasado día 3 y en la que presenta el disco Amoríos, una selección de temas que tenía inéditos desde finales de la década de los sesenta y en las que el amor vuelve a ser protagonista.

En esta entrevista, realizada por cuestionario, el artista habla de la gira, de su música y de los vientos de cambio en Cuba.

Amoríos rescata composiciones inéditas de 1967-80, ¿por qué decide recuperarlas? ¿Cuál fue su criterio de selección?

No es que piense que todas las canciones que he compuesto valen la pena. Es que estuve componiendo desde unos 10 años antes de grabar mi primer disco y nunca he logrado emparejar lo que edito con las que me parecen publicables.

Este álbum se compone de 14 canciones, todas inéditas salvo “Óleo de mujer con sombrero”. ¿Cuál es el significado de esta canción? ¿Por qué siente que cala tanto en el público?

“Oleo de mujer con sombrero” está en Amoríos porque forma parte de Exposición de mujer con sombrero. En Amoríos edito por primera vez ese trabajo completo, Oleo no se me podía quedar afuera.

¿En qué consiste Exposición de mujer con sombrero, suite de cuatro canciones que redondea el disco?

Es una tetralogía que compuse en 1970, todas en la misma semana y todas sobre una misma situación. Es una azarosa historia de amor y desamor.

Una vez más, el amor como espina dorsal de su música. ¿Por qué? ¿Y a qué tipos de amor se refiere?

Amoríos trata sobre amores de pareja, es un disco que desde hace muchos años tenía en mente.

¿Cuáles son esas canciones inevitables, que no pueden faltar en un concierto?

Las selecciono, siempre pongo algunas, aunque cambian según la gente y a veces los países. Hay coincidencia en temas como Ojalá, Unicornio, Te doy una canción.

¿Cómo ha concebido los conciertos de esta gira?

Se trata de una selección de Amoríos, de algunas canciones de Segunda cita, mi disco anterior, y de un puñado de temas que me han acompañado desde casi siempre.

Su generación puso voz a la revolución con la Nueva Trova Cubana, ¿sigue deseando «jugar a lo perdido y rezar a fondo un hijo nuestro»? ¿Hacia dónde deben soplar los vientos de cambio en Cuba?

Siempre he creído que la voz de la Revolución Cubana fue Carlos Puebla. Pienso que mi generación fue más indagadora. Cuando se pierde algo valioso continúan las ganas de encontrarlo. No sé si se haya entendido que «rezar a fondo un hijo nuestro» fue la opción que escogí, antes que rezar un Padre Nuestro. O sea, una apuesta por el futuro. Los vientos de cambio en Cuba deben salir, y creo que están saliendo, de los pulmones de nosotros los cubanos.

¿Sigue tomando parte en este cambio con sus giras por las calles de los barrios de La Habana? ¿Qué significado revisten estos conciertos para usted, a nivel profesional y personal?

Hacemos un concierto cada mes, excepto julio y agosto, que son demasiado calurosos. Acabamos de anunciar el concierto número 74, para el 27 de mayo. En septiembre hará 6 años que estamos en esto, con la colaboración de muchos artistas cubanos de todas las disciplinas de la música, con actores, cómicos, escritores. También donamos una pequeña biblioteca de unos 300 tomos a cada barrio, con colaboraciones del Instituto del Libro, del Centro Pablo de a Torriente y los Estudios Ojalá. Hacer estos conciertos, sacar la música de los teatros y llevarla a los barrios, para mí es apostar por los menos favorecidos y también dar continuidad a lo que vi hacer a artistas desde los 60: al ballet nacional, al Cine Cubano y también a lo que siempre hemos hecho generaciones de trovadores: cantarle al pueblo.

Usted ha acogido positivamentela visita de Obama a Cuba, ¿qué sensaciones le transmite este proceso de renovación de los vínculos entre ambos países?¿Siente que puede ser positivo para Cuba?

Creo que puede ser positivo para Cuba y para Estados Unidos. Cuba es el único país del mundo que los norteamericanos no pueden visitar más que a través de programas prescritos o de recorridos de barcos cruceros. Hay muchas empresas norteamericanas que llevan años tratando de comerciar con nosotros y no pueden. Hay muchos norteamericanos que ven esas limitaciones como faltas a sus derechos.

Dice que su esperanza es que «el presidente de los Estados Unidos entienda de una vez la verdad de Cuba y, sobre todo, actúe en consecuencia». ¿Cuál es su principal temor con respecto a esto?

Eso lo dice Guillermo Rodríguez Rivera en un post que hizo para mi blog, Segunda cita, y yo por supuesto que lo suscribo. «La verdad de Cuba» es que queremos amistad pero no sometimiento; que queremos el cese total los muchos mecanismos de asfixia económica del bloqueo; y también que nos sea devuelta la parte de nuestro territorio que los Estados Unidos ocupan en contra de nuestra voluntad desde hace más de un siglo: la zona donde tienen la Base Naval de Guantánamo.

Asegura que «la canción es una especie de grito con pocos decibelios». ¿Cree en la música como manifestación, como guerrilla, como abanderaba la ‘canción protesta’?

Creo en la música como arte. Los decibelios de una canción, más que del talento del compositor o el intérprete, por desgracia dependen más de los recursos electroacústicos que disponga quien la proyecta, y también del apoyo que tenga de los medios y del aparato difusor de los que manejan la música en el mundo.

¿Sigue viva la música del cantautor en Latinoamérica y España?

En Latinoamérica sigue siendo una lucha por la supervivencia de expresiones a las que nunca les ha sido fácil, aunque hay algunas voces consolidadas por su trayectoria y calidad. En España al parecer sucede parecido, aunque últimamente conozco menos el panorama.

En los últimos años, España ha sufrido los peores recortes, entre otras cosas, en el ámbito de la cultura, ¿España también necesita una canción urgente?

A los españoles les corresponde saber lo que necesita España. Lo que sí puedo agregar es que el mundo entero necesita volverse hacia expresiones culturales verdaderas, las que vienen de las viejas tradiciones y son enriquecidas y recreadas por voces emergentes.

Con tantas canciones inéditas en la mochila, ¿planea seguir componiendo o seguirá tirando de este hilo de música sin editar?

En el último año he estado grabando también unas cuantas canciones recientes. Las cosas hay que irlas haciendo de una en una. Todo a la vez es muy confuso.

(Tomado de La Opinión, de Murcia)