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miércoles, 30 de agosto de 2017

La ideología socialista de la Revolución y los cambios en el modelo

Por: Darío Machado Rodríguez
En este artículo: Actualización del modelo económico, Cambios Económicos, Cuba, Economía, Política, Revolución, Socialismo
30 agosto 2017 
La cohesión y el accionar colegiado son decisivos para el presente y el futuro de Cuba. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
La cohesión y el accionar colegiado son decisivos para el presente y el futuro de Cuba. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
El posicionamiento ante los cambios que están en curso en la sociedad cubana presenta un panorama variopinto que puede generar numerosas clasificaciones según los criterios que se adopten, pero en cuyo trasfondo se mueven dos enfoques: ver al mercado como panacea o verlo como desafío. Un tercer posicionamiento sería desconocer las relaciones mercantiles, pero tal punto de vista carece de realismo.
Los que tienden al primero de ambos enfoques verán a la ideología como estorbo, los del otro como imprescindible auxiliar.
Frente a esta variopinta realidad emergen dos asuntos fundamentales a tener en cuenta.
Por un lado, la necesidad de centrar el análisis en lo primordial: la salvaguarda de la plena independencia y de la soberanía nacional, sin las cuales será imposible continuar la construcción social en Cuba con un proyecto propio de país en correspondencia con los intereses nacionales mayoritarios de justicia social y solidaridad.
La anterior afirmación parece una verdad de Perogrullo, sin embargo, se ven no pocos análisis que soslayan esta premisa, como si la defensa de la independencia y de la soberanía nacional –que tienen al socialismo como fundamento y garantía- estuviera asegurada para siempre, como si no fuese necesario pensar y actuar en consecuencia cada día y cada paso en lo económico, lo político, lo social, lo cultural para preservarlas.
Por otro lado está el contexto en el que este imperativo tiene lugar. Cualquier análisis que se haga de la realidad cubana actual no puede desconectarse del medio regional y mundial sin correr el riesgo de equivocar el tiro. Y la situación es hoy altamente compleja y su evolución puede generar graves consecuencias para el país. Hoy más que nunca la cohesión, el accionar colegiado y unido son decisivos para el presente y el futuro de Cuba.

Repasar algunos antecedentes

En la vida los procesos solo son lineales en nuestras mentes. Los alineamos en la abstracción para comenzar a entenderlos, pero para conocerlos bien, es preciso entrar en la madeja de su complejidad.
Entre las consecuencias que nos dejó lo que dimos en llamar “Período Especial”, estuvo la deformación que borró los límites de lo correcto y lo incorrecto en las formas de apropiación del producto social.
La demora por años en procurar la articulación eficiente de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política, obró negativamente en los comportamientos sociales.
No se asumió la realidad de que solo la recuperación del valor de la fuerza de trabajo traería la recuperación del trabajo como valor (lo que además se corresponde con la visión marxista de la ética, una ética de carne y hueso, no etérea, no descolgada de la cotidianidad) y quedó largamente postergado el medular tema de la valoración del aporte real y su relación con la distribución del producto social.
El desconocimiento de las relaciones mercantiles y de la psicología del intercambio de equivalentes que estas han cultivado por siglos en la conciencia de la humanidad, si bien funcionó por un tiempo en el proceso revolucionario y aparentó ser un salto al futuro, resultó a la larga contraproducente para el funcionamiento saludable de la economía, ya que el productor y la sociedad en general no estaban en posibilidad de reconocer modos de distribución no acordes con el valor del trabajo, más allá de la educación, la salud y la seguridad y asistencia social. De uno u otro modo, el agua tomaba su nivel y el intercambio de equivalentes ganaba la batalla diaria de la cotidianidad.
Naturalmente, la contrapartida no tenía por qué ser abandonar el metabolismo socioeconómico del país -basado en el predominio de la propiedad social socialista y la planificación- al dominio del mercado y de la propiedad privada. De ahí lo que ahora se intenta hacer: una reforma económica, conocida como actualización, dirigida a regular las relaciones mercantiles a través de los diferentes mecanismos de que dispone el Estado socialista entre ellos los límites a la propiedad y la ganancia, los impuestos, las normativas de responsabilidad social, la política laboral, etc. Todo ello requerido del acompañamiento de un correlato político ideológico renovado.
Un proceso de reformas no es necesariamente “reformismo”, una reforma es revolucionaria, si la hacen revolucionarios con principios revolucionarios y con finalidades revolucionarias. Y la actual reforma no es ni más ni menos que el reconocimiento del papel que pueden jugar las relaciones mercantiles en el reordenamiento del metabolismo socioeconómico, sin permitir que estas impongan su jerarquía al resto de los ámbitos de la vida del país. Lo que está en juego hoy en la sociedad cubana son los principios y las políticas de justicia social y solidaridad, columnas y estandartes  del proceso revolucionario cubano.
Las conquistas materiales y espirituales de la sociedad cubana en más de medio siglo de transformación revolucionaria presentan un balance positivo en relación con el ideal socialista. El Partido ha impulsado los esfuerzos por una orientación socialista de la construcción socioeonómica a través de la integración de tres direcciones principales que se ven plasmadas en los documentos que se han ido haciendo y rehaciendo en los últimos años con sucesivas consultas populares y que continúan abiertos a su desarrollo: Las proyecciones hasta el 2030, los Lineamientos y la Conceptualización.
Esta visión integral parte del reconocimiento de la necesidad de alcanzar una articulación eficiente de las actividades socioeconómica, organizativa, jurídica normativa e ideológica política, para crear un clima lo suficientemente armonizado, en el que individuos y grupos sociales encuentren el espacio adecuado para generar la iniciativa, la creatividad y el entusiasmo laboral, imprescindibles para el crecimiento económico.
La decisión de orientar la estructura económica hacia una economía mixta, lejos de significar el fracaso o el retroceso del socialismo, es demostración de su vigencia y capacidad pese a las aún persistentes carencias sociales y a los enormes desafíos que enfronta. Prueba de ello es la vigencia y aceptación de la planificación.

Sobre el valor de los documentos

Los documentos son expresión de la comprensión de la complejidad y envergadura de los cambios, a la vez que base, fundamento, para enfrentar con coherencia y esfuerzos unidos la realidad de las relaciones mercantiles, aprovechando su lado constructivo y controlando y anulando la tendencia a imponer su jerarquía en la sociedad, mientras crece y se fortalece la economía y se avanza en la educación socialista.
Ello implica, sin embargo, un colosal desafío en el plano de las ideas, ya que esas mismas medidas reponen, amplían, la base económica y social para que se reproduzca y fortalezca la psicología del intercambio de equivalentes, el individualismo y el egoísmo, y se re-articulen los valores del pensamiento liberal. Este proceso está en curso hoy, las más de las veces imperceptiblemente.

La ideología socialista

En el plano específico del pensamiento, de las ideas, entre las funciones fundamentales de la ideología están las de aglutinar los esfuerzos, orientar las acciones y prever hasta donde sea posible sus consecuencias para los intereses que representa y defiende.
Pero esa orientación y esa previsión tienen virtualidad y efectividad en proporción directa al estado general de la sociedad, no solo a la solidez y profundidad de las diferentes convicciones que en ella existen, sino también al estado de ánimo social, al nivel de satisfacción con su existencia que tiene la ciudadanía.
De ahí que la labor ideopolítica corra el riesgo de la ineficacia si es pensada exclusivamente en el plano subjetivo, en el plano de las ideas, si no toma en cuenta las necesidades de la gente, si no es actual, si no cambia sus contenidos y su estética a tono con cada nueva realidad, si pretende influir en la conciencia y los comportamientos humanos con los mismos contenidos, simbología y estética del pasado.
“La ideología –recuerdo haber escuchado de un querido compañero- es también un pedazo de pan”.
Lo que ocurre con la ideología ocurre también con el ideal. Identificarse con un determinado ideal y promoverlo, no necesariamente significa identificarse con algo perfecto, abstracto, sino con un ideal concreto, posible, alcanzable y que contiene la orientación estratégica que persigue.[i]
Una visión compleja, dialéctica, de la realidad social indica de inmediato que no es posible imaginar una reforma económica (menos de la magnitud de la que se viene realizando hoy en Cuba) en dirección hacia una sociedad de orientación socialista y suponer que solamente cambiará la economía y no la gente, las prácticas, las organizaciones, el estilo, las instituciones, la comunicación política, etc.
Si bien es cierto que no pueden realizarse con éxito las reformas en medio de una situación caótica, incontrolada, no lo es menos que la desestimación de las necesarias transformaciones en lo político -y ello se refiere a cambios de carácter estructural, institucional, jurídico, de contenido, de métodos, de estilo de trabajo- puede dejar el terreno libre a la influencia del mercado y de su correlato ideológico liberal.
El proyecto de socialidad que articulan los principios de la ideología revolucionaria cubana está contenido en estos documentos, ellos son expresión de la ideología socialista. Pero la ideología, su valor real no es “lo que está en los documentos”. El texto vive en el contexto. Lo que permite distinguir y eventualmente enunciar y argumentar una determinada ideología, solo puede encontrarse en el sistema de relaciones sociales, en la conciencia social.[ii]
De ahí que hablar de “trabajo ideológico político” alrededor de esos documentos solo tiene significado real, práctico, eficiente, si el activo revolucionario, los dirigentes y militantes, son capaces de explicarse y explicar su significado positivo en el sistema de relaciones concreto en el cual están ejerciendo su influencia y simultáneamente probar su vigencia, profundizar en sus contenidos, precisarlos, mejorarlos, vinculando así lo singular con lo general, con el contexto del país.
Si algo ha ocurrido en la actividad política del partido es la deficiencia en el enfoque integral. Un ejemplo es la tendencia a circunscribir el trabajo político ideológico “al radio de acción”, algo muy alejado de lo expresado arriba acerca del sistema de relaciones concreto en el cual se ejerce influencia política. ¿Por qué? Simplemente, porque es imposible analizar una situación dada como si esta estuviera aislada, separada del contexto social general. La gente no lo está. El debilitamiento de la labor ideológica, comienza precisamente por esa visión “desconectada”.
Otro ejemplo es el de adoptar decisiones sin un verdadero y efectivo proceso de consulta, de participación ciudadana, de escuchar con atención al pueblo, no para cubrir el expediente de la participación, sino como herramienta insoslayable de la eficiencia.
Hay que repensar autocríticamente la comunicación política.

Hablar con la gente

Otra realidad que conspira contra el propósito de hacer de los documentos una fuerza viva y efectiva, es la insuficiente interacción de los dirigentes políticos y de la administración central del Estado con el público. Aunque no faltan los buenos ejemplos, persiste la idea de concentrar la atención de las estructuras partidistas y administrativas en el “funcionamiento” con la suposición de que los documentos per se resultarán convincentes, cuando su actual formulación, por más que tiene una elaboración de varios años, sigue siendo perfectible y requerida de continua explicación.
El público necesita de un constante esclarecimiento de los principales temas y al calor de esa práctica pueden insertarse y argumentarse los contenidos de los referidos documentos para “aterrizarlos” en la cotidianidad.

El discurso político

Aunque como se dijo arriba los documentos constituyen el resultado de sucesivas consultas, todavía resulta un tema a resolver el de la correspondencia adecuada entre los propósitos de los documentos, el discurso político y la realidad ciudadana.
Predomina en el mundo simbólico la repetición de lo ya sabido (incluyendo los contenidos textuales de los documentos), lo pasado, cierta exageración en las adjetivaciones, poco diálogo de fondo con el público, una visión demasiado positiva de la realidad y poco ejercicio crítico.
Sin dejar de evidenciar con toda justicia los logros obtenidos y sostenidos, así como los valores sedimentados en nuestra historia, se necesita un nuevo relato político y su continua renovación, de manera que logre presentar en clave actual nuestra auténtica reserva cultural, los valores que hemos acumulado en la historia revolucionaria, los contenidos concretos de los propios documentos aprobados por el Partido; un discurso capaz de seducir, de convencer, con una estética a tono con los requerimientos modernos.
Un discurso político que pueda ser asumido por los diferentes auditorios por su realismo, su profundidad, la suficiente y oportuna información, los argumentos bien sopesados y que a la vez dialogue con la gente, abierto al escrutinio de la ciudadanía.
Es preciso tomar conciencia de las disímiles fuentes de información que hoy tiene la sociedad cubana. Dado que nuestros medios de comunicación social, particularmente los nacionales, mantienen una presentación inercial de la realidad en la que se ven pocos y tímidos cambios, puede tenerse la impresión de que esa es la información, de que esos son los contenidos que circulan en la comunicación social, pero la realidad es otra.
El desarrollo del discurso político necesita del auxilio de las ciencias sociales. Es preciso estudiar sistemáticamente la comunicación social en el país, es imprescindible un observatorio de medios que de seguimiento al su impacto en la sociedad cubana, que de cuenta de las insuficiencias de los medios propios en el propósito de ocupar un lugar preeminente en la atención del público.

Los medios de comunicación

A los medios de comunicación social corresponde un papel decisivo en la labor de multiplicar las ideas, testimoniar los avances y las dificultades, comentar los errores y los aciertos. También investigar y dar a conocer problemas e irregularidades visibles o no a primera vista y en ese plano ser vigilantes y auxiliares de la participación democrática de la ciudadanía.
En los valiosos procesos de debate de los contenidos de estos documentos con el pueblo, ha faltado un acompañamiento lo suficientemente activo como para que el mundo simbólico reflejase los problemas, los puntos de vista y las esperanzas de la gente y de ese modo reconocerse colectivamente y multiplicarse en el empeño. Los medios han sido parcos en extremo en revelar el contenido de las valiosas intervenciones y propuestas durante los sucesivos procesos de discusión de esos textos y se ha perdido la posibilidad del enriquecimiento de la discusión, de verse la sociedad a sí misma en tan importantes y trascendentales procesos.
Por tal razón, tampoco se han aprovechado las capacidades y plena disposición de los profesionales de los medios para acompañar los debates.
Estamos ahora en un momento positivo para asimilar activamente los conceptos, estrategia, planes y objetivos contenidos en el trío de textos. Solo con los esfuerzos mancomunados de los dirigentes políticos y administrativos, el activo militante del país, el sistema educacional, los medios de comunicación, el universo cultural y la decisiva participación del pueblo se podrá anclarlos en nuestra cotidianidad, convertirlos en arma para el desarrollo socioeconómico y cultural de la nación. Es el desafío ahora.
Notas:
En sociedad, los intereses que no coinciden existen en contradicción, donde igualmente se contraponen las ideas y los ideales, mientras sus portadores van afianzando o modificando sus puntos de vista. Estos nudos son complejos, y en el plano del intercambio de ideas, a  esa complejidad se añade la que aporta el manejo de la palabra. De ahí que una certera valoración del posicionamiento de unos y otros dependa no solo ni principalmente de lo que dicen, sino de lo que hacen, cómo viven, cuáles son sus relaciones, cuáles sus compromisos, quién los apoya, quién los promueve, etc. Hay entonces que atender a dos variables fundamentales para la justa valoración acerca de las intenciones y tendencias de unos y otros posicionamientos, sin necesidad de etiquetar: lo que dicen y lo que hacen.

[ii]              Las personas que suelen distinguirse como ideólogos, son aquéllas capaces de distinguir lo que diferencia los intereses, los valores, los comportamientos y las representaciones sociales, adentrarse en la singularidad que revelan y dar coherencia a esa realidad social. Tal es el caso en la sociedad cubana de José Martí y Fidel Castro en lo tocante a la ideología revolucionaria. La impronta cultural que deja la labor de tales personalidades pasa a ser patrimonio de la sociedad y deviene factor influyente en los comportamientos sociales, son fuentes de reproducción de principios, ideas y valores, referentes necesarios, herencia social. Incursionar en lo que con derecho podemos llamar ideología revolucionaria cubana, significa estudiar su proceso de conformación como producto histórico cultural en el que resultan fuentes ineludibles ambos pensadores por la integralidad y coherencia que le otorgan, aunque no únicas.

viernes, 21 de abril de 2017

El pensamiento político de Raúl Roa

Por: Fernando Martínez Heredia
Es justo llamar a Roa canciller de la dignidad, pero es totalmente insuficiente para caracterizarlo. Raúl Roa fue un extraordinario pensador político cubano, uno de los más importantes del siglo XX, y un exponente muy destacado de la posición del socialismo cubano.
Vamos a ver a continuación un documental muy valioso de Mundo Latino en el que se exponen la vida y la obra de Roa. Entre los entrevistados para ese filme he estado yo. No es prudente que en esta circunstancia haga una exposición en regla sobre su pensamiento político, por lo que me limitaré a llamar la atención o destacar algunas cuestiones que me parecen muy relevantes para situar al pensamiento de Roa en sí mismo y en relación con su vida, sus ideales y su militancia, y con el proceso histórico en el que participó.
El joven habanero nacido en 1907 era un apasionado de la lectura y, al mismo tiempo, desde muy temprano fue atraído por la política. Como tantos militantes que son intelectuales, Roa aclaró una y otra vez que sus escritos eran hijos de sus actividades y sus concepciones políticas, y que estaban marcados por la urgencia y por el objetivo de servir a la causa. Esas aclaraciones, que se mueven entre la disculpa y el orgullo, no son retóricas, pero a menudo resultan insuficientes. Existe un diálogo, pero a la vez una tensión –que muchas veces llega a ser angustiosa, o conflictiva— entre las creaciones o los deberes del intelectual y las exigencias, coyunturales o estratégicas, de la organización o el orden social con los que ese intelectual se ha comprometido. Se trata de las necesidades, ideas y creencias, y de los prejuicios, tanto de las organizaciones como del militante intelectual. Raúl Roa vivió esas realidades a lo largo de su vida.
Como todo joven revolucionario, su sensibilidad más que sus lecturas fue lo decisivo para comprometerlo. Pero, al mismo tiempo, escuchó el discurso arrebatado de Julio Antonio Mella, fue profesor en la Universidad Popular “José Martí”, estudiaba sin descanso el pensamiento social, leía literatura y poesía sin tasa, y se apasionaba por la justicia social. Se hizo antimperialista, y aún más, antiburgués. Los años veinte, hay que reconocerlo, lo ayudaban a radicalizarse. El gobierno de Gerardo Machado le da un golpe de muerte al sistema político de la primera república en 1927, y lo deslegitima, por el ansia de continuar en el poder. El joven estudiante universitario Raúl recibe el impacto de la actuación y las ideas de una vanguardia juvenil, el Directorio Estudiantil contra la Prórroga de Poderes, primeras armas para Gabriel Barceló, Antonio Guiteras y Eduardo Chibás, y se suma a la izquierda combativa. La dictadura se impone, pero Roa milita en un cenáculo de estudiantes, a la vez que lee a Ingenieros, palpita con la lucha de Sandino y comparte con Villena. Hasta 1930, cuando tienen la oportunidad de lanzarse a un evento social que se concreta en la jornada de rebeldía del 30 de septiembre. Roa y sus compañeros asumen cambiar el contenido de sus vidas: se enrolan en una revolución.
Roa se entregó a la causa y puso en ella su cuerpo y su intelecto. Esos años de lucha y de prosa directas moldearon su personalidad, sus ideales y sus valores personales, y le dieron a su trabajo intelectual su contenido, su campo de reflexiones y su idea de la forma.
La primera de las tres etapas que advierto en su vida política e intelectual es la de la Revolución del 30. Roa abrazó los ideales del comunismo, militó en una de sus organizaciones, el Ala Izquierda Estudiantil, y siguió la línea política de la Internacional. Lo cierto es que la organización política a la que Roa se debía no fue una alternativa de poder durante aquella revolución, ni participó en coaliciones que lo ejercieran o estuvieran próximas a hacerlo. Esto, y los largos períodos de clandestinidad y de encarcelamientos que vivió el joven revolucionario, hicieron que sus labores más relevantes fueran las de agitador, ideólogo y pensador. Por sus cualidades personales, pronto alcanzó en esos terrenos un papel destacado. Aunque se reclama muy militante en sus textos, y los define como expresión del colectivo al que pertenece, reina en los escritos de Roa una expresión individual lograda, que lo identifica. Los rasgos de sectarismo y la estrechez de ciertos juicios políticos que pueden hallarse a lo largo de esta obra suya, chocan con los propios anhelos políticos del autor, sus experiencias y la conciencia que va formándose, y también con su amplitud de criterios y su brillantez intelectual.
En la práctica Roa nos brinda combinaciones muy ricas –y a veces forzadas– entre el espíritu juvenil y los eventos más concretos y asibles, por una parte, y las referencias a la estrategia de las clases sociales antagónicas enfrentadas, o, por otra, interpretaciones en las que asoma una Razón histórica destinada a realizarse. Conviven en sus narraciones y reflexiones la materia real de la que se hace la historia –la actividad y la subjetividad de los seres humanos, y sus condicionamientos–, con los ideales y las consignas de su bandería, y con los ríos profundos de su país natal. Pinta a sus hermanos de ideas y organización como un grupo maravilloso de jóvenes, pero también asume para calificarlos la definición del partido: “la vanguardia de los estudiantes pobres y medios”. Sin embargo, al narrar las acciones y los sufrimientos, y los hechos de los héroes y mártires, alaba por igual a aquellos hermanos de lucha que considera víctimas de la ideología burguesa, y les llama a todos camaradas.
El joven militante Roa se salva, en buena medida, de distribuir premios y castigos y de ejercer la intolerancia en nombre del proletariado, por su formidable capacidad de burlarse de sí mismo y de los demás, pero sobre todo porque en él se han combinado la cualidad de convertir su vocación y su entrega en prácticas que lo llevan al riesgo y a la acción constante, con una sana desconfianza respecto al dogma y la obediencia ciega, y con una educación en la ideología nacionalista mambisa.
Recuerdo el afecto que sentía por aquella larga lista llamada “Libros pertenecientes al estudiante Raúl Roa García”, que elaboró un policía el día de la detención que lo llevó al Presidio, con sus sabrosos errores al escribir los apellidos de varios autores famosos. Pero lo decisivo para él fueron las vivencias, las tareas, peligros y azares de la vida revolucionaria y sus exigencias de abnegación, valor y constancia, la indefensión y la soledad del preso político a pesar de los ideales compartidos, la vida terrible y la muerte horrorosa del sector más desvalido de la sociedad cubana, los presos comunes, el cultivo incluso de un nuevo género literario: contarle las películas a los compañeros. Fue la aventura intelectual y física de un individuo en medio de una gigantesca conmoción social.
La Revolución del 30 y los cambios espirituales que provocó en Cuba convirtieron a Roa en un intelectual reconocido aunque fuera un rebelde, en una pluma apreciada a pesar de ser un comunista. El saldo que le aportó la revolución como intelectual quizás pueda sintetizarse en una frase suya de fines de 1931, que expresa la conciencia que se acendraba en él, pero que podríamos llevar como divisa hoy y siempre: “El intelectual, por su condición de hombre dotado para ver más hondo y lejanamente que los demás, está obligado a hacer política”.
Hay que estudiar también los tiempos en que suceden los acuerdos o las transacciones entre los que fueron enemigos, las resistencias, los desvíos y las deserciones, los cansancios, las protestas y rebeldías magníficas pero que no alcanzan suficiente respaldo social, los retrocesos y las lentas evoluciones, las acumulaciones. Las derrotas enseñan mucho, si uno no se convierte en un derrotado. La segunda etapa de la vida y la obra de Raúl Roa, entre 1935 y 1959, constituye un ejemplo cumplido de ese aserto. En aquellos años Roa, combinó el prestigio personal de que gozaba con las búsquedas afanosas de caminos, la defensa de la memoria y del significado histórico de la Revolución del 30 y la defensa de los ideales más radicales que ella promovió, de justicia social, soberanía nacional y protagonismo del pueblo humilde. Se mantuvo fiel al ideal, pero las condiciones sumamente diferentes que confrontó le exigieron cambios fuertes y diversos dentro de la continuidad de su compromiso con el socialismo.
Junto a una riquísima vida universitaria que fue el centro de su actividad, hizo periodismo en un número enorme de contribuciones publicadas en diarios o revistas, trabajos en los que reflexionaba acerca de acontecimientos, pintaba situaciones o hacía crítica de corrientes de pensamiento y de sus cultivadores. En esta etapa maduró el conjunto de su concepción y su posición. Roa se convirtió en uno de los intelectuales más sobresalientes entre aquellos marxistas y socialistas cubanos que eran independientes respecto al movimiento comunista durante la Segunda República, un grupo que espera todavía un reconocimiento como tal en la historia de las ideas en Cuba.
En aquella etapa Roa se negó a participar en ningún partido político. ¿Cómo hacer política cuando uno no cree en los fundamentos de la política vigente? Solo en una ocasión aceptó el riesgo de asumir un cargo del Estado, a petición de un viejo compañero y amigo, el de Director de Cultura del Ministerio de Educación, de 1949 a 1951, pero sin adscribirse al gobierno de turno ni a su partido. En aquel cargo desarrolló una labor de promoción cultural muy notable, que trató de llegar a las comunidades a lo largo del país, amparó concretamente manifestaciones intelectuales y artísticas de calidad y difundió mediante las publicaciones de la Dirección valores representativos de la cultura cubana.
Menciono tres libros publicados por Roa en aquella etapa. Historia de las doctrinas sociales es un libro de texto ejemplar, que combina una gran profundidad de análisis con una exposición pedagógica y una gran belleza formal. 15 años después alude a su primer libro, Bufa subversiva, de 1935, el primer libro cubano fruto de la asunción del comunismo como concepción social y política, que no puedo abordar aquí. Roa expone una defensa analítica y de gran vigor emotivo de la Revolución del 30 –una tarea fundamental de rescate de la memoria de las luchas populares que era imprescindible en aquella coyuntura–, pero hace un recuento y un balance, y resalta “el dramático contraste entre lo que se quiso y lo que se ha logrado”, y “lo que pudo haber sido y no fue”. Invoca, no obstante, la conciencia que ha ganado el pueblo cubano, e incita a reanudar la obra y “proseguir la batalla”. En el prólogo de Viento sur, de 1953, Roa expresa su angustia ante un mundo sucio, de opresiones e injusticias, y lanza un diagnóstico retador: “Sopla hoy el viento sur en el mundo y no cabe otra alternativa que la coyunda o la rebelión.”
Ambos libros coleccionan 172 trabajos en mil cien páginas. El conjunto constituye un extraordinario venero de asuntos, ideas, recuentos, juicios, acerca del ámbito cubano e internacional, donde se examinan eventos, personajes, teorías, procesos históricos o del pensamiento. Son textos orgánicos en su extrema diversidad, por la concepción y la posición asumidas por el autor, y por la unidad de estilo que se percibe a través de los disímiles géneros reunidos: periodismo del día, conferencias, artículos de fondo y ensayos, crónicas, evocaciones. Integra también un fresco impresionante de los temas de Cuba, América Latina y el mundo en el segundo tercio del siglo XX.
En pie, libro publicado en 1959, comienza: “Cuba ha retornado al futuro y se enrumba hacia la estrella de su destino (…) Es la revolución que demandan los tiempos”. Fidel lo llama a participar activamente, y pronto será el canciller en el Gobierno Revolucionario. Por segunda vez en la vida, la revolución tocó a la puerta de Roa. Esta vez estaba incomparablemente más preparado, por sus vivencias, análisis, experiencias y comprensiones. Pero también era hijo de una época y llevaba sus cargas, y ya tenía otra edad. En esta tercera etapa de su vida adulta recibió las encomiendas de trabajo que merecía, por sus enormes méritos, capacidades y virtudes, y supo corresponder con una entrega total al proceso y la lucha cubana hasta el final de su vida, y con una de las actuaciones más destacadas entre los dirigentes de la Revolución. El intelectual Roa estuvo al mismo tiempo muy activo y presente en innumerables iniciativas y tareas de promoción y avance de la cultura, desde el organismo que dirigía y en otros terrenos. Roa hizo discursos famosos –sobre todo en foros internacionales–, dio una entrevista memorable, organizó muchos textos suyos y los publicó en volúmenes que fueron material obligado en la formación de muchos miles de jóvenes. Escribió siempre que pudo y publicó algunos libros; poco después de su muerte salió su biografía de Rubén Martínez Villena.
Sin embargo, el canciller Roa, dirigente político famoso en la revolución socialista de liberación nacional –y también el Roa postrero, vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular– se abstuvo de brindar públicamente una parte de sus conocimientos y sus criterios, de aportarlos al debate de las ideas con la fuerza de su talento, su prestigio y sus experiencias. Esa abstención suya constituyó una actitud meditada, ejemplarmente militante, y fue una contribución suya a la unidad política y a los intereses estratégicos del proceso de liberación del que tanta conciencia tenía.
Treinticinco años después tenemos necesidad y urgencia de desarrollo del pensamiento y el conocimiento sociales, para que los problemas principales del país se vayan convirtiendo en objeto de debate y de atención prioritaria de las mayorías del país. Si logramos ese objetivo será mucho más abarcadora y profunda la unidad de los cubanos en su diversidad, dispondremos de más fuerzas que las que pueden palparse y medirse, y ejerceremos la única defensa eficaz del socialismo, que es profundizarlo y convertirlo en una creación de las mayorías. La vida y la obra de Raúl Roa constituyen una de las reservas y las lecciones más valiosas que tenemos a nuestro alcance.
Termino con una oración extraída de un trabajo primerizo suyo, de brillantez y hondura inusitadas en un joven de veinte años, y también demasiado audaz, como se debe ser a esa edad. Dice Roa de José Martí algo que cabe enteramente decir de él: “Todo el que cumple ampliamente con su tiempo, lleva en sí una partícula de eternidad”.
Palabras pronunciadas en el Homenaje de la UNEAC a Raúl Roa García en el aniversario 110 de su natalicio, donde se presentó documental de Mundo Latino dedicado a Roa.

lunes, 6 de febrero de 2017

La lucha política


Por: Harold Cárdenas Lema

Quienes dedican tiempo a las descalificaciones y los ataques personales en la red son los que tienen menos que decir, incapaces de generar ideas que aporten al debate público, van a la garganta porque no saben medirse en el terreno del pensamiento. Algunos que lo hacen desde la comodidad de un seudónimo lo son aún más. Cada cierto tiempo en Cuba se regresa al macartismo y la cacería de brujas, la incapacidad de reconocer al enemigo me ha puesto en la línea de fuego esta vez. La lucha política más trascendental tiene lugar hoy entre nosotros mismos pero hay que ver más allá de la batalla y entender la guerra, aunque recibas fuego amigo. En nombre de la Revolución se han cometido muchos errores, la clave está en no albergar resentimientos y seguir luchando por ella, que es más que sus verdugos.

Estos 7 años blogueando dan experiencia. Funcionarios que hacen cruzadas personales, usando posiciones de poder para dar cauce a sus fantasías o intereses, opiniones tergiversadas que se expresan a nuestras espaldas sin posibilidad de rebatirlas, gente buena confundida por la sospecha. A menudo se disfrazan de ideología las miserias humanas pero la diferencia es que ellos están haciendo su trabajo y nosotros no. Esta es una lucha y una militancia voluntaria de la que no vamos a retirarnos, porque aunque no lo admitan quienes hablan a nombre del Socialismo, somos parte de él. Lo seguiremos defendiendo a mano y sin permiso, incluso de sí mismo.

Para descalificarme usan una vez más mi participación en El Toque, pero no pueden referirse a ninguno de mis posts en concreto porque son en defensa del proyecto socialista cubano y no les sirven para el ataque. Aquí está el listado completo de mis textos, hagan un balance general y tomen sus propias conclusiones. En El Toque colaboré durante 3 años como bloguero y editor, en La Joven Cuba (LJC) llevo 7 como fundador y administrador. En el primero siempre escribí como cubano revolucionario, pero guardé la mayoría de las críticas para el segundo, las críticas no pueden ser pagadas. Hoy no me cuestionan por lo que escribí en El Toque sino en LJC, el primero es solo el pretexto para callar mis contenidos en el segundo.

Hace años, cuando llegué a la Habana intenté publicar en varios medios nacionales sin éxito, trabajar en algunas instituciones sin éxito, el cerco que se tendía alrededor no era para mi asfixia sino para eliminar también a LJC, o disciplinarla al menos. Mi trabajo como editor en El Toque o el que surja mañana decorosamente sin denigrar a la Revolución, serán siempre para mantener con vida un blog al que desde hace años no le han tendido la mano sino los cañones.

La opinión tendenciosa de los acusadores contrasta con los blogueros que han trabajado conmigo, saben que nunca he permitido una crítica injusta al proyecto socialista cubano, a veces me han recriminado incluso mi excesivo celo en este sentido. Hace días pensaba escribir sobre los periodistas en los nuevos medios, no lo hice porque se generó un debate con el primer post que se fue por las ramas. Pero es oportuno agregar mi experiencia desde El Toque, desde aquellos que mostraron el respeto y dolor por la muerte de Fidel en sus textos, hasta aquel blogger que buscando empezar a trabajar con nosotros me hizo dos preguntas por teléfono: ¿cuánto se paga y qué debo decir? Hasta ahí llegó su colaboración.

En los medios estatales y los nuevos hay buenos y malos periodistas, pero esto no interesa a los que desde cada extremo generalizan el papel de los otros en un mismo e injusto saco. Esos extremos que terminan pareciéndose tanto.

El ataque que se hace ahora es tendencioso, pero además desinformado porque esgrime argumentos que ya no existen, hagan su tarea. El objetivo real no soy yo sino La Joven Cuba, la piedra en el zapato de quienes quisieran ser voceros únicos de la Revolución, y les tenemos una noticia: el Socialismo cubano no tiene dueños. Cuba es nuestra pero de todos, porque mi abuelo luchó contra Batista, mi padre en Angola y yo no me la voy a dejar robar por los que creen salvarla cuando en el mejor de los casos la están frenando.

Un blog de naturaleza política como LJC, nunca ha aceptado financiamiento de ningún tipo, solo puede sostenerse con nuestros bolsillos, en contraste con quienes reciben apoyo desde el extranjero o una infraestructura estatal. Ningún gobierno nos paga, ni el nuestro ni cualquier otro, y eso se traduce en autoridad moral. Hasta hoy, la Internet en Cuba cuesta 1.50 o 2 CUC la hora, e incluso las autoridades nos han exigido que le demos seguimiento diario a los contenidos y los comentarios. Pero a LJC le ocurre como a Cuba, se le ata de pies y manos y luego se le cuestiona que no pueda nadar en la piscina. Participé en El Toque porque quise, porque con ética y claridad política se puede todo, porque la lucha política requiere personas que lo hagan así. Con ese dinero financio no solo el proyecto que es LJC, sino una militancia y participación en el mundo real que ha recibido apoyo de poquísimas instituciones.

Estamos acostumbrados a leer en los libros de historia cómo Fidel hizo la guerra con las armas de Batista, pero pensar que alguien en la actualidad pueda hacer eso, no no no… imposible, no estamos autorizados.

Otro elemento puesto en tela de juicio es mi participación en eventos internacionales. Se presenta como un descubrimiento algo que es público, con fotografías tomadas de mi Facebook y posts publicados en La Joven Cuba. Mi primer viaje a Estados Unidos fue al programa Murrow, no fue secreta mi participación, lo publicamos en LJC y avisé en mi trabajo que asistiría: visitar un país del que muchos hablamos acá pero no todos conocen, y hacer lobby contra el bloqueo. En el grupo de periodistas que asistieron conmigo, bromeando me llamaban “bloqueo”, porque se sabía lo que diría yo siempre que pedía la palabra. Esto fue dos semanas antes del 17 de diciembre de 2014.

Cuando terminó el programa, con la ayuda de CAFE (organización de emigrados que enfrentan el bloqueo dentro de Estados Unidos) pude hablar en dos universidades estadounidenses. Lo que unos presentan como una vergüenza es un gran orgullo, haberme gastado los 100 dólares que sobraron del Murrow en actividades de este tipo, haber dormido la última noche en Nueva York en un hotel que tenía el cuarto más pequeño de la ciudad y un baño colectivo, compartiendo litera con un miembro de CAFE que también estaba ahí por su país, es sentirse mambí. Luego participé en el programa de radio La Tarde se Mueve junto a Edmundo García, sin ambigüedades sino plantando bandera por el socialismo cubano dentro de Estados Unidos, eso no me lo quita nadie.

Al igual en los Diálogos Atlánticos que tienen lugar en Marruecos. Asociarme al resto de los participantes en un evento internacional basado en lo que dicen otros asistentes, es como criticar a Bruno Rodríguez por lo que diga otro canciller en la ONU, poco serio. Sigo siendo yo mismo en esos eventos, esto a menudo me convierte en elemento exótico pero estoy seguro que en Cuba lo saben. Diplomáticos cubanos han sido testigos de mis intervenciones en el extranjero, no me dejarán mentir, puedo ser muy crítico pero trato de ser justo en la defensa de lo que tenemos. Al ser un evento de alto nivel no existen dieta ni gastos de transporte, ahí también se gasta el dinero que he ganado trabajando, quién sabe si mis detractores harían lo mismo.

Este debate en el fondo trata sobre la legitimidad de participar en eventos de derecha en el mundo. Los espacios que no ocupemos nosotros los llenará la “disidencia” cubana, que bastante lejos ha llegado por culpa de algunos entre nosotros, con razonamientos así de absurdos que terminan automarginándonos de espacios que deberíamos conquistar o disputar al menos. Seguiré participando, porque sé que el saludo de Raúl a Obama en Panamá o en la Habana se llama lucha política, y no es solo un privilegio del Estado que el pueblo debe observar pasivamente sino que todos debemos luchar de maneras distintas, y cada espacio que pueda alcanzar en este sentido, será un avance.

Siempre hay que marcar una línea y esta para mí está en la subversión. A los eventos financiados con fondos destinados a provocar el fin de la Revolución, no voy, y más que eso, los denuncio. Pero de esto tampoco hablan mis críticos. Ahora se ha dicho de todo con tal de crear un ambiente de sospecha. Algunos enemigos son reales, otros son construidos artificialmente porque es necesario marginarlos, demasiado revolucionarios para quienes ven la política de manera lineal.

Cada viaje que hago es auditable, cada post que escribo, cada cosa en mi cotidianidad queda reflejado en las redes sociales y el blog. Sería bueno saber lo mismo de mis interlocutores, dónde viven (yo en casa de mi madre con mi novia en un apartamento micro de un cuarto y medio en el Vedado), qué transporte tienen (en mi familia no hay una sola persona con carro, por ejemplo) y cómo se conectan a Internet para exponer sus ideas (yo en parques Wifi, pagando con mis ahorros). No encontrarán más en mi vida personal, si tienen dudas pregunten y le responderé a los que lo hacen con respeto y no segundas intenciones. Pero seamos justos también, que quienes me acusan hagan el mismo ejercicio de transparencia.

A diferencia de ellos, La Joven Cuba no es mi trabajo sino una militancia. No pierde nada quien nada tiene y nada espera. Cualquier duda sobre lo que hago era fácil de aclarar, mis interlocutores pueden obtener fácilmente mi teléfono, señalarme si creen que estoy cometiendo un error. No soy soberbio, llevo años buscando ese diálogo, pero este nunca llega. Para algunos la disciplina sigue siendo el principal valor de un revolucionario, esto en un país donde ninguno de sus mejores hombres ha sido dócil, siquiera dentro de las propias fuerzas de izquierda en cada momento histórico.

Entiendo a algunos de los atacantes, con el historial de traiciones y dobleces que hemos tenido en la historia reciente, es fácil malinterpretar lo que hacemos. Más aún por nuestra decisión de no limitarnos a echar la pelea dentro de Cuba sino fuera, de luchar aquí contra las fuerzas conservadoras que nos limitan y afuera contra las de derecha que tergiversan nuestra realidad. La pelea es compleja, en foros distintos y con distintas reglas. Pero es una misma pelea y soy el mismo en ambas para ser consecuente, aunque sirva de argumentos a los obtusos y deba pagar un precio.

Esta batalla no es nueva, antes de El Toque cuando era un profesor universitario sin haber salido nunca del país, me decían hipercrítico e incluso trataron de cerrarnos el blog, siempre hay un pretexto de turno. Si LJC no se leyera, si la crítica revolucionaria que desde aquí hacemos no fuera compartida por muchos cubanos, no fuera necesaria esta ofensiva. Pero la Revolución no son los verdugos del momento, no está reflejada en un piñazo sobre la mesa, ni se le guarda resentimiento por haber sufrido un día una injusticia a nombre de ella.

La lucha política tiene momentos así de confusión, cuando cada uno de nosotros puede cometer errores. Si mis detractores no están buscando la difamación y tienen realmente preguntas que hacerme podemos vernos cuando deseen, de frente y con sinceridad. Yo también tengo fuertes preguntas e información que por responsabilidad no comparto en público. Mientras recibo esa llamada, seguiré escribiendo con más ganas en La Joven Cuba.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

jueves, 8 de septiembre de 2016

Lo revolucionario en Cuba



Por: Harold Cárdenas Lema, La Joven Cuba

Existen dos grandes falacias sobre lo revolucionario en Cuba. La primera viene de la derecha cuando trata de mostrar la contrarrevolución como algo cool, un acto de rebeldía contra el sistema, un bien público. Con todos sus problemas, el proyecto socialista cubano sigue siendo más hereje, alternativo y patriótico que ninguna de sus alternativas. Esta es razón suficiente para no dedicarle un segundo más.

La segunda es la idea de que lo revolucionario es lo políticamente correcto, o mejor dicho, lo políticamente cómodo cuando se vive en Revolución. Esto se conjuga con la noción de que existe un modelo de revolucionario, que de no seguirse al pie de la letra, se convierte uno en Donald Trump. Algo así como "estás conmigo o contra mí", frases históricamente pronunciadas por George Bush el 20 de septiembre del 2001 y Darth Vader en Star Wars III. Hace días alguien me acusó así también en Facebook.

El proyecto cubano se fundó después de una guerra en que salieron victoriosas distintas organizaciones, cada una con una visión particular del futuro. Y no significó que fueran irreconciliables. El credo en nuestras filas era claro, dentro de la Revolución se podía todo, incluso discrepar al nivel del Che Guevara con Carlos Rafael Rodríguez, se podían cosas que ahora son bastante difíciles.

En algún momento nos convirtieron la política inclusiva de la Revolución, en dogma excluyente si no te ajustabas al parámetro. Y las consecuencias han llegado a nuestros días, marginando así a un amplio sector que podría estar dentro de la Revolución pero la torpeza y falta de visión les ha hecho sentir que están fuera. Es ver los ecos del Quinquenio Gris buscando reproducirse a un nivel masivo.

Si estuviéramos en los sesenta Fidel se hubiera reunido hace rato con los cineastas y hubiera Ley de Cine, o con los periodistas y hubiera un no-sé-qué, pero todo estaría mejor. En vez de mirar con nostalgia esa época en que valorábamos la diferencia de opiniones en nuestras propias filas, sin menospreciarlas o atacarlas, debemos recuperar ese principio.

Alguien dijo que la proposición de opiniones nuevas, la búsqueda de objetivos comunes con los que no son contrarrevolucionarios pero discrepan en algunos puntos, es ambigüedad, vacilación o indefinición política. Esta mirada macarthista nos ha debilitado.

Si esto fuera así, Julio Antonio Mella nunca habría podido hacer la ANERC, Guiteras no habría podido darle avances democráticos al pueblo dentro de un gobierno burgués, Fidel ni nadie hubieran asaltado el Moncada. Y mucho menos su hubieran unido todas las fuerzas en 1959.

En la historia de las revoluciones siempre han existido tendencias al dogma y otras de espíritu dialéctico-humanista, a las primeras siempre les cuesta reconocerse así. La vida es más rica incluso que las ideologías, tu enemigo político sin saberlo puede ayudarte a cruzar la calle o abrirte la puerta en una tienda, y viceversa. No basta con defender ideas de izquierda, hay que ser buenas personas, hay que tener valores que nos lleven a buscar lo mejor en los demás y no a convertirnos en francotiradores predispuestos contra todos los que no son uno mismo.

Por demás, hay que ser consecuentes. No se puede ser revolucionario para atacar el capitalismo y defender la integración latinoamericana, ignorando los problemas internos o callándolos bajo un errado concepto de disciplina militante. Me decepcionan los que pasan horas enfrentando las campañas mediáticas contra el país, y no tienen voz para reconocer con honestidad los problemas internos o lo hacen con edulcoraciones paternalistas.

¿Qué es lo revolucionario en Cuba? No lo sabe nadie, lo construimos todos en base a las lecciones del pasado y las necesidades del presente. Pero la búsqueda de unidad para la construcción socialista, incluso con sectores de distinta procedencia e intereses como fue al inicio de la Revolución, debemos recuperarla. La capacidad de sumar debe ser mayor que la de restar, o estamos muertos.

Hay que ser atrevidos, equivocarse incluso pero seguir adelante. Las revoluciones cobardes no llegan a nada, se quedan allí, ni el recuerdo las puede salvar. Nuestra historia, nuestros muertos y nosotros mismos, merecemos más que la parálisis del dogma. No puede fracasar una revolución más por esta razón.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com