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miércoles, 1 de noviembre de 2017

El “oro de Soros”, el “ajiaco conspirativo” y el debate en Cuba




Foto: Calixto N. Llanes/ Juventud Rebelde


El compañero Carlos Luque, laborioso comentarista, de nuevo ha empleado muchas cuartillas para expresar cuatro cosas sencillas.

En primer lugar, admitir que incurrió en inexactitudes en su anterior escrito; en segundo lugar, explicitar, una vez más, sus desacuerdos con lo que he expuesto en mis textos; en tercer lugar, solicitar que le responda varias preguntas; y finalmente, tratar de descalificarme políticamente.

Las dos primeras cosas no merecen un comentario adicional. Creo que el compañero Luque se enreda tratando de explicar con nuevas inexactitudes los errores que ya había cometido anteriormente. De nuevo ha dicho cosas “de campeonato”, pero ya ese intercambio que el compañero se empeña en “estirar”, en un supuesto plano académico, se ha convertido en una lid aburrida, circular y sin sentido constructivo.

Por otra parte, me parece normal que existan discrepancias entre los participantes de un debate. Con eso no hay problema. Sabemos que los dos pensamos diferente, pero eso ha estado claro desde hace ya algún tiempo. No nos hemos entendido, aunque eso tampoco plantea una dificultad mayor.

Me queda claro que el compañero Luque opina que mi trabajo “contribuye a desacreditar al proyecto cubano”. Espero que al compañero le quede claro que considero que el sectarismo que defiende contribuye a destruir el proyecto socialista cubano.

No le encuentro sentido a que se intente hacer una discusión política -medianamente seria- sobre temas complejos de la economía, la política, la ideología y la sociedad cubana, si se insiste en hacerla endilgándole, a quien se critica, cosas que hasta ahora yo había pensado que eran inexactitudes, pero que a estas alturas del juego no me queda más remedio que calificarlas como mentiras.

Dos de las “perlas” más recientes permiten comprobar esto:

– El compañero Luque miente cuando afirma que “el Sr. Monreal le reprocha a Cuba no haber conseguido nada” en los últimos 3 o 4 años. (La cita, por favor…).

– El compañero Luque falsea cuando dice que “no he visto nunca un comentario del Sr. Monreal a los varios escritos que he publicado en La Pupila Insomne”. (Mi tiempo le dediqué en dos textos que publiqué el 14 y el 18 de agosto de 2017, en el blog El Estado como tal, pero parece que el compañero siente que su obra merece más atención).

Al fin las respuestas…

Para no dejar con las dudas al compañero comentarista, paso amablemente a responder las dos preguntas que parecen obsesionarlo. Francamente, considero que son temas aclarados en mis trabajos, pero para ver si se resuelve de una vez la inquietud del compañero, aquí van mis respuestas:

Pregunta # 1: ¿qué opina UD. de, o por qué cree que, la política gubernamental estadounidense de la “normalización” se propone estimular el auge de la propiedad privada en Cuba, pero a la vez excluye al Estado y Gobierno (cuya legitimidad paradójicamente dice reconocer y en la que afirma no querer influir) de esa política?

Respuesta: Aunque ya eso parece ser “historia antigua”, la “normalización” incluyó, de manera explícita, componentes que buscaban establecer alternativas al sector estatal, con una finalidad anti-sistema, muy diferente de los objetivos del proceso de diversificación de la propiedad, incluyendo el crecimiento del sector privado, que ya aplicaba el gobierno cubano. Por cierto, durante el interludio de la “normalización”, el principal interlocutor económico nacional con Estados Unidos fue el sector estatal cubano.

Pregunta # 2: ¿Pero es posible (¿es justo?) sostener que la propiedad estatal socialista no puede generar más empleo, o hacer crecer la economía a ritmos del PIB adecuados a sus necesidades, sólo por ser propiedad estatal?

Respuesta: No, no es posible. No, no es justo.

El talante moral de quien intenta ser juez descalificador 

Paso, entonces, al intento de descalificación política en la que parece haberse empeñado el compañero Luque.

Existen dos cosas elementales que deben tenerse en cuenta: en primer lugar, el intercambio con el compañero Luque siempre ha sido un debate político. Cuando hemos discutido sobre temas económicos, lo hemos hecho desde una perspectiva netamente política. Para ese tipo de discusión no se exigen requerimientos intelectuales, basta con ser un ciudadano.

El compañero ha tratado de darle apariencia “académica” a una discusión que nunca se ha movido en ese carril. El propio compañero ha expresado que no es un especialista, una de las pocas cosas en la que concordamos.

En segundo lugar, resulta pretencioso de parte del compañero Luque haber asumido que se debe responder a sus impertinencias. Por supuesto que no va a recibir explicaciones de ningún tipo acerca de los eventos a los que asisto. Puedo comprender que su ignorancia acerca de cómo funcionan los intercambios académicos lo lleve a realizar elucubraciones simplonas y tendenciosas, incluyendo la ladina mención que hizo de la “terrorista” Fundación Nacional Cubano Americana.

Debería informarse primero el compañero Luque acerca de cómo funciona el mundo académico antes de ponerse a decir majaderías. Quisiera ser indulgente con el compañero Luque, y hubiera preferido pensar que lo que ha dicho es la expresión combinada de lagunas informativas y de sectarismo, pero no de malevolencia. Sin embargo, haber colocado mi nombre en una misma oración donde menciona la palabra “terrorista” es una execrable muestra de bajeza moral.

Tratando de encontrarle el lado positivo al asunto, al menos ha quedado expuesta la sordidez ética de los comentarios que caben esperar del compañero Luque. ¿Habrá alcanzado su límite?

Las relaciones con las fundaciones: lo verificable

Queda entonces por abordar la cuestión del “oro de Soros”, una de las matracas descalificadoras favoritas del compañero Luque y de otros comentaristas, en especial cuando se trata de desprestigiar a Cuba Posible.

Tratemos de establecer objetivamente varios hechos:

Al gobierno cubano le asiste la moral, el derecho y el apoyo político de la mayoría del pueblo para proteger la seguridad nacional mediante la coerción estatal, una función que puede incluir limitaciones, prohibiciones, y el manejo de información que no necesariamente se hace pública.

Ciudadanos cubanos y entidades del país (de muy diverso tipo) han sostenido habitualmente relaciones de colaboración -incluyendo financiamiento- con instituciones y con fundaciones de Estados Unidos y de otros países, la mayoría de las cuales no son precisamente ni solidarias con Cuba, ni simpatizan con una ideología revolucionaria. Esas relaciones no se han conducido “por la libre” y su funcionamiento siempre ha sido monitoreado y evaluado por entidades estatales y políticas. Se han tomado acciones sobre el curso de esos intercambios cuando oficialmente se ha considerado como apropiado.

La información disponible muestra que George Soros y la Fundación Open Society son controversiales. Existe evidencia y análisis que relacionan sus actividades con procesos de desestabilización política en varios países, entre otros: Polonia y Checoslovaquia cuando estos eran países socialistas; las llamadas “revoluciones de colores” en países de la antigua URSS; la “primavera árabe”; Siria, Ucrania, Albania, Yugoslavia, y Venezuela. Ha sido divulgada, igualmente, la existencia de un documento sobre Cuba preparado expresamente, en 2013, en forma de background paper para la Fundación Open Society, pero cuyo contenido no se encuentra accesible actualmente en la red. Sin embargo, también existe evidencia y análisis relativos al apoyo que Soros y Open Society ofrecen a una amplia serie de entidades y causas que, en su diversidad, abarcan algunas de orientación “progresista”, “radical” y de “izquierda”.

No se conoce pronunciamiento público alguno, de parte de una autoridad oficial cubana, que limite o impida la participación de ciudadanos cubanos en actividades que incluyan a la Fundación Open Society. No se conoce ninguna indicación oficial directamente hecha a los responsables de Cuba Posible respecto a la interdicción de organizar o de participar en actividades que pudieran contar con el financiamiento de Open Society.

Existen participantes en el debate cubano que opinan que las relaciones de Cuba Posible con la Fundación Open Society -y también con la Fundación Ford- descalifican a Cuba Posible como entidad, y a quienes publican en ese sitio, como participantes carentes de justificación moral en el debate político en Cuba.

La “denuncia” se ha concentrado en Cuba Posible, a pesar de que existen ciudadanos cubanos e instituciones oficiales que han participado y siguen participando en actividades financiadas directamente o indirectamente por las dos fundaciones mencionadas. Esas “denuncias” se han originado principalmente en el blog La Pupila Insomne.

¿En qué consiste el “ajiaco conspirativo” fraguado contra Cuba Posible?

Consiste, esencialmente, en una especie de “deslegitimación por asociación”. Me he referido anteriormente a lógica ramplona en la que se basa la confección de ese ajiaco: las fundaciones Open Society y Ford tienen el potencial de convertir en subversivo, antipatriótico y plattista a cuanta persona o institución de la Isla se les aproximase.

Esas fundaciones son consideradas como una especie de “Chernobil” contaminante en el plano ético (dinero inmoral y especulativo), en lo ideológico (promoción del capitalismo), en lo político (injerencia anti-socialista en el debate interno), y en cuanto a la seguridad nacional (desestabilización del Estado). El corolario es evidente: mejor evitarlas, de lo contrario van a producirse “denuncias” que revelarían la falta de legitimidad de los “denunciados” para participar en el debate público nacional.

Sin embargo, la tierra no es plana. La realidad es mucho más compleja de lo que se intenta hacer pasar por una verdad incontestable. Como muchas otras instituciones capitalistas, esas fundaciones son entidades contradictorias. El listado de los recipientes de sus apoyos es muy extenso e incluye entidades y proyectos muy diversos, e inclusive antagónicos entre sí.

El argumento de que esas fundaciones exclusivamente apoyan entidades y proyectos reprobables –desde una visión del socialismo cubano- no se sostiene cuando se revisan los datos de la realidad.

Para el caso de la Fundación Open Society, esto pudiera comprobarse sin mucho esfuerzo revisando el sitio web.

La lista incluye algunas instituciones de un corte netamente progresista -en el contexto de Estados Unidos- como son: Alliance for Justice (activistas que se oponen a la designación de jueces conservadores), American Civil Liberties Union(conocida institución de la lucha por los derechos civiles, muy crítica de las restricciones impuestas bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo), American Friends Service Committee (muy activos contra la llamada “Acta Patriótica”), Arab American Institute Foundation (institución que critica a Israel por la brutalidad contra el pueblo palestino), Casa de Maryland (defensora de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos), MADRE (organización de defensa de los derechos de la mujer que plantea que el gobierno de Estados Unidos es el principal violador mundial de los derechos humanos), Malcom X Grassroots Movement (exige la reparación a la población negra por los daños infligidos por la esclavitud), Mexican American Legal Defense and Education Fund (MALDEF) (una de las instituciones más conocidas en el campo de la defensa de los derechos de la llamada población “hispana”) , NACCP Legal Defense and Education Fund (activismo defensor de los derechos de la población afronorteamericana), National Council of La Raza (defensora de los derechos de los inmigrantes), Planned Parenthood (defensa de los derechos de la mujer), Proteus Fund (apoyo a organizaciones de lo que se considera como una izquierda radical en Estados Unidos), Think Progress (plataforma on-line crítica del conservadurismo), Tide Foundation (también apoya lo que se considera como una izquierda radical en Estados Unidos), Urban Institute (defensora de la salud pública social y del alza de impuestos a los ricos), y Voto Latino (movimiento para incrementar los latinos registrados como votantes), entre otros.

El argumento de que cualquiera que se aproxima a esas fundaciones se contamina, falla cuando se comprueba la evidencia de que la Fundación Open Society habría financiado instituciones que son abiertamente solidarias con la Revolución cubana, como son Global Exchange y National Security Archive Project.

De hecho, la Fundación Open Society no ha financiado exclusivamente actividades sobre Cuba organizadas por Cuba Posible, como puede comprobarse en el sitio web del Programa Cuba del Instituto de Estudios Latinoamericanos (ILAS) de la Universidad de Columbia (New York). Se dice textualmente: “El Programa Cuba es actualmente financiado por Open Society Foundations y Ford Foundation” (The Cuba Program is currently funded by Open Society Foundations and the Ford Foundation).

El “Programa Cuba” de ILAS incluye un Programa de Intercambio Académico entre la Universidad de Columbia y la Universidad de La Habana, bajo el cual se realizan visitas académicas entre ambos países. También ILAS ha mantenido un proyecto de colaboración con el Centro de Investigaciones de Política Internacional (CIPI) del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, en La Habana.

En el caso de la Fundación Ford, que en La Pupila Insomne se ha dicho que tiene un “largo historial de trabajo con la CIA”, existe información pública sobre actividades de colaboración en la que participan instituciones cubanas. Por ejemplo, Hillary Pennington, vice-presidenta de la Ford Foundation sostuvo un encuentro en el CENESEX, el 29 de septiembre de 2016.

La Fundación Ford ha financiado también el proyecto “Cuban Oral History: Memories of the Cuban Revolution”, de la Universidad de Southampton, realizado bajo los auspicios del CENESEX.

Igualmente, la Fundación Ford apoyó el proyecto de donación a Cuba de una réplica de la estatua ecuestre José Martí, ubicada en el Parque Central de Nueva York. Ha sido recientemente colocada frente al Museo de la Revolución.

Deseo dejar bien aclarado públicamente que no veo problema alguno con esas actividades de colaboración. Todas me parecen bien. Esas son personas e instituciones cubanas que tienen experiencia en este terreno y existe sobrada evidencia de que han sostenido intercambios beneficiosos para Cuba. Son otros quienes ponen bajo “sospecha ideológica” y quienes ven “inclinaciones subversivas” en todo lo que sea “tocado” por esas fundaciones.

¿Entrará en escena la picaresca?

Esos argumentos los he expuesto anteriormente como comentarios en más de un blog donde se ha abordado el tema del “oro de Soros”. Obviamente, no se trata en lo más mínimo de defender a las fundaciones. Eso no es lo que hago, ni ese es el punto que se discute.

Lo que se debate es si mantener relaciones con fundaciones como Open Society y Ford le trasmite, automáticamente, “ilegitimidad” a las entidades y ciudadanos cubanos que participen en esas actividades.

En esencia, habría que responder dos preguntas:

– ¿Cuál es la evidencia concreta de que lo que se publica en Cuba Posible –que acoge puntos de vista diversos- sea el efecto de la influencia de fundaciones extrajeras y cuál sería la explicación de los mecanismos de causalidad de esa conjeturada influencia?

– ¿Se “contaminan” por igual todos los ciudadanos cubanos y entidades que se relacionan con las fundaciones extranjeras, o son algunos más “contaminables” que otros?

Respecto a la primera pregunta, no hay mucho que agregar a lo que ya se ha dicho anteriormente. Los “denunciantes” no han aportado prueba concreta de influencia, ni se han molestado en explicar causalidad alguna. La fórmula va por otro lado: “ajiaco conspirativo” y repetición vocinglera.

En cuanto a la segunda pregunta, no conozco la opinión del compañero Luque. Tampoco se la estoy pidiendo. No quiero hacer algo que pudiera ser entendido como una impertinencia.

Lo que me interesa es tratar de conducir cualquier posible discusión sobre esa segunda pregunta –si es que se produjese un intercambio- por el camino de un debate racional. Más de una vez he debido escuchar, con paciencia, el intento de explicar que, en realidad, determinados ciudadanos e instituciones cubanas no son “contaminables”, mientras que en otros casos –como Cuba Posible– la propensión a la “contaminación” no solo es consustancial, sino que es, además, deseada. Es un típico argumento de la picaresca y obviamente en ese tira y afloja no tiene sentido participar.

Queda clara la lógica arrabalera de ese tipo de acusaciones contra Cuba Posible, pero pudiera ser que la lógica nunca haya sido parte de las “denuncias”, en cuyo caso entonces la cosa se entiende mejor.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Desideologización de lo económico y neoliberalismo en Cuba: ¿de verdad?

Por Pedro Monreal, El Estado como tal

Es conocida la preocupación de la dirección política del país con la dimensión ideológica del proceso de transformaciones económicas y sociales que se anhela acometer en Cuba. Eso implica inevitablemente una discusión sobre el tema y las discusiones siempre se producen entre personas concretas.

Parecería ser que algunos de los que se han colocado en el “borde delantero” de esa discusión ideológica consideran que tienen un amplio margen de maniobra para decir lo que se les ocurra, pero es conveniente llamar la atención acerca de varias cosas.

Entre las novedades “analíticas” sobre Cuba que nos trajo este verano hay dos cuestiones interesantes. La primera es que parece existir una “escuela de pensamiento” que considera como una forma de utilitarismo desideologizado el reclamo de una atención priorizada a la restructuración económica del país. Sin embargo, ello no es óbice para que paradójicamente se les endilgue una supuesta afiliación ideológica determinada –sea neoliberal, socialdemócrata, o cualquier otra- a esos mismos de quienes se ha dicho que, por defender la atención priorizada de lo económico, postulan un “relativismo desideologizado”.

La segunda novedad es que ha estado “denunciándose” la existencia de economistas neoliberales en los debates sobre el país, entre ellos el autor de este blog.

Lo primero pudiera expresar holgazanería intelectual. Los “analistas” simplemente parecen no haberse tomado el trabajo de leer con atención los supuestos textos economicistas, pragmáticos y carentes de principios que creen estar “denunciando”. La incongruencia del discurso lógico que con frecuencia hacen (“denunciar” una desideologización y al mismo tiempo decir “más bien todo lo contrario”) as algo que también deberían dedicarse a resolver.

Lo segundo -la cuestión del neoliberalismo- pone en evidencia la falta de ilustración económica y la ausencia de capacidades analíticas de algunos exponentes de esa nueva hornada de comentaristas ideológico-económicos.

No intento hacer una valoración general sobre el asunto y por tanto me referiré específicamente a tres artículos:

“Cuba: Revolución vs. Centrismo. Procesos culturales y estrategias políticas”. Por Jorge Ángel Hernández Pérez, La Jiribilla, 8 de julio de 2017.

“Ideas en el centro del debate”. Por Elier Ramírez Cañedo, La pupila insomne, 20 de julio de 2017.

“Divertimentos académicos”. Por Carlos Luque Zayas Bazán, La pupila insomne, 17 de agosto de 2017.

Intentar hacer análisis tocando de oído

El primer texto se refiere al neoliberalismo, pero sin hacer explícito qué articulo y autor concreto pudiera estar criticándose.

Lo que esencialmente se dice en ese texto es que el llamado “centrismo” funciona como un caballo de Troya del neoliberalismo

Hernández Pérez no ofrece la menor pista para poder entender cómo los “centristas” -o quien sea- están fomentando la ideología neoliberal desde adentro. Simplemente dice Hernández Pérez que otros han dicho eso y él se limita a repicar esa campana.

Por supuesto que no se aclara quiénes son los otros que se han referido al “caballo de Troya del neoliberalismo” en el contexto del denominado “centrismo” en Cuba. Quizás pudiera tratarse de Ileana González, la autora de uno de los textos más triviales de la compilación “Centrismo en Cuba: Otra vuelta de tuerca hacia el capitalismo”, que es donde ha podido localizarse la utilización de una expresión parecida.

Es decir, que no hay que prestarle atención al texto de Hernández Pérez en esta cuestión del neoliberalismo. Se trata de un intento fallido de vender una superficialidad como si fuese un análisis.

Una discrepancia respecto al método de análisis

El texto de Ramírez Cañedo (20 de julio de 2017) incorpora comentarios que ambos hicimos el día anterior en Cubadebate a propósito de un texto de Enrique Ubieta (“Las falacias en su centro”, Cubadebate, 18 de julio de 2017).

Ramírez Cañedo plantea dos ideas básicas respecto a la desideologización y el neoliberalismo.
La prioridad de las soluciones económicas como una engañifa desideologizante


La identificación (no especificada) de textos relativos al debate en Cuba que estarían expresando variantes de una ideología socialdemócrata o neoliberal.

Mi respuesta al primer punto (desideologización) la ofrecí inmediatamente en un artículo publicado en el blog El Estado como tal, el 20 de julio de 2017, con el título “Debates en Cuba: ¿ideología sin proteínas?” https://elestadocomotal.com/2017/07/20/debates-en-cuba-ideologia-sin-proteinas/

No repito aquí lo que entonces expuse.

Solamente agrego que modestamente trato de orientar mis análisis sobre la base de cinco aspectos del método marxista que considero que son relevantes para el debate económico en Cuba: a) la distinción entre las manifestaciones y su esencia, y el entendimiento de que el sistema de ideas con el que cada sistema económico y social se auto percibe (ideología) tiene una función esencialmente justificadora y por tanto la cuestión es cómo asegurar la función critica del análisis en un contexto como el cubano donde tiende a ideologizarse muchas cosas; b) tratamiento de los problemas económicos, sociales y políticos de conjunto, en su interrelación; c) abordar los problemas económicos como problemas históricos que deben ser explicados socialmente y concebir las regularidades económicas de manera histórica específica; d) utilización de la dialéctica en el análisis, con énfasis en explicaciones apoyadas en contradicciones y crisis, y adoptando una perspectiva materialista; y e) concebir el desarrollo económico como un proceso de conflicto y cambio, alejado de visiones “armónicas”. (Esto es algo que he expresado anteriormente. Ver comentarios al artículo “La realidad doblada como un papel: manía clasificatoria y debate político en Cuba”, Cuba Posible, 23 de marzo de 2017 https://cubaposible.com/monreal-debate-politico-cuba/) .

Considero que ese enfoque tiene puntos comunes con aspectos planteados por Ramírez Cañedo, por ejemplo, que la mejor manera de hacer ideología es cuando esta se materializa en la práctica y que la visión debe ser totalizadora, pero entiendo que diferimos en cuanto a la primacía de lo económico. Es un tema legítimo de discusión, pero probablemente se haya alcanzado un punto muerto en ese aspecto del debate con Ramírez Cañedo.

Respecto al segundo aspecto, no niego que en textos relativos al debate pudieran existir las posiciones ideológicas a las que se refiere Ramírez Cañedo. Lo que respetuosamente sugiero es que identifique los textos concretos en los que se han expresado esas posiciones y que se haga una crítica razonada. Un análisis ideológico, económico, o de cualquier esfera social, solamente es creíble cuando es concreto.

En cualquier caso, mis discrepancias con el texto de Ramírez Cañedo son esencialmente relativas al método de análisis.

¿Alguien dijo análisis?

El caso más interesante es el texto de Luque (17 de agosto de 2017), el cual se complementa con un comentario que hizo a un artículo publicado al día siguiente por Javier Gómez Sánchez (“¿Una prensa sin ideología?”, La Pupila Insomne, 18 de agosto de 2017).

La imagen que proyecta el texto es la de asociar mi nombre a la noción de “un intelectual orgánico del neoliberalismo”. Se dice que hay que prestar atención al enfoque “repetido continuamente por este economista”

Adicionalmente, el “análisis” no deja otro margen que asumir que se refiere a mí cuando en el comentario al texto de Gómez Sánchez (18 de agosto de 2017) se dice que “tenemos a un neoliberal hablando de autogestión obrera e intereses de los desposeídos”.

Considero que se hace una referencia a mis opiniones porque en mis comentarios al texto publicado en Cubadebate -2 de noviembre de 2016- expresé que “la legitimidad política del trabajador cubano debe ser la predominante y debe estar basada en el ejercicio del poder político que descansa en su condición de propietario de los medios de producción fundamental del país. Es más, agrego que siempre que se pueda, esa legitimidad debería estar asentada en mecanismos directos de poder obrero, o sea de democracia obrera directa”.

Obviamente, no hay necesidad de perder mi tiempo para explicarle al “analista” que no soy un intelectual del neoliberalismo, ni orgánico ni inorgánico, ni de cualquier tipo. Lo que haré es tratar de ayudar al “analista” a que entienda que su texto del 17 de agosto no tiene nada que ver con un análisis.

Ese texto del 17 de agosto expresa insuficiencia conceptual sobre el tema que se cree estar analizando (ni siquiera se presenta un concepto adecuado de neoliberalismo) y exhibe un notable déficit metodológico para el análisis, revelado en una elección insuficiente y sesgada de datos, la manipulación de citas, y el enunciado de conclusiones que no logran validarse.

Antes de pasar a comentar brevemente algunos detalles, llamo la atención acerca de que parece ser demasiado casual que el texto se circunscriba a tomar como base una serie de comentarios sueltos que hice a una vieja publicación y que no se haya referido a las decenas de artículos que he escrito sobre temas económicos cubanos en los últimos años.

Solamente en el blog El Estado como tal (iniciado en abril de 2017) hay más de 40 textos de mi autoría y en Cuba Posible hay más de 30. Material para buscar donde hacer críticas no es precisamente lo que ha faltado.

Probablemente, el “analista” no lo conoce, pero eso tiene una denominación precisa en el contexto de los análisis espurios: prejuicio de amplificación de conclusiones con datos mínimos. No necesariamente implica mala fe, puede ser el resultado de la falta de conocimiento.

Adicionalmente, el texto del 17 de agosto parece expresar un reciente acto de iluminación respecto al neoliberalismo que festinadamente se me atribuye pues, en aquel intercambio de opiniones que sostuvimos en la sección de comentarios del texto publicado en Cubadebateel 31 de octubre de 2016, no se hizo la imputación que ahora se expresa, mientras que la “denuncia” diferida que hoy hace se basa casi íntegramente en aquel intercambio de opiniones.

Además de los casi diez meses que tardó en brotar la iluminación, el hecho es que el “analista” tuvo entonces espacio suficiente para expresar lo que quiso decir pues sus comentarios de octubre de 2016 ocuparon más del doble del espacio de mis comentarios (exactamente 2,4 veces mayor, medido por el número de palabras).

En realidad, los comentarios del “analista”, en respuesta a los míos, fueron mucho más extensos (casi un 60% más extenso) que el propio artículo que se estaba comentando. ¿Tanto nadar para morir en la orilla?

El neoliberalismo es…. (¡ahorita me acuerdo!)

En relación con el tema que cree estar analizando, el texto del 17 de agosto propone dos aproximaciones al concepto de neoliberalismo:
  1. “El pensamiento neoliberal se distingue por su concepción del vínculo que existe entre ideología y desarrollo, entre economía y sociedad”.
  2. “El capitalismo neoliberal considera que es la sociedad la que debe adaptarse y subsumirse a las exigencias del imperativo económico capitalista. De allí se origina la fe desmedida en los números, los datos macroeconómicos, y las estadísticas como una forma de medir el crecimiento material, que igualan al desarrollo humano”.
Ambas son aproximaciones conceptuales superficiales y muy insuficientes del neoliberalismo. La segunda de ellas incluye un sinsentido acerca de las estadísticas que revela ignorancia no solo respecto a la economía sino también sobre las ciencias contemporáneas, las cuales, por cierto, son parte de la cultura a la que tanto se refiere el “analista”.

El punto es que ni la aproximación (a) ni la (b) proporcionan una definición aceptable del neoliberalismo, sobre todo cuando el propósito del “analista” es clasificar ideológicamente el trabajo de otros. Andar por la vida colgando etiquetas sin saber a ciencia cierta de qué se trata el asunto es, además de una irresponsabilidad, un irrespeto a la inteligencia de otros.

El “analista” no es capaz de conceptualizar correctamente lo que piensa que está criticando. Cataloga sin saber acerca de qué es el catálogo.

En cualquier caso, procurarse una definición adecuada de neoliberalismo es algo que le correspondería hacer al “analista”.

A falta de pan, casabe

Identificar la ideología neoliberal en un texto económico no es algo particularmente complicado. Bastaría con poder detectar lo que es distintivamente neoliberal en el tipo de premisas conceptuales, las prioridades y mecanismos de políticas públicas que se rechazan y que se defienden.

Naturalmente, eso requiere tener un concepto adecuado de neoliberalismo y poder disponer de textos que se tomen como objeto de crítica en los que la ideología neoliberal pudiera estar presente. Si falta cualquiera de esas cosas, no se llegaría a parte alguna.

Las conclusiones del “analista”, además de no basarse en un concepto apropiado de neoliberalismo, tampoco se apoyan en textos criticados de los que puedan extraerse citas que contengan formulaciones distintivamente neoliberales.

La imposibilidad de localizar esas formulaciones en los textos del autor de este blog pudiera ser la razón por la que el “analista” los ha evitado y utiliza en cambio una base reducida y sesgada ( comentarios sueltos), en vez de acudir a las decenas de artículos del autor de este blog dedicados a la pobreza, la desigualdad, la justicia social, el consumo familiar, el empleo, los salarios, las pensiones, el subsidio a la canasta alimenticia familiar, la utilización socialmente efectiva del presupuesto nacional, la restructuración del sector estatal y su relación con el sector privado y el mercado, temas que son la antítesis del neoliberalismo.

El “analista” ha sorteado esa dificultad con imaginación. Como no tiene una cita a mano simplemente se manipula el escaso material seleccionado y cuando se necesita, se inventan “prioridades”, “remisiones”, y “mensajes” que se atribuyen a quien es objeto de su crítica, o sea, que el “analista” incurre en falsedades.

Solamente a modo de ejemplos:
  • Se dice que se le otorga una supuesta prioridad al estudio de “las insuficiencias de la propiedad social, estatal” y a su comparación con “las bondades de la propiedad privada”.
  • Se afirma que el autor de este blog “se remite sólo al momento actual de Cuba, lo que desea es poner sólo poner sólo en la columna del debe del socialismo cubano sus problemas económicos y con ello demeritar las ideas socialistas”.
  • Se concluye -supongo que haciendo gala de la parapsicología y de otras artes ocultas- que “el mensaje subliminal, y en ocasiones franco, tiene estos componentes: (a) sólo el capitalismo puede lograr la prosperidad, (prosperidad según su propio concepto), (b) sólo la propiedad privada es eficiente, el resto es…ideología y, (c) el socialismo, que es la única esperanza de la humanidad, está condenado al fracaso”.
Dado que no existe un solo texto del autor de este blog de donde pueda sacarse una cita sobre las “bondades de la propiedad privada”, “demeritar ideas socialistas”, o “mensajes” de que “sólo el capitalismo puede lograr la prosperidad” y que el socialismo “está condenado al fracaso”, no puede concluirse otra cosa que se trata de una farsa del “analista”.

Se prometió un análisis, pero lo que se entrega es un cuento de camino.

Es saludable discutir acerca de criterios distintos, pero falsear datos para sostener conclusiones fraudulentas no es admisible en el marco de una discusión seria.

No se trata de que exclusivamente se esté dispuesto a privilegiar “a los autores cuyo prestigio intelectual aparezca indexado en las instituciones académicas” sino que el debate razonado y lógico no puede basarse en un timo intelectual como el presentado en el texto del 17 de agosto.

De nada vale que se cite a Polanyi, Pascal y Lenin para tratar de emperifollar un simulacro de reflexión intelectual.

Unas preguntas a modo de conclusión

El texto del 17 de agosto incluye una noción –lingüísticamente entendible en sí misma- que parecería aproximarse al pseudomarxismo: ”Porque por donde hay que empezar el análisis de cada cuestión económica es por el campo ideológico y cultural”.

¿Dónde deja eso la concepción materialista como método para el análisis crítico de la sociedad?

¿De qué manera, exactamente, un análisis marxista sobre lo ideológico es verosímil si no se basa en la consideración de las relaciones sociales concretas de producción y de las clases que en ellas operan?

¿Es que acaso ha llegado la hora de descartar El Capital y de reemplazarlo por una “antología” sobre el “centrismo”?

¿Es eso?

martes, 22 de agosto de 2017

El sendero de las teorías que se bifurcan…

Por Carlos Luque Zayas Bazán
22 AGOSTO, 2017 DE LA PUPILA INSOMNE
El economista cubano Pedro Monreal (PM) ha publicado varios artículos dedicados a exponer su criterio acerca de los trabajos incluidos en una recopilación de textos sobre las tendencias políticas centristas en Cuba.
En su texto más reciente, PM sostiene su análisis   en el argumento según el cual los textos de la antología  definen el centrismo como equivalente a contrarrevolución. A partir de esa afirmación PM precisa la segunda premisa de su análisis definiendo por su parte que es contrarrevolucionario en Cuba  postular  a) “…la necesidad y/o conveniencia de acabar con el control del poder político por parte del Partido Comunista de Cuba (PCC)”  y b) demandar “…que los medios de producción fundamentales no sean de propiedad social. Es decir, cuando una posición política atenta contra cualquiera de los dos pilares de un modelo comunista.”
En párrafo anterior el analista acepta que “pudieran ofrecerse diferentes definiciones” de la posición política contrarrevolucionaria en Cuba. Pero a fin de cuentas se decanta por las dos (a y b) señaladas, y desde allí despliega su tesis apoyado en la premisa mayor, que como vimos,  establece que el anticentrismo se limita a denunciar a la contrarrevolución y sólo definida por esos dos rasgos.
De paso, hay que advertir que acudiendo a Lenin y a Gramsci, el autor pretende: a) legitimar y ensalzar las supuestas bondades o la eficacia de las posiciones políticas centristas y b) a la vez reitera la tesis según la cual la distinción de posiciones de izquierda, derecha y sus matices intermedios es inoperante o errónea,  tesis muy común también últimamente en el debate de aquellos que se oponen a lo que llaman la radicalidad ortodoxa, u oficial o dogmática.
Se advierte bien claramente que esa tesis, planteada ahistóricamente, sin análisis contextual de cada escenario de la lucha política, pretende prestigiar y colocar las políticas centristas como si existieran en una especie de terra incognita de la política. En la citada carta a su amigo comunista, más adelante el mismo Gramsci utiliza profusamente esas distinciones que son y le resultan inevitables para analizar el campo político italiano y los temas que allí trata. Como también, por sólo mencionar una valoración reciente, Immanuel Wallerstein en su texto Dilemas de la izquierda radical, publicado en La Jornada.
Este aspecto del análisis de PM no merece mayor detenimiento ahora, que la advertencia de la manipulación que contiene para inficionar y contaminar el imaginario político e introducir modos de pensar que conviertan la lucha ideología en un terreno confuso, elástico y líquido, algo muy característico de todo centrismo.
No comentaré extensamente aquí la posición de “centro político” que se le atribuye a Lenin. Es un recurso muy débil y totalmente erróneo por antihistórico el intento de prestigiar u otorgarle pertinencia a esa posición política en las condiciones concretas actuales de Cuba acudiendo a Lenin, pero mucho menos a Gramsci con respecto a aquel. Pero esto merece un comentario.
Casual (¿o quizás premonitoriamente?) releía en estos días Un paso adelante, dos pasos atrás y sólo porque lo reencontré organizando algunos libros. Apenas uno se puede resistir a la angustia que provoca no poder leer o releer un libro valioso que asome a la vista. Y no podía imaginar que alguien trajera a Lenin a colación, insinuando que si alguna vez fuera de “centro” en política, ello podría servirle a los centristas de esta época para tranquilidad de sus almas.
Como se sabe, Lenin hace en ese texto un meticuloso análisis de las actas del II° Congreso del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), celebrado en 1903, en Bruselas y, por razones de seguridad, trasladado después a Londres. La primera reacción-placer que nos regala Lenin es disfrutar de su genial exposición analítica y de su estilo polémico, exacto, duro, irónico y directo (entre compañeros de lucha), que hoy levantaría tantos lamentos y victimizaciones entre los moderados que suelen reaccionar con quejas y lamentaciones. Los revelados en las actas de aquel congreso y textos posteriores a que se refiere Lenin , de hecho, son casi la copia y el calco de los recursos defensivos de los supuestos perseguidos o criticados que ahora a veces se leen en Cuba durante las confrontaciones ideológicas. La segunda fue constatar con cierta tristeza racional, o de la razón, (si eso existe, o se puede expresar así) y casi con alguna conmiseración posterior, cómo se intenta de manera tan pedestre y elemental manipular hoy los hechos y los conceptos.
En aquella ocasión Lenin celebraba el paso adelante que significaba la posible unificación y consolidación en un Partido de la dispersión organizativa que existía en el campo de la lucha política e ideológica, formada hasta ese momento por diversos grupos, círculos y tendencias, y lamentaba los dos pasos atrás por la escisión sobrevenida entre los mencheviques (minoría, en ruso) y los bolcheviques (mayoría).  Lenin demuestra con meticuloso rigor ​la postura oportunista y girondina de los primeros, (son sus expresiones), frente al jacobinismo radical de los segundos. Allí, entre esas posturas se delineó claramente lo que se denominaba en aquella cultura política “la charca”, (en Alemania, “el pantano”) es decir, el centro político con respecto a los temas que se discutían y en el contexto específico en que ello se manifestó.
No se puede ni pretender, así sea un acotado comentario en este medio que exige la mayor brevedad posible, y con respecto a un texto que se debe disfrutar directamente. Es muy conveniente, como aconsejaba el Che, leer hasta el último papelito escrito por aquel genio. Pero como se intenta escamotear qué significa ocupar el centro político en distintos contextos y circunstancias históricas al afirmarse con ligereza, sin mayor precisión, que Lenin dijo “alguna vez” que “era de centro”, debe disculparse que al menos se recuerde que la división se manifestó en aquel Congreso entre algunas propuestas de Lenin, apoyado inicialmente en algunos temas también por Plejanov , de un lado, y los anti-iskristas, en el otro polo, apoyados por los del “centro”. Y, vacilando entre ellos, unas veces de parte de unos, y otras a favor del contrario, los que Lenin llamó los vacilantes, el centro, o “la charca” (*).
A nadie se le ocurriría, o se le debiera ocurrir (¡pero por lo visto, sí!) comparar a “la charca” de aquel momento, o de momentos posteriores de la historia del partido bolchevique, con nuestra charca actual. Entre otras razones por el “detalle” difícilmente despreciable de que entonces se enfrentaban visiones, propuestas, diferencias, entre camaradas, entre concepciones y personalidades que discutían temas específicos para lograr un objetivo común, es decir, el derrocamiento del zarismo: discutían la estructura organizativa, programática e ideológica de un partido para acompañar y guiar la lucha obrera contra el zarismo y encabezar y conducir la revolución. Ni la valoración citada de Gramsci es pertinente en los actuales contextos donde los polos con respecto a los cuales se sitúa la concepción centrista no son posiciones de matices o antagonismos entre compañeros de lucha, sino de fondo, y esencialmente, entre el socialismo y el capitalismo. (El estudio detallado del escenario actual del debate sería muy útil que se hiciera por especialistas competentes para deslindar matices y posiciones que no se pueden reducir a la propuesta simplista, antonómica y maniquea de Monreal.)
Cuando mucho después la socialdemocracia europea devino esa “ruedecilla” más y funcional al capitalismo, cooptada por el parlamentarismo burgués y traicionando a la causa obrera, (término este, el  entrecomillado aquí, que usa con sabrosa ironía Lenin),   aquel centro ya devendría una significación política concreta cualitativa y funcionalmente distinta al centro que se formó durante aquel Congreso, centro del que Lenin, por cierto, no formaba filas, y que no se puede confundir  al muy distinto al papel de Lenin como dirigente que se esfuerza por construir la unidad alrededor de las fuerzas dispuestas a la lucha en aquellos tiempos. El tema, entre otros, con respecto a los cuales se definió el centro en aquel momento del II Congreso fueron el centralismo democrático como principio organizativo del Partido, propuesto por Lenin, y el autonomismo o federalismo político y organizativo defendido por los opositores que deseaban mantener la existencia independiente de los círculos o grupos de lucha. Aquellos eran los polos, sobre todo con respecto a un elemento organizativo, y es en relación a ese aspecto y otros que surgieron con él relacionado, que se situaba el centro, la “charca”, que como siempre, depende para ser definido y localizado por los elementos claramente opuestos con respecto al cual se sitúa. El centro está condenado a la movilidad porque se define con respecto a cómo se sitúan sus extremos, de ellos depende, y por esa razón le caracteriza la vacilación y, al final, la selección de una de las posiciones en debate y la acción, si es que no se retira de la lucha y la causa que declara defender. Lo curioso es que en múltiples ejemplos conocidos – y en aquella ocasión también – opta por el lado derecho, oportunista o girondino, como demuestra Lenin que ocurrió en aquel evento. 
No es posible ceder a la tentación de extenderse en las sugerencias que para  hoy  emanan de aquellos sucesos analizados minuciosamente por Lenin, muchos de ellos tan actuales en nuestras circunstancias. Sólo apunto que hay, por ejemplo, una asombrosa similitud entre los argumentos esgrimidos por la “charca” y los oportunistas de entonces, y los que hoy leemos entre algunos de nuestros centristas. Precisamente porque las posiciones vacilantes gozan de cierta universalidad e invariantes cuando  tratan de establecer equidistancias y Lenin las revela genialmente en su análisis. Aunque debe notarse con claridad que ahora no se puede establecer ni siquiera similitud entre las posiciones que entonces se oponían entre sí con las que hoy definen una posición de centro político.  Porque aquel se daba en el seno de un proyecto común, y además, no sólo por la obvia verdad de Perogrullo de que son eventos tan distintos en épocas tan diferentes, sino porque ahora la posición centrista no se manifiesta  como alternativas o matices en el seno de un proyecto,  del proyecto de la Revolución Socialista, aunque algunos lo afirmen o quieran sugerirlo, o parecerlo.
Un aspecto de aquel debate, era por ejemplo, a quiénes admitir en el Partido, qué relación debía tener este con el campesinado en la llamada cuestión agraria, si debían admitirse los círculos con autonomía política, cómo debían estar compuestos los órganos del partido, etc. En cambio, ahora el núcleo duro del centrismo  radica en proponer el pluripartidismo bajo el manto de la democracia y contra el “totalitarismo” político, con la divisa de ser una izquierda, cuando lo proclaman, ideológicamente moderada, defender la transición, pero no la del socialismo, sino la de un “régimen” totalitario a uno “democrático”, etc., y por esa razón es que reciben el apoyo y beneplácito de personas y organizaciones que no pretenden esconder, como los centristas, su clara oposición al gobierno, al estado y la Revolución cubanas. Es un sueño de la Razón evocar aquel centrismo, del cual Lenin no era parte, en nombre del actual.
El centrismo hoy suele esconderse detrás de una reivindicación de la democracia y del autogobierno obrero.  Un argumento que aparece en los textos de los fundadores de Cuba Posible y ocasionalmente esgrimido por otros, y  que de manera explícita aparece en aquella declaración en la que sus directores solicitan ser enjuiciados, es el derecho que todo cubano tiene a expresar sus opiniones sobre el destino de Cuba. Ese derecho no se pone en duda, y a nadie se le pregunta su filiación ideológica para ello. La trampa es que en realidad lo que se exige es el derecho de las diferentes tendencias ideológicas a participar en la disputa del poder y sin que nos importen sus vínculos organizativos y logísticos con entidades foráneas. De allí surge la “necesidad” de restituir el multipartidismo, que es la base programática de Cuba Posible.
La historia es la señora que siempre tiene la última palabra.  Con el tiempo se reveló en los hechos duros y tenaces que el centro político, – como muchas veces se advierte en la “antología” aunque sin pruritos ni métodos o aspiraciones académicas-, deviene siempre funcional al capitalismo. Su objetivo en Cuba no remite ni se identifica como mera  opción contrarrevolucionaria.  Anticentrismo no equivale fundamentalmente a una denuncia de la contrarrevolución, sino a la revelación y denuncia de opciones y conceptos que son funcionales al capitalismo mientras postula que sus propuestas deben conducir a la verdadera República democrática, y esto último es lo importante, y es su rasgo esencial y, por lo tanto está excluido por Monreal de su propuesta clasificatoria del centrismo=contrarrevolución y contrarrevolución definida del modo como vimos más arriba. El anticentrismo es anticapitalista y antimperialista, antineoliberal y antieconomicista, pero sólo por eso, en principio y a partir de allí, opuesto a la contrarrevolución, en cuanto la contrarrevolución no puede ser anticapitalista, antimperialista y antineoliberal. Si el Partido pierde el poder político a Cuba no le espera otro destino que ser deglutida por el imperialismo estadounidense. Es por esto último que se define lo contrarrevolucionario, en las concretas condiciones actuales. La definición destacada en negrita es la que desea escamotear la reducción que consiste en sostener que sólo la disputa del poder político partidista y el rechazo de la propiedad social estatal sean los rasgos que definirían a la contrarrevolución y por lo tanto al centrismo. Y no es así, porque en ocasiones se manifiesta y mimetiza como todo contrario: al centrismo sin máscaras, y al solapado que no se reconoce como tal, lo podemos encontrar  aceptando la legitimidad de la Revolución, como Obama, y también la existencia de la propiedad social y estatal, junto a otras modalidades de propiedad. Necesita de ello, es parte de su táctica. Su perfil o retrato político no se agota en la simple y engañosa antinomia reductora centrismo = contrarrevolución. Las plataformas y determinadas personalidades que aúpan y difunden el centrismo no quieren pasar por contarrevolucionarias, (de lo contrario no podrían confundir y pedir un lugar legítimo en el debate cubano), siendo sutilmente procapitalistas no porque apoyen los crímenes de ese sistema, (no faltara más), sino porque ponen sus esperanzas de solución en ese sistema o en una combinación imposible entre él y el socialismo, a la vez que descreen profundamente en el marxismo y arrastran a otros o se han dejado arrastrar por el descrédito sembrado con respecto al socialismo. Es por eso que el centrista rechaza los métodos frontalmente mercenarios de aquellos que son directamente pagados al cash por embajadas y gobiernos.  Pero también es por ello que dirigen cuanta crítica pueden tratar de fundamentar, no desde y para continuar la transición hacia el socialismo, no para argumentar la importancia de la unidad en torno al Partido, nunca se lee esa expresión en un verdadero centrista, sino toda su acción teórica pretende, supuestamente, democratizar, horizontalizar, consensuar, desestatizar, persuadir, lograr un amplio despliegue de la propiedad privada, pero regulada por el estado, etc. Por su lenguaje, sus medios, las sedes de sus reuniones y sus amigos los conoceréis. Leed el amplio análisis leninista y veréis qué asombrosos paralelos se pueden encontrar entre los términos y los argumentos cuando se trata de aparentar que no se defiende ni una posición ni otra en un tema en que sólo se puede optar con coherencia por una de ellas.
Más evidentemente contrarrevolucionario es- aunque fuera sólo desde el punto de vista ético-, beneficiarse, bajo el pretexto de la objetividad académica, del financiamiento facilitado por organizaciones  que son notoriamente enemigas de la Revolución Cubana y enemigas de todo gobierno o política que surja en cualquier rincón del planeta que atente contra los intereses del capitalismo. Cuando ello ocurre, hay, además de procapitalismo, potencialmente o no, verdadera contrarrevolución aunque se proclame estar del lado de los obreros y de la democracia .
Injerencia, y contrarrevolucionaria, es pretender influir en la política cubana y dictar normas a su futura Constitución desde foros convocados y sostenidos por la NED. En mi opinión, un centrista convencido, por ejemplo, de que el estado puede regular la depredación capitalista, o que sostenga la sincera esperanza de que puede existir el capitalismo de rostro humano, y que espere que al menos atempere su salvajismo, puede, al defender esa convicción, no hacer contrarrevolución militante, efectiva y directa. Pero un centrista o no, que haga propuestas en el debate cubano y sostenga su actividad o asista a eventos financiados por órganos foráneos de probada vocación contrarrevolucionaria y proimperialista, ya adquiere un carácter en ese caso bien diferente y de todos los rasgos esenciales al centrismo puede definirse por contrarrevolucionario porque  se pone al servicio, deséelo o no, del imperialismo.
Por último, si nos atenemos a la metodología de PM, una organización como Cuba Posible podría calificarse de contrarrevolucionaria, al menos claramente con respecto a la primera condición y de modo nada ambiguo. La condición a) de PM define como contrarrevolucionario, recordemos, aquel que “postula la necesidad y/o conveniencia de acabar con el control del poder político por parte del Partido Comunista de Cuba (PCC).” Pues bien, por medio de su director, ya sea postura personal, ya sea objetivo de la entidad, o de sólo algunos de los que allí publican, CP se ha declarado partidaria del pluripartidismo, trabajar por la transición de “régimen” en Cuba, intensificar sus vínculos extranjeros e, incluso, no desecha la intención de organizarse en un partido político para la disputa del poder si ello fuera necesario. Además, en varios escritos publicados allí se propone que el Partido Comunista sea un partido más entre otros. Y en otros textos, aunque a veces no se declara abiertamente, se cuestiona que la propiedad estatal sea una forma de expresarse y protegerse  la propiedad social y los intereses comunes de los cubanos. ¿Hacen falta otros argumentos que los mismos declarados por sus mismos voceros? Creo que, al menos, no con respecto a la taxonomía de Pedro Monreal. 
(*) Que Lenin define como aquellos “elementos inconstantes que vacilan entre los que luchan”. “Entre los círculos y organizaciones de lucha contra el zarismo que acudieron al II Congreso, el grupo socialdemócrata “Yuzhni Rabochi” (El Obrero del Sur), a la vez que sostenía su acción en principios que entonces se podrían considerar de izquierda- énfasis en la lucha política para derrocar al zarismo,  condena del terrorismo como método de lucha, extensión el movimiento revolucionario de masas, al mismo tiempo que estos rasgos, sobreestimaba el papel de la burquesía liberal y menospreciaba el papel del campesinado.”

sábado, 19 de agosto de 2017

La “antología” sobre el “centrismo” en Cuba: Lenin y los otros.

Por Pedro Monreal

Independientemente de la manera en que se construyeron los conceptos expuestos en la “antología” Centrismo en Cuba: Otra vuelta de tuerca hacia el capitalismo, la proposición esencial que se postula en los textos analizados es que el “centrismo” es contrarrevolucionario.
En un análisis sobre la “antología” lo que revestiría mayor interés no es el concepto de “centrismo” en sí mismo sino poder verificar la validez de la proposición de que el “centrismo” es contrarrevolucionario.
Después de todo, una marca política como la de “centrismo” no debería ser muy preocupante para muchos a quienes recientemente parece habérseles endilgado esa etiqueta en Cuba pues hasta del propio Lenin se dijo alguna vez que su posición política era de “centro”.
El colega Julio César Guanche ha llamado la atención acerca de que eso no lo hizo un analista cualquiera sino Antonio Gramsci: “Por lo que se refiere a Rusia, yo he sabido siempre que, en la topografía de las fracciones y tendencias, Radek, Trotski y Bujarin ocupaban una posición de izquierda, Zinóviev, Kámenev y Stalin una posición de derecha, mientras que Lenin estaba en el centro y actuaba de árbitro en toda la situación. Eso, por supuesto, en el lenguaje político corriente”.
De hecho, en relación con ese tipo de etiquetas el propio Gramsci consideró que “Como es sabido, el núcleo que suele llamarse leninista sostiene que esas posiciones «topográficas» son absolutamente ilusorias y falaces, y en sus polémicas ha demostrado continuamente que los supuestos izquierdistas son pura y simplemente mencheviques, que se mimetizan con lenguaje revolucionario, cuando en realidad son incapaces de estimar las reales correlaciones de fuerza”. (Ver Antonio Gramsci, “Carta a Togliatti, Terracini y otros”, 9 de febrero de 1924. http://www.gramsci.org.ar/1922-26/14-cartaa-togliatti-fe-24.htm)
La valoración de las proposiciones de la “antología” pudiera ayudar a comprender si esta tiene la capacidad para estimular el diálogo y el debate útil, o si, por el contrario, a lo que tiende es a provocar una polarización poco productiva de la discusión política en Cuba.
¿Proposiciones válidas?
El punto crucial del análisis de contenido de los textos radica precisamente en examinar la validez de esa proposición y ello implica hacer un análisis para evaluar las diversas maneras en que se enuncia tal proposición en diferentes textos de la “antología”.
Expresado en términos sencillos, la validez de una proposición, inferencia, o conclusión de un texto, consiste en poder constatar si el argumento lógico que se ha construido logra reflejar la realidad de una manera lo más objetivamente posible.
Como se conoce, el tema de la objetividad en la producción de ideas, tanto científicas como de otro tipo, es un asunto polémico. Al nivel de la valoración que aquí se hace, que no debe ser tomada como un análisis acabado, quizás sea suficiente considerar que la constatación objetiva se produce cuando la proposición no existe solamente en la mente de quien la ha formulado. Es decir, cuando la proposición opera como una entidad intelectual que es aceptada como razonable por otros y que pudiera ser examinada en sí misma.
Debido a que no se hace aquí una valoración de textos científicos, los cuales exigen una particular evaluación de validez, nos limitaremos a expresar consideraciones desde la perspectiva más general de cómo debe operar el pensamiento lógico.
En ese plano, existen cuatro niveles de validez, cada uno de ellos relacionado con una pregunta relevante:
  • Validez de conclusión: ¿Existe una relación entre el concepto clave y otras variables presentes en la proposición?
  • Validez interna: Asumiendo que existiera una relación entre el concepto y las otras variables, ¿existe una relación de causalidad entre ellas?
  • Validez de “construcción”: Asumiendo que existiera una relación causal, ¿puede saber el autor si la “construcción” (representación ideal de la realidad) se ha convertido en algo que pueda ser examinado y entendido por otros?, es decir, que haya dejado de ser solamente una idea en la mente del autor.
  • Validez externa. Asumiendo que existiera una relación causal, ¿es generalizable la proposición a otras entidades distintas a las involucradas en la observación directa que hizo el autor?
 La validez de las proposiciones de los textos de la “antología” expresaría dimensiones distintas -y complementarias- respecto a la manera en que se relaciona el concepto clave (“centrismo”) con la variable “contrarrevolución”.
Por esa razón, para el análisis es imprescindible precisar qué debería entenderse por una posición política contrarrevolucionaria en la Cuba de hoy. Seguramente pudieran ofrecerse diferentes definiciones y por ello aquí se hace explícita la que se ha utilizado en este análisis.
Existe una posición contrarrevolucionaria en Cuba cuando ocurre, al menos, una de las siguientes dos circunstancias: a) se postula la necesidad y/o conveniencia de acabar con el control del poder político por parte del Partido Comunista de Cuba (PCC); y b) se demanda que los medios de producción fundamentales no sean de propiedad social. Es decir, cuando una posición política atenta contra cualquiera de los dos pilares de un modelo comunista.
En el terreno de las ideas políticas, una proposición válida no aspira necesariamente a la eternidad. Su validez y su efectividad discursiva están ligadas a su aquí y a su ahora. Es inseparable de su contexto ideológico de producción y de su contexto político de operación.
Para algunos especialistas, la ideología no debería entenderse solamente como principios, creencias, actitudes y valores, sino también como una forma de conocimiento, es decir, que debe considerarse que los actores políticos tratan sus opiniones sobre el mundo como conocimiento, algo a lo que se le ha denominado “ontología social”. (John Levi Martin y Matthew Desmond, “Political Position and Social Knowledge”, Sociological Forum, Vol. 25, No. 1, March 2010).
Ello ayudaría a entender la razón por la que en esta reciente discusión sobre el “centrismo” en Cuba, además de posibles cuestiones de principios y quizás hasta de intereses, también pudiera estar ocurriendo que quienes se encuentran en distintos lados del debate no consideren que están observando una misma “cosa” a la que evalúan aplicando distintos valores, sino que pudiera suceder que consideren que están mirando “cosas” distintas, denominadas con un mismo término.
Se asume, por tanto, que en el contexto actual esa discusión difícilmente se produzca de la manera nítidamente delineada que se ha esbozado en la definición de “contrarrevolución” anteriormente apuntada. La política es un sistema complejo y sus debates expresan esa complejidad. Esto hace más difícil el análisis, pero no lo impide.
Variantes de la proposición esencial de los textos
Los doce textos analizados, escritos por nueve autores, enuncian proposiciones claramente identificables. De ese conjunto, existen diez textos cuyas proposiciones no llegan a satisfacer el nivel básico de validez de conclusión: los dos textos de Gómez Sánchez, los dos textos de Luque, y las contribuciones de Ubieta, Ichikawa, Hernández Pérez, Luque, Capote y Lagarde.
Existen otros dos textos cuyas proposiciones satisfacen el criterio de validez de conclusión, pero no los restantes criterios. Se trata de los dos textos de Iroel Sánchez, que en esencia retoman proposiciones de Ichikawa, aunque se trata de aquellas que fueron formuladas por este último autor en un texto que no fue publicado en la “antología”.
La proposición de que el “centrismo” es contrarrevolucionario en la Cuba actual implicaría tener que aportar evidencia de que el “centrismo” –como postura ideológica o posición política- es irremediablemente contrarrevolucionario, o sea, que inexorablemente manifiesta una posición política favorable a la eliminación de cualquiera de los dos pilares del modelo actual (control político por parte del PCC y propiedad social sobre los medios de producción fundamentales).
En el caso de que la proposición hubiera sido formulada de una manera que existiera la posibilidad de que algo a lo que se le denominase “centrismo” pudiera no ser contrarrevolucionario, según la definición de esto último que se ha adoptado aquí, el criterio de validez de conclusión no se cumpliría. Obviamente, la utilización de una definición distinta de contrarrevolución pudiera cambiar la valoración de validez.
A continuación, se presenta un sumario de proposiciones que se consideran que no satisfacen el criterio de validez de conclusión:
Javier Gómez Sánchez: “En ese centro fabricado caen muchos que son verdaderamente de izquierda, socialistas y revolucionarios cubanos, sin percatarse del daño que les hacen a esas causas, que no son perfectas, pero son mejorables y no deben ser abandonadas” (pág. 51) y “El centrismo y sus exponentes son y seguirán siendo por su naturaleza parte de la contrarrevolución” (pág. 173)
Comentario: El “centro”, concebido como “trampa”, implica que es un “lugar” que puede incluir revolucionarios. El “centro” no sería, por tanto, algo inexorablemente contrarrevolucionario. La indefinición en el texto de la supuesta “naturaleza” contrarrevolucionaria del “centrismo” no permite apreciar una relación entre el concepto crucial (“centrismo”) y una imputada postura contrarrevolucionaria.
Luque Zayas-Bazán: “Se diferencian claramente los participantes en ese debate ciberespacial: los que se alinean sin dudas con la Revolución, sin hagiografías triunfalistas pero sí con posturas críticas constructivas, de los que declaran admitir la legitimidad de la Revolución y su actual gobierno pero la valoran algo menos que ya inoperante y fracasado” (pág. 71) y “Ante esas perspectivas, que no por sólo probables deben desconocerse o minimizarse, esas propuestas para el rumbo de Cuba se pueden considerar erradas e irresponsables” (pág. 88).
Comentario: La declaración de aceptación, por parte de alguien, acerca de legitimidad de la Revolución y la opinión simultánea de una percepción de inoperancia y de fracaso del gobierno no entraña necesariamente una posición contrarrevolucionaria. Habría que probar que ese desencanto o frustración se traduce en una acción concreta que buscase eliminar los pilares del modelo vigente, una evidencia que el autor no aporta. Por otra parte, en el texto se critican propuestas “erradas e irresponsables”, pero eso es algo muy distinto a que sean propuestas contrarrevolucionarias.
Elier Ramírez Cañedo: “Hoy vemos como ese nacionalismo de derecha que se estimula por quienes nos adversan, bajo el ropaje engañoso de centrismo, no tiene otro objetivo que el intento desesperado de restaurar el capitalismo en Cuba” (pág. 29).
Comentario: La supuesta conexión que establece el autor entre “centrismo” y nacionalismo de derecha se basa en la falacia de atribuir a Martínez Heredia tal conexión. No se ofrece evidencia alguna respecto al mencionado objetivo de restauración del capitalismo. Puede que el autor “lo vea”, pero eso no es suficiente cuando se trata de hacer una proposición lógica.
Ubieta: “Cuba Posible (la teoría) se hace acompañar de OnCuba (la descripción minimalista). Ambos procuran golpear los espacios de prestigio de la Revolución: la igualdad, la solidaridad, el heroísmo” (pág. 136).
Comentario: La referencia a dos entidades catalogadas como “centristas” incluye dos posibles relaciones con una posición contrarrevolucionaria: intencionalidad de “golpear” y los temas específicos en los que ello se manifestaría. El texto no ofrece prueba concreta respecto a la intencionalidad, y en el plano de la realidad -por fuera de la mente del autor- ambas publicaciones incluyen contenidos verificables que contradicen la afirmación generalizadora respecto a los “espacios” que supuestamente son “golpeados”.
Hernández Pérez: “Este centrismo, tropical e instantáneo, trabajosamente deslizado entre el sector más joven, y coherente con su intención de regreso al sistema de Partidos Políticos, se muestra más como un intento de programa electoral que como una plataforma social de alguna perspectiva futura, al menos si depende de sus propios preceptos y no de alguna fuerza exterior que lo coloque “por encima de la sociedad”, como al estado burgués. Una de las pruebas de ello es ver hasta qué punto sus argumentos se quedan en la manipulación de síntomas, o sea, en el modo de diagnosticar acerca de las carencias y necesidades de la sociedad cubana” (pág. 152) y “su difusión pasa por el financiamiento que sale del departamento del Tesoro estadounidense para lo que llaman el programa de reinstauración de la democracia en la Isla. Una y otra vez se han desclasificado, o se han puesto al descubierto por ejercicio periodístico, las vías de inyección de ese financiamiento y sus objetivos de destino” (pág. 150).
Comentario: No queda claro en qué pudiera consistir la imputada “manipulación de síntomas”, esgrimida como “prueba”, pero incluso si tal manipulación hubiera ocurrido, una manipulación de ese tipo de diagnóstico no se relaciona con una posición política que inevitablemente proponga desmantelar los pilares del sistema vigente en el país. Se dice que el “centrismo” es financiado por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, pero no se aporta evidencia alguna.
Capote: “Los representantes de llamado centrismo en Cuba, que se presentan como una tercera opción, una vía intermedia entre el capitalismo y el socialismo, etc., tratan de demostrar con una serie de sofismas, lo inoportuno de la vía revolucionaria, niegan, como negaron a finales del XIX los Autonomistas, a la Revolución” (pág. 175).
Comentario: No se aporta evidencia concreta que permita establecer una relación entre el “centrismo” y la supuesta negación de la Revolución. La negación de los pilares de un modelo político y social vigente siempre se expresa en posicionamientos concretos, pero sobre eso el autor no ofrece datos.
Lagarde: “A la par, ofrecen fórmulas para replantear el socialismo desde nuevos paradigmas políticos y filosóficos (multipartidismo, reformas constitucionales y democráticas, sistema electoral, papel de vanguardia del PCC)” (pág. 5).
Comentario: Ofrecer fórmulas para “replantear” el socialismo es diferente de ofrecer fórmulas para prescindir de alguno de los pilares del socialismo.
Ichikawa: “el “centro” político; una posición que se percibía a sí misma como “moderada”; o mejor, cautelosa. Distante de la “extrema izquierda” fidelista y de los “anticastristas radicales”, relacionados simbólicamente con Miami. Estas personas, sin una base social definida, serían la élite del “golpe suave” que derrocaría al gobierno cubano; o que por lo menos extremaría las reformas raulistas” (pág. 127).
“Ese sector de “centro” se pondría realmente muy nervioso de entrar en diálogo con posiciones de “anticastrismo extremo”; con las que sin embargo comparte expectativas políticas respecto al fin del comunismo y el fidelismo en Cuba. Se tienen repulsa foral, pero son aliados políticos potenciales” (pág. 129).
Comentario: Aunque el concepto de “centro” de Ichikawa es el más preciso de la “antología”, las dos proposiciones identificadas en el texto de Ichikawa publicado en la “antología” contienen indefiniciones relativas a otras variables de las proposiciones que dificultan aceptar la validez de conclusión. Dependiendo de lo que pudiera entenderse por “reformas raulistas” -algo que no es aclarado en el texto-, la posibilidad de adoptar una posición política que fuese favorable a “extremarlas”, que tampoco se precisa qué es, no tendría que ser inevitablemente una posición contrarrevolucionaria. Por otra parte, las expectativas políticas se manifiestan y son observables. Sin embargo, el texto no precisa de qué manera el “centrismo” se asocia con posiciones contrarias a algo indeterminado a lo que se le denomina “fidelismo”. Parecería asumirse, cuando menos, una diferencia entre dos posiciones a las que se le denomina “raulismo” y “fidelismo” que, al no ser precisadas, dificulta la formulación de una proposición validable.
Proposiciones con validez de conclusión, pero con otras brechas de validez.
Los dos textos de Iroel Sánchez, escritos con aproximadamente un año de diferencia, contienen la que es probablemente la proposición mejor encauzada de todo el volumen.
Se trata de una proposición originalmente formulada por Ichikawa en marzo de 2015 -asociada a la definición del “centrismo”- que Sánchez retoma: el “centrismo” critica al “régimen político de la isla”.
Específicamente criticaría uno de los pilares del sistema político vigente: el poder del PCC en el marco de un sistema político unipartidista.
Es una proposición afín a los argumentos tradicionalmente planteados por Sánchez, expuestos con anterioridad a la profusa utilización del término “centrismo” a partir de abril de 2016.
En “La hoja de ruta y la tercera vía”, el cual es cronológicamente el primer texto de la “antología” (25 de marzo de 2015), se establece una conexión directa entre esa proposición y algunos debates anteriores, específicamente los que se reflejaron en La Pupila Insomne en abril y mayo de 2014 (pág. 69).
“El “corrimiento al ´centro´”, el cual es cronológicamente el segundo texto más antiguo del volumen (18 de abril de 2016), fue con el que La Pupila Insomne comenzó a colocar sistemáticamente el término “centrismo” en el debate nacional. En ese texto, Sánchez retoma el concepto de “centrismo” de Ichikawa para reiterar la proposición de que el “centrismo” es contrarrevolucionario, esta vez conectándola con una entrevista al destacado intelectual Fernando Martínez Heredia, en la que se proyectó la falsa imagen de que Martínez Heredia había utilizado el término “centrismo” (pág. 45-47).
La proposición originalmente formulada por Ichikawa y adoptada por Sánchez de que el “centrismo” es contrarrevolucionario porque critica uno de los pilares del sistema político vigente (poder unipartidista del PCC) es una proposición con validez de conclusión. Se basa en una observación directa de casos y es verificable el hecho de que una serie de personas y de plataformas habrían expresado posiciones políticas favorables al pluripartidismo en el marco del debate actual en Cuba (pág. 66-67).
Quizás pudiera esgrimirse que el pluripartidismo no sería necesariamente un ataque contra uno de los pilares del sistema vigente. Sin embargo, en el contexto específico de Cuba no cabe esperar que tal noción (la aceptación de que el pluripartidismo no es contrarrevolucionario) tenga probabilidades de ser aceptada como un argumento válido por la mayoría de los actores que participan en los debates. Como he señalado anteriormente, la validez y efectividad discursiva de ese tipo de proposiciones están ligadas a su aquí y a su ahora. Es inseparable de su contexto ideológico de producción y de su contexto político de operación.
Obviamente, la proposición de que el “centrismo” es contrarrevolucionario debido a que atenta contra uno de los pilares del sistema vigente en Cuba fue reproducida -con variada presencia e intensidad- por otros textos de la “antología”. Se ha hecho énfasis aquí en los textos que la presentaron originalmente (los de Sánchez) porque los artículos publicados con posterioridad se limitaron esencialmente a repetir la proposición.
A pesar de que es una proposición que cuenta con validez de conclusión, la manera en que esta ha sido reflejada en los textos de la “antología” ha impedido que pueda satisfacer otros criterios de validez (interna, construcción y externa).
La explicación de causalidad entre “centrismo” y contrarrevolución (necesaria para la validez interna) exige un tipo de elucidación que permita establecer convincentemente la causa (“centrismo”) como la condición necesaria y suficiente del efecto (contrarrevolución).
El manejo impreciso de lo endógeno y de lo exógeno en los textos, así como el énfasis en derivar el “centrismo” de una teoría más general (“tercera vía”) parece haber reducido el peso que han tenido las explicaciones causales -que siempre son concretas y precisas- en el marco de la “antología”. Esa carencia de argumentación convincente de causalidad crea inevitables brechas de validación en los siguientes dos niveles (construcción y externa) pues estos descansan en la premisa de que tendría que existir una relación de causalidad.
Posiblemente sea la ausencia de validez externa la deficiencia de argumentación lógica que pudiera tener un efecto más negativo para la credibilidad de la “antología”. En el volumen está presente una tipología de “centrismo”, estilo “gran saco”, que ha sido utilizada de un modo impreciso, de manera que mucha gente parece haberse sentido aludida.
La reiterada generalización de una proposición, que, siendo apropiada para una serie de observaciones directas realizadas, no son pertinentes ni extensibles a otras personas que quedasen fuera de aquella observación directa, pudiera explicar la respuesta crítica que se ha observado por parte de personas ubicadas en un amplio espectro de opiniones políticas.
Lo que parecería estarle causando un problema de efectividad política a la “antología” no es tanto el concepto de “centrismo” sino la formulación de una proposición (“centrismo” = contrarrevolución) que para muchos presumibles “centristas” no solamente sería inaplicable sino políticamente ofensiva.
El problema no consiste en que la “antología” sea un panfleto, sino en que es un mal panfleto.
La presencia de algunos textos mejor escritos y más precisos no logra salvar a la compilación en su conjunto.
Como argumento político, la crítica al pluripartidismo debería haber funcionado como una tesis efectiva para la “antología”. Ese es un asunto puntual, fácilmente definible, y ampliamente aceptado en Cuba como algo que no es compatible con el sistema político actual. Es un tema potencialmente mucho más efectivo que el relativo al otro pilar (propiedad de medios fundamentales).
Sin embargo, lo que se refleja en la “antología” es un manejo disperso y llano del primer argumento (pluripartismo) y un embrollo en el manejo del segundo (lo económico). Esto último se explicaría por el exiguo conocimiento que sobre temas económicos evidencian los autores de la “antología”.
De manera sorprendente, lo que pudo haber sido el punto articulador de una narrativa con robustez lógica -la conexión entre “centrismo” y pluripartidismo- es, sin embargo, un tema con muy poca presencia en la “antología”. En realidad, además de los artículos de Sánchez, solamente otros dos textos analizados abordaron el asunto: Luque (pág. 123) y Ubieta (pág. 134).
Habría que tener en cuenta que las posiciones políticas favorables al pluripartidismo -las que se plasman por escrito- no parecen ser mayoritarias ni predominantes, inclusive en algunas de las plataformas usualmente caracterizadas como “centristas”. Ello pudiera haber limitado de todas maneras la efectividad de la “antología”, aun en un hipotético escenario en el cual los autores del volumen hubiesen sido capaces de articular mejor los argumentos contra las posiciones que defienden el pluripartidismo.
Aunque el tono predominante de la “antología” es el de una denuncia combativa caracterizada por un exaltado contexto narrativo, unos pocos textos no son panfletos estándares, al menos en lo que al lenguaje se refiere. Sin embargo, muchos textos publicados evidencian más denostación que argumentación.
Si a ello se une la adjudicación impropia de citas sobre el “centrismo” a Martínez Heredia y la ausencia selectiva de elementos en las definiciones aportadas por quien ha sido el conceptualizador más preciso de la “antología” (Ichikawa), el balance final apunta hacia una “antología” que exhibe carencia de calidad en su lógica narrativa.
Un comentario final
La “antología” es un hecho y parece existir la intención de “aumentar sus páginas”. Esto plantea la conveniencia de considerar la posible trayectoria y modalidades del debate que ya existe. En ese sentido, cabría la posibilidad de que quienes hasta ahora hubieran asumido que tiene sentido hacer una discusión razonada frente al pensamiento panfletario representado en la “antología”, dejasen de intentar hacer una interacción razonada.
Pudiera llegarse a la conclusión de que lo panfletario –por su naturaleza- no busca el diálogo ni el entendimiento, ni tampoco le interesa ser constructivo porque el panfleto lo que persigue es la demolición de otras ideas y la imposición de las ideas del panfletista. Un escenario posible pudiera ser entonces que se llegase a la conclusión de que discutir de manera racional y constructiva no sería algo políticamente efectivo.
De llegar a predominar la visión de que el panfleto político no tiende puentes, sino que profundiza la brecha, entonces pudiera llegarse a una batalla de panfletos porque, después de todo, un panfleto no se responde con resultados de investigación social, sino con otro panfleto mejor.
¿Nos quedaremos entonces con una “topografía” política polarizada en la que se intercambien panfletos?
¿Es eso lo que viene?