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lunes, 28 de agosto de 2017

Martínez Heredia: Algo intermedio es confusión; se trata de o el capitalismo, o el socialismo (+ Video)

Por: José Manzaneda

Publicado en: Actualización del modelo socialista cubano, Relaciones Cuba-EE.UU
En este artículo: Capitalismo, Cuba, Cubainformación, Cultura, Estados Unidos, Información, Medios de Comunicación, Relaciones Cuba Estados Unidos, Socialismo
28 agosto 2017 | +
Fernando Martínez Heredia respondió a las preguntas de José Manzaneda, director de Cubainformación. Foto: CubaInformación
Fernando Martínez Heredia respondió a las preguntas de José Manzaneda, director de Cubainformación. Foto: CubaInformación
Transcripción de la entrevista realizada a Fernando Martínez Heredia por José Manzaneda, coordinador de Cubainformación, diciembre de 2016
Fernando Martínez Heredia (izq) dialoga con José Manzaneda.
José Manzaneda.– Uno de los intelectuales claves para entender la Cuba de hoy y también la Cuba de mañana, es Fernando Martínez Heredia, el director del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello.
Fernando, el gobierno de Estados Unidos parece apostar por las vías amables para forzar un cambio político en Cuba, tratando de influir en diferentes sectores sociales con dos vías: la de la división y la de la confusión. ¿Realmente lo está consiguiendo?
Fernando.- Yo te diría en dos palabras que no; pero hay que decir más: los Estados Unidos no son nuevos en esto; incluso, hace 115 años casi, el presidente Roosevelt, el viejo, que era joven, dijo que el garrote y la zanahoria; el garrote era lo que él usaba más en ese momento contra Venezuela, por cierto. Con nosotros han usado el garrote más de medio siglo, después de 1959, pero lo usaron muy duro en 1898 cuando nos invadieron y ocuparon; pero también usaron la zanahoria. Y en todo el sistema de 60 años de dominación que hubo en Cuba, Estados Unidos practicó las formas de penetración cultural de encontrar cómplices, y los encontró, de tener un sistema que por eso es que se llama neocolonialismo, porque consiste por un lado en dominar económicamente, pero también culturalmente, y por otro lado en tener cómplices subordinados que reciben beneficios, dominan el país y los sirven a ellos, son dominantes dominados.
De manera que ellos se han dado cuenta, de pronto, que después de más de medio siglo de guerra prácticamente abierta, ilegal, inmoral, todo esto que sabemos, pues más valía como bien dice el presidente de la República, Obama, cambiar la táctica, pero no la estrategia. Pero lo que pasa es que a veces ellos tienen cosas que parecen como un niño malicioso, que dicen: él no se va a dar cuenta. Si no fueran criminales uno se reiría.
Yo estuve en Panamá hace año y medio, en aquella reunión a la que Obama fue, porque si no no iba a haber reunión, si no iba Cuba no iba a poder, entonces allí parecía que todo era zanahoria, incluso hubo medios verdaderamente conservadores, para no decir reaccionarios, que decían que el personaje más importante que estaba allí era Raúl Castro; eso se lo mandaron a decir.
Pero nosotros, por suerte, incluso no los viejos, si no los jóvenes cubanos, tenemos mucha experiencia, es un combate contra el país más poderoso militarmente del mundo, pero también más poderoso culturalmente del mundo, eso nos ayuda mucho, porque ellos están aplicando a fondo, tienen centenares de acciones culturales legales; nosotros denunciamos las ilegales, pero las legales aquí están, centenares sucedieron el año pasado, centenares están sucediendo este año.
Ellos están permitiendo y auspiciando que entre en Cuba la mayor cantidad de dinero posible desde Estados Unidos, en la forma de remesa que siempre ha sido muy hermoso que los familiares ayuden a su familia; pero ahora, más bien, es que se hagan inversiones por lo que ellos aspiran a que mañana sea un empresariado burgués en Cuba y apoyar esas inversiones.
No creo que tampoco ellos estén pensando solamente en lo que ellos llaman ni la sociedad civil ni el pequeño empresario, ellos están pensando en todo, están tratando de confundirnos a fondo, de encontrar cómplices dentro del país.
Bueno, está bien, por lo menos hay quien dice: Pero por lo menos lo dicen. Yo no hallo que eso sea algo especialmente bueno, es que hay formas de trabajar, una de las formas de trabajar del imperialismo norteamericano es la aparente franqueza, o lo que actualmente llaman transparencia.
Yo no creo que estén teniendo éxitos, pero sí creo muy fuertemente que no hay que descuidarse nunca y que, incluso, es terrible cómo vienen decenas y decenas de miles de norteamericanos que ninguno ni es mala persona, ni pretende nada malo con Cuba; pero nosotros somos una pequeña isla que ha sido sometida al colonialismo nuevo norteamericano demasiado tiempo y no podemos ver nada inocentemente.
José Manzaneda.– Fernando, en tus escritos afirmas que el dilema de la Cuba de hoy y del futuro sigue siendo entre el desarrollo del socialismo, que debe ser profundizado, y el retorno al capitalismo. ¿Realmente esto es un peligro hoy? ¿Es una hipótesis el regreso al capitalismo? Y si es así, ¿sería más fuerte este riesgo hoy que hace 10, 15 o 20 años?
Fernando.- Sí, yo creo que son reales las dos cosas. Es decir, primero, el peligro es real, es una disyuntiva y no hay fórmulas intermedias.
Yo les decía a mis compañeros del Consejo Nacional de la UNEAC hace unos meses, que el capitalismo sueco puede tener cosas buenas y malas, pero sin dudas es sueco; el capitalismo cubano no podría ser cubano, tendría que ser norteamericano-cubano, es decir, para Cuba no hay una posibilidad de capitalismo autónomo. Entonces, de entrada, la disyuntiva no puede ser: bueno, vamos a seguir introduciendo cosas del capitalismo, vamos a hacer lo que antiguamente algunos llamaban un socialismo de Estado, que es un tránsito hacia que una cantidad de funcionarios se conviertan en empresarios, etcétera, no es factible, eso no es factible en Cuba.
En Cuba no es factible que digamos: sí, vamos a hacer un capitalismo, pero no va a ser neoliberal, ustedes verán que vamos a tener una política social muy buena. Nada de eso es factible.
Podría ser, incluso, que algunas personas hasta lo crean, de buena intención, y digan: si hacemos un pluripartidismo, por ejemplo, y un sistema democrático de elección de personas, vamos a evitar que haya corrupción, que los pobres empiecen a pasar hambre, etcétera. Eso, desgraciadamente hay demasiados ejemplos en el mundo de que no es posible, ni siquiera en Estados Unidos donde casi 4 millones de personas no tienen donde dormir, y le tildaron de comunista a este presidente que está terminando porque trató de que una parte grande de los 52 millones de personas que no tienen posibilidad de una asistencia médica correcta, tuvieran algo.
Es decir, nosotros por lo menos tenemos, y en Cuba creo que eso es de lo más importante, una población con un grado de conciencia política que posiblemente sea un récord mundial y eso sí es una cosa muy, muy valiosa. Y por esto es que yo digo muy claramente: no hay nada intermedio, creer que hay algo intermedio es confusión; se trata de o el capitalismo, o el socialismo.
Hay quien dice, exagerando mucho, que si Cuba pasara al capitalismo sería como Haití; no, como Haití nada más que es Haití, cada uno vive su desgracia, pero la nuestra sería grande, entre otras cosas, porque hemos dado no solo un ejemplo al mundo de cómo es posible que incluso un pequeño país al lado de Estados Unidos, como se decía siempre, subdesarrollado, haya cambiado tan profundamente la vida en favor de toda la población y no de una fracción pequeña de ella.
Pero, bueno, no solo es un ejemplo del mundo, sobre todo que es la vida de nosotros, es lo que hemos logrado hacer entre todos, y no es posible permitir, de ninguna manera, que nuestros hijos y nuestros nietos vuelvan a lo que hubo.
José Manzaneda.- Fernando, tú afirmas que el capitalismo sigue existiendo hoy agazapado en diferentes actitudes, en diferentes prácticas, en cierta psicología social, que de alguna manera habría venido fortalecida por la reintroducción de algunos factores de mercado en los últimos años en la sociedad cubana, ¿cuál es el antídoto?
Fernando.- Yo tengo dificultades para la gran prensa; por ejemplo, yo soy marxista, pero no me queda más remedio, porque me permite darme cuenta de que no se trata meramente de que haya manera de producir, de intercambiar, de ganar dinero los que son dueños, no, se trata de mucho más; se trata de una cultura, el capitalismo es una cultura y en esa cultura, por ejemplo, no es conseguir que la mayoría esté de acuerdo o se sienta mal muchas veces y otras no, o se sienta bien porque hay fiestas, o cobra más dinero; pero no pretenda para nada cambiar lo esencial de la existencia, eso es la cultura capitalista. Por eso se puede tener una cantidad enorme a veces de diversidades, otras veces no, otras veces se decreta un Estado de excepción y no se puede tener ninguna; pero lo esencial es cultural. Toda dominación bien establecida, moderna, es cultural, siempre fue así, de un modo u otro, pero ahora más que nunca.
Entonces hay un capitalismo del comercio exterior, y Cuba lo sufre muy duro; hay un capitalismo del bloqueo contra Cuba que es una barbaridad, veinticinco veces le han dicho que no, y es simpático cómo los de la zanahoria mandaron a la señora a abstenerse. Si yo lo estoy acusando a usted o usted es inocente o es culpable, pero no es que se abstuvo, es una de dos.
Pero, bueno, son formas, digamos, más brutales; pero hay formas más sutiles y una de ellas importantísima es el capitalismo de la educación que cada uno recibió, de la educación que desde niño era lo tuyo, si acaso cuando más lo de tu familia, el interés personal, el egoísmo, aunque se dijera que el afán de lucro no; el egoísmo que opera tanto contra la solidaridad entre las personas y que entonces es muy difícil de erradicar y tiene la capacidad de regresar, de retornar; tiene la capacidad de aparecerse de modo difícilmente censurable, como cuando dice: no, pero él está tratando de resolver, por ejemplo —resolver es un verbo cubano—, y en realidad, ¿a costa de quiénes?, habría que preguntar, ¿contra quiénes?, ¿exigiendo que les paguen lo que nunca se pagó, por ejemplo? ¡Pero qué hermoso es que todos los servicios sociales, que todo lo que son bienes de las personas lo tengan las personas, sin ser otra cosa que personas y no por el dinero que tienen en el bolsillo!
El dinero, como equivalente general de la mercancía es un gravísimo problema cultural; ningún país como Cuba, aunque tenga un poder como el que tenemos, lo ha podido quitar, el salario tampoco. Por eso yo dije al inicio que, bueno, como soy marxista me doy cuenta de que vivimos en una transición socialista, por muy solidarios y humanos a fondo, y con ganas de que ya no haya ninguna forma de dominación.
Lograr, por ejemplo, que todos los cubanos entendieran que la mitad de los cubanos no era inferior a la otra mitad, por ser mujeres, ya fue un éxito dificilísimo, no fue de un día para otro y todos éramos socialistas, vaya; y una parte de los socialistas decía: sí, pero ella que es socialista e inferior a mí que soy socialista.
¿Qué quiere?, que la transición exige no solo paciencia, sino mucho trabajo, no solo usar un tiempo largo, sino educar una y otra vez, y un conjunto de formas que van desde la coerción social hasta la autoeducación, es complejo, y a nosotros se nos ha hecho difícil por una cantidad de las medidas que se han aplicado a partir de los primeros años noventa, porque se han introducido fórmulas primero para sobrevivir, después para que fuera viable la economía del país y todavía estamos en lo segundo, ya lo tenemos, pero una y otra vez hay que volverlo a tener. Entonces esto ha hecho que crezcan diferencias sociales entre nosotros que no había y que crezca entonces el valor del dinero, que no lo tenía, tenía valor, pero poco; que crezca entonces también la relación directa de lo que cada persona hace, con lo que recibe personal o familiarmente y la calidad de la vida que en algunos aspectos tiene.
Es decir, la relación que tenía la actividad de los cubanos con esto, era muy indirecta, a pesar de lo que dicen a veces los manuales que son tonterías, aquí toda cubana, todo cubano, por ejemplo, tenía derecho gratuitamente a todos los servicios, y los servicios eran de verdad universales y muy satisfactorios, así fue subiendo el grado cultural y con él suben lo que llaman los sociólogos, expectativas. Usted quiere más, porque sabe más, porque tiene un mundo más complejo interior, porque tiene más gustos desarrollados y entonces cuando no hay más y le dicen: Sí, pero si tuvieras dinero habría más; sí, pero si tienes dos trabajos hay más; sí, pero si consigues de algún modo, aunque no sea lícito, sino incluso que pueda ser delictivo, pues aparecen problemas que vienen de una cosa que pudiéramos hasta llamar monstruosa, el aumento enorme de la cultura, de las capacidades laborales pero de todo tipo, del gusto, de las expectativas y el no aumento a ese tamaño de los bienes y servicios.
Entonces la diferenciación social es un enemigo que toca duro a la puerta en nombre del capitalismo, aunque no lo parezca.
José Manzaneda.- El Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, que dirige Fernando Martínez Heredia, realiza numerosas actividades en el campo de la investigación cultural, los estudios de opinión, sobre diferentes grupos sociales, actividades académicas, presentaciones, publicaciones. Me gustaría, Fernando, que nos presentaras el instituto y cuáles son algunas de las líneas fundamentales de trabajo.
Fernando.- No me gusta, porque es como hacerse propaganda, aprovechando lo solidario, pero es una institución grande, para los tamaños nuestros, y se tiene que ocupar de cosas muy diversas, entonces hacer ese tipo de relaciones con siete líneas, por ejemplo, puede ser aburrido para el lector. Prefiero llamar la atención sobre el hecho de que, por ejemplo, a nosotros nos interesa mucho la participación en el consumo cultural, no meramente cuánto hay, cómo es, dónde hay más o menos, sino también cómo puede participar la población en ese consumo desde la elección del consumo, desde el conocimiento de los factores que pueden haber o no, y, claro, hay un problema también en este caso de la educación y del gusto.
O sea, nosotros tenemos que vernos hasta un punto, que en nuestro caso es pequeño, con las bellas artes y hasta un punto, que en nuestro caso es muy grande, con las formas de cultura popular; en ese sentido puede que tengamos trabajos históricos que son muy importantes, como las tradiciones orales, los conjuros, las formas que tiene la gente de ejercer una cultura que los que van a la universidad no siempre se dan cuenta de que también es cultura.
O el trabajo con los que son portadores, como llamamos en la jerga, culturales; porque en un poblado de oriente o de Pinar del Río han mantenido durante más de un siglo una forma cultural expresiva con danza, música y una letra que o viene de uno de los que construyeron Cuba con sus culturas —y no digo de los que aportaron, porque casi siempre se dice que aportaron los africanos, y el que aportó es porque era una persona secundaria, y es que todos concurrieron—, y nosotros, por ejemplo, no solo lo investigamos, y es una fase la investigativa, sino que también lo promovemos en la medida pequeña en que podemos hacerlo. Por ejemplo, hace 10 días tuvimos la reunión anual de premiación de lo que llamamos memoria viva, que es una premiación no de un primer premio, sino de unos 30 premios, son gentes que son grupos culturales de todo el país, de todas las provincias que concurren aspirando, y lo importante, por un lado, es que gana premio una cantidad y, por otro lado, que se presenta un número muchísimo mayor y son tan importantes como los que ganaron los premios; pero son portadores los grupos.
También premiamos a personas que han echado la vida entera como personalidades, pero personalidades que solo son conocidas en la comunidad, en el barrio, cuando más en el municipio, que no salen por la noche en el noticiero cuando cantan ni cuando bailan y que son también portadores culturales importantes. Bueno, eso se llama Memoria Viva y todos los años se convoca, se hace con mucha seriedad y se otorga el premio, y esto fue hace 10 días.
Hay cosas de otro tipo que pueden ser hasta un poco farragosas para el que no le gusta, ¿no?, como el uso de la estadística y tenemos que con las estadísticas discutir con funcionarios, porque les aportamos un trabajo sociológico ya de otro tipo, cuantitativo, con instrumentos cuantitativos que ayuden a discernir mejor y no lo que se le ocurre a uno que es bueno. En ese sentido apoyamos a la institución a la que pertenecemos que es el Ministerio de Cultura; pero también partimos de esto, y con esto termino, de que no hacemos solamente lo que nos piden que hagamos, que eso sería muy estrecho y pequeño y no nos permitiría ni siquiera hacer bien lo que nos piden, hay que tener ideas propias tienen que ocurrírseles a uno con temas necesarios y llevarlos adelante, y eso hacemos.
José Manzaneda.- En tus escritos y en tus reflexiones, Fernando, insistes en la necesidad de impulsar la participación en el país, impulsar el debate franco, transparente, sin miedo a la discrepancia. ¿Cómo está la salud de la participación y la salud del debate discrepante en la Cuba de hoy?
Fernando.- Nunca está de más hablar de eso. Y alguna vez yo he escrito para ser más fuerte, que el debate en el socialismo es como la respiración para las personas, de ese mismo tamaño, es vital; el debate en el capitalismo puede ser incluso interesantísimo, pero tiene otras funciones, tiene las funciones del sistema en el cual existe; cuando participas en él y corren las consecuencias, personas que están opuestas al sistema, es interesante, pero el sistema se encarga de que no sea capaz de acabar con él. En el socialismo tiene que suceder lo contrario, es decir, el sistema tiene que promover el debate, tiene que promover la discusión, tiene que promover la diferencia, tiene que promover, incluso, las divergencias.
A mí me gusta mucho lo que dijo el Presidente nuestro, que es un guerrillero antiguo, Raúl Castro, que le tocó, porque le tocó ser el ministro de las Fuerzas Armadas toda la vida, y resulta que un militar de toda la vida, cuando tomó posesión, al poco tiempo hizo un discurso donde dijo: yo lo que les pido a todos, por favor —porque Fidel es tan grande que solo entre todos lo podemos sustituir—, es que tengamos discusiones y que tengamos discrepancias entre los compañeros. Yo dije: ah, qué bien, porque cada profesión tiene su defecto profesional, y él demostró no solo que no lo tenía, sino que tenía muy claro qué cosa era muy necesario.
Pero no es fácil, los hábitos de autoritarismo que no siempre vienen de algo malo, por ejemplo, para los viejos la lucha frontal fue algo familiar y saben que a veces si no era autoritario no había posibilidad, pero los hábitos de autoritarismo tienen que ser desterrados y no lo han sido, y hay una lucha con ello, y reaparecen de pronto y uno se asombra y dice: ¿Todavía tú piensas así como un troglodita? ¿Todavía tú crees que hay un compañero que no es contrarrevolucionario, pero no sabe que está sirviendo sin querer a la contrarrevolución?, como dice a veces algún que otro funcionario nuestro. Ah, bueno, esas son cosas reales contra las cuales hay que luchar.
Ahora, debatir por debatir, para sentir cómo se hace ruido no vale la pena tampoco. A mí me parece que para debatir hay que estar bien informado, si no se hace real que las áreas tienen que informar de verdad y que los periodistas tienen que servir de verdad, y los medios, por tanto, y que no puede haber lo que en Cuba llaman secretismo contra los que no son secretos de seguridad para nada, entonces, ¿cómo va uno a opinar si no tiene información? La información es básica, la información, como diría un filósofo europeo, es necesaria, pero no es suficiente; es necesario entonces que se discuta, pero para esto también es conveniente, por lo menos, que haya una educación sobre discusiones, sobre discutir.
Si no hay educación yo no me opongo, más vale que sean ineducados, pero que discutan; pero si se discute educadamente, se avanza muchísimo más y no se pierde la fraternidad. Pero, además, se gana en eficiencia, es decir, el debate para algo. Y por esto decía: no solamente por hacer ruido, sino para que se convierta por un lado en una norma que hay que hacerle caso a los debates, no es posible que incluso se diga: pero qué bien se ha discutido algo, pero después no hicieron nada. Entonces es frustrante, se convierte en un adorno; el debate como adorno hay que rechazarlo.
El capitalismo tiene sus adornos, el socialismo debe tener sus adornos, pero otros adornos, los adornos con los cuales se adorne la gente, se adornen las calles, se adornen las fiestas, pero que alguna cosa que tiene que servir para avanzar no sirva como un adorno; es decir, estoy en contra de que se prohíba y en contra de que no sirva para nada.
José Manzaneda.- Hemos conversado, con mucho placer, con Fernando Martínez Heredia, uno de los grandes intelectuales de la Revolución Cubana, director del Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello, nos ha recibido en su casa y realmente se lo agradecemos.
Despedimos nuestro programa desde la capital de Cuba, desde La Habana.
(Transcripción de Dialogar, dialogar)

miércoles, 23 de agosto de 2017

Desideologización de lo económico y neoliberalismo en Cuba: ¿de verdad?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal

Es conocida la preocupación de la dirección política del país con la dimensión ideológica del proceso de transformaciones económicas y sociales que se anhela acometer en Cuba. Eso implica inevitablemente una discusión sobre el tema y las discusiones siempre se producen entre personas concretas.

Parecería ser que algunos de los que se han colocado en el “borde delantero” de esa discusión ideológica consideran que tienen un amplio margen de maniobra para decir lo que se les ocurra, pero es conveniente llamar la atención acerca de varias cosas.

Entre las novedades “analíticas” sobre Cuba que nos trajo este verano hay dos cuestiones interesantes. La primera es que parece existir una “escuela de pensamiento” que considera como una forma de utilitarismo desideologizado el reclamo de una atención priorizada a la restructuración económica del país. Sin embargo, ello no es óbice para que paradójicamente se les endilgue una supuesta afiliación ideológica determinada –sea neoliberal, socialdemócrata, o cualquier otra- a esos mismos de quienes se ha dicho que, por defender la atención priorizada de lo económico, postulan un “relativismo desideologizado”.

La segunda novedad es que ha estado “denunciándose” la existencia de economistas neoliberales en los debates sobre el país, entre ellos el autor de este blog.

Lo primero pudiera expresar holgazanería intelectual. Los “analistas” simplemente parecen no haberse tomado el trabajo de leer con atención los supuestos textos economicistas, pragmáticos y carentes de principios que creen estar “denunciando”. La incongruencia del discurso lógico que con frecuencia hacen (“denunciar” una desideologización y al mismo tiempo decir “más bien todo lo contrario”) as algo que también deberían dedicarse a resolver.

Lo segundo -la cuestión del neoliberalismo- pone en evidencia la falta de ilustración económica y la ausencia de capacidades analíticas de algunos exponentes de esa nueva hornada de comentaristas ideológico-económicos.

No intento hacer una valoración general sobre el asunto y por tanto me referiré específicamente a tres artículos:

“Cuba: Revolución vs. Centrismo. Procesos culturales y estrategias políticas”. Por Jorge Ángel Hernández Pérez, La Jiribilla, 8 de julio de 2017.

“Ideas en el centro del debate”. Por Elier Ramírez Cañedo, La pupila insomne, 20 de julio de 2017.

“Divertimentos académicos”. Por Carlos Luque Zayas Bazán, La pupila insomne, 17 de agosto de 2017.

Intentar hacer análisis tocando de oído

El primer texto se refiere al neoliberalismo, pero sin hacer explícito qué articulo y autor concreto pudiera estar criticándose.

Lo que esencialmente se dice en ese texto es que el llamado “centrismo” funciona como un caballo de Troya del neoliberalismo

Hernández Pérez no ofrece la menor pista para poder entender cómo los “centristas” -o quien sea- están fomentando la ideología neoliberal desde adentro. Simplemente dice Hernández Pérez que otros han dicho eso y él se limita a repicar esa campana.

Por supuesto que no se aclara quiénes son los otros que se han referido al “caballo de Troya del neoliberalismo” en el contexto del denominado “centrismo” en Cuba. Quizás pudiera tratarse de Ileana González, la autora de uno de los textos más triviales de la compilación “Centrismo en Cuba: Otra vuelta de tuerca hacia el capitalismo”, que es donde ha podido localizarse la utilización de una expresión parecida.

Es decir, que no hay que prestarle atención al texto de Hernández Pérez en esta cuestión del neoliberalismo. Se trata de un intento fallido de vender una superficialidad como si fuese un análisis.

Una discrepancia respecto al método de análisis

El texto de Ramírez Cañedo (20 de julio de 2017) incorpora comentarios que ambos hicimos el día anterior en Cubadebate a propósito de un texto de Enrique Ubieta (“Las falacias en su centro”, Cubadebate, 18 de julio de 2017).

Ramírez Cañedo plantea dos ideas básicas respecto a la desideologización y el neoliberalismo.
La prioridad de las soluciones económicas como una engañifa desideologizante


La identificación (no especificada) de textos relativos al debate en Cuba que estarían expresando variantes de una ideología socialdemócrata o neoliberal.

Mi respuesta al primer punto (desideologización) la ofrecí inmediatamente en un artículo publicado en el blog El Estado como tal, el 20 de julio de 2017, con el título “Debates en Cuba: ¿ideología sin proteínas?” https://elestadocomotal.com/2017/07/20/debates-en-cuba-ideologia-sin-proteinas/

No repito aquí lo que entonces expuse.

Solamente agrego que modestamente trato de orientar mis análisis sobre la base de cinco aspectos del método marxista que considero que son relevantes para el debate económico en Cuba: a) la distinción entre las manifestaciones y su esencia, y el entendimiento de que el sistema de ideas con el que cada sistema económico y social se auto percibe (ideología) tiene una función esencialmente justificadora y por tanto la cuestión es cómo asegurar la función critica del análisis en un contexto como el cubano donde tiende a ideologizarse muchas cosas; b) tratamiento de los problemas económicos, sociales y políticos de conjunto, en su interrelación; c) abordar los problemas económicos como problemas históricos que deben ser explicados socialmente y concebir las regularidades económicas de manera histórica específica; d) utilización de la dialéctica en el análisis, con énfasis en explicaciones apoyadas en contradicciones y crisis, y adoptando una perspectiva materialista; y e) concebir el desarrollo económico como un proceso de conflicto y cambio, alejado de visiones “armónicas”. (Esto es algo que he expresado anteriormente. Ver comentarios al artículo “La realidad doblada como un papel: manía clasificatoria y debate político en Cuba”, Cuba Posible, 23 de marzo de 2017 https://cubaposible.com/monreal-debate-politico-cuba/) .

Considero que ese enfoque tiene puntos comunes con aspectos planteados por Ramírez Cañedo, por ejemplo, que la mejor manera de hacer ideología es cuando esta se materializa en la práctica y que la visión debe ser totalizadora, pero entiendo que diferimos en cuanto a la primacía de lo económico. Es un tema legítimo de discusión, pero probablemente se haya alcanzado un punto muerto en ese aspecto del debate con Ramírez Cañedo.

Respecto al segundo aspecto, no niego que en textos relativos al debate pudieran existir las posiciones ideológicas a las que se refiere Ramírez Cañedo. Lo que respetuosamente sugiero es que identifique los textos concretos en los que se han expresado esas posiciones y que se haga una crítica razonada. Un análisis ideológico, económico, o de cualquier esfera social, solamente es creíble cuando es concreto.

En cualquier caso, mis discrepancias con el texto de Ramírez Cañedo son esencialmente relativas al método de análisis.

¿Alguien dijo análisis?

El caso más interesante es el texto de Luque (17 de agosto de 2017), el cual se complementa con un comentario que hizo a un artículo publicado al día siguiente por Javier Gómez Sánchez (“¿Una prensa sin ideología?”, La Pupila Insomne, 18 de agosto de 2017).

La imagen que proyecta el texto es la de asociar mi nombre a la noción de “un intelectual orgánico del neoliberalismo”. Se dice que hay que prestar atención al enfoque “repetido continuamente por este economista”

Adicionalmente, el “análisis” no deja otro margen que asumir que se refiere a mí cuando en el comentario al texto de Gómez Sánchez (18 de agosto de 2017) se dice que “tenemos a un neoliberal hablando de autogestión obrera e intereses de los desposeídos”.

Considero que se hace una referencia a mis opiniones porque en mis comentarios al texto publicado en Cubadebate -2 de noviembre de 2016- expresé que “la legitimidad política del trabajador cubano debe ser la predominante y debe estar basada en el ejercicio del poder político que descansa en su condición de propietario de los medios de producción fundamental del país. Es más, agrego que siempre que se pueda, esa legitimidad debería estar asentada en mecanismos directos de poder obrero, o sea de democracia obrera directa”.

Obviamente, no hay necesidad de perder mi tiempo para explicarle al “analista” que no soy un intelectual del neoliberalismo, ni orgánico ni inorgánico, ni de cualquier tipo. Lo que haré es tratar de ayudar al “analista” a que entienda que su texto del 17 de agosto no tiene nada que ver con un análisis.

Ese texto del 17 de agosto expresa insuficiencia conceptual sobre el tema que se cree estar analizando (ni siquiera se presenta un concepto adecuado de neoliberalismo) y exhibe un notable déficit metodológico para el análisis, revelado en una elección insuficiente y sesgada de datos, la manipulación de citas, y el enunciado de conclusiones que no logran validarse.

Antes de pasar a comentar brevemente algunos detalles, llamo la atención acerca de que parece ser demasiado casual que el texto se circunscriba a tomar como base una serie de comentarios sueltos que hice a una vieja publicación y que no se haya referido a las decenas de artículos que he escrito sobre temas económicos cubanos en los últimos años.

Solamente en el blog El Estado como tal (iniciado en abril de 2017) hay más de 40 textos de mi autoría y en Cuba Posible hay más de 30. Material para buscar donde hacer críticas no es precisamente lo que ha faltado.

Probablemente, el “analista” no lo conoce, pero eso tiene una denominación precisa en el contexto de los análisis espurios: prejuicio de amplificación de conclusiones con datos mínimos. No necesariamente implica mala fe, puede ser el resultado de la falta de conocimiento.

Adicionalmente, el texto del 17 de agosto parece expresar un reciente acto de iluminación respecto al neoliberalismo que festinadamente se me atribuye pues, en aquel intercambio de opiniones que sostuvimos en la sección de comentarios del texto publicado en Cubadebateel 31 de octubre de 2016, no se hizo la imputación que ahora se expresa, mientras que la “denuncia” diferida que hoy hace se basa casi íntegramente en aquel intercambio de opiniones.

Además de los casi diez meses que tardó en brotar la iluminación, el hecho es que el “analista” tuvo entonces espacio suficiente para expresar lo que quiso decir pues sus comentarios de octubre de 2016 ocuparon más del doble del espacio de mis comentarios (exactamente 2,4 veces mayor, medido por el número de palabras).

En realidad, los comentarios del “analista”, en respuesta a los míos, fueron mucho más extensos (casi un 60% más extenso) que el propio artículo que se estaba comentando. ¿Tanto nadar para morir en la orilla?

El neoliberalismo es…. (¡ahorita me acuerdo!)

En relación con el tema que cree estar analizando, el texto del 17 de agosto propone dos aproximaciones al concepto de neoliberalismo:
  1. “El pensamiento neoliberal se distingue por su concepción del vínculo que existe entre ideología y desarrollo, entre economía y sociedad”.
  2. “El capitalismo neoliberal considera que es la sociedad la que debe adaptarse y subsumirse a las exigencias del imperativo económico capitalista. De allí se origina la fe desmedida en los números, los datos macroeconómicos, y las estadísticas como una forma de medir el crecimiento material, que igualan al desarrollo humano”.
Ambas son aproximaciones conceptuales superficiales y muy insuficientes del neoliberalismo. La segunda de ellas incluye un sinsentido acerca de las estadísticas que revela ignorancia no solo respecto a la economía sino también sobre las ciencias contemporáneas, las cuales, por cierto, son parte de la cultura a la que tanto se refiere el “analista”.

El punto es que ni la aproximación (a) ni la (b) proporcionan una definición aceptable del neoliberalismo, sobre todo cuando el propósito del “analista” es clasificar ideológicamente el trabajo de otros. Andar por la vida colgando etiquetas sin saber a ciencia cierta de qué se trata el asunto es, además de una irresponsabilidad, un irrespeto a la inteligencia de otros.

El “analista” no es capaz de conceptualizar correctamente lo que piensa que está criticando. Cataloga sin saber acerca de qué es el catálogo.

En cualquier caso, procurarse una definición adecuada de neoliberalismo es algo que le correspondería hacer al “analista”.

A falta de pan, casabe

Identificar la ideología neoliberal en un texto económico no es algo particularmente complicado. Bastaría con poder detectar lo que es distintivamente neoliberal en el tipo de premisas conceptuales, las prioridades y mecanismos de políticas públicas que se rechazan y que se defienden.

Naturalmente, eso requiere tener un concepto adecuado de neoliberalismo y poder disponer de textos que se tomen como objeto de crítica en los que la ideología neoliberal pudiera estar presente. Si falta cualquiera de esas cosas, no se llegaría a parte alguna.

Las conclusiones del “analista”, además de no basarse en un concepto apropiado de neoliberalismo, tampoco se apoyan en textos criticados de los que puedan extraerse citas que contengan formulaciones distintivamente neoliberales.

La imposibilidad de localizar esas formulaciones en los textos del autor de este blog pudiera ser la razón por la que el “analista” los ha evitado y utiliza en cambio una base reducida y sesgada ( comentarios sueltos), en vez de acudir a las decenas de artículos del autor de este blog dedicados a la pobreza, la desigualdad, la justicia social, el consumo familiar, el empleo, los salarios, las pensiones, el subsidio a la canasta alimenticia familiar, la utilización socialmente efectiva del presupuesto nacional, la restructuración del sector estatal y su relación con el sector privado y el mercado, temas que son la antítesis del neoliberalismo.

El “analista” ha sorteado esa dificultad con imaginación. Como no tiene una cita a mano simplemente se manipula el escaso material seleccionado y cuando se necesita, se inventan “prioridades”, “remisiones”, y “mensajes” que se atribuyen a quien es objeto de su crítica, o sea, que el “analista” incurre en falsedades.

Solamente a modo de ejemplos:
  • Se dice que se le otorga una supuesta prioridad al estudio de “las insuficiencias de la propiedad social, estatal” y a su comparación con “las bondades de la propiedad privada”.
  • Se afirma que el autor de este blog “se remite sólo al momento actual de Cuba, lo que desea es poner sólo poner sólo en la columna del debe del socialismo cubano sus problemas económicos y con ello demeritar las ideas socialistas”.
  • Se concluye -supongo que haciendo gala de la parapsicología y de otras artes ocultas- que “el mensaje subliminal, y en ocasiones franco, tiene estos componentes: (a) sólo el capitalismo puede lograr la prosperidad, (prosperidad según su propio concepto), (b) sólo la propiedad privada es eficiente, el resto es…ideología y, (c) el socialismo, que es la única esperanza de la humanidad, está condenado al fracaso”.
Dado que no existe un solo texto del autor de este blog de donde pueda sacarse una cita sobre las “bondades de la propiedad privada”, “demeritar ideas socialistas”, o “mensajes” de que “sólo el capitalismo puede lograr la prosperidad” y que el socialismo “está condenado al fracaso”, no puede concluirse otra cosa que se trata de una farsa del “analista”.

Se prometió un análisis, pero lo que se entrega es un cuento de camino.

Es saludable discutir acerca de criterios distintos, pero falsear datos para sostener conclusiones fraudulentas no es admisible en el marco de una discusión seria.

No se trata de que exclusivamente se esté dispuesto a privilegiar “a los autores cuyo prestigio intelectual aparezca indexado en las instituciones académicas” sino que el debate razonado y lógico no puede basarse en un timo intelectual como el presentado en el texto del 17 de agosto.

De nada vale que se cite a Polanyi, Pascal y Lenin para tratar de emperifollar un simulacro de reflexión intelectual.

Unas preguntas a modo de conclusión

El texto del 17 de agosto incluye una noción –lingüísticamente entendible en sí misma- que parecería aproximarse al pseudomarxismo: ”Porque por donde hay que empezar el análisis de cada cuestión económica es por el campo ideológico y cultural”.

¿Dónde deja eso la concepción materialista como método para el análisis crítico de la sociedad?

¿De qué manera, exactamente, un análisis marxista sobre lo ideológico es verosímil si no se basa en la consideración de las relaciones sociales concretas de producción y de las clases que en ellas operan?

¿Es que acaso ha llegado la hora de descartar El Capital y de reemplazarlo por una “antología” sobre el “centrismo”?

¿Es eso?

miércoles, 26 de julio de 2017

¿Por qué si los centristas dicen que estamos muy jodidos simulan defender el socialismo?

Por: Ileana González. Post Cuba

No tengo nunca miedo de escribir lo que pienso, con vistas al presente ni al futuro, porque mi pensamiento no tiene dos filos ni dos intenciones.
Pablo de la Torriente Brau.


La búsqueda de las manchas del sol es obsesión centrista, y digo del sol, porque eso es el proyecto social cubano para los que luchan contra la opresión y la explotación capitalista, distante de la perfección, pero inclusivo, con grandes logros sociales y una esencia profundamente humanista. Lo paradójico es, que a lo que tanto critican, fingen defender, justificación, lo hacen para perfeccionarlo, en realidad desean destruirlo, entonces, ¿Por qué simulan?

Si como ellos dicen el pueblo esta desanimado, despolitizado, la mayoría deseosa de emigrar, los problemas de la economía son insolubles por el camino escogido y solo con sus recetas socialdemócratas tienen solución, si todo esto es así, entonces la mayoría no debe estar de acuerdo con la Revolución, por lo tanto no tendrían necesidad de fingir que defienden un proyecto social fracasado, entonces, ¿Por qué lo hacen?

Basta que se les critique y se les diga que no son revolucionarios, para que se ofendan y reclamen esa condición, pero si los revolucionarios somos como ellos dicen, extremistas y dogmáticos que estamos arrastrando al país a la destrucción, ¿Por qué quieren estar en nuestras filas?

La respuesta.

No pueden decir que:
  • La salud pública y la educación gratuita, es algo que debe ser cambiado.
  • El Estado de Derecho que desean instaurar es el del estilo occidental, donde los tres poderes “separados”, sirven para garantizar los intereses de los poderosos y de externas potencias.
La libertad de la sociedad capitalista sigue siendo, y es siempre, poco más o menos, lo que era la libertad en las antiguas repúblicas de Grecia: libertad para los esclavistas.

 Vladimir Ilich Lenin

  • Los derechos humanos de los que hablan son los de legalizar la contrarrevolución.
  • La democracia que propugnan es la de las elites, donde el pueblo es excluido e ignorado.
  • Sueñan con resolver los problemas renunciando a principios ante el poderoso vecino, al que añoran verse anexionados.
No pueden negar:

  • La obra de la Revolución y lo que el socialismo ha significado para Cuba.

No pueden ignorar:

  • El apoyo mayoritario del pueblo a su Revolución.

El pueblo quiere la revolución, porque la necesita. En su momento estará dispuesto a todo.
Pablo de la Torriente Brau.

Por todo eso y por el “poder mágico” de sus bolsillos están obligados a mentir.

“Cuando el dinero habla, la verdad calla.” Proverbio chino.

Son tan contradictorios que vociferan ser de izquierda y asisten a eventos de la derecha, se dicen contrarios al anexionismo y van a USA a pedir consejos, “rechazan” la contrarrevolución y participan en campañas mediáticas junto ella, a la vez que piden se les abran espacios, no quieren saber de Trump y exigen lo mismo que este, en fin, son unos camaleones políticos.

Los socialistas deben romper decidida y definitivamente con todas las ideas y teorías pequeñoburguesas. 
Vladimir Ilich Lenin.

Sin embargo, no conozco a nadie auténticamente revolucionario que haya fingido abrazar las ideas del capitalismo para intentar cambiar ese sistema social, todos manifiestan abiertamente su oposición a él, y luchan en su contra sin tapujos, tampoco tengo conocimiento de que algún revolucionario cubano, se haya disfrazado de centrista para combatirlos, ¿Por qué esta diferencia de conductas?

La medida de un revolucionario no debe ser de orden relativo, sino de orden absoluto. Fidel

La respuesta es simple los revolucionarios defendemos ideas justas, que no hemos pedido prestadas a nadie, las que por su esencia humanista es un honor predicar y luchar por su triunfo, pero los centristas conocen que lo que hacen es deleznable, que profesan ideas importadas e injustas, que serán rechazadas si las plantean abiertamente.

Con su actuación sin proponérselo nos dan la razón, quieren capitalismo, nosotros socialismo, en eso radica la gran diferencia que hace incompatible nuestras posiciones, política, ética y moralmente.

Las conquistas de la Revolución son sagradas para los cubanos, que no sienten la menor inquietud a propósito de la actualización de su modelo económico porque ellos son sus creadores. 
Salim Lamrani

jueves, 20 de julio de 2017

Ideas en el centro del debate.

Por Elier Ramírez Cañedo

Estos días han sido muy intensos en las redes sociales. Una entrevista al reconocido intelectual cubano Enrique Ubieta, aparecida en Granma, donde sostiene que el llamado “centrismo” no es más que un disfraz de los que hoy pretenden restaurar el capitalismo en Cuba por la puerta de la cocina,[i] desató la ya conocida maquinaria de fango contra su persona. Junto a los improperios y la manipulación, han salido a la palestra pública, contaminando en muchos casos la posibilidad de un debate serio y respetuoso, los oportunistas, resentidos y hasta “conversos”; esos que antes fueron defensores a ultranza del dogma y ahora se presentan como abogados de la mayor pluralidad de ideas posibles.

Muchos de los que para arroparse atacaron con vehemencia el uso de cualquier etiqueta, respondieron con todo un rosario de ellas: “censores ideológicos”, “extremistas”, “oficialistas”, “estalinistas”, “dogmáticos”, entre muchas otras. Hasta se llegó a hablar de una campaña, de una cacería de brujas, del regreso del “Quinquenio Gris” y otras elucubraciones, todo lo cual elude lo esencial del debate y muchas veces hace gala del viejo recurso de la victimización.

No me cuestiono que compañeros honrados y revolucionarios, estén siempre alertas para criticar y enfrentar cualquier manifestación que pretenda renovar algunas de aquellas prácticas lastimosas del pasado que por suerte extirpamos de nuestra política cultural; estamos juntos en esa batalla, pero pensar que porque se discrepe sobre determinados asertos, juicios e ideas sobre la base del argumento –no puede haber otro camino- estamos de nuevo en aquellos años grises me parece una exageración o un recurso que precisamente busca lo mismo que se condena: cercenar el pensamiento diverso. Soy un firme defensor del debate de ideas y las polémicas entre revolucionarios, pero no es menos cierto que el escenario y los participantes, definen en gran medida el balance positivo o no, de esos debates y polémicas. Cuando ese ambiente se enrarece con ofensas y ataques personales es preferible no continuar.

En un texto anterior que fue publicado en Granma, “La tercera vía o centrismo político en Cuba”, hice el siguiente comentario: “Cuando se pondera la moderación frente al radicalismo revolucionario cubano –que es ir a la raíz, para nada asociado al extremismo que es otra cosa- , me es inevitable no encontrar determinadas analogías entre ese “centrismo” que hoy se intenta articular en Cuba, con el autonomismo decimonónico”.[ii] Al parecer, esta reflexión no fue bien comprendida por algunos o sencillamente ha caído en terreno de la manipulación. Es cierto que la historia no se repite miméticamente –aunque en ocasiones lo haga como tragedia y otra como farsa, para decirlo con Marx-, pero muchos de sus procesos y tendencias políticas han tenido una evolución hasta nuestros días. Ignorar eso, es sencillamente una barbaridad. El anexionismo de hoy por supuesto que no es el mismo del siglo XIX, ¿pero acaso podemos decir que no lo hay en nuestra realidad nacional? Muchos de los autonomistas del siglo XIX terminaron reciclándose en el anexionismo al producirse la intervención estadounidense en 1898 y siendo funcionales a la dominación neocolonial instaurada a inicios del siglo XX. No fue casual que el primer gabinete de Estrada Palma fuera copado prácticamente por antiguos autonomistas. Nuestra cultura patriótica, independentista, nacional-revolucionaria y antiimperialista, tampoco es exactamente igual a la del siglo XIX o del XX, se trata de un fenómeno vivo en evolución, pero cuyas claves solo se entienden al profundizar en su evolución histórica.

Cuando señalo que veo analogías entre el autonomismo del siglo XIX cubano, con cierta derecha que hoy asume la máscara de centro –de proyecciones socialdemócratas-, es porque ambas corrientes se adhieren a ese nacionalismo de derecha que tiene una larga acumulación cultural en la historia de Cuba, como advirtiera Fernando Martínez Heredia en entrevista que le realizara la periodista Rosa Miriam Elizalde.[iii]

Asimismo, lo de “centrismo” o “tercera vía” no es una invención nuestra, llama la atención que personas ilustradas se lo pregunten, cuando está ampliamente documentado por la historia, que ha sido un instrumento eficaz hasta nuestros días utilizado en distintas variantes por los sectores dominantes del sistema capitalista, para mantener o recomponer su hegemonía sobre la base de mejores consensos, para evitar el triunfo de revoluciones, disminuir la influencia de las ideas comunistas, o para –como es el caso de Cuba en la actualidad-, restituir el capitalismo. No es un fenómeno insignificante como algunos pretenden hacer ver, utilizando como engañifa para esquivar el debate, que hay otros temas más urgentes o señalando que deberíamos concentrarnos en resolver los problemas de la vida cotidiana del pueblo cubano antes de estar buscando “fantasmas”. Interesante propuesta, cuando buena parte de los que asumen esa posición –al menos que yo conozca- solo se dedican precisamente a reproducir sus ideas de laboratorio, a reproducir ideología y no precisamente la que hemos defendido los cubanos en estos años de Revolución. ¿Qué se pretende, que abandonemos el campo de la lucha ideológica, tan imprescindible para nuestro proyecto, como el de la batalla económica? Estoy consciente que la mejor manera de hacer ideología es cuando esta se materializa en la práctica, pero jamás se puede menospreciar el terreno de las subjetividades. Si los revolucionarios cubanos hubiéramos esperado a tener todos los problemas de nuestra vida cotidiana resueltos para hacer ideología, ni siquiera este debate estuviera teniendo lugar, pues no existiría la Revolución. Nuestra visión tiene que ser siempre totalizadora, al tiempo que nos recuperamos económicamente –cuestión de vida o muerte para nosotros-, debemos ir generando una cultura –en su sentido antropológico- diferente y superior a la del capitalismo.

De varios textos leídos en estos días surge una inevitable interrogante: ¿se puede ser anticolonialista y antiimperialista, bases sólidas de nuestro movimiento revolucionario sobre las cuales se ha tejido la unidad y al propio tiempo simpatizar, promover o divulgar las ideas y símbolos del capitalismo, ya sea en su variante socialdemócrata o neoliberal? Imposible.

La hegemonía cultural socialista y liberadora que defendemos, es a contracorriente de la hegemonía dominante del capitalismo. Esa es la verdadera pelea de león a mono. Es cierto que nuestra limitada dominación debe estar siempre en función de la emancipación, ¿pero cómo entender que alguien se considere hereje frente a todas las dominaciones posibles cuando consciente o ingenuamente le hace el juego a las plataformas que se están utilizando hoy en Cuba para introducirnos las ideas capitalistas por vías mucho más artificiosas?

Cada cual es libre de profesar y sentirse heredero de determinadas ideas, pero es muy difícil imaginarse un martiano, si asumimos el proyecto martiano en su totalidad, y aspirar al mismo tiempo a que Cuba abrace en pleno siglo XXI la socialdemocracia. No se puede olvidar que José Martí encarnó lo más radical y auténtico del nacionalismo revolucionario del siglo XIX, opuesto totalmente a las opciones autonomistas y anexionistas. Hablar de nacionalismo a secas solo contribuye a la ambigüedad. Resulta también un sinsentido, en el mejor de los casos, aspirar a una Cuba socialdemócrata al estilo de los países escandinavos y al propio tiempo defender la soberanía de Cuba. Esto es obviar olímpicamente la historia de Cuba y de América Latina en sus relaciones con los Estados Unidos, así como el orden vigente del sistema capitalista, donde los centros impiden a toda costa que los países subordinados rompan su condición periférica, sino miremos el caso de Brasil y Argentina. En el caso de Cuba, Estados Unidos jamás permitió la existencia de una burguesía nacional durante casi 60 años de república neocolonial burguesa. Pero no solo es una cuestión de permisibilidad, sino que el sistema capitalista para funcionar como tal se internacionaliza, establece sus reglas. Dentro de esas reglas, a Cuba no le correspondería otro destino que el de la subordinación a poderes foráneos, aunque ya no existiera bloqueo ni base naval estadounidense en Guantánamo. Cuba no sería otra Suecia, ni Dinamarca –como de forma idílica expresan algunos autores, desconociendo incluso los males que hoy también aquejan a esos países-, sus modelos de comparación estarían en El Salvador, Honduras o República Dominicana, si es que aspirara a algún lugar dentro del sistema mundo del capitalismo. Solo el socialismo, como se ha demostrado en estos ya casi 60 años de Revolución, constituye garantía de nuestra independencia y soberanía.

Un libro que saldrá próximamente por la Editorial Ocean Sur, del destacado periodista y diplomático Pedro Prada, quien vivió personalmente el derrumbe del socialismo en la URSS, aporta una reflexión muy importante para este debate:

“Una de las lecturas más complejas, contrarrevolucionarias y subversivas de la historia que esas generaciones -se refiere a la generación de Gorbachov-hicieron fue que la socialdemocracia europea y latinoamericana eran portadoras de la simiente de “un socialismo con rostro humano” –en el entendido de que el propio no lo tenía-, capaz de deslumbrar por proveer, per se, mercados arrebatados de productos de alta calidad y competitividad que no podían adquirirse en el cerrado mercado soviético”.
(…)

Así, cuando Gorbachov llega al poder, quiere cambiar las cosas, pero se compara con los modelos capitalistas de bienestar escandinavos, clama por más humanidad y sensibilidad pero se pierde en los combates de Afganistán, en la compra de costosos trajes Armani y perfumes franceses y en opulentas cenas con Margaret Thatcher y Ronald Reagan, mientras el país languidece. Quiere despertar al periodismo para que sea portavoz de los necesarios cambios y convierte la profesión en un grosero ejercicio de striptease. Saca al genio de su lámpara, destapa la caja de Pandora y no alcanza a reunir valor, talento ni intención de pararlo porque al final, lo va a confesar: “Había que cambiarlo todo”…¿Todo?”
(…)

“Por eso hay quien se afila los dientes y hace planes para sembrar las semillas del mal entre nuestro pueblo, hacerlas germinar en las elecciones generales de 2018, y que empiecen a dar flores y frutos venenosos en la Asamblea Nacional y en los comicios de 2023 o más tarde, sin apuro, como cáncer.

(…)El reformismo es ahora la realpolitik. Lo revolucionario es contrarrevolucionario. Las derechas, incluidas las ultras, son ahora el centro –que es ¡nos dicen¡, lo correcto, porque es sinónimo del equilibrio. Las izquierdas, nos explican, son extremistas”.

También entiendo que colegas y amigos, se preocupen por la división que estos debates puedan generar, pero ello no puede constituir nunca una barrera infranqueable para la discusión y polémica entre revolucionarios. Por supuesto, está claro que este tema es sensible, pues se trata de militancias y de alertas que algunos interpretan como paranoia, o pretexto para exclusiones.

Pero siempre es necesario que nos preguntemos de qué unidad se está hablando, pues ahora está de moda también cierto relativismo extremo que utiliza como argumento la idea “Con todos y para el bien de todos”, del discurso de 1891 pronunciado por Martí en Tampa, en plena campaña revolucionaria, restándole su verdadero significado. Está claro que para Martí quedaban excluidos de ese “todos”, los autonomistas y anexionistas, los incorregiblemente contrarrevolucionarios, para usar la frase de Fidel en sus históricas Palabras a los intelectuales del 30 de junio de 1961. Pero siguiendo las enseñanzas de Martí y Fidel, debemos tratar de sumar a todos los que sea posible, a los que tengan dudas o anden confundidos. En palabras del Apóstol: “El templo está abierto, y la alfombra está al entrar, para que dejen en ella las sandalias los que anduvieron por el fango, o se equivocaron de camino”.[iv] El tiempo se ocupará en definitiva de sacar a flote la verdad y colocar a cada quien en su verdadero lugar.

La unidad hay que construirla sobre bases anti dogmáticas, pero sólidas en cuanto a los principios y esencias políticas que se defienden, sin desconocer las circunstancias históricas. El 14 de diciembre de 1957, al denunciar el Pacto de Miami, Fidel escribió: “Pero lo importante para la revolución, no es la unidad en sí, sino las bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patrióticas que la animen”. [v]

Mucho más podría decirse al calor del debate que se ha generado, pero creo que por ahora es suficiente.

Notas

[i] “Es posible unir lo mejor del capitalismo y el socialismo”, Granma, 7 de julio de 2017.

[ii] Elier Ramírez Cañedo, La tercera vía o centrismo político en Cuba. Una aproximación desde la historia, Granma, 6 de junio de 2017

[iii] “Obama, no pierda la oportunidad de hacer algo histórico”, en: Cubadebate, 17 de marzo de 2016, http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/03/17/obama-no-pierda-la-oportunidad-de-hacer-algo-historico-podcast-video-y-fotos/#.WW-JzbbB-sx

[iv] José Martí: “El lenguaje reciente de ciertos autonomistas”, en: Obras completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, t.3, p.266.

[v] Fidel Castro, A los firmantes del Pacto de Miami, en: http://www.fidelcastro.cu/es/correspondencia/los-firmantes-del-pacto-de-miami