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miércoles, 5 de octubre de 2016

El empoderamiento de la sociedad civil, la “partícula de Dios” y los peces en el agua

Pedro Monreal,Cuba Posible





octubre 5, 2016



El tema del empoderamiento de la sociedad civil ha cobrado presencia en el debate ideológico cubano en meses recientes. Desde varias áreas del debate ideológico nacional, ha emergido lo que parece ser una excitada corriente crítica al empoderamiento de la sociedad civil cubana, que está resultando ser más un asunto de creencia que de evidencia. Algo que tiene que ver más con la arenga que con el análisis razonado.








La cuestión del empoderamiento de la sociedad civil cubana evoca el tema de la “partícula de Dios”. Hace apenas cuatro años fue anunciada una de las mayores validaciones científicas de todos los tiempos: la confirmación material de la existencia del “bosón de Higgs” o “partícula de Dios”. Según los entendidos, el “bosón de Higgs” puede ser la piedra angular del rompecabezas necesario para entender los modelos estándar de la física. Ayudaría a explicar casi todo y, para facilitar la comprensión del tema, los físicos teóricos utilizan la analogía de los peces en el agua.


La teoría de Higgs plantea que el Universo está inmerso en un entorno invisible similar a un campo magnético. Las partículas elementales, como los electrones, están sumergidas en ese llamado “campo de Higgs” como los peces lo están en el agua. Una sardina, al ser pequeña, interacciona muy poco con el agua y puede moverse velozmente. En cambio, una ballena interacciona con más agua y se desplazará más despacio. Un electrón con poca masa, es como la sardina. Una partícula como elquak, con una masa mucho mayor, es como la ballena.


Pero como lo bueno siempre trae cola, el físico Stephen Hawking –probablemente el científico contemporáneo con mayor visibilidad global-, ha advertido sobre los riesgos que implicaría continuar con la investigación del “bosón de Higgs”, afirmando que tal proyecto “podría destruir el Universo” si los científicos extienden el experimento hasta niveles de energía superiores a los 100 mil millones de giga-electrón-voltios, lo que llevaría al Universo a sufrir un “retraso catastrófico de vacío”.


Otros expertos, sin embargo, matizan el asunto al señalar que por el momento no hay razones para tanta alarma. Llegar a la zona de peligro que advierte Hawking requeriría la utilización de un descomunal acelerador de partículas del tamaño del planeta Tierra, algo muy poco probable en el futuro previsible. Por el momento, la alerta de Hawking serviría más para inspirar obras de ciencia ficción que para ser tomado como una alerta apocalíptica creíble.


¿Giro hacia la esencia ideológica o ejercicio de levitación intelectual?


El tema del empoderamiento de la sociedad civil ha cobrado presencia en el debate ideológico cubano en meses recientes. Inicialmente se presentó asociado a la denuncia de acciones enemigas para destruir el socialismo cubano en el nuevo contexto de una paulatina normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En ese plano, las preocupaciones están plenamente justificadas. Se dispone de numerosas pruebas relativas al empecinamiento tradicional del imperialismo estadounidense en derrotar a la Revolución por todos los medios posibles; un propósito al que no han renunciado los enemigos de Cuba y respecto al cual se cuenta con evidencia reciente.


Sin embargo, en las últimas semanas se ha producido un giro en el tratamiento del tema pues, de manera creciente, las menciones al empoderamiento parecen divorciarse del análisis concreto de la realidad del país. Desde varias áreas del debate ideológico nacional, ha emergido lo que parece ser una excitada corriente crítica al empoderamiento de la sociedad civil cubana, que está resultando ser más un asunto de creencia que de evidencia. Algo que tiene que ver más con la arenga que con el análisis razonado.


Todavía no puede afirmarse que se trata de una corriente de opinión bien estructurada, pero algunos intelectuales y comunicadores parecerían estar considerando el empoderamiento de la sociedad civil como una especie de piedra angular de un rompecabezas ideológico. El empoderamiento funcionaría como una variante ideológica criolla de la “partícula de Dios”. Explicaría muchas cosas en el plano ideológico y, llevado a ciertos límites, tendría implicaciones apocalípticas: la destrucción de la Revolución. Pero, ¿cuán fundamentada es esa idea que se nos presenta? ¿Por qué habría de prestársele atención a esa visión de las cosas?


Lo que ha comenzado a proclamarse es que, más que ser el resultado primigenio de la perfidia imperialista, el empoderamiento es un mal intrínseco de la propia existencia del sector privado nacional. Este cambio de énfasis en el argumento es importante. La posible manipulación imperialista del empoderamiento se desplaza al plano instrumental. El plano esencial para que la conspiración pudiera iniciarse sería el funcionamiento del emergente sector privado nacional. Allí estaría localizada la raíz de un mal interno que podría ser instrumentalizado por los enemigos externos.


¿Hacia dónde pudiera conducir esa línea de razonamiento? En la medida en que esa perspectiva parece asumir que el empoderamiento de la sociedad civil es sustancialmente incompatible con el socialismo en Cuba, el corolario político de tal enfoque sería “mantener a raya” al sector privado, negándole o limitándole cualquier posibilidad de empoderamiento a los ciudadanos que en ese sector trabajan.


Adicionalmente, esa visión pudiera derivar en la alucinación de que sería viable intentar una especie de lobotomía ideológica masiva al más de medio millón de hombres y mujeres que ya hoy trabajan en el sector privado, para que en ellos no se asentase la ideología que corresponde a las condiciones materiales concretas de su existencia. En vez de ello se les estaría exhortando a adoptar una ideología apartada de la manera en que esas personas interactúan diariamente con las fuerzas productivas y con las relaciones sociales de producción.


Hay al menos dos características de esa visión de las cosas que se encuentran en abierta contradicción con el método marxista. Primero, se trata de un enfoque idealista que desconecta la ideología de su determinación material. Segundo, postula un enfoque no científico de un fenómeno social -el empoderamiento-, pues omite la necesidad de disponer de evidencia antes de arribar a conclusiones. Parecería asumirse que puede enunciarse cualquier “cosa política” sin necesidad de que esté respaldada por un análisis riguroso de la realidad.


Ignorando la evidencia


Toda discusión acerca del empoderamiento de la sociedad civil cubana debería comenzar con datos “duros” sobre la realidad social del país y con un análisis cualitativo metódico de esa realidad social concreta. Tendría que considerarse, entonces, que el sector privado “realmente existente” en Cuba –a pesar de todas sus imperfecciones y de las limitaciones que se le imponen-, es hoy un componente efectivo de la seguridad nacional debido al efecto positivo medible que desempeña en la estabilidad social y política de la nación.


¿De qué otra manera pudiera entenderse el hecho de que ese sector absorbe –casi totalmente- los 94,000 puestos netos de trabajo que cada año desaparecen del sector estatal, se ocupa de la cuarta parte de los alojamientos de un sector estratégico como el turismo, genera ingresos y paga salarios que sostienen a miles de familias, ofrece empleos honestos a miles de personas que de otro modo pudieran dedicarse a actividades socialmente desestabilizadoras, y reduce –al menos parcialmente- la sangría migratoria de fuerza laboral calificada del país?


La seguridad nacional necesita una economía funcional y estabilidad social. Si todavía eso no se entiende adecuadamente, pues entonces habría que insistir en que el debate debe empezar por ese punto.


Quienes critican a rajatabla el empoderamiento de la sociedad civil del sector privado nacional deberían interesarse por responder cinco preguntas:


¿Qué datos concretos tienen acerca de la manera específica en que ya se produce el empoderamiento en el sector privado en Cuba?


¿Cuál es la evidencia medible del supuesto impacto negativo del empoderamiento de la sociedad civil en la ideología y en la política socialista actual?


¿Dónde puede encontrarse un análisis (científicamente validado) sobre la efectividad que tendría en Cuba el intento de suplantar ideologías desconociendo la determinación material de estas?


¿Cuál es la evidencia de que es admisible “meter en el mismo saco” los procesos de empoderamiento y la ideología de los segmentos sociales tan diversos que forman el sector privado nacional?


¿Cómo se sustenta (con datos específicos) la visión de que la incipiente clase mediana y pequeño burguesa nacional -que el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) ha reconocido como legítima en el nuevo modelo económico y social- tiende a oponerse inherentemente a la Revolución?


Llama la atención que quienes critican los procesos de empoderamiento de la sociedad civil del sector privado en Cuba no solamente no ofrecen respuestas a esas preguntas, sino que incluso no parecen estar interesados en hacérselas.


Resulta cuestionable la validez de esta “partícula de Dios” ideológica que intenta abrirse paso en el debate nacional. Obviamente, no representa la piedra angular de explicación verosímil alguna. Lo que ella proclama no se apoya en datos ni en un método para entender la realidad. Tampoco es convincente la visión apocalíptica que proyecta respecto al socialismo cubano, en un escenario de empoderamiento de la sociedad civil.


Como en el caso de la alarma lanzada por Hawking, el fantasma que se agita no se corresponde con los datos de la realidad actual y previsible ¿Dónde está el sector privado nacional, actual y en perspectiva, con la escala y el poder suficiente como para disipar la ideología socialista en Cuba y que fuese capaz -parafraseando a Hawking- de colocar a la Revolución en una situación de “retraso catastrófico de vacío”?


Discursear es fácil; demostrar es más complicado. Para llegar a conclusiones acertadas sobre cuestiones políticas e ideológicas conviene apoyarse en el pensamiento científico.


Los peligros para la seguridad nacional


Como ocurre con los peces en el agua, en la Cuba más diversa que se contempla en la renovada visión de país a que se aspira, sus distintas clases y grupos sociales tendrán una “masa” y dinámicas diferentes. De tal diversidad material emergerán, ineludiblemente, distintas ideologías y maneras de imaginar y de decidir el futuro; es decir, convivirán disímiles procesos de empoderamiento.


El sector privado no es simplemente un apéndice menor que se le agrega a un modelo mayor respecto al cual es esencialmente incompatible. En la práctica, de lo que se trata es de armar un modelo nuevo –aunque se le llame actualizado-, que debe integrar componentes muy diversos de la manera más coherente posible. Se sabe que no es fácil lograrlo, pero ese es el plan.


Como se reconoce oficialmente en Cuba, el predominio del sector estatal no es antagónico con una cohabitación de formas heterogéneas de propiedad y de gestión. Si esa premisa se acepta, entonces debería admitirse que el predominio de una ideología comunista no tendría que ser necesariamente incompatible con la coexistencia de las distintas ideologías que pudiesen estar determinadas por la heterogeneidad de la base económica de la sociedad. Esa coexistencia pudiera ser conflictiva respecto a ciertos temas y en determinados momentos, y pudiera ser más sosegada en otras circunstancias. Es difícil predecirlo de manera anticipada. La práctica política tendrá la última palabra en cada momento.


Proyectar abiertamente descréditos ideológicos gratuitos y visiones infundadas de posible alevosía política de parte del medio millón de hombres y mujeres que trabajan en el sector privado nacional es problemático, al menos por dos razones políticas fundamentales. En primer lugar, tiende a considerar como ciudadanos de segunda a una parte de la población, con lo cual, en vez de unir, se divide y se excluye. En segundo lugar, se reemplazaría, con argucias retóricas, la base racional –sustentada en evidencias- que debe tener la política de la Revolución, con lo cual esta se debilitaría. Difícilmente pudiera salir algo constructivo de esa combinación. Entre otras cosas, se corre el riesgo de erosionar un componente de la seguridad nacional del país.






martes, 2 de agosto de 2016

Carta al PCC sobre Conceptualización

Por: La Joven Cuba


Varios miembros de La Joven Cuba depositamos esta carta en la Oficina de Correspondencia del Consejo de Estado. Nuestra intención es contribuir al debate aportando a la construcción socialista. Deseamos que esto ayude a materializar las utopías que refleja el documento.




Cro. Raúl Castro Ruz


Primer Secretario, Partido Comunista de Cuba


Asunto: Sobre la conceptualización del modelo


Luego de leer con atención el documento lo consideramos un paso necesario e impostergable en la construcción de un verdadero socialismo cubano. Idea con la cual nos sentimos plenamente identificados. Su carácter revolucionario tiene una dimensión histórica. Una conceptualización que ha nacido entre la urgencia y la posibilidad de los tiempos. Suponemos las muchas complejidades en su elaboración, en medio de la difícil tarea de mantener la unión. Sobre lo expresado en el texto tenemos en la mayoría de los puntos una opinión coincidente y en algunos de ellos, señalamientos críticos.


Atendiendo al llamado que se ha hecho, los miembros de La Joven Cuba hacen los siguientes aportes al proceso de discusión y debate sobre el texto de laConceptualización del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista:




  •  La Joven Cuba se siente representada en dicha Conceptualización en su párrafo 41 que dice: Existencia de una activa y diversa sociedad civil socialista, preparada y organizada en defensa de la Revolución. Así como en su párrafo 111: La información, la comunicación y el conocimiento constituyen bienes públicos y derechos ciudadanos que se ejercen responsablemente; preservando la soberanía tecnológica, con observancia de la legislación establecida en materia de defensa y seguridad nacionales.

  • Consideramos que aunque se trate de una conceptualización, en algunos casos se deben incluir elementos de referencia concreta que ayuden en su tránsito a la práctica. A menudo los documentos políticos, al tratar asuntos muy generales, se prestan a interpretaciones ambiguas. Existen referentes así en nuestra historia conPalabras a los Intelectuales o El Socialismo y el Hombre en Cuba. Los textos ambiguos caen fácilmente en manos de la subjetividad de aquellos encargados de aplicarlo, para protegernos de eso debemos buscar cierta especificidad.

  • Por su importancia debe ser incluida en esta Conceptualización, en su Capítulo 3 o en otro, la decisión de limitar a dos períodos de 5 años la permanencia de los cuadros en los principales cargos de dirección. En el caso de los cargos de Presidente y Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, consideramos que una vez electos por la Asamblea Nacional en cada período de 5 años, deben ser ratificados los mismos por referéndum popular, general y secreto. Así no solo mencionar que nuestro modelo de socialismo es democrático si no señalar desde ahora como puede serlo no solo de palabra sino también en la práctica.

  • En el punto 9 de la Introducción se menciona el proceso de construcción socialista para el cual es necesario una certera conducción y la participación activa del pueblo. Deben presentarse los mecanismos a través de los cuales el pueblo realiza esa participación. Mencionarse para un empoderamiento real los distintos niveles del Poder Popular. Las decisiones gubernamentales no pueden ir en contra de la voluntad popular, para lo mismo se requiere de encuestas, órganos de orientación legal, mayor divulgación en materia de derechos y la práctica de referéndums y plebiscitos de forma vinculante cuando se requieran.

  • En el punto 34 de la Introducción se explica cómo la economía está en el centro de la atención, nos parece prudente alertar de que esta tendencia no puede derivar en una tecnocracia desideologizada con una visión meramente economicista. Uno de los mayores peligros de nuestro tiempo.

  • En el punto 39 de la Introducción se menciona como fortaleza la universalidad de la política social, pero es importante distinguir entre qué beneficios de la política social deben ser universales y cuáles deben ser sectoriales. Que este punto sea la base de dejar de subvencionar a quien no lo requiere para ayudar más a quienes si lo necesitan.

  • En el punto 41 de la Introducción se menciona una activa y diversa sociedad civil socialista, preparada y organizada en defensa de la Revolución. Proponemos sustituir este fragmento por "una activa sociedad civil socialista, dispuesta a la defensa de la Revolución", para que en la redacción conste que tienen cabida aquellos proyectos que se han organizado por iniciativa propia para defenderla.

  • En el punto 59 de la Introducción se menciona el papel dirigente del Partido Comunista de Cuba como un principio que sustenta nuestro modelo. Sugerimos que la mención al Partido se traslade al inicio del Capítulo I antes de enumerar dichos principios porque el partido de vanguardia constituye una herramienta en la construcción política, no un principio en sí mismo.

  • Nos preocupa la posibilidad de que el punto 110 sobre la comunicación social como un recurso estratégico de dirección del Estado, en la práctica entre en contradicción con el punto 111 que menciona que la información, la comunicación y el conocimiento constituyen bienes públicos y derechos ciudadanos. Aun considerando que a todos los puntos se les concede la misma importancia, elementos diversos pueden privilegiar el 110 sobre el 111 manteniendo y fomentando la censura y otras lamentables situaciones en materia de comunicación que consideramos este texto aspira a corregir.

  • En el Capítulo 2 inciso a, referente a La propiedad socialista de todo el pueblo, el punto 124 dice: "Asume la forma de propiedad estatal, a partir de que el Estado actúa como representante del dueño, que es el pueblo", sugerimos que se le agregue: "por lo que funcionan bajo transparencia". Es importante especificar que una empresa de carácter estatal tiene la obligación de ser transparente a diferencia de las privadas.

  • En el Capítulo 2 inciso d, referente a La propiedad privada, el punto 184 dice: Se aplican políticas y normativas teniendo en cuenta los límites, espacios de actuación, y alcances de las diferentes escalas. En este u otro párrafo se debe agregar: "Aquellas actividades que sean consideradas sensibles por su impacto social, como el transporte público, la venta de productos agrícolas u otros que se consideren, no funcionarán bajo oferta y demanda, sino bajo regulación del Estado"

  • En el Capítulo 3 inciso c, La gestión del Estado, el punto 254 dice: Se fomenta la participación de los ciudadanos, la transparencia, el escrutinio público y la rendición de cuentas. Igualmente, la gestión integral y eficiente de los recursos humanos por todos los actores económicos y sociales. Consideramos que a esto se debe agregar: "La información referente a los Organismos de la Administración del Estado y sus integrantes son de dominio y divulgación públicas, con excepción de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y en el caso del Ministerio del Interior, lo relacionado con la Inteligencia y la Seguridad del Estado".

  • En el Capítulo 4 sobre Política Social, el punto 274 menciona cómo los derechos económicos y sociales son materializados de modo cada vez más efectiva, de acuerdo con lo refrendado en la Constitución de la República. Consideramos importante que se constitucionalice la sociedad cubana en su conjunto y dentro de ella, las instituciones y su funcionamiento. Ello implicaría la redacción, discusión y aplicación de leyes complementarias a los artículos de la Constitución y la elaboración de los mecanismos que impliquen el amparo constitucional por parte de los ciudadanos. Sería fundamental la creación de una jurisdicción constitucional inexistente hoy, a cuya cabeza esté un Tribunal Constitucional en interés de proteger y garantizar la defensa de los derechos y la propia Constitución. Por último, consideramos esencial una alusión también a la protección de los derechos civiles y políticos, más conocidos como de primera generación.

  • En el Capítulo 4 sobre Política Social, el punto 293 menciona en relación a la migración interna que se incentiva la permanencia y retorno de las familias y jóvenes a las comunidades rurales, con énfasis en aquellas con potencialidades productivas. Consideramos que igualmente debe incluirse un párrafo 294 o inciso que atienda de manera similar la problemática de la migración internacional y la separación familiar de la siguiente forma: “se facilita el retorno de los ciudadanos emigrados y su reinserción en la vida social y económica del país".


Esta Conceptualización, significa sobre todo no refugiarnos en el inmovilismo ni condicionarnos por factores externos. Es el diseño de nuestro legado y en él va el de nuestros antecesores. Que emane entonces de ella la dignidad plena del hombre.


Atentamente,


La Joven Cuba



lunes, 6 de junio de 2016

Comprometidos… ¿sin compromiso?


Autor: Neida Lis Falcón, Alma Mater



Fotos: Ilustración de Yaimel





«Conmigo pueden contar para lo que haga falta, pero no quiero ser militante», «Agradezco el reconocimiento, pero creo que no cumplo los requisitos», «En este momento, tengo otras prioridades»… Son argumentos que con frecuencia esgrimen quienes se niegan a ingresar a las filas de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) o a transitar de estas hacia las del Partido Comunista de Cuba (PCC). Aunque sus compañeros descubren en ellos condiciones para militar en alguna de las dos organizaciones políticas, «urgencias cotidianas» les impiden aceptar lo que para otros constituye la más alta aspiración.



La tendencia a procesos de ­crecimiento con resultados muy por debajo de las expectativas alcanza incluso centros y entidades tradicionalmente caracterizados por altos niveles de incorporación. El tema ­requiere entonces análisis profundos y realistas. Un debate, sin prejuicios ni cortapisas, es necesario, si se quiere descubrir las causas del fenómeno.


Abocada a ese empeño, con más fuerza desde su X Congreso, la UJC propicia encuentros que dan continuidad al magno evento. Llama a la práctica transformadora, a la constante revisión y mejoramiento de sus métodos y estilos de trabajo. Orienta estudios científicamente avalados y, sobre todo, busca dinámicas más atractivas y cercanas al universo juvenil, donde interactúan los potenciales militantes.


Acercarlos a una organización que en principio, y por principios, agrupa a la vanguardia juvenil, es el primer paso. Es ahí donde los comités de base, como célula básica de la UJC, tienen su reto. Cuando las reuniones se convierten en espacios de intercambio real. Cuando cada militante se siente libre para expresar sus opiniones y disentir de otras, incluso mayoritarias, sin temor al cuestionamiento de sus valores e ideología, la cita cumple su cometido. Supera los marcos, a veces demasiado estrechos, del acta y del orden del día.


El enriquecimiento ideológico que generan estos encuentros es mayor además si los conducen dirigentes atentos, abiertos al diálogo y a la polémica productiva. Rechazar verticalismos que niegan el necesario consenso colectivo, es un ejercicio pendiente aún para muchos cuadros. Contar con la militancia para elegir los temas políticos es algo más que sugerir. El pensamiento, la creatividad, también se educan. La mejor forma de alejar pasividades es propiciar la participación real.


El mundo vive una crisis de la que Cuba no escapa. Las escaseces materiales conducen muchas veces a carencias o concepciones morales, en pos de satisfacer demandas cotidianas. Los jóvenes de hoy reciben el bombardeo constante de una sociedad de consumo que, por vías diversas, introduce en la Isla sus tentáculos. Vestir a la moda, tener un celular, (mientras más inteligente mejor), una laptop o una tableta, son apenas algunas de las ­aspiraciones más comunes, de muchachas y muchachos que inevitablemente, se parecen a su tiempo.


Sobre los hombros de esa juventud, o de esas juventudes, para ser plurales, descansa también una sociedad cada vez más envejecida. Para muchos estudiar, trabajar y superarse profesionalmente, va paralelo al cuidado de ancianos, de niños pequeños o al pluriempleo, al ser el único sostén económico de la familia.


Es lógico entonces que aparezcan premuras personales, a veces en contraste con las sociales. La holgazanería espiritual, el desgano ante aquello que convoca a ser algo más que «Yo», ni siquiera son exclusivos de nuestro ­entorno. Tampoco resultan inexplicables en edades que se caracterizan por un marcado interés en sí mismos, por afanes de autonomía y una defensa, a ultranza, de la total independencia individual. Pero a Cuba le sobran ejemplos de cómo esta supuesta apatía es vencida a diario por miles de jóvenes que entregan lo mejor de sus ­conocimientos y entusiasmo a tareas de impacto social dentro y fuera del país.


Las claves para atraer hacia la UJC a esa juventud verdaderamente revolucionaria y no a quienes ven el ingreso con ojos oportunistas, están, primero, en la ejemplaridad de los que ya militan en la organización y de sus dirigentes.  Así será cada vez más pequeña la brecha entre la imagen prestigiosa del joven comunista y la aspiración concreta de quienes portan el carnet o podrían recibirlo. También ayudará a desterrar la supremacía de la crítica sobre la ­autocrítica, que igual daño hace a quienes la ejercen como a quienes la sufren.


Se respeta lo que se conoce. Y mucho puede hacerse aún por dar a los militantes el lugar que merecen en su centro de estudios, de trabajo y en la comunidad. Cuántas veces se omiten logros, premios o reconocimientos alcanzados por estos en eventos o concursos de diversa naturaleza, como si ese estímulo moral no fuese necesario para ellos y hasta inspirador para los demás miembros del colectivo.


Ser jóvenes comunistas es mucho más que asistir por disciplina a reuniones y actividades, en ocasiones mal preparadas, impuestas, o de excesiva formalidad. Estrechar los vínculos con las organizaciones estudiantiles o gremiales puede acortar el recorrido hacia un accionar conjunto, que permita racionalizar los recursos materiales y también el tiempo libre de jóvenes ansiosos por bailar, acampar, escalar, compartir con su grupo y enamorar, como les toca por derecho propio.


Ofrecer fórmulas mágicas no es la pretensión de estas líneas. Tampoco ignorar estatutos, normas y misiones específicas que a la UJC le corresponden.


Respetar el principio de voluntariedad en cuanto a filiación política, o de cualquier índole, al que pueden acogerse las personas, es elemental y justo. Cantidad y calidad no siempre van de la mano. Por tanto, vale revisar qué le falta o qué debe cambiar la organización para crecer no solo en miembros, sino también en las condiciones de su militancia, para lograr que a sus filas arriben, desde la convicción más profunda, solo los jóvenes verdaderamente comprometidos.



viernes, 12 de febrero de 2016

Cómo funciona el sistema político en Cuba

Tania Chappi Docurro




Lugar: Centro Cultural Fresa y Chocolate. ICAIC.









Colmada se hallaba la Sala Fresa y Chocolate, del ICAIC, mucho antes de iniciarse el encuentro. Junto a habituales participantes se sentaban, o permanecían de pie al fondo del local, personas atraídas específicamente por una cuestión no ventilada, salvo raras excepciones, en los contextos formales de discusión pública que existen en la Isla.

A la derecha de Rafael Hernández, director de la publicación y moderador de UJ, tomaron asiento Andry Matilla, presidente de la Sociedad Cubana de Derecho Constitucional y Administrativo; Roberto Conde, secretario organizador del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC); y Daniel Rafuls, profesor de la asignatura Teoría socio-política, en la Facultad de Filosofía e Historia de la UH, quien ha investigado sobre la participación ciudadana en esos ámbitos.

Tras la pregunta inicial del moderador, tendiente a definir la categoría sistema político y a precisar su relación con las de gobierno y Estado, los ponentes coincidieron en varios puntos. Intentaré resumirlos: dicho sistema es un complejo organizado de elementos que precisan funcionar en unidad y se relacionan con el acceso, la influencia y el ejercicio del poder.Constituye el conjunto de instituciones estatales y no estatales, normas de proceder y reglas articuladas alrededor del Estado, que ostentan un ordenamiento específico dentro del punto de vista jurídico.Se sustenta en el condicionamiento que genera una base económica concreta, de la cual se derivan valoraciones políticas y culturales en sentido general.



Ocuparon esta vez la mesa de expertos, de izquierda a derecha, Daniel Rafuls, Roberto Conde, Andry Matilla y, como moderador, Rafael Hernández. Foto Karel Pérez Alejo/Temas.

El Estado –recalcaron- es el elemento fundamental del sistema político, la organización de ese poder y el que cuenta conlos medios para desplegar su capacidad. No se puede identificar Estado con gobierno, que es solo una parte dentro del primero, organizada y pequeña en alcance, pero responsable de la conducción política de la comunidad.

Cada sistema político conlleva maneras específicas de expresarse, por ejemplo: dentro del capitalismo no es lo mismo el adoptado en Francia que el de los Estados Unidos; muestran fórmulas diferentes de articular las demandas ciudadanas.

Una precisión aportó Andry Matilla: todo sistema político goza, además, de connotación social y trascendencia cultural, histórica, jurídica. Roberto Conde enunció  que el Estado es usado por la clase dominante instaurada en el gobierno; y que los mencionados sistemas necesitan apellidos, para poder identificar sus características y fines. “El nuestro es socialista, genuino, se ha construido como parte de la rica historia y tradiciones de lucha del pueblo cubano y de la formación de la nación; tiene en cuenta la idiosincrasia, la identidad nacional, los mejores valores culturales y humanos de nuestra sociedad”. A él pertenecen organizaciones políticas y de masas; también algunas asociaciones que comparten el poder integradas en las diferentes formas asociativas cubanas.



Foto: Karel Pérez Alejo/Temas.

Daniel Rafuls aludió a la génesis del término: no fue inventado por el marxismo, empezó a divulgarse a partir de 1953, cuando David Easton publicó un libro titulado The Political System. La finalidad de los politólogos era explicar lastransformaciones de los contextos políticos de diversos países en las realidades emergentes con posterioridad a la Segunda guerra mundial; llegaron a la conclusión de que su forma de evolucionar“ rebasaba las directivas y el funcionamiento de las estructuras del Estado (ministerios, instituciones militares, leyes)”, porque se enlazaba también con otros elementos de la vida social, como las personas y las organizaciones, las cuales actúan en un sistema donde rigen legislaciones, tradiciones y costumbres, muy interrelacionadas con la cultura y desarrollo de cada territorio. “Aunque se suele hablar de organismos no vinculados al sistema político, es muy difícil encontrar uno, e incluso a personas concretas, que de alguna manera no estén insertados en él”, pues en determinada medida su estilo de actuar y pensar refleja las características del sistema político al que corresponden. “Entrando en el desenvolvimiento de la sociedad cubana, al sistema político no solo pertenecen entidades que ponderan la defensa y eternización del socialismo, sino también instituciones que lo cuestionan”. Al decir de Rafuls, todo sistema político encierra en sí aristas positivas y negativas, en dependencia de la función que cumpla en cada momento histórico predominarán unas u otras; digamos, para ejemplificar, que el capitalismo –justamente criticado hoy- fue revolucionario y mejor en comparación con el régimen esclavista y el feudal.

Nuevas consideraciones de Rafael  Hernández instaron a asumir con espíritu reflexivo lo escuchado hasta el momento: las iglesias –al menos en la generalidad de las naciones- no fijan el devenir del sistema político, mas a veces se comportan como actores de la política; los movimientos religiosos suelen poseer un conjunto de conductas y valores asociados con  algún tipo de corriente ideológica que tiene una expresión política. Asimismo, las organizaciones cuyo objetivo consiste en defender los intereses de los campesinos y otros grupos frente al poder estatal se insertan en el sistema político. Las miles de personas que conforman la base del PCC y de la UJC, ¿se hallarán más cerca de la sociedad civil o del Estado? Luego formuló la tradicional segunda pregunta de Último Jueves: ¿Cuáles problemas afectan el funcionamiento adecuado del sistema político, o sea, del considerado más representativo, democrático yeficaz; específicamente en el caso cubano?

Conflictos universales y propios

“Rafael remite a dos planos esenciales, uno más abstracto y otro concreto. Como fenómeno general, los problemas pueden ser disímiles. Una gran problemática es la ordenación de ese sistema, cómo está organizado y a quién sirve. Hay una frase de Bertolt Bretcht que para mí es provocadora: ‘El poder proviene del pueblo, ¿pero a dónde va?’ El poder es medio, no fin; y los males de un medio son sobre todo los de las manos que lo pulsan. El primer error de todo sistema político es desvincularse de su destinatario, que es el ciudadano, este no un ente pasivo, sino un elemento fundamental”, opinó Andry Matilla.

Y en esa misma línea de pensamiento abundó: “Explicar que el poder es un mecanismo de dominación de una clase sobre otra es válido, pero resulta necesario ir más allá”; con independencia de las contradicciones ideológicas y de clases, no se trata de un mero ejercicio de imposición. “León DUGUIT, el más socialista, aunque no marxista, de los autores del Derecho Público francés, sostenía: el Estado no se debe entender solo como una persona o entidad que se impone sobre las demás, sino ante todo como una cooperativa de servicio público, un grupo de hombres cuya finalidad es servir a la colectividad desde la posición que ocupan”.


Foto: Karel Pérez Alejo/Temas.


Otro perjuicio comienza cuando tanto quienes adquieren un puesto protagónico en el sistema político, como los receptores de ese poder, no conocen las reglas de funcionamiento y no saben hasta dónde están involucrados.

Según el parecer de Roberto Conde, el sistema político cubano consta de varios componentes estrechamente interrelacionados; cuando uno de ellos padece afectaciones, se resquebraja el conjunto. En la Isla los problemas fundamentales derivan del formalismo, la burocracia, la demagogia en determinados lugares, los métodos y estilos utilizados, la manera de vincularse con las masas y de representar sus intereses, de llevar hasta el final las preocupaciones de la población. “Cuando hablo del poder político no me refiero solamente al gobierno, hay una responsabilidad de todos los factores que integran el sistema; sería una responsabilidad colectiva, pero también individual de cada uno de los miembros”, acotó.

Existen elementos básicos en la conformación, diseño y funcionamiento de cualquier sistema político, el primero es cómo se arriba a él. Las vías usadas por los venezolanos, ecuatorianos, bolivianos, brasileños, argentinos, para llegar a esos que intentaron rediseñar, a partir de estructuras capitalistas, democráticas y liberales, no ha sido nuestro punto de partida. En América Latina proliferan durante los últimos meses atentados directos contra el avance de los nuevos proyectos políticos. Nosotros rompimos con todo lo que pudiera significar un enemigo interno, y en ese sentido nos fue más fácil iniciar la construcción de otro sistema. Sin embargo, este puede estar abocado al peligro de repetir la experiencia de la URSS y el resto de los países socialistas europeos, donde el socialismo no solo se hizo explotar desde afuera, sino que implotó. “La relación con los norteamericanos puede tener una influencia tremenda. No es que van a venir, ya están aquí”, discurrió Daniel Rafuls.


Foto: Karel Pérez Alejo/Temas.


Simultáneamente con la forma de organizar el sistema político desde el punto de vista jurídico, actúa otro factor medular: el nivel de desarrollo económico, social y cultural de ese Estado, para llevar adelante sus objetivos estratégicos, prosiguió el disertante. Sobre tales condicionamientos se pueden explicar los aspectos positivos y negativos de la Revolución cubana. Al mismo tiempo, cualquier “proyecto que intente desmontar las estructuras liberales clásicas del capitalismo debe tener como centro al hombre, lo cual implica escuchar sus deseos, hacerlo partícipe de las decisiones; eso ha sido una carencia de cuantos han intentado abandonar el sistema capitalista, incluida Cuba”.

Debate al rojo vivo

A estas alturas no era yo la única que tomaba notas, varias personas lo hacían, algunas quizás con el objetivo de provecharlas como punto de partida para su intervención ante el micrófono. Porque la mayoría de quienes asisten con frecuencia a UJ se han habituado a no improvisar, a esgrimir sus criterios de la manera más coherente posible, a dialogar, polemizar con respeto y reflexionar. Esta vez el primero en interpelar al panel se contentó con una escueta interrogante: ¿Puede existir un sistema político sin Estado y sin gobierno?

Un investigador social tocó particularidades luego reiteradas desde el auditorio: “En la Constitución se plantea que el soberano es el pueblo, sin embargo, en el Artículo 5 se dice que el Partido es el que orienta, organiza, dirige, todos los sectores de la sociedad, ¿no hay una contradicción?” Él y otras personas pusieron como ejemplo de las atribuciones del PCC el que intervenga a la hora de proponer quién dirige la Central de Trabajadores de Cuba (CTC); y detente en los municipios y provincias, mediante los correspondientes secretarios y primeros secretarios, una autoridad mayor que la de los presidentes de la Asamblea del Poder Popular en esos niveles.

El desempeño interno de este último organismo motivó varios parlamentos. “¿Qué tipo de control ejercemos los ciudadanos cubanos en el gobierno a nivel municipal, provincial y nacional? ¿Qué función proactiva hace la población cuando las rendiciones de cuentas se han convertido en espacios inertes donde no interesa participar porque no se resuelve nada? ¿Por qué la Asamblea Nacional solo se reúne pocos días al año y no se implementa una verdadera contrapartida, surgida de investigaciones previas, a las informaciones de los ministros?, fueron algunos de los cuestionamientos.

Entre las preocupaciones expuestas aparece el peligro de que la sociedad cubana se despolitice; además, según una encuesta aplicada por una joven profesora a universitarios de 20 a 28 años de edad, parte considerable de los interpelados estima “que su proyecto de vida no se encuentra en el país, sino fuera”. En Fresa y Chocolate la docente sondeó a los expertos: “¿Tendrá esta crisis raíces en limitaciones del funcionamiento de nuestro sistema político?” Un juez retirado pidió criterios sobre cómo garantizar la legitimación de ese sistema, pues si bien por la forma en que nació ha tenido durante décadas un “consenso de amplio registro”, ahora “las nuevas generaciones plantean exigencias que incluyen transformaciones económicas y sociales”.

Los participantes abogaron por la “renovación de las relaciones ciudadanas para compartir espacios de toma de decisiones y trazar escenarios futuros”; por elevar la participación, la democracia y la autogestión; por una discusión pública sobre el sistema político cubano, previa al 7º Congreso del Partido.


Foto: Karel Pérez Alejo/Temas.


Para una segunda ronda quedó otra media docena de personas interesadas en hacer uso de la palabra. El micrófono retornó a los integrantes del panel, quienes concordaron en que no puede haber un sistema político sin Estado y sin gobierno. De no existir ambos reinaría la anarquía, el cuerpo social no podría ser conducido ni organizarse adecuadamente procesos básicos, como impartir justicia, proteger la vida y los intereses de los ciudadanos, brindar educación, cultura y salud pública. Andry Matilla aprovechó la ocasión para aclarar un aspecto recurrente en numerosos análisis realizados en el país durante años recientes: “No podemos confundir gobierno con administración, incluso nuestra Constitución no lo hace, lo que dice es que el Consejo de Ministros es el máximo órgano ejecutivo y administrativo y gobierno, a un fenómeno le da dos condiciones”.

Durante su siguiente argumentación, Roberto Conde recalcó que el PCC “encuentra su base en el Partido Revolucionario Cubano, creado por José Martí para unir a los veteranos, en función de llevar adelante la guerra de independencia”; y que representa los interesesde todos los sectores de la sociedad, incluso de los no militantes. Ciertamente “hay un nivel de consulta para conocer la opinión” del Partido acerca de quién posee las mejores condiciones para dirigir una entidad como la CTC; no obstante, “la elección es el resultado de la voluntad de los reunidos en un congreso, pleno o consejo”; si los allí presentes –designados por los trabajadores- no votan por el candidato, no sale electo.

Prueba de que sí se tienen en cuenta los juicios de la ciudadanía es el Sistema de Opinión del Pueblo, una de las tantas vías mediante las cuales la máxima dirección del país recibe información sobre el sentir de los cubanos acerca de lo acontecido día a día en la Isla; tales datos son examinados antes de la toma de decisiones, aseguró el dirigente de la UJC. Y sobre todo alabó el proceso previo al 6º Congreso del PCC;  esa “expresión de verdadera democracia no se redujo a la consulta hecha en los núcleos, en los sindicatos, en los CDR”, sino que 86% de los Lineamientos sufrieron cambios a partir de las recomendaciones hechas por los consultados. “Otra de las mejores expresiones” de vínculo con las masas es tener “constantemente la presencia de los principales dirigentes de la Revolución a todos los niveles” en los lugares “donde se encuentran los medios fundamentales de producción, en contacto directo con el pueblo, sin miedo a ser enfrentados”.

Recordó el funcionario que en Cuba “no hemos sido testigos del pueblo desfilando con carteles frente a las sedes de Partido y el gobierno, reclamando que el sistema cese”. Él no aprecia síntomas de despolitización, al contrario, después del discurso pronunciado por Raúl en Camagüey, en 2007, para conmemorar los sucesos del 26 de julio de 1953, “se han abierto más espacios de debate en los cuales participa y da su opinión todo el que quiera hacerlo”. No obstante, sí cree en la conveniencia de perfeccionar el sistema político, pues no funciona tal y como está diseñado, “debido al comportamiento de los representantes de los ciudadanos, quienes tienen que hacerlo funcionar”. Asimismo, reconoció que “limitantes de carácter económico” afectan a los cubanos y “cuando la gente no ve su problema resuelto pierde confianza en los mecanismos existentes para defender sus intereses y los obvia”.

Seguidamente Daniel Rafuls calificó de reducida “la posibilidad de intercambiar con un auditorio como este, donde suelen hacerse preguntas muy complejas”; para exponerlas “la gente encuentra pocos espacios” de discusión pública. En torno al desempeño del PCC consideró: “Hasta hoy ha sido un partido verticalista. Esto no lo digo yo, los congresos del Partido lo reconocen cuando señalan que han estado usurpando funciones de otras instituciones”. Hoy se admite que “en la medida en que las organizaciones (CTC, UJC, FEU, las cooperativas…) se vayan independizando y jugando su papel como autoridad, el Partido, que en la actualidad constituye el centro del proyecto político cubano, por puro sentido práctico debe irse alejando de esas funciones”.

El investigador apoyó la propuesta de darle a los sectores populares mayor participación en las decisiones estratégicas; y la de implementar cambios que contribuyan a renovar la legitimación del sistema político cubano, mas este “no debe ser borrado, sino incidir en él, de manera que las estructuras de toma de decisiones se acerquen más a los problemas de la base y nos escuchen y expliquen”.

De acuerdo con Rafuls, la emigración de la juventud cubana es una problemática de gran relevancia, “que claramente tiene que ver con el sistema político”, pues “a pesar de ser un proyecto socialista y humanista no hemos logrado romper con la tradición de los países atrasados y subdesarrollados, de los cuales la gente emigra para buscar solución a sus problemas”.

Andry Matilla volvió a la Constitución de 1976, a su trascendencia, alcance y propósitos. Ella es la pieza esencial del diseño del sistema político cubano, aunque no lo conforma en su totalidad; e “hija genuina del proceso revolucionario cubano, con todas sus experiencias, aspiraciones y lunares”. No solo respalda un modo de ser, también significa un arma para defender una concepción triunfante. Así, al establecer en su Artículo 5 que el PCC representa “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los procesos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo”, busca conservar un estatus vivendi. Sin embargo, “no suplanta en la letra –una cosa es la letra de la norma y otra la praxis de la norma- al soberano”, reconocido en el Artículo 3 cuando se proclama que en la república de Cuba la soberanía reside en el pueblo.

Expuso el jurista que la actual permanencia de un partido único y rector no debe explicarse apelando solamente a los preceptos martianos, pues el Partido Revolucionario Cubano fue concebido por Martí con vida limitada, se disolvería una vez obtenida la independencia y nacida la República. En nuestra realidad hoy prevalecen condiciones políticas especiales; mientras existan, “la necesidad de unidad política histórica alcanzada en el proceso revolucionario cubano y que desemboca en el PCC estará muy viva; somos ‘plaza  sitiada’ por hostilidades externas y debido a ese asedio no es posible plantearnos la reconfiguración del modelo de un modo que ponga en peligro su existencia”.

Pocos minutos quedaban antes de las seis de la tarde -tope habitual el encuentro- cuando el uso de la palabra retornó a la concurrencia. Al final resultó necesario extender el plazo casi un cuarto de hora más. Dos seguidores de Último Jueves solicitaron al panel opiniones acerca de la reemergencia de clases sociales en Cuba y de una economía no estatal cuyos principales beneficiarios manejan millones de pesos. Un profesor de la universidad razonó: “Nuestro sistema político tiene importantes valores, y a la vez deficiencias significativas. La transformación no puede ser solo económica, como se ha debatido hasta hoy, debe implicar una actualización del modelo político, social, cultural e ideológico”. Otra persona insistió en que el Partido se ha concentrado en lo económico, con lo cual suplanta el papel del Consejo de Estado y de Ministros, y ha postergado el análisis de los aspectos políticos y sociales.

Tomar la opinión del pueblo en una parada, en un ómnibus, no es suficiente; los resultados de esos análisis deberían publicarse en los medios de comunicación. Si se trata de escuchar y explicar al pueblo, todavía queda mucho por andar. Millones de cubanos participaron en el análisis de los Lineamientos, a cinco años vistas solo se ha implementado una parte reducida y ningún responsable ha dado una respuesta seria, aseveró el siguiente orador.

Nadie puede negar que el sistema político cubano ha demostrado su pertinencia, porque ha resistido más de cincuenta y cinco años a los Estados Unidos, la potencia mundial número uno. No obstante, urge resolver serias limitaciones. Una prioridad es aprender a manejar el Estado. Para ello sería útil reinstaurar la carrera de Administración Pública, eliminada con la reforma universitaria acaecida a inicios de la Revolución. A la par necesitamos un Tribunal de Derecho Constitucional, expresó un veterano cuyo gracejo colocó una nota de humor en la sala.

Muy breves acotaciones pudieron hacer los panelistas en el tiempo restante.  Roberto Conde asoció las leyes y campañas de “países injerencistas”, tendientes a facilitar el “acceso al llamado sueño americano”, con el interés por emigrar que exhiben numerosos jóvenes cubanos. En cuanto al delegado del Poder Popular, adujo que “sí cuenta con poder, pero no con recursos para hacer frente a los problemas”. Relativo a la  Asamblea Nacional del Poder Popular, puntualizó que 50% de sus miembros son delegados de base; y en sus sesiones se brinda  una contrapartida a la visión de los ministros, mediante dictámenes elaborados por las comisiones permanentes de control y fiscalización. Sobre la participación de los ciudadanos en la vida nacional, afirmó: “El espacio sí está creado, lo que tenemos que hacer es aprovecharlo”. Destacó, igualmente, la existencia de las secciones Cartas a la dirección, del periódico Granma, y Acuse de recibo, en Juventud Rebelde; no obstante convino en la necesidad de recurrir más a los medios de comunicación.

Es cierto que precisamos un mejor mecanismo de control de la constitucionalidad, con independencia de su cuál sea su nombre, alegó Andry Matilla. Por su parte, Daniel Rafuls observó: “El liderazgo quiere que las masas apoyen el proceso y estas desean que la dirigencia les dé mayor participación, eso es parte del proceso contradictorio que estamos viviendo”.

Ya contra reloj, el director de Temas  exhortó a “fomentar la cultura política, porque todos carecemos de ella, no solo los de arriba de la sociedad. La variedad de sistemas políticos vigentes en el capitalismo, y también en el socialismo, forma parte de la realidad que necesitamos conocer. Debemos colocarnos en la perspectiva del mundo contemporáneo y no en la del aldeano capaz solo de mirarse a sí mismo, sin conectarse con el resto del universo”.