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martes, 13 de junio de 2017

Los Huérfanos de Fernando


Fotografía Racso Morejón

Me duele, por supuesto que me duele la noticia de la muerte de Fernando Martínez Heredia. A toda mi generación le duele. Pero creo que los    que con más fuerza sentirán su pérdida son sus huérfanos filosóficos.
No hay un  joven cubano inclinado a esa diosa que es la filosofía que no haya visto en Fernando a un inteligente interlocutor y asesor de proyectos revolucionarios (revolucionarios, no revisionistas, cuidado para los mal pensados) para realizar en la web, esa ciencia ficción para Carlos Marx que hoy camina las múltiples autopistas.

Graduado en derecho en 1963, perteneció por un llamado que se hizo a formar profesionales de la filosofía, fue miembro del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana, del 1º de febrero de 1963 a inicios de noviembre de 1971. De 1966 a 1969 fue su director y miembro del Consejo Universitario, fundó y dirigió la revista Pensamiento crítico todo el tiempo que se publicó, de febrero de 1967 a agosto de 1971.

Eran tiempos difíciles. Fernando habló de aquellas circunstancias hace muy poco. Él asumió otras tareas y bueno…, al fin estuvo en un lugar a sus anchas: el Instituto de investigaciones culturales Juan Marinello, del Ministerio de Cultura, donde  presidió la cátedra  de estudios Antonio Gramsci desde su creación en febrero de 1997.

Premio nacional de Ciencias Sociales y de Investigación Cultural, tiene publicado más de una decena de libros y numerosos artículos  (sobrepasan los  200), y consecuente con sus ideas, en  la Conferencia inaugural en el XXII Encuentro Nacional de Solidaridad con Cuba, del Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba. Universidad Obrera de México, San Ildefonso no. 72, Ciudad de México, 18 de marzo de 2017, al dictar la conferencia «Orígenes y vigencia del pensamiento político de Fidel», dijo: «Fidel aprendió a ser, a la vez, patriota y socialista. A alimentarse del magisterio de Martí y a estudiar a Marx y Lenin, para poder plantearse bien la época en que vivía, sus conflictos fundamentales y las vías y métodos de la lucha por la liberación. A mi juicio, esta es una lección invaluable que nos ha brindado a la mayoría de los seres humanos del planeta, que hemos sufrido durante medio milenio la gigantesca empresa criminal de la universalización del capitalismo, genocida, ecocida y destructora sistemática de las vidas, las cualidades y las esperanzas de miles de millones de personas.»

En ese mismo mes, poco antes de operarse (una vez más) de la columna, al recibir la Distinción Félix Elmuza, que concede la Unión de Periodistas de Cuba, el también articulista expresó:

«Igual que lo que ha sido costumbre llamar la vida pública y la privada, se nos reúnen y hasta se le confunden a uno lo personal y lo social en momentos como estos, en que se recibe un honor tan grande mientras tremola la bandera escoltada y se entona la canción sagrada.

Aprendí a leer a los cuatro años de edad, y devoraba todo papel escrito que veía. En un pequeño pueblo sin libros, eran los medios de prensa mi sustento intelectual. Hace quince días decía, en una maravillosa reunión de jóvenes en esta misma Casa del Alba, que de muchacho la revista Bohemia era mi escuela política. Pero en aquel tiempo hubo que arrancarse los juegos de un tirón. Cada uno debía dar de sí todo lo que pudiera, y entonces escribí mi primer trabajo para la comunicación social. Era muy breve, se tiró en mimeógrafo y salió en varios cientos de ejemplares. En cuanto al pago, hay que aclarar que el que lo pagaba caro era el autor, si lo identificaban, porque fue en 1957.

El triunfo y los primeros años revolucionarios produjeron transformaciones tan profundas, abarcadoras y asombrosas de las personas, las relaciones sociales, las instituciones y el país que hoy resulta muy difícil representárselas y parece casi imposible comprenderlas en su integridad. Sin embargo, esto no lleva a relegarlas al olvido ni a creer que se trató de un sueño. La vigencia de la gran revolución está en la inmensa cultura acumulada por el pueblo de Cuba, en la manera de vivir superior de las personas, que no pueden arrebatarnos ni inducirnos a abandonar, y en el interés y la emoción que despierta en los jóvenes asomarse a aquella etapa de la historia prodigiosa de este país.

Esa gran revolución me formó en sus prácticas, me educó y me hizo ascender, aferrarme y cambiar al mismo tiempo, uno más entre millones que vivimos la gran aventura. Fui uno de los que asumieron pronto papeles intelectuales muy superiores a nuestra formación, como sucedía en tantos otros campos de la vida del país. Me tocaron la docencia y la investigación social, pero como entonces casi no había fronteras entre las actividades profesionales, y las necesidades eran el acicate y la brújula de las actuaciones, a mediados de los años sesenta ya estaba colaborando en publicaciones periódicas, y hasta participando en la fundación de alguna.

Hay que recordar y decir que el periodismo estuvo a la altura del tremendo movimiento histórico que se estaba viviendo. El florecimiento extraordinario del periodismo en aquella década tuvo a mi juicio varios factores que lo hicieron posible. El principal es que la mayoría de los profesionales y de la gente semiculta o culta abrazó la causa de la Revolución, y al mismo tiempo trabajaron y se formaron junto a ellos –sin paternalismos ni mezquindades– contingentes de jóvenes revolucionarios de casi nula formación previa, que ejercían con determinación y talento. Aquellos grupos les dedicaron a estos empeños toda su sensibilidad, su oficio, sus noches y sus días, su laboriosidad y su tenacidad, su valentía política y su empeño de entregarse.

Durante la
presentación del documental "Leyenda de un
canciller, de la directora Bárbara Silvia Diéguez, el
pasado 19 de abril, comparte la mesa con Raúl Roa Kourí

El pueblo se estaba apoderando de su país, las personas de su condición humana y su dignidad, y la sed de saber y de ejercer el gusto no tenía límites. Todas las fuerzas culturales que poseía Cuba se habían puesto en tensión, por lo que aquel periodismo no podría entenderse sin estos tres elementos: un público ingente que, en gran medida, se estrenaba como lector; la politización revolucionaria de esa lectura y de la literatura, las artes y el periodismo; y la voluntad política del poder revolucionario de abrir cauces nuevos, darles lugar a las creaciones, la originalidad y la conflictividad, irse una y otra vez por encima de la mera reproducción de lo existente y de lo establecido, y rechazar las camisas de fuerza pretendidamente socialistas que desde temprano trataron de encuadrar y ahogar aquel movimiento.

La política revolucionaria en los medios abría campos para que ellos pudieran dar cabida a la diversidad de criterios y perspectivas, a los argumentos y el debate entre revolucionarios, a la polémica franca. Es decir, que proveyeran el oxígeno que es indispensable al cerebro del cuerpo social que pretenda cambiarse a sí mismo y generar una nueva sociedad y nuevas personas.

Los jóvenes que acudimos a escribir en los medios de comunicación revolucionarios queríamos ser herederos de una tradición excepcional. El más grande de los cubanos había ejercido el periodismo, y un gran número de los intelectuales de primer nivel del país habían escrito colaboraciones para la prensa. Pero no nos arredramos ante las dificultades y nuestras insuficiencias, porque entonces había una fiebre de servir, y de brindarle a la nueva Cuba los argumentos y la belleza, de empuñar los instrumentos de trabajo, la pluma, los libros, la máquina de escribir y las armas de fuego, para darse a la Revolución.
Permítanme relacionar este reconocimiento que agradezco tanto con el cincuenta aniversario de la aparición del primer número de la revista Pensamiento Crítico, que se publicó en febrero de 1967. Estoy orgulloso de los cinco años en que trabajé en aquel órgano de comunicación social que hicimos un grupo de jóvenes revolucionarios. Veo que aún presta servicios cuando jóvenes de hoy la recuerdan, por su contenido y por el ejercicio del criterio, actitud sin la cual no hay militancia verdadera. Y también recuerdo con cariño tantas revisiones de galeras, el mar de tipos de letras redondas, y también a las versalitas, a la lucha tenaz cotidiana y a la angustia por la proximidad del momento del cierre de cada número, a las discusiones sistemáticas y las repentinas, a las madrugadas sin ir a dormir.

Fue la Revolución la que promovió el ejercicio de pensar y la exigencia de que las ideas se pusieran a la altura de ella. Y por la Revolución fue que pude llegar a ser el director de una revista cubana prestigiosa.

No me detendré en otros momentos de mi largo camino. Toda la vida he sido colaborador de publicaciones periódicas, en Cuba, y también en Nicaragua, Argentina, México, Perú y otros países latinoamericanos.

Entiendo que la significación y el valor de un acto como este nos trasciende a los que recibimos los reconocimientos, y nos pone en función de algo que es mucho más valioso que cualquier galardón personal. La Unión de Periodistas de Cuba y la máxima autoridad de nuestro Estado están reafirmando con esta ceremonia su apoyo a la labor de las mujeres y los hombres que a lo largo de todo el país laboran y sirven al pueblo en este campo de actividad, su voluntad de enaltecer las conductas tan esforzadas que mantienen y su comprensión de la necesidad y la urgencia de que la estrategia de la Revolución le dé cada vez más peso a un desarrollo efectivo de los medios de comunicación, que conjugue militancia y libertad, motivaciones y recursos, y otros factores imprescindibles. Para que el periodismo pueda estar a la altura del movimiento histórico, como baluarte y como instrumento cultural del socialismo y la soberanía nacional, en esta coyuntura crucial.

Siempre ha habido que pelear por todas las cosas grandes y hermosas. Después pueden venir las satisfacciones mayores, como es vivir dentro de un pueblo entero que lee y que sabe ejercer el gusto y sus criterios propios, en medio de un planeta al que el capitalismo trata de conducir hacia la idiotez masiva. Y al cabo pueden venir también satisfacciones personales tan grandes como la que acompaña al honor de recibir un premio como este. Pero es lícito el placer si realmente uno es capaz de seguir siendo seguidor de Antonio Maceo, el obrero de la libertad, y si uno sigue siendo alumno perpetuo de José Martí, mi primer maestro de periodismo, el que escribió hace ciento treinta años: “Nada es un hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo” Y que las grandes bodas del hombre son sus bodas con la patria.

En la sede
de la UNEAC junto a intelectuales y profesores
entrevistados para el documental dedicado a la vida y la
obra de Raúl Roa García "Leyenda de un
canciller" de Bárbara Silvia Diéguez, acompañado
por el equipo de realizaciónEn la sede de la UNEAC junto
a intelectuales y profesores entrevistados para el
documental dedicado a la vida y la obra de Raúl Roa
García "Leyenda de un canciller" de Bárbara
Silvia Diéguez, acompañado por el equipo de realización

Fotografía de Mundo Latino

Puesto entonces del lado del deber, lugar donde se encuentran tantas cosas buenas, y hasta la felicidad, es más fácil agradecer la generosidad y el gesto hermoso de los compañeros, esa familia grande de la sociedad que entre todos hemos creado. Y es más fácil afirmar que seguiré colaborando siempre con los medios cubanos de comunicación, como estoy resuelto a hacer, junto a los maestros y los profesionales capaces y honestos que trabajan entre tantas dificultades y no pocos obstáculos, y junto a los jóvenes que hoy hacen tanto por Cuba con su trabajo periodístico, sus empeños de superación y su valentía política e intelectual. Trataré de estar a la altura de esta magnífica profesión de servicio, de los símbolos que han presidido este acto solemne, y del ejemplo brindado por el periodista y trabajador gastronómico exiliado Félix Elmuza Agaisse, que se unió a Fidel, el líder del Movimiento 26 de Julio, desde 1955, lo siguió con una conducta ejemplar en la organización revolucionaria y supo escribir su nombre en la historia.»


Y bueno, dejo para último el dolor de los caimaneros, se nos fue otro fundador. Hace unos días despedimos a Guille.  Y para los huérfanos de Fernando, que sigan sus pasos, lean y estúdienlo, no intenten copiarlo porque traicionarían su tesis existencial: «Siempre ha habido que pelear por todas las cosas grandes y hermosas.»

lunes, 19 de septiembre de 2016

Renier González: Digo lo que pienso y me responsabilizo con ello

Por: Paquita Armas Fonseca





Renier González. Foto: Portal de la TV Cubana




A veces me acusan de ser absoluta, en oportunidades lo soy: para mí Renier González es el mejor narrador deportivo de Cuba y maneja un cúmulo de información que no tienen, o no muestran, la mayoría de sus colegas. Por eso ando detrás de él desde un buen tiempo para que me respondiera unas preguntas. Fue parco, todo lo contrario de cuando ofrece información sobre futbolistas, peloteros o partidos, incluso la gimnasia artística.

En Río 2016, por ejemplo, habló con lujo de detalles de la gimnasta norteamericana Gabrielle Douglas, oro olímpico en Londres 2012, el libro que se escribió sobre ella y de The Gaby Douglas Story, filme que se le realizó por sus cualidades deportivas y ser la primera gimnasta olímpica afro descendiente de ese país.

Precisamente, en Río mi entrevistado tuvo otros dos momentos exquisitos: la discusión del voly de playa con los cubanos, y el partidazo de Brasil-Alemania, que narró solo y con la emoción justa de principio a fin. Como dice un excelente realizador de la televisión:

“Este muchacho ha demostrado que es hoy el mejor comentarista deportivo… Tiene poder de comunicación, carisma, personalidad propia, mucha información, mucha, del deporte en sentido general, es capaz de imponerle cierta magia a sus narraciones, pasión, y te lleva a la emoción. Creo que es el continuador sin imitar de Yiqui Quintana y de otros que marcaron estilos propios”.

No creo que Renier sea perfecto, a veces la emoción lo traiciona, pero prefiero ese estilo a que lo flemático reine en él.

De una crónica-entrevista publicada en Cubadebate (parece que siempre es parco) extraje algunos fragmentos:

“Mi hermano había jugado portero de niño, al principio de la Revolución. Pero mi hermano no era fanático. A todo el mundo lo que le gustaba era la pelota. Me gustaba jugar al fútbol…ya no. Me operaron de una pierna por la gracia.”

“Yo empecé entrenando ajedrez. Hice un torneo y quise reportarlo. Lo reporté. Le gustó a la gente de la COCO y me dijeron que me quedara colaborando, y cuando hubo la plaza me quedé. Hoy no pudiera. Hay que ser universitario para ser narrador. Yo solo terminé el preuniversitario. De ahí fui derecho, derecho pa´l servicio militar.”

“En la COCO me ven Rodolfo García y Ernestico Ruiz Faxas. Todo Deportes pasaba entonces juegos de la Champions los domingos y les poníamos voz en un estudio del ICRT. El primer partido que hice lo recuerdo como si fuera hoy. Ayax-Panatinaikos. Año 96´. De ahí comentamos la Eurocopa, algunos partidos más y me dijeron que me quedara colaborando y me quedé. Vino el mundial del 98´ y después 2002, 2006, 2010 y… hasta que el cuerpo aguante.”

“Es una pregunta que me hacen seguidamente. ¡Si por ver fútbol fuera a desarrollarse el fútbol, nosotros ya fuéramos campeones del mundo! Y no iremos ni a un segundo mundial. En todos los países se ven todos los deportes. Nada tiene que ver con el desarrollo específico de alguno. Yo no sé quién sacó esa polémica. Pero me parece absurda”.

“Casi nunca hago lo mismo. El narrador tiene que amar lo que hace. Tú sabes que yo tengo los tornillos medio sueltos. Que ha de vivir para su trabajo y no de su trabajo. Un narrador ha de ser hiperquinético. Me pongo a leer, leer, leer y a tratar de conocer más todos los días.”

Este hombre más bien bajito, que tiene una voz envidiable, está listo para narrar muy bien las ceremonias de las olimpiadas o de otros grandes juegos. ¿Cuándo lo hará? Seguro que lo que no sabe, lo averiguaría… Y aquí las respuestas a mis preguntas.

-¿Cuál era tu sueño de niño: un gol o un micrófono?

-Ni micrófono ni gol, quería ser segunda base como Rey Vicente Anglada o GM de ajedrez, una de mis grandes pasiones.

-¿Cómo llegas a la radio?

-Es una historia larga, pero fue a través del ajedrez, cuando entrenaba en una Academia de Arroyo Naranjo.

– ¿Qué nivel de instrucción tienes?

-Pre universitario. Traté de estudiar Derecho de forma dirigida, pero no me hallo en un aula ni estudiando materias que no me gustan, así que lo dejé pronto.

-¿Lees mucho? ¿De qué genero?

-Leo muchísimo y de cualquier género, pero sobre todo de deportes e historia. La literatura también es parte de mi entretenimiento, me encanta leer todo lo de Eduardo Galeano y obras como El Alquimista de Paulo Coelho, me gusta leerlas varias veces.

-¿Cuándo pasas a la televisión?

– En 1996 empecé a narrar la Liga de Campeones, aunque no salía en cámara, al tiempo empezamos un pequeño espacio en Todo Deportes.

-¿Cómo te preparas para conducir un partido? ¿Acumulas información o la vas buscando en internet?

– Busco y me preparo casi a diario. Si te preparas solo para un evento te encontraras con muchas lagunas.

-¿Qué representó para ti tu estadía en Telesur?

– Muchísimo, fue un trabajo en el que aprendimos todos y tengo muy buenos amigos allí.

– ¿De que deportes no conoces?

– Antes quería saber de todos, con los años busco conocimientos generales de todo lo que pueda, pero me centro en 9 ó 10 y leer mucho, de 4 ó 5.

– ¿Cuándo sabes que una de tus frases funciona, como esa de “yo lo vi con estos ojos que tengo aquí”?

– Cuando las personas te lo repiten por la calle y bromean con uno con estos temas.

– Si lo has hecho, no lo he escuchado pero ¿crees que en la narración de un partido se deben enviar mensajes no relacionados con ese deporte?

-Las redes sociales han cambiado la manera de enfocar los deportes y hoy la comunicación entre televidentes y radioyentes es en tiempo real. Me encanta esta nueva era de las comunicaciones radiotelevisivas. Sé que a los tradicionalistas no les gusta, pero hablar de un deporte que no estás transmitiendo no me parece correcto, aunque yo lo he hecho y después me doy cuenta que está mal o me lo dicen y con mucha razón.

-¿Cuál narración de partido o deporte recuerdas con especial atención?

– La semifinal Cuba-México de los Centroamericanos de Veracruz 2014. La semifinal del Mundial de Fútbol Alemania -Italia 2006 y la final del Baloncesto Masculino de Beijing 2008 entre el Dream Team y España. En la radio, la victoria de Cuba sobre Puerto Rico en el Centrobasket de 1999 en la Ciudad Deportiva.

-¿Tienes algún locutor como paradigma?

– En Cuba, René Navarro; en el fútbol el colombiano, Edgar “El Negro” Perea me encantaba, y Víctor Hugo Morales.

-Los narradores deportivos –los buenos, y tu lo eres- son formadores de opinión ¿disfrutas esa responsabilidad?

– No creo que sea formador de opiniones, aunque los periodistas conocen más que yo de todo eso. Solo trato de informar lo mejor posible y me esfuerzo para ello y dentro de la información entretener y hacer pasar un buen momento a quien me escucha. No creo tener la capacidad, ni trato de influir en la opinión de los demás, solo digo lo que pienso y me responsabilizo con ello.

(Tomado del Portal de la TV)


jueves, 24 de marzo de 2016

OBAMA Y LA TELEVISIÓN

Por Paquita Armas Fonseca


Tengo que reconocer que Barack Obama y sus asesores son personas muy inteligentes, tanto que midieron cada paso e imagen que trasmitirían a la población cubana. Yo, lo confieso, tenía deseos de que se fueran antes de que llegaran por el run run popular y de los especialistas.


Llegó bajo la lluvia, en compañía de Michelle (con un sencillo traje de 2 000 euros), sus niñas y su suegra, además de una nutrida delegación gubernamental. Porque el servicio secreto sabía que no había peligro, comió en una paladar de Centro Habana y otra en el Vedado, fue al Estadio Latino Americano, a pesar de que esa mañana había estallado una bomba en Bélgica, colocada por el Estado islámico, hijo de los antecesores de nuestro ilustre visitante.


Yo seguí la visita por Cubadebate y Cubasí, con una buena cobertura por la inmediatez y la riqueza de comentarios que, minuto a minuto, se colocaban en ambos portales, más en el primero que el segundo.


Pero, la televisión, ay, mi televisión ¿Por qué una vez más estuve mejor informada por Telesur que por Cubavisión, si en ambos los comentaristas eran cubanos?. Se, que el canal de la familia cubana era la “voz oficial” de la visita de Obama, ¿necesariamente tenía que ser frio, apenas sin opinión? ¿Así podemos ganar una guerra a pensamiento, ahora más dura que nunca?.


¿Por qué Arleen Rodriguez podía transmitir para Telesur esa frase, que se dice Fidel dijo “Cuba y Estados Unidos establecerán relaciones cuando haya un presidente negro y un papa latinoamericano” y el investigador Esteban Morales disertar sobre la impronta de Fidel, su visión de la historia y hacer un nudo en mi garganta?. ¿Por qué el politólogo cubano podía desmontar magistralmente el discurso del presidente norteamericano, analizar sus escogidas citas del pensamiento de José Martí y ese mismo análisis no era válido para Cubavisión?


obama 1¿Por qué Esteban,  el joven académico Elier Ramirez y un grupo de comentaristas (que los hay) no podían estar junto a los periodistas en Cubavisión?¿Por qué no hacerlo esta vez si cuando vino El Papa Francisco, nos enteramos al detalle de toda la liturgia, gracias a un sacerdote que explicaba los pormenores?.


Este miércoles en el noticiero del mediodía, Oliver Zamora realizó un brillante análisis no sólo del discurso sino de la visita de Obama ¿por qué no el martes?. He dicho y digo que hacer televisión en Cuba no es fácil ni siquiera para dar una noticia, y me pregunto con las nuevas reglas del juego ¿seguiremos así?.


Disfruté de la transmisión del juego de pelota por Telerebelde. Hubo una buena preparación con entrevistas, y una visualidad nada encartonada para llevar incluso la llegada del presidente norteamericano al latino, acompañado del presidente cubano Raúl Castro. En fin, creo que una vez más Telesur (que también en parte es cubana) le ganó a nuestra televisión.


(Tomado del portal de la tv)

lunes, 29 de febrero de 2016

Latidos compartidos: un acercamiento bien hecho a problemas actuales de Cuba



No voy a hablar de aciertos estéticos (que los tiene) en Latidos compartidos, sino de asuntos que se dramatizan, en mi opinión, con matices adecuados. Bajo la dirección de Consuelo Ramírez y Felo Ruiz, con un guion de Amilcar Salatti, Gabriela Reboredo Iglesias, y Yunior García Aguilera, la obra ha ganado televidentes y provoca debate.

Uno de los temas que miro detenidamente es el de la mujer testigo de Jehová (Magdalena, interpretada por Loreta Estévez Canto), que no tiene un tratamiento ni despectivo, ni irónico.

La creyente se sumerge constantemente en contradicciones, desde sus relaciones sexuales hasta su obsesión de bautizar a un hijo adolescente, que, enamorado, no quiere reaccionar al placer por un bautizo, para el que no ha sido preparado.

El marido (Martín, actuado por Jorge Luis Fernández Treto) insistente en su necesidad erótica, cambia la actitud cuando su esposa conoce que padece de cáncer. Las contradicciones en ese núcleo familiar no se que solución tendrán, porque, además, Martín es un ex -recluso tratado con toda naturalidad, tal y como se le pide a la población que interrelacione con hombres y mujeres que cometieron algún delito y ya “pagaron” su deuda.

Hace años una siquiatra a la que admiré mucho, ante actitudes homofóbicas me decía “la gente no se da cuenta que el homosexualismo no es ni bueno, ni malo, sencillamente es”. Creo que bajo esa premisa se trabajó el guion y la dramaturgia de Latidos… Rogelio (Alberto González Corona) y Fabián (Luis A. Batista Bruzón) son no un par de gays, son una familia, su comportamiento no se acerca para nada al amaneramiento caricaturesco.

Con buenas relaciones de amistad y respeto con sus amigos, la pareja se enfrenta a la homofobia raigal de Macario (Manuel Porto Sanchez, de nuevo una buena actuación), padre de Rogelio que duda, más que eso, teme decirle a su padre que Fabián es su pareja, no su amigo. Esta actitud de presentar a los jóvenes en una actitud ética, que se enfrentan al sufrimiento ocasionado por Macario, hará que cuando este reconozca (así lo espero) que debe no tolerar sino aceptar a su hijo, los televidentes –al no ser algún retrógrado- aplaudirán ese reencuentro humano.

Darío, defendido por Alejandro Cuervo Aguiar, es ¡al fin ¡ un médico de carne y hueso: se enamora de una paciente que tiene al marido en estado de coma, por un accidente en el que intervino el propio Darío. Generalmente, los médicos en la televisión cubana son impolutos, este actúa como lo que es: un hombre que sucumbe ante el amor.

Otro aspecto novedoso es que el guion abarca dos paladares Vereda y Tropical (ese era el titulo, pero no lo pudieron usar por derecho de autor) en las que se ve eso que se llama cuenta propismo, que no se rige por el modo estatal cubano y que hasta ahora en un alto por ciento da buenos resultados.

Las dueñas de los establecimientos Luz Marina (Ariana Álvarez) y Tamara Morales (Omayda) representan dos puntos de vista distintos de ver la vida, aunque las dos estén enamoradas del mismo hombre, el abogado Maikel Yunior (Leonardo Benítez), y en sus vidas amorosas una es “honrada” y otra “casquivana”. Pero las dos exigen por igual el cumplimiento de sus empleados, “luchan” los abastecimientos e incluso compiten con la contratación de músicos para amenizar los locales.

En la propia relación con Maikel en ningún momento se habla de que es un negro y Omaida es blanca. Como escribí en algún momento no hay mejor mensaje antirracista que las manos blancas, acariciando, arañando la fuerte musculatura negra del hombre que posee a la mujer.

Luz Marina es voluptuosa, libre en sus relaciones, rasgos que ofrece convincentemente Ariana Alvarez, y que tiene un misterio con su embarazo. Habrá que esperar si este personaje sigue siendo un cascabel o en algún momento Ariana enseñe el rostro de alguien que parece no poder parir.

Hay otros dos tipos que resultan no comunes: el delincuente de cuello blanco Pedro Pablo (Ulik Anello Sánchez) y el buscavidas Buey de oro (Jorge Martínez). El primero es proxeneta, mentiroso, abusador, irrespetuoso con su esposa, en fin, un Lucifer envuelto en una tez blanca y el segundo en verdad juega a la ilegalidad pero es un buen tío, buen jefe, caritativo y noble, a pesar de su lenguaje ambientoso.

En fin. creo que latidos que comparto (aunque no me gusta el título) es una buena entrega para ese espacio que se debe respetar en nuestra tv: el mensaje de Rogelio y Fabián es más efectivo que decenas de cuartillas que se escriban en pro de que se imponga la aceptación con los personas de diferentes opciones sexuales. Y bueno, volveré sobre Latidos… hay otros aspectos a tener en cuenta.

(Tomado de Portal de la televisión Cubana)