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viernes, 17 de marzo de 2017

"Lección para los cubanos, si en Cuba se produce una “transición”

Lección para los cubanos, si en Cuba se produce una “transición”

Por Arthur González*/Martianos-Hermes-Cubainformación.- Los que pregonan a los cuatro vientos que Cuba necesita una “transición pacífica hacia la democracia”, deben saber el futuro que les espera, pues todos los beneficios obtenidos después de 1959 serán eliminados de inmediato.

Así sucedió en los países de Europa del Este, donde profesionales altamente calificados se vieron sin empleo de un día para otro, teniendo que desempeñar trabajos de limpieza, de carteros y vendedor de alimentos ligeros en plena calle.

Ahora en un nuevo arranque de odio a todo lo que recuerde al socialismo, la actual primera ministra de Polonia, la conservadora Beata Szydlo, acaba de aprobar un proyecto de ley que, de aprobarse, despediría a todos los empleados del Ministerio de Relaciones Exteriores contratados antes de que el sistema socialista se extinguiera en 1989.

Dando pruebas de lo que hacen los anticomunistas que proclaman “democracia”, “pluralidad de pensamiento” y “derechos humanos”, la actual gobernante polaca estableció, como una prioridad necesaria, eliminar de todos los altos puestos de trabajo en el Estado a aquellas personas cuyos estudios académicos se desarrollaron bajo el comunismo, como si la preparación profesional y experiencia acumulada no sirviera para nada, solo haber sido formados en el socialismo.

Así actúan los “demócratas” para atemorizar a la población y que les sirva de escarmiento a los que vivieron bajo el sistema socialista que permitió el crecimiento económico de Europa Oriental y altos niveles de vida, preparación profesional y una seguridad social muy superior a la que se enfrentan hoy.

No por gusto Estados Unidos se empeña en llevar a Polonia a los principales contrarrevolucionarios cubanos, con el propósito de que ganen en experiencia en el “Instituto Lech Walesa”, al recibir las conferencias que imparte el propio Walesa, quien trabajó bajo las órdenes y el financiamiento de los yanquis dentro del conocido Proyecto Democracia, impuesto por la administración de Ronald Reagan.

Entre los que han visitado dicho Instituto figuran Yoani Sánchez Cordero, Antonio Enrique González-Rodiles, Eliecer Ávila, Elizardo Sánchez-Santa Cruz, Berta Soler y otros de los calificados como “disidentes”, incluido el antichavista Leopoldo López, hoy detenido por aplicar las recetas del polaco con actividades callejeras que costaron varias vidas de ciudadanos venezolanos.

Quienes sueñan que Cuba caerá en brazos de Estados Unidos se equivocan una vez más, la historia está preñada de hechos históricos como el protagonizado por el General Antonio Maceo, durante la viril protesta en los Mangos de Baraguá, contra aquellos que capitularon ante la Metrópoli española, algo que la vida se encargó de demostrar el alto costo de aceptarla, sin alcanzar la independencia y la abolición de la esclavitud.

Si los cubanos de hoy quieren saber lo que les esperaría ante otra capitulación deshonrosa, solo deben leer con detenimiento la execrable “Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática cubanas” (Ley libertad 1996), conocida como Ley Helms-Burton, patrocinada por la mafia terrorista de Miami, encabezada por Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart, hijos de testaferros del dictador Fulgencio Batista, a la que sumaron Robert Bob Menéndez, Dan Burton, Jesse Helms y Robert G. Torricelli, entre otros.

En dicha Ley, aprobada para encadenar al pueblo cubano, se expresa sin el menor pudor el fortalecimiento de las sanciones internacionales contra Cuba, país que deberá pagar un alto precio por haber escogido soberanamente un camino sin el yugo de los Estados Unidos, dejando claramente el sentimiento de que para levantar la despiadada Guerra Económica impuesta por Washington desde 1962, la Isla deberá renunciar a ser libre e independiente.

Una vez derrocada la Revolución, la Guerra Económica continuaría hasta tanto el “Funcionario de Coordinación”, léase un procónsul yanqui, nombrado por el Presidente de los Estados Unidos, le informe que “en Cuba existe un gobierno plenamente democrático”, al estilo y forma que ellos desean; sean devueltas todas las propiedades nacionalizadas; se haya disuelto el actual Departamento de Seguridad del Estado del Ministerio del Interior de Cuba; incluidos los Comités de Defensa de la Revolución.

A eso debe sumársele la aceptación de múltiples partidos políticos, ninguno de ideología socialista y el compromiso de organizar elecciones “libres y justas” para un nuevo gobierno.

Precisamente, su error de casi 60 años es soñar que los cubanos olvidarán la historia de las tres intervenciones yanquis y los desmanes cometidos por los gobernantes corruptos y asesinos, bendecidos por La Casa Blanca.

Cuba escogió su propio destino y no habrá vuelta atrás. Los cambios internos son y serán dentro del sistema escogido libremente para hacer lo más adecuado a las necesidades y aspiraciones del pueblo, quien resiste unido la obcecada política agresiva de Estados Unidos, preñada de miles de actos terroristas, el espionaje y la subversión política., porque como aseguró José Martí:

“La libertad cuesta muy cara, y es necesario o resignarse a vivir sin ella o decidirse a comprarla por su precio”.

*Arthur González, cubano, especialista en relaciones Cuba-EE.UU., editor del Blog El Heraldo Cubano.



domingo, 7 de febrero de 2016

Raúl Castro en Francia: París lidera el acercamiento europeo a Cuba

[caption id="attachment_214" align="alignleft" width="1200"]El Presidente cubano, Raúl Castro, con su homólogo francés, Francois Hollande, en La Habana, mayo de 2015. Alain Jocard/AFP/Getty Images El Presidente cubano, Raúl Castro, con su homólogo francés, Francois Hollande, en La Habana, mayo de 2015. Alain Jocard/AFP/Getty Images[/caption]

Por Rogelio Sánchez Levis y Arturo López-Levy




Algunas claves de la visita de Estado del líder cubano a la capital gala. ¿Qué significa? ¿Qué principales intereses mueven a ambos países?




La visita de Estado del Presidente cubano, Raúl Castro, a la capital gala expresa la maduración de las relaciones entre ambos países. La presencia en visita oficial de su homólogo François Hollande en mayo de 2015 a Cuba apuntó en similar dirección. El viaje del Presidente francés expresó el renovado interés de la clase política, las élites económicas y el aparato diplomático galés a favor de vínculos más vigorosos con la Mayor de las Antillas. Promisorios acuerdos en los ámbitos universitarios, científicos y culturales, así como entendimientos de cooperación económica en energías, turismo y medicina, estuvieron entre los principales resultados de aquella histórica visita.


El proceso de normalización de las relaciones cubano-estadounidenses ha inclinado la balanza del debate francés a favor de los defensores del acercamiento con La Habana. La política de embargo/bloqueo fue hasta hace poco tiempo un escollo al interés galo por la nación caribeña. La retórica hostil, y las diferencias de poder de Francia con Estados Unidos, contuvieron al país europeo de usar antídotos legales contra las sanciones extraterritoriales con las que EE UU golpeó a bancos y entidades económicas galas. Esos actores no violaban ley francesa, europea o internacional alguna.


En la dinámica triangular Cuba-EE UU-Unión Europea, la nueva distensión en el eje Washington-Habana facilita a París resolver dos problemas de una vez: la asociación al presidente Barack Obama como aliado estratégico francés en la proyección de intereses globales y la apertura de oportunidades para la empresa y la sociedad gala en un mercado de creciente interés y un país de prominencia en las regiones latinoamericana y caribeña.


Hollande ha optado por resaltar el tema Cuba a partir de consensos en la clase política francesa, polarizada ante la crisis económica y dividida ante el reto que encarna la extrema derecha populista para la concepción republicana que ha dominado la historia reciente de la nación europea. Es un gesto de aproximación desde la actual dirección socialista hacia sectores del partido que desde su condición de izquierda moderada nunca cesaron su solidaridad con la isla.


Raúl Castro cosechará el reconocimiento que la revolución cubana ha cultivado entre sectores del Gobierno, la clase política en general y la sociedad francesa. Cuba  capitaliza el simbolismo de su larga resistencia a la supremacía estadounidense. Fue precisamente el general Charles De Gaulle quien le imprimió a la política exterior de la V República ese matiz de tercera posición que en alguna medida ha perdurado en el tiempo por encima de los clivajes políticos.


Otras consideraciones más generales para el Estado galo son parte de este movimiento estratégico desde el contexto europeo. Cuba ha desempeñado con éxito el rol de garante y sede de los diálogos de paz entre el Gobierno de Bogotá y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). La diplomacia cubana ha demostrado ser un interlocutor maduro, discreto y de confianza con indiscutible influencia sobre los asuntos regionales latinoamericanos. Colombia constituye una de las altas prioridades galas en América Latina.


La influencia e importancia de Cuba como actor caribeño es también un factor, habida cuenta del interés tradicional de París por una zona donde posee varios territorios y múltiples intereses. Cuba también ha demostrado capacidades de cooperación internacional relevantes al Quai d’ Orsay como sus programas de salud con influencia en zonas priorizadas por Francia como es el caso de Haití y otros países, particularmente africanos.


Ante la lentitud española y el despertar tardío alemán en el tema latinoamericano, el Gobierno francés aparece liderando el acercamiento europeo con La Habana. Por una parte, acoge como huésped al líder de una Cuba que se muestra estable y crecientemente atractiva como destino turístico, mercado de inversión y socio político de relevancia. Por la otra, París notifica a Washington que Europa ve con simpatía las nuevas oportunidades en la relación con La Habana, y que el tiempo de las sanciones extraterritoriales debe terminar. No puede ser que EE UU castigue a entidades económicas europeas por realizar transacciones con la isla que el Presidente estadounidense permite  a compañías norteamericanas.


En la base del curso ascendente de los lazos franco-cubanos se halla el factor cultural e histórico. Además de la inspiración de la Revolución francesa, y la gran influencia del país europeo en las artes, la literatura y el pensamiento cubanos, París dio acogida a élites políticas, científicas e intelectuales cubanas, independentistas y reformistas, que desarrollaron allá ideas y proyectos emancipadores. En 1879 el cubano Severiano de Heredia fue investido como alcalde de la capital gala, cargo que ocupó junto a otras responsabilidades de la III República francesa. Hoy, las sedes de la Alianza Francesa y las actividades culturales como la semana de Cine Francés son acogidas con gran interés en la población cubana.


El viaje del mandatario caribeño también clarifica que aún dentro del proceso de normalización de las relaciones con EE UU, la diversificación de los vínculos con las diferentes regiones y actores del sistema internacional continuará siendo una prioridad del gran diseño de la política exterior cubana. Francia, por razones históricas, su liderazgo europeo y su condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU aparece como un interlocutor privilegiado en dicha estrategia.


La diplomacia gala capitalizará su apoyo a las exitosas negociaciones de Cuba con el Club de París y de los progresos en las conversaciones en favor del acuerdo de Diálogo Político y Cooperación entre la Habana y la UE. La visita de Raúl Castro es también un aliento para aquellos que se atrevan a emular el ejemplo de Hollande en la actual coyuntura favorable. Aún cuando sectores mediáticos, políticos y sociales franceses mantienen sus críticas a la situación de los derechos humanos en Cuba, se hace evidente la convicción de la diplomacia francesa de que esos temas se tratan mejor de forma integral, sin desconocer la interdependencia entre progreso económico-social y apertura política. Temas como éste pueden ser abordados siempre que la visión diferente de ambas partes se exprese con respeto y sin concesión a la retorica cargada del anticastrismo injerencista.


En un mundo donde las claves económicas, políticas, mediáticas y diplomáticas se mezclan cada día más, Raúl Castro tiene una plataforma para reforzar el mensaje de apertura y renovación que fortalezca la confianza en una Cuba dispuesta a asumir el desafío de los nuevos tiempos.