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miércoles, 5 de julio de 2017

Reforma constitucional y sistema político en Cuba

Autor: Disamis Arcia Muñoz



¿Qué es una reforma constitucional? ¿Qué implicaciones prácticas conlleva la realización de una? ¿Qué alcance tendría en el caso cubano? Estas y otras preguntas similares fueron realizadas el pasado 29 de junio a un grupo de panelistas reunidos en el espacio Último Jueves de la revista Temas en el Centro Cultural Fresa y Chocolate.

Juan Valdés Paz, politólogo, moderó la discusión que durante dos horas se desarrolló entre el panel compuesto por el jurista cubano Julio César Guanche, el cantautor –y también abogado– Israel Rojas, y el periodista Jorge Gómez Barata, y un nutrido público que con una cifra de algo más de 130 participantes, intercambió sus inquietudes y opiniones en torno a los cambios y permanencias que puede y debe experimentar la Constitución cubana.

La primera ronda de preguntas dio inicio a la exposición de Julio César Guanche, quien explicó que solo la Asamblea Nacional del Poder Popular puede hacer la reforma, y que dentro de los pasos establecidos legalmente para poder llevarla a cabo, como ocurrió para la del año 1992, se encuentra la aprobación previa de un Ley de Reforma Electoral –como la de 1990– que paute y rija el proceso de cambios, algo que no ha sucedido hasta ahora en este nuevo contexto en el que se anuncia una nueva reforma constitucional.

Para Jorge Gómez Barata, ningún cambio que ataña a la Constitución puede estar atado a tecnicismos, pues se trata de una institución política. Comentó que la Constitución no son las Sagradas Escrituras, y recordó a los asistentes que las normas jurídicas están sujetas a circunstancias históricas concretas, y la complejidad del momento que vive la sociedad cubana no puede ser obviada a la hora de pensar, proponer e introducir algún cambio en la Constitución. Así ocurrió al crearla, en 1976, cuando hubo que hacer una ajustada a la realidad del contexto creado por la Revolución, que representó un cambio radical respecto al pensamiento constitucional hasta entonces existente en el país.


Foto: Randdy Fundora / Temas.

Israel Rojas se mostró de acuerdo con lo expuesto por Guanche, pero apuntó que aunque técnicamente el proceso de reforma constitucional no haya comenzado, en la práctica ese debate ya empezó con las amplias discusiones populares desarrolladas a lo largo del país sobre los documentos de la conceptualización del modelo socialista cubano, que representan un avance de lo que más adelante normará y plasmará la reforma constitucional.

La segunda pregunta del moderador se centró en qué reformas constitucionales deben responder a los cambios planteados en el discurso y las propuestas políticas de la Actualización del modelo. Guanche se refirió a la descentralización, que forma parte de la aplicación de la Actualización en Mayabeque y Artemisa, en lo referente a la separación de la administración y el Estado a nivel municipal. Si las próximas elecciones se rigen por lo aprobado en 1992, habrá que esperar al cambio constitucional para que sea posible una nueva Ley Electoral. En su formulación, este mecanismo electoral no toma en cuenta, por ejemplo, la nueva Ley migratoria aprobada en enero de 2013.

Gómez Barata insistió en que la Constitución es un instrumento y un resultado de la cultura política, y que esta debe regular las funciones del Estado del modo más general posible. Además, comentó que algo tiene que distinguir al ejecutivo del legislativo, porque como está en estos momentos no es funcional.

Israel Rojas, por su parte, dijo al público asistente que este nuevo proceso de reforma constitucional habría que verlo como una gran oportunidad para ser más inclusivos, ya que en el pasado hubo sectores de la sociedad no participantes, y que ahora deberían serlo.

Los dos últimos panelistas coincidieron en que los cambios en la sociedad y la problemática cubana son tales que requerirían refundar el orden constitucional, y considerar la alternativa de una asamblea constituyente. 

Antes de darle la palabra al público, Rafael Hernández, director de Temas, presentó los resultados de un cuestionario aplicado por el equipo editorial entre los asistentes, así como en la página de Último Jueves en Facebook, que formulaba la misma segunda pregunta: ¿cuáles de los temas políticos suscitados por los debates sobre la Actualización debían considerarse necesariamente para una reforma constitucional?
Entre los temas más votados estuvieron:
El derecho a la información.
La nueva ley electoral.
La descentralización de la toma de decisiones.
La participación ciudadana.
Papel y estatus de los medios de comunicación.
Entre los menos votados estuvieron:
Las regulaciones migratorias.
La ciudadanía.
El límite de edad para ejercer cargos públicos.
El sistema de educación.
El sistema de salud.




Un participante del público argumentó que era necesario debatir más profundamente el contenido político de la Constitución, ya que en el actual contexto se refuerzan concepciones liberales preexistentes, o se introducen como nuevas en el debate. Otros comentaron que aunque la Constitución es cosa de todos, y no solo de los juristas, se requiere un mayor rigor en el conocimiento del orden constitucional y político. Y que los cubanos tenemos una cultura política donde la práctica va imponiendo lo que luego constitucionalizamos. Otro asistente planteó que la alternativa reforma vs. asamblea constituyente soslayaba la cuestión principal: la de la representación y la participación ciudadana lo más amplia y activa posibles en el debate del documento.

Luego de varias intervenciones de los asistentes se dio paso a la tercera pregunta, sobre cuáles antecedentes cubanos y latinoamericanos deberían alimentar esta próxima reforma. A partir de esta ronda de respuestas de los panelistas, se abrió de nuevo al público, que abundó en los tópicos políticos de la reforma, los asuntos que no deberían soslayarse, el contenido y estilo profundamente democráticos que deberían caracterizarla, y la necesidad de que los cambios constitucionales y legislativos no se queden en la letra, sino que impongan un orden vinculante.

Una versión mucho más amplia y detallada de los asuntos discutidos en esta sesión se publicará en la reseña habitual que difunde el portal web de la revista Temas en su canal de Último Jueves.

martes, 11 de octubre de 2016

Cuba: reformas económicas y bienestar social






octubre 11, 2016



El grado de bienestar en la sociedad lo determina el crecimiento económico sostenido, pero se analiza o se mide a través del nivel, modo o calidad de vida de las gentes.

Foto:  Jorge Luis Baños/IPS

Las sociedades y las economías son sistemas interactuantes y se influyen recíprocamente; sobre todo, cuando se trata de relaciones entre diferentes sectores en una economía que se proyecta como mixta. El grado de bienestar en la sociedad lo determina el crecimiento económico sostenido, pero se analiza o se mide a través del nivel, modo o calidad de vida de las gentes. No se puede dar lo que no se crea y para mejorar individual o socialmente, es imprescindible el trabajo, producir y crecer económicamente con eficiencia. Considero que la situación del cambio económico/social en Cuba, por razones lógicas, habría que valorarla a partir de dos momentos: uno actual y otro perspectivo.


Y esto es así porque, sencillamente, las transformaciones son relativamente recientes e incompletas, marchan con precauciones, limitaciones de recursos, ciertos enfoques reduccionistas y con carencias de integralidad sistémica en lo económico, lo político y lo social y donde, además, inciden perversos factores exógenos. Unido a ello, continúa siendo una economía abierta, con elevada dependencia del comercio internacional y las importaciones. Por una u otra razón (o todas de conjunto), el crecimiento económico ha sido aún irrelevante, impidiendo mejorar el deterioro del bienestar aparecido en los años 90, cuando se amplió la franja de la pobreza.


No sucede igual con la visión perspectiva que ofrecen las transformaciones, pues proyectan más optimismo, dada la posibilidad de prever crecimientos económicos con favorables efectos sociales. Aunque dependerá del enfoque de las reformas, su eficiencia, magnitud de las inversiones y desaparición de medidas externas que afectan la economía.


Con independencia de las acciones que se promueven a través de las vías gubernamentales, entre los aspectos fundamentales que definen el bienestar de la población se encuentran los ingresos monetarios (salarios, pensiones u otras vías); las familias, con sus recursos, se desenvuelven ante la sociedad y el mercado, garantizando con estos una buena parte del bienestar del grupo familiar.


El gobierno, de acuerdo con su orientación política, debe contribuir al desarrollo económico, a la buena organización social y una redistribución justa o racional de las riquezas; de manera que la sociedad se desenvuelva con los equilibrios posibles, estímulos laborales y en un ambiente de libertad y democracia necesarios.


Señalar cómo o quién decide el bienestar de las gentes y cómo se garantizan los “satisfactores” sociales y ritmos económicos; obliga a considerar el modelo de gestión, porque no es igual una economía de planificación centralizada, donde predominan relaciones de propiedad estatales, que otra donde lo privado y el mercado ejercen su influencia.


En cuanto a Cuba, si la consideramos una economía en transición y mixta, probablemente una combinación de procedimientos pueda desenvolverse con éxitos (plan y mercado), pero se comprenderá que aún falta la debida experiencia. Las relaciones monetario/mercantiles se desarrollan en tales circunstancias y donde el mercado acciona libremente, pues entonces ahí se manifestarán las leyes del valor y oferta/demanda como reguladores espontáneos.


En el anterior modelo económico cubano, la demanda de medios de producción, materias primas y trabajo, se solicitaban por las empresas estatales y se satisfacían cuando era posible de manera planificada y previendo resultados. Para el consumo de la población se elabora el plan de circulación mercantil, una definición anual del volumen y estructura de la oferta, que se pone a disposición de los consumidores a través del sistema normado o las vías liberadas del comercio minorista.


Se debe considerar que la demanda de los consumidores no se planifica, sino que se estudia, mide o pronostica; con el objetivo de poder orientar la producción o importación de los bienes de consumo necesarios y, entonces, dicha prognosis sirva de puente entre la producción, la distribución, los servicios y necesidades o demandas de la población.


A diferencia de los modelos de planificación centralizada, en las sociedades estrictamente mercantiles, el bienestar personal o del grupo familiar se concreta en los mercados, pero a partir de las diferencias de solvencia económica que cada quien posea. El consumidor, con su poder de compra, es quien decide qué, cómo, dónde, cuándo y cuánto compra, o los servicios que utiliza. Su poder adquisitivo es el freno o contención ante el consumo.


Ambos sistemas operan con leyes específicas, mostrando sus diferencias económicas estructurales y de propósitos; pero en una economía mixta deberán coexistir y es posible desarrollarlas con éxito, aunque será necesario desbrozar con prontitud ese camino. La planificación y el mercado son herramientas en las economías modernas y no son excluyentes, por lo que deben complementarse; pero sus logros dependerán de cómo y hasta dónde se utilicen una u otra, de acuerdo con la proyección o desarrollo de las reformas.


Los métodos de planificación en Cuba favorecieron a la educación y a la salud, áreas que desde los 60 fueron priorizadas y contaron con suficientes recursos, tuvieron resultados y beneficiaron al pueblo. Sin embargo, limitaron el crecimiento de otros sectores de la economía, como los relacionados con el consumo personal, aumentando la dependencia en las importaciones y estabilizando la escasez. Cuando la planificación es omnipresente, a veces, se impone el subjetivismo y se decide desequilibradamente el crecimiento económico; si la economía no tiende a la suficiencia o no se desarrolla con éxitos, entonces coloca en circunstancias vulnerables o de crisis al bienestar social.


Del lado del mercado, cuando este opera sin control o sin normas reglamentarias para su racional funcionamiento, con frecuencia lesiona a los consumidores o se aplican terapias de choque y se derrochan recursos naturales; cuando se cae en el consumismo, esto afecta al medio ambiente y genera apetencias no siempre sanas de estilos de vida y comportamientos sociales. Es por ello que una combinación adecuada de dichos procedimientos (como ha quedado demostrado en otros países), puede hacer crecer la economía e incrementar el bienestar social, conscientes además de que nada es perfecto.


El método establecido para racionar los bienes de consumo, probablemente no fue el más idóneo (ni para la población, ni para la economía). Porque el sistema tomó la vía de un racionamiento de la oferta, pero pudo regularse la demanda y no sólo a través del dinero. Regular la demanda hubiera reportado mayores beneficios y, sobre todo, flexibilidad para salirse del mismo cuando las circunstancias lo hicieran aconsejable. Experiencias internacionales existían. Hubo personas e instituciones que abogaron por aumentar el consumo (aunque en discreta medida); considerando que con ello se liberaría el mercado, estimulaba el crecimiento de ramas de la economía, aparecerían los estímulos laborales, mayor eficiencia y desarrollo de la economía en general.


Aunque lo evidente era aumentar los bienes de consumo y servicios a las personas, reducir el deterioro y la escasez de viviendas, los mantenimientos o mejorar el transporte… Poco servía trabajar, poseer dinero y no disponer de productos o servicios con los que alcanzar un mayor grado de satisfacción o bienestar. Por tales razones, se acumulaban necesidades y la demanda sobrepasaba la oferta, había poder adquisitivo pero los productos o servicios escaseaban o no podían obtenerse.


A mediados de los años 70 se incrementaron las ofertas de bienes de consumo a la población, satisfaciendo necesidades diversas y saneando las finanzas internas. La libreta de abastecimiento, originada en 1962, por X razones se prolongó más de lo debido y durante dos décadas fue la única vía de comercialización de los productos de consumo. Existió temor en eliminarla y hasta en crear un mercado libre, no faltaron los que confundían consumo con consumismo; aunque existían los que apostaban por un consumo racional, sostenible y la defensa del consumidor.


Luego ocurrió el colapso de la URSS… Se produjeron los dañinos impactos sobre la economía y la sociedad, y se deterioró más el consumo personal e incluso los servicios priorizados de salud y educación. El Período Especial se prolongó más de lo necesario y se perdió tiempo para el rediseño del modelo económico y atraer inversiones.


Hoy, cuando se desarrollan las transformaciones de la economía y el modelo, las limitaciones del consumo, el sistema de racionamiento y la doble moneda, se encuentran entre los complejos inconvenientes que los obstaculizan e impiden avanzar. Ambos modelos (planificación y mercado) deben contribuir al crecimiento económico y a mejorar el bienestar social. Los dos procedimientos deberán coexistir y apoyarse recíprocamente; ambos deben tender puentes entre la producción, el comercio, los servicios y las demandas de la población; por lo que será necesaria la liberación del mercado, realizar estudios y analizar la calidad de vida de las gentes.


Las actuales distorsiones del mercado doméstico (escasez de productos, falta de competencia, racionamiento y precios monopólicos centralizados), hacen imposible conocer la demanda; el racionamiento impide al consumidor decidir libremente sus compras y en las áreas liberadas existe un accionar bastante irregular con los precios. En tales circunstancias es difícil diagnosticarla, mucho menos pronosticarla, aunque sí conocer las insatisfacciones de los consumidores.


A la reforma le es imprescindible mantener una visión renovadora y realista, igual que poseer un mercado moderno y eficiente, que desarrolle el consumo y se transforme en acicate del crecimiento económico y la inversión extranjera.


El desarrollo de los emprendedores y las cooperativas (quiérase o no), presionará la necesidad de elevar la eficiencia laboral y también la solvencia económica de los trabajadores estatales, de manera que con sus recursos cubran y decidan satisfactoriamente sobre su consumo y bienestar. Imagino sea este un reto que las autoridades comprendan o sepan, que no se soluciona desestimulando a ninguno de los sectores con que funciona la economía, sino al contrario.


La situación económica, el envejecimiento poblacional y las reformas sugieren la adopción de un nuevo modelo de política social. Se requiere una que amplíe, combine y especifique diversas acciones (verticales y horizontales) de posibilidades y beneficios para los necesitados. Será inevitable revisar e incrementar las pensiones y continuar brindando ayudas monetarias, en especies o servicios, a los grupos vulnerables.


El modelo deberá mantener los programas sociales de salud y educación, aunque haciéndolos más racionales, eficientes y cualitativos; deberá estimular proyectos laborales comunitarios y utilizar la dinámica inversionista (nacional o foránea) para propiciar más empleos y mejor remunerados.


La situación actual y sus perspectivas deben orientarse a ser más racionales y eficaces hacia los necesitados; mantener las acciones de seguridad y asistencia social y, unido a ello, acelerar las condiciones para la liberación y modernización del mercado interno. Todo esto para hacer posible que la mayoría de las personas (trabajadores o jubilados), con sus recursos monetarios, sean las que velen en lo fundamental por su bienestar individual y familiar.







miércoles, 20 de julio de 2016

Acontecimientos que demandan una ampliación y flexibilización de los esquemas de reforma en Cuba

Por Domingo Amuchástegui 2016-07-19



 En un reciente artículo publicado en el diario español El País, el periodista Pablo de Llano, desde México, concluía sus comentarios sobre las actuales tensiones y reveses de la economía cubana, en los siguientes términos: “Hoy La Habana mira preocupada a dos capitales. A Caracas, donde se cierra el horizonte, y a Washington, donde no termina de abrirse”.




Lo referente a Caracas no es casi noticia. Desde la maltrecha victoria electoral de Maduro –e incluso desde antes, aún en vida de Chávez– muchos de los mayores proyectos prometidos por Venezuela a Cuba luego de los acuerdos de 2002 –con excepción de la refinería y terminal de Cienfuegos– han terminado olvidados en alguna gaveta. Mientras, los flujos petroleros en calidad de pago por servicios médicos y otros servicios y ventas, se han visto seriamente amenazados por el sostenido descenso de los precios del petróleo; todo ello unido a una pésima gestión económica de parte del presidente Maduro y su equipo, así como la creciente inestabilidad política luego de los resultados de las elecciones parlamentarias de medio término.

El horizonte no se cierra ahora. Solo un ciego, o un mutismo oficial negado a abordar descarnadamente todas las implicaciones de semejantes tendencias, podían abstenerse de admitir y, peor todavía, a no prever lo que dicho horizonte, desde hacía tiempo, podía depararle a la economía cubana. ¿Había plena conciencia en la dirigencia cubana de tales peligros? Más allá de su renuencia a admitirlos y discutirlos a plenitud y en público, el empeoramiento de la situación era algo que gravitaba sobre todo su quehacer y era un tema de creciente preocupación en los más diversos círculos en La Habana. Si alguien ha quedado sorprendido ha sido porque andaba en “Belén con los pastores”.

Si los niveles de recortes e impactos se mantienen de acuerdo a los números y medidas presentados por el vice-presidente Marino Murillo, entonces puede hablarse de “un mal menor”. Si, por el contrario, “el horizonte venezolano” llegara a cerrarse en números mayores, las cosas pueden llegar a empeorar: hipótesis que no descartó en sus palabras el presidente Raúl Castro. Aunque es incuestionable que Cuba está hoy en una mejor situación para neutralizar las posibles consecuencias de una crisis de gran envergadura; mucho mejor preparada que cuando ocurrió el llamado “Período Especial” de comienzos de los 90, del cual algunos han comenzado a especular como “posible” y, para algunos delirantes, incluso “deseable”.

Habrá que seguir muy de cerca los acontecimientos y tendencias, tanto en “el horizonte venezolano”, como en la economía y la sociedad en Cuba (con los dedos cruzados, con todas las invocaciones y rezos posibles, con velas, vasitos de agua y ofrendas, tirando los caracoles) pero, sobre todo, poniendo en práctica las políticas más atinadas y pertinentes ante una contingencia como la presente y que entrañen una ampliación y flexibilización de los esquemas de reformas a aplicar de aquí en lo adelante.

No olvidemos que, en paralelo al despeñadero venezolano de los últimos años, la dirigencia cubana trabajó, seria y certeramente, para normalizar sus relaciones con la Unión Europea y con Estados Unidos (el horizonte “que no termina de abrirse”, según la fórmula piadosa y demasiado incompleta del periodista Llano), además de renegociar su deuda externa con diversos actores internacionales.

Más allá de negociaciones y arreglos en áreas de relativa importancia, o completamente secundarias, el embargo/bloqueo sigue gozando de perfecta salud, todavía es  imposible conducir transacciones financieras en dólares, se mantienen en pie todos los programas de “cambio de régimen” administrados por la USAID; y en el Congreso, con independencia de algunas iniciativas loables de parte de algunos legisladores (todas fracasadas y ninguna aprobada hasta ahora) hay una mayoría de ellos que continúan “bloqueando” todo lo que tienda a normalizar la relación con Cuba, mientras introducen toda suerte de enmiendas o perchas para crear más restricciones al comercio, a los viajes, a diversas transacciones, al turismo y otras. El horizonte con Washington no es que “no termine de abrirse”, sino que cada vez se cierra más. Las recientes acciones en el proceso de aprobación del proyecto de Apropiaciones así lo confirman con creces, con el añadido de mayores  incertidumbres en torno a las elecciones de noviembre en la nación norteña y lo que estas puedan depararle a Cuba, no solo por quién resulte electo a la presidencia, sino por saber en qué dirección cambiará el Congreso, pues es allí donde se ventilan los temas cruciales que lesionan los intereses soberanos y materiales de Cuba, para bien o para mal, en particular en las circunstancias actuales.


domingo, 10 de julio de 2016

Medias Reformas

Jorge Gómez Barata

Según Carlos Marx, el advenimiento del socialismo tendría lugar en los países más desarrollados como resultado de una mutación del capitalismo. La solución de salida sería una distribución justa de la riqueza social: “…A cada cual según su trabajo…” Faltó sin embargo exponer cómo un gobierno haría tal cosa, y cómo se sostendría el tiempo necesario para alcanzarlas.


Así surgió la idea de desplazar a la burguesía del poder y establecer la dictadura del proletariado, que entre otras cosas conllevó a la total estatización de la economía y al protagonismo del estado y del gobierno en todas las áreas de la actividad social. Bajo Stalin estas opciones, acompañadas del exclusivismo ideológico, legalidad supervisada, elecciones cooptadas, y otras fórmulas, fueron ineficaces.


No obstante, por razones locales asociadas al rechazo al despotismo zarista, las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, y la brutalidad de la contrarrevolución durante la Guerra Civil, el poder soviético disfrutó de un inequívoco apoyo popular, la economía, mediante los planes quinquenales, creció a ritmos espectaculares, y en pocos años llegó a producir más acero, tanques, cañones, y aviones que Alemania, cosa de la cual Hitler se percató demasiado tarde.


La Unión Soviética ganó la guerra y perdió la paz. Aunque relativamente ineficientes y atrasadas como consecuencia del bloqueo occidental, sus enormes capacidades productivas fueron absorbidas por la carrera armamentista, los compromisos con los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), y sobre todo porque el crecimiento material no fue acompañado por un progreso político equivalente.


Durante un siglo, de 1917 a la fecha, al menos en 14 países otros tantos partidos comunistas alcanzaron el poder, e inspirados en la lectura soviética del marxismo, han intentado “construir el socialismo” probando varios formatos: dictadura del proletariado, democracias populares, y socialismo con características chinas. Todos, con la excepción de Corea del Norte, intentaron reformas que no resolvieron los problemas esenciales, entre otras cosas porque no trascendieron la economía.


Los intentos de reformas, comenzando por las implementadas por Lenin durante la NEP, así como las que tuvieron lugar en varios países y las que hoy se llevan a cabo, admiten que en determinadas dosis es preciso utilizar los recursos económicos del capitalismo, sin comprender que no solo se trata de producción y consumo, sino de otras satisfacciones derivadas de estructuras institucionales regidas por la democracia.


En casi todas partes se reconoce que son inevitables las proyecciones relacionadas con el mercado, la inversión extranjera, la reintroducción de la propiedad privada, la explotación del trabajo asalariado por el capital, y concomitantemente con ello, la extracción de plusvalía. Sin embargo, la flexibilidad nunca ha alcanzado las estructuras y prácticas políticas. Ninguno de los proyectos de construcción del socialismo ha tratado de convivir con los preceptos clásicos del orden democrático.


¿Por qué se puede admitir que la propiedad privada, el mercado, la explotación del trabajo asalariado por el capital, la vigencia de la ley del valor, y la diferenciación clasista son compatibles con el socialismo, y no se acepta la separación de poderes, el estado de derecho, la prensa independiente que no tiene que ser necesariamente privada, y otras estructuras institucionales? Son preguntas, por ahora sin respuestas. Allá nos vemos.


La Habana, 5 de julio 2016


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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente

lunes, 15 de febrero de 2016

OPCIONES Y RAZONES

Por Jorge Gómez Barata

En las reformas que Cuba ha puesto en marcha existen carencias notables, como es la renuencia a abrir el juego e incluir aspectos políticos e institucionales. Incluso, limitando el análisis a la llamada actualización del modelo económico, se descubren agujeros oscuros como la indiferencia ante la idea de promocionar las pequeñas y medianas empresas privadas nacionales y extranjeras (PYMES).


A pesar de evidencias, argumentos probatorios y recomendaciones, el gobierno cubano no toma en cuenta esa opción, no debate su conveniencia y no se siente obligado a exponer las razones por las cuales ignora algo que a muchos les parece un camino que ofrece múltiples oportunidades para los individuos, la sociedad e incluso para el estado.


En cambio, a pesar de los magros resultados obtenidos y de la persistencia del bloqueo estadounidense que virtualmente lo impide, el gobierno cubano apuesta por atraer grandes inversiones extranjeras y desarrollar las gigantescas empresas estatales socialistas cuya ineficiencia es antológica.


  Con esta política el estado cubano excluye del esfuerzo económico nacional a inversionistas nativos y extranjeros, hombres y mujeres que cuentan con habilidades empresariales y capitales propios de dimensiones moderadas que pudieran aprovechar en su beneficio las oportunidades del mercado cubano y contribuir al despegue económico que Cuba requiere.


 Esta política limita a los nacionales a la condición de trabajadores por cuenta propia y excluye a los cubanos residentes en el extranjero, particularmente en los Estados Unidos que cuentan con cierta solvencia y pudieran ser el eslabón perdido entre la economía  norteamericana y la de la Isla.


Es correcto que Cuba presione para obligar a la administración estadounidense a aceptar su diseño económico y político, pero a la vez deberá auspiciar soluciones alternativas. Es de suponer que el gobierno y las empresas norteamericanas se sienten más cómodos y motivados negociando con empresarios privados que con empresas estatales.


Por otra parte, una vez habilitados legalmente y favorecidos por políticas que promuevan su participación, los cubanos radicados en Norteamérica, constituirían el más poderoso lobby a favor del levantamiento del bloqueo.


A pesar de lo razonable y relativamente sencillo que pudiera ser el proceso de incentivar la expansión de las pequeñas y medianas empresas, el gobierno cubano ha elegido el difícil, largo y complicado camino de tratar de introducir las cooperativas, estructuras que requieren de difíciles condiciones y coordinaciones.


Lo cierto es que mientras las pequeñas y medianas empresas son decisivas en casi todos los países, incluyendo los más desarrollados, y constituyen un factor esencial en la economía mundial, es raro encontrar alguno en los cuales las cooperativas tengan una importancia relevante.


Por una extraña paradoja, al hacer su elección, Cuba da la espalda a una experiencia universalmente positiva para adoptar opciones de escaso respaldo en la experiencia económica mundial. No haría falta ser excesivamente sagaz para apreciar dónde está la razón. Allá nos vemos.


La Habana, 15 de febrero de 2016