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domingo, 30 de julio de 2017

ENTREVISTA ARLEEN RODRÍGUEZ "El periodismo cubano es libre del mercado, la libertad más importante del mundo hoy"

Arleen Rodríguez, periodista de Cubavisión y directiva de la Unión de Periodistas de Cuba. 
Arleen Rodríguez es una de las periodistas más destacadas de la televisión pública cubana. Es la coordinadora general del emblemático programa de debate de máxima audiencia “Mesa Redonda” que transmite Cubavisión y que durante diez años tuvo una emisión especial en Telesur Internacional.
Fue subdirectora y directora de Juventud Rebelde, el periódico de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba y en 1993 ganó el premio nacional de periodismo José Martí. Integra la Presidencia Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba, el órgano electivo de los periodistas del país.
Los críticos de la revolución le acusarían de ser la imagen oficial del Gobierno socialista cubano y por ello no hemos dudado en preguntarle sobre los temas más controvertidos del periodismo en Cuba, a los que ha respondido con independencia y honestidad. Queremos saber la situación de los profesionales y de los medios en su país, sus límites y, por qué no, comparar con nuestros países.
Mesa Redonda, el programa que usted coordina y modera, es el programa de debate estrella de la televisión cubana, ¿nos puede contar en qué consiste?
"El programa nace al calor de la campaña por la devolución del niño Elián González a su padre, en 1999"
Primero debo aclarar que no es exactamente un programa de debate, no fue concebido para promover debates sino para informar ampliamente y orientar desde la perspectiva de la mayor información posible. Y aunque es un programa que transmite la televisión, no es exactamente un programa de la televisión. Se trata de uno de los llamados "Programas de la Revolución", creados e impulsados por Fidel Castro como parte de la Batalla de Ideas. Es importante decirlo, porque no es un informativo más, es un espacio de opinión editorial, comprometido con la línea política de la Revolución cubana y de su Partido. El programa nace al calor de la campaña por la devolución del niño Elián González a su padre, en diciembre de 1999. Fidel sugiere organizar una "Mesa Redonda", con psicólogos y pedagogos que puedan explicar a la teleaudiencia "¿En qué tiempo se puede cambiar la mente de un niño?" Así se llamó el primer panel donde se dieron y comentaron las principales noticias que circulaban ya sobre el niño encontrado cerca de las costas de La Florida, tras un naufragio de balseros cubanos en el que Elián fue el único superviviente y, a partir de ese momento, convertido en trofeo de los grupos políticos de origen cubano que viven de la llamada industria de la contrarrevolución.
Del primer programa se derivaron otros, siempre con especialistas y periodistas, la mayoría expertos en la historia de las no relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Hasta el regreso de Elián a Cuba, el 28 de junio de 2000, el programa llegó a alcanzar los más altos niveles de audiencia, superando incluso la telenovela de turno.
Actualmente el programa dura sólo una hora (de siete a ocho de la tarde). Semanalmente comparecen funcionarios del Gobierno para ofrecer información de sus respectivas actividades y responder, en una segunda emisión, interrogantes de la población. El resto de los días están dedicados a análisis de acontecimientos internacionales, entrevistas a personalidades cubanas y extranjeras y debates sobre los problemas más acuciantes de la sociedad cubana actual
¿Quién decide los invitados?
Los panelistas de las mesas de información pública los deciden los organismos invitados –algunas veces los encabeza el ministro o ministra–. Los invitados que analizan temas nacionales e internacionales se deciden en nuestro consejo editorial, a propuesta del director (moderador principal) y los otros dos moderadores.
¿Y las preguntas?
Las preguntas son elaboradas o improvisadas por los moderadores de cada tema. Aunque el guión regularmente cuenta con la aprobación del director, no suelen incluirse las preguntas, que fluyen al calor del diálogo.
Entonces no es un programa plural. ¿Entrevistarían, por ejemplo, a Donald Trump o a Mariano Rajoy?
Por supuesto que lo haríamos. En nuestro programa entrevistamos al expresidente James Carter durante una visita a La Habana y en la emisión para Telesur, que se transmitía también en Cuba, entrevistamos a varios presidentes y cancilleres en ejercicio que no son simpatizantes de la política de la Revolución. Pero todas son personas con un perfil político interesante, que, al menos en nuestro programa, no lanzaron invectivas contra el modelo cubano.
"No somos plurales, sino un espacio editorial en defensa de la política de la Revolución"
Pero si hablas de la pluralidad de la que presumen muchos medios, en el sentido de darle voz a enemigos activos de la Revolución, en ese sentido, no somos plurales. Te repito que somos un espacio editorial de defensa de la política de la Revolución. Imagínate si vamos a darle nuestro espacio a los que llevan años mintiendo con la entusiasta colaboración de grandes medios internacionales.
¿Cíteme a algunas personas que quisiera llevar a la mesa redonda?
Soñamos con tener un día al Presidente Raúl Castro como invitado, una vez tuve la oportunidad de comentárselo pero no aceptó. En Cuba, a diferencia de otros países, los dirigentes principales del país, evitan la excesiva exposición mediática. Y por declaraciones de los funcionarios que comparecen en los programas de información pública, sabemos que la mayoría lo hacen porque se lo exigen sus superiores. Hay una suerte de pudor y no poco de nervios ante las cámaras en transmisiones en vivo. Nos ha pasado decenas de veces, que personas que nos exponen con extraordinaria fluidez sus puntos de vista en una cita previa, no logran hacerlo igual cuando el programa está al aire.
No obstante, te digo que sería difícil elaborar una lista de invitados que no hayan estado en la Mesa. Como norma y seguramente por la historia misma del programa, hemos tenido en nuestro estudio, desde Fidel Castro, su creador, a gran parte de la historia y el presente de Cuba.
Qué curioso, unos cargos políticos que no se desenvuelven con facilidad en los medios de comunicación. Precisamente ese suele ser el principal mérito que se valora de los políticos en nuestros países.
A ver, cuando me referí a la dificultad para interactuar con los medios, en realidad hablaba de funcionarios públicos de ministerios y gobiernos locales, que deberían estar más familiarizados con los medios, porque les corresponde informar, rendir cuentas. En el caso de los que desempeñan responsabilidades políticas, evitan la sobreexposición en los medios. Hay como una regla no escrita de que lo importante es mostrar resultados.
En Europa y Estados Unidos se asocia el periodismo cubano a control del gobierno y falta de libertad. ¿Qué piensa de ello?
En Europa y Estados Unidos hablan del periodismo cubano como hablan de la democracia cubana, desde una ignorancia ofensiva. Nuestro periodismo lucha hace muchos años por parecerse más al país que somos y vivimos insatisfechos porque, con excepciones, seguimos lejos de lograrlo, pero algunas victorias podemos anotarnos: somos libres del mercado, que es la más importante de las libertades en el mundo de hoy. Muchos de los que hablan mal del periodismo cubano sin molestarse en leerlo, oírlo, verlo, se asombrarían de cómo hemos crecido, pero concedo que todavía somos feos a un gusto modelado por los patrones del mercado e incluso a nuestro propio paladar.
¿Por qué feos? ¿A qué se refiere?
Me refiero a que nuestra tecnología no es la más avanzada en la producción de diarios y revistas, que no tenemos periódicos a color, a que las revistas se editan en papel de poca calidad, que salvo nuevos espacios que empiezan a aparecer con determinado nivel tecnológico, todavía trabajamos la televisión con diseños y dinámicas muy antiguos.
¿Puede criticar en su programa decisiones del gobierno o recoger quejas de ciudadanos?
Podemos y lo hacemos, pero eso no es lo importante, sino que la población lo haga directamente. Como somos un equipo muy pequeño -apenas 5 ó 6 personas- nos apoyamos mucho en Cubadebate, la página web que nació y creció en nuestro colectivo. Los programas sobre temas nacionales se realizan en coordinación con ese portal y juntos abren un foro, donde se reciben y responden las opiniones de la población, también se abren los teléfonos con igual objetivo. En los archivos de Cubadebate pueden encontrarse esas discusiones, donde aparecen las más fuertes críticas a gestiones gubernamentales. También en nuestros vídeos en Youtube, donde están las emisiones Sobre la Mesa, con debates que al menos una vez al mes, se arman con discusiones candentes en un panel de periodistas de otros medios invitados.
¿Entonces esos foros en internet de discusión y crítica son abiertos y se puede acceder? ¿me puede facilitar la dirección?
Claro que son abiertos. Nuestro sitio: www.cubadebate.cu es la referencia. Allí se accede también a la Mesa Redonda y sus enlaces con Facebook.
¿Se ha dado el caso de que alguna Mesa Redonda ya grabada no fuese emitida después o, dicho de otra manera, fuera censurada?
No es posible. La Mesa se transmite en vivo y en directo. Sólo se graban algunos programas por razones de disponibilidad de estudio o condiciones para la transmisión (desde provincias, por ejemplo) o entrevistas con personalidades que no pueden comparecer el día en que se va a transmitir, pero en general la Mesa sale al aire en vivo.
Usted ha viajado en numerosas ocasiones fuera de Cuba y ha podido comprobar el periodismo que se hace fuera de la isla, ¿qué opinión le merece?
En cada viaje al extranjero que he hecho a lo largo de mi vida profesional (más de 30 años), lo primero que busco es la prensa del país, excepto en las naciones cuyo idioma no comprendo (solo puedo leer en portugués y en inglés, además del español). Recuerdo que en mi primer viaje a España –Cumbre Iberoamericana de 1992–, leí tantas cosas bien escritas en El País y El Mundo, que cargué periódicos en mi valija para guardarlos como si fueran libros. Con Página 12 en Argentina y con La Jornada en México me pasó lo mismo años después. A estos dos últimos todavía los sigo como imprescindibles. Los dos españoles me han defraudado mucho. De los informativos de televisión, DW [Deutsche Welle] en español y BBC en inglés me engancharon alguna que otra vez, pero, a decir verdad, lo único que realmente me ha deslumbrado y enorgullecido, se hace en Latinoamérica: nuestra Telesur, de cuyo staff aun me siento parte y el canal Encuentro, fundado por Tristán Bauer en la Argentina de los Kirchner.
Lo demás que busco, a través de internet, es prensa alternativa seria, una práctica que se nos hizo hábito cuando descubrimos rebelion.org. Nuestro Cubadebate nació inspirado en aquel sitio del que fuiste fundador.
"Huyo de la mentira. No soporto la postmoderna equivalencia de todas las verdades"
Los años han pasado y el tiempo es cada vez más escaso, así que me he vuelto muy selectiva por obligación. Hoy voy directo a los sitios donde puedo encontrar lo que me informa y me interesa. Ya no me resulta difícil encontrar lo bueno y lo bueno me gusta leerlo completo, así que no pierdo tiempo con toda la basura que sé que se publica en muchas partes. Especialmente le huyo a la mentira. Me enerva demasiado. Algunos colegas me dicen: hay que leerlo todo para contrapesar. Que lo hagan los nuevos. Yo paso. No soporto la postmoderna equivalencia de todas las verdades.
¿Cuál cree que serían las principales demandas o preocupaciones de los periodistas cubanos?
Las principales demandas de los periodistas cubanos hoy, están relacionadas con las necesidades materiales para ejercer el oficio desde los medios públicos (esos que desde el exterior peyorativamente llaman oficialistas). Los durísimos años de Periodo Especial [así se denominó en Cuba al período de crisis económica que comenzó tras colapso de la Unión Soviética en 1991 y del que comenzó a recuperarse a partir de 1995] han impactado mucho al sector, porque siempre hay otras prioridades para la escasa billetera de una nación bloqueada. Los periodistas piden mejores pagos por sus trabajos, actualización tecnológica completa (wifi doméstico, banda ancha, máquinas más modernas, facilidades para el desplazamiento), pero no han dejado de ejercer con dignidad el oficio, aunque afuera de sus redacciones los esté asediando ferozmente una creciente red de medios privados que pagan varias veces el salario del medio público.
Como el rigor a que obliga el bloqueo permanece, hoy muchos medios están planteándose modelos de gestión que les permitan autofinanciarse, pero para ello es obligado cambiar normativas y reglamentaciones vencidas por el tiempo, que permanecen ahí, como el dinosaurio de Monterroso, obstaculizando cualquier avance.
Otras demandas están dirigidas a los funcionarios públicos y su deber de dar información, algo que durante años ha desconocido la mayoría en nombre de la real persecución de que es objeto cualquier dato importante sobre Cuba. La Unión de Periodistas está dando una fuerte pelea a favor de esa y las otras demandas.
Si se revisa la prensa local –los periódicos y emisoras de provincias– se puede advertir que la excepción empieza a transformarse en regla: hay provincias cuya prensa provoca envidia en medios nacionales, por la osadía y la profesionalidad de sus publicaciones. Lógicamente son los mismos lugares donde es apreciable el índice de aprobación de las autoridades por su población.
En Cuba están apareciendo nuevos medios privados. Desde periodistas con su propio blog a nuevos proyectos web con capital extranjero, ¿qué piensa al respecto?
Lo de los medios privados es algo que se ha ido colando, al margen incluso de lo que expresa la Constitución, pero existen, están ahí, financiados no se sabe bien ni por quién, pero van apareciendo en el escenario mediático con una evidente disponibilidad de fondos que se utiliza para pagar bondadosamente cierto tipo de periodismo que hasta ahora estuvo ausente de la sociedad cubana: exaltando el consumismo, la banalidad, el éxito personal por encima de la solidaridad y promoviendo marcas, estilos de vida y perspectivas de análisis más cercanas a la sociedad de mercado que al socialismo. Lo hemos debatido intensamente en la UPEC y esperamos que una Ley de Comunicación o de Prensa termine por resolverlo. No estoy hablando de los blogs personales, que le aportan, desde mi punto de vista, una dinámica nueva y desafiante al periodismo tradicional. Lo que nos faltan son regulaciones actualizadas. Lo que debemos es impedir que nos pasen gato por liebre y que, en nombre de una falsa libertad, terminemos maniatados por el mercado como tantos colegas nuestros en el mundo.
¿Dice que es más rentable en Cuba trabajar para un medio privado que para uno público?
Pues sí, los privados disponen de abundantes fondos de los que hacen ostentación, pagan en divisas a sus colaboradores, un dinero que es varias veces el salario que hoy pagan los medios públicos. Seguramente es más rentable trabajar para los privados, no solo en la prensa. La pregunta es: ¿hasta cuándo? Estoy convencida de que a medida que se sufra en la práctica aquello de que "el que paga manda", mucha gente rectificará hacia la real libertad de crear en función de ideales.
¿Hay periodistas encarcelados en Cuba? Reporteros sin Fronteras dice que se persigue la libertad de expresión
No conozco a ningún periodista encarcelado en Cuba y creo seriamente que pocos países pueden presumir de mayor libertad de expresión, no sólo en los medios -que la hay con los límites de la responsabilidad individual y colectiva y los alcances de la voluntad y el talento de periodistas y directivos- también en el conjunto de la sociedad, estructurada en organizaciones que, empezando por la niñez, garantizan un nivel de participación social que nadie puede negar. ¿Cómo se puede explicar la supervivencia de la Revolución al cruel cerco de su poderoso vecino sin libertad para expresarse? Reporteros sin fronteras tiene muchas tareas pendientes en nuestra región, la de más asesinatos y desapariciones de periodistas, pero ninguno de ellos es cubano.
Algunos lectores, críticos con la revolución cubana, podrían pensar que habla así porque disfruta de algunos privilegios inaccesibles a la mayoría de los cubanos, y de esa forma los gobernantes se ganan su fidelidad. ¿Qué me responde?
Que alguien enumerara mis supuestos privilegios. Vivo en un apartamento pequeño de un edificio multifamiliar, construido por microbrigadas, tengo un automóvil, que me gané trabajando y que ya está bastante viejo y dañado por el uso, el abuso y lo costosas que son las reparaciones. Trabajo intensamente, no sólo en la Mesa Redonda: escribo y hago la conducción de un programa de radio semanal de entrevistas a personalidades nacionales y extranjeras y colaboro en guiones de documental y publicaciones que tienen una línea editorial afín a mi pensamiento. No conozco a nadie que envidie mi situación, pero no me quejo. Escogí mi profesión y la disfruto mucho. Tampoco me quejo de las dificultades que como cubana me ha tocado sufrir. Es el precio que nos ha tocado pagar por insistir en la defensa de una sociedad más justa.
¿Cómo cree que se informa de Cuba en la prensa extranjera?
Creo que los medios extranjeros, al menos por lo que publica la llamada gran prensa, es en general maliciosamente selectiva y responde a un prejuicio anticomunista al hablar de Cuba. Tergiversan, mienten y silencian. Pero también nuestro país peca de parco, omiso y lento para difundir sus verdades. En la era de internet podríamos hacer mucho más, aunque el bloqueo mediático al país, y no sólo desde Estados Unidos, es casi peor que el financiero.
¿Qué considera que tiene como periodista en Cuba que no tendría en otro país?
Lo que como periodista tengo en Cuba que no tendría en otro país es la posibilidad de vivir sin miedo a que me encarcelen o me asesinen por decir lo que pienso. Y la suerte de poder practicar el periodismo desde una militancia de compromiso con los pobres de la tierra, sean de nuestro país o de otro cualquiera. No hay nada más gratificante que escribir, hablar, difundir, los sueños, las peleas, las victorias, de las mayorías.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Con José Martí, por una prensa cada vez mejor


Publicado: 2017-05-23
Fuente: CUBARTE


La Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) honró a dos colegas amigos, Pedro de la Hoz y el autor de estas líneas, con la responsabilidad de intervenir en su espacio Catalejo este 19 de mayo, aniversario 122 de la muerte de José Martí en combate. Cualquier día es adecuado para rendir tributo al héroe y defender sus lecciones, abrazándolas con la firme voluntad de ponerlas en práctica; pero la efeméride añadió una especial dosis de convocatoria a ese propósito.
Al hablar para un público formado en buena parte por profesionales que tienen en su currículum el Premio Nacional de Periodismo José Martí —como lo tiene el propio De la Hoz—, los dos panelistas asumieron por distintas aristas, y con voluntad de ser útiles para hoy, la tarea de referirse no solo en general al legado martiano, sino en especial a lo que sigue aportando para el logro, en plenitud, de la prensa que la nación necesita y merece tener.
Entre las características pilares del quehacer de Martí en ese terreno señalaron su respeto al público, lo que evidenció en logros como el alto dominio del idioma. Naturalmente, no se trata de algo que pueda imitarse a voluntad: Martí fue un escritor, un poeta extraordinario, y especialmente en casos tales puede la mera imitación terminar —o empezar— en facturas patéticas. Pero vale asumir como guía en el quehacer cotidiano, cada quien a su modo y con la mayor voluntad creativa, el valor de la calidad de la expresión para trasmitir eficazmente información e ideas.
En ese camino dio Martí otra saludable lección que día a día se muestra cada vez más necesaria: creó un periodismo personalísimo que no tuvo ni podía tener su cimiento en el uso o abuso de la primera persona gramatical ni en giros que pueden llegar a tonterías narcisistas, sino en la profundidad raigal, la altura y la firmeza de las convicciones expresadas. Para eso, también naturalmente, el cimiento mayor estuvo —y sigue estando— en la consistencia de su personalidad.
Aquí se habla de personalidad y dominio expresivo en relación con uno de los terrenos en que no hallarían buen sostén sino a partir de la solidez del conocimiento. Para conseguirlo puso en tensión Martí su insaciable curiosidad intelectual, su sed cognoscitiva, que lo era a la vez de justicia y de belleza, y de la cual dan fe, como frutos, sus textos publicados, y ofrecen íntimo testimonio las anotaciones recogidas como cuadernos de apuntes o acopio de fragmentos en sus Obras completas.
Todo ese arsenal, sin embargo, habría sido manco, o estéril, o no habría dado el saldo extraordinario que alcanzó, si no hubiera tenido raíces profundas en una ética invulnerable: en un sentido de la responsabilidad que él nunca confundió con ocultamientos inmorales. En medio de los preparativos de una revolución que debía vencer escollos tremendos y enfrentar enemigos poderosos, no vaciló en repudiar las debilidades y los defectos que podían hallarse entre sus compatriotas. Lo hizo sin salirse de su permanente voluntad edificante, educativa, y sin temor a la claridad de la denuncia.
En general, siguió una norma de conducta por la que un escritor cubano —Guillermo Rodríguez Rivera, fallecido un par de días antes de celebrarse el encuentro de la UPEC, en el que fue recordado por ponentes y público— dijo que había aprendido más del Maestro que en los textos de los teóricos de la libertad: la convicción de que la libertad es el derecho que cada ser humano tiene a pensar y hablar sin hipocresía. El propio Martí abonó también la certidumbre de que ser sincero, no hipócrita, tampoco autoriza a desconocer las exigencias de la responsabilidad.
Fue recordado asimismo su criterio de que un periodista tiene mucho de soldado, pero con igual precisión se apuntó que, por el sentido de ese juicio y el contexto en que lo sostuvo el Apóstol, la coincidencia se daba, más que en lo tocante a disciplina y obediencia —como a veces parece que se quiere creer, sobre todo quizás para explicar omisiones indeseables—, en la capacidad y la disposición para encarar riesgos: no solo en la guerra, sino también en la paz.
Entre lo mucho y fundamental que resulta claro en el desempeño de Martí —nutrido siempre de ideas sembradoras que ponía en acción—, estuvo su consecuencia con la idea de que la palabra se ha hecho para decir la verdad, no para ocultarla. En circunstancias cruciales pudo, por ejemplo, entender necesario mantener en silencio que la guerra revolucionaria que él preparaba no era ya solamente ni en lo fundamental contra la vieja metrópoli española, sino contra la neometrópoli que desde los Estados Unidos se aprestaba a ensayar en nuestra América un nuevo sistema de colonización.
Proclamar esa verdad podía agravarle a la revolución la hostilidad del imperio, hostilidad que era real y el dirigente revolucionario conocía: la vio a lo largo de años, y en enero de 1895 se la confirmaron los hechos ocurridos en el puerto floridano de Fernandina. Pero no mantuvo en silencio su antimperialismo, ni las opiniones, denuncias, advertencias, condenas merecidas por la potencia que se disponía a apoderarse de las Antillas, de nuestra América toda, como un paso hacia el logro de la hegemonía mundial.
Esa meta la alcanzaron los Estados Unidos al imponerle a Cuba lo que Martí se propuso impedir a tiempo con la guerra de liberación a cuyos preparativos consagró su vida y en cuyos inicios murió arma en mano, en arremetida contra una columna enemiga: la intervención del poderoso y voraz vecino en la guerra que el pueblo cubano merecía y pudo haber ganado contra el ejército español. Para que no fuera así llevaron a cabo los Estados Unidos las maniobras con que en 1898 las fuerzas de esa nación frustraron la independencia de Cuba y crearon las condiciones para que el 20 de mayo de 1902, un día después de cumplirse siete años de la muerte de Martí, se constituyera una república neocolonial.
En la cita de la UPEC pudo haberse dicho, y de alguna manera lo pusieron sobre el tapete las ideas allí expuestas, que el pueblo cubano tiene derecho a reivindicar, como algo positivo, una dimensión de lo ocurrido al proclamarse aquella república: frente a la lucha heroica protagonizada por la vanguardia del pueblo cubano —representada en sus tropas mambisas—, el imperio interventor empleó su poderío y urdió todo tipo de trampas, pero no pudo convertir a Cuba en una mera colonia. Tuvo que conformarse con reducirla a república neocolonial.
Sería esa la única razón, si la hubiera, para que, con motivo de aquella fecha, el césar de turno en el imperio felicitara hoy al pueblo cubano. Pero la razón mayor para felicitaciones coherentes y dignas se halla en el hecho de que el pueblo cubano se irguió sobre la frustración que para su patria significó la dominación imperial y, tras décadas de lucha, el 1 de enero de 1959 alcanzó la victoria revolucionaria que libró a su patria del imperio y de sus cómplices vernáculos. Ese triunfo la puso en camino de proponerse constituir la república moral y justiciera en pos de la cual José Martí unió a sus compatriotas y organizó la guerra necesaria, y aportó para el futuro de su país un legado irrenunciable.
Fiel a ese legado sigue Cuba siendo república, y abraza el deber y la vocación de perfeccionarse como tal con su proyecto de construcción socialista. Su mayor logro estribará en que asuma ese afán sin concederle al recuerdo de la humillación necolonial —sería un grave despropósito hacerlo— el favor de menospreciar, no digamos ya satanizar, la dignidad que representa, como conquista de la humanidad en su devenir, el buen funcionamiento republicano.
Como parte del pueblo cubano, hace bien la Unión de Periodistas de Cuba al asumir a José Martí, el mayor maestro de Fidel Castro, como lo asumió este, su mayor discípulo si de revolución transformadora y de base ética se trata: no solo como autor intelectual de los sucesos del 26 de julio de 1953, sino como su guía eterno.

jueves, 4 de mayo de 2017

Un texto inédito de Julio García Luis sobre la “libertad de expresión” como arma contra Cuba

Julio García Luis dando clases en la Facultad de Periodismo de la UH (Foto: Cubadebate)

En la papelería de Julio García Luis (1942-2012)* aparece este texto con el siguiente encabezado: “Carta de la UPEC a Armando S. Rollemberg con motivo de las imputaciones de este a la prensa y la Revolución cubanas. Fechada el 17 de febrero de 1992”. Este documento inédito hasta hoy integra parte de un libro en preparación.
Para seguir hablando claro, en una lucha a vida o muerte como la que hoy se le plantea a Cuba, un país acosado, abandonado por sus antiguos aliados, sometido a todo tipo de presiones y agresiones, no hay ni puede haber “libertad de expresión” para los contrarrevolucionarios, que son, ciertamente, como tú dices, una exigua minoría, pero una minoría que representa la política de la superpotencia norteamericana y que cuenta para expresarse con todos los medios y recursos del imperio al que sirven.

¿En nombre de qué principio político o moral se le puede reclamar a Cuba espacio para estos elementos?

¿Acaso en nombre del espacio que se abre a las verdades de Cuba en la prensa de Estados Unidos y otros países occidentales?

Tú defiendes una libertad de prensa abstracta, que no existe ni existirá en lugar alguno. Nosotros defendemos una libertad de prensa concreta y real nacida de la Revolución.
¿En nombre de qué principio político o moral se le puede reclamar a Cuba espacio para estos elementos?

Esta libertad es incompleta, es cierto. Si Estados Unidos suspendiera su bloqueo y renunciara a la política de destruirnos, no hay duda de que se crearían condiciones nuevas y podría haber tolerancia y flexibilidad. No tenemos ningún temor a la discusión de ideas y a la diversidad de opiniones. Somos nosotros mismos, los periodistas revolucionarios, quienes defendemos en Cuba el proyecto de una prensa más abierta, variada y polémica. Pero nuestras propuestas han quedado paralizadas por el asedio y la campaña de los que tratan de interpretar cualquier cambio interno como síntoma de debilidad de la Revolución.

Para seguir hablando claro, lo que tú planteas sólo sería posible con el triunfo de la contrarrevolución y la restauración del capitalismo en Cuba, porque sólo bajo esas premisas pudiera existir una “libertad de expresión” como la que pretendes, que es la misma que nos reclaman desde Miami y Washington.

Tendría, pues, que ocurrir una tragedia histórica cuyo precio en vidas humanas es incalculable, que devolviera a nuestro país al pasado, que le arrancara al pueblo sus medios de prensa y los privatizara, poniéndolos en manos de reaccionarios y mafiosos —como ocurre ahora, por cierto, en algunos países ex socialistas, sin que provoque preocupaciones en la OIP.

Nosotros pensamos distinto. Resistir y sobrevivir ahora; superar esta etapa dura y decisiva en que nos debatimos; y luego continuar desde adentro, con lealtad y determinación, los esfuerzos por liberar a nuestra prensa de deficiencias e insuficiencias, que las tiene, y que sólo nosotros podemos y debemos resolver.

Ese es nuestro camino y en él perseveramos.


*Julio García Luis, periodista y doctor en Ciencias de la Comunicación, fue presidente de la UPEC, Premio Nacional José Martí y Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

martes, 25 de abril de 2017

Declaración de los estudiantes de Ciencias Sociales y Humanidades de la UCLV

Publicado el abril 24, 2017


En la tarde de hoy, en los predios de las facultades de Ciencias Sociales y Humanidades, se reunieron los estudiantes de ambas facultades para dar lectura a la siguiente declaración:

Los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas declaramos ante el mundo nuestro compromiso con la construcción del socialismo en Cuba y con la línea política trazada por nuestro Partido y la dirección histórica de la Revolución.
Somos conscientes que se viven tiempos de cambios. Que nuestro sistema político y nuestro modelo de sociedad son perfectibles y que Cuba precisa de adaptarse a los nuevos tiempos para seguir adelante. Pasos muy importantes tomados por la dirección histórica del país, como la reapertura de las relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, son muestra de ello. Sin embargo, no nos engañamos. Ser joven, no significa ser ingenuo. La Cuba del futuro, la Cuba de nuestros hijos, no puede ser una Cuba de pluripartido, no puede ser una Cuba donde la política se convierta en el negocio de una élite corrupta. La Cuba que queremos es y debe ser una Cuba socialista e independiente.
Cuba tiene la única Constitución socialista del hemisferio americano. La primera en legitimar la educación, la salud, el deporte, la seguridad social, entre otros, como derecho de todos, y no como privilegios de quienes pueden pagarlos. Somos conscientes de que para seguir rigiendo los destinos de nuestra sociedad, esa Constitución Socialista debe adecuarse a los nuevos tiempos. Los jóvenes universitarios somos partícipes de esa futura reforma constitucional, de la modificación a nuestra Ley Electoral y de la actualización de nuestro modelo económico, como también estamos conscientes de la necesidad de conservar las conquistas, principios y valores de la Revolución; bajo el fundamento de que Cuba es un Estado socialista, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos.
Los estudiantes de la Universidad Central “Marta Abreu” de Las Villas declaramos: que no son patriotas los que aceptan dinero de fundaciones y organizaciones radicadas dentro y fuera de Cuba, para atacar y sabotear las instituciones de nuestra sociedad. Que no son patriotas quienes, financiados por el Departamento de Estado de los Estados Unidos, difunden mentiras y calumnias en las redes sociales en contra de nuestro pueblo. Por eso reprobamos la conducta y proceder de Karla María Pérez González o de cualquier persona que intente derribar el orden político, económico y social establecido en nuestra Constitución.
Al parecer han olvidado -o no conocen- que en el año 2002 el pueblo cubano, en plebiscito popular, dejó expresamente consignado el carácter irrevocable del socialismo y de nuestro Sistema Político, Social y Económico, probado por los años de heroica resistencia frente a agresiones de todo tipo, reafirmando una vez más que Cuba no volverá jamás al capitalismo.
Nuestro Partido Único no propone candidatos ni cambios. En la práctica constitucional revolucionaria ese papel le corresponde al pueblo. En el pueblo reside la soberanía y de él dimana todo el poder del Estado. Los contrarrevolucionarios se equivocan nuevamente al pretender proponer cambios en Cuba sin contar, ni tener, el respaldo del pueblo.
Por eso, los estudiantes nos preguntamos: ¿acaso los años de república pluripartidista vividos por Cuba resolvieron los problemas sociales de la nación? ¿Acabaron con el hambre? ¿Acabaron con el analfabetismo? ¿Solucionaron los problemas crónicos de salud? La sociedad cubana de hoy, alfabetizada, sana, con una esperanza de vida equiparable con la de países del primer mundo, es resultado de nuestro sistema de partido único. Nuestro sistema de partido único que ha desterrado los golpes de Estado, la violencia política y el engaño al pueblo. Esa unidad de nuestro pueblo y de nuestro Partido ha costado sangre ¡y los jóvenes no la dejaremos caer!
 Estudiantes de Ciencias Sociales y Humanidades
Santa Clara, 24 de abril de 2017.

jueves, 23 de marzo de 2017

Fernando Ravsberg: “El principal aporte de los nuevos espacios informativos ha sido demostrar que otro periodismo es posible en Cuba”.

María Isabel Alfonso, Cuba Posible

Marzo 23, 2017


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Foto tomada de laventana.cult.cu

Cuba Posible, en su esfuerzo por dar continuidad a las reflexiones sobre la prensa y la esfera pública en nuestro país, ha entrevistado al periodista de origen uruguayo Fernando Ravsberg, quien ha sido corresponsal de diversos medios de prensa extranjeros en nuestro país, y mantiene, desde hace varios años, el reconocido blog Cartas desde Cuba.

¿Cómo es que llegaste a hacer periodismo en Cuba y por qué te decidiste a quedarte en la Isla?

Llegué, como muchos otros colegas en el año 1990 para cubrir el desenlace político de Cuba frente a la desaparición de la URSS y del Campo Socialista europeo. Desde el viejo continente había la percepción de que la Revolución cubana no sería capaz de sostenerse sin el apoyo soviético.

En el año 1997 intenté convencer a los medios para los que trabajaba de la conveniencia de cambiarme por otro colega, pero no conseguí el apoyo en las redacciones. Todos insistieron en que me mantuviera “hasta el fin de la película”; seguían con la tesis de 1990. Poco tiempo después caía en las redes de esta nación, me enamoré de ella y fui yo el que no quiso irse a pesar de haber tenido una par de ofertas muy interesantes de trabajo. Por otra parte, mi independencia de criterio es más apreciada como corresponsal que como miembro de una redacción.

¿Cómo concibes el periodismo y cómo se parece el que tú practicas al que concibes como ideal?

Yo concibo el periodismo como un servicio público y a los periodistas como trabajadores al servicio de la sociedad; como los basureros, por ejemplo. En este sentido mi ideal es una sociedad en la que todos los medios sean de propiedad pública, regido por leyes que protejan a los periodistas frente a los poderosos y también a la población ante el ejercicio poco ético del periodismo. A pesar de que Cartas desde Cuba no es un medio de prensa, sino simplemente mi blog personal, hago una selección de noticias buscando prestar un servicio a los cubanos. Hace algún tiempo una dirigente de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) me dijo que me leía pero que a veces no estaba de acuerdo con algunas cosas que yo publicaba. Le respondí que yo también estaba en desacuerdo con algunas cosas que publicaba, pero que lo hacía porque consideraba que eran cuestiones de interés público. Así he informado sobre la migración ilegal y los riesgos que implica, sobre las propuestas de senadores de Estados Unidos para quitar las ayudas sociales a los cubanoamericanos, etc.

Los medios de comunicación en Cuba son estatales, es decir, no están en manos de poderes privados. Pero, ¿son realmente medios públicos? ¿Cuál es la diferencia? ¿Cuál es tu preferencia?

Los medios en Cuba son, en un 99 por ciento, de propiedad estatal; yo diría, incluso, que partidaria porque el máximo poder lo tiene el Departamento Ideológico del Partido Comunista de Cuba (PCC). El modelo es calcado del soviético y se mantiene a pesar de que en la URSS se convirtió en una herramienta clave para desmantelar el socialismo. Sin embargo, el hecho de que todos los medios sean estatales le da a Cuba una oportunidad única de transformarlos en medios públicos sin tener que enfrentarse, como en otros países, con poderosos propietarios particulares. De todas formas, la burocracia pondrá todas las zancadillas posibles a ese paso porque la independencia de los medios pondrá al descubierto la corrupción e inoperancia de muchos sectores.

Para que haya medios públicos es necesario que la sociedad cuente con leyes que regulen el ejercicio de la profesión como explicaba antes; esa ley de prensa se retrasa en las gavetas de la burocracia pues teme que esta afecte sus intereses económicos.

La posición de atrincheramiento adoptada por un sector del periodismo y la blogosfera cubanos parecen ir en contra del espíritu de “actualización” y transformación que, promovidas por el gobierno, atraviesa la sociedad. ¿A qué crees que se debe esto?

Yo creo que en todo momento de cambio (y este lo es), hay fuerzas que empujan la carreta hacia adelante, otras que la intentan frenar metiéndole palos en las ruedas y muchas que se quedan indiferentes esperando el desenlace.

Son variadas las razones por las que los inmovilistas actúan con el extremismo que lo hacen en la sociedad (la blogosfera es solo un reflejo). Están los corruptos que viven del río revuelto y no quieren que la economía se ordene, porque eso afectaría sus ganancias. Por otra parte, hay un buen grupo de oportunistas que protegen sus puestos en el aparataje “político ideológico” porque este les da privilegios, viajes, gasolina, automóvil, etc… Finalmente están los que sinceramente creen que los cambios traerán el fin del socialismo, la instauración del capitalismo y la dependencia de Estados Unidos.

No sabría decirte cuántos hay en cada uno de estos grupos, pero te puedo asegurar que las reformas de Raúl Castro tienen muchos enemigos que, en su conjunto, ejercen una poderosa fuerza contra los cambios. El contrapeso y principal apoyo del Presidente reside en que la población, en su mayoría, desea cambios que les permita una vida más próspera.

¿A qué atribuyes la emergencia de espacios alternativos en los campos del periodismo y la blogosfera en Cuba? ¿Qué aportan estos medios? ¿Qué limitaciones tienen?

Yo creo que el principal aporte de los nuevos espacios informativos (me resisto a utilizar las palabras “medios” y “alternativos”), ha sido demostrar que otro periodismo es posible en Cuba, que se puede hacer dentro de la Isla y con periodistas nacionales. Lo que queda patente con la apertura de estos nuevos espacios informativos es que Cuba tiene excelentes periodistas y una pésima prensa. La causa de esta problemática es, sin lugar a dudas, la relación Partido-Prensa, que ha llevado a los medios nacionales a perder su credibilidad.

La mayor limitación de estos nuevos espacios informativos es la económica. Es muy difícil obtener financiación sin que los blogs oficialistas, de inmediato, te acusen de “mercenario”. Esos mismos que reciben dinero en abundancia de las arcas del Estado. Fue el caso de Harold Cárdenas, quien trabajó para “El Toque”, de Radio Nederland y con lo que ganaba ahí sostenía, en parte, a su blog La Joven Cuba. Llegaron al absurdo de acusarlo de trabajar para la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), porque Holanda es miembro de esa organización. Es por esta razón que, a pesar de haber recibido ofertas de apoyo económico de las más variadas fuentes, sigo optando por pagar los gastos de Cartas desde Cuba con mis ahorros.

La violencia física contra los periodistas es una constante en muchos lugares del mundo. En Cuba se han promovido estándares de respeto hacia los profesionales del periodismo y, en general, aunque hay mucho por cambiar, la Isla está muy lejos de la caricatura que pintan los grandes medios en Estados Unidos. Sin embargo, hace poco sacaste una nota denunciando un comentario de violencia (e incluso, xenofobia) de un bloguero cubano contra tu persona. ¿Piensas que esto es una tendencia que puede seguir proliferando, o una lamentable y aislada excepción? ¿Crees que a pesar de esto, se han ampliado los espacios de aceptabilidad y pluralismo?

Pienso que uno de los mayores logros de la nación durante el último medio siglo fue eliminar la violencia social que existía en Cuba antes de 1959. Era tanta la violencia que el Presidente de la República tuvo que reunirse con los gánsteres para negociar con ellos. Era tanta la violencia que muchos estudiantes universitarios iban a las aulas con pistolas.

Yo creo que la amenaza que recibí, la cual fue festinadamente reproducida por la periodista cubana Norelys Morales, muestra una escalada en la violencia del debate público. Pero los violentos no son los estrategas de esta presión, los verdaderos actores intelectuales son quienes, sin la menor prueba, señalan a los nuevos espacios de información como parte de un complot para destruir a la Revolución cubana. A partir de ese enfoque surgen exaltados que sueñan con tener paramilitares como en Colombia o sicarios como los Zetas mexicanos para ajustarnos cuentas a los periodistas. Y, además, lo escriben en sus blogs. Realmente, con los antecedentes violentos de esta sociedad, creo que cualquier manifestación de este tipo debería ser atajada a tiempo.

¿De qué manera un periodismo más investigativo y menos pasivo nos convierte en ciudadanos con mayor capacidad de participación/ transformación?

Yo creo que Internet ha creado un espacio nuevo para la construcción de mensajes combinados entre periodistas y lectores. La posibilidad de que los lectores comenten y aporten nuevos elementos hace que la nota no esté terminada hasta que el último lector dé su opinión.

Algunos periodistas han cerrado el espacio de comentarios en Cuba, Colombia y otros países por el trabajo que cuesta la moderación de ese debate. Yo creo que cerrar la interacción es castrar el periodismo digital, convertirlo en estéril. En Cartas desde Cuba hemos logrado que revolucionarios, anticastristas y personas sin una posición tomada puedan debatir en base al respeto en el desacuerdo. Creo que debatir con los que piensan diferente y forman parte de la nación es la mejor forma de alcanzar la unidad en la diversidad, en momentos en los que hasta el Presidente de la República cuestiona la falsa unanimidad.

Sin embargo, ahora no solo hace falta exigir a los periodistas profesionalidad, también es necesario plantearles a los lectores seriedad en sus comentarios, avalando con datos y fuentes lo que afirman.

Has comentado en tu artículo “La Revolución digital de Cuba”: “Es inútil intentar contener el río de información que circula por Internet construyendo diques. La nación ganaría si esos recursos se dedicaran a enseñar a los cubanos a navegar, dándoles las herramientas que les permitan sortear hasta la más engañosa de las corrientes”. ¿Cuán importante es promover prácticas de aceptabilidad y accesibilidad a Internet hoy en Cuba?

Entiendo que debe haber leyes que sancionen, por ejemplo, el terrorismo o la pedofilia en Internet; pero dados los avances tecnológicos creo que el uso responsable de la red depende, fundamentalmente, del usuario. En este sentido me parece una torpeza prohibir en Cuba el acceso a determinadas páginas cuando hasta un niño puede hoy sortear el bloqueo. Esta situación obliga a apostar por preparar al usuario para que navegue con responsabilidad, para que no crea todo lo que aparece en Internet, para que sepa separar “la paja del trigo” e, incluso, para que conozca cómo buscar la información que necesita entre miles de millones de informaciones. Creer que con “policías ideológicos” se puede controlar Internet, es una ilusión o una forma de intentar continuar viviendo del cuento.

Algunos de tus críticos en Cuba se centran en que eres colaborador de un medio “español” (Público), pero no explican que se trata de una de las publicaciones digitales españolas de izquierda de mayor seguimiento en ese país y en la red. ¿Cuáles son sus contenidos y políticas editoriales? ¿Qué representa colaborar para un periódico como éste en el contexto del panorama mediático español actual?

Efectivamente, trabajo para el mayor periódico de izquierda de España y el único de los grandes que trata la situación cubana sin prejuicios ideológicos. Se trata del medio que apoyó a “Podemos” desde el inicio del movimiento, cuando ningún otro órgano de prensa les daba un espacio. Por otra parte, fue el primer gran periódico que dio el salto al ciberespacio, cerrando su versión de papel, experimentando un gran crecimiento en el número de lectores (lo cual hoy se demuestra que fue un gran acierto y otros grandes periódicos intentan imitarlo).

A nivel editorial no tengo ningún problema, mis notas se publican sin cambios, por lo que soy responsable de cada palabra que aparece en ellas. Creo que el “encuentro” entre Público y yo no fue casual, ni un amor a primera vista, sino un acercamiento gradual e intelectual.

Los extremistas me acusaron antes de ser un mercenario al servicio de la BBC, ahora siguen diciendo lo mismo aunque trabaje en Público y pague Cartas desde Cuba de mi bolsillo. Son como un disco rayado, tienen poco talento hasta para elaborar infamias.

La censura parece estar hoy a la orden del día en Estados Unidos, país que se vanagloria de practicar los estándares de la “prensa libre” (me refiero, en concreto, a la prohibición a The New York Times, CNN, Político, Los Ángeles Times, y otros medios de prensa, a participar en las sesiones informativas de la Administración Trump). ¿Qué nos dice esto de las dinámicas informativas globales, y de las particularidades de Cuba?

Creo que los derechos de los periodistas se están reduciendo en todas partes del mundo, los atropellos van desde Honduras hasta Francia, aunque los más floridos sean los de Trump. En parte tienen responsabilidad los medios de prensa, los cuales toman posiciones editoriales demasiado marcadas a favor o en contra de algunos políticos. También tenemos responsabilidad los propios periodistas, que somos incapaces de levantarnos e irnos cuando un colega es agredido por los matones de un político. En el caso de Cuba ya ves cómo cuando un extremista amenaza a un periodista con una golpiza pues la colega Norelys Morales se solidariza públicamente… con el agresor.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Carta abierta a Iroel Sánchez o Tengo miedo de que puedas estar dañando a la Revolución

La Habana, 8 de febrero de 2017

Estimado Iroel:

Trato de recordar desde cuándo nos conocemos. Disculpa si me salto páginas de tu biografía, solo apuntaré los momentos más significativos que conservo en mi pésima memoria. Me parece recordar que de adolescente yo participaba como estudiante del preuniversitario en los seminarios juveniles martianos cuando ya tú eras dirigente de la Juventud Comunista. Luego vino para mí la carrera de periodismo, y nos volvimos a encontrar donde continuaste tu vida como cuadro, si no mal recuerdo en la Editora Abril.

Luego te promovieron como presidente del Instituto Cubano del Libro; y aunque solo de vez en cuando coincidíamos, siempre mantuvimos una relación de afecto y respeto. Cuando te liberaron del cargo, escuché en el mundillo literario no pocos mitos y leyendas sobre las razones de tu democión, pero —como sabemos— los motivos para los cambios en esas jerarquías intermedias de dirección no suelen ser de dominio público, y tampoco considero que interese mucho.

No obstante, si de algo estuve y estoy convencido es de la autenticidad de tus posturas revolucionarias, incluso aunque pudieras cometer errores o equivocaciones por tu exceso de celo o pasión.

De tu posterior incorporación al Ministerio de las Comunicaciones como funcionario, poco puedo decir. Debo confesar que no conozco el contenido específico de tu trabajo en ese organismo, salvo la activa participación que despliegas como editor del blog La pupila insomne, y otros espacios asociados a esa iniciativa, lo cual supongo que haces de manera voluntaria y como añadidura a alguna otra labor seguramente muy importante que ignoro.

Y es precisamente sobre tu bitácora que quiero hablarte. Me parece muy útil y necesario tener una alerta continua, a partir de los datos que en no pocas ocasiones te proporcionan fuentes de información sin dudas privilegiadas, sobre las transformaciones que ocurren en el campo de la lucha política, ideológica y mediática contra la Revolución cubana.

Lo que resulta válido para denunciar mecanismos y modus operandi de la subversión contrarrevolucionaria, a mí me empieza a fallar, sin embargo, cuando la emprende contra personas concretas, en algunos casos jóvenes, con un despliegue o acumulación de entradas o post que más haría suponer en ocasiones rencillas y obsesiones particulares, que un sano y constructivo ejercicio de la opinión.

Con razón me dirás tal vez que no soy el mejor ejemplo para predicar mesura, cuando en mi propio blog con frecuencia recurro a la denuncia pura y dura, incluso apasionada —aunque trato de que nunca irrespetuosa—, contra individuos e instituciones que en mi criterio muy personal entorpecen o violan la política del Partido Comunista de Cuba en el enfrentamiento a la discriminación por orientación sexual e identidad de género.

La cuestión radica, quizás, en la diferencia de perspectiva. Incluso si yo me equivoco, lo cual —admito— puede suceder y no justificaría ninguna injusticia por mí cometida, solo sería el error, la exageración, el extremismo de un simple activista que no ejerce poder formal alguno en la materia que le preocupa y genera sus alarmas.

Pero la situación resulta muy diferente cuando cualquiera podría interpretar en el fragor de una polémica pública que existe una contraposición personal desde una posición que ostenta o sugiere una autoridad oficial —como sucede contigo y La pupila insomne—, hacia la otra parte antagonista que no tiene ese privilegio y —por estar o parecer en desventaja—puede incluso llegar a sentir o temer el riesgo, justificado o no, de una represalia.

Es probable que arguyas ser tan bloguero como yo, y que te atribuyo poderes institucionales que no tienes. Pero aun cuando fuera cierto, seguro entiendes por qué esa percepción existe y existirá en tu caso, como mismo yo me resigno —pero, sobre todo, disfruto y me enorgullezco— de mi etiqueta de periodista oficialista, u otras medias verdades o comodines sociológicos.

Fíjate que no pretendo discutir ni disuadirte a ti o a quienes das espacio en tu blog para que cambien sus argumentos y valoraciones sobre algunas de estas personas que acusan, aunque como sabes tengo apreciaciones muy diferentes a las de ustedes sobre su integridad, papel en el debate de ideas e importancia de la labor que realizan para mejorar nuestro socialismo.

Tampoco me lanzaré esta vez a dar consideraciones sobre el periodismo en Cuba, origen del altercado mediático, porque sería estéril en medio de este diálogo de sordos; además de que como trabajador de la prensa por más de veinte años, cuento con otros espacios profesionales donde hacerlo, una posibilidad que quizás tú no tienes, o al menos no puedes lograr desde el punto de vista de un reportero que ejerce y sufre todas las dificultades de nuestra prensa.

Sí debo añadir que durante bastante tiempo dudé sobre la relevancia o no de hacerte algunas de estas sugerencias de forma pública. No me gusta que manipulen mis disensos para enconar o desunir. Lo hago ahora porque considero que los acontecimientos más recientes apuntan hacia un lamentable deterioro en la calidad y altura ética de las reflexiones que intentas fomentar en tu blog, además de que entrañan —según mi humilde juicio— el peligro de separar y perder para la práctica revolucionaria a quienes considero personas valiosas.

Me gustaría igualmente que esta carta pudiera contribuir, aunque fuera un poco, a ayudarnos a todas y todos en la difícil empresa de hallar un equilibrio —no centrista, por cierto, sino de una izquierda radicalmente revolucionaria— que nos permita entender el compromiso con el proyecto social cubano desde distintas formas de participación y con suficiente diversidad y amplitud de pensamiento.

Podría ser también, por supuesto, que la equivocación sea mía; y yo resulte —como a veces me dicen— demasiado ingenuo e inmaduro. No obstante, creo que debemos apostar a la generosidad y nunca creernos que tenemos toda la verdad en la mano. Confieso que me asusta el tono de quienes al parecer jamás piensan en la posibilidad de estar en un error, y decididamente hay victorias pírricas que preferiría no obtener.

Estoy convencido de que consideras que con ese tipo de emplazamientos personales en tu blog también combates a favor de la Revolución. Ojalá yo me equivoque, pero tengo mucho miedo de que en lugar de defenderla, puedas estarla dañando gravemente.

Saludos,



Francisco Rodríguez Cruz

Bloguero