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jueves, 20 de julio de 2017

Debates en Cuba: ¿ideología sin proteínas?

Pedro Monreal, El Estado como Tal


La discusión sobre la relación entre ideología y desarrollo económico es un tema viejo, pero no agotado. Está teniendo lugar ahora mismo en Cuba. Reproduzco un intercambio que recientemente he sostenido sobre el tema con el académico cubano Elier Ramírez Cañedo, Doctor en Ciencias Históricas.

El intercambio ha tenido lugar en la plataforma Cubadebate (http://www.cubadebate.cu/) y si lo reproduzco aquí es con el propósito de facilitar el entendimiento de ese diálogo porque la secuencia no cronológica con la que Cubadebate lo ha reflejado, y la ausencia de uno de los comentarios, pudiera dificultar la comprensión del intercambio.

No critico ni reclamo nada respecto al formato y estilo que utiliza Cubadebate para presentar los comentarios. Simplemente utilizo los modestos medios de los que dispongo –este blog personal- para contribuir a que se entiendan mejor los argumentos.

Los comentarios corresponden a los que se han hecho al artículo del ensayista y periodista cubano Enrique Ubieta, titulado “Las falacias en su centro” (Cubadebate, 18 de julio de 2017, http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/07/18/las-falacias-en-su-centro/#.WXBw6FFLdaT

Me concentraré en reproducir textualmente, y en el orden cronológico en que tuvo lugar, el intercambio con el Dr. Ramírez Cañedo, que es el que se refiere específicamente a la relación entre ideología y desarrollo. También coloco otro intercambio más breve que sostuve con Enrique Ubieta relacionado con el tema de las estadísticas, del que Cubadebateno reprodujo una parte. Lo pongo completo, como un anexo.

Se ha mantenido la sintaxis y la ortografía de los comentarios, tal y como fueron originalmente publicados.

Lo que sigue a continuación es el intercambio sobre el tema de la ideología y el desarrollo.

18 julio 2017 a las 19:31

Pedro Monreal dijo:

Hace rato que la discusión en Cuba dejó de ser si se introduce o no el mercado y las formas de propiedad y de gestión no estatales, incluyendo las que son capitalistas. Miremos la realidad. Estas cosas fueron ratificadas en el VII Congreso del PCC y son política de Estado en Cuba. Algunas –como la implantación del capital extranjero- existen desde hace ya algún tiempo y, en balance, han sido positivas. Repito que es una política de Estado que está bajo control del PCC. Cuba es un país políticamente estable y con activos humanos importantes para intentar avanzar hacia el desarrollo.

Tratar de llevar ahora la discusión del socialismo y el capitalismo a un plano abstracto e ideologizado (que no es lo mismo que ideológico) no conecta con la realidad del país. La discusión debe ser concreta.

El reto crucial es de tipo político y se refiere a una contradicción. Es de compleja solución pero no es difícil de enunciar. La posibilidad de ganar la batalla económica –que es decisiva- pudiera requerir pasos adicionales en dirección del mercado y de las formas no estatales de propiedad y de gestión, y ello obviamente plantea la necesidad de asumir posibles retos para el poder político. Súmesele a eso Trump, Venezuela, y el envejecimiento demográfico, y queda claro que el reto se complica.

Es difícil predecir con precisión esos retos, pero el PCC tiene la responsabilidad de evaluar opciones y de calibrar respuestas y eso es lo que ha estado haciendo mientras que algunos se entretienen con el “centrismo”.

Estoy hablando de una manera despojada de frases políticamente correctas. Se trata de un asunto de poder político y el PCC hará lo posible por preservarlo y consolidarlo. Como lo social es contradictorio, lo que políticamente pudiera ser negativo para el poder –mercado y capital- también pudiera ser, si se dan determinadas condiciones, un factor políticamente positivo: prosperidad y desarrollo que legítima al Estado socialista que ha sido capaz de promoverlos y al PCC que conduce el proceso.

Agreguemos a la educación y la salud que ya existen, buenos salarios, comida variada y barata, movilidad social, vivienda, servicios públicos de calidad, rendición de cuentas efectiva, y mayor participación en la vida política, y habrá socialismo para rato en Cuba, pero eso no va a venir de una discusión ideológica.

En un mundo ideal, el modelo de transformación quizás sería distinto (más próximo a la ortodoxia socialista), pero la realidad es que la economía cubana dista de haberse encauzado en una senda de desarrollo –tras varios años de intentarlo- y pudiera requerirse ahora un proceso de transformación económica más profundo y quizás más acelerado.

Si no se reconoce esto no se logra “pasar el marco de la puerta” y el supuesto debate entonces sería una conversación abstracta sobre la izquierda y los revolucionarios en general, o sobre procesos globales, o sobre la direccionalidad discursiva, que no digo que no sean pertinentes, pero que están muy lejos de ser la prioridad en estos momentos.

Las recientes discusiones del parlamento cubano, especialmente la inusual atención brindada al presupuesto –que se considera como el “esqueleto” del poder de un Estado- parecen decir mucho acerca de por dónde van las prioridades políticas del país, que son bien concretas. Por cierto, es por eso es que las estadísticas son importantes.

Este es un proceso controlado, de punta a cabo por el PCC. Hay que trabajar en favor de ello con ideas constructivas que tengan utilidad práctica, en vez de dedicarse a cazar fantasmas ideológicos. Esa es mi modesta opinión.

[Este comentario fue en hecho en relación con los temas planteados en el artículo de Ubieta]


19 julio 2017 a las 16:12

Elier Ramírez dijo:

No es un fenómeno insignificante como algunos pretenden hacer ver, utilizando como engañifa para esquivar el debate, que hay otros temas más urgentes o señalando que deberíamos concentrarnos en resolver los problemas de la vida cotidiana del pueblo cubano antes de estar buscando “fantasmas”. Interesante propuesta, cuando buena parte de los que asumen esa posición –al menos que yo conozca- solo se dedican precisamente a reproducir sus ideas de laboratorio, a reproducir ideología y no precisamente la que hemos defendido los cubanos en estos años de Revolución. ¿Qué se pretende, que abandonemos el campo de la lucha ideológica, tan imprescindible para nuestro proyecto, como el de la batalla económica? Estoy consciente que la mejor manera de hacer ideología es cuando esta se materializa en la práctica, pero jamás se puede menospreciar el terreno de las subjetividades. Si los revolucionarios cubanos hubiéramos esperado a tener todos los problemas de nuestra vida cotidiana resueltos para hacer ideología, ni siquiera este debate estuviera teniendo lugar, pues no existiría la Revolución. Nuestra visión tiene que ser siempre totalizadora, al tiempo que nos recuperamos económicamente –cuestión de vida o muerte para nosotros-, debemos ir generando una cultura –en su sentido antropológico- diferente y superior a la del capitalismo, desde posiciones anticolonialistas y antiimperialistas, de lo contrario estaríamos suicidando el socialismo.



19 julio 2017 a las 19:42

Nota: Este comentario que sigue, cronológicamente el último del intercambio hasta el momento de la preparación de esta nota (20 de julio a las 11:30 GMT) es, sin embargo, el que aparece primero (en el sentido de la lectura en el sitio web) en la sección de comentarios de Cubadebate, lo cual dificulta poder seguir el flujo natural de la presentación de los argumentos del intercambio.


Pedro Monreal dijo:

Estimado Elier,

Por supuesto que los problemas económicos, sociales y políticos deben ser abordados de conjunto, en su interrelación, y es precisamente por eso que la ideología y la cultura socialista se anclan en la cultura del trabajo. Cuba es un país de trabajadores y si estos no resuelven sus problemas económicos concretos -salario, consumo familiar, vivienda, servicios públicos- ¿de qué cultura e ideología superior supone Ud. que se va a imbuir un ciudadano agobiado por las carencias?

Aquí nadie ha hablado de abandonar la lucha ideológica sino de entenderla en un contexto económico realista.

Con el mayor respeto, la engañifa consiste en tratar de decir que se puede “hacer” ideología de un socialismo superior con una economía subdesarrollada, de subconsumo y de bajo crecimiento.

Asumir que esa es una premisa robusta para hacer política en la Cuba de hoy no toma como referencia la realidad concreta del país. No sé si retuvo el dato, expresado en la reciente sesión del parlamento, de que “en un periodo de dos años el Grupo de las Industrias Farmacéutica y Biotecnológica (BioCubaFarma) tuvo una deserción del 40 por ciento de la plantilla, de los cuales más de mil eran graduados de la Educación Superior”, y es éxodo ocurre en las ciencias, donde normalmente la vocación es mayor. ¿Cree Ud. que algo como eso se arregla en el terreno de la subjetividad?

Ya sé que hay quienes consideran que las estadísticas no son relevantes, pero la realidad es testaruda y puede medirse. Las economías que han logrado avanzar en el desarrollo en los últimos 30 años, duplican su ingreso nacional cada 10 años, pero con la tasa de 2,15 por ciento de crecimiento promedio anual del PIB de Cuba registrada hasta 2016 por la “actualización”, le tomaría aproximadamente 33 años a Cuba poder duplicar su PIB per capita, algo que lograría hacer en 2050.

Saque Ud. una cuenta sencilla: si se mantienen las bajas tasas de crecimiento actuales, una parte considerable de los cubanos hoy mayores de 50 años, que representan el 34 por ciento de la población, no llegarían a ese momento. Prácticamente nadie del grupo de personas que hoy son mayores de 65 años (14 por ciento de la población) alcanzaría a ver duplicado su PIB per cápita. Le quedan otros dos tercios de la población, pero ¿qué les va a decir, que hay que esperar hasta el 2050 para que puedan notar una mejoría de su nivel de vida?

¿Y mientras tanto que les ofrece?, ¿Ideas?, ¿el terreno de la subjetividad?

En mi modesta opinión, debemos mirar de conjunto los bueyes y la carreta, pero los bueyes van delante, estimado Elier.



ANEXO

Intercambio con Enrique Ubieta en relación con el tema de las estadísticas.


18 julio 2017 a las 16:30 [Cubadebate]

Pedro Monreal dijo:

Estimado Ubieta,

Hablando sobre estadísticas, el “tratado” que dices que escribí tiene una extensión de 964 palabras, lo cual es considerablemente mucho más breve que el artículo que escribes hoy, que es casi 5 veces más extenso. También es más breve que la parte “neta” de tus respuestas en la entrevista (quitando introducción y preguntas del periodista), que duplica la extensión de mi texto. Entonces queda claro quien ha escrito un “tratado”.

Para ir al punto, has expresado textualmente “El reformista confía en las estadísticas y en descripciones exhaustivas de su entorno que terminan haciéndolo incompresible”.

Esa es una idea errónea sobre las estadísticas, sobre las descripciones y sobre la formación del conocimiento. El resultado que enuncias no es la consecuencia de los dos factores que identificas al inicio. Puedes encontrar la información correcta en cualquier texto de investigación social, para no quedarse en los marcos de la puerta.


18 julio 2017 a las 23:05 [Cubadebate]

Enrique Ubieta Gómez dijo:

Pedro Monreal, si no puedes de verdad interpretar lo que digo y no es pura estratagema el que saques de contexto mi frase, lo lamento, pero eres mucho menos sabio de lo que te creía. Veo que el tema de los números te obsesiona: cuando digo que hiciste casi un tratado, no me refiero a la cantidad de palabras, ¡por Dios! Bueno, es que el amor a las estadísticas, ya lo veo, juega su papel. Sigue discutiendo sobre asuntos colaterales.

Existe un comentario adicional que envié a Cubadebate, pero que no fue publicado. Fue escrito directamente en la sección de comentarios y no conservé una copia. Aprovechando que los dos primeros comentarios también se habían colocado en Facebook, tuve que rehacer el comentario, aunque naturalmente con un texto distinto.

19 julio 2017 [Tomado de Facebook]

Pedro Monreal dijo:

Ubieta, la frase de tu articulo que he citado se entiende por sí sola. En realidad, seguir ironizando sobre las estadísticas, como haces en tu texto de ayer y en esta respuesta que has dado ahora, confirma que tienes problemas para entender la función de la evidencia en la producción del conocimiento.

No se trata del “amor por las estadísticas”. Se trata del respeto por el conocimiento riguroso. Si eso no logras comprenderlo, con todo respeto y aprecio te digo que ese no es mi problema. Tu prefieres explicar las cosas con alusiones a esa cosa ininteligible a la que llamas el “quinto elemento”. Para la literatura tal vez funcione. Para tratar de explicar la realidad social no creo que sirva. Si consideras que la medicion de los fenomenos sociales y economicos son “asuntos colaterales” y que lo importante es eso del “quinto elemento” y de la “direccionalidad discursiva”, entonces bien arreglados estamos. Pero supongo que cada uno seguiremos con nuestros temas.

jueves, 23 de marzo de 2017

La realidad doblada como un papel: manía clasificatoria y debate político en Cuba.


Pedro Monreal González, Cuba Posible


Marzo 23, 2017


CompartirTuitear  Foto: Mary Newcombe (CC BY 2.0)

Lo que a veces se escucha en el debate político cubano recuerda las cosas de Miguel de Unamumo, pero sin la genialidad del vasco, claro está. Como le ocurría a Don Fulgencio Entrambosmares (personaje de novela que prepara los “Apuntes para un tratado de cocotología” –es decir, el arte de hacer pajaritas de papel o papirolas) existen hoy comentaristas políticos sobre el tema cubano aquejados por una especie de manía clasificatoria.

En vez de doblar hojas de papel para hacer figuritas que luego se clasifican, estos comentaristas tratan de doblar la representación de la realidad, una y otra vez, para ver en qué pudieran transfigurar las ideas, instituciones y personas que no encajan en sus particulares visiones ideológicas.

Nótese que utilizo el término de comentaristas pues no hacen “análisis político”, aunque parecen esforzarse por dar esa impresión. El análisis requiere conocimiento teórico, disponibilidad de evidencia, método y oficio, precisamente lo que no se observa en los escritos que, desde hace algún tiempo, nos han presentado nociones como “corrimiento al centro”, “centrismo” , o la “oposición de izquierda”, concebidas más como “lodo político arrojadizo” que como conceptos que expliquen algo realmente existente y que tenga relevancia práctica para el debate político nacional. Quien tenga dudas puede revisar esos textos. Proporcionan etiquetas concebidas para descalificar a otros.

La más reciente ocurrencia ha sido la de tratar de potenciar la circulación del término “neo-contrarrevolución”. Javier Gómez Sánchez, animador de la idea, clasifica irresponsablemente a otros en esa “categoría”, algo que en sí mismo pudiera no haber tenido mucha relevancia en el caso de que hubiese reservado ese pensamiento para él y para sus amistades. Es comprensible que la gente intente encontrarle sentido a las cosas que no entienden, tratando de clasificarlas y de asignarles cierto orden en sus propios mundos mentales. Es una reacción humana. Con eso no hay problema. Obviamente, Gómez tiene derecho a expresarse libremente de la manera que mejor entienda, pero le convendría apreciar mejor las limitaciones de sus pensamientos.

Dada la improvisación con la que se ha promovido esa idea, resulta espinoso hacerla pasar como el producto de un proceso intelectual razonado. La clasificación, probablemente influida por ese mundo interior nítidamente etiquetado en que parecería querer habitar Gómez, choca con una realidad que la contradice, pues el enfoque de una política cubana donde “solo existen dos posiciones, revolucionario o contrarrevolucionario” nunca ha sido sostenible en la práctica. En realidad eso no sucede tan “sencillamente” como se imagina Gómez. La política cubana, como casi todas, es compleja y no encaja en esquemas maniqueos del tipo, o conmigo o “sinmigo”.

Como la clasificación que se aventura a exponer Gómez seguramente será tomada como un agravio político por otros, lo mejor que puede hacer es estar preparado para escuchar a quienes, siendo amables, le pudieran hacer la observación de que una cosa es que alguien pueda creerse sus propias elucubraciones mentales y, otra bien distinta, es pregonarlas en plan de taxonomista político.

Lo que voy a decir ahora, lo digo de manera respetuosa, simplemente porque es la pregunta que siempre debe hacerse cuando alguien trata de plantear una idea aparentemente novedosa. ¿Qué tipo de credenciales intelectuales puede, exactamente, mostrar Gómez para que pudiéramos aceptarlo como una fuente creíble de la tipología política cubana?

La verdad es que parece que ninguna. Si se utiliza cualquiera de las cuatro principales bases de datos que informan sobre la legitimidad y la visibilidad de los resultados de investigación (el Social Sciences Citation Index – SSCI de Web of Science, Scopus, Redalyc y SciELO), el resultado siempre es el mismo: no se encuentra mención alguna a Gómez. Para otras bases de datos como Google Scholar y Publish or Perish, este autor tampoco existe. Es fácil verificarlo. Trato de ser objetivo. Ese tipo de revisión es lo que se hace habitualmente cuando se desea hacer una comprobación preliminar de la calidad del pensamiento social contemporáneo.

Expresado de otra manera, Gómez no es un autor científico, ni anda cerca de serlo, y por ello no puede aspirar a acreditar capacidades que no posee en materia de tipología política. Pudiera repartir etiquetas políticas a diestra y siniestra y estaría en su derecho, pero eso fundamentalmente lo que revela es una manía. No mucho más que eso. Lo digo con afecto.

Aclaro que no tengo nada en contra de que los comentaristas expresen opiniones en el debate político. De hecho es muy positivo que quienes no son analistas, ni políticos profesionales, participen activamente en el debate. Es un derecho que tiene todo ciudadano cubano. Además, el debate participativo amplio es muy útil para la política. Entonces me parece muy bien que los comentaristas se manifiesten todas las veces que puedan hacerlo.

Lo que no resulta apropiado es hacer taxonomía política “de oído”. Nadie interesado en escuchar ideas de calidad aceptaría eso. Sería como tomar en serio a un alquimista. La clasificación –sea de especies naturales o de posiciones políticas- se hace desde el método científico. Ni Darwin ni Linneo en las ciencias naturales, ni Marx ni Huntington en las ciencias sociales, hicieron clasificaciones a partir de opiniones y comentarios. Se pudiera estar de acuerdo o no con las taxonomías que plantearon, pero todas están afincadas en una interpretación científica de la realidad.

Clasificar lleva muchas horas de trabajo intelectual, usualmente agotador. Requiere volver, una y otra vez, sobre los resultados para refinarlos. Una clasificación rigurosa no se logra en poco tiempo, ni es algo que pueda hacerse desde las tertulias de un blog. “Sencillamente” porque la ciencia no opera de esa manera. Cualquiera que posea un entrenamiento elemental sobre la manera en que funciona la producción del conocimiento entiende eso.

Me detengo para hacer una breve aclaración. Las personalidades de la política habitualmente crean tipologías para descalificar a sus adversarios. A veces ponen etiquetas con una prodigalidad asombrosa, pero eso es parte del oficio. Usualmente, no pretenden que se les considere como analistas. Lo que desean es que se entienda bien que pueden golpear políticamente al adversario, inclusive adjudicándoles epítetos que, aunque no vengan mucho al caso, una parte de la gente acabará aceptándolos como válidos. Eso sería un claro indicador de la fortaleza de un político, pero ello solamente funciona si se cuenta con una maquinaria política y con apoyo popular. Dicho esto, cabría la posibilidad de que Gómez fuese un líder político y por eso dice lo que dice, pero no tengo evidencias de que ese sea el caso.

El problema es que, cuando clasifica, Gómez niega realidades y denigra. Asumo que entiende perfectamente que cuando le dice “neo-contrarrevolucionario” a la gente, sin detenerse a probarlo, hay muchos a quienes eso los pudiera ofender profundamente.

Gómez hace, al menos, dos afirmaciones que convierten sus proposiciones en una contorsión: primero, clasifica a Cuba Posible como uno de “los grupos políticos contrarios a la Revolución apoyados por los Estados Unidos”; y segundo, dice que Cuba Posible ha hecho una “campaña contra el debate de la conceptualización del socialismo cubano”, algo que es una extraña manera de concebir la participación en un debate como una campaña contra el debate. Aquí hay un evidente doblado de la representación de la realidad.

El hecho de que se discrepe en el marco de un debate no significa que se haga una campaña contra el debate. Para que sea creíble la aseveración de que se ha hecho una campaña en contra de algo, hay que aportar pruebas de intencionalidad. Tomo asiento y espero pacientemente a que Gómez trate de demostrar –a partir de lo que se publica en Cuba Posible– que ha existido la intención de hacer campaña contra el debate de la conceptualización. Con mucho gusto le ofrezco una pista: humildemente lo invito a leer mis textos. Soy, casi seguramente, quien más ha publicado en Cuba Posible sobre la conceptualización.

Considero que no hay necesidad de dedicarle más tiempo a refutar esas dos falsedades. No utilizo aquí el término de manera peyorativa sino como se entiende en la lógica, como uno de los “valores” que indica la veracidad de una proposición. Ocuparse minuciosamente de desmontar falsedades puede representar, a veces, una pérdida de tiempo.

La reacción primaria de un analista pudiera ser exigir las evidencias detalladas en las que pudieran sustentarse ambas afirmaciones, pero en este caso no tiene sentido insistir en algo que Gómez parece no entender: la función de la evidencia en el debate público. Por suerte, no es algo insoluble. Con las lecturas adecuadas pudiera resolverse esa laguna de formación, que es inexcusable para alguien que intenta hacerse escuchar en el debate intelectual cubano.

Sin embargo, transitando en sentido opuesto, es abundante la evidencia de que sus dos proposiciones son falsas. Esa evidencia, consiste en cientos de textos publicados en Cuba Posible, a los cuales obviamente Gómez no hace una sola referencia. Es una representación de la realidad que el comentarista parece preferir doblar para poder fabricar la pajarita de la “neo-contrarrevolución”. El “ninguneo” de textos de quienes desea criticarse es un desliz de aprendices. Ningún comentarista avezado deja descubierto ese flanco en un debate. La buena noticia para Gómez es que, con práctica, es un error superable.

La idea “aterrizada” que supuestamente se presenta es el gastado argumento de las relaciones de Cuba Posible con fundaciones de otros países, específicamente de Estados Unidos; algo que en rigor es una práctica extendida –desde hace décadas- en el terreno intelectual cubano y que abarca una amplia diversidad de instituciones nacionales, siendo hoy una buena parte de ellas, si no la mayoría, entidades estatales. Sobre eso nada se dice, probablemente para tratar de proyectar la falsa imagen de que, en Cuba, relacionarse con fundaciones extranjeras es solamente una felonía cometida por unos pocos. Aquí hay otro doblado de la representación de la realidad.

Desde Cuba Posible no se intenta convencer a nadie de que haya algo malo o bueno en esas relaciones. La extensión de estas es un hecho observable, pero la evaluación de su impacto normalmente no es predecible, requiere un análisis. El posible efecto de esas relaciones pudiera ser diverso y sin dudas habría casos negativos, quizás muchos, pero afirmar a priori y de manera tajante que relacionarse con determinada entidad extranjera implica necesariamente una influencia política negativa para la entidad o persona de Cuba, parece cosa de autismo político. En cualquier caso, para medir el posible impacto de ese tipo de relaciones, habría que utilizar una métrica precisa que debería ir más allá de la simple mención de la existencia de una relación. Este, que parece ser el principal “indicador” que Gómez utiliza, puede ser problemático.

Debería tomarse nota de que razonamientos de ese tipo pueden conducir a conclusiones como a las que ha llegado otro autor –esta vez un académico reconocido- que le ha imputado a una entidad del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (el Centro de Investigaciones de Política Internacional, CIPI) el haber permitido que una fundación extranjera (alemana) haya “conseguido imponer sus propias condiciones” en el diseño de un evento organizado en La Habana. .

En ese sentido, desde la lógica con la que Gómez parece operar, Cuba Posible y el CIPI deberían compartir la misma categoría en el árbol clasificatorio de las “especies” institucionales de la política cubana. Sorprendentemente, la clasificación de “neo-contrarrevolución” se le aplica a Cuba Posible, pero Gómez parece no atreverse con el CIPI. Aquí hay un doblado interesante de la representación de la realidad. No solamente Gómez clasifica, sino que deja claro que tipifica según le salga de su pensamiento, ofreciendo como única explicación la enigmática, y sobre todo ridícula, máxima pseudo- filosófica de que “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”, algo que recuerda aquello que se le ha atribuido a algún boxeador olímpico cubano –dicen que injustamente- de que “la técnica es la técnica y sin técnica no hay técnica”.

La primera y la última pregunta que quizás deberían hacerse los comentaristas políticos cubanos aquejados por la manía clasificatoria es simple: ¿atenta lo que se publica en Cuba Posible contra la aspiración de alcanzar una nación soberana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible?

Seguramente se darían respuestas diferentes, pero si en realidad desea avanzarse en una discusión medianamente seria y constructiva, sería apropiado evitar los fárragos que sobre el socialismo muchas veces se escucha entre ciber-tertulianos que participan en el debate nacional y a los que Gómez contribuye cuando dice cosas como que: “Es cierto que nadie sabe cómo construir el socialismo, y el propio Fidel Castro mencionó una vez en un momento el pretender saberlo como un error, no tanto respecto a nosotros como a la Unión Soviética y sus manuales. Pero no lo repitió constantemente, y si lo repetimos nosotros, en un estribillo que tal vez la contra nos esté componiendo, llegaría a parecer que como nadie, absolutamente nadie, sabe cómo lograr hacer el socialismo, y mucho menos el ideal, entonces es algo irrealizable, y por lo tanto no debemos perder nuestro tiempo dedicándonos a eso”.

Se trata de un embrollo resultante de no saber cómo lidiar con la palabra “nadie”, que lo lleva inicialmente a decir que es “cierto” –o sea, indiscutible-, que “nadie” –es decir, ninguna persona- sabe cómo construir el socialismo pero, que luego, al darse cuenta de que eso de “nadie” funciona contra él, entonces conecta la marcha atrás y lo que se le ocurre es decir que si aquello de que “nadie sabe” no se repite en un estribillo –como en un conjuro maldito- el asunto no es tan grave. Parece cosa de Harry Potter, pero así fue como le salió el párrafo a Gómez.

¿Tiene sentido empecinarse en cultivar una especie de cocotología política criolla que intenta doblar la representación de la realidad para fabricar papirolas que encajen en el maniqueísmo de algunos ciber-tertulianos?

En mi modesta opinión, no tiene sentido alguno, pero trato de ser realista. Habrá que intercambiar fraternal y constructivamente con ellos. Son parte del contexto actual. Están ahí. Forman parte de esta Cuba más heterogénea que hoy existe, y siempre está la posibilidad de que personas como Gómez pasen de ser comentaristas improvisados a analistas políticos competentes, sobre todo, si se van a dedicar a categorizar y a dictar cátedra . Hay que asumirlos con espíritu positivo, como parte del debate democrático, amplio y diverso, que necesita el país.

jueves, 22 de diciembre de 2016

No sabemos discutir


Autor: Yuris Nórido, Revista Alma Mater



Fotos: Ilustración de Yaimel





Ya no quiero participar en ningún foro digital (lo que no significa que deje de participar en alguno más); ya no quiero contender con nadie a no ser que sea estrictamente necesario (cuestión de principios, vaya); ya no quiero entrar en debates babilónicos sobre los más diversos temas de la realidad nacional… o sobre las eternas problemáticas del arte… o sobre asuntos filosóficos y existenciales… En Cuba, estoy convencido, la mayoría de la gente no sabe discutir.

A lo mejor yo tampoco sé, porque la verdad es que últimamente estoy perdiendo muy rápido la paciencia. Y se supone que el buen polemista no la pierda nunca. Pero he llegado al punto de que he tenido deseos de darle una bofetada a la persona que tengo delante. Y como soy enemigo declarado de las agresiones físicas (y muy malo en los deportes de combate) he preferido abandonar la lid.

Hay algunos males muy extendidos en nuestros foros de discusión: hay gente que opina agrediendo; hay gente que pone en tu boca cosas que jamás dijiste; hay gente que cree en el fondo lo mismo que tú, pero de todos modos te ataca; hay gente que piensa en blanco o negro y rechaza matices; hay gente que asume que toda opinión contraria forma parte de una conspiración orquestada por terceros; hay gente que no sabe escuchar, que piensa que un debate debe ser por fuerza un monólogo del que tiene la razón (o sea, él) y que el otro debe bajar la cabeza y aceptar la monserga…

A la larga, hemos calcado en el ámbito digital los mismos defectos de tantas de las discusiones de vecindario. Gana el que grita más. Gana el que manotea más. Gana el más «chusma»…

Yo creo que desde la primaria, en las clases de Cívica, deberíamos incluir capítulos sobre el arte de debatir civilizadamente. O sea: que cada quien diga lo que piense, que lo argumente, que identifique los puntos polémicos… Que después escuchemos al otro. Que tratemos de llegar a un consenso (si es posible… ¡y tantas veces es posible!). Que nadie ofenda a nadie. Que nadie sienta la necesidad imperiosa de abandonar una discusión fuerte por sentirse arrollado, ninguneado, pisoteado…

Cuando estaba en primaria había un librito de Educación Formal que daba algunas claves para los debates en la escuela, en la vida cotidiana. Recuerdo que afirmaba que ante una opinión contraria, lo más correcto era decir: «Disculpe, no estoy de acuerdo con usted». Pero es tan habitual aquello de «¡Estás completamente equivocado!»

Cuando los escucho, me dan ganas de apretarlos por el cuello.

¿Ven? Ya les digo, no sabemos discutir.

domingo, 26 de junio de 2016

El escenario de “La Batalla de Ideas”

•
 LA HABANA. Los científicos sociales cubanos vienen advirtiendo en las últimas décadas acerca de los cambios observables en la sociedad cubana inducidos por la crisis de los noventa, las estrategias implementadas para salir de la crisis y los procesos de reformas en curso. Entre estos cambios se destacan los referidos a la estructura social –demográfica, socio clasista, ocupacional, de ingreso, de estatus, etc.-, a la instauración de un mayor patrón de desigualdad y al incremento de la población en situación de riesgo.





Vale agregar que a pesar de las políticas de recuperación implementadas y de los avances logrados en una u otra esfera, muchas de las condiciones externas e internas de la crisis y muchos de sus efectos, se han extendido en el tiempo y la recuperación socioeconómica es hasta hoy una tarea inacabada.


Sobre este escenario se ha planteado el tema del “cambio de mentalidad”. Por una parte, como el cambio requerido por la dirección política frente a las tendencias burocráticas y centralizadoras del funcionariado, las que dificultan el avance de las políticas de reformas; y por el otro, como los cambios –espontáneos o inducidos- ocurridos en la subjetividad y conducta de diversos sectores de la población. Algunos de estos últimos cambios podríamos resumirlos como sigue:




  • A pesar de que la estructura de valores dominante en la población muestra la primacía de valores patrios, humanistas y de solidaridad, se aprecia un corrimiento en favor de valores particulares como el éxito personal, el compromiso con la familia y la superación de los efectos de la crisis “por cuenta propia”. El imaginario predominante hasta los años ochenta de que la suerte común estaba ligada al progreso de la nación y que la suerte del país era la locomotora que tiraba del conjunto de la población, se ha modificado. De hecho, grupos en situación ventajosa o con recursos materiales o intelectuales, han pasado a estrategias individuales de recuperación aisladas de la suerte del país. La emergencia de un sector privado de la economía y el auge de las relaciones monetario-mercantiles, refuerzan esta tendencia hacia estrategias individuales de superación de los efectos de la crisis y propósitos de alcanzar un más rápido ascenso social.



  • La crisis de los años noventa ha sido identificada, interesadamente, como una crisis del sector estatal de la economía lo que ha dado lugar a un imaginario de lo privado como la esfera de la eficiencia y el progreso individual. La gestión individual exitosa y los procesos de desestatización en curso, vigorizan este imaginario.



  • Los cambios políticos promovidos desde los años noventa –reformas constitucionales, nueva ley electoral, creación de los Consejos Populares, cambios en el liderazgo, consultas públicas, etc.- han sido insuficientes para propiciar una mayor participación de la población en los asuntos públicos, particularmente entre los jóvenes. Los valores cívicos han tendido a sustituirse por la anomia política de sectores de la población. La necesidad de nuevas reformas políticas que favorezcan una mejor representación y mayor participación de la población y sobre todo, la falta de una sucesión política generacional, fortalecen esta tendencia a la creciente despolitización y menor activismo de la población.



  • A pesar de la hazaña de sobrevivir a la crisis de los años noventa y de la rápida recuperación ampliada de la política social de la Revolución, componente fundamental del modelo de bienestar de los cubanos, la dilación en la recuperación socio económica, así como la desaceleración del desarrollo del país han propiciado un imaginario anti socialista que se mueve desde valores socialdemócratas hasta valores liberales. El imaginario relacionado con las experiencias asiáticas de “socialismo de mercado”, la emergencia de una sociedad de la información dominada por la cultura burguesa, el consumismo del american way of life, así como una mayor exposición a los medias externos, sustentan estos valores.



  • El predominio de los valores patrios no ha dejado de acompañarse de manifestaciones de debilitamiento de la identidad y la cultura nacional, tales como la subestimación o falseamiento de la memoria histórica, la sobrestimación de lo foráneo, la irreverencia frente a los símbolos nacionales, la penetración de corrientes culturales neocoloniales, etc. El debilitamiento de la actividad educativa en el país, el agotamiento del discurso hegemónico y las deficiencias de los medios de comunicación social, han propiciado el incremento de estas manifestaciones y de su permisibilidad entre la población.



  • No obstante los altos niveles de instrucción alcanzados por la población, del creciente acceso de esta a la información y de su mayor desarrollo cultural, los patrones de disciplina social y laboral, así como de buenas costumbres, se han visto seriamente afectados por tendencias a la indisciplina social y al deterioro de las normas de convivencia. La debilidad de las autoridades para exigir el cumplimiento de las normas de conducta legalmente establecidas, así como la pasividad de la población frente a conductas impropias, han contribuido a este deterioro.


A las condiciones antes descritas del escenario nacional se agregan ahora las derivadas de la “normalización” de relaciones entre Estados Unidos y Cuba. La estrategia declarada del Gobierno norteamericano y sus seguidores, de subvertir al régimen revolucionario por otros medios incluye, además de la promoción de unos actores sobre otros –emprendedores, clase media, jóvenes, negros, etc.- una dimensión ideológico cultural orientada a modificar la estructura de valores dominantes en favor de aquellos que expresan su corrimiento hacia una sociedad más individualista y competitiva.


Puesto que la sociedad cubana actual es otra y no volverá a ser la que fue, conocida la situación y las tendencias presentes en ella, declaradas las intenciones de los adversarios del proyecto de nación y de sociedad promovido por la Revolución y planteado el desafío de instaurar y sustentar en la población una mentalidad comprometida con los valores que sustentan tales proyectos; la reorientación de los cambios que acaecen en la ideología y la cultura de los distintos sectores de la población demanda: una estrategia específica y políticas públicas que superen las condiciones que lastran su desarrollo; y una “batalla de ideas” dirigida a preservar la estructura de valores promovidos por la Revolución. Lo anterior supone, entre otras:




  • Discernir los rasgos que asumirá la nueva sociedad cubana, así como los sujetos y actores que la caracterizarán.

  • Concluir la superación de los efectos de la crisis e iniciar un nuevo ciclo de desarrollo.

  • Mantener un mínimo patrón de desigualdad en la sociedad cubana y suprimir toda manifestación de pobreza o marginalidad.

  • Implementar exitosamente las reformas en curso, así como extenderlas al sistema político, civil y comunicacional. Explicitar en todo proyecto de reformas sus salvaguardas socialistas.

  • Elevar la eficiencia de las instituciones y el orden institucional del socialismo cubano.

  • Encontrar el adecuado equilibrio entre educación personal y coerción social con vista al auto disciplinamiento de la población.

  • Completar la sucesión política y generacional.

  • Preservar el consenso mayoritario. Actualizar el discurso hegemónico de la Revolución.

  • Orientar todas las capacidades materiales e intelectuales de la Revolución a la instauración y consolidación de la estructura de valores surgida de las luchas revolucionarias de nuestro pueblo.


Realidad social y mentalidad tienen una relación circular de causa-efecto; la sociedad realmente existente propende a una mentalidad que la preserve; y la mentalidad dominante tiene que cambiar para favorecer el cambio social. En general, el imaginario de la gente puede favorecer o dificultar la preservación de la sociedad alcanzada y también, los cambios necesarios. En particular, son los valores que sustentan las personas los que permiten que la sociedad “realmente existente”, se preserve o cambie, sea siempre más justa.


(*) Juan Valdés Paz, académico cubano, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2014. 


 Progreso Semanal/ Weekly autoriza la reproducción total o parcial de los artículos de nuestros periodistas siempre y cuando se identifique la fuente y el autor.






domingo, 29 de mayo de 2016

Invitación a centrar una discusión descentrada

Por Pedro Monreal, Cuba Posible

Un debate de ideas debe ser concreto, no un torneo de arengas altisonantes. La primera regla de un debate público en Cuba debería ser el respeto elemental a la inteligencia y al nivel de educación de la gente del país. ¿Es sostenible una crítica a Cuba Posible ignorando y adulterando el contenido concreto de lo que allí se ha publicado? ¿Cuál es el supuesto detrás de una imputación tan delirante como esa de que Cuba Posible es “funcional a la dominación imperialista”? ¿Acaso se piensa que los cubanos son desamparados incultos que necesitan tutela ideológica todo el tiempo?

 Hago, humildemente, una invitación a leer el contenido concreto de lo que se ha publicado en Cuba Posible. Todo ese material está disponible. A pesar de que los críticos de Cuba Posible han evadido una discusión específica sobre los textos publicados, esos materiales existen y son numerosos. Esquivar esa realidad ha conducido a una discusión descentrada. Si se desea debatir acerca de determinadas ideas publicadas en Cuba Posible, el mínimo indispensable es referirse al contenido específico de esas ideas. De todo lo que se ha escrito recientemente acerca de Cuba Posible, desde una autodenominada “orilla diferente”, sobresale el texto de Enrique Ubieta titulado “La Patria posible” (13 de mayo de 2016). Es el único que menciona asuntos que pudieran ser pertinentes para un debate de ideas. Las otras críticas que se han publicado en blogs expresan otra clase de discusión que cada quien es libre de hacer, pero no es razonable insistir en presentar ese tipo de reyerta como si fuese una polémica intelectual.   







En cualquier caso, lo que deseo comentar sobre el texto de Enrique Ubieta son dos conclusiones: a) queCuba Posible procura “golpear los espacios de prestigio de la Revolución: la igualdad, la solidaridad, el heroísmo”; y b) que “Cuba Posible apuesta por, e intenta construir, la República pos-revolucionaria”.

Lo primero es un extravío. Lo segundo es un extravío aún mayor. Pudiera haber utilizado el término “falsedad”, que, desde Aristóteles, es admitido para designar lo que se halla en contradicción con la realidad; pero para evitar asperezas adicionales e innecesarias en el contexto de una trifulca que además de descentrada resulta ríspida, es más conveniente utilizar el término de “extravío”, que indica una falsedad no premeditada. Es decir, que mi comentario no conlleva un cuestionamiento ético respecto a esas dos conclusiones, sino que simplemente llama la atención acerca de que no se corresponden con la realidad.

Como referente concreto utilizo un conjunto de 35 textos que son directamente relevantes para el análisis de los dos temas de naturaleza socio-económica mencionados: igualdad y solidaridad. Es solamente una parte del inventario mucho más extenso de textos que han aparecido en Cuba Posible. Esos artículos, publicados entre el 10 de enero de 2015 y el 18 de mayo de 2016, abarcan un grupo de 23 autores que expresan diversidad en cuanto a campos de trabajo, formación disciplinaria, marcos conceptuales, experiencia profesional y proyección ideológica. Los textos son también distintos en relación con el formato utilizado: artículos de opinión, textos que exponen ampliamente asuntos teóricos, resultados parciales de investigación, entrevistas individuales, y entrevistas colectivas. Al final de este texto se ha colocado el listado completo de esas publicaciones.

Las diferencias de criterios entre estos autores, que son perceptibles en los textos, no solamente existen, sino que han sido frecuentes y en ocasiones expresan incompatibilidades entre ellas. Tratar de adjudicarle características de coherencia grupal a un conjunto de autores tan heterogéneo es un dislate. Para ilustrar lo anterior, se encuentran disponibles, para cualquier lector interesado, dos discusiones colectivas donde se aprecia claramente la diversidad de razonamientos, acerca de un mismo tema, entre quienes han publicado en Cuba Posible: el dossier “¿Debe entrar Cuba al FMI?”, que abarca seis textos publicados entre el 28 de noviembre de 2015 y el 7 de enero de 2016, incluyendo la reproducción de un artículo que no fue preparado originalmente para Cuba Posible; y el cuestionario “La unificación monetaria: un desafío de enormes proporciones”, publicado el 22 de febrero de 2016, y que incluye las respuestas de cinco especialistas.

En relación con la primera conclusión de Ubieta acerca de que Cuba Posible procura “golpear” los espacios de prestigio de la Revolución como son la igualdad y la solidaridad, no he podido localizar criterio alguno en los 35 textos de referencia en los que se exprese cualquiera de las siguientes situaciones: a) rechazo a la igualdad y la solidaridad como valores importantes de cualquier propuesta para Cuba; y b) críticas  fundamentales a la Revolución cubana en relación con sus políticas para favorecer la igualdad y la solidaridad. Cualquier lector puede comprobarlo fácilmente.

Obviamente, los textos publicados contienen críticas, de diverso alcance e intensidad, en relación con aspectos específicos sobre las concepciones oficiales, las políticas en curso, y las opciones futuras relativas a la igualdad y la solidaridad; pero entender eso como “golpear” con la intención de desprestigiar a la Revolución requiere demostraciones que no se han aportado. Primero, las críticas que se han hecho en artículos publicados en Cuba Posible no consisten en “golpear” espacios concretos de la realidad. El propósito del análisis no es “golpear” la realidad. El análisis “expone” lo que ocurre con esos espacios de la realidad.

Para adquirir certeza de la realidad hay que producir conocimiento tomando como base esa realidad, aun cuando esta pudiera presentar “descorchados”. Es más, el análisis prioriza precisamente ese tipo de situaciones. ¿Qué urgencia analítica pudiera tener un fenómeno social armónico? Incidentalmente, tampoco el propósito de la teoría en el campo de las ciencias sociales es “denunciar” las grietas de nada. Las ciencias sociales “revelan” y “explican”.

Segundo, no se argumenta de qué manera específica los textos publicados en Cuba Posible tienen la intención de desprestigiar a la Revolución. No debe escapársele a nadie que se trata de una imputación que, además de ser inaceptable para quienes escriben en Cuba Posible, también implica un riesgo de descrédito para quien hace una afirmación de ese tipo sin tomarse el trabajo de demostrarla.


La demostración objetiva de que un autor escribe de forma premeditada para denigrar es una tarea complicada. La intención de desprestigiar ha de probarse con hechos. Toda discusión sobre ese tipo de intencionalidad es forzosamente concreta. Pero sobre ese aspecto nada específico se nos dice. Como contraste, una serie de citas de textos publicados en Cuba Posible, que se presentan más adelante, proporciona una base para entender claramente la discrepancia entre la imputación que se hace y los hechos concretos.  

Conviene puntualizar que igualdad y solidaridad han sido dos asuntos privilegiados en las publicaciones de Cuba Posible, y se han abordado desde un gran número y diversidad de ángulos. Un listado parcial de los temas publicados en los 35 textos mencionados y que tienen relación con estas dos grandes cuestiones son: distribución del ingreso, salarios, pobreza, justicia social, consumo familiar, derechos de los trabajadores, inclusión social, trabajo decente, políticas sociales, educación, vivienda, servicios públicos, problemas monetarios, igualitarismo, entorno internacional para el desarrollo nacional, precios, pensiones, mercados, formas de propiedad, y crecimiento económico inclusivo, entre otros.

Respecto a la segunda conclusión acerca de que Cuba Posible apuesta por, e intenta construir, la República pos-revolucionaria, mi comentario se concentra en lo relativo a la supuesta “construcción” pos-revolucionaria, algo que de hecho ya incluye la parte relativa a la “apuesta”. Para empezar, el uso del término pos-revolucionario no es característico del lenguaje de los textos de Cuba Posible (no parece estar incluido en los 35 textos mencionados). Si existe duda acerca de esto pues entonces pudiera hacerse un conteo del término tomando como base los textos. Es decir, la etiqueta de “pos-revolucionaria” para caracterizar el horizonte de trabajo de los autores publicados no se apoya en evidencia concreta. Es algo imaginario.

Adicionalmente, esta segunda conclusión que se nos presenta sobre algo a lo que se le llama “la República pos-revolucionaria”, incluye el término “intenta”, o sea se le atribuye, repetidamente, una intencionalidad a Cuba Posible que tampoco es mínimamente sustentada. Adolece de los mismos errores anteriormente apuntados en cuanto a la inexistente argumentación de intencionalidad. Nada concreto se aporta.

A los efectos de un debate de ideas sería más apropiado tratar de discutir la manera específica en que lo publicado en Cuba Posible se relaciona con la construcción de la República que existe en estos momentos. Cualquier analista sagaz que desee criticar a Cuba Posible pudiese optar por tratar de identificar los elementos concretos que demostrasen la función negativa que pudiera tener Cuba Posible en los cambios que hoy se producen en el país. Es decir, los cambios que se están haciendo ahora mismo, en el contexto de los lineamientos. Eso sería más efectivo para criticar a Cuba Posible. Pero la opción que se ha seleccionado es manufacturar una entelequia a la que se le ha denominado “la República pos-revolucionaria” y tratar de presentarla –a como dé lugar- como el horizonte de trabajo de quienes publican en Cuba Posible.

Dando por descontado que, efectivamente, los textos publicados en Cuba Posible expresan críticas de muy diverso tipo, respecto a las cuales existen discordancias dentro del propio grupo de autores publicados, resulta conveniente anotar que igualmente entre los “descorchados” abordados por Cuba Posible existen coincidencias importantes con la política oficial, y ello pudiera ser verificado con una lectura de los textos.

A continuación, cito algunos ejemplos. Para evitar confusiones, aquí no intento ser balanceado. Todo lo contrario, me interesa destacar áreas en las que existen importantes coincidencias entre lo que se publica en Cuba Posible y la construcción de la República revolucionaria; la de hoy, la verdadera, no la imaginaria. Aquí van algunos ejemplos:

“El marco institucional que con más fuerza conserva Cuba para proteger a la ciudadanía proviene de su historia revolucionaria, de la fuerza del cambio que significó el socialismo en Cuba, también con todos sus fracasos e inconsecuencias. No hay mejor lugar para construir y reparar lo que a la ciudadanía le toca, que una Revolución” (Texto “La práctica renovada de los Derechos como pilar del desarrollo social en Cuba”, 2016-02-08)

“Esta comprensión…vincula “la política” con el régimen de acumulación y de distribución en busca de colocar la justicia en el centro mismo de la producción económica y de la producción de las posiciones sociales y culturales que ocupan los ciudadanos” (Texto “La lealtad es un bien escaso”, 2015-01-10)

“Ni el modelo económico estatal ha dado paso a un esquema fundado en el sector privado y el predominio del mercado, ni se ha pasado a un sistema político multipartidista. El programa de inclusión social sigue siendo, a pesar de la crisis, uno de los mejores de América Latina y el Caribe (en realidad uno de los mejores de todo el mundo en desarrollo) y la idea de la justicia social continúa primando, no solo como prédica abstracta, sino como cemento de una ideología que, a pesar de estar crecientemente impugnada, conserva todavía un considerable impacto concreto en la política nacional” (Texto “¿Actualización del modelo o reforma del Estado?”, 2015-03-18)

“Cuba ha demostrado que, aun en condiciones económicas mínimas, es posible intentar y promover una distribución que se apegue a un principio de justicia social y con un criterio de prioridades que siempre protege a los más desventajados” (Texto “Cuba necesita modernizar su política social”, 2015-03-23)

“Si la unificación monetaria no produce un cambio de la situación financiera de las empresas, si no estimula las exportaciones, si no tiene efecto en los salarios reales, y en general, no mejora la eficiencia en la asignación de recursos en la economía, todos estos años de planificación de la reforma monetaria, el despliegue operativo que tendrá lugar el llamado “día cero” y la incertidumbre monetaria que provocará la medida, habrán sido prácticamente en vano.” (Texto “El actual momento reclama que la economía cubana asuma los riesgos del camino hacia el progreso”, 2015-05-13)

“La actualización debe adoptar metas económicas que puedan orientar claramente la manera en que los beneficios del crecimiento económico pueden ser compartidos por toda la sociedad, especialmente para evitar “dejar atrás” a determinados grupos sociales. La meta propuesta en este texto permite dar cuenta del progreso del consumo de los hogares a nivel de toda la población (objetivo agregado) y también es compatible con la conversión de principios de justicia social en metas cuantificables para el beneficio de los segmentos pobres de la población (objetivo de equidad)” (Texto “Crecimiento económico y consumo familiar: ¿subimos la parada?” 2015-08-11)

“Es una exigencia ético/política que la economía real se debata en los términos de cuál es su propósito y quiénes los beneficiarios. Tómese en cuenta que ni los capitalistas, ni la burocracia han sido capaces de colocar, de manera prioritaria, los intereses específicos de los trabajadores/as en la disputa de sentidos, que implica la elaboración y control de la política económica y su consagración en la ley… Todo eso implica que la ciudadanía económica se ejerce a través de prácticas donde el trabajo estructura relaciones productivas democráticas (diseño, administración y control de los procesos productivos), incluida la justa distribución de la riqueza socialmente producida y el consumo responsable” (Texto “La ley, la economía y la soberanía de trabajo”, 2015-10-06)

“Resulta imprescindible comprender que solo generando inversión (extranjera, estatal, y de emprendedores cubanos), con las mejores condiciones de retribución posibles, sería viable desarrollar la gestión económica, generar empleo, crear riqueza y bienestar, y finalmente alcanzar un escenario económico capaz de garantizar la retribución más digna posible para cada cubano” (Texto “Empleo y retribución directa a los trabajadores: una exigencia para el desarrollo”, 2015-12-22)

“Es improbable que una reforma económica no haga espacio a nuevos actores; y la que se lleva a cabo en Cuba no es la excepción. Y no hay nuevos actores sin Derecho. Es este el que permite su creación y reconocimiento, haciéndole un lugar en el marco regulatorio a fin de poder cumplir su función tuitiva y regular su organización y funcionamiento” (Texto “Cuentapropismo y pequeña empresa: una mirada desde el Derecho”, 2016-01-18)

“Tal reduccionismo es contradictorio con la propia práctica de las ciencias sociales del país, que además de contar con excelentes especialistas y con resultados notables en muy diversos campos, también dispone de variados mecanismos favorecidos por el gobierno para articular el nexo entre investigación científica y políticas públicas, destacándose entre esos mecanismos los programas nacionales de ciencia y técnica –incluyendo los relativos a las ciencias sociales y las humanidades- y el “modelo interactivo” utilizado por la universidades cubanas para conectar ciencia y sociedad, que en los últimos años  ha experimentado un “giro territorial” que prioriza el desarrollo local” (Texto “Conceptualizando el modelo: los economistas, la política y el discurso del cambio”, 2016-04-11)

“La igualdad social, la libertad, y la dignidad plena del ser humano deben ser el factor esencial en la definición de cualquier propuesta socialista por condicionada que esta esté a las realidades que impone la actual situación de la economía y los mercados internacionales. Las inevitables diferencias de ingresos, deben asumirse como parte del modelo económico necesario e integrarse a lo común de la dinámica social, pero estas no deben ser extremas ni conducir a exclusiones y marginalidad. La igualdad y la justicia social no se deben remitir solamente a los ingresos monetarios de las personas. En esto media la política, que, en una perspectiva socialista, no puede reducirse a la buena administración de la economía, aunque tampoco puede ser contraria a esta” (Texto “Dinamizar el cambio y retener los mayores niveles de justicia social e igualdad posibles”, 2015-07-060

Pudieran agregarse más ejemplos, pero seguramente no hacen falta. Insisto en que no intento ofrecer una visión balanceada. Lo que trato es de poner ejemplos concretos para que cualquier lector pueda identificar con claridad que el horizonte de pensamiento de la mayoría de quienes han publicado enCuba Posible, sobre temas de igualdad y de solidaridad, es la Republica actual y no esa otra fantasía republicana a la que disparatadamente se intenta asociar a Cuba Posible.

Considero que las citas ofrecen una idea bastante precisa sobre el tipo de pensamiento que existe en la “orilla” en la que se ubican quienes han publicado en Cuba Posible. Entonces, las preguntas lógicas serían: ¿si esa no es una “orilla” en la que los críticos de Cuba Posible se sienten cómodos, en que otra “orilla” se colocan ellos? ¿Pudieran hacerse entender con argumentos concretos y no con declaraciones grandilocuentes?

Listado de textos:

1 La reforma y el salario real
2015-01-10
http://cubaposible.net/articulos/la-reforma-y-el-salario-real-2015-01-10-00-00-00

2 La lealtad es un bien escaso
2015-01-10
http://cubaposible.net/articulos/la-lealtad-es-un-bien-escaso-2015-01-10-00-00-00

3 ¿Actualización del modelo o reforma del Estado?
2015-03-18
http://cubaposible.net/articulos/actualizacion-del-modelo-o-reforma-del-estado-2-aa5-3-aa8-4-3

4 Cuba necesita modernizar su política social
2015-03-23
http://cubaposible.net/articulos/cuba-necesita-modernizar-su-politica-social-2-aa5-3-23-5-3

5 Pavel Vidal: “El actual momento reclama que la economía cubana asuma los riesgos del camino hacia el progreso”
2015-05-13
http://cubaposible.net/articulos/pavel-vidal-el-actual-momento-reclama-que-la-economia-cubana-asuma-los-riesgos-del-camino-hacia-el-progreso-2-aa5-5-aa3-aa-5

6 Las reformas en Cuba: racionales pero con efectos sociales adversos. La educación en el mapa de la política social
actual.

2015-06-04
http://cubaposible.net/articulos/las-reformas-en-cuba-racionales-pero-con-efectos-sociales-adversos-la-educacion-en-el-mapa-de-la-politica-social-actual-2-aa5-6-4-3-6

7 ¿Puede “hacerse” Patria con desigualdad?: una observación y cinco preguntas
2015-06-08
http://cubaposible.net/articulos/puede-hacerse-patria-con-desigualdad-una-observacion-y-cinco-preguntas-2-aa5-6-8-2-6
 
8 Julio Carranza: “Dinamizar el cambio y retener los mayores niveles de justicia social e igualdad posibles”.
2015-07-06
http://cubaposible.net/articulos/julio-carranza-dinamizar-el-cambio-y-retener-los-mayores-niveles-de-justicia-social-e-igualdad-posibles-2-aa5-7-6-9-7

9 Desigualdad social en Cuba: ¿marcha triunfal?
2015-07-20
http://cubaposible.net/articulos/desigualdad-social-en-cuba-marcha-triunfal-2-aa5-7-2-2-7

10 Crecimiento económico y consumo familiar: ¿subimos la parada?
2015-08-11
http://cubaposible.net/articulos/crecimiento-economico-y-consumo-familiar-subimos-la-parada-2-aa5-8-aaaa-aa-8

11 La ley, la economía y la soberanía de trabajo
2015-10-06
http://cubaposible.net/articulos/la-ley-la-economia-y-la-soberania-de-trabajo-2-aa5-aa-6-9-aa

12 La reintegración económica de Cuba: ¿debemos unirnos a las instituciones financieras internacionales?
2015-11-28
http://cubaposible.net/articulos/la-reintegracion-economica-de-cuba-debemos-unirnos-a-las-instituciones-financieras-internacionales-2-aa5-aaaa-28-aaaa-aaaa

13 El proceso de transformaciones económicas en Cuba y el FMI
2015-11-28 NOTA: Texto tomado de otro medio. No fue preparado originalmente para Cuba Posible.
http://cubaposible.net/articulos/el-proceso-de-transformaciones-economicas-en-cuba-y-el-fmi-2-aa5-aaaa-28-aaaa-aaaa

14 Costos y beneficios de un regreso de Cuba al FMI y al Banco Mundial: ¿vale la pena explorar?
2015-12-08
http://cubaposible.net/articulos/costos-y-beneficios-de-un-regreso-de-cuba-al-fmi-y-al-banco-mundial-vale-la-pena-explorar-2-aa5-aa2-8-5-aa2http://cubaposible.net/articulos/costos-y-beneficios-de-un-regreso-de-cuba-al-fmi-y-al-banco-mundial-vale-la-pena-explorar-2-aa5-aa2-8-5-aa2

15 Cuba y el FMI: ¿Qué podemos aprender de Stiglitz, de China y de Islandia?
2015-12-17
http://cubaposible.net/articulos/cuba-y-el-fmi-que-podemos-aprender-de-stiglitz-de-china-y-de-islandia-2-aa5-aa2-aa7-4-aa2

16 Empleo y retribución directa a los trabajadores: una exigencia para el desarrollo
2015-12-22
http://cubaposible.net/articulos/empleo-y-retribucion-directa-a-los-trabajadores-una-exigencia-para-el-desarrollo-2-aa5-aa2-22-4-aa2

17 Mirando al FMI desde adentro: apuntes sobre la necesaria entrada de Cuba
2016-01-04
http://cubaposible.net/articulos/mirando-al-fmi-desde-adentro-apuntes-sobre-la-necesaria-entrada-de-cuba-2016-01-04-05-01-00

18 ¿Qué debe saber el presidente Raúl Castro para considerar una posible relación entre Cuba y el FMI?
2016-01-07
http://cubaposible.net/articulos/que-debe-saber-el-presidente-raul-castro-para-considerar-una-posible-relacion-entre-cuba-y-el-fmi-2-aa6-aa-7-6-aa

19 El salario en Cuba: los falsos paradigmas y la terca realidad
2016-01-11
http://cubaposible.net/articulos/el-salario-en-cuba-los-falsos-paradigmas-y-la-terca-realidad-2016-01-11-06-01-00

20 Cuentapropismo y pequeña empresa: una mirada desde el Derecho
2016-01-18
http://cubaposible.net/articulos/cuentapropismo-y-pequena-empresa-una-mirada-desde-el-derecho-2-aa6-aa-aa8-4-aa

21 La práctica renovada de los Derechos como pilar del desarrollo social en Cuba
2016-02-08
http://cubaposible.net/articulos/la-practica-renovada-de-los-derechos-como-pilar-del-desarrollo-social-en-cuba-2-aa6-2-8-4-2

22 La unificación monetaria: un desafío de enormes proporciones
2016-02-22
http://cubaposible.net/articulos/la-unificacion-monetaria-un-desafio-de-enormes-proporciones-2-aa6-2-22-3-2

23 La ineficacia, el caos, o un nuevo modo de gestión. Opiniones sobre la comercialización agropecuaria.
2016-02-26
http://cubaposible.net/articulos/la-ineficacia-el-caos-o-un-nuevo-modo-de-gestion-opiniones-sobre-la-comercializacion-agropecuaria-2-aa6-2-26-aaaa-2

24 Los servicios públicos en Cuba ante los desafíos del siglo XXI
2016-03-07
http://cubaposible.net/articulos/los-servicios-publicos-en-cuba-ante-los-desafios-del-siglo-xxi-2-aa6-3-7-9-3

25 Un adecuado sistema de trabajo: clave para la justicia social
2016-03-15
http://cubaposible.net/articulos/un-adecuado-sistema-de-trabajo-clave-para-la-justicia-social-2

26 Posibles implicaciones de la eliminación del gravamen al dólar en Cuba

2016-03-18
http://cubaposible.net/articulos/posibles-implicaciones-de-la-eliminacion-del-gravamen-al-dolar-en-cuba-2-aa6-3-aa8-aa-3

27 El desarrollo humano y la teoría de las necesidades en la trama migratoria cubana
2016-04-08
http://cubaposible.net/articulos/el-desarrollo-humano-y-la-teoria-de-las-necesidades-en-la-trama-migratoria-cubana-2-aa6-4-8-4-4

28 Los cambios en la Educación Superior cubana o la “invisibilidad” de lo público. Apuntes para un debate.
2016-04-10
http://cubaposible.net/articulos/los-cambios-en-la-educacion-superior-cubana-o-la-invisibilidad-de-lo-publico-apuntes-para-un-debate-2-aa6-4-aa-3-4

29 Conceptualizando el modelo: los economistas, la política y el discurso del cambio.
2016-04-11
http://cubaposible.net/articulos/conceptualizando-el-modelo-los-economistas-la-politica-y-el-discurso-del-cambio-2-aa6-4-aaaa-aa-4

30 Desenredando el ovillo de “la conceptualización del modelo”.
2016-04-15
http://cubaposible.net/articulos/desenredando-el-ovillo-de-la-conceptualizacion-del-modelo-2-aa6-4-aa5-6-4

31 La vivienda: un servicio público con características especiales.
2016-04-17
http://cubaposible.net/articulos/la-vivienda-un-servicio-publico-con-caracteristicas-especiales-2-aa6-4-aa7-3-4

32 Seguridad y asistencia social en Cuba: sugerencias para su reforma
2016-05-03
http://cubaposible.net/articulos/seguridad-y-asistencia-social-en-cuba-sugerencias-para-su-reforma-2016-05-03-05-05-00

33 Si la empresa privada es la respuesta, entonces: ¿cuál es la pregunta?
2016-05-10
http://cubaposible.net/articulos/si-la-empresa-privada-es-la-respuesta-entonces-cual-es-la-pregunta-2-aa6-5-aa-8-5

34 Un peligroso repliegue de las reformas en la agricultura cubana. Una propuesta para que continúe el experimento.
2016-05-16
http://cubaposible.net/articulos/un-peligroso-repliegue-de-las-reformas-en-la-agricultura-cubana-una-propuesta-para-que-continue-el-experimento-2-aa6-5-aa6-aa-5

35 ¿Vuelta al capitalismo o más allá del socialismo estatal?: Riesgos y desafíos.
2016-05-16
http://cubaposible.net/articulos/vuelta-al-capitalismo-o-mas-alla-del-socialismo-estatal-riesgos-y-desafios-2-aa6-5-aa8-3-5



viernes, 29 de abril de 2016

Sobre un “centrismo” inútil, y temas de mayor importancia. O por más debates, y menos desvíos.

Por Julio César Guanche, Cuba Posible

 Iroel Sánchez (IS) ha publicado una nota sobre Cuba Posible (CP) (1), proyecto de intercambio de ideas sobre y para Cuba del cual participo. Su texto concita apenas el interés de exponer las manipulaciones que contiene, pero aludiré a él para colocar en el debate temas que considero de mayor importancia. Me referiré así a dos cuestiones puntuales que IS menciona, y a otra de mayor alcance.La primera cuestión es el uso que IS hace de la palabra “centrismo”. No ha empleado el término con un significado conceptual, sino como una descripción, como un adjetivo peyorativo hacia una “posición política”. El texto del que parte IS para elaborar su descalificación es una entrevista a Lenier González que contiene una sola vez la palabra “centro”, en la cual, incluso, aparece entrecomillada por quien la pronuncia (2), y no tiene allí el significado que le asigna IS.





La palabra se menciona ante esta pregunta: “¿Crees que el incremento del acceso a Internet desde la Isla, aún en condiciones precarias, ha favorecido el diálogo y la concertación entre actores sociales diversos?”(3) En ese contexto, la respuesta no alude a una “celebración” de un “centro” sobre la “izquierda” o la “derecha” —estas dos palabras no se pronuncian en toda la entrevista—, sino a lo que el entrevistado considera como una deseable despolarización de las posiciones que participan del debate nacional, esto es, de las visiones que capturan ese debate entre extremos dicotómicos entre sí.

Según ese texto, el “centro” refiere a “sinergias positivas de entendimiento y despolarización en la sociedad cubana trasnacional” (4). Esta idea, ciertamente, no es un gran descubrimiento. Basta observar las dinámicas de relaciones que sostienen, desde hace años, cubanos que viven dentro y/o fuera de la Isla, y cómo se han multiplicado desde 2013 a la fecha.

En todo caso, el diagnóstico de González puede ser objeto de contrastación empírica, discusión teórica y evaluación política capaces de ofrecer otras conclusiones, pero obviar el sentido que su autor le otorga, y atribuirle significados sin base en su texto, no es un procedimiento legítimo de debate. Por este camino, IS se coloca fuera del terreno de la discusión, que intercambie datos y argumentos, y se sitúa en un campo de naturaleza distinta, cuyas consecuencias son obstaculizar, o directamente impedir, la existencia de espacios diferenciados, y legítimos, de deliberación pública sobre Cuba.

Lo antes dicho no evade una discusión más general sobre las implicaciones del “centrismo”, y de cualquier otro concepto, y de sus ventajas y desventajas respecto a otras opciones políticas. Ahora bien, sería útil si ese debate se remite en algún grado a sus usos en las ciencias sociales, y a su historia política e intelectual en Cuba. Son obligaciones mínimas para quien pretende usar un “concepto”. En caso contrario, se usa apenas como un adjetivo aplicable a cualquier situación según el particular humor de cada cual, en cuyo caso no es una base que permita la deliberación colectiva sobre asuntos públicos.

Propongo, de modo breve, dos ejemplos, entre muchos posibles, sobre cómo creo que sería más útil abordar conceptos políticos relevantes para el debate nacional. El primero es la democracia. El debate sobre ella se empobrece cuando se le restringe exclusivamente a la presencia de partidos políticos como clave esencial de su legitimidad. También se empobrece si se elude la reflexión sobre las ventajas y desventajas de considerar a los partidos —sea uno solo o varios de este tipo de instituciones— los representantes de la soberanía popular. La discusión tiene gran diversidad y complejidad al interior de pensamientos como el marxista, y el martiano (5). En las últimas décadas, el debate sobre las ventajas y carencias del “movimentismo”  —que ha estado bastante ausente en Cuba— es, por ejemplo, parte de la búsqueda democrática de formas múltiples de expresión de la soberanía popular desde las izquierdas.

El segundo ejemplo es el concepto de República. Para quienes lo desconocen, recuerdo que el artículo segundo de la Constitución cubana vigente establece que “El nombre del Estado cubano es República de Cuba”. Su discusión no se agota en la referencia a la forma de gobierno —pues puede ser una forma política vacía— sino a los fines que persigue el gobierno y a los medios que tiene la ciudadanía para promoverlos y hacerlos exigibles. Desde este lugar, se presentan temas de la mayor importancia: cómo asegurar las garantías políticas, materiales y legales de la libertad; cuáles son las obligaciones exigibles a toda propiedad frente al bien común;  cómo hacer al pueblo titular efectivo de su soberanía; cómo responder y controlar al poder estatal; cómo asegurar una política exterior soberana; cómo evitar el monopolio de poder a favor de grupos privados, sean burocráticos o económicos; cómo redistribuir derechos sociales a la vez que poder político, cómo descentralizar el poder estatal a favor de poderes locales, cómo defender el estado laico, etcétera.

Plantear una discusión sobre la base de la democracia y de la república tiene además otras ventajas, como la de “no olvidar nuestra historia”. Martí defendía que “a democracia pluralista, república estable”. Bonos de mil pesos emitidos por el MR-26-7 para recabar fondos para la revolución contenían alegorías celebratorias de la República. José Antonio Echeverría aseguraba que la revolución se hacía para sentar “las bases estructurales de la república nueva, soberana en su derecho, justa para con todos sus hijos, honrada en los hombres que la sirvan, próspera y segura en su economía, proyectadas con caracteres propios hacia la cultura universal y orientada hacia el cumplimiento de su destino americano”. Después de 1959, el Directorio Revolucionario 13 de Marzo exigía extirpar “todo lo inmoral, sucio y feo que manche lo honrado, íntegro y hermoso de nuestra república revolucionaria, libre y soberana”. Fidel Castro aseguraba que: “A la República hay que hacerle una buena operación quirúrgica y si nos ponemos a untarle mercuro-cromo la república se nos muere"(6).

En mi opinión, discusiones como estas, y los problemas que plantean, son infinitamente más importantes que cualquier desvío en “debates” sobre un supuesto “centrismo” que no defiende ni siquiera su pretendido autor. Me refiero ahora a una segunda cuestión. Debería ser obvio lo siguiente: interactuar con semejantes, diferentes, adversarios y enemigos hace parte de todo ejercicio político, lo que es distinto a aceptar y ser dependiente de sus discursos y agendas.  La nota mencionada —y los comentarios que IS responde sobre su texto— aluden, a propósito de un viaje recientemente realizado por CP a Washington, a “conexiones” con “estrategias” de “gobiernos extranjeros”, lo que es absolutamente falso.

En su particular forma de “demostrar” esa pretendida “conexión”, sin aportar, por supuesto, una sola evidencia contrastada, IS omite expresamente que CP fue invitada a Washington por WOLA (Oficina de Washington para América Latina), ONG que armó la agenda y sufragó el viaje. Omite entonces, además, toda información sobre WOLA. Esta institución fue fundada en los 1970 para oponerse a la política de Estados Unidos hacia Centroamérica y hacia el Chile de Pinochet. En sus orígenes está la experiencia de Orlando Letelier abogando en la capital estadunidense por el respeto a la democracia en América Latina, empeño que también le costó su vida. Hacia Cuba, en concreto, WOLA lleva desde su fundación trabajando por la normalización y contra el bloqueo. (Agrego que el anfitrión de CP en Washington por WOLA fue Geoff Thale, cuyos criterios sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba pueden leerse en el sitio Cubadebate. (7)

Con el rechazo rotundo a tales procedimientos de falsa inculpación, basados en omisiones de semejante magnitud, llego ahora a un problema de más alcance que los entendidos tan suyos que contiene la nota de IS.

Es larga la lista de personas y proyectos que han sido cuestionados por un tipo muy perjudicial de imaginación política en Cuba desde los 1960 hasta hoy. Esta prédica está convencida que es mejor concebir la política, no como un espacio de colaboración, persuasión y disputa, que procese consensos y disensos en torno a diagnósticos y alternativas respecto a los problemas de la vida pública, sino como la actuación exclusiva del sector que defiende esta posición. El argumento que invoca habitualmente es que este sector cubre “todo” el espectro posible para “lo revolucionario” en Cuba.

En lo que respecta a cómo tratar la diversidad específicamente política, esta imaginación es proclive a asociar la “política revolucionaria” con la sospecha y la hostilidad hacia lo diverso —sea o no opuesto— respecto a su propio discurso, y  tiene vocación por imponer una variante propia de pensamiento único.

El problema no radica en la existencia de “opiniones” de este tipo, sino en la pretensión de convertir estas opiniones en políticas de estado exigibles a toda la sociedad como rasero de la legitimidad de todaactuación política. Las referencias críticas contra esta corriente —que creo que es más pequeña dentro de la sociedad y la política cubanas de lo que algunos suponen, solo que cuenta con distintos grados de poder para asegurar la relevancia de sus posiciones— son infinitas en el espacio público nacional. El efecto práctico de estas posturas, cuando cuentan con poder para imponerse, ha sido el de contribuir consciente y activamente a muchas cosas por las que no cabe sentir orgullo, entre ellas a arrinconar y penalizar las opiniones diferentes, a contaminar y empobrecer el espacio público, a impedir las articulaciones voluntarias ciudadanas en torno a espacios de participación cívica, y a privar a la sociedad cubana del acceso a un debate más diversificado, honesto y riguroso sobre las alternativas que esta produce. Con ello, tales empeños han funcionado como una máquina de producir enemigos, generar exclusiones y abolir ilusiones.

Esa posición le resta espacio político a las izquierdas en Cuba para hoy y para mañana, e incluso le resta espacio para ayer, porque impide apreciar la diversidad de los proyectos y las ideologías de lo que han sido las izquierdas cubanas en su historia. También priva de espacio a otros que, legítimamente, no son “de izquierda”.

Por ello, ese tipo de imaginación es, en un sentido estricto, contraria a los principios del ordenamiento legal cubano, cuya Constitución vigente establece que pueden participar de la política en Cuba “los ciudadanos” y no los de un tipo de “izquierda”, o un tipo de “revolucionarios”. En un sentido político más general,  “le hacen el juego”, y lo hacen por completo, a las visiones que aseguran que “no hay nada que salvar” del proceso iniciado en 1959 precisamente por identificar con ellas a “toda” la Revolución. No. En Cuba hay mucho que “salvar” y hay mucho que “cambiar”. Martí aseguraba que solo “quien ama a la libertad, previsora y enérgica, ama a la revolución”. Desde ahí, y hasta hoy, en Cuba y en el mundo, la revolución es, y ha de ser, la visión más generosa sobre las necesidades de la vida humana en libertad, justicia y dignidad.

El fondo más importante de esta discusión se puede enunciar de modo simple: es un derecho de los cubanos no aceptar la voz de IS como representativa de sus opiniones ni como tribunal de su legitimidad. Asimismo, es el derecho de los cubanos no aceptar las mías. En otras palabras: la pretensión de que los problemas de todos sean procesados por un solo tipo de actor o de pensamiento —cualquiera que este sea, e incluso si fuese por completo legítimo— no es superior a la pretensión de que los problemas de todos sean procesados entre todos. La primera pretensión supone abolir el núcleo mismo de la democracia como proceso de redistribución permanente de poder. Cuba entera, la existente, la deseable, y la posible, merece del todo la segunda pretensión, esto es, la de la república “con todos y para el bien de todos”.

Notas:

1.  Sánchez, Iroel. “El corrimiento ´al centro´”, en: https://lapupilainsomne.wordpress.com/2016/04/18/el-corrimiento-al-centro-por-iroel-sanchez/

2.  Díaz, Elaine. “´Cuba Posible´: una nueva plataforma para facilitar el debate”, en: https://es.globalvoices.org/2014/07/07/cuba-posible-una-nueva-plataforma-para-facilitar-el-debate/

3.  Idem

4.  Idem

5.  Martí destacaba: “la importancia de abrir la república a todas las ideas para que el clamor de la idea desdeñada por autoritaria o revoltosa no trastornase, con el poder de aquella parte de naturaleza humana de que es forma en la política cada partido, la república que al desconocer un partido cualquiera, reprimiría en él sin éxito una expresión de la naturaleza humana.” (OC, t. 2, 1991, p. 114) Conocedores muy calificados de la obra de Martí, como Paul Estrade, no han visto en ello una “celebración” instrumental del multipartidismo en sí mismo sino un contenido de su pensamiento republicano democrático. Por la complejidad de este tema en Martí, permítaseme la cita en extenso: “Cuando habla de "partido" ¿está acaso (Martí) designando una corriente de opinión o una organización política? Estuvo tan convencido de la necesidad de los partidos que fundó y organizó uno con mano maestra: el Partido Revolucionario Cubano. Los partidos americanos le defraudaron tanto, por aquí el "liberal”, por allá el "demócrata", que deseó al parecer que solo hubiese un partido: el partido "nacional" que sintetizara todos los intereses parciales. Pero era lo suficiente lúcido para admitir, contra su propio ideal, la existencia de partidos que correspondieran a las diferentes concepciones de la vida de los diferentes componentes de la sociedad. Cabe suponer que si la guerra de independencia de Cuba hubiese desembocado en la república martiana, su inspirador no habría seguramente favorecido que naciera un partido de la clase obrera ni un partido de oligarquía terrateniente, pero de crearse, de seguro él se hubiera dado a la tarea de hacerlos participar en la obra común por la concordia y por la confrontación de proyectos, en el marco parlamentario y en el absoluto respeto de las libertades de asociación y de expresión.”  (Tengo entendido que este libro está en proceso de edición en Cuba, lo que será otro aporte al vasto cuerpo de estudios, de gran calidad, existente en la Isla sobre la obra martiana) La cita corresponde a Estrade, Paul. José Martí. Los fundamentos de la democracia en Latinoamérica, 2000, Doce Calles, p. 562.

6.  Las citas anteriores se encuentran en Combate, 8 de abril de 1959, 6 de abril de 1959 y 15 de marzo de 1959, respectivamente.

7.  Elizalde, Rosa Miriam. “Ningún analista serio en EEUU apoya los programas de “promoción de la democracia” para Cuba”, en: http://www.cubadebate.cu/especiales/2016/03/07/ningun-analista-serio-en-eeuu-apoya-los-programas-de-promocion-de-la-democracia-para-cuba/ )