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lunes, 23 de octubre de 2017

No puede ser


Víctor Casaus • 23 de octubre, 2017




…los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya que el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista (…) ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar.

Che

No puede ser que la prensa
impresa, establecida, oficial, oficialista
–según la óptica o el gusto del que la califica–
siga siendo esa magra repetición de lugares
comunes y aburridos esa diaria o semanal oferta
para el silencioso empobrecimiento de la mente la acción o el espíritu

No puede ser que la realidad
–esa señora múltiple infinita diversa–
siga siendo reducida por la fuerza
(por la fuerza de la rutina la incapacidad o el oportuno silencio)
a ese paisaje sin elevaciones desgarramientos o preguntas
(no se debiera olvidar que aquel sueño nació en unas montañas
se logró a través de los estremecimientos de la guerra
y llegó a preguntarse después si el camino del socialismo real
era real verdadero o posible partiendo de las arbitrariedades
el egoismo o la cerrazón de casi todas las puertas)

No puede ser que una misma imagen fotográfica
acompañe la misma repetida noticia
en la primera página de los escasos diarios nacionales
y aún en la prensa subsidiaria en las provincias

No puede ser que se destierre se anatematice o se sospeche
de cualquier palabra que no sea la palabra que aconsejan los manuales
que sobreviven en las mentes estrechas y que quienes la pronuncien la difundan
la compartan la ofrezcan sean apartados mecánicamente del camino
(caballeros recuerden que el camino es de todos o por lo menos de muchos y de muchas)

No puede ser que la pantalla hogareña
–ventana al mundo posibilidad de entender si fuera posible 
el oscuro paisaje planetario o las sombras del modesto territorio que habitamos–
sea esa caricatura de síntesis mediante la cual un acontecimiento de primera magnitud
pierde su riqueza en la voz de algún comentarista pedagógico con esa cadencia
que se propone convertirnos en esos asalariados dóciles al pensamiento oficial
sobre los cuales nos advirtió aquel magnífico compañero en su momento

No es posible que el mismo narrador haga cada noche el mismo gesto
entone durante décadas la misma despedida cotidiana
válida hasta el inicio del aburrimiento de la noche siguiente

No puede ser

Pero es

Y mientras sea seguiremos añorando los fulgores las audacias las victorias
y los reveses que nos hicieron hace tiempo por suerte gentes

Gentes con aspiraciones de cambiar el mundo circundante
(el mundo pequeñito familiar isleño que nos rodea pero también
el ancho planetario mundo lleno de desigualdes injusticias y crudezas

Mientras sea
trataremos de seguir siguiendo

(Tomado de Segunda Cita)

jueves, 27 de julio de 2017

Acerca de los comentarios de Vascós en Granma, sobre artículos de Ubieta y Elier


Por Humberto Pérez

El compañero Fidel Vascos envió un muy atinado y cuidadoso comentario al diario Granma relacionado con dos artículos escritos por los compañeros Elier Ramírez y Enrique Ubieta y aparecidos en sus páginas digitales e impresas, acerca de una supuesta corriente ¨centrista¨ que se manifiesta entre nosotros camuflajeada con un discurso aparentemente de izquierda que pretende ¨colarnos¨ el capitalismo por la puerta de la cocina.

El compañero Vascos, antes de entrar en lo que son sus observaciones discrepantes con Ubieta y Elier, hace la siguiente observación preliminar: ¨Existe una tendencia a considerar que todas las noticias y trabajos periodísticos que se publican en Granma son aprobados explícitamente por el Buró Político, el Secretariado o el Comité Central del Partido. Esta suposición limita en extremo las opiniones que los lectores podamos exponer con conclusiones distintas a las difundidas en esta prensa. Los revolucionarios nos autocensuramos si nuestras opiniones públicas pudieran considerarse diferentes o críticas contra las autoridades partidistas. Confío que los artículos de los mencionados autores son de su exclusiva responsabilidad y, cuando más, de la dirección del periódico¨.

Ante esta observación busque de inmediato una aclaración y precisión al respecto por parte del periódico incluso antes de darle cabida a los comentarios de Vascos. Pero no la encontré.

Los comentarios de Vascos se incorporaron de manera ordinaria e indistinta al final del último artículo de Elier, después de varios otros que ya habían sido incluidos. Solo pueden leerse en ese lugar recóndito y poco frecuentado de la página digital de Granma. No sale nada en la edición impresa del periódico, en la que si salieron los artículos de Ubieta y Elier con divulgación para todo el pueblo y todo el país. En la propia página digital salen los artículos de Elier y Ubieta en los titulares de la misma y se mantienen así durante varios días seguidos lo que lógicamente atrae a los visitantes de dicha página.

Estos mismos artículos de Ubieta y Elier han salido y se han mantenido días y días como titulares en la página de inicio del portal Cubadebate, otro sitio indudablemente oficial o semi oficial de los que más visitantes atrae. Esto lógicamente tiende a conformar un estado de opinión generalizado que no cuenta, para la formación de un criterio propio objetivo e integral por parte de los lectores, de ningún elemento discordante, opuesto y menos aun discrepante.

Los criterios discrepantes con los de Ubieta y Elier, escritos por varios compañeros también de valía intelectual y revolucionaria no han tenido cabida en ninguna página oficial o semi oficial ni digital ni escrita. Solo han encontrado refugio y publicación en el blog Segunda Cita del conocido cantautor Silvio Rodríguez y en algunas otras páginas de menor conocimiento y divulgación. El propio Silvio, que se ha manifestado también en tono crítico acerca de las posiciones de Ubieta y de Elier no ha tenido en esta oportunidad cabida para ello en estas publicaciones. Y no creo que a estas alturas nadie dude de su posición patriótica y revolucionaria.

Vascos tiene una larga hoja de servicios y de fidelidad a la Revolución en diversos frentes y es además periodista de larga data desde los inicios de la Revista Verde Olivo del MINFAR. Actualmente es Presidente de la prestigiosa Sociedad Economice de Amigos del País.

¿Sera que es válida y cierta la presunción que manifiesta Vascos en su ¨observación preliminar¨? ¿Es que las opiniones expresadas por Ubieta y Elier están aprobadas u orientadas por la máxima dirección del Partido en alguno de sus niveles superiores?

Y si fuese así ¿deben considerarse tan infalibles esas opiniones que no pueden ni siquiera ser sometidas a dudas y discrepancias entre los propios revolucionarios que opinan de manera diferente? ¿Cómo entender que se aplica en este caso la democracia interna y la orientada búsqueda de la unidad dentro de la diversidad a la que tantas veces nos ha convocado Raúl?

Creo que el dialogo-debate entre los revolucionarios debe producirse en un escenario lo suficientemente público que permita la búsqueda y el encuentro de los consensos necesarios y sobre todo que resulte en igualdad de condiciones para que puedan expresar sus criterios todos los dialogantes y debatientes sin privilegios para unos u otros y sin dar por sentada la razón a priori a determinados opinantes y defensores de las ideas socialistas y de las ideas de la izquierda revolucionaria, aunque estén expresando en el momento dado la opinión oficial. Creo que es necesario no olvidar que esta también puede estar equivocada, como ha ocurrido en más de una ocasión en la historia, lo que ha llevado a sucesivas rectificaciones algunas de las cuales aún están hoy en proceso.

Al proceso de rectificación actual de las ideas socialistas que tiene lugar en el mundo y en particular en nuestro país, al proceso de aplicación del concepto de Revolución que nos dejó Fidel como legado, todos los que nos sentimos revolucionarios y pro socialistas nos sentimos convocados, obligados a participar y con derecho a hacerlo. Y donde unos puedan ejercer este derecho también deben poder ejercerlo todos los demás en igualdad de condiciones, sin etiquetas ni descalificaciones a priori.

Quisiera creer que esta esta sigue siendo la línea rectora principal de la política de la dirección del Partido, y mi larga experiencia de trabajo, de una u otra manera cercano a ella, me hace confiar y creer que así debe ser.

miércoles, 7 de junio de 2017

DEMOCRACIA, TRANSPARENCIA E INTELECTUALIDAD REVOLUCIONARIA

Por ESTEBAN MORALES


UNEAC

No todos los intelectuales revolucionarios de este país, podemos estar prn los órganos y demás comisiones que el gobierno revolucionario crea para analizar los problemas. Pero si todos tenemos el derecho a someter al análisis crítico, cuanta medida se adopte en cualquier sector de la vida nacional.
esentes e

Luego, el resto de la intelectualidad revolucionaria, que no ocupa escaño en el Comité Central del Partido, en la Asamblea Nacional del Poder Popular, en las direcciones del gobierno, y el estado, a todos los niveles del País, pueden actuar y comportarse como una complementariedad, de esas fuerzas, pudiéndosele considerar como una extensión de los que ocupan posiciones oficiales.

La Revolución es de todos los revolucionarios, no solo del Partido, del Gobierno ni del estado; es de todo el que se sienta cubano, revolucionario y quiera hacer su modesto aporte para que el País avance.

Unos tendrán la posibilidad de escribir, haciendo pública sus opiniones o enviándolas a las instancias que consideren oportuno. Otros, desde sus organizaciones en la sociedad civil, podrán trasmitir sus valoraciones para que lleguen a las instancias que están obligadas a tomarlas en consideración.

Para ello, es necesaria la mayor democracia, a nivel de todas las organizaciones, comenzando por el Partido, hasta los dispositivos gubernamentales y todas las instituciones que forman el estado y gobierno de la nación. Junto a los indudables ajustes y cambios por que debe atravesar nuestra Constitución hacia un futuro no lejano.

Lo contrario de una política como la que hemos esbozado, equivaldría a generar el quietismo, la espera por las orientaciones de arriba, el desinterés, el des comprometimiento y el elitismo de los dispositivos de dirección.

Se trata de que todos tengamos derecho a participar en el proceso de formulación y ejecución de las políticas y en su vigilancia y fiscalización, para que estas funcionen, se cumplan y sufran los ajustes que puedan resultar necesarios. Porque en realidad, dentro de una sociedad, que pretenda ser moderna, no hay mejor política que aquella, que desde su propio proceso de formulación, ya se debe pensar en los ajustes que hacia el futuro pueda tener.

Para ello, nuestra prensa nacional, deberá desempeñar un papel fundamental, garantizando la transparencia al informar sobre la marcha del país, excluyendo solo todo aquello que comprometa la discreción y el secreto respecto a las cuestiones de la seguridad nacional. Lamentablemente, nuestra prensa se comporta aun de modo un poco elitista, brindando muy pocas oportunidades a la crítica (honesta y revolucionaria), que no sale de sus propios aparatos.

Una prensa así, no garantiza la participación ciudadana, provoca el descontento, la desatención y la ausencia de compromiso con las tareas sociales que deberán ser desplegadas.

Solo de tal modo, se logra el compromiso con las medidas de todo tipo que el país adopta para llevar adelante las políticas de restructuración y perfeccionamiento del nuevo modelo económico. Se trata del aspecto político del proceso que deseamos llevar adelante.

El trabajo por construir un nuevo Modelo Económico, tiene que encontrar su reflejo en el Modelo Político que lo sustente y lo haga avanzar.

Escuchamos mucho hablar de un nuevo Modelo Económico, pero de ahí solo se pasa a arengar a las masas para que se incorporen a las tareas. Y el asunto no es de simples arengas a la disciplina, al incremento de la productividad, a trabajar más y mejor. Pues todo ello concluye entonces en ciertos discursos políticos, que resultan vacíos, si los aspectos políticos que deben acompañar al modelo, no toman cuerpo en un sistema político que les de coherencia. Y esa coherencia solo se lograr reaccionando con un modelo político, democrático, participativo, critico, que garantice la participación organizada de los trabajadores, en cualquier sector en que estos se encuentre, que les de la libertad de participar con sus iniciativas, sin que nadie los frene en el ejercicio del derecho que les corresponde, a criticar, sugerir y sentirse parte del proceso de construcción que se lleva adelante. Único modo en que se puede garantizar que los errores sean menos, los aciertos sean más y que el compromiso por ambos sea compartido.

Si realmente confiamos en que la verdadera inteligencia, en que la fuerza real para llevar adelante cualquier proceso, está en las masas, el gobierno de tales procesos, tiene que ser colectivo.

En particular, la intelectualidad revolucionaria, está llamada a desempeñar un papel fundamental. En el esclarecimiento, la conducción de las masas, en la corrección del rumbo. Todos los grandes conductores revolucionarios, como Marx, Engels, Lenin, Fidel, Ho chi Min, Mandela y otros, fueron intelectuales. Luego negar a la intelectualidad revolucionaria, es menospreciar el pensamiento que nutre a la revolución. Porque sin teoría revolucionaria no hay practica revolucionaria. Y la verdadera teoría revolucionaria sale de las masas organizadas. En cuya conducción, la intelectualidad revolucionaria, desempeña un papel ineludible.

La Habana, Cuba, 2017

sábado, 29 de abril de 2017

Cuba: comunicación, derechos y desarrollo sostenible

El modelo comunicativo imperante en el país necesita transformarse para que esté a la altura de las demandas actuales de la sociedad cubana.

SOCIEDAD José Ramón Vidal Valdez, Doctor en Ciencias de la Información 29 Abril, 2017 


Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Ese modelo comunicativo se concreta, tanto en lo político como en lo jurídico, en el concepto del derecho a la comunicación, entendido este como el derecho a informar y ser informado, a hablar y ser escuchado, imprescindible para poder participar en las decisiones que conciernen a la colectividad.

Frecuentemente se escuchan, en escenarios diversos, quejas e insatisfacciones sobre el sistema de comunicación pública en Cuba. A veces se suscitan enconados debates sobre el tema desde imaginarios de prensa contrapuestos, pero existen también reflexiones más sosegadas, rigurosas e integrales,que se gestan, sobre todo, en el campo académico de la comunicación y la información y en el sector periodístico.

Estas reflexiones tratan de ubicar en contexto el sistema comunicativo y no solo de encontrar los orígenes históricos de sus rasgos peculiares, incluyendo sus fortalezas y sus debilidades, sino que intentan identificar, además, los retos que tiene ante sí, para el presente y futuro inmediato, y los posibles caminos para su mejoramiento.

El presente artículo pretende sintetizar algunas de las conclusiones más compartidasen el espacio académico de la información y la comunicación en Cuba –aunque, por supuesto, no unánimemente aceptadas–, acerca del sistema y el modelo comunicativo imperante en el país y las transformaciones que sería necesario realizar para que estén a la altura de las demandas actuales de la sociedad cubana.

Antecedentes

Las profundas transformaciones políticas, económicas y sociales desatadas por la Revolución Cubana impactaron también en la conformación del sistema de medios de comunicación que, en poco tiempo, pasaron a ser de medios comerciales a medios públicos.

Desde los primeros años de la pasada década del sesenta, la política editorial de los medios se subordinó por entero a la confrontación Revolución–contrarrevolución que, en el caso cubano, como se sabe, tiene un profundo matiz nacionalista, al ser ante todo la disputa entre Cuba y los Estados Unidos.

Cuba fue bloqueada económicamente (aún lo está), agredida por bandas terroristas y amenazada de intervención militar directa. Se desató una inmensa campaña diplomática y mediática con el propósito de aislarla del resto del mundo.

En ese contexto aparecen dos rasgos esenciales en el sistema comunicacional cubano: la propaganda en defensa de la Revolución, como función primera y esencial de los medios; y el secretismo, como mecanismo de defensa ante situaciones realmente excepcionales.

No obstante ello, durante la primera mitad de esa década la prensa fue escenario de debates de sumo interés público acerca del proyecto socialista y acogió no pocos trabajos periodísticos críticos.

En la segunda mitad de los sesenta se produjo la integración de los diarios Hoy y Revolución, que eran los medios vinculados al Partido Socialista Popular y al Movimiento 26 de julio, como expresión en la prensa del proceso de unidad de las fuerzas políticas de la Revolución. Surgió así Granma como órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Semanas más tarde nacería Juventud Rebelde, con el subtítulo de órgano de la juventud cubana, bajo la supervisión de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Según la apreciación del ya fallecido Julio García Luís, Premio Nacional de Periodismo,…” la reestructuración de la prensa diaria en 1965 no se revirtió de inmediato ni después, en un periodismo de mayor calidad al que ya se venía realizando”[1]. Varios factores incidieron sobre este resultado, desde la experiencia profesional de los nuevos periodistas y directivos, muchos de ellos improvisados, hasta un mayor control sobre los medios desde el sistema político.

Pero no fue hasta la década del setenta que se entronizaron en el sistema de medios mecanismos de control directo a imagen y semejanza con el modelo soviético, como parte de un proceso mucho más general de acercamiento a la URSS y al campo socialista europeo.

La autorregulación por convicción, sentido de responsabilidad y profesionalidad por parte de los periodistas y directivos de los medios no se consideró garantía suficiente para las estructuras del Partido y se intensificó la intromisión de su aparato auxiliar en la conducción cotidiana de la prensa.

Por supuesto, esto conspiró contra la profesionalidad y,fundamentalmente, contra el cumplimiento de las funciones diversas y complementarias de los medios en la sociedad. Se produjo entonces una hipertrofia de la función propagandística, con tintes apologéticos de la obra de la Revolución, en detrimento de la función informativa, de la crítica oportuna y necesaria para cualquier proyecto político y socioeconómico y del uso de los medios como plataformas de participación democrática de la ciudadanía en los asuntos públicos.

Estos rasgos se mantienen en lo esencial como características del sistema de los medios en Cuba, pese al tiempo transcurrido y las transformaciones de la realidad nacional y del entorno internacional, incluido el comunicacional, que a todas luces está pidiendo un cambio.

El proceso de esos cambios se sabe será difícil porque debe sobreponerse a una cultura verticalista, que tiende más al control que a la autonomía, a la trasmisión más que a la participación y el diálogo.

La insatisfacción con la labor de los medios

El funcionamiento del sistema de medios en Cuba deja insatisfecho tanto a gran parte de la ciudadanía, como a las propias instituciones públicas.

Desde la ciudadanía se pueden constatar esas insatisfacciones tanto en las opiniones que se expresan acerca de los medios de comunicación, como por la proliferación y credibilidad de rumores. Desde las instituciones se han realizado críticas y demandas a los medios y a los profesionales de la comunicación en múltiples espacios y momentos.

En particular, los congresos de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) han sido momentos para el análisis crítico de los medios, especialmente en sus dos últimas ediciones.

Algunos de los problemas que provocan esas insatisfacciones son:


  1. Escasa autonomía de los medios para establecer sus agendas de contenidos, lo que provoca notables desfases entre las agendas mediáticas y las agendas públicas.
  2. Imposibilidad de acceder a toda la información necesaria desde las instituciones públicas, dado el carácter restrictivo y secretista con que actúan en lo comunicacional.
  3. Los medios de comunicación no solo están afectados por el secretismo y el sistema de regulación de sus contenidos, sino que padecen graves déficit financieros y materiales.Por ejemplo, una crítica situación con sus medios de transporte afecta la labor reporteril.
  4. El personal que labora en los medios, como en muchos otros sectores del país, recibe salarios insuficientes y ello lo obliga, en no pocos casos, a dedicar tiempo y esfuerzos en encontrar otras vías de ingresos.

Todo lo anterior ha impactado en una lenta e insuficiente apropiación de las transformaciones que han ocurrido a escala global en los sistemas comunicativos caracterizados por la irrupción de redes y soportes digitales diversos, que crean la posibilidad de democratizar la producción y el acceso a la información y a la producción cultural.

Esta apropiación no se limita solo a lograr la conectividad y el acceso a la tecnología informática, lo cual tiene un notable retraso en Cuba, sino también la necesaria restructuración del sistema de gestión editorial y las culturas profesionales que se derivan de su asimilación.

A partir de estas insatisfacciones se ha intentado realizar algunos cambios regularizando las informaciones sobre el desempeño y los acuerdos de las instancias de gobierno, alentando trabajos periodísticos de corte crítico y la mayor presencia de voces de diferentes sectores sociales en la prensa. Las secciones de intercambio con los lectores se han fortalecido y constituyen una vía de participación y queja de la ciudadanía. Aparecen trabajos de opinión más diversos y plurales.Hay un incipiente desarrollo de la prensa digital. Se exige a los organismos del Estado una mejor organización de su gestión comunicativa.

Pero estos cambios no son suficientes. En realidad,desde hace décadas las máximas instancias de dirección del Partido han intentado ampliar la función crítica de la prensa y mejorar su labor informativa. Pero una y otra resolución termina por evaluarse como no cumplida porque, en realidad, en ningún caso se ha hecho una reflexión profunda y radical sobre el modelo comunicativo y las relaciones entre las instituciones del sistema político y los medios de comunicación, lo que ha implicado tratar de obtener nuevos resultados con viejos métodos y se sabe que eso no es posible.

Diversos documentos y pronunciamientos realizados en los últimos años establecen el propósito de perfeccionar los mecanismos de participación ciudadana en los asuntos públicos, pero como ha expresado en su tesis doctoral la destacada periodista Rosa Mirian Elizalde:

“No hay participación sin comunicación, por más que se declaren ambas como objetivos estratégicos. Las fallas del Sistema comunicacional pueden comprometer el ejercicio colegiado del poder político e impedir formas permanentes de control social que favorezcan la participación popular y tengan un papel activo en la lucha por la defensa de los derechos culturales de la nación”[2].


Los grandes retos actuales del sistema comunicativo cubano

La sociedad cubana está en momentos de dinamización de cambios y de crecimiento de su diversidad, lo que plantea nuevos y más complejos retos al sistema comunicacional.

Algunos de estos retos se derivan de la aparición de un sector no estatal de la economía y la ampliación del cooperativismo en diversos sectores. Esta diversidad de formas de propiedad hace emerger nuevos actores sociales que requieren tanto acceso a los medios como el control de estos sobre sus actuaciones.

También se han venido produciendo cambios institucionales, en los órganos de gobierno y en el sector empresarial, dirigidos a diferenciar adecuadamente las funciones de unos y otros, que incluyen una mayor autonomía a las empresas de propiedad social; el fortalecimiento de las regulaciones jurídicas y del derecho; y nuevas formas de planificar y dirigir la economía con procedimientos y políticas económicas y no solo con regulaciones administrativas. Estas transformaciones en el modelo de gestión económica requieren tratamientos diferenciados a las instituciones, desde lo comunicacional, y de informaciones amplias y de profundidad que contribuyan a crear conocimientos que favorezcan la comprensión y el apoyo a estos cambios.

También los medios –y la ciudadanía a través de estos–deben tener la posibilidad de observar críticamente sus impactos en la sociedad y,en particular, en la vida cotidiana de las personas, para alertar sobre posibles deformaciones en su aplicación o la necesidad de producir ajustes a tiempo para que se reviertan francamente en beneficio de la economía y la sociedad cubanas.

Otros elementos insoslayables que requieren tratamiento permanente e inteligente en los medios de comunicación son las consecuencias que genera la imposibilidad de la economía de remontar, definitivamente, las secuelas materiales de la profunda crisis de los años noventay, por supuesto, algo mucho más complicado, sus efectos subjetivos motivados por el proceso de empobrecimiento que se ha vivido y el consecuente deterioro de la credibilidad de las instituciones.

Los efectos de la crisis no están motivados solo por los duros años de aguda escases de productos de todo tipo y la disminución del salario real, sino por la ruptura brutal de la visión de futuro y los planes de vida de las personas y las familias. La sensación de que las reglas del juego cambiaron, que ahora todo está lleno de incertidumbres luego de haber vivido un periodo de seguridad y, sobre todo, de promesas que parecían alcanzables, deteriora el compromiso con el proyecto social y altera el cumplimiento de las normas sociales de civilidad y convivencia.

Estos asuntos tienen algún reflejo en la agenda mediática, pero más desde un discurso moralizante que desde el análisis de causa más profundo de estas conductas, que permita generar una reflexión colectiva que contribuya a corregir sus efectos perniciosos.

Otro componente de los cambios que se han originado en la sociedad cubana es la emergencia pública de expresiones culturales y espirituales generadas desde identidades diversas, de género, creencias religiosas, orientación sexual, color de la piel o generacionales que, como nunca antes, pugnan por su presencia y reconocimiento en el espacio comunicacional. La política cultural y la relacionada con las creencias religiosas, abiertas y garantes de los derechos culturales, han contribuido en mucho a diversificar en los medios las miradas sobre esta diversidad creciente, pero no dejan de ser un reto permanente a la sensibilidad, creatividad y profundidad del trabajo periodístico

El sistema comunicativo cubano tiene ante sí, además, los desafíos que entraña para lo comunicativo el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, que no diluye sino que transforma las disputas históricas entre ambos países y produce un tránsito del enfrentamiento frontal en los escenarios económicos y políticos hacia una confrontación,fundamentalmente en el orden simbólico y cultural. Ello sitúa la actualización y perfeccionamiento de las políticas comunicacionales como una prioridad insoslayable

Hay, además, demandas que se derivan del proceso de relevo de la generación histórica que hizo la Revolución, hacia una nueva generación de dirigentes que tiene que basarse más en la legitimidad de las instituciones y las leyes y la capacidad para generar consensos. Es decir, una nueva forma de gobernar que, inevitablemente, tiene que implicar una manera diferente de comunicarse con la ciudadanía.

Afrontar con éxito estos retos requerirá de cambios conceptuales y prácticos de profundidad en lo relacionado con todo el sistema de comunicación social y su relación con el sistema político

Referentes necesarios

Hay desarrollo teórico y propuestas provenientes de las luchas populares sobre la democratización de la comunicación que pueden ayudar a repensar las políticas y las regulaciones del sistema comunicativo en Cuba, lo que excede al sistema de medios e incluye a todos los actores involucrados en los procesos de comunicación a escala social e institucional.

Uno de los conceptos que debe constituir punto de partida en esas reflexiones es el de derecho a la comunicación.

La idea de que era necesario formular un nuevo derecho humano a la comunicación fue esbozada por primera ocasión por Jean D´Arcy[3], en el seno de la UNESCO. Este autor consideraba que el derecho a la comunicación tendría que ser, necesariamente, más amplio que los derechos de opinión, expresión e información, que fueron reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, la cual resultaba insuficiente como paraguas normativo para orientar la regulación del fenómeno de la comunicación en un contexto de acelerado desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y de una creciente concentración a nivel mundial de los medios de comunicación masiva en empresas transnacionales de la información y la industria cultural.

En 1973, los países No Alineados plantearon en el seno de la UNESCO la idea de establecer un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) como correlato en el campo cultural de las propuestas en favor de un Nuevo Orden Económico Internacional

En particular, la propuesta del NOMIC provocó fuertes confrontaciones en los escenarios internacionales entre los países que denunciaban la profunda asimetría que existía en los flujos internacionales de información y comunicación, y los países industrializados de Occidente, que argumentaban que las pretensiones de establecer políticas y legislaciones que regularan esas relaciones eran un atentado al libre flujo de información y a la libertad de expresión, lo que era violatorio de diferentes cartas y acuerdos internacionales.

Como parte de esas disputas se constituyó por la UNESCO una comisión de expertos que evaluaría el ordenamiento internacional de la información y la comunicación; esa comisión fue identificada por el nombre de su presidente Sean MacBride. Como resultado de su trabajo se presentó un informe resumen que tiene como título “Un solo mundo, voces múltiples”.

Su aporte al debate internacional sobre la comunicación fue trascendental, en tanto describía y denunciaba los desequilibrios en la producción y circulación de información y abordaba el tratamiento del derecho a la comunicación como una necesidad política, aunque aún sin forma jurídica precisa.En efecto, a manera de recomendaciones, se formularon orientaciones jurídicas para que los Estados regulen las nuevas relaciones provenientes de la actividad comunicacional y,especialmente, mediática.

En síntesis, según estas recomendaciones, eran necesarias disposiciones para consolidar el ejercicio de los derechos tradicionalmente relacionados con la comunicación (opinión, expresión e información), así como de los demás derechos humanos relacionados con estos. Pero también se proponía a los Estados intervenir para asegurar el acceso democrático a la información y a los medios de comunicación por parte de los individuos y de los colectivos sociales; evitar la concentración de la propiedad de los medios, así como el monopolio de la producción de información; y asegurar la posibilidad de libre elección de los individuos frente a la amplia gama de información ofertada.

Luego de adoptarse por mayoría las resoluciones para hacer avanzar el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación en correspondencia con las conclusiones del informe Mac Bride, los Estados Unidos y el Reino Unido comunicaron su decisión de retirarse de esta organización, argumentando que el NOMIC constituía un atentado a la libertad de información. Le atribuyeron un sesgo estatista y acusaron a las autoridades de la UNESCO de propiciar en los países del Sur la creación de estructuras comunicacionales de inspiración socialista.

En la confluencia de las pasadas décadas de los ochenta y noventa, el predominio casi absoluto de la ideología neoliberal como discurso e imaginario únicos hizo retroceder muchas de las conquistas logradas tras años y décadas de lucha. La propuesta de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación fue una de esas conquistas postergadas.

Las políticas neoliberales aceleraron los procesos de concentración de la propiedad y desataron una ola de privatizaciones que debilitó en grado sumo los servicios públicos de información y comunicación y de las telecomunicaciones. Se agudizaron aquellos rasgos del orden mundial de la información y la comunicación que la comisión MacBride había definido como inaceptables[4].

Comenzó a prevalecer otro paradigma en el análisis de los problemas internacionales vinculados a la información y la comunicación. Un ejemplo de este nuevo paradigma lo constituye la Convocatoria de la ONU a la Cumbre Mundial de la Información (Ginebra 2003-Túnez 2005), cuya organización se encargó a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y no a la UNESCO, como hubiese sido razonable, lo que llevó a omitir el debate en términos de derechos por un enfoque centrado en la forma de regular las relaciones comerciales y tecnológicas que generan el uso de las TIC en la globalización del mercado.

En contraposición a esas tendencias, los movimientos sociales y fuerzas progresistas resaltaron la relación que existe entre el derecho a comunicar y aquellos que garantizan la participación pública y el conocimiento y defensa de todos los derechos humanos.

La comunicación es concebida como un derecho de todos y todas, que implica el acceso y la participación en procesos individuales y colectivos de construcción del conocimiento; pero, también, de participación de los ciudadanos en los procesos de toma de decisión relacionados con los asuntos concernientes a sus vidas.

Se retoma la idea de establecer políticas de comunicación e información y las legislaciones correspondientes que den garantías al pleno ejercicio del derecho a la comunicación.

Los empeños por democratizar la comunicación durante décadas han dejado un sedimento de ideas, conceptos y prácticas que hoy día, tras un largo y accidentado derrotero, conforman un modelo alternativo, tanto al imaginario liberal de prensa, como al modelo imperante en las experiencias socialistas del siglo XX. Esto tiene una gran importancia para Cuba, que decidida a perfeccionar su modelo de desarrollo económico y social de orientación socialista debe actualizar su propio modelo comunicativo y las políticas y el marco jurídico que lo organice y regule.

Otro referente insoslayable está relacionado con la centralidad que tiene la comunicación en los planes de desarrollo económico y social. La jerarquía de la información y el conocimiento como factores en el desarrollo ha ido creciendo. Se evidencia en la actualidad un uso intensivo de la información y un valor creciente del conocimiento como factores diferenciadores y condicionantes del desarrollo.

No es que el capital no sea importante,pero no basta, hay que saber seleccionar, procesar y emplear eficazmente los altos volúmenes de información; generarlos conocimientos indispensables que garanticen la producción de bienes y servicios con la calidad requerida en las nuevas condiciones socio–técnicas y asimilar las nuevas áreas de desarrollo científico y tecnológico que han emergido a partir de la llamada “revolución digital” y su confluencia con diversas demandas sociales.

El factor que realmente establece la diferencia es la posibilidad de contar con una masa crítica de personas altamente calificadas en el manejo de la información, en la generación de conocimientos y en su capacidad innovadora para aplicarlos eficazmente en la actividad productiva o de servicios correspondiente.

Pero la calificación de las personas no se logra hoy solo con excelentes centros educacionales. Estos, claro, son indispensables; pero si los profesores, los estudiantes y los egresados no están conectados a los flujos mundiales de información, se descalifican rápidamente. La velocidad de generación de nuevos conocimientos es enorme y se realiza no solo en los grandes centros de investigación, sino que se construye, valida y socializa a través de las redes digitales.

Las nuevas tecnologías invaden la vida cotidiana y son utilizadas por miles de millones de personas. Desde las computadoras personales hasta el teléfono móvil, las tarjetas digitales, los comandos del televisor o de otros electrodomésticos, para poner solo algunos ejemplos de la cotidianidad, requieren conocimientos nuevos que deben ser aprehendidos masivamente.

Este factor nos indica la necesidad de contar con políticas y legislaciones en comunicación actualizadas, que contribuyan a aprovechar al máximo posible las oportunidades que surgen tanto en los procesos de desarrollo socioeconómico, como en el perfeccionamiento de los mecanismos de participación ciudadana.

Las relaciones entre la política y la comunicación exceden hoy día la antigua lógica de ver a la comunicación social, y en particular a los medios,como meros instrumentos. La comunicación es hoy un eje esencial en cualquier proyecto político, como lo es también con respecto a cualquier proyecto de desarrollo socio-económico. Por lo que las relaciones entre ambos sistemas solo pueden ser comprendidas en una lógica de mediación recíproca que obliga a garantizar la autonomía de ambos sistemas y no la subordinación del comunicativo ante el político a ultranza.

Las nuevas circunstancias tecnológicas y culturales amplían, además, los contenidos tradicionales de las políticas de comunicación que ahora deben incluir, de manera coherente e integrada, las políticas relacionadas con la instalación y apropiación de las tecnologías de información y comunicación digitales y las transformaciones culturales indispensables para poder hacer un uso provechoso de estas.

La llamada política de informatización de la sociedad tiene que estar integrada a una política pública de comunicación, de tal forma que se vea en toda su integralidad las trasformaciones en curso a nivel global y sus implicaciones para el país.

Para ello es necesario situar a este proceso en un marco que rebase, aunque por supuesto incluya, la óptica de la seguridad nacional y se abra a las perspectivas de entender las redes digitales y su uso como infraestructuras básicas para el desarrollo, como un asunto vinculado al derecho a la comunicación, al funcionamiento democrático y transparente de las instituciones públicas y como un proceso generador de bienestar y mejoramiento de la calidad de vida. Sin embargo, aún no se observan con claridad los lazos entre esa política y las transformaciones indispensables en el sistema de comunicación social.

Como se observa, hoy día las políticas de comunicación deben hablar tanto de política e ideología como de economía y desarrollo. La manera de concebir el modelo y el sistema comunicativo y sus regulaciones serán condicionantes importantes en el funcionamiento del sistema político y en la consecución de los planes de desarrollo económico y social.

Posibles caminos

La solución a las demandas sociales al sistema comunicativo cubano no puede salir de un modelo comunicativo centrado en el control y la información vertical, que resulte omiso en temas de alto interés social y escaso en espacios públicos de análisis y debate.

Lo más conveniente parece ser lograr un modelo comunicativo que favorezca el diálogo fluido a escala social, institucional y comunitaria.

Ese modelo comunicativo se concreta, tanto en lo político como en lo jurídico,en el concepto del derecho a la comunicación, entendido este como el derecho a informar y ser informado, a hablar y ser escuchado, imprescindible para poder participar en las decisiones que conciernen a la colectividad.

Para ello sería necesario avanzar en:

La transparencia de las instituciones públicas. Garantizar la realización del principio de que la información pública es un bien público. Sin una información oportuna, diáfana y profunda, no es posible lograr una participación calificada de las personas en los asuntos políticos y sociales; sin una transparencia pública de la labor de funcionarios y órganos de gobierno, no es posible el más mínimo control ciudadano sobre su gestión, lo que resulta indispensable en la lucha contra la corrupción y por el desarrollo de una verdadera cultura de participación. Sería deseable una legislación que obligue a las instituciones públicas a hacer visible, permanentemente, un conjunto de datos y de brindar a cualquier ciudadano la información que este reclame. Particulares facilidades deben tener los periodistas a la necesaria interlocución que aclare, amplíe y ayude a interpretar dichas informaciones.

Como no es posible una transparencia total, ciertas informaciones quedarán clasificadas. La ley debería regular cuáles requisitos debe cumplir una información para entrar en esa categoría, quiénes son los funcionarios autorizados a clasificar, cómo pueden impugnarse sus decisiones y a quiénes rinden cuenta del uso de esta prerrogativa. Es decir, no puede quedar a la discreción de cualquier funcionario la clasificación como secreta, confidencial o restringida de una información pública. Sería necesario, también, dejar establecido un sistema de sanciones para los funcionarios que violen lo establecido en dicha regulación jurídica.

Trabajar desde el principio en la transparencia informativa entraña un cambio trascendental en el funcionamiento de las instituciones del Estado que, en todas partes del mundo,han trabajado regularmente con más o menos espacios de opacidad.

Una política pública de comunicación: Que consagre el principio anterior y que dote a los medios de comunicación de mayores posibilidades para conformar su agenda, no solo a partir de indicaciones de las instituciones de Partido y Gobierno, sino con una lectura responsable y comprometida, ante la ciudadanía, de la agenda pública. Esta política, además, debe facilitar y respaldar la labor de los periodistas y contribuir a que los medios de comunicación –que en Cuba, por precepto constitucional, son de propiedad estatal o social– puedan cumplir de manera esencialmente autorregulada y equilibradamente sus diversas funciones sociales.

Legislaciones en comunicación. Que den fuerza legal a la política pública sobre comunicación social y establezcan las atribuciones, responsabilidades y límites de los diferentes actores que intervienen en el proceso de comunicación pública.

Actualización del modelo de gestión económica. Este es uno de los asuntos más complejos a resolver y para el cual es necesario ser más innovadores. Es bastante consensuado en el medio académico y en el sector periodístico que no debe modificarse el sistema de propiedad sobre los medios, pero que sí es posible ensayar formas diferentes de gestión. Hoy día los medios hacen muchas funciones publicitarias (anuncios y menciones promocionales, campañas de bien público y publirreportajes) que, en la generalidad de los casos, no se cobran. Establecer el pago por los espacios publicitarios por parte de las empresas cooperativas y organismos gubernamentales puede ser una decisión que contribuya a mejorar la sostenibilidad financiera de los medios que, además, deben continuar recibiendo las contribuciones presupuestarias posibles del Estado o de las instituciones sociales o políticas a las que pertenecen.

Actualización del sistema de gestión editorial de los medios y de sus rutinas productivas. Esto incluye la necesidad de repensar los conceptosy valores noticias con quese está operando y, en general,continuar fortaleciendo la cultura profesional de periodistas, editores y directivos de los medios para que puedan estar a la altura de los reclamos y desafíos de hoy. Una gestión editorial contemporánea requiere de un mayor y sistemático diálogo entre los medios y sus públicos, por lo que cualquier avance en la gestión editorial pasa por la creación de los mecanismos correspondientes a esa vital función. La prolongación de políticas que han quedado obsoletas desde hace tiempo han afectado la profesionalidad de los medios cubanos, por lo que es preciso incrementar y actualizar el ejercicio profesional del periodismo y la comunicación en general, para hacer viable la aplicación de nuevas políticas y legislaciones.

En el nivel de la comunicación institucional y local sería necesario también hacer transformaciones que contribuyan al mejor aprovechamiento de los recursos existentes en función del desarrollo, lo que supone incentivar una comunicación dialógica y no centrada en la difusión.

Para ello hay que habilitar sistemas de comunicación institucional y local y estrategias comunicacionales que incentiven la participación y el diálogo, lo que repercutiría en el aprovechamiento de la experiencia y los conocimientos colectivos e incrementaría la motivación y el sentido de pertenencia de las personas a esas instituciones y a los programas de desarrollo local.

Lo anterior supone que cada institución tenga una estrategia que le permita aprovechar las tecnologías digitales al máximo, teniendo en cuenta los requerimientos de seguridad indispensables, pero poniendo el énfasis en los beneficios para no quedar inmovilizados por los riesgos.

Este es un elemento central en la protección y ampliación de los conocimientos y la experticia de las y los profesionales cubanos que, salidos de las aulas universitarias con un nivel de actualidad aceptable en sus respectivos campos de actividad, quedan desconectados de los flujos mundiales de intercambio y socialización de saberes porque las instituciones donde trabajan no han creado las condiciones ni tienen las políticas más inteligentes para estimular el crecimiento continuo de sus conocimientos, que pasa hoy,entre otros factores, por la presencia activa en las redes digitales.

En resumen, hay un consenso acerca de que el modelo y el sistema comunicativo cubano deben ser modificados, pero aún está pendiente lograr un consenso acerca de la naturaleza y alcance de ese cambio, que debe incluir el modelo de comunicación que necesita el país, las políticas y legislaciones necesarias, los medios de comunicación (tradicionales o interactivos) que se deben ir conformando o transformando, el tipo de labor periodística y la comunicación institucional y,en los espacios locales y comunitarios que respondan adecuadamente, en las actuales circunstancias, a las finalidades del país. Para lograr ese consenso se requiere de un amplio debate público.

No es este un asunto privativo de personas expertas y entendidas, sino que debe incluir a los más variados sectores sociales para incorporar las necesidades y aspiraciones más amplias posibles y, a la vez, generar conciencia y cultura sobre el derecho a la comunicación y las maneras de ejercerlo, tanto entre los profesionales de la comunicación y los directivos de las instituciones, como en la ciudadanía. (2017)


[1]García Luis, Julio: Revolución, socialismo, periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI, La Habana, Editorial Pablo, 2013, p.74.

[2]Elizalde Zorrilla, Rosa Miriam: Principios para una política de comunicación social desde la perspectiva de los periodistas cubanos. Tesis doctoral, 2013, p.44.

[3]D´Arcy Jean: (S/F) El derecho a comunicar, UNESCO, Serie de Estudios y Documentos de Información, Documento Nº 36, pp.1. Citado por Jurado Vargas, Romel: Hechos y Derechos de la Comunicación. Debate social y político sobre la resignificación de la libertad de expresión, Editorial Académica Española, Quito, 2012.

[4]MacBride, Sean: Un solo Mundo, voces múltiples, Fondo de Cultura Económica, México, 1980.

martes, 18 de abril de 2017

Prensa cubana: Domingo de Resurrección.

 Por Javier Gómez Sánchez


En la mañana del pasado domingo 16 de mayo, cuando tomé el Juventud Rebelde recordé cómo cada mañana durante años recogí en mi puerta lejos de la Patria, el paquete de periódicos que en la madrugada me tiraba el carrito fantasma de una compañía de distribución.
En nylons sellados contra la lluvia, acompañados de catálogos de supermercados, de anuncios de rebajas navideñas, de cupones de descuento de Pizza Hut o de Papa Jones. Algunos periódicos eran de distribución gratuita, pagados con la publicidad, y te los lanzaban sin uno pedirlo. Otros eran por suscripción pagada.
Sacaba el mío sacudiéndolo de los sobres con logotipos de bancos dirigidos a mis vecinos, que contenían tarjetas de crédito que no habían solicitado, promociones de préstamos para viviendas y pago de estudios, o ya con advertencias legales por no pagar los plazos.  
En Cuba, mis reflejos han perdido la práctica de halar para abrir el nylon y sacar la alfombra de papel de varias libras que venía dentro, gesto que se vinculaba luego con el de lanzarlo hacia atrás en el auto, después de hojearlo durante casi una hora en la intermitencia de los tapones de tránsito. Por el asiento trasero de aquel Nissan debe haber pasado la pulpa equivalente al Parque Metropolitano de La Habana.
Después en el canal de televisión, los abría en varias ventanas de Internet y leía lo que me interesaba, cerrando las saltarinas publicidades. En definitiva, para el Productor de una Revista Informativa leer la prensa nacional es parte de su trabajo.
Todos esos recuerdos pasaban por mi mente mientras giraba el alambrito para liberar el ligero rollo, algo menor que un batón olímpico, del Juventud Rebelde dominical. Para luego, hojeándolo completo en un par de minutos y seleccionar los mejores artículos para disfrutarlos en la tarde o en los días siguientes, diciendo: ¨este está bueno¨, ¨este también¨, ¨este igual¨, pasando las pocas páginas gris-azules con fotos en blanco y negro.
Al poco rato, luego de pasar el suplicio de la lentísima conexión, me encuentro un post de Iroel en La Pupila Insomne, que era pura telepatía. Escribí entonces el siguiente comentario, al que agrego algunas líneas:
Me leíste el pensamiento Iroel, pues fue lo mismo que pensé cuando abrí el Juventud Rebelde de hoy, uno de esos días en que uno dice: !Qué bueno está hoy el JR! Como mismo otras veces uno lo dice también del Granma (Su edición del viernes 14 fue muy buena). 
No puede ser que los árboles no nos dejen ver el bosque y que nos extraviemos en una cantaleta constantemente negativa sobre el periodismo cubano y sobre los medios cubanos. Que ya el  lagrimeo y el ¨cría fama y acuéstate¨… no nos dejen ver  el buen periodismo y las buenas ediciones completas de periódicos de calidad en Cuba.
Hay que seguir exigiendo pero también hay que ser capaz de ver cuánto a cambiado y cuánto a ha respondido el periodismo y el trabajo editorial en estos años. Si nuestros periódicos tienen pocas páginas, no solo es por la falta de papel, sino porque no tienen clasificados dónde lo mismo te venden un pistola de segunda mano que un servicio sexual. No tiene páginas y páginas de publicidad de bancos, telefónicas, cervezas, seguros médicos, supermercados, partidos políticos, candidatos, y que a la larga se convierten en censura comercial para los periodistas pues a esos consorcios que mantienen el periódico con su publicidad no se les puede criticar ni con el pétalo de una flor. La censura publicitaria, gran desconocida en Cuba donde tanto se habla de censura.
Ni traen páginas dedicadas a horóscopos, ni al resultado de la lotería, ni a poner fotos gigantes a color de celebrities con senos de silicona (que ellas mismas pagaron para que aparecieran) o crónica roja, con fotos de los hechos sangrientos.
Doy fe, que la edición de JR de hoy, es muy, pero muy superior a gran parte de las ediciones de los periódicos que salen a diario en América Latina, llenos de textos y titulares sensacionalistas que no dicen nada. Con periodistas que logran un espacio ahí para el clientelismo político, empresarial y periodístico, para emitir elogios, críticas o chantajes que luego se traducen en depósitos en sus cuentas bancarias.
Para evadir mil veces más de lo que se evaden en nuestro periodismo los problemas del país, por mucho que se esfuerzan los periodistas de nuestra prensa en enfrentarse a quienes se lo impiden. Pues en aquella  prensa, por naturaleza, se evaden los verdaderos problemas sociales y estructurales de la violencia, de la delincuencia, de la exclusión, de la marginalidad, de la incapacidad política, de la corrupción, y nunca, nunca o muy pocas veces, entran de verdad a criticar el origen de los males, de las oligarquías y de los intereses que los producen.
No dejo de pensar tampoco que con todo lo humildes que pueden parecer nuestros periódicos, se deben en contenido al nivel cultural de su masa de lectores, que hace que en Cuba y no puede imaginarse de otra forma, la página cultural se llame como su concepto :¨Cultural¨ y no con nombres como ¨Vida¨, ¨Alegría¨, ¨Espectáculos¨,  ¨Variedades¨, ¨Pasarela¨,¨Farándula¨…
Esa es la prensa, que siendo la mayoría, en Latinoamérica, en USA, en Europa, nos quieren vender como la maravilla del paradigma periodístico. Por cada artículo o edición buena en el NYT, en La Nación, en el Excélsior, en El Mundo, hay toneladas de papel dedicadas a basura periodística.
Los que practican en nuestro país el peor periodismo, fomentando rumores para crear el caos, difundiendo mentiras, verdades y verdades a medias, mezclando, aprovechando para hacer periodismo carroñero, nunca admitirán eso, aunque abran igual que nosotros el mismo JR de hoy.
Aseguro, porque lo conozco y no solo porque viví en él, sino porque que de eso viví, que ninguno de los periódicos que se editan en el país latinoamericano más cercano y más parecido culturalmente pero más históricamente diferente a nosotros, República Dominicana, tierra de Máximo Gómez, de Juan Pablo Duarte, de Francisco Caamaño, un país donde se vive aún hoy un post trujillano bajo una dictadura aún más brutal: la dictadura del dinero.
En ese país, donde trabajan periodistas que quisieran hacer un mejor periodismo y no pueden, porque la censura de los intereses imperantes no los dejan, porque los grupos empresariales propietarios de los medios no los dejan, porque los narcos no los dejan, porque los políticos no los dejan, porque la censura religiosa no los deja, porque la censura intelectual y temática no los deja.
Ninguno de esos periódicos a full color tiene la calidad periodística, literaria y social que ha tenido el  Juventud Rebelde de hoy: Ni el  Listín Diario, ni el Hoy, ni el Diario Libre, ni El Día, ni El Caribe, ni El Nacional, todos propiedad de grupos empresariales que también son dueños de los bancos, de las telefónicas, de los supermercados, de los canales de tv y de las emisoras de radio.
En esos periódicos, con partidos pero sin ideología, como me dijo la subdirectora de uno de ellos, hija rubia de la oligarquía en un país de mulatos: ¨No somos ni de izquierda ni de derecha, somos como la República Dominicana¨
Entonces uno dobla amorosamente, con ese amor patrio de la pertenencia que es el que se siente sin chovinismo y que es así porque se sabe por qué se tiene, porque se trajo de donde no se tenía. De patria grande por tener patria chica. Doblando esa edición mientras se piensa que es así como tienen que ser nuestros periódicos y nuestro periodismo: la calidad concentrada.
La calidad y sensibilidad concentrada en pocas páginas que produce el socialismo.