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viernes, 26 de febrero de 2016

Cuba: “La verdad no se ensaya”

Por Milena Recio



 Como es de rigor, y en este caso aún más, tengo que comenzar explicando que estar aquí, ayudando a presentar este libro, es un regalo que me ha hecho Julio César Guanche. Y lo asumo como un regalo personal.


Es su último libro cubano antes de comenzar una nueva etapa en su vida que lo enfocará hacia el trámite de convertirse en Doctor. Y es, si me lo permiten, así lo veo, el cierre de un ciclo de este analista prolijo. No solo por las circunstancias de su propia biografía, sino porque el objeto de su análisis, el orden social cubano, experimenta una poderosa transformación de la que estará dándonos cuenta en próximas entregas.


Creo con convicción que debemos ayudar, todos cuanto tengamos noticia de la obra de Guanche, para que particularmente sus ensayos jurídico-políticos e históricos, sean cimiento de la nueva Cuba en la que al parecer estamos enfrascados en la hora actual. Es muy joven este amigo nuestro y ya acumula suficiente autoridad en este campo.


Este libro en particular, por ser tan variopinto, por ser resumen de ensayos premiados aquí y allá, y por estar prologado por el maestro Juan Valdés Paz con un texto programático, debería ser referente ineludible para laintelligentsia cubana encomendada de segregar hacia la ciudadanía algunas de sus ideas clave sobre nuestro pasado inmediato y visiones urgentes sobre el futuro deseable.


El presidente cubano Raúl Castro hace menos de una semana ha anunciado que al finalizar la recién estrenada legislatura, el país tendrá nueva Carta Magna, o al menos una reformada.


“En concordancia con los acuerdos del 6to Congreso, --dijo-- será preciso armonizar los postulados de la Constitución de la República con los cambios asociados a la paulatina implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución.”


Y continúa diciendo: “no resulta saludable estar reformulando continuamente la Carta Magna de la Nación y comoquiera que efectuar una reforma constitucional nos tomará necesariamente un tiempo prudencial, ya que si bien algunas cuestiones pueden modificarse por el propio Parlamento, otras más importantes requieren además la ratificación por el voto favorable de la mayoría de los ciudadanos en referendo”…


Estos enunciados sugieren muchas preguntas: ¿La consulta previa imprescindible o al menos deseable para el ejercicio constitucionalista acaso ya se ha saldado con la consulta partidista que antecedió al VI Congreso del PCC y del cual han emanado estos Lineamientos? ¿Serán los postulados de la Constitución los que deberán armonizarse con la actual implementación de los Lineamientos, que no deja de ser una formulación circunstancial, un programa para un par de décadas, o por el contrario debería ser este programa el que se adaptara a los postulados de una distinta Constitución? ¿Por qué estas transformaciones no han comenzado por el ámbito constitucional? ¿Cuáles serán las consecuencias de introducir “parches” a la Constitución a través del mandato representativo de la Asamblea Nacional? ¿Cómo podría convertirse este proceso de reinstauración de la Ley Suprema en un hecho de evolución ciudadana, de reconstrucción republicana?


Juan Valdés Paz, quien pondera como quizás uno de los mayores méritos de la obra de Guanche “su interpretación del socialismo en clave republicana”, sintetiza de este modo lo que considero una premisa sustancial para este análisis: “La República de Cuba incluye un Estado republicano pero es ella quien sustenta la transición socialista de la sociedad cubana; el Estado de esa República es socialista pero no es el socialismo de la República. El estatismo de las relaciones sociales atenta contra el socialismo y contra la República.”


Porque este libro de Guanche en verdad se trata de “la exposición más completa sobre la tradición republicana, el nacionalismo radical y el socialismo, cubanos, de que podemos disponer”, hago votos para que se convierta en libro de cabecera para todos aquellos, --juristas, decididores políticos, parlamentarios, etc.-- a quienes durante los próximos cinco años corresponderá la tarea de concretar los cambios de la norma principal de esta congregación humana que llamamos Cuba y convertirla en algo más que un documento de anaquel. Creo en la utilidad, para estos fines, de este tesoro rojo que hoy hemos venido a rebautizar.


Muchas gracias.


Milena Recio es periodista y profesora universitaria cubana. Estas fueron sus palabras en la presentación, el 1 de marzo pasado, del último libro de Julio Cesar Guanche, La verdad no se ensaya. Cuba: el socialismo y la democracia, Editorial Caminos, La Habana, 2012. EL libro cuenta con una edición chilena, por Ediciones Universidad Alberto Hurtado.




Apostar por la naturaleza

Por Ivón Guerra Hernández, La Isla cubanisim@


Decir naturaleza es pensar en verde, azul o en tierra, apostar por la naturaleza es vivir una experiencia más que de colores, es sentir que cuando pones unas gotas de agua en una planta estas creciendo con ella, cuando salvas un pájaro herido y vuelve a volar lejos de ti estas volando con él, cuando lavas tu coche con cubeta y no con manguera o cierras la llave del agua mientras te cepillas los dientes, cuando recuperas todo lo que parece que ya no sirve estas dando una segunda vida a lo inservible al planeta y a ti. Aun si cada habitante del planeta hiciera un poco de estas cosas no sería suficiente para salvar este hogar de la desidia de la contaminación acumulada desde la era de la Revolución Industrial, intereses socioeconómicos, pero principalmente financieros son los mayores contaminantes en el mundo contemporáneo. Convenios, Tratados, Protocolos y cuanto instrumentos reconocido por la jurisprudencias nacionales e internacionales se evalúan, y se firman, pero al final del día vamos envejeciendo y más que eso, consumiéndonos en la polución del aire, de las ondas sonoras y hasta de la tecnología. Ningún ciudadano, ni rico, ni pobre, creyente o ateo, se salva de ser contaminado, ningún país por más que implemente mecanismos de protección alcanzará el ideal de conservar la naturaleza, por ello se agradece cualquier acción que redunde en conservar el mundo como lo conocemos.


Proteger a la naturaleza debe ser un valor más de la familia moderna, un valor que se le dé al hombre desde que nace, algo que lo acompañe como el idioma o la educación. La  generación de cubanos nacidos después de los 60 del siglo XX por alguna razón nos alimentaron el intelecto los programas educativos con muchas ciencias, historia, literatura sobre todo soviética, la cívica al parecer era cosa de casa, y si se une a esto que eran tiempos de menor fluidez de la información era un imposible crear una conciencia de los peligros de un inminente desastre a nivel global del medio ambiente, aunque por fecha tan temprana como 1961 se establecían a nivel de estado las primeras acciones para la recuperación de materias primas ejercidas fundamentalmente en el círculo reducido de las empresas creadas y dedicadas a ese giro, acciones de la población al respecto estuvieron limitadas prácticamente a la entrega de pomos, papel y cartón a los CDR, no es hasta 1981 que se promulga una Ley de Medio Ambiente, el país tiene toda una Estrategia de Desarrollo para el reciclaje al que se ha vinculado en los últimos tiempos el trabajador por cuenta propia, pero todo ello aún resulta insuficiente, ¿cómo reciclar con un aprovechamiento óptimo con tecnología no adecuada?, ¿será suficiente reciclar solo el 35% de los desechos que pueden ser reutilizables?  ¿cómo no contaminar en un país donde a pesar de existir instrumentos jurídicos  que regulan la protección del medio ambiente, los procesos constructivos no se hacen con todas las medidas de protección o donde más del 50% de los medios de movilidad han sobrepasado la obsolescencia de más de dos décadas?


En Cuba un país de vocación por el mejoramiento humano, por la educación y el bienestar de las mayorías bien podrían hacer programas en todas sus provincias de trueque de materiales reciclables por libros, entradas a espectáculos culturales o deportivos, plantas de ornato, donde participe activamente los ciudadanos, promover una cultura ambiental en centros de estudios, o laborales, a fin de que esa Sociedad Civil Cubana inmersa en la resolución de sus necesidades más inmediatas que tiene la percepción de que es el Estado quien tiene toda la responsabilidad de preservar el medio ambiente, derivado evidentemente de políticas incorrectas de concientización de un problema que es de todos, se incorpore de modo efectivo y consciente a salvaguardar ese patrimonio en peligro.


Hoy cuando la experiencia mundial de miles de ciudadanos con vocación ecologista se nos presenta en la prensa internacional con la defensa del Ártico, con las marchas contra las multinacionales que contaminan sin control, contra el uso indiscriminado de recursos no renovables, debemos sumar esfuerzos para no dejar en el desamparo ambiental a las generaciones venideras. El futuro debe ser gestionado desde el presente y los cubanos no debemos dejar pasar la oportunidad de preservar la belleza de nuestro hermoso espacio habitable.

jueves, 25 de febrero de 2016

La investigación histórica fue el mayor éxito para el hallazgo de los restos del Che Guevara


Jorge González Pérez, uno de los forenses más reconocidos del mundo, es el médico legista que encabezó el equipo cubano que halló los restos de Ernesto Che Guevara el 28 de junio de 1997. Habló en La Habana, Cuba, con LARED21 y dio a conocer el proceso de búsqueda de los restos del guerrillero argentino y de otros 14 combatientes cubanos que lo acompañaron. El experto habló de lo que significan los datos históricos de los desaparecidos antes de comenzar a buscar cualquier tumba clandestina.



Georgina Mayo, Periodista en LARED21 y presentadora del informativo de la noche en TNU

Jorge González Pérez, hablando con LARED21 frente al Pabellón Eduardo Galeano, en la Feria Internacional del Libro de La Habana.







Jorge González Pérez, hablando con LARED21 frente al Pabellón Eduardo Galeano, en la Feria Internacional del Libro de La Habana.


Desde diciembre de 1995 Jorge González se internó en la selva boliviana para encontrar los restos óseos del Che Guevara, uno de los principales artífices del triunfo de la Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro (1959). Jorge González recuerda con detalles su trabajo de búsqueda de los restos óseos. Explicó que Cuba se caracteriza por tener misiones de colaboración internacionalistas, y que en 1989 estuvo al frente de un grupo de antropólogos para identificar a más de dos mil cubanos que murieron en distintos países durante misiones militares y civiles. Le tocó ir a Angola, Mozambique y Nicaragua. Ese fue su antecedente.

González recordó en La Habana en entrevista con LARED 21 que el gobierno de Jaime Paz Zamora impidió en 1989 que cubanos ingresaran a territorio boliviano para buscar los restos del Che. Recién seis años más tarde, en 1995, con Gonzalo Sánchez de Losada frente a la presidencia de Bolivia el contexto político cambió. El presidente boliviano dijo que se investigaría el destino de los restos del Che Guevara para darle “cristiana sepultura” y decretó la creación de una comisión para verificar la información brindada públicamente por el general retirado Mario Vargas Salinas, quien advertía que los restos del comandante Che Guevara estaban en la pista aérea de Vallegrande, en el departamento de Santa Cruz.

Tuvimos 72 horas para compilar toda la información


En diciembre de 1995, Jorge González partió desde Cuba hacia Bolivia representando a los familiares de los quince guerrilleros que combatieron en Bolivia, entre ellos Ernesto Che Guevara. Previamente a encarar ese viaje-misión tenía 72 horas para compilar toda la información posible de los combatientes: fotografías, edades, sexo, raza, estatura, fracturas pasadas, dentigramas, anomalía al caminar, talle de la ropa.

Esta información previa- explica González- era imprescindible para facilitar la investigación. Relata que hasta le entregaron cabellos de Guevara que fueron cortados una vez que bajó de la Sierra Maestra y añade que cuando se resolvió que viajara a Bolivia, Guevara lo hizo pelado, con lentes, zapatos especiales para simular una estatura mayor y una prótesis sobre sus dientes para cambiar la conformación de su rostro.

González recuerda que viajó solo desde Cuba “porque allá estaba el Equipo Argentino de Arqueología Forense”. Hacia fines de 1995 se hallaron las tumbas clandestinas de tres combatientes pero aún faltaba encontrar la tumba de otras doce personas, entre ellas, la de Ernesto Che Guevara. El médico legista cubano recuerda que “llegó fin de año y los argentinos se fueron a pasar las fiestas a su país” y agrega que “el grupo volvió el 8 de enero de 1996”. Mientras, Jorge González se contactó con la Asociación de Familiares de Desaparecidos Bolivianos presidida por Loyola Guzmán, la activista de derechos humanos había acompañado la guerrilla del Che en Bolivia.
González subraya que “logramos encontrar a la persona que hizo la fosa donde se enterraron los restos del Che Guevara y dijo que no sabía para qué era”.



“Cuando haya algo nuevo nos avisan”


A finales de marzo de 1996, el Equipo Argentino de Antropología Forense decidió irse de Bolivia “porque no había un estudio histórico hecho”, dijo González a LARED 21. Explica que lo ideal es tener ese estudio antes de iniciar la búsqueda pero “nosotros debimos involucrarnos en forma abrupta porque había que aprovechar el contexto político dado por el gobierno boliviano”. González relata que “los argentinos decidieron irse y dijeron que cuando hubiera algo nuevo que les avisaran”. Describe que “la búsqueda fue errática en su primera etapa”, aunque agrega que aun así se halló “una cuarta tumba clandestina” de uno de los combatientes que acompañaron al Che.


Lo cierto es que a fines de marzo- resume González- “todo el mundo se fue y quedé junto al antropólogo cubano Héctor Soto y otros especialistas de mi país, entre ellos geofísicos e historiadores”, encabezando la misión de búsqueda de los restos del Che y el resto de los guerrilleros. Ese grupo de cubanos resolvió dividir Bolivia en dos grandes áreas: al norte del Rio Grande donde operaba la VIII División del Ejército Boliviano y al sur, donde operaba la IV División. González relata que los cubanos sabían que “la guerrilla se movía a lo largo del Rio Ñancahuazú- que se extiende unos 150 km- y a lo largo del Rio Grande que se extiende unos 200.  El médico legista al mando de la misión armó un proyecto de investigación científica con un protocolo que incluía componentes históricos, antropológicos, geofísicos y de prospección del suelo, que se instrumentó durante 1996. González dice que como lo más probable era el dato de la pista aérea, investigamos hasta el origen de su construcción para “vincular la geología con la historia”. Así, pues, dividimos los diez mil metros cuadrados de pista aérea en sectores. Se hicieron doce cuadrantes teniendo en cuenta un solapamiento para que siempre hubiera en común un tramo de un cuadrante con el contiguo. Hicimos más de dos mil perforaciones en la pista. González sostiene que “el mayor resultado o éxito que tuvo la búsqueda de los restos del Che en Bolivia fue la investigación histórica”. Desde que había muerto el Che, en Cuba se habían reunido “13 versiones sobre los destinos posibles de Guevara” y en poco más de un año en Bolivia “recogí otras 88”. González cuenta que hicieron un estudio científico de búsqueda de información y que clasificaron las respuestas de los entrevistados entre las versiones dadas por la gente que habitaba la zona de Vallegrande y la gente que no pertenecía a ese lugar cuando ocurrieron los acontecimientos. Se clasificaron, además, las respuestas provenientes de militares y de civiles.


González indica que “establecimos una diferencia significativa entre ambas porque los militares tenían como objetivo la desinformación”. El grupo de cubanos en Bolivia hizo más de mil entrevistas pero trescientas de ellas resultaron las más verosímiles. González apunta que esas entrevistas también fueron clasificadas en función del nivel de participación en las acciones militares que llevaron a la muerte de los guerrilleros y en la credibilidad de esas personas. “Llevaban diez puntos quien había enterrado a los guerrilleros y también los llevaba el chofer de quien enterró a Guevara y al resto”. González agrega que “es claro que el chofer no participó en el enterramiento pero fue hasta el lugar y por eso tenía la máxima credibilidad para nosotros”. El que desinformaba llevaba cero punto. Los números intermedios en esa escala se referían a quienes no estuvieron en el lugar pero “estaban vinculados con los oficiales, como por ejemplo sus esposas”.



La zanja donde estaban los restos del Che


Se hizo entonces una base de datos. Se trató de establecer el día que desapareció el Che, quiénes estaban físicamente en Vallegrande y adonde estaban los oficiales de guardia y su nivel de visibilidad con respecto a los lugares de búsqueda. “Tú puedes estar en el terreno de un partido de fútbol pero cuando se produjo el gol capaz que te picó un mosquito, te agachaste y no viste el gol”. Es decir, “se puede estar en el lugar y no ver necesariamente lo que sucede”. González sostiene que “la gente te narra lo que no vio y por eso en medicina legal diferenciar esos relatos es muy importante”. Gracias a la información recabada “escribimos lo que pasó con el Che y con los otros 14 guerrilleros”. González comentó que supieron que “el Che estaba junto a los otros combatientes en la zona de la lavandería del hospital. Que en la noche, en ese pueblo (Higueritas) se apagaba la luz a las 22 horas y fue cuando los militares se llevaron sus cuerpos en un camión”. Y siguió: “supimos, además, que los militares abrieron una zanja con un tractor”.


González detalla que buscaron cuántos tractores tenía el Batallón de Ingenieros. Tenía uno solo y encontraron a quien lo había conducido esa noche, calculamos la estatura del hombre para conocer qué veía y que no cuando estaba sentado en el tractor haciendo la zanja para el enterramiento. Calculamos el ancho de la fosa y nos dijimos que tendría que tener unos 4 metros de ancho porque la pala medía 3,20 metros y nunca pasaba exactamente por el mismo lugar. Calculamos que la fosa tendría unos 2 metros de profundidad y unos 15 de largo por la medida del tractor”. González levantó un poco su tono de voz para concluir: “lo que buscábamos no eran los restos del Che sino el lugar de la pista aérea de Vallegrande donde había una zanja de 2 metros de profundidad, por 15 de largo y 4 metros de ancho y eso lo logramos saber-relata aliviado- en junio de 1997, ese día logramos saber dónde estaba esa zanja tapada”.



El Che fue enterrado con su uniforme


González subraya que “logramos encontrar a la persona que hizo la fosa donde se enterraron los restos del Che Guevara y dijo que no sabía para qué era”. El 26 de junio de 1997 la estrategia fue abrir una fosa en la zanja hallada. Se abrió otra fosa a la izquierda pero luego supimos que los restos del Che estaban en la fosa que finalmente hicimos a la derecha. González describió cómo en la fría noche del 27 de junio el Jefe de Seguridad del Estado nos recordó que teníamos dos días para terminar los trabajos. Para Jorge esa fue una señal positiva: “El hecho que nos avisaran que teníamos poco tiempo significaba que estábamos cerca. Alguien estaba viendo qué hacíamos”. Al otro día era sábado y continuamos el trabajo con máquinas de una empresa que ese día construían un alcantarillado. La tumba clandestina del Che estaba a 167 cm de profundidad en la fosa. La pezuña de la máquina enganchó el cinto del Che y así salieron las osamentas. El Che había sido enterrado con su uniforme, pero sin zapatos.


En el momento del hallazgo estaba con el antropólogo cubano Héctor Soto y un camarógrafo del Ministerio del Gobierno Boliviano, el tractorista y mirando desde arriba alumnos de una escuela. “Los argentinos se habían ido desde marzo y no estaban. Los primeros de ese grupo llegaron el 1º de julio de 1996. Le avisamos para que vinieran”.


González dijo que para “nosotros su experiencia era importante” además de que ellos se fueron con el compromiso de que cuando “aparecieran los restos óseos volverían”. En la fosa donde finalmente fueron hallados los restos del Che-continúa González-, se encontraron, además, los restos de otro de los combatientes. González contó que se quedaron en la noche con la fosa abierta como custodia.



El ADN no fue necesario


Para saber que el Che era quien estaba enterrado en esa fosa inicialmente no fue necesario practicar ADN. González explicó que tenían información de la morfología de la frente del Che, quien tenía unas prominencias muy importantes y que le faltaba un molar. También sabían que luego de muerto le habían cortado sus manos. González recuerda que el antropólogo Soto tocó el hueso de la frente y que también verificó la falta del molar y de esa manera se dieron cuenta que, sin duda, esos restos eran los del guerrillero asesinado en Bolivia. González y el resto del equipo realizaron la exhumación y recuerda que por seguridad vivió- hasta su traslado a Cuba- “en la morgue del Hospital Japonés” ubicado en Santa Cruz de la Sierra. También por seguridad “para el traslado de los restos” pidió ayuda a los periodistas” para que registraran los hechos “porque podían secuestrar los restos hasta por dinero”, cuenta González. Salí al aeropuerto con una caravana de seguridad.



“Es ilógico excavar sin saber a quién se busca”


González se explaya en cuanto a la identificación de los restos hallados en Vallegrande. “Consideramos que no teníamos necesidad de ADN” pero de igual manera “lo realizamos para saber qué nivel técnico teníamos. Yo tenía la certeza absoluta de que era el Che. No hay dos personas que puedan tener la misma posición de los dientes”. LARED 21 consultó sobre qué experiencia podría trasladar al grupo de personas que en Uruguay están vinculadas a las excavaciones para encontrar restos de detenidos desaparecidos durante la dictadura. González explica que en su experiencia personal “lo más importante es el trabajo histórico que te da la certeza de cómo desapareció la persona, qué lesiones pudo tener antes de su muerte, elementos de identidad… para saber qué buscar. Lo que no tiene lógica es de excavar sin saber a quién se está buscando”.


González relató que en Bolivia no era conocido y mucha gente no respondía a sus preguntas por falta de confianza. “Paulatinamente logré persuadir”, asegura. De aquellas trescientas entrevistas más creíbles, González indicó que al final trabajó la versión número uno que decía que el Che estaba enterrado, contradiciendo la versión de que había sido incinerado y sus cenizas esparcidas en la selva boliviana, que estaba en Virginia, EEUU, en sótanos de la CIA o que estaba en Panamá.


La versión que trabajamos era que la que indicó que la tumba clandestina estaba “en la parte posterior del cementerio en la zona del aeropuerto”. González indica que esa versión explotada se conformó como si fuera un ‘puzzle’ porque no hubo una única persona que señalara eso, sino varios testimonios que conformaron el relato que resultó más creíble. González sostiene que es imprescindible discriminar la validez de los testimonios.


(*) Jorge González Pérez es director de docencia del Ministerio de Salud Pública de Cuba, coordina la formación de las Universidades de Ciencias Médicas de Cuba. Fue Director del Instituto de Medicina Legal de La Habana y Rector de la Facultad de Ciencias Médicas de La Habana.


Artículo de Georgina Mayo. La Habana, Cuba.



Socialismo más participativo, inclusivo y democrático, con la Constitución como su instrumento de defensa permanente

Por: Homero Acosta Álvarez








Raul habla en el acto de proclamación de la nueva Constitución de la República de Cuba, el 24 de febrero de 1976. Foto: Archivo de Trabajadores




Intervención del compañero Homero Acosta Álvarez, Secretario del Consejo de Estado, en el Acto de entrega del Premio Carlos Manuel de Céspedes y la Conmemoración del 40 aniversario de la Constitución Socialista Cubana.


Estimados Colegas:


Deseo en primer término agradecer a la Junta Directiva de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, y a su presidente, haberme honrado pronunciar unas palabras en tan memorable fecha.


Sumo mis felicitaciones al Dr. Diego Fernando Cañizares Abeledo por su merecido Premio Carlos Manuel de Céspedes. Se salda una deuda con quien ha tenido una larga y fecunda labor profesional y al cual debemos importantes obras para el estudio del Derecho. Hoy, con la vitalidad juvenil que le caracteriza, continúa aportando y sorprendiéndonos con su trabajo.


Igualmente, resalto la justeza del reconocimiento a los compañeros Rodolfo Dávalos y Nuris Piñeiro por su contribución, desde el Derecho, a la lucha por la liberación de nuestros Cinco Héroes.


Recordar el 24 de febrero, fecha de inicio de la segunda etapa de nuestra Guerra de Independencia que organizara nuestro Héroe Nacional José Martí, y en que conmemoramos el cuadragésimo aniversario de nuestra Constitución Socialista, en este memorial, revela un gran simbolismo.


Resulta obligado por ello evocar a nuestro Héroe Nacional José Martí, organizador de la que llamara Guerra Necesaria e inspirador del proyecto revolucionario socialista cubano.


Una primera idea que debo trasladar es la imposibilidad de analizar la vigente Constitución, proclamada hace 40 años, sin echar una mirada al iter constitucional en nuestra historia. Haber llegado hasta aquí es también fruto de un proceso histórico complejo, a veces contradictorio, cuyo hilo conductor podemos encontrarlo en la búsqueda desde nuestros Padres Fundadores de una Patria libre y soberana y una sociedad más justa.


Ese sentimiento constitucionalista e independentista vio vida desde los inicios de lucha contra el colonialismo español al organizarse una República en Armas sobre pilares constitucionales y que tendría su primera expresión en Guáimaro, en abril de 1869. Toda una utopía en las condiciones de la lucha. Luego vendría la Constitución de Baraguá de 15 de marzo de 1878, fruto del pensamiento de Antonio Maceo y símbolo de la voluntad de continuar la lucha hasta alcanzar los objetivos por los que se había iniciado.





Asamblea de Guáimaro, cuna de hermosas tradiciones. Foto: Archivo de Cubadebate

Asamblea de Guáimaro, cuna de hermosas tradiciones. Foto: Archivo de Cubadebate




Martí, como expresáramos, alma del inicio de la lucha en 1895, había analizado a profundidad las causas del fracaso de la Guerra de los 10 años, en particular lo relativo a la estructura político militar derivada de la Constitución de Guáimaro y supo juzgar con acierto las diferencias de Céspedes y Agramonte.


Fue clave su visión de organizar la lucha siguiendo postulados cívicos y republicanos, pero sin obstaculizar el desarrollo de las operaciones militares. En las Bases del Partido Revolucionario Cubano definía que la contienda sería de “espíritu y métodos republicanos” y así contribuir a un triunfo rápido y a dar “la mayor fuerza y eficacia a las instituciones que de ella se funden, y deben ir en germen en ella”. Igualmente en el Manifiesto de Montecristi señalaba: “Desde sus raíces se ha de constituir la Patria con formas viables, y de sí propias nacidas, de un modo que un gobierno sin realidad ni sanción no lo conduzcan a las parcialidades o a la tiranía”.


No son desconocidas las discrepancias con Maceo sobre la organización de la guerra. Su prematura muerte en Dos Ríos le impidió ver la Constitución de Jimaguayú. Coincido con la idea de que: “Pudo pensarse que al morir él, moriría su pensamiento de un gobierno democrático para el pueblo de Cuba Libre ya que la guerra quedaba, al menos cuando el gran revolucionario cayó en Dos Ríos, en manos de fuertes líderes militares. Pero no fue así: la labor de Martí había sido tan intensa, su prédica constante acerca de la necesidad de crear una república democrática había calado tan hondo en las entrañas de su pueblo, que aquellos de quienes pudo temerse que no estuvieran de acuerdo con él fueron los primeros en mover los resortes necesarios para poner en práctica las ideas que él traía al desembarcar en Cuba”. O en palabras de Emilio Roig: “la batalla que no pudo ganar en vida, la ganó Martí después de muerto.”


Finalmente, el período constitucionalista mambí cierra con la Constitución de la Yaya, aprobada el 29 de octubre de 1897 en cumplimiento del mecanismo de reforma establecido en Jimaguayú, la más amplia y abarcadora de todas con una extensa declaración de derechos, que no concluye con la independencia sino con la intromisión interesada de los Estados Unidos en la Guerra.


No quisiera concluir esa etapa sin citar las palabras de Fernando Ortiz: “Para los libertadores las constituciones no fueron solamente organización de la rebeldía de un núcleo humano para la acción interna, ni la intempestiva y anticipada consagración de un régimen interno inmaduro forzada para impresionar en el extranjero: sino que fueron además la intangibilidad del ideal revolucionario beligerante. Ellas eran la ¡República de Cuba! Eran la expresión simplista del ideal de los cubanos: la independencia. Eran, como el escudo, la bandera y el himno de Bayamo, un símbolo de nación libre”.


La República nacía con una Constitución en 1901 profundamente liberal y maniatada por la Enmienda Platt, antítesis de las aspiraciones de nuestros próceres. Un mecanismo de dominación legitimado constitucionalmente que sesgaba la soberanía y humillaba profundamente a nuestro pueblo.


En medio de diferentes vaivenes políticos e interregnos constitucionales, tras la caída de la dictadura machadista, se llega a un proceso que pudiera catalogarse de hito en la historia democrática burguesa: la aprobación de la Constitución de 1940. Un conjunto de factores de carácter interno e internacional conllevaron a lograr una norma de avanzada en el pensamiento constitucional de una época, al incorporar un grupo de derechos económicos y sociales; como el derecho al trabajo, salario mínimo, descanso, etc, derivados del constitucionalismo social de México y Weimar.


Su mayor incapacidad en los marcos de la democracia burguesa fue no hacer realidad sus postulados ni desarrollar las leyes complementarias.


Estuvo vigente hasta la ruptura constitucional provocada por el golpe del 10 de marzo de 1952, y frente al cual se desarrolla la lucha revolucionaria que enarbola, entre sus reivindicaciones principales, su restablecimiento futuro.


Al triunfar la Revolución, como es conocido, se dicta en febrero de 1959 la Ley Fundamental, mediante la cual se ajusta la Constitución de 1940 a la nueva realidad sociopolítica y a las necesidades de la radical transformación social que acontecería, y con ello se inicia el llamado período de provisionalidad.


Comienza la destrucción inmediata de la maquinaria estatal burguesa, que incluyó el cese de funciones de los espurios representantes de los órganos vinculados con la dictadura batistiana, y la desintegración de los viejos partidos políticos. Se concentran en el Consejo de Ministros las facultades constituyentes, legislativas y ejecutivas, manteniéndose el cargo de Presidente y adquiriendo un mayor peso el de Primer Ministro, al asumirlo Fidel Castro Ruz.


Desde ese órgano se fueron adoptando las medidas principales en cumplimiento del Programa del Moncada y restablecieron los derechos conculcados al pueblo. La Ley de Reforma Agraria, las leyes de Nacionalización, el acceso a la enseñanza, el empleo, la confiscación de los bienes de los malversadores, todas en una primera etapa democrática revolucionaria contaron con un amplio apoyo y legitimación popular.


Paulatinamente se va produciendo un proceso de reconstrucción del sistema estatal y de su sistema jurídico.


Para mediados de la década del 60 se aprecia el interés de encontrar formas institucionales superiores en la organización del Estado, a todos sus niveles, del Partido y de las organizaciones de masas en el país.


Pocas veces se recuerda que en el discurso de Fidel el 28 de septiembre de 1965 reconocía: “Nuestro aparato estatal (…) al surgir en medio de la Revolución como creación nueva que habría de sustituir al viejo aparato administrativo del Estado, ha adolecido, naturalmente, de todas las deficiencias que una cosa nueva y compleja como esta trae consigo inevitablemente. Pero se ha estado realizando, sobre todo en los últimos tiempos, un esfuerzo muy considerable para mejorar la eficiencia del aparato administrativo del Estado…”


Y más adelante, en esa propia intervención, reclama la necesidad de organizar al Partido, en todas las instancias, incluida la creación del Secretariado del Comité Central, y anuncia la preparación de un congreso de la organización política al siguiente año. Asimismo, precisó “… debemos empezar a preocuparnos para elaborar la Constitución Socialista”.


Se aprecia una voluntad por institucionalizar desde sus raíces el Estado socialista cubano, y en particular la necesidad de articular y construir democráticamente ese Estado, y sus órganos representativos, eliminar la excesiva centralización administrativa y las disfunciones en la labor del Partido y el Estado.


En esa dirección resalta la creación en 1968 de la Comisión de Estudios Jurídicos del Comité Central del Partido, presidida por Blas Roca, cuya labor comenzaría en 1969. Entre las tareas que debía acometer de inmediato incluía importantes proyectos legislativos y la labor asesora de lo que sería la futura Constitución.


Diversas razones de carácter interno y externo impidieron en lo inmediato llevar a vías de hecho esas ideas, en particular porque los esfuerzos principales desde finales de esa década del 60 estuvieron dirigidas a lograr en el año 1970 una producción de azúcar de 10 millones de toneladas, vía que se consideraba imprescindible para lograr un salto en el desarrollo económico y poder sostener los amplios programas sociales y el bienestar de la población.


Precisamente serían los duros análisis derivados del no cumplimiento de la zafra de 1970 y el retroceso en un importante número de indicadores económicos, así como las secuelas en el funcionamiento de los órganos políticos, administrativos y las organizaciones de masa, el punto de inflexión y el elemento catalizador del proceso institucionalizador que llevaría a la Constitución de 1976.


A partir de ahí comenzó un análisis en la dirección del Partido para estudiar aspectos principales sobre los cuales no había hasta el momento definiciones y que era necesario esclarecer por el impacto que tendría entre otros, en la futura Constitución. Nos referimos al sistema económico, al sistema de gobierno, los mecanismos de participación popular la División Político Administrativa, el papel del Partido y su delimitación funcional respecto al Estado y las organizaciones de masas. Todos debían evaluarse en el Congreso del Partido.


En ese sentido destaca el 24 de noviembre de 1972 la reorganización del Consejo de Ministros y la creación de su Comité Ejecutivo, con la atención diferenciada de los organismos de la Administración Central del Estado; en enero de 1973 se definen cambios en la concepción del trabajo de los organismos de dirección superior del Partido, que incluye entre otros, la constitución del Secretariado del Comité Central; la celebración del XIII Congreso de la CTC; la Ley de Procedimiento Penal en 1973, que introdujo importantes cambios, ofreció nuevas garantías y dejó atrás elementos del antiguo sistema de enjuiciamiento criminal de la colonia, y unido a ello la Ley de Organización del Sistema Judicial ese propio año, mediante la cual se unifican las distintas jurisdicciones, se establece la participación de jueces profesionales y legos y se crea la Fiscalía General de la República como órgano encargado del ejercicio de la acción penal pública y del control y preservación de la legalidad socialista.


Junto a ello, desde mediados de 1973 comenzaron los estudios para preparar un experimento que conllevara la organización y funcionamiento de un sistema de órganos representativos apoyados en una amplia participación popular, para el ejercicio del poder soberano a nivel local. Para dar cumplimiento a esa tarea se aprobó en mayo de 1974 la Ley 1269 que instituyó la Comisión Nacional para dirigir los trabajos experimentales de los órganos del Poder Popular en Matanzas.


Si bien la Comisión de Estudios Jurídicos se encontraba trabajando en las bases de la futura Constitución, el 22 de octubre de 1974 por Acuerdo del Consejo de Ministros se crea la Comisión Mixta del Partido y del Gobierno encargada de preparar y redactar el anteproyecto de Carta Magna. En ella se integraban dirigentes del Partido, del Gobierno, de las organizaciones de masas y destacados juristas.


En dicho acuerdo se establecieron un grupo de bases que orientaban el trabajo a desarrollar, teniendo en cuenta las realidades económicas y sociales, la experiencia del ejercicio del poder revolucionario en los años anteriores incluido el proceso de perfeccionamiento del aparato estatal, las experiencias de los países que construían el socialismo, las tradiciones progresistas y revolucionarias del pueblo y debía fundamentarse en sólidos principios marxistas leninistas. Asimismo, trazaba pautas para un grupo de contenidos vinculados fundamentalmente al sistema económico, el sistema de órganos estatales y los principios de su organización y funcionamiento, los derechos y deberes de los ciudadanos.


Como había sido establecido en el referido acuerdo, la Comisión entregó el anteproyecto al compañero Fidel Castro Ruz, el 24 de febrero de 1975, y posteriormente como un proyecto oficial fue sometido a una amplia consulta popular. En ese proceso participaron 6 millones 216 mil 981 ciudadanos, los que propusieron 12 883 modificaciones, 2343 adiciones de contenido constitucional, así como 84 solicitudes de aclaraciones.


Luego de analizadas estas propuestas se preparó el proyecto que fue presentado al I Congreso del Partido Comunista de Cuba. Durante la presentación del informe central a dicha cita partidista Fidel señaló:


“Hoy necesitamos una Constitución socialista, en correspondencia con las características de nuestra sociedad, con la conciencia social, las convicciones ideológicas y las aspiraciones de nuestro pueblo. Una Constitución que refleje las leyes generales de la sociedad que construimos, las profundas transformaciones económicas, sociales y políticas operadas por nuestro pueblo. Una Constitución, en fin, que consolide lo que somos hoy y que nos ayude a alcanzar lo que queremos ser mañana”.


“Se ha trabajado concienzudamente en la elaboración del proyecto de Constitución. En el se han sintetizado las experiencias de nuestro propio pueblo y la experiencia universal de los pueblos que nos precedieron en la edificación socialista. Creemos que es un texto digno del primer Estado socialista de Obreros y campesinos, de trabajadores manuales e intelectuales, del continente americano, en el cual la soberanía y todo el poder pertenecen real y verdaderamente al pueblo laborioso, poder fundamentado en la propiedad colectiva sobre los medios de producción y sustentado en la firme alianza obrero-campesina, guiada por la clase obrera y su vanguardia organizada marxista-leninista, el Partido Comunista de Cuba, fuerza dirigente superior de la sociedad y el Estado”


Una vez aprobado en el Congreso del Partido el proyecto fue sometido a referendo junto a la Ley de Tránsito Constitucional, mediante el voto libre, directo y secreto de nuestro pueblo.





El pueblo acudió masivamente a votar en el Referendo constitucional en 1976. Foto: Archivo de Trabajadores

El pueblo acudió masivamente a votar en el Referendo constitucional en 1976. Foto: Archivo de Trabajadores




Los datos son harto reveladores del nivel de aprobación. De un total de 5 millones 717 mil 266 electores, concurrieron a las urnas 5 millones 602 973 (un 98% del total). De esa cifra votaron a favor del proyecto 5 millones 473 mil 534 para un 97,7 %, mientras sólo 54 mil 70 (el 1%) votaron negativamente; otros 44 mil 221 votaron en blanco (0,8%) y hubo 31 mil 148 boletas anuladas (0,5%).


Por primera vez en nuestra historia se ejercía el poder constituyente de esta manera directa. Además de la consulta popular la ratificación en referendo de un texto constitucional. No había antecedentes en América latina, ni tampoco fue la práctica seguida en los países socialistas. Obedeció a las ideas y a la práctica política de nuestra dirección revolucionaria que concebía la amplia participación del pueblo en la toma de las decisiones fundamentales.


Un día como hoy, hace 40 años fue proclamada en acto solemne en el teatro Carlos Marx. En la ocasión correspondió al compañero Raúl Castro Ruz, entonces segundo secretario del Comité Central del Partido, las palabras centrales. Entre otras cuestiones señaló: “Jamás en la historia de nuestra Patria y de nuestro continente ha sido aprobada una Constitución de contenido tan revolucionario y progresista; que responda en tal alto grado a los intereses de la Patria y del pueblo; que consagre y garantice con tal amplitud, y en tal correspondencia con la realidad económico-social de la que deriva y a la que norma jurídicamente, los principios de igualdad y justicia social y los derechos del individuo en concordancia con los intereses de toda la sociedad”.


Señalaba además a la Constitución como “el documento más importante que rige el proceso de institucionalización de la Revolución”. Con ella concluía el período de provisionalidad.


La Constitución de 1976 afianza la independencia y soberanía nacional, aspiraciones legítimas de nuestros libertadores, que había sido lograda en 1959, diseña un sistema económico sustentado en la propiedad cuasi absoluta del Estado sobre los medios de producción; define el papel del Partido como ente superior de la sociedad y del Estado; consagra derechos y libertades que no nacen con ella sino que refleja los que en el devenir revolucionario había conquistado para el pueblo, establece garantías materiales que permiten el ejercicio de los derechos y establece como principio del funcionamiento del Estado y sus instituciones la democracia socialista.


Anunció, como forma de gobierno, un modelo semi- parlamentario, siguiendo patrones del constitucionalismo socialista de entonces, aunque diseñó un sistema de órganos del Poder Popular estructurado desde la base hasta los niveles superiores asentado en la participación popular, que supone la elección, rendición de cuentas de los elegidos y posibilidad de revocación del mandato de éstos por la ciudadanía, que lo aleja del sistema representativo burgués. No es el mandato imperativo clásico pero supone en su idea primigenia un vínculo constante entre electores y elegidos.


Constitución de Cuba 1976


Algunos autores cubanos y otros desde el exterior en los últimos tiempos al analizar el texto constitucional critican lo que llaman el mimetismo dogmático, la copia mecánica o el traslado de formulaciones propias de la práctica socialista de entonces, en particular de la Unión Soviética, y remarcan con fuerza la entrada de Cuba en el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME) casi como un maleficio que conllevó a adoptar esas posiciones y a alejarnos de nuestros principios y tradiciones.


Desde mi perspectiva considero que, como había sido establecido en las Bases del anteproyecto, era obligatorio estudiar el referente socialista europeo como antecedente lógico de la construcción del socialismo, y asumir experiencias que no poseíamos, ni incluso nuestros juristas, como reconociera el propio Blas Roca. Faltaba conocimiento de la aplicación práctica de la Teoría Marxista-Leninista del Estado y el Derecho, del propio constitucionalismo socialista y por ende era poco el juicio crítico que teníamos estos temas, en particular, hasta dónde estaban permeados de prácticas ajenas a las nuestras, y cuáles eran esencia y razón de ser del socialismo. ¿Cuál era el otro camino si nos hallábamos prácticamente solos en el entorno latinoamericano, con la hostilidad de los Estados Unidos y únicamente la mano solidaria de la URSS y los países del este europeo y habíamos emprendido el rumbo socialista?


Siempre pueden existir alternativas y nada justifica cualquier error pero es justo sostener que aún así se sometieron a análisis las experiencias ajenas, nuestras prácticas propias y lo foráneo que pudiera ser útil, conveniente y adaptable a nuestras condiciones concretas. Fue una preocupación constante mantener la originalidad propia de nuestro proceso revolucionario y nuestras tradiciones. Lo que no nos parece posible aceptar es que hubiéramos asumido una determinada postura por imposición o derivada de obligaciones nacidas de nuestra integración socialista. La Revolución siempre mantuvo una posición vertical en estos asuntos.


Otra situación es la que acontece cuando a mediados de la década del 80 del siglo pasado, al analizar situaciones internas que iban más allá de las Constituciones, sino vinculadas a errores en la práctica política y la dirección de la economía, así como evaluando los problemas que salían a la luz en los países socialistas que finalmente llevaron a su destrucción, Fidel dio paso a un proceso que llamó de rectificación de errores y tendencias negativas.


Desde una visión más cercana en el tiempo Fidel, en su histórico discurso del 17 de noviembre de 2005, en esta misma Aula Magna reconoce: “Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo”.


Ese proceso de caída del campo socialista, la entrada en lo que sería el Período Especial y los análisis del proceso de rectificación de errores constituyeron la antesala del IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuyos acuerdos generarían una importante reforma constitucional. En ese sentido el Congreso definió:


“Atendiendo a las recomendaciones de esta Resolución para el perfeccionamiento de los órganos del Poder Popular, se sugiere a la Asamblea Nacional del Poder Popular, continuar valorando las posibles modificaciones de la Constitución de la República encaminadas a materializar estos objetivos e igualmente, teniendo en cuenta los 15 años de vigencia, el Congreso recomienda que en los estudios que se están realizando se incluyan otros aspectos del texto constitucional, no relacionados con ese propósito, pero que puedan estar requeridos de actualización o de precisiones.


Entre estos aspectos podría considerarse lo concerniente a los principios de nuestro sistema político y las formas de fortalecer o establecer una adecuada protección constitucional para dicho sistema.


En este propósito es conveniente tomar como guía y fuente de inspiración la rica historia y tradición institucional y constitucionalista cubana, que tiene sus orígenes en las primeras luchas libertarias de nuestros mambises.”


Luego de los trabajos correspondientes de un Grupo coordinado por la Asamblea Nacional del Poder Popular y los análisis en el Comité Central del Partido, fue sometido a examen el proyecto en sesión extraordinaria del Parlamento los días del 10 al 12 de julio de 1992.


Las primeras modificaciones estuvieron dirigidas a dar respuesta a las resoluciones del IV Congreso del Partido, en particular los relativos al sistema económico, el perfeccionamiento del Poder Popular y el fortalecimiento de la libertad religiosa.


En ese orden se elimina el monopolio del Estado sobre los medios de producción, señalando que ello entrañaba solo los “medios fundamentales”; y la posibilidad de revertir esa propiedad teniendo en cuenta los fines del desarrollo del país; y se reconoce como nueva forma de propiedad las de las empresas mixtas, sociedades y asociaciones económicas.


Introdujo cambios sustanciales en el ejercicio democrático del poder de nuestro pueblo, al establecer la elección directa de los diputados y delegados a las Asambleas Provinciales del Poder Popular, hasta ese entonces electos por las Asambleas Municipales; institucionalizó los Consejos Populares, como vía para fortalecer el papel de los delegados del Poder Popular y su interacción con el pueblo; la eliminación de los Comités Ejecutivos y con ello elevar el papel de las asambleas locales, hacia una mayor delimitación de la labor de control hacia la administración.


El Estado cubano adquirió un carácter no confesional, se amplió la libertad religiosa y fue prohibido expresamente la discriminación por motivos religiosos.


Fueron introducidos cambios relativos a la Defensa Nacional, al incorporar el papel de los consejos de defensa e incorporó la situación excepcional del Estado de Emergencia, como mecanismo de defensa del orden constitucional ante catástrofes, desastres y otras circunstancias que afecten el orden interior, la seguridad del país o la estabilidad del Estado.


Asignó como obligación de los cubanos defender por todos los medios, incluido la lucha armada, cuando no fuere posible otra acción, al sistema político socialista establecido en la Constitución.


La última de las reformas correspondió al año 2002, en respuesta a los planteamientos injerencistas del entonces Presidente de los Estados Unidos George W. Bush, a instancia de las direcciones de las organizaciones de masas, la Asamblea Nacional del Poder Popular y luego de un proceso cuasi plebiscitario, avalado por la firma de más de 8 millones de cubanos, el 26 de junio de ese año se estableció como una cláusula de intangibilidad, la irrevocabilidad del socialismo y la voluntad de no volver jamás al capitalismos. En el artículo 11 se adicionó un párrafo en el que prohíbe negociar las relaciones económicas, diplomáticas y políticas con cualquier Estado bajo agresión, amenaza o coerción de una potencia extranjera, así como estableció cambios en el mecanismo de reforma.


Esta modificación vino a redoblar y blindar el carácter socialista de nuestro sistema y a imposibilitar, por vía constitucional, su destrucción y retorno al capitalismo, sin impedir el perfeccionamiento del socialismo que construimos.


Estimados colegas:


Hasta aquí esta breve caracterización de la Constitución cubana de 1976, con sus dos reformas principales.


Han sido 40 años de vida constitucional con más luces que sombras. De virtudes e imperfecciones como toda obra humana y sobre todo esta, constituida en un proceso revolucionario como el nuestro.


Una constitución que vino a encauzar jurídicamente los sueños libertarios de más de un siglo de lucha por la independencia, que afianzó el socialismo como sistema que ha conducido a un pueblo al logro de sus objetivos como nación y a sortear los desafíos que en estos años hemos enfrentado.


Pero las constituciones no son estatuas pétreas, inamovibles y de eterna reverencia. Una construcción es hija de su tiempo, parafraseando a Ortega y Gasset, es ella y sus circunstancias.


De tal modo que llegado el momento histórico en que realidad social y texto constitucional estén divorciados, corresponde encarar un proceso de reforma. Por la naturaleza de la Ley de Leyes, su origen, contenidos, y ámbito sobre el que actúa es imprescindible que sus normas no queden como simples palabras desvinculadas de la sociedad en la que han de regir.


Comparto la opinión del profesor Carlos de Cabo cuando señala: “Hay que recordar no obstante aquella peculiaridad, (…) del Derecho Constitucional como Derecho de lo político, de su consistencia en la específica forma de vinculación de lo jurídico y lo político que se hace de manera particularmente intensa en la Reforma Constitucional, en la que lo político se manifiesta en la naturaleza del Poder que lo impulsa, en los órganos que intervienen en el procedimiento así como en la decisión sobre la oportunidad y los contenidos y lo jurídico en su carácter de Fuente de Derecho y garantía constitucional. Y en ambos aspectos se manifiesta el máximo nivel político por el quién interviene y sobre el qué se interviene y el máximo nivel jurídico por la función que desempeña en el ordenamiento jurídico en general y en el constitucional de mantenimiento y efectividad del principio de constitucionalidad o legalidad constitucional”. (Fin de la cita).


Como es conocido, el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, compañero Raúl Castro Ruz, ha expresado públicamente la necesidad de reformar en su momento la actual Constitución de la República.


Los nuevos derroteros trazados a raíz de aplicación de los Lineamientos de la Política Económica y Social aprobados en el VI Congreso del Partido y los objetivos emanados de su I Conferencia Nacional, así como las decisiones que se adopten en el venidero congreso partidista serán fuente de análisis para encarar esa futura reforma constitucional.


A ello se unen las experiencias derivadas de la implantación del nuevo modelo organizativo y funcional aplicado en las provincias de Artemisa y Mayabeque, en cuanto al funcionamiento de los órganos locales del Poder Popular.


No deben dejarse de analizarse los años de práctica en nuestro país al amparo de nuestra vigente Carta Magna, el desarrollo del pensamiento constitucional, en particular del nuevo constitucionalismo latinoamericano.


La reforma no se lleva a cabo por cambios de generación, ni por criterios doctrinales o académicos, sino cuando los umbrales y límites constitucionales son rebasados y no puedan ser resueltos por vía de la interpretación. No es un proceso al que hay que recurrir frecuentemente, pues la norma constitucional está requerida de una alta dosis de permanencia y estabilidad.


En un futuro habrá que pensar cómo fortalecemos los mecanismos jurídicos e institucionales que aseguren el cumplimiento de la Ley Fundamental y su supremacía; cómo convertirla en una herramienta permanente en el quehacer cotidiano de los órganos estatales y el pueblo en general; como perfeccionar la participación popular en la gestión estatal; cómo alcanzar una mayor autonomía nuestros órganos locales del Poder, en particular en los municipios y una más eficaz interrelación con la ciudadanía en esa instancia.


Esos son algunos de los retos que nos están planteados, para hacer nuestro socialismo más participativo, inclusivo y democrático, en el que ocupe un lugar cimero, como instrumento de su defensa permanente, su Constitución.


Muchas Gracias.



Víctor Mesa: “Más vale una retirada a tiempo”

Por Michel Contreras (tomado de Cubadebate)




“Hay dos razones fundamentales que me han movido a tomar la decisión de alejarme de la pelota”.


Eso fue lo primero que me dijo Víctor Mesa una vez que encendí la grabadora para hacerle esta entrevista, encaminada a desentrañar un misterio que ha tenido intrigados a miles de fanáticos. El director de los Cocodrilos había anunciado repentinamente su retiro, y esta tarde en su casa, todavía contrariado, me contestó una serie de preguntas obligadas.


“Antes de entrar en detalles, te recuerdo que el propósito cuando llegué a Matanzas era dirigir cuatro temporadas, algo que ya cumplí, y esforzarme por levantar los resultados del territorio y hacer que la pelota siga siendo la fiesta que representa para Cuba. Creo que ese ha sido el motivo por el que nunca más he vuelto a salir del país por propuestas de trabajo, que dicho sea de paso no me han faltado. Me gustaría dejar eso muy claro: mi decisión no obedece al interés de irme a dirigir en otra parte, y eso ya lo veremos con el paso del tiempo. Tengo entendido que hay personas que dijeron que todo esto se trata de que estoy preparando el camino para mis hijos en el béisbol norteamericano. Les aseguro que están equivocados: mis hijos, si algún día juegan fuera de este país, lo harán con permiso de las leyes cubanas”.


¿Cuáles son esas dos razones a que te referías?


-La primera son los muchos ataques de que he sido objeto en estos años. Las ofensas llueven, las obscenidades son normales, y los encargados de evitar esos procederes se cruzan de brazos ante tales hechos. Recuerdo que hace dos campañas, en Holguín hubo un delincuente que trató de agredirme con un arma blanca. Y que luego de eso, en Villa Clara se dio una situación muy lamentable que desembocó en incidentes donde salieron mal parados tus colegas de la prensa matancera. Más recientemente, en la subserie ante Pinar, exigimos más garantías de parte de los agentes de Orden Público, y no fue hasta el tercer partido que la situación se controló como se requería.


“Te digo más: en Pinar terminé siendo multado por tener un problema con un muchacho que me insultó con lo peor que se le puede insultar a un hombre, y mi hijo fue atacado por un individuo a la hora de subir a la guagua del equipo. Yo no ofendo al público. Yo acepto callado los coros en contra, e inclusive me hago el sordo con ciertas palabras fuera de lugar en medio del juego. Pero hay cosas que son inaceptables, y antes de tener un problema con consecuencias graves –puesto que uno es capaz de hacer cualquier cosa cuando le agreden a un hijo o le ofenden a la madre-, es mejor tomar esta decisión. No hay garantía alguna para mi integridad física, ni la de mi familia. Esa es una de las causas por las que quiero recesar.


¿Y la otra?


-La segunda, pero no menos importante, es mi total desacuerdo con los métodos de trabajo del Director Nacional de Béisbol, quien no busca sostener una relación diáfana con los managers ni aglutinar a la gente en torno a él. Ojo, no me refiero, como algunos podrían pensar, a la dirección del equipo Cuba, misión que desempeñé con orgullo cuando me tocó y que entiendo que no es propiedad exclusiva de un solo hombre. Hablo de circunstancias que evidentemente no son bien intencionadas. Por ejemplo, mi esposa y yo somos dos de los tres militantes más antiguos del Núcleo del Partido del Latino –llevamos allí veinte años-, y ahora resulta que se nos quiere trasladar sin ton ni son al Núcleo de Matanzas. ¿Y eso a qué viene a estas alturas? Hay demasiados manejos por medio, y no me gusta estar en lugares donde no impera la unidad.


Entonces, ¿te sientes cansado del béisbol?


-No lo estoy, pero no veo apoyo. No hay acciones que posibiliten el avance de esta pelota, y eso te frustra. Fíjate cómo me siento que ni siquiera he pensado a qué voy a dedicarme cuando salga de Matanzas; a lo mejor me pongo a asesorar al equipo.


¿Es esta una decisión sin retroceso?


-Aún me faltan conversaciones por sostener, voces que escuchar, pero yo preferiría alejarme en las actuales condiciones, en aras de mi tranquilidad, mi salud y mi futuro. De verdad, lo siento mucho por el pueblo de Matanzas, que me ha hecho sentirme como si hubiera nacido en esa tierra. Pero más vale una retirada a tiempo, que tener un problema delicado habida cuenta de que se carece de respaldo para hacer el trabajo. Sencillamente, es mejor descansar.



Evocando a Córdoba (III y final)


Hoy es más necesaria que nunca antes la promoción del pensamiento latinoamericano




Por ARMANDO HART DÁVALOS

Es América, la de Martí, la de Ingenieros, la de Mariátegui, la que tiene tradición para probar los fundamentos científicos e históricos de la subjetividad y su fuerza revelada en la cultura, en tanto segunda naturaleza, creada por el hombre.


Cuba lo puede realizar porque es una consecuencia histórica de los mejores ideales de la Edad Moderna. Cuando tales valores han sido lanzados por la borda por el materialismo vulgar y grosero impuesto en el mundo que llaman unipolar, debemos defender con más fuerza las ideas del humanismo, la justicia y la dignidad humana.


En nuestra América existe una larga y arraigada tradición de espiritualidad y de eticidad, que se manifiesta en la búsqueda de un mañana mejor de alcance universal, dije en 2003 a profesores y estudiantes de la Universidad de Córdoba, en Argentina. Esto explica los importantes movimientos de ideas que han tenido lugar en el último medio siglo:


La renovación del pensamiento socialista que generó la Revolución Cubana y que representamos en Fidel Castro y Ernesto Guevara.


La explosión artística y literaria, y el pensamiento estético que se relaciona y tiene su fuerte en Alejo Carpentier y lo real maravilloso.


El pensamiento social y filosófico, y la dimensión ética que observamos en la teología de la liberación cuando la analizamos en función del reino de este mundo.


El movimiento de educación popular.


Hoy es más necesaria que nunca antes la promoción del pensamiento latinoamericano.


Latinoamérica debe presentar, como respuesta a la fragmentación y decadencia bien evidentes del pensamiento occidental, la solidez de nuestra tradición cultural y su valor utópico encaminado al propósito de la integración y del equilibrio entre los hombres y las naciones. Mucho es lo que pueden realizar en este sentido en nuestra área. No llegaremos nunca a una identidad de propósitos con debates simplemente teóricos, nos podríamos perder en discusiones que a nada conducen, sin embargo, si estudiamos la historia concreta de nuestros mejores pensadores y próceres y sus ideas concretas, podríamos encontrar mejor el camino de nuestra identidad común.


De Simón Bolívar dijo el Héroe Nacional cubano que tenía todavía mucho que hacer en América. De Martí podríamos decir que todavía tiene mucho que decirle a Cuba, a América y al mundo. Los cubanos solos no podemos sostener el peso inmenso de esta herencia espiritual. Por eso solicitamos de los pensadores de nuestra América que extraigan de la copiosa literatura martiana enseñanzas válidas para el debate intelectual contemporáneo y nos ayuden en el empeño de mostrar esas ideas.


Nuestro homenaje a Córdoba consistió en exhortarlos a buscar los nexos que unan el pensamiento de todos los sabios que en el mundo han existido, de todos los grandes que han pensado ideas luminosas a lo largo de la historia, y hacerlo sin sectarismo de tipo alguno, sin rechazo de ninguna clase desde Jesucristo y aún de antes, desde los orígenes de la civilización, hasta el Che Guevara, sin excepción. Si esto hacemos, no habrá nadie excluido, nadie rechazado, ningún valor perdido, ninguna heroicidad dejada de reconocer; no habrá ninguna tragedia o maldad que se oculte, no habrá  injusticia a denunciar que sea olvidada; no habrá impiedad ni siquiera para el impío, no habrá nada justo que se deje de resaltar. Todo está en que con la brújula del pensamiento latinoamericano y con la guía y heroicidad del ejemplo de nuestros grandes, sepamos comprender la síntesis de ciencia y amor que está presente con fuerza en la América que Martí llamó de los trabajadores, en la América explotada, en la América mestiza, en la América que el Libertador caracterizó como nuestro pequeño género humano.


Superemos definitivamente los ismos que dividen y procuremos con métodos electivos, tal como postulaba la filosofía cubana de principios del XIX, el camino de la verdad y hallaremos con esta selección el pensamiento social y filosófico que necesita América. No lo hallaremos jamás con debates bizantinos.


Dedicamos nuestras palabras a aquellos académicos que tuvieron conciencia de que la cultura, y por tanto la enseñanza universitaria, no era solo para estudiar o describir el mundo, sino para orientar la transformación revolucionaria de la sociedad. Las dedicamos a los universitarios que en Córdoba dieron una lección de la cual estamos orgullosos porque nos ha servido de sustento, de santo y seña, para los combates que hemos librado y estamos dispuestos a librar. En la esencia de estos planteamientos está el papel de la cultura, cuyo valor primigenio es la justicia y que está en los mejores investigadores y humanistas de la historia


Basta de hablar de la cultura sin entender que su valor primero es la justicia. Hace falta ser instruido, pero hay que aspirar a la cultura en su acepción más plena, hay que exaltar la justicia al más alto plano, válido para defender los intereses de todos los hombres, ya sean neoyorkinos, afganos, iraquíes, cubanos, argentinos, franceses, chinos o vietnamitas. En fin, de todos sin excepción. Lo afirmó el Héroe Nacional Cubano: Dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos.


Para sintetizar mis palabras concluí entonces con dos ideas del presidente Fidel Castro que me pudieron servir de colofón acertado:


Las grandes crisis conducen a grandes soluciones.


El gran caudal hacia el futuro de la mente humana consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está lo que disponemos, ahí está el porvenir (…)




miércoles, 24 de febrero de 2016

Transición a la cubana

Susanne Gratius, esglobal
 “Lento, pero sin pausa” ¿Cuál será el futuro de Cuba?


2016 será un año decisivo para el futuro de la isla: en abril tendrá lugar el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), que coincidirá con diez años de Raulismo, y en noviembre se celebrará el 60º aniversario de la salida del yate Granma hacia Cuba, en paralelo a las elecciones presidenciales en Estados Unidos.


La severa crisis política y económica en Venezuela y la victoria de la oposición en las elecciones parlamentarias venezolanas del 6 de diciembre pasado obligarán al régimen cubano a acelerar las negociaciones con Estados Unidos, con quien ya sostuvo una reunión secreta sobre un tema clave: las propiedades que Cuba nacionalizó durante la Revolución y que su vecino del norte sigue reclamando. Este asunto ocupará un espacio importante tanto en la agenda bilateral como en la transición cubana, que continúa pasito a pasito.


Los cambios en Cuba y Estados Unidos se condicionan mutuamente. Un presidente menos favorable al diálogo podría frenar una mayor apertura en Cuba y, viceversa, las reformas en la isla podrían acelerarse con la continuidad del compromiso constructivo y el fin de la política de sanciones que provocaría cambios más sustanciales.


El ritmo de reformas en la isla siempre ha dependido de socios externos que, desde la alianza con la Unión Soviética hasta la unión con Venezuela, dieron oxígeno económico al régimen castrista y retrasaron los cambios necesarios para adaptarse a una economía globalizada. Ahora, Cuba está sustituyendo a Venezuela por Estados Unidos.


Esta nueva apuesta no está exenta de riesgos, pero el lucrativo intercambio con Venezuela – especialistas cubanos a cambio de crudo – se está agotando, igual que la Revolución Bolivariana en un post chavismo inmerso en una profunda crisis interna tras la derrota electoral. La victoria de la oposición es el principio del fin de la alianza bilateral y uno de sus líderes, Henrique Capriles, ya ha dicho que “no vamos a regalar más petróleo”.


Desde esta perspectiva, la luna de miel entre Cuba y Estados Unidos es un paso pragmático para preparar el fin de la alianza con Caracas – en camino a un Estado frágil con un récord de homicidios y una economía colapsada – y buscar un nuevo aliado que reemplace a Venezuela como principal socio económico.


En 2014, Caracas todavía representó un 37% del comercio total de Cuba, a la que suministró unas 90.000 toneladas de barriles de petróleo diarios, un compromiso que el Gobierno de Nicolás Maduro difícilmente puede mantener en una situación de emergencia nacional por la caída del precio del crudo, una inflación del 158% y una recesión histórica del -10%.


Ambos lideran el ALBA, una plataforma que une a un grupo de países para construir un modelo alternativo de desarrollo y oponerse a la hegemonía de Estados Unidos. La frágil alianza está condicionada a cambios internos en Cuba y Venezuela, y tanto el acercamiento entre La Habana y Washington como el conflicto interno venezolano conspiran contra el ALBA.


En 2014, EE UU ya fue el noveno socio comercial de Cuba, por delante de Rusia. Después del restablecimiento de relaciones diplomáticas, los intercambios bilaterales llegaron a récords históricos, y la economía cubana creció un 4,5% en el primer semestre de 2015. La decisión de sustituir a Caracas por Washington promete, pero sólo si el próximo año ganan los demócratas. En el caso contrario, el próximo presidente podría restablecer el statu quo anterior.


Mientras tanto, el Gobierno de Raúl Castro continuará un proceso de reformas lento pero irrefrenable. Desde que el presidente sustituyó en 2006 a su hermano Fidel, el país ha cambiado mucho: el enemigo histórico abrió una embajada en La Habana, Cuba participó en una Cumbre de las Américas, negocia un acuerdo de cooperación con la Unión Europea, permitió una creciente influencia política de la Iglesia Católica y levantó las restricciones de viajes y múltiples actividades privadas. Unos cien presos políticos salieron de las cárceles, hay un debate más plural sobre el futuro del país y algunos grupos, entre ellos los homosexuales y transexuales, ampliaron sus derechos.


Todo esto ocurrió en el habitual marco de un régimen autoritario que sigue aplicando la represión, prohíbe las libertades políticas y no permite alternativas al régimen actual. Pero el país también es más previsible, y Raúl habla poco y cumple con lo que dice: restableció relaciones diplomáticas con Estados Unidos y autorizó un creciente sector privado como alternativa al Estado que despidió a más de un millón de trabajadores. Raúl Castro es evaluado por los resultados y no, como antes, por la lógica de la “fortaleza amenazada” desde un enemigo externo o el carisma del máximo líder.


Si Raúl cumple con su promesa de abandonar el poder en 2018, le quedan dos años para preparar los cambios que necesita el país. Sin duda, quien le suceda – sea el actual vicepresidente Miguel Díaz Canel u otro – ya no pertenecerá a la generación histórica de la Revolución y tendrá que buscar otras fuentes de legitimidad. En términos institucionales, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) que representa Raúl Castro seguirán ocupando una función clave en la próxima etapa política, mientras que el Partido Comunista de Cuba (PCC) ha tenido, desde siempre, un papel menor.


Por la represión, las fragmentaciones internas y la “opción salida” -más fácil por la libertad de viajar-, la oposición no ofrece una alternativa creíble al poder, dejando el campo al régimen actual, que probablemente es menos hermético de lo que aparenta. Salvo sorpresas, en dos años pueden manifestarse las primeras fisuras de una cúpula política que durante 57 años se ha presentado unida (o como una unidad), pese a las especulaciones sobre posibles divisiones entre talibanes, halcones y palomas que suelen acompañar a las transiciones del autoritarismo a la democracia.


Por su vecindad, la herencia social de la Revolución y la perspectiva de sucesión, el futuro de la isla no se puede anticipar construyendo paralelismos con otros países con trayectorias y contextos regionales muy diferentes. Cuba no es ni España ni Vietnam. Sigue siendo un caso sui generis.


A diferencia de España carece de un mediador político como el Rey, Fidel ya tiene sucesor y la situación en su vecindad no invita tanto a transitar el camino hacia la democracia liberal. Comparado con casi todos los países latinoamericanos y pese a las enormes dificultades económicas, Cuba sigue contando con un alto desarrollo humano, que es la cara amable de un régimen indudablemente autoritario.


El desarrollo social y el mantenimiento de unos sistemas públicos de salud y de educación gratuitos, que incluso sobrevivieron al colapso del bloque socialista, siguen siendo la excepción en una región que es la segunda más desigual del mundo. Y de modo diferente al gran incentivo que ofreció a España la inclusión en la Comunidad Económica Europea, el mayor obstáculo para un cambio democrático sigue siendo el embargo de Estados Unidos, que sólo puede ser levantado por el Congreso.


Tampoco funcionan las comparaciones con otros países socialistas como China o Vietnam. Primero, los logros sociales en Cuba son mayores y, aunque crecen, las desigualdades no son comparables con los elevados índices Gini de China o Vietnam. Por otro lado, la isla cuenta con un mercado interno no solo mucho más pequeño y menos privatizado que el vietnamita, sino también joven y dinámico, ajeno al dilema que afrontan los países europeos de una población mayor y bajas tasas de fertilidad.


Como siempre, pocos analistas acertarán con sus pronósticos sobre el futuro de la isla, que depende tanto de la constelación de poder interno como de la evolución de su nueva alianza con el enemigo histórico y cuya actuación condiciona el ritmo de los cambios en Cuba. Si continúa la política de compromiso constructivo, se acelerará la apertura y, viceversa, si un republicano gana la presidencia de Estados Unidos, puede volver el statu quo ante. En 2016 tendremos más certeza sobre la próxima etapa de la transición a la cubana que evoluciona al ritmo caribeño de “lento, pero sin pausa”.



Suscriben el presente texto Alfonso Ruiz Miguel, Elena García Guitián, Esther Gómez Calle, Juan Antonio Lascuraín, José Ramón Montero, José Luis López González, Fernando Martínez, Fernando Molina, Julián Sauquillo, Gregorio Tudela, Soledad Torrecuadrada y Yolanda Valdeolivas, profesores de la Facultad de Derecho de la UAM y miembros del Colectivo DeLiberación.

El Habeas Corpus y el Habeas Data. Dos instrumentos a favor del Derecho.

 Por Michel Fernández Pérez, Cuba Posible

El Habeas Corpus y el Habeas Data constituyen dos instituciones jurídicas que procuran la defensa y las garantías de los derechos humanos. El Habeas Corpus está dirigido a proteger a la persona en caso de detenciones arbitrarias, de proteger el derecho a la libertad individual. El Habeas Data, por su parte, desea garantizar que toda persona pueda tener acceso a los datos que sobre ella constan en registros (públicos o privados) y poder solicitar acceso a dicha información y, cuando lo considere pertinente, solicitar la eliminación o modificación de la misma.





II

La esencia del Habeas Corpus (cuerpo presente o persona presente) consiste en que el detenido o cualquier persona puede presentar este recurso o acción ante una autoridad judicial, si considera que está detenida arbitrariamente (violando lo establecido en el derecho positivo). En estos casos, el tribunal correspondiente deberá ordenar que se le presente a la persona que se alega está detenida arbitrariamente y decide en ese acto si la detención es acorde al Derecho o no. En caso de ser ilegal (arbitraria, contraria a Derecho) obliga a poner en libertad a la persona. Este procedimiento, recurso o acción (1), tiene determinadas características esenciales, tales como: 1) Debe ser rápido (proceso sumario o sumarísimo). 2) Ha de carecer de formalidades (no es necesaria la representación de un abogado, en muchos casos puede presentarse verbalmente). 3) Debe ser un mecanismo de control judicial sobre las autoridades que realizan detenciones para determinar su legalidad o no.  

El Habeas Corpus tiene una larga historia. Sus orígenes pueden encontrarse en el Derecho Romano, pero es el Derecho inglés(2) el que presenta esta institución jurídica a la Modernidad, reconociéndola en la Carta Magna de 1215 y con posterioridad en el “Acta de Habeas Corpus” de 1679. Esta garantía a la libertad individual goza de respaldo constitucional en casi todas las constituciones occidentales. En el Derecho internacional, el artículo 9.4 (3) del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos reconoce la institución del Habeas Corpus.

En el caso de Cuba, el Habeas Corpus no tiene rango constitucional (4). El mismo está regulado en la Ley No. 5 “De Procedimiento Penal” (LPP), en el Título IX “Del procedimiento de Habeas Corpus” en los artículos del 467 al 478. Sus características en la legislación cubana coinciden en general con las previstas en la doctrina. Es un proceso sumarísimo, que exige la realización de la vista oral con la presencia física del detenido, en el término de 72 horas. Igualmente, no requiere ser solicitada por representación letrada y se pide por medio de un escrito que debe contener la información general sobre el caso(5).

Se puede decir que la regulación del Habeas Corpus en la LPP sigue los mismos principios esenciales de esa institución; sin embargo, en la práctica jurídica cubana, el uso del Habeas Corpus es casi inexistente(6) y esto no responde a la regulación como tal, sino a la forma en que está diseñado el proceso penal cubano, que hace casi inútil su uso. Hay tres elementos que desde mi perspectiva fundamentan la afirmación anterior:

1.    En el proceso penal cubano el detenido solo tiene acceso a un abogado una vez que se ha dictado una medida cautelar y esta puede ser dictada en un plazo de hasta 7 días; razón por la cual el acceso a la defensa en los momentos iniciales del proceso está extraordinariamente limitado. El no contar con representación letrada impide que un abogado pueda recomendar o realizar las acciones necesarias que casi siempre desconoce el detenido y sus familiares.

2.    En el caso del proceso penal cubano la medida de prisión provisional la dicta la fiscalía, que no constituye un órgano jurisdiccional y siempre debe ser parte del proceso de Habeas Corpus (7). En tanto, cuando ella conoce cualquier solicitud de Habeas Corpus puede dictar de inmediato el auto de prisión provisional o imponer otra medida, o liberar al detenido –en el mejor de los casos. Esto hace casi imposible que, de acuerdo al Derecho vigente cubano, haya alguna detención ilegal.

3.    La falta de cultura jurídica, principalmente en el área de ejercicio de los derechos humanos, pues a pesar de los explicado anteriormente en muchas ocasiones acontecen casos de violaciones de los procedimientos legales establecidos y, ante ello, se pudiera hacer uso del Habeas Corpus, tal y como está ahora regulado, pero esto no ocurre.

Considero que nuestra Constitución debería regular el Habeas Corpus y el proceso penal también debería reformarse con el objetivo de ser más garantista. En cuanto a esto último, no me refiero solo alHabeas Corpus, sino además a la posibilidad de acceder a la defensa desde el momento mismo de la detención, a un mayor protagonismo de los jueces en la fase de instrucción, por citar algunos ejemplos.

A diferencia del Habeas Corpus, que tiene una larga historia, el Habeas Data es de origen reciente, la primera constitución en regularlo fue la de 1988 de Brasil y ha tenido a partir de ese momento un intenso desarrollo en el constitucionalismo latinoamericano(8).

III


El Habeas Data (datos presentes) debe garantizar que cualquier persona pueda accionar ante un tribunal para tener acceso a la información que sobre ella existe en cualquier registro, ya sea público o privado, y solicitar que la misma sea modificada o eliminada, si ya no se corresponde con la realidad. La garantía del Habeas Data está íntimamente relacionada con la protección de los datos personales y el acceso a la información.

Quiero advertir sobre un aspecto importante de esta garantía a la información personal, aunque está presentado en el párrafo anterior. Me refiero a que no solo está dirigida a los registros controlados por el Estado, sino también hacia la información que está contenida en registros privados, ya sean de bancos, empresas de seguro, de comunicaciones u otras.

El desarrollo de esta garantía ha sido muy acelerado en los últimos años, debido a que el avance de las nuevas tecnologías de la información posibilita la creación de bases de datos sobre las personas y facilitan su utilización, incluso por empresas privadas con fines comerciales.

Hasta ahora la legislación cubana no ha reconocido este instrumento de garantía. Considero que el actual momento de cambios importantes que vive el país, en el que cada vez más se diversifican los actores sociales y cobra relieve el proceso de informatización de la sociedad, nos debería conducir, muy pronto, a la creación de tales mecanismos de protección para los datos personales.

Notas al pie:


1. Utilizo las tres categorías porque el Habeas Corpus puede ser definido como cualquiera de las tres, eso depende del ordenamiento jurídico interno de cada país.

2. En el Derecho Foral español también se desarrollaron algunas figuras jurídicas similares, como en el Fuero de Aragón de 1428 y en el Fuero de Vizcaya de 1527.

3. “Toda persona que sea privada de libertad en virtud de detención o prisión tendrá derecho a recurrir ante un tribunal, a fin de que este decida a la brevedad posible sobre la legalidad de su prisión y ordene su libertad si la prisión fuera ilegal.”

4. Las constituciones predecesoras de la Constitución de 1976, la Ley Fundamental de 1959 y la Constitución de 1940 sí regulaban constitucionalmente el Habeas Corpus.

5. Art. 469 de la LPP.

6. No he encontrado información pública sobre las estadísticas de los Habeas Corpus presentados.

7. Art. 477 de la LPP

8. Estos son algunos de  los países que regulan el Habeas Data en sus constituciones: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana,  Uruguay, Venezuela.



Crónica del desencuentro


Por Iliana Núñez Rodríguez




Para Enrique Núñez Rodríguez, in Memoriam

A la mañana siguiente de mi llegada al Mundo, la funcionaria del Registro Civil le preguntó a mi madre: “¿La bebé es hija del famoso escritor?”

Mi progenitora sonrió humildemente y respondió: “¡No! Pero, ¡ojalá lo fuera!”.

En las consultas con el pediatra, en las consiguientes matrículas escolares o en presentaciones familiares, no faltaba quien volviera a inquirir lo mismo, como si la influencia del popular autor radial y de la TV, así como destacado humorista, periodista y hacedor de textos literarios, fuera a gravitar de por vida sobre mí, para bien o para mal.

Y así fui creciendo, aclarando siempre al respecto, hasta que, ya en Primaria, la duda me asaltó y creí sinceramente que, no sabía cómo, mi madre y el afamado intelectual habían tenido una extraña y fugaz relación, de cuyos encuentros seguramente habaneros (vivíamos en un batey de la provincia de Matanzas) había surgido yo y mis cuatro hermanos anteriores a mí. ¡Y todo eso sin que mi padre se enterara!

Lo curioso era que ninguno de mis hermanos motivaba la reiterada averiguación; solo yo, a quien no le daba mucha gracia lo que mi madre y aquel “señor” le habían hecho a mi supuesto buen padre.

Por otra parte, nada sabía del mismo. Ni tampoco de su familia e hijos, deduciendo con la certera lógica de los niños (principalmente de las niñas) que estaba casado y, dada su fama, tendría un bando de hijos de todas las edades y colores, por lo que comencé a interesarme por saber más de aquel célebre sujeto del que todos hablaban bien, y cuyos apellidos coincidían con los míos.

El colmo fue el día en que la maestra de mi escuelita rural me dio “Excelente con Estrellitas”, por la composición que hice en cuarto grado, agregando en un margen de la misma lo que constituiría, más que un elogio, una ofensa familiar: “¡Alumna sobresaliente! ¡Será escritora como su padre!”

Y así. Con la disyuntiva de qué contestar cuando me hicieran la sagaz pregunta, seguí creciendo.

En la Secundaria y después en el Preuniversitario, sin proponérmelo, me fui destacando como cuentera ocurrente, y no por bufonear, sino, porque las cosas malas que me ocurrían, que no eran pocas, provocaban que mis compañeros se destornillaran de la risa, como; el día de mis 15 en el que, sobre las 8 de la noche, y a punto de arrancar la fiesta, el cañaveral del batey cogió candela y se fue la luz y de repente bajó del cielo un rabo de nubes y se llevó el equipo de música que estaba en el patio y nunca más apareció, y así, otros tantos sucesos que, al contarlos provocaban carcajadas al punto de que, los domingos en la noche, cuando regresaba al preuniversitario de Jagüey Grande, ya me estaban esperando hembras y varones acomodados sobre las literas del albergue, para que les contara algún chiste basado en hechos reales, momento en el cual también aprovechaba, para agregarles mis ya incipientes dotes de fabuladora rural.

Entrando a los veinte, y por curiosidad, ya me había leído varios textos de mi “pariente”. Y por esas cosas de los sueños, se convirtió en mi paradigma. ¡Estaba decidido! Sería como él.

Lógicamente, no me podía aparecer delante de él con un texto literario mal escrito y con faltas ortográficas que, a la sazón, tenía. No obstante, me dije, al menos debía conocerlo. Necesitaba contarle que, en una libreta, llevaba la cuenta de todas las veces y lugares que, al decir mi nombre, me preguntaron si era familia de él, y que, emocionado, se interesara en leer alguno de mis cuentos y me invitara a sus programas en la tele o a sus presentaciones literarias. Pero, una vez más la fatalidad se burló de mí.

Cuando había mejorado mi ortografía y me consideraba apta para enseñarle mi mejor relato costumbrista, Enrique murió.

Pasmada, y aún sin aceptar lo que había escuchado en el noticiero, consideré la posibilidad de ir a verlo a la funeraria. Pero no lo hice: llevaba 20 años soñando un encuentro. A solas. Una cita para reírnos a carcajadas de las “cosas de la Vida” y de la coincidencia de llevar sus apellidos sin ser “ni hostia” de él, y confesarle que sí, que me hubiera gustado que fuera, si no mi padre, el amante de mi madre, o al menos un pariente lejano. Estaba segura que alguna de las ramitas del árbol genealógico de los Núñez o los Rodríguez nos uniría más allá de la Literatura.

Por eso no fui a darle “el postrer adiós”. Ni siquiera nos habíamos conocido, y no quería verlo así, tan lúgubre y callado. Tan como nunca fue.

La impresión me conmovería tanto, que su familia, creería, al verme, que yo sería una amante joven que se ilusionó con él, o la hija de otra mujer que tuvo y, una vez más, cuando hiciera el cuento a mis amigos, se reirían de mí, de las cosas malas que me pasan. Por eso, lo lloré a solas, como quien pierde a un ser querido.

Todavía, al cabo de no sé cuántos años de su desaparición física, aún me siguen haciendo la misma pregunta: “¿Tú eres familia de Enrique Núñez Rodríguez?”

Soñando





Un inspector bien plantado, que luego de analizar pedazos de ladrillos y otros remanentes sea capaz de averiguar de dónde proceden (¿quién construye, quién tira sin escrúpulos?), llegue hasta la casa del irresponsable y con la contundencia de un cañonazo le haga saber que tiene una multa irrevocable.


Multa ejemplarizante que será comidilla del barrio. La misma comunidad que antes veló por su urbanidad y buenos modos y que hoy no solo ha perdido bastante de sus días florecientes, sino que amenaza con seguir cuesta abajo.


Sueño con un inspector incorruptible y de mano dura que se apueste en una esquina, detrás de un periódico, y desde allí sorprenda a los que, por no caminar unos metros, sueltan alegremente sus jabitas de basura, o envíen a su hijos pequeños sin la debida ad­vertencia de “en el parque no, mijito, en los latones”.


Un inspector que a partir de su mano dura remueva conciencias de urbanidad y haga revivir viejas responsabilidades ciudadanas.


Por supuesto que tal sueño debe ir acompañado de otro no menos urgente: que la ciudad toda sea atendida en limpiezas como debe ser y más ahora que mosquitos invasores, portadores de una nueva enfermedad, amenazan con brincar fronteras y aprovecharse de lo que todavía estamos a tiempo de eliminar.



martes, 23 de febrero de 2016

Dueños de la tierra














LA HABANA. Los economistas del patio coinciden en que si las transformaciones en el sector agropecuario no cuajan, difícilmente el proyecto de Actualización Económica pueda lograrse. La sustentabilidad alimentaria es una urgencia primaria de cada mesa del país, y también lo es política, tanto que define actitudes de adhesión y apoyo al proyecto general que debemos hacer avanzar: acerca o distancia, establece rupturas o compromisos, según sea, entre gobernantes y gobernados. Esto es clave para caminar hacia las metas propuestas.

La experiencia

En 2008 se aprobó el Decreto-Ley 259 del Consejo de Estado, que aprueba la entrega de tierras ociosas en usufructo a “personas naturales o jurídicas” para ser utilizadas de forma “racional y sostenible”. En aquel momento, tanto los potenciales beneficiados como otros interesados en el tema de la agricultura cubana se manifestaron a favor del cambio, porque el modelo agrícola cubano necesita ser transformado. Necesita cambios sistémicos, no parches.

Pero también en aquella oportunidad muy pocos se libraron del escepticismo: “Es bueno, pero veremos cuánto dura”.

Con anterioridad las autoridades pertinentes habían probado a diversificar las formas de propiedad, producción y comercialización en nuestro modelo agrícola. Por ejemplo, en 1980 el Ministerio de Comercio Interior autorizó el mercado libre campesino, al que los productores privados, de las Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS) y de las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) podían concurrir directamente a vender su mercancía.

Fue algo bueno, según han analizado algunos especialistas. Aun así, la iniciativa fue suprimida seis años después, para luego, en 1993, volver a establecerla bajo la forma de un mercado libre agropecuario.

Sucedió que estas medidas fueron producto de coyunturas específicas y no del desarrollo sistemático de una política que realmente incentivara a los pequeños productores a auto gestionar la tierra que trabajan.

En 1993 y como consecuencia de la paralización de la economía en esa década de profundas crisis, el Ministerio de la Agricultura facultó a los directores de sus empresas a entregar parcelas de autoconsumo y también tierras para la producción de tabaco. Dos años más tarde se dispuso, mediante la Resolución 223/95 del MINAG, la entrega de tierras estatales ociosas “en concepto de usufructo y para su explotación familiar”. Y en 2003, probablemente para agilizar el procedimiento de entrega, se facultó a los delegados municipales para “el otorgamiento, control y rescisión” de estas propiedades.

Es decir, desde los primeros años de la década del noventa hubo usufructuarios en Cuba, y probablemente desde antes. Sin embargo no fue hasta 2008, con del Decreto-Ley 259 que regula la entrega de tierras ociosas en usufructo, que esta opción para el mejor aprovechamiento de los recursos, tanto territoriales como humanos, se materializó como voluntad política del gobierno.

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Los propietarios

Según el Decreto-Ley No. 125 del año 1991 sobre el régimen de posesión y propiedad de la tierra, los agricultores pequeños están obligados a explotar la tierra de su propiedad de modo eficiente, “conforme a las regulaciones […] establecidas por el Ministerio de la Agricultura”.

La relación que establece el gobierno cubano entre el dueño y el propietario es estratégica, porque sigue la lógica de la propiedad estatal para asegurar que los latifundios no vuelvan a existir en Cuba. De modo que la condición de propietarios pierde su significado tradicional, pues este prácticamente no puede decidir ni siquiera el tipo de cultivo que desea desarrollar. Tampoco puede vender la tierra, a menos que lo haga al propio Estado. Ni parcelarla sin consentimiento… En realidad los propietarios no son los dueños.

El dueño de la tierra es el Estado, definido oficialmente como representante del pueblo. Aproximadamente el 86% de la tierra en Cuba es propiedad estatal, mientras que solo un 9,27% pertenece a pequeños agricultores.

Pero en la práctica el ejercicio de representación está muy lejos de agotar hoy todas sus potencialidades. Primero por la relativa participación del pueblo en la toma de decisiones y el control sobre los poderes públicos, y luego por la falta de información sobre los procesos mediante los que se reorganiza, una vez más, el modelo agrícola en la Isla.

“Un país que se respete debe tener control sobre esto [la tierra], y mucho más nosotros aquí en el socialismo”, afirmó José Ramón Machado Ventura hace unas semanas, luego de recordar que no “puede haber distracción ni concesiones” con aquellos productores que, luego de siete años desde que se permitió la entrega de parcelas en usufructo, continúen incumpliendo los contratos establecidos por el propio Estado, aunque las razones sean lógicas.

En palabras de Marino Murillo Jorge en un congreso de la ANAP, la actualización del modelo económico en Cuba se sustenta en “la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y el más preciado es la tierra”.

Por eso el Vicepresidente del Consejo de Estado, y también Segundo Secretario del Comité Central del Partido, Machado Ventura en persona, ha recorrido el país reuniéndose directamente con los productores, puesto que es un tema sumamente determinante en el desarrollo económico.

Según la información publicada en el diario Granma, “este proceso no es para quitarle la tierra a la gente, es para hacer cumplir el objeto social y productivo con que fue entregada”. No obstante, agregó Ventura, a estas alturas “no hay que tener contemplaciones”: “Si alguien sigue incumpliendo, entonces se le retira el usufructo”. Del otro lado, desde el surco, no son pocos los productores que se preguntan qué pasa cuando el estado no cumple con el tiempo de recogida de las producciones o demoran meses en pagar.

La actual distribución de tierras ociosas dibuja un escenario en el que se ha consolidado el predominio de los productores no estatales, particularmente las CCS, el productor privado y el usufructuario. En términos de uso y tenencia, este grupo ha pasado de gestionar un 18,5% de la tierra a un actual 51%. Por demás, son los productores con mejores resultados.

De ahí que resulte, más que contradictorio, imprescindible la participación de estos en decisiones y normas que les competen directamente y que poco a poco van conformando un nuevo modelo agrícola en Cuba.

Para los usufructuarios, incluso el Decreto-Ley 300 de 2012, que sucedió al 259, todavía hoy contiene grandes limitaciones.






El Decreto-Ley 300

Dice un productor de leche en Valle del Perú, San José, que “el Estado es un mal socio”. Los contratos son muy impositivos. El usufructo podría terminarse en cualquier momento si hay sequía, si hay robo, si hay poca producción… No es fácil cumplir sistemáticamente con tan altos compromisos: paga poco por grandes cantidades, vende insumos caros, en muchas ocasiones se demora en pagar, por lo cual es más difícil invertir en la próxima producción y, para colmo, los productos pueden demorarse tanto en llegar a los puntos de venta, que para cuando alcanzan la mesa de la población es mercancía de segunda, y hasta de tercera”.

De hecho, desde la emisión del Decreto-Ley 259, en 2008, hasta la aprobación del 300 en 2012 sobre el tema del usufructo y sobre su implementación, los datos mostraron el decrecimiento del sector agrícola cubano: de 2009 a 2012 hubo un 2,5% menos de viandas, un 4% menos de hortalizas; un 4,4% menos de frijoles y un 4,3% menos de producción ganadera.

Hasta que en 2012 la nueva norma actualizó el procedimiento, y resolvió fundamentalmente el tema de la vivienda y la herencia. Hoy los que se acogen a este Decreto-Ley son 279 021 personas en posesión de 1 403 940 ha. No obstante, después de largos análisis y repetidas visitas de dirigentes a estos usufructuarios en ascenso, se hubiera podido pensar que los avances serían mayores.







Desde el mismo artículo primero se utiliza, a diferencia del decreto anterior, el sintagma “usufructo gratuito”, que en buena ley es una redundancia, pues el usufructo es el derecho de utilizar algo que pertenece a otro sin pago alguno, a diferencia del arriendo que implica pagar un impuesto por el uso.

Este impuesto aparecía en el Decreto-Ley 259: “Los usufructos concedidos a personas naturales anteriores a la vigencia del presente Decreto-Ley y los que en el futuro se concedan, serán gravados con un impuesto por la utilización de las tierras” (Artículo 5). Pero ahora, la palabra “gratuito” implica que la tierra pertenece, jurídicamente hablando, al estado, lo cual no discuto. Y económicamente también, porque si no se cobra ese impuesto a los productores se les priva de ejercer plenamente su derecho a decidir sobre la totalidad de su actividad económica.

El concepto de realización de la propiedad, como ha escrito el profesor Armando Nova, no se trata solamente de poseer el título de propiedad, sino del derecho de los individuos o del colectivo de tomar sus propias decisiones: “qué estructura de producción deben lograr, a quién destinar o vender la producción, los precios que debe recibir por sus productos, dónde comprar los insumos productivos y el equipamiento (…) y finalmente, una vez deducidos sus compromisos financieros, disponer de sus resultados económicos, tomando en consideración los requerimientos sociales”.

La tierra, como insistió el Segundo Secretario del Comité Central del Partido José Ramón Machado Ventura, pertenece al Estado, y por ende al pueblo. Y el Estado dice que las condiciones están “para dar un salto productivo”, que “toca ahora hacerlo”. Pero esta tierra, nuestra, no podrá parir nuestros alimentos solo porque el Estado así lo establece. Los productores son el eslabón decisorio de la economía agropecuaria. Más que decretos se impone un diálogo.

Foto de portada: Carlos Ernesto Escalona Martí

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