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martes, 5 de abril de 2016

No quiero saber nada de Industriales ni de Obama.


Por Julio Antonio Fernández Estrada 2016-04-05, Cuba Posible




 Existen al menos dos maneras de asegurar una vida de sufrimiento: ser industrialista y aspirar al socialismo democrático. Durante décadas los mitos y leyendas del periodismo deportivo cubano han inculcado en el pueblo “la verdad” de que el equipo de béisbol Industriales está lleno de jugadores inteligentes y que saben jugar muy bien a la pelota, y que el Estadio Latinoamericano es una olla de presión donde debe fundarse la hombría del pelotero de cualquier lado que aspire a triunfar en este deporte. Sin embargo, la realidad nos informa que los jugadores de Industriales no saben tocar bolas, no saben correr las bases, no pueden tirar strikes y que han sido incapaces de ganar al equipo de Ciego de Ávila, en los últimos cinco años. Por eso no quiero saber de Industriales.



Obama, por otra parte, no es el presidente de la República de Cuba. En Cuba no hay un presidente de la República desde 1976. Nuestro sistema de gobierno no reconoce este cargo, porque preferimos desde hace cuarenta años ser más republicanos y democráticos y tener órganos colegiados donde uno solo no pudiera imponer su voluntad.



Obama dentro de un año tampoco será el presidente de Estados Unidos, y por ello no será más el enemigo de los pueblos ni el terror del Medio Oriente. Los defensores de la democracia, en los últimos tiempos, pensamos que el enemigo era Donald Trump, pero ha resultado ser Obama; eso es lo que dice la prensa cubana, a la que no se debe llamar oficial, porque no hay más prensa reconocida por el Estado, que yo sepa. El presidente Obama ahora nos sale hasta en la sopa, aquel plato que en las tradiciones culinarias que heredamos fue un entrante, pasó a plato fuerte en los 90 y desapareció en los 2000, junto al corazón de pollo y otros menudos.



Pero este caldo no ha sido cocido en la cocina del pueblo. Los alaridos que nos avisan de los engaños de Obama, que nos abren los ojos para que no seamos ingenuos ante los cantos de sirena del imperialismo, me ofenden a mí, que pienso como un obrero portuario o como un profesor universitario, que es lo mismo, o debe serlo en la verdadera democracia. Me ofende porque nosotros, el pueblo, no fuimos quienes nos acercamos a Estados Unidos, ni como soberanos conversamos durante más de un año en secreto con aquel gobierno, ni invitamos al presidente Obama a Cuba, ni lo llevamos a hablar en vivo por la televisión nacional. Pero sí debemos ser inocentes después y tragarnos lo que dice el presidente elegante, que camina como un dandy y parece que en cualquier momento comenzará a danzar.



Sin embargo, no nos tragamos nada. Nos alegramos porque entendemos que la historia ha cambiado, que algo ha pasado en nuestras vidas que no pensamos ver, que una relación de odio puede aminorarse. En tanto, que pudiera ser factible demostrar nuestra gallardía en directo, para que hablen ellos y nosotros también, para que ellos propongan y nosotros también. El pueblo se alegra, nos hemos alegrado sanamente, como cuando llega el día de los carnavales o revienta en el cielo una única bengala para celebrar el día que triunfó la Revolución.



No obstante, también podríamos correr el riesgo de pasar de ser el pueblo más culto y preparado políticamente del mundo en un editorial de la prensa, o en un noticiario, e inmediatamente convertimos en inocentes, proclives a ser engatusados por discursos bien leídos y frases peligrosas. Creo que a este tratamiento le llama la diplomacia cubana “doble rasero”. Ante esto, deberíamos preguntarnos: ¿qué sabemos, nosotros, el pueblo llano? Que Obama no es comunista, que no ha sufrido nuestras penurias, que no conoce la vida de Antonio Maceo, que ha aprendido algunas oraciones de Martí. Que no es parte de nuestras angustias ni alegrías, que no sabe por dónde pasa el P-14 ni dónde se coge la moto que te lleva a Santa Ifigenia.



También sabemos que Obama no es un conservador de derechas, que es culto y bien estudiado, que sabe de Derecho Constitucional y por lo tanto de política, que su concepto de democracia es tan reducido como el de todos los gobernantes del mundo, que es un mulato en tierra de linchamientos a negros, que ha querido reducir la venta de armas en su país, que ha dicho al Congreso que las mujeres ganan menos que los hombres en su gloriosa democracia, que ha fundado ideas para defender a niñas en peligro, que no es un fascista ni un colonialista. Que se puede discutir con él.





La prensa -periodistas y otros- han exigido a Obama que debió pedir disculpas a nuestro pueblo por tanto dolor infligido por Estados Unidos a Cuba, durante tanto tiempo. Hubiera sido hermoso escuchar a Obama hablar de estas cosas. Pero solo creeré en la prensa cuando reclame lo mismo a los gobernantes europeos que pisan nuestra patria y a los que no se les llama nunca a disculparse por los crímenes del colonialismo, la esclavitud, la xenofobia, el exterminio de los pueblos originarios de América. Nunca he leído que, a la visita de un presidente de gobierno español a Cuba, la prensa libre le pida que se disculpe por los 8 estudiantes de medicina que asesinó España en 1871, al menos por ellos, que eran inocentes. Creo que a esto la diplomacia cubana le llama “doble rasero”.



Hablar tanto de Obama sirve, es su primer servicio, para no hablar de Cuba. Yo no he votado por Obama, ni quiero. Nuestro pueblo quiere hablar y sentir la emoción de la política cubana socialista; es decir, democrática, intensa, sin barreras, sin tabúes -la única que podría construir la primera baldosa de la calzada de la verdadera soberanía popular.


La visita de Obama ha desnudado la cultura política cubana, o más bien la ha señalado, y muchos se han fijado entonces. ¿Por qué nuestro pueblo ha agradecido que el presidente norteño hable como un acere? Porque así hablamos, incluso cuando sabemos quién es Walt Whitman o Edgar Alan Poe. Y sobre todo porque nuestros políticos no hablan como el pueblo sino como ellos mismos. ¿Por qué nuestro pueblo agradeció que se rompiera el protocolo y que el presidente invitado saludara al director de la banda de música en el Palacio de la Revolución? Porque así somos, nos cayó bien “el caminado” de Obama, y que viajara con su esposa, sus hijas y su suegra, y que mencionara a Michelle cada dos palabras, y que jugara dominó o lo intentara, y que dijese qué había comido en “la paladar”, y que se quisiera parecer a la gente de aquí, un pueblo mestizo en toda su envergadura.


Del mismo modo, el pueblo de Cuba quiere saber qué comen nuestros políticos. Si alguna vez van a una “paladar”, queremos saber cuántos CUC les quedan y qué gustos tienen. Igualmente, queremos saber si van a comprar las frazadas de piso rebajadas hasta fin de mes, si tienen suegras, si viajan con ellas o no se tratan, si extrañan a sus seres queridos que se han ido del país porque no pudieron ser convencidos, como nosotros, de las bondades del socialismo. Queremos saber a qué escuelas van sus hijos, si asisten a las reuniones de padres y si ayudan a sus niños y niñas a hacer los trabajos de curso y las tareas de Educación Laboral. Y si creen que nada de esto nos importa o no nos debe importar porque es la vida privada de los políticos, les digo que no estamos de acuerdo. Que nuestras vidas las hemos empeñado a este proyecto de sociedad diferente y queremos estar seguros de que nuestros dirigentes la viven como nosotros. Que también gozan el socialismo y las fiestas en casa de amigos, que son humanos, que ríen y lloran y temen morir y dejar obras inconclusas e hijos desamparados, como nosotros.


En la democracia, la vida privada, significa escapar del control popular. Sin embargo, esto no es más que un crimen, que los atenienses resolvían con ostracismo y que nosotros, más tiernos, resolvemos con desdén. Cuando el pueblo vota, no lo hace solo por lo que dice la biografía, ya es bastante que votemos por el pasado. Queremos votar también por la persona más culta, más buena, más inteligente, mejor oradora, que mejor ha educado a sus hijos, que tiene más familiares decentes, y que sabe hablar como la gente de Cuba -con corazón fino y lengua de metralla.


Obama no ha engañado a nadie en Cuba. Sabemos que el futuro será crudo, como siempre, y que habrá que luchar contra los que quieren cambiar a Cuba por un paraíso capitalista de grandes mercados y pobres y pobres. Obama no nos dará la felicidad, ni los que quieren repartir el país a grandes empresarios, ni la burocracia que no entiende al pueblo y se entiende en privado con gente que no conocemos.


La democracia es hermosa, como llegada y como viaje, por los caídos, y los que triunfan. Hace más de dos mil años que los enemigos del pueblo conspiran contra el poder de los pobres libres. Que Cuba sea del pueblo es una necesidad para ser independientes y no yanquis tropicales. Por eso necesitamos todo el poder y no solo un poco, todos los derechos y no solo algunos, todos los instrumentos jurídicos para defenderlos y no una selección, toda la libertad para hacer una constitución realmente nueva, que sirva para que el mundo nos respete y nos entienda.


Si hay que sufrir por la democracia lo haremos con dignidad, porque podemos contentarnos con poco pan pero jamás con poca libertad. Por ello, quiero saber de Cuba, de qué vamos a hacer para salvar la nación, la decencia, la independencia y el sueño de vivir aquí. No quiero saber de Obama, ni de Industriales.





lunes, 14 de marzo de 2016

¿Tiene el pueblo cubano “la libertad de escoger sus líderes políticos”?

Arnold August

 En el contexto de relaciones Cuba-EE.UU., el 2 de marzo, 2016 en Ginebra, Antony J. Blinken (secretario de Estado adjunto del Departamento de Estado de los EE.UU.) emitió una Declaración Nacional en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En su declaración Blinken resalta entre otros puntos que Obama, durante su visita a Cuba en marzo, “...destacará que sería mejor para el pueblo cubano que existiera un ámbito donde la gente se sienta libre de escoger sus partidos políticos y sus líderes...”







Vamos a concentrarnos por el momento sobre el tema de “escoger sus líderes.”

La Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) electa en 2013 tiene un mandato de cinco años. Como primer paso antes de comenzar sus nuevos períodos de sesiones se reúne para elegir de entre sus miembros a su Presidencia (Presidente, Vicepresidente y Secretario) de la ANPP.

De entre los diputados, la ANPP también elige posteriormente al Consejo de Estado. Este se compone del Presidente del Consejo de Estado y el Primer Vicepresidente, otros Vicepresidentes, un Secretario y 23 miembros más, para un total de 31 integrantes. El Presidente del Consejo de Estado es asimismo Jefe de Estado y de Gobierno (Consejo de Ministros). El actual Presidente de estos dos órganos es Raúl Castro. Por último, la Constitución expresa que “el Consejo de Estado es responsable ante la Asamblea Nacional del Poder Popular y le rinde cuentas de todas sus actividades”.

Cuba no tiene un “sistema presidencial” ni se propone tenerlo. El Presidente del Consejo de Estado es elegido de entre los diputados que, a su vez, son elegidos por los ciudadanos.

Tomemos como ejemplo a Raúl Castro de acuerdo a una descripción muy resumida de algunos pasos previos a su elección como Presidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros. En las elecciones generales de 2013, fue electo diputado, para la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba (Parlamento), de un municipio en Santiago de Cuba, su provincia de origen. Aun cuando haya un solo candidato por escaño, el candidato necesita 50%, por lo menos, del voto popular. En las elecciones generales de 2013, Raúl Castro recibió 98.04% del voto. Este porcentaje fue uno de los más altos entre los 612 diputados elegidos.

La Comisión de Candidaturas Nacional (CCN) es la encargada de organizar la nominación y elección de la Presidencia de la ANPP y del Consejo de Estado. Comienza las consultas con los diputados tan pronto como son electos. Las elecciones de  2013  se celebraron el 3 de febrero.

El proceso electoral concluye el 24 de febrero 2013; este es el día en que la recién electa ANPP se reúne para quedar constituida. Cada diputado o diputada tiene derecho a proponer a cualquier diputado para cualquier cargo en la Presidencia de la ANPP y el Consejo de Estado.

Antes de la constitución del nuevo mandato de la ANPP, el 24 de febrero, la CCN entrega a cada diputado un tabloide con las biografías de los diputados electos, así como las de los miembros salientes del Consejo de Estado (Entrevista. Reus González).

Este proceso fue explicado, además, en una entrevista separada con la CCN Cuando el diputado llega a la oficina de la CCN, después de haber tenido tiempo suficiente para estudiar el tabloide, se les entrega a él o ella dos hojas en blanco: una para las propuestas para el Consejo de Estado y otra para la Presidencia de la ANPP. La persona puede entonces confeccionar una lista personal de sugerencias que también incluye sus preferencias para cargos específicos, como Presidente y Vicepresidentes del Consejo de Estado y la Presidencia de la ANPP. La lista no se firma y se deposita en secreto (Entrevista. Pérez Santana, Marchante Fuentes y Fajardo Marín).

El diputado Daniel Rafuls Pineda (en ese momento) se extendió en este proceso. Señaló que la CCN le entregó personalmente la lista de biografías de todos los diputados varios días antes de su cita del 7 de febrero en la sede de la Comisión. De esa manera, tuvo “toda la libertad del mundo para tomar [su] decisión” (Daniel Rafuls Pineda. Mensaje electrónico al autor, 15 de marzo de 2008).

El diputado Jorge Gómez (del grupo musical Moncada) relató su experiencia con este proceso.  Hizo igualmente un recuento interesante del período de enero a febrero de 2008. En aquel momento, en 2006, Fidel Castro ya había entregado temporalmente su cargo de Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros al Primer Vicepresidente, Raúl Castro. El 19 de febrero de 2008 hizo público su anuncio del día anterior: “No aspiraré ni aceptaré el cargo de Presidente del Consejo de Estado y Comandante en Jefe.”

Según Gómez, en su reunión privada en la sede de la CCN que tuvo lugar antes del anuncio hecho por el líder cubano, él había propuesto a Fidel Castro para Presidente del Consejo de Estado. Escribió igualmente el nombre de Raúl Castro como Primer Vicepresidente y el de José Ramón Machado Ventura como el siguiente Vicepresidente, junto con sus otras propuestas para ese órgano. Jorge Gómez también indicó su selección para la Presidencia de la ANPP en la otra hoja que le entregaron.

Después de una pregunta sobre la continuidad de la Dirección de la Revolución, el diputado —no miembro del PCC— era de la opinión de que, ante la ausencia de Fidel Castro quien ocupaba un cargo formal en el Consejo de Estado, era necesario “que se reforzara con la Dirección histórica de la Revolución”.

A otra pregunta sobre un artículo del diario Granma, de febrero de 2008, que informaba que Fidel Castro había sugerido a la CCN que Machado Ventura fuera nominado como Primer Vicepresidente, Gómez respondió que esta era una preocupación lógica de Fidel. Su objetivo ha sido garantizar en todo momento que no se perdiese la esencia de la Revolución. Gómez estimaba que Machado Ventura, por ser uno de los líderes históricos de la Revolución que tiene una vasta experiencia, debía ser nominado (Entrevista. Jorge Gómez Barranco).

Después de que todos los diputados habían pasado por este proceso de proponer candidatos para la Presidencia de la ANPP y el Consejo de Estado, la CCN tabuló las boletas en hojas de papel. De acuerdo con la cantidad de votos, confeccionó la lista de 31 miembros del Consejo de Estado, incluidos sus cargos principales. La CCN elaboró otra lista con las tres propuestas para la Presidencia de la ANPP (Entrevista. Pérez Santana, Marchante Fuentes y Fajardo Marín.).

Según lo observado por el autor durante la constitución del nuevo mandato de la ANPP en 1998 y lo que pudo conocer en las entrevistas sobre el mandato de 2008, los últimos pasos de las elecciones ocurrieron de la manera siguiente. El día en que debía quedar constituida la ANPP (24 de febrero de 2008) la Presidenta de la CEN, María Esther Reus González, dirigió la ANPP hasta que se eligió a su Presidencia. Se presentó a los diputados la lista con los tres nominados: Ricardo Alarcón de Quesada para Presidente; Jaime Alberto Crombet Hernández-Baquero para Vicepresidente, y Míriam Brito Sarroca para Secretaria.

A continuación tuvo lugar un voto a mano alzada para determinar si los diputados estaban de acuerdo con estas tres nominaciones o si tenían cualquier otra propuesta. No hubo más propuestas. Por tanto, la lista con los tres nominados se hizo oficial. Entonces, se levantó la sesión de la ANPP para realizar el en voto secreto en el vestíbulo, fuera del salón plenario. Cuando los tres nominados resultaron electos y fueron anunciados por la CEN, las nuevas autoridades asumieron la Presidencia de la ANPP.

A continuación, se procedió de la misma forma para los 31 miembros del Consejo de Estado.  Raúl Castro fue elegido Presidente del Consejo de Estado y, de hecho, ocupa el cargo de Presidente del Consejo de Ministros, por tanto, Jefe de Estado y de Gobierno. (Entrevista. Balseiro Gutiérrez y Amarón Díaz, 2008; Entrevista. Pérez Santana).

De esta forma, las elecciones generales —que habían comenzado en julio de 2007 con las elecciones municipales de primera fase— concluyeron el 24 de febrero de 2008. Las elecciones generales 2012-2013 siguieron el mismo procedimiento comenzando en julio de 2012 y finalizando en febrero de 2013. Hubo 612 diputados ese año.

Las nominaciones y elecciones para la Presidencia de la ANPP y del Consejo de Estado pueden parecer bastante formales. Esto es cierto, especialmente si se las compara con las elecciones para las asambleas municipales y la propia ANPP; sin embargo, sería ingenuo creer que la Dirección de la Revolución no participa en la selección de los dirigentes para el más alto nivel del Estado.

En lo referente a los desempeños y las posiciones de Fidel Castro y Raúl Castro, es una cuestión de calidad y no —como frecuentemente alegan los Estados Unidos y sus voceros disidentes— una cuestión de nepotismo.

Raúl Castro asumió el liderazgo provisionalmente en 2006 cuando Fidel Castro cayó enfermo. Ocupó esta posición, de acuerdo con la Constitución, como Primer Vicepresidente del Consejo de Estado. El 24 de febrero de los años 2008 y 2013, Raúl Castro resultó electo Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros. Hay que considerar varios factores.

En primer lugar, ha participado ininterrumpidamente en la lucha desde el asalto al cuartel Moncada en 1953. Ha hecho sus propios aportes innovadores, incluso antes del triunfo de 1959. Uno de estos fue organizar la administración de los territorios liberados en el Segundo Frente Oriental “Frank País”. Esto equivalía prácticamente a un Estado dentro del Estado y sirvió como precedente, hasta cierto punto, para el nuevo Gobierno Revolucionario que se estableció en enero de 1959.

Ha habido muchos otros ejemplos del desempeño de Raúl Castro desde esa época como, por ejemplo, la institucionalización del sistema del Poder Popular en 1974-1976. El Sistema de Perfeccionamiento Empresarial comenzó en los años ochenta bajo su dirección en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), de las que fue Ministro hasta 2008. A partir de su elección en 2008 como Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, al mismo tiempo que mantiene su posición como General de Ejército, ha continuado institucionalizando la dirección colectiva. Lo hace celebrando regularmente reuniones ampliadas (en las que participan otras personas independientemente de los miembros oficiales) del Consejo de Estado o del Consejo del Ministros, o de ambos.

Raúl Castro está igualmente al frente de los esfuerzos por poner fin a la burocracia y la corrupción de cuello blanco en las altas esferas. Al mismo tiempo, está realizando, junto con otros compañeros, innovaciones para preservar y perfeccionar el socialismo.

El sistema político cubano permite canales legales formales para que el pueblo pueda votar por sus líderes. Hay que insistir en que no se ajusta al pensamiento único estadounidense. Cuba no se rige por un sistema presidencial como el que existe en los Estados Unidos y en otros países.

No es el objetivo de este artículo mencionar más detalles y análisis de cómo ocurre esta elección y las elecciones generales. Sin embargo, así es como Raúl Castro fue elegido Presidente del Consejo de Estado (y por lo tanto, del Consejo de Ministros).

11 de marzo, 2016

Arnold August, Periodista y conferencista canadiense, el autor de los libros Democracy in Cuba and the 1997–98 Elections y más recientemente, Cuba y sus vecinos: Democracia en movimiento. En Twitter: @Arnold_August Su sitio web: www.lademocracia.com








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