lunes, 19 de septiembre de 2016

Renier González: Digo lo que pienso y me responsabilizo con ello

Por: Paquita Armas Fonseca





Renier González. Foto: Portal de la TV Cubana




A veces me acusan de ser absoluta, en oportunidades lo soy: para mí Renier González es el mejor narrador deportivo de Cuba y maneja un cúmulo de información que no tienen, o no muestran, la mayoría de sus colegas. Por eso ando detrás de él desde un buen tiempo para que me respondiera unas preguntas. Fue parco, todo lo contrario de cuando ofrece información sobre futbolistas, peloteros o partidos, incluso la gimnasia artística.

En Río 2016, por ejemplo, habló con lujo de detalles de la gimnasta norteamericana Gabrielle Douglas, oro olímpico en Londres 2012, el libro que se escribió sobre ella y de The Gaby Douglas Story, filme que se le realizó por sus cualidades deportivas y ser la primera gimnasta olímpica afro descendiente de ese país.

Precisamente, en Río mi entrevistado tuvo otros dos momentos exquisitos: la discusión del voly de playa con los cubanos, y el partidazo de Brasil-Alemania, que narró solo y con la emoción justa de principio a fin. Como dice un excelente realizador de la televisión:

“Este muchacho ha demostrado que es hoy el mejor comentarista deportivo… Tiene poder de comunicación, carisma, personalidad propia, mucha información, mucha, del deporte en sentido general, es capaz de imponerle cierta magia a sus narraciones, pasión, y te lleva a la emoción. Creo que es el continuador sin imitar de Yiqui Quintana y de otros que marcaron estilos propios”.

No creo que Renier sea perfecto, a veces la emoción lo traiciona, pero prefiero ese estilo a que lo flemático reine en él.

De una crónica-entrevista publicada en Cubadebate (parece que siempre es parco) extraje algunos fragmentos:

“Mi hermano había jugado portero de niño, al principio de la Revolución. Pero mi hermano no era fanático. A todo el mundo lo que le gustaba era la pelota. Me gustaba jugar al fútbol…ya no. Me operaron de una pierna por la gracia.”

“Yo empecé entrenando ajedrez. Hice un torneo y quise reportarlo. Lo reporté. Le gustó a la gente de la COCO y me dijeron que me quedara colaborando, y cuando hubo la plaza me quedé. Hoy no pudiera. Hay que ser universitario para ser narrador. Yo solo terminé el preuniversitario. De ahí fui derecho, derecho pa´l servicio militar.”

“En la COCO me ven Rodolfo García y Ernestico Ruiz Faxas. Todo Deportes pasaba entonces juegos de la Champions los domingos y les poníamos voz en un estudio del ICRT. El primer partido que hice lo recuerdo como si fuera hoy. Ayax-Panatinaikos. Año 96´. De ahí comentamos la Eurocopa, algunos partidos más y me dijeron que me quedara colaborando y me quedé. Vino el mundial del 98´ y después 2002, 2006, 2010 y… hasta que el cuerpo aguante.”

“Es una pregunta que me hacen seguidamente. ¡Si por ver fútbol fuera a desarrollarse el fútbol, nosotros ya fuéramos campeones del mundo! Y no iremos ni a un segundo mundial. En todos los países se ven todos los deportes. Nada tiene que ver con el desarrollo específico de alguno. Yo no sé quién sacó esa polémica. Pero me parece absurda”.

“Casi nunca hago lo mismo. El narrador tiene que amar lo que hace. Tú sabes que yo tengo los tornillos medio sueltos. Que ha de vivir para su trabajo y no de su trabajo. Un narrador ha de ser hiperquinético. Me pongo a leer, leer, leer y a tratar de conocer más todos los días.”

Este hombre más bien bajito, que tiene una voz envidiable, está listo para narrar muy bien las ceremonias de las olimpiadas o de otros grandes juegos. ¿Cuándo lo hará? Seguro que lo que no sabe, lo averiguaría… Y aquí las respuestas a mis preguntas.

-¿Cuál era tu sueño de niño: un gol o un micrófono?

-Ni micrófono ni gol, quería ser segunda base como Rey Vicente Anglada o GM de ajedrez, una de mis grandes pasiones.

-¿Cómo llegas a la radio?

-Es una historia larga, pero fue a través del ajedrez, cuando entrenaba en una Academia de Arroyo Naranjo.

– ¿Qué nivel de instrucción tienes?

-Pre universitario. Traté de estudiar Derecho de forma dirigida, pero no me hallo en un aula ni estudiando materias que no me gustan, así que lo dejé pronto.

-¿Lees mucho? ¿De qué genero?

-Leo muchísimo y de cualquier género, pero sobre todo de deportes e historia. La literatura también es parte de mi entretenimiento, me encanta leer todo lo de Eduardo Galeano y obras como El Alquimista de Paulo Coelho, me gusta leerlas varias veces.

-¿Cuándo pasas a la televisión?

– En 1996 empecé a narrar la Liga de Campeones, aunque no salía en cámara, al tiempo empezamos un pequeño espacio en Todo Deportes.

-¿Cómo te preparas para conducir un partido? ¿Acumulas información o la vas buscando en internet?

– Busco y me preparo casi a diario. Si te preparas solo para un evento te encontraras con muchas lagunas.

-¿Qué representó para ti tu estadía en Telesur?

– Muchísimo, fue un trabajo en el que aprendimos todos y tengo muy buenos amigos allí.

– ¿De que deportes no conoces?

– Antes quería saber de todos, con los años busco conocimientos generales de todo lo que pueda, pero me centro en 9 ó 10 y leer mucho, de 4 ó 5.

– ¿Cuándo sabes que una de tus frases funciona, como esa de “yo lo vi con estos ojos que tengo aquí”?

– Cuando las personas te lo repiten por la calle y bromean con uno con estos temas.

– Si lo has hecho, no lo he escuchado pero ¿crees que en la narración de un partido se deben enviar mensajes no relacionados con ese deporte?

-Las redes sociales han cambiado la manera de enfocar los deportes y hoy la comunicación entre televidentes y radioyentes es en tiempo real. Me encanta esta nueva era de las comunicaciones radiotelevisivas. Sé que a los tradicionalistas no les gusta, pero hablar de un deporte que no estás transmitiendo no me parece correcto, aunque yo lo he hecho y después me doy cuenta que está mal o me lo dicen y con mucha razón.

-¿Cuál narración de partido o deporte recuerdas con especial atención?

– La semifinal Cuba-México de los Centroamericanos de Veracruz 2014. La semifinal del Mundial de Fútbol Alemania -Italia 2006 y la final del Baloncesto Masculino de Beijing 2008 entre el Dream Team y España. En la radio, la victoria de Cuba sobre Puerto Rico en el Centrobasket de 1999 en la Ciudad Deportiva.

-¿Tienes algún locutor como paradigma?

– En Cuba, René Navarro; en el fútbol el colombiano, Edgar “El Negro” Perea me encantaba, y Víctor Hugo Morales.

-Los narradores deportivos –los buenos, y tu lo eres- son formadores de opinión ¿disfrutas esa responsabilidad?

– No creo que sea formador de opiniones, aunque los periodistas conocen más que yo de todo eso. Solo trato de informar lo mejor posible y me esfuerzo para ello y dentro de la información entretener y hacer pasar un buen momento a quien me escucha. No creo tener la capacidad, ni trato de influir en la opinión de los demás, solo digo lo que pienso y me responsabilizo con ello.

(Tomado del Portal de la TV)


domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Qué ética y cuál revolución?


 Por: Justo Cruz 



Acabo de leer un artículo titulado “Ética y Revolución” , en el blog la Joven Cuba que me ha dejado perplejo. El mismo es un ejemplo de lo que nunca debería hacer un periodista, mucho menos si ese o esos periodistas se definen a si mismo como revolucionarios.


Si tenemos en cuenta que un periodista es un profesional de la palabra y su trabajo debe consistir en investigar y reflexionar sobre temas de interés social y para ello debe recurrir a fuentes confiables y verificables entonces yo soy de la opinión que el artículo “Ética y Revolución” publicado en LJC no es nada de eso, ese escrito es un panfleto.


Es una falta de respeto de no se quién a aquellas personas a los que se refiere ese panfleto que tampoco se quienes son, o somos. Uno nunca sabe.


Ustedes tienen razón jóvenes de la Joven Cuba, “desde hace día está ocurriendo un debate en las redes sociales que merece atención”. También es verdad que Harold “intentó alertar sobre la falta de contenido en el debate (……)y el uso de la descalificación personal como argumento” lo que no quiere decir que él haya tenido razón en los criterios que vertió. La opinión de Harold en esa ocasión fue tan polémica que fue lo que motivó el debate. Esto debemos dejarlo muy bien claro porque no se puede comprar pescado y después cogerle miedo a los ojos.


Tú tenías razón Harold cuando hace unos días decías, cito: “Muchos quisieran vernos atacarnos uno al otro y no les voy a dar el gusto porque sí tengo claro que a pesar de discrepar en varios asuntos, Iroel ni Justo son el enemigo”.


Te digo esto porque lo importante es no dejarse dividir ni confundir, discrepar es de sabio.


Yo no veo ningún problema en el debate y la polémica siempre y cuando se realice sobre la base del respeto mutuo. Pero para debatir es muy importante ser claro y transparente en los criterios que se tenga cualquiera que sean las circunstancias y consecuencias.


Por esta razón yo los emplazo a hablar claramente y llamar las cosas por su nombre y si hablan de “descalificación personal”, de “intentos de provocar desunión” pongan ejemplos para saber de qué y de quién está hablando.


¿Por qué no nos dicen quién publicó y en qué blog “publicaciones personales que alguien sostiene en su muro de Facebook”? Yo también entiendo “las pasiones que provoca el intercambio de ideas” pero esto también les toca a ustedes.


Digan quién es el irresponsable, citenlo, copien peguen, demuestren porque si no lo hacen serán a ustedes a los que se cuestionará por falta de ética profesional.


Sabemos que desde hace ya algún tiempo los jóvenes periodistas cubanos son objeto de estudio y de interés. Divide y vencerás es la estrategia, en eso están, y me temo que ya algo están logrando. Ya estamos empezando a dividirnos y eso es peligroso.


Una gran parte de las personas que han participado en el debate son jóvenes periodistas cubanos, en la mayoría de los casos revolucionarios. Los otros, los verdaderos responsables de los “pros y contras” en el debate, se mantienen al margen observando a quién favorece la correlación de fuerzas.


“Ética y Revolución” es la demostración fehaciente de lo que no debemos hacer y de lo que puede pasar si no trabajamos profesionalmente, si no nos respetamos los unos a los otros aunque en ocasiones estemos obligado a decirnos verdades en la cara.


Estoy preocupado sí, estoy preocupado porque nos están echando a pelear y no nos damos cuentas. No estamos dejando dominar por el odio y el rencor y eso no es saludable.


Revisando los diferentes posts y comentarios de los debates en los últimos días de pronto descubro que un periodista cubano revolucionario e incluso militante manifiesta cierta molestia porque otro periodista cubano también revolucionario y militante tenga Internet gratis en su casa. Una observación bastante ingenua si tenemos en cuenta cuánto dinero se gastan los enemigos de Cuba en pagar sitios de Internet, celulares, laptop, computadoras y técnica de inteligencia, para mantener a Cuba sitiada.


Otro periodista también revolucionario se quejaba de que yo, un cubano residente en el exterior defienda las cosas que defiendo y a falta de argumento no se le ocurre otra cosa que sugerirme que regrese a Cuba a “comerme el pan de la bodega”. Otro es de la opinión de que “debo ir a montar guaguas en La Habana”.


Cosas como estas las había escuchado hasta ahora solo de boca de los contrarevolucionarios, ya esta situación, además de preocuparme, me apena que así sea. Yo siempre pensé que cada cubano que se considere a sí mismo como revolucionario debiera alegrarse por cada cubano residente en el exterior que apoye a la Revolución cubana.


Eso sería lo lógico, pero uno nunca sabe.


En el marco del debate salió a relucir el portal de Internet “El Toque”. A mi, un cubano residente en el extranjero me resultó interesante que “El Toque” haya ocupado la atención de muchos de forma tan intensa. Por eso me dí a la tarea de investigar, indagar, buscar y aunque yo no acostumbro a creer en todo lo que se publica en el mundo virtual, esta vez si me aproveché de ella. Fue entonces que empiezo a chocar con cosas verdaderamente interesantes. Por ejemplo que “El Toque” no es un invento cubano, es un invento holandés y que no es tan nuevo ni espontáneo como lo pintan. “El Toque” tiene su historia y no comenzó precisamente en La Habana.


Pero lo primero que descubrí cuando pongo en el buscador de Google “blog El Toque” fue que el primero links que aparece es “Blogs de Harold Cárdenas”. Esto me llamó mucho la atención.


¿Por qué digo esto? Lean esto porque es verdaderamente interesante. En medio del debate yo recibo un mensaje vía Facebook de un joven periodista cubano que asegura haber escrito algunos artículos para el referido portal. En el mensaje, después de darme las gracias por las informaciones que yo anteriormente había publicado, me dice, cito:“Amigo Justo yo pensé que El Toque era algo de Cuba y creo que no sea el único sorprendido. ¿Dónde puedo ver esas informaciones”?.


Ahora se me ocurre la pregunta: ¿Cuántos de los jóvenes periodistas que publican en este portal saben realmente quién y qué se esconde detrás de la marca “El Toque”?


Quizás alguien me pudiera dar una respuesta, así estaré más tranquilo.


Gracias a la Internet también descubrí que “El Toque” es el sitio oficial de “Radio Nederland Wereldomroep”, y que su objetivo de trabajo son los “países donde la libertad de expresión está limitada debido a legislaciones y tabúes”. Así lo explican ellos mismos.


Este es también otro tema que habría que tocar en el futuro.


Los temas centrales para los cuales está diseñado “El Toque” son la “democracia y el buen gobierno, los derechos humanos y los derechos sexuales”. Entonces busco en el portal de El Toque dedicado a Cuba y descubro que para los cubanos en Cuba “El toque” es casi otra cosa, cito:.”….. una plataforma que reúne a más de 25 jóvenes periodistas, blogueros y productores multimedia cubanos apoyados por un equipo de cinco editores y técnicos de Radio Netherlands Worldwide. Nos distinguimos por contar historias con protagonistas singulares presentados a través de recursos narrativos en formatos online y offline, siempre breves, rigurosos, sintéticos y creativos. Contamos las historias de jóvenes como tú que se sienten protagonistas de esta Cuba que cambia; aquellos que transforman, que emprenden, dialogan y  construyen iniciativas ciudadanas para su gente. Te mostramos cómo otros jóvenes superaron las barreras y hoy impulsan un proyecto propio.”final de la cita.


Todo muy plausible y original. Como me acordé de los “Tontos Por Ciento de Sabina”.


https://eltoque.com/sobre-nosotros


Los que escriben para “El Toque” son cubanos pero el personal técnico y los que editan son holandeses de Radio Netherlands Worldwide.


¿Por qué el “El Toque” dedicado a Cuba no dice abiertamente que en América Latina los países considerados por “Radio Nederland Wereldomroep” como prioritarios son Cuba, Venezuela y México?


México es por supuesto la coartada para no caer en un vacío propagandístico. ¿Se imaginan si México, el país donde más se asesinan a periodista en América Latina y en el mundo no estuviera en la lista?


Si nos guiamos por estas informaciones podemos concluir que Cuba y Venezuela son junto a México los países más críticos en materia de democracia, derechos humanos, periodismo y derechos sexuales.


¿Te das cuenta Harold por qué me llamó la atención que El Toque te tenga a ti en la primera plana?


¿No resulta curioso que con todos los problemas que tenemos en América Latina en materia de derechos humanos, libertad de prensa y democracia, sean Cuba y Venezuela los países catalogados por “El Toque” como los más críticos?


Yo me pregunto si este dato jamás les ha parecido curioso a los articulistas de “El Toque”


Interesante también es que si usted va a esta página dedicada a Venezuela y a México se encontrará con que la misma a partir de enero de este año se está a dedicando exclusivamente a Cuba. Así como lo cuento. El Toque es ahora 100 por ciento cubano, cito: “Estimado lector está visitando la página de archivo de El Toque dedicada a Venezuela, México. Desde el pasado mes de enero ElToque.com se centra exclusivamente en temas dedicados a Cuba. El nuevo objetivo de El Toque Cuba es continuar publicando las inquietudes de los jóvenes blogueros y periodistas cubanos. Visítenos en nuestra nueva web ElToque.com.“


La parte donde decía “..a partir de ahora nos vamos a centrar a los jóvenes periodistas y cuentapropistas cubanos”desapareció, yo no la encuentro, no sé donde se habrá metido.


http://archivo.eltoque.com/category/venezuela


Según “El Toque” (el de verdad, el de Holanda, el que manda, no el cubano) en Asia sería solo China el país con la situación más crítica. Entre los países Árabe son Arabia Saudita, Egipto, Libia, Marrueco, Siria y Yemen.


Entre estos seis países, cinco se encuentran en guerra civil gracias a las bombas Made in USA y sus aliados y marionetas. ¿Se imaginan?


Yo no sé a ustedes pero a mí esas casualidades me preocupan.


Hace un año publiqué algunos artículos relacionados con la visita de diez periodistas cubanos que fueron invitados por la Fundación Panter, cercana al periódico berlinés TAZ. En aquella ocasión hubo un fuerte debate e “intercambio”. En aquella oportunidad los criterios fueron muy diferentes. Allí salió a relucir el proyecto cubano, también ideado desde fuera de Cuba, “Periodismo de Barrio”.


https://lapupilainsomne.wordpress.com/2015/10/12/con-poco-dinero-lograr-mucho-el-plan-del-diario-taz-para-cuba-por-justo-cruz/


https://lapupilainsomne.wordpress.com/2015/10/05/periodismo-de-barrio-una-idea-muy-buena-y-fructifera-a-primera-vista-por-justo-cruz/


Recuerdo que en aquella ocasión la gestora de Periodismo de Barrio comentaba en una entrevista a un periódico berlinés que ahora el gobierno cubano, cito: “No podría prohibirle escribir para medios financiados desde el exterior………..”


Se acuerdan de la canción, yo te toco y tú me tocas, a bailar el toca toca. Como me he acordado de ella en estos días.


Quizás algún que otro periodistas revolucionarios de esos que reclaman el derecho a escribir para medios digitales “emergentes” pueda aprovechar la oportunidad que le dan los portales, “OnCuba”, “El Toque” o “Periodismo de Barrio” de realizarse profesionalmente y de mejorar la canasta familiar y de vez en cuando publiquen uno que otro artículo que hable también de las cosas lindas y buenas de nuestra Cuba, que no es perfecta pero es la nuestra y de las malas de quienes les pagan, ¿o no?


Si no es mucho pedir y si los holandeses lo permiten desde luego, propongo que escriban un artículo que trate sobre el nuevo enfoque en la política de Obama para crear condiciones favorables que les faciliten realizar una labor subversiva mucho más eficiente y así recuperar espacios e influir en el acontecer de nuestro país, sobre todo en los jóvenes, especialmente cuentapropistas y periodistas.


A los amigos de la Joven Cuba los exhorto a continuar con el debate pero con cordura, siempre respetando el derecho de cada cual de salirse del mismo en el momento que estime conveniente, pero no como lo hizo Silvio Rodriguez con Carlos Alberto Montaner porque en este debate que nos incumbe esa comparación está demás, no cabe y ofende.


*Justo Cruz, residente cubano en Alemania, Coordinador de Cuba Si.


Enviado por el autor a: MartianosHermesCubainformación



viernes, 16 de septiembre de 2016

Ser revolucionario en Cuba, hoy.

 Por Enrique Ubieta Gómez







¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, el partido socialdemócrata se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica “reforma vs. revolución” tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros.




Pero la definición o la opción revolucionaria, y su existencia práctica, no son exclusivas de un partido o de una clase social, aunque sí de una época. Porque los burgueses fueron revolucionarios en su momento. Y el movimiento anticolonial en la era del imperialismo tuvo por lo general un carácter revolucionario. José Martí creó el Partido Revolucionario para lograr la independencia de Cuba, y dicen que hablaba de la revolución necesaria que habría de iniciar una vez alcanzado el poder. Por eso, me gusta hacer referencia a la tradición cubana del término. Cintio Vitier, por ejemplo, asumiendo los riesgos reductores de cualquier agrupamiento, establece dos tendencias “espirituales” en el último tercio del siglo XIX: la revolucionaria (independentismo, modernismo literario, antievolucionismo) y la reformista (autonomismo, preceptismo literario, evolucionismo positivista).


Lo cierto es que Revolución es Creación, salto sobre el abismo, o sobre el muro de la aparente imposibilidad –“seamos realistas, hagamos lo imposible”, decían los estudiantes parisinos del 68–, mirada de cóndor, pero es sobre todo una toma de partido “con los pobres de la Tierra”. Si tomamos a José Martí como modelo de revolucionario, observaremos en él tres características que se repiten en Fidel Castro:


1. Opción ética antes que teórica: se adopta una teoría para luchar contra la explotación, y no a la inversa. Es vocación de justicia social. “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”, escribía Martí. “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, acotaba Ernesto Che Guevara. “Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios”–ha dicho Fidel. El poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton se burlaba de las posiciones esnobistas de la pequeña burguesía en estos versos:


Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.


Hay revolucionarios que desconocen la teoría marxista. Y hay académicos marxistas muy conocedores de cada texto, de cada frase de Marx, que jamás han salido a la calle, que son incapaces de sentir, de vibrar, con el dolor o el júbilo ajenos, que no militan; esos académicos “marxistas” no son revolucionarios. Tampoco son continuadores de Marx. Uno de los resortes formadores y auspiciadores de una Revolución, es la solidaridad.


2. Radicalidad en la comprensión y en los actos; el revolucionario busca la raíz del problema, aún cuando no pueda extirparla de inmediato, aún cuando se equivoque al señalarla, y pasa rápidamente a la acción. A diferencia del reformista, no pretende mitigar el dolor o enmascararlo, sino eliminar la enfermedad.


3. El revolucionario es una persona de fe. No en el sentido religioso. Ninguna declaración mejor que la que hace Martí (otra vez Martí) a su hijo, en la dedicatoria del Ismaelillo: tengo, le dice, “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. Fe en el pueblo, en sus capacidades. El revolucionario entiende los límites aparentes de lo posible, y los trasgrede, porque cree en el pueblo. En esto también se diferencia el reformista, que por razones de clase desconfía o subestima al pueblo. Creer, no es extirpar la duda; los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa.


Algunos ideólogos de la contrarrevolución reducen la actitud revolucionaria al acto violento, al uso de las armas. Como si las revoluciones armadas no ocurrieran en respuesta a la violencia del poder burgués. Ser un radical –ir a las raíces–, no es optar por la violencia. En su afán por desideologizar hasta el mismísimo concepto de revolución, pretenden hacer pasar como acciones revolucionarias las revueltas violentas de los politiqueros de la seudo república, que querían hacer valer el poder personal. Ni siquiera los antimachadistas o antibatistianos eran necesariamente revolucionarios. Y contraponen el socialismo revolucionario al que llaman “democrático” (socialdemócrata), porque aquel no respeta el orden burgués. El socialismo no solo puede, sino que debe ser democrático, aunque no en el sentido que el sistema capitalista otorga al término. Debe y puede ser más participativo, más inclusivo, más solidario, más representativo. Debe y puede defender la individualidad, no el individualismo, porque el socialismo es el único camino capaz de transformar a las masas en colectivos de individuos.


Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario. Pero es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de la época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad. Hay personas conservadoras –por razones biográficas, y quién sabe si hasta por razones genéticas–, que repelen los cambios bruscos, la incertidumbre de lo nuevo, que disfrutan el orden y la rutina. No son contrarrevolucionarias. En sus Palabras a los intelectuales (1961), Fidel Castro decía: “Nadie ha supuesto nunca que (…) todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente (…)”. Y agregaba más adelante: “Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.


Allí donde una Revolución ha triunfado, el adjetivo –que en el globalizado mundo del oficialismo burgués suele endilgarse como insulto–, se convierte en elogio. Una persona es trabajadora, “buena gente” y revolucionaria. La cotidianidad puede descontextualizar el sustrato rebelde y el significado político del término y reducir la condición del revolucionario a la honradez o a la decencia. A veces, puesto que la Revolución ha tomado el poder, se identifica con el buen comportamiento o la corrección. Decimos: “en el fondo él (ella) es revolucionario(a)”, como si dijéramos que, más allá de sus apariencias, “es una persona noble”. Y creemos que el niño o el joven “más revolucionario”, es el que “se porta bien”. De cierta forma, el calificativo se aburguesa. Esto parece casi inevitable, pero no lo es: una Revolución en el poder necesita establecer su “normalidad”, su gobernabilidad. Defenderse como poder político es la premisa de cualquier poder político, mucho más cuando se trata de un contrapoder acorralado por el Poder Global –que no solo acecha en el plano físico (material, militar), sino también en el espiritual, en el ámbito de la reproducción de valores–, y su normalidad es una “anormalidad” fuera de sus fronteras geográficas. Ser revolucionario es participar en la consolidación del gobierno revolucionario, establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas, aún cuando los grados de participación en la determinación de esas metas son aún insuficientes o se ejercen de manera formal. La democracia socialista, esencialmente superior, tiene todavía un largo camino por recorrer. Ser revolucionario también es participar desde la crítica comprometida. Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.


De manera imperceptible, ocurre un lento proceso de separación o destilación del contenido “rebelde” que toda actitud revolucionaria presupone. Esto no es bueno. Vienen entonces los que enarbolan la rebeldía y la contraponen al ser revolucionario –vieja aspiración de la subversión imperialista: promover la rebeldía antirrevolucionaria, lo que significa decir, que los rebeldes sean antirebeldes, que aspiren a ser “normales”, inconformes frente a la rebeldía y conformes frente a la enajenación global–, o en sus antípodas, aquellos que consideran que el ser rebelde es el verdadero ser revolucionario. Estos últimos pueden perder el sentido de orientación, porque la rebeldía a secas, habitualmente manipulada por el mercado capitalista, tiene una larga historia de convivencia y a veces de connivencia con el capitalismo. La rebeldía juvenil no es ni puede ser enemiga del espíritu revolucionario; ser revolucionario es la forma superior de ser rebelde. Sin la inconformidad que propicia la rebeldía y sin su disposición para romper moldes, normas, esquemas, es difícil ser revolucionario. Las universidades cubanas no pueden ser “de o para los revolucionarios”, son centros formadores; deben ser, eso sí, formadoras de revolucionarios. De sus aulas salieron Mella y Fidel. El capitalismo (la cultura del tener) intenta domar la rebeldía incentivando sus formas primarias: el desacato, la irreverencia; intenta aislar al rebelde, concentrarlo en sí mismo, explotar al máximo su expresión individualista, transformarlo en un cínico. El socialismo (la cultura del ser), pretende encauzar esa rebeldía hacia la acción transformadora, ponerle mayúsculas, hacerla partícipe de las causas más justas de su época.


Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal. Pero no podemos confundir su nombre: se trata del capitalismo, de su capacidad para regenerarse dentro del socialismo, que no es más que un camino (no un lugar de llegada) hacia otro lugar, hacia otra esperanza o certeza de vida mejor. Si desvinculamos ese nombre de aquellas manifestaciones, o las enlazamos erróneamente al camino socialista que hemos emprendido, perdemos el rumbo. No podemos ser revolucionarios hoy, en este mundo globalizado, si no somos anticapitalistas, si no somos antiimperialistas. Si no sentimos como propios las conquistas, los peligros, las humillaciones, de otros pueblos. Si no defendemos la unidad de los revolucionarios cubanos y la de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo. No podemos ser revolucionarios si creemos que el mundo tiene el largo y el ancho de una calle, o de un barrio, o de un país. Si aceptamos los consensos que otros construyen, y no construimos los nuestros. Si vaciamos cada palabra de los contenidos de combate, porque de inmediato serán llenadas de otros contenidos, por aquellos que nos combaten.


Martí, Mella, Guiteras, el Che, Fidel, se parecen demasiado, para que nos inventemos ese asunto de las generaciones. No han dejado de ser jóvenes. Cambian las tareas, las coordenadas, pero no las actitudes, los principios, el horizonte al que siempre nos acercamos sin llegar. Por otra parte, nadie se hace revolucionario de una vez y para siempre. Hay que nacer como revolucionario cada mañana, cada día. Los papeles no están predestinados ni son inmutables: el héroe de 1868 pudo convertirse en traidor veinte años después; el indeciso de entonces, quizás empuñó las armas con dignidad en 1895; el guerrero valiente de la manigua pudo dejarse seducir por la corruptora política neocolonial; el enérgico antimachadista, desilusionarse de sus ideales de juventud o convertirse en un profesional de la violencia; el revolucionario de la Sierra o del Llano, acomodarse o enredarse en las redes del burocratismo; el escéptico de aquellos días, transformarse en un miliciano fervoroso, en un héroe cotidiano e invisible; el dirigente juvenil, acodado en el balcón de la buena conducta y los aplausos, convertirse en un repetidor de consignas vacías y el profesional rebelde, crecer como tal hasta hacerse revolucionario. Entre unos y otros, disfrazados, están los oportunistas, los “pragmáticos”, los cínicos de siempre. A todos los cerca la historia y, de sus actos múltiples, solo perdura el instante de eticidad fundadora que sostiene a la Patria: “ese sol del mundo moral” que ilumina y define a los seres humanos, según la frase que Cintio rescatara de José de la Luz y Caballero. Una Patria que es Humanidad, que no está en la “hierba que pisan nuestras plantas”, o en unas costumbres siempre en evolución, sino en un proyecto colectivo de justicia. Una Patria que aspira a fundirse con la Humanidad, y que mientras, defiende su espacio para fundar, para crear, para proteger la dignidad plena de sus hombres y mujeres.


(Dialogar, dialogar)



jueves, 15 de septiembre de 2016

Cuba, prendida del alma



“Cuánta vida preciosa,

cuántas generaciones;
qué juventud, deseosa

como tú, se perdió.”
Pablo Milanés

Dedicado a la Dra. Graziella Pogolotti


La educación cívica es la piedra fundamental sobre la cual ha de edificarse el sentimiento nacional si bien este es para nosotros lo que definió el Apóstol José Martí en palabras inolvidables como “Patria es humanidad”. Estuvo presente como firme declaración de principios en el manifiesto de Carlos Manuel de Céspedes leído ante los alzados el 10 de octubre de 1868 en su ingenio Damajagua: “Cuba aspira a ser una nación grande y civilizada, para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos.”


demajagua
Hemos sido testigos excepcionales de cómo esta apasionante exhortación se ha cumplido dondequiera que un maestro cubano enseñe sentimientos y letras; en cualquier latitud del mundo en que un médico nuestro salve una vida en peligro o ayude a dar a luz un niño lo cual ha de ser siempre un acontecimiento esperanzador; dondequiera que un soldado de la patria haya contribuido a consolidar una independencia sin reclamar a cambio ni un grano de arena.
Recuerdo cómo aprendimos a cantar el himno en los actos escolares, cómo observábamos con candorosa devoción el paso de la bandera de la estrella solitaria para ser colocada junto al busto de Martí y el orgullo de recibir como premio a la aplicación, a la puntualidad y la consagración a los deberes, el más bello de todos los diplomas: el beso de la Patria.






Foto: AIN




No muy tarde comprendimos que el país era un territorio singularmente bello con árboles y criaturas diferentes a las que existían en otros parajes. Las islas del archipiélago que habitamos las fuimos reconociendo en las lecciones de Geografía, y en las de Historia nos fue poseyendo la noción de Patria al escuchar los apasionados versos de José María Heredia, quien como le sucedió a José Martí “…acaso despertó en mi alma, como en la de los cubanos todos, la pasión inextinguible por la libertad…”. Y de la Literatura se nos prendió en el alma ese doloroso sentimiento de Gertrudis Gómez de Avellaneda al partir de su tierra natal:



¡Hermosa Cuba! tu brillante cielo,
la noche cubre con su opaco velo
como cubre el dolor mi triste frente(…)
¡Adiós, patria feliz!, ¡Edén querido!
Doquier que el hado en su furor me impela
tu dulce nombre halagará mi oído(…)

La nación fue el anhelo de nuestros antepasados cuando éramos un apéndice colonial de España y soñaban febriles legisladores criollos con una República fundada sobre los cimientos de un estado de derecho que José Martí concibió “con todos y para el bien de todos”. Y ese concepto de totalidad no es mecánicamente abarcador, más bien percibe su esencia como un concentrado de valores de los que se alcanza, a lo largo de la vida, conciencia plena.
En medio de una nebulosa de aspiraciones, de reveses y fracasadas expectativas se elaboraron los planes para que los cubanos encontraran su propio camino en el seno de identidades disímiles, quiere decir, insertarnos en la América unida desde la diversidad, tal y como la idearon los precursores.


-patrios
Al crear el himno nacional para los que debían transformarse de conspiradores en libertadores, Pedro Figueredo tomó los acordes de La Marsellesa e introdujo en sus magníficos registros los destellos de la melodía que en días de inolvidable gloria se convertiría en el Himno Nacional de Cuba. Al escucharlo el ejército mambí detenía los ímpetus de la marcha y ganaban inspiración para la carga temeraria frente a un adversario tenaz y valeroso.
De ese debate nacería la legitimidad de nuestro ser nacional. Sólo a las Fuerzas Armadas les estuvo y está permitido saludar al himno con la cabeza cubierta porque en sus distintivos y atributos está bordado el Escudo de Armas de la República.
Al interpretarse La Bayamesa nos ponemos de pie. Se interrumpe el paso en cualquier circunstancia cuando sus acordes colman el espacio y adquiere la mayor dimensión en el instante de saludar al alba o al poniente del sol, el acto de izar o arrear la bandera.





Foto: Yander Zamora / Cubahora

Foto: Yander Zamora / Cubahora




He aquí los valores. Esta es la piedra fundamental a la que me refería. Sobre arena movediza lo que construyamos se derrumbará. El culto ha de ser perpetuo y si al final del largo camino se tambalea o vacila la convicción, sobre lo alto de un reducto los manes de tantas víctimas inmoladas levantarán sobre el paisaje incomparable de Cuba, nuestra bandera.


Firma Leal


Eusebio Leal Spengler
Historiador de la Ciudad de La Habana



martes, 13 de septiembre de 2016

Los alternativos somos nosotros



Por Iroel Sánchez

El gobierno de Estados Unidos organizó los días 12 y 13 de septiembre una “Primera conferencia sobre la libertad en el uso de internet en Cuba”,  a cargo de su Oficina de Transmisiones hacia Cuba que opera las emisiones ilegales de radio y televisión contra nuestro país. Resulta una confirmación más de que dentro de su denominada nueva política hacia Cuba el uso de la Red de redes como herramienta de subversión lejos de disminuir se incrementa.

En los últimos años se ha venido construyendo un sistema de publicaciones en Internet, con financiamiento externo,  destinadas a influir en sectores claves de nuestra sociedad para que operen al interior de nuestras instituciones como Caballos de Troya en función de los intereses norteamericanos.

A esta labor de zapa se ha referido sistemáticamente el General de Ejército Raúl Castro. El Primero de enero de 2014, en Santiago de Cuba afirmó:

En nuestro caso, como sucede en varias regiones del mundo, se perciben intentos de introducir sutilmente plataformas de pensamiento neoliberal y de restauración del capitalismo neocolonial, enfiladas contra las esencias mismas de la Revolución Socialista…”

Sobre el tema volvió en abril de este año en el VII congreso del PCC. Y más recientemente, en su mensaje por el 55 aniversario de la UNEAC expresó:

“Hoy estamos doblemente amenazados en el campo de la cultura: por los proyectos subversivos que pretenden dividirnos y la oleada co­lo­ni­za­dora global”

Analistas, periodistas e investigadores norteamericanos que nada tienen que ver con la Revolución cubana coinciden con lo denunciado por Raúl:

John Lee Anderson: “Yo no soy oráculo ni sé lo que piensa Barack Obama, pero lo que se puede deducir es que desde la óptica de Washington, sienten que con este acercamiento el efecto norteamericano será arrollador para Cuba. El reto realmente es para Cuba, no para Estados Unidos, de cómo Cuba valora su integridad cultural” 

Tracey Eaton: “Me parece muy interesante que Office of Cuba Broadcasting ha tomado un papel más activo dentro de la Isla, porque en el pasado muchos de sus reportajes dependían de reporteros de Miami. Ahora hay más reporteros en Cuba que reciben dinero de Radio Martí y algunos de los programas que realiza son parecidos a los de la USAID.” 

Abunda el dinero para imponernos la libertad de expresión a la carta, solo para sus empleados, y favorecer becas, viajes y medios de comunicación solo para quienes sirvan a sus intereses de dividirnos y enconarnos.

Convencidos de que la contrarrevolución tradicional sólo les sirve para mantener contentos a los sectores más extremistas de la ultraderecha miamense vinculados al terrorismo, y de que estos continúan aislados de la sociedad cubana, los ideólogos imperiales han estructurado en Internet un abanico de proyectos que abarcan desde lo cultural y lo académico hasta el humor político, el periodismo sensacionalista, el comunitario y el literario. Todos coinciden en una base ideológica común: el ataque a las instituciones, las organizaciones sociales y de masas y sus líderes, así como la exhibición malsana de las carencias que la propia política estadunidense de bloqueo lleva más de cinco décadas ocasionando a nuestro pueblo.

Esos proyectos han venido a renovar la vieja propaganda contrarrevolucionaria en el nuevo escenario, con la “virtud” de poner nuevos rostros a la desgastada guerra sicológica contra Cuba. Algunos de los colaboradores llegan a argumentar su participación allí como parte de su realización profesional, al tiempo que reconocen recibir una remuneración que nuestras publicaciones no les pueden brindar.

Lo que resulta cierto es que allí no se puede decir todo lo que se piensa porque hay un encargo indirecto, como se preguntaba una joven periodista:

“¿Se puede en ellos criticar las monarquías constitucionales que los sustentan, las dependencias coloniales que poseen en el Caribe y su participación como parte de la OTAN en guerras como las de Afganistán? ¿En otro que no es propiedad de poderosos gobiernos sino de un dueño que declaró “contraproducente” pedir la libertad de Los Cinco en un medio de comunicación de Miami, se puede hacer un reportaje de investigación sobre los graves problemas financieros que la agencia Reuters le sacó a la luz el pasado año? ¿O la única libertad posible allí es para denostar a esta Isla?”

Desde esos nuevos espacios se ha emprendido un ataque a fondo contra los periodistas cubanos, su organización gremial la UPEC, y el Partido, pretendiendo utilizar como quinta columna una especie de aristocracia mediática dependiente económicamente de la estrategia norteamericana que ahora se disfraza de “nuevos medios”.

Las instituciones cubanas tienen el derecho legítimo de adoptar las medidas correspondientes ante una práctica periodística tendenciosa marcada por la superficialidad, la descontextualización y la inexactitud, que sirve a la guerra mediática y a los que aspiran a desmontar el socialismo en nuestro país.

El Estado revolucionario ha hecho y hará todo lo posible por incrementar la conectividad al servicio de los cubanos, es algo que ningún programa subversivo hará detener y seguirá siendo impulsado de manera decidida en la medida que los recursos disponibles lo permitan. Una prueba de ello es la creación de la plataforma gratuita de blogs Reflejos, pero en cuanto se creó, los blogs cubanos dejaron de ser noticia para la maquinaria mediática hegemónica y surgió un nuevo producto: los “medios alternativos”.

Por arte de magia lingüística, lo alternativo ha dejado de ser aquello donde escasea el dinero y se critica la ideología dominante (esa donde se  sublima el mercado, y se promueven el  american way of life y la cada vez más desgastada democracia representativa) para convertirse en la promoción de la restauración capitalista y el ataque marcado contra nuestro Partido y su papel dirigente de la sociedad cubana. Existen muchos medios alternativos y  no son pocos los cubanos que participan en ellos: Van desde televisoras como TeleSUR y Russia Today, programas de radio por Internet en Miami hasta sitios como Rebelión y Cubainformación, pero ninguno cuenta con apoyo de gobiernos miembros de la OTAN ni les llueve el dinero de ONGs vinculadas a Washington.

Tenemos conciencia de que nuestra prensa debe renovarse funcional y estructuralmente, y transitamos hacia ese propósito con el objetivo de  servir mejor a nuestro pueblo en la construcción del socialismo  por el que este decidió vencer o morir hace once lustros, no para entregarse a los oscuros intereses que quieren regresarnos al capitalismo. Como escribió el reconocido periodista y leal militante comunista Julio García Luis, quien nos dejó una obra de extraordinario valor:

“Creemos que puede haber una mejor alternativa cubana, socialista, revolucionaria y de mérito periodístico. Que sintetice y mantenga lo que deba ser conservado,  y cambie lo que deba ser cambiado.

“Una alternativa que salvaguarde el papel político y clasista de nuestra prensa, la propiedad social en la que se sustenta, y el papel dirigente del Partido como fuerza de vanguardia de nuestra sociedad.”

La hazaña de construir una sociedad alternativa al capitalismo en las fauces del imperialismo más poderoso de la historia ha tenido y tendrá una prensa alternativa. Los verdaderos alternativos somos nosotros, los revolucionarios cubanos y quienes nos acompañan en esta lucha en todo el mundo, a los que Raúl nos pidió en el VII Congreso del Partido fomentar en nuestro pueblo una cultura anticapitalista y antiimperialista.

(Granma)

Diálogo cubano




Para la construcción de una Cuba mejor se necesita un debate nacional, un diálogo entre todas las partes. Eso dicen algunos. ¿Qué es un diálogo, dialogar con quién?. Unos dicen que el diálogo debe ser entre el gobierno y la oposición. Otros, entre el gobierno y los que quieren un mejor país pero manteniendo las conquistas de la Revolución. Vayamos por parte.

Cuando se produce un diálogo entre dos partes es porque ambas disienten sobre uno o varios puntos y las dos necesitan llegar a un consenso para seguir adelante ¿es esa la situación existente entre el gobierno y la oposición en Cuba? Yo creo que no, porque esta ni es real, ni tiene fuerza moral o apoyo social para ser parte de un diálogo. Quien dude que la oposición cubana no es real, que consulte los documentos que muestran los millones de dólares destinados por el gobierno de los Estados Unidos para crearla. Es de dominio público.

¿Qué propone la oposición cubana, a quién representa? Los manager de estos personajes se encargan de dejar las cosas claras. Les pongo un ejemplo. Hace poco estuvo José D. Ferrer por los canales de Miami, una de las figuras más promocionadas desde fuera y que algunos dicen que es “el próximo presidente de Cuba”. Los videos de sus presentaciones en la televisión deben ser material de consulta en todas las aulas cubanas.

José D. Ferrer transpira odio por cada uno de sus poros, para él todo el que piensa diferente es un agente de la Seguridad del Estado y un comunista. ¿Se imaginan lo que haría una persona así si tuviera el poder en Cuba? Me imagino que lo primero que haría sería revivir el tenebroso BRAC (Buró de Represión de Actividades Comunistas) para traer la “libertad y la democracia” a Cuba.

¿Qué oportunidades tendríamos los comunistas en una Cuba gobernada por la oposición? Esa es una respuesta que ojalá nunca tengamos que vivir, aunque podemos ver los avances en la represión que sufren los líderes sindicales o progresistas en los países donde la derecha ha retomado el poder, como Honduras o Argentina. Por cierto, la gran prensa, que fustiga a Cuba constantemente no dice una palabra de esto.

El Che dijo que al imperialismo no se le podía dar “pero ni tantito así” y a la derecha tampoco. Quién dude de mis palabras que vea con quiénes se reúnen los opositores cubanos cuando salen de Cuba, a qué eventos van, quiénes son sus patrocinadores, etc. Recuerdo que hace unos años Lula criticó a Chávez por su lenguaje contra el gobierno de los Estados Unidos o sus críticas hacia el Senado brasileño. Más recientemente dijo que parte de la crisis en Venezuela se debía a que Maduro no dialogó con la derecha cuando obtuvo la presidencia.

Gadafi y Saddam se acercaron a Europa y los Estados Unidos y “dialogaron”. Luego esos mismos gobiernos los asesinaron. En Brasil Temer era el vicepresidente de Dilma…sin comentarios.

No sé que estará pensando Lula ahora pero debe estar viendo las cosas con más claridad. La derecha –como la oposición cubana- no es leal y disfraza sus verdaderas intenciones con un discurso de izquierda, pero una vez en el poder saca su verdadera cara. ¿Recuerdan las promesas electorales de Macri en Argentina?

El segundo grupo con quien dicen que el gobierno cubano debe dialogar es con aquellos que quieren cambiar las cosas pero manteniendo las conquistas de la Revolución. ¿Pero, qué proponen? Bueno para empezar, se debe ir a la “libertad de prensa” y el multipartidismo. Además de otras cosas, como si Cuba fuera un país normal y no lo es. Lo será cuando desde fuera no se destinen millones de dólares para cambiar el sistema político en la isla.

Explicar aquí las razones por las que no creo en la “libertad de prensa” sería extenderinnecesariamente el post. Basta con ver lo que sucede en el resto de América Latina donde los medios de comunicación se convierten en otro partido político…y nunca a favor de la izquierda. No creo tampoco que varios partidos políticos sean sinónimo de mayor democracia.

En realidad funciona más o menos así. El partido A gana las elecciones, entonces el partido B desde la oposición hace lo imposible por evitar que tenga éxito, para que dentro de 4 ó 5 años el pueblo –pensando que vive en democracia- aplique el “voto de castigo” y ponga en el poder al partido B. Entonces se intercambian los papeles y el juego sigue indefinidamente, sin importar que el pueblo sea afectado. No, no quiero eso para Cuba.

La solución a los problemas de Cuba está dentro del socialismo y no fuera de él. No se necesitan medios de prensa privados sino que nuestra prensa cumpla su papel y en esto hace falta voluntad política. Algunos no estarán de acuerdo conmigo, otros dirán que debí decir las cosas de otro modo, pero debemos decir lo que pensamos y no solo las cosas que son “políticamente correctas”. El precio a pagar es demasiado alto.

Pd: Dentro de unos minutos voy a participar en conjunto con los militantes de la UJC del Comité de Base trabajadores en la reunión de discusión de los documentos del Congreso del PCC. La semana pasada lo hicieron los militantes de la UJC de los Comité de Base de estudiantes y los estudiantes de la FEU de la universidad. Ese es el debate que necesitamos.


Para contactar con el autor: jimmy@umcc.cu



lunes, 12 de septiembre de 2016

Reflexiones de Dulce Maria Loynaz




He aprendido que por mucho que me preocupe por los demás, muchos de ellos no se preocuparán por mí.
He aprendido que se pueden requerir años para construir la confianza y únicamente segundos para destruirla.
He aprendido que lo que verdaderamente cuenta en la vida no son las cosas que tengo alrededor, sino las personas que tengo alrededor.
He aprendido que puedo encantar a la gente por unos 15 minutos, después de eso necesito poder hacer más.
He aprendido que lo más importante no es lo que me sucede, sino lo que hago al respecto.
He aprendido que hay cosas que puedo hacer en un instante y que pueden ocasionar dolor durante toda una vida.
He aprendido que es mucho más fácil reaccionar que pensar… y más satisfactorio pensar que reaccionar.
He aprendido que siempre debo despedirme de las personas que amo con palabras amorosas, podría ser la última vez que las vea.
He aprendido que por apasionada que sea una relación en un principio, la pasión se desvanece y lago más debe tomar su lugar.
He aprendido que los héroes son las personas que hacen aquello de lo que estén convencido, a pesar de las consecuencias.
He aprendido que aprender a perdonar requiere mucha práctica.
He aprendido que el dinero es un pésimo indicador del valor de algo o (a) alguien.
He aprendido que a veces las personas que creo que me van a patear cuando estoy caída, son aquellas que me ayudan a levantar, y aquellas que creo que me van a levantar son las que me patean.
He aprendido que en muchos momentos tengo el derecho de estar enojada, más no el derecho de ser cruel.
He aprendido que el verdadero amor y la verdadera amistad continúan creciendo a pesar de la distancia.
He aprendido que simplemente porque alguien no me ame de la misma manera en que yo quisiera, no significa que no me ame a su manera.
He aprendido que la madurez tiene que ver más con las experiencias que he tenido y aquello que he aprendido de ellas, que con el número de años cumplidos.
He aprendido que nunca debo decirle a un niño que sus sueños son tontos, pocas cosas tan humillantes y que tragedia si se los creyera.
He aprendido que por bueno que sea el buen amigo, tarde o temprano me voy a sentir lastimada por él y debo saber perdonar ello.
He aprendido que no siempre es suficiente ser perdonada por los otros, a veces tengo que perdonarme a mí misma.
He aprendido que por más fuerte que sea mi duelo, el mundo no se detiene por mi dolor.
He aprendido que no tengo que cambiar de amigos si comprendo que los amigos cambian.
He aprendido que dos personas pueden mirar la misma cosa y ver algo totalmente diferente.
He aprendido que sin importar las circunstancias, cuando soy honesta conmigo, llego más lejos en la vida.
He aprendido que aún cuando pienso que no puedo dar más, cuando un amigo (hijo) pide ayuda, logro encontrar la fuerza para ayudarlo.
He aprendido que tanto escribir como hablar alivia los dolores emocionales.
He aprendido que los títulos sobre la pared no nos convierten en seres decentes.
He aprendido que es muy difícil determinar dónde fijar el límite entre no herir los sentimientos de los demás y defender lo que creo.
He aprendido que..... Debo seguir aprendiendo
















5 más uno



jueves, 8 de septiembre de 2016

Lo revolucionario en Cuba



Por: Harold Cárdenas Lema, La Joven Cuba

Existen dos grandes falacias sobre lo revolucionario en Cuba. La primera viene de la derecha cuando trata de mostrar la contrarrevolución como algo cool, un acto de rebeldía contra el sistema, un bien público. Con todos sus problemas, el proyecto socialista cubano sigue siendo más hereje, alternativo y patriótico que ninguna de sus alternativas. Esta es razón suficiente para no dedicarle un segundo más.

La segunda es la idea de que lo revolucionario es lo políticamente correcto, o mejor dicho, lo políticamente cómodo cuando se vive en Revolución. Esto se conjuga con la noción de que existe un modelo de revolucionario, que de no seguirse al pie de la letra, se convierte uno en Donald Trump. Algo así como "estás conmigo o contra mí", frases históricamente pronunciadas por George Bush el 20 de septiembre del 2001 y Darth Vader en Star Wars III. Hace días alguien me acusó así también en Facebook.

El proyecto cubano se fundó después de una guerra en que salieron victoriosas distintas organizaciones, cada una con una visión particular del futuro. Y no significó que fueran irreconciliables. El credo en nuestras filas era claro, dentro de la Revolución se podía todo, incluso discrepar al nivel del Che Guevara con Carlos Rafael Rodríguez, se podían cosas que ahora son bastante difíciles.

En algún momento nos convirtieron la política inclusiva de la Revolución, en dogma excluyente si no te ajustabas al parámetro. Y las consecuencias han llegado a nuestros días, marginando así a un amplio sector que podría estar dentro de la Revolución pero la torpeza y falta de visión les ha hecho sentir que están fuera. Es ver los ecos del Quinquenio Gris buscando reproducirse a un nivel masivo.

Si estuviéramos en los sesenta Fidel se hubiera reunido hace rato con los cineastas y hubiera Ley de Cine, o con los periodistas y hubiera un no-sé-qué, pero todo estaría mejor. En vez de mirar con nostalgia esa época en que valorábamos la diferencia de opiniones en nuestras propias filas, sin menospreciarlas o atacarlas, debemos recuperar ese principio.

Alguien dijo que la proposición de opiniones nuevas, la búsqueda de objetivos comunes con los que no son contrarrevolucionarios pero discrepan en algunos puntos, es ambigüedad, vacilación o indefinición política. Esta mirada macarthista nos ha debilitado.

Si esto fuera así, Julio Antonio Mella nunca habría podido hacer la ANERC, Guiteras no habría podido darle avances democráticos al pueblo dentro de un gobierno burgués, Fidel ni nadie hubieran asaltado el Moncada. Y mucho menos su hubieran unido todas las fuerzas en 1959.

En la historia de las revoluciones siempre han existido tendencias al dogma y otras de espíritu dialéctico-humanista, a las primeras siempre les cuesta reconocerse así. La vida es más rica incluso que las ideologías, tu enemigo político sin saberlo puede ayudarte a cruzar la calle o abrirte la puerta en una tienda, y viceversa. No basta con defender ideas de izquierda, hay que ser buenas personas, hay que tener valores que nos lleven a buscar lo mejor en los demás y no a convertirnos en francotiradores predispuestos contra todos los que no son uno mismo.

Por demás, hay que ser consecuentes. No se puede ser revolucionario para atacar el capitalismo y defender la integración latinoamericana, ignorando los problemas internos o callándolos bajo un errado concepto de disciplina militante. Me decepcionan los que pasan horas enfrentando las campañas mediáticas contra el país, y no tienen voz para reconocer con honestidad los problemas internos o lo hacen con edulcoraciones paternalistas.

¿Qué es lo revolucionario en Cuba? No lo sabe nadie, lo construimos todos en base a las lecciones del pasado y las necesidades del presente. Pero la búsqueda de unidad para la construcción socialista, incluso con sectores de distinta procedencia e intereses como fue al inicio de la Revolución, debemos recuperarla. La capacidad de sumar debe ser mayor que la de restar, o estamos muertos.

Hay que ser atrevidos, equivocarse incluso pero seguir adelante. Las revoluciones cobardes no llegan a nada, se quedan allí, ni el recuerdo las puede salvar. Nuestra historia, nuestros muertos y nosotros mismos, merecemos más que la parálisis del dogma. No puede fracasar una revolución más por esta razón.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

martes, 6 de septiembre de 2016

Las Obama´s girls en La Habana.

tellezPor J. A. Téllez Villalón


Tal  parece no necesitar de partido único, ni de Estado fuerte, para reproducir sus mitos. Han acumulado tanto subdesarrollo en sus contrarios y suficientes sueños de ser ricos en sus voluntarios defensores que consiguen "in-ponernos"  placenteramente un Mercado Único -con régimen y resultado  único-, al 99% de los homos videns. Cada segundo de nuestro tiempo de trabajo y de ¿nuestro? tiempo “libre”. Y hasta  nos creemos haberlo escogido con un clic. Porque nos gusta, nos resulta  pop, light y super.


Con tan eficiente unicidad, que no hacen  más que retocar - y solo de vez en cuando-, su credibilidad democrática con una cierta dosis de verdad normalizada, un barniz “antisistema” o una falsa disidencia financiada desde su fachada filantrópica. Ah, y lo mas importante, mucha banalidad para lubricar y lubricar la mente de los subordinados; libres de elegir lo que consumen, pero no a los que le consumen su mente.


Para ello el Imperio del Capital cuenta con las más productivas de las industrias, las del ocio y el entretenimiento. Las únicas que han logrado eso que de este lado de la orilla deseamos y expresamos con una consigna: “hacer más con menos”. Entiéndase, maximizar la espontaneidad de lo que multiplica ganancias, con la menor sospecha de dominación.


De  modo que no hace falta, “darle la tarea” a las  “Obama´s girls”; como  se hizo por allá por la década de los 50, 60 y 70, con los “Embajadores del jazz” [1]. Las “embajadoras del Pop”, vienen a La Habana a celebrar sus cumpleaños, a hacer turismo con fachada “people to people” y/o a incrementar  la cotización  en Wall Street con el último coro de La Moda.


Bastó la “espontánea” visita en abril del 2013 de la afamada estrella estadounidense  Beyoncé  con su rapero Jay Z, para instaurarla. Pese a “la perreta” de los “mal nacidos” representantes  Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, de origen neocolonial. Porque en un final, según comprobó  la Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro (OFAC), existió un “itinerario completo de actividades educativas” que resultaron en una “interacción significativa entre los viajeros y las personas en Cuba”. Porque sí, hubo people to pueblo y pueblo a people: Colmenita a Beyoncé, Jay-Z to ISA y Danza Contemporánea a to´ la pareja.


Entonces vino  el primer aluvión, y otra  ola  in crescendo luego del 17D.


Hasta que vino Rihanna en mayo de 2015 y me creció…  la sospecha, la revolucionaria y la paterna.


Rihanna me “sonaba” a un instrumento barbadense que posando para la Vanity Fair -entre carne  y curvas-, publicitaba la imagen más ruinosa y vintage del Cerro y de la Habana Vieja.  Y en frecuencia con el Obama que vendría,  “rememoró” el  Lincoln Continental 1956 Mark II, perteneciente -nada más y nada menos- que a  Martha Fernández de Batista, la esposa del dictador de una Habana toda prostíbulo y toda ruleta hasta que “llegó el Comandante y mandó a parar”.


Siguiendo La Moda, cenó en un restaurante privado y colgó su imagen en las redes,  se “despelotó” como los nativos y provocó varios  “tumultos” de selfies. Aunque con su visita aprendimos algo nuevo, sobre  “pinchazos guardaespaldas”  anti-paparazis [2].


Flashazos que impidieron a los que le consumen la mente con rihannas, ver a su  fotógrafa -pese a ser la fotógrafa mejor pagada del mundo-, a la artista del lente y ex-Vogue, Annie Leibovitz. La del retrato de la Yoko  y el John desnudo -el Lennon de "Gimme Some Truth"-, horas antes de morir. A la que pagaron por retratar a  Mijaíl Gorbachov sentado dentro de un automóvil con los restos del Muro de Berlín al fondo.


Ni detrás de las fotos, a la editorial Condé Nast Publications Inc.- propiedad de una importante familia judíoestadounidense-, que publica mensualmente  a las transnacionales revistas Vanity Fair y  Vogue. Un buen ejemplo  de la industria cultural de la que hablábamos, cliente y productora de una política invisibilizada que reproduce a través de la moda, la cultura del american way of thinking.


En un final, tampoco saben- y tal vez ni se interesen-que la estrella del Pop  es apadrinada por el  multimillonario Jay-Z y este la manda hacer solo un poquito más que a su propia esposa.  O que esta “reina absoluta del videoclip mainstream”, en pocos meses ha conseguido con tres vídeos (“Bitch Better Have My Money”- Zorra, mejor que tengas mi dinero-, “Work” y “Kiss It Better”) llegar a la cifra de 350 millones de visualizaciones en YouTube, pero  en los tres hace topless, es decir muestra sus senos [3].


Pero no la culpemos, la estrella del  “pornoopop” tiene como  su ídolo a Madonna, y la estadounidense,  siendo ya una estrella allá en  1986, mostró un pezón durante unas fracciones de segundo  de un plano general de su videoclip “Papa Don’t Preach” [4].Y fue pionera en llevar a estos  productos visuales los movimientos   propios de los clubs de striptease y espectáculos de burlesque americano [5].


Y cual  ha dicho Jon E. Illescas, “Rihanna es prisionera de sus propios pezones, convertidos en punta de lanza de las ubres del capitalismo internacional”. Solo la dejan aparecer con  un vestido transparente en un evento público si allí mismo la nombran Ícono de la Moda [6].


Si desafía una y otra vez la política anti desnudez de Instagram o en Londres la Autoridad de Estándares Publicitarios (ASA) censuró el cartel de la fragancia “Rogue”, por su provocativa poca ropa y sus piernas al aire [7]; esa es la “única manera” que le dejan para competir, ganar  y poder retribuir filantrópicamente [8] a la pobre islita del Caribe donde dio sus primeros gritos al mundo subdesarrollado y sub-marinable del que huye sin parar.


De tal modo tendrá para no extinguirse en el escenario, que emular hasta enseñarlo todo como en su censurado “Pour it up”, con sus contrincantes  Nicki Minaj  y  Miley Cyrus, que se las traen en eso de mostrar carne y moverse “salvajemente”. Otros de los instrumentos  de la banalización –videoclip mediante- con el atractivo  gancho de la sexualización de la imagen.


Funcional también para la diplomacia pop-cultural, que en la estrategia de smart power para Cuba, se ha diseñado por los Think Tank del Imperio. Como bien conocen los asesores de marketing de la industria cultural hegemónica, contratados también por los políticos.


Asumiendo las consideraciones de Joseph S. Nye que ha dicho: “Cultural diplomacy is an important tool in the arsenal of smart power”. “At the personal level, it is the power of attraction and seduction” [9]  Aunque la Cyrus lo ha dicho mejor: “Hay algo liberador en el hecho de que no haya discurso”.


Así, justo la semana después de venderse en medio mundo el número de Vanity Fair con Rihanna, llegó la capital cubana  otra de las celebridades del pop, la adictiva, Katy Perry, con sus pegajoso estribillos y  letras tan “liricas” como: “¿Eres lo suficientemente macho como para dejarme ver tu pavo real?/ ¿A qué estas esperando?/ es hora de enseñarlo,/No seas el típico hombre vergonzoso,/seguro que es preciosa,/Venga chico, déjame ver lo que escondes ahí debajo…” (“Peacock). Poco antes de venir, la cantante había compartido por Instagram una serie de fotografías, pertenecientes a una  campaña de la marca Moschino, en las que mostraba  las partes más sexualizadas  de su cuerpo. rihanna-habana-vanity-fair


Las “celebrities” París Hilton  y Naomi Campbell, vinieron alrededor de la Feria Internacional del Habano. La multimillonaria recién había mostrado su trasero para la revista Paper. Por su parte, la   “diosa de ébano” a los 45 años posó desnuda para la edición brasileña de Vogue.


También a inicios del año llegó el  “otro  cuerpo del deseo”,  la modelo de origen polaco Anja Rubik, portada entre otras revistas de la Vogue española.


Y siguiendo a  Obama  otra  ola  más “calentona” y desarropada.


Pisándole los pasos, llegaron las estrellas de la telerrealidad, las Kardashians, para cenar  en la misma “paladar” que el presidente y a quejarse por  la mala conectividad en la isla. Es que esta comparsa se hace viral en las redes sociales tatuándose el trasero y  documentándolo todo en Snapchat o publicando en su cuenta de Twitter, la  foto de su “recuperada figura”, después de una cirugía, de espaldas con su trasero  en primer plano (La Kim).


La Kim, además de sus recurrentes desnudos en Instagram, ha posado  para las revistas Play Boy, GQ, Paper y para varias ediciones internacionales de FHM. Recientemente, apareció  desnuda,  de espaldas y mostrando “lo que más brilla y vale” de su cuerpo en el video clip “Famous” [10], de su esposo el rapero Kanye West. Rihanna es otro de  los doce iconos culturales que aparecen en la cama junto a West.


Luego, siguieron arribando otras actrices, modelos y símbolos sexuales del mainstream occidental, cada vez más multiétnico. Michelle Rodríguez, de origen latino  y Charlize Theron, sudafricana, estuvieron varios días  para las filmaciones de Rápido y Furioso 8; como parte de la fiebre “Habanawood” que también trajo a Transformers.


Poco antes que Chanel,  arribó la sexy modelo británica Emily Ratajkowski; tan  polémica  por sus recurrentes desnudos en Instagram,  en  aquella mítica escena de la película “Perdida” y en el videoclip del hit “Blurred Lines” de Robin Thicke, donde para más el cantante escupe: “Sé lo que quieres, eres la zorra más caliente, te daré algo suficientemente grande que partirá tu c…  en dos”.


Entre las “celebrities” que nos visitaron para la pasarela de Channel en el Prado habanero, estuvo la “supermodelo” brasileña Gisele Bündchen. En el 2014 -unas semanas después que lo hiciera Rihanna-, la brasileña  posó desnuda para la portada de la revista Lui y tiempo después para una edición especial de la Vogue brasileña.


A celebrar su cumpleaños, y realizar una sesión fotográfica para la revista People en español, viajó en junio, la actriz estadounidense de ascendencia dominicana y puertorriqueña Zoe Saldaña.  Zoe posó desnuda en el 2013 para la revista Allure, también editada por la Condé Nast Publications Inc.


Finalmente, el 12 de agosto vino a celebrar su  cumpleaños la cantante estadounidense Madonna. Quien como exreina de pornopop e icono de Rihanna y de Nicki Minaj,  calentó a los 56 años las  redes sociales con su topless para la portada de la revista Interview. Por tanto, una “Obama`s girl” más.


Para evidenciar -en su “pleno desarrollo”- este nuevo capítulo  de la diplomacia cultural estadounidense, haciendo uso esta vez de unas embajadoras atractivas y sexualizadas. Potencialmente funcionales en el contexto cubano   y con  un exótico glamour, que ahuyenta cualquier sospecha de su instrumentalización, como agentes políticos para la conquista y el control de las mentes de los jóvenes cubanos.




  1. https://www.arts.gov/NEARTS/2006v2-all-jazzed-2006-jazz-masters-awards/cool-jazz-and-cold-war.

  2. http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/40232-de-las-primeras-pero-no-las-ultimas.

  3. http://www.elviejotopo.com/topoexpress/los-pezones-de-rihanna/

  4. Según Illescas en diferentes momentos del metraje, entre el 1:36 y el 1:39. Ob. cit.

  5. http://www.elconfidencial.com/cultura/2016-02-22/como-hemos-llegado-a-la-era-del-porno-pop_1153835/

  6. http://www.politicayestilo.com/moda-y-belleza/

  7. Ibidem.

  8. http://www.actitudfem.com/celebridades/famosos/enterate/rihanna-dona-dinero.

  9. Ver de Joseph S. Nye, Jr, http://publicdiplomacymagazine.com/soft-power-and-cultural-diplomacy/

  10. https://culturayresistenciablog.wordpress.com/2016/07/24/kanye-west-y-el-penultimo-round-del-pornopop-por-julio-martinez-molina/.


email: jaatellez@infocubarte.cult.cu


facebook: jangel.tellezvillalon

Lo viejo, lo nuevo, y lo feo, en el periodismo bifronte.


 Por Carlos Luque Zayas Bazán





El siguiente texto tiene el objetivo de examinar fraternalmente algunas de las tesis expuestas en el artículo “Ante la historia“, publicado en el blog La Joven Cuba. En las presentes circunstancias, se impone una aclaración inicial. Los recientes intercambios de opiniones acerca de la problemática de la comunicación periodística en Cuba, suscitan alarmas entre algunos autores y foristas que van desde el extremo de acusar una persecución malintencionada, hasta la advertencia fraternal de no provocar enfrentamientos entre aquellos autores o comentaristas que exponen sus consideraciones con el noble objetivo, se afirma, de servir a la causa del país. Aunque un debate no puede ni debe evitar la exposición clara y frontal de los argumentos, nada más lejos, antes, y ahora, que proponerse este comentarista el ataque infértil u otro avieso objetivo. Menos en este caso, en que el autor del texto que comentaremos ha hecho útiles contribuciones a la reflexión de este y otros temas relacionados con Cuba. Para cualquier mala interpretación, sobre todos de aquellos a los que conviene fomentar las falsas divisiones, y ven incordio donde hay examen, entonces valga lo expuesto, sin que ello pueda ir en merma, desde el respeto y las leyes de la polémica sana, de la sinceridad que exige la exposición.

Le asiste, creo yo, determinado acierto a esta interrogante expuesta por el autor: “no sabemos (es) cómo puede existir un esquema de comunicación pública distinto en un país socialista, que responda a los intereses de la Revolución Cubana y especialmente al poder revolucionario.”

Como ese tema es correlativo al socialismo, y al ejercicio del poder socialista, y como la sociedad socialista no ha podido existir plenamente todavía, de suyo se entiende y comparte la pertinencia de esa duda. El socialismo es una página en construcción y, además, objeto de constante adaptación a la agresión y la destrucción. Y es sumamente incómodo construir cuando a la vez se intenta destruir a cada paso lo levantado. Es como la tarea de Sísifo y el periodismo debe contribuir a levantar las piedras cada vez, renunciando solo “a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”, frase proveniente del mismo texto que mal se cita en el artículo – “dentro de la revolución todo, contra la Revolución nada”, – sustituyendo “contra” por “fuera”, lo que le disminuye su carácter inclusivo y subraya un efecto excluyente que no se propuso su autor. Se supone que todavía hoy estamos de acuerdo, en primer lugar, en que no es lícito ir contra la Revolución, aunque el término cobrara su justa intención en aquellas circunstancias, pero aún entonces no expulsaba fuera sino a los que, por sus intereses, se situaban ante la historia, no sólo fuera, además también muy agresivamente en contra de la legitimidad indiscutible de la Revolución. Esas palabras, en efecto, pero cualesquiera otras, han sido pasto de la infamia en las interpretaciones contrarrevolucionarias y, por lo tanto, por ese mismo razonamiento del autor, deben exponerse e interpretarse con rigor, y como se ha hecho recientemente en el recordatorio de la fecha, tener en cuenta la coyuntura en que fueron pronunciadas.

Pero este lector cree saber algo de la respuesta por negación, es decir, aquello que no debe ser el periodismo en Cuba. Sería muy largo de argumentar, y no es gusto del lector digital el texto muy extenso, pero existen abundantes y definitivos estudios y razones teóricas y empíricas para saber ya a estas alturas que la prensa privada defiende los intereses privados y que, por lo tanto, el esquema de comunicación “distinto” en un país socialista puede concebirse todo lo “distinto” que se quiera, menos en manos de intereses privados.

Pero no sólo no debe estar bajo el control de los intereses privados, sino tampoco al servicio de los intereses privados, o al servicio de las múltiples formas indirectas que se han inventado para tercerizar recursos privados a instituciones y plataformas aparentemente independientes con las que podría colaborar el periodista “verdaderamente revolucionario” dejándolo de ser al instante. Quizás en este punto no haya diferencias en concebir lo “verdaderamente revolucionario” en cuanto al tema del periodismo.

¿Por qué hemos utilizado varias veces los términos “verdaderamente revolucionario”?
En uno de los párrafos del artículo puede leerse que:

“Ese ingrediente principal es el dilema de qué papel va a jugar cada cual ante la Historia. Y no ante una historia cualquiera, si no ante la historia de la Revolución. En la cual el único papel digno dentro de ella no es el maquiavélico, si no el verdaderamente revolucionario.”

Es notorio que en este párrafo lo “revolucionario” se opone a lo “maquiavélico”, pero de suyo se entiende que el resto de las tesis están sostenidas bajo el concepto de lo que para el autor es lo “verdaderamente revolucionario” porque si no, no podría entenderse la finalidad del texto mismo, ni la anterior contraposición.

El autor de estas líneas no cree que haya sido sencillo nunca definir “lo revolucionario”, quizás porque el concepto no cabe en la gris teoría, sino, como dijera Goethe, sólo en el árbol verde de la vida, o al decir de Lenin, como resultado del “análisis concreto de las situaciones concretas”. El pecado de la ultraizquierda, o del dogmatismo del marxismo mal entendido, quizás más dañina que cualquier derecha que al fin es un enemigo bien visible, es intentar aplicar un purismo político e ideológico desasido de las coyunturas. Así se escuchan advertencias y acusaciones sobre el rumbo hacia el capitalismo de los actuales acontecimientos en Cuba, lo que estaría haciendo las delicias de muchos. Pero tampoco el análisis concreto de las situaciones concretas debe conducir al relativismo y el abandono de las invariantes, que son las convicciones fundamentales aportadas por la experiencia y la teoría. Como todos estaremos de acuerdo, una de esas invariantes del concepto, y en la que coinciden todas las corrientes de izquierda, pese a sus muchas conocidas rebatiñas teóricas, es que la médula de lo revolucionario está en el anticapitalismo militante. Así como se ha intentado diluir las diferencias básicas entre los conceptos de izquierda y derecha, que se declaran ya poco menos que inoperantes para el análisis y la praxis política, – algo que recuerda las peregrinas tesis del fin de la historia y la supuesta irrelevancia de los enfrentamientos de clases -, también se ha estado proclamando que ya nadie sabe qué es lo revolucionario. Ambas tesis son verdaderamente contrarrevolucionarias y además, ahistóricas, que vienen a ser casi lo mismo. Ya que se menciona el concepto, no está demás aclararlo.

Dejemos quizás para después la afirmación contenida en el párrafo citado, según la cual lo contrario de lo “verdaderamente revolucionario” es el papel “maquiavélico”, que algunos estarían jugando en la política comunicacional, o en la ejecutoria pública de los funcionarios administrativos o partidistas. Una mala lectura de cierta parte de la obra del genial italiano ha convertido el término en despectivo, pero atendamos al llamado que desde la misma plataforma donde se publica ese escrito se ha hecho para que no se utilicen términos duros entre los que se consideren en el mismo lado en la búsqueda del camino a seguir para el mejor destino del país.

Como en el resto del artículo se exponen una serie de consideraciones, acerca del tema del manejo de la información en la Revolución Cubana desde una posición que se asume socialista (“lo sabemos los socialistas”, se afirma en algún lugar), atendamos a los argumentos explícitos e implícitos que estarían sosteniendo lo que se considera verdaderamente revolucionario en la comunicación social, y no simplemente declarando, el carácter revolucionario de los argumentos.

Concretamente interesa analizar cómo su autor da muestras en su artículo de lo que propone, es decir, como concreta un ejemplo de lo nuevo que no acaba de nacer, frente a lo viejo, que no acaba de morir, según la tesis de Antonio Gramsci que le sirve de introducción.

Si “lo maquiavélico” se refiere a esa “…estructura partidista formada por cuadros de distintos niveles que no desean que exista una prensa que critique su funcionamiento político y por otro una tecnocracia administrativa a la que tampoco le conviene que esa prensa cuestione su manejo económico…” en mi parecer, está expuesta la tesis con demasiada e injusta generalización, que no contribuye ni al viejo ni al nuevo periodismo por el que aboga el autor. Lo que me interesa subrayar con respecto a esta generalización es que resulta muy visible y evidente la tarea de descrédito y desprestigio del Partido y la Revolución que se han propuesto los que no pertenecen ni militan en las filas revolucionarias, como sí es la militancia declarada del joven revolucionario y verdaderamente revolucionario. Un juicio rotundo y omniabarcante de esa índole viene a contribuir, aunque no se pretenda, como en este caso me inclino a pensar que no se pretende, con una sinergia positiva para aquella tarea. Pero que no haya confusión. No estamos hablando aquí de lo que no conviene decir para no contribuir con las tareas del enemigo. Consideramos que no por esa razón la crítica o la denuncia a esos fenómenos, cuando ocurra, deba acallarse. Eso no sería, efectivamente, “verdaderamente revolucionario”. Pero si el autor afirma contundentemente ese juicio, no será, como me inclino también a pensar, que es porque lo ha escuchado, o porque lo supone, o lo imagina de mayor envergadura a partir de los casos que la Contraloría General de la República detecta y somete a los tribunales. Y si no es de oídas, o por suposición, lo verdaderamente revolucionario sería denunciarlo en el mismo u otros artículos, como se dice, con nombre y apellidos. O es una “estructura partidista formada por cuadros de distintos niveles que no desean que exista una prensa que critique su funcionamiento político”, o son concretas personas, falsos militantes o corruptos solapados. Creo que eso es lo que se le pide a lo nuevo que emerge contra lo viejo que no acaba de morir. De lo contrario se está repitiendo lo viejo, con distinto signo, pero quizás con peores resultados. Se puede alegar que no se tienen los datos a mano, ni las pruebas del caso. Entonces, ¿es el buen periodismo que necesitamos el ejercicio de generalizaciones tan graves, y dirigida a toda una estructura partidista de todos los distintos niveles, y a un número indefinido y brumoso de sus funcionarios? No podemos argüir que “sabemos” que eso efectivamente ocurre, lo cual es tarea del rumor, y de las suposiciones, cuando no de otros más arteros objetivos que con toda seguridad no es el objetivo del valioso autor de La Joven Cuba. El nuevo periodismo, ni aun cualquier periodismo, deben adoptar, con razón y eficacia, esa forma de exponer. Y no se diga que es cuestión de mera forma porque en el uso de la palabra la forma tiene carga semántica, es decir, es contenido.

Por otra parte, al final del artículo sí hay una más clara referencia a lo “maquiavélico” comunicacional, que abordaremos al final.

Hay un argumento muy clara y acertadamente expuesto en el artículo, y sin lugar a ninguna duda, uno de los rasgos de lo que ayer, hoy y siempre será considerado revolucionario en el socialismo: denunciar la corrupción en cualquier nivel que ocurra, y para que la prensa pueda cumplir cabalmente esa tarea, propiciar el acceso a la información sobre la ejecutoria de las responsabilidades de cualquier funcionario. Quien esto escribe no es periodista, sino lector de periodistas y otros papeles, y por lo tanto no puede argumentar con conocimiento de causa al respecto de si esas posibilidades existen o no, o en qué medida, y si hay algún funcionario que impone dificultades a una investigación sobre la corrupción. Sí sabe que la Contraloría cumple esa función, por lo que la corrupción en Cuba no es impune. Pero este lector al menos ha leído en la prensa, y en los noticieros ha escuchado, denuncias sobre funcionarios que no han permitido, por ejemplo, que un periodista investigue un tema que le perjudica a un funcionario, o que ha tratado de impedir que se acceda a un local para hacer su tarea. El hecho ha ocurrido, la denuncia periodística se ha hecho. Lo cual prueba nuevamente que la generalización es improcedente, o que se debió tener en cuenta en la exposición.

Es decir, para dejarlo más claro: este lector sí puede afirmar que varias veces, presumiblemente menos de las urgentemente necesarias, ha leído en la prensa las investigaciones y las denuncias sobre casos de corrupción o incumplimiento de responsabilidades. No puede afirmar que sean todas, no afirma que no haya personas que escudadas en su autoridad, dificulten una investigación. Afirmarlo no sólo no sería revolucionario, sino simplemente necio, conociendo que no todos los delitos son detectados. Pero exagerarlo, o generalizarlo, tampoco lo es, porque no es verdadero. En Cuba, cualquier caso de corrupción, en el nivel que ocurra, cuando es detectado, se denuncia, se juzga y se castiga. Lo que sí no ha visto en la prensa cubana, y ojalá nunca se vea, es el amarillismo político, el regodeo, ese sí, morboso, buscando satisfacer los instintos más bajos del ser humano, como ocurre minuto a minuto en cierta prensa del ancho mundo.

En cuanto al ejercicio del nuevo periodismo, una descripción tal del problema que deje la impresión de que la censura a denuncias sobre la labor de funcionarios es prevaleciente en Cuba es, cuanto menos, exagerada, y falta a la verdad.

Relacionado con lo anterior hay un punto de mucha mayor importancia. Si lo nuevo que emerge se sustenta sobre el razonamiento siguiente, resultaría algo muy viejo recién nacido. En el artículo se afirma que

“Un periodista que escribe en dos medios distintos con libertades distintas, uno estatal y otro no, al menos está utilizando ese espacio para decir lo que verdaderamente piensa y le está vedado a decir en uno de ellos. Los que ni siquiera hacen eso están reservándose un papel más triste. Y los que los persiguen uno muchísimo más triste aún.”

Francamente no se puede entender el carácter de argumento verdaderamente revolucionario del concepto encerrado en esa afirmación. Y nótese que me veo obligado a utilizar el término subrayado, porque lo expone el artículo desde la posición y las concepciones de los que “nos sabemos socialistas”. En primer lugar no se entiende bien lo que significan “dos medios distintos con libertades distintas” como fundamento de la idea. ¿De cuál libertad se habla?¿Es que existen, desde el punto de vista anticapitalista y revolucionario, dos libertades distintas?. Y si existieran, ¿cómo se puede servir a esas dos libertades distintas, que, de existir, serían en todo caso excluyentes, tanto de fines, como de medios, tanto política como éticamente?. Una vieja tarea que ha ganado muchos imaginarios, éxito rotundo de la guerra psicológica y cultural, es demonizar lo estatal y, sobre todo, lo estatal socialista. No importa que esté harto estudiado y demostrado que el neoliberalismo tiene como esencia de su doctrina el ahogo y el adelgazamiento del estado. No importa que también esté harto argumentado, y demostrado, que el capital transnacional forma ya una especie de supraestado global que subsume y fagocita las soberanías nacionales, incluso en la vieja Europa. Hay que seguir machacando sobre el carácter nefasto del estado cubano, hay que seguir poniendo en duda que represente los intereses legítimos que convienen a toda la sociedad. Hay que seguir con el mantra descalificatorio, sin conocer, al menos, o refutar, los criterios acerca de Cuba de Carlos Fernández Liria, y tantos otros autores. Y por lo tanto, hay que seguir demonizando el control que debe hacer, mejor, distinto, pero hacer, de la comunicación social, aunque no se desconozca, o quizás porque no se conoce lo suficiente, que la punta de lanza de las agresiones en este siglo es el cuarto poder y que las guerras más dañinas – porque dan cauce, justifican y mienten para dar paso a las mortales – son hoy las mediáticas. Hoy la palabra es un misil que lleva una ojiva en cada sílaba.

Por eso nos preguntamos: ¿no es estatal un medio de comunicación que al igual que hace la Voz de los Estados Unidos con Martí noticias, tiene un servicio exclusivo para Cuba, financiado por un gobierno europeo miembro de la OTAN, con militares en Afganistán, colonias en el Caribe y una reina que nadie eligió como jefa del estado?¿cómo se pueden ejercer “dos libertades”, expresar solidaridad con la Revolución bolivariana y a la vez, trabajar para un medio de comunicación propiedad de un gobierno cuyo ejército es parte del sistema de bases militares listo para convertirla en polvo?¿no hace una función estatal un medio de comunicación privado que es tribuna de los altos funcionarios norteamericanos que visitan Cuba?

Pero tratemos de examinar el argumento de modo más general, diríamos, hasta filosófico. En peligro de caer ya en una extensión que no deseo, entre las tantas pruebas que hay de la falsa libertad en los medios privados, o la absoluta falta de libertad, o en aquellos camuflados de su carácter privado, o, si se quiere, por el contrario, de la libertad allí existente sólo para defender los intereses de las oligarquías, o para desacreditar todo lo que tenga algún tufo de ideas contrarias a sus intereses, me veo obligado a tomar una sola muestra de mis lecturas recientes: Carlos Fernández Liria, filósofo español, en una serie de artículos, pero sobre todo en “Periodismo e insolidaridad”, nos ofrece un panorama muy descriptivo y elocuente de la situación del periodista que no se quiere comprometer con la prensa privada en España, o con la estatal al servicio de los intereses privados. Sencillamente no son despedidos en la España actual, porque tan siquiera, son ya contratados.Afirma Fernández Liria:

“Hay millares y millares de periodistas sin trabajo, que no encuentran sitio en los medios precisamente porque no están dispuestos a plegarse a las exigencias de los medios que, al fin y al cabo, son empresas privadas que pueden despedir y contratar a su antojo…”

Son,  dice, Carlos Fernández Liria:

“…magníficos profesionales que han demostrado su valía en medios marginales y en las redes porque jamás se les ha ofrecido ni se les ofrecerá trabajar en ningún medio de comunicación privado o estatal.”

Y finalmente:

“Aquí no hacen falta las tijeras franquistas. Hay un sistema de censura mucho más eficaz. Sencillamente, todos los periodistas a los que habría que censurar, están en paro.”

Y no es sólo una realidad española, por supuesto. Sucede en estos mismos meses en Argentina y en Uruguay, y allí en todo país donde la prensa está en manos privadas, o bajo su financiamiento: sólo contratan a quien ya saben, por su perfil, que les va a servir, de alguna manera. Pero acabemos de despertar si queremos un periodismo nuevo y revolucionario: no es lo mismo servir a Dios que al Diablo, pero mucho menos a los dos a la vez. No es lo mismo servir a la libertad de una causa justa, que siempre será compleja y preñada de errores, que a la injusta causa de la gran propiedad privada neoliberal, que puede por supuesto, pagar mejor.

Ahora bien. ¿Vamos a situar en un mismo plano ético, o político, ambas “libertades”? El argumento, por demás, le hace un flaco favor a cualquier periodista que se refiera y/o que haya optado por ese camino. Si no puede decir lo que verdaderamente piensa en un medio (lo cual corresponde, por cierto, a la ética de la profesión), entonces, ¿lo dirá en el otro?

O preguntemos de otra guisa: ¿puede existir la lealtad, incluso con la propia conciencia, que es la base de toda lealtad, cuando se acepta permanecer en un medio donde se afirma no se puede decir lo que se piensa, y se acepta esa situación, y a la vez, se colabora en otro donde se supone que puede hacerse? ¿En qué lugar dirá, verdaderamente lo que piensa? En mi opinión, en ese trance, no se puede ser leal ni en uno, ni en otro medio, y sobre todo porque está probado que los medios privados, o aquel que de algún torcido modo responda, en última instancia, a intereses privados, contrata a quien va a servir a sus intereses. En eso nunca se equivocan. O no pagan. O ya, como detecta el español citado, ni se contrata. Y por lo tanto también allí, en ese limbo, un periodista tendrá que morderse la lengua, entonces sí, en una muy triste división de su tarea, cual un Jano que querrá mirar a la vez, a su derecha y a su izquierda, pero que siempre tendrá su pluma, y su conciencia, dividida entre rostros que se oponen, que miran hacia objetivos muy opuestos, uno quizás hacia el norte, y otro tal vez hacia el sur. No hay una tercera posición válida en la política del mundo actual, y por lo tanto, tampoco para el periodismo. Pero mucho menos hay una posición indefinida, cual partícula cuántica que obedece a la ley de la incertidumbre, y no se puede servir a la vez a Agamenón y a su porquero. Son dos “verdades” distintas, y dos “libertades” opuestas.

Apostilla final sobre el “nuevo” periodismo.

Por cierto, una nota final. Si el pago por hacer las siguientes observaciones es seguir recibiendo acusaciones plañideras de intentos de persecución, creo que resulta peor no percatarse de lo siguiente. Casi al terminar estas líneas veo el artículo que comento replicado en Cartas desde Cuba, pero con otro título. Un comentarista, autonombrado Chachareo, ha hecho una relación de varios artículos publicados en La Joven Cuba, y luego rebautizados en Cartas desde Cuba.

Veamos:

  Nov 29  LJC (La Joven Cuba): post de Osmani titulado Un golpe de autoridad, que Cartas rebautiza: LJC se rinde ante la TV cubana.
Oct 5 LJC: post de Roberto titulado Salario Justo, que Cartas rebautiza: LJC reclama salario justo.
Junio 22 LJC: post de Harold titulado Señales en casa, que Cartas rebautiza: Es esto “lo que tenías que tener?”
Mayo 28 LJC: post de Harold titulado Ser, parecer y dirigir que Cartas rebautiza: ¿Demagogia o comunicación política?

Y agrega el comentarista Chachareo:

“Hay más ejemplos, cuando el título es de su agrado lo mantiene, cuándo quiere otra cosa lo mutila. Vean cuanto cambia un título mutilado los verdaderos objetivos de un post”.

Añado por mi parte un post firmado por Harold Cárdenas y Roberto Peralo, y titulado “Prohibiciones, prejuicios y principios”, que apareció en Cartas… con un pie de firma de sus autores! y la clásica declaración “Tomado de La Joven Cuba”, pero que debía decir “retocado”, con este título: “Prohíben a los periodistas trabajar con medios no oficialistas”. No importa que los autores no hayan empleado la palabra “oficialistas”. Si en todo caso, todos esos nuevos “títulos”, son comentarios del autor, al menos debía aparecer el verdadero, “tomado” de la otra fuente. Puede ser el derecho de un bloguero situar un comentario con letras tan destacadas, pero al menos que aparezca el título auténtico.

No tengo conocimiento si La Joven Cuba protesta o no esos cambios, o si es parte de la ética periodística no hacerlo, o no permitirlo, o al menos contar con el consentimiento de la fuente. Sería muy útil aclararlo, ya que rasgamos tantas vestiduras por la pureza de una prensa verdaderamente revolucionaria. No sé si eso es parte de lo nuevo que emerge, o si el que critica a la prensa cubana, puede decir “haz lo que yo digo y no lo que yo hago”. Pero si eso no es artera manipulación, y si esa es la prensa que se propone, que venga Dios y nos coja confesados.