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miércoles, 1 de noviembre de 2017

¿Ajiaco made in USA?

 Por Carlos Luque Zayas Bazán
 LA PUPILA INSOMNE
Según el siguiente razonamiento, referido y limitado al acto deliberativo de masas durante la discusión de los Lineamientos pero extendido al debate actual: a) Si algunos ciudadanos hacen propuestas en relación de no impedir o permitir la concentración de riqueza en manos privadas, en “abierta contradicción con la esencia del socialismo”, y b) si el poder político no impugnó, no se manifestó en contra de, la legitimidad política de los ciudadanos que tienen esa opinión, de allí seguiría que, c) los ciudadanos pueden ejercer y ejercieron su legitimidad política para emitir propuestas contrarias al socialismo, con la aceptación del poder político.
Las premisas de esta argumentación hablan muy positivamente de la capacidad y libertad de expresión que se ejerció en aquel proceso, y también del carácter democrático, propio, cubano, específico de nuestro sistema, ese que tanto le cuestionan. La inferencia, aunque expresada con circunloquios, es la que amerita algunas precisiones.

¿Existe una “línea roja” respecto a la legitimidad política de los actores que hacen propuestas de cambio en Cuba?
Mi opinión es que, en efecto, existe. Y no es privativa de Cuba, sino universalmente aplicable e incluso punible: quien pretenda legitimidad política para hacer propuestas de cambios a un sistema legítimamente establecido – cambios políticos o económicos, o de cualquier otra índole, – si transgrede el principio moral, y también legal, – existente en todo ordenamiento político de no rechazar para la consecución de esos cambios cualquier tipo de asociación o vínculo directo o indirecto con entidades extranjeras y enemigas de las que se pueda probar o tener la certeza razonable, basada en hechos pasados y presentes, de que esas entidades o sus representantes, por sus acciones y concepciones políticas e intereses se oponen, quieren modificar o subvertir al orden político con respecto al cual se aspire la legitimidad de la intervención política, inmediatamente pierde esa condición.
La legitimidad política en uso de la cual, en sus centros de trabajos, organizaciones sociales o de masas, en sus comunidades, o en cualquier otra entidad, los cubanos han propuesto cambios, o modificaciones, o añadidos a los principios y lineamientos de la actualización en curso, ha sido ejercida sin transgredir aquel principio básico, incluso si han hecho una propuesta que exceda los límites que debe tener la probable acumulación de riqueza privada, o con respecto a cualquier otro tema en discusión.
Se pudiera admitir como hipótesis que uno o varios de esos cubanos que abogaron por la concentración de la riqueza privada en el examen de los Lineamientos, lo hiciera desde el presupuesto personal de que el sistema capitalista es preferible para Cuba, y no simplemente que se debe tolerar una determinada concentración de la riqueza privada. Pero si ese cubano no tiene una relación orgánica, logística u organizacional, no depende ni utiliza para posicionar públicamente su criterio el trampolín de una entidad extranjera, gubernamental, pública o privada, o, por cierto, “colindante” con ellas, y desde la cual pretenda y pueda hacer amplio proselitismo político por su idea, el uso de la legitimidad política que haría ese cubano en su acto de proponer, refutar, enriquecer, o complementar, lo estaría ejerciendo en coherencia con el ordenamiento político y moral que le reconoce el derecho a ejercer su criterio y hacer su propuesta. No se trata de que haga una propuesta determinada lo que le podría negar su legitimidad para hacerlo. Se trata desde dónde lo hace y con qué objetivo lo hace.
La intuición también existe en política. Cualquier cubano sabe o simplemente intuye y apoya el criterio de que la discusión popular de las políticas gubernamentales tienen como propósito contribuir a continuar el proyecto socialista, no a destruirlo. Sabe que hay compañías que son malas compañías. Y destruirlo es el objetivo del capitalismo mediante todas las vías posibles, las cruentas y las incruentas. Y entre las incruentas están las más o menos sutiles, la guerra cultural, la psicológica, la ideológica, pero también el uso de las academias aparentemente neutrales, los centros aparentemente independientes, el pensamiento aparentemente autónomo. Por ejemplo: La aceptación tácita de la participación en un evento para un proyecto de Constitución cubana con financiamiento del gobierno de Estados Unidos y una entidad perteneciente a la terrorista Fundación Cubano Americana aunque se pretenda escudar sobre un manto académico termina cualquier legitimidad en un debate.
La línea roja en el ejercicio de la política en Cuba es la que se pone a prueba cuando los cubanos, al proponer en cada barrio a sus representantes, no aceptan con su voto mayoritario, por ejemplo, que otro ciudadano, francamente relacionado con un poder extranjero, de cualquiera de las maneras que existen para ello, sea elegido.
La conclusión del razonamiento inicial evocado en esta nota es forzada, porque las premisas no consideran, precisamente la “zona” donde adquiere legitimidad la participación política en Cuba. Que está definida, entre otras, por la convicción de que cualquier tipo de asociación, relación, dependencia, o vínculo de cualquier tipo con un poder extranjero enemigo, sus entidades o sus representantes, se sitúa, automáticamente, “fuera de zona.” La pasada semana Pascual Serrano nos recordó una lección que, aunque bien aprendida, se debe estudiar continuamente: ¿quién es el que paga? He allí la cuestión.
Nota final necesaria:
Ya daba por concluido el texto anterior, cuando hoy en la mañana leí el que parece el más reciente artículo del Sr. académico Pedro Monreal, titulado El “oro de Soros”, el “ajiaco conspirativo” y el debate en Cuba. El asesor catedrático evidentemente aquí se ha descompuesto y por momentos parece abandonar y rebajar su habitual y sereno tono académico a la debilidad de la ofensa. La confianza en la solidez de los argumentos evita, no necesita, acudir al lenguaje ofensivo directamente personal de que hace gala el estudioso en esta especie de última ratio de la impotencia argumentativa.
En efecto, para cualquier lector medianamente informado, las consideraciones que hace el Sr. Monreal del papel que juega Soros en el mundo académico, financiero y político hacen, cuanto menos, sonreír. Como suele suceder, su argumentación, salpicada además ahora de términos ofensivos dirigidos a su contradictor (mentiras, bajeza moral, sordidez ética, étc.) ha sido el reconocimiento más evidente de que resulta imposible explicar y justificar esa “colindancia” de su proyecto. (para emplear un término del mismo Monreal que le señala “colindancia oficial” a este escriba.) Por lo tanto, me ahorro aquí tratar el tema de las relaciones de la entidad que el académico asesora con la Open Society, y que el Sr. Monreal se ha limitado a presentar con un binarismo muy curioso: tenemos a un Soros bueno, a un Soros malo, y una amplia gama de Soros-grises donde con tanta holgura se acomodan ciertas academias y la gente de pensamiento que el filántropo millonario atrae a su órbita aceptando, por esa “complejidad” que no tenemos en cuenta los pobres ignorantes de este mundo, que algunas iniciativas hagan daño, y otras, beneficios.
No es mi propósito devolver ofensa con ofensa. En verdad no lo necesito. La desigualdad de saberes no me rebaja a la impotencia de la injuria personal. Creo que el Sr. Monreal está honestamente convencido de la cosmovisión que guía su obra, por lo tanto no le supongo a priori una intención aviesa, ni un cálculo frío. Toda postura ideológica tiene un basamento filosófico. Los resultados que de una cosmovisión se derivan, pueden resultar tendenciosos, unilaterales, sesgados, pero un pensador, intelectual o investigador convencido de sus ideas, que no las trafique, prostituya, o adapte a circunstancias cambiantes con objetivos de medro, no es moralmente repudiable. Pero dicho esto debo declarar, sin ningún ánimo de ofensa personal, sino dirigido precisamente al plano de las ideas, que me resulta muy sorprendente que el Sr. Moreal califique meramente a George Soros y la Fundación Open Society como “controversiales” cuando muchas de las consecuencias de su actividad han sido francamente criminales.
No es posible extenderme aquí, a partir de los hechos probados, en consideraciones sobre los medios y los fines de este personaje y sus entidades que en el 2002 ya actuaban en más de 50 países, sobre qué significa realmente el tibio calificativo empleado por el Sr. Monreal. Baste saber esto: En 2002, George Soros declaraba: «En la antigua Roma, sólo los romanos votaban. Bajo el capitalismo mundial moderno, sólo los estadounidenses votan. Los brasileños, ellos, no votan» (Declaración pública de George Soros durante el Forum Social de Porto Alegre, Brasil. Citado por la Red Voltaire.). Sólo apunto algo que ya cualquiera sabe, cualquiera, por supuesto, que se informe sólo un poco: el apoyo del especulador financiero a “una amplia serie de entidades y causas que, en su diversidad, abarcan algunas de orientación “progresista”, “radical” y de “izquierda””, como afirma el Sr. Monreal, no se debe utilizar como argumento del lado positivo de la actividad de este personaje expresado con un enfoque de aséptica neutralidad desidelogizada. No es casual que el núcleo fundamental de los economistas que acompañan y ejecutan sus múltiples proyectos, sean neoliberales.
La historia de cómo y con qué objetivos se apoyan las causas y los intelectuales “progresistas”, “radicales” y de “izquierda”, y por cierto, también comunistas renegados o desencantados, creando y financiando medios, revistas, premios y simposios, se encuentra profusamente documentada y analizada en el libro de Frances Stonor Saunders, La CIA y la guerra fría cultural.
Todo esto recuerda una pregunta que Retamar dirigía a un escritor latinoamericano cooptado como director de una revista que después se confirmó era financiada por la CIA, pregunta plenamente vigente: “¿O debemos creer que el imperialismo norteamericano (…) se ha entregado de repente al patrocinio desinteresado de las puras tareas del espíritu en el mundo.?

El “oro de Soros”, el “ajiaco conspirativo” y el debate en Cuba




Foto: Calixto N. Llanes/ Juventud Rebelde


El compañero Carlos Luque, laborioso comentarista, de nuevo ha empleado muchas cuartillas para expresar cuatro cosas sencillas.

En primer lugar, admitir que incurrió en inexactitudes en su anterior escrito; en segundo lugar, explicitar, una vez más, sus desacuerdos con lo que he expuesto en mis textos; en tercer lugar, solicitar que le responda varias preguntas; y finalmente, tratar de descalificarme políticamente.

Las dos primeras cosas no merecen un comentario adicional. Creo que el compañero Luque se enreda tratando de explicar con nuevas inexactitudes los errores que ya había cometido anteriormente. De nuevo ha dicho cosas “de campeonato”, pero ya ese intercambio que el compañero se empeña en “estirar”, en un supuesto plano académico, se ha convertido en una lid aburrida, circular y sin sentido constructivo.

Por otra parte, me parece normal que existan discrepancias entre los participantes de un debate. Con eso no hay problema. Sabemos que los dos pensamos diferente, pero eso ha estado claro desde hace ya algún tiempo. No nos hemos entendido, aunque eso tampoco plantea una dificultad mayor.

Me queda claro que el compañero Luque opina que mi trabajo “contribuye a desacreditar al proyecto cubano”. Espero que al compañero le quede claro que considero que el sectarismo que defiende contribuye a destruir el proyecto socialista cubano.

No le encuentro sentido a que se intente hacer una discusión política -medianamente seria- sobre temas complejos de la economía, la política, la ideología y la sociedad cubana, si se insiste en hacerla endilgándole, a quien se critica, cosas que hasta ahora yo había pensado que eran inexactitudes, pero que a estas alturas del juego no me queda más remedio que calificarlas como mentiras.

Dos de las “perlas” más recientes permiten comprobar esto:

– El compañero Luque miente cuando afirma que “el Sr. Monreal le reprocha a Cuba no haber conseguido nada” en los últimos 3 o 4 años. (La cita, por favor…).

– El compañero Luque falsea cuando dice que “no he visto nunca un comentario del Sr. Monreal a los varios escritos que he publicado en La Pupila Insomne”. (Mi tiempo le dediqué en dos textos que publiqué el 14 y el 18 de agosto de 2017, en el blog El Estado como tal, pero parece que el compañero siente que su obra merece más atención).

Al fin las respuestas…

Para no dejar con las dudas al compañero comentarista, paso amablemente a responder las dos preguntas que parecen obsesionarlo. Francamente, considero que son temas aclarados en mis trabajos, pero para ver si se resuelve de una vez la inquietud del compañero, aquí van mis respuestas:

Pregunta # 1: ¿qué opina UD. de, o por qué cree que, la política gubernamental estadounidense de la “normalización” se propone estimular el auge de la propiedad privada en Cuba, pero a la vez excluye al Estado y Gobierno (cuya legitimidad paradójicamente dice reconocer y en la que afirma no querer influir) de esa política?

Respuesta: Aunque ya eso parece ser “historia antigua”, la “normalización” incluyó, de manera explícita, componentes que buscaban establecer alternativas al sector estatal, con una finalidad anti-sistema, muy diferente de los objetivos del proceso de diversificación de la propiedad, incluyendo el crecimiento del sector privado, que ya aplicaba el gobierno cubano. Por cierto, durante el interludio de la “normalización”, el principal interlocutor económico nacional con Estados Unidos fue el sector estatal cubano.

Pregunta # 2: ¿Pero es posible (¿es justo?) sostener que la propiedad estatal socialista no puede generar más empleo, o hacer crecer la economía a ritmos del PIB adecuados a sus necesidades, sólo por ser propiedad estatal?

Respuesta: No, no es posible. No, no es justo.

El talante moral de quien intenta ser juez descalificador 

Paso, entonces, al intento de descalificación política en la que parece haberse empeñado el compañero Luque.

Existen dos cosas elementales que deben tenerse en cuenta: en primer lugar, el intercambio con el compañero Luque siempre ha sido un debate político. Cuando hemos discutido sobre temas económicos, lo hemos hecho desde una perspectiva netamente política. Para ese tipo de discusión no se exigen requerimientos intelectuales, basta con ser un ciudadano.

El compañero ha tratado de darle apariencia “académica” a una discusión que nunca se ha movido en ese carril. El propio compañero ha expresado que no es un especialista, una de las pocas cosas en la que concordamos.

En segundo lugar, resulta pretencioso de parte del compañero Luque haber asumido que se debe responder a sus impertinencias. Por supuesto que no va a recibir explicaciones de ningún tipo acerca de los eventos a los que asisto. Puedo comprender que su ignorancia acerca de cómo funcionan los intercambios académicos lo lleve a realizar elucubraciones simplonas y tendenciosas, incluyendo la ladina mención que hizo de la “terrorista” Fundación Nacional Cubano Americana.

Debería informarse primero el compañero Luque acerca de cómo funciona el mundo académico antes de ponerse a decir majaderías. Quisiera ser indulgente con el compañero Luque, y hubiera preferido pensar que lo que ha dicho es la expresión combinada de lagunas informativas y de sectarismo, pero no de malevolencia. Sin embargo, haber colocado mi nombre en una misma oración donde menciona la palabra “terrorista” es una execrable muestra de bajeza moral.

Tratando de encontrarle el lado positivo al asunto, al menos ha quedado expuesta la sordidez ética de los comentarios que caben esperar del compañero Luque. ¿Habrá alcanzado su límite?

Las relaciones con las fundaciones: lo verificable

Queda entonces por abordar la cuestión del “oro de Soros”, una de las matracas descalificadoras favoritas del compañero Luque y de otros comentaristas, en especial cuando se trata de desprestigiar a Cuba Posible.

Tratemos de establecer objetivamente varios hechos:

Al gobierno cubano le asiste la moral, el derecho y el apoyo político de la mayoría del pueblo para proteger la seguridad nacional mediante la coerción estatal, una función que puede incluir limitaciones, prohibiciones, y el manejo de información que no necesariamente se hace pública.

Ciudadanos cubanos y entidades del país (de muy diverso tipo) han sostenido habitualmente relaciones de colaboración -incluyendo financiamiento- con instituciones y con fundaciones de Estados Unidos y de otros países, la mayoría de las cuales no son precisamente ni solidarias con Cuba, ni simpatizan con una ideología revolucionaria. Esas relaciones no se han conducido “por la libre” y su funcionamiento siempre ha sido monitoreado y evaluado por entidades estatales y políticas. Se han tomado acciones sobre el curso de esos intercambios cuando oficialmente se ha considerado como apropiado.

La información disponible muestra que George Soros y la Fundación Open Society son controversiales. Existe evidencia y análisis que relacionan sus actividades con procesos de desestabilización política en varios países, entre otros: Polonia y Checoslovaquia cuando estos eran países socialistas; las llamadas “revoluciones de colores” en países de la antigua URSS; la “primavera árabe”; Siria, Ucrania, Albania, Yugoslavia, y Venezuela. Ha sido divulgada, igualmente, la existencia de un documento sobre Cuba preparado expresamente, en 2013, en forma de background paper para la Fundación Open Society, pero cuyo contenido no se encuentra accesible actualmente en la red. Sin embargo, también existe evidencia y análisis relativos al apoyo que Soros y Open Society ofrecen a una amplia serie de entidades y causas que, en su diversidad, abarcan algunas de orientación “progresista”, “radical” y de “izquierda”.

No se conoce pronunciamiento público alguno, de parte de una autoridad oficial cubana, que limite o impida la participación de ciudadanos cubanos en actividades que incluyan a la Fundación Open Society. No se conoce ninguna indicación oficial directamente hecha a los responsables de Cuba Posible respecto a la interdicción de organizar o de participar en actividades que pudieran contar con el financiamiento de Open Society.

Existen participantes en el debate cubano que opinan que las relaciones de Cuba Posible con la Fundación Open Society -y también con la Fundación Ford- descalifican a Cuba Posible como entidad, y a quienes publican en ese sitio, como participantes carentes de justificación moral en el debate político en Cuba.

La “denuncia” se ha concentrado en Cuba Posible, a pesar de que existen ciudadanos cubanos e instituciones oficiales que han participado y siguen participando en actividades financiadas directamente o indirectamente por las dos fundaciones mencionadas. Esas “denuncias” se han originado principalmente en el blog La Pupila Insomne.

¿En qué consiste el “ajiaco conspirativo” fraguado contra Cuba Posible?

Consiste, esencialmente, en una especie de “deslegitimación por asociación”. Me he referido anteriormente a lógica ramplona en la que se basa la confección de ese ajiaco: las fundaciones Open Society y Ford tienen el potencial de convertir en subversivo, antipatriótico y plattista a cuanta persona o institución de la Isla se les aproximase.

Esas fundaciones son consideradas como una especie de “Chernobil” contaminante en el plano ético (dinero inmoral y especulativo), en lo ideológico (promoción del capitalismo), en lo político (injerencia anti-socialista en el debate interno), y en cuanto a la seguridad nacional (desestabilización del Estado). El corolario es evidente: mejor evitarlas, de lo contrario van a producirse “denuncias” que revelarían la falta de legitimidad de los “denunciados” para participar en el debate público nacional.

Sin embargo, la tierra no es plana. La realidad es mucho más compleja de lo que se intenta hacer pasar por una verdad incontestable. Como muchas otras instituciones capitalistas, esas fundaciones son entidades contradictorias. El listado de los recipientes de sus apoyos es muy extenso e incluye entidades y proyectos muy diversos, e inclusive antagónicos entre sí.

El argumento de que esas fundaciones exclusivamente apoyan entidades y proyectos reprobables –desde una visión del socialismo cubano- no se sostiene cuando se revisan los datos de la realidad.

Para el caso de la Fundación Open Society, esto pudiera comprobarse sin mucho esfuerzo revisando el sitio web.

La lista incluye algunas instituciones de un corte netamente progresista -en el contexto de Estados Unidos- como son: Alliance for Justice (activistas que se oponen a la designación de jueces conservadores), American Civil Liberties Union(conocida institución de la lucha por los derechos civiles, muy crítica de las restricciones impuestas bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo), American Friends Service Committee (muy activos contra la llamada “Acta Patriótica”), Arab American Institute Foundation (institución que critica a Israel por la brutalidad contra el pueblo palestino), Casa de Maryland (defensora de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos), MADRE (organización de defensa de los derechos de la mujer que plantea que el gobierno de Estados Unidos es el principal violador mundial de los derechos humanos), Malcom X Grassroots Movement (exige la reparación a la población negra por los daños infligidos por la esclavitud), Mexican American Legal Defense and Education Fund (MALDEF) (una de las instituciones más conocidas en el campo de la defensa de los derechos de la llamada población “hispana”) , NACCP Legal Defense and Education Fund (activismo defensor de los derechos de la población afronorteamericana), National Council of La Raza (defensora de los derechos de los inmigrantes), Planned Parenthood (defensa de los derechos de la mujer), Proteus Fund (apoyo a organizaciones de lo que se considera como una izquierda radical en Estados Unidos), Think Progress (plataforma on-line crítica del conservadurismo), Tide Foundation (también apoya lo que se considera como una izquierda radical en Estados Unidos), Urban Institute (defensora de la salud pública social y del alza de impuestos a los ricos), y Voto Latino (movimiento para incrementar los latinos registrados como votantes), entre otros.

El argumento de que cualquiera que se aproxima a esas fundaciones se contamina, falla cuando se comprueba la evidencia de que la Fundación Open Society habría financiado instituciones que son abiertamente solidarias con la Revolución cubana, como son Global Exchange y National Security Archive Project.

De hecho, la Fundación Open Society no ha financiado exclusivamente actividades sobre Cuba organizadas por Cuba Posible, como puede comprobarse en el sitio web del Programa Cuba del Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS) de la Universidad de Columbia (New York). Se dice textualmente: “El Programa Cuba es actualmente financiado por Open Society Foundations y Ford Foundation” (The Cuba Program is currently funded by Open Society Foundations and the Ford Foundation).

El “Programa Cuba” de ILAS incluye un Programa de Intercambio Académico entre la Universidad de Columbia y la Universidad de La Habana, bajo el cual se realizan visitas académicas entre ambos países. También ILAS ha mantenido un proyecto de colaboración con el Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, en La Habana.

En el caso de la Fundación Ford, que en La Pupila Insomne se ha dicho que tiene un “largo historial de trabajo con la CIA”, existe información pública sobre actividades de colaboración en la que participan instituciones cubanas. Por ejemplo, Hillary Pennington, vice-presidenta de la Ford Foundation sostuvo un encuentro en el CENESEX, el 29 de septiembre de 2016.

La Fundación Ford ha financiado también el proyecto “Cuban Oral History: Memories of the Cuban Revolution”, de la Universidad de Southampton, realizado bajo los auspicios del CENESEX.

Igualmente, la Fundación Ford apoyó el proyecto de donación a Cuba de una réplica de la estatua ecuestre José Martí, ubicada en el Parque Central de Nueva York. Ha sido recientemente colocada frente al Museo de la Revolución.

Deseo dejar bien aclarado públicamente que no veo problema alguno con esas actividades de colaboración. Todas me parecen bien. Esas son personas e instituciones cubanas que tienen experiencia en este terreno y existe sobrada evidencia de que han sostenido intercambios beneficiosos para Cuba. Son otros quienes ponen bajo “sospecha ideológica” y quienes ven “inclinaciones subversivas” en todo lo que sea “tocado” por esas fundaciones.

¿Entrará en escena la picaresca?

Esos argumentos los he expuesto anteriormente como comentarios en más de un blog donde se ha abordado el tema del “oro de Soros”. Obviamente, no se trata en lo más mínimo de defender a las fundaciones. Eso no es lo que hago, ni ese es el punto que se discute.

Lo que se debate es si mantener relaciones con fundaciones como Open Society y Ford le trasmite, automáticamente, “ilegitimidad” a las entidades y ciudadanos cubanos que participen en esas actividades.

En esencia, habría que responder dos preguntas:

– ¿Cuál es la evidencia concreta de que lo que se publica en Cuba Posible –que acoge puntos de vista diversos- sea el efecto de la influencia de fundaciones extrajeras y cuál sería la explicación de los mecanismos de causalidad de esa conjeturada influencia?

– ¿Se “contaminan” por igual todos los ciudadanos cubanos y entidades que se relacionan con las fundaciones extranjeras, o son algunos más “contaminables” que otros?

Respecto a la primera pregunta, no hay mucho que agregar a lo que ya se ha dicho anteriormente. Los “denunciantes” no han aportado prueba concreta de influencia, ni se han molestado en explicar causalidad alguna. La fórmula va por otro lado: “ajiaco conspirativo” y repetición vocinglera.

En cuanto a la segunda pregunta, no conozco la opinión del compañero Luque. Tampoco se la estoy pidiendo. No quiero hacer algo que pudiera ser entendido como una impertinencia.

Lo que me interesa es tratar de conducir cualquier posible discusión sobre esa segunda pregunta –si es que se produjese un intercambio- por el camino de un debate racional. Más de una vez he debido escuchar, con paciencia, el intento de explicar que, en realidad, determinados ciudadanos e instituciones cubanas no son “contaminables”, mientras que en otros casos –como Cuba Posible– la propensión a la “contaminación” no solo es consustancial, sino que es, además, deseada. Es un típico argumento de la picaresca y obviamente en ese tira y afloja no tiene sentido participar.

Queda clara la lógica arrabalera de ese tipo de acusaciones contra Cuba Posible, pero pudiera ser que la lógica nunca haya sido parte de las “denuncias”, en cuyo caso entonces la cosa se entiende mejor.

lunes, 13 de febrero de 2017

Mirarse al espejo

Por: Harold Cárdenas Lema

Una de mis frases favoritas cuando era profesor de filosofía venía directamente de Nietzsche: “cuando miras el abismo, él también te mira a ti”. La posibilidad de terminar convertidos en aquello contra lo que se lucha, la capacidad que tiene el abismo de influir sobre nosotros y el peligro de perdernos en él. Esto debe preocuparnos a todos los que participamos en el debate político cubano, más aún si lo hacen en escenarios desventajosos, más aún apelando a la crítica como herramienta.

¿Cómo mantener la perspectiva y la ética en el debate? ¿Cómo permanecer dentro de los límites de la crítica revolucionaria?

Quien crea que edulcorando la realidad se defiende un proyecto, está tan errado como el que lo defiende ante peligros externos y no dedica una línea a los desafíos internos. Ambos sufren el riesgo de ser “revolucionarios” a medias cuando de seguro son mejores que eso. También están los que solo tienen ojos para ver sombras y esto les impide ver la luz, algunos por error y otros por malicia. Cuando se camina en la oscuridad y sin compañía es inevitable perder la orientación, si no tienes quién te guíe, lo mejor es recordar por qué estás ahí en primer lugar, regresar a las raíces y retomar el rumbo.

Los errores de cada persona son proporcionales al número de ocasiones que intente algo, quien participa poco se equivocará poco entonces, pero también acertará menos del que lo hace a menudo.

Resulta absurdo planificar críticas y alabanzas por igual en busca de un equilibrio artificial sobre cualquier fenómeno. En el caso del debate político nacional, es importante ver todos los colores de una Cuba que no es blanco y negro, alejado del paraíso o el infierno que se empeñan en mostrar algunos. Esos que no logran captar la atención de un pueblo al que le enseñamos a discernir. ¿Tienen apatía los cubanos? No, es la incapacidad nuestra últimamente de crear una narrativa creíble con la que puedan identificarse a fondo, y aún así son tan sabios que no se dejan atraer por fórmulas anexionistas. Tan empeñados en enseñarle cosas al pueblo, podríamos aprender una que otra de él.

Cada artículo publicado es un acto de desnudez política, no exento de errores. Siempre es difícil mantener ese balance, evitar perderse en el intento de participar, cuando no pocos lo han hecho. Como durante mucho tiempo la blogosfera cubrió los vacíos informativos que dejaba la prensa, podría parecer que el contrapeso a la crítica la hacían de por sí los medios tradicionales, tan dados a la omisión de nuestros errores, y no.

Ellos no eran los únicos en el panorama, una industria de blogs y medios de prensa tendenciosos fue construida por la contrarrevolución. Entonces, ¿cómo insertar las voces críticas sin confundirlos con los apóstatas? ¿Cómo evitar que estos sean empujados hacia el abismo de la derecha por quienes los malinterpretan en la izquierda? ¿Cómo elogiar lo que nos distingue positivamente sin repetir los discursos gastados en nuestros medios? La crítica es más fácil que el reconocimiento de lo alcanzado, pero sin este es incompleta.

El debate público tiene vida propia, el mismo discurso que en un momento parece correcto luego puede ser mal visto, y viceversa. ¿Será que sus límites dependen del contexto? La idea que hoy puede parecer aventurada mañana será un hecho, si es efectivamente revolucionaria.

Cuando ingresamos desde La Joven Cuba al debate hace años, todavía algunos consideraban a los emigrados como traidores en Internet. El derecho a emigrar de nuestros ciudadanos lo defendimos a capa y espada en esos primeros tiempos, recibiendo numerosas críticas. Tiempo después recibimos una visita de quienes se encargaban del tema migratorio al máximo nivel, buscando consultaría al respecto, el límite había cambiado.

Hasta que no se invente un revolucionómetro, la legitimidad de la crítica se medirá según los conocimientos y quizás los prejuicios de quien la juzga.

Cada cierto tiempo es bueno tomar una pausa, regresar a tus orígenes y recordar cuál es el objetivo. Porque mientras se teclea sin pausa el ritmo sigue en las calles, la vida es más rica que la circunstancia, y a veces nos dejamos arrastrar por ella. Toca entonces recordarnos las cosas necesarias por defender, las líneas que no se deben cruzar y que el trayecto es tan importante como el fin en sí mismo.

Hay que seguir echando la pelea en dos frentes, contra aquellos que nos quieren arrastrar al pasado de la dependencia y la pérdida de la soberanía sin siquiera un proyecto político que no sea la negación del nuestro. Y contra nuestros propios defectos, contra el atrincheramiento que solo conduce al aislamiento, que cuando se intenta convertir en política de Estado, solo conduce al sepulcro donde han terminado los proyectos socialistas.

Hace poco un hombre me miró a los ojos y me dio un consejo útil: “no te dejes usar”. No le pedí más explicaciones y pensé automáticamente en los dos polos, quienes apuestan por restaurar el capitalismo usando jóvenes como nosotros, y quienes silencian la crítica en el socialismo invitándonos a pactar a cambio de una posición en el estatus quo. Creo que se refería a lo primero, pero también existe lo segundo. La mejor prevención contra ambos será el uso responsable de la crítica y que el resultado de ella, sea en beneficio de todos. Entonces mirar al abismo será un ejercicio más seguro.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

martes, 13 de septiembre de 2016

Diálogo cubano




Para la construcción de una Cuba mejor se necesita un debate nacional, un diálogo entre todas las partes. Eso dicen algunos. ¿Qué es un diálogo, dialogar con quién?. Unos dicen que el diálogo debe ser entre el gobierno y la oposición. Otros, entre el gobierno y los que quieren un mejor país pero manteniendo las conquistas de la Revolución. Vayamos por parte.

Cuando se produce un diálogo entre dos partes es porque ambas disienten sobre uno o varios puntos y las dos necesitan llegar a un consenso para seguir adelante ¿es esa la situación existente entre el gobierno y la oposición en Cuba? Yo creo que no, porque esta ni es real, ni tiene fuerza moral o apoyo social para ser parte de un diálogo. Quien dude que la oposición cubana no es real, que consulte los documentos que muestran los millones de dólares destinados por el gobierno de los Estados Unidos para crearla. Es de dominio público.

¿Qué propone la oposición cubana, a quién representa? Los manager de estos personajes se encargan de dejar las cosas claras. Les pongo un ejemplo. Hace poco estuvo José D. Ferrer por los canales de Miami, una de las figuras más promocionadas desde fuera y que algunos dicen que es “el próximo presidente de Cuba”. Los videos de sus presentaciones en la televisión deben ser material de consulta en todas las aulas cubanas.

José D. Ferrer transpira odio por cada uno de sus poros, para él todo el que piensa diferente es un agente de la Seguridad del Estado y un comunista. ¿Se imaginan lo que haría una persona así si tuviera el poder en Cuba? Me imagino que lo primero que haría sería revivir el tenebroso BRAC (Buró de Represión de Actividades Comunistas) para traer la “libertad y la democracia” a Cuba.

¿Qué oportunidades tendríamos los comunistas en una Cuba gobernada por la oposición? Esa es una respuesta que ojalá nunca tengamos que vivir, aunque podemos ver los avances en la represión que sufren los líderes sindicales o progresistas en los países donde la derecha ha retomado el poder, como Honduras o Argentina. Por cierto, la gran prensa, que fustiga a Cuba constantemente no dice una palabra de esto.

El Che dijo que al imperialismo no se le podía dar “pero ni tantito así” y a la derecha tampoco. Quién dude de mis palabras que vea con quiénes se reúnen los opositores cubanos cuando salen de Cuba, a qué eventos van, quiénes son sus patrocinadores, etc. Recuerdo que hace unos años Lula criticó a Chávez por su lenguaje contra el gobierno de los Estados Unidos o sus críticas hacia el Senado brasileño. Más recientemente dijo que parte de la crisis en Venezuela se debía a que Maduro no dialogó con la derecha cuando obtuvo la presidencia.

Gadafi y Saddam se acercaron a Europa y los Estados Unidos y “dialogaron”. Luego esos mismos gobiernos los asesinaron. En Brasil Temer era el vicepresidente de Dilma…sin comentarios.

No sé que estará pensando Lula ahora pero debe estar viendo las cosas con más claridad. La derecha –como la oposición cubana- no es leal y disfraza sus verdaderas intenciones con un discurso de izquierda, pero una vez en el poder saca su verdadera cara. ¿Recuerdan las promesas electorales de Macri en Argentina?

El segundo grupo con quien dicen que el gobierno cubano debe dialogar es con aquellos que quieren cambiar las cosas pero manteniendo las conquistas de la Revolución. ¿Pero, qué proponen? Bueno para empezar, se debe ir a la “libertad de prensa” y el multipartidismo. Además de otras cosas, como si Cuba fuera un país normal y no lo es. Lo será cuando desde fuera no se destinen millones de dólares para cambiar el sistema político en la isla.

Explicar aquí las razones por las que no creo en la “libertad de prensa” sería extenderinnecesariamente el post. Basta con ver lo que sucede en el resto de América Latina donde los medios de comunicación se convierten en otro partido político…y nunca a favor de la izquierda. No creo tampoco que varios partidos políticos sean sinónimo de mayor democracia.

En realidad funciona más o menos así. El partido A gana las elecciones, entonces el partido B desde la oposición hace lo imposible por evitar que tenga éxito, para que dentro de 4 ó 5 años el pueblo –pensando que vive en democracia- aplique el “voto de castigo” y ponga en el poder al partido B. Entonces se intercambian los papeles y el juego sigue indefinidamente, sin importar que el pueblo sea afectado. No, no quiero eso para Cuba.

La solución a los problemas de Cuba está dentro del socialismo y no fuera de él. No se necesitan medios de prensa privados sino que nuestra prensa cumpla su papel y en esto hace falta voluntad política. Algunos no estarán de acuerdo conmigo, otros dirán que debí decir las cosas de otro modo, pero debemos decir lo que pensamos y no solo las cosas que son “políticamente correctas”. El precio a pagar es demasiado alto.

Pd: Dentro de unos minutos voy a participar en conjunto con los militantes de la UJC del Comité de Base trabajadores en la reunión de discusión de los documentos del Congreso del PCC. La semana pasada lo hicieron los militantes de la UJC de los Comité de Base de estudiantes y los estudiantes de la FEU de la universidad. Ese es el debate que necesitamos.


Para contactar con el autor: jimmy@umcc.cu



jueves, 1 de septiembre de 2016

Una carta de amor.

 Por Carlos Luque Zayas Bazán

En el fragor de una polémica ideológica, o en medio del análisis de las tareas de un profesional de la información, resulta muchas veces imposible no mencionar a los autores por su nombre. Sólo aludirlas constantemente puede resultar más irrespetuoso que mencionarlas derechamente. Pero como nombrar a los responsables de sus ideas hiere últimamente susceptibilidades, me limitaré a ser lo más impersonal que pueda. Al polemista puede interesarle que su posible lector identifique al productor de los conceptos que critica, pues las ideas no surgen en el aire, y cuando se trata de un gestor de la opinión pública, su identidad pública forma, o debe formar, un todo único con sus concepciones personales. Pero a ciertas sensibilidades todo criterio claro y firme le parece enseguida un acoso injusto y personal. Se entona con frecuencia un cántico de amor y reconciliación no propio de las polémicas, cuando Cuba nunca ha sido objeto de miramientos, sino de todo lo contrario. Por otra parte, si se quieren refutar las opiniones adversas sobre la labor de un periodista, político, o intelectual, se deben atender a los argumentos que se le oponen. Otro procedimiento resulta un muy insuficiente e ineficaz proceder y el ataque que se señala se convierte en otro ataque que se ejecuta, o puede serlo.


En este blog, y en otros como Rebelión.org, autores cubanos y extranjeros, han estado publicando análisis sobre la tarea de un periodista- no lo nombremos, pero ahora la intención no es el irrespeto al no hacerlo, ya está dicho – que según varias opiniones de sus defensores ha sido, o está siendo, objeto de un injusto y vergonzoso ataque dirigido a su persona. Al respecto, recientemente se afirma que los últimos días han sido una vergüenza, y como ese juicio se refiere claramente a los trabajos aparecidos en este blog sobre la polémica de marras, se sobreentiende que determinados textos y sus autores, han cometido actos vergonzosos, pues en buen castellano según el sentido recto y figurado de la palabra, no cabe considerar otra interpretación. Según Aristóteles en Moral a Nicómaco. Libro cuarto, capítulo IX, “Del Pudor y la Vergüenza”, “una cosa vergonzosa sólo un corazón viciado es capaz de hacerla.”. Consideremos, no obstante, que el autor del juicio no ha hecho un ataque personal a los autores de los textos que avergonzaron sus días y sus noches, pero advirtamos que en todo caso hay que cuidarse de no cometer el mismo acto que se reprocha en los demás, o en cualquier caso, es conveniente evitar una frase infeliz que permita, sin mucho margen de error, suponerlo.


La tarea de llamar a las cosas derechamente por su nombre, siempre ha sido ingrata, y el argumento que se esgrime para descalificar a quien lo hace, bastante socorrido, es el de estacar a las personas cuyas ideas o actitudes se discuten, cuando lo que se impone es dar respuesta, o contra argumentar los puntos, conceptos e ideas expuestas por el adversario.


Si no se exponen argumentos sobre los contenidos concretos de la polémica, o al menos se intenta demostrar que los ajenos están errados, o que se miente, o que se fantasea con la mala intención de ejercer un linchamiento, curiosamente se produce una especie peculiar de ataque, que al no examinar o refutar ideas, podría considerarse personal: se está declarando que el otro es capaz de un ataque injusto, y además, vergonzoso, sin los argumentos que lo apoyen. En este caso me cuido de no hacer lo mismo, que no me interesa en lo más mínimo, y expongo y resumo el siguiente argumento: en efecto, afirmar solamente que otros hacen un ataque personal y lleno de palabras ofensivas, o basado en meras rencillas, qué palabra, es cometer el mismo acto que se reprocha, por cuanto se limita sólo a eso, a señalar que se es una persona de carácter vicioso, resentida, que produce vergüenza o dirime pequeñeces personales en el examen de las ideas. Ni más ni menos. El argumento del escrito a que aludimos es que se trata de una pelea entre personalidades, rebajada a una vulgar rencilla o, según una de las definiciones del diccionario, a una “cuestión o riña que da lugar a un estado de hostilidad entre dos o más personas”, si se tiene en cuenta que menciona con toda claridad al autor de este blog, y al periodista objeto de los análisis que se hacen en los textos “vergonzosos”. Para demostrarlo habría que analizar cada uno de los argumentos y datos expuestos en los textos publicados en este blog y otras fuentes. No se trataría, de ningún modo, de un debate equivocado, sino uno de los más necesarios y útiles, entre otros muchos posibles.


Otros de los argumentos que esgrimen los que se avergüenzan de esta polémica, es el de la manida frase de intentar matar al mensajero. Con ello quieren significar que los temas cubanos tratados por el periodista son los que se deben atender, que son objetivos, y están allí, y es cierto que se deben atender esos temas, pero que el periodista sólo los trasmite, por lo tanto, es únicamente un conducto inocente y seráfico, o al menos neutral y objetivo. Y por un lado eso es cierto, siempre y cuando el periodista cumpla cabalmente con la ética de su profesión, haga un profundo análisis multilateral, no sesgue su mensaje, y no ponga de su cosecha una óptica tendenciosa. Aparte de que en la tarea periodística nunca hay tal e incontaminado conductor objetivo y neutral, – y eso debe ser bien sabido por todo el que escribe sobre temas públicos y sociales -, además de eso, el periodista puede no ser sólo el mensajero, sino el productor de contenidos, y ya se ha estudiado con argumentos – que necesitan ser respondidos por sus avergonzados dolientes – por varios autores, cubanos y no cubanos.


Motivado por todo lo anterior, revisité algunos textos. No encuentro, por una de las partes, las ofensas personales, ningún indicio de rencilla. Encuentro, eso sí, argumentos, datos duros, citas analizadas, fuentes contrastadas. Encuentro análisis “sobre las ideas que cada uno propone”, como leo en el artículo del bloguero que comento, que no ha ocurrido en este tema. Como allí están los textos, me puedo limitar a remitir a su lectura (para su análisis objetivo. La tentación de analizarlos uno a uno es grande, pero el rechazo a los textos extensos parece que resulta mayor en la cultura digital que muchas veces conmina a masticar sin deglutir y saberlo es unas de las técnicas usadas para influir en las mentes y hacer pasar como suyas lo que contribuye a sembrar. Encuentro, sí, por otra de las partes, un llamado a estar atentos a “los escribas que pronto aparecerán”, una rara advertencia que descalifica con un término peyorativo (¿ofensivo?), y a priori, cualquier ajeno intento futuro del prójimo que pretenda hacer lo mismo que se quiere privatizar: el derecho de ejercer el criterio. Uno sería el buen periodista, otros, meros escribas, es decir, una descalificación en toda la línea. Y dentro de los muchos análisis posibles, solo traigo cai al final de esta nota uno a colación, en el afán de contribuir a precisar si siempre estamos ante un simple mensajero, o ante el productor de ciertos mensajes, y por lo tanto, si la cuestión es un debate equivocado o no. Para unos lo seguirá siendo, cómo no; para otros, de ninguna manera. Es el derecho de cada posición, aunque el derecho no siempre coincida con el acierto. El análisis de unos de los textos ajenos que se refieren al periodista de marras, nos serviría para ver con elementos de juicio si estamos o no ante “un profesional que escribe lo que piensa con honestidad”– y no me cuestiono su honestidad intrínsecamente personal, por lo menos hasta el punto que pueden diferenciarse ambas en el ejercicio público . Aunque visto desde otro ángulo, si la intención de un analista de la realidad social es recargar los tintes sobre un aspecto unilateral de la misma, subrayar unos elementos y escamotear otros en franca manipulación tendenciosa como demuestra Arnold August en algunos de sus trabajos, y con ello ese analista es consecuente con su forma de pensar, sin dudas que es honesto consigo mismo, pero dudosamente con la profesión que ejerce, ni con la objetividad de que presuma, y por lo tanto, no lo es con la realidad o los eventos sobre los que informa o analiza, y en ese caso difícilmente se pueda hablar de una profesionalidad que no haya que analizar, y llegado el caso, refutar y combatir.


Pero en relación con el análisis de la actividad periodística en el país, de ese o cualquier otro corresponsal, sobre todo se trata ahora de lo siguiente, lo cual no me parece un debate equivocado, y está allí mi mayor diferencia con el espíritu y el contenido de una de las tesis del bloguero que se confiesa avergonzado de este debate: la solución salomónica, noble en su intento, sin dudas, pero también sin dudas equivocada, según la cual el otro hace su tarea, y total, no va a transformar a nadie, por lo tanto dejemos que cumpla su misión tranquilo, sin los sobresaltos de la crítica que se le opone, sin que tengan motivo de alarmas los demás, porque a fin de cuentas, no lo haremos cambiar. Y ya está dado por bueno el orden universal, mediante un llamado casi angélico a la convivencia acrítica en el campo de las ideas con quien, mediante procedimientos dudosos, crea matrices de opinión con una visión de los problemas de Cuba que varios analistas han calificado de tendenciosa. Entre ellos Fidel, persona de fina diplomacia, aguda inteligencia, además de probada experiencia en lides mayores, y una rica relación con personas de todas las corrientes políticas e ideológicas imaginables a lo largo de su vida. No cito para aplicar una fuerza de autoridad, aunque aclararlo sé que no bastará para algunos. Lo hago por respetar la inteligencia ajena y la estatura indiscutible de un intelectual de fuste en cuyos juicios no sólo yo confío.


Razonemos, finalmente, sobre este llamado a la convivencia pacífica en un terreno sólo aparentemente pacífico, cuando se hace una guerra de pensamiento y no se avizoran las huestes, y ya se sabe que el cuarto poder es la ofensiva, la preparación artillera de lo que luego ya no será tan blando. Nos preguntamos: si no vamos a hacer reflexionar al periodista sobre su tarea, ni le vamos a cambiar su cosmovisión ni ideología, ¿dónde cabe la esperanza de que atienda los sabios consejos que le llegan, según uno de los cuales “sea responsable con sus lectores, (que) no se sume a sembrar el desaliento y la incertidumbre que generan otros medios, que sea profesional con sus colegas, incluso en momentos de tensión”?. Me resulta bastante seráfico ese llamado, como una carta de amor ideológica dirigida al que se acepta no es militante de la misma causa del emisor, y que además, antes se ha comprendido que no haremos cambiar. Quizás la exhortación que cito surge de percatarse que muchos de los textos del periodista, pese a ser sólo un mensajero, pueden efectivamente “sembrar el desaliento y la incertidumbre que generan otros medios”, o será un acto prosélito para que ello no ocurra. Yo pienso por mi parte que quizás es lo primero, pues muchas personas, y agudos analistas como Arnold August, coinciden en lo mismo. Pero esa es una suposición, pues no tengo derecho a afirmarlo por otra persona. Lo que me temo que es inobjetable es que se trata de un propósito noble e ingenuo, pero equivocadamente conciliador. Hay debates que pueden estar enojosamente extendidos para el gusto general, o para el que adversa criterios, perspectivas críticas más frontales, poco simpáticas para ciertas sensibilidades salomónicas, o que quieren recibir el aplauso de un auditorio por la bondad de su espíritu; cierto es que hay temas de mucha importancia, que deben ser tratados con más frecuencia, pero igualmente hay conciliaciones que pueden ser también fatales y dañinas en sumo grado. Por eso es necesario que existan, como bien se acepta, textos como los que se publican en La Pupila insomne, o intelectuales como Iroel Sánchez, que no buscan la mera simpatía, y comprenden que se está en un combate donde menudean los falsos llamados a los diálogos, los consensos espurios, y las convivencias de ideas y actitudes que no pueden convivir, o donde bajo el sombrero de la objetividad se hace, o se contribuye, a una labor de zapa y desacreditación, a sembrar el desaliento o la división. La confianza de que el adversario de ideas va a atender buenamente los consejos militantes de una causa, cuando se admite entender que no milita en ella, es una confianza infundada, y un error en las lides de la comunicación. Si se trata de matar a un mensajero, si es un debate equivocado, o es una lucha de ideas que es necesario librar, es algo sobre lo cual se pueden encontrar agudos análisis y argumentos en este trabajo de Arnold August: La delegada electa y el disidente en las elecciones municipales en Cuba http://www.rebelion.org/noticia.php?id=106384. Es uno entre varios. No hago el comentario del comentario, ni el análisis del análisis, aunque creo con firmeza en la utilidad de hacerlo. El que quiera seriamente pensar por cabeza propia si estamos ante un simple mensajero de los problemas cubanos que se pretende linchar injustamente, o ante un productor de mensajes tendenciosos que, quiéralo o no, como dice Arnold August, frecuentemente asume procedimientos que distorsionan las realidades cubanas y sus significados, como se demuestra en este trabajo sobre las elecciones cubanas, y contribuye así en buena medida y con bastante frecuencia, pese a los buenos consejos ya recibidos, “a sembrar el desaliento y la incertidumbre que generan otros medios”, lea y medite con sosiego y con justicia. O en todo caso, si no se está de acuerdo, dé a conocer argumentos que lo refuten, pero sobre los argumentos que se esgrimen, no sobre acusaciones de asedio injusto. No hay en este texto nada parecido a un linchamiento malsano, no hay nada parecido a una ofensa, y menos dirigida a la persona o su condición privada, no hay nada parecido a una animadversión o rencilla personal en ese y otros textos, no hay nada que avergüence con razón. Pero en este texto se comprende también que no hay nada más parecido a una manipulación, que la visión que contribuye a crear el periodista sobre uno de los temas centrales que, nuestros nietos, o algunos de ellos, seguramente van a agradecer que fueran atendidos en su momento.


Como se ha dicho que los cuestionamientos a la honestidad y profesionalidad del referido corresponsal solo proceden de una generación y sector, o peor aun que obedecen a un ataque personal de quienes no desean discutir los problemas de nuestra prensa, recojo a continuación enlaces a textos que -además de los citados en este artículo y sin incluir los de Iroel Sánchez ni los míos- lo han cuestionado con nombre y apellidos, todos publicados antes del debate actual. Sus autores pertenecen a sectores y generaciones diferentes y más de uno ha realizado críticas al trabajo de los medios de comunicación cubanos. De los autores de más de un texto sobre el tema, como ocurre en  varios casos, solo he enlazado el primero.

miércoles, 31 de agosto de 2016

El debate equivocado

 Por: Harold Cárdenas Lema


Los últimos días han sido una vergüenza. Tanto hemos luchado por alcanzar espacios de pensamiento en el mundo físico y virtual que nos ayuden a construir un país mejor. Ahora que los vamos logrando, lo empleamos en rencillas y ajustes de cuentas ante un público que se polariza o divierte como en el Coliseo romano.


Si el mejor tema de conversación que tenemos los cubanos es la bandera que abraza un deportista o el derecho a publicar una opinión que de por sí es compartida por la mayoría, muy mal andamos. Podemos convertir las redes sociales, la blogosfera y los medios de prensa en una universidad colectiva donde se coincida y discrepe a fuerza de pensamiento. O podemos promover linchamientos mediáticos que no tardarán en llegar al mundo físico.


En lo personal me parece sana una esfera pública donde se discutan abiertamente asuntos de relevancia nacional, mucho mejor que dejarlo a desconocidos que lo hagan tras puertas cerradas. Pero el actual es el debate equivocado. Y lo que estamos viendo ahora es una radiografía de lo que vendrá en los próximos tiempos. Dicho esto, voy a dar mi opinión sobre varios de estos debates descarriados. De una sola vez y sin ganas de seguir en ello:


Tenemos el mismo derecho que cualquiera de irnos a vivir a otra parte y jurar lealtad a otra bandera. Lo que nos hace cubanos va más allá de las leyes y lo que nos hace buenas personas va más allá de las nacionalidades. Conozco compatriotas deleznables y extranjeros sublimes, y por supuesto que viceversa. Nadie deja de ser cubano al competir por otro país, siempre que se siga sintiendo así.


Ahora, cuando un cubano deja por el piso mi bandera y pide otra por encima de ella, el mambí que llevo por dentro se rebela. Y no diría que deja de ser de la isla pero ciertamente no lo es tanto como Mijaín López o cualquiera que bajo otra bandera, siga llevando la nuestra en el corazón.



karina marron
Karina Marrón es de las mejores periodistas de nuestra generación

Karina Marrón habló por muchos en el pleno de la UPEC que nos sentimos orgullosos al leerla. Nunca debieron ser secretas sus palabras porque están respaldadas por el sentido común, ese que todavía es impublicable en ningún periódico o noticiero. La contradicción era de raíz, empezaba por ahí y se extendió como un cáncer de efecto dominó.


No debemos seguir poniendo a nuestros profesionales en la disyuntiva de publicar o silenciar hechos de interés público por secretismos que hasta el presidente ha criticado.


Agradezco que hayan transcrito sus palabras porque sin ellas nunca hubiera comprobado cuán bien Karina representa a los revolucionarios de nuestra generación. Yo hubiera consultado con ella antes de publicarlas, no sé si la ética profesional lo exige o no, pero cuando se habla a camisa quitada a veces omitimos matices y esto puede ser usado por quienes están a la caza de cualquier desliz con potencial de escándalo.


El periodista que distribuyó la información en Holguín cometió ese error inicial de lanzarse aventuradamente a una acción que pronto escapó de su control. Y podemos suponerle mil defectos o virtudes pero no los sabemos así que debemos concentrarnos solo en hacer justicia. ¿La sanción impuesta sobre él es acorde al hecho? En realidad parece más ejemplarizante que justa y debería revisarse seriamente. Pero el mayor perdedor en este asunto es la Unión de Periodistas de Cuba.


Su imagen se ve enturbiada cuando en pleno proceso de reclamación de la medida, uno de sus principales funcionarios se expresa contra el periodista holguinero. Puede ser criticable el hecho de divulgar las palabras de Karina sin su consentimiento pero también son lamentables las palabras de Aixa Hevia, precisamente por su larga trayectoria profesional. La UPEC es una organización no gubernamental que tiene como primer objetivo “defender a los periodistas en el ejercicio legal y ético de su profesión, así como su derecho de acceso a las fuentes“. Y ciertamente dio la impresión de que la UPEC se lanzó con entusiasmo a la expulsión.



ravsberg
Conocí a Ravsverg hace años, desde entonces hemos coincidido y discrepado juntos, pero siempre buscando lo primero y respetando lo segundo

Quizás esto ocurrió al calor de otro debate alrededor del periodista uruguayo Fernando Ravsberg. Lo conozco desde hace 5 años, lo he visitado en su casa y viceversa, lo he entrevistado y viceversa. Hemos discrepado tanto como un periodista extranjero y un militante de la juventud comunista cubana pueden hacerlo. Cuando veo la polémica alrededor de su persona y su trabajo, me parece también que es la discusión equivocada.


Desde que conocí a Fernando lo veo dar informaciones que deberían estar en nuestros periódicos y no las veo. Análisis que deberían salir en televisión con una mirada de izquierda y están ausentes. Iniciativas que deberían venir de nuestras organizaciones y nunca nacieron. Críticas que deberían ser nuestras para mejorarnos, y nunca llegan.


A diferencia de sus detractores no le pido un periodismo militante con nuestra causa porque esa es nuestra función, si no la hacemos bien es culpa nuestra, no suya. Le pido que sea responsable con sus lectores, que no se sume a sembrar el desaliento y la incertidumbre que generan otros medios, que sea profesional con sus colegas, incluso en momentos de tensión.


Si el tiempo que se emplea en criticar a otros se utilizara en mejorar la UPEC y terminar las mediaciones que aquejan a nuestra prensa, estaríamos mucho mejor.



iroel-sanchez
Se puede coincidir o discrepar con Iroel Sánchez pero marginarlo o silenciarlo sería injusto. Es callar la voz de un sector que él representa.

Para nadie es un secreto el debate que desde hace un tiempo viene teniendo lugar entre Iroel Sánchez y Fernando Ravsberg, desde sus respectivas plataformas. Que en ocasiones es productivo porque genera pensamiento y alternativas, en otras solo provoca ofensas y ataques personales. Iroel representa a un sector de Cuba que respeto y me recuerda a mis tíos, que quiero un montón pero discutimos cantidad, porque teniendo los mismos objetivos vemos caminos distintos. Quizás sea la diferencia generacional.


Ravsberg me parece un profesional que escribe lo que piensa con honestidad, no convertirá a nadie en algo que no sea ni mucho menos lo convertiremos a él. Como diría Diego en Fresa y Chocolate, este país sin Iroel y Ravsberg, quizás le faltaría un pedazo. Intentar deslegitimar a uno u otro resulta un intento vano e injusto, es atacar el mensajero cuando esto es un debate en el campo del pensamiento. Más que polemizar sobre proyectos o personas, discutamos sobre las ideas que cada uno propone.


Ojalá el efecto final de todo esto no sea botar el sofá una vez más. Con reuniones de la UPEC a puertas cerradas donde pidan juramento de sangre a los miembros de no comentar lo que ocurre en el recinto. Con una mayor polarización del debate en Internet centrado en las personas que lo sostienen y no en sus ideas concretas. Ojalá esta incipiente Internet cubana no siga tomando la costumbre de generar escaramuzas y crear grupos polarizados que se linchen unos a otros, sino que exista una noción de construcción común utilizando el pensamiento.


Todavía puede imponerse el sentido común y aplicarse una sanción menor al periodista holguinero, Aixa Hevia puede hacer buen periodismo sin que este episodio empañe su carrera profesional, Ravsberg puede seguir informando en su blog y los cubanos pueden ganar medallas que nos enorgullezcan sin importar la bandera que lleve al podio. Podemos dedicarle entonces el tiempo a discutir cuál será el país que viviremos y dejaremos a nuestros hijos. Porque reconozcámoslo, somos mejores que esto.


Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com



lunes, 9 de mayo de 2016

Cuba, ¿Cómo vamos al futuro?

Escrito por  Norelys Morales Aguilera




A veces los periodistas disfrutan del raro privilegio de estar en un lugar ante un suceso que puede marcar sus vidas y hasta el ejercicio profesional.



El periódico Vanguardia de Santa Clara me encomendó reseñar lo que debió ser una de las últimas conferencias del doctor Gaspar Jorge García Galló, cuando daba mis primeros pasos hacia el periodismo. No era gratuito que las comparecencias del profesor en la Escuela Normal o de Comercio estuvieran abarrotada de estudiantes, o que los sindicalistas, especialmente nuestros ilustrados obreros del tabaco, disfrutaran de la facundia y sabiduría del irreductible comunista. En esa oportunidad García Gallo hizo cuatro preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? y ¿Cómo vamos?, imprescindibles para la teoría y la acción.


Las interrogantes una vez más están disponibles para cualquier análisis serio de la nación cubana. Todas son legítimas a la luz de la polémica desatada respecto al laboratorio de ideas Cuba Posible, un “think tank”, que debo señalar resultó sugerente, con la ilusión de verlo aplatanado para perfeccionar el socialismo cubano, con su propuesta de diálogo, debate, consensos, empoderamiento, más democracia, etc.

Sin embargo, el extraño silencio mediático al respecto de una controversia que en otro momento habría saltado de la blogosfera a los diarios corporativos, quedó pautada por la banalización que hiciera El Miami Herald, cuyo título ya es un mensaje inequívoco, que el lector puede decodificar por qué y para quién: “Desde Miami: Iroel Sánchez y su refriega con Cuba Posible”. [1]

El frustrado Premio Juan Rulfo Jorge Dávila Miguel, lo hizo bien para los propósitos de no ir a lo sustantivo. Echa mano a la guasanga, banaliza,  personaliza: manipulación sutil. ¡Cuidadito, “la sangre ideológica” es una “refriega” de Sánchez!, porque este, se lleva “la palma de las insinuaciones político criminosas”, mientras “la palma de los insultos personales se la lleva Veiga” (Roberto Veiga González el director de Cuba Posible).

Pero, es llamativa la reacción de Veiga, que no encaja en el guía de un laboratorio de ideas que ha de suponerse capaz de polemizar con la argumentación y con el análisis profundo, que puede ser, entre otros, ese ¿cómo vamos? en cual centro mi análisis,  tan importante para la teoría como para el periodismo auténtico. Por supuesto, el calado rebasa un artículo.

En el ardor de la discusión, el Director pateó la cristalería del laboratorio. Veiga escala la “transición suave”, con todas sus implicaciones, y pasa a que, la lucha política se intensificará progresivamente y que será  violenta como resultado de  la desmesurada competencia por “imponer una u otra idea y propuesta de país” y  marcada por la deslealtad que engendra la frustración, la desconfianza, la rivalidad y el rencor, según su artículo, junto a Leinier González Mederos, entendible como una declaración de propósitos, “La batalla final por el futuro de Cuba ha comenzado”. [2]

En todo caso para patear más la cristalería del laboratorio, si admitimos la libertad de opinar, tanto la tiene Iroel Sánchez [3], gústese o no, como Roberto Veiga, quien desacredita su inteligencia académica cuando remeda las ínfulas del monarca aquel de “¿Por qué no te callas?”

En su arranque Veiga, guapería aparte, deja para otros una pregunta válida a estas alturas de la meteórica carrera de su think tank: “¿cuáles ideas y posiciones son de izquierda y cuáles de derecha?... del mismo modo, reitero que no pretendo ser un opositor político, ni deseo convertir a Cuba Posible en un partido político (sin embargo, aseguro que si en algún momento lo estimara pertinente me opusiera a cualquier gobierno e integrara el partido político que estime oportuno –siempre, sin comprometer a Cuba Posible y a sus colaboradores-, aunque ello fuera ilegal y me trajera graves consecuencias).”

La única vía revolucionaria es una construcción socialista, no capitalista, ese es el cómo, complemento imprescindible que falta a la declaración, que no pretendo calificar, pero que sí debiera responder un laboratorio de ideas realmente patriótico: “El único camino certero sería la evolución del modelo, por medio de un proceso que no admita rupturas, pero que se empeñe en el completamiento de la República nueva, signada por la soberanía nacional y ciudadana, el crecimiento de la economía y la cultura, y el desarrollo de la justicia social y la democratización política.”

Y, ¿cómo será esa República nueva de Cuba Posible con esas raras elucubraciones de culpar de los males a la Revolución y atenuar las agresiones que convirtieron a la nación en una “plaza sitiada” con sus ineludibles contradicciones, a veces hasta kafkianas, para implorar una civilidad, casi siempre, en abstracto? ¿Será que el partido político que Veiga “estime” no va a ser socialista y menos comunista?

La Cuba Posible “de Veiga” no quiere entrar en esas honduras, pero pistas hay aunque acudan a subterfugios y salgan con acusaciones a quien las muestre.

Por respeto y sentido común el director del laboratorio, puede recibir financiamiento de quien desee sin poder igualarse al mandato legítimo del gobierno, o tener las amistades que mejor guste, pero al tratarse de un vínculo de instituciones, entonces su neutralidad queda comprometida, lo cual sí importa, e importa mucho cuando estamos enfrente de un proyecto que se atribuye, diciendo lo contrario, la verdad última e inobjetable.

No es viable como buen consejero para Cuba, y es un hecho demostrable, que un Francis Fukuyama, el excelso neoliberal que felicitaba la campaña en redes sociales de su discípulo argentino Mauricio Macri, o el Presidente de Diálogo Interamericano, Michael Shifter, cuya ejecutoria habla por sí misma, entre otros con quienes comparte Veiga labores en Diálogo Interamericano, el “think tank” de derecha activa y actuante, a pesar de las declaraciones a favor de la normalización de relaciones Cuba-USA. De argumentarse lo contrario, alguien estaría pasando gato por liebre.
Incluso, su amigo, Carlos Saladrigas, tampoco vale de socio, hablando de entidades,  con esa “Casa Cuba” cuando el empresario, pasa por alto el sufrimiento de los cubanos todos y considera que “la confrontación y el embargo han sido extremadamente útiles para el gobierno cubano” y “ha ayudado al régimen cubano a obtener una legitimidad, que no ha podido obtener por otras formas”, algo que ni siquiera merece comentario a menos que alguien pretenda justificar el bloqueo, que como se ve llama embargo.[4]

De modo, que con lo dicho es suficiente para darnos cuenta de que hay ruido comunicativo con el laboratorio de ideas Cuba Posible, sin que ello incluya a todos sus integrantes.

Asimismo, se puede discrepar con que se dé “un corrimiento al centro”. En todo caso, el centro suele ser una posición incómoda por la puya en que se asienta, y más bien, como no hay respuesta al cómo vamos a la Cuba del futuro próximo y lejano, se trata nada más y nada menos que de la derecha pura, dura y taimada.

La República de Cuba no puede volver al pasado capitalista que impuso a su antojo imperial Estados Unidos cuando intervino en la guerra de los cubanos contra el colonialismo de España, y aupó corrupción y tiranía
Ni Cuba debe ir a un futuro neoliberal auspiciado por el “soft power” al cual la Cuba Posible “de Veiga” le haría un buen servicio, si no demuestra lo contrario. Creo que está obligado a hacerlo por simple respeto ciudadano e intelectual.

Notas
[1] http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article75796497.html
[2] http://cubaposible.net/articulos/no-dejemos-que-arruinen-los-suenos-las-ilusiones-y-la-confianza-en-nosotros-mismos-2-aa6-5-3-7-5
[3] https://lapupilainsomne.wordpress.com/2016/04/29/el-corrimiento-al-centro-again-por-iroel-sanchez/
[4] http://www.contrainjerencia.com/?p=111069