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viernes, 26 de febrero de 2016

Apostar por la naturaleza

Por Ivón Guerra Hernández, La Isla cubanisim@


Decir naturaleza es pensar en verde, azul o en tierra, apostar por la naturaleza es vivir una experiencia más que de colores, es sentir que cuando pones unas gotas de agua en una planta estas creciendo con ella, cuando salvas un pájaro herido y vuelve a volar lejos de ti estas volando con él, cuando lavas tu coche con cubeta y no con manguera o cierras la llave del agua mientras te cepillas los dientes, cuando recuperas todo lo que parece que ya no sirve estas dando una segunda vida a lo inservible al planeta y a ti. Aun si cada habitante del planeta hiciera un poco de estas cosas no sería suficiente para salvar este hogar de la desidia de la contaminación acumulada desde la era de la Revolución Industrial, intereses socioeconómicos, pero principalmente financieros son los mayores contaminantes en el mundo contemporáneo. Convenios, Tratados, Protocolos y cuanto instrumentos reconocido por la jurisprudencias nacionales e internacionales se evalúan, y se firman, pero al final del día vamos envejeciendo y más que eso, consumiéndonos en la polución del aire, de las ondas sonoras y hasta de la tecnología. Ningún ciudadano, ni rico, ni pobre, creyente o ateo, se salva de ser contaminado, ningún país por más que implemente mecanismos de protección alcanzará el ideal de conservar la naturaleza, por ello se agradece cualquier acción que redunde en conservar el mundo como lo conocemos.


Proteger a la naturaleza debe ser un valor más de la familia moderna, un valor que se le dé al hombre desde que nace, algo que lo acompañe como el idioma o la educación. La  generación de cubanos nacidos después de los 60 del siglo XX por alguna razón nos alimentaron el intelecto los programas educativos con muchas ciencias, historia, literatura sobre todo soviética, la cívica al parecer era cosa de casa, y si se une a esto que eran tiempos de menor fluidez de la información era un imposible crear una conciencia de los peligros de un inminente desastre a nivel global del medio ambiente, aunque por fecha tan temprana como 1961 se establecían a nivel de estado las primeras acciones para la recuperación de materias primas ejercidas fundamentalmente en el círculo reducido de las empresas creadas y dedicadas a ese giro, acciones de la población al respecto estuvieron limitadas prácticamente a la entrega de pomos, papel y cartón a los CDR, no es hasta 1981 que se promulga una Ley de Medio Ambiente, el país tiene toda una Estrategia de Desarrollo para el reciclaje al que se ha vinculado en los últimos tiempos el trabajador por cuenta propia, pero todo ello aún resulta insuficiente, ¿cómo reciclar con un aprovechamiento óptimo con tecnología no adecuada?, ¿será suficiente reciclar solo el 35% de los desechos que pueden ser reutilizables?  ¿cómo no contaminar en un país donde a pesar de existir instrumentos jurídicos  que regulan la protección del medio ambiente, los procesos constructivos no se hacen con todas las medidas de protección o donde más del 50% de los medios de movilidad han sobrepasado la obsolescencia de más de dos décadas?


En Cuba un país de vocación por el mejoramiento humano, por la educación y el bienestar de las mayorías bien podrían hacer programas en todas sus provincias de trueque de materiales reciclables por libros, entradas a espectáculos culturales o deportivos, plantas de ornato, donde participe activamente los ciudadanos, promover una cultura ambiental en centros de estudios, o laborales, a fin de que esa Sociedad Civil Cubana inmersa en la resolución de sus necesidades más inmediatas que tiene la percepción de que es el Estado quien tiene toda la responsabilidad de preservar el medio ambiente, derivado evidentemente de políticas incorrectas de concientización de un problema que es de todos, se incorpore de modo efectivo y consciente a salvaguardar ese patrimonio en peligro.


Hoy cuando la experiencia mundial de miles de ciudadanos con vocación ecologista se nos presenta en la prensa internacional con la defensa del Ártico, con las marchas contra las multinacionales que contaminan sin control, contra el uso indiscriminado de recursos no renovables, debemos sumar esfuerzos para no dejar en el desamparo ambiental a las generaciones venideras. El futuro debe ser gestionado desde el presente y los cubanos no debemos dejar pasar la oportunidad de preservar la belleza de nuestro hermoso espacio habitable.

jueves, 25 de febrero de 2016

La investigación histórica fue el mayor éxito para el hallazgo de los restos del Che Guevara


Jorge González Pérez, uno de los forenses más reconocidos del mundo, es el médico legista que encabezó el equipo cubano que halló los restos de Ernesto Che Guevara el 28 de junio de 1997. Habló en La Habana, Cuba, con LARED21 y dio a conocer el proceso de búsqueda de los restos del guerrillero argentino y de otros 14 combatientes cubanos que lo acompañaron. El experto habló de lo que significan los datos históricos de los desaparecidos antes de comenzar a buscar cualquier tumba clandestina.



Georgina Mayo, Periodista en LARED21 y presentadora del informativo de la noche en TNU

Jorge González Pérez, hablando con LARED21 frente al Pabellón Eduardo Galeano, en la Feria Internacional del Libro de La Habana.







Jorge González Pérez, hablando con LARED21 frente al Pabellón Eduardo Galeano, en la Feria Internacional del Libro de La Habana.


Desde diciembre de 1995 Jorge González se internó en la selva boliviana para encontrar los restos óseos del Che Guevara, uno de los principales artífices del triunfo de la Revolución Cubana encabezada por Fidel Castro (1959). Jorge González recuerda con detalles su trabajo de búsqueda de los restos óseos. Explicó que Cuba se caracteriza por tener misiones de colaboración internacionalistas, y que en 1989 estuvo al frente de un grupo de antropólogos para identificar a más de dos mil cubanos que murieron en distintos países durante misiones militares y civiles. Le tocó ir a Angola, Mozambique y Nicaragua. Ese fue su antecedente.

González recordó en La Habana en entrevista con LARED 21 que el gobierno de Jaime Paz Zamora impidió en 1989 que cubanos ingresaran a territorio boliviano para buscar los restos del Che. Recién seis años más tarde, en 1995, con Gonzalo Sánchez de Losada frente a la presidencia de Bolivia el contexto político cambió. El presidente boliviano dijo que se investigaría el destino de los restos del Che Guevara para darle “cristiana sepultura” y decretó la creación de una comisión para verificar la información brindada públicamente por el general retirado Mario Vargas Salinas, quien advertía que los restos del comandante Che Guevara estaban en la pista aérea de Vallegrande, en el departamento de Santa Cruz.

Tuvimos 72 horas para compilar toda la información


En diciembre de 1995, Jorge González partió desde Cuba hacia Bolivia representando a los familiares de los quince guerrilleros que combatieron en Bolivia, entre ellos Ernesto Che Guevara. Previamente a encarar ese viaje-misión tenía 72 horas para compilar toda la información posible de los combatientes: fotografías, edades, sexo, raza, estatura, fracturas pasadas, dentigramas, anomalía al caminar, talle de la ropa.

Esta información previa- explica González- era imprescindible para facilitar la investigación. Relata que hasta le entregaron cabellos de Guevara que fueron cortados una vez que bajó de la Sierra Maestra y añade que cuando se resolvió que viajara a Bolivia, Guevara lo hizo pelado, con lentes, zapatos especiales para simular una estatura mayor y una prótesis sobre sus dientes para cambiar la conformación de su rostro.

González recuerda que viajó solo desde Cuba “porque allá estaba el Equipo Argentino de Arqueología Forense”. Hacia fines de 1995 se hallaron las tumbas clandestinas de tres combatientes pero aún faltaba encontrar la tumba de otras doce personas, entre ellas, la de Ernesto Che Guevara. El médico legista cubano recuerda que “llegó fin de año y los argentinos se fueron a pasar las fiestas a su país” y agrega que “el grupo volvió el 8 de enero de 1996”. Mientras, Jorge González se contactó con la Asociación de Familiares de Desaparecidos Bolivianos presidida por Loyola Guzmán, la activista de derechos humanos había acompañado la guerrilla del Che en Bolivia.
González subraya que “logramos encontrar a la persona que hizo la fosa donde se enterraron los restos del Che Guevara y dijo que no sabía para qué era”.



“Cuando haya algo nuevo nos avisan”


A finales de marzo de 1996, el Equipo Argentino de Antropología Forense decidió irse de Bolivia “porque no había un estudio histórico hecho”, dijo González a LARED 21. Explica que lo ideal es tener ese estudio antes de iniciar la búsqueda pero “nosotros debimos involucrarnos en forma abrupta porque había que aprovechar el contexto político dado por el gobierno boliviano”. González relata que “los argentinos decidieron irse y dijeron que cuando hubiera algo nuevo que les avisaran”. Describe que “la búsqueda fue errática en su primera etapa”, aunque agrega que aun así se halló “una cuarta tumba clandestina” de uno de los combatientes que acompañaron al Che.


Lo cierto es que a fines de marzo- resume González- “todo el mundo se fue y quedé junto al antropólogo cubano Héctor Soto y otros especialistas de mi país, entre ellos geofísicos e historiadores”, encabezando la misión de búsqueda de los restos del Che y el resto de los guerrilleros. Ese grupo de cubanos resolvió dividir Bolivia en dos grandes áreas: al norte del Rio Grande donde operaba la VIII División del Ejército Boliviano y al sur, donde operaba la IV División. González relata que los cubanos sabían que “la guerrilla se movía a lo largo del Rio Ñancahuazú- que se extiende unos 150 km- y a lo largo del Rio Grande que se extiende unos 200.  El médico legista al mando de la misión armó un proyecto de investigación científica con un protocolo que incluía componentes históricos, antropológicos, geofísicos y de prospección del suelo, que se instrumentó durante 1996. González dice que como lo más probable era el dato de la pista aérea, investigamos hasta el origen de su construcción para “vincular la geología con la historia”. Así, pues, dividimos los diez mil metros cuadrados de pista aérea en sectores. Se hicieron doce cuadrantes teniendo en cuenta un solapamiento para que siempre hubiera en común un tramo de un cuadrante con el contiguo. Hicimos más de dos mil perforaciones en la pista. González sostiene que “el mayor resultado o éxito que tuvo la búsqueda de los restos del Che en Bolivia fue la investigación histórica”. Desde que había muerto el Che, en Cuba se habían reunido “13 versiones sobre los destinos posibles de Guevara” y en poco más de un año en Bolivia “recogí otras 88”. González cuenta que hicieron un estudio científico de búsqueda de información y que clasificaron las respuestas de los entrevistados entre las versiones dadas por la gente que habitaba la zona de Vallegrande y la gente que no pertenecía a ese lugar cuando ocurrieron los acontecimientos. Se clasificaron, además, las respuestas provenientes de militares y de civiles.


González indica que “establecimos una diferencia significativa entre ambas porque los militares tenían como objetivo la desinformación”. El grupo de cubanos en Bolivia hizo más de mil entrevistas pero trescientas de ellas resultaron las más verosímiles. González apunta que esas entrevistas también fueron clasificadas en función del nivel de participación en las acciones militares que llevaron a la muerte de los guerrilleros y en la credibilidad de esas personas. “Llevaban diez puntos quien había enterrado a los guerrilleros y también los llevaba el chofer de quien enterró a Guevara y al resto”. González agrega que “es claro que el chofer no participó en el enterramiento pero fue hasta el lugar y por eso tenía la máxima credibilidad para nosotros”. El que desinformaba llevaba cero punto. Los números intermedios en esa escala se referían a quienes no estuvieron en el lugar pero “estaban vinculados con los oficiales, como por ejemplo sus esposas”.



La zanja donde estaban los restos del Che


Se hizo entonces una base de datos. Se trató de establecer el día que desapareció el Che, quiénes estaban físicamente en Vallegrande y adonde estaban los oficiales de guardia y su nivel de visibilidad con respecto a los lugares de búsqueda. “Tú puedes estar en el terreno de un partido de fútbol pero cuando se produjo el gol capaz que te picó un mosquito, te agachaste y no viste el gol”. Es decir, “se puede estar en el lugar y no ver necesariamente lo que sucede”. González sostiene que “la gente te narra lo que no vio y por eso en medicina legal diferenciar esos relatos es muy importante”. Gracias a la información recabada “escribimos lo que pasó con el Che y con los otros 14 guerrilleros”. González comentó que supieron que “el Che estaba junto a los otros combatientes en la zona de la lavandería del hospital. Que en la noche, en ese pueblo (Higueritas) se apagaba la luz a las 22 horas y fue cuando los militares se llevaron sus cuerpos en un camión”. Y siguió: “supimos, además, que los militares abrieron una zanja con un tractor”.


González detalla que buscaron cuántos tractores tenía el Batallón de Ingenieros. Tenía uno solo y encontraron a quien lo había conducido esa noche, calculamos la estatura del hombre para conocer qué veía y que no cuando estaba sentado en el tractor haciendo la zanja para el enterramiento. Calculamos el ancho de la fosa y nos dijimos que tendría que tener unos 4 metros de ancho porque la pala medía 3,20 metros y nunca pasaba exactamente por el mismo lugar. Calculamos que la fosa tendría unos 2 metros de profundidad y unos 15 de largo por la medida del tractor”. González levantó un poco su tono de voz para concluir: “lo que buscábamos no eran los restos del Che sino el lugar de la pista aérea de Vallegrande donde había una zanja de 2 metros de profundidad, por 15 de largo y 4 metros de ancho y eso lo logramos saber-relata aliviado- en junio de 1997, ese día logramos saber dónde estaba esa zanja tapada”.



El Che fue enterrado con su uniforme


González subraya que “logramos encontrar a la persona que hizo la fosa donde se enterraron los restos del Che Guevara y dijo que no sabía para qué era”. El 26 de junio de 1997 la estrategia fue abrir una fosa en la zanja hallada. Se abrió otra fosa a la izquierda pero luego supimos que los restos del Che estaban en la fosa que finalmente hicimos a la derecha. González describió cómo en la fría noche del 27 de junio el Jefe de Seguridad del Estado nos recordó que teníamos dos días para terminar los trabajos. Para Jorge esa fue una señal positiva: “El hecho que nos avisaran que teníamos poco tiempo significaba que estábamos cerca. Alguien estaba viendo qué hacíamos”. Al otro día era sábado y continuamos el trabajo con máquinas de una empresa que ese día construían un alcantarillado. La tumba clandestina del Che estaba a 167 cm de profundidad en la fosa. La pezuña de la máquina enganchó el cinto del Che y así salieron las osamentas. El Che había sido enterrado con su uniforme, pero sin zapatos.


En el momento del hallazgo estaba con el antropólogo cubano Héctor Soto y un camarógrafo del Ministerio del Gobierno Boliviano, el tractorista y mirando desde arriba alumnos de una escuela. “Los argentinos se habían ido desde marzo y no estaban. Los primeros de ese grupo llegaron el 1º de julio de 1996. Le avisamos para que vinieran”.


González dijo que para “nosotros su experiencia era importante” además de que ellos se fueron con el compromiso de que cuando “aparecieran los restos óseos volverían”. En la fosa donde finalmente fueron hallados los restos del Che-continúa González-, se encontraron, además, los restos de otro de los combatientes. González contó que se quedaron en la noche con la fosa abierta como custodia.



El ADN no fue necesario


Para saber que el Che era quien estaba enterrado en esa fosa inicialmente no fue necesario practicar ADN. González explicó que tenían información de la morfología de la frente del Che, quien tenía unas prominencias muy importantes y que le faltaba un molar. También sabían que luego de muerto le habían cortado sus manos. González recuerda que el antropólogo Soto tocó el hueso de la frente y que también verificó la falta del molar y de esa manera se dieron cuenta que, sin duda, esos restos eran los del guerrillero asesinado en Bolivia. González y el resto del equipo realizaron la exhumación y recuerda que por seguridad vivió- hasta su traslado a Cuba- “en la morgue del Hospital Japonés” ubicado en Santa Cruz de la Sierra. También por seguridad “para el traslado de los restos” pidió ayuda a los periodistas” para que registraran los hechos “porque podían secuestrar los restos hasta por dinero”, cuenta González. Salí al aeropuerto con una caravana de seguridad.



“Es ilógico excavar sin saber a quién se busca”


González se explaya en cuanto a la identificación de los restos hallados en Vallegrande. “Consideramos que no teníamos necesidad de ADN” pero de igual manera “lo realizamos para saber qué nivel técnico teníamos. Yo tenía la certeza absoluta de que era el Che. No hay dos personas que puedan tener la misma posición de los dientes”. LARED 21 consultó sobre qué experiencia podría trasladar al grupo de personas que en Uruguay están vinculadas a las excavaciones para encontrar restos de detenidos desaparecidos durante la dictadura. González explica que en su experiencia personal “lo más importante es el trabajo histórico que te da la certeza de cómo desapareció la persona, qué lesiones pudo tener antes de su muerte, elementos de identidad… para saber qué buscar. Lo que no tiene lógica es de excavar sin saber a quién se está buscando”.


González relató que en Bolivia no era conocido y mucha gente no respondía a sus preguntas por falta de confianza. “Paulatinamente logré persuadir”, asegura. De aquellas trescientas entrevistas más creíbles, González indicó que al final trabajó la versión número uno que decía que el Che estaba enterrado, contradiciendo la versión de que había sido incinerado y sus cenizas esparcidas en la selva boliviana, que estaba en Virginia, EEUU, en sótanos de la CIA o que estaba en Panamá.


La versión que trabajamos era que la que indicó que la tumba clandestina estaba “en la parte posterior del cementerio en la zona del aeropuerto”. González indica que esa versión explotada se conformó como si fuera un ‘puzzle’ porque no hubo una única persona que señalara eso, sino varios testimonios que conformaron el relato que resultó más creíble. González sostiene que es imprescindible discriminar la validez de los testimonios.


(*) Jorge González Pérez es director de docencia del Ministerio de Salud Pública de Cuba, coordina la formación de las Universidades de Ciencias Médicas de Cuba. Fue Director del Instituto de Medicina Legal de La Habana y Rector de la Facultad de Ciencias Médicas de La Habana.


Artículo de Georgina Mayo. La Habana, Cuba.



Evocando a Córdoba (III y final)


Hoy es más necesaria que nunca antes la promoción del pensamiento latinoamericano




Por ARMANDO HART DÁVALOS

Es América, la de Martí, la de Ingenieros, la de Mariátegui, la que tiene tradición para probar los fundamentos científicos e históricos de la subjetividad y su fuerza revelada en la cultura, en tanto segunda naturaleza, creada por el hombre.


Cuba lo puede realizar porque es una consecuencia histórica de los mejores ideales de la Edad Moderna. Cuando tales valores han sido lanzados por la borda por el materialismo vulgar y grosero impuesto en el mundo que llaman unipolar, debemos defender con más fuerza las ideas del humanismo, la justicia y la dignidad humana.


En nuestra América existe una larga y arraigada tradición de espiritualidad y de eticidad, que se manifiesta en la búsqueda de un mañana mejor de alcance universal, dije en 2003 a profesores y estudiantes de la Universidad de Córdoba, en Argentina. Esto explica los importantes movimientos de ideas que han tenido lugar en el último medio siglo:


La renovación del pensamiento socialista que generó la Revolución Cubana y que representamos en Fidel Castro y Ernesto Guevara.


La explosión artística y literaria, y el pensamiento estético que se relaciona y tiene su fuerte en Alejo Carpentier y lo real maravilloso.


El pensamiento social y filosófico, y la dimensión ética que observamos en la teología de la liberación cuando la analizamos en función del reino de este mundo.


El movimiento de educación popular.


Hoy es más necesaria que nunca antes la promoción del pensamiento latinoamericano.


Latinoamérica debe presentar, como respuesta a la fragmentación y decadencia bien evidentes del pensamiento occidental, la solidez de nuestra tradición cultural y su valor utópico encaminado al propósito de la integración y del equilibrio entre los hombres y las naciones. Mucho es lo que pueden realizar en este sentido en nuestra área. No llegaremos nunca a una identidad de propósitos con debates simplemente teóricos, nos podríamos perder en discusiones que a nada conducen, sin embargo, si estudiamos la historia concreta de nuestros mejores pensadores y próceres y sus ideas concretas, podríamos encontrar mejor el camino de nuestra identidad común.


De Simón Bolívar dijo el Héroe Nacional cubano que tenía todavía mucho que hacer en América. De Martí podríamos decir que todavía tiene mucho que decirle a Cuba, a América y al mundo. Los cubanos solos no podemos sostener el peso inmenso de esta herencia espiritual. Por eso solicitamos de los pensadores de nuestra América que extraigan de la copiosa literatura martiana enseñanzas válidas para el debate intelectual contemporáneo y nos ayuden en el empeño de mostrar esas ideas.


Nuestro homenaje a Córdoba consistió en exhortarlos a buscar los nexos que unan el pensamiento de todos los sabios que en el mundo han existido, de todos los grandes que han pensado ideas luminosas a lo largo de la historia, y hacerlo sin sectarismo de tipo alguno, sin rechazo de ninguna clase desde Jesucristo y aún de antes, desde los orígenes de la civilización, hasta el Che Guevara, sin excepción. Si esto hacemos, no habrá nadie excluido, nadie rechazado, ningún valor perdido, ninguna heroicidad dejada de reconocer; no habrá ninguna tragedia o maldad que se oculte, no habrá  injusticia a denunciar que sea olvidada; no habrá impiedad ni siquiera para el impío, no habrá nada justo que se deje de resaltar. Todo está en que con la brújula del pensamiento latinoamericano y con la guía y heroicidad del ejemplo de nuestros grandes, sepamos comprender la síntesis de ciencia y amor que está presente con fuerza en la América que Martí llamó de los trabajadores, en la América explotada, en la América mestiza, en la América que el Libertador caracterizó como nuestro pequeño género humano.


Superemos definitivamente los ismos que dividen y procuremos con métodos electivos, tal como postulaba la filosofía cubana de principios del XIX, el camino de la verdad y hallaremos con esta selección el pensamiento social y filosófico que necesita América. No lo hallaremos jamás con debates bizantinos.


Dedicamos nuestras palabras a aquellos académicos que tuvieron conciencia de que la cultura, y por tanto la enseñanza universitaria, no era solo para estudiar o describir el mundo, sino para orientar la transformación revolucionaria de la sociedad. Las dedicamos a los universitarios que en Córdoba dieron una lección de la cual estamos orgullosos porque nos ha servido de sustento, de santo y seña, para los combates que hemos librado y estamos dispuestos a librar. En la esencia de estos planteamientos está el papel de la cultura, cuyo valor primigenio es la justicia y que está en los mejores investigadores y humanistas de la historia


Basta de hablar de la cultura sin entender que su valor primero es la justicia. Hace falta ser instruido, pero hay que aspirar a la cultura en su acepción más plena, hay que exaltar la justicia al más alto plano, válido para defender los intereses de todos los hombres, ya sean neoyorkinos, afganos, iraquíes, cubanos, argentinos, franceses, chinos o vietnamitas. En fin, de todos sin excepción. Lo afirmó el Héroe Nacional Cubano: Dígase hombre, y ya se dicen todos los derechos.


Para sintetizar mis palabras concluí entonces con dos ideas del presidente Fidel Castro que me pudieron servir de colofón acertado:


Las grandes crisis conducen a grandes soluciones.


El gran caudal hacia el futuro de la mente humana consiste en el enorme potencial de inteligencia genéticamente recibido que no somos capaces de utilizar. Ahí está lo que disponemos, ahí está el porvenir (…)




miércoles, 24 de febrero de 2016

Soñando





Un inspector bien plantado, que luego de analizar pedazos de ladrillos y otros remanentes sea capaz de averiguar de dónde proceden (¿quién construye, quién tira sin escrúpulos?), llegue hasta la casa del irresponsable y con la contundencia de un cañonazo le haga saber que tiene una multa irrevocable.


Multa ejemplarizante que será comidilla del barrio. La misma comunidad que antes veló por su urbanidad y buenos modos y que hoy no solo ha perdido bastante de sus días florecientes, sino que amenaza con seguir cuesta abajo.


Sueño con un inspector incorruptible y de mano dura que se apueste en una esquina, detrás de un periódico, y desde allí sorprenda a los que, por no caminar unos metros, sueltan alegremente sus jabitas de basura, o envíen a su hijos pequeños sin la debida ad­vertencia de “en el parque no, mijito, en los latones”.


Un inspector que a partir de su mano dura remueva conciencias de urbanidad y haga revivir viejas responsabilidades ciudadanas.


Por supuesto que tal sueño debe ir acompañado de otro no menos urgente: que la ciudad toda sea atendida en limpiezas como debe ser y más ahora que mosquitos invasores, portadores de una nueva enfermedad, amenazan con brincar fronteras y aprovecharse de lo que todavía estamos a tiempo de eliminar.



lunes, 22 de febrero de 2016

Esculturas símbolo del vacío de los viajeros que dejan un país

 Esta serie de esculturas tienen como nombre, dado por su autor, como “Los Viajeros” que traducido al Francés sería “Les Voyageurs”, su creador es de origen Francés, nacido en Marruecos y su nombre es Bruno Catalano.

Las esculturas presentadas por este autor, se corresponden con una serie de estatEsculturas-Bruno-Catalanouas, que han sido creada y son obras originales presentadas por el autor; en donde las características predominantes de estas obras de arte se fundamenta en que en sus cuerpos son incompletos, les falta algo; es decir donde debería haber una parte del cuerpo (parte del torso o parte de algún brazo) no hay nada.


Estas esculturas, tienden a reflejar el vacío que se experimenta y que se siente al salir o verse forzado a abandonar un País, una cultura, una familia o a su gente, motivado a cualquier circunstancia o razón. En si las obras de arte reflejan de cierto modo la condición de los viajeros, sintiendo entre tantas cosas, como especie de un vacío, de algo que falta y no se termina de completar.


Los semblantes de las estatuas, reflejan un rostro serio, casi de pesar, con una maleta en una de las manos, sostenida con fuerza y siempre con  ese espacio faltante, espacio que al parecer se queda en la tierra desde donde se parte o que ningún otro lugar podrá llegar a completar, de cierta forma.


Las figuras son realizadas tradicionalmente de bronce; los vacíos que están presentes en estas obras también se prestan para ser completadas visualmente con el paisaje de fondo de donde se encuentran y de cierta forma transmite una cierta carga emocional, que en ocasiones resulta ser bastante conmovedora.


Bruno Catalano nació en el año de 1.960 en Marruecos, pero a los 12 años tuvo que abandonar su país, esta situación desde muy pequeño le causó un gran dolor y un gran pesar, aspecto que se ve reflejado en sus diferentes esculturas.


Su gusto y admiración por el arte comenzó desde muy joven, pero el trabajo por la escultura de sus diferentes obras, se empezó a concretar a partir de la edad de 30 años, sus primeros trabajos fueron realizados en arcilla y en la actualidad, más de cien obras de arte de este tipo, son de su autoría.


Sus esculturas han sido exhibidas en innumerable países, tanto en exhibiciones públicas como privadas, las mismas han sido vistas en Inglaterra, Estados Unidos, Suiza, Bélgica, Argentina, Chile, España y Brasil. Exhibiciones, en donde el artista ha ganado gran aceptación, obteniendo el reconocimiento del público que las admira.


todocuba.org

CUBA.- EU.- EFEMERIDES DE LOS DIAS EN QUE OBAMA ESTARÁ EN CUBA

Por Néstor García Iturbe

Cómo ya se acerca la visita del Premio Nobel de la Paz, se me ocurrió buscar en el Portal Cuba las efemérides de los días en que estará en Cuba, por si algún compañero, que haya sido designado para pronunciar un discurso de recibimiento, en algún museo, fábrica, escuela u otro lugar, desea hacer referencia a la visita y alguna de las efemérides que coinciden con la misma.


De acuerdo con las efemérides que reflejan la historia de lucha de Cuba y América Latina:


Me parece muy apropiado recordarle a Benito Juárez y su famosa frase “El respeto al derecho ajeno, es la paz”.


Muy apropiado también la coincidencia histórica del discurso de José Martí en Venezuela, donde ofrece sus servicios a la patria de Bolívar, como ahora hacemos todos ante las agresiones de Estados Unidos.


Si vamos a hablar de la lucha por la independencia, no estaría de más mencionarle la masacre de Ponce y las acciones de Pedro Albizu Campos por lograr la independencia de Puerto Rico.


El discurso pronunciado en la Cumbre de Monterrey por el compañero Fidel, es algo importante para recordar en estos momentos.


La ejecución de Ramón Pintó y la negativa estadounidense a que sus fuerzas lucharan por la independencia de Cuba, resulta muy apropiado para hablar de eso.


El ascenso de Antonio Maceo a Coronel es importante destacarlo como parte de la lucha que siempre nuestro pueblo ha llevado a cabo por su independencia.


El primer desfile y concentración popular después del Triunfo de la Revolución es algo que no debería pasarse por alto, la sólida unidad de nuestro pueblo al lado de la Revolución.


También incluí las efemérides del día 23 de marzo, quizás en ese día ya Obama se marcho de Cuba, pero dentro de otras, hay una de extrema importancia, la reanudación de la lucha en 1878, ¡EL 23 SE ROMPE EL COROJO!  Y aunque el enemigo tenga atados pañuelos blancos en sus fusiles y aparentemente rehúsan combatir, los cubanos sabemos que estamos en un nuevo tipo de combate, el de las ideas.


A continuación lo que plantean las efemérides del Portal Cuba:


21 DE MARZO


1806 - Nace Benito Juárez en México


Destacado abogado, político, estadista y patriota. Sus historiadores afirman que la vida de Benito Juárez es la historia misma de México en las décadas centrales del Siglo XIX. Figura cimera del movimiento progresista de La Reforma, en 1857 ocupó la presidencia de la nación. Enfrentó la invasión francesa de 1862 a 1867 que logró apoderarse de gran parte del territorio, incluida la capital de México, y que proclamó como emperador a Maximiliano. Defendió siempre los principios de respeto y de inviolabilidad de la soberanía de las naciones. Es conocido como Benemérito de las Américas. Es el auto0r de la frase “El respeto al derecho ajeno , es la paz”.


1837 - Fallece el abogado y economista cubano Francisco de Arango y Parreño


Colaboró para la fundación de la Sociedad Económica de Amigos del País y fue director del Real Consulado de Agricultura, Industria y Comercio. Figura de primer orden en la vida política de la Isla de la época, además se desempeñó como Consejero de Indias e Intendente de Haciendas, ministro del Supremo Consejo de Indias, diputado por La Habana a las Cortes Constituyentes de 1814 y árbitro de la Comisión Mixta que se ocuparía de la cuestión de la trata de esclavos. Recibió el título de Prócer del Reino en 1834 y fue colaborador del Papel Periódico de La Habana.


1881 - Discurso de José Martí en el Club de Comercio, Venezuela


José Martí arribó en enero a Venezuela. De La Puaira marchó a Caracas y al anochecer rindió tributo al Libertador ante su estatua. En febrero impartió clases de gramática francesa y de literatura en el Colegio Santa María. Y el 21 de marzo, en la velada del Club de Comercio, ocupó por primera vez una tribuna venezolana: "Y como para todos los que del lado azul del Atlántico nacimos, hay una obra común y magnífica que hacer, vengo a ofrecer, triste y dignamente, mis servicios a los hombres, a poner hombro en la obra". Dijo en un discurso que fue un verdadero éxito.


1937 - Masacre de Ponce, en Puerto Rico


A la cabeza del Partido Nacionalista, Pedro Albizu Campos promueve dos grandes huelgas en los años 1933 y 1934 que devienen victorias populares. Acusados de conspirar para derrocar al gobierno norteamericano establecido en Puerto Rico, Albizu Campos y siete de sus compañeros de lucha son condenados a cumplir 16 años en la cárcel de Atlanta. Al año exacto, una manifestación pacífica de protesta por la injusta condena es masacrada: 22 manifestantes muertos y más de doscientos heridos. La Masacre de Ponce es una página más de la brutalidad irracional del imperialismo yanqui.


2002 - Pronuncia Fidel Castro discurso en la Cumbre de Monterrey


Algo tiene que hacerse para salvar la Humanidad, un mundo mejor es posible, asegura el Comandante en Jefe Fidel Castro, al intervenir en la Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo el 21 de marzo de 2002. Al comienzo de su discurso breve, pero demoledor, en la llamada Cumbre de Monterrey, en México, el líder cubano advierte: "Lo que aquí diga no será compartido por todos, pero diré lo que pienso y lo haré con respeto". Denuncia que la economía mundial es hoy un gigantesco casino donde, por cada dólar empleado en el comercio, más de 100 se destinan a operaciones especulativas que nada tienen que ver con la economía real. Tras afirmar que el actual orden económico constituye un sistema de saqueo y explotación como no ha existido jamás en la historia, precisa que se ha llegado a extremos tales, que las tres personas más ricas del mundo poseen activos equivalentes al Producto Interno Bruto combinado de los 48 países más pobres.


22 DE MARZO


1855 - Ejecutado Ramón Pintó


Las Juntas Cubanas de Nueva Orleans y Nueva York y el Club de La Habana preparaban un movimiento insurreccional, el cual sería apoyado por una expedición militar que saldría de playas norteamericanas bajo el mando del general John A. Quitman. El presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, desautorizó toda tentativa de fuerza para apoderarse de Cuba, y el general Quitman se separó de los conspiradores. Un traidor informó al general José Gutiérrez de la Concha acerca del plan y los comprometidos. Uno de ellos, Ramón Pintó, español de antecedentes liberales, ex-director y ex-propietario del Diario de la Marina, es apresado, juzgado y ejecutado en La Punta.


1872 - Antonio Maceo ascendido a coronel


Cuando Máximo Gómez partió a reunirse con el presidente Carlos Manuel de Céspedes, dejó a Antonio Maceo al mando de las operaciones en Guantánamo y, lejos de ser un alivio, esto constituyó un quebradero de cabezas para las fuerzas enemigas. No hubo campamento ni convoy español que se librase de las audaces sorpresas guerrilleras que los obligaban a buscar abrigo en ciudades y pueblos fortificados. De las condiciones admirables de mando, que le capacitaban para la dirección de la guerra, daba fe el diploma que llegó a sus manos un día como hoy, firmado por Céspedes, en que se ascendía a Maceo al grado de coronel del Ejército Libertador.


1959 - Primer desfile y concentración popular


El primer desfile y concentración de trabajadores y pueblo en general, en apoyo a las leyes revolucionarias, ha sido convocado por la CTC y se efectúa frente al antiguo Palacio Presidencial. "Ahora más que nunca es necesaria la unidad de los trabajadores", enfatiza Fidel, y se refiere además a que "por primera vez en Cuba, el gobierno se puede dirigir a los campesinos y a los trabajadores como a sus amigos, como a sus compañeros, como a los únicos a quienes tiene derecho a pedir, para que no fracase la Revolución".


23 DE MARZO


1843 - Nace Luis Victoriano Betancourt


Luis Victoriano Betancourt es la más cabal representación de la evolución ideológica progresista del costumbrismo cubano. Desde los veinte años comenzó a colaborar en diversas publicaciones periódicas. Tras el estallido bélico del 68 se marchó a Nassau y regresó en la expedición del "Galvanic". En las filas del Ejército Libertador ocupó la presidencia de la primera Corte Marcial y los cargos de diputado, secretario y presidente de la Cámara de Representantes de la República en Armas. A la par colaboró en los periódicos mambises "El cubano libre", "La estrella solitaria" y "Boletín de la Revolución". Al término de la Guerra de los Diez Años ejerció como abogado, maestro y periodista hasta su muerte en 1885.


1878 - Reinicio de la lucha armada


¡Y el 23 se rompieron las hostilidades! Al mediodía llegó un informe del coronel José Maceo: "En ocasiones distintas y rumbos opuestos, los soldados españoles llevaban atados a los fusiles pañuelos blancos, eludían el combate dando vivas a Cuba, a la paz y declarándose hermanos. De Holguín, Guantánamo y Santiago de Cuba llegaron similares informes". Pero el ardid de Martínez Campos por vencer la resistencia revolucionaria no cumplió su objetivo inmediato. Belisario Grave de Peralta, Vicente García, Francisco Borrero, Flor Crombet y Guillermo Moncada, en sus respectivas jurisdicciones, mantuvieron muy alta la bandera de la libertad enarbolada en Yara.


1959 - Primer número de Lunes de Revolución


Lunes de Revolución surge tempranamente como suplemento literario, en medio de la lucha ideológica que se libró en los medios de difusión en los primeros años del triunfo revolucionario, y que tuvo como epílogo la derrota de la reacción y del imperialismo. Circuló hasta 1961 y en sus páginas se brindó una valiosa información literaria, artística y cultural, de Cuba y el resto del mundo.


1967 - Primera acción de la guerrilla del Che


La guerrilla está emboscada. La sección enemiga, compuesta por 32 hombres al mando del mayor Hernán Plata, avanza. Es temprano, siete de la mañana, cuando se produce el intercambio de disparos que apenas dura seis minutos, suficientes para causar a la fuerza regular siete muertos, cuatro heridos, 14 prisioneros y ocho que escapan. Es la primera acción militar de la guerrilla y fue comandada por Rolando, el San Luis de la Sierra Maestra, Eliseo Reyes Rodríguez, el mejor hombre de la guerrilla del Che y uno de sus pilares.


La Habana, 22 de febrero del 2016

miércoles, 17 de febrero de 2016

10 curiosidades que quizás no sabías de Celia Cruz



 Es la cara más conocida de la música cubana en el mundo y la “Diosa de la Salsa”: Celia Cruz, la mujer que cautivó al mundo entero con su voz, su talento, su carisma y su ¡Azúcar! Aquí te contamos algunas cosas que quizás no sabías de “La Guarachera del Mundo”

– Nació en La Habana en 1925, su nombre completo era Celia Caridad Cruz Alfonso.


– Celia fue descubierta como estrella potencial en 1950 por el director de la Sonora Matancera, el guitarrista Rogelio Martínez, quien la contrató inmediatamente para reemplazar a Mirta Silva, quien era la solista oficial de la orquesta y acaba de dejar el grupo.


– Allí conoció a quien fuera su marido, y el amor de su vida, Pedro Knight el 3 de agosto de 1950, cuando ambos trabajaban para la orquesta, ella como cantante y él como trompetista.


– El primer pago por su música, lo recibió por parte de un turista en La Habana, a quién le cantó y él, encantado con su talento, le obsequió un par de zapatos nuevos. Tenía Celia tan sólo 12 años.


– Lo de cantar le empezó desde muy chiquita, hasta el punto de que sus padres le encargaron el papel de cantar canciones para arrullar a los más pequeños de la casa.


– Por pedido de su papá entró al magisterio con intenciones de convertirse en maestra, pero al final abandonó para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música.


– Recibió su primer disco de oro en 1957 en Nueva York.


– Sus inicios como cantante solista fueron junto al famoso percusionista Tito Puente, con el que grabó un total de ocho álbumes.


– «¡Azúcar!» era su grito de guerra, la contraseña de apertura y cierre de sus conciertos y la clave para hacerse entender en todo el mundo.


– La “Guarachera del Mundo” fue enterrada en el cementerio Woodland de El Bronx, en la ciudad de Nueva York, cada año, fanáticos de Celia van, en el aniversario de su muerte o nacimiento y  le dejan flores y mensajes e incluso un pastel el día de su cumpleaños.


Fuente: amqueretaro

Mitos, mitomanías y mistificaciones


Por Juan Nicolás Padrón


 Todo mito se relaciona con narraciones maravillosas que condensan una realidad humana permanente en el tiempo y de alcance planetario; asociados a personajes o temas sagrados y heroicos, su sentido puede presentarse fuera de la divinidad y lo épico. El mito, que a veces se entiende popularmente como engaño, posee una base objetiva, condición que lo hace creíble o atractivo para ser creído; pero en ocasiones, la fantasía sobrepasa tanto lo factual, que se convierte en una tendencia casi morbosa a desfigurar la realidad, simplificándola o reduciéndola al ángulo sobre el cual se quiere llamar la atención: entonces el mito se mistifica y la realidad queda apresada, inmóvil, en estereotipos. Los pueblos contribuyen a crear mitos y estereotipos, y cuando dos naciones tienen una larga historia de enfrentamientos, la mitomanía abunda por la frecuencia en que se encadenan mitos y prejuicios, y si se cultiva en una cultura la exageración o la hipérbole, como resulta en la cubana, el proceso de mistificación se acelera.


Cuando a Cuba llegaba ―¿llega?― un norteamericano, se pensaba en “un agente de la Cia” o un pagado por una organización encubierta del imperialismo “para subvertir el orden u obtener información valiosa”; ante cualquier pregunta curiosa se respondía ―¿se responde?― con suspicacia duplicando el habitual “secretismo” sobre informaciones que pueden encontrarse en cualquier sitio; en algunos casos, la cuestión se aproximaba ―¿se aproxima?― a la paranoia. Asimismo, si un cubano visitaba ―¿visita?― a Estados Unidos en compromiso profesional o académico, estaba ―¿está?― sometido a la sospecha de ser “un agente de la Seguridad del Estado que viene a espiar al gobierno norteamericano”; incluso, si decide quedarse allí, deberá lavar sus posibles culpas de la Isla en el Jordán de las declaraciones públicas antigubernamentales, y vincular las razones por las que se queda, no a cuestiones personales, sino al “régimen” ―dicho así, con énfasis: “rrrégimen”― y a Fidel y a Raúl, culpables de cuanta cosa sucede en Cuba, desde contraer el Sida hasta no saber enfrentarse a alguien que le hizo la vida imposible. Algunos mitos de la mitomanía se llegan a mistificar: todo el que llega a Cuba de los Estados Unidos debe representar al “imperialismo yanqui”; todo el que pisa suelo norteamericano desde la Isla, está vinculado al “castrismo”.


También se mitologiza la condición social: “todos los norteamericanos son ricos, casi millonarios, y por lo tanto, tienen todo el dinero del mundo para botar, gastar, dar propinas, dilapidar…”; no resulta posible creer que algunos ahorraron mucho tiempo para viajar y tienen el dinero contado, y si alguno no malgasta, es un “tacaño”; en sentido contrario, “todos los cubanos son unos indigentes, unos muertos de hambre”; tampoco se concibe que algunos vivan holgadamente y hasta con riquezas, por lo que si trabajan o realizan algún servicio hay que pagarles poco, muy por debajo de lo normal, pues “los cubanos se contentarán con un plato de comida o alguna ropa, eso sería suficiente para ellos”, y el que no lo acepta es un “malagradecido”. Hay la tendencia a pensar entre muchos cubanos que los Estados Unidos son Miami, o quizás Hialeah; y entre norteamericanos, que Cuba es La Habana, y a veces, los alrededores del hotel donde se alojan; por ahí ambos sacan sus conclusiones de cada país. Otro mito muy popular es la apariencia física: “los que vienen de los Estados Unidos son rubios, blancos lechosos, de ojos celestes” y ropas “características”, no hay trigueños de ojos negros como los chicanos, ni negros como los llamados afroamericanos, pues no existen ciudadanos de allí con otro aspecto que no sea el tipificado por las “características”; por otra parte, si son de Cuba, entonces los de allá están convencidos de que deben ser “negros, mulatos o mestizos”, vestidos con el “uniforme” de muchos cubanos miamenses.


Generalmente entre cubanos se considera que los norteamericanos son más “mundanos” y menos “provincianos”, y hay una idea generalizada de que no son rurales o ruralistas; parecería que solo viven en populosas ciudades ―aunque una buena parte no habiten esas grandes urbes, algunos no las hayan visitado nunca y ni siquiera tengan interés en conocerlas―, que suelen dominar temas que aquí resultan evidentes y que por su diversidad aceptan con frecuencia la posición del “otro” ―imposible creer que los haya muy nacionalistas, a veces localistas, pues es el país que más banderas tiene por kilómetro cuadrado: desde sus abundantes iglesias hasta viviendas. Para muchos de los estadounidenses, los cubanos no están al tanto de los avances de la tecnología, apenas conocen películas y músicas de moda, son muy “atrasados” ―quienes así piensan no tienen la menor idea del “paquete semanal”, ni se imaginan la necesidad de conocimiento en un pueblo que desde hace muchos años vive sin analfabetos y con un alto grado de escolarización―; nos acusan con frecuencia de “nacionalistas” porque  en sentido general tienen un vínculo estrecho con su cultura y defienden con pasión su derecho a la independencia y a la soberanía: eso es ser “nacionalista” para algunos de los que piensan bajo ciertos mitos, aunque esta Isla sea una de las naciones más abiertas al conocimiento en el mundo.


Mientras mayor es el desconocimiento sobre Cuba, de la mitomanía se pasa con mayor facilidad a la mistificación. Una sistemática y prolongada propaganda política contra la Isla en los medios norteamericanos, ha provocado un envenenamiento muy arraigado en diferentes tipos de públicos, que aseguran que aquí Fidel, y ahora Raúl, deciden absolutamente todo lo que se mueve en el país, desde la compra de la pasta dental hasta la decisión de vender el tomate a 25 pesos la libra en el mercado, y estas convicciones han sido reforzadas por las pésimas políticas informativas cubanas, también demasiado prolongadas y sistemáticas, y el abismo creado entre lo público y lo que se publica; en esas condiciones, imposible convencer a nadie de que en Cuba los poderes están repartidos, aunque a veces mal compartidos, incluso en ocasiones en un sentido contrario a como generalmente se propagandiza, y frecuentemente desperdigados, pues el famoso control “totalitario” del que tanto se habla, aquí está multiplicado mil veces por la apariencia en relación con la realidad, y no pocas veces se esconde la negligencia entre maquillajes de eficiente vigilancia. Por otra parte, quienes se imaginan un país en que nadie puede criticar nada contra las decisiones del gobierno, cuando llegan se encuentran con el pueblo más hablador, protestón y “bocón” del mundo.


Por el contrario, el “sueño americano” ha hecho creer que sus “valores universales” garantizan un estado de bienestar y felicidad suprema, añorado por cualquier ciudadano del mundo; sin embargo, la realidad demuestra que el sueño puede convertirse en pesadilla, sobre todo para los pobres, que nunca salen en los medios y permanecen ocultos trabajando en una sociedad bajo una nueva esclavitud: trabajas y compras, vives para trabajar y consumir, trabajas para comprar y compras para consumir, incluso lo que no te hace falta. Y hay más: leyes caprichosas e injustas, como las que rigen las deportaciones, muy difíciles de anular a pesar de las inconformidades hasta en el propio Congreso; ciudadanos bajo una vigilancia tecnológica sutil y total, sin que nadie se dé o quiera darse cuenta; enemigos reales o ficticios que acechan de manera constante y terrible, en imágenes que manipulan el miedo e inducen al pavor para mantener la maquinaria y la hegemonía militar ―con 18 años un adolescente ha visto 40 000 asesinatos frente a la televisión, dominada por 6 poderosas corporaciones, sin contar video-juegos en los que gana quien más mata―; una población penal que es la más alta del planeta ―el 25% de los presos del mundo están en los Estados Unidos, una gran parte negros y latinos―; la mayor cantidad de armas de fuego del orbe y con la Policía que más asesinatos ha ocasionado, pues no hay otra con igual cantidad de muertes a ciudadanos en un año, incluso adolescentes; gastos de salud pública que van a parar al bolsillo de los negociantes; más del 30% del total de los alimentos que se botan ―unos 50 millones de toneladas al año―; el récord en el consumo de drogas ilegales y antidepresivos... No obstante, se pretende hacer creer que los Estados Unidos son el reino de la felicidad, con todos los derechos humanos garantizados.


Mitos, mitomanías y mistificaciones se reproducen tanto en Cuba, por su ineficiente política informativa, como en los Estados Unidos, debido a lo contrario, por su eficiente política informativa. Estas políticas se ponen de manifiesto de diferentes maneras: para muchos en Cuba, el país, la nación y el gobierno son lo mismo; los indígenas latinoamericanos son siempre pobres y de izquierda, nunca ricos, de derecha, conservadores o reaccionarios; todos los estudiantes que vienen a hacer carrera de Medicina a la Isla se irán a ejercerla a los lugares más pobres; Rusia sigue siendo casi la URSS, y hasta confunden a Putin con Brezhnev; los enemigos de mis enemigos son mis amigos... y así sucesivamente; quizás por esa razón, no encuentran muchas explicaciones cuando se rompen algunos mitos. Mientras que para algunos norteamericanos, el universo son los Estados Unidos y no hay por qué pensar que alguien no los quieran imitar; todos los árabes son terroristas porque es su naturaleza, potenciada por la religión musulmana que estimula la violencia; toda medicina que el Estado paga es dinero botado que se les quita a los que trabajan para dárselo injustamente a los que no trabajan, con el consiguiente alimento a la corrupción; toda la política exterior de Rusia, el enemigo principal de los Estados Unidos, es para amenazar a la nación norteamericana, y es imposible que exista la cooperación con ellos; los enemigos de mis enemigos son mis amigos… y así sucesivamente; de esta forma, se encuentran sin argumentos cuando la realidad les demuestra otra cosa.


Siguiendo los mitos entre Cuba y los Estados Unidos, según muchos norteamericanos, a los cubanos no los dejan salir del país, viven como en una cárcel, y los que logran “escapar”, pasan muchos trabajos para llegar a “la tierra prometida”; sin embargo, los ciudadanos norteamericanos son los más libres del mundo y pueden viajar a cualquier sitio cuando quieren. No sé qué sucederá cuando se enteren de que desde hace mucho tiempo la inmensa mayoría de los emigrados cubanos son puramente económicos ―como ocurre en el resto del mundo―, que pueden salir tranquilos y legalmente por el aeropuerto si deciden marcharse legalmente, si obtienen una visa para cualquier país, como exigen las normas internacionales, y, claro, si cuentan con el dinero para pagarlo, que es menos fácil ―como ocurre en el resto del mundo― ; que mantienen una aspiración de llegar a los Estados Unidos donde tienen a muchos familiares, alentados por la Ley de Ajuste Cubano ―ahora, con el rumor de que están a punto de derogarla, el afán se ha multiplicado―, un privilegio otorgado que ofrece a los naturales de la Isla protección, trabajo y vías para obtener la ciudadanía, y que a otros extranjeros se les niega. No me imagino qué pensarán cuando sepan que los ciudadanos norteamericanos que no cumplen una docena de categorías  ―que excluyen el turismo― para viajar a Cuba, no pueden hacerlo. La Ley de Ajuste Cubano garantiza el falaz argumento de “refugiado político” y estimula la emigración ilegal; al mismo tiempo, se “regula” la entrada a la Isla de norteamericanos, aunque se mantiene con una publicidad muy baja para que sus ciudadanos sigan creyendo que pueden viajar en libertad a donde se les ocurra: se trata de mistificaciones complicadas, insostenibles y absurdas para mantener vivos mitos propios de la Guerra Fría. ¿Qué sucederá cuando arriben más y más estadounidenses a la Isla?


Será imposible mantener tantos mitos en un futuro inmediato, con las crecientes visitas de norteamericanos aquí y de cubanos a los Estados Unidos. Sería risible pretender enraizarlos ante el desarrollo vertiginoso de las comunicaciones y los contactos personales que facilitan el acceso a la información, pues cada vez será más diversa y compleja la opinión del “otro” y menos creíble la información vertical de “esclarecidos orientadores”. La sabiduría milenaria de la Biblia ya nos había dado una clave: “Ve y mira”.





Juan Nicolás Padrón

Por Juan Nicolás Padrón

JUAN NICOLÁS PADRÓN (Pinar del Río/Cuba, 1950): Poeta y Licenciado en Filología y especializado en Lengua y Literatura Hispánica. Posee postgrados en Filosofía y Lingüística, además de Cursos de Pedagogía y Sicología. Actualmente es Investigador del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas de Cuba. También ha sido Director de Literatura del Instituto Cubano del Libro; Director de la Editorial Letras Cubanas y Subdirector de la Editorial Casa. Su desempeño en el ámbito de las letras lo ha desarrollado como editor, profesor, jurado, poeta, ensayista, coordinador de encuentros literarios y artísticos, prologuista, articulista, antologador y conferencista en distintos países como Cuba, España, México, Argentina y Canadá. Ha participado en la Ferias Internacionales del Libro de Cuba, Ciudad de México, Guadalajara, Buenos Aires y Santiago de Chile. Su obra poética se encuentra en la edición de los siguientes libros: "El polvo finísimo del tiempo" 1983; "Desnudo en el camino" 1988; "Peregrinaciones" 1991; "Crónica de la noche" 1995. Su última publicación es el ensayo sobre la identidad cubana "La Palma en el Huracán" (Ediciones Rodriguistas, Santiago-Chile 2000).



¿Qué es la burocracia?

Por Luis Toledo Sande



En un texto de Gabriel García Márquez leí, llegado tal vez del sabio Pero Grullo o del genio colectivo, el agudo apotegma según el cual un burócrata es quien tiene un problema para cada solución. Ayudada por agentes patógenos locales, la burocracia brota como hipertrofia, o hiperplasia, de la necesaria organización de la sociedad, como del desarrollo celular nace el cáncer.


Nadie piense que aquella solamente opera en lugares específicos: se ha extendido por el mundo, como acompañante de eso que, a veces con demasiada confianza, llamamos el desarrollo. Los recursos tecnológicos y científicos, destacadamente los informáticos, pueden enmascarar la urdimbre burocrática, mientras que la ineficiencia la destaca, y la hace más difícil aún de soportar.


Influencia del inglés por medio, la diosa mayor de la informática se denomina internet, a veces con inicial mayúscula, como nombre propio. (En español perdimos la oportunidad de llamarla inter-red, y el vocablointranet designa una versión recortada de ella.) La diosa también se identifica como web, que en lengua inglesa significa telaraña, metáfora aplicable asimismo a lo que puede llegar a ser una cada vez más atrapadora “cultura de la burocracia”.


No hay que negar la importancia de las medidas organizativas y los correspondientes controles, sino impedir que unas y otros se tomen como fines y frenen la necesaria soltura creativa. La mayor complicación radica en que es más fácil condenar verbalmente la burocracia que descubrirla y enfrentarla de veras. Especialmente difícil es detectar el burócrata o la burócrata que llevamos dentro.


Respuestas como “eso no es lo establecido”, o “eso no está normado”, nos salen constantemente al paso, o las ponemos nosotros, contra iniciativas dirigidas a crear algo o a encontrarle solución a determinado problema. El verdadero valor, si lo tiene, de lo establecido y lo normado es contribuir al mejoramiento de la realidad, que nos incluye.


Lo establecido puede ser algo tan elemental como que el portero en un centro de trabajo impida que a este acceda un delincuente dispuesto a todo, matar si es preciso, para robar. Pero si, por su astucia, o por descuido o ineptitud del portero, el delincuente logra entrar, ¿deben los demás trabajadores permitir que circule libremente y cometa sus fechorías, en vez de agarrarlo y entregarlo a las autoridades?


Ese ejemplo puede parecer descomunal, o lo es. Pero ¿no cabría tomarlo como alegoría de males que nos rodean, y nos tienen a nosotros mismos de cómplices voluntarios o involuntarios? Algunos de esos males serían el desaprovechamiento de los bienes sociales, la inmoral sustracción de ellos -léase robo-, la mala terminación de un mueble en una carpintería, el maltrato a un paciente por parte de un médico u otro trabajador. Y muchos más.


Para no permanecer en la tendencia a ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio, pensemos en otras realidades: digamos una página mal impresa por no aplicar en el camino soluciones con que resolver deficiencias no detectadas “a tiempo” -nadie es infalible-, o por no mejorar algo que, tal vez porque es fruto propio, no tocamos, aunque podría optimizarse sin sacrificar la fecha de impresión. Esta requiere respeto, y no debe confundirse con el burocratismo: lo menos que se le puede pedir a una publicación semanal es que salga cada siete días.


Los controles no deben reducirse a papeleos y mecanismos que son estériles cuando no los atienden bien los seres humanos y, como estos, pueden deformarse y atascarse en trastornos nocivos para cualquier sistema, y mortíferos para el afán socialista. Las actitudes y las virtudes necesarias están en las personas, al igual que las faltas y los defectos frustrantes.


Tras vencer trabas burocráticas empecinadas en impedirle mejorar un texto propio, un colega parodió a Gustavo Adolfo Bécquer con versos que me ha autorizado a citar sin revelar su nombre, para cuidar su prestigio literario. Acepto esa condición, porque en este caso el anonimato no es un hecho inmoral.


He aquí los versos, que el autor de Rimas perdonará desde su tumba, porque nacieron del afán de defender, hasta risueñamente, la buena poesía de la vida: “¿Qué es burocracia?, dices, mientras clavas/ en mi propuesta de solución/ tu norma que la impide./ ¡Qué es burocracia! ¿Y tú me lo preguntas?/ ¡Burocracia… eres tú!”. Pero, ¡cuidado!, también puedo ser yo, y, sea quien sea, tiene argucias para condenarnos a más de cien años de improductividad.




martes, 16 de febrero de 2016

Talismán de la esperanza

Por Rolando López del Amo

La humilde pareja de inmigrantes españoles formada por Mariano Martí y Leonor Pérez no podían imaginar que su único hijo varón, nacido en la calle de Paula en la ciudad de La Habana el 28 de enero de 1853 y al que nombraron José Julián, sería invocado por sucesivas generaciones de cubanos, hasta el día de hoy, como el maestro y el guía para andar con acierto por los intrincados y agrestes caminos de la vida humana.


El innato talento de aquel niño nacido en el seno de una familia laboriosa y honrada tuvo cauce  propicio en el magisterio de  Rafael María de Mendive, patriota y culto, ejemplar y generoso, creador de conciencias y caracteres limpios y fuertes. Armado con esos valores, el adolescente José Julián, se sintió parte del intento independentista iniciado el 10 de octubre de 1868  en la lejana Yara por un grupo de ilustres patricios encabezados por Carlos Manuel de Céspedes. Poemas alegóricos, artículos de prensa, carta recriminatoria a un condiscípulo apóstata, lo llevaron a la prisión colonial como picapedrero encadenado y, gracias a los incansables afanes de sus padres,  a transformar la sentencia en destierro a la metrópoli.


En España realizará y concluirá estudios de Derecho y Filosofía y Letras y dejará  dos libros que desnudan las entrañas del colonialismo español: El presidio político en Cuba y La república española contra la revolución cubana.


El destierro seguirá en México, donde se forma como periodista y estrena una obrita de teatro que tuvo buena aceptación, se acerca a las ideas socialistas, divulga los hechos de la revolución en Cuba, resalta a sus héroes y gana a un amigo, un hermano, que lo será para toda su vida.


De México a Guatemala, donde será maestro. El doctor Torrente le llamaban sus alumnos por el caudal de su verbo. Venezuela lo acogerá por seis meses y editará La RevistaVenezolana. En los tres países mencionados su choque contra los caudillos gobernantes le impiden permanecer en ellos.


En México nació el compromiso y el matrimonio. Una brevísima estancia en Cuba con nuevo destierro, hasta instalarse en New York, donde ya había estado y presidido el Comité Revolucionario cuando la Guerra Chiquita. Allí será la maduración completa del escritor, el periodista, el político revolucionario, el pensador, el maestro, el hombre de Estado, el apóstol de la redención del hombre por el hombre.


Desde New York Martí escribe para los diarios más importantes de América Latina y para publicaciones en los propios Estados Unidos. Su estilo anuncia el modernismo en nuestra lengua.  Allí  publica tres números de la más extraordinaria revista para niños, florece su poesía, traduce obras para editoriales conocidas, preside  sociedades literarias, trabaja como maestro y como oficinista, realiza funciones de Cónsul de Uruguay, Argentina y Paraguay, representa a Uruguay en conferencia panamericana y, para Cuba, pronuncia  encendidos y hondos discursos revolucionarios, escribe abundante correspondencia al servicio de la nación, funda el periódico Patria y el Partido Revolucionario Cubano. Logra unir a la vieja generación revolucionaria con la nueva, a los patriotas del exilio con los del país, a los negros y mestizos con los blancos, a distintas clases sociales en un gran frente por la independencia, por la liberación nacional, pero vista como culminación de la independencia de Nuestra América, la que va desde el Río Bravo hasta la Patagonia. Es su pensamiento  la continuación y desarrollo de las ideas bolivarianas. La defensa de la unidad de América Latina y el Caribe que hoy trata de consolidarse en la CELAC.


Martí es antiimperialista e internacionalista porque piensa en función de la humanidad como un todo, en la identidad esencial de los seres humanos más allá del lugar de nacimiento, el color de la piel, el idioma materno, la creencia religiosa.


Como sistema político cree en la república, en el valor de las ideas por encima de los individuos,  en la democracia efectiva, electiva y supervisada, controlada desde la base y participativa. El previene contra los males de la burocracia, del caudillismo  y de los monopolios.  El está del lado de los obreros y los campesinos, de los pobres de la tierra y cree que los bienes de la naturaleza son patrimonio común. Él defiende a la mujer, al anciano, al niño. El alienta el trabajo, el estudio, la investigación. Él aboga por la paz mundial y la relación civilizada entre las naciones, basada en el derecho y la justicia, en el respeto y la solidaridad.


Él resalta la importancia de la educación  basada en el conocimiento científico y no en dogmas, en el razonamiento y la experimentación. Él insiste en la necesidad de la cultura y la amistad, en las bondades espirituales de las artes, que son también trabajo.


Martí es guía promisorio para la vida individual y colectiva, fuente de valores que brotan del ejemplo personal de una vida noble que siempre se puso del lado del deber, de la felicidad que se gana en la compañía y el sacrificio.


La UNESCO, que otorga el Premio Internacional José Martí e incluyó toda la papelería martiana en su archivo de la Memoria del Mundo, acaba de auspiciar en La Habana, mediante su Programa mundial de solidaridad José Martí, la conferencia Con todos y para el bien de todos, que nos trajo a relevantes pensadores de nuestro continente y de otras tierras del mundo. Fue el reconocimiento de la comunidad internacional, del sistema de las Naciones Unidas, al pensamiento y la obra del insigne cubano.


Para todos los que aspiran a un mundo mejor,  José Martí es luz propicia en medio de las tinieblas, palabra amiga para levantar  a los hombres hasta su mejor altura, pan de vida útil y noble, manantial inagotable para calmar la sed de justicia, talismán de la esperanza.

sábado, 13 de febrero de 2016

Cuba, diciembre 2015 (post-485)


Por



 Ya conté que a finales de noviembre volví a Cuba después de 8 años, y prometí publicar una entrada sobre mi viaje. Me he tardado, por diversas razones, pero es curioso cómo varias personas que siguen este blog me han insistido que escriba esa reseña, que la están esperando, porque el tema cubano siempre genera interés.

La Habana es un sitio para patearse con alegría. Allí puedo hacerme mogollón de kilómetros andando, como así fue, bien atento para no perderme detalles de una ciudad tan fotogénica. En diciembre el tiempo suele ayudar porque está algo más fresquito aunque en mi caso me llovió más de la cuenta. Estuve tres días en Varadero, pero la experiencia no fue tan buena. Siempre me lo paso mejor yendo a Santa María, la playa que está cerca de la capital y a la que van mayoritariamente los cubanos.He contado que me encanta visitar cementerios (pero no quedarme, eh!!), así que me di un tour funerario. El Cementerio Colon es una pasada, y aproveché para darme una vuelta por la tumba de mi admirado José Lezama Lima. También por el Cementerio Chino, que está muy cerca, donde tuve una larga y divertida charla con los sepultureros. Me harté de reírme con ellos, porque se quejaban con esa retranca tan cubana de que “los chinos en Cuba no se mueren”. En un año habían tenido un solo entierro, y se estaban aburriendo :-)

La oferta gastronómica del sector de “paladares” cubanos es impresionante. Me refiero a los restaurantes privados que han proliferado por todas partes. Se nota la mano de socios españoles, italianos y de otros países que invierten en esos negocios casi como pretexto para poder vivir o ir a Cuba a menudo, porque la calidad de la oferta y del servicio ha experimentado un salto enorme. Nada que ver con lo que había hace ocho años, pero los precios tambien han subido mucho.

Escribir de temas serios sobre Cuba, ya lo he dicho, me abruma. Es complicado encontrar el puntito justo de rigor y justicia en un tema que moviliza tantas sensibilidades, pero lo voy a intentar. Estos son apuntes sueltos que fui tomando durante mi viaje, de ver cosas y conversar con la gente, que trataré de ordenar de algún modo. Sé que hay gente que se puede sentir incómoda, incluso disgustada, por opiniones que voy a dar, pero no hay que darle más vueltas. Es lo que pienso y ya está. Allá vamos (enumero las ideas por si alguien quiere comentar puntos concretos):

  1. La mejora de Cuba es insuficiente pero palpable. Se percibe una esperanza de cambio, e incluso empieza a regresar gente al país, cosa que no se veía desde hace mucho tiempo. Por ejemplo, sentí (a diferencia de otros años) que ya no persiguen a los turistas porque al parecer mis paisanos ya tienen asuntos más productivos de los que ocuparse. También se nota muchísima menos presencia policial en la calle, lo que es una señal de que el clima general está bastante más relajado.

  2. Las expectativas son crecientes y dinámicas. Se nota satisfacción con la apertura de los últimos dos años, pero la gente pide más porque el país tiene una reserva de talento impresionante, un capital humano que pide paso y reclama oportunidades que el sistema no está siendo capaz de ofrecer todavía. Lo que conforma a la gente hoy, no será suficiente mañana. Ley de vida.

  3. En mi opinión, el gobierno cubano está “calibrando” bien el proceso, sin estridencias, pero dando muestras de haber comprendido que los cambios son irrenunciables, y no pueden ser cosméticos. Puede parecer demasiado lento, pero sé que el reto no es fácil porque los márgenes son estrechos, y saber navegar por un territorio tan incierto tiene su mérito, a pesar de los reparos que expondré más adelante. Aunque Raúl Castro y parte de la cúpula dirigente cubana es, como mínimo, septuagenaria, se está dando un cambio generacional de la dirigencia cubana a todos los niveles, con cuadros más pragmáticos y flexibles, que presionan para que las reformas sigan adelante.

  4. La irritación que percibí hace ocho años ha disminuido notablemente gracias a las “medidas de descompresión” que ha impulsado el gobierno de Raúl. Hablo de medidas como autorizar la compra-venta de casas y coches, poner menos trabas a la iniciativa privada de pequeña escala, normalizar los viajes al exterior, o mostrarse algo más tolerante con la diversidad, entre otras. Estas decisiones han conseguido su objetivo de liberar presión de la olla, que no es poco.

  5. Tengo dudas de que haya en Cuba una política clara de construcción colectiva, participativa, para abordar el nuevo desafío que plantea el post-conflicto con USA y la apertura externa que se avecina. No sé si existe todavía una visión integral de país, un modelo de sociedad que se ajuste al nuevo escenario, y que sepa despojarse de la “retórica de fortaleza sitiada” que ha condicionado (y a mi juicio, empobrecido) el discurso oficial durante mucho tiempo. Al haber menos excusas externas (no han desaparecido, pero el escenario ha cambiado mucho, para mejor), es hora de internalizar responsabilidades y que se reconozca que los resultados dependen más de lo bien que se haga desde adentro.

  6. El desarrollo que está teniendo la industria biomédica cubana es impresionante. Digno de reseñar como caso de éxito. Estuve charlando con una investigadora que me confirmó lo que ya había leído en varios sitios de que se ha llegado a tal punto de madurez, tanto tecnológica como comercial, que va a traducirse en un impacto real y significativo en la economía cubana. Los medicamentos y tratamientos que se están inventando en los laboratorios cubanos están asombrando a la comunidad científica internacional. Lo que está consiguiendo el país en este rubro merece todos los elogios.

  7. En Cuba hay grandes déficits en los procesos de gobernanza, que se manifiestan como un embudo de concentración del poder. Sería injusto, desde luego, decir que este es un problema exclusivo de allí porque estamos cansados de quejarnos de lo mismo en España y en otros países. Lo que pasa es que es lógico que a Cuba le pidamos mucho más en materia participativa porque es una premisa inherente al modelo de gobierno que promulga. Creo, francamente, que hay mucha retórica vacía en la narrativa política cubana de la participación porque las decisiones que de verdad importan se siguen tomando en privado por unos pocos. Tampoco hay mucho margen para la diversidad a la hora de promover funcionarios en la carrera política. Da la impresión que todos los cuadros que llegan arriba pasan por un molde uniforme, están cortados por la misma tijera, y eso es poco saludable para la regeneración de ideas y la exploración de enfoques diferentes que necesita el país. A eso se suma una evidente falta de transparencia al no haber datos públicos y abiertos sobre los que poder basar un dialogo participativo. El derecho a la información en un entorno transparente es imprescindible para que progrese cualquier país, y eso aún no se ha entendido por el actual liderazgo cubano que sigue demasiado preocupado por controlar.

  8. Me repito. Echo en falta que en Cuba se confíe más en las oportunidades de la participación real. Por ejemplo, impulsando mecanismos genuinos de control social, de accountability. Habría que facilitar el despliegue de iniciativas comunitarias, independientes y complementarias a las del Estado, que debería renunciar a la intención de controlarlo todo. El embudo que hay en el funnel de gobernanza sigue siendo una traba enorme para la agilidad y la participación. Todo, absolutamente todo, está centralizado, desde lo importante a lo que no. Se palpa una inercia conservadora que sobredimensiona las amenazas para conservar el statu quo y restringir el acceso a la información a fin de evitar los mecanismos de control social.

  9. Existe un temor incipiente a que prospere una especie de “Socia/olismo de mercado” en el que sean las empresas (y los contactos) las que terminen ejerciendo el control real. Los riesgos de favorecer intereses privados, incluso a comisionistas, son evidentes en sistemas poco transparentes. Eso puede estar ocurriendo ya en las decisiones de inversión o en la concesión de monopolios para ciertas actividades. Sin un efectivo y eficiente control social, ya sabemos lo que ocurre. Por otra parte, algunas decisiones que se toman buscando capitalizar a grandes empresas para-estatales (por ejemplo, ETECSA, la que gestiona el monopolio de las telecomunicaciones) pueden estar sub-optimizando socialmente si no hay un contrapeso que dé voz al talento no institucionalizado, ni datos abiertos para evaluar el impacto de esas decisiones.

  10. Los servicios que se prestan en los hoteles cubanos tienen todavía muchísimo que mejorar. Todo el mundo coincide que están aún muy lejos de la excelencia de los de República Dominicana, su más directo competidor.

  11. La TV ha mejorado mucho. Hay 8 canales, no parecen tantos pero son bastante variados. Vi entrevistas y programas interesantes. Ya se plantean temas controvertidos con naturalidad, conversaciones inteligentes. Nada que ver con la TV que deje hace ocho años. Aun así, me sigue desesperando el exceso de retórica lineal y grandilocuente de los telediarios cubanos, que mantienen un discurso acartonado y muy disociado de la realidad. Por ejemplo, la reacción pública en Cuba al batacazo electoral de Maduro en Venezuela fue surrealista, ni un ápice de crítica sana. Apenas se ofrecieron datos, la lectura fue evasiva, y toda la culpa del fracaso se echó a la campaña imperialista.

  12. Los precios de los productos alimenticios en los agro-mercados es desorbitado porque la política agraria es meramente reactiva y deficiente. No se está estimulando la oferta de los productores al ritmo que está creciendo la demanda proveniente del turismo y de la iniciativa privada de los paladares, lo que hace que los precios se ajusten al poder adquisitivo de estos dos sectores privilegiados, muy distante del de la población local (algo similar a lo que ocurrió con el mercado de la vivienda de la costa española cuando se abrió a los compradores del norte de Europa, solo que aquí se “paleó” con financiación alegre que disparó la oferta constructiva). Esto necesita una solución urgente porque es un problema que irá a peor con el boom turístico que se avecina proveniente de Estados Unidos.

  13. Los sueldos en pesos cubanos siguen siendo extremadamente bajos, aunque se articulen mecanismos compensatorios como los servicios públicos gratuitos, las remesas y otros atenuantes que ayudan a vivir a los cubanos. Los bajos salarios y el aumento de los precios en los agro-mercados explican por qué no se puede suprimir la libreta de racionamiento , como se especulaba. Hoy, más que nunca, la libreta es un elemento de protección y subsidio para los sectores menos favorecidos que sufren las consecuencias de la desigualdad que genera la apertura.

  14. El servicio de Internet es pésimo, lo que convierte a Cuba en el lugar perfecto para dejar el móvil en casa y practicar la abstinencia digital en su versión más radical, como he hecho en buena parte de mi estancia. Las razones de que Internet vaya tan mal es hoy, más que nunca, un misterio para mí. Por una parte me han dicho que la obsesión política con Internet es un tema superado, y que el problema ahora está sólo en la infraestructura disponible, que es muy deficitaria. Pero yo sigo creyendo, tal vez equivocadamente, de que eso no lo explica todo. La inversión en infraestructura de Internet es relativamente barata para la enorme rentabilidad económica y social que puede generar, así que si se quiere hacer, se hace. Los altos precios de Internet que se aplican en Cuba y las dificultades de acceso, provocan frustración hasta el punto que existe la percepción general de que se hace así como una forma de restringir su uso. Tal vez no sea así, y sea pura paranoia, pero lo que yo tengo claro es que Cuba, con el talento que tiene, si invierte en serio y democratiza el acceso, estaría en condiciones de liderar la industria de Internet de Latinoamérica, y convertirse en un ejemplo mundial de “neutralidad de la red“.

  15. Como era de esperar con la apertura, se está produciendo un rápido enriquecimiento de ciertos sectores, “nuevas élites”. Para mí es un proceso lógico e inevitable, pero lo preocupante es que no está claro que una fracción significativa de esos recursos esté fluyendo hacia la economía interna. Algunos sospechan que buena parte de esa riqueza se está re-enviando fuera, está volviendo a salir y no se retiene. La política fiscal es de promoción, pero en algunos ámbitos se ha vuelto demasiado generosa y permisiva para las necesidades de redistribución de ingresos que necesita un país con crecientes riesgos de desigualdad. Es evidente que hace falta hacer una fuerte apuesta para renovar activos del sector público, y eso necesita mejorar la capacidad de capturar parte de esas rentas generadas por la nueva iniciativa privada. Un ejemplo es el transporte público, que sigue siendo un problema grave en Cuba.


Para terminar, me gustaría recordar que Cuba cuenta con un estado fuerte y relativamente independiente con capacidad plena para introducir cambios y ejercer el liderazgo en la dirección que se decida. El país está menos expuesto a los intereses de las multinacionales, lo que le da una capacidad efectiva de introducir cambios rápidos y eficaces, de impacto. Lo que el gobierno se proponga, si se alinea con las expectativas de los cubanos,  lo va a conseguir.En ese sentido está en una situación mucho más favorable que el resto de Latinoamérica donde el poder económico maniobra en la sombra y puede boicotear cualquier estrategia de cambio real que le perjudique.


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Evocando a Córdoba (II)


El dogmatismo que se les señala a los sabios nace de los intérpretes de sus obras




Por ARMANDO HART DÁVALOS


Una filosofía que se corresponda con los intereses de los pueblos explotados, de las masas y de la humanidad será aquella que articule ciencia y utopía, partiendo de la idea leninista de que la práctica es la prueba definitiva de la verdad y del principio martiano de procurar la fórmula del amor triunfante. Para hallar tal fórmula identifiquemos, como postulaba el Apóstol, la bondad con la inteligencia y con la felicidad de cada hombre; y la maldad con la estupidez y la infelicidad. Esto se puede estudiar a escala individual y también social.


Los sistemas políticos y sociales perecen no solo por maldad, sino porque son guiados dramáticamente por la torpeza; lo demuestra la historia de Cuba en su relación con el colonialismo español primero y, más tarde, con el neocolonialismo norteamericano. Es una verdad histórica a tener muy en cuenta cuando se viene produciendo el ocaso, muy peligroso, del sistema de dominación capitalista.


Los modernos avances de la sicología confirman que las emociones, los sentimientos y la capacidad intelectual del hombre tienen una relación muy directa y son los que permiten el equilibrio en lo particular de cada ser. Esto también es válido a escala social e histórica.


En la Argentina de Córdoba, de Ingenieros, de Aníbal Ponce y del Che, hay tradición intelectual para este análisis. En Cuba hay tradición de trabajo político práctico para abordar este drama. Si relacionamos los fundamentos teóricos del mejor pensamiento de la patria chica del Che, presentes en aquel recuerdo de Córdoba, con el sentido práctico de la política que representa la Cuba de Fidel y cuya eficacia está a la vista de todos, podremos encontrar el camino que necesita América. Esta síntesis la alcanzaremos con principios que asumí desde muy joven y que tienen paralelo con ideas que entonces, hace 50 años, se movían en Argentina. Principios que la generación del centenario, la que hizo que la Revolución Cubana en los años 50, levantara como estandarte la libertad política, la justicia social y la independencia económica. Me parece que es un lenguaje similar al que se habló y se habla en Argentina, dije en el 2003 en la Universidad de Córdoba.


Nosotros en Cuba tenemos, como puntal de esa política, una tradición ética que nos llevó a combatir con toda fuerza la corrupción administrativa y política. Hoy también, al denunciar la corrupción y la inmoralidad en la vida política de cualquiera de nuestros países, estaremos levantando banderas inmortales tras las cuales se sentirán orgullosos los forjadores de las reformas de Córdoba. Nosotros en Cuba lo expresábamos hace más de medio siglo con una consigna que alcanzó gran arraigo popular: Vergüenza contra dinero.


En Cuba, como hemos dicho, tuvimos la fortuna de que las ideas socialistas se nutrieran de la sabiduría política y filosófica de José Martí y del acervo intelectual y moral de nuestras guerras independentistas e incluso de antes, porque ya en los tiempos forjadores de la nación, en la primera mitad del siglo XIX, el presbítero Félix Varela, independentista consecuente y José de la Luz y Caballero, considerado el fundador de la escuela cubana, desarrollaron su prédica fundacional. Y es que en Europa tuvo lugar, en el XVIII, el siglo de las luces, pero en América, el XIX, produjo el siglo de los fuegos, y los fuegos de entonces son las luces que necesita nuestra centuria actual.


Hay una enseñanza a tomar en consideración: las ideas socialistas hay que asumirlas desde las luchas económicas y sociales, pero sobre el fundamento de la más alta cultura universal. Para esto, propongo estudiar una formulación clave de uno de los más grandes pensadores de América y del mundo en el siglo XX, José Carlos Mariátegui.


Desde su visión indoamericana, el Amauta señalaba que había tres sabios europeos rechazados, en virtud de razones sicológicas, por las masas. Afirmaba que estas se negaban a aceptar, como raíces de lo humano, lo que estos tres grandes científicos europeos Darwin, Marx y Freud habían planteado en relación con los orígenes del hombre. Rechazaban que tuviéramos antecedentes en el reino animal, que nuestra acción social estuviera determinada, en última instancia, por factores económicos y que nuestras raíces se nutrieran de la sexualidad.


Sin embargo, como señalaba el ilustre peruano, la grandeza del hombre se hallaba en haberse elevado desde esos orígenes hasta alcanzar el más alto escalón dentro de la historia natural. Observen profesores y alumnos de Córdoba, cómo un hijo de nuestra América, desde su visión y raíces indoamericanas, llegó a conclusiones filosóficas más importantes que las logradas por Europa acerca de tres sabios nacidos en ese continente. Es muy interesante observar que en la génesis de la cultura desde sus remotos antecedentes, Carlos Marx y Sigmund Freud tienen criterios perfectamente conciliables. Estúdiese El malestar en la cultura, del ilustre austríaco, y si lo hacen orientados por el materialismo histórico, encontrarán nexos impresionantes. Allí están los antecedentes antropológicos de las luchas sociales y económicas de que habló Carlos Marx.


Sigmund Freud, entre otros grandes aportes, hablaba de que la conducta humana se regía por diversos principios, entre ellos el de la realidad. Lo que olvidó el siglo XX fue que la realidad que cada uno de nosotros asume está compuesta por la forma, manera y profundidad que millones y millones de seres humanos, vivos o muertos, nos han trasmitido durante siglos. La subjetividad, desde este punto de vista, tiene un fundamento materialista científico comprobado.


Me conmueve recordar que en las últimas conversaciones que sostuve con Ernesto Guevara, antes de su salida de Cuba para otras tierras del mundo, giraron en torno al pensamiento de Freud. Es que se produjo en el siglo XX un drama: el pensamiento filosófico europeo, cuya cúspide más alta estaba y está en Marx y Engels, solo podía llegar a una escala superior a partir de la información e investigación científica sobre la subjetividad. Sin embargo, quien se introdujera en la centuria anterior en el tema de lo subjetivo tropezaba con gravísimas incomprensiones políticas. Hay que estudiar este impedimento de carácter político que frenó un avance superior del conocimiento filosófico en el siglo XX, y esto no puede hacerse sin estudiar con profundidad las ciencias de la sicología y la antropología y, por tanto, no es posible realizarlo desconociendo a Freud. Hay que situarlo como un elemento clave para encontrar nuevos caminos de la filosofía. El ilustre austriaco estudió al hombre que existe y hay que considerar al hombre que puede existir y que se halla en potencia en el actual. Por este camino nos vamos a orientar en dirección a la formación del hombre nuevo del que nos habló Ernesto Guevara.


Es en América y no en otra parte del mundo donde pueden generarse las capacidades intelectuales necesarias para abordar el tema de la subjetividad sobre fundamentos científicos. El hombre, su cerebro, sus acciones, sus experiencias y la manera en que aborda el camino de la acción tiene también fundamentos materialistas. Sencillamente, el llamado “materialismo” del siglo XX se olvidó que nosotros, los seres humanos, somos también materia.


La verdad no está –dijo el maestro cubano Medardo Vitier sintetizando el pensamiento de José de la Luz y Caballero– en lo externo de nosotros ni tampoco en lo interno, sino en la congruencia de uno y lo otro. Estúdiese este pensamiento a la luz de la primera crítica a Feuerbach formulada por Marx y Engels, y se verá que esta consistía en que el materialismo anterior a ellos no consideraba el factor subjetivo, que es el que nos orienta hacia la práctica de la transformación del mundo. Si descubrimos este camino podremos hallar y promover el pensamiento filosófico necesario para inyectarlo en el movimiento popular y de masas a escala continental.


Se acusó a algunos sabios de dogmáticos encerrados en esquemas rígidos; sin embargo, por esencia un saber profundo no puede ser dogmático. Expresan verdades trascendentes, pero no pueden tener resultados acertados en todo y para todo.


Recordemos que el propio Carlos Marx, ante deformaciones que observó en la Europa de su época, afirmó: Lo único que sé es que no soy marxista. El dogmatismo que se les señala a los sabios nace de los intérpretes de sus obras. Se suele producir un traslado sicológico, quienes padecen de estos males se los reputan al sabio para justificar su conducta dogmática. Los sicólogos deben estudiar esta afirmación.


(Continuará)


http://bohemia.cu/opinion/2016/02/evocando-a-cordoba-i/)




miércoles, 10 de febrero de 2016

"Cuba libre. La utopía secuestrada":Ernesto Limia

 Por Fernando Martínez Heredia, Fuente CUBARTE 10.02.2016


En Cuba entre tres imperios, el primero del conjunto de cuatro libros que Ernesto Limia nos está entregando, la colonia establecida en la isla de Cuba era objeto de las apetencias, las guerras y los negocios de las potencias europeas nacientes, en los tiempos del capitalismo adolescente. La isla estaba en poder del imperio de España, pero también se encontraba en los mapas de los navegantes y de los estados mayores, y en el comercio y la vecindad de otras islas y de las Trece Colonias inglesas de la América del Norte. Mas Limia no nos mostraba una foto fija, ni una de esas frases tan generales como aquella de “Cuba antes de la toma de La Habana por los ingleses”, esos lugares comunes que dejan fuera al conocimiento. En aquel libro, los tres primeros siglos de la historia colonial de nuestro país se llenaban de vida, de acontecimientos y procesos históricos, al mismo tiempo que se poblaban de individuos con nombre y apellido, y con emociones, motivaciones e ideas.
Tanto los datos, las valoraciones del autor y los detalles eruditos como las anécdotas y las imágenes estaban al servicio de un objetivo ambicioso y superior: entregarles a los cubanos una narración del decurso histórico de la isla en la que vivimos que les fuera útil para comprender el pasado y el presente de la patria, para aprender las lecciones de esa madre general de una comunidad que es su historia, y al mismo tiempo apoderarse de sus avatares, sus sentidos, sus claves y sus preguntas. Una narración cuidadosa y amena, rigurosa y coloquial, provechosa y sugestiva, que no fuera para el lector una penosa tarea, sino una experiencia cultural satisfactoria, una lectura provechosa a la vez que sugerente e incitadora, un goce intelectual e inclusive la posibilidad de participar en una aventura.


Ahora tengo la alegría grande de declarar que Cuba libre. La utopía secuestrada ha mantenido todas esas cualidades y valores que contenía el primer libro, dándonos una segunda obra que constituye un logro extraordinario. Me relevo, por consiguiente, de repetir aquí otros atributos que advertí al presentar Cuba entre tres imperios. Pero sí agrego que este segundo libro autoriza a tener la certeza de que el autor cumplirá bien su promesa y tendremos una tetralogía que constituirá un aporte muy relevante al conocimiento de la historia de Cuba.


Por su asunto, esta segunda entrega tenía que ser muy diferente a la primera. A lo largo de sus cuatrocientas cuarenta páginas, Cuba va pasando de ser un objeto a ser un sujeto, y ocupa el centro de la escena una de las dos dimensiones principales de estas obras suyas, el proceso de formación y plasmación de la nación cubana, También va ganando terreno, y termina en el proscenio, un actor que aparecía en el primer libro, todavía como colonia británica: Estados Unidos, que se convierte en el enemigo principal de la existencia y la integridad de la nación cubana. En una entrevista que concedió en marzo del año pasado, Limia explicaba que la historia del complejo de relaciones establecidas entre ambos países es la otra dimensión principal de su obra.


Cuba libre se adentra en la zona más estudiada y de mayor bibliografía de toda la historiografía cubana: el siglo XIX. Pero su primer acierto ha sido lograr no ser uno más en una multitud de libros de ámbito decimonónico. Ante todo, por ser muy orgánico respecto al objetivo y la forma de historiar que comenzó a exponer Limia en el primer libro, a tal punto que ambos consiguen ser distinguidos de las demás obras que abordan  aquel período históricos: tienen su personalidad.


La política de las potencias en relación con Cuba sigue estando presente a lo largo del siglo XIX, y Limia nos la sigue mostrando con una ejemplar lucidez en la selección de asuntos y momentos, el manejo de datos significativos o ilustrativos —más de una vez muy poco recordados o conocidos—, sus conflictos, enlaces, influencias y consecuencias para Cuba. Pero esa extraordinaria calidad de la exposición, que revela un exhaustivo trabajo de investigación y una singular capacidad de análisis, no es privativa del tratamiento de la política de las potencias, sino que es la práctica común a la explicación de un gran número de temas y pasajes de este libro.


Después de la narración del proceso de la independencia de las Trece Colonias, reveladora sin duda para muchos lectores de la temprana e influyente relación de esta pequeña isla con su norteño vecino, se relata una etapa de conflictos muy grandes y generalizados, y como desde 1815 en adelante se mantienen conflictos y pujas, pero van creciendo los entendimientos entre las potencias. Pero una relación exterior gana rápida importancia y no dejará de crecer durante el siglo, la que sostiene Cuba con Estados Unidos, que prácticamente desde su nacimiento como Estado tiene la aspiración de apoderarse de nuestro país. Sus motivaciones son las ansias de ganancia de los empresarios y las políticas expansionistas del Estado. La república norteamericana carece de poder suficiente para cumplir su designio de apropiarse de Cuba hasta la fase final del siglo XIX, pero Limia nos narra una larga historia de maniobras e intentos que apelan a cualquier medio a su alcance, salpicados de cinismo y menosprecio. Pese a proclamar que los poderes de Europa deben ser excluidos de América, prefieren que Cuba quede en manos de España mientras no tengan fuerza suficiente para tomarla ellos, y le vuelven la espalda o llegan a perseguir a los patriotas cubanos que luchan por liberar a su país del colonialismo.


En este libro se expone claramente, y muchas veces en detalle, como durante un siglo Estados Unidos no se comportó en ningún momento a partir de principios en su política hacia Cuba. Limia expone esa historia con un rigor y una sagacidad que no dejan resquicio alguno para dudas, y le devuelve vida a numerosos personajes norteamericanos implicados y a la complejidad real de los sucesos y las opciones que manejaron. Todo ello sin el lastre de epítetos y calificativos que son innecesarios en una obra como esta.


Ernesto Limia divulga con maestría los datos necesarios, el mundo de los negocios, los entrelazamientos entre el poder, los hechos económicos y las prácticas políticas. En vez de conformarse con declaraciones abstractas, el lector puede conocer cómo se fue formando la neocolonia cubana de Estados Unidos desde algunas décadas antes de que terminara el poder colonial de España sobre Cuba. La primera de las dos tesis audaces que formuló hace cuarenta y cinco años Ramón de Armas, en La revolución pospuesta, recibe aquí un desarrollo muy enriquecedor por parte de un historiador que sabe manejar el fino entramado que deben formar lo macro y lo micro, el documento y la pregunta llena de sentido y bien formulada, la valoración y la hipótesis, los individuos en su complejidad personal real y en los papeles que juegan, la comprobación rigurosa y la imaginación del investigador, y todo con la ayuda de los adelantos de la ciencia histórica.


El propósito de captar la totalidad de lo que consideramos hechos y épocas históricos lleva al autor a manejar, en las relaciones entre ambos países, las culturales, las de intercambio y formación de personas, las influencias sociales y humanas de tecnologías, saber cómo o alimentos, las ideologías políticas republicanas y democráticas. En síntesis, la gama compleja que forman las realidades materiales y espirituales en un lugar y tiempo determinados, entre grupos humanos específicos. Y esto nos permite ahuyentar toda simplificación y huir de los lugares comunes estériles, una sana conducta que puede hacernos más fuertes y más capaces frente a la mezcla de agresiones y atractivos  que porta la ofensiva cultural norteamericana actual.


La obra narra la época en que se estableció una segunda formación económica en el occidente de la colonia de Cuba, que pronto revolucionó los datos fundamentales de la vida social y tuvo efectos que fueron llegando a todo el país. Limia expone datos e imágenes del colosal crecimiento de las fuerzas económicas que sucedió, la importación de un millón de esclavos sometidos a la más bestial explotación, aculturación y opresiones, el encumbramiento de una clase dominante en la economía que fue despiadada y muy moderna, se sujetó al dominio de la monarquía española para conservar su ganancia capitalista y su poder social, tuvo acceso a lo más avanzado del mundo de Occidente del siglo XIX y se negó a ser clase nacional. Desde la sacarocracia que combatió a la Revolución haitiana hasta la burguesía que apoyó a Valeriano Weyler exactamente cien años después, la clase dominante de Cuba fue contrarrevolucionaria cada vez que lo estimó necesario, y priorizó sus intereses y su sistema de dominación en todo momento.


Y ahora se va desplegando la otra dimensión de este libro de Limia, la que se va volviendo dimensión central de la obra, y no por acaso ella ocupa más de la mitad de sus páginas: la del dilatado y muy difícil proceso de formación de la nación cubana. Esta no viene sola, no puede ser, nunca ha sido ni será así. Esta dimensión de la nación viene en conflicto, está marcada por él, es la historia del conflicto con sus enemigos principales. Con el viejo colonialismo, que a pesar de que la verdad y la lógica dictaminan que iba siendo cada vez más débil e incapaz de mantenerse en Cuba, tuvo suficientes fuerzas —materiales e ideales— y testarudez para mandar y gobernar, reprimir y cooptar, mantener lealtades, confundir y dividir, hasta terminar, casi vencido, realizando uno de los dos mayores genocidios del siglo XIX en nuestro continente, durante una guerra que le arrancó la vida a casi medio millón de personas. El conflicto con el nuevo colonialismo que se cernía, se fue formando, tuvo sus primeros triunfos de la mano de las circunstancias del desarrollo mundial del capitalismo y finalmente se abatió sobre el país con la invasión militar norteamericana y el estrangulamiento de los instrumentos de la gran Revolución del 95.


Es al mismo tiempo la historia del conflicto con las caras del reformismo colonizado, coincidentes o sucesivas. Con la modernidad colonizada que ruega derechos y quiere pasar de ser colono a ser súbdito, con las élites del país que son coautoras o cómplices de los mayores delitos contra las mayorías oprimidas y la gente común que quiere convertirse en un pueblo, élites que van pasando de despreciarlos y usarlos como objetos a pretender el recurso final de mostrarse como sus representantes y sacarle también provecho a eso. Con aquellos que modelan, en el papel y en el aire, proposiciones que son remedios de botica, que deberán ser ejecutados por expertos y moderados gobernantes, auxiliados por sesudos pensadores liberales. La historia del conflicto con la evolución que deja intangible todo lo que es esencial para el sistema, que aspira a que los ricos amplíen las dádivas del Día de Reyes, los racistas vayan poniendo fin al racismo paulatinamente, y los de abajo dejen de ser eternos niños mediante sus esfuerzos por educarse, hasta llegar a ser respetables y mejores en su obediencia serena y consciente. Conflictos con las opciones reformistas de una Cuba cuya ley primera sea conservar un orden explotador asegurado por el poder, aunque este sea omnímodo, arbitrario y parásito, y una sociedad que se mantenga igual o se mueva un poco, pero sin sobresaltos.


Ernesto Limia nos trae aquí la historia verdadera de la gesta nacional. Su génesis, desde el tiempo en que se edificaban los palacios que todavía admiramos, se recibían los últimos avances de la tecnología y el mercadeo, y los últimos modelos de vehículos, había diarios y cierto número de pensadores cultos y valiosos, aunque el país se iba convirtiendo en un inmenso barracón, una cárcel siniestra. Pero un negro libre carpintero e intelectual llamó a crear una organización revolucionaria y quiso que el cañón tronara en la ciudad de La Habana para conquistar la libertad de los esclavos y del país. Y un gran poeta santiaguero, muy joven, cantó a las libertades y pidió a los cubanos apercibir el alma y el pecho, y empuñar el acero en una guerra que sucedería medio siglo después. O, a la mitad del siglo, cuando corrían los millones y se traían decenas de miles de esclavos niños, un camagüeyano diagnosticado de loco por haber liberado sus pocos esclavos se alzó en armas un 4 de julio en busca de la independencia y la libertad moderna, combatió y dio su vida.


Y por fin la revolución. Yara, que las revoluciones pueden tomar su primer nombre de un descalabro o de un naufragio, porque ellas son por naturaleza superiores a lo que puede ser y a lo que debe suceder, a las correlaciones de fuerza y la lógica, al sentido común y a las varas de medir, como le escribió el Padre de la Patria a su Ana de Quesada. Y los que participan en ellas se ven obligados, si aspiran a ser realmente revolucionarios, a combatirse y vencerse a sí mismos, a educarse en la acción y los sacrificios, a amar a los compañeros, a construir al mismo tiempo que destruyen, a crear un mundo nuevo desde los materiales existentes, incluso muchos que parecen deleznables, a condenar e ir eliminando la cultura de la dominación, a pelear y vencer en innumerables terrenos y no solamente contra los enemigos abiertos de la revolución.


De todo esto se ocupa Limia con una sagacidad admirable. Ha combinado la investigación de hechos y actitudes de suma importancia que no siempre reciben atención o valoración con el uso inteligente de una copiosísima bibliografía que forma parte del acervo descomunal correspondiente al período estudiado. Y nos brinda una narración veraz y profunda de los procesos revolucionarios sucedidos entre 1868 y 1898, entrando sin temor a develar sus vicisitudes junto a sus incomparables heroísmos, las páginas más gloriosas y los hechos mezquinos, los sacrificios sin tasa y los desencuentros de los grandes y de los pequeños, las diferencias y los conflictos ideológicos, con sus relaciones más o menos íntimas con los intereses y visiones del mundo de clases muy diferentes, que están reunidos bajo la bandera de la patria a conquistar.


Ha sido una idea realmente feliz del autor titular a su libro Cuba libre. Porque esa era la palabra de pase, lo definitorio, lo que podía reunir en una voluntad, un ejército y una decisión inquebrantable a un pueblo dividido en castas, agravios , prejuicios y sentimientos. Y ha sido una iniciativa suya muy encomiable ofrecer la historia real, y no un adorno en nombre de ella. Limia hace expresas sus razones en la entrevista a Juventud Rebelde:


"El gran desafío es que ese hecho no sea ignorado, manipulado o tergiversado, porque los responsables de contribuir a defender la nación desde las ciencias sociales seamos incapaces de sensibilizar, de conmover, al narrar la historia de una forma que atrape al lector, mientras se tributa al conocimiento de la nación. Las circunstancias exigen poner al servicio del pueblo todo el patrimonio generado a lo largo de nuestra historia en términos de cultura de la resistencia contra el colonialismo y contra el neocolonialismo, hasta evolucionar de la mano de Martí a una vocación de cultura raigalmente antimperialista". (1)


Afortunadamente, Ernesto Limia es un historiador apasionado y comprometido. Como exigen las reglas de esta ciencia social, expone los sentimientos de un buen número de personalidades, en los casos en que ellos resultan datos convenientes para el conocimiento de los hechos históricos, porque esos hechos siempre son fruto de las actividades de los seres humanos. Pero también nos muestra abiertamente los sentimientos del autor, sus sentimientos, con sincera honestidad que hay que agradecer. No hay que temer por ello. José Carlos Mariátegui escribió al inicio de su libro más famoso: “Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones”. Y todos los estudiosos están de acuerdo en que el Amauta peruano fue un gran aportador de conocimientos sociales y un gran pensador. Limia ha logrado aquí una combinación descollante y muy eficaz de ciencia histórica y conciencia patriótica.


Pero ya me he dado cuenta de que no podré abordar, en el tiempo limitado que el buen juicio aconseja al presentar un libro, tantos aspectos y cuestiones de esta obra que me motivan.


Me acercaré al final, entonces, solamente con dos comentarios breves, y una cita del texto. El primero, la ayuda de gran valor que ofrece esta obra a la necesidad de que conozcamos la historia económica de Cuba. El que la lea ya no será el mismo frente a las ignorancias y superficialidades que lamentablemente son tan comunes en lo que consumimos sobre la economía cubana. Aquí la historia vuelve a ser maestra, en páginas iluminadoras que explican una multitud de hechos económicos, los modos de funcionar la economía, las relaciones internacionales que han sido y son tantas veces decisivas y siempre de la mayor importancia para Cuba. Pero, al mismo tiempo, como debe ser, la destrucción de la falsedad de que la economía es un campo autónomo, dueño de sí mismo, con leyes ocultas hermanas de la magia, y de que esa abstracción llamada economía determina férreamente la vida y lo que pueden ser y hacer los seres humanos, sin posibilidad alguna de remisión, y mucho menos de rebelión a sus designios.


La economía en el texto de Limia consiste siempre en relaciones sociales, y la historia económica que expone es inseparable de la historia política, de la historia social y cultural. Sus personajes no viven en compartimentos estancos que separen los actos de esas tres dimensiones: aquí sucede lo contrario. Las personas pertenecientes a sectores sociales intermedios y bajos son productores, consumidores, activistas sociales y políticos, víctimas, otorgadores de consensos, resistentes o rebeldes; todo al mismo tiempo, como sucede en la vida real de las sociedades. Y los lectores pueden obtener un gran número de enseñanzas acerca del decurso histórico de Cuba, sus constantes y sus avatares, las cosas que hoy es imprescindible tener en cuenta y algunas guías muy valiosas para la acción actual.


El otro comentario atañe a la segunda tesis audaz de Ramón de Armas, esta vez respecto al curso de la Guerra de Independencia de 1895-1898: se iba la ganando la guerra mientras se iba perdiendo la revolución. Limia ha realizado en este libro un aporte fundamental a la profundización de aquella tesis, que debió esperar más de veinticinco años antes que aparecieran estudios como el de Ibrahim Hidalgo para ser retomada. No atenderé a los aspectos de ciencia social implicados, que exigirían largos debates. Solo anotaré que aquí la honestidad y valentía intelectual del autor corre parejas con su militancia revolucionaria. El respeto a la maravillosa acumulación cultural que posee el pueblo cubano guía esta develación y mostración de los hechos históricos, y esa cultura resulta beneficiada por una asunción más cabal y profunda del patriotismo, en una coyuntura como la actual, en la que este requiere de calificaciones precisas. Es decir, que sea un patriotismo popular de justicia social.


Ernesto Limia cumple su tarea mediante una narración llena de vida y atractivos, como hizo en el primer libro, aunque ahora va en busca de otras fibras de la lectora y el lector cubanos. Mejor que explicarme es que lea el último párrafo de su cuarto capítulo, el final del episodio de Baraguá, en 1878, como podría haber seleccionado el de la muerte de Martí u otros pasajes estelares de la obra.


En Baraguá, los orientales reivindicaron la sangre derramada, al tiempo que erigían un monumento a los sufrimientos, las privaciones y la entereza de los campamentos improvisados de ancianos, mujeres y niños que durante diez años los acompañaron, día tras día, cayendo o agonizando por decenas de miles, sin nombre ni gloria, ante el sable español o el terrible rigor del hambre y las enfermedades. Aquella masa de campesinos y libertos revolucionarios se irguió junto al Titán de Bronce, convertido entonces en un héroe de toda América, para escribir una página memorable de la historia patria y, con ello, preservaron un hálito de esperanza que se transformaría en semilla de la Guerra Necesaria.


Este es un libro para hoy, que participa en la batalla cubana actual. Es un magnífico ejemplo de los productos culturales que tanto necesitamos. Lo dejo en sus manos.


Notas


(1) “Cinco siglos de historia en cuatro libros”. Entrevista de Susana Gómez Bugallo a Ernesto Limia, Juventud Rebelde Digital, 8 de marzo de 2015.