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lunes, 17 de julio de 2017

El anticomunismo como bandera.


Por Javier Gómez Sánchez

17 JULIO, 2017 DE LA PUPILA INSOMNE
Los últimos días han sido definitorios para el choque ideológico que convenientemente han intentado mantener disfrazado de debate intelectual.
Si hay un texto publicado en este tiempo que los cubanos interesados y sobre todo los cubanos revolucionarios deben leer es: “La moderación probada del espíritu de Cuba“ escrito por el Sr. Arturo López-Levy, presentado por la página del ¨laboratorio de ideas¨ Cuba Posible.
El texto es y busca ser definitorio. Reconoce finalmente al ¨centrismo¨ socialdemócrata  como la iniciativa contra el comunismo en Cuba y a este conflicto como Socialdemocracia vs Comunismo.
Es la mayor quitada de máscara que ha hecho el centrismo desde que promovieran desde Cuba Posible y otras páginas el cuestionamiento a porqué en Cuba no celebrábamos el 20 de mayo. Incluso mayor que la elaboración y divulgación de una Constitución que incluyera el pluripartidismo y prohibiera al PCC y a la UJC tener periódicos.
El centrismo, en la voz de uno de sus organizadores intelectuales, finalmente se ha quitado el disfraz. Arturo Lopez- Levy fue, junto con otros, diseñador de la política que asumiera el gobierno de Obama como estrategia para Cuba, bajo la divisa de lograr ¨resultados deseados por otros medios¨. Anfitrión cubanoamericano en los eventos de Washington y Nueva York durante los años 2015 y 2016 donde se organizó el circuito de medios de comunicación de la neo contrarrevolución en Internet: Cuba Posible, Periodismo  de Barrio, entre otros creados expresamente y se buscó la integración al mismo de medios ya existentes como la revista On Cuba y el blog La Joven Cuba a través de la influencia sobre uno de sus editores.
Cena del primer evento de Cuba Posible en Washington DC, enero 2015. En la cabeza de la mesa Phil Peters (según Ted Henken es quien le presentó a Yoani Sánchez), a sus lados Lenier Domínguez, Roberto Veiga, Julio César Guanche, María Isabel lfonso, Arturo López Levy ( (Cuba Posible) Elaine Díaz (Periodismo de Barrio), Harold Cárdenas (La Joven Cuba) Hugo Cancio (On Cuba)
Arturo Lopez-Levy ha criticado a la contrarrevolución tradicional de Miami, al bloqueo como política y al sostenimiento de los disidentes como métodos que no han logrado la caída de la Revolución en Cuba. En aras de impulsar sus propios métodos, ha organizado eventos, giras de blogueros cubanos por los Estados Unidos, ciclos de conferencias, creación de grupos de estudio para la política cubana. Junto a otros como el empresario Carlos  Saladrigas, quien se reuniera en el 2012 con Marco Rubio para acordar el ¨cambio de métodos¨ y el aprovechamiento de internet contra el gobierno cubano, fue una figura representativa y simpática del sector cubanoamericano que se oponía al bloqueo y abogaba por un acercamiento diplomático del gobierno estadounidense hacia Cuba.
Han pasado los años dorados y el aparato de comunicación que han creado no está logrando su propósito en la envergadura que esperaban: Atraer a artistas, periodistas, e intelectuales insertados profesionalmente en instituciones del Estado, militantes de las organizaciones políticas o con posibilidad influencia en la Asamblea Nacional y sus debates legislativos. Aprovechar la seudo revolución y fomentar seudo debates, para crear un ambiente contrario a las propuestas del PCC como dirección política en vista al año 2018 y la reforma de la Constitución de la República. 
No han sido pocos los atraídos, los encandilados, los enamorados. El dinero ha corrido, y las lentejuelas del diseño editorial siempre atraen. La palabrería súper intelectual y ultra academicista siempre envuelve a alguien. Han usado todo tipo de mecanismos defensivos, incluso han aprovechado a quienes honestamente, por la tradición de justicia y libertad propias de la intelectualidad cubana, no coinciden con sus ideas ¨pero defienden su libertad a expresarlas¨
Pretendieron convertir esa libertad de expresión luego en libertad de financiación, y más tarde con ese dinero norteamericano, en libertad de organización.  
Arturo Lopez Levy reconoce que el obstáculo para los centristas son los comunistas:
¨En sus definiciones de “centrismo”, Enrique Ubieta, Iroel Sánchez, Javier Gómez y Elier Ramírez han mezclado posturas virtualmente incompatibles. Si como comunistas los arriba mencionados condenan la socialdemocracia, pues trátenla desde su propio mérito, no endilgándole responsabilidades por los anexionistas y autonomistas del pasado; ni por los plattistas de hoy¨
Hace su interpretación histórica contraria a la declaración de la Revolución Cubana en su ideología socialista como la continuación de la lucha de nuestros libertadores, manipulando la palabra de intelectuales cubanos:
¨Cuba -como dijo Cintio Vitier- “ya escogió su delegado”, que no fue ni autonomista, ni anexionista, pero tampoco comunista. Fue el independentista, nunca “aldeano vanidoso”, partidario de una república social con conciliación de clases: José Martí. Ese nacionalismo -como lo dijo Raúl Roa- no nace ni de Washington, ni de Rousseau, ni de Marx, sino “de las entrañas mismas del pueblo cubano”.¨
Como al propio Martí dejándolo como un ¨conciliador de clases¨ en un intento por presentar el ideario revolucionario martiano como despojado de proyecciones sociales más allá de la mera independencia de España:
¨Ese paradigma es apenas un ideal como lo es también el comunismo, o hasta el sueño martiano cuando se le empieza a agregar más que la independencia nacional y una república social.¨ (…) O presentándolo entonces de manera más conveniente al paradigma ¨republicano¨ de la socialdemocracia contrapuesto al ideal en Cuba de una república socialista. (…) La lectura de un Martí civilista, republicano y moderado (incluso al lanzar al país a la Revolución) es, por lo menos, tan posible como la del Martí radical.¨
Hace una interpretación del momento actual como el más conveniente para la introducción de una ideología socialdemócrata -que hasta en Europa está en crisis por abanderar el neoliberalismo y desmontar el estado de bienestar y en Venezuela lanza cocteles Molotov contra la Revolución bolivariana- que desplace a la ideología revolucionaria:
¨El “Periodo Especial” y la reforma económica post-2006 (que en 2019 serán la mitad de la ¨era revolucionaria”), pusieron en retirada el modelo de socialismo real y la hegemonía cultural radical instalada entre 1968 y 1991.  Los pluralismos  económico e ideológico, que emergen a través de nuevos valores, proyecciones, instituciones, publicaciones, blogs, etc., no son determinados en lo fundamental por las diferencias entre las políticas de Obama y Trump hacia Cuba. Tienen un origen interno, en el agotamiento del ciclo revolucionario (donde la radicalización no puede ser permanente) y en los efectos colaterales de las estrategias de sobrevivencia del poder revolucionario antes y después de 2006. (…)
“Lo que Fidel Castro o José Martí dijeron es un referente importante, pero la justificación política para el unipartidismo o el multipartidismo, la economía de mercado, mixta o estatizada, o la proscripción de partidos o tendencias específicas como la anexionista o plattista, debe basarse en la conveniencia de esos ordenamientos para Cuba en el contexto actual.
¨No se requiere ninguna conspiración perversa, ni el dinero de Washington, para que cubanos con perspectivas socialistas democráticas o socialdemócratas tengan insatisfacciones lógicas con (…) la validez del modelo unipartidista de partido de la nación cubana en tanto mecanismo óptimo de resistencia, mientras se le cuestiona como paradigma una vez la política de embargo/bloqueo sea reemplazada por una dinámica basada en persuasiones.¨
Desdeña cualquier visión histórica que afiance el ideario fidelista, dejando a un lado tanto a quienes defendieron el derecho del ¨centrismo¨ a expresarse, como a quienes alertaron de sus verdaderas intenciones:
¨La pregunta central de este debate sobre opciones ideológicas hoy no debe formularse en términos históricos, sino políticos. No debe ser sobre lo que hubiese hecho Fidel Castro hoy (Silvio Rodríguez), o sobre cuál sería la forma correcta de implementar sus “Palabras a los Intelectuales” (Aurelio Alonso) o sobre cómo se reflejaría hoy su rechazo al “Pacto de Miami” (Elier Ramírez), cuando dijo que “para morir con dignidad no hace falta compañía”. Cuba pertenece a las generaciones actuales de cubanos.
Sabiendo que lo ¨generacional¨ ha sido un recurso de división de uso frecuente por los medios centristas es obvio que para López-Levy es necesario conectar a los cubanos jóvenes con las ideas socialdemócratas y desconectarlos de las ideas comunistas. (En mi texto Una respuesta para La Joven Cuba mencioné con alarma: ¨No hay que ser un experto en semiótica para comprender las intenciones de un evento como Connecting Cuba, cuyo logo es la boina con estrella del Che sin rostro, desvaneciéndose con la pregunta What next?¨)
El texto de Lopez-Levy es especialmente una aceptación del término ¨centrista¨ como una identificación. Pero ante la cual unos deben identificarse como tales y otros aceptar la realidad y definirse. La indefinición, la ambigüedad, la equidistancia ideológica que tan útil le ha sido al centrismo para su desarrollo y atracción de individuos, acaba de ser abandonada. El centrismo socialdemócrata y anticomunista advierte que para lograr sus propósitos políticos en Cuba debe declararse sin tapujos como tal:
¨En la coyuntura actual es imprescindible proyectar con claridad lo que uno es y lo que quiere para el país. La política tiene que ver con relaciones humanas y, en estas, la imprevisibilidad crea incertidumbre sobre los comportamientos. El ser comunista, socialdemócrata, socialcristiano, demócrata cristiano, liberal u otra afiliación, no obstruye la posibilidad de una amplia gama de relaciones; pero esos vínculos ganan si ocurren desde la honestidad¨
Lejos de la ilusión socialdemócrata, sólo la preservación de una visión comunista en la construcción del socialismo puede contrarrestar los males que emergen de la introducción necesaria de dinámicas de mercado en ella. El anticomunismo del centrismo socialdemócrata pretende que el mercado no sea un componente que participe en el socialismo, sino que ayude a desplazar al comunismo dentro de este.
Para que trascurra ese proceso han buscado la ¨coexistencia pacífica¨ pero engañando a los cubanos, que la recibimos esperando una libertad para nuestro desarrollo comercial y económico que nunca recibimos completamente del Gobierno de Obama, que se limitó a enseñarle ¨la zanahoria¨ al pueblo cubano para ver lo que hacíamos por alcanzarla:  
¨Una política de distensión, incluso de acciones persuasivas de corte hegemónico, es preferible a la estrategia de coacción imperial por sanciones y financiamiento directo de opositores¨
¿Y por qué no el reconocimiento del derecho de los cubanos a ser independientes en vez de legitimar una injerencia –“acciones persuasivas de corte hegemónico”- que López Levy dice compartir?
No tiene escrúpulos en declarar cierto el aprovechamiento político de los cubanos emigrados para sus fines, aunque eso requiere distanciarlos de la agresividad tradicional de Miami, como intenta hacer con su participación en programas de radio y TV en esa ciudad:
¨Tienen razón también al afirmar que la comunidad cubana en el exterior, su pluralidad e incluso su hegemonía cultural de derecha, tienen mayores posibilidades de influir en Cubacon la política de intercambio. Ese, sin embargo, es un problema de competencia política no de Cuba, sino del PCC; recordamos, además, que este es un juego de dos vías, y que para los que tenemos posiciones “centristas” o moderadas en la diáspora, entendemos que la interacción con Cuba, nos ayuda a mover también a la masa emigrada al “centro”, en este caso desde la derecha¨
La voz del señor López-Levy y sus colaboradores puede sentirse como un agradable trino en medio de los ladridos de la vieja Contra de Miami, pero aquí en Cuba -sin preferir a unos ni a otros- , se entiende de una forma muy diferente.
Siendo sionista declarado, no duda en la búsqueda de una Cuba despojada de la moral internacionalista y diplomática que le ha dado la Revolución, que mantiene hoy respecto a conflictos como el árabe- israelí. Pagarlo como precio para obtener pedazos de la ¨zanahoria¨ estadounidense:
¨Replantearnos el balance óptimo entre el impulso revolucionario interesado en procurar un mundo más justo para todos los pueblos y el interés nacionalista en construir un mundo seguro y propicio para nuestro desarrollo como comunidad nacional. Luchar por el primero no es posible sin alcanzar el segundo. A mí, por ejemplo, la suerte de la resistencia shiita libanesa (de la cual el señor (Iroel)Sánchez es un ferviente solidario, publicando en el periódico Al Mayadeen) no me puede importar menos si se contrapone a ventajas comerciales, cooperación de seguridad, tecnológica o académica con Estados Unidos, los países del Golfo o Israel.”
La misma mentalidad que limita a Martí a la mera independencia, limita el internacionalismo cubano a una cuestión meramente racial según él autor ¨dado el componente africano de nuestra nacionalidad¨.  Para un sionista cubano, qué remedio.
Sin el más mínimo escrúpulo esos ¨moderados¨ pasan ahora factura exigiendo como pago la aceptación pasiva que le permita a la socialdemocracia, no ya una libertad de expresión sino una libertad de operación, aclarando de paso que una cosa es ser centrista y otra es ser revolucionario:
¨Si no hubiese una coalición contra el bloqueo entre “centristas” y revolucionarios en la comunidad cubana, no será por socialdemócratas como yo, que hemos participado en todas las principales causas para mejorar las relaciones con Cuba (incluyendo el tema de la liberación de los cinco cubanos arrestados bajo cargos de espionaje, sin recibir un juicio justo e imparcial en Miami). Nadie en el movimiento por la liberación de “los cinco” me pidió dejar en la puerta ni mis ideas socialdemócratas, ni mi sionismo¨
Casi al finalizar el señor López-Levy se distancia de los mismos a los que antes recomendaba invitar a eventos, cenas y planes:
¨Si Cuba Posible, La Joven Cuba u otro grupo o persona van a una sesión de preguntas y respuestas en Brookings Institution o en el Diálogo Interamericano a aceptar la agenda de indagación imperial y concilian en cuestiones de principios, sin condenar explícitamente la política de agresión contra Cuba, que se singularice esos ejemplos, sea de la tendencia política que sea; pero con evidencias¨
¿Acaso es un aporte a la intención de los editores de Cuba Posible de buscar un espectáculo judicial que les de notoriedad y los presente como mártires? ¿O es también un distanciamiento conveniente una vez reconocidos nexos financieros de Cuba Posible que sabe nada agradan a la mayoría de los cubanos? ¿A quién pretende engañar? Habría que recordar las fotos en las que se comparten chistes y sonrisas. No duda en empujarlos cuesta abajo.
En el caso de La Joven Cuba su mención me ha parecido especialmente repulsiva. El diseño de un circuito de páginas web centristas tenía la idea de captar a La Joven Cuba, un blog revolucionario, creado y mantenido por profesores universitarios militantes de la UJC con prestigio y muchos lectores dentro de las propias filas comunistas. Sería la joya de la corona, el eslabón que conectaría al público revolucionario con el resto del circuito. Cumpliría también una función defensiva del mismo cuando este cayera en alguna crisis, haciendo oportunos llamados a la tolerancia, a que no se mencionaran nombres, ayudando a que se considerara el choque ideológico como meros conflictos personales, promoviendo el aprovechable seudo debate y la seudo revolución, apoyando a la socialdemocracia hablando de ¨consenso¨ y de ¨dogma¨, dividiendo con lo ¨generacional¨,  todo lo que el blog llegó a convertir en línea editorial. Para llegar a eso fue necesario fragmentar a su grupo de editores, no todos vulnerables ideológicamente,  con invitaciones individuales a viajes para seleccionar al indicado e irlo trabajando personalmente. El fomento a la personalización de un proyecto grupal y colectivo fue el arma que debilitó a La Joven Cuba.
De izquierda a derecha María Isabel Alfonso, Arturo López Levy, Harold Cárdenas y Ernesto Cabo
Arturo López-Levy invitó a Harold Cárdenas, uno de los editores del blog, a eventos en Washington y Nueva York, lo recomendó para recibir cursos, lo promocionó y le organizó un ciclo de conferencias en varias universidades de los Estados Unidos, lo hospedó en su casa.  Lo fue desconectando cada vez más de las ideas comunistas y conectándolo con las socialdemócratas, hasta provocar un cortocircuito ideológico y un estallido interno entre los miembros del blog.  Ahora, cuando ya La Joven Cuba no puede cumplir la pretendida función, cuando el barco hace aguas, cuando ya no le es útil, le da una patada para apartarla.
López Levy en su casa con Harold Cárdenas.
Los que han consumido su tiempo en disquisiciones sobre el término ¨centrismo¨,  ya no tienen que continuar en ellas. Los que sacaron de sus pesadillas o de su desconocimiento al Quinquenio Gris, ahí tienen lo que en su ceguera defendieron.
Este momento marca una nueva etapa para el fenómeno del centrismo en Cuba, como para la visión de las causas estructurales y comunicacionales que lo han fomentado. La comunidad intelectual cubana, en su mejor parte, nunca dejará de ser crítica en el proceso de una Revolución socialista que considera propia, pero la tendrán difícil los socialdemócratas si pretenden que abrace el anticomunismo como bandera.

martes, 18 de abril de 2017

Prensa cubana: Domingo de Resurrección.

 Por Javier Gómez Sánchez


En la mañana del pasado domingo 16 de mayo, cuando tomé el Juventud Rebelde recordé cómo cada mañana durante años recogí en mi puerta lejos de la Patria, el paquete de periódicos que en la madrugada me tiraba el carrito fantasma de una compañía de distribución.
En nylons sellados contra la lluvia, acompañados de catálogos de supermercados, de anuncios de rebajas navideñas, de cupones de descuento de Pizza Hut o de Papa Jones. Algunos periódicos eran de distribución gratuita, pagados con la publicidad, y te los lanzaban sin uno pedirlo. Otros eran por suscripción pagada.
Sacaba el mío sacudiéndolo de los sobres con logotipos de bancos dirigidos a mis vecinos, que contenían tarjetas de crédito que no habían solicitado, promociones de préstamos para viviendas y pago de estudios, o ya con advertencias legales por no pagar los plazos.  
En Cuba, mis reflejos han perdido la práctica de halar para abrir el nylon y sacar la alfombra de papel de varias libras que venía dentro, gesto que se vinculaba luego con el de lanzarlo hacia atrás en el auto, después de hojearlo durante casi una hora en la intermitencia de los tapones de tránsito. Por el asiento trasero de aquel Nissan debe haber pasado la pulpa equivalente al Parque Metropolitano de La Habana.
Después en el canal de televisión, los abría en varias ventanas de Internet y leía lo que me interesaba, cerrando las saltarinas publicidades. En definitiva, para el Productor de una Revista Informativa leer la prensa nacional es parte de su trabajo.
Todos esos recuerdos pasaban por mi mente mientras giraba el alambrito para liberar el ligero rollo, algo menor que un batón olímpico, del Juventud Rebelde dominical. Para luego, hojeándolo completo en un par de minutos y seleccionar los mejores artículos para disfrutarlos en la tarde o en los días siguientes, diciendo: ¨este está bueno¨, ¨este también¨, ¨este igual¨, pasando las pocas páginas gris-azules con fotos en blanco y negro.
Al poco rato, luego de pasar el suplicio de la lentísima conexión, me encuentro un post de Iroel en La Pupila Insomne, que era pura telepatía. Escribí entonces el siguiente comentario, al que agrego algunas líneas:
Me leíste el pensamiento Iroel, pues fue lo mismo que pensé cuando abrí el Juventud Rebelde de hoy, uno de esos días en que uno dice: !Qué bueno está hoy el JR! Como mismo otras veces uno lo dice también del Granma (Su edición del viernes 14 fue muy buena). 
No puede ser que los árboles no nos dejen ver el bosque y que nos extraviemos en una cantaleta constantemente negativa sobre el periodismo cubano y sobre los medios cubanos. Que ya el  lagrimeo y el ¨cría fama y acuéstate¨… no nos dejen ver  el buen periodismo y las buenas ediciones completas de periódicos de calidad en Cuba.
Hay que seguir exigiendo pero también hay que ser capaz de ver cuánto a cambiado y cuánto a ha respondido el periodismo y el trabajo editorial en estos años. Si nuestros periódicos tienen pocas páginas, no solo es por la falta de papel, sino porque no tienen clasificados dónde lo mismo te venden un pistola de segunda mano que un servicio sexual. No tiene páginas y páginas de publicidad de bancos, telefónicas, cervezas, seguros médicos, supermercados, partidos políticos, candidatos, y que a la larga se convierten en censura comercial para los periodistas pues a esos consorcios que mantienen el periódico con su publicidad no se les puede criticar ni con el pétalo de una flor. La censura publicitaria, gran desconocida en Cuba donde tanto se habla de censura.
Ni traen páginas dedicadas a horóscopos, ni al resultado de la lotería, ni a poner fotos gigantes a color de celebrities con senos de silicona (que ellas mismas pagaron para que aparecieran) o crónica roja, con fotos de los hechos sangrientos.
Doy fe, que la edición de JR de hoy, es muy, pero muy superior a gran parte de las ediciones de los periódicos que salen a diario en América Latina, llenos de textos y titulares sensacionalistas que no dicen nada. Con periodistas que logran un espacio ahí para el clientelismo político, empresarial y periodístico, para emitir elogios, críticas o chantajes que luego se traducen en depósitos en sus cuentas bancarias.
Para evadir mil veces más de lo que se evaden en nuestro periodismo los problemas del país, por mucho que se esfuerzan los periodistas de nuestra prensa en enfrentarse a quienes se lo impiden. Pues en aquella  prensa, por naturaleza, se evaden los verdaderos problemas sociales y estructurales de la violencia, de la delincuencia, de la exclusión, de la marginalidad, de la incapacidad política, de la corrupción, y nunca, nunca o muy pocas veces, entran de verdad a criticar el origen de los males, de las oligarquías y de los intereses que los producen.
No dejo de pensar tampoco que con todo lo humildes que pueden parecer nuestros periódicos, se deben en contenido al nivel cultural de su masa de lectores, que hace que en Cuba y no puede imaginarse de otra forma, la página cultural se llame como su concepto :¨Cultural¨ y no con nombres como ¨Vida¨, ¨Alegría¨, ¨Espectáculos¨,  ¨Variedades¨, ¨Pasarela¨,¨Farándula¨…
Esa es la prensa, que siendo la mayoría, en Latinoamérica, en USA, en Europa, nos quieren vender como la maravilla del paradigma periodístico. Por cada artículo o edición buena en el NYT, en La Nación, en el Excélsior, en El Mundo, hay toneladas de papel dedicadas a basura periodística.
Los que practican en nuestro país el peor periodismo, fomentando rumores para crear el caos, difundiendo mentiras, verdades y verdades a medias, mezclando, aprovechando para hacer periodismo carroñero, nunca admitirán eso, aunque abran igual que nosotros el mismo JR de hoy.
Aseguro, porque lo conozco y no solo porque viví en él, sino porque que de eso viví, que ninguno de los periódicos que se editan en el país latinoamericano más cercano y más parecido culturalmente pero más históricamente diferente a nosotros, República Dominicana, tierra de Máximo Gómez, de Juan Pablo Duarte, de Francisco Caamaño, un país donde se vive aún hoy un post trujillano bajo una dictadura aún más brutal: la dictadura del dinero.
En ese país, donde trabajan periodistas que quisieran hacer un mejor periodismo y no pueden, porque la censura de los intereses imperantes no los dejan, porque los grupos empresariales propietarios de los medios no los dejan, porque los narcos no los dejan, porque los políticos no los dejan, porque la censura religiosa no los deja, porque la censura intelectual y temática no los deja.
Ninguno de esos periódicos a full color tiene la calidad periodística, literaria y social que ha tenido el  Juventud Rebelde de hoy: Ni el  Listín Diario, ni el Hoy, ni el Diario Libre, ni El Día, ni El Caribe, ni El Nacional, todos propiedad de grupos empresariales que también son dueños de los bancos, de las telefónicas, de los supermercados, de los canales de tv y de las emisoras de radio.
En esos periódicos, con partidos pero sin ideología, como me dijo la subdirectora de uno de ellos, hija rubia de la oligarquía en un país de mulatos: ¨No somos ni de izquierda ni de derecha, somos como la República Dominicana¨
Entonces uno dobla amorosamente, con ese amor patrio de la pertenencia que es el que se siente sin chovinismo y que es así porque se sabe por qué se tiene, porque se trajo de donde no se tenía. De patria grande por tener patria chica. Doblando esa edición mientras se piensa que es así como tienen que ser nuestros periódicos y nuestro periodismo: la calidad concentrada.
La calidad y sensibilidad concentrada en pocas páginas que produce el socialismo.

lunes, 10 de abril de 2017

Poderes vs Poder Popular

 Por Javier Gómez Sánchez
10 ABRIL, 2017 La Pupila Insomne
javiergosanchez09@gmail.com

La creación de los Órganos del Poder Popular marcó la intención de la Revolución Cubana y su modelo de socialismo de apartarse de las formulas presidencialistas y multipartidistas en la búsqueda de una verdadera democracia. Ha llovido mucho desde entonces y hoy se cuestiona como nunca antes su papel. Se habla de participación, de presupuestos ejecutados y de transparencia. 

En el más reciente Congreso del PCC, se le agregó el tercer apellido que debe llevar nuestro modelo socialista: próspero, sostenible y democrático. 

Mientras ahora comenzamos a cuestionarnos qué entendemos socialmente por prosperidad, sin habernos detenido mucho aun, en mi opinión, en lo que lo haga sostenible, paradójicamente lo democrático fue llevado a debate desde mucho antes.

Dándonos cuenta que la Revolución Cubana de 1959 superó la ficticia democracia capitalista de entonces, con una democracia real pero en construcción. Esa ¨democracia en construcción¨, por ser inédita, significa que no tenemos aún toda la que quisiéramos, pero sí mucha más que la inexistente que nos achacan nuestros enemigos.

En una época en que la neo contrarrevolución intenta regalarnos la manzana envenenada de la socialdemocracia, se hace necesario afincar el carácter revolucionario de ese poder popular y para que sea así tiene que ser, por su capacidad, un ¨poder real¨

Un ¨poder real¨ significa que no existan lagunas o zonas de incidencia sobre la sociedad en las que no pueda intervenir. Un poder popular real y revolucionario tiene que tener la capacidad en cada uno de sus niveles de enfrentar cualquier afectación a la ciudadanía desde el Cabo de San Antonio a la Punta de Maisí.

Todo aquello que ponga en duda esa capacidad real y esa posibilidad revolucionaria de transformar la situación que lo requiera a favor de los ciudadanos, pone en duda el carácter y el sentido mismo de una sociedad socialista.

Viendo esto, no son entonces los procedimientos democráticos, ni los esquemas, ni la asignación de fondos o ejecución de presupuestos, los temas principales del Poder Popular en la Cuba de hoy. Esos son todos retos indudables, no el principal.

El mayor reto que tiene el Poder Popular en la Cuba actual es poner bajo su autoridad a las nuevas estructuras empresariales tanto estatales como privadas que funcionan en esta sociedad en que vivimos hoy.

Cuando digo ¨nuevas¨, lo hago teniendo en cuenta las décadas que tiene la organización e inicio del Poder Popular, que nacido en los años 70 y 80 fue concebido en una realidad distinta a la posterior.

Durante los 90, aparecieron en la sociedad cubana elementos que en esa época no estaban concebidos y ni siquiera imaginados: servicios en doble moneda, cadenas de tiendas y supermercados, telefonía comercial y celular, sistemas bancarios informatizados, industria hotelera, inversión internacional, cooperativas diversas y negocios privados.

Lo que se le debe exigir hoy al Poder Popular es la capacidad de asumir el control popular y democrático de esos nuevos elementos. La situación extrema en que surgieron muchos de ellos en medio del Periodo Especial, bajo la etiqueta (hoy ya más que obsoleta) de su concepción de entonces de ¨recaudadoras de divisas¨, hizo que la gran mayoría de la población (incluyendo a los mismos delegados y diputados) al no poder acceder ellos, los consideraran algo fuera de la acción del Poder Popular.

Eran entonces, algo nuevo, distanciado, opcional, privilegiado, y por lo tanto no se veían como dentro de lo ¨popular¨. Pero unos cuantos años después ya el nivel de incidencia sobre la vida y los derechos de la población, por extendidos, son incuestionables.

Al mismo tiempo, gran parte de los gerentes de esas empresas consideran –como parte de una mentalidad tecnocrática sin ideología ni concepto social- que estas están ¨fuera¨ o ¨por encima¨ del alcance de cualquier reclamo de una comunidad de ciudadanos.

Esa ¨barrera democrática¨ se refleja también en los propios electores, que al intervenir en las Asambleas o al dirigirse a las instancias del Poder Popular Municipal o Provincial, e incluso Nacional, con frecuencia no consideran que estos puedan incidir sobre esas estructuras comerciales cuando son víctimas en ellas del maltrato, de la precarización de los servicios, del irrespeto por su tiempo, de la corrupción, del acaparamiento, de la complicidad con el contrabando, del desabastecimiento negligente y de horarios excluyentes.

Entonces uno se pregunta cuando pide la palabra para hablar en la humilde Asamblea: ¿Por qué de la bodega sí, y de las TRD no? ¿Por qué de la farmacia sí, y del Cupet no? ¿Por qué del policlínico sí, y de Etecsa no?

¿Por qué no pueden los ciudadanos exigir justicia y decencia a una cooperativa a la que el Estado le ha entregado un espacio de propiedad pública para la venta de alimentos agrícolas?

Esa conciencia ciudadana, que sabe reconocer de dónde le vienen sus problemas, se está manifestando en las páginas de los periódicos pero no acaba de cuajar en el Poder Popular.

Recuerdo haber leído en la prensa una carta de un ciudadano, indignado e impotente, que decidió escribir ahí para denunciar el mal funcionamiento que sufría su comunidad en la única tienda que disponían, y mencionaba que nada se había solucionado en las varias veces que lo había planteado en la Asamblea. No olvido la sensación que me produjo que un ciudadano pensara, acertado aunque infructuosamente, en usar el Poder Popular para defender su derecho a formas dignas de consumo.

En la anterior Asamblea de mi barrio, junto a los temas ¨tradicionales¨ se habló de los temores que suscitaba en los vecinos la próxima apertura de un bar privado y se lo logró que en la obra se aumentara la insonorización. Hubo quejas por el semi bloqueo de una calle por parte de los autos de un taller de mecánica privado. Sin embargo se quedan en el aire siempre, con el rostro contrariado del delegado, muchos de los otros problemas en este texto mencionados.

Las mayores frustraciones del Poder Popular en mi barrio fueron cuándo hace anos años una empresa se negó a hacer de una antigua dulcería cerrada una tienda para la venta de alimentos de procedencia industrial que los vecinos querían, para convertirla en un tugurio de venta de alcohol que en nada los beneficia. La respuesta oficial de la empresa al delegado fue que el local era de su propiedad y que pondrían ahí lo que ellos determinaran. La contra-respuesta de los electores fue que el local de quien era propiedad era del Estado y si ellos pedían en la Asamblea una tienda para comprar alimentos era lo que debía ponerse y si esa empresa en cuestión no se dedicaba a eso, que el Estado se lo entregara a otra… Conclusión: Pasados los años, lo que hay en el lugar es el etílico expendio de bebidas.

Luego, otra tienda determinó cerrar su departamento de alimentos para extender todo el espacio para electrodomésticos y material de oficina, los vecinos, especialmente lo ancianos que deben caminar varias cuadras para llegar a la otra tienda de alimentos más cercana, reclamaron. Fue en vano, el poder del Poder Popular no llegaba a tanto.

La próxima fue cuando Etecsa decidió cerrar y retirar el quiosco-oficina más cercano, a pesar de ser el único local de esa empresa en varios kilómetros a la redonda. Luego de varias Asambleas, la indiferencia de la telefónica terminó imponiéndose para vergüenza del impotente delegado y la indignación colectiva de sus electores.

La más reciente experiencia fue todo un aprendizaje. Luego de años clamando por la reapertura de una antigua lavandería-tintorería, de aquellas llamadas Lavatín, finalmente se logró. El viejo local cerrado por el Período Especial fue entregado a un inversionista privado. Las expectativas aumentaban mientras una brigada de contratistas dejaba lugar impecable y se instalaban modernas lavadoras y secadoras de nuevas marca. Algunas amas de casa del barrio recordaban los tiempos de esplendor del viejo Lavatín adonde tantas veces acudieron.

La nueva lavandería es espléndida y se anuncia con afán publicitario. Ningún vecino del barrio va a ella como cliente, pues las expectativas terminaron en la tablilla de precios. Es una lavandería de lujo.

Las palabras del delegado fueron dichas sin alegría cuando anunció como ¨un logro¨ del período la ¨reapertura¨ del añorado Lavatín. 

Estos ejemplos demuestran lo difíciles que pueden ser los retos que tienen hoy el Poder Popular y el ejercicio de la democracia participativa en Cuba. Enfrentarlos ahora es definitorio. A los que tratan de adormecernos con los cánticos hipócritas de la neo contrarrevolución, nunca les interesará que este pueda superarlos. Por el contrario, prefieren que este se sienta aplastado e impotente. Saben que un Poder Popular creado y mantenido por la Revolución Socialista, pero débil e incapaz, es la situación más favorable para ellos y para sus pretensiones de futuro.

Un Poder ciudadano, socialista, fuerte y realmente popular, solo interesa sinceramente a los verdaderos revolucionarios.

lunes, 6 de febrero de 2017

Las páginas de la Revolución. (Texto completo en su versión original).


Por Javier Gómez Sánchez, La Pupila Insomne
javiergosanchez09@gmail.com

El debate del periodismo cubano hoy es uno de los pilares del debate político de la Revolución. Ha vuelto a tomar calor a partir del texto Los periodistas imprescindibles, publicado por mi compañero Harold Cárdenas. Numerosos criterios se han vertido sobre sus líneas. El texto ha sido leído, tanto desde las salas de redacción de los periódicos y medios estatales, como desde las mesas de trabajo y las oficinas de los medios independientes. Tanto los que cobran exiguos salarios en moneda nacional o los que se sostienen por el empeño propio, como los que cobran en dólares del patrocinio político o los sustentados por un pujante auge publicitario.

También lo leyeron en la UPEC, en el PCC, en la UJC, en todos los lugares donde tiene lectores atentos La Joven Cuba. Varios elementos del abanico mediático cubano no se limitaron a leerlo, sino que se han manifestado saltando con alarma como si el piso se hubiese movido bajo sus pies. 

No fueron con este texto los ¨oficialistas intolerantes¨, no fueron los ¨inmovilistas retrógrados¨, fueron nada menos que algunos de los ¨independientes¨. Tal vez se habían acostumbrado a escuchar en la blogósfera, espacio digital del universo comunicacional que no por su independencia carece de responsabilidad y visión política, siempre las palabras más cómodas.

Pensaban que habían cimentado un mullido lugar donde reposar mientras arremetían contra la institucionalidad, no con la crítica sino con la mañosa y mala intención. Mientras tiraban la piedra y escondían la mano una y otra vez. Mientras cada vez que alguien los señalaba, se vendían como víctimas. El ciclo se repetía siempre, porque el dedo que los señalaba, que tiraba de la manta bajo la que se mueven los dólares que financian los ¨proyectos¨, la voz que se levantaba, siempre estaba sola, era distinta cada vez, pero siempre solitaria.

Y así, a fuerza de venderse como mártires, se pensaron héroes. Héroes del ¨periodismo independiente¨.

Muchos de los que escribimos en la red no somos periodistas, no pretendemos hacer periodismo, somos revolucionarios que escriben. Muchos contrarrevolucionarios también escriben, se organizan en proyectos de comunicación, en medios digitales, y tampoco son periodistas.

El de ¨periodista¨ se ha convertido en el disfraz de moda adoptado por la contrarrevolución en el momento político que vive la Revolución. Como antes fue el de ¨bloguero¨, el de ¨artista alternativo¨, el de ¨promotor comunitario¨, o ¨intelectual objetivo¨. Los zorros cambian el pelaje.

Otros sí son profesionales graduados y con experiencia de trabajo en medios oficiales. Pero una larga tradición de más de un siglo de letras cubanas nos recuerda que el periodismo, más que todo, se ejerce.

Cuando Cuba evolucionaba hacia una identidad nacional, florecían las publicaciones culturales, nacidas de las tertulias en La Habana, en Matanzas, en Puerto Príncipe. Cuando se luchaba por la Independencia, surgían uno tras otro los periódicos independentistas. Durante la República a medias, todos los periódicos, sin excepción, tenían un objetivo político y no había pluma que escribiera en ellos que no cumpliera una función política.

Muchos de los revolucionarios que dieron su vida ejercieron el periodismo, varios periodistas de profesión, dejaron la pluma y tomaron las armas.

Había entonces, como hoy, periódicos pequeños y grandes. Los que se imprimían contando cada centavo con dignidad, como los que se sostenían por la publicidad comercial pero mucho más por el dinero que recibían de los políticos ávidos de las urnas. Tan grandes eran sus planas que podían cubrirse con ellas en la noche los mendigos.

Entonces, si traemos y adaptamos a nuestros días las enseñanzas de ese pasado, la Historia nos demuestra varias cosas:

Primero, que no es importante si el medio es grande o pequeño, rico o pobre, si es parte del aparato de comunicación estatal o independiente.

Segundo, que tras cuatro páginas impresas en blanco y negro o tras un blog de palo sostenido con mucho esfuerzo puede haber más dignidad que tras la espléndida página web de algún proyecto lustrado con fondos extranjeros, becas generosas, publicidad camufladora o sospechosos crowdfunding.

Tercero, que el periodismo siempre ha sido una actividad eminentemente política.

Hacer periodismo hoy en Cuba es hacer política, es asumir una posición política.

Entonces la cuestión, no es si el periodismo se ejerce en un medio estatal o en uno independiente, la cuestión está en si es un periodismo a favor de la Revolución o en contra de ella. La diferencia es hacer periodismo revolucionario o periodismo contra la Revolución.

No existe la cuestión periodismo oficial vs periodismo independiente. Esa es la flauta con que pretenden encantarnos. Lo que existe es la cuestión periodistas revolucionarios vs periodistas contrarrevolucionarios donde quiera que trabajen. Punto.

Y para aquel al que le quede alguna duda, no es periodismo revolucionario el que no se confronta, el que no ataca, el que no desenmascara, el que no llama por su nombre, el que omite, el que teme a que no le den like en su Facebook, a que no lo inviten. El que se deja llevar o fomenta los lamentos por una manoseada libertad de expresión, de clamor doliente ante una intolerancia que permita a victimarios pasar por víctimas, los que se suman al lagrimeo y vestiduras rasgadas por los convenientemente censurados, el que ayuda a esconder la mano hoy a los que lanzarán de nuevo la piedra mañana.

La historia ha demostrado que no hay convivencia posible entre pensamiento revolucionario e intereses contrarrevolucionarios, ni cómoda, ni duradera, ni verdadera.

En cuanto a intención, en los medios independientes se hace periodismo a favor del socialismo y contra el socialismo. En los medios estatales se hace idénticamente periodismo por el socialismo y periodismo para frenar el socialismo.

En cuanto a la dirección política, el mayor peligro para el periodismo revolucionario, al menos para aquel que se hace desde los medios estatales, no será en el futuro la autoridad o propiedad partidista y militante, no importa la influencia que tenga efectivamente hoy, sino la censura más oscura aún de la tecnocracia empresarial, de la corrupción, de la incapacidad administrativa, que ya se siente presionada por la prensa actual. El empoderamiento y la utilización política contra el periodismo para proteger sus intereses, que ya ejercen, ese es el mayor peligro en el futuro. La contrarrevolución sabrá aprovecharlo.

En el presente que nos urge, solo habrá una defensa plena de la Revolución y del proyecto socialista en Cuba, cuando su Dirección comprenda que tiene muchas reservas políticas en los medios independientes revolucionarios, en los jóvenes de edad y jóvenes de espíritu que los sostienen. En definitiva, más que menos, no estamos separados de los medios estatales, porque es muy superior lo que nos identifica con ellos.

Nosotros mismos debemos madurar como tales, que no es solo migrar de un blog a un .com, sino a la evolución verdadera que es la maduración política. Dejar a un lado la vanidad, convertir los proyectos personales en grupales, buscar la unidad que nos convierta en un frente de batalla. Porque más allá de la página de fulano o la página de mengano, dónde hay que escribir es en la página de la Revolución.