lunes, 31 de julio de 2017

DEBATE EN FACEBOOK: Arturo López-Levy / Enrique Ubieta Gómez (SEGUNDA PARTE)



ARTURO LÓPEZ-LEVY: Enrique Ubieta ha tenido la buena idea de reproducir un diálogo que tuvimos en el muro de Facebook del profesor Carlos Alzugaray en su blog La Isla desconocida. Lo agradezco porque expresé allí, como en mi artículo “La moderación probada del espíritu de Cuba”, mis ideas con bastante claridad; algo que es loable también en su respuesta. Desafortunadamente, parece que cuando Ubieta publicó el intercambio quizás no conocía que había escrito esta dúplica a su réplica. No estoy reportando un comportamiento inadecuado, simplemente quiero dar a conocer mi modo de pensar.
Enrique Ubieta me ha llamado “enemigo” y le he respondido a varias de sus afirmaciones contrarias a evidencias, como el artículo que le puse el link. Lo menciono no para llover sobre mojado, sino por lo contrario. Al leer lo que ha escrito en sus últimos comentarios en esta serie me he ratificado en algo que pensé después de leer sus Ensayos de identidad, y es que dada la matriz patriótica que compartimos, no me puedo considerar su enemigo. Somos adversarios en ideología o en la diversidad natural que nos separa, pero “enemigo” mío, no lo será ningún cubano mientras subscriba la centralidad del pensamiento martiano como punto focal desde el cual Cuba como “proyecto de nación” –para usar su expresión– se levanta. Es El Apóstol (no el Lugareño, ni Eliseo Giberga), nuestro delegado.
Apruebo su aclaración de que no hay república cubana soberana solo para las élites. “Con todos y para el bien de todos” no es claramente “con la justicia y la injusticia”. La república social de Martí era un proyecto para que no quede un cubano detrás. La medida última de la viabilidad de un proyecto de nación cubana se mediría en un desarrollo económico sustentable que levante al cubano o cubana más vulnerable o discriminado, el indigente por el que se ha preocupado Iroel Sánchez en una de sus últimas notas, por ejemplo.
Claro que “con todos y para el bien de todos” no significa que la Casa Cuba –para usar una expresión del padre Carlos Manuel de Céspedes– este desprovista de paredes, y puertas. Los plattistas, que no confían en las capacidades de su pueblo y apoyan cualquier tutelaje externo o persiguen obtener concesiones de política interna usando políticas extranjeras que violan la soberanía del país se autoexcluyen. No hay dudas que en un mundo signado por los estados nacionales, las asimetrías de poder importan y Cuba no es un gran poder material, y tiene que diseñar políticas para proteger su economía, su cultura, su política, su sociedad de la indebida injerencia extranjera.
Eso no es lo mismo que abogar a favor de estándares internacionales de derechos humanos, una vez que la política de cambio de régimen por coacción se derogue. Si bien es importante que Estados Unidos respete la soberanía de Cuba, esta condición patriótica existe no para consolidar la capellanía de ninguna ideología, sino para dejar al pueblo decidir. La soberanía cubana no es partidista del PCC; es popular, de la ciudadanía cubana. Eso no implica invocar la amnesia sobre la historia patria o ser ingenuo al afrontar los retos políticos impuestos al Estado cubano por la geografía, sino aceptar que cualquier modelo político cubano si es natural –para usar una expresión realista martiana que ambos invocamos– requiere ser tan plural dentro del patriotismo como incluir cotas que impidan la organización de partidos racistas, anexionistas, o plattistas.
Es loable que admita que sería soberbio juzgar las intenciones de los demás y acusar a alguien de estar al servicio o la paga de agendas imperialistas sin pruebas. Así que como no hay pruebas, todas esas acusaciones de querer obtener lo mismo que la ley Helms por otros medios, es sano que se las guarden. Usted infiere –y aquí empieza un punto de discrepancia, pues dice que “constata”– que abogar por un paradigma económico de economía social de mercado como la postulada por el pensamiento socialdemócrata y un modelo más afín a la Declaración Universal de derechos humanos y sus interpretaciones legales, es otro vericueto hacia un “capitalismo dependiente del imperialismo” en Cuba. En ese punto reposa una divergencia porque lo que infiere para un futuro plausible, es mi diagnóstico del presente.
Quisiera estar equivocado, pero en mi diagnóstico el camino más directo al capitalismo dependiente va por la incapacidad de construir una economía sustentable para las conquistas de la Revolución. Como indiqué en el artículo “La moderación probada del espíritu de Cuba”, existe sustancial evidencia, compilada incluso en la primera tabla del libro de Joseph Stiglitz (“Hacia una sociedad de conocimiento”) que demuestra como las economías centralizadas de comando tuvieron un récord muy inferior a un grupo de economías de mercado cercanas; incluso aquellas en el mundo postcolonial, que tenían un nivel similar de desarrollo en 1947. Esas economías de mercado no siguieron, en general, un patrón neoliberal en el cual la política pública fue esclava del mercado; sino paradigmas en las cuales el Estado intervino para eliminar fallas de coordinación, complementar y aumentar las eficiencias y orientarlas como sociedades de bienestar y acceso universal al conocimiento, no de mercado.
Tiene usted razón al mirar al capitalismo como un sistema global en el cual las economías neoliberales en el sur terminan reforzando su dependencia, aun cuando aumenten sus estándares de crecimiento; pero decir que Cuba está destinada a eso es ignorar varias experiencias de países de industrialización tardía, principalmente en el Este de Asia, pero también en el norte de Europa, y otras latitudes. La afirmación teleológica por la cual cualquier economía de mercado en Cuba implica el “retorno” al capitalismo dependiente elimina la capacidad de agencia y autonomía que creó la Revolución mediante la modernización del Estado y su capacidad reguladora; una de sus mayores conquistas estratégicas si fuese propiamente implementada, capaz de producir importantes saltos de desarrollo económico y bienestar.
Nunca he abogado por una economía de mano invisible de mercado, porque la teoría moderna sobre las economías de información la ha probado falsa. El neoliberalismo es una construcción ideológica sin evidencias y teóricamente tan débil como la propuesta leninista de arribar al socialismo empezando por “el eslabón más débil” y construyendo una economía estatizada. Una estrategia integral de economía de mercado regulado requiere la mano visible de un Estado autónomo de los sectores de negocios nacionales o internacionales, como el creado por la Revolución que dirigió Fidel Castro; pero mucho más eficiente, y con instituciones capaces de gobernar y ser regulado. No es de izquierda defender un Estado ineficiente, donde la corrupción aumenta. El compromiso con los pobres “del arroyo y la sierra”, con los humildes que comparten su visión ideológica pero también el socialismo democrático, se sirve mejor por un mercado competitivo regulado y monitoreado por el Estado, que por las estructuras monopólicas sin balance significativo que pululan en la actual situación de reforma parcial en Cuba. Experiencias internacionales contra la evasión fiscal, la corrupción, las desigualdades asociadas al mercado, la mejoría en la calidad del sector público (desarrolladas en experiencias socialdemócratas y desarrollistas) constatan, para usar su palabra, que puede lidiar con esas falencias mejor que una economía estatizada con segmentos reprimidos de mercado.
Abordaré otro punto donde descansa la polémica, desde un punto de vista personal, porque allí usted lo ubicó. Agradezco que aprecie la transparencia y considere loable luchar por el respeto a la soberanía de Cuba, pero no puedo seguir su exhortación a abogar por el comunismo como forma óptima que se ha dado el pueblo cubano para realizar su independencia. No creo en ella, y ni usted ni los demás que la asumen como premisa o principio han aceptado someterla a una discusión de razones. No considero a mis antiguos compañeros comunistas mis enemigos; pero no puedo abogar por ideas que considero anacrónicas dado el contexto actual del país.
La soberanía es de las generaciones vivas. Lo que el pueblo cubano expresó con su acción en la víspera de la batalla de Girón fue el apoyo por una Revolución socialista y democrática en aquellas circunstancias. La política de hoy nos corresponde a los cubanos de hoy decidirla a partir de nuestros intereses, valores y prioridades; sin amnesia, pero también sin nostalgia o idealización de las posturas tomadas entonces.
El día que no haya una situación de emergencia coaccionando al pueblo cubano desde fuera (como el bloqueo), el PCC debe someterse a la competencia con cualquier grupo de cubanos leales al proyecto de nación. El PCC y Fidel Castro tienen un lugar primordial en el nacionalismo cubano, pues lograron estructurar una resistencia de la cual cualquier proyecto de nación soberana será deudor; pero la historia no es el elemento decisor del futuro. Si el PCC es el mejor instrumento para avanzar ese proyecto de nación (dígase desarrollo económico con equidad social y soberanía), no debe temer someterse a un escrutinio público en competencia contra una oposición leal con claras regulaciones contra la injerencia extranjera. Si no es el mejor instrumento en las nuevas condiciones históricas, ¿bajo qué preceptos reclamaría ser “vanguardia” de la nación cubana toda?
Como ve, las inferencias sobre el rumbo al que llevan los ordenamientos políticos y económicos del país pueden ser diversas, incluso partiendo de una matriz martiana común. La diversidad es lo natural porque diversos son los intereses, valores, identidades que conforman pueblos nuevos como el nuestro, y diversas las experiencias de sus componentes. Martí llamaba a una política de unidad y conciliación de intereses con concepciones de libertad más allá del liberalismo; pero también alertó sobre los peligros de la idea socialista, que la evidencia ha demostrado son mayores en torno al papel del funcionariado estatal en el comunismo, que en las propuestas socialistas de su época o socialdemócratas posteriores.
Justo es su reclamo de tratar cada idea suya sin agrupamientos artificiales con intelectuales afines. No fui yo quien hablo de una corriente “centrista” y asumir un pensamiento en colectivo. Su llamado es compartido, pues es un progreso para definir los estándares por los cuales resolvemos los puntos polémicos o simplemente coincidimos en que no coincidimos. No trate como un liberal a quien no lo es. A usted lo trato como un martiano y comunista.
Si escribí “La moderación probada del espíritu de Cuba” fue porque quería ser tratado con justicia y no dañar con agrupamientos absurdos de “centrismo” a otras personas. Al escribir desde una posición socialdemócrata aclaré que no lo hacía a nombre de Cuba Posible, sino como mero participante en la positiva experiencia de un “laboratorio de ideas”. No quiero que mi postura sea usada para cuestionar a amigos que admiro como el profesor Alzugaray, o el cantautor Silvio Rodríguez, mi oponente de tesis en el ISRI e intelectual reconocidísimo Aurelio Alonso, o el fundador del blog “La Joven Cuba”, Harold Cárdenas. Esas personas creen que el PCC como partido de la nación cubana puede ser la gran tienda donde quepa la pluralidad patriótica que Cuba produce desde su diversidad política. No es mi caso.
La evidencia de 25 años después del IV congreso del PCC es, por lo menos, ambigua sobre esa posibilidad de un sistema unipartidista, plural en lo ideológico, como un frente patriótico; y no toda la cerrazón se debe a presiones externas. El PCC se ha abierto hoy a un mayor pluralismo en lo económico y social, incluso en lo político; el presidente Raúl Castro ha hablado de que no hay que ser miembro del mismo para desempeñar funciones oficiales.
Pero en lo ideológico, que coincido con usted es de primera importancia, lo “comunista” sigue prevaleciendo sobre la apertura de lo “martiano”. De ello infiero, no constato (pues el proceso de decisiones en Cuba es bastante opaco y mis evidencias serían limitadas), que la preocupación comunista por el control social es responsable de que problemas concretos de la población (como los mangos que se pierden o la baja inversión extranjera para el desarrollo), no se discutan en los marcos adecuados y sin sesgos anti-mercado. En Cuba, cuando hay un problema económico en el que la economía estatal falla, se prueba dos y tres veces con otra solución estatal. Solo cuando el desastre sea bien grande, como en la coyuntura de 1993, se han abierto “avenidas” a soluciones amistosas al mercado, como los mercados agropecuarios.
Por tanto, creo –sin reír ni llorar, sino tratando de comprender– que el reloj para que los que aboguen por una pluralidad política e ideológica y una economía eficiente dentro del sistema de un solo partido está sonando en tiempo de descuento. Fue un comunista, y no un socialdemócrata, quien afirmó que el tiempo de caminar por el borde del abismo se acababa.

ENRIQUE UBIETA GÓMEZ: Arturo López-Levy, me he retrasado unos días en la respuesta a su respuesta. Pido disculpas, pero eran días feriados, y quise tomármelos de asueto. En definitiva, celebrábamos el Día de la Rebeldía Nacional, el que nos trajo hasta aquí. Por otra parte, al leer los dos primeros párrafos de su réplica, y luego, algunos pasajes específicos del texto, usted casi me convence de que las diferencias que suponíamos tan acentuadas, eran superfluas. Martianos al fin, ambos tomamos partido, decididamente, por los “pobres de la Tierra”. Esa, por cierto, no es una declaración abstracta de humanismo; aunque no lo asumiera de forma explícita –conozco lo que escribió al respecto–, asoma en ella el fantasma de la lucha de clases.
Vistas así las cosas, no somos enemigos, palabra que remite a una guerra que usted considera inexistente o al menos, evitable. A pesar de ello, como bien dice, somos “adversarios en ideología”, y ese concepto, de inmediato nos reubica en campos hostiles: no se trata de que simpaticemos con diferentes partidos en una campaña electoral –es lo que usted propone para Cuba–, que tributaría a la “diversidad” orgánica del sistema capitalista y garantizaría, con cambios periféricos sujetos a remoción cada cuatro o cinco años, la continuidad del orden social; nuestros partidos, en realidad, se encuentran fuera del sistema que el otro defiende.
En el suyo, un comunista es un jugador out side; a veces es tolerado, porque da color y los mecanismos de funcionamiento le impiden llegar al gobierno (mucho más al poder); si se produjese alguna “rotura”, algún desajuste que anunciara su inusitada victoria electoral, el sistema “democrático” desataría una verdadera cacería –mediática, en primer lugar, pero dispuesta a todo–, para impedirlo. Y de no lograrlo, la guerra adquiriría matices bélicos. El sistema que yo defiendo desarticula la “democracia” burguesa, la que ha sido concebida para perpetuar a la burguesía en el poder, y construye una nueva democracia (heredera de aquella), más participativa, al servicio del poder popular.
Detrás, o a nuestro lado, incidiendo de manera directa, existen intereses: imperialistas y trasnacionales, empresariales, personales, ferozmente opuestos a los de los pobres, los humildes, los desplazados (que usted como martiano ha declarado defender). Intereses de clase, que son impuestos por el poder burgués a sangre y fuego (obsérvese si no el caso de Venezuela). Entonces, no es sensato deshacerse de palabras en el discurso –por incómodas o incivilizadas que parezcan– que habremos de asumir en la práctica. Si no es mi enemigo en ideología, tendrá que objetar el retorno al pasado en Cuba (no insista en que se opone al capitalismo “dependiente”, mi pregunta es sencilla: ¿se opone al capitalismo?). No discutimos solo ideas o teorías, también proyectos de vida –por eso suelo hablar de “guerra cultural”–, que defienden y obstruyen intereses, según la posición social en la que se encuentre el sujeto. Un sujeto que no es únicamente nacional, porque como barruntaba en los sesenta el Che Guevara, la contradicción fundamental de nuestra época es entre países explotadores y países explotados.
Su consideración de que “la soberanía de Cuba […] existe no para consolidar la capellanía de ninguna ideología sino para dejar al pueblo decidir”, asume una premisa falsa y soberbia. ¿Por qué cree que el pueblo no ha decidido y que solo son válidos los mecanismos de la democracia burguesa? La contraposición de los conceptos de socialismo democrático y socialismo revolucionario es confusa; alude en todo caso a la existencia de un “socialismo”, el suyo, que respeta las rígidas normas de la democracia burguesa, imperfecta y no perfectible, y de otro, el nuestro, que establece un nuevo tipo de democracia, imperfecta pero perfectible. No existe socialismo sin democracia popular. Por cierto, los tigres asiáticos que pone de ejemplo no suelen practicar ningún tipo de democracia, ni la suya ni la nuestra, y en sus territorios se asientan bases militares estadounidenses.
Es falso suponer, como hace usted, que esa voluntad popular tiene como única referencia la declaración pública en 1961 del carácter socialista de la Revolución, refrendada con la vida de los milicianos caídos en las arenas de Playa Girón. Propongo un sucinto recuento: en 1976 se aprobó en referendo nacional la Constitución socialista; al desarticularse el justo sistema económico de ayuda mutua como consecuencia de la desaparición del llamado campo socialista en los inicios de los 90, e iniciarse así un período de enormes dificultades materiales, la Revolución extendió las sesiones de la Asamblea Nacional a los colectivos obreros. En 45 días se efectuaron más de 80 mil parlamentos obreros en todo el país, con una participación superior a los 3 millones de trabajadores y más de 258 mil cooperativistas y campesinos. Reuniones similares se efectuaron en los centros de segunda enseñanza y en los universitarios, involucrando a más de 300 mil jóvenes. Esas reuniones aportaron ideas que contribuyeron a organizar la resistencia. En el año 2000, millones de ciudadanos respaldaron con su rúbrica el Juramento de Baraguá –una declaración de resistencia anticapitalista– y en el 2002, el pueblo apoyó de forma masiva la irreversibilidad del socialismo en Cuba. Ya sé lo que dice la prensa trasnacional: que las masas, las nuestras desde luego, votan por compulsión. Pero no es posible que el Estado cubano, donde no existen desaparecidos ni asesinatos extrajudiciales, pueda obligar a una población con niveles medio-superiores de instrucción, a votar a favor de un proyecto de nación que considera contrario a sus intereses.
A fines del 2010 e inicios del 2011, se desarrolló un intenso proceso de consultas –en centros de trabajo, barrios, organizaciones políticas y de masas– en torno a una primera propuesta de Lineamientos de la Política Económica y Social. Las sugerencias de la población y de los delegados al Congreso modificaron el documento en un 68 por ciento con respecto a su contenido inicial e incorporaron 36 nuevos lineamientos. Por último, en esta incompleta lista de eventos democráticos, hay que situar el debate y la recolección de criterios –con la participación de más de un millón 600 mil ciudadanos cubanos– sobre las propuestas de Conceptualización del Modelo Social y Económico y de un Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta el 2030, elaborados ambos con la asesoría de académicos de más de 50 centros de investigación. ¿Cree que es posible desconocer la existencia de esos documentos consensuados, simplemente porque no recogen su idea individual de nación? ¿Los ha estudiado? No son rígidos, admiten las adecuaciones que la práctica de su implementación sin dudas impondrá, pero establecen el largo y el ancho del socialismo cubano: dentro, todo.
Al asumir como suyo un razonamiento que aparece expuesto con claridad en los documentos del VI y el VII Congresos del Partido Comunista, parece haberse perdido una parte no insignificante de la película: “Quisiera estar equivocado –afirma usted– pero en mi diagnóstico el camino más directo al capitalismo dependiente va por la incapacidad de construir una economía sustentable para las conquistas de la revolución.” En su discurso del pasado 26 de julio, el Segundo Secretario del Comité Central, José Ramón Machado Ventura, lo ha reiterado: “La economía constituye la tarea esencial, porque es la base que permite sostener todas las conquistas de la Revolución.”
A menudo usted retoma mis palabras, aparenta situarse en ángulos visuales cercanos a los míos, e incluso, cuando polemiza, construye afirmaciones e introduce conceptos –pretendidamente opuestos a los que defiendo–, que pueden hallarse con otro sentido en la Conceptualización de nuestro Modelo Social y Económico. Por ejemplo, insiste en la necesidad de implementar una economía de “mercado regulado”. La Conceptualización, que reconoce varias formas de propiedad y gestión –la socialista de todo el pueblo (la principal), la cooperativa, la mixta, la privada, la de entidades de la sociedad civil sin interés de lucro– expresa algo similar, pero diferente: “El sistema de dirección planificada del desarrollo económico y social tiene en cuenta la vigencia de las relaciones de mercado y regula el accionar de ellas en función del desarrollo socialista (…) El mercado regulado ha de tributar a la satisfacción de las necesidades económicas y sociales de acuerdo con lo planificado, sobre la base de que sus leyes no ejercen el papel rector de la vida económica y social, y se limitan los espacios de su actuación.” La capacidad reguladora del mercado que creó la Revolución solo podría ser efectiva en esas condiciones. La ineficiencia y la corrupción son enemigas del socialismo. No por afán teoricista hablaba yo de la necesaria diferenciación entre discurso y direccionalidad discursiva, entre significado y sentido.
La socialdemocracia es un fenómeno político esencialmente europeo –no haré este breve recuento para decirle lo que usted sabe, pienso sobre todo en los posibles lectores de la polémica–; surge como partido obrero de ideología marxista y a partir de la Primera Guerra Mundial se fracciona en dos tendencias: una revolucionaria, que derivará en comunista, y otra reformista, que conservará el nombre original. Las reformas que propugna la socialdemocracia en su período de esplendor –años 50, 60 y 70– serán implementadas por ella y a veces también por gobiernos conservadores, porque eran las que entonces necesitaba el capitalismo. En esos años se oficializa su ruptura con el marxismo como ideología de base. El declive de la socialdemocracia se inicia a fines de los 70, cuando el capitalismo adopta otras corrientes de pensamiento más afines a las necesidades de ese período y los socialdemócratas, por instinto de conservación, desechan sus antiguas demandas. El PSOE, por ejemplo, llega tarde al poder en España, en 1982, y debe reajustar su programa hasta convertirlo en neoliberal. Los socialdemócratas de las últimas décadas, los Felipe González, los Tony Blair, los Hollande, son tan neoliberales como los que oficialmente representaban esa tendencia. Hoy casi no existen gobiernos socialdemócratas en el mundo, han perdido el prestigio y el apoyo de sus bases. En América Latina hay un ejemplo digno de socialdemócrata: el del chileno Salvador Allende, pero su período presidencial coincidió con la época de esplendor de esa tendencia y él aún se asumía como marxista. Por digno, precisamente, fue depuesto de manera cruenta por el imperialismo estadounidense. Pero sin dudas, de todos los lenguajes que favorecen la adopción del sistema capitalista, el socialdemócrata es el que más se parece al nuestro, el que puede confundir a los menos instruidos. Si entramos por la puerta de la cocina al capitalismo (no hace falta decir que dependiente), ¿cree de verdad que una socialdemocracia prístina regirá los destinos de una isla sin recursos naturales a 90 millas de los Estados Unidos? Las ideas de la socialdemocracia son verdaderamente anacrónicas para el capitalismo de hoy, y cuando son reivindicadas por partidos no tradicionales, asustan al poder burgués.
Por cierto, me parecen útiles los frentes amplios de la izquierda –respondo por esta vía a un teórico orgánico de la derecha–, pero advierto que si llegan al gobierno solo tendrán dos opciones: o se radicalizan o mueren. La pluralidad patriótica que existe y enriquece al Partido, la de los revolucionarios cubanos, militen o no en él, no se traduce en una pluralidad ideológica. El Partido existe como fuerza aglutinadora de inteligencias y voluntades para la construcción del socialismo; la diversidad de sus fuentes garantiza que ese socialismo nazca de tradiciones y necesidades nacionales. No existen partidos en el capitalismo –me refiero a los que se turnan en el gobierno, a republicanos y demócratas en los Estados Unidos, a panistas, priistas o perredistas en México, a los del Partido Popular y el PSOE en España, etc.– que sean antisistema: la pluralidad en el capitalismo no incluye a los que pretenden derribarlo (de verdad).
Finalmente, una aclaración necesaria: no acepto agrupamientos artificiales, pero no me deslindo de mis compañeros de ideas, de los que comparten preocupaciones y exponen sus criterios sin calcular consecuencias personales. Prefiero militar en el bando de los necios y defender no las ideas de moda, sino las que circulan por mis venas.

LUNES, 24 DE JULIO DE 2017


Arturo López-Levy: Enrique Ubieta, voy a aprovechar que Ud. me menciona para atender lo que Ud. llama posiciones ideológicas que le quedan “claras” y desgranar lo que son acusaciones suyas de las que acepto. Lo hago porque la táctica que han usado contra Carlos Alzugaray es construir una equivalencia entre mi posición socialdemócrata y el anexionismo para después mancharlo a el por carambola de lo mismo o de una ingenuidad. No me he comunicado con Carlos por privado ni una sola vez, porque lo que no han entendido ustedes es su integridad, y que los ingenuos son los que han subestimado su capacidad de análisis y carácter. Trate de responder su artículo con un comentario en Cubadebate pero el sectarismo ha convertido esa plataforma en un feudo de facción, no en espacio martiano de conversación en Cuba como casa de todos los hijos que la quieren. Para eso es necesario distinguir entre la oposición leal y la apostasía, pero eso exige un pensamiento sofisticado del que el maniqueísmo que Ud. ha adoptado, no creo que piense asi desde su capacidad, se lo impide. 
Mi artículo en Cuba Posible no quitó máscara alguna, mi preferencia por el socialismo democrático es harto conocida. Desde hace mucho tiempo Iroel Sánchez venía denunciándola, y cuando pregunté en la embajada cubana en Washington en una visita del grupo Cuban Americans for Engagement – CAFE, se nos dijo que esa era posición personal del señor Sánchez, y que no había orientación de cortar el diálogo con nosotros. De sus acusaciones de anexionismo, autonomismo, plattismo, y la del señor Gómez de anticomunismo, uds. no han demostrado nada con la campañita anticentrista. Ni siquiera estableces un criterio para definir de lo que me acusas. Empezaron por hablar de plumas vendidas, y no han logrado demostrar que hubiese recibido un centavo de nada vinculado a la política de bloqueo/embargo ni de fondo alguno vinculado a la ley Helms. Ni lo vas a demostrar porque es mentira. Ahora dices que ser pluma vendida o no, es irrelevante y que soy su enemigo por querer “retornar” a Cuba al capitalismo dependiente del imperialismo. ¿Cómo y cuando has demostrado eso si siempre he puesto la soberanía cubana como mi criterio de definición. Por fin ¿Cuál es el criterio legal o político para acusar a alguien de trabajar a favor de una potencia extranjera si no recibe ni orientaciones ni dinero? Explícalo. 
Evitas atender los puntos donde la polémica descansa. Sigues sin poder demostrar conexión histórica o política entre el anexionismo y el autonomismo, que son corrientes hoy muy marginales o el plattismo con una postura nacionalista y socialdemócrata. No atiendes siquiera la pregunta sobre los términos de la polémica, si historia o política. Nunca dije que había que renunciar a la historia de la revolución, ni a Martí ni a Fidel, escribí que el centro de la discusión debía definirse a partir de mirar los problemas concretos del país, y buscarle solución sin anteojeras ideológicas, no de interpretar que hubiesen hecho Fidel o Martí según lo que era su experiencia en otros tiempos. Lo sigo pensando. En Cuba, además de su obsesión con el “centrismo” hay muchos problemas que Uds. que denuncian tanto no tienen espacio ni tiempo para denunciar. Mientras se pudren los mangos por mala gestión y el pueblo no se puede comer una modesta mermelada, los abusos al consumidor son mayores que en una economía de mercado. No son los socialdemócratas abogando por un mercado regulado, los que dejaron podrir los mangos, son Uds. con las concepciones caducas de estatismo y acopio los que no han tenido la flexibilidad de adoptar soluciones a un problema como ese que no es tan complicado. 
Con la etiqueta de centristas andan atacando posiciones de izquierda moderada de cubanos que han sacado el tiempo de su trabajo, y su propio dinero, para abogar por una nueva política de EE.UU hacia Cuba, y que han pedido a veces más que muchos de los intelectuales que de Cuba vienen a acá, el respeto por la soberanía de Cuba tal y como la entiende el derecho internacional y con todas las prerrogativas al país y al estado nacional asociadas a ese estatus. Esa es la definición de patriotismo que desglosé en el artículo. Puede estar mal pero si tienes una mejor proponla y la debatimos en su mérito. Lo que es una treta es que evites el punto donde la polémica descansa (la definición de patriotismo) con un criterio implícito que equipara comunismo con esa identidad. Ni en tu libro Ensayos de identidad partes de esa premisa. Nunca me he negado a cooperar en la lucha contra el bloqueo/embargo con quien sea, sea o no comunista. Siempre desde la claridad de lo que es cada cual, y que la mayor legitimidad se alcanza no en virtud de preferencias ideológicas sino de la acción concreta. Vuelvan tu, Elier Ramírez Cañedo y Gómez a leer la carta contra el pacto de Miami y vean a Fidel Castro decir que la unidad se hace en la acción concreta no en etiquetas ni definiciones abstractas. En ninguna parte del mundo se entiende por patriotismo ser comunista o aceptar el unipartidismo comunista a perpetuidad. Eso es una pillería de ustedes para poner la coyunda política de una lealtad a sus propuestas sin persuadir ni reconocer la diversidad que es lo natural, un concepto que por tus ensayos sé que sabes es central a Martí y la política que postula. En mi artículo para Cuba Posible lo traté e insisto en tratarlo como el intelectual que es, no el agitador propagandista que en Cubadebate insiste en ser. 
He ido a Temas cuando me ha invitado Rafael Hernández y lo seguiré haciendo si se me vuelve a invitar pero ni Ud. ni nadie va a dictar su propio concepto de patriotismo asociándolo a tus preferencias ideológicas ni va a dictar cuándo ni dónde puedo hablar sobre Cuba. ¿Cuáles son los espacios apropiados? ¿Acaso aquellos donde su capilla aplica el concepto sectario de patriotismo como equivalente a comunismo impidiendo la ponencia de posiciones que uds no aprueban? Elier Ramírez y yo, por mi invitación, compartimos dos paneles en las conferencias de LASA, abiertos a personas de la más diversa posición política. ¿Por qué no tener este mismo debate que estamos teniendo en Dialogar Dialogar? Coordinemos y me pago mi pasaje a la Habana con gusto. Mil criticas se le pueden hacer y le he hecho a Cuba Posible pero sectaria no ha sido. 

El más bajo nivel de complejidad de una polémica es sobre hechos. Compórtese con la altura ética del José Martí que tanto evocamos los dos. La frase “la moderación probada del espíritu de Cuba” como criterio de orden no es una manipulación mía- como me acusa. La cite del Manifiesto de Montecristi. ¿Sabe quien me llamó la atención sobre ella? Un gran patriota cubano que no era comunista, el padre Carlos Manuel de Céspedes que la usaba a menudo. Discutámosla entre cubanos. Como citó el embajador Carlos Alzugaray en frase que incomodó al señor Arnold August, la opinión del Apostol sobre la conveniencia para Cuba de procurar una buena relación con EE.UU es textual. Si el mismo que escribió la carta a Manuel Mercado no tenía esa preferencia por lo contencioso que es típica del político extremista que es lo opuesto de moderado. Radical es ir a la raíz y también ver los matices de los problemas. La misión ética de Marti era curar. Si levanto hombres contra hombres lo hizo como ultimo remedio de la dignidad plena de los cubanos para una independencia republicana con separación y balance de poderes.
Tanto que citan a Gramsci y parecen no entender la diferencia entre dominación y hegemonía. La segunda puede lograrse dentro de un espectro que va de la coacción al consenso. Un orden mundial donde Estados Unidos trate de persuadir a Cuba a retornar a un capitalismo que no le convenga, le ofrece a Cuba la posibilidad de no ser persuadida, y diseñar su propia respuesta. Esa respuesta no es necesariamente andar “oyendo voces” como Juana de Arco de una batalla contra EE.UU. para la siguiente. Se trataría de hacerlo cuando nos convenga en ese nuevo contexto o se trate de políticas de dominación que a diferencia de la hegemonía implican coacción y control y por tanto dejación de soberanía, algo que siempre he considerado inaceptable. Por eso he abogado por un multipartidismo acotado, sin derogar la ley 88, y con normas legales establecidas contra la intervención del dinero extranjero u otra injerencia en política nacional. Termino con una exhortación sencilla. Ud. afirmo que yo había criticado al bloqueo solo por ineficaz. A solo dos semanas antes de su acusación infundada, en onCuba publique este artículo que atiende exactamente lo que denuncia sin base. Aquí le pongo el artículo en la esperanza martiana de que tenga el civismo de reconocer que juzgo mal. Se trata sencillamente de establecer un hecho? He criticado al bloqueo por ilegal e inmoral ¿o no? Lea el artículo y diga:http://oncubamagazine.com/.../los-derechos-humanos-como.../

Enrique Ubieta Gómez: Arturo López-Levy, le pido que no hable en plural. Cada autor implicado en esta polémica, al menos aquellos que defienden posiciones cercanas a las mías, tiene sus propias ideas y las expone libremente. No he usado ninguna táctica contra Carlos Alzugaray, sencillamente porque no he escrito una sola palabra sobre él. De nada lo acuso a usted, ese término no está en mi vocabulario. Simplemente constato. En todo caso, no podría acusarlo de tener “malas intenciones” –como innumerables foristas han hecho con respecto a mi persona–; mi preocupación radica en las consecuencias de su prédica. No soy diplomático ni empresario. En toda sociedad, esas dos son funciones que no suelen mezclarse con temas ideológicos –aunque representen determinadas posiciones–, es suficiente con que la contraparte sea honesta. Encuentro bien que usted sea recibido en la embajada, y también en Cuba. Pero si participa en una plataforma que se propone construir tendencias ideológicas contrarias al rumbo libremente adoptado por los ciudadanos del país, ese si es un tema que nos concierne a todos. El restablecimiento de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba es bienvenido, pero no bajo el supuesto de que Cuba deba cambiar su sistema social. Eso no está ni en el espíritu ni en la letra de las numerosas intervenciones de nuestro Presidente.
Pero insisto en esto: no he acusado a nadie en particular de estar vendido a nada ni a nadie. Si alguien lo estuviera –descubrirlo no es mi trabajo–, quedaría de inmediato descalificado. Desconozco si usted lo está. Dije y repito que discuto ideas, y ciertamente, todo aquel que intente hacer que Cuba regrese al capitalismo es mi enemigo. Los apellidos que le pone, “dependiente del imperialismo”, no se asocian necesariamente a una malvada intención suya. Es decir, no se trata de que usted trabaje para una potencia extranjera, al menos conscientemente, el problema es más complejo: el capitalismo en Cuba no podría existir de otra manera.
Abandonemos por un instante la descripción histórica de las características del autonomismo y del anexionismo. Las visiones reformista y revolucionaria, tal como las veo, nada tienen que ver con el uso o no de la violencia; no es un problema de estrategia de lucha, sino de radicalidad en la comprensión y en la solución del estado a superar. Comprendamos que son corrientes reformistas de pensamiento que se articulan desde el nacionalismo burgués. Es a partir de esta definición y de sus consecuencias prácticas que aparece la conexión histórica. El nacionalismo burgués (esencialmente reformista), más allá de sus intenciones, solo puede proyectar un país dependiente.
Todos miramos el mundo desde determinada ideología. No existe posibilidad alguna de que desideologicemos nuestras miradas. Toda desideologización es una reideologización. Pero la ideología revolucionaria adquiere su sentido en la solución de los problemas de las mayorías subordinadas, de los más humildes. Con los pobres de la Tierra, quiero yo mi suerte echar, es una declaración martiana de principios. Ya lo he escrito con anterioridad: no se es revolucionario porque se sea marxista, sino porque se sirve a los pobres, a los humildes, a los frágiles. Esa es la ideología revolucionaria. El marxismo en todo caso es un instrumento para ese servicio, y si en algún momento la teoría falla, si las ideas se revelan incompletas o el mundo se mueve de lugar, la prioridad sigue siendo salvar, defender a los más necesitados, a los humildes, a los frágiles, a las personas concretas. Discutir sobre temas ideológicos, desde estos presupuestos, no es darle la espalda a los problemas cotidianos. Algunos quieren impedir el debate ideológico con la excusa de que debemos hablar solo de los problemas cotidianos, para introducir subrepticiamente otras ideologías que no buscan la justicia social.
Pero, ¿qué significa poner a un lado la historia y la ideología para buscarle solución a los problemas concretos del país? No existe comprensión de fenómeno alguno sin el conocimiento de su historia. No podemos saber lo que harían Fidel y Martí ante cada nuevo problema, pero saber lo que hicieron ante problemas análogos es un privilegio histórico que tenemos los cubanos. No se trata de otorgar a una ideología la representación de una identidad nacional. Usted puede querer entrañablemente a su país como espacio físico, porque en él transcurrió su infancia, su primera juventud, tuvo amores, esperanzas, sueños, vivió momentos que marcaron su existencia; puede llevar con orgullo las señas físicas de esa identidad: una manera de hablar español, de mover las manos, de caminar; puede exhibir gustos musicales o culinarios afines a los de esa comunidad y disfrutar del béisbol o jugar cada tarde dominó. Todo ello, aún cuando sean estereotipos, delinea su cubanidad. Los puertorriqueños lo saben: aman su bandera, su equipo de béisbol o de basquet, su caribeña manera de ser y sentir, su lengua, su música. Pero carecen de un Estado que los represente.
El problema es que el patriotismo implica algo más: la construcción de un proyecto de Nación. Martí estaba en Guatemala cuando el Gobierno colonial español –después de la firma del Pacto del Zanjón– ofreció la amnistía política a todos los emigrados y en carta a un amigo rechazó la idea de que su Patria estuviese en Cuba, es decir, en aquella Cuba sometida: su Patria iba con él, estaba en él, no era “la tierra que pisan nuestras plantas”, era un proyecto de Nación. Ese proyecto, en época de Martí ya aspiraba a diferenciarse del que existía en los Estados Unidos y en los restantes países latinoamericanos, la frase “con todos para el bien de todos”, nunca significó “con los injustos y con los justos”, porque sería un contrasentido. Los que pretenden en pleno siglo XXI que el proyecto nacional se sustente en el abrazo de los explotadores y de los explotados, falsifican el legado martiano. No habrá Patria –justa, equitativa, soberana, democrática– capitalista; la única posibilidad que tiene una pequeña nación como la nuestra de sostener su soberanía, de defender la justicia social e individual de sus ciudadanos, estriba en la defensa del socialismo.
Martí, como Fidel, fue político e ideólogo (que son condiciones que rara vez coinciden en una misma persona). Fue sobre todo un fundador. Combatió el autonomismo –y el positivismo cientificista típico de los autonomistas– y el anexionismo, pero trató de conquistar para la Revolución, como Fidel, a personas concretas. Cada vez que atisbaba esa posibilidad, tendía su mano. Así pudo rescatar para el independentismo a Enrique José Varona. No pudo sin embargo hacer lo mismo con el anexionista José Ignacio Rodríguez. Las palabras de Martí fueron en muchas ocasiones moderadas, conciliadoras; no lo fueron sus ideas ni sus actos. Martí fue el pensador más radical de la segunda mitad del siglo XIX en las Américas. Preparó sí, contra su naturaleza poética, la guerra necesaria, no porque la prefiriese (eso no determina la condición del revolucionario) sino porque era imprescindible; fue en eso, como en todo, más realista que los que se declaraban pragmáticos y realistas: el autonomismo nunca pudo realizarse. El independentismo, sí. Martí procuraba la convivencia civilizada con su vecino más poderoso, precisamente porque comprendía la naturaleza expansionista y corruptora de su sistema de vida. Una convivencia basada en el respeto –ganado en el ejercicio de sus derechos–, y no en relaciones de dependencia.
Es loable que emplee su tiempo y su dinero en la defensa de Cuba, de su soberanía, tal y como lo entiende el derecho internacional. Sé que el lugar de residencia no determina el grado de patriotismo. Y si usted se opone al bloqueo por su crueldad y no por su ineficiencia política para el cambio de sistema, opóngase también a cualquier intento de cambiar el rumbo socialista que libremente eligió su pueblo. No objeto sus sentimientos patrióticos, pero advierto que su punto de mira, al eludir la experiencia histórica del capitalismo internacional, es extemporáneo; en especial para un país que hizo su Revolución socialista, emancipadora, hace casi seis décadas. Cuando los jóvenes me preguntan por qué deberían defender el socialismo, no les hablo de las conquistas alcanzadas, las que debemos conservar, les digo sencillamente: si queremos solucionar todas aquellas deficiencias que arrastramos, habrá que conservar el socialismo. Eso quiere decir que ese socialismo es imperfecto, y también que es perfectible.
La democracia burguesa no es la Democracia. Mire a su alrededor. El socialismo democrático no es el socialdemócrata, es el revolucionario. Por eso, tratamos de perfeccionarlo y lo describimos en nuestros documentos rectores como independiente, soberano, socialista, democrático, próspero y sostenible. Espacios apropiados hay muchos y no tendría reparos en discutir con usted en cualquiera de ellos. No lo haría, desde luego, en plataformas que han sido construidas con un claro perfil editorial subversivo, como Cuba Posible. Eso fue lo que escribí a propósito del comentario de Alzugaray. Ni siquiera hablé de dinero enemigo. Me parece bien que Iroel haya compartido la mesa en un debate de ideas con él, pero la salvedad es pertinente.


domingo, 30 de julio de 2017

ENTREVISTA ARLEEN RODRÍGUEZ "El periodismo cubano es libre del mercado, la libertad más importante del mundo hoy"

Arleen Rodríguez, periodista de Cubavisión y directiva de la Unión de Periodistas de Cuba. 
Arleen Rodríguez es una de las periodistas más destacadas de la televisión pública cubana. Es la coordinadora general del emblemático programa de debate de máxima audiencia “Mesa Redonda” que transmite Cubavisión y que durante diez años tuvo una emisión especial en Telesur Internacional.
Fue subdirectora y directora de Juventud Rebelde, el periódico de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba y en 1993 ganó el premio nacional de periodismo José Martí. Integra la Presidencia Nacional de la Unión de Periodistas de Cuba, el órgano electivo de los periodistas del país.
Los críticos de la revolución le acusarían de ser la imagen oficial del Gobierno socialista cubano y por ello no hemos dudado en preguntarle sobre los temas más controvertidos del periodismo en Cuba, a los que ha respondido con independencia y honestidad. Queremos saber la situación de los profesionales y de los medios en su país, sus límites y, por qué no, comparar con nuestros países.
Mesa Redonda, el programa que usted coordina y modera, es el programa de debate estrella de la televisión cubana, ¿nos puede contar en qué consiste?
"El programa nace al calor de la campaña por la devolución del niño Elián González a su padre, en 1999"
Primero debo aclarar que no es exactamente un programa de debate, no fue concebido para promover debates sino para informar ampliamente y orientar desde la perspectiva de la mayor información posible. Y aunque es un programa que transmite la televisión, no es exactamente un programa de la televisión. Se trata de uno de los llamados "Programas de la Revolución", creados e impulsados por Fidel Castro como parte de la Batalla de Ideas. Es importante decirlo, porque no es un informativo más, es un espacio de opinión editorial, comprometido con la línea política de la Revolución cubana y de su Partido. El programa nace al calor de la campaña por la devolución del niño Elián González a su padre, en diciembre de 1999. Fidel sugiere organizar una "Mesa Redonda", con psicólogos y pedagogos que puedan explicar a la teleaudiencia "¿En qué tiempo se puede cambiar la mente de un niño?" Así se llamó el primer panel donde se dieron y comentaron las principales noticias que circulaban ya sobre el niño encontrado cerca de las costas de La Florida, tras un naufragio de balseros cubanos en el que Elián fue el único superviviente y, a partir de ese momento, convertido en trofeo de los grupos políticos de origen cubano que viven de la llamada industria de la contrarrevolución.
Del primer programa se derivaron otros, siempre con especialistas y periodistas, la mayoría expertos en la historia de las no relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Hasta el regreso de Elián a Cuba, el 28 de junio de 2000, el programa llegó a alcanzar los más altos niveles de audiencia, superando incluso la telenovela de turno.
Actualmente el programa dura sólo una hora (de siete a ocho de la tarde). Semanalmente comparecen funcionarios del Gobierno para ofrecer información de sus respectivas actividades y responder, en una segunda emisión, interrogantes de la población. El resto de los días están dedicados a análisis de acontecimientos internacionales, entrevistas a personalidades cubanas y extranjeras y debates sobre los problemas más acuciantes de la sociedad cubana actual
¿Quién decide los invitados?
Los panelistas de las mesas de información pública los deciden los organismos invitados –algunas veces los encabeza el ministro o ministra–. Los invitados que analizan temas nacionales e internacionales se deciden en nuestro consejo editorial, a propuesta del director (moderador principal) y los otros dos moderadores.
¿Y las preguntas?
Las preguntas son elaboradas o improvisadas por los moderadores de cada tema. Aunque el guión regularmente cuenta con la aprobación del director, no suelen incluirse las preguntas, que fluyen al calor del diálogo.
Entonces no es un programa plural. ¿Entrevistarían, por ejemplo, a Donald Trump o a Mariano Rajoy?
Por supuesto que lo haríamos. En nuestro programa entrevistamos al expresidente James Carter durante una visita a La Habana y en la emisión para Telesur, que se transmitía también en Cuba, entrevistamos a varios presidentes y cancilleres en ejercicio que no son simpatizantes de la política de la Revolución. Pero todas son personas con un perfil político interesante, que, al menos en nuestro programa, no lanzaron invectivas contra el modelo cubano.
"No somos plurales, sino un espacio editorial en defensa de la política de la Revolución"
Pero si hablas de la pluralidad de la que presumen muchos medios, en el sentido de darle voz a enemigos activos de la Revolución, en ese sentido, no somos plurales. Te repito que somos un espacio editorial de defensa de la política de la Revolución. Imagínate si vamos a darle nuestro espacio a los que llevan años mintiendo con la entusiasta colaboración de grandes medios internacionales.
¿Cíteme a algunas personas que quisiera llevar a la mesa redonda?
Soñamos con tener un día al Presidente Raúl Castro como invitado, una vez tuve la oportunidad de comentárselo pero no aceptó. En Cuba, a diferencia de otros países, los dirigentes principales del país, evitan la excesiva exposición mediática. Y por declaraciones de los funcionarios que comparecen en los programas de información pública, sabemos que la mayoría lo hacen porque se lo exigen sus superiores. Hay una suerte de pudor y no poco de nervios ante las cámaras en transmisiones en vivo. Nos ha pasado decenas de veces, que personas que nos exponen con extraordinaria fluidez sus puntos de vista en una cita previa, no logran hacerlo igual cuando el programa está al aire.
No obstante, te digo que sería difícil elaborar una lista de invitados que no hayan estado en la Mesa. Como norma y seguramente por la historia misma del programa, hemos tenido en nuestro estudio, desde Fidel Castro, su creador, a gran parte de la historia y el presente de Cuba.
Qué curioso, unos cargos políticos que no se desenvuelven con facilidad en los medios de comunicación. Precisamente ese suele ser el principal mérito que se valora de los políticos en nuestros países.
A ver, cuando me referí a la dificultad para interactuar con los medios, en realidad hablaba de funcionarios públicos de ministerios y gobiernos locales, que deberían estar más familiarizados con los medios, porque les corresponde informar, rendir cuentas. En el caso de los que desempeñan responsabilidades políticas, evitan la sobreexposición en los medios. Hay como una regla no escrita de que lo importante es mostrar resultados.
En Europa y Estados Unidos se asocia el periodismo cubano a control del gobierno y falta de libertad. ¿Qué piensa de ello?
En Europa y Estados Unidos hablan del periodismo cubano como hablan de la democracia cubana, desde una ignorancia ofensiva. Nuestro periodismo lucha hace muchos años por parecerse más al país que somos y vivimos insatisfechos porque, con excepciones, seguimos lejos de lograrlo, pero algunas victorias podemos anotarnos: somos libres del mercado, que es la más importante de las libertades en el mundo de hoy. Muchos de los que hablan mal del periodismo cubano sin molestarse en leerlo, oírlo, verlo, se asombrarían de cómo hemos crecido, pero concedo que todavía somos feos a un gusto modelado por los patrones del mercado e incluso a nuestro propio paladar.
¿Por qué feos? ¿A qué se refiere?
Me refiero a que nuestra tecnología no es la más avanzada en la producción de diarios y revistas, que no tenemos periódicos a color, a que las revistas se editan en papel de poca calidad, que salvo nuevos espacios que empiezan a aparecer con determinado nivel tecnológico, todavía trabajamos la televisión con diseños y dinámicas muy antiguos.
¿Puede criticar en su programa decisiones del gobierno o recoger quejas de ciudadanos?
Podemos y lo hacemos, pero eso no es lo importante, sino que la población lo haga directamente. Como somos un equipo muy pequeño -apenas 5 ó 6 personas- nos apoyamos mucho en Cubadebate, la página web que nació y creció en nuestro colectivo. Los programas sobre temas nacionales se realizan en coordinación con ese portal y juntos abren un foro, donde se reciben y responden las opiniones de la población, también se abren los teléfonos con igual objetivo. En los archivos de Cubadebate pueden encontrarse esas discusiones, donde aparecen las más fuertes críticas a gestiones gubernamentales. También en nuestros vídeos en Youtube, donde están las emisiones Sobre la Mesa, con debates que al menos una vez al mes, se arman con discusiones candentes en un panel de periodistas de otros medios invitados.
¿Entonces esos foros en internet de discusión y crítica son abiertos y se puede acceder? ¿me puede facilitar la dirección?
Claro que son abiertos. Nuestro sitio: www.cubadebate.cu es la referencia. Allí se accede también a la Mesa Redonda y sus enlaces con Facebook.
¿Se ha dado el caso de que alguna Mesa Redonda ya grabada no fuese emitida después o, dicho de otra manera, fuera censurada?
No es posible. La Mesa se transmite en vivo y en directo. Sólo se graban algunos programas por razones de disponibilidad de estudio o condiciones para la transmisión (desde provincias, por ejemplo) o entrevistas con personalidades que no pueden comparecer el día en que se va a transmitir, pero en general la Mesa sale al aire en vivo.
Usted ha viajado en numerosas ocasiones fuera de Cuba y ha podido comprobar el periodismo que se hace fuera de la isla, ¿qué opinión le merece?
En cada viaje al extranjero que he hecho a lo largo de mi vida profesional (más de 30 años), lo primero que busco es la prensa del país, excepto en las naciones cuyo idioma no comprendo (solo puedo leer en portugués y en inglés, además del español). Recuerdo que en mi primer viaje a España –Cumbre Iberoamericana de 1992–, leí tantas cosas bien escritas en El País y El Mundo, que cargué periódicos en mi valija para guardarlos como si fueran libros. Con Página 12 en Argentina y con La Jornada en México me pasó lo mismo años después. A estos dos últimos todavía los sigo como imprescindibles. Los dos españoles me han defraudado mucho. De los informativos de televisión, DW [Deutsche Welle] en español y BBC en inglés me engancharon alguna que otra vez, pero, a decir verdad, lo único que realmente me ha deslumbrado y enorgullecido, se hace en Latinoamérica: nuestra Telesur, de cuyo staff aun me siento parte y el canal Encuentro, fundado por Tristán Bauer en la Argentina de los Kirchner.
Lo demás que busco, a través de internet, es prensa alternativa seria, una práctica que se nos hizo hábito cuando descubrimos rebelion.org. Nuestro Cubadebate nació inspirado en aquel sitio del que fuiste fundador.
"Huyo de la mentira. No soporto la postmoderna equivalencia de todas las verdades"
Los años han pasado y el tiempo es cada vez más escaso, así que me he vuelto muy selectiva por obligación. Hoy voy directo a los sitios donde puedo encontrar lo que me informa y me interesa. Ya no me resulta difícil encontrar lo bueno y lo bueno me gusta leerlo completo, así que no pierdo tiempo con toda la basura que sé que se publica en muchas partes. Especialmente le huyo a la mentira. Me enerva demasiado. Algunos colegas me dicen: hay que leerlo todo para contrapesar. Que lo hagan los nuevos. Yo paso. No soporto la postmoderna equivalencia de todas las verdades.
¿Cuál cree que serían las principales demandas o preocupaciones de los periodistas cubanos?
Las principales demandas de los periodistas cubanos hoy, están relacionadas con las necesidades materiales para ejercer el oficio desde los medios públicos (esos que desde el exterior peyorativamente llaman oficialistas). Los durísimos años de Periodo Especial [así se denominó en Cuba al período de crisis económica que comenzó tras colapso de la Unión Soviética en 1991 y del que comenzó a recuperarse a partir de 1995] han impactado mucho al sector, porque siempre hay otras prioridades para la escasa billetera de una nación bloqueada. Los periodistas piden mejores pagos por sus trabajos, actualización tecnológica completa (wifi doméstico, banda ancha, máquinas más modernas, facilidades para el desplazamiento), pero no han dejado de ejercer con dignidad el oficio, aunque afuera de sus redacciones los esté asediando ferozmente una creciente red de medios privados que pagan varias veces el salario del medio público.
Como el rigor a que obliga el bloqueo permanece, hoy muchos medios están planteándose modelos de gestión que les permitan autofinanciarse, pero para ello es obligado cambiar normativas y reglamentaciones vencidas por el tiempo, que permanecen ahí, como el dinosaurio de Monterroso, obstaculizando cualquier avance.
Otras demandas están dirigidas a los funcionarios públicos y su deber de dar información, algo que durante años ha desconocido la mayoría en nombre de la real persecución de que es objeto cualquier dato importante sobre Cuba. La Unión de Periodistas está dando una fuerte pelea a favor de esa y las otras demandas.
Si se revisa la prensa local –los periódicos y emisoras de provincias– se puede advertir que la excepción empieza a transformarse en regla: hay provincias cuya prensa provoca envidia en medios nacionales, por la osadía y la profesionalidad de sus publicaciones. Lógicamente son los mismos lugares donde es apreciable el índice de aprobación de las autoridades por su población.
En Cuba están apareciendo nuevos medios privados. Desde periodistas con su propio blog a nuevos proyectos web con capital extranjero, ¿qué piensa al respecto?
Lo de los medios privados es algo que se ha ido colando, al margen incluso de lo que expresa la Constitución, pero existen, están ahí, financiados no se sabe bien ni por quién, pero van apareciendo en el escenario mediático con una evidente disponibilidad de fondos que se utiliza para pagar bondadosamente cierto tipo de periodismo que hasta ahora estuvo ausente de la sociedad cubana: exaltando el consumismo, la banalidad, el éxito personal por encima de la solidaridad y promoviendo marcas, estilos de vida y perspectivas de análisis más cercanas a la sociedad de mercado que al socialismo. Lo hemos debatido intensamente en la UPEC y esperamos que una Ley de Comunicación o de Prensa termine por resolverlo. No estoy hablando de los blogs personales, que le aportan, desde mi punto de vista, una dinámica nueva y desafiante al periodismo tradicional. Lo que nos faltan son regulaciones actualizadas. Lo que debemos es impedir que nos pasen gato por liebre y que, en nombre de una falsa libertad, terminemos maniatados por el mercado como tantos colegas nuestros en el mundo.
¿Dice que es más rentable en Cuba trabajar para un medio privado que para uno público?
Pues sí, los privados disponen de abundantes fondos de los que hacen ostentación, pagan en divisas a sus colaboradores, un dinero que es varias veces el salario que hoy pagan los medios públicos. Seguramente es más rentable trabajar para los privados, no solo en la prensa. La pregunta es: ¿hasta cuándo? Estoy convencida de que a medida que se sufra en la práctica aquello de que "el que paga manda", mucha gente rectificará hacia la real libertad de crear en función de ideales.
¿Hay periodistas encarcelados en Cuba? Reporteros sin Fronteras dice que se persigue la libertad de expresión
No conozco a ningún periodista encarcelado en Cuba y creo seriamente que pocos países pueden presumir de mayor libertad de expresión, no sólo en los medios -que la hay con los límites de la responsabilidad individual y colectiva y los alcances de la voluntad y el talento de periodistas y directivos- también en el conjunto de la sociedad, estructurada en organizaciones que, empezando por la niñez, garantizan un nivel de participación social que nadie puede negar. ¿Cómo se puede explicar la supervivencia de la Revolución al cruel cerco de su poderoso vecino sin libertad para expresarse? Reporteros sin fronteras tiene muchas tareas pendientes en nuestra región, la de más asesinatos y desapariciones de periodistas, pero ninguno de ellos es cubano.
Algunos lectores, críticos con la revolución cubana, podrían pensar que habla así porque disfruta de algunos privilegios inaccesibles a la mayoría de los cubanos, y de esa forma los gobernantes se ganan su fidelidad. ¿Qué me responde?
Que alguien enumerara mis supuestos privilegios. Vivo en un apartamento pequeño de un edificio multifamiliar, construido por microbrigadas, tengo un automóvil, que me gané trabajando y que ya está bastante viejo y dañado por el uso, el abuso y lo costosas que son las reparaciones. Trabajo intensamente, no sólo en la Mesa Redonda: escribo y hago la conducción de un programa de radio semanal de entrevistas a personalidades nacionales y extranjeras y colaboro en guiones de documental y publicaciones que tienen una línea editorial afín a mi pensamiento. No conozco a nadie que envidie mi situación, pero no me quejo. Escogí mi profesión y la disfruto mucho. Tampoco me quejo de las dificultades que como cubana me ha tocado sufrir. Es el precio que nos ha tocado pagar por insistir en la defensa de una sociedad más justa.
¿Cómo cree que se informa de Cuba en la prensa extranjera?
Creo que los medios extranjeros, al menos por lo que publica la llamada gran prensa, es en general maliciosamente selectiva y responde a un prejuicio anticomunista al hablar de Cuba. Tergiversan, mienten y silencian. Pero también nuestro país peca de parco, omiso y lento para difundir sus verdades. En la era de internet podríamos hacer mucho más, aunque el bloqueo mediático al país, y no sólo desde Estados Unidos, es casi peor que el financiero.
¿Qué considera que tiene como periodista en Cuba que no tendría en otro país?
Lo que como periodista tengo en Cuba que no tendría en otro país es la posibilidad de vivir sin miedo a que me encarcelen o me asesinen por decir lo que pienso. Y la suerte de poder practicar el periodismo desde una militancia de compromiso con los pobres de la tierra, sean de nuestro país o de otro cualquiera. No hay nada más gratificante que escribir, hablar, difundir, los sueños, las peleas, las victorias, de las mayorías.

Frank País, los mártires no saben de edades


Por: Marta Denis Valle
Fidel junto a Frank País, durante la primera reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, en la Finca de Epifanio Díaz campesino colaborador del Ejército Rebelde, 17 de febrero de 1957. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas
Fidel junto a Frank País, durante la primera reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, en la Finca de Epifanio Díaz campesino colaborador del Ejército Rebelde, 17 de febrero de 1957. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas
El homenaje a los 20 mil cubanos que murieron en la lucha antibatistiana se resume en el joven Frank País, asesinado en 1957 junto a Raúl Pujol, una fecha declarada Día de los Mártires de la Revolución.
Frank País García (1934-1957) es uno de los héroes y mártires más queridos de la lucha revolucionaria cubana, muerto en las calles santiagueras, con solo 22 años.
Hace ahora 60 años Frank se encontraba refugiado en la casa de Raúl Pujol Arencibia (1918-1957), de la Resistencia Cívica santiaguera, cuando supo que los guardias registraban las casas a unas cuadras de allí.
Ambos intentaron escapar del cerco y salieron caminando por la calle San Germán arriba, pero les dieron el alto y al registrarlos, le hallaron una pistola a Frank, quien fue identificado por un policía que lo conocía.
Resultaron golpeados y ametrallados; el asesino José María Salas Cañizares lo remató en el suelo.
La noticia de su asesinato por las fuerzas represivas se conoció en toda Cuba, a pesar de la censura oficial, y una huelga general, espontánea, se extendió por Oriente y otras provincias en abierto desafío al dictador Fulgencio Batista.
Las mujeres fueron con su madre Doña Rosario a reclamar el cadáver.
Nadie pudo impedir que lo vistieran con el uniforme verde olivo del Ejército Rebelde, y que llevara sobre el pecho la boina y el brazalete del Movimiento 26 de Julio, ni tampoco el desbordamiento popular que el 31 de julio llenó más de 20 cuadras en las calles de Santiago de Cuba.
“No puedo expresar la amargura, el dolor infinito que nos embarga”, expresó el líder rebelde Fidel Castro desde la Sierra Maestra:
¡Qué bárbaros!, lo cazaron en la calle cobardemente valiéndose de las ventajas de que disfrutan para perseguir a un luchador clandestino. ¡Qué monstruos! No saben la inteligencia, el carácter, la integridad, que han asesinado. No sospecha siquiera el pueblo de Cuba quién era Frank País; lo que había en él de grande y prometedor.

¿Quién fue el inolvidable Frank País?

Se cumplen 60 años del asesinato de Frank País.
Se cumplen 60 años del asesinato de Frank País.
Jefe de Acción y Sabotaje y miembro de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio fue Frank País (David y otros seudónimos clandestinos) un poeta, músico y pintor aficionado que aglutinó lo mejor de su generación, y sobre todo, maestro y revolucionario.
De este niño y joven precoz, sus menos de 23 años fueron suficientes para descollar como líder estudiantil, primero, y llegar a ser el alma de la lucha clandestina contra la dictadura de Fulgencio Batista.
Pocas personas resultaban insensibles frente a este magnífico joven, huérfano a la edad de cinco años, hijo del pastor Francisco País Pesqueira y de Rosario García Calviño, la cual ejecutaba -en órgano o piano- piezas de música litúrgica, en la Primera Iglesia Bautista de la ciudad.
Frank creó una amplia estructura para la acción a la cual incorporó numerosos jóvenes estudiantes y obreros, y buscó el apoyo de personas de todas las edades y sectores sociales.
Organizó en 1956 el levantamiento del 30 de noviembre en Santiago de Cuba, en apoyo al desembarco de la expedición del yate Granma.
Luego resultó una especie de cordón umbilical que salva, refuerza y abastece al naciente Ejército Rebelde, el cual pasaba por las manos de Frank (David) en Santiago de Cuba y de Celia Sánchez (Norma) en Manzanillo.
“Y en cuanto a la Sierra Maestra, cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David y Norma”, expresa un documento de esa época del Estado Mayor del Ejército Rebelde.
La obra de David trascendió más allá de su asesinato por los cuerpos represivos.
Qué de grande e inmortal tenía este joven maestro y poeta, con rostro de adolescente -hijo de españoles- del cual Ernesto Che Guevara manifestó:
“Sus ojos mostraban enseguida al hombre poseído por una causa, con fe en la misma y además, que ese hombre era un ser superior. Hoy se llama, el inolvidable Frank País; para mí que lo vi una sola vez, es así”.

Fidel sobre Frak País

En la Finca de Epifanio Díaz, campesino colaborador del Ejército Rebelde. Fidel en el centro junto a los guerrilleros Frank País, Faustino Pérez, Raúl Castro, Armando Hart y Universo Sánchez, a raíz de la primera reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, 17 de febrero de 1957. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas
En la Finca de Epifanio Díaz, campesino colaborador del Ejército Rebelde. Fidel en el centro junto a los guerrilleros Frank País, Faustino Pérez, Raúl Castro, Armando Hart y Universo Sánchez, a raíz de la primera reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, 17 de febrero de 1957. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.
Los mártires no saben de edades; no escogen el momento de entregar la vida por la Patria, por los hombres y mujeres que llevarán sus nombres en lo alto como antorchas de la historia.
Para los caídos, los que fundaron la simiente, es este homenaje. Hoy, 30 de julio, conmemoramos el 60 aniversario del asesinato de Frank País, ese joven a quien Fidel describiera como ejemplo de dignidad y lucha, de integridad y espíritu revolucionario.
En una carta a Celia, el 31 de julio de 1957, el Comandante en Jefe escribió:
“¡Qué bárbaros! Lo cazaron en la calle cobardemente valiéndose de todas las ventajas que disfrutan para perseguir a un luchador clandestino. ¡Qué monstruos! No saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado. No sospecha siquiera el pueblo de Cuba quién era Frank País, lo que había en él de grande y prometedor”.
“(…) Frank País, el más valioso, el más útil, el más extraordinario de nuestros combatientes (…)”
“Ahora más que nunca debe implantarse la disciplina que tanto exigió Frank”.
En el discurso pronunciado en la conmemoración del aniversario de la caída de Frank País, efectuada en el Instituto de la Segunda Enseñanza, Santiago de Cuba, 30 de julio de 1959, afirmó:
 “Los hombres nacemos con una idea instintiva de lo que está bien y de lo que está mal. Ese instinto puede ser mejorado o puede ser empeorado por el ambiente, pero todos nacemos con esa sensación de lo que es la justicia, porque es que es un sentimiento instintivo del hombre y todos lo veíamos marchar en contradicción con lo que para nosotros era elemental con la idea de la justicia”.
“¡Son los hombres firmes, los que no atienden a cantos de sirenas ni entienden de intrigas ni los pueden confundir, porque saben lo que es la Revolución!  Porque saben que es toda espíritu de libertad, porque saben que es toda pureza, porque saben que es toda dignidad humana y justicia para nuestro pueblo y justicia para nuestros ciudadanos”.
“Porque esta Revolución tenemos que defenderla, porque esta patria tenemos que defenderla!, porque en ella no están solo el porvenir y la felicidad de nuestro pueblo; en ella están todas las esperanzas y todas las ilusiones de millones y millones de compatriotas”.
Durante la inauguración de la escuela “Frank País”, en Nowa Huta, Cracovia, el 9 de junio de 1972, expresó:
“La última vez que nosotros vimos al compañero Frank País fue en ocasión de una visita que nos hizo a las montañas. Después regresó a la ciudad, donde él realizaba su trabajo revolucionario. Era muy perseguido, todos los días lo buscaban, hasta que en una ocasión pudieron descubrirlo e identificarlo y le quitaron la vida. Era muy joven. El habría podido hacer mucho más, él habría podido realizar y crear muchas cosas, pero infortunadamente murió muy joven”.
En las palabras del acto central por el 35 aniversario de la Unión de Jóvenes Comunistas, efectuado en el teatro Karl Marx, 4 de abril de 1997, Fidel aclamó:
“Cómo no recordar hoy, por ejemplo, a Frank País, muerto a los 22 años, aquel joven tan prometedor, tan capaz; a su hermano, aún más joven”.
Para conocer más sobre el ideario y la acción del líder de la Revolución Cubana, visite el sitio: Fidel Soldado de las Ideas.
Siga este web sobre Fidel en Facebook: FidelCastroSoldadodelasIdeas
Y en Twitter: @Fidelensusideas.
(Con información de Prensa Latina/ Cubadebate)