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lunes, 26 de diciembre de 2016

“Dame una buena noticia”














Hace unos años a Sebastián Comas, médico de profesión y vecino de San Antonio de los Baños, le instalaron correo electrónico. Él en Infomed y yo en Cubarte, gozábamos del mismo privilegio y teníamos las mismas limitaciones: podíamos enviar y recibir mensajes, pero no teníamos acceso a Internet. En mi buzón de correos, sin embargo, se acumulaban (se acumulan aún) decenas de noticias de muy diverso tipo, descargadas de periódicos, revistas y sitios web de cualquier parte del mundo, que personas solidarias, desde dentro y fuera de Cuba, envían. Siempre trato de prolongar ese acto de solidaridad, y a su vez reenvío las noticias que me resultan interesantes a otros amigos, de manera que, sobre todo en las mañanas, se va componiendo un tejido de complicidades que abarca ya a quién sabe cuántas personas.

Sebastián (Sebas, en lo adelante) era uno de mis destinatarios permanentes hasta que un día me pidió que lo dejara al margen de mis envíos. Él, a quien conozco desde hace más de treinta años, siempre ha sido un hombre curioso que se precia de estar bien informado. “Me hacen daño. Primero leía esas noticias por la mañana, antes de desayunar, y me pasaba el día deprimido. Como, a fin de cuentas, casi ninguna tiene que ver conmigo, y las que tienen que ver conmigo suceden quiéralo yo o no lo quiera, decidí cambiar la rutina y leerlas de noche, después de comida. Ahora casi no puedo dormir. Me desvelan”. “¿Las lees antes o después de ver el noticiero?”, le pregunté, sentados los dos en el mínimo portal de su casita. “Después”, me respondió. “Mejor léelas antes. Después miras el noticiero, y todo resuelto”. Se echó a reír. “Eres un jodedorcito”, respondió.

Desde entonces, cada vez que paso a saludarlo (o a pedirle una receta, un consejo para los dolores que van apareciendo por esta parte o aquella de mi cuerpo), Sebas me recibe con una demanda: “Dame una buena noticia”. Es como si me pidiera un salvoconducto que casi nunca tengo a mano. Este año, en especial, creo que no he podido complacerlo una sola vez: en Alepo, en Caracas, en Brasilia, en Baracoa, en Washington o en La Habana, las malas noticias se suceden, una tras otra, “sin medida ni clemencia”.

En mi última visita de este año, fue Sebas quien me dio un golpe bajo. En cuanto puse un pie en su casa, me entregó un papel, malamente impreso, donde un vecino suyo había reproducido una información sacada de Internet. Leí el titular “Economía cubana cierra un 2016 ‘particularmente difícil’”. “Ay, Sebas”, respondí, “¿cuántos años, desde que tenemos uso de razón, no han sido ‘particularmente difíciles’?” “Sigue leyendo hasta el final”, me exigió. En efecto, el reporte, que de inmediato reconocí como extraído de OnCuba, era devastador. Los datos están tomados del informe preliminar de la CEPAL para el año en curso, y la primera línea no puede ser más contundente: “El PIB de Cuba crecerá solo un 0,4 por ciento en 2016, su rango más bajo en las últimas dos décadas”.

“El peor año de la economía cubana, de 1996 hasta aquí. ¿Tú recuerdas cómo era Cuba en 1996?”, insiste.

Sebas y yo somos unos perfectos ignorantes en materia de economía, pero él se empeñaba no solo en comprender, sino en que yo lo ayudara. “Qué culpa tenemos de que hayan caído los precios del níquel y del azúcar”, argumenté. “¿Azúcar? ¿Cayeron los precios del azúcar que no producimos?”, contestó. “A ver, dime, si yo pongo una cafetería, y me va bien, mi economía crece. Para que me vaya bien, tengo que vender algo: café, comida, panes con lo que sea. Mientras más variado lo que ofrezca, mejor. ¿Es así o no es así?”. Asentí, aunque él continuaba su discurso. “Si no vendo nada, no gano nada. Para tener qué vender, tengo que dedicar parte del dinero que gano a comprar, ¿sí o no?”.

Dije lo que él quería escuchar: “Y las tiendas del Estado cada vez están más vacías”.

No sé si oyó lo que dije. Lo que me decía estaba pensado, rumiado durante su madrugada en vela: “En los últimos años, ¿cuántos gastos no se ha quitado de encima el Estado?”

“Debía quitarse más”, dije.

“De acuerdo. Pero la lógica ahora es más perversa: el Estado gasta menos en subvenciones y la gente le roba mucho más. Y no te estoy hablando solo del que se lleva la caja de pollo de la tienda”.

“Ladrones de cuello blanco”, agregué.

“Que son los peores”.

La tarde caía y no me gusta manejar de noche por carreteras donde suelen circular ciclistas y carretones a oscuras. Hice el intento por ponerme de pie y, sin dejar de hablar, él me retuvo en el asiento con ambas manos.

“Vamos a otro asunto: desde enero de 2015 el turismo no ha dejado de crecer. Por La Habana Vieja no se puede ni caminar, y ahorita los aviones que vuelan hacia Cuba serán tantos que van a chocar en el aire. Los turistas traen dólares, euros, coronas, rupias, libras, lo que sea, y ese dinero se queda aquí. Y son monedas fuertes, no estos billeticos feos que a fin de cuenta no valen nada”. Y agitó ante mis ojos un CUC maltratado por miles de manos.

“A esos turistas hay que darles comida, bebida, ponerles toallas y sábanas en los hoteles, transportarlos… ¿Estamos de acuerdo? Y a todo eso se le saca dinero”.

Al fin encontré un resquicio desde el cual contradecirlo: “Algo se le sacará, pero no tanto, porque casi todo lo que consumen los turistas es importado”.

“¿Y por qué?”

“Porque estamos con el piquito abierto esperando a que nos den la comida”, ironicé, pero Sebas estaba particularmente solemne. Aventuré a decir lo que he leído en decenas de artículos: “Dicen que la dualidad monetaria le está haciendo mucho daño a la economía”.

“La está ahogando”, contestó, “tanto como el bloqueo. ¿Sabes cuántos tipos de cambio hay en Cuba? Alguien me dijo que eran cuatro, pero quién quita y haya más. Y siguen ahí, confundiéndolo todo. No hay quien pueda desenredar esa madeja”.

Al fin hubo algunos segundos de silencio. Dejó que me levantara de mi asiento. Había ido a desearle un buen 2017, pero en ese minuto me parecía irónico abrazarlo, decirle “Feliz año”.

“Feliz año”, dijo Sebas. Me quitó el papel impreso que había quedado en mis manos. “Ahí dice que el año que viene vamos a empezar a recuperarnos. En este bajamos al 0.4 por ciento de crecimiento del PIB. En el 17 vamos a subir hasta el 0.9 por ciento”.

“Algo es algo”, le dije, y lo abracé. A veces me da por ponerme optimista: “En enero te voy a traer una buena noticia. Te lo prometo”.





martes, 20 de diciembre de 2016

La Revolución de Martí y Fidel.






En uno de los días más cercanos a la conmoción provocada por la muerte de Fidel, una mujer se me acercó con este texto y me contó, mostrándome una foto, su historia de maestra voluntaria que cumplió a inicios de la Revolución una tarea encargada por Fidel para sacar a los cubanos de la ignorancia. Su texto, que intenta un diálogo imaginmario entre Martí y Fidel sobre el concepto de Revolución termina con una especie de acróstico que se desordena al editarlo aquí por lo que lo agregué como PDF en este mismo post. Sirva como muestra de los millones de cubanos y cubanas humildes que de los modos más diversos han escrito sus personalísimos homenajes al Comandante en Jefe de la Revolución cubana.


REVOLUCIÓN.  Por Esther Valera Rivero


En 1953, durante el juicio por los sucesos del 26 de julio en Santiago de Cuba, el alumno insigne declaró que José Martí es el autor intelectual del Moncada. Posteriormente, que el Moncada fue el motor que dio inicio a la Revolución. Por eso, en el año 2000, cuando preparaba su discurso del 10 de mayo en que nos ofreciera el concepto que no debemos olvidar, imagino que es el resultado  del  interesante diálogo que sostuviera con el  MEJOR MAESTRO  y AMIGO SINCERO de todos nosotros. Disfrutémoslo:

Fidel Castro:  Maestro, ¿qué es Revolución?

José Martí: “La revolución  no es  la que vamos a iniciar en las maniguas,  sino la  que vamos a desarrollar en la República.”(Anuario Martiano 3, Pág. 210)

— “Debe hacerse en cada momento lo que en cada momento es necesario.” (1880)

— “ … lo que hacemos, día por día, es historia, …”  (1894)

— Revolución es sentido del momento histórico;

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—“Lo que no se puede cambiar, ha de tomarse como es.”  (1891)

— Revolución es cambiar todo lo que deba ser cambiado;

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— “Donde  la  igualdad  resulta  patente  por  los  hechos,  un día sobre otro, no  prospera  la  práctica  de  la  desigualdad.”                     (1891)

—- “…es la Libertad la esencia de la vida.  (…)  Es la condición ineludible de toda obra útil.”  (1883)

— “Quien  ama a  la libertad, previsora y enérgica,  ama a la revolución.”  (1894)

— “No hay tregua, no hay tratado. ¡ O libres para siempre,  o batallando siempre  hasta ser libres!”  (1880)

— Revolución es igualdad y libertad plenas;

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— ” ¡ Desconfían de la humanidad los cobardes y los míseros! ¡Los hombres serán hermanos, en tanto que los reúna la contemplación de las obras hermosas!”(1892)

— “La cobardía y la indiferencia no pueden ser nunca las leyes de la humanidad. Es necesario, para ser servido de todos, servir a todos.”  (1892)

— Revolución es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos;

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— “El esfuerzo que se ha de hacer sea natural, bien meditado, digno de la hora,   grande.” (1894)

— Revolución es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros  propios esfuerzos;

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— “…la fuerza está en el saber, más que en los puñetazos; aunque es bueno aprender a defenderse, porque siempre hay gente bestial en el mundo, y porque la fuerza da salud, y porque se ha de estar pronto a pelear, para cuando un pueblo ladrón quiera venir a robarnos nuestro pueblo. Para eso es bueno ser fuerte de cuerpo; pero para lo demás de la vida, la fuerza está en saber mucho.”      (1889)

— “La fuerza está en el sacrificio.”    (1894)

— Revolución es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del   ámbito social y nacional;

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—“… lo que se sacrifica en bien de todos refluye luego en bien de cada uno.”(1878)

— “El triunfo es de los que se sacrifican.”  (1890)

— Revolución es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio;

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— “Desconfíese  de  quien tiene la  modestia en los  labios,  porque ése tiene     la soberbia en el corazón.” (1892)

— “… del lado del  desinterés,  que es la  virtud que  funda y  salva, sin la cual es  pernicioso  el  talento,  temible el  valor y  abominable el  genio.” (1889)

— “El egoísmo era la nota de los tiempos antiguos. El humanitarismo (el altruismo,   la abnegación, el sacrificio de sí por el bien de otros, el olvido de sí) es la nota   de los tiempos modernos.” (1881)

— “El género humano no tiene más que una mejilla: ¡dondequiera que un hombre   recibe un golpe en su mejilla, todos los hombres lo reciben!” (1885)

— “Heroicos hemos de parecer, puesto que nos quieren heroicos.  Si nos ven de   menor tamaño que aquel de que esperan vernos—esto será como darnos muerte,” (1882)

— “Héroe, se lo puede ser todos los días: …” (1893)

— Revolución es modestia, desinterés, altruismo, solidaridad y heroísmo.

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—“Lucha es la vida, y no hay que rehuirla. Sólo los que se saben sacrificar    llegan  a   la  vejez  con  salud  y  hermosura.”  (1892)

—“La inteligencia se ha hecho para servir a la patria.” (1885-95)

— Revolución es luchar con audacia, inteligencia y realismo;

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— “Nuestra fuerza está en la verdad, y nos respetamos demasiado, y respetamos a los demás,  para obtener una  simpatía  momentánea  e  inmerecida  con  falsificaciones  que no dejarían bien puesto nuestro crédito de hombres.” (1893)

— “ Se ha de vivir y morir abrazado a la verdad”  (1880-1882)

— Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos;

*************************************************************************— “Nada hay que cautive tanto el ánimo como una convicción noblemente tenida, honradamente  dicha, libre y concienzudamente expuesta; …” (1875)

— “…la verdad continúa incólume su marcha por la tierra.” (1891)

— “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra.” (1891)

— “No hay proa que taje una nube de ideas.” (1891)

— Revolución es convicción profunda de que no existe fuerza en el mundo capaz de aplastar la fuerza de la verdad y las ideas.

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—“…a alturas no se sube a saltos. El primer peldaño, es nuestra sólida unión.”

(1892)

— “… estos son tiempos de unir…”   (1885-95)

— “¿Quién  hará lo que  tenemos que hacer,  y  nadie  podrá hacer, nadie,

si no lo hacemos todos juntos?”   (1892)

— “Se puede mucho juntos.”   (1892)

— Revolución es unidad,

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— “La  independencia  de un pueblo  consiste  en  el  respeto que los poderes    públicos  demuestran  a  cada  uno  de  sus  hijos.”  (1885)

— “Independencia  es  una  cosa, y  revolución  otra.  La independencia  en   Estados Unidos vino cuando Washington; y la revolución cuando Lincoln.”(1893)

— Revolución es independencia,

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— “Mientras la justicia no esté conseguida se pelea” (1885)

— “Patria es humanidad.” (1895)

— “Venceremos, porque está a nuestro lado la justicia.” (1880)

— Revolución es  luchar  por  nuestros  sueños  de  justicia para  Cuba  y  para   el  mundo,  que es la base de nuestro  patriotismo,  nuestro  socialismo  y  nuestro  internacionalismo.

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—  “… completemos la obra de la revolución con el espíritu heroico y evangélico  con que la iniciaron  nuestros  padres,  con todos,  para el bien de todos.”  (1889)

— “La  justicia,  la  igualdad  del  mérito,  el  trato  respetuoso  del  hombre,     la  igualdad  plena  del  derecho:  eso  es  la  revolución.”  (1894)

— “¡Ah!  verdaderamente,  la revolución de Cuba,  corona  y  garantía de la de nuestra  América,  hallará a su hora abiertos grandes surcos.  No se perderá por la tierra.  No caerá en la mar.  La amará un continente.  La  saluda  ya el  hosanna  conmovido  de  los  hombres.”  (1894)

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Fidel Castro y la represión contra los intelectuales

Por: Ignacio Ramonet




La muerte de Fidel Castro ha dado lugar -en algunos grandes medios occidentales-  a la difusión de cantidad de infamias contra el Comandante cubano. Eso me ha dolido. Sabido es que lo conocí bien. Y he decidido por tanto aportar mi testimonio personal. Un intelectual coherente debe denunciar las injusticias. Empezando por las de su propio país.

Cuando la uniformidad mediática aplasta toda diversidad, censura cualquier expresión divergente y sanciona a los autores disidentes es natural, efectivamente, que hablemos de ‘’represión’. ¿Cómo calificar de otro modo un sistema que amordaza la libertad de expresión y reprime las voces diferentes ? Un sistema que no acepta la contradicción por muy argumentada que sea. Un sistema que establece una ’verdad oficial’ y no tolera la transgresión. Semejante sistema tiene un nombre, se llama : ‘tiranía’ o ‘dictadura’. No hay discusión.

Como muchos otros, yo viví en carne propia los azotes de ese sistema… en España y en Francia. Es lo que quiero contar.

La represión contra mi persona empezó en 2006, cuando publiqué en España mi libro « Fidel Castro. Biografía a dos voces » -o « Cien horas con Fidel »- (Edit. Debate, Barcelona), fruto de cinco años de documentación y de trabajo, y de centenares de horas de conversaciones con el líder de la revolución cubana. Inmediatamente fui atacado. Y comenzó la represión. Por ejemplo, el diario « El País » (Madrid), en el que hasta entonces yo escribía regularmente en sus páginas de opinión, me sancionó. Cesó de publicarme. Sin ofrecerme explicación alguna. Y no sólo eso, sino que –en la mejor tradición estalinista- mi nombre desapareció de sus páginas. Borrado. No se volvió a reseñar un libro mío, ni se hizo nunca más mención alguna de actividad intelectual mía. Nada. Suprimido. Censurado. Un historiador del futuro que buscase mi nombre en las columnas del diario « El País » deduciría que fallecí hace una década…

Lo mismo en « La Voz de Galicia », diario en el que yo escribía también, desde hacía años, una columna semanal titulada « Res Publica ». A raiz de la edición de mi libro sobre Fidel Castro, y sin tampoco la mínima excusa, me reprimieron. Dejaron de publicar mis crónicas. De la noche a la mañana : censura total. Al igual que en « El País », ninguneo absoluto. Tratamiento de apestado. Jamás, a partir de entonces, la minima alusión a cualquier actividad mía.

Como en toda dictadura ideológica, la mejor manera de ejecutar a un intelectual consiste en hacerle ‘desaparecer’ del espacio mediático para ‘matarlo’ simbólicamente. Hitler lo hizo. Stalin lo hizo. Franco lo hizo. Los diarios « El País » y « La Voz de Galicia » lo hicieron conmigo.

En Francia me ocurrió otro tanto. En cuanto las editoriales Fayard y Galilée editaron mi libro « Fidel Castro. Biographie à deux voix » en 2007, la represión se abatió de inmediato contra mí.

En la radio pública « France Culture », yo animaba un programa semanal, los sábados por la mañana, consagrado a la política internacional. Al publicarse mi libro sobre Fidel Castro y al comenzar los medios dominantes a atacarme violentamente, la directora de la emisora me convocó en su despacho y, sin demasiados rodeos, me dijo : « Es imposible que usted, amigo de un tirano, siga expresándose en nuestras ondas. » Traté de argumentar. No hubo manera. Las puertas de los estudios se cerraron por siempre para mí. Ahí también se me amordazó. Se silenció una voz que desentonaba en el coro del unanimismo anticubano.

En la Universidad Paris-VII, yo llevaba 35 años enseñando la teoría de la comunicación audiovisual. Cuando empezó a difundirse mi libro y la campaña mediática contra mí, un colega me advirtió : « ¡Ojo ! Algunos responsables andan diciendo que no se puede tolerar que ‘el amigo de un dictador’ dé clases en nuestra facultad… » Pronto empezaron a circular por los pasillos octavillas anónimas contra Fidel Castro y reclamando mi expulsión de la universidad. Al poco tiempo, se me informó oficialmente que mi contrato no sería renovado… En nombre de la libertad de expresión se me negó el derecho de expresión.

Yo dirigía en aquel momento, en París, el mensual « Le Monde diplomatique », perteneciente al mismo grupo editorial del conocido diario « Le Monde ». Y, por razones históricas, yo pertenecía a la ‘Sociedad de Redactores’ de ese diario aunque ya no escribía en sus columnas. Esta Sociedad era entonces muy importante en el organigrama de la empresa por su condición de accionista principal, porque en su seno se elegía al director del diario y porque velaba por el respeto de la deontología profesional.

En virtud de esta responsabilidad precisamente, unos días después de la difusión de mi biografía de Fidel Castro en librerías, y después de que varios medios importantes (entre ellos el diario « Libération ») empezaran a atacarme, el presidente de la Sociedad de Redactores me llamó para transmitirme la « extrema emoción » que, según él, reinaba en el seno de la Sociedad de Redactores por la publicación del libro. « ¿Lo has leído ? », le pregunté. « No, pero no importa  –me contestó- es una cuestión de ética, de deontología. Un periodista del grupo ‘Le Monde’ no puede entrevistar a un dictador. » Le cité de memoria una lista de una docena de auténticos autócratas de África y de otros continentes a los que el diario había concedido complacientemente la palabra durante décadas. « No es lo mismo -me dijo- Precisamente te llamo por eso : los miembros de la Sociedad de Redactores quieren que vengas y nos des una explicación. » « ¿Me queréis hacer un juicio ? Un ‘proceso de Moscú’ ? Una « purga » por desviacionismo ideológico ? Pues vais a tener que asumir vuestra función de inquisidores y de policías políticos, y llevarme a la fuerza ante vuestro tribunal. » No se atrevieron.

No me puedo quejar ; no fui encarcelado, ni torturado, ni fusilado como le ocurrió a tantos periodistas e intelectuales bajo el nazismo, el estalinismo o el franquismo. Pero fuí represaliado simbólicamente. Igual que en « El País » o en « La Voz », me « desaparecieron » de las columnas del diario « Le Monde ». O sólo me citaban para lincharme.

Mi caso no es único. Conozco -en Francia, en España, en otros países europeos-, a muchos intelectuales y periodistas condenados al silencio, a la ‘invisibilidad’ y a la marginalidad por no pensar como el coro feroz de los medios dominantes, por rechazar el ‘dogmatismo anticastrista obligatorio’. Durante decenios, el propio Noam Chomsky, en Estados Unidos,  país de la « caza de brujas », fue condenado al ostracismo por los grandes medios que le prohibieron el acceso a las columnas de los diarios más influyentes y a las antenas de las principales emisoras de radio y televisión.

Esto no ocurrió hace cincuenta años en una lejana dictadura polvorienta. Está pasando ahora, en nuestras ‘democracias mediáticas’. Yo lo sigo padeciendo en este momento. Por haber hecho simplemente mi trabajo de periodista, y haberle dado la palabra a Fidel Castro. ¿ No se le da acaso, en un juicio, la palabra al acusado ? ¿Por qué no se acepta la versión del dirigente cubano a quien los grandes medios dominantes juzgan y acusan en permanencia?

¿ Acaso la tolerancia no es la base misma de la democracia ? Voltaire definía la tolerancia de la manera siguiente : « No estoy en absoluto de acuerdo con lo que usted afirma, pero lucharía hasta la muerte para que tenga usted el derecho de expresarse. » La dictadura mediática, en la era de la post-verdad, ignora este elemental principio.


domingo, 13 de noviembre de 2016

VII Congreso y propuesta de modelo: interrogantes e inquietudes sobre el presente y el futuro de Cuba






I. PARA CONSTRUIR UN MODELO DE DESARROLLO EFICAZ HACE FALTA QUE LO DIRIJAN PERSONAS EFICACES FORMADAS TAMBIÉN A PARTIR DE UN MODELO


El VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) hizo mayor énfasis que el anterior en el tema de la “conceptualización” del modelo de desarrollo para Cuba. Los asesores del gobierno han redactado un documento de cuatro capítulos, que comenzó su circulación en el mes de mayo último, a fin de ser discutido por la ciudadanía. Sobre este proceso la prensa ha informado muy poco. No presenta evidencias de que en la versión actual del documento se incluya, con la debida prioridad, el tema de la formación de los cuadros que son los principales ejecutores de modelo. Creo que de este asunto parte todo, por eso debe ir primero.


Sobre el tema, la sociedad cubana ha recibido dos potentes mensajes. El primero, enviado muy temprano, en 1960, por el Che Guevara, cuando en su conocido ensayo enarboló la tesis de que el “cuadro era la columna vertebral de la Revolución”. El segundo, en 1975, en el Primer Congreso del PCC cuando se emitió una pertinente y detallada resolución sobre la política de cuadros. Sería difícil sostener la afirmación de que fueron escuchados en profundidad.


El primero en reconocerlo ha sido el presidente Raúl Castro, que ha tocado el tema en varias ocasiones, no sin cierta amargura. Se ha referido a la actividad como “falta de rigor y visión”, cuyas deficiencias han ocasionado que “no podamos contar con una reserva de sustitutos experimentados y maduros, y con preparación suficiente”. Esta resolución sobre política de cuadros pudiera incluirse también en los documentos del Partido que han sido “casi todos olvidados, sin haberse cumplido”, al decir del propio Presidente.


La educación para dirigir se convirtió en una especialidad cuando, en 1908, la Universidad de Harvard creó un programa para ingenieros y economistas —son las dos fuentes principales para asumir cargos de dirección—, con el objetivo de “elevar su nivel profesional en la ciencia de la Administración”; ciencia que ha subestimado el socialismo. Más tarde esta universidad creó un modelo de desarrollo de dirigentes que, gradualmente, fue exportado a más de 50 países y utilizado como potente instrumento de dominación.


Los países socialistas, por el contrario, “botaron al niño junto con el agua sucia de la bañera” y asumieron que, junto con la Cibernética, la Administración era una ciencia burguesa a la que no había que hacer mucho caso. De aquí se derivó el funesto postulado de que “dirigir no es una profesión, sino una tarea”, probablemente uno de los más graves errores que ha cometido el socialismo. Fueron los soviéticos los que contaminaron con este concepto primitivo al resto de los países socialistas, incluida Cuba.


En general, nuestros programas de formación de cuadros han sido omisos, insuficientes y sin orientación al largo plazo. Han mostrado un agudo contraste con las tendencias predominantes a escala internacional en los países avanzados, donde los mismos reciben la máxima prioridad. Tienen como promedio entre 1 500 y 2 000 horas, mientras que los programas actuales oficiales, activados después del VI Congreso del PCC, solo alcanzan 300 (diplomados de Gestión Empresarial y de Administración Pública). Como rasgo positivo debemos señalar que se realiza una selección de los graduados más destacados que pasan a un perfeccionamiento de un año de duración.


Cada vez que el país recibe un jefe de Estado, el periódico Granma publica una síntesis biográfica. He apuntado los datos principales de un gran número de ellos: de Ecuador, de China, de Irán, de la Federación Rusa, de Estados Unidos Mexicanos, de la República Gabonesa, del Rey de Lesoto, del Secretario General del Partido de Vietnam, de Namibia, del presidente de la República de Cabo Verde, del Primer Ministro de la República de Guinea Bissau y del papa Francisco, por mencionar solo algunos.


Todos tienen una o dos maestrías terminadas y la mayoría han realizado doctorados. No son pocos los países que priorizan la formación de su segmento dirigente de alto nivel según rigurosos estándares internacionales. Al menos con diez años de anticipación seleccionan a los candidatos para los altos cargos. Y lo hacen según un plan de formación a largo plazo que, en muchos casos, incluye intercambios programados con los líderes científicos del país.


Concluyendo: si en estos momentos en Cuba no existe la identificación de un grupo significativo de jóvenes con talento y comprometidos con el modelo/visión de país que defendemos, y sujetos a un plan de desarrollo a largo plazo, el futuro de la nación está en peligro.


II. NECESIDAD DE OPTIMIZAR LAS RELACIONES ENTRE CIENCIA Y GOBIERNO


Según los expertos fue el gobierno inglés, durante la II Guerra Mundial, el que descubrió la necesidad de establecer nexos orgánicos con la comunidad científica del país. El objetivo inicial era elevar la calidad de las decisiones relacionadas con la conducción de la guerra. Posteriormente esta práctica se extendió a los temas de política y economía en los países desarrollados de Occidente. Surgieron entonces los llamados “tanques pensantes”, integrados por científicos/investigadores experimentados, vinculados estrechamente a los gobiernos.


Los estudiosos del impetuoso desarrollo de China, por ejemplo, atribuyen una importancia decisiva a este factor de integración entre la élite científica del país y las estructuras del gobierno. Ellos crearon siete grupos de pensamiento anexos a la dirección del Partido en diferentes regiones del país. Fueron diseñados para abordar, con criterios amplios y flexibles, todos los temas del despliegue del modelo bajo Den Xiao Ping (1904-1997).


Él convirtió en concepto clave la idea de “desarrollo con orientación socialista”, en el que la categoría “desarrollo” asumió el carácter de factor de determinación. El gobierno chino creó institutos de investigación por cada rama industrial, donde investigadores profesionales realizaban estudios previos antes de aplicar cada decisión. Lamentablemente, una propuesta como esa no tiene equivalente en la situación cubana. En no pocos lugares predomina el empirismo y la improvisación, a pesar de las advertencias sobre el tema realizadas por el Presidente.


Otro aspecto muy vinculado al despegue del gigante asiático ―que algunos no quieren mencionar― fue el regreso al país de decenas de miles de científicos y directivos empresariales chinos que fueron enviados a Estados Unidos en los años 80, durante el gobierno de Richard Nixon (entre 1969 y 1974). Fueron 100 000 jóvenes talentos a estudiar en las universidades norteamericanas. Se quedaron en Estados Unidos aproximadamente la mitad; los chinos no tomaron represalias contra ellos, al contrario, mantuvieron buenas relaciones con sus familias.


En las dos décadas siguientes aquellos jóvenes se integraron a la comunidad científica/empresarial estadounidense escalando a posiciones relevantes. A principios del nuevo siglo, producto de una inteligente política del gobierno chino, decenas de miles de intelectuales comenzaron a regresar al país, insertándose en el tejido de la comunidad científica y en la institucional del Estado y el gobierno. Hoy, por ejemplo, el ministro de Ciencia y Tecnología chino es uno de aquellos jóvenes que ocupó durante años altos cargos en la esfera de la investigación en grandes consorcios industriales norteamericanos. Fue una fuga de cerebros al revés. Muchos consideran este hecho como uno de los factores decisivos del exitoso modelo chino.


En cuanto a Cuba, la situación es algo contradictoria. En primer lugar, el movimiento científico cubano muestra un marcado carácter asimétrico. De una parte, encontramos un desarrollo de estándar internacional en la esfera de las bio-ciencias y en algunas ramas de la tecnología. Y, de otra, un nivel relativamente inferior de las ciencias que tienen una relación directa con el comportamiento humano: la economía, la sociología y la psicología, entre otras.


En segundo lugar, se observa un movimiento en zig-zag en la dinámica de las relaciones entre ciencia y gobierno. Así, en los años 80 del pasado siglo, el gobierno cubano (Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros) insertó en sus oficinas un grupo de investigadores experimentados con un conocimiento realista de la actividad social y económica del país, que llegaron a tener una participación bastante directa en los asuntos de gobierno. Hay que atribuirle a Carlos Lage el desmontaje de todo ese aparato de asesores, que fueron sustituidos por dirigentes juveniles sin formación científica.


En años recientes el gobierno ha realizado esfuerzos significativos por reiniciar relaciones más estructuradas con la comunidad científica del país, sin que se hayan alcanzado los niveles de interacción que existieron antes, especialmente en las ciencias económicas y sociales, sin dudas, decisivas para la construcción del modelo.


Las dificultades residen, de una parte, en que el personal científico debe aprender a manejar un lenguaje con mayor orientación a la práctica sin menospreciar la teoría; y de otra, que los funcionarios del gobierno deben estar preparados para desafiar a los especialistas en su propio terreno. Sería necesario, también, modificar la política de realización de doctorados y ajustarla (especialmente en las ciencias sociales y económicas) a las de los países avanzados (Suiza y Alemania, por ejemplo).


III. NECESIDAD DE VALORAR EN PROFUNDIDAD LAS EXPERIENCIAS DEL SOCIALISMO EUROPEO Y OTRAS EXPERIENCIAS DE DESARROLLO CONTEMPORÁNEAS


Marx, en el prólogo al primer tomo de El Capital, afirmó: “una nación puede y debe aprender de la otra”. Ello tiene una enorme actualidad para el socialismo cubano. Este aprendizaje tiene tres planos:


1. La necesidad de completar una interpretación de profundidad del socialismo europeo, del cual se han reconocido solo sus errores, dejando de lado sus aciertos, que no fueron pocos.


Aunque en los años 90 se produjo una literatura relativamente abundante sobre las causas del derrumbe del socialismo europeo, en su mayoría esta fue escrita por los adversarios del sistema y apenas circuló en Cuba. El análisis de esa experiencia es un patrimonio común para todo país que intente construir una sociedad post-capitalista. Se percibe cierto déficit de interpretación sobre la naturaleza del nuevo sistema. Este se caracteriza por desencadenar, desde sus primeras etapas, una espiral de complejidad cuyo ritmo de desarrollo es superior a la capacidad que necesita el segmento dirigente para comprender satisfactoriamente la dinámica de los procesos que se desencadenan. De ahí que una buena parte de las decisiones que pretenden regular estos procesos asuman un carácter errático, especialmente en la esfera de la producción material.


2. La necesidad de una valoración sistemática de la propia experiencia cubana identificando ―mediante monitoreo continuo― los aciertos y los errores. Aunque existen algunos estudios valiosos ―principalmente algunos doctorados― sobre temas económicos y sociales, pudiéramos afirmar que se encuentran todavía en una fase de desarrollo cuantitativo. Es demasiado pronto para esperar obras de síntesis, que contengan valoraciones cualitativas de la experiencia cubana.


3. La necesidad de dar seguimiento a las experiencias de proyectos contemporáneos, tanto los de corte socialista (China y Vietnam), como los de carácter emancipatorio que han surgido en América Latina. Aquí no se excluyen los provenientes de los países capitalistas que posean alguna racionalidad.


IV. RASGOS DE LA FORMACIÓN DEL MODELO Y ROL DEL ESTADO EN SU DISEÑO


Un modelo es una ficción, una representación de un segmento de la realidad exterior, una mirada al futuro que se configura en la mente de las personas. Su calidad y pertinencia depende del nivel de preparación profesional de los gestores, en este caso los miembros de la comunidad científica y los funcionarios del Estado. Entre la estructura y propiedades de estos como organización, y la propia construcción real del modelo, existe una interacción recíproca.


El Estado es el principal instrumento para construir el modelo. De los atributos de este (capital intelectual e integridad moral), depende el despliegue acertado del modelo. Una vez que este avanza en su construcción, de su propia naturaleza van surgiendo las exigencias al aparato estatal y a la comunidad científica. Ambos deben aguzar los oídos para interpretar eficazmente las señales que este envía desde su realización concreta.


El nivel de introducción y funcionamiento en la práctica del modelo se elevará en la medida en que este vaya adquiriendo propiedades sistémicas, es decir, que se produzca una adecuación pertinente entre las relaciones entre sus diferentes elementos. Es decisivo identificar las distintas funciones que han de cumplir cada uno de ellos, distinguiendo ante todo aquellos que cumplen funciones motrices, o sea, que introducen energía en el proceso.


El principal es el relacionado con el desarrollo del “capital humano” encargado de introducir las capacidades intelectuales y éticas en los diferentes niveles del sujeto de dirección. Así, el modelo debe tener propiedades sistémicas para poder trasmitirlas a la propia realidad y reducir sus tendencias caóticas. Es un asunto, sobre todo, de gestión del conocimiento, cuyos principales actores son el Parlamento y el Poder Ejecutivo de la nación, donde se gestan las decisiones fundamentales.


A diferencia de otros países, Cuba no dispone de una carrera a nivel universitario sobre Administración Pública. En la Universidad de La Habana se creó una en los años 40 (donde se estudiaban las disciplinas relacionadas con la administración del Estado y sus principales procedimientos administrativos), pero fue suprimida por la reforma de la Educación Superior de 1962. En años recientes se crearon dos modalidades de superación en este campo: a) una maestría en Administración Pública en la Universidad de La Habana y b) un diplomado con la misma temática en las escuelas ramales de los Órganos de la Administración Central del Estado; pero aún falta la carrera universitaria.


Es necesario abandonar la idea de que la capacidad de control y fortaleza del Estado reside en la cantidad de funcionarios ―que saben muy poco― y asumir el principio de que la buena administración estatal depende de pocos funcionarios que sepan mucho.


V. EL PAPEL DECISIVO DE LOS ÓRGANOS DE FORMACIÓN DE CONCIENCIA EN LA SOSTENIBILIDAD DEL SISTEMA SOCIAL


Uno de los factores claves para la sostenibilidad de un sistema social reside en la capacidad de la clase dominante para impregnar de su sistema de valores (su visión del mundo) a la mayoría de los ciudadanos de los diferentes segmentos sociales y hacerlos prevalecer. Los siglos de experiencia y el desarrollo alcanzado en las técnicas de manipulación de las conciencias le han permitido al capitalismo ganar mucho espacio en este terreno. Lamentablemente, no ha sido así en la sociedad socialista, incluida la nuestra, que también ha subestimado el desarrollo de las ciencias del comportamiento y su consiguiente aplicación a la política, las tecnologías de construcción de consenso, su introducción en el sistema educativo y el uso de los medios masivos.


Sobre el sistema educativo


Los estándares cubanos en esta esfera se mantienen por encima de los países del sur y muy cerca, incluso, de algunos países avanzados. Sin embargo, puede observarse que todavía la influencia de los enfoques tradicionales pesa demasiado. Permanecen a cierta distancia de los que ocupan la vanguardia en las transformaciones cualitativas de sus modelos de enseñanza, como Suiza e Israel (consideraciones políticas aparte). Todavía predomina en la enseñanza el factor memoria, la reiteración y la independencia cognoscitiva es insuficiente en sus diferentes niveles.


La enseñanza con enfoque basado en solución de problemas es todavía una excepción. La transición de un modelo de enseñanza basado en las habilidades cognitivas de bajo nivel ―memoria y pasividad docente―, hacia uno de predominio de las habilidades cognitivas de alto nivel ―solución de problemas y creación de comunidades de aprendizaje― avanza a un ritmo muy lento. En los programas televisivos dedicados a los problemas de la educación predominan los temas relacionados con la reparación de las escuelas, la distribución de uniformes y el completamiento de plantilla de profesores. De la matriz filosófica-educativa que sustenta al sistema apenas se habla.


Todavía la médula del sistema es enseñar a adaptarse a las relaciones sociales, más que orientarse hacia la dinámica de cambios continuos y complejos que caracteriza la sociedad contemporánea a la que Cuba está integrada. A principios de los años 60 escuché a uno de los mejores Ministros de Educación que hemos tenido lanzar la consigna: “todos los talentos a la producción”. Pocos años antes, los japoneses lanzaban otra diferente: “todos los talentos a la educación”; a sabiendas de que la profesión de maestro es el padre y la madre de todas las profesiones.


Unos 20 años más tarde los japoneses sorprendían al mundo creando una sociedad que se convirtió en ejemplo de eficacia y productividad; se convirtieron en país de referencia a escala mundial. Hicieron una reforma vertical del sistema educativo, articulando simultáneamente sus diferentes niveles sobre la base de la generalización del concepto de creatividad y aprendizaje orientado a la solución de problemas no estructurados, que son la mayoría de los que enfrentan las organizaciones (productivas y no productivas).


Sin embargo, debemos mencionar un extraordinario valor añadido de nuestro sistema educativo: su vertiente humanista. Formamos personas que, en su mayoría, logramos transmitirles diversos recursos “personológicos” superiores a la media internacional; se trata de recursos lo suficientemente eficaces como para que un cubano pueda sobrevivir con ventaja en cualquier otro país y alcanzar niveles satisfactorios de auto-realización y “felicidad” personal.


Las carreras universitarias (por ejemplo: las ingenierías y de ciencias médicas, las maestrías y doctorados), que en el resto del mundo cuestan decenas de miles de dólares, aquí se obtienen gratis. Después no pocos se marchan a otra parte para explotar los conocimientos que aquí recibieron como un regalo, a alcanzar mayores niveles de vida gracias a la benevolencia de nuestro Estado socialista. Esperemos que algún día lo agradezcan.


Sobre los medios: televisión y prensa escrita


El mundo se mueve hacia una civilización basada en la imagen, el sonido y el espectáculo. La globalización de los medios masivos y su creciente internacionalización no han dejado a Cuba fuera de este proceso. La señal de Cubavisión Internacional llega a más de 50 países e incluye una emisión especial de noticias diarias sobre Cuba (dirigida a los cubanos en el exterior que cumplen misión, donde no podemos excluir a los casi dos millones de compatriotas que integran la diáspora).


La clase capitalista, en los últimos decenios, ha incrementado sus recursos para apoderarse de los medios masivos y convertirlos en aparatos de formación de conciencia y de valores; por supuesto que afines a sus intereses. Existen ejemplos en la sociedad contemporánea que muestran cómo el poder mediático quita y pone gobiernos, independientemente de los intereses de la mayoría de los ciudadanos.


Herbert Marcuse (sociólogo judío-alemán de nacionalidad estadounidense), dedicó algunos de sus libros al papel de los medios en la sociedad contemporánea. En uno de ellos afirmó que una de las maneras más seguras de conocer la realidad de un país era ver muchas horas de programas televisivos y realizar una interpretación activa de sus mensajes. Vale la pena ponerlo en práctica.


La televisión, y en alguna medida la radio, reflejan como ninguna otra entidad, la fisonomía espiritual y los valores predominantes de un país. Los comentarios que aquí se incluyen se basan en la observación prolongada de muchas horas de programas televisivos de varios países europeos de los que tendríamos algunas cosas que aprender. No se trata de desconocer la función manipuladora de la televisión en manos de los grupos dominantes, sino de valorar su eficacia.


Lo primero que llama la atención es el espacio que ocupan los programas de opinión (caracterizados por el debate y el análisis de los problemas palpitantes de la realidad social). Las mentes más lúcidas del país ―según mis anfitriones―, son convocadas con frecuencia para participar en programas donde predominan la discusión y la polémica. Creo que es lo que le falta a la nuestra, a pesar de que se encuentra, en muchos aspectos, por encima de los estándares internacionales.


Estando de visita en Londres observé la insistente promoción en los medios de la famosa serie norteamericana “Doctor House”. Sin embargo, ya en Cuba hacía meses los cubanos podíamos verla los domingos por la tarde; ¿ahora habrá que pagarlas? Nuestra televisión está acaparada por la música y los deportes, desbordando ciertos límites. Nuestras celebrities ―personalidades paradigmáticas de una sociedad―, están concentradas en los cantantes y sus orquestas, también en los deportistas (destacados o no). Muy por encima de nuestros científicos, las personas de pensamiento y los empresarios (entre los cuales existen muchos de relieve internacional y apenas aparecen en nuestras pantallas). De ellos depende el futuro de la nación, sin que los medios le hagan saber eso a nuestro pueblo.


Sobre la prensa escrita


Con ella sucede algo parecido que con los medios. Son muchos los países en los que los grandes escritores y representantes destacados de la intelectualidad dejan una amplia obra periodística. No es el caso cubano. Carpentier lo hizo antes de la Revolución y muy poco después de 1959. Cintio Vitier y Alfredo Guevara ―destacados intelectuales del siglo XX cubano― nunca tuvieron una columna fija en la prensa de gran tirada.


Recientemente, el decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, Raúl Garcés, en su ponencia titulada Siete tesis sobre la prensa cubana, firmaba: “Hemos suplido, frecuentemente, el juicio razonado por la propaganda, la interpretación por las cifras, la noticia por los eventos, el argumento por el adjetivo, la riqueza de los procesos por la síntesis caricaturesca de sus resultados.” Una opinión tan autorizada nos exime de una ampliación de nuestro comentario.


Concluyendo: en general, nuestros medios están diseñados como radares que solo pronostican el buen tiempo como tendencia, pero tienen poca capacidad para percibir las tormentas.


VI. EL DESAFÍO DEL PUERTO DE MARIEL COMO PORTAVIONES DEL CAPITAL TRASNACIONAL, LA VISITA DE OBAMA Y LAS INVERSIONES NORTEAMERICANAS


La creación de la Zona de Desarrollo Especial de Mariel es una de las medidas más acertadas de la dirección del país. Probablemente ningún otro hecho tendría una significación equivalente en la prosperidad y sostenibilidad del modelo cubano. Tres de los principales factores que lo fundamentan son los siguientes:


1. El aumento del flujo del comercio mundial en la última década puso al borde del colapso al Canal de Panamá, que no disponía de capacidad para incorporar los mega-buques de 12 000 contenedores (la tenía solo para los de 4 600). Estos nuevos portacontenedores disminuyen el costo del transporte en un 50 por ciento.


2. Los mapas de las principales rutas de contenedores a escala mundial muestran que el flujo más intenso está situado al norte de las provincias occidentales cubanas, donde se unen las líneas provenientes de Europa y las de la costa este de Estados Unidos. El puerto de Mariel muestra ventajas de tránsito y almacenamiento que no posee ningún otro del Caribe.


3. La ampliación del Canal de Panamá y la puesta en acción del nuevo canal en Nicaragua ―financiado por China―, cambiaran la estructura y características del comercio mundial en pocos años. Cuba ocupa una posición geográfica privilegiada para insertarse al comercio trasnacional.


No pocos estudiosos consideran que es una oportunidad única para Cuba no vista en los últimos 200 años. Aunque algunos países del área (Costa Rica, Panamá y Jamaica) realizan proyectos similares, ninguno posee las ventajas del proyecto cubano. Mariel significa enfrentar el desafío de pulsear ―intelectualmente hablando― con el empresariado trasnacional que posee una perspectiva global de los negocios, personal de alto nivel profesional, con rigurosa formación multilingüe, obtenida en las escuelas de élite de Administración empresarial de los países avanzados. Este desafío implica no solo el componente político-ideológico, sino también el teórico-conceptual de elevadas exigencias.


El capital trasnacional se está afilando los dientes para lanzarse sobre un país con la fuerza laboral más calificada que el resto de los países del sur y acostumbrada a los bajos salarios. Es una amenaza y una oportunidad al mismo tiempo, que pondrá a prueba nuestra capacidad para absorber las inversiones extranjeras sin menoscabo de la soberanía.


Este asunto nos obliga a volver sobre el nivel de preparación de los cuadros, tanto de los que se ocupan de la asimilación de las inversiones como de la gestión portuaria. Sobre esta última, existen evidencias de que se han formado en los puertos chinos del área del pacífico, pero no de que se disponga de proyectos de formación a largo plazo (que incluya los entrenamientos en los puertos matrices del norte europeo).


Una variable que merece una atención especial en esta área de desarrollo, por dos razones, es la relacionada con el capital norteamericano. La primera es que la parte sur de Estados Unidos y la región Caribe y norte de Suramérica, constituye una zona económica natural con múltiples ventajas de tipo geográfico-espacial, como lo es también, por ejemplo, la frontera con Canadá. La segunda es que, en el último informe de productividad por naciones, del Banco Mundial, se reporta que las empresas norteamericanas han dejado atrás a Japón y Alemania, y solo ceden ante Malasia y Suiza.


Esto haría que las propuestas norteamericanas probablemente tendrían notorias ventajas económicas para nuestro país, por encima de otros inversionistas, lo que significa una tentación muy riesgosa considerando la declarada intención del gobierno norteamericano de mantener los mismos objetivos que tuvo el bloqueo, pero con diferentes métodos (haciendo buena la conocida tesis de von Clausewits, pero invertida, “la política es la continuación de la guerra por otros medios”). Esto fue lo que vino a hacer aquí el presidente Obama, el cual cambió el escenario de enfrentamiento con la dirección cubana hacia un terreno en el que ellos se consideran con ventaja.


Un recurso para curarnos en salud, sería disponer de un modelo bien estructurado sobre los aspectos cualitativos y cuantitativos de la inversión extranjera y el lugar que van a ocupar en ellas las empresas norteamericanas.


VII. TICS Y DESARROLLO NACIONAL


En sus pronósticos sobre el porvenir de la humanidad todos los “futurólogos” incluyen, como factor esencial para el desarrollo social, la asimilación y uso de las nuevas tecnologías. Para interpretar la situación en el caso cubano es preciso mencionar tres hechos que condicionan su dinámica en nuestras condiciones.


Primero: Cuba fue ―en la década del 70― la vanguardia del continente en esta esfera cuando, por iniciativa del Comandante en Jefe, se llegó a construir una computadora propiamente cubana, muy cercana a los estándares internacionales. Hoy, por ejemplo, en un indicador tan importante como el uso de Internet por parte de la población, nos encontramos en el grupo de retaguardia (un 25 por ciento por cada 100 habitantes), con niveles similares a El Salvador, Honduras, Guatemala y Haití, según uno de los últimos reportes de la Unión Internacional de Comunicaciones.


Segundo, el reciente impacto en nuestro país del proyecto “Zunzuneo” es un factor que no podemos desconocer para explicar la cautela con la que actúa la dirección del país en este campo. Los servicios de inteligencia estadounidenses han desarrollado técnicas de aplicación de las TICS para la subversión. Es verdad que ello significa un riesgo que no es pequeño, pero en este asunto fundamental para el desarrollo de la nación, el mayor riesgo es no afrontar los riesgos. Es esencial ampliar nuestras capacidades para la aceptación consciente y efectiva de este reto.


Tercero, en periodo reciente nuestros adversarios abrieron cuentas personales en Twitter al presidente Raúl Castro y al vicepresidente Díaz-Canel, para hacer de las suyas. Ello confirma la tesis de que cada espacio que dejamos vacío es ocupado por ellos.


VIII. UNA TAREA ESTRATÉGICA: ACOPLAR AL SECTOR NO ESTATAL A LAS EXIGENCIAS DE DESARROLLO DEL MODELO


Funcionaros cubanos han expresado, por distintas vías, que en las plantillas de nuestras empresas y unidades presupuestadas “sobran”, aproximadamente, 1,8 millones de personas. Desde el 2010 a la fecha, medio millón de ellas han sido absorbidas por el sector de cuentapropistas. Se asume que la cantidad restante debe ser asimilada por el movimiento de cooperativas no agropecuarias. En poco tiempo, más del 30 por ciento de la fuerza laboral del país estará en el sector no estatal de la economía.


En su informe al VI Congreso del PCC, realizado en 2010, el presidente Raúl Castro ya había hecho un llamado a descargar al Estado cubano de muchas de sus tareas: “El modelo excesivamente centralizado que caracteriza actualmente nuestra economía deberá transitar con orden y disciplina y la participación de los trabajadores, hacia un sistema descentralizado”. Este proceso no solo incluye a las empresas estatales, sino también al sector privado, los cuentapropistas y las cooperativas. El espacio de acción del Estado cubano se ha venido reduciendo sensiblemente en el último quinquenio.


La gestión cooperativa y la ejercida por personas naturales en el sector agroalimentario, alcanza el 43 por ciento de la gestión de la tierra. Al mismo tiempo, este comienza a crecer también en el sector no agropecuario, con la aprobación de unas 500 cooperativas ya en 2015, la mayoría se encuentra en áreas urbanas. Su desarrollo tendrá un enorme impacto en la vida de la nación en muy poco tiempo, especialmente si tenemos en cuenta que una buena parte de los 500 000 cuentapropistas terminarán incorporándose a él. De ahí la necesidad de intensificar el estudio de esta modalidad de gestión, a fin de prever sus posibles deformaciones.


El movimiento cooperativista se consolidó en Europa hacia mediados del siglo XIX dentro del contexto de la sociedad capitalista y fue generado, principalmente, por aquellos que estaban colocados al margen de la clase dominante. En el caso del socialismo las cooperativas tienen una génesis completamente distinta: surgen por necesidades del Estado. Esto contribuye a explicar por qué han tenido un desarrollo en gran medida diferente, principalmente en el socialismo europeo, experiencia que debemos estudiar para curarnos en salud.


Esa experiencia de socialismo y cooperativismo en su desarrollo de varias décadas mostró graves deformaciones. Los estudios realizados sobre el tema muestran que los resultados fueron nefastos. Surgieron empresas privadas disfrazadas de cooperativas, integrando una capa social con intereses diferentes, y a veces opuestos, a la de la mayoría de los ciudadanos, generando procesos de corrupción a gran escala que contaminaron amplios sectores del cuerpo social.


Las cooperativas, al igual que las empresas, tienen en su seno una célula maligna ―la búsqueda de ganancias y el bienestar material de sus integrantes―, que se activan cuando encuentran condiciones propicias, como es la falta de control y de preparación profesional e ideológica de sus dirigentes. La ignorancia es terreno abonado para el surgimiento de lesiones patológicas que, poco a poco, contaminan el resto de los elementos del sistema.


En sus primeros viajes a la extinta Unión Soviética, el Che se percató de esas deformaciones y las dejó descritas en un texto redactado en los años 60 y recientemente publicado: Apuntes críticos a la Economía Política. Resulta sorprendente su capacidad de anticipación, al señalar las evidencias de errores que ocasionarían daños incalculables, que terminarían determinando el deslome de todo el sistema. Según el Che, la cuestión comenzaba “por la investigación de la economía que está marchando por peligrosos caminos… al dogmatismo intransigente de la época de Stalin ha sucedido un pragmatismo inconsistente… esto no se refiere a un campo determinado de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas”.


Pero el Che va más allá, afirmando que “en el curso de nuestra investigación teórica llegamos a descubrir un gran culpable, con nombre y apellido: Vladimir Ilich Lenin”. A continuación, expone sus ideas acerca del origen de los errores que según su opinión radicaron “en los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP)… que han calado tan hondo en la vida de la URRS, que han marcado con su signo toda esta etapa” y concluye expresando una premonición sorprendente, por haberse formulado 40 años antes de su aparición: “se está regresando al capitalismo”.


Estas advertencias del Che cobran más actualidad que nunca, si consideramos los escenarios que enfrenta hoy nuestra nación. Las discrepancias del Che con Lenin no pueden ser piedra de escándalo, ni debemos barrerlas debajo de la alfombra. Deben considerarse como algo natural ―como en la obra de cualquier científico―, los errores de apreciación sobre la compleja realidad social, muchos de ellos ocasionados por factores o limitantes coyunturales, como también se han encontrado en la obra de Marx.






jueves, 3 de noviembre de 2016

¿Engage-tusando a Cuba? Traduciendo un concepto


Por J. Á. Téllez Villalón

“Today, I approved a Presidential Policy Directive that takes another major step forward in our efforts to normalize relations with Cuba. This Directive takes a comprehensive and whole-of-government approach to promote engagement with the Cuban government and people, and make our opening to Cuba irreversible.” 

 President Obama (14-10-2016)

Engagement es quizás el anglicismo de moda que mejor tipifica eso que se ha dado en llamar “pérdida por traducción” o lost in translation, es decir a la desaparición al traducir una palabra de todos sus matices o los juegos de palabras que desaparecen al traducir un texto de un idioma a otro.

El término encuentra su origen en el verbo francés engager. A su vez, engager tiene como etimología: “mettre en gage”, “poner en prenda”, "dar su palabra un fiador en promesa de unión", “involucrar a su fe”, "comprometerse (a declarar)". El sustantivo gage se origina por un lado de gwage que se traduce como "lo que ponemos o dejamos en depósito como garantía de una deuda, la aplicación de algo y por otro de guage que es “lo que se da a una persona en concepto de indemnización, la satisfacción por el mal que ha causado él" [1].

Desde el francés, encontramos como equivalentes en español: empeño, alistamiento, intervención, enganche, juramento, tratado, palabra comprometida, compromiso, pacto, alianza, obligación, aliento, fianza, hipoteca, ajuste, contrato, inscripción, encuentro, apertura. Una de las expresiones en la que se emplea el verbo es “engager qn à faire”, es decir: “incitar a alguien a hacer (algo)”.

El vocablo, fue aceptado sin modificación alguna por el idioma inglés, sin embargo en este no se reconoce todas las acepciones que tiene en la lengua de origen y además se le han añadido acepciones que solo existen en la de Shakespeare. Tiene como sinónimos: booking, participation, involvement, involution, mesh, meshing, interlocking.

En su sentido general, puede trasladarse al español como cita, compromiso nupcial o noviazgo, pero cubre un campo de acepciones más amplio y que traduce más sutilezas que el engañoso “compromiso”. Entre sus traducciones se contempla acepciones como: implicación, nexo, relación; pero también: intervención, batalla, combate, pelea.

Son de la misma familia de engagement: engagé (comprometido, voluntario), engaging (atractivo, agraciado, insinuante, simpático), engagingly (de manera atractiva, con encanto).

Sutilezas que también gana o pierde el sustantivo al transferirse del habla popular a la psicología, las tecnologías organizacionales, la publicidad o el marketing, como desde la Psicología de la Salud Ocupacional, el Marketing Industrial y otras profesiones afines, hacia la Política, las ciencias políticas y la teoría de las relaciones internacionales.

De modo que muchos profesionales de habla castellana prefieran emplear engagement y no sus posibles equivalentes en español. Así argumentan que el término “marketing de compromiso” no traduce el de engagement marketing, como marketing no puede ser traducido como mercadeo.

Salanova y Llorens desde la Salud Ocupacional han planteado: “Al día de hoy no hemos encontrado un término que abarque la total idiosincrasia del concepto, sin caer en repeticiones, simplezas o errores. El engagement sabemos que no significa exactamente lo mismo que otros conceptos que sí tienen su homónimo en lengua inglesa como son: la implicación en el trabajo (Work involvement), el compromiso organizacional (Organizational commitment), dedicación al trabajo (Work dedication), enganche (Work attachment) o dedicación al trabajo (Workaholism).” [2]

Como concepto fue empleado por primera vez en el ambiente científico en 1990, cuando William A. Kahn -quien estudiaba las organizaciones dedicadas al cuidado de personas con bajos recursos, con enfermedades o en edad avanzada-, definió el “engagement personal” como el “aprovechamiento de los miembros de la organización de sus propios roles de trabajo”; “en el engagement, las personas utilizan y se expresan a sí mismas física, cognitiva, emocional y mentalmente durante el desarrollo de sus roles”[3].

En sus trabajos, el académico identificó los problemas que se presentan en este tipo de organizaciones y las estrategias que se utilizan para enfrentar estos problemas. A través de los estudios de Kahn, el engagement surgió relacionado con el compromiso, es decir, el estado en el cual las personas expresan su “ser entero -física, cognitiva y emocionalmente- en el papel que desempeñan”.

Un poco más tarde se, comienza a identificar el engagement como un estado ideal y opuesto al burnout- el agotamiento mental en el desempeño profesional-; necesario para el funcionamiento óptimo de las organizaciones. Basado en esta definición de engagement, con posterioridad se desarrolló una escala de 13 ítems formada por tres dimensiones: engagement cognitivo, emocional y físico.

Desde una perspectiva psicológica, el engagement se presenta como un estado de realización positivo que experimenta el trabajador en relación con su trabajo. Un trabajador engaged siente su trabajo como placentero, “no como una carga agobiante que le consume la vida”. De allí, que aporta más beneficios para el dueño.

Por otra parte, se habla de un engagement marketing, a través del cual se establece una relación con el consumidor como nunca antes se había conseguido en el marketing dirigido a las masas. Bajo sus prácticas, subyace una nueva filosofía de marketing; se estudia a fondo cada consumidor y se dirigen acciones -meticulosamente planificadas- hacia las necesidades, anhelos y deseos de esos consumidores. Unas necesidades y expectativas que están enraizadas profundamente en sus convicciones éticas y morales, en su estilo de vida y que tienen su base en cómo experimentan y entienden la vida y en cómo se relacionan con el mundo, es decir su cultura.

El engagement es en tal sentido, la vinculación que se logra con la comunidad a través la presencia de la empresa y que le permite pasar de simples extraños, a personas con las que se tiene relaciones que involucran un grado emocional. Un cambio en la actitud de sus contactos, más allá del compromiso, pero que están enlazados con él, entiéndase, unión emocional, deseo de permanencia y satisfacción con lo que se hace.

Resulta ilustrativo que como paradigma del engagement marketing se tome a la multinacional Apple; empresa que en los últimos años ha logrado que sus productos sean consumidos con una pasión desorbitada, pese a que lo perjudique con la venta de productos a más de un 60% de su precio real, si le quitásemos el marketing. [4]

De modo que como concluyó @philgonzalez, después de asistir a una conferencia sobre el engagement, la mejor traducción del termino es “enganchamiento”, pues en Castellano cuando hablamos de “engancharse”, queremos decir que estamos tan enamorados de algo o alguien que “hacemos las cosas sin razonamiento, ni medición del coste, ni del tiempo, ni de sus consecuencias” [5].

Así, el engagement es una categoría empleada tanto por el marketing industrial y el digital, como el marketing político o electoral, para mejorar la “implicación entre un productor y un consumidor”, un sitio y sus seguidores o entre un político y sus electores.

Con el engagement político se persigue atraer a los posibles electores tratando de crear una imagen de este positiva y cercana a la población, apelando a su sensibilidad y valoraciones afectivas. El engagement en este caso, se enfoca en lograr que el votante sienta que su posible gobernante es alguien como él; presentándose, con la más encantadora envoltura, las cualidades humanas del candidato, su compasión, su entrega y sus ganas de llevar adelante su proyecto político. Se recomienda tratar de mostrarse fuerte y sólido en sus convicciones, pero a la vez afable, ameno, atractivo.

Un recurso de engagement que ha ganado en explotación en las últimas contienda electorales, sobre todo de la derecha, es el uso es el de las redes sociales. No por gusto, el único sector estadounidense autorizado a negociar e invertir en Cuba, sea el de las TICs.

Nótese que las acciones para promover el engagement son diseñadas y dirigidas desde el liderazgo o el poder; por una marca, un gestor de web, un empresario o un político, para ganar adeptos, clientes, electores y en fin de cuentas, ganancias, plusvalía.

Bajo estos preceptos se condujo el “encantador” Barack Obama, antes y durante su visita a la Isla. Con los anuncios a través de las redes sociales de su visita y del encuentro de pelota con los Tampa Bays, con su “¿Que bolá Cuba?” (sic), al aterrizar en La Habana. Continuándolo con sus dos sketch humorístico en el programa televisivo más popular en la Isla, en el encuentro con los emprendedores en la cervecera y especialmente en su discurso en el Gran Teatro y - junto su familia-, en el set de diplomacia deportiva que fue el Estadio Latinoamericano.

Sus habilidades y resultados en Política 2.0, ya se habían evidenciado fehacientemente durante sus dos campañas presidenciales. Obama es actualmente el líder en la llamada twiplomacy (diplomacia digital) y el político más influyente (@POTUS), y el de más “enganchados” (@BarackObama), con 76 y 79 millones de seguidores, respectivamente.

El término engagement para referirse a su nueva política hacia Cuba, fue utilizado por el propio Obama, en una entrevista el 19 de diciembre del 2014 [6] y en su discurso sobre el estado de la Unión, poco después. En ellos anunció claramente las características más generales de esta “mantra” para la Isla.

Una nueva estrategia que sintetiza de este modo: “un enfoque diferente y más inteligente, una estrategia paciente y disciplinada que emplea todos los elementos de nuestra potencia nacional” [7]. Es decir, bajo los fundamentos del smart power o poder inteligente y del “realismo progresivo” en la teoría de las relaciones internacionales.

Un proceso largo, que combina “el palo y la zanahoria” para castigar retrocesos y bonificar reformas; con estrategias de relacionamientos diferenciados para con el gobierno y con la sociedad civil y cuya efectividad dependerá -en su opinión-, de la cultura del pueblo cubano y de la implicación de las otras potencias aliadas en el propósito de promover los valores “universalmente aceptados”, que son los del capitalismo occidental, de fuertes raigambre liberal. Presupuestos reiterados en las más recientes Directivas para Cuba y donde aparecen engage o engagement en 38 ocasiones [8].

Una versión, digamos mejorada, que la del “realista” Henry Kissinger, para quien el engagement era un propósito que se alcanzaba mediante la combinación equilibrada de diplomacia y fuerza disuasiva- o explícita.

Desde la diplomacia, había sido empleado antes para nombrar las “negociaciones” con Irak, Venezuela y Myanmar (antigua Birmania), por nombrar algunos.

Datos y hechos que nos remiten a otro concepto, quizás reacio a sumarse al compendio de las categorías de las ciencias políticas, pero que califica como ningún otro lo que debemos traducir los cubanos cuando escuchamos engagement; hablo de engatusar, utilizado para significar: “ganarse la voluntad o el favor de una persona adulándola o aparentando tener ciertas cualidades que en realidad no se tienen”.

Vocablo que etimológicamente resulta de la confluencia de dos voces encantusar y engatar. Encantusar que se deriva de encantar (hechizar) y viene del latín incantare compuesto por el prefijo in- más cantare, frecuentativo de canere (cantar) con la raíz kan (cantar), presente en chantaje. Engatar que viene de gato (del latín cattus), animal de muy mala reputación en el imaginario popular de muchos pueblos, incluso los anglosajones, y al que recurrimos en aquella frase de “dar gato por liebre”.

Ante lo que vale recordar a Martí, quien nos legara que no se ha juzgar “la república autoritaria y codiciosa, y la sensualidad creciente, de los Estados Unidos”, por “la sonrisa y lujo del salón de recibir, o por la champaña y el clavel de la mesa del convite.”[9]

Sea esta mi contribución, para más luces - y raíces- con las que traducir, no solo la “mala palabra” y su engage-tusadores brillos, sino la nueva táctica imperial para conducirnos hacia el capitalismo neoliberal


Salanova & Llorens (2008),Estado actual y retos futuros en el estudio del burnout. p. 64; http://www.cop.es/papeles.

Kahn, W. A. (1990), Psychological conditions of personal engagement and disengagement at work. Academy of Management Journal(33); http://amj.aom.org/content/33/4/692.full.pdf

Ver de mi autoría, http://www.rebelion.org/noticia.php?id=217235

http://instagramers.com/spanish/engagement-ya-tiene-traduccion-en-espanol-el-enganchamiento/

https://www.whitehouse.gov/the-press-office/2014/12/19/remarks-president-year-end-press-conference

http://elpais.com/elpais/2016/01/13/media/1452672459_479650.html


Ver de José Martí, O. C. t.28, pp.290-294

martes, 1 de noviembre de 2016

En el cumpleaños cincuenta de Rufo Caballero. Su último articulo publicado.

"El susto de este minuto no es el susto ante el desempleo; es el susto ante el imperativo del trabajo"
 LA ACTIVIDAD ECONÓMICA Y SOCIAL POR CUENTA PROPIA SERÍA EL BATACAZO FINAL AL DAÑINO PATERNALISMO SOCIALISTA DEL SUBEMPLEO




Por Rufo Caballero 





La Revolución cubana se mueve críticamente sobre sí misma. Por: Frei Betto


No hay política sin coyuntura, sin movilidad de la circunstancia, pero tampoco hay política sin luz larga, sin la capacidad de ver más allá de la bodega. En las últimas semanas, he leído varios textos de enfoque trágico sobre los “despidos” (palabra que suena a terror social, de ese que no encuentra consuelo ni en el chicuelo de Chaplin) y la tendencia a la reducción de plantillas en el ámbito laboral cubano. Algunos viven la tragedia como necesidad histórica (haga lo que haga Cuba, eso está mal: Cuba es la nube negra; ergo, palo porque boga y palo porque no boga); otros, emiten sus juicios de buena fe, preocupados por el abandono de que será objeto el cubano sin-techo; ahora sin techo laboral.
Durante muchos años, algunos intelectuales hemos insistido en que tiene que existir la manera de conciliar Revolución y economía, emancipación e instrumentalidad, soberanía y sociedad civil, socialismo y movimiento del soporte material de la vida social. Para los que están en los extremos, resulta fácil: hacen parte de la línea dura, según la cual la menor apertura significa una brecha por donde se iría todo, todo cambio carenaría en la glasnost tropical, en una perestroika más caótica aún en tierras de la maraca y el cocotero (para estos, está bien pagar el precio del inmovilismo y que la gente no respire); o pasan de cualquier opción que se aviste en el horizonte cubano, si esta es encauzada por la Revolución. Entre unos y otros, existe una franja intermedia, de gente interesada en hacer ver que Revolución quiere decir que la gente viva, que la gente respire, que el salario valga, que el dinero contribuya a robustecer valores espirituales, que calidad de emociones significa calidad de vida, y que el sacrificio no es una finalidad sino un medio. Gente interesada en recordar cómo ha sido la debacle económica la que ha determinado que se resienta todo un mundo de valores caros a esta sociedad. ¿Cómo le explicamos a los jóvenes que se venden de lunes a viernes, alrededor de los hoteles, para el fin de semana poder llevar a la novia a una discoteca, que nada hay más importante en la vida que ser un hombre íntegro, honesto, capaz de poner la cabeza en la almohada y dormir plácidamente? Esos jóvenes, que no son ni todos ni ninguno, pero que están ahí, pudieran replicar que “basta de muela, puro”. También: “pudo ser fácil, en los años ochenta, crecer como hombres íntegros y honestos. Pudo ser fácil, cuando los problemas materiales elementales estaban resueltos, cuando el dinero cubano era el único y valía, y la gente, con su sueldo, podía comprar cakes de nata, zapatos de calidad y discos de Madonna”.
Para esos que no tenemos respuestas muchas veces ante la voz de los jóvenes más desafiantes, resulta imperiosa la renovación económica de la sociedad cubana. No se puede seguir hablando de valores sin obviar la economía; ya ha sido suficiente error la pretensión de que un país se sostiene y se alimenta de ideales, de utopías, de consignas; porque, a la postre, sin sostén económico, se quiebran los ideales, las consignas, las utopías. Habría que ver la actual circunstancia de los “despidos” con otra perspectiva, que sobrevuele los anecdotarios lacrimógenos, y se percate de que, a no tan largo plazo, esta puede ser la posibilidad de la entrada de la pequeña propiedad en Cuba, que llegará a dinamizar la vida social. Parece que hemos aprendido que si se pretende controlar la industria pesada y la fiambre, al final se van de las manos la industria pesada y la fiambre. El exceso de control y de centralización condujo a un estado famélico de lo social, a un flagelo que nos detuvo demasiado tiempo. Si el Estado no puede resolver los problemas de transporte, como, durante décadas, se ha evidenciado que no puede, el botero no puede constituir un problema nacional. ¿Que ese botero se echa, al final de la noche, en el bolsillo, bastante más que cuanto gana un “trabajador normal”? ¿Y? En cualquier caso, ese botero timoneó su dinero, dobló el lomo durante doce horas, para llevarse a casa un poco de más dinero para pagar la gasolina o hacer la vida menos difícil. No le puso a nadie una pistola en la frente para que subiera a su almendrón; más bien, la gente se la puso al botero, para que los tirara hasta la Víbora… ¿Qué riesgo hay en eso? ¿Que instancia mayor peligra con eso? ¿No aceptamos por fin que el igualitarismo nos hizo daño, nos enfermó de idealidad y nos separó de la vida?
La pequeña propiedad, la pequeña empresa, la posibilidad del negocio privado, sería la ocasión de probar que la soberanía puede establecerse sobre la base del movimiento social y no de la verticalidad asfixiante. No es fácil, para nada; pero peor es que la olla siga cogiendo presión, y presión, a punto de implosionar. Una violenta implosión sería peor que una terrible explosión. Hay que crear válvulas de escape, válvulas de salida, alternativas urgentes. Así como se las ingeniaba Fidel para trocar las crisis políticas (el Mariel como paradigma) en coyunturas para la removilización del consenso, es este un momento para probar que la Revolución es mucho más que la clonación patrimonial de los valores históricos, o que un par de palabras que intentan preservar cuanto se ha conseguido hasta aquí. Con los años, la palabra revolución se ha hecho sinónimo de preservación, y ha extraviado su natural capacidad de crecimiento, de desarrollo, de virarse al revés en cada ocasión que sea preciso. Una palabra de asentimiento ha sustituido a un proceso de cambio.
La actividad económica y social por cuenta propia sería, además, el batacazo final al dañino paternalismo socialista del subempleo. Tememos, dramáticamente, a los despidos, y reclamamos, en el fondo, la clonación de la engañosa política del subempleo. El sujeto se sienta todos los días en su oficina, de ocho a cinco, o, ya hoy, tal vez de nueve a cuatro, hace nada, o muy poco, y al final de mes, tendrá en el bolsillo trescientos pesos, con lo cual puede vivir un día de los próximos treinta. Cuando vaya al agromercado, y compre un poco de viandas, dos libras de carne de puerco, y algo de frutas, a bolina el sueldo de todo un mes. El resto del próximo periodo, 29 días, con sus noches, el sujeto tiene que inventar, tiene que janéarsela durísimo, para llevar la comida a su casa, para resolver el transporte. Tiene que inventar 29 días al mes para poder sobrevivir. Fue así que el mercado negro se convirtió en “el mercado”, los márgenes se hicieron centro, y la venta de pacotilla se convirtió en un oficio de supervivencia: los cubanos nos quitamos el dinero los unos a los otros, y así nos entretenemos hasta el año que viene. La vida es lo que está pasando mientras nos contentamos con vender un pitusa y una lavadora vieja, porque así podremos comer la semana entrante. La política del remiendo, de la salida desesperada, de la conformidad con la falta de expectativa económica y social nos ha abotargado durante demasiado tiempo. Nos ha detenido.
El subempleo fue haciendo que este país se volviera definitivamente holgazán, que muy poca gente trabajara de verdad, porque, total, pa’ qué voy a doblar el lomo, si con lo que me pagan a fin de mes, no voy a resolver nada. Ahora mismo Cuba es un país de la suspensión, donde la gente se inventa toda clase de excusas para no trabajar. Si en la panadería la señora que despacha no te atiende, y reclamas, prepárate a escuchar que ella tiene una situación muy difícil, dos niños chiquitos, y cuando lleguen las seis de la tarde, tiene que ir a fajarse con un P-no-sé-cuanto, para luego tener que inventar la comida. Si vas a una óptica, no puedes pasar porque están barnizando las maderas. Si te acercas a una notaría, el horario de almuerzo es de once a dos, y además, falta la tinta para enjugar los cuños. Si la maestra trató mal a tu hijo, y le reclamas, ella se lleva las manos a la cabeza y te dice: “pero mulato, ¿tú no sabes to’ lo que yo he pasa’o? Yo me di candela en el 2000, luego fui trabajadora social, y ahora soy maestra emergente, que lo mismo enseño Química que Historia de Cuba?, ¿qué más se le puede pedir a la vida? ¡Tu niño –tu niño no, tu monstrico- es un malcria’o y bien! ¿Cómo e’?”. No puede haber rigor, no puede haber ética, si no existe una solvencia mínima; si la gente no siente que trabaja por placer, como por una recompensa final menos frágil, y que al llegar a la casa no tendrá que ponerse a generar actos de prestidigitación para resolver la comida. Cuando llega la noche, cuando llega la mañana, el sujeto es pura obstinación: ¿cómo pudiera atendernos bien en la panadería?
¿Qué reclamamos cuando exigimos que ese “trabajador normal” sea recolocado en su “puesto de trabajo”? Estamos pidiendo el regreso de la inercia, el desorden económico, el país de la abulia que llegó hasta aquí. Para los humanos, todo tiempo pasado fue mejor. Nos vemos primorosos, sentados en la oficina, de ocho a cinco, o de nueve a cuatro, mirándonos las narices, haciendo cuentos de Pepito, o esos de un cubano, un ruso y un norteamericano, hasta que podamos salir a luchar un camello. ¿Por qué tiene que seguir siendo esa nuestra vida? Nuestra vida gris, que come ideales y merienda hamburguesas de rectitud ideológica. Y conste que lo escribe alguien que ha sido feliz, que ha vivido la vida que ha querido, y que ha podido o sabido encontrar razones importantes para evitar que la vida se vuelva un calvario. Pero que no tiene los ojos vendados.
Claro que será difícil. No hay capital. ¿A partir de qué se van a poder montar los pequeños negocios? Otra vez hay que inventar: pero más vale inventar unos meses, y generar la solvencia mínima, para que en los próximos años, ese negocio abra el camino económico, y la gente pueda respirar. Más vale inventar la posibilidad de invertir que confinarse a la inercia del no-pasa-nada, del inmovilismo, de la falta de expectativas de vida. Unos meses atrás, como parte de un debate, una exponente de las ciencias sociales decía, compungida, que le preocupaba que ciertos documentales críticos pudieran suscitar motines. A lo que respondí: ¿y el inmovilismo, la presión de la olla, no puede suscitar motines? ¿Cómo evitar que se nos venga encima la acumulación de impotencia y de frustración que tantos años de no-economía han ido depositando en la gente? Abriendo puertas; abriendo caminos. No hay de otra. Revolución no es mutilación; Revolución es cambio y sacudimiento. Ahora el reto consiste en que la apertura inevitable no renuncie a conquistas sociales importantes; pero, a fuerza de apostar a ese sostenimiento, hasta esas conquistas se han vuelto vulnerables, sin un soporte material que las facilite mínimamente. Durante años hemos clamado porque la letra oficial, la cartilla legal, abra espacios a la iniciativa privada, en el sentido de que un puesto de fritas no tumba un gobierno. Lo hemos logrado, lo estamos consiguiendo: el camino se aclara, se hace menos áspero, y entonces sobreviene la farsa de siempre cara al cubano. La tragedia. Despido es una palabra demasiado dura, una acción que nada tiene que ver con el socialismo. Invocamos el paternalismo socialista como el modo de regresar a ese momento en que éramos resguardados por la nebulosa del país, que nos acariciaba con el ventilador de la oficina y nos hacía inventar 29 días. Ahora, tendremos que inventar 29 meses, para invertir (no hay cubano sin invento), pero, se supone que, a la postre, llegará el oxígeno. ¿Qué preferimos: recrearnos en el melodrama del desempleo con tal de retomar el subempleo complaciente, o entender que se acabó el abuso, que al fin la gente va a tener que trabajar, que doblar el lomo, para salir adelante, y que se va a terminar el país del mango bajito? El temor a la empresa privada y los pequeños negocios es el temor al trabajo de verdad, a que se acabe el teatro, el simulacro, la burrocracia (he escrito burrocracia y no burocracia). Quedaremos expuestos a nuestra suerte, es cierto. Cada cubano tiene que labrarse el camino en la medida justa de su empeño, está claro. Y hasta hoy, ¿cuál ha sido nuestra suerte económica? Ahora, que tenemos la letra para desbrozar el camino; ahora, las lamentaciones. Es curioso que quienes llevamos muchos años doblando el lomo, cada quien en lo suyo, abracemos la posibilidad de la cuenta propia como una apertura natural. Para nosotros, no entraña peligro alguno, sino eso: una posibilidad. No creemos que sea panacea de nada, estado de albricias súbito y confortante. No. Pero constituye al menos una posibilidad para la sociedad cubana.
Dejémonos de tragedia, cubanos, que tragedia era vivir dormitando en la oficina, oyendo a Luis Miguel, y contándole al colega los últimos sucesos del barrio. Ahora nos damos cuenta de que la vida era lo que estaba pasando mientras el chisme y el brete nos consumían. Si perdimos la juventud con los boleros de Luis Miguel, o la retransmisión de las telenovelas, vueltas a ver en los televisores Panda, es esta la hora de suponer que mañana puede ser un día provechoso. Más que todo, productivo. Hay que ponerse pilas, hay que echar a andar los motores, hay que movilizar la imaginación, que el Estado no estará más para amparar a quien, enternecido, olvida que mientras entona o desentona Luis Miguel, afuera aguarda una cola de cuarenta personas. Preciso es romper la dependencia edípica al Estado. Si el Estado se cansó, más cansados debemos estar nosotros, y más deberíamos aprovechar la circunstancia de la opción de inventar para vivir y no para sobrevivir. Claro, hay un problema, un solo y enorme problema: hay que trabajar. ¿Cómo hacemos, en Cuba, para que trabajar vuelva a ser una virtud, un bien público y privado, y no un complejo de “trabajadores normales” que se sienten pillos cuando consiguen burlar al jefe? El susto de este minuto no es el susto ante el desempleo; es el susto ante el imperativo del trabajo, cuando vagar nos ha encantado. Al niño le han quitado la mochila, la merienda, la jabita de aseo y le han dicho: vamos, echa a andar. Primero aparece la incertidumbre, la protesta, el desconcierto. Después, se supone que, con el trabajo, la oportunidad de despegar.