domingo, 5 de febrero de 2017

Sobre la Propaganda

Fuente: CUBARTE
Categorías: SOCIEDAD, LETRA CON FILO

La propaganda es tan antigua como la necesidad de propagar al público algún interés. La política y la religión son las que más la han utilizado. Posiblemente Alejandro Magno haya sido el primero en aplicarla de manera incipiente y discreta, pero seguramente con conciencia de sus efectos en sus exitosas conquistas. Tito Livio la usaba para buscar más adhesión a Roma, y después registró sus comentarios como extensos textos como historia. La Iglesia Católica la empleó y desarrolló en su forma oral, teatralizada y escrita desde su surgimiento, con mucho éxito para el adoctrinamiento, no solo en sus fieles, sino también en sus sacerdotes durante la Edad Media; resultó trascendental en la Reforma de Lutero, que coincidió con el surgimiento de la imprenta en Occidente y puso en crisis el monopolio católico. Erasmo de Rotterdam acudió a ella para propagar el llamado pensamiento humanista. Fue muy importante en la Revolución Industrial para dar a conocer la ventaja de sus inventos, y decisiva en la construcción de la emergente ideología burguesa en la preparación de la Revolución Francesa. La Ilustración la utilizó, en especial los enciclopedistas, y particularmente Diderot, quien supo inducirla e infiltrarla en sus escritos como aspiraciones de la nueva clase social frente a la decadencia del antiguo régimen monárquico. En plena Revolución Francesa echaron mano a ella todos los políticos con mayor o menor fortuna, y Napoleón, en sus campañas, expediciones, batallas, ocupaciones e intervenciones territoriales, la refinó con argucias y la enmascaró entre otras manifestaciones culturales, en los difíciles y complejos laberintos negociadores del poder.

En los nacientes Estados Unidos la propaganda política y religiosa se perfeccionó, oculta entre otros mensajes; una parte se extendió al comercio, para promover el consumo y las ventas de bienes y servicios, convirtiéndose en publicidad, hoy con otra historia. A pesar de la importancia de la prensa escrita en Europa, fue en esta estrenada nación donde en el siglo xix se afianzó y estilizó la propaganda de los medios escritos. Periódicos y revistas se especializaron en dirigir mensajes con los cuales se influía en la actitud de una comunidad respecto a alguna causa o posición conveniente para autoridades y gobernadores, mediante la presentación de un solo aspecto del argumento y teniendo muy en cuenta la demanda. Entre 1895 y 1898 se desarrolló una intensa competencia entre el New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst, en la que ambos periódicos emplearon una propaganda agresiva que incluía fotografías dramáticas, sucesos catastróficos, enredos políticos, crímenes, accidentes, adulterios… en primera plana, para intensificar la emoción, llamar la atención al público lector y vender más ejemplares; como en medio de esta “contienda” surgió una caricatura de un niño vestido de amarillo, identificado como The Yellow Kid o El Chico Amarillo, a este tipo de prensa y de propaganda se le conoce como sensacionalista, amarilla o amarillista. 

La utilidad y efectividad de la propaganda gráfica para los gobiernos comenzó a ser muy visible en este contexto de inicios de la modernidad, pues obtenía altos resultados concretos e inmediatos; fue explotada muy bien por el presidente William McKinley para obtener apoyo en el Congreso cuando Estados Unidos intervino en la Guerra de Independencia de los cubanos contra España, la primera demostración del poderío del principiante imperialismo. En la Primera Guerra Mundial se aprovechó para reforzar la oposición antialemana en Estados Unidos, y al igual que en Europa, el mensaje propagandístico en la literatura, el teatro y el cine, se supervisó y vigiló, mientras el gobierno controlaba celosamente la prensa y la radio. En la Guerra Civil Española, campo de experimentación de la política, la ideología y el sector militar, se diversificó el uso de los carteles y canciones, el cine informativo, la oratoria en desfiles y actos, la impresión de octavillas y folletos, la manera de utilizar la prensa escrita, y especialmente, la radio, que tenía el privilegio de la inmediatez y, por el uso de la voz, se hacía accesible a los analfabetos y demandaba menos esfuerzo en la recepción, con la consiguiente agilidad que demandaban los tiempos para el efecto de los mensajes; en las emisoras radiales se producían verdaderas batallas campales entre los bandos republicanos y monárquicos, y podían diseminarse los contenidos políticos más allá de los frentes de guerra ―un verdadero sueño para Napoleón―, por lo que, entre otras razones, se internacionalizó rápidamente el conflicto; la propaganda franquista, una mezcla de retórica militar, santurronería medieval y conservadurismo monárquico, hablaba de una “cruzada” contra la “barbarie roja”. 

La propaganda nazi dirigida por Joseph Goebbels, responsable de la educación popular y de la comunicación hitleriana, estableció ciertas reglas mediante un poder centralizado para avivar odios primitivos; son conocidos sus métodos y técnicas todavía vigentes, basados fundamentalmente en la mentira y su repetición hasta convertirla en verdad; a pesar de su falta de objetividad, obtuvo muchos simpatizantes y seguidores en un pueblo culto, por el cruel refinamiento conseguido; nunca antes la propaganda política tuvo una perfección tan precisa y maquiavélica. La agitación y propaganda en la época del futurismo ruso en la Revolución de Octubre, inaugurado por el poeta Vladimir Mayakovski ―el “Agitprop”, estrategia política de agitación y propaganda que concebía carteles o vallas para actuar sobre las emociones de los individuos―, devino durante el estalinismo burda propaganda política, incluido el llamado “realismo socialista” ―que muchas veces no era realista ni socialista―, y estableció reglas dogmáticas, sectarias y burocráticas, también mediante un poder centralizado y control estatal absoluto de todos los medios de comunicación, y ―como en la maquinaria hitleriana― en las manifestaciones del arte y la literatura.

La propaganda se continuó utilizando en cualquier lugar del mundo; los estadounidenses la usaron durante la Guerra Fría contra los soviéticos y las nuevas autoridades de la URSS también. Estados Unidos comenzó utilizando la propaganda blanca en La Voz de América, como estación oficial, y Radio Free Europe, emisora controlada por la CIA, como propaganda gris; la URSS respondió con Radio Moscow ―blanca― y Freedom ―gris. Resulta curioso que ambas potencias rivales utilizaran de manera similar o enmascarada, y en nombre de la libertad, emisoras que hacían propaganda disimulada bajo una programación amplia y variada de entretenimiento y proyección cultural. Las dos intentaban utilizar mensajes propagandísticos infiltrados en otros culturales, empleando a la cultura, o la aculturación, como plataforma de una estrategia para desacreditar al “otro”; se trataba de una “inversión” a largo plazo, inculcada de manera indirecta; indudablemente Estados Unidos estaba mejor preparado para “vender” el “sueño americano”, pues, entre otras cuestiones, su tradición le daba ventaja.

En la década del 50 en Estados Unidos se desarrolló la televisión como medio de comunicación masiva; la imagen transmitida hasta la casa ofrecía todas las primacías para convertirse en el medio idóneo de propagar el american way of life. La televisión se convirtió en una “fábrica de opiniones” favorables a la sociedad capitalista, nombrada entonces “de beneficio común”. Desde entonces a la fecha no se ha detenido su progreso y eficacia en el aspecto tecnológico ―televisión en colores, alta definición, digitalización, televisión por cable y satélite, en 3D…―, los aparatos receptores ―pantalla LCD, pantalla de plasma, TV LED, Holográfico…― y la “cultura” televisiva trasmitida en su programación con informativos, debates, opiniones, entrevistas… que diseñan la propaganda evidente del canal, así como espacios educativos, infantiles, seriales, telenovelas… para contribuir a reforzar este carácter propagandístico de manera indirecta y sofisticada. Aún hoy los estadounidenses pasan una considerable cantidad de tiempo frente al televisor, líderes universales en el consumo de la “caja tonta” que emite una programación creada, en más del 90%, por 6 poderosas corporaciones que, en última instancia, responden a los patrones culturales y políticos del “sueño americano”. Este modelo se difundió a muchos otros países que han asimilado su naturaleza consumista, e inclusive en los que se han opuesto a ella, pues sus códigos se infiltran a veces hasta imperceptiblemente para los realizadores, que se convierten en promotores gratuitos de la invitación a realizar “el sueño”. 

Por otra parte, la prensa escrita de Occidente comenzó a desarrollar una perspectiva en órganos oficiales o de expresión de partidos políticos o grupos de presión de las oligarquías, que promueven los intereses del gran capital bajo muy diversas coberturas y matices, aunque se especialicen en diferentes tipos de periodismo con temas políticos, económicos, sociales, culturales, deportivos o variados: mayoritariamente subyace una posición que fortalece las bases de la libre empresa, las ventajas de la iniciativa privada, el individualismo y los valores de la sociedad de consumo. En Estados Unidos, actualmente los grupos más conservadores “acusan” a The New York Times de inclinarse hacia la “izquierda”, por manejar con frecuencia asuntos de interés público o políticas menos agresivas hacia el exterior, mientras que liberales y movimientos populares dicen lo contrario de The Wall Street Journal. Sin embargo, en esencia estas posiciones, que pueden inclinarse en un momento u otro hacia lo público o hacia un monopolio, son muy semejantes, aunque tengan diferencias de formas y métodos. Cada vez más los grandes medios tienen menos dueños y están de acuerdo en ganar más y propagar la voz de los más ricos, por lo que al final postulan políticas semejantes; solo a veces entran en contradicción por rivalidades en intereses particulares, pero siempre son intocables. El imperio del magnate australiano Keith Rupert Murdoch, iniciado en 1952, fue el principal accionista de News Corporation, que comprendía emporios mediáticos como The Sun y The Times, así como cadenas de televisión como Fox y Sky; su monopolio enfrentó acusaciones de soborno, corrupción, intervención de teléfonos, etc., mas su poder fue tan grande que ninguna autoridad nunca se atrevió a enfrentarlo.

En los conflictos modernos la propaganda occidental, que predomina en el mundo, se parece mucho. La guerra de Irak fue transmitida por televisión y se empleó la llamada “propaganda oscura”, una técnica cuyo objetivo es crear a priori una apreciación negativa o positiva ―negativa, por ejemplo, contra “Satán” Hussein, y positiva a favor de la invasión para conjurar el peligro de unas “armas de exterminio en masa” que nunca aparecieron― y preparar el hecho que vendrá, adelantándose a él. El cine puede ser financiado para lograr esos mismos objetivos: la Walt Disney/Buena Vista, la Sony Columbia TriStar, la Metro-Goldwyn-Mayer ―MGM―, la Paramount Pictures Entertainment, la Twentieth Century Fox Film Corporation, la Universal y la Warner Bross, que controlan grandes producciones norteamericanas, y, por consiguiente, han decidido un alto por ciento de lo que se ve en cine, a veces están casi unánimemente interesadas en que se vea lo mismo. Por supuesto, no todas las películas de estas productoras son propagandísticas, pero muchas portan una dosis de propaganda directa o indirecta, que puede ser muy sutil u “oscura”, y, por tanto, apenas perceptible. Atentas a los resultados de las encuestas, estas productoras han detectado las necesidades del destinatario para adaptar su producto a esas demandas, entre las que se pueden encontrar lo latente, la insatisfacción o la vacilación, y sobre ellas, se construye el mensaje. 

La propaganda moderna busca, en un grácil ejercicio del discurso persuasivo, lograr la adhesión del otro a los intereses y a la cultura del último modelo sacrosanto capitalista por las vías de la emoción, y teniendo en cuenta las opiniones de grupos a que se destina el mensaje. La forma sigue siendo asimétrica y emocional, pero muy encubierta, pues se han perfeccionado los disfraces y refinado las referencias: la meta es convencer de la importancia de ser rico a toda costa, sin que nadie se dé cuenta de que está siendo objeto inerme de la propaganda. Apenas se recurre hoy a los panfletos políticos o al discurso pedagógico que tiende al dogmatismo. En la actualidad, los mensajes se remiten a documentos que a veces ni existen o no están bien citados; se promueve el miedo para justificar políticas que aseguren a cualquier precio la estabilidad del sistema; se utilizan testimonios convenientes que cantan al consumismo y desvalorizan todo tipo de austeridad; las palabras y conceptos se redefinen para alabar el individualismo y descalificar al colectivismo; se busca la generalización, el estereotipo, la satanización, la omisión de lo inconveniente, la imprecisión intencional, la simplificación exagerada, el eslogan duro, la cabeza de turco y el cambio semántico que contribuya a una confusión favorable para hacer creer que el capitalismo es irremediable y eterno. En la actual propaganda política, jamás enunciada así, se mantienen trampas clásicas: el insulto personal y la difamación del adversario; la explotación de temas conocidos o lugares comunes para desacreditar o aprovechar su contenido; la vieja técnica de la transposición o transferencia del asunto para ponerlo en el bando contrario; el recurso de usar el prestigio o autoridad de alguien, bien en una cita descontextualizada o una referencia amañada; la ubicación demagógica en el lugar de los desposeídos, un populismo para confundir el sentido de justicia con el de caridad. En la reciente campaña de Donald Trump, se hicieron aportes notables, todavía más execrables.

Como el mundo actual ya es audiovisual e interconectado, Internet no se remite al futuro, sino al presente, y la propaganda estadounidense está todavía más diluida e intangible. Solo podrán “verla” quienes se hayan entrenado y estén alertas para identificarla. El “sueño americano” se sigue vendiendo, aunque para algunos sea pesadilla, y muchos ingenuos que todavía no saben leer lo que consumen por las redes, lo compran. La falta de preparación para entender los mensajes resulta común; no me refiero a la falta de habilidades para manejar dispositivos, sino al analfabetismo funcional ante la venta de ilusiones; ya los spams convencen poco, pero sí operaciones complejas para lograr una votación, cambiar mentes, intervenir psiquis y mudar ideologías. Los cubanos, aunque debemos dominar bien nuestras fortalezas, no tenemos que “vender” nuestro imperfecto socialismo para contrarrestar el negocio del “sueño americano”, y estamos en la obligación de identificar nuestras debilidades. Debemos conocer que no vivimos en una sociedad perfecta porque ellas no existen y tenemos problemas comunes a cualquier país que no ha podido lograr niveles de desarrollo en la última modernidad, porque la arquitectura del capitalismo del primer mundo lo impide, a lo cual se suman las condiciones excepcionales de vivir bajo la presión de Estados Unidos, que no es solo bloqueo económico, comercial y financiero, sino bombardeo cultural flagrante, masivo y sistemático. Sería ingenuo creer que podemos ofrecer un “sueño socialista” para competir en el selectivo consumo del mal llamado “sueño americano”. No se pueden usar las mismas respuestas, pero contrarias, para convencer; lo más importante es crear convicciones sobre la base de los ideales. Pero para comenzar, hay que alfabetizarse en los nuevos medios y detectar sus trucos y mañas propagandísticas; sería el primer paso para identificar la vida real.

Leonardo Padura: “El fracaso de la Unión Soviética fue una derrota para la humanidad”

Antía Castedo BBC Mundo, Hay Festival Cartagena@BBCMundo

Derechos de autor de la imagen CORTESÍA DE LEONARDO PADURA
Image caption Leonardo Padura junto a la tumba de Ramón Mercader, asesino de León Trotksy, enterrado en Moscú.



La Revolución bolchevique o Revolución de octubre de 1917, hecho fundacional de la URSS, cumple este año su 100 aniversario. Y para reflexionar sobre este hecho, sus grandes protagonistas y las deformaciones del sueño socialista, BBC Mundo conversó con el escritor cubano Leonardo Padura, invitado a la XII edición del Festival Hay, en Cartagena.
En su libro “El hombre que amaba a los perros”, publicado en 2009 y recibido con entusiasmo tanto por la crítica como por los lectores, Padura se adentró en las causas que hicieron fracasar “la gran utopía del siglo XX”.
La ingente tarea le llevó cinco años, durante los cuales se sumergió en las vidas de Lev Davídovich Bronstein, León Trotsky, fundador del ejército rojo y líder de la revolución bolchevique junto a Vladimir Illich Lenin; y de su asesino Ramón Mercader del Río, un militante comunista español que renunció a su identidad para matar en 1940 en México a quien José Stalin había convertido en el mayor enemigo de la URSS.
Has explicado que, más que sobre el fracaso en sí de la URSS, lo que te propusiste investigar en “El hombre que amaba a los perros” fue la perversión de la utopía soviética. ¿Cuándo se pervirtió esa utopía?
Yo creo que el hombre occidental está persiguiendo una utopía igualitaria desde la Antigüedad, desde que existe lo que pudiéramos llamar los principios de la civilización occidental. Y la Revolución Rusa, en su momento, fue la encarnación de la posibilidad práctica de establecer esa utopía.
Hubo al principio, como en todas las revoluciones, convulsiones sociales, políticas, económicas y unos niveles de violencia que fueron conmovedores. Lo mismo ocurrió en la Revolución Francesa. Este movimiento pudo ser por momentos violento, pero era necesario para cambiar un régimen y establecer otro completamente diferente y revolucionario.
Creo que había un sentido de caminar hacia una sociedad igualitaria donde hubiera un máximo de libertad con un máximo de democracia.

Hombre con foto de StalinDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCon la lucha por el poder y el ascenso de Stalin da comienzo la perversión de la utopía, según Padura.

Pero cuando ya habían empezado las luchas en el interior del partido bolchevique, cuando ya se establece la Unión Soviética y el partido es prácticamente el único que tiene un papel activo en la vida soviética, ocurre la muerte de Lenin [en 1924].
A partir de ahí, esos enfrentamientos adquieren un carácter mucho más cotidiano. Se produce una lucha que va a terminar con el ascenso al poder absoluto de Stalin. Este es un punto climático en la evolución del proceso revolucionario ruso y el comienzo de esa perversión.
Porque empieza el momento en que se dice una cosa y se hace otra, se teoriza sobre la grandeza de lo que está ocurriendo y a la vez ocurren cosas miserables. Y eso marca toda esa década terrible que fue la década de los 30 del siglo pasado en la que había que estar con unos o con otros, y eso significaba estar contra unos o contra otros. Eso pervierte la idea originaria de la revolución y la posibilidad de establecer realmente esa sociedad de los iguales.
¿Crees que el devenir de la sociedad soviética hubiera sido distinto si Trotsky hubiera vencido la lucha de poder que se dio antes y después de la muerte de Lenin?
Es la pregunta que más veces me han hecho y que más trabajo cuesta responder porque es una especulación histórica. La historia hay que mirarla como lo que ocurrió y no como lo que pudo haber ocurrido.

León TrotskyDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLeón Trotsky fue comisario de guerra y organizó el Ejército Rojo, vencedor de la guerra civil rusa.

Yo tengo la idea de que tal vez con Trotksy los métodos hubieran sido distintos. Pero si ya había comenzado esta lucha de facciones, al final los resultados podían ser bastante parecidos.
Creo que tal vez, y todo esto es una pura especulación -no tengo ningún derecho, creo a veces, a emitir estos juicios-, pero creo que en lugar de 20 millones de muertos Trotksy hubiera llegado a lo mismo con “solamente” un millón.
Pero habría habido igual violencia, marginación yel establecimiento de un poder que ya no tenía que ver esencialmente con el principio revolucionario de este partido que pretendió ser democrático y terminó siendo tiránico.
La evolución de Trotksy hay que entenderla a partir de este momento en que se produce la lucha interna en el partido, la muerte de Lenin, su marginación e incluso, sobre, todo su exilio en México.
Hay que entenderla como la evolución de un pensador que está fuera del poder. Y desde fuera del poder la actitud es completamente distinta a la que se tiene desde el poder. Y por eso, tal vez, se mira a Trotksy con una mayor simpatía histórica, porque su coyuntura histórica fue totalmente diferente.
¿Por qué elegiste la figura de Trotsky para contar ese desmoronamiento moral del proyecto socialista? ¿Te planteaste desde el principio hacer esa investigación de cómo se cayó el sueño o partiste de la figura de Trotksy y eso te llevó a hacer la novela que finalmente escribiste?
Las novelas tienen orígenes bastante raros y después, cuando uno trata de mirarlas en perspectiva, casi que puede explicar esos orígenes, pero en el momento en que está surgiendo la idea es un proceso muy extraño.
Hay líneas del subconsciente que se están moviendo a veces sin uno tener una noción exacta de hacia dónde van.
Yo creo que el origen de todo estuvo en mi ignorancia, la ignorancia forzada que existía para un joven estudiante universitario cubano que quería saber algo de un personaje del cual se decían las peores cosas sobre su papel dentro de la historia y del movimiento revolucionario del siglo XX.

Leonardo Padura
Derechos de autor de la imagen CORTESÍA DE LEONARDO PADURA
Image caption Leonardo Padura fue Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.

Trotsky era el enemigo por excelencia y cuando quise saber algo sobre él, me di cuenta de que aquí en Cuba era prácticamente imposible obtener información sobre su figura, que fuera al menos balanceada. Por eso cuando fui por primera vez a México quise visitar la casa de Coyoacán [en Ciudad de México] donde lo habían asesinado.
En esa visita sentí una conmoción muy fuerte. Ese lugar me impresionó físicamente y empecé a entender un poco el drama de lo que había ocurrido allí: un hombre que estaba refugiado, autoencarcelado prácticamente, él mismo decía que el sonido de las puertas de hierro que habían hecho instalar en Coyoacán le recordaba el de una celda donde había estado preso antes de la revolución, y cómo hasta allí llegó la mano de Stalin para matarlo, en el momento en que Trotsky tenía menos poder efectivo.
Esto me hizo pensar hasta qué punto Stalin había pervertido las ideas del socialismo y hasta qué punto tenía una personalidad enferma.
Yo creo que el origen de todo estuvo en mi ignorancia, la ignorancia forzada que existía para un joven estudiante universitario cubano”
Y encontré que dramáticamente era un momento muy revelador, muy ilustrativo.
La literatura tiene que tratar de buscar eso. Uno puede escribir de las vidas más comunes y corrientes, pero si te encuentras una vida extraordinaria, en un momento extraordinario, en una situación altamente dramática, mucho mejor.
A esto se sumó después el saber que Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, había vivido en Cuba los últimos cuatro años de su vida, había muerto en La Habana en el año 78 en esa misma época en que yo estaba estudiando en la universidad, y que yo pude haberme encontrado con él y no hubiera sabido quién era.

LeninDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption El cuerpo de Vladimir Lenin está embalsamado y permanece en un mausoleo situado en la Plaza Roja de en Moscú.

Todo esto me impulsó finalmente a escribir la novela con estos dos personajes y a contextualizarla con un personaje cubano que de alguna forma tiene una experiencia generacional y vital similar a la mía [se refiere al personaje ficticio de Iván Cárdenas, un escritor frustrado que en 1977 conoce a un personaje que le cuenta la historia de Mercader y el asesinato].
Y tras toda la investigación que hiciste, ¿cuál es tu percepción sobre la figura histórica de Trotksy?
Te podrás imaginar que yo estuve dos años investigando, leyendo, luego tres años escribiendo sin dejar de leer e investigar, porque es un tema infinito, inagotable.
A la hora de escribir, yo tenía una condición: necesitaba al Trotsky vivo, no al que se mira en la perspectiva de la Historia, sino al cercano a su momento histórico vital. Y por eso trabajé con la biografía de Isaac Deutscher, que empezó a escribir unos años después del asesinato, cuando todavía estaba viva Natalia Sedova [la segunda mujer de Trotsky].

TrotksyDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionTrotksy y su segunda exposa, Natalia Sedova, llegaron a México en 1937. En esta foto, Sedova aparece en segundo plano, detrás del revolucionario, y a su lado, la pintora Frida Kahlo.

Y al final me doy cuenta de que Trotsky también fue un fanático, era un empecinado que tuvo la capacidad de evolucionar en algunas de sus ideas precisamente porque estaba en la oposición.
Yo creo que ese manifiesto a los intelectuales del mundo [Manifiesto por un arte revolucionario independiente, 1938] que él redacta con André Bréton y que firman Bréton y Diego Rivera, en el que él le exige a Bréton que cuando se hable de la libertad del creador sea toda la libertad, hace que su figura tenga una perspectiva histórica mucho más revolucionaria, mucho más evolucionada que la de otros contemporáneos suyos e incluso de gente que vino después. Pienso que este tipo de cosas históricamente lo han salvado y han hecho que todavía hoy tenga seguidores en el mundo.
 Trotsky era un revolucionario profesional, él era un hombre que vivía, desayunaba, almorzaba y comía revolución.
A lo largo de estos años me he encontrado con mucha gente que me ha hablado de Trotsky con simpatía e incluso me ha revelado que era o seguía siendo trotskista.
Pero rara vez me encuentro a alguien que todavía hoy se confiese estalinista. Creo que esa es una victoria histórica importante para la figura de Trotsky.
Sin embargo, era una persona extremadamente ortodoxa en sus planteamientos.
Sí. Él era un revolucionario profesional, él era un hombre que vivía, desayunaba, almorzaba y comía revolución.
De ahí el sacrificio al que somete a toda su familia, el autosacrificio al que él mismo se somete, siempre en función de su proyección como revolucionario y como una figura que se sentía en el centro de la historia.
Los personajes de tu libro parecen haber perdido la capacidad de ser dueños de sus propias vidas. ¿Crees, como afirman muchos liberales, que la libertad y la igualdad son en cierta manera excluyentes?
Yo creo que la libertad debe ser un principio sagrado de los hombres, que toda la lucha y el progreso del hombre ha sido encaminado hacia la obtención de la libertad, en todos los sentidos y manifestaciones. Y es algo que nunca podemos sentir que es vano, la lucha por la libertad.

EspañaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption Ramón Mercader era un comunista catalán que vivió en Barcelona y combatió en el bando republicano contra las tropas franquistas. Fue reclutado por los servicios soviéticos para matar a Trotsky.

Por eso creo que la desaparición de la Unión Soviética y el fracaso político, social y filosófico antes de su desaparición fue una derrota para la humanidad en su eterna aspiración de crear un mundo mejor, y que de alguna manera los acontecimientos que han ocurrido con posterioridad lo demuestran, al igual que lo que estamos viviendo ahora en el mundo, una administración de Estados Unidos que no sabemos adónde va, una Europa que se está tambaleando, una Rusia fuerte, una China que lo devora todo… Y te hablo de las grandes fuerzas, eso se puede llevar a todos los extremos, lo que está ocurriendo en África, en fin…
Creo que de alguna manera hay que refundar una utopía. Cómo, quién, dónde no lo sé, no tengo la capacidad para poder predecirlo, estimarlo, considerarlo. Pero sí creo que el derecho del hombre a ser libre y a vivir en una verdadera democracia en la cual tenga derecho a ejercer su libre albedrío, es importante.
 Creo que de alguna manera hay que refundar una utopía”
Fíjate si esta idea a mí me persigue que después de “El hombre que amaba a los perros” escribí “Herejes”, que es una novela que tiene que ver precisamente con el tema de la libertad, el ejercicio de la libertad y el precio que se paga por ejercerla. Y ahora estoy escribiendo una novela en la que hablo otra vez del tema del hombre y sus circunstancias.
Cómo la circunstancia, cómo la Historia, puede cambiar la vida del hombre, o de un hombre (lo que pasa es que en las novelas lo personificamos con los personajes), cómo puede alterar el destino de una persona y moverlo por caminos inesperados sin tener la opción de escoger libremente.
¿Crees que tanto Trotsky, como Mercader e Iván comparten esa derrota?
Pienso que sí. Cada uno en su estilo, manera de pensar, contexto, propia evolución como individuos. Iván representa una generación cubana, la generación a la que yo pertenezco, que creció dentro del proceso revolucionario y que siempre estuvo a la expectativa de la llegada de un futuro mejor y ese futuro mejor, cuando parecía que se lograba, se volvía a alejar, se volvía a alejar, y siempre estamos persiguiéndolo y no logramos llegar a él definitivamente.

StalinDerechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption La sombra de Stalin se cierne sobre las vidas de los protagonistas de “El hombre que amaba a los perros”.

El final de Iván es el final de una ilusión. Es el personaje más dramático porque al fin y al cabo Mercader obedeció [las órdenes de Stalin] porque quiso obedecer, y Trotksy practicó su oficio de revolucionario a tiempo completo porque era su vocación.
Iván no, es una hoja en el viento de la Historia que es arrastrada desde un lado hacia otro y no tiene control sobre sus propias decisiones y eso hace que sea el más derrotado y el más dramático de todos los personajes.
¿Te sientes identificado con características de este personaje?
Yo creo que mucha gente de mi generación en Cuba, no tengo derecho a decir todos, pero creo que mucha gente de mi generación así lo siente.
Hay algo que ha sido mi mayor satisfacción como autor de esta novela, y fue que durante mucho tiempo, muchas personas aquí en Cuba, cubanos que vivían fuera de Cuba, me dijeron que gracias a esa novela habían entendido mejor su propia vida. Es una lectura que a cualquier escritor le provoca una enorme satisfacción. Incluso hay gente que me ha dicho que esta novela le cambió la vida.
No sé si será cierto o no, pero por lo menos creo que les hizo ver algunas cosas de otra manera.
La URSS fue más que Stalin pero estuvo muy marcada por su figura. ¿Hay algo salvable en esa utopía?
Las revelaciones de los últimos años son tan terribles…
Para empezar creo que no hubiera podido escribir esta novela antes, sino hasta que se desvelaron toda una serie de verdades que no conocíamos sobre la Unión Soviética.

URSSDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa URSS se disolvió el 26 de diciembre de 1991.

Hasta que se abrieron los archivos de Moscú, había un desconocimiento general, por ejemplo de lo que había ocurrido con la presencia soviética en España durante la Guerra Civil.
Cuando lees “El fin del Homo Soviéticus” de la Premio Nobel ucraniana Svetlana Alexievich, te das cuenta de que para muchas personas fue un momento glorioso de la Historia y así lo siguieron sintiendo incluso una vez que desapareció la URSS, y que para otros fue realmente un infierno en vida.
Y la cantidad de seres humanos que fueron sacrificados en la URSS por ese proyecto utópico, creo que fue algo que la condenó realmente, como proyecto, como país, como sociedad.
¿Qué impacto tuvo el estalinismo en Cuba?
El sistema soviético que se exporta y adopta en el mundo es un sistema esencialmente estalinista en la economía, en la política, en la forma de manejar la sociedad. No había otro modelo en aquella época para establecer un socialismo real.
Surgieron y se ensayaron otras posibilidades que fracasaron muy rápidamente, no tuvieron la solidez ni la capacidad para establecerse. Pienso por ejemplo en el proyecto de Salvador Allende en Chile, un tipo de socialismo que llegaba por vía democrática, u otras experiencias posteriores.
Pero en lo que se llamó el socialismo real, el modelo económico era profundamente estalinista, toda la estatalización de la economía, así como el sistema de partido único, la forma de hacer la política interior y exterior, tenía que ver con este modelo que Stalin estableció en la Unión Soviética.

CubaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption“El hombre que amaba a los perros” se recibió el Premio de la Crítica Literaria en Cuba y Leonardo Padura ganó el Premio Nacional de Literatura.

Por suerte, en Cuba nunca se llegó a los extremos que ocurrieron en la URSS.
Por ejemplo, aquí en Cuba en los años 70 del siglo pasado hubo lo que se llamó el “Quinquenio gris” o el “Decenio negro” de la cultura cubana, una época en que fueron marginados muchos intelectuales y artistas por creencias religiosas, tendencias sexuales, actitudes políticas, y fue una época muy dura. Pero esta gente no fue al gulag ni fueron fusilados, como sí pasó en la URSS.
En Cuba fueron apartados, lo cual es terrible. Que escritores como Virgilio Piñera o José Lezama Lima hayan muerto en ese ostracismo, creyendo que nunca sus nombres nunca iban a ser rehabilitados, que nunca iban a ser publicados, como de hecho no lo fueron hasta varios años después de su muerte…
Después de la desaparición de la URSS, Cuba mantiene un sistema socialista en el que todavía, por ejemplo, en el terreno económico hay una preponderancia de la economía estatal pero la forma de relacionarse de las personas, la forma de vivir, no sé si por una cuestión cultura, climática, política, social… Afortunadamente es diferente y hay espacios posibles.
Y creo que lo que demuestra el hecho de que mientras Vasily Grossman no pudo publicar “Vida y destino” en la URSS, y ese libro se salvó milagrosamente porque existía una segunda copia en papel cartón que la KGB no encontró (y hablo de la URSS de Nikita Kruschev, no de Stalin), yo acá en Cuba escribí y publiqué “El hombre que amaba a los perros”.
 En Cuba hay espacios posibles”
Puede que haya personas a las que no les haya gustado, creo cada cual tiene derecho de que le guste o no determinada forma de pensar, pero fue posible escribirla, publicarla, presentarla en público, que ganara el Premio de la Crítica Literaria de su año y que después yo ganara el Premio Nacional de Literatura. Esto en sí mismo demuestra que la forma de los sistemas fue diferente.
¿Te encuentras más cómodo en tu papel de escritor en Cuba? ¿Ha habido una progresión en términos de libertades en los últimos tiempos?
Nunca tenemos toda la libertad que deseamos ni toda la libertad que deberíamos tener.
Hay incluso sociedades que se ufanan mucho de tener grandes espacios de libertad y al final uno entiende que hay límites para esa libertad que pueden venir de cualquier parte, de la economía, de la política, de la religión, de la cultura o de la Historia.

PaduraDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl escritor dedicó cinco años de su vida a investigar y escribir la novela.

En el caso cubano, creo que no se debate en Cuba lo suficiente, no hay esos espacios que yo siento que debería haber, y todavía hay mucho que avanzar.
Todavía ocurren casos de censura lamentablemente, de películas, de libros que no se publican, de obras de teatro que se suspenden… Esto tiene que ver con un pensamiento burocrático acendrado, con el miedo de los burócratas al pensamiento y a la libertad.
Pero pienso que sobre todo los creadores han asumido esa necesidad de un ejercicio libre de su trabajo de una manera muy consecuente y la mayor parte de la creación artística que se hace en Cuba tiene ese carácter interrogador de la realidad.
Algunos estudios de opinión en Rusia arrojan que los ciudadanos relacionan la idea de gran nación que promueve su presidente, Vladimir Putin, con la “gran Unión Soviética” de Stalin. Y se identifica su figura con esa grandeza que remite a los tiempos de Stalin. Incluso en algunos sectores de Europa y de América Latina hay cierta admiración por la Rusia actual y Putin. ¿Qué te parece?
Es un tema muy complicado y difícil de explicar y entender.
Putin es una figura bastante compleja, por decirlo de la manera más suave y elegante.

Seguidor de StalinDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionPutin “probablemente haya rescatado parte del orgullo perdido” de los rusos, cree el escritor cubano.

Rusia siempre ha tenido esa voluntad imperial de ser una gran potencia y, en efecto, en la época la URSS decidía la suerte política del mundo. Creo que Putin ha manipulado muy bien o con mucha eficacia ese sentimiento y ha restablecido el orgullo perdido.
Sin embargo, algunos de sus métodos no son para nada recomendables ni admirables, pero es lo que hay, en un mundo en el que han ocurrido todas estas revelaciones de lo que sucedió en Estados Unidos y la posibilidad de que un espionaje ruso que haya influido en las elecciones y a la vez que un hombre como Trump al parecer vaya a establecer una relaciones menos intensas con Rusia… Uno se descoloca por completo y empieza a dudar de todo lo que cree y de todo lo que sabe.
Estamos viviendo una época muy caótica.
Las crisis económicas de los últimos años, los problemas de la inmigración, los problemas del terrorismo han colocado al mundo en una situación muy difícil.
Y yo creo que lo de Putin tiene que ver con esa nostalgia que explica muy bien Svetlana Alexievich por un mundo donde las cosas se presentaban -no es que fueran, pero al menos se presentaban- en blanco y negro y era más fácil saber dónde uno se ubicaba.
Pero ahora hay una confusión ideológica y política que, realmente, cuesta mucho trabajo entender dónde estamos y hacia dónde vamos.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad colombiana entre el 26 y el 29 de enero de 2017.

“Esperanza socialista o ʹbarbarie civilizatoriaʹ”. Entrevista a Jon E. Illescas desde Cuba (II)

Por: J. Ángel Téllez 
Fuente: CUBARTE
Categorías: SOCIEDAD, ENTREVISTA
Jon E. Illescas Martínez es Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández y Doctor en Sociología y Comunicación por la Universidad de Alicante. Es, además, artista plástico bajo el seudónimo de Jon Juanma e inventor del “Sociorreproduccionismo”. Colabora con frecuencia en las páginas de Rebelión y de El Viejo Topo en temas sobre cultura, geopolítica, arte, comunicación y economía. Autor del libro La dictadura del videoclip. Industria musical y sueños prefabricados (El Viejo Topo, 2015), donde presenta esclarecedoras tesis y descubrimientos sobre la industria cultural hegemónica, los videoclips, y las llamadas “celebrities”; con lo que el capitalismo consigue el consenso cultural e ideológico, la perpetuación de su sistema de dominación y la dilución de la rebeldía.
Estábamos en plena arenga por una pedagogía revolucionaria. Pero hay que convencer de que “sí se puede”. En tal sentido, te pregunto si en tus estudios sobre esta “dictadura”, hallaste algunas “fisuras” o “grietas” sobre la que pudiésemos incidir, profundizar, “arañar”, para adelantar el desplome de este Imperio Multimediático y antes de que acaben con el humanismo y con la humanidad misma.
No existe ninguna grieta en ellas. Las grietas hay que crearlas en otras partes con otras herramientas (y en el libro esbozo la posibilidad de la construcción de una industria cultural contrahegemónica). Pensar que existen grietas en las industrias culturales hegemónicas (es decir, las más poderosas de la burguesía internacional) sería tan quimérico como afirmar que se puede realizar la revolución socialista realizando entrismo en el Partido Republicano de Donald Trump.
Te confieso, Jon, que ese “no existe ninguna grieta” me resulta, demasiado absoluto. ¿No crees que es más dialéctico encontrar esas fisuras, si no en ellas mismas, entre ellas, en su competencia o en la batalla por el mercado tal vez, en los espacios a los que no llegan…, más objetivo o alcanzable que construir una “industria” cultural contrahegemónica?
Te responderé de otro modo refiriéndome a otra industria cultural con semejantes problemas a la musical. ¿Crees posible que en la actualidad las multinacionales del libro creen una producción mayoritariamente socialista, comunista, marxista o anticapitalista? En cambio, si por grietas entiendes que estas multinacionales tengan una ínfima parte de su producción que sea socialista, comunista, marxista o anticapitalista, aceptaré que las grietas están en todas partes. El problema es que son grietas que sólo resquebrajan la escayola del edificio en ciertas habitaciones, no afectan a su estructura y están controladas por muy pocas manos debido a la estructura oligopólica de la industria que controla el flujo de consumo que rocía a las mayorías. No en vano, sólo 3 empresas multinacionales controlan más del 92% de los 500 videoclips más consumidos. La batalla por el mercado tiene sus límites y el signo ideológico de la mayoría de su producción no es un factor que afecte la cuenta de resultados. En el libro lo ilustro con numerosos ejemplos de productos que eran potencialmente rentables y fueron censurados o infrarrepresentados desde la cúpula por su signo ideológico contestatario. Una de mis tesis principales es que la industria cultural no es una industria capitalista más que se rija primordialmente por la cuenta de resultados, sino que también tiene su peso en factores ideológicos.
¿Cuáles serían los artistas paradigmáticamente rebeldes, que se enfrentaron a los dictados de los dueños de estas corporaciones de la industria musical, rompiendo sus reglas y librándose la “serialización” y/o que muestran en su haber obras de indiscutible calidad a la vez que consiguen ser populares?
Pues son algunos artistas quienes todavía colocan la música por encima del dinero. Pero son pocos y dentro del pop actual no hay absolutamente nadie, al menos, en la liga de los grandes (es decir, en el Top 30 de Twitter, por ponerte un ejemplo). De hecho, cuando un artista tan popular como Michael Jackson comenzó a implicarse políticamente y a realizar videoclips con contenido humanista, precipitó el final de su carrera. Por supuesto, hay artistas dentro de grandes sellos que tienen un mensaje de izquierda, pero es porque previamente han obtenido la luz verde del Presidente de la misma compañía, porque entiende que su público no será mayoritario sino un nicho de mercado de donde podrán obtener réditos económicos. Pero esta oligarquía burguesa jamás permitirá que los artistas que trabajan para ellos y tienen mensajes de izquierda, lleguen a las mayorías. Sería algo así como clamar por la revolución contra sus propios intereses.
Pero en tu muro de facebook encontré un elogio al artista estadounidense Prince, ¿no será este un ejemplo?
Prince fue un genio de la música popular y un espíritu libre que una vez alcanzada la riqueza entendió que ésta nunca estaría por encima de su integridad como artista lo cual precipitó la censura que enfrentó cuando se rebeló contra la explotación que sufrían/sufren los músicos de mano de las multinacionales, cuando abandonó Warner incumpliendo su contrato, inventándose la estratagema del símbolo. Prince fue un genio que no podría existir en la actualidad con la estructura vigente de la industria musical. Del mismo modo que no podrían existir los Pink Floyd. Y cuando digo que no podrían existir no quiero decir que no haya músicos de su talento en la actualidad, sino que por diversos motivos no serían tan promocionados como lo fueron Prince en los ochenta y principios de los noventa y Pink Floyd en los setenta. Si existieran hoy, serían conocidos por nichos de mercado, pero nunca competirían con Justin Bieber o Katy Perry, porque los gerentes de las compañías simplemente barrerían esta opción.
Sin embargo, Prince (a diferencia de algunos componentes de Pink Floyd) no fue nunca socialista ni anticapitalista y la mayoría de las veces que mostró un mensaje contrahegemónico (como cuando se posicionó contra la Guerra de Irak) fue censurado. O los temas que incluía en sus álbumes con un contenido social más explícito y siempre humanista, fueron ignorados en las estrategias promocionales de su gran discográfica que siempre prefirió apostar por los temas de contenido más sexual y, por ende, inocuo para el sistema. Como perfectamente ejemplificó la antítesis coetánea de Prince, es decir, Madonna. Alguien que siempre gozó del favor de la gran industria por su versatilidad como títere del pop.
Pasando ya a la Isla, ¿qué referencias tienes de Cuba, Martí, Fidel y del proyecto social que construimos desde 1959?
Pues tengo una información insuficiente, pese que a que conozco personas que han vivido y trabajado allí. Nunca he estado en Cuba, aunque es algo que me gustaría solucionar lo antes posible. Por supuesto conozco todas las atrocidades de la Dictadura de Batista y los primeros años de la Revolución, después el acercamiento más o menos dependiente/independiente a la URSS, parejo a la enemistad con EUA y los duros años noventa donde se acabaron los precios subsidiados del bloque soviético. Conozco algunos avances propios de las economías socialistas en cuanto economías planificadas (en educación, arte y sistema de salud), pero también sé de las contradicciones que genera el intento de construcción del socialismo en un solo país en un mar internacional de capitalismo neoliberal. Por ejemplo, sé de las dolorosas contradicciones que éticamente genera un turismo inevitable en la Isla. Luego está el embargo genocida de los Estados Unidos y todo el daño que ha generado a la población cubana.
Actualmente me preocupa que en la economía cubana se amplíe el espacio para la economía privada y se cree una clase de pequeños capitalistas que puedan ser decisivos a la hora de enterrar en un futuro más o menos próximo los aspectos más positivos de la construcción socialista cubana. Me preocupa que Cuba tome de ejemplo a China y se reproduzcan en las islas las desigualdades sociales que estamos viendo en el gigante asiático. También sé de los ideales de Martí y la importancia histórica de Fidel al que conozco por sus obras, artículos y entrevistas. Pero debería tener más información para poder pronunciarme sobre su saldo histórico.
De lo leído sobre tu libro, las tesis que maneja y los resultados que recoge de tus investigaciones sobre el videoclip y las industrias culturales hegemónicas, se deduce la importancia de su “reproducción” en toda la “aldea global”; sin embargo infiero un “valor agregado” en nuestro contexto, en un país como el nuestro empeñado y necesitado de construir “otra” cultura hegemónica, anticapitalista, humanista y liberadora. ¿Lo ves de ese modo?
Totalmente. Creo que se deberían de realizar estudios sobre el a veces diálogo y otras veces lucha que se produce entre la producción del videoclip cubano y el videoclip mainstream de manufactura estadounidense. He visto algunos videoclips cubanos maravillosos, donde el aspecto y la validez artística era un valor fundamental por encima de su validez como mercancía cultural o como reclamo para la venta de otras mercancías. Si el espacio para la reproducción del capital sigue avanzando en Cuba, por los errores o las imposibilidades de la construcción socialista en una isla circundada por un océano de capitalismo, estos videoclips tenderán a desaparecer y otros más zafios totalmente alejados de los valores humanistas y socialistas (llenos de nihilismo y cosificación de la vida humana) seguirán avanzando como ocurre en el mundo capitalista en general. Y esto será terriblemente peligroso para las futuras generaciones.
¿Cuáles de tus tesis destacarías, o crees más necesarias para “afinar”, o hacer efectiva –a nuestros intereses políticos– la producción, la recepción crítica y el consumo de audiovisuales en Cuba Socialista, “subdesarrollada” y a 90 millas del mayor Imperio de las industrias culturales en el planeta?
Sin duda alguna destacaría la necesidad y las posibilidades de crear una Industria Cultural Contrahegemónica, es decir, una Industria Cultural Socialista. Es lo que hago en el último capítulo del libro. Sería una industria cultural lo suficientemente amplia para que cupiesen cuantas más voces y melodías mejor, pero lo suficientemente coherente y consciente como para enfrentar la afrenta antihumanista y degradante propia de la producción del videoclip mainstream, la punta de lanza de la conquista cultural de los jóvenes por el capitalismo internacional.
¿Cuáles pudiesen ser las estrategias? ¿Producir audiovisuales contrahegemónicos? ¿Tendríamos la capacidad de “competir”? ¿Prohibir, bajo regulaciones refrendadas o preceptos éticos consensuados? ¿Seleccionar del todo lo menos dañino y/o promover solo lo mejor o que más se aviene con nuestros valores? ¿Preparar o capacitar a los “consumidores” de estos productos?
Desde luego financiar decididamente, como prioridad política en la lucha de clases cultural, producciones contrahegemónicas que entroncaran con los valores humanistas y socialistas, es decir, con lo mejor del ser humano ilustrado en el siglo XXI. Además, debería de realizarse sin perder de vista su vocación mayoritaria y para ello se debería hacer un análisis para ver dónde está el nivel medio después de años de degradación cultural y musical capitalista. Además, habría que empoderar en el alfabetismo audiovisual a los jóvenes y no tan jóvenes para enseñarlos a “leer” y “escribir” con imágenes, para hacerlo más fuertes a las embestidas alienantes del videoclip mainstream controlado por el gran capital. La prohibición no sería el camino a mi modo de ver, bastaría con no financiar con dinero público estas producciones. Por supuesto, desde el mundo capitalista todavía se realizan producciones de valor estético y/o humanístico resaltables, pero cada vez son más minoritarias desde el mainstream y encuentran su hábitat en los llamados nichos de mercado (donde habitan géneros rentables para minorías culturales distintas a las mayorías que consumen el mainstream musical, es decir, el pop sintetizado actual).
Como fiel heredero del pensamiento martiano, el recientemente desaparecido líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, defendió e integró en su accionar revolucionario la tesis de que: “ Una Revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas”; denunció en varias ocasiones la agresión cultural a la que estaban sometidos los países del tercer mundo con el propósito imperial de destruir sus identidades nacionales; fue promotor aquí del libro de Ignacio Ramonet Un delicioso despotismo que comparte algunas tesis de tu libro y, además, ante el derrumbe del “campo socialista” y sus consecuentes secuelas para Cuba, planteó que la cultura era lo primero que había que salvar. ¿De qué modo podríamos integrar estas ideas en la estratégica batalla en el campo cultural a la que nos hemos referido durante toda la entrevista?
Pues primero que todo, tomándonos muy en serio la cultura, no sólo como el más alto y digno producto del trabajo humano –como bien defendía un socialista muy conocido en Cuba, el español-mexicano Adolfo Sánchez Vázquez–; sino también como el terreno donde se crea la conciencia política y por tanto el núcleo de la (posible) lucha de clases (consciente). O lo que es lo mismo, el terreno donde se comenzará a dirimir si la esperanza socialista es factible o no frente la barbarie civilizatoria que engendra el capital y que todavía nos tiene reservada.
Fidel era un hombre muy inteligente y en este sentido, por lo que cuentas, estaba al tanto de la importancia de la cultura en la batalla política. Sin embargo, no soy un defensor a ultranza de las “identidades nacionales” (y es algo que critico mucho en la izquierda actual), porque las mismas son el resultado de un determinado estadio del desarrollo histórico de la cultura homínida. Glorificarlas sería antidialéctico y querer petrificarlas ir contra el desarrollo histórico, contra el (muy denostado por los posmodernistas) progreso. A medida que el mundo se hace más pequeño, el mercado mundial alcanza todas las dimensiones de nuestra vida diaria (pues nos nutrimos de productos y servicios –también culturales– realizados en todo el orbe). No hay que tener miedo a la mundialización de las ideas que el capitalismo permite hasta cierto punto, si no llevarla a un nuevo nivel donde la democracia de los pueblos de la sociedad-mundo (en construcción) decida qué servicios y productos desean consumir. Algo que actualmente dictan los oligarcas que controlan la Dictadura cultural del capital que es la Dictadura del Videoclip, pero no solo se reduce a ella, sino que abarca toda la producción de las industrias culturales trasnacionales regidas por los intereses económicos e ideológicos de la burguesía dirigente.
Bueno esto sería un buen inicio para otro debate más largo… Por último, ¿Qué textos o autores les recomendarías a un joven revolucionario cubano que decida acompañarnos en esta guerra contra la dominación cultural a través de los videoclips, los videos juegos, por solo mencionar dos de sus más poderosas armas?
Sinceramente hay muy pocos que traten estos temas con la seriedad requerida, menos desde una perspectiva contrahegemónica (ya no te digo socialista o marxista). A estos jóvenes revolucionarios les recomendaría que empezaran por mi libro y si quisieran profundizar en los aspectos teóricos leyeran los capítulos dedicados a este tema en mi tesis doctoral Industrias culturales y juventud en el sistema-mundo. El videoclip mainstream como mercancía y como reproductor de ideología (la cual se puede descargar gratis en la red). En ella realizo un compendio de autores materialistas de diversas disciplinas (Antropología, Psicología, Comunicación, Economía Política, etc.) para dar los primeros pasos hacia la construcción de una perspectiva de análisis audiovisual marxista. Algo inexistente hasta la fecha. Autores importantes para el inicio de esta síntesis fueron además de Marx, Engels y Gramsci, Vigotsky, Rossi-Landi, Dallas Smythe, David Harvey o Terry Eagleton. Pero hay muchos más. Algunos son autores clásicos de la Comunicación como Walter Lippmann, Armand Mattelart o Manuel Castells. Clave fue también la importancia de los diferentes tiempos históricos de Braudel en conjunción con los últimos avances de la psicología evolutiva y la antropología sexual modificada con los cambios de nuestra sociedad-mundo conectada gracias a Internet por la tecnología satelital y los superordenadores.
Gracias, Jon, en nombre de los que luchamos en Cuba por un mundo mejor. Ah, y ¡Hasta la victoria siempre!
Gracias a ti y un fuerte abrazo para todos los socialistas de corazón que luchan desde la Isla por un futuro mejor: para su país y para este maltrecho mundo que está condenado, afortunadamente, a ser de todos.

“Pensar y cultivar la mente es totalmente revolucionario.”


Entrevista a Jon E. Illescas desde Cuba (I)
Por: J. Á. Téllez Villalón
A Jon E. Illescas lo conocí “de vista” en Rebelión [1], precisamente en el sitio donde el entrevistado –al decir suyo– nutrió su pensamiento, “a la izquierda de todo lo que se solía encontrar en la disidencia oficial, es decir, la controlada”. Con trabajos cuyos contenidos resultaban más interesantes que sus propios títulos: Videoclips, sueños envenenados y revoluciones castradas, A Katy Perry le gusta trabajar con el Pentágono, Los pezones de Rihanna. El coito sin fin del capitalismo, ¿Es Beyoncé una militante del black power?; en los que no solo hallé reflexiones y tesis que compartía en lo fundamental, sino también preocupaciones que también tienen cabida en la Cuba Socialista, rodeada de un inmenso mar capitalista y expuesta a los “sueños prefabricados” de las industrias culturales hegemónicas (II. CC. HH). Luego –como le comenté en los primeros e-mails–, lo descubrí como referencia en las esclarecedoras conferencias del ministro de cultura cubano Abel Prieto sobre la banalización y la crisis cultural de hoy [2]. Entonces, me volví un seguidor de sus dos blogs [3] y lo añadí como amigo en facebook, hasta que después de unos intercambios “electrónicos” le propuse –y aceptó– la entrevista o más bien el intercambio que sigue.
Bueno, Jon, ¿puedo llamarte así? ¿Cómo te dicen tus hermanos o compañeros de lucha?
Claro que sí, así mismo me llaman y conocen.
Si tuviese que presentarte al público cubano diría: Jon E. Illescas Martínez es un joven español de 34 años, nacido en Orihuela (Alicante). Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Miguel Hernández y luego, con mucho trabajo, se hizo Doctor en Sociología y Comunicación por la Universidad de Alicante. Es, además, artista plástico bajo el seudónimo de Jon Juanma e inventor del “Sociorreproduccionismo”. Colabora con frecuencia en las páginas de Rebelión y de El Viejo Topo en temas sobre cultura, geopolítica, arte, comunicación y economía. Allí ha venido presentando sus esclarecedoras tesis y descubrimientos sobre la industria cultural hegemónica, los videoclips, y las llamadas “celebrities”, con lo que el capitalismo consigue el consenso cultural e ideológico, la perpetuación de su sistema de dominación y la dilución de la rebeldía. Acopiadas en un libro “que vale lo que pesa” y que urge publicar y dar conocer en la Isla.
¿Acierto en esta breve reseña? ¿Qué otros datos consideras imprescindibles destacar de tu breve, pero fructífera batalla contra el Capitalismo?
No sé si aciertas, pero me gustaría pensar que así lo haces; pues la cronología es correcta y tus palabras son más que alentadoras con mi trabajo.
Respecto a mi batalla por el Socialismo, me gustaría comentar que se inició sobre los 16-17 años, cuando comencé a preguntarme por qué vivíamos en un mundo tan desigual y donde la calamidad acechaba las vidas de miles de millones en un escenario de abundancia y progreso tecnológico sin parangón. Así comencé a leer libros parcialmente críticos con el proceso de globalización neoliberal y a trabajar con diferentes y conocidas ONG; hasta que profundizando en mis lecturas y contrastándolas con la praxis en esas organizaciones (por cierto, “sí gubernamentales”) entendí los límites estructurales que ofrecían para cambiar las cosas. Así fue, como en tercero de la carrera, creo recordar, conocí la página de información de izquierda Rebelión que literalmente me ofreció una plétora de nuevos autores radicales y anticapitalistas sobre los que nutrir mi pensamiento, a la izquierda de todo lo que se solía encontrar en la disidencia oficial, es decir, la controlada. Posteriormente vino el (principio del) descubrimiento de El Manifiesto [2] y la obra de Marx y Engels cuando estudiaba el último año de carrera en Barcelona. Lo cual, a la postre, sería definitivo para mi transformación en marxista y, por ende, socialista y comunista.
Paralelamente, esa pasión por el Arte, como parte de la cultura, y la Economía Política me llevó a crear el “Sociorreproduccionismo” a finales del 2008. Un sistema democrático y socialista de adquisición de arte plástico que buscaba (y busca) crear una esfera socialista dentro de la sociedad-mundo capitalista donde vivimos, para esbozar un futuro posible y eliminar las diferencias de renta y clase a la hora de adquirir una obra de arte de larga elaboración y, por ende, mayor precio (no en vano, mayor tiempo de trabajo socialmente necesario).
Luego seguirían muchas otras batallas, intelectuales y directamente políticas…
Conectándonos ya con tu libro La dictadura del videoclip, ¿por qué su título? ¿La dictadura es del videoclip o con el videoclip? ¿No es acaso un régimen de dominación velada o no concientizada y que lejos de repulsa, produce atracción?
Es una dictadura de facto, auditiva y audiovisual, debido a que nos la encontramos en muchos espacios públicos que frecuentamos por otros motivos ajenos a la fruición musical (un supermercado, un centro comercial, un gimnasio, el coche de un conocido, la fiesta de un amigo, etc.). Es una dictadura que se ejerce mediante el control oligopólico de la producción y distribución de la música de masas, junto a la atracción por medio del estímulo de nuestros instintos más básicos (y allí entra lo que llamo la “sexocracia”, dirigida a los jóvenes adolescentes).
¿Pensando en qué lectores lo escribiste? ¿Para los jóvenes –el blanco principal de estos instrumentos de dominación– o para los más viejos, tal vez padres, abuelos, críticos de estos fenómenos, políticos, militantes, revolucionarios, decisores de políticas públicas en el campo cultural…? ¿Acaso para realizadores de audiovisuales?
Para todos ellos, pero sobre todo para los educadores (donde entran –o deberían caber– todos los adultos que has citado).
¿No te preocupó, teniendo en cuenta las preferencias de los jóvenes homo videns –construidas así por las II. CC. HH–, a lo audiovisual y a lo clip, corto, sencillo, free de pensamiento; la extensión y profundidad del libro? ¿Has pensado en alguna forma de transferirlo a estos nuevos códigos o canales de comunicación? Lo digo pensando en fórmulas cercanas a las caricaturas que acompañan los textos de tu libro, por cierto, muy divertidas.
Pues había pensado en algo así para promocionarlo, pero la idea que sugieres me parece genial. Ahora sólo hace falta encontrar al grupo de personas que estarían dispuestas a tal trabajo creativo y de agitación pedagógica-política (risas). En serio, sería una gran idea. Sin embargo, lo cortés no quita lo valiente y es necesario que los jóvenes además de pensar mediante el –muchas veces frenético– lenguaje audiovisual, reflexionen con los tempos y la profundidad que sólo pueden proporcionar los libros.
¿Conocías al caricaturista o lo contrató la editora? ¿Comparte tus ideas sobre el videoclip?
Lo conocía como fan suyo que soy desde hace muchos años. La idea de contactar con Miguel Brieva fue mía y el editor confío en mi criterio. Cuando le pasé algunos capítulos del libro se interesó y se implicó más allá de lo profesional con el trabajo, algo que le agradezco de corazón. De hecho, Miguel Brieva, también es músico y tiene un grupo fuera del mainstream llamado Las buenas noches. No sabría decirte si comparte todas las ideas que expongo en el libro, pero sí la gran mayoría y por eso fue un placer trabajar con él y desde el principio hubo sintonía. Uno de los mayores placeres que me produjo el arduo trabajo de escribir La dictadura del videoclip fue conocer mejor a Miguel y pasar de ser un fan, a un fan que también es amigo.
¿Qué papel juegan los videoclips en la “globanalización” (globalización de lo banal), en la exclusión del “rebaño desconcertado” –el 99% de la humanidad– de los asuntos públicos o políticos?
Para los jóvenes y muy especialmente los adolescentes, un papel clave. Porque desactivan el descontento casi natural de la juventud por el mundo que los rodea mediante temas, como bien dices, banales. Reorientan esa rebeldía consustancial a la juventud hacia cuestiones inofensivas para el capitalismo. Y desactivar a la juventud no es cualquier cosa. La juventud es uno de los pilares de cualquier revolución social, cultural o política (o ambas a la vez).
¿Qué importancia le confieres dentro de la cultura hegemónica que fabrican y reproducen los 365 días del año, el sloganresumido así por Galeano: “Dime cuánto consumes y te diré cuánto vales”?
Aunque entiendo el porqué de Galeano, en el caso de los videoclips lo cambiaría por “Dime qué consumes y te diré quién eres”. Como profesor de secundaria te puedo decir que si analizas lo que los jóvenes consumen en televisión e Internet (y mucho de lo último son videoclips) con el entorno socioeconómico de donde proceden, tendrás un retrato bastante cercano de su carácter. Y cuanto menor es el capital económico y cultural (siguiendo a Bourdieu) de los jóvenes en cuestión, mayor es la influencia de las industrias culturales burguesas en sus vidas. Por ende, nos encontramos ante un escenario altamente desfavorable para cualquiera que se considere socialista. Es un campo muy difícil de sembrar porque ya ha sido previamente sembrado hasta la extenuación, pero con otras semillas.
Pero no para echarse a llorar, ¿no?
Si del llorar emerge una rabia constructiva muy necesaria, bendita sean las lágrimas. Quien no puede llorar no puede amar y quien no puede amar, siguiendo al Che, no puede ser un revolucionario cabal. El caso es que hay que ser realista para saber de dónde partimos y vislumbrar todo el trabajo que nos queda por realizar. Desde la izquierda muchas veces hemos querido construir la casa por el tejado y saltarnos las partes más arduas del trabajo revolucionario como, por ejemplo, el sembrar. La pedagogía revolucionaria es por defecto lenta y costosa. Pero sin ella no puede existir ninguna revolución que no quiera imponerse por la fuerza de las armas. Marx (y Engels) dedicaron lo mejor de su vida a escribir/divulgar El Capital para que los obreros entendieran de una forma científica la razón por la cual el Capitalismo debería ser superado por el Socialismo llegado su momento (un momento que la clase obrera podía “acelerar” dentro de unos límites materiales). Sin razón no hay revolución. Pero esta tarea está totalmente inacabada.
Es más, en estos tiempos de banalización de todo pensamiento profundo (incluso en los partidos de izquierda), pensar y cultivar la mente es totalmente revolucionario e incluso irreverente. Creo que hay que multiplicar los ateneos socialistas en todos los grupos de izquierda y popularizar el marxismo. Lo digo así de claro. La nueva izquierda puso en el tapete temas importantes que a veces estaban relegados en los círculos marxistas, pero supuso el principio del debilitamiento de una contrahegemonía científica por una cultura minoritaria dedicada a cambiar el sujeto revolucionario de la clase obrera por una multitud de sujetos que pertenecían a minorías que por defecto no podían llegar a ser nunca mayoritarias (la comunidad LGTB, los inmigrantes, las mujeres, etc.). Un marxismo inteligente, actual, que empodere a los militantes y no los duerma de aburrimiento por utilizar un lenguaje que no es el suyo, porque fue parido hace casi dos siglos, es urgente. El marxismo está vivo porque el capitalismo sigue vivo y coleando pese a todas sus crisis, el problema es que muchos marxistas que conocen lo que Marx dijo parecen muertos en vida y nadie se quiere acercar a la muerte, por puro instinto de supervivencia. Así el marxismo es en la actualidad una minoría política dentro de una minoría activista (la gente de izquierdas). Por esa razón, mi obra, pese a ser muy sesuda en algunas partes, intentó conectar con un público mayor con las caricaturas de Miguel Brieva y con un tono divulgativo y divertido que no hiciera la lectura más difícil de lo que en algunas ocasiones, no tenía más remedio que ser. Marx decía que “en la ciencia no hay caminos reales, y sólo tendrán esperanzas de acceder a sus cumbres luminosas aquellos que no teman fatigarse al escalar por senderos escarpados”, sin embargo, podemos ponernos unas buenas botas, esforzarnos por ser buena compañía y contar chistes por el camino. Quizás así alguno de los miles de millones de trabajadores explotados, quiera asumir el reto y el esfuerzo de cultivarse en el marxismo para cambiar la realidad más allá del camino sin salida que supone la socialdemocracia.
Continuará…
Notas: