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sábado, 30 de diciembre de 2017

“Dialogar, dialogar”, también en formato de libro




De izquierda a derecha: Diana Lío, subdirectora editorial de la Casa Editora Abril; Raynier Pellón Azopardo, investigador e historiador; y Elier Ramírez Cañedo, Doctor en Ciencias Históricas y compilador del texto. (Foto: Autor)

El texto Hacia una cultura del debate, bajo el sello de la Editora Abril de la Unión de Jóvenes Comunistas, se presentó este 27 de diciembre en la capitalina Casa del Alba Cultural.

El volumen, el primero de varios previstos, compilado por el doctor en Ciencias Históricas Elier Ramírez Cañedo, recoge intervenciones de intelectuales cubanos en 13 de las ediciones del espacio Dialogar, dialogar de la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

Diversos temas trascienden de la sala de debates a las páginas de este libro: la interrogante mayúscula de un posible cambio de mentalidad en los actores de la sociedad cubana, en un país que se repiensa desde múltiples aristas; lo que significa ser revolucionario en la Cuba de hoy; ¿nuevas reglas en la economía cubana?; las tendencias actuales de la guerra cultural contra el socialismo en la Mayor de las Antillas; el desmontaje de la historia y cómo enfrentarlo; Cuba y los cubanoamericanos; así como José Martí en la hora actual de la nación.


Rodríguez Cañedo expuso que el título no solo ahonda en asuntos acuciantes del contexto contemporáneo, sino igualmente en pasajes de la historia de la Revolución del 59 en adelante.

“Van a ser 60 años de Revolución y tenemos que reconocer que esa historia no está del todo sistematizada y, precisamente, es ahí donde más vacíos tenemos cuando interactuamos con muchos jóvenes. Determinados temas que de alguna manera se han convertido en especie de tabús porque son polémicos. Es necesario que las nuevas generaciones se apoderen de todo ese legado histórico más reciente”, manifestó el también académico.

Quien subrayó que en los vacíos de conocimiento que dejamos, los enemigos del proceso político y social cubano ponen su mayor atención para crear una versión distorsionada y conveniente de la realidad nacional.

Durante la presentación del volumen, el joven intelectual Raynier Pellón Azopardo señaló que Hacia una cultura del debate es un libro de gran utilidad y trascendencia por ser una obra evidente de consensos y divergencias generacionales en torno a pensar y construir un país.

Asimismo, destacó que a la postre, el material tendrá un valor histórico y bibliográfico pues reflejará cuales eran las inquietudes de la juventud y la intelectualidad de la Isla alrededor del contexto atípico de actualización del modelo socialista de la sociedad cubana contemporánea.

El texto formará parte de las propuestas de la Editora Abril para la Feria Internacional del Libro 2018, y estará a la venta en el stand de la editorial en la fortaleza capitalina de La Cabaña.


Según Elier Ramírez Cañedo, coordinador y conductor de Dialogar, dialogar, este espacio surgió en el año 2013 para incentivar el debate y la polémica en los jóvenes y en los no tan jóvenes, fieles a la máxima de Fernando Martínez Heredia: “El debate es tan necesario para el socialismo como el oxígeno para las plantas”.

En medio del contexto nacional en que afirma que los desafíos ideológicos principales están en las ciencias sociales, abogan por crear ese sujeto crítico con capacidad de discernimiento para brindar resistencia cultural en el campo del pensamiento.

martes, 13 de septiembre de 2016

Diálogo cubano




Para la construcción de una Cuba mejor se necesita un debate nacional, un diálogo entre todas las partes. Eso dicen algunos. ¿Qué es un diálogo, dialogar con quién?. Unos dicen que el diálogo debe ser entre el gobierno y la oposición. Otros, entre el gobierno y los que quieren un mejor país pero manteniendo las conquistas de la Revolución. Vayamos por parte.

Cuando se produce un diálogo entre dos partes es porque ambas disienten sobre uno o varios puntos y las dos necesitan llegar a un consenso para seguir adelante ¿es esa la situación existente entre el gobierno y la oposición en Cuba? Yo creo que no, porque esta ni es real, ni tiene fuerza moral o apoyo social para ser parte de un diálogo. Quien dude que la oposición cubana no es real, que consulte los documentos que muestran los millones de dólares destinados por el gobierno de los Estados Unidos para crearla. Es de dominio público.

¿Qué propone la oposición cubana, a quién representa? Los manager de estos personajes se encargan de dejar las cosas claras. Les pongo un ejemplo. Hace poco estuvo José D. Ferrer por los canales de Miami, una de las figuras más promocionadas desde fuera y que algunos dicen que es “el próximo presidente de Cuba”. Los videos de sus presentaciones en la televisión deben ser material de consulta en todas las aulas cubanas.

José D. Ferrer transpira odio por cada uno de sus poros, para él todo el que piensa diferente es un agente de la Seguridad del Estado y un comunista. ¿Se imaginan lo que haría una persona así si tuviera el poder en Cuba? Me imagino que lo primero que haría sería revivir el tenebroso BRAC (Buró de Represión de Actividades Comunistas) para traer la “libertad y la democracia” a Cuba.

¿Qué oportunidades tendríamos los comunistas en una Cuba gobernada por la oposición? Esa es una respuesta que ojalá nunca tengamos que vivir, aunque podemos ver los avances en la represión que sufren los líderes sindicales o progresistas en los países donde la derecha ha retomado el poder, como Honduras o Argentina. Por cierto, la gran prensa, que fustiga a Cuba constantemente no dice una palabra de esto.

El Che dijo que al imperialismo no se le podía dar “pero ni tantito así” y a la derecha tampoco. Quién dude de mis palabras que vea con quiénes se reúnen los opositores cubanos cuando salen de Cuba, a qué eventos van, quiénes son sus patrocinadores, etc. Recuerdo que hace unos años Lula criticó a Chávez por su lenguaje contra el gobierno de los Estados Unidos o sus críticas hacia el Senado brasileño. Más recientemente dijo que parte de la crisis en Venezuela se debía a que Maduro no dialogó con la derecha cuando obtuvo la presidencia.

Gadafi y Saddam se acercaron a Europa y los Estados Unidos y “dialogaron”. Luego esos mismos gobiernos los asesinaron. En Brasil Temer era el vicepresidente de Dilma…sin comentarios.

No sé que estará pensando Lula ahora pero debe estar viendo las cosas con más claridad. La derecha –como la oposición cubana- no es leal y disfraza sus verdaderas intenciones con un discurso de izquierda, pero una vez en el poder saca su verdadera cara. ¿Recuerdan las promesas electorales de Macri en Argentina?

El segundo grupo con quien dicen que el gobierno cubano debe dialogar es con aquellos que quieren cambiar las cosas pero manteniendo las conquistas de la Revolución. ¿Pero, qué proponen? Bueno para empezar, se debe ir a la “libertad de prensa” y el multipartidismo. Además de otras cosas, como si Cuba fuera un país normal y no lo es. Lo será cuando desde fuera no se destinen millones de dólares para cambiar el sistema político en la isla.

Explicar aquí las razones por las que no creo en la “libertad de prensa” sería extenderinnecesariamente el post. Basta con ver lo que sucede en el resto de América Latina donde los medios de comunicación se convierten en otro partido político…y nunca a favor de la izquierda. No creo tampoco que varios partidos políticos sean sinónimo de mayor democracia.

En realidad funciona más o menos así. El partido A gana las elecciones, entonces el partido B desde la oposición hace lo imposible por evitar que tenga éxito, para que dentro de 4 ó 5 años el pueblo –pensando que vive en democracia- aplique el “voto de castigo” y ponga en el poder al partido B. Entonces se intercambian los papeles y el juego sigue indefinidamente, sin importar que el pueblo sea afectado. No, no quiero eso para Cuba.

La solución a los problemas de Cuba está dentro del socialismo y no fuera de él. No se necesitan medios de prensa privados sino que nuestra prensa cumpla su papel y en esto hace falta voluntad política. Algunos no estarán de acuerdo conmigo, otros dirán que debí decir las cosas de otro modo, pero debemos decir lo que pensamos y no solo las cosas que son “políticamente correctas”. El precio a pagar es demasiado alto.

Pd: Dentro de unos minutos voy a participar en conjunto con los militantes de la UJC del Comité de Base trabajadores en la reunión de discusión de los documentos del Congreso del PCC. La semana pasada lo hicieron los militantes de la UJC de los Comité de Base de estudiantes y los estudiantes de la FEU de la universidad. Ese es el debate que necesitamos.


Para contactar con el autor: jimmy@umcc.cu



lunes, 2 de mayo de 2016

Finalmente, ¿qué es Cuba Posible?

Por Diosnara Ortega, Cuba Posible

Seré breve sobre un tema que nos ha llevado (y lleva) años de discusión a los cubanos y es, sin dudas, parte de nuestra cultura política. Declaro públicamente que yo he sido de esas cubanas  que ha tenido “sospechas” sobre Cuba Posible, esa cosa rara que une gente que no conozco -que no voy a calificar porque sería siempre reduccionista- con gente a la que me une una manera de entender la política y de pensar Cuba. La sospecha se instala en estos casos a partir de la incapacidad histórica con que nos hemos socializado para “entender” y vivir con “la diferencia”. Hemos producido un vínculo directo entre diferente y enemigo, reduciendo el primero al segundo.





En estas décadas -no solo las de la Revolución en el poder, sino en las de luchas políticas- el imaginario de una política transada en bandos, que lleva siempre a la exclusión, nos ha pasado la cuenta. Hacer política en contexto de guerra nos marcó, incluso cuando el escenario de la guerra forma parte del pasado –yo sé bien que es tan fuerte su inmanencia que muchos creerán que estoy equivocada o “confundida”.

El punto es que los cubanos y cubanas, donde quiera que estemos, miramos, leemos, escuchamos, pensamos, nos proyectamos y hasta soñamos, siempre bajo sospecha. Llevamos ese chip que intenta escanear y ubicar al otro dentro de un cuadrante ideológico preestablecido: “este es de la CIA”, “este se derechizó”, “este trabaja pa`los americanos”; o “este es del Partido”, “este es castrista”, “este es comunista”. Y ahí nos tenemos que mover, entre esos polos tan ridículos y obsoletos, que nos llevan al colapso cuando, de tanto en tanto, descubrimos que uno de esos líderes de derecha (esos supuestos disidentes) terminan siendo agentes de la seguridad del Estado encubiertos o viceversa. Algo así me dijo una vez un cuadro de la Revolución: “un día vamos a descubrir que Yoani Sánchez era agente del Estado cubano”.

Me partí de la risa y, a la vez, no han dejado de preocuparme dos problemas de los cuales esa frase es un síntoma: 1) el poco control político que tenemos sobre nuestra política, sus modos de gestión y con ello los elevados niveles de desconfianza, que llevan siempre a la incertidumbre; y 2) seguir reduciendo la diversidad de pensamiento individual y colectivo a las coordenadas políticas de ciertos actores políticos, como si fueran esos, además, los únicos legítimos. El problema no es siquiera de derechas, centros o izquierdas: el problema es que la cosificación de la política ha llegado al punto de adscribir toda postura política a un proyecto político X o Z , donde X y Z son incompatibles entre sí, de lo contrario no existen, no son.

Pues sí, yo soy de esas cubanas de “la sospecha” y a cada rato me descubro reproduciendo el escáner político con que hemos sido socializados a guerra/sangre fría. En mis luchas internas también he recurrido a la labor de espía: buscar ese dato último que me diga “qué es eso de Cuba Posible”, que en realidad es querer saber “pa´ quiénes trabajan”. Después de concientizar y pensar por qué ese enfermizo mal que nos lleva a tratar de “descubrir” al otro que piensa o se proyecta diferente, tal vez con cierta radicalidad o no con la que nosotros esperamos, o con el sentido que queremos; que tiene un modo de hacer política distinto, llegué a varias conclusiones:

1. Todos, absolutamente todos: yo, usted, Iroel Sánchez, Fernando Martínez Heredia, Rosa Miriam Elizalde, Lenier González, Roberto Veiga, Ailynn Torres, Julio César Guanche, todos, trabajamos para “alguien” o al menos para “algo”. Sabemos que “ese trabajo” puede ser, y tiende a ser, capitalizado por “alguienes”, desde cualquier lado. El problema está cuando las ideas se condicionan al resguardo de los medios de subsistencia, cuando se sostiene un discurso en el cual no se cree, pero que se mantiene solo porque es el que trae el pan o la seguridad a la mesa. O cuando se dice “representar” falsamente otras maneras de pensar y decir. En ese camino están, tanto disidentes como dirigentes, cuadros, blogueros, periodistas oficiales; asalariados todos de la política, por cierto.

2. Cuba Posible, al menos algo ha demostrado: 1) capacidad de organizar un proyecto plural donde, desde su misma dirección, uno puede vislumbrar posturas políticas distintas; 2) ha constituido una plataforma de observatorio sobre la realidad cubana y, a la vez, una instancia de diálogo con inmensa repercusión.  No sé si tanto dentro de Cuba, pero sí fuera (que no es un logro menor), no ya para el proyecto en sí, sino para la buena salud de la política en Cuba y los debates sobre sus caminos posibles.

3. Los accesos y articulaciones de Cuba Posible, tal vez con ritmos más acelerados de lo que estamos acostumbrados a vivir en cuanto a cambios y gestión de grupos dentro de Cuba, no debe ser motivo de sospechas y menos de envidias mezquinas. El éxito de los proyectos políticos, intelectuales, etc. -y lo sabemos los cubanos que hemos intentado generar sinergias dentro de Cuba- no depende, en esencia, de si se cuenta con dinero o no. Los cubanos sabemos hacer política, y un montón de otras cosas, sin un peso. El problema, tal vez mayor, es la poca cultura política en cuanto a lidiar y, más aún, avanzar con la diferencia, la que puede variar en una línea amplísima de matices.  Hacer política sumando, no restando. Comprender que la fortaleza está en constituirse desde la diversidad, y que aprender a respetar y lograr horizontes comunes con esa diversidad no nos hace más que fuertes, individual y colectivamente. Más aún, que es imposible democracia sin diferencia y disidencia. No soy una pluralista, al estilo semi-ingenuo; sé, como sabía Paulo Freire, que con el diferente se puede y se debe dialogar, y que con el antagónico no. Sin embargo, entre el diferente y el antagónico hay un recorrido tan largo, un camino que nosotros hemos macheteado y amasado en una sola cosa: el enemigo.

4. No me preocupa en qué plazas habla Cuba Posible: si en el Departamento de Estado o en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Por cierto, semanas atrás una delegación de rectores de universidades cubanas tuvieron una reunión con instancias gubernamentales de Estados Unidos en México, a propósito de la educación superior. ¿Será que esos rectores están trabajando para la CIA? Lo que sí me preocupa, y mucho, es que Cuba Posible pueda hablar “allá” y no en la Asamblea Nacional. Lo que me preocupa siempre es que sea solo la voz de Cuba Posible o la de Iroel Sánchez las que se escuchen y las que puedan hablar. Si tuviera que elegir prefiero la de Cuba Posible, porque da espacio a otras voces, muchas y varias.

Esto creo y, con ello, intento desprenderme de ese lastre reduccionista que forma parte de nuestra cultura política y que bloquea toda posibilidad de ejercicio real de la democracia. Mientras, sigo de cerca a Cuba Posible, no ya como espía ni jueza, sino abierta a la plataforma que nos ofrece. Hay cosas que comparto –las más-, y hay otras que no, como en todo. Eso no los hace un enemigo, los hace un proyecto a respetar y con el cual dialogar, con altura.