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jueves, 13 de julio de 2017

“Recuerdo a Fidel hablando de la tragedia que significaba ser gay o ser transexual en una sociedad homófoba”



Saltamos
Texto: Davide Angelilli
Fotografía: Garazi Calvo

Sobrina del líder histórico de la Revolución cubana, hija de la dirigente revolucionaria Vilma Espín Guillois y del actual presidente del país, Mariela Castro Espín (La Habana, 1962) es la directora del Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba desde el año 2000. Mariela, reconocida a nivel global por su militancia y compromiso a favor de los derechos de la diversidad sexual y de la igualdad de género, ha participado al XIV Encuentro estatal de solidaridad con Cuba, que se ha realizado desde el 9 hasta el 11 de junio en Bilbao. En esta entrevista nos habla de su tío Fidel, y nos acerca a través de una mirada feminista al proceso de transición socialista en Cuba.

Hoy en día, en diferentes países de América Latina, los movimientos feministas están en las primeras filas de las luchas populares, resistiendo frente al retorno de gobiernos neoliberales que promueven políticas radicalmente antisociales y abiertamente machistas. En Cuba, ¿cuál ha sido y cuál es en la actualidad el papel de la mujer en el proceso de transformación social?

En América Latina hay una historia muy rica de luchas por los derechos de las mujeres. Desde el siglo pasado aparecieron movimientos sufragistas, feministas, organizaciones de mujeres dentro de los partidos políticos, y Cuba era también parte de esta diversidad de fuerzas. El mismo año del triunfo de la Revolución en Cuba, se preparaba el primer Congreso Latinoamericano de las Mujeres que se realizó en Santiago de Chile en el 1959.

Precisamente organizando la delegación para este encuentro, se creó la estructura de la Federación de Mujeres Cubanas, bajo la dirección de mi madre. Entonces, el movimiento feminista internacional era muy heterogéneo, había muchas más tendencias ideológicas que en la actualidad, y hasta posiciones que en algunos aspectos chocaban entre ellas. En este contexto, la Federación de Mujeres Cubanas se constituyó como organización de masas de las mujeres, con todos sus matices y particularidades. Por ejemplo, no se definieron como feministas por el hecho de no identificarse plenamente con ninguna de las posiciones del movimiento internacional. Desde sus inicios, el objetivo principal de esta fuerza fue el de facilitar la participación organizada de las mujeres en el proceso de transformación social, porque, dialécticamente hablando, tú transformas la sociedad y transformas las conciencias, y transformando las conciencias, transformas la sociedad. Por eso es tan importante la participación organizada de las mujeres en la sociedad cubana, como motor constante de cambio social.

Para activar este proceso de participación organizada de la mujer, Fidel, como líder histórico de la Revolución, tuvo un papel decisivo…

Sí, el mismo Fidel reconocía a la Federación de Mujeres Cubanas como una “revolución dentro de la Revolución”; un valor agregado –diría yo– en la definición de políticas y de leyes en Cuba, que ha estado en conexión constante y permanente con otras organizaciones de la realidad internacional. Antes de triunfar la Revolución, y tras ser encarcelado por el asalto al Moncada, Fidel expresó el programa revolucionario en su alegato de autodefensa, cuando pronunció la célebre frase “la Historia me absolverá”. Ya en este texto hablaba de la específica situación de explotación de las mujeres. Entonces, con el triunfo de la Revolución, Fidel propuso la unión de todas las organizaciones de mujeres en una sola entidad, participó en la fundación de la organización y decidió darle el nombre de Federación de Mujeres Cubanas.

Fidel realmente siempre nos ha dado la luz para construir la unidad. Y la unidad ha sido nuestra calidad y fortaleza más grande para llevar adelante nuestra lucha antimperialista, en la cual las mujeres jugamos un papel muy importante, también gracias a las visiones y al carisma de Fidel. Nuestro comandante histórico fue decisivo, incluso en la creación y fortalecimiento de las distintas organizaciones de masas, de la sociedad civil. Fidel sigue estando con nosotros todo el tiempo, como el Che; sus referentes para nosotros son fundamentales. Por ejemplo, cuando el Che decía que del imperialismo “no se puede confiar ni un tantico así”… lo tenemos presente todo el tiempo, mirando ahora la situación de Venezuela. La Revolución bolivariana tiene una responsabilidad histórica; si se cae Venezuela se cae América Latina, otra vez en manos del imperialismo. Por eso Venezuela tiene que encontrar la forma de resistir y de hacer frente a estos grupos pagados por Estados Unidos a través de la oposición.

Antes has hablado de la Federación de Mujeres Cubanas como una organización que no se definía como feminista, pero que ha introducido en el proceso revolucionario la cuestión de género…

Aunque no se declaraba abiertamente así hasta el nuevo siglo, yo creo que el movimiento de mujeres cubanas no deja de ser un feminismo militante ya desde sus inicios. Se luchó desde el principio para involucrar a los hombres en nuestras tareas, como también nosotras nos involucramos con ellos en tantas otras tareas. En general, se trabajó para que el tema de los derechos de las mujeres fuese un asunto de toda la sociedad, independientemente de que la Federación lo abordase desde su propia realidad y con su especificidad.

Si nosotros estamos en un proceso de transición socialista, para la creación de una sociedad más justa, equitativa y solidaria, no podemos reproducir acríticamente estas formas de dominación.

Evidentemente, todo este proceso tuvo repercusiones reales en la sociedad. Investigando la literatura, el teatro, la música cubana, se puede ver cómo en el imaginario artístico nacional se iba reflejando este empoderamiento de las mujeres. La revolución estaba erosionando paulatinamente toda relación de desigualdad en el país, y por supuesto también la relación de dominación patriarcal de los hombres sobre las mujeres. Hay investigaciones que hablan de cómo las mujeres en Cuba tenían un proyecto de cambio, el hombre no, el hombre cambiaba a partir del cambio de las mujeres, me refiero en el sentido de las relaciones patriarcales.

En esta óptica de organización de las mujeres como fuerza de transformación social en sentido revolucionario, ¿cuál es el papel del Centro Nacional de Educación Sexual?

El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) surge precisamente de la Federación de Mujeres Cubanas. Con esta institución, poco a poco, se van introduciendo temáticas (como la salud reproductiva, la salud sexual, la educación de la sexualidad) que ayudan a la mujer a tener una mayor responsabilidad reproductiva. Esto tiene una incidencia positiva en la vida cotidiana de las mujeres, estimulando su participación en la sociedad. La presencia femenina en los altos niveles de decisión es cada vez mayor: en el mundo académico, científico, en la salud, en la educación, en el mundo jurídico, la mayoría son mujeres. Todavía hay problemas –como el techo de cristal— en el mundo empresarial, y se está trabajando para romperlo. Le llaman techo de cristal porque hay un grupo de elementos, de estereotipos (aparentemente invisibles) que frenan a la mujer a la hora de asumir mayor responsabilidad en estos espacios, como por ejemplo que las reuniones sean a las diez de la noche, y a esta hora la mujer tendría que estar en casa cuidando la familia…
Con tu trabajo desde el Cenesex has contribuido en introducir los derechos de la diversidad sexual en la concepción comunista de justicia social, centro del imaginario político de la Revolución cubana. ¿Cuándo y cómo decidiste que tu compromiso con el proceso revolucionario significaba luchar desde el feminismo?

Las personas LGTB en una sociedad homófoba sufren. Si nosotros estamos en un proceso de transición socialista, para la creación de una sociedad más justa, equitativa y solidaria, no podemos reproducir acríticamente estas formas de dominación. Al contrario, tenemos que ponerlas sobre la mesa, analizarlas, deconstruirlas y hacer propuestas de políticas que contribuyan a cambiar la cultura, a cambiar estos mecanismos que generan desigualdad, para sustituirlos con relaciones sociales basadas en la justicia. Esto en todos los aspectos de la vida, no solo los de género, no solo la abolición de clases sociales… Yo recuerdo que mis padres tenían conciencia de este problema, pero no sabían cómo resolverlo, porque veían que el machismo y la homofobia eran muy fuertes en los sentimientos internos de la mayoría de las personas. También recuerdo a Fidel hablando de la tragedia que significaba ser gay o ser transexual en una sociedad homófoba, y a mi padre diciendo: “Yo no sé cómo se puede abordar esto”.


Así yo, que fui creciendo con un fuerte sentido de pertenencia a la Revolución, veía esta contradicción y me sentía realmente mal. De aquí la inquietud para estudiar y trabajar con el Cenesex el tema de la educación sexual en la adolescencia. Las personas transexuales venían a pedirme ayuda y yo sentía la responsabilidad de trabajar para solucionar esta problemática. Entonces, inicié a investigar la mejor manera de abordar estas cuestiones, porque a veces uno recibe la demanda, la solicitud, pero tampoco la población víctima tiene plena conciencia sobre su condición. Justamente, mirando cómo la revolución había estimulado otros procesos de atención a necesidades variadas del pueblo y, por supuesto, apoyándome teórica y metodológicamente en el marxismo, fui tomando herramientas que utilicé para transformar la sociedad. Porque el problema no son nunca las personas LGTBI, el problema es la sociedad con la reproducción acrítica de una ideología dominadora expresada también en los temas de diversidad sexual. En este sentido, lo que estamos trabajando con una estrategia educacional y comunicacional responde precisamente a la necesidad de dar a entender de donde vienen estos prejuicios, a quién le sirvieron, y entonces cómo podemos superarlos. Nosotras, educando en la sexualidad, generamos una conciencia para que las personas sepan identificar estos símbolos, estos códigos, y entonces sepan también modificarlos. Por tanto, basándonos en la pedagogía de la liberación de Paulo Freyre, desarrollamos una educación de la sexualidad que no promueva las relaciones de dominación, sino el amor y el respeto entre las personas.

Nuestra lucha por los derechos de las personas LGTBI está dentro de esta estrategia y con este mismo enfoque, porque incluso dentro de los colectivos organizados de LGTBI se pueden reproducir estas relaciones de dominación, como un “sistema de casta”. Pero, cuando luchamos para la articulación de este movimiento en una lógica emancipadora más amplia, se superan también estas contradicciones. Este es el reto, porque si no, tratando de hacer socialismo, reproducimos una ideología dominadora y unas relaciones capitalistas, basadas en la explotación y en la discriminación.

El pasado enero, desde el Cenesex, habéis organizado un simposio internacional contra la violencia de género, dedicado a la memoria de la luchadora hondureña Berta Cáceres. ¿Cuáles son vuestras propuestas para avanzar en términos de igualdad de género en Cuba?

El simposio se ha centrado sobre violencia de género, turismo sexual, prostitución y trata de personas: un grupo de temáticas que teníamos que profundizar para hacer propuestas políticas específicas y bien articuladas en Cuba. Por eso, convocamos a distintas organizaciones del Estado y de la sociedad civil con la cuales trabajamos, para que presentaran sus aportes y así poder consensuar estas propuestas de la manera más participativa y amplia posible. Además, pudimos contar con la presencia de diferentes entidades internacionales, que nos han permitido enriquecer nuestras visiones con aprendizajes de otros contextos y realidades muy diferentes.

En esta ocasión, también hemos debatido sobre cómo abordar la problemática de la prostitución en nuestro país. Hemos estado reflexionando sobre cuál es el mensaje educativo que tenemos que trabajar en la escuela. Un mensaje que no puede incidir desde la moral, porque no consideramos a la prostituta, en absoluto, una persona inmoral. Al contrario, la prostituta es una víctima a la cual se le requiere dar elementos de análisis para que comprenda cómo prostituyéndose pierde libertades y derechos, porque se convierte en mercancía, y las mercancías no tienen derechos. A partir de allí, vamos a desarrollar campañas comunicativas, también dirigidas a los turistas, para que sepan cuáles son nuestras reglas, y cómo, en Cuba, la población, sobre todo la infancia, está protegida.

En nuestra institución tenemos un amplio programa contra la violencia de género, un grupo específico está trabajando unas propuestas de leyes para poder presentarlas dentro de la más amplia estrategia de actualización (también a nivel constitucional) abierta por los nuevos lineamentos socialistas. Es decir, en todo lo que se está fortaleciendo para seguir con la construcción de la nación que hemos venido articulando como pueblo, trabajamos para que se avance con más conocimiento y herramientas en los temas de género y de la diversidad sexual.

miércoles, 3 de mayo de 2017

“No he conseguido nada por ser la sobrina de Fidel”


MARIELA CASTRO / DIRECTORA DEL CENTRO NACIONAL DE EDUCACIÓN SEXUAL DE CUBA

GORKA CASTILLO


Mariela Castro, durante la entrevista. MANOLO FINISH
MADRID 

Conversar con Mariela Castro (La Habana, 1962), invitada en el Foro Mundial contra las Violencias Urbanas celebrado la semana pasada en Madrid, es como adentrarse en un libro de historia. Además de ser una de las personas que mejor y más han contribuido al reconocimiento de los derechos del colectivo homosexual en Cuba, es hija del presidente Raúl Castro y de la añorada Vilma Espín. Y, por supuesto, es la sobrina de Fidel. “Tuve muchos diálogos con él sobre estos temas pero como todos los hombres de su generación hablaba de la homosexualidad como si fuera una tragedia”, dice. Puede que alguien sienta la tentación de pensar que con Castro al frente del CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba) desde el año 2000, desbrozar los estigmas del género hasta declarar proscrita la homofobia fue coser y cantar, pero se equivoca. Hasta cuatro congresos del Partido Comunista tuvo que esperar para percibir un cambio de sensibilidad que poco a poco fue extendiéndose por las venas del sistema cubano y llegando al corazón revolucionario: “La educación desde la infancia es clave para combatir ese mal universal”. A Mariela Castro sólo hay una cosa que le ensombrece la sonrisa que dibuja en su rostro: hablar de las guerras que hoy desangran buena parte del mundo. Entonces, se revuelve en la silla como un felino aterrado y suelta: “¿Por qué la han tomado con Bashar al-Asad y no con otros reyes de la región?”.

¿Vivimos una etapa histórica violenta?

Nos encontramos en un momento donde la violencia se ejerce de manera extrema pero también vivimos una etapa que nos permite visibilizarla. 

¿Qué países son los más respetuosos con los derechos de LGBTI?

No se puede hablar del mejor ejemplo porque en muchos países se han puesto en marcha políticas interesantes. Por ejemplo, en la Argentina del periodo Kirchner se avanzó mucho en materia legislativa por los derechos del colectivo LGBTI en educación o en derechos laborales pero ahora, tras la llegada del nuevo gobierno de derecha de Macri, está en claro retroceso. Este ejemplo me ha servido para reflexionar sobre los peligros que arrastran los sistemas pluripartidistas que dependiendo del color del gobierno de turno se avanza o se retrocede en políticas sociales. Sinceramente, no me parece un modelo convincente de democracia.

Y en Cuba, ¿en qué situación vive el colectivo LGBTI?

Yo entré a dirigir el CENESEX en el año 2000 pero mi mamá ya venía trabajando desde mucho antes en los derechos de las mujeres, la infancia, la juventud, en el ámbito de la educación sexual. Por ejemplo, Cuba comenzó a atender a personas transexuales en 1979. Pero hubo cosas que no pudo cambiar. Cuando asumí el cargo dediqué mucho tiempo a este colectivo porque comencé a explorar vías de sensibilización y educación efectivas pero vi que no me servía únicamente con escuchar a las personas que sufren este tipo de discriminación. Me faltaban herramientas. La comprensión del dolor era importante pero no suficiente. Tuve que prepararme para hacerlo bien y entre ello estaba encontrar el lenguaje que me permitiera llevarlo a la política y a la población. No fue sencillo movilizar al colectivo en programas de capacitación y aún menos involucrar a personas heterosexuales para ir normalizando que la libre condición sexual es la normalidad. 

¿Y cómo logró enfrentar la resistencia que encontró en miembros destacados del Partido Comunista, entre ellos el propio Fidel?

Fidel era un hombre de su tiempo, es decir, educado en la homofobia. No de forma agresiva pero él creía que aquella persona que no fuera heterosexual tenía algún problema. Lo decía con compasión, como si ser homosexual fuera una tragedia. Tuve muchos diálogos con él sobre estos temas. Muchos. Y vi cómo fue evolucionando en sus discursos pero ni él ni los de su generación sabían cómo resolverlo. Lo hablaba con mi mamá. Fue un reto. Yo no quería vivir en una revolución homofóbica. La primera vez que llevé el tema de la identidad de género y la orientación sexual al congreso del Partido Comunista no me apoyaron. En el sexto congreso pasó lo mismo. Tuve que esperar al séptimo para discutirlo. Y hasta el octavo para hacer una propuesta de un glosario de términos. No logré convencer a nadie por ser la hija de Raúl Castro o la sobrina de Fidel sino con argumentos y aprendizaje.

Resulta inevitable preguntarle por Reinaldo Arenas.

Reinaldo Arenas fue un buen escritor cubano pero el cine sobredimensionó su figura. He podido conversar con una mujer con la que tuvo un hijo y con personas muy cercanas a él y todos coinciden en que fue una pena lo que hizo. Comercializó con su libro al salir de Cuba, metiendo alguna mentira para engrandecer al personaje que creó. Fue expulsado de la universidad por una situación de “fraude escolar” y estuvo en la cárcel por un oscuro asunto de abuso sexual infantil. Eso no lo cuenta en su libro. Es cierto que sus obras no se publican en Cuba pero no porque estén prohibidas sino porque el propio Reinaldo Arenas dejó un testamento en el que expresaba su voluntad de que no pudieran publicarse.

¿Qué le parece la democracia española?

De España hemos aprendido muchas cosas a nivel académico, asociativo y comunitario. También en materia legislativa han avanzado de forma importante aunque no modificó los crímenes de odio. No quiero que se interprete como una crítica al Legislativo. Al contrario. Siempre elogiaré a los países, como España, que han dado saltos importantes en defensa de los derechos sociales y, en concreto, de un colectivo tan golpeado como el LGBTI. Pero no basta con las leyes. Hay que trabajar en un plano más amplio, en todo el sistema jurídico, en componentes fundamentales como el educativo y el comunicacional, si se quiere avanzar en la igualdad. Es la única manera de lograr que la acción sea colectiva y permanente. 

La homosexualidad sigue siendo castigada con la pena de muerte en nueve países y con la cárcel en otros 24. ¿Cuál es la situación en América Latina?

Hay países que han avanzado mucho en propuestas legislativas pero a nivel político no han logrado revertir la situación. México es un claro ejemplo, especialmente el DF. Sin embargo, es, junto a Brasil, el país latinoamericano con mayor tasa de crímenes homofóbicos y transfóbicos. 

¿Y qué opinión tiene de Rusia?

Es un país muy atrasado en esta materia. El escándalo de Chechenia –la existencia de un campo de concentración para gais publicada en un diario ruso-- aún no he conseguido verificarlo. No tengo suficientes datos para decir si esa noticia es cierta o no pero cuando lo consiga me pronunciaré. Hay que tener en cuenta que Rusia vive hoy una coyuntura bastante delicada a nivel internacional y me llama la atención que esa información se haya difundido justo en este momento.

¿A qué se refiere?

A que vivimos un contexto de lucha por el control de los recursos naturales y Rusia, junto a Irán y China, está defendiendo a Siria de toda esa invasión de los EEUU y la OTAN, porque en este conflicto Europa es tan responsable como EEUU. En esta situación, casi de tercera guerra mundial, mi pregunta es ¿por qué sale ahora lo de Chechenia y no salió antes? Necesito más información para pronunciarme sobre ese caso.

Han pasado ya cinco meses de la muerte de Fidel Castro, ¿cómo le recuerda?

Fidel era la estrategia. Una locomotora que miraba hacia adelante y, a veces, olvidaba hacerlo hacia los lados. Quería lograr la felicidad para los cubanos a toda velocidad, rápidamente, pero… Un día me dijo mi papá: “Si logras convencer a Fidel de tus temas, él convence a todos los cubanos”. Era cierto porque tenía una habilidad enorme para ello pero enfermó y ya no tuve ocasión de trabajar con él. Era un hombre muy armonizador y una autoridad casi mística.

¿Cómo puede influir en las nuevas relaciones con EEUU la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca?

Prefiero no responder a esta cuestión porque lo desconozco.

¿Cuál es su opinión sobre el panorama internacional actual?

El mundo sigue peleando por el control de los recursos naturales con intereses geopolíticos para lograr esos objetivos expresados a través de la invasión de países, de bombardeos de pueblos enteros, de la mentira de los grandes medios de comunicación, de la manipulación. Es lo mismo que las fuerzas dominantes han hecho siempre. Es una de las fases del imperialismo. Los focos de tensión coinciden con aquellos lugares donde hay recursos naturales pero los gobiernos ponen esas riquezas al servicio del pueblo en lugar de servir a los intereses de los más ricos. En Venezuela, en Bolivia. Ocurrió en Libia, ahora en Siria. Se inventan historias para poder invadir países cuyo nivel de vida colectivo era superior a algunos países europeos. ¿Por qué la han tomado con Bashar al-Asad y no con otros reyes de la región? Las guerras se producen por intereses económicos pero siempre hay un grupo de personas irresponsables e ignorantes que se creen todas las mentiras que se cuentan y que forman parte de esa masa que no reacciona ante las injusticias que se están cometiendo. 

¿Hacia dónde se dirige Cuba?

Tenemos toda una estrategia para un desarrollo político y económico destinado a generar las bases que aporten sostenibilidad al proyecto social y al socialismo. Queremos seguir profundizando en la conquista de la igualdad social. Así lo ha expresado el pueblo en todas las consultas populares realizadas. La estructura social, política y económica de la revolución ha sido construida por el pueblo cubano. Todos participamos en la crítica y en las soluciones. Se quiere avanzar en el desarrollo económico, se desea acabar con el bloqueo financiero y comercial de EEUU que además de ser un obstáculo al desarrollo del pueblo es una violación del derecho internacional, y lo que no queremos es perder las conquistas sociales logradas en todos estos años. Gracias a esa cohesión social hemos resistido el bloqueo de la mayor potencia del mundo durante 50 años y eso no lo vamos a perder.

AUTOR



© Revista Contexto, SL
Madrid, España

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miércoles, 15 de febrero de 2017

Mariela Castro en HBO: entrevista a Jon Alpert.

María Isabel Alfonso
febrero 15, 2017



Fotos cedidas por Jon Alpert

Jon Alpert es el director del documental Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution, distribuido y exhibido recientemente por HBO Documentary Films, sección de la mega-cadena de televisión por cable HBO. Presentada en el 2015 tanto en el Festival Doc New York, como en el Festival de Cine de La Habana, Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution explora los desafíos y transformaciones del movimiento LGBT en la Isla a través del seguimiento de historias personales de miembros de esta comunidad y de los testimonios de Mariela Castro, impulsora, sin lugar a dudas, de muchas de las transformaciones que han tenido lugar en el campo de los derechos de género.

La película, consecución del proyecto iniciado por otro de los grandes realizadores independientes norteamericanos interesados en Cuba (el recientemente fallecido Saul Landau), está precedida por más de una docena de trabajos de los cuales 16 han sido ganadores del Emmy Award; dos, nominados para el Academy Award y cuatro para Columbia DuPont Awards, por mencionar sólo algunos de los reconocimientos. Pocos meses antes del estreno de Mariela Castro’s March, Alpert recibió el Lifetime Achievement Award, galardón concedido por Doc New York a aquellos que han realizado contribuciones importantes al campo del documental.


John Alpert y Mariela Castro durante la grabación del documental Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution

Alpert es fundador junto a su esposa, Keiko Tsuno, del Downtown Community Television Center (DCTV), organización comunitaria que desde 1972 provee entrenamiento a neoyorkinos interesados en la cinematografía. A través de talleres, renta accesible de equipos, eventos y proyecciones abiertas al público general, DCTV ha logrado mantenerse fiel a su compromiso de empoderar a jóvenes que buscan iniciarse en esta compleja y costosa carrera.

Los temas de género no son noticia en los grandes medios de Estados Unidos. Mucho menos lo es el del movimiento LGBT en Cuba. Hace poco, un comentador de la reconocida cadena noticiosa MSNBC hablaba de la Isla y sus políticas sexuales como si todavía estuviéramos viviendo en los años 60. Se refería a los “campos de detención a los homosexuales”, es decir, a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), como si aún estuvieran en vigor. Las distorsiones son notables.

Mariela Castro’s March ha llegado acompañado de críticas positivas y de otras más controversiales. Más allá de sus evidentes aciertos y posibles puntos débiles, es innegable que el documental llena un evidente vacío de información en Estados Unidos sobre las dinámicas LGBT cubanas. Ofrecemos aquí una entrevista a Jon Alpert, en la que el realizador aborda los riesgos, retos, esperanzas y desafíos que acompañaron y acompañan la realización y proyección de este filme

– El documental Mariela Castro’s March. Cuba’s LGBT Revolution está dedicado a Saul Landau. ¿Comenzaron juntos este proyecto? ¿Cuál es la conexión?

Saul vino a verme para decirme que quería hacer una última película sobre Cuba, que él se estaba poniendo viejo y quería que yo colaborara con él. Me explicó que el tema era el movimiento LGBT y el liderazgo de Mariela Castro, así como la ironía de que su padre y su tío hubiesen estado ligados (de la manera en que lo estuvieron) a la etapa homofóbica de los primeros años de la Revolución, las UMAP, etc. Saul tenía acceso a Mariela en Cuba, y entonces accedí a trabajar con él. Pero lo que yo no sabía era que no solamente se estaba poniendo viejo y que necesitaba un colaborador, sino que se estaba muriendo. Él tenía cáncer y sabía que hacer el documental era importante. Yo no sabía la seriedad de su condición cuando comenzamos el proyecto. En medio de todo, enfermó tan gravemente que no pudo continuar trabajando. Entonces fui a California y, básicamente, me hizo prometerle en su lecho de muerte que, no importara lo que pasara, yo continuaría el proyecto. No voy a decir que murió feliz por esto, pero el saber que yo lo terminaría le dio tranquilidad.

– Existe la concepción en la mentalidad norteamericana de que Cuba es una sociedad totalmente cerrada y que las personas tienen miedo de hablar, lo cual pasa por alto las complejidades y particularidades de la sociedad cubana. Tengo la impresión de que si Mariela Castro no hubiese estado en la película, las personas entrevistadas no hubiesen contado historias, o hablado de sus traumas… ¿Qué crees?

Creo que la apertura y la candidez con la cual las personas hablan a las cámaras y a los reporteros en Cuba, se ha incrementado a través de los años. Por ejemplo, en mis primeros viajes a Cuba durante en los años 70 había un número de factores que hacían difícil obtener un margen amplio y diáfano de opiniones… Creo que hicimos un buen trabajo, pero tuvimos que trabajar muy duro. En aquellos tiempos teníamos a un “baby sitter” o “acompañante” al lado todo el tiempo, y no se permitía que trabajaras sin esa persona a tu lado. También los equipos eran grandes, pesados, y quizás tenían un aspecto algo intimidatorio. Había un sentido más sistémico de lo “políticamente correcto”, una participación más activa de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR); tú probablemente puedas analizar esto mejor que yo…

Entonces era raro encontrar desviaciones de la forma de pensar oficial. Quizás había personas pensando diferente, pero no todo el mundo estaba dispuesto a hablar de eso. Con el paso de los años, de forma continua y progresiva hasta este momento, tú puedes encontrar opiniones mucho más diversas entre las personas con quienes hablas. El sistema de “baby sitter” se acabó hace muchos años; la gente se siente más confiada. También pasa que tú tienes que establecer una relación de confianza con las personas con las con que estás trabajando. Creo que hemos hecho eso en Cuba y la gente de diferentes sectores de la sociedad están familiarizados con nuestro trabajo y con nuestra integridad, y por tanto, pueden confiarnos sus opiniones. Yo me siento confiado en que yo puedo ir a La Habana mañana y encontrar gente con un amplio grado de criterios sobre cualquier tema.

– Después del estreno de tu documental, en algunos artículos se te ha criticado por no hacerle a Mariela las preguntas difíciles ¿Cómo responderías a esta crítica?

Yo he leído algunos de esos artículos también; creo que hay muchas cosas por explorar con respecto al tema LGBT en Cuba: su historia, sus derechos, sus oportunidades de futuro… Nosotros, de manera muy conscientemente, escogimos centrar nuestra historia alrededor de Mariela y su trabajo. Si ella no fue cuestionada más duramente, fue mi culpa. Yo le hice muchas preguntas que no están en el documental. De ellas escogí solo un número determinado. Hubo momentos en que nos sentamos y le hicimos las preguntas que muchas de las personas involucradas quisieron hacerle. Me parece que tenemos muy buen material acumulado. Pensamos que lo que escogimos poner en la película fue lo más iluminador. Estas fueron las opciones editoriales que se hicieron, y si a alguien no le gusta, estamos (por lo menos) contentos de que vieron la película. Dejemos que la critiquen. Esto no significa que no existan muchas áreas que explorar en el tema de los derechos LGBT y otros derechos en Cuba. Así que a estas personas les deseo un maravilloso tiempo explorando estas cosas, y haciendo su propia película.

– Algunos en Cuba han criticado que limitar la narrativa de estas dinámicas a una sola persona, implica que al hacerlo se le puede quitar mérito a un proceso mucho más orgánico que implica a múltiples actores. ¿Piensas que narrar los hechos a través de los ojos de Mariela Castro podría ser problemático en este sentido?

No soy académico, no soy sociólogo, pero voy a hacer una observación. En Estados Unidos tenemos movimientos de “abajo hacia arriba” en el campo de los derechos LGBT. El alto nivel de visibilidad que existe entre la gente sobre estos temas comenzó hace alrededor de 40 años; tuvo que hacerse un camino para llegar al punto en el que estamos ahora. Ese tipo de movimiento en las leyes y en cuanto a la aceptación en general de las personas, en Cuba, fue un proceso condensado de “arriba hacia abajo”, circunscrito a un período de cerca de unos 5 años, cuando el liderazgo del país implementó grandes cambios. Entonces tienes una progresión mucho más rápida en Cuba, que es absolutamente de “arriba hacia abajo”. Hay personas que no aceptan que esto sea así porque en Estados Unidos lo hacemos de “abajo hacia arriba”. Entonces son dos tipos de modelos: en uno tienes el liderazgo de “arriba hacia abajo” y después la aceptación general de la sociedad, aceptación legal, aceptación política de los derechos que cada uno debe tener. Pero hay definitivamente diferencias entre los dos movimientos, y ambos tienen sus fortalezas y sus debilidades.

– Bueno, en Estados Unidos es difícil de aceptar la existencia de otros modelos, no sólo en este campo sino en muchos otros…

Mira, las cosas funcionan de “abajo hacia arriba”, hasta que dejan de funcionar. Por ejemplo, ahora tenemos un gran potencial en Estados Unidos contra la homofobia oficializada de “arriba hacia abajo”, emanada de Washington. No hemos visto evidencia de eso todavía pero, ciertamente, la Administración Obama acogió la defensa de los derechos LGBT de una forma muy visible. No fueron efectivos todo el tiempo, pero sí proveyeron un liderazgo de la misma forma en que Fidel lo hizo con sus discursos y acciones, con respecto a los temas por los que estaba abogando. Y ahora Mariela encarna otro liderazgo en los aspectos por los cuales ella aboga. Obama tenía un asesor transgénero en la Casa Blanca; no va a existir un asesor transgénero en la Casa Blanca con la presente Administración. Creo que con cualquiera de los beneficios que tuvimos de “arriba hacia abajo”, implementados por la Administración Obama, vamos a tener que proyectarlos “bottom-upping”, es decir, empujarlos desde “abajo hacia arriba” con la nueva Administración.

– ¿Qué dificultades impone hacer una película para receptores situados en lados tan distintos del espectro, como lo son la audiencia cubana y la norteamericana, en cuanto a niveles de información, etc.?

Bueno, queremos que nuestras películas sean vistas por tantas personas como sea posible. Esperamos siempre que cada una de ellas contribuya a que otras personas piensen en pos de cambios positivos. En Estados Unidos, por ejemplo, yo estaba haciendo esta película inspirado en mi madre; esperaba influenciar en la manera en la que ella piensa acerca de los asuntos LGBT. Puede que yo no esté de acuerdo con ella, pero yo quería que ella viera la película para que así pudiera comenzar a pensar de una forma más constructiva. Si lees artículos de activistas de la comunidad LGBT, muchos criticaron el filme y encontraron partes que pudieron ser mejoradas. Eso está bien. Yo no hice la película para ellos; la hice para personas como mi madre.

También he puesto el ojo en la población cubana. Hemos estado trabajando con las autoridades, en los últimos tres años, para hacer una proyección del documental. Estuvimos muy cerca de pasar el documental en un espacio de tipo noticioso, pero de alguna forma eso no llegó a suceder. Siento que tenemos que empezar desde el principio para llegar a un acuerdo con el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).


Jon Alpert, documentalista y periodista norteamericano.

– ¿Pero fue presentado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, cierto?

Sí, pero eso no constituye una audiencia general; es una audiencia muy pequeña… Inicialmente tuvimos una presentación a teatro lleno. Asistió un amplio espectro de personas; gente de la industria cinematográfica, personas del liderazgo (una gran representación del liderazgo), lo cual fue muy positivo. Cuando pedí hacer una sesión de preguntas y respuestas, se me dijo: “Nosotros no hacemos sesiones de preguntas y respuestas”. Yo les dije: “¿Y por qué no hacerla después de mi película?” Entonces, el segundo día, se presentó el documental en un salón pequeño, atiborrado de personas, con una muy emocionante sesión de preguntas y respuestas en la que las personas hablaron de su experiencia de crecer en las provincias, cosas como ésas… Para mí fue uno de los momentos más importantes del festival: la sesión de preguntas y respuestas. Pero repito, no fue en un salón grande.

Al día siguiente, debido a la demanda, añadieron una presentación en el cine-teatro América, en Centro Habana. Esa era la presentación que realmente me tenía muy emocionado, pues es un lugar grande que podría acoger a todas las personas que no cupieron en la proyección del día anterior. Cuando llegué al teatro había un grupo grande de personas transgénero que nunca había visto; es decir, no eran parte de los activistas asociados con Mariela, no eran personas que habían estado en ninguno de los eventos en que yo había estado. Era un grupo grande de gente tratando de entrar, y al no poder hacerlo empezaron a sentirse muy frustrados. Entonces, cuando camino hacia la puerta del cine, veo un cartel que decía que la presentación había sido cancelada. Empiezo a tocar la puerta y finalmente me dejan entrar. En el lapso de 10 minutos obtuve como tres o cuatro excusas contradictorias de por qué la película no iba a ser mostrada. Primero, que no tenían una copia. “Okay, yo tengo una copia, aquí está”. “Ah… usted tiene una copia… Bueno, el proyector está roto.” Y yo: “Ah, ¿sí? Bueno, déjeme revisarlo…” Y ellos: “Bueno, en realidad no es el proyector, es que tenemos apagón…” Básicamente por alguna razón que desconozco, no quisieron poner el filme en el teatro América. Creo que esa semana se había dado el caso de otra película que no habían querido mostrar, lo cual había provocado cierto descontento. Es cierto que el cine está en una parte de La Habana que quizás es más difícil de controlar, y creo que ellos simplemente no quisieron tener ningún problema. Es muy desafortunado que fuera cancelada la proyección.

Esta es otra de las razones por la cual hemos estado trabajando con Mariela y con el ICRT, para lograr un horario de proyección en Cuba. La cosa también es que no he podido dedicarle a esto todo el tiempo que hubiese querido. Ha habido mucho trabajo asociado a la presentación de la película aquí en Estados Unidos. Fuimos invitados a presentarla, por ejemplo, en las Naciones Unidas, en el Comité de los Derechos Humanos. Creo que es la primera vez que honran a Cuba con un gesto positivo en el contexto de los Derechos Humanos; normalmente las Naciones Unidas critican a Cuba en este tema. También creo que es la primera vez que un filme sobre este tema es mostrado allí. Se hizo en un salón muy hermoso, el Salón de los Delegados, acompañado por intervenciones muy inspiradoras, con Mariela presente.

Es decir, si pones todo eso junto: la burocracia de las Naciones Unidas, la burocracia de Cuba, la burocracia de HBO… Poner a toda esa gente a trabajar juntos llevó mucho trabajo.

Entonces, en el medio de todo eso, muere Fidel. Yo quería ir a Cuba para filmar todos los acontecimientos alrededor de su muerte, porque estamos haciendo una película acerca de tres familias cubanas a través de los años. Es una suerte de “resumen” de mi devoción por tratar de entender lo que pasa en Cuba…

– Después de haber filmado en Cuba por tantos años, ¿crees que ha habido una transformación en la sociedad cubana? ¿Ves una gran diferencia entre la Cuba que filmaste anteriormente y la de ahora? 

Yo te puedo hablar en términos de estas tres familias que he estado filmando por muchos años, pues hace 30 años me propuse dejar de filmar lo que serían las “grandes noticias” y concentrarme en estas familias; de cierta forma, me impuse yo mismo esa limitación. Creo que en términos del idealismo visceral, de pasión, de promesas, los primeros días de la Revolución tuvieron una energía, una condición muy única. Como cuando te casas, todos esos días iniciales son muy emocionantes. En cada sociedad, en cada gobierno, en cada relación, ya sea con tu esposa o tu esposo, el tiempo juega un papel en todo esto; las expectativas también. La capacidad o incapacidad de cumplir con las expectativas de una sociedad, con las supuestas promesas, juega un papel fundamental. Casi me siento compelido a hablar de Estados Unidos, porque nos hemos metido nosotros mismos en una situación en la cual una parte significativa de nuestra sociedad cree que las promesas y el potencial de América no han sido cumplidos. Hemos llegado a un lugar de estancamiento y declive.

– Y cómo has logrado mantener ese espíritu con tu organización, DCTV?

Siempre estamos arriba de eso… Añadimos nuevas clases, buscamos nuevas cámaras, arreglamos nuestro local. No queremos que la gente se encuentre con un centro comunitario descuidado. No deben ser solamente los bancos los que tienen ambientes agradables y edificios bonitos. En una organización comunitaria las personas también se merecen un ambiente de trabajo agradable. Esto no quiere decir que no tengamos problemas; pero ciertamente gastamos más tiempo tratando de corregirlos que congratulándonos a nosotros mismos. Somos incansables. Ha sido difícil, pero lo hemos logrado.