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lunes, 25 de abril de 2016

Soliloquio a propósito de una propuesta para una Cuba imposible.

Por Carlos Luque Zayas Bazánn,

Cuba Posible es una publicación que se autodefine como “…un ”Laboratorio de Ideas” que gestiona una relación dinámica entre personas e instituciones, cubanas y extranjeras, con experiencias y cosmovisiones diversas”. En el Quiénes somos de su web puede leerse que se propone no sólo cumplir ese objetivo con trabajos teóricos y abstractos sino, “participar e influir en el desempeño social y político” del país, y aunque a seguidas advierte no ser un entidad con aspiraciones partidistas, declara estar “comprometida con un quehacer socio-político distinto”. Ese distinto quehacer –que no precisa con respecto a qué sería distinto, pues para entender el concepto de diferencia se necesita el referente- estaría, sin embargo, encaminado a consolidar, cohesionar y equilibrar cosmovisiones diversas y, como después se lee en su objetivo primero, de manera que las ideas y dinámicas que desarrolle su laboratorio, se entiendan “como el compromiso para desarrollar el país por medio de la participación protagónica de toda la pluralidad socio-política”.


Resumiendo, la gestión de Cuba Posible estaría dirigida a cohesionar, consolidar y equilibrar visiones diversas, y aunque no se proponga promover un partido para la participación política, sí se compromete con un quehacer socio-político dado, calificado de distinto, que tenga como objetivo dar protagonismo a toda la pluralidad socio-política.


Resulta un objetivo complejo e interesante y muy peculiar el de Cuba Posible, con evidente similitud con lo que se conoce con el anglicismo de think tank: los posibles equivalentes en español de estas instituciones son precisamente: laboratorio de ideas, instituto de investigación, centro de reflexión…


Es una propuesta interesante porque, como su apellido de Posible habla de la voluntad de contribuir a la edificación de una Cuba que puede llegar a ser, a partir su propuesta de pluralidad socio-política, seguramente el término de futuridad implícito en el calificativo de Posible no excluiría lo que Cuba ha sido y lo que Cuba es. Pero la perspectiva dominante de Cuba Posible parece estar orientada, principalmente, hacia lo que Cuba debe o habría de ser, según esas ideas y dinámicas que se propone gestionar, y mediante la consolidación, cohesión y el equilibrio de miradas políticas y culturales dispares y sobre todo fundada en una pluralidad política.


Conviene, pues, tener muy en cuenta lo que piensan y proponen esos especialistas con respecto a esa posibilidad de futuro. Observando las contribuciones que allí se publican no se trata de un ejercicio de futurología, sino de esforzadas reflexiones y arduos estudios, que casi siempre, fieles a los objetivos declarados, toman la forma de propuestas y críticas comprometidas con la pluralidad y con el quehacer socio-político, que, si en principio no se proponen devenir un partido de disputa del poder, es lógico suponer que podrían ser acogidas como prácticas políticas de alguna eventual organización que decida nutrirse de sus propuestas, pues no se entendería bien cómo puede existir un quehacer socio-político sin, precisamente, protagonismo o participación política que llámese como se llame, puede tomar la forma de un partido.


Vivamente interesado en esas publicaciones, recientemente me encontré en Cuba Posible un artículo que hace estas dos reflexiones-propuestas, enfocadas en el quehacer posible socio-político cubano:


“Se trata de vertebrar (en Cuba) una democracia donde los intereses de la mayoría respeten y tomen en cuenta los criterios de la minoría.”
“Si nos adentramos en el análisis del contexto actual, entenderemos por qué resulta vital hacer de nuestro país una sociedad más democrática, como paso indispensable para la preservación de su soberanía y la adecuada definición de su sistema político.”
Resultan dos tesis tan especiosas que me impulsaron de inmediato a preguntarme por qué mi primera impresión era de extrañeza. Mis reflexiones fueron tomando forma de búsquedas, por ejemplo, con respecto a la proposición # 1: ¿cuál sería el ejemplo de algún país que nos muestre el magnífico ejemplo del respeto de la mayoría por los intereses de las minorías? Sobre todo teniendo en cuenta este norte: ¿de qué mayoría y de qué minoría estaríamos hablando? Como esas son categorías que no debieran analizarse en abstracto, y sobre todo pensando en Cuba, me parecía lógico hacerme esas preguntas.


Estreché mi búsqueda a la historia latinoamericana pasada y reciente, madre nutricia. Primero experimenté la incómoda dificultad de no encontrar rápidamente un país donde gobernaran sin lugar a dudas, las mayorías. Y cuando al fin me acordé de algunos casos recientes en Latinoamérica donde las mayorías habían decidido en las urnas, constaté que casi siempre había sido por muy poco tiempo, o con muchas dificultades, penurias y obstáculos en su camino, porque tozudamente esos gobiernos siempre se ganan unas enemistades muy peligrosas que le hacen la vida imposible. Pero seguí adelante.


Casi todos queremos que en Venezuela, Bolivia y Ecuador sobrevivan gobiernos votados por sus mayorías, en la misma liza que nos quieren imponer como la única democrática, es decir, son países que usando las mismas reglas de juego impuestas como modelos democráticos, tienen gobiernos votados por las mayorías. Aunque todo parece indicar que no tienen allí bien amarrado el poder económico, y eso les está trayendo consecuencias indeseables. Por otra parte, no me quería poner el ejemplo de Cuba, para no acusarme en mi soliloquio de chovinismo, aunque me decía que Cuba tiene un modo de seleccionar su gobierno desde los vecinos de cualquier barrio hasta el parlamento nacional, itinerario al que no se le quiere reconocer su peculiar y cubano carácter democrático. Que, cierto es, tiene costuras y desgarrones que arreglar. Pero bueno, eso no es para asombrarse mucho tampoco si miramoss en torno. Entonces recordaba la lupa de Galeano.


Después de cosecha tan exigua de mi búsqueda, martillaba mi pobre entendimiento esta pregunta en particular: ¿lo realmente existente no es lo contrario, es decir, que las minorías que tienen el poder político y económico no respetan, traicionan y socavan sistemáticamente los intereses y criterios de las mayorías que las eligen? ¿Lo realmente existente no es que aún en los casos en que más de una decena de veces el pueblo de un país vota por un tipo de gobierno (Venezuela), los defensores de la “democracia” no quieren reconocer “esa” democracia? Pero me decía que por el hecho de que no existieran muchos países que negaran lo anterior, no se justificaba que no le reclamáramos a Cuba que se propusiera el noble objetivo de que las mayorías en el gobierno respetaran los criterios políticos de las minorías, entiéndase bien, los intereses políticos, aunque no podamos olvidar que esos intereses siempre suponen a la larga la aspiración de sustituir en el poder a las mayorías.


Salvo ese pequeño detalle a tener en cuenta, reconocía no sólo justo, grandioso, sino que tenía que reconocer que es una hermosa meta democrática esa de que las mayorías en el gobierno deban reconocer los intereses de los que quedaron en minorías. Además, uno se acostumbra a que a Cuba se le hagan las máximas y más insólitas exigencias, así que esa exigencia tenía una larga tradición.


El mundo puede estar lleno de indigentes durmiendo en las aceras y protegiéndose con periódicos, pero si aparece uno en Cuba, es noticia. Pensaba que muchas veces lo que es noticia sobre Cuba no lo es en ninguna otra parte, aunque ocurra lo mismo o algo peor, y que lo que no sea buena noticia en muchas partes del globo, pero sí algo digno y logrado, algo de alabar o reconocer en Cuba, se silencie en toda la gran prensa. Que aunque Cuba tenga algunas cosas (vamos a evitar con prudencia la palabra conquistas, porque le da urticaria a algunos) “cosas” que las instituciones internacionales ponen de ejemplo ante otros muchos países de economía no bloqueada, eso no se reconozca como resultado de su gobierno, su concepto de los derechos humanos y su democracia. Me atormentaba tratar de comprender a qué se deben, si no. Pero dejé a un lado ese pensamiento triunfalista que es mal visto, demodé y oficialista, y aunque la famosa lupa de Galeano no dejaba de planear sobre mi afiebrada cabeza, me propuse seguir adelante.


Además, con respecto a la afirmación # 2 del citado trabajo: me preguntaba ¿cómo se puede lograr la democracia sin soberanía? Pero lo dejé para el final porque son dos cuestiones muy arduas para llevarlas a la par.


Entones traté de enfocarme en la propuesta # 1.


En numerosos países hoy los gobernantes acceden al poder mediante la elección popular. La anterior afirmación esconde todo un sofisma, pues los candidatos ganadores suelen ser los que mayor dinero allegan de los donantes poderosos. Pero eso no parece óbice para negarle al procedimiento su carácter democrático, se supone entonces que cuando eso ocurre, las mayorías gobiernan. Es decir, son ejemplos de lo que se considera la democracia y deben escuchar las exigencias de los intereses que quedaron en minoría. Pero tan sosegada reflexión me la cuestionaban una serie de tozudas realidades. A saber: las altas cifras de abstenciones, las votaciones que apenas se diferenciaban por muy estrecho margen, algunas sospechosas de manipulación y otras de probada manipulación; el olvido de las promesas candidatas una vez en el poder; el acceso al poder a través del dinero y el manejo y la compra y manipulación de los medios; las modernas tecnologías para influir en las decisiones del votante cuando no la compra solapada de los votos, las espurias tecnologías comunicacionales políticas tan alabadas últimamente, el hecho de que sólo pueden ser candidat@s los que tienen o reciben millonarios recursos de los grupos de intereses que después van a representar y favorecer; la fusión, el maridaje y colusión política entre el empresariado y el poder político, todo ello que es característico de esas democracias.


Con la ingente información que se tiene en estos tiempos y que no han transcurrido dos siglos de capitalismo por gusto, ya no hay que estudiar ciencias políticas para saber que esos gobiernos realmente no gobiernan, no de facto, todo ello como prueba de que las votaciones solo sirven para legitimar un uso ilegítimo del poder de una minoría sobre las inmensas mayorías. Ese recuerdo me llevaba circularmente con tozudez nuevamente a la pregunta: ¿Dónde, en qué país, funciona la famosa separación de poderes en favor de las mayorías? Y sobre todo, ¿no era lo realmente existente el gobierno de las minorías desconociendo los intereses de la mayoría que los había elegido? ¿Y si eso es incuestionable hoy día, y esos gobiernos ni escuchaban a sus mayorías, cómo podían escuchar a otras minorías que no fueran a sus propias minorías internas, es decir, aquellos que tenían solamente otra idea de cómo hacer lo mismo? Recordé que esas minorías son las contradicciones que existen entre las propias élites, porque según declaró uno famoso, ellos no tienen amigos, tienen intereses.


Continué mi soliloquio con la historia, resumiendo que de todas formas, y aunque la realidad lo niegue constantemente, la piedra basal de la teoría democrática supone el gobierno de las mayorías sobre las minorías. Aunque lo que sucede es exactamente al revés, pero es muy difícil encontrar hoy una persona que desee pasar por cuerda y que se atreva a confesar en público que hay algo mejor o que parezca mejor, o más justo como forma de gobierno. No importa que bajo el manto de la democracia incluso se violen los mismos principios del liberalismo clásico. Hoy Argentina es un ejemplo de ello con una feroz arremetida neoliberal en sólo los primeros 100 días contra esos mismos principios.


Pero también tenía un problema con las palabras “equilibrio” y “cohesión”, que me evocaban el espectáculo de las falsas democracias latinoamericanas, esas que ilustran lo que realmente significan las políticas de los “consensos” equilibrantes, que nunca son tales consensos, porque sus resultados se limitan a la negociación “en la medida de lo posible”, y entre las fuerzas poseedoras del poder económico, con el objeto de dirimir sus propios conflictos. Es decir, nunca se negocia realmente entre las mayorías y las minorías, que difícilmente se ven representadas. Porque “lo posible” ante las mayorías y cuando las minorías son escuchadas, siempre llega hasta una línea roja: cuando los intereses de los capitalistas son amenazados. “Lo posible” es lo que se puede aceptar hasta el punto justo en que se ven en peligro sus ganancias y sus intereses. Allí mismo salta lo imposible en esas democracias: que es precisamente que la minoría gobernante escuche a las mayorías.


Por eso saltan las alarmas del observador cuando los políticos que más hablan de diálogos y búsqueda de consensos “democráticos”, son aquellos que forman los parlamentos y los estados clientelares y neoliberales en la mayoría de los gobiernos del mundo de hoy, pues no es difícil observar que los tales políticos están estrechamente relacionados con las grandes empresas privadas, o muchos de ellos son precisamente empresarios, o lo serán después, porque casi siempre hacen uso de las puertas giratorias entre la política y el mundo empresarial, o vienen de esos círculos empresariales o en ellos terminan sus vidas como pago a sus servicios, o después de cumplidas sus funciones “públicas”, reciben las prebendas gerenciales.


Por supuesto, me decía, que esas realidades “democráticas” son propias de los países capitalistas neoliberales. Y seguía suponiendo que los consejeros y estudiosos de Cuba y sobre Cuba, por ejemplo los de Cuba Posible, también debieran negarse a que el proyecto cubano sea ni capitalista, ni mucho menos neoliberal. Cuba, o al menos por voluntad de una mayoría que no ha sido negada hasta el momento con razón, quiere ser socialista, y aunque ahora algunos gusten de repetir que el socialismo ha fracasado, no se debería olvidar que una cosa es perder una batalla y otra perder la guerra, me decía. Es decir, el socialismo sigue siendo la meta y única solución de la mayoría de los pobres de este mundo y ya hasta la salvación de misma tierra que habitan y padecen, aunque en esta época, y en medio del predominio absoluto de la cultura y la economía capitalistas, los proyectos socialistas intentados no hayan podido llegar al éxito completo. Lo que nos llevaría también al dilema de precisar qué tiene el socialismo de imposible o en qué medida han impedido que sea posible. Pero como ese es otro tema traté de seguir el curso en mis reflexiones.


Todo lo anterior que me vino a la mente me hacía suponer que la propuesta de un desarrollo de la democracia en Cuba, seguramente no era esa que hoy conocemos en otros lugares, esa no podía ser. Los hechos desmienten con elocuencia el carácter verdaderamente democrático de lo que hoy quieren imponer como democracia. Entonces, ¿cuál es? Por supuesto, las proposiciones de los estudiosos y académicos se suponen honestas y además, fruto de profundos y serios estudios. Aunque hay aspectos que no me quedan claros como simple lector en algunos trabajos, siempre se supone que se hable de la democracia que debe tener el socialismo, sea lo que sea, lo que realmente se concrete como socialismo, porque ya se sabe que es una obra en construcción. Pero sea lo que sea, de manera que se diferencie por algo esencial del capitalismo. Entonces debemos convenir que la democracia socialista está también en construcción. La respuesta no puede ser otra. Pero resulta que la democracia tiene una fuerte teoría detrás y hasta hoy el principio del derecho de las mayorías obtenido en las urnas no parece en la práctica puesto teóricamente en cuestión. Los Padres Fundadores de la nación norteamericana crearon toda aquella maraña de los llamados contrapesos jurídicos y parlamentarios para “evitar la tiranía de las minorías”, pero eso no obsta para que ellos mismos lo propongan como modelo e incluso lo impongan, lo que no parece muy democrático. Pero en fin…


Finalmente, con todos esos pensamientos en la cabeza, me pregunté ¿a qué minoría, en la Cuba de hoy, para no ser especulativos y tratar de concretar y aterrizar la propuesta, se refiere esa afirmación número 1 del artículo de Cuba Posible, cuyos intereses deben respetar las mayorías, en Cuba? ¿Cuál es esa minoría en Cuba, y sobre todo qué pretende?


Empecé a desechar por exclusión. Primero pensé que debía ser una minoría que no tuviera la posibilidad de amasar un poder económico y una relación con los grandes circuitos y conglomerados del capitalismo mundial, y que le permitiera las mismas prácticas que antes recordaba. Porque sería el suicidio de esa mayoría, si es que alguna vez se podía dar el caso. Sucede que cuando hay una masa crítica suficiente que llega a determinado nivel de poder económico, ya es tarde, y está entronizado o por sentarse en el trono del poder político.


De manera que a continuación hice un esfuerzo de imaginación e intenté construir un escenario básico en que se podría verificar el caso de que una mayoría política en el poder escuchara las exigencias políticas de la minoría que pretendiera el poder. Porque de eso se trata, de la política y del poder. Aunque se adornen las palabras al final damos, es una metáfora, con la Iglesia, como advertía el caballero andante, que fue a su modo una mayoría tratando de desfacer los entuertos creados por una minoría en el poder.


Supuse ese escenario posible, pero se me antojaba un poco idílico: un estado de cosas casi paradisíaco, casi cercano a una perfección incontaminada de la democracia, en que el ágora de la cosa pública se abarrotara por una ciudadanía donde no se viera ninguna cabeza maliciosa representante de intereses de grandes poderes económicos y que guardara secretos propósitos malévolos de hacerse del poder político para sostener, garantizar y defender los intereses de esos poderes económicos. Ni grupos financiados por molestas externalidades. Sería, pensé ingenuamente, si existiera allí una minoría, una que sólo tiene ideas diferentes de cómo hacer lo mismo, pero no propósitos antagónicos, sobre todo no intereses políticos y económicos antagónicos, sino soluciones diferentes de cómo llegar a un puerto común. Me acepté que a esa minoría sí que habría posibilidad y hasta la obligación democrática de escucharla y hasta eventualmente, satisfacer, si es que sus ideas demostraban ser buenas o mejor solución para los problemas de la comunidad y el bien común. Me decía que una minoría económicamente poderosa puede imponer sus exigencias sin mucha necesidad de ser genial, aunque les hace mucha falta la inteligencia de intelectuales y académicos con ocio (y finanzas) suficientes para dedicarse a estos temas, pero ser de una minoría, porque se tengan ideas diferentes sobre un mismo objetivo claramente común, no tiene por qué ser una minoría equivocada.


Desperté de mi soliloquio y mi quijotesco ensueño. Mi escenario me parecía sospechosamente iluso, y además, me temía que muchas minorías de ese carácter existían en Cuba, en cuanto a la meta de apoyar su revolución, incluso una buena variedad de minorías de ese tipo, casi tanto cubano como hay. Pero había claramente otra minoría que no encajaba en mi sueño de equilibrio y paz. Una minoría que clama por una “reconciliación”, que habla de batallas finales, agotamiento del socialismo, y cosas de ese tenor. Así pues, si no es a la minoría que pertenece a la mayoría, entiéndase, si no era a la natural diversidad dentro de una mayoría que había optado por un sueño común y apoyaba la forma de gobierno que se había dado, ¿cuál era la minoría a que podía referirse el pensamiento número # 1, en la concreta realidad cubana y a la que habría que escuchar, lo que significa siempre darle participación en el quehacer político?


Si esa minoría tiene programas, concepciones políticas e ideológicas, cuando las tiene, para llegar al poder y que garantizaran intereses económicos, opuestos a los intereses de las mayorías, me preguntaba, ¿debiera recurrirse al diálogo con ella, a la política de los consensos, a la negociación con ella? Imaginaba una clase media en ascenso que haya sido empoderada económicamente, a intelectuales orgánicos de esos intereses, grupos que hayan mejorado muy visiblemente sus condiciones de vida, digamos los ganadores de una fractura social, ante una masa mayoritaria que no gozara de esa prosperidad, pero que todavía tenía un gobierno que no la había traicionado. Y me acordé de las propuestas de un cierto presidente que le hizo una visita a un cierto país.


Hasta donde se conoce, la minoría política, por cierto exigua, que se puede identificar con claridad hoy en Cuba, es la financiada “disidencia”, que no es propiamente una disidencia leal, ni una minoría válida para garantizar la soberanía del país, primero porque no tienen otro programa que no sea la anexión cultural, o la conversión de Cuba en una sociedad capitalista, o cuanto menos, neocolonial, y segundo porque no tiene base social, como lo han reconocido incluso funcionarios y analistas norteamericanos. Me pregunté, ¿es esa minoría la que debe ser escuchada? ¿Es esa minoría la que debe tener acceso a la prensa para difundir sus ideas? ¿Es esa minoría la que debe tener acceso al poder? ¿Es esa la que debe formar partidos y participar en elecciones? Porque el poder es la cuestión que está en debate, aunque no se confiese. Más concretamente: ¿si hay una minoría en Cuba que desea un sistema capitalista, o propone soluciones que lleven al país a perder su soberanía, esa es la minoría a la que la mayoría debe escuchar y dar oportunidad de gobierno y acción política? ¿Ese es el deber de la democracia? ¿de cuál democracia? ¿se deben seguir los esquemas de esas democracias que no respetan ni escuchan ni a las mayorías que los han elegido? ¿O se me dirá que naturalmente no, que hay otra que llamamos democracia socialista? ¿se podría describir como hoy se puede estudiar y describir el sistema que más conocemos que es el capitalista? ¿Valen entonces las simples generalizaciones y lo poco que se ha validado en la práctica sobre las democracias?¿Vale únicamente lo que se quiere imponer como democracia?


Finalmente me pregunté, ¿será esa minoría que hay que escuchar, la formada por cierta intelectualidad y por un cierto sector más acomodado, junto a ciertos aliados externos que visiblemente muestran una opción “centrista”, (es decir, no socialista) pero que no se quiere reconocer de esencia de derecha, que se cree distinta (recordemos esta palabra en la definición de Cuba Posible) y optan por la pluralidad política? ¿Es el centrismo hoy un camino al socialismo, propuestas que creen que una economía mayoritariamente basada en la propiedad privada y la concepción capitalista de los derechos humanos, algo distinto al tipo de democracia que no sea la que realmente conocemos? ¿Un gobierno de ese tipo escuchará a las mayorías e incluso, escuchará a otras minorías que no sean las suyas? Me temo que hasta ahora no podemos tener esa ilusa esperanza política.


Hasta que la proposición de estos estudiosos no identifique claramente cuál es esa concreta minoría, pero en las actuales y concretas condiciones de Cuba, en su composición social y económica de este momento y con una evaluación de toda la complejidad geopolítica del país, nada han dicho. Sólo peligrosas generalidades. Peligrosas porque esconden el deseo del retorno a la “normalidad” capitalista. Es la consecuencia del uso abstracto de las categorías de democracia y empoderamiento, el seguimiento de tradiciones que se han de actualizar, además de una muy curiosa definición. Se pudiera aceptar su buena intención, si la hubiere, lo que no se entiende es su concreta pertinencia, en Cuba, ni a qué minoría (política) se refiere.


Una enseñanza de la historia cuya letra ha entrado con mucha sangre y sufrimiento, demuestra que cuando existen diferencias antagónicas de intereses de clases, no se puede hablar sino de gran ventaja de los que tienen la economía en sus manos. Si en Cuba los niveles de igualdad que existieron hasta los comienzos de la década de los 90, posteriormente no han sido los mismos, y por causas muy bien concretas, no puede afirmarse con propiedad que la sociedad cubana esté seriamente fracturada por la existencia de clases sociales antagónicas, no existen en Cuba los intereses de grandes propietarios capitalistas opuestos a los intereses de la mayoría de la población. Lo que sí existe es una intromisión externa y un sector interno que ahora afina nuevos canales y procedimientos que estarán presente en cualquier escenario del quehacer socio-político propicio a sus objetivos. Supongo que esa no sería la minoría que debe escuchar la mayoría. ¿O sí?


Ahora: si el consenso de que se habla es entre, y dentro de, esas fuerzas sociales mayoritarias que han votado muy cerca del ciento por ciento en todas las votaciones por la actual forma del gobierno cubano, si se trata de un diálogo entre personas y sectores que tienen un mismo objetivo socialista y apoyan, aunque críticamente para mejorarla, las formas democráticas que se ha implementado, si es entre la sociedad que ve y acepta el papel rector que cumple el Partido Comunista en el país, por supuesto que el debate, la búsqueda de consenso y el diálogo continuo es imprescindible y ha sido sistemáticamente utilizado de una forma u otra, como una forma de la democracia que Cuba ha querido y ha podido darse a sí misma. Pero en ese escenario no pueden tener un lugar minorías que quieren hacer bogar la nave hacia otros rumbos muy distintos. Los que hablan de “consensos”, diálogos y empoderamientos desde esas minorías que abogan por sacar de la Constitución el carácter socialista de la nación cubana están claramente a favor del capitalismo. Hay que decirlo claramente y denunciarlo.


Cuba (y ningún país que ha intentado algo diferente a lo que exige el pensamiento único del modelo de la democracia burguesa) nunca ha dejado de ser objeto de ataques a su autodeterminación. Ni lo será ahora pese a las promesas de normalización, sino que estos se agudizarán y se harán más sutiles y mucho más difíciles de visualizar y contrarrestar.


Por otra parte, hoy la historia nos demuestra hasta la saciedad que incluso en aquellos países que hacen uso de los mecanismos democráticos que se tienen como los únicos válidos (los sistemas pluripartidistas, etc.), las opciones en beneficio de las mayorías son atacadas por todas las vías posibles, aunque hayan sido legitimadas por las vías de las votaciones populares. Venezuela es el más claro ejemplo. Y Brasil ahora. Y Honduras antes. Y así ha sido siempre y será.


Los gobiernos progresistas que han alcanzado el poder por la vía de las elecciones en Latinoamérica, han cometido el pecado capital, o no han podido, desmontar las estructuras básicas del capitalismo en sus países y están comenzando a pagar sus consecuencias. Incluso gobiernos o personalidades que sólo se propusieron un capitalismo de rostro humano y disminuyeron la pobreza, como en Argentina o en Brasil, se ven como enemigos de los intereses capitalistas mundiales y son objeto hoy del mismo ataque de siempre.


Hoy al capitalismo mundial no le interesa tanto cómo se denomine un sistema, o cómo se alcance el poder, o haga lo que haga un país, siempre que no se atreva a lo único que no permiten: que se dañen sus intereses y se vea en peligro su hegemonía. En Europa, Grecia aplicó la democracia: hizo un referéndum y las fuerzas combinadas de la Troika la castigó ejemplarmente con más sometimiento. En resumen, donde quiera que la aplicación de lo que hoy se tiene por democracia no da los resultados esperados, se pasa por encima de ella, es decir, la aplastan sin democracia alguna.


Entonces, ¿por qué Cuba ha de adoptar lo que no hay ninguna duda que no respetarán nunca? ¿Por qué Cuba tiene que dar espacio y lugar a esas minorías? ¿O hay otra en Cuba?


¿Dónde los estudiosos de estos temas muestran y demuestran, así sea con algún grado de plausibilidad y factibilidad, las ideas, los proyectos que tienen o tendrían esas minorías no políticamente antagónicas? Son necesarias algo más que sugerencias generalizadoras como diálogo, debate, empoderamiento, consenso, negociación, minorías que deben ser escuchadas, más democracia, pluralismo político, concepciones distintas. Resulta muy cómodo desde alguna academia hacer ciertas reivindicaciones conceptuales, sin otros resultados a presentar que esas reivindicaciones. De una academia se esperaría mucho más.


En mi opinión, eso no basta. Todo lo que proponen: diálogo, debate, consensos, empoderamiento, más democracia, es algo obvio y justo mientras cada uno de esos conceptos tenga un adjetivo: socialista, que es la opción que ha escogido y ratificado, aun en medio de durísimas pruebas, el pueblo cubano. Cuba necesita y necesitará siempre mejorar su sistema político y de gobierno, pero precisamente en un diálogo interno entre las fuerzas mayoritarias escuchándose entre sí todas las minorías que se formen dentro de ella, mientras no sean las minorías que proponen un proyecto distinto al que Cuba debe seguir para continuar asegurando su soberanía.


Finalmente el pensamiento número # 2. En cuanto a la relación de los conceptos soberanía y democracia se ha propuesto una curiosa inversión. Recordemos esta afirmación # 2: “resulta vital hacer de nuestro país una sociedad más democrática, como paso indispensable para la preservación de su soberanía y la adecuada definición de su sistema político.”


¿No sería lógico pensar que es al revés? Cuba debe seguir asegurando su soberanía para que pueda seguir aspirando su proyecto de lograr un socialismo cada vez más democrático. Pero con su democracia. Toda la lucha de Cuba ha sido una defensa agónica de la soberanía, y es el principal mérito de su gente y de su forma de gobierno. No hay nada más allá, si ya no se tiene soberanía. No hay pueblo, ni nación, ni identidad, ni dignidad, ni posible democracia incluso, nada, sin soberanía. Estos dos conceptos no pueden verse por separado, son vasos comunicantes, pero si tienen una prioridad, esa es la soberanía. Sin soberanía socialista ninguna otra cosa será posible. Ni mucho menos si se le presta atención y espacio político a ciertas minorías que pretenden hacer a Cuba, a su soberanía e independencia, tan imposibles como lo fueron hasta 1959.


 

martes, 15 de marzo de 2016

CUBA.- EU.- UNA VISITA Y LAS HERIDAS NO CICATRIZADAS DE UN PUEBLO

PEREZ NOVOA

 

Manuel Sanguily en carta a un amigo le decía:


“Estoy persuadido que cuando un yanqui dice Cuba libre,


dice Cuba  Sajona,  Cuba americana, y no una Cuba cubana.


Para mi esta gentuza es esencialmente hipócrita”


“su carácter idéntico a su clima: movible, variable,


impresionable en sumo grado, y falso hasta el tuétano.”


José Antonio Saco refiriéndose a nuestra independencia dijo:


 “lejos de inspirarme confianza el auxilio y


protección de los EEUU


aumentan mis temores”


Bryan Secretario de Estado del Gobierno de


los Estados Unidos de América dijo:


" ¡Dios nos hizo vecinos, que la Justicia


 nos conserve amigos!", lamentablemente


 esa justicia no ha existido.


La vida social y personal están marcadas por acontecimientos y hechos buenos o malos que se convertirán en recuerdos o hechos históricos que marcan algo de lo cual debemos aprender y que serán recordados de una u otra forma según el impacto que nos hayan causado. Es por ello que existen las cronologías y efemérides.

Sin dudas, la próxima visita del Presidente de los Estados Unidos de América será histórica, como histórica suelen denominarse todas las visitas de un presidente a cualquier país.  Históricas son, sin dudas las de otros muchos Presidentes  amigos, aliados o simplemente presidentes o las de un Papa –recordemos las visitas de los tres últimos Papa y el encuentro entre el Papa Francisco y el Patriarca Ortodoxo de toda Rusia en La Habana, quienes firmaron un acuerdo realmente histórico de convivencia entre las dos visiones de la Iglesia Cristiana.   En mi opinión, sin embargo, para quien será histórica la próxima visita del presidente estadounidense será para el propio Presidente Obama pues si algo se recordará de su paso por la Casa Blanca, será el hecho de haber sido el primer Presidente de los Estados Unidos en visitar el primer territorio libre de América.

Lo histórico de esta visita está dado por las complejas, difíciles y confrontacionales relaciones que se han mantenido entre las administraciones estadounidenses y el pueblo de este hermoso y heroico archipiélago en las que se inscriben pocos acontecimientos para bien y muchos para mal.

Como en todo acontecimiento, habrá quienes lo recuerden como bueno y quienes lo recuerden como malo.  Para la inmensa mayoría del pueblo cubano, el  20 de mayo de 1902 es recordado como la frustración de la independencia de Cuba por parte del gobierno de los Estados Unidos de América, transformando nuestra ganada independencia en un protectorado, república lisiada, seudo-república o neo-colonia.  Para otros fue un momento de gloria, pues se logró declarar formalmente la independencia de nuestro país.

Gracias a  más de 30 años de lucha, Cuba estaba en los albores de ganar la guerra a España.  La intervención de Estados Unidos de América dio un indiscutible impulso a la victoria sobre España, pero no sin el estratégico apoyo de las fuerzas mambisas bajo la conducción del Mayor General Calixto García. No se debe olvidar que fueron las fuerzas cubanas, bajo el digno mando de García, quienes hicieron posible el desembarco del General Shafter. Esta operación militar de solo 2 meses entre el desembarco y la rendición española, reportó para el naciente imperio los territorios de Puerto Rico, las posesiones españolas en las Islas Occidentales, las Islas Guam y el archipiélago de Filipinas, así como la ocupación de Cuba, cuyas fuerzas mambisas quedaron excluidas de la capitulación en Santiago de Cuba y de las negociaciones del Tratado de Paz de  Paris. Mucho ganó el imperio con esta intervención.  No por gusto el secretario de Estado norteamericano John Hay la llamó “la pequeña guerra esplendida”.

La declaración de la denominada Resolución Conjunta del Congreso estadounidense, que fue base para el inicio de la guerra de Estados Unidos contra España, resulto ser el escudo protector para la lucha de las fuerzas cubanas nacionalistas y antiimperialistas contra la intervención y el despojo  y para el nacimiento de la república diseñada por Martí con independencia y soberanía.  En su texto, dicha Resolución expresaba que “el pueblo de la Isla de Cubaes y de derecho debe ser libre e independiente” y que “los Estados Unidos declaran por la presente que no tienen intención ni deseo de ejercitar en Cuba soberanía, jurisdicción o dominio, excepto para !a pacificación de la Isla, y afirman su determinación, cuando esto se hubiere  conseguido, de dejar elgobierno y dominio a su propio pueblo”. Sin embargo, como reza el refrán popular  “una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero”.

Para aproximar estos postulados a su real aplicación y tratar de evitar la anexión formal de Cuba a los Estados Unidos, las fuerzas del independentismo tuvieron que sortear muchas trampas, maniobras, dilaciones con procesos tortuosos, amenazas, coacción política, posiciones entreguistas de sectores pudientes económicamente dependientes de la ideología colonial, así como la división de las fuerzas que representaban el pensamiento independentista con la diseminación de la lógica de lo posible, lo viable,  del mal menor, de no poder lograr más, de si no aceptamos continua la ocupación, la promoción del fatalismo geográfico y la debilidad del pequeño frente al grande.  Los graves efectos de la política genocida de Weyler  y el degaste de la guerra de independencia fueron también factores objetivos que tuvieron que enfrentar. La resolución conjunta del Congreso estadounidense era un hecho,  el reto era lograr que se cumpliera y tuvo que pasar más de medio siglo para lograrlo.

Esta ocupación militar parió un apéndice constitucional impuesto pues Estados Unidos exigía el cumplimiento de una Ley del Congreso que exigía la inclusión textual de la  Enmienda Platt en la constitución cubana, para entregar a los cubanos el gobierno de su país. En otras palabras, había Enmienda o continuaba la ocupación militar. Al respecto, el General Mile, jefe del Ejército americano durante la guerra con España, dijo: “A un pueblo que se bate un tercio de siglo por su independencia, no pueden limitársela los Estados Unidos; nuestra propia honra lo prohíbe".

La Enmienda Platt, fuente de las flagrantes violaciones de los derechos soberanos y las libertades del pueblo cubano,  fue impuesta por la ocupación militar, el divisionismo, el miedo y la división entre nacionalistas, conformistas y posibilistas ante la explicita amenaza de la no retirada de las tropas de ocupación norteamericanas.  De los ocho puntos de esta Enmienda, tres laceraban profundamente la soberanía de Cuba, a saber: el derecho de intervención de los Estados Unidos en Cuba; la exclusión de Isla de Pinos como parte del territorio cubano y  la venta y arrendamiento de partes del territorio para establecer en ellas carboneras y bases navales.  El propio gobernador militar de la isla durante la ocupación norteamericana, Leonard Wood, expresó: “Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia”. Por su parte, Juan Gualberto Gómez, delegado de la Asamblea Constituyente cubana y encargado de la réplica a la Enmienda Platt, expresaba: "hiere tanto los sentimientos del país la pretensión de que se arriende o venda parte del territorio nacional, que de todas las cláusulas de la Enmienda (...) la que más ha desagradado a nuestro pueblo es la que se refiere a las estaciones navales".  Tampoco podemos olvidar los 30 mil cubanos que el 2 de marzo de 1901, en la ciudad de La Habana, protestaron contra la Enmienda a puro grito de “Viva Cuba Libre” y “Nada de carboneras” frente al local donde sesionaba la Constituyente.

A los Estados Unidos de América no le bastó que la Enmienda Platt fuera una Ley de su Congreso, un apéndice constitucional de Cuba, sino que el 23 de mayo de 1903, la trasladó, palabra por palabra, al Tratado Permanente que definía las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos de América.  Como reza el refrán “El que no quiere caldo que tome tres tazas”

Como constaba en los documentos de la Metrópoli, la Isla de Pinos era territorio cubano bajo la jurisdicción provincial de La Habana, pero bajo supuestas imprecisiones en los acuerdos adoptados en el Tratado de Paris,  Estados Unidos incluyó en la Enmienda Platt, el punto VI que expresaba “Que la Isla de Pinos será omitida de los límites de Cuba propuesta por la constitución, dejándose para un futuro arreglo por Tratado la propiedad de la misma”. Así, la Isla de Pinos quedaba en un limbo jurisdiccional, con el apoyo de sectores estadounidenses radicados en ese territorio que auspiciaban la anexión plena a la soberanía de los Estados Unidos de América.

No faltaron diversas acciones pacíficas y violentas de residente estadounidenses en esa Isla, que obligaron al Gobierno local actuar con decisión para impedir su éxito.  El siguiente párrafo, de una carta del Secretario de la Federación Americana en la Isla de Pinos, define los objetivos y política que se cocinaban para anexar la Isla a Estados Unidos: “A fin de evitar más errores, sería bueno hacer constar que los americanos están convencidos ahora, que la Isla de Pinos, es sin dudas territorio de los Estados Unidos y continuara siéndolo a menos que el Tratado pendiente sea ratificado por el Congreso de los Estados Unidos. Estos están tratando por todos los medios legítimos y honorables de impedir, y tiene magnifica versión de éxito… …mientras la Isla de Pinos este bajo un Gobierno «de facto» están convencidos que su forma de Gobierno no puede ser legalmente variado sin el consentimiento de ambas naciones interesadas. Con, todo, nuestra verdadera lucha para el reconocimiento como territorio de los Estados Unidos está en nuestro Gobierno en Washington D.C. y no en Cuba o con los nativos de esta Isla”

El 13 de marzo de este año se cumplen 91 años de que, luego de un tortuoso proceso, Cuba lograra impedir su anexión y recuperara la plena soberanía sobre este territorio. En 1903, los gobiernos de Cuba y Estados Unidos acuerdan el reconocimiento de la legítima soberanía de Cuba sobre el territorio y las aguas jurisdiccionales de Isla de Pinos, dándole al Senado de los Estados Unidos 7 meses para ratificar dicho acuerdo. El Tratado Hay-Quesada. Sin embargo no fue hasta el 13 de marzo de 1925 (22 años después) que el Senado aprobó dicho reconocimiento.  Diez días más tarde, el 23 de marzo, la decisión fue ratificada por el Presidente de los Estados Unidos y ese mismo día se canjearon las ratificaciones entre ambos gobiernos, representados por el Secretario de Estado Kellogg y el Embajador cubano Cosme de la Torriente. Se demoraron 21 años en desistir de anexarse ese territorio, sobre el cual no existía la menor duda de que era parte integral del territorio y de la soberanía cubana. El Senado desconoció los tratados que se negociaron y firmaron, los dictámenes de la Corte Suprema y la supuesta posición favorable de cinco presidentes estadounidenses. Además de demorarse 21 años para ratificar el acuerdo, anexaron dos reservas a lo firmado.

Sin dudas, el tema de los derechos de soberanía sobre Isla de Pinos fue utilizado entre otras cosas,  para obtener concesiones territoriales y marítimas con el fin de establecer bases navales y carboneras en Cuba, como se demuestra en el texto del Tratado finalmente firmado para poner fin a sus reclamaciones sobre la jurisdicción de la Isla de Pinos, cuyo  Artículo. II expresa: “Esta renuncia por parte de los Estados Unidos de  pretensión a la propiedad de dicha Isla de Pinos, se hace en consideración a las concesiones de estaciones carboneras y navales en la Isla de Cuba, que antes de  ahora se han hecho a los Estados Unidos de América por la República de Cuba.”

Sobre la cesión de territorio y aguas jurisdiccionales para bases navales y carboneras, la pretensión inicial era la venta o arriendo de cuatro terrenos para carboneras o estaciones navales, mencionándose las locaciones de Guantánamo, Nipe, Bahía Honda, Cienfuegos e incluso La Habana. Posteriormente la cifra se redujo a dos (Bahía Honda y Guantánamo) y finalmente a una, pues abandonaron el objetivo de Bahía Honda, quedando solo Guantánamo pero ampliándose el territorio inicial.

En cumplimiento de lo dispuesto en el artículo 7º del "Apéndice" a la Constitución de 1901, columna vertebral de los diferentes Convenios y Tratados sobre la concesión de territorio y aguas jurisdiccionales cubanas al gobierno de los Estados Unidos de América para estaciones carboneras o navales, se aprueba el Convenio celebrado entre los Estados Unidos de Norteamérica y Cuba, firmado por el Presidente de Cuba, D. Tomás Estrada Palma, el 16 de febrero de 1903 y por el presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt, el 23 del propio mes y año y aprobado por el Senado de Cuba el 16 de julio dc 1903 (Gacela Oficial del 18 de agosto de 1903), mediante el cual, según su articulado la República de Cuba “arrienda por el presente a los Estados Unidos por el tiempo que las necesitaren y para el objeto de establecer en ellas estaciones carboneras o navales, las extensiones de tierra y agua situadas en la isla de Cuba que a continuación se describen…” (Artículo I). “La concesión del Artículo anterior incluirá el derecho a usar y ocupar las aguas adyacentes a dichas extensiones de tierra y agua, y a mejorar y profundizar las entradas de las mismas y sus fondeaderos, y –en general—a hacer todo cuanto fuere necesario para poner dichos lugares en condiciones de usarse exclusivamente como estaciones carboneras o navales y para ningún otro objeto.  Los buques dedicados al comercio con Cuba gozarán de libre tránsito por las aguas incluidas en esta concesión” (Artículo II). “Si bien los Estados Unidos reconocen por su parte la continuación de la soberanía definitiva de la República de Cuba sobre las extensiones de tierra y agua arriba descriptas, la Republica de Cuba consiente,  por su parte, en que, durante el periodo en que los Estados Unidos ocupen dichas áreas a tenor de las estipulaciones de este Convenio, los Estados Unidos ejerzan jurisdicción y señorío completos sobre dichas áreas con derecho a adquirir (bajo las condiciones que más adelante habrán de convenirse por ambos Gobiernos) para los fines públicos de los Estados Unidos cualquier terreno u otra propiedad situada en las mismas por compra o expropiación forzosa indemnizando a sus poseedores totalmente” (Artículo III) y “Este arrendamientoserá ratificado y las ratificaciones serán canjeadas en la ciudad de Washington, dentro de siete meses después de la fecha”(Artículo VII).

El 2 de julio se firmó el convenio que reglamenta el arriendo acordado y se publica en la Gaceta Oficial el 12 de octubre de 1903 En su articulado indica“dejar determinadas las condiciones del arrendamiento de las áreas de terreno y agua para el establecimiento de Estaciones Navales o Carboneras en Guantánamo y Bahía Honda que hizo la República de Cuba a los Estados Unidos, por el Convenio 16-23 de febrero de 1903, llevado a cabo en cumplimiento de lo preceptuado 7º del Apéndice Constitucional de la República de Cuba, han nombrado con ese objeto sus plenipotenciarios”. Su Artículo I estipula que “Los Estados Unidos de América acuerdan y estipulan pagar a la República de Cuba la suma anual de dos mil pesos en moneda de oro de los Estados Unidos, durante el tiempo que éstos ocuparen y usaren dichas áreas de terreno en virtud del mencionado Convenio. Todos los terrenos de propiedad particular y otros bienes inmuebles comprendidos en dichas áreas serán adquiridos sin demora por la República de Cuba. Los Estados Unidos de América conviene en suministrar a la República de Cuba las cantidades necesarias para la compra de dichos terrenos y bienes de propiedad particular, y la República de Cuba aceptará dichas cantidades como pago adelantado a cuenta de la renta debida en virtud de dicho Convenio”.

A las 12 del día del 10 de diciembre de 1903, los Estados Unidos de América toman posesión de las áreas de tierra y agua arrendadas a dicha nación para el establecimiento de una estación naval en Guantánamo, desembarcando en el lugar 600 marines de las naves allí ancladas.  Con el establecimiento de esta base, la teoría de Alfred T. Mahan sobre la anexión de Hawai, el canal interoceánico en Centroamérica, Panamá y el dominio del Caribe como requerimientos necesarios para el poderío naval imperial de Estados Unidos subía un escaño.  Según Mahan “Es preciso desconocer la naturaleza humana para ignorar que en las relaciones internacionales todo poder siempre persigue su poder exclusivo”.

En esa época, bajo esta teoría imperial y aprovechando el desgaste provocado por la denominada Guerra de los Mil Días, a la hermana República de Colombia se le desmembraba parte de su territorio para constituir la República de Panamá con igual objetivo, pese a la oposición del Congreso colombiano, de un grupo importante de miembros del Batallón Colombia y con la indigna imposición a los panameños de firmar acuerdos que ponían bajo la jurisdicción de los Estados Unidos parte de sus territorios por más de 100 años.

En 1912, se firmó un Convenio entre ambos gobiernos en el que se rescinde parte de los Convenios de 16-23 febrero y 2 de julio de 1903 relativo al arrendamiento de terrenos y aguas en Bahía Honda y la ampliación de aguas y terrenos en la estación naval de Guantánamo. Este Convenio  no fue aprobado ni por el senado cubano ni el estadounidense en el plazo de seis meses establecido, por lo cual caducó su validez.

El Convenio expresaba que: “ambos gobiernos, deseosos de rescindir aquella parte de dicho arrendamiento que se refiere a las áreas de Bahía Honda y de ampliar el citado arrendamiento a ciertas áreas adicionales de terreno y agua en Guantánamo, por tanto he resuelto celebrar convenio a ese objeto”. Su Artículo II estipulaba que “Todos los derechos y todas las obligaciones contraídas por la República y los Estados Unidos de América con respecto a las áreas arrendadas en Guantánamo, en virtud de los Convenios antes citados, se hacen extensivos por el presente a las nuevas áreas arrendadas. Los Estados Unidos de América acuerdan y estipulan pagar a la República de Cuba la suma anual de cinco mil pesos en moneda oro de los Estados Unidos,durante todo el tiempo que aquellos ocupasen y usaren las áreas arrendadas por este Convenio”.

El Artículo IV establecía que: “Los Estados Unidos de América renuncian por el presente a todo derecho, y la República de Cuba releva por el presente a los Estados Unidos de América de todos los deberes y obligaciones relacionados o concernidos a las áreas de terrenos y aguas de Bahía Honda que se establezcan por la cesión en arrendamiento por la República de Cuba a los Estados Unidos de América según los Convenios de 16 y 23 de febrero y 2 de julio de 1903”.  El Gobierno de Estados Unidos dejaba el arrendamiento de 50 caballerías en Bahía Honda por un número superior en la ampliación de Guantánamo. Aún cuando este Convenio no fue aprobado, el Gobierno de los Estados Unidos de América, con el “laissez -faire” de sus lacayos nacionales, extendió los límites de su base en Guantánamo.

El 23 de mayo de  1934, se establece un nuevo Tratado de relaciones entre ambos gobiernos que en su articulado expresa que:“El tratado de relaciones que se concluyó entre las dos partes contratantes el 22 de mayo de 1903 dejara de tener validez y queda abrogado, desde la fecha en que comience a regir el presente”. “En tanto las dos partes contratantes no se pongan de acuerdo para  la modificación o abrogación de las estipulaciones del Convenio firmado por el Presidente de la República de Cuba el 16 de febrero de 1903, y por el Presidente de los Estados Unidos de América el 23 del mismo mes y año, en cuanto al arrendamiento a los Estados Unidos de América de terrenos en Cuba para estaciones carboneras o navales, seguirán en vigor las estipulaciones de ese Convenio en cuanto a la Estación Naval de  Guantánamo. Respecto a esta estación naval seguirá también en vigor en la misma forma y condiciones el arreglo suplementario referente a estaciones navales o carboneras terminado entre los dos Gobiernos el 2 de julio de 1903.Mientras no se abandone por parte de los Estados Unidos de América la dicha Estación Naval de Guantánamo o mientras los dos Gobiernos no acuerden una modificación de sus límites actuales, seguirá teniendo la extensión territorial que ahora ocupa, con los límites que tiene en la fecha de la firma del presente Tratado. El 31 de mayo de 1934, este tratado fue ratificado por el senado de los Estados Unidos de América y el 4 de junio de igual año por el Presidente Provisional de Cuba”.

Resulta un absurdo jurídico que el propietario de un bien arrendado  no pueda recobrar la posesión y aprovechamiento directo del bien arrendado en ningún momento.

A la ilegalidad del “arrendamiento” por su intemporalidad y pretendida perpetuidad, se une otro absurdo: el incumplimiento yanqui del principio jurídico de que todo arrendamiento debe destinarse al fin o uso pactado. El propio punto VII de la Enmienda expresa que Cuba arrienda esos terrenos “para mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma”, mientras que en el tratado de 1934 se dispone que se establece el arrendamiento “animados por el deseo de fortalecer los lazos de amistad entre los dos países”. Ninguno de estos postulados se aplicó en el uso de la base.

Recordemos lo que dijo el Secretario de Guerra de los Estados Unidos en una reunión con la Comisión de la Constituyente cubana que visitara ese país para expresar sus disensiones con los puntos más delicados de la Enmienda Platt.  Al referirse al porque querían  la concesión de derechos en territorios cubanos para bases carboneras y navales, este afirmó: “El establecimiento de carboneras en Cuba no da a los Estados Unidos derecho para intervenir en sus asuntos, ni merma la independencia sino facilita los medios de mantenerla. Compañías extranjeras tienen en Cuba terrenos, muelles y puertos propios y Cuba no puede recibir ningún daño al tratar a los Estados Unidos como trata a compañías o a particulares interesados. El Gobierno de los Estados Unidos no sólo pide a la Convención que habilite al futuro Gobierno cubano para que se concierte con, los Estados Unidos un tratado en que se hagan concesiones de determinadas estaciones navales o carboneras, que se convendría por ambos Gobiernos. Los Estados Unidos tienen tratados semejantes con otras naciones soberanas. Esas estaciones o carboneras nunca serán punto de partida para intervenir en el Gobierno interior de Cuba; solo serán utilizadas para la defensa contra el extranjero. Desde ellas se mirará siempre hacia el mar nunca hacia el interior de Cuba. Nunca se intentó establecer carboneras con el objeto de intervenir en asuntos propios del Gobierno independiente de Cuba. Se establecerán con  el solo y único fin de proteger los mares de América de invasiones extranjeras, ya sean contra la República de Cuba, ya contra la nación americana y se entenderán tan aisladas a la intervención interior como lo está Cuba de cualquier estación americana en el continente. Al dictar dicha cláusula no se tuvo en mente otro propósito que la seguridad exterior de ambos países. Nunca se intentó hacer de ellas punto de observación respecto al Gobierno de Cuba”. ¡Cuánta mentira! Sobran razones para la desconfianza en nuestras relaciones como demuestra la historia.

En todos los años de protectorado yanqui, los gobiernos de turno inclinaron la cerviz ante el amo, permitiendo a las administraciones estadounidenses lavarse la cara  ante las violaciones a los derechos soberanos del pueblo cubano. Sin embargo vale destacar que el llamado Gobierno de los Cien Días, que no fue reconocido por el Gobierno de los Estados Unidos y que a pesar de no haber sido invitado asistió a la VII Conferencia Internacional Panamericana celebrada en Montevideo en noviembre de 1933, asumió una  digna posición al declarar su representación en dicha Conferencia que “Cuba nació con un vicio congénito, la intervención, pero esa intervención, representada por la Enmienda Platt, ha sido el sustituto de la anexión de Cuba a los Estados Unidos… la intervención armada comenzada en Cuba ha seguido hasta hoy, de otro carácter, pero la hay”, añadiendo que  “…la Enmienda Platt y el Tratado Permanente tienen vicios de ilegitimidad y fueron impuestos por la coacción ejercida sobre ella en momentos de los más críticos que un pueblo pueda afrontar.” Contrario al principio de no intervención que se establecía en esta Conferencia con el consentimiento de la política del buen vecino del Presidente Roosevelt,  alrededor de 20 buques de guerra de la Armada Norteamericana del Atlántico al mando del contraalmirante  C. S. Freeman se encontraban en esos momentos en las costas cubanas.

Gracias a la continua lucha del pueblo y de las fuerzas antiimperialistas cubanas, que se conjugó con la presencia de figuras revolucionarias en el Gobierno Provisional nacional, cambios en la política táctica del Presidente de los Estados Unidos de América, la correlación de fuerzas en Latinoamérica y la aprobación del “principio de no intervención” por la VII Conferencia Internacional Panamericana de Montevideo, la constitución de 1901 y la Enmienda fueron derogadas en 1934.  Sin embargo, los instrumentos que nacieron de ella mantuvieron su vigencia. El Presidente Roosevelt, en su mensaje al Congreso en relación a Cuba, dijo estar opuesto a la intervención armada y rescinde otros derechos que Estados Unidos se había abrogado en el Tratado de 1903 como la participación en la determinación de la política exterior, de hacienda y de sanidad de Cuba, así como el derecho de intervención o interferencia. Mientras que su subsecretario de Estado a cargo de los asuntos latinoamericanos, afirmaba que “la derogación de la enmienda Platt no quiere decir que los Estados Unidos no volverán a intervenir en Cuba”.  Sin embargo, ni aún en esa euforia de buena vecindad intentó devolver los territorios de su base naval en territorio soberano cubano. La vida demostró que fue una buena declaración de intenciones que nunca se aplicó en las relaciones entre los dos países.  En 1936, Emilio Roig de Leuchsenring, al referirse a la derogación formal de la Enmienda Platt señaló “Lo cierto que solo ha sido este modificado para mejor servir a los actuales intereses económicos, políticos, sociales y militares de Norteamérica, suprimiendo  tan solo aquellas cláusulas que como el derecho de intervención, constituían un descredito y un conflicto permanente para los gobiernos de Washington, y eran además, incompatibles con la “política del buen vecino”, pero manteniéndose , en cambio, aquellas otras que, como la ocupación  y ampliación de la estación naval y carbonera de Guantánamo, formaban parte,  en el presente y para el futuro, de los planes estratégicos militares y navales de la Unión”.

Según el texto del acuerdo de arrendamiento para bases carboneras o navales, el usufructo de este territorio era para “usarse exclusivamente como estaciones carboneras o navales y para ningún otro objeto”.  Sin embargo, en 1957 y 58 se utilizó para abastecer los aviones de la dictadura de Batista para bombardear la indefensa población campesina de la Sierra Maestra.  En las últimas décadas ha sido utilizada para alojar decenas de miles de inmigrantes haitianos y cubanos, para operaciones de magnitud sin precedente en el Caribe y, lo que es más grave, se ha convertido en un abominable y genocida centro de prisión y tortura donde se practican las más atroces violaciones de derechos humanos.  Todos estos usos violan  el contrato de arrendamiento que Estados Unidos firmó con Cuba para el territorio que sería utilizado como una base carbonera; realmente como una estación de servicio para la Marina. ¿Qué dictamen haría la Corte Internacional de la Haya sobre la base del Artículo 36 de sus estatutos?

Tuvimos que esperar 22 años para recuperar la legitimidad de la soberanía sobre Isla de Pinos y llevamos 113 luchando por recuperar la plena soberanía e integridad territorial de otra tierra cubana, la que ocupa ilegalmente el Gobierno de los Estados Unidos de América con su base arrendada en Guantánamo.  ¿Cuánto más tendremos que esperar para su devolución?

Esto ocurrió antes de que Obama naciera, pero hoy se mantiene con su consentimiento y su continua negación a ejecutar su devolución.

No fue hasta el 1959 que la situación cambió, y como Gobierno ha sostenido una firme posición de reclamo permanente para poner  fin del arrendamiento del territorio y las aguas ocupados por una potencia extranjera en desacato a la jurisdicción que nunca ha perdido la República de Cuba sobre esos territorios y aguas jurisdiccionales.

Las máximas autoridades cubanas han declarado en muchas ocasiones que no aceptarán ninguna negociación con respecto a este territorio ilegalmente ocupado que no sea la retirada incondicional de las tropas extranjeras allí acantonadas contra la voluntad expresa del pueblo de Cuba. Con igual seriedad, el gobierno cubano ha ratificado que no intentará recuperar sus legítimos derechos mediante la fuerza y esperará pacientemente a que la justicia se imponga tarde o temprano.

De 1901 a la fecha hemos logrado el reconocimiento de la legítima soberanía de Cuba sobre Isla de Pinos, hemos recuperado el pleno ejercicio de nuestra independencia y soberanía nacional,  hemos impedido las intervenciones de los gobiernos de los Estados Unidos de América y, en Nuestra América,  los pueblos han recuperado sus derechos sobre otros territorios ocupados por bases militares estadounidenses, como el caso de Panamá y  Ecuador, pero quedan otros por cuya recuperación los pueblos de Nuestra América  todavía  luchan.

La posición de Cuba está fijada en su Constitución que expresa:

“El Estado ejerce su soberanía:


  1. a) sobre todo el territorio nacional, integrado por la Isla de Cuba, la Isla de la Juventud, las demás islas y cayos adyacentes, las aguas interiores y el mar territorial en la extensión que fija la ley y el espacio aéreo que sobre éstos se extiende;


La República de Cuba repudia y considera ilegales y nulos los tratados, pactos o concesiones concertados en condiciones de desigualdad o que desconocen o disminuyen su soberanía y su integridad territorial.”
En 1960 el Primer Ministro Fidel Castro,  en su intervención en la Asamblea General de las Naciones Unidas, expresó: “De toda la historia de las bases situadas hoy en el mundo, el caso más trágico es el de Cuba, una base a la fuerza en nuestro territorio inconfundible, que está a buena distancia de las costas de los Estados Unidos, contra Cuba y contra el pueblo impuesto por la fuerza y como una amenaza y una preocupación para nuestro pueblo. El Gobierno Revolucionario está considerando muy seriamente solicitar, dentro de los cánones del Derecho Internacional, la retirada de las fuerzas navales y militares del gobierno de los Estados Unidos de esta porción del territorio nacional”

Durante su discurso al conmemorar el aniversario del 26 de julio en 1962, Fidel expresó: “Esa base es además un puñal clavado en el corazón de la tierra cubana… que no vamos a quitarles por la fuerza, pero es un pedazo de tierra al cual no renunciaremos jamás”.

No podemos olvidar que en 1962, cuando el mundo estuvo abocado a una guerra nuclear, en medio de las confusiones que rodeaban el complejo y tenso  proceso de negociación para evitar la guerra, el compañero Fidel tuvo que hacer una declaración conocida como los 5 puntos de la dignidad y, en el quinto, reafirmaba “… retirada de la base naval de Guantánamo y devolución del territorio ocupado por los Estados Unidos”.

El 1 de mayo de 1980,  el presidente Fidel Castro afirmó: “Estados Unidos ocupa un pedazo de nuestro territorio por la fuerza y contra la voluntad de nuestro pueblo. ¿Y en qué legalidad se puede basar el hecho de mantener una base naval en el territorio de otro país contra la voluntad del pueblo? Eso no tiene ninguna base legal, ni jurídica, ni moral, ni de principios alguna, es simplemente un acto de fuerza”.

Posterior a 1959, el justo reclamo del pueblo cubano para recuperar el ejercicio de su soberanía e interrumpir el arbitrario arrendamiento ha tenido constantes e importantes respaldos internacionales, amén del apoyo que emana de textos del derecho internacional y de resoluciones de las Naciones Unidas. El ilustre jurista cubano Miguel A. D`Estefano afirma “La concesión, cesión o arriendo u otra forma de entrega de parte del territorio nacional para la instalación de bases militares extranjeras constituye una entrega, disfrazada o no, de la propia soberanía nacional, que amenaza a la paz y seguridad del Estado en que ella se encuentra y de otros Estados también. Y esto ha venido a confirmarse con una norma internacional que, en los últimos años, ha ganado una categoría propia”.

La Resolución No. 1514 (XV) de 1960 de la Organización de las Naciones Unidas, en su párrafo 6 afirma: "Todo intento encaminado a quebrantar total o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas".

La Resolución 2625 (XXV), de 24 de octubre de 1970, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, conocida como "Declaración sobre los Principios de Derecho Internacional Referentes a las Relaciones de Amistad y a la Cooperación entre los Estados de Conformidad con la Carta de las Naciones Unidas" considera que: “El territorio de un Estado no será objeto de ocupación militar derivada del uso de la fuerza en contravención de las disposiciones de la Carta. El territorio de un Estado no será objeto de adquisición territorial derivada de la amenaza o el uso de la fuerza”.

La “Convención de Viena sobre el derecho de los tratados” de la Organización de Naciones Unidas  (U.N. Doc A/CONF.39/27 (1969), 1155 U.N.T.S. 331,Viena, 23 de mayo de 1969) que entró en vigor el 27 de enero de 1980 y está firmada por ambos gobiernos, en  su Artículo 52, de la parte V, “Nulidad, terminación y suspensión de la aplicación de los tratados”, Sección Segunda del Convenio de Viena en su acápite  Coacción sobre un Estado por la amenaza o el uso de la fuerza, expresa que “Es nulo todo tratado cuya celebración se haya obtenido por la amenaza o el uso de la fuerza en violación de los principios de derecho internacional incorporados en la Carta de las Naciones Unidas…”

El Movimiento de los Países No Alineados, desde su fundación en Belgrado en 1961 hasta su última Cumbre, han apoyado el reclamo de Cuba y reconocido sin medias tintas que esta arbitraria ocupación menoscaba la soberanía y la integridad territorial de nuestro país, el derecho del pueblo cubano a ejercer la plena soberanía de su territorio,  su ilegalidad, exigido su evacuación y devolución. Vale resaltar el apoyo de la II Conferencia celebrada en el Cairo en 1964 al expresar que: “La Conferencia, considerando que el Gobierno de Cuba se declara dispuesto a resolver su litigio con el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, acerca de la base de Guantánamo, en condiciones de igualdad, solicita encarecidamente del gobierno de la citada nación que entable negociaciones con el Gobierno de Cuba, para evacuar esa base”

Incluso la Ley Helms Burton en su Título II, sección 201, apartado 12 establece: “Estar listos para iniciar negociaciones con un gobierno electo democráticamente en Cuba a fin de devolver a ese país la Base Naval de los Estados Unidos en Guantánamo o de renegociar el acuerdo actual en condiciones mutuamente aceptables”. Esta declaratoria, la única que aparece en la Ley sobre el territorio ocupado por EEUU en Cuba, no dice que el Presidente esté obligado a pedir la aprobación del Congreso para devolver la Base. Bien sabemos que esta oferta de negociación está condicionada a la existencia de un gobierno no muy distante al que negoció y aprobó la Enmienda Platt y otras leyes de sometimiento de Cuba a los Estados Unidos.

Resulta irónico que, segúnThomas Wilner, uno de los abogados más conocidos de Washington y probablemente el único que ha ganado un par de veces un caso en la Corte Suprema, de los Estados Unidos, “…la administración Bush defendió el argumento legal de que podía operar en Guantánamo de la forma que quería y hacer lo que quería a los prisioneros allí sin ninguna revisión legal. En otras palabras, la administración Bush afirmó que podía operar en Guantánamo fuera de la ley porque la soberanía era cubana, no estadounidense” y “Guantánamo está en otro país y no en territorio de Estados Unidos, y aún así, argumentando que ese otro país tiene “soberanía” sobre el territorio, la administración Bush usó ese argumento legal ante los tribunales de Estados Unidos”.

La base norteamericana en la bahía de Guantánamo no representa una cuestión de seguridad nacional para Estados Unidos, pero si representa un problema de seguridad nacional para Cuba.

La base ha dejado de desempeñar una misión estratégica y constituye un símbolo imperial de arrogancia y humillación contra Cuba, una base de operaciones de provocación  militar contra nuestro territorio y, sin dudas, una carta de negociación en  el diferendo histórico entre nuestros gobiernos.

Pocos podrían dudar que la retirada de los Estados Unidos de ese territorio cubano sea una decisión política y no de ninguna otra naturaleza.  Una reconocida figura de los sectores militares estadounidenses como Collin Powell, afirmó que la Base en Guantánamo no tiene ninguna utilidad militar.

Expertos militares de los Estados Unidos de América han declarado que Guantánamo, “la más antigua base estadounidense en ultramar”, no tiene ya una utilidad militar táctica ni estratégica para las fuerzas armadas de los Estados Unidos, no existen ya navíos propulsados por vapor/carbón y han surgido nuevas bases en su territorio continental que pueden cumplir las misiones para las que se concibió Guantánamo.

¿Habrá llegado el momento de inaugurar la exposición con la colección de cheques no cobrados por el Gobierno cubano desde 1960 que contienen la ridícula cifra con la cual usufructúan un pedazo del territorio soberano de Cuba?  En los primeros años de la Revolución, algunos compañeros soñaron con hacerla el día que lográramos recuperar nuestro territorio de la usurpación yanqui, en un museo que ahí se establecería.  Quizás ahora,  con la visita del Presidente de los Estados Unidos, a quien no pocos dolores de cabeza internacionales le ha dado esa base, por los genocidios que ahí han cometido sus tropas, las flagrantes violaciones de derechos humanos cometidos contra los seres almacenados en esas instalaciones, el alto costo económico que tiene para el contribuyente estadounidense sin beneficios y el repudio internacional para descredito  de su gobierno,  podría realizar en el histórico estadio del Cerro, donde se dice que Obama participará en un amistoso juego de pelota entre los equipos de Cuba y de los Estados Unidos de América.

Tal vez serviría de recordatorio a quien ha reiterado su no disposición de cumplir el justo reclamo histórico del pueblo cubano.

Y ya que mencionamos la visita, vale apuntar algunas de las declaraciones poco profesionales hechas por importantes figuras del gobierno estadounidense.  Una de ellas es la afirmación de que el presidente Obama verá a quien quiera, será el único que decida con quién se reúne en Cuba.  El secretario de prensa de la Casa Blanca afirmó que: “Esa es una decisión que tomaremos nosotros nada más, sin ningún tipo de negociación con los cubanos". ¿Acaso es profesional o protocolar visitar un país y decidir por sus santos fueros a quien va a ver? No parece que eso contribuya a lo que dijo Obama “sobre cómo podemos continuar normalizando las relaciones (bilaterales), sobre cómo podemos facilitar el comercio y cómo podemos facilitar a los cubanos el acceso a internet y la creación de sus propios negocios”.  En tal caso,  podría venir a ver a quien quiera, pero no bajo la invitación de un gobierno anfitrión, tendría que venir de otra forma. Las reglas son las reglas, se respetan o no.

Otra, se refiere a las rotundas e imperiales declaraciones sobre la devolución del territorio y las aguas jurisdiccionales de Cuba en la región de Guantánamo.  Si como ellos dicen, la devolución no está en el tapete, lo profesional en un proceso que tiene como finalidad la normalización de unas relaciones afectadas por más de medio siglo de prepotencia e insolencia yanquis,  sería explicar públicamente porque no están listos a discutir la devolución de la base de Guantánamo.  ¿Será que el único argumento es el imperial? No me da la gana porque yo tengo la fuerza, porque yo soy el amo del mundo.  En tal caso habría que recordarle que hace muchos años que Cuba  dejó de ser un protectorado, una república lisiada o mediatizada.

En estas declaraciones hay mucho del pasado y poco del supuesto presente que se pretende construir.  Si es de esta forma que se pretende normalizar las relaciones, de antemano podríamos decir que se avanzará muy pero muy poco. Será necesario recordarles que no están negociando con un pueblo vencido, entreguista, atemorizado, vacilante, sino con un  pueblo libre, digno, orgulloso de su destino, soberano, inteligente, culto, antiimperialista, internacionalista, que ha derrotado todas las acciones militares, políticas, financieras y económicas que contra él se han desarrollado por más de 50 años. El editorial del periódico Granma de 9 de marzo de 2014 les aclararía cualquier duda al respecto.

Nadie desconoce que existen fuerzas de poder en los Estados Unidos de América que no desean la convivencia entre nuestros países, sino el sometimiento, la subordinación, la incondicionalidad, la dependencia. Historias para contar hay muchas, pero a modo de titular tenemos las acciones emprendidas para hacer retroceder el proceso de conversaciones bajo la presidencia de Carter, o las provocaciones con la violación del espacio aéreo cubano para producir incidentes que interrumpieran los contactos y posible cambio de política durante la presidencia de Clinton. Siempre hay que estar alertas de cuales serían o podrían ser las acciones de esas fuerzas de poder para quebrar la ruta de la actual política táctica del Presidente Obama hacia Cuba.

No se puede olvidar que este intento de normalizar las relaciones se da en un contexto en que aún prevalecen acciones de agresión como el bloqueo económico, comercial y financiero, los planes de desestabilización interna,  la guerra de la información, la ocupación de territorio y aguas jurisdiccionales cubanos.

Han pasado decenas de años para que otro inquilino de la Casa Blanca visite nuestro país y a diferencia del anterior, no será para participar en una conferencia internacional o para estar en la proa de un acorazado militar  o en territorio cubano ocupado como base militar de su país.

Hay quienes vaticinan que el pueblo cubano se volcará a las calles a recibir al presidente Obama y en favor de volver al capitalismo.  Se equivocan, como se equivocaron lo que le dijeron a Kennedy que el pueblo cubano se volcaría a apoyar la invasión de Playa Girón y se quedaron solos y derrotados.  Al presidente Obama lo recibirá un pueblo con dignidad, respeto y hospitalidad, pero sin sumisión. Como dijera el General Máximo Gómez “Estoy más que convencido de que hay en Cuba inteligencias de primer orden, y, lo que vale acaso más, corazones muy varoniles y muy cubanos… Con esos muchachos tan admirables se puede ir al cielo”.

Convivir es una necesidad de las personas, las sociedades y el mundo, pero para ello hay que sentarse a dialogar en medio del abismo de diferencias políticas, con respeto a la soberanía nacional y en igualdad de condiciones como Estados. La convivencia implica ceder en aquellos aspectos que no son vitales, pues de lo contrario no estaríamos conviviendo, sino muriendo.  La máxima de Don Benito Juárez, “el respeto al derecho ajeno es la paz” resulta esencial para la convivencia. Avasallando no llegamos a ninguna parte.  Si realmente desea normalizar las relaciones entre nuestros países, seria de esperar que el presidente Obama, a quien le quedan pocos meses de mandato, asumiera una actitud clara, profesional y justa en tal empeño.

El presidente Obama en nuestra patria disfrutara de tranquilidad, respeto, reconocimiento, dialogo de iguales, calor humano, hospitalidad y seguridad antes de continuar a su próxima escala donde según los augurios no parece que tendrá la misma tranquilidad, al coincidir su visita con el 24 de marzo, fecha de terribles recuerdos  para el hermano pueblo argentino que estuvo bajo los dominios de dictaduras instauradas con el auspicio y protección de Estados Unidos y que controlaron el poder de ese país para desgracia de ese pueblo y de Nuestra América.

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miércoles, 17 de febrero de 2016

La democracia en Cuba




Agradezco al Congresista de la República Manuel Dammert, al c. Gustavo Espinoza, a los integrantes de SOLICUBA por invitarme a participar en este importante Simposio Internacional CUBA EN LA HISTORIA, y compartir en esta segunda sesión con la excelentísima embajadora de la República de Nicaragua, Señora Marcela Pérez Silva, y compañero Nicolás Picado representante de la República Bolivariana de Venezuela y respetable concurrencia.


Me permitiré abordar un tema que siempre ha generado intensos debates: La Democracia en Cuba. Para los grupos de poder internacionales y nacionales , partidos políticos de derecha que representan los intereses de aquellos, inclusive determinadas organizaciones que se autodenominan de izquierda afirman que en Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador no existe democracia, sino dictadura, autoritarismo, violación de derechos Humanos, no hay elecciones libres, inexistencia de partidos políticos y otras patrañas. Veremos si estas calumnias tienen asidero


CONTEXTO INTERNACIONAL


América Latina es escenario de cambios importantes, de un nuevo despertar en el camino de la emancipación, de la liberación del dominio imperialista, de la reivindicación de la soberanía de los pueblos y su firme decisión de no ser más el patio trasero de EEUU. Sin embargo debe señalarse que se está viviendo en plena disputa porque los capitalistas no se resignan a su derrota en las urnas. El neoliberalismo desesperadamente busca reacomodarse, sobre todo, después de haber triunfado en las elecciones generales en la Argentina, y en las elecciones legislativas en Venezuela. Países hermanos que resisten las acciones antinacionales, antipopulares y antidemocráticas como el afán golpista al Presidente Nicolás Maduro. Las transnacionales mediáticas y las elites políticas promueven estas acciones.


LA DEMOCRACIA SECUESTRADA


Para muchos es incuestionable la legitimidad de la democracia contemporánea. Afirmación que resulta muy discutible, pues como dice el premio Nobel de literatura José Saramango la democracia actual es rehén de los poderes económicos, y democracia que no puede resistir las presiones del poder económico para proteger el interés de sus ciudadanos es una democracia sin fuerza, una mentira, un engaño, y agrega, vivimos en una democracia secuestrada, bloqueada, amputada. Esta conceptualización nos ensena que la democracia capitalista no está cumpliendo con sus obligaciones básicas. La democracia social está fuera de la agenda del neoliberalismo, sufren grandes retrocesos importantes conquistas sociales como la protección de la Salud, Seguridad Social, Educación, Cultura, Acceso a los Servicios Públicos, Vivienda. Lo que se ve, y como dice EMIR SADER, politólogo brasileño, es la destrucción de los derechos sociales, la consolidación de la hegemonía de una nación sobre otra, así como la perdida de la capacidad de los ciudadanos de decidir sobre los destinos de sus países.


La democracia secuestrada no permite ni por lo menos la acción de los pueblos y sectores que luchan y exigen un mundo nuevo, o que se rebelen contra el dominio del capital financiero, de producirse se desatan represiones brutales.


En nuestra América a partir de Méjico se constitucionalizaron derechos sociales y económicos pero desde que se impuso el neoliberalismo estos logros fueron desconocidos, pisoteados enseñoreándose la desigualdad y la exclusión social. La economía irrestricta del mercado, el abstencionismo del Estado que deviene en inoperante para enfrentar las desigualdades sociales y económicas.


La experiencia nos ensena que en nombre de la democracia electoral nos convocan a elecciones para votar no para gobernar ni participar en la solución de nuestros problemas. De ahí la importancia de rediscutir lo que se entiende por democracia, lo que entendemos por las alternativas nuevas que nos presentan Cuba, Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua Sandinista.


LUCHA POR LA DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA


Cinco siglos antes de cristo, Atenas, fue la cuna de la democracia, sin embargo aún hoy buscamos perfeccionarlas, encontrar caminos amplios para la liberación nacional. Sobre el objetivo de la liberación el politólogo y sociólogo Marcos Roitman nos dice: Plantearse una propuesta de liberación supone optar por un proyecto donde el control social del poder se realice plenamente y donde la democracia surja como un espacio de articulación social, lograr el dominio colectivo sobre el ejercicio del poder.


Con el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959 se abrió la ruta para procesos políticos liberadores del dominio oligárquico, de recuperación de la soberanía, de la dignidad. En la década del 70 resultan triunfantes dos procesos político revolucionarios por la democracia y la liberación nacional el triunfo electoral de Salvador Allende y la Unidad Popular y, el 19 de julio de 1979 la victoria de la Revolución Sandinista contra una de las dictaduras oligárquico- militares más antiguas de América latina, la dinastía Somoza. El triunfo del FSLN ejerció influencia en movimientos político sociales de América Latina. En 1998 el triunfo electoral y revolucionario del querido Comandante eterno HUGO CHAVEZ FRIAS, en el 2005 el triunfo electoral de Evo Morales en Bolivia y, en el 2007 la victoria electoral de Rafael Correa en Ecuador. Estas victorias configuran un nuevo panorama político en América Latina, e impulsan un nuevo escenario constitucional como garantía de una verdadera democracia participativa, y como dice el autor canadiense Arnold August una democracia en movimiento. Tres son los procesos constituyentes que se realizaron para redactar una nueva constitución política, las mismas que fueron aprobadas previo referéndum: La Constitución Bolivariana de Venezuela en 1999; la puesta en vigor de la nueva Constitución de Ecuador en octubre del 2008; finalmente la promulgación de la vigente Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia el 7 de febrero del 2009.


ALGO SOBRE LA DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE


La Revolución Cubana que abrió el camino para la liberación de los pueblos oprimidos de América Latina y el Caribe, no solo ha sido víctima de actos terroristas contra ciudadanos cubanos, contra instalaciones industriales, pesqueras, invasiones como la de Playa Giron, del embargo económico y financiero, sino también en base a calumnias y difamaciones se han sembrados dudas sobre si Cuba es un país con o sin democracia, si las elecciones son libres o manipuladas.


La terrible maquinaria mediática mundial, y sus repetidoras de la región no se cansan de denunciar al gobierno revolucionario de Cuba de “violador de los DD.HH”; “autoritario”, “represivo” o el sonsonete “dictadura castrista”. Veremos que tras estos malévolos adverbios se esconde la enorme diferencia de visión, de concepto, de práctica de la democracia,


Sin embargo, para conocer y comprender la democracia cubana hay que estudiarlo en relación a la democracia de EEUU, Venezuela, Ecuador y Bolivia. Por consiguiente, para analizar la democracia en Cuba en la actualidad hay que evaluar en contexto de las opiniones preconcebidas de la democracia basada sobre el etnocentrismo estadounidense, incluida la “libertad de prensa” promovida por los Estados Unidos, como precisa el autor canadiense Arnold August.


La democracia en Cuba se diferencia de la democracia estadounidense porque el sistema político de este país está basado en el individualismo y sobre la propiedad privada, que fue y es garantizada y protegida constitucionalmente desde el mismo principio; en cambio la Revolución Socialista Cubana tiene como objetivo prioritario y fundamental el bienestar económico y social de su pueblo, no está sustentada en la acumulación ilimitada de la propiedad privada, sino en la propiedad social y colectiva.


Desde la Declaración de Independencia de los EE.UU se establece como derecho natural e inalienable al igual que la vida, la libertad la búsqueda de la felicidad, es decir. La búsqueda de la propiedad privada; al respecto el autor canadiense ya citado dice: “ desde Jefferson hasta el presidente Barack Obama, los Estados Unidos no han podido abstenerse de preservar a lo largo de su historia la propiedad privada en perjuicio de otros valores mucho más positivos provenientes de la época de la ilustración y la revolución francesa.”


EL DERECHO AL VOTO


El proceso electoral norteamericano es complejo, y no es oportunidad para tratarlo, sin embargo, para los fines de esta exposición, veremos si en el gran país del Norte, primera potencia mundial, autodenominado paladín de la democracia la participación política en las elecciones es del 100 por ciento, o de la mayoría de los ciudadanos en edad de sufragar, o existen limitaciones. Los afronorteamericanos carecían del derecho al voto, solo después de una prolongada lucha por la democracia y por los derechos civiles se logró la aprobación de la Ley del Derecho al Voto. Esta Ley no se cumple a plenitud, pues como dice Arnold August: “Hasta el día de hoy a un buen número de afronorteamericanos se les impide votar a pesar de la Guerra Civil, las tres enmiendas constitucionales… y la ley del derecho al voto de 1965”.


Otra causa de impedimento al sufragio es cuando la persona que ha sido condenada por un delito mayor y después de haber cumplido su condena se les priva en muchos casos del derecho al voto, a menudo de por vida. Los más afectados con esta prohibición son los afronorteamericanos que en alta proporción purgan prisión.


Otra parte importante de la población en edad electoral que no tiene a derecho a sufragar son las personas que no son ciudadanos como los latinos residentes. En esta calidad no debería merecer reclamos, pero, sino tienen la condición de ciudadanos estadounidenses porque los enrolan en el ejército


EXPORTACION DE LA DEMOCRACIA ESTADOUNIDENSE


Dijimos anteriormente que EEUU se autoproclama como un pueblo superior a los demás del planeta tierra, y como el arsenal de la democracia y por tanto en su papel de gendarme internacional calificar si tal o cual país es democrático o no. Con este criterio el gobierno estadounidense ha condenado a Cuba, ha promovido la expulsión de este heroico país de la Organización de Estados Americanos en 1962, prohibiendo su participación en las seis primeras Cumbres de América, fracasando esta prohibición en la VII Cumbre realizada en Panamá a la que asistió Cuba. Pese al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EE.UU y que aún persisten problemas como el levantamiento del embargo económico, financiero y comercial, y la devolución de Guantánamo, el País del Norte no cesa en su afán de pretender el cambio del sistema político de la Revolución Socialista de Cuba e imponer el modelo de su democracia.


No podemos dejar de mencionar que ante el primer síntoma de oposición a la política estadounidense, o por decidirse a gobernar soberanamente sin injerencia alguna, el imperio rápidamente promueve golpes de Estado como sucedió en Honduras con el golpe contra Manuel Zelaya. Presidente democráticamente electo; o el golpe parlamentario en el ano 2012 contra Fernando Lugo, presidente de izquierda electo constitucionalmente; las intentonas de golpe contra Nicolás Maduro, presidente de la República Bolivariana de Venezuela, electo democrática y constitucionalmente. No obstante de haber fracasado en sus criminales intentos en los años 2013, 2014, 2015, actualmente persisten en este objetivo amparados en mayoría parlamentaria de la Asamblea Nacional. La consigna es la misma restablecimiento de la democracia, de la libertad, de partidos políticos. Engañan con que la existencia de muchos partidos es síntoma de buen funcionamiento democrático. Entonces desde este punto de vista como entender la democracia. Para contestar nos apoyamos en Marcos Roitman que dice: “Desde su axioma se extrae la siguiente premisa. La democracia es un juego entre partidos, su objetivo, disputar cargos .públicos para gestionar fondos y controlar las decisiones que orientan el proceso económico-social al interior del capitalismo”


CUBA LA DEMOCRACIA DEL PUEBLO


Han transcurrido más de cinco décadas de la Revolución Cubana periodo en el que se ha consolidado y permanentemente ha merecido el apoyo del pueblo, sin embargo continúa en la actualidad el debate internacional sobre Cuba y los temas de la democracia, elecciones, partidos políticos, medios de comunicación, juzgando al sistema político de acuerdo a los cánones norteamericanos a partir de la supuesta superioridad del sistema multipartidista (en realidad bipartidismo) competitivo.


La historia de Cuba es una de lucha por su independencia, por su soberanía, primero del imperio español y luego del imperialismo yanqui. Esta lucha por la independencia y la liberación nacional siempre conto con el apoyo del pueblo cubano. Desde el triunfo de la Revolución Cubana el primero de enero de 1959 se va construyendo una democracia participativa, una democracia en movimiento como denomina Arnold August.


En la república socialista de Cuba el tema de elecciones estuvo en agenda, y el propio comandante en jefe Fidel Castro Ruz, en un acto de masas realizado el 25 de marzo de 1959 menciono la posibilidad de celebrar elecciones, los asistentes a la concentración unánimemente rechazaron la propuesta porque las masas consideraron que habían elegido el camino de la revolución y a sus líderes. En este mismo acto, Fidel dijo: “Estar a favor de las elecciones, pero elecciones que realmente respeten la voluntad popular, mediante procesos que pongan fin a las maquinaciones políticas”; igual respuesta se dio en junio de 1959. En esta ocasión Fidel dijo: “Hay democracia en el gobierno. El gobierno al servicio del pueblo, no de camarillas políticas u oligarquías”. Estas consultas son un claro ejemplo de participación popular. El pueblo comprendía y sentía que por primera vez se reconocían derechos sociales y económicos, que solo una verdadera democracia puede proporcionar. Fidel dijo: “Tenemos democracia hoy, por primera vez en nuestra historia”. En los primeros años después del primero de enero de 1959 el proceso revolucionario promovió la participación activa del pueblo en la realización de las transformaciones socioeconómicas. La respuesta de Estados Unidos a esta férrea unidad de los líderes cubanos, de Fidel Castro con su pueblo les obligo a reconocer que no existía oposición política efectiva contra el naciente gobierno revolucionario. Por consiguiente la conclusión a que llego Estados Unidos fue la imposición del bloqueo contra Cuba con la letal intención de provocar hambre, desesperación y el derrocamiento del régimen según documento desclasificado (del foreign relation) transcrito por Arnold August en su libro “Cuba y sus vecinos. Democracia en movimiento”. Ante el peligro de los actos terroristas, invasión, sabotajes, surgimiento de contrarrevolucionarios, etc, el gobierno revolucionario de Cuba en cumplimiento de su programa de gobierno y del programa del Moncada realizo transformaciones democráticas desde el inicio de la revolución.


El comandante en jefe Fidel Castro, en el informe central que presento ante el primer congreso del Partido Comunista de Cuba de 1975 dijo: “Que se iniciaba una etapa enteramente nueva en la historia de la patria, que el camino seria largo y duro, pero que unidos estrechamente al pueblo, marcharíamos adelante. Llegaba el momento de cumplir las promesas de Moncada”. Hasta este momento el pueblo nunca fue escuchado por las clases dominantes y sus representantes como el dictador Fulgencio Batista. Empezaba una nueva historia para el pueblo.


¿Cuáles fueron las medidas iniciales? Estas se encuentran señaladas en el informe central presentado por Fidel Castro ante el primer congreso del Partido Comunista de Cuba, entre otras la confiscación inmediata de todos los bienes mal habidos por los funcionarios del sangriento régimen. El viejo ejército que había reprimido cruelmente al pueblo fue totalmente disuelto, asumiendo la función correspondiente a las fuerzas armadas el glorioso ejército rebelde.


La administración pública fue saneada de elementos que habían sido cómplices de la tiranía; la erradicación inmediata de los actos de malversación de fondos públicos, las prebendas y la funesta practica de cobro de sueldos sin desempeñar el cargo.


Los obreros despedidos de su centro de trabajo bajo la tiranía, fueron reintegrados a sus cargos.


Otras medidas democráticas es la intervención de la compañía de teléfonos, monopolio yanqui implicado en turbios negocios con la tiranía contra los intereses del pueblo.


Se rebajaron hasta el 50% los alquileres que pagaba el pueblo.


Las playas que eran exclusivas y discriminatorias para favorecer a la burguesía se declararon de uso público.


Otras medidas importantes fue la promulgación de la primera ley de reforma agraria; la rebaja de las tarifas eléctricas, poniendo fin a los abusos de otro poderoso monopolio imperialista; se suprimió radicalmente el juego, el tráfico de drogas y el contrabando.


Este programa de realizaciones era seguido con hostilidad creciente por el imperialismo yanqui, los créditos comerciales de Estados Unidos fueron suprimidos.


La respuesta de la revolución y del pueblo, entre otras, fue la democratización mediante las organizaciones de masas y la participación de estas, creándose así un vínculo directo entre el pueblo, el proceso político y las transformaciones socioeconómicas que tenían lugar en aquel momento. Un ejemplo de la participación fue la creación de los comités de defensa de la revolución de manera espontánea. Se constituyeron los barrios alcanzando su organización a todo el país. Estos comités actuaron como virtuales gobiernos locales, realizando actividades políticas y sociales así como de vigilancia.


Otro ejemplo de participación en el sistema político cubano son las Milicias Nacionales Revolucionarias.


Un factor de cambio importante que contribuyo a la participación política y social se materializó en la campaña de alfabetización iniciada en 1961. En esta campaña tuvo una importante participación la Federación de Mujeres Cubanas.


Otros pasos importantes de profundización de la democracia, constituye la sustitución de los antiguos municipios y provincias del gobierno de Batista en gobiernos locales, formados por representantes locales de organizaciones políticas y de masas. Esta fase es importante para comprobar los pasos que se dieron de la participación política en Cuba, fue el primer intento sistemático de crear instituciones gubernamentales con cierto grado de responsabilidad ante el pueblo.


ELECCIONES EN CUBA


El tema de las elecciones nunca fue soslayado, por el contrario mereció atención del gobierno revolucionario, sobre todo porque tenía que construirse la nueva estructura del Estado, para lo cual era indispensable una nueva constitución política. Dada la importancia de estos objetivos el Partido Comunista de Cuba comprendió que era necesario continuar profundizando la participación efectiva del pueblo en el sistema político. Entre otras tareas fue presentar un proyecto de constitución y crear un sistema electoral más participativo y eficaz. La elaboración del proyecto se encomendó a una comisión especial del Partido Comunista Cubano, con expertos en asuntos constitucionales y con representantes de organizaciones de masas, como los CDR. El proyecto de constitución fue sometido a debate público por un periodo de dos meses, de la que se recibieron numerosos aportes, con la participación de millones de personas. El proyecto de constitución aprobado fue sometido a un referéndum mediante voto universal y secreto, con una participación del 98% de los votantes. El 97.7% votó en favor de la constitución. Meses después se celebró elecciones por primera vez a nivel municipal en todo el país. En Noviembre del mismo año de 1975, los delegados municipales eligieron a los delegados provinciales quienes a su vez lo hicieron para los diputados a nivel nacional. El Partido Comunista de Cuba no ha participado en ningún proceso electoral hasta la fecha, porque nunca ha sido un partido electoral, pero si ejerce un liderazgo en el desarrollo de instituciones y procesos electorales democráticos.


Las elecciones se realizan en tres niveles: Municipal, provincial y nacional. Hay dos tipos de elecciones: Generales y parciales. Las generales se celebran cada cinco años. Constan de dos fases. En la primera incluyen la nominación y elección de delegados a las asambleas municipales efectuándose la nominación en cada barrio.


En la segunda fase se eligen candidatos como delegados a las asambleas provinciales y como diputados a la ANPP. Esta asamblea nacional es el órgano supremo del poder estatal también conocida como parlamento. El 24 de febrero del 2013 la comisión de candidaturas de este máximo órgano dirige el proceso de nominación para la elección del presidente, el vicepresidente y secretario de la ANPP y del consejo de Estado de entre los diputados. Ello incluyo por ejemplo, la elección de Raúl Castro al cargo de presidente del consejo de Estado y del consejo de ministros, quien en este caso era diputado directo electo.


Anteriormente dijimos que en el modelo etnocentrista Estado Unidense el rasgo más importante de la democracia son las elecciones, representan su quintaescencia, enteramente representativa, sin embargo es excluyente y discriminatoria como hemos visto anteriormente, en el caso de la democracia en Cuba es una democracia participativa y no solamente representativa. Los ciudadanos, lejos de ser excluidos tras las elecciones, como sucede en Estados Unidos y en otros países del mundo, participan de muchas maneras en el ejercicio del poder. Las elecciones en Cuba no se basan en programas o plataformas competitivas, los electores no son consumidores porque los candidatos no ofertan promesas que luego no van a cumplir. Así por ejemplo en los años 2013 y 2014 se elaboró una nueva ley general del trabajo, proyecto que se sometió al debate público, de las organizaciones sindicales que con la dirección de la central de trabajadores de Cuba elaboraron las propuestas para mejorar o perfeccionar el proyecto de ley. Solo después de este amplio debate se sometió el proyecto que incluía las sugerencias o modificaciones, a la asamblea nacional popular que previo debate aprobó la vigente ley de trabajo. Así se demuestra el grado de participación. La vía de los Estados Unidos se basa sobre una competencia y pugnas feroces todo en nombre de las elecciones. Finalmente queremos reiterar el Partido Comunista de Cuba no tiene derecho a proponer candidatos. Su objetivo no es necesariamente participar en la política electoral. No obstante los medios del establishment occidental y los blogueros disidentes insisten en desinformar a la opinión pública internacional en lo que se refiere al desempeño del PCC en el proceso de nominación.


ALGO SOBRE EL PARTIDO ÚNICO - ALTERNANCIA ES DEMOCRACIA


El bipartidismo está muy anclado en los Estados Unidos y en otros países como España. Son dos marcas de la misma política una más agradable y otra menos agradable los diferencian pequeños matices, las disputas entre los dos partidos parece un partido de tenis. Entre los partidos demócrata y republicano de los Estados Unidos podríamos decir que tienen puntos diferentes sobre el problema del embargo contra Cuba, sobre la CELAC, sobre la instalación de bases militares, sobre la organización de golpes de Estado, indudablemente que no, ambos partidos apuestan por el statu quo, para garantizar el gobierno de las elites, del 1% más rico de los Estado Unidenses que se quedan casi con la cuarta parte de los ingresos del país de cada año, que controla el 40% del patrimonio privado, de acuerdo a lo dicho por Joseph E. Stiglitz.


La propaganda neoliberal en su terco afán de deslegitimar a gobiernos progresistas de Latinoamérica critican la reelección constitucional, señalando que no permite la alternancia en el gobierno lo cual es inconstitucional y dictatorial. Una vez más el cuestionamiento es unilateral ya que no preguntan ni critican a la señora Angela Merkel que busca su cuarta reelección en el 2017 para gobernar 16 años como canciller alemana.


Finalmente queda claro que el bipartidismo no es garantía de democracia ni mucho menos el multipartidismo porque todos ellos tienen como objetivo preservar el statu quo, condenar a la Revolución Cubana, al proceso emancipatorio de Venezuela, Ecuador y Bolivia, y de no cambiar el modelo económico neoliberal, y esto no es democracia real si no política que permite la participación popular en una sola fecha: las elecciones.


Bibliografía:


· Arnold August, “CUBA Y SUS VECINOS-DEMOCRACIA EN MOVIMIENTOS”


· Fidel Castro Ruz, “INFORME CENTRAL PRESENTADO ANTE EL PRIMER CONGRESO DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA” 1975


· Carlo Galli, “EL MALESTAR DE LA DEMOCRACIA”, Fondo de Cultura económica.


· Norbert Lechner, “DEMOCRACIA Y UTOPIA: LA TENSION PERMANENTE” –Fondo de Cultura económica.


· Maurizio Fioravanti, “LOS DERECHOS FUNDAMENTALES”. Editorial Trotta.


· Frei Betto, “LA MOSCA AZUL”, Reflexión sobre el poder en Brasil.


· Marcos Roitman Rosenmann, “LAS RAZONES DE LA DEMOCRACIA EN AMERICA LATINA”, 2007.


· Lilian Fiallo Monedero y Abraham Zaldivar Rodriguez, “EMPODERAMIENTO: Un nuevo reto del constitucionalismo Latinoamericano”, 2012.


Victor Mayorga. Exembajador de Perú en Cuba