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sábado, 29 de abril de 2017

Cuba: comunicación, derechos y desarrollo sostenible

El modelo comunicativo imperante en el país necesita transformarse para que esté a la altura de las demandas actuales de la sociedad cubana.

SOCIEDAD José Ramón Vidal Valdez, Doctor en Ciencias de la Información 29 Abril, 2017 


Foto: Jorge Luis Baños_IPS
Ese modelo comunicativo se concreta, tanto en lo político como en lo jurídico, en el concepto del derecho a la comunicación, entendido este como el derecho a informar y ser informado, a hablar y ser escuchado, imprescindible para poder participar en las decisiones que conciernen a la colectividad.

Frecuentemente se escuchan, en escenarios diversos, quejas e insatisfacciones sobre el sistema de comunicación pública en Cuba. A veces se suscitan enconados debates sobre el tema desde imaginarios de prensa contrapuestos, pero existen también reflexiones más sosegadas, rigurosas e integrales,que se gestan, sobre todo, en el campo académico de la comunicación y la información y en el sector periodístico.

Estas reflexiones tratan de ubicar en contexto el sistema comunicativo y no solo de encontrar los orígenes históricos de sus rasgos peculiares, incluyendo sus fortalezas y sus debilidades, sino que intentan identificar, además, los retos que tiene ante sí, para el presente y futuro inmediato, y los posibles caminos para su mejoramiento.

El presente artículo pretende sintetizar algunas de las conclusiones más compartidasen el espacio académico de la información y la comunicación en Cuba –aunque, por supuesto, no unánimemente aceptadas–, acerca del sistema y el modelo comunicativo imperante en el país y las transformaciones que sería necesario realizar para que estén a la altura de las demandas actuales de la sociedad cubana.

Antecedentes

Las profundas transformaciones políticas, económicas y sociales desatadas por la Revolución Cubana impactaron también en la conformación del sistema de medios de comunicación que, en poco tiempo, pasaron a ser de medios comerciales a medios públicos.

Desde los primeros años de la pasada década del sesenta, la política editorial de los medios se subordinó por entero a la confrontación Revolución–contrarrevolución que, en el caso cubano, como se sabe, tiene un profundo matiz nacionalista, al ser ante todo la disputa entre Cuba y los Estados Unidos.

Cuba fue bloqueada económicamente (aún lo está), agredida por bandas terroristas y amenazada de intervención militar directa. Se desató una inmensa campaña diplomática y mediática con el propósito de aislarla del resto del mundo.

En ese contexto aparecen dos rasgos esenciales en el sistema comunicacional cubano: la propaganda en defensa de la Revolución, como función primera y esencial de los medios; y el secretismo, como mecanismo de defensa ante situaciones realmente excepcionales.

No obstante ello, durante la primera mitad de esa década la prensa fue escenario de debates de sumo interés público acerca del proyecto socialista y acogió no pocos trabajos periodísticos críticos.

En la segunda mitad de los sesenta se produjo la integración de los diarios Hoy y Revolución, que eran los medios vinculados al Partido Socialista Popular y al Movimiento 26 de julio, como expresión en la prensa del proceso de unidad de las fuerzas políticas de la Revolución. Surgió así Granma como órgano oficial del Partido Comunista de Cuba. Semanas más tarde nacería Juventud Rebelde, con el subtítulo de órgano de la juventud cubana, bajo la supervisión de la Unión de Jóvenes Comunistas.

Según la apreciación del ya fallecido Julio García Luís, Premio Nacional de Periodismo,…” la reestructuración de la prensa diaria en 1965 no se revirtió de inmediato ni después, en un periodismo de mayor calidad al que ya se venía realizando”[1]. Varios factores incidieron sobre este resultado, desde la experiencia profesional de los nuevos periodistas y directivos, muchos de ellos improvisados, hasta un mayor control sobre los medios desde el sistema político.

Pero no fue hasta la década del setenta que se entronizaron en el sistema de medios mecanismos de control directo a imagen y semejanza con el modelo soviético, como parte de un proceso mucho más general de acercamiento a la URSS y al campo socialista europeo.

La autorregulación por convicción, sentido de responsabilidad y profesionalidad por parte de los periodistas y directivos de los medios no se consideró garantía suficiente para las estructuras del Partido y se intensificó la intromisión de su aparato auxiliar en la conducción cotidiana de la prensa.

Por supuesto, esto conspiró contra la profesionalidad y,fundamentalmente, contra el cumplimiento de las funciones diversas y complementarias de los medios en la sociedad. Se produjo entonces una hipertrofia de la función propagandística, con tintes apologéticos de la obra de la Revolución, en detrimento de la función informativa, de la crítica oportuna y necesaria para cualquier proyecto político y socioeconómico y del uso de los medios como plataformas de participación democrática de la ciudadanía en los asuntos públicos.

Estos rasgos se mantienen en lo esencial como características del sistema de los medios en Cuba, pese al tiempo transcurrido y las transformaciones de la realidad nacional y del entorno internacional, incluido el comunicacional, que a todas luces está pidiendo un cambio.

El proceso de esos cambios se sabe será difícil porque debe sobreponerse a una cultura verticalista, que tiende más al control que a la autonomía, a la trasmisión más que a la participación y el diálogo.

La insatisfacción con la labor de los medios

El funcionamiento del sistema de medios en Cuba deja insatisfecho tanto a gran parte de la ciudadanía, como a las propias instituciones públicas.

Desde la ciudadanía se pueden constatar esas insatisfacciones tanto en las opiniones que se expresan acerca de los medios de comunicación, como por la proliferación y credibilidad de rumores. Desde las instituciones se han realizado críticas y demandas a los medios y a los profesionales de la comunicación en múltiples espacios y momentos.

En particular, los congresos de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) han sido momentos para el análisis crítico de los medios, especialmente en sus dos últimas ediciones.

Algunos de los problemas que provocan esas insatisfacciones son:


  1. Escasa autonomía de los medios para establecer sus agendas de contenidos, lo que provoca notables desfases entre las agendas mediáticas y las agendas públicas.
  2. Imposibilidad de acceder a toda la información necesaria desde las instituciones públicas, dado el carácter restrictivo y secretista con que actúan en lo comunicacional.
  3. Los medios de comunicación no solo están afectados por el secretismo y el sistema de regulación de sus contenidos, sino que padecen graves déficit financieros y materiales.Por ejemplo, una crítica situación con sus medios de transporte afecta la labor reporteril.
  4. El personal que labora en los medios, como en muchos otros sectores del país, recibe salarios insuficientes y ello lo obliga, en no pocos casos, a dedicar tiempo y esfuerzos en encontrar otras vías de ingresos.

Todo lo anterior ha impactado en una lenta e insuficiente apropiación de las transformaciones que han ocurrido a escala global en los sistemas comunicativos caracterizados por la irrupción de redes y soportes digitales diversos, que crean la posibilidad de democratizar la producción y el acceso a la información y a la producción cultural.

Esta apropiación no se limita solo a lograr la conectividad y el acceso a la tecnología informática, lo cual tiene un notable retraso en Cuba, sino también la necesaria restructuración del sistema de gestión editorial y las culturas profesionales que se derivan de su asimilación.

A partir de estas insatisfacciones se ha intentado realizar algunos cambios regularizando las informaciones sobre el desempeño y los acuerdos de las instancias de gobierno, alentando trabajos periodísticos de corte crítico y la mayor presencia de voces de diferentes sectores sociales en la prensa. Las secciones de intercambio con los lectores se han fortalecido y constituyen una vía de participación y queja de la ciudadanía. Aparecen trabajos de opinión más diversos y plurales.Hay un incipiente desarrollo de la prensa digital. Se exige a los organismos del Estado una mejor organización de su gestión comunicativa.

Pero estos cambios no son suficientes. En realidad,desde hace décadas las máximas instancias de dirección del Partido han intentado ampliar la función crítica de la prensa y mejorar su labor informativa. Pero una y otra resolución termina por evaluarse como no cumplida porque, en realidad, en ningún caso se ha hecho una reflexión profunda y radical sobre el modelo comunicativo y las relaciones entre las instituciones del sistema político y los medios de comunicación, lo que ha implicado tratar de obtener nuevos resultados con viejos métodos y se sabe que eso no es posible.

Diversos documentos y pronunciamientos realizados en los últimos años establecen el propósito de perfeccionar los mecanismos de participación ciudadana en los asuntos públicos, pero como ha expresado en su tesis doctoral la destacada periodista Rosa Mirian Elizalde:

“No hay participación sin comunicación, por más que se declaren ambas como objetivos estratégicos. Las fallas del Sistema comunicacional pueden comprometer el ejercicio colegiado del poder político e impedir formas permanentes de control social que favorezcan la participación popular y tengan un papel activo en la lucha por la defensa de los derechos culturales de la nación”[2].


Los grandes retos actuales del sistema comunicativo cubano

La sociedad cubana está en momentos de dinamización de cambios y de crecimiento de su diversidad, lo que plantea nuevos y más complejos retos al sistema comunicacional.

Algunos de estos retos se derivan de la aparición de un sector no estatal de la economía y la ampliación del cooperativismo en diversos sectores. Esta diversidad de formas de propiedad hace emerger nuevos actores sociales que requieren tanto acceso a los medios como el control de estos sobre sus actuaciones.

También se han venido produciendo cambios institucionales, en los órganos de gobierno y en el sector empresarial, dirigidos a diferenciar adecuadamente las funciones de unos y otros, que incluyen una mayor autonomía a las empresas de propiedad social; el fortalecimiento de las regulaciones jurídicas y del derecho; y nuevas formas de planificar y dirigir la economía con procedimientos y políticas económicas y no solo con regulaciones administrativas. Estas transformaciones en el modelo de gestión económica requieren tratamientos diferenciados a las instituciones, desde lo comunicacional, y de informaciones amplias y de profundidad que contribuyan a crear conocimientos que favorezcan la comprensión y el apoyo a estos cambios.

También los medios –y la ciudadanía a través de estos–deben tener la posibilidad de observar críticamente sus impactos en la sociedad y,en particular, en la vida cotidiana de las personas, para alertar sobre posibles deformaciones en su aplicación o la necesidad de producir ajustes a tiempo para que se reviertan francamente en beneficio de la economía y la sociedad cubanas.

Otros elementos insoslayables que requieren tratamiento permanente e inteligente en los medios de comunicación son las consecuencias que genera la imposibilidad de la economía de remontar, definitivamente, las secuelas materiales de la profunda crisis de los años noventay, por supuesto, algo mucho más complicado, sus efectos subjetivos motivados por el proceso de empobrecimiento que se ha vivido y el consecuente deterioro de la credibilidad de las instituciones.

Los efectos de la crisis no están motivados solo por los duros años de aguda escases de productos de todo tipo y la disminución del salario real, sino por la ruptura brutal de la visión de futuro y los planes de vida de las personas y las familias. La sensación de que las reglas del juego cambiaron, que ahora todo está lleno de incertidumbres luego de haber vivido un periodo de seguridad y, sobre todo, de promesas que parecían alcanzables, deteriora el compromiso con el proyecto social y altera el cumplimiento de las normas sociales de civilidad y convivencia.

Estos asuntos tienen algún reflejo en la agenda mediática, pero más desde un discurso moralizante que desde el análisis de causa más profundo de estas conductas, que permita generar una reflexión colectiva que contribuya a corregir sus efectos perniciosos.

Otro componente de los cambios que se han originado en la sociedad cubana es la emergencia pública de expresiones culturales y espirituales generadas desde identidades diversas, de género, creencias religiosas, orientación sexual, color de la piel o generacionales que, como nunca antes, pugnan por su presencia y reconocimiento en el espacio comunicacional. La política cultural y la relacionada con las creencias religiosas, abiertas y garantes de los derechos culturales, han contribuido en mucho a diversificar en los medios las miradas sobre esta diversidad creciente, pero no dejan de ser un reto permanente a la sensibilidad, creatividad y profundidad del trabajo periodístico

El sistema comunicativo cubano tiene ante sí, además, los desafíos que entraña para lo comunicativo el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, que no diluye sino que transforma las disputas históricas entre ambos países y produce un tránsito del enfrentamiento frontal en los escenarios económicos y políticos hacia una confrontación,fundamentalmente en el orden simbólico y cultural. Ello sitúa la actualización y perfeccionamiento de las políticas comunicacionales como una prioridad insoslayable

Hay, además, demandas que se derivan del proceso de relevo de la generación histórica que hizo la Revolución, hacia una nueva generación de dirigentes que tiene que basarse más en la legitimidad de las instituciones y las leyes y la capacidad para generar consensos. Es decir, una nueva forma de gobernar que, inevitablemente, tiene que implicar una manera diferente de comunicarse con la ciudadanía.

Afrontar con éxito estos retos requerirá de cambios conceptuales y prácticos de profundidad en lo relacionado con todo el sistema de comunicación social y su relación con el sistema político

Referentes necesarios

Hay desarrollo teórico y propuestas provenientes de las luchas populares sobre la democratización de la comunicación que pueden ayudar a repensar las políticas y las regulaciones del sistema comunicativo en Cuba, lo que excede al sistema de medios e incluye a todos los actores involucrados en los procesos de comunicación a escala social e institucional.

Uno de los conceptos que debe constituir punto de partida en esas reflexiones es el de derecho a la comunicación.

La idea de que era necesario formular un nuevo derecho humano a la comunicación fue esbozada por primera ocasión por Jean D´Arcy[3], en el seno de la UNESCO. Este autor consideraba que el derecho a la comunicación tendría que ser, necesariamente, más amplio que los derechos de opinión, expresión e información, que fueron reconocidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, la cual resultaba insuficiente como paraguas normativo para orientar la regulación del fenómeno de la comunicación en un contexto de acelerado desarrollo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) y de una creciente concentración a nivel mundial de los medios de comunicación masiva en empresas transnacionales de la información y la industria cultural.

En 1973, los países No Alineados plantearon en el seno de la UNESCO la idea de establecer un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (NOMIC) como correlato en el campo cultural de las propuestas en favor de un Nuevo Orden Económico Internacional

En particular, la propuesta del NOMIC provocó fuertes confrontaciones en los escenarios internacionales entre los países que denunciaban la profunda asimetría que existía en los flujos internacionales de información y comunicación, y los países industrializados de Occidente, que argumentaban que las pretensiones de establecer políticas y legislaciones que regularan esas relaciones eran un atentado al libre flujo de información y a la libertad de expresión, lo que era violatorio de diferentes cartas y acuerdos internacionales.

Como parte de esas disputas se constituyó por la UNESCO una comisión de expertos que evaluaría el ordenamiento internacional de la información y la comunicación; esa comisión fue identificada por el nombre de su presidente Sean MacBride. Como resultado de su trabajo se presentó un informe resumen que tiene como título “Un solo mundo, voces múltiples”.

Su aporte al debate internacional sobre la comunicación fue trascendental, en tanto describía y denunciaba los desequilibrios en la producción y circulación de información y abordaba el tratamiento del derecho a la comunicación como una necesidad política, aunque aún sin forma jurídica precisa.En efecto, a manera de recomendaciones, se formularon orientaciones jurídicas para que los Estados regulen las nuevas relaciones provenientes de la actividad comunicacional y,especialmente, mediática.

En síntesis, según estas recomendaciones, eran necesarias disposiciones para consolidar el ejercicio de los derechos tradicionalmente relacionados con la comunicación (opinión, expresión e información), así como de los demás derechos humanos relacionados con estos. Pero también se proponía a los Estados intervenir para asegurar el acceso democrático a la información y a los medios de comunicación por parte de los individuos y de los colectivos sociales; evitar la concentración de la propiedad de los medios, así como el monopolio de la producción de información; y asegurar la posibilidad de libre elección de los individuos frente a la amplia gama de información ofertada.

Luego de adoptarse por mayoría las resoluciones para hacer avanzar el Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación en correspondencia con las conclusiones del informe Mac Bride, los Estados Unidos y el Reino Unido comunicaron su decisión de retirarse de esta organización, argumentando que el NOMIC constituía un atentado a la libertad de información. Le atribuyeron un sesgo estatista y acusaron a las autoridades de la UNESCO de propiciar en los países del Sur la creación de estructuras comunicacionales de inspiración socialista.

En la confluencia de las pasadas décadas de los ochenta y noventa, el predominio casi absoluto de la ideología neoliberal como discurso e imaginario únicos hizo retroceder muchas de las conquistas logradas tras años y décadas de lucha. La propuesta de un nuevo orden mundial de la información y la comunicación fue una de esas conquistas postergadas.

Las políticas neoliberales aceleraron los procesos de concentración de la propiedad y desataron una ola de privatizaciones que debilitó en grado sumo los servicios públicos de información y comunicación y de las telecomunicaciones. Se agudizaron aquellos rasgos del orden mundial de la información y la comunicación que la comisión MacBride había definido como inaceptables[4].

Comenzó a prevalecer otro paradigma en el análisis de los problemas internacionales vinculados a la información y la comunicación. Un ejemplo de este nuevo paradigma lo constituye la Convocatoria de la ONU a la Cumbre Mundial de la Información (Ginebra 2003-Túnez 2005), cuya organización se encargó a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) y no a la UNESCO, como hubiese sido razonable, lo que llevó a omitir el debate en términos de derechos por un enfoque centrado en la forma de regular las relaciones comerciales y tecnológicas que generan el uso de las TIC en la globalización del mercado.

En contraposición a esas tendencias, los movimientos sociales y fuerzas progresistas resaltaron la relación que existe entre el derecho a comunicar y aquellos que garantizan la participación pública y el conocimiento y defensa de todos los derechos humanos.

La comunicación es concebida como un derecho de todos y todas, que implica el acceso y la participación en procesos individuales y colectivos de construcción del conocimiento; pero, también, de participación de los ciudadanos en los procesos de toma de decisión relacionados con los asuntos concernientes a sus vidas.

Se retoma la idea de establecer políticas de comunicación e información y las legislaciones correspondientes que den garantías al pleno ejercicio del derecho a la comunicación.

Los empeños por democratizar la comunicación durante décadas han dejado un sedimento de ideas, conceptos y prácticas que hoy día, tras un largo y accidentado derrotero, conforman un modelo alternativo, tanto al imaginario liberal de prensa, como al modelo imperante en las experiencias socialistas del siglo XX. Esto tiene una gran importancia para Cuba, que decidida a perfeccionar su modelo de desarrollo económico y social de orientación socialista debe actualizar su propio modelo comunicativo y las políticas y el marco jurídico que lo organice y regule.

Otro referente insoslayable está relacionado con la centralidad que tiene la comunicación en los planes de desarrollo económico y social. La jerarquía de la información y el conocimiento como factores en el desarrollo ha ido creciendo. Se evidencia en la actualidad un uso intensivo de la información y un valor creciente del conocimiento como factores diferenciadores y condicionantes del desarrollo.

No es que el capital no sea importante,pero no basta, hay que saber seleccionar, procesar y emplear eficazmente los altos volúmenes de información; generarlos conocimientos indispensables que garanticen la producción de bienes y servicios con la calidad requerida en las nuevas condiciones socio–técnicas y asimilar las nuevas áreas de desarrollo científico y tecnológico que han emergido a partir de la llamada “revolución digital” y su confluencia con diversas demandas sociales.

El factor que realmente establece la diferencia es la posibilidad de contar con una masa crítica de personas altamente calificadas en el manejo de la información, en la generación de conocimientos y en su capacidad innovadora para aplicarlos eficazmente en la actividad productiva o de servicios correspondiente.

Pero la calificación de las personas no se logra hoy solo con excelentes centros educacionales. Estos, claro, son indispensables; pero si los profesores, los estudiantes y los egresados no están conectados a los flujos mundiales de información, se descalifican rápidamente. La velocidad de generación de nuevos conocimientos es enorme y se realiza no solo en los grandes centros de investigación, sino que se construye, valida y socializa a través de las redes digitales.

Las nuevas tecnologías invaden la vida cotidiana y son utilizadas por miles de millones de personas. Desde las computadoras personales hasta el teléfono móvil, las tarjetas digitales, los comandos del televisor o de otros electrodomésticos, para poner solo algunos ejemplos de la cotidianidad, requieren conocimientos nuevos que deben ser aprehendidos masivamente.

Este factor nos indica la necesidad de contar con políticas y legislaciones en comunicación actualizadas, que contribuyan a aprovechar al máximo posible las oportunidades que surgen tanto en los procesos de desarrollo socioeconómico, como en el perfeccionamiento de los mecanismos de participación ciudadana.

Las relaciones entre la política y la comunicación exceden hoy día la antigua lógica de ver a la comunicación social, y en particular a los medios,como meros instrumentos. La comunicación es hoy un eje esencial en cualquier proyecto político, como lo es también con respecto a cualquier proyecto de desarrollo socio-económico. Por lo que las relaciones entre ambos sistemas solo pueden ser comprendidas en una lógica de mediación recíproca que obliga a garantizar la autonomía de ambos sistemas y no la subordinación del comunicativo ante el político a ultranza.

Las nuevas circunstancias tecnológicas y culturales amplían, además, los contenidos tradicionales de las políticas de comunicación que ahora deben incluir, de manera coherente e integrada, las políticas relacionadas con la instalación y apropiación de las tecnologías de información y comunicación digitales y las transformaciones culturales indispensables para poder hacer un uso provechoso de estas.

La llamada política de informatización de la sociedad tiene que estar integrada a una política pública de comunicación, de tal forma que se vea en toda su integralidad las trasformaciones en curso a nivel global y sus implicaciones para el país.

Para ello es necesario situar a este proceso en un marco que rebase, aunque por supuesto incluya, la óptica de la seguridad nacional y se abra a las perspectivas de entender las redes digitales y su uso como infraestructuras básicas para el desarrollo, como un asunto vinculado al derecho a la comunicación, al funcionamiento democrático y transparente de las instituciones públicas y como un proceso generador de bienestar y mejoramiento de la calidad de vida. Sin embargo, aún no se observan con claridad los lazos entre esa política y las transformaciones indispensables en el sistema de comunicación social.

Como se observa, hoy día las políticas de comunicación deben hablar tanto de política e ideología como de economía y desarrollo. La manera de concebir el modelo y el sistema comunicativo y sus regulaciones serán condicionantes importantes en el funcionamiento del sistema político y en la consecución de los planes de desarrollo económico y social.

Posibles caminos

La solución a las demandas sociales al sistema comunicativo cubano no puede salir de un modelo comunicativo centrado en el control y la información vertical, que resulte omiso en temas de alto interés social y escaso en espacios públicos de análisis y debate.

Lo más conveniente parece ser lograr un modelo comunicativo que favorezca el diálogo fluido a escala social, institucional y comunitaria.

Ese modelo comunicativo se concreta, tanto en lo político como en lo jurídico,en el concepto del derecho a la comunicación, entendido este como el derecho a informar y ser informado, a hablar y ser escuchado, imprescindible para poder participar en las decisiones que conciernen a la colectividad.

Para ello sería necesario avanzar en:

La transparencia de las instituciones públicas. Garantizar la realización del principio de que la información pública es un bien público. Sin una información oportuna, diáfana y profunda, no es posible lograr una participación calificada de las personas en los asuntos políticos y sociales; sin una transparencia pública de la labor de funcionarios y órganos de gobierno, no es posible el más mínimo control ciudadano sobre su gestión, lo que resulta indispensable en la lucha contra la corrupción y por el desarrollo de una verdadera cultura de participación. Sería deseable una legislación que obligue a las instituciones públicas a hacer visible, permanentemente, un conjunto de datos y de brindar a cualquier ciudadano la información que este reclame. Particulares facilidades deben tener los periodistas a la necesaria interlocución que aclare, amplíe y ayude a interpretar dichas informaciones.

Como no es posible una transparencia total, ciertas informaciones quedarán clasificadas. La ley debería regular cuáles requisitos debe cumplir una información para entrar en esa categoría, quiénes son los funcionarios autorizados a clasificar, cómo pueden impugnarse sus decisiones y a quiénes rinden cuenta del uso de esta prerrogativa. Es decir, no puede quedar a la discreción de cualquier funcionario la clasificación como secreta, confidencial o restringida de una información pública. Sería necesario, también, dejar establecido un sistema de sanciones para los funcionarios que violen lo establecido en dicha regulación jurídica.

Trabajar desde el principio en la transparencia informativa entraña un cambio trascendental en el funcionamiento de las instituciones del Estado que, en todas partes del mundo,han trabajado regularmente con más o menos espacios de opacidad.

Una política pública de comunicación: Que consagre el principio anterior y que dote a los medios de comunicación de mayores posibilidades para conformar su agenda, no solo a partir de indicaciones de las instituciones de Partido y Gobierno, sino con una lectura responsable y comprometida, ante la ciudadanía, de la agenda pública. Esta política, además, debe facilitar y respaldar la labor de los periodistas y contribuir a que los medios de comunicación –que en Cuba, por precepto constitucional, son de propiedad estatal o social– puedan cumplir de manera esencialmente autorregulada y equilibradamente sus diversas funciones sociales.

Legislaciones en comunicación. Que den fuerza legal a la política pública sobre comunicación social y establezcan las atribuciones, responsabilidades y límites de los diferentes actores que intervienen en el proceso de comunicación pública.

Actualización del modelo de gestión económica. Este es uno de los asuntos más complejos a resolver y para el cual es necesario ser más innovadores. Es bastante consensuado en el medio académico y en el sector periodístico que no debe modificarse el sistema de propiedad sobre los medios, pero que sí es posible ensayar formas diferentes de gestión. Hoy día los medios hacen muchas funciones publicitarias (anuncios y menciones promocionales, campañas de bien público y publirreportajes) que, en la generalidad de los casos, no se cobran. Establecer el pago por los espacios publicitarios por parte de las empresas cooperativas y organismos gubernamentales puede ser una decisión que contribuya a mejorar la sostenibilidad financiera de los medios que, además, deben continuar recibiendo las contribuciones presupuestarias posibles del Estado o de las instituciones sociales o políticas a las que pertenecen.

Actualización del sistema de gestión editorial de los medios y de sus rutinas productivas. Esto incluye la necesidad de repensar los conceptosy valores noticias con quese está operando y, en general,continuar fortaleciendo la cultura profesional de periodistas, editores y directivos de los medios para que puedan estar a la altura de los reclamos y desafíos de hoy. Una gestión editorial contemporánea requiere de un mayor y sistemático diálogo entre los medios y sus públicos, por lo que cualquier avance en la gestión editorial pasa por la creación de los mecanismos correspondientes a esa vital función. La prolongación de políticas que han quedado obsoletas desde hace tiempo han afectado la profesionalidad de los medios cubanos, por lo que es preciso incrementar y actualizar el ejercicio profesional del periodismo y la comunicación en general, para hacer viable la aplicación de nuevas políticas y legislaciones.

En el nivel de la comunicación institucional y local sería necesario también hacer transformaciones que contribuyan al mejor aprovechamiento de los recursos existentes en función del desarrollo, lo que supone incentivar una comunicación dialógica y no centrada en la difusión.

Para ello hay que habilitar sistemas de comunicación institucional y local y estrategias comunicacionales que incentiven la participación y el diálogo, lo que repercutiría en el aprovechamiento de la experiencia y los conocimientos colectivos e incrementaría la motivación y el sentido de pertenencia de las personas a esas instituciones y a los programas de desarrollo local.

Lo anterior supone que cada institución tenga una estrategia que le permita aprovechar las tecnologías digitales al máximo, teniendo en cuenta los requerimientos de seguridad indispensables, pero poniendo el énfasis en los beneficios para no quedar inmovilizados por los riesgos.

Este es un elemento central en la protección y ampliación de los conocimientos y la experticia de las y los profesionales cubanos que, salidos de las aulas universitarias con un nivel de actualidad aceptable en sus respectivos campos de actividad, quedan desconectados de los flujos mundiales de intercambio y socialización de saberes porque las instituciones donde trabajan no han creado las condiciones ni tienen las políticas más inteligentes para estimular el crecimiento continuo de sus conocimientos, que pasa hoy,entre otros factores, por la presencia activa en las redes digitales.

En resumen, hay un consenso acerca de que el modelo y el sistema comunicativo cubano deben ser modificados, pero aún está pendiente lograr un consenso acerca de la naturaleza y alcance de ese cambio, que debe incluir el modelo de comunicación que necesita el país, las políticas y legislaciones necesarias, los medios de comunicación (tradicionales o interactivos) que se deben ir conformando o transformando, el tipo de labor periodística y la comunicación institucional y,en los espacios locales y comunitarios que respondan adecuadamente, en las actuales circunstancias, a las finalidades del país. Para lograr ese consenso se requiere de un amplio debate público.

No es este un asunto privativo de personas expertas y entendidas, sino que debe incluir a los más variados sectores sociales para incorporar las necesidades y aspiraciones más amplias posibles y, a la vez, generar conciencia y cultura sobre el derecho a la comunicación y las maneras de ejercerlo, tanto entre los profesionales de la comunicación y los directivos de las instituciones, como en la ciudadanía. (2017)


[1]García Luis, Julio: Revolución, socialismo, periodismo. La prensa y los periodistas cubanos ante el siglo XXI, La Habana, Editorial Pablo, 2013, p.74.

[2]Elizalde Zorrilla, Rosa Miriam: Principios para una política de comunicación social desde la perspectiva de los periodistas cubanos. Tesis doctoral, 2013, p.44.

[3]D´Arcy Jean: (S/F) El derecho a comunicar, UNESCO, Serie de Estudios y Documentos de Información, Documento Nº 36, pp.1. Citado por Jurado Vargas, Romel: Hechos y Derechos de la Comunicación. Debate social y político sobre la resignificación de la libertad de expresión, Editorial Académica Española, Quito, 2012.

[4]MacBride, Sean: Un solo Mundo, voces múltiples, Fondo de Cultura Económica, México, 1980.

lunes, 1 de agosto de 2016

Estado, pueblo y medios de comunicación: ¿nos entregamos?


 Por Iroel Sánchez






El 15 de abril de 2009 el Jefe de la entonces Sección de Intereses de Estados Unidos en Cuba escribía en un cable que luego reveló Wikileaks “es improbable que el movimiento tradicional de disidentes reemplace al Gobierno cubano”, añadiendo que “blogueros, músicos y artistas plásticos, no pertenecen a organizaciones de disidentes”,  y  adoptan  “mucho mejor, posiciones rebeldes de gran impacto”.


Pero los nombres escogidos aparecían en la propias revelaciones de Wikileaks y en los reportajes de la agencia Associated Press que vinieron después, se desacreditaba así el nuevo proyecto y se perdía lo más importante para su eficacia: la conexión con la sociedad cubana.


Sacar a alguien de Cuba, prepararlo, asignarle un financiamiento no proveniente directamente del gobierno de EEUU, declarar transparencia en el origen y uso del dinero y proclamar preocupación por asuntos ciudadanos como el derecho a la información y los problemas de la comunidad insuficientemente atendidos por instituciones gubernamentales, organizaciones de masas y la prensa cubana era el procedimiento, pero se necesitaban nombres sin pasado contrarrevolucionario y si estaban conectados con la academia, los medios de comunicación y la naciente comunidad de blogueros cubanos, mejor.


Cuba creó una plataforma nacional gratuita para blogs pero entonces, o tal vez por eso mismo, ya los blogs no interesaban y, oh casualidad, tomaron auge los medios de comunicación privados, recogiendo las inconformidades de nuestra prensa, pagando lo que no pagamos y ocupando los vacíos que dejamos. Y el dinero hace maravillas: Quien en un medio cubano homenajeaba al Che, poco después lo irrespetaba allí donde pagan mejor.


Además, de acuerdo con las nuevas realidades el dinero gubernamental se ramifica y terceriza de manera que es cada vez más difícil saber quién está detrás. El Departamento de Estado de Estados Unidos anunció el 24 de diciembre de 2014 -exactamente una semana después de los acuerdos del 17D entre los gobiernos de Cuba y EEUU- que estaba buscando organizaciones estadounidenses o basadas en el extranjero interesadas en programas que “promuevan los derechos civiles, políticos y laborales en Cuba” para adjudicarles hasta $ 11 millones en subvenciones que van desde $ 500.000 a $ 2 millones cada una, declarando que daría prioridad a las propuestas que “hagan hincapié en el papel de los interlocutores cubanos en el desarrollo y el logro de los objetivos programáticos”. Las actividades a financiar abarcan “capacitaciones, becas de corta duración, o de compromiso”, no en la misión diplomática de Washington en La Habana sino en otros países, incluyendo EEUU.


En el mundo entero la prensa privada es unánime a la hora de juzgar a Cuba y señalarnos el camino que debemos tomar, es unánime cuando se enfrenta como un solo partido político a los procesos progresistas en América Latina y es unánime en coincidir con las estrategias de Estados Unidos en la región pero –vaya paradoja- se nos dice que tenemos que tener prensa privada para ser plurales. Y si preguntas dónde la prensa privada (o peor, la gubernamental que se concentra exclusivamente en nosotros desde medios públicos de EEUU y Europa), defiende a los de abajo, dónde da voz a los sindicalistas y los desempleados, entonces eres extremista. Resulta que el extremo estaría no en la minoría que controla todo eso o en quien le sirve pidiendo “una purga calcinante” de los últimos sesenta años de nuestra historia en el mejor estilo de los “tres días para matar”, sino en quienes lo denuncian.


Así se trate de medios gubernamentales con divisiones especiales dedicadas a la Isla, o de medios privados con gestores instalados al interior del país, la línea editorial que ocupa el centro de la prensa construida desde el exterior para conducir a Cuba al capitalismo es exhibir el éxito del individualismo frente al fracaso de lo colectivo. Pero para nuestros inteligentes consejeros eso no es propaganda.


En su vista panorámica de la autopista del capital no aparecen quienes se arrastran por sus márgenes, pero es más atractiva si junto al triunfador individual -“emprendedor” o emigrado- se colocan en primer plano los baches en el proyecto colectivo. Claro está, sin decir cuántos son fruto de las minas sembradas allí por quienes les pagan a quienes escriben el encargo.


Que se haga a través de la seducción mercantil no lo hace menos propaganda que la indicación explícita. Ya se sabe que para la CIA la “forma de propaganda más efectiva” es aquella en que el individuo actúa en la dirección en que se espera, por razones que cree son las suyas propias. En cuanto al uso de la censura, sobran los testimonios de que allí cuecen habas, pero es cierto que cuando manda el dinero hace menos falta porque como dijo el fundador del neoliberalismo, Milton Friedman:


“Cuanto más amplio sea el uso del mercado, menor será el número de cuestiones en las que se requieren decisiones expresamente políticas y, por tanto, en las que es necesario alcanzar un acuerdo”. 


Mucho tiene que cambiar nuestra prensa para ser el instrumento de control popular, participación ciudadana y crecimiento espiritual que Cuba necesita y para aprovechar en ella todo el potencial de nuestros jóvenes periodistas y nuestros intelectuales, pero no es con la ayuda interesada de quienes han convertido a Noam Chomsky en un desconocido en su propio país y con su persecución llevaron a la muerte al joven activista por el libre acceso a la información Aaron Swartz que lo lograremos.


¿O es gratuito que en esta estrategia esos medios promotores de la restauración capitalista coincidan con el planteamiento explícito del Presidente Barack Obama en su visita a La Habana oponiendo el pueblo y el estado cubanos, y atacando al Partido Comunista como garantía de ese poder?¿Ha dejado alguna vez el estado revolucionario de luchar en beneficio de los intereses del pueblo cubano?¿No es estatal la política de un medio privado que sirve a la estrategia de un estado extranjero?¿No son precisamente los que se han opuesto históricamente a los intereses de nuestro pueblo los que necesitan, y financian, una prensa hostil a nuestro estado?


Si alguna duda hay de qué lado está cada cual, que se revise qué postura adoptaron unánimemente esos espacios cuando el estado, para proteger la alimentación del pueblo, adoptó medidas para detener la especulación con los precios de los alimentos.


Cómo se relacionan estado, Partido y medios de comunicación en el socialismo para servir mejor al pueblo y vencer en la lucha ideológica frente al capitalismo es una cuestión no resuelta y donde se han cometido no pocos errores en muchas latitudes. Lejos estamos de haber hecho realidad lo planteado por Fidel en 1977 cuando expresó:


“En nuestro concepto, los periódicos y los medios masivos de divulgación pertenecen al pueblo. Y debe existir la más amplia libertad para que el pueblo utilice esos medios en favor de los intereses de la causa, en la crítica dura contra todo lo que esté mal hecho. Creo que mientras más crítica exista dentro del socialismo, eso es lo mejor…”


Pero el estado socialista al que aspiramos, cada vez más democrático y popular, y cuyo diseño discuten ahora mismo cientos de miles de cubanos en total libertad no es el problema, sino que puede ser la única solución para alcanzarlo. El gran periodista argentino Víctor Hugo Morales, que ha sufrido la censura, la persecución y el acoso de los medios privados en su país lo explica con claridad:


“El problema más serio de la democracia es la influencia de los medios de comunicación convertidos en partidos políticos, escudados en la libertad de expresión como un bien que está por arriba de todos los demás. La libertad real es la que está comprometida cuando los medios concentrados asfixian ese ideal. 


“De todas las corporaciones es la más poderosa, porque se ubica al frente de ese ejército que combate al Estado como si este fuese el causante de los males, y no su remedio, o por lo menos, un paliativo dentro de este mundo rendido a los pies del capitalismo. Solo el Estado puede regularlo y adecentar la derrota de las mayorías, porque hace más grande y más profunda la discusión política. 


“Fuera del Estado, para los más vulnerables no hay mundo, no hay dignidad, no hay nada que valga la pena. Y la guerra enmascarada en los valores de la libertad de expresión es impiadosa, constante, cruel y mentirosa. Sin Estado no hay democracia, porque es el que puede arbitrar en la despareja relación de las fuerzas en pugna.”


En esa guerra, donde nos jugamos el destino como Revolución de los humildes por los humildes y para los humildes, no tenemos derecho a entregar las armas de la comunicación a los ricos, por los ricos y para los ricos que son en definitiva quienes ya las controlan en la mayor parte del planeta.