domingo, 5 de febrero de 2017

Rendición de cuentas en Cuba: ¿quién rinde? y ¿qué cuentas?


El proceso de rendición de cuentas en Cuba está generalmente asociado al que realizan los Delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular (AMPP) ante sus electores, pero en nuestro país el proceso de rendición de cuentas abarca mucho más que eso. En el presente artículo se analizan las bases constitucionales y legales de este proceso en Cuba, cómo se ha implementado el mismo y, además, se realizan propuestas para su perfeccionamiento.
Desde el punto de vista conceptual se entiende como “rendición de cuentas” el proceso mediante el cual un individuo u organización tiene la obligación de exponer, explicar o justificar las acciones realizadas en un período de tiempo en el manejo o toma de decisiones sobre una cuestión o cuestiones determinadas que se le confiaron para que administrara o decidiera, ante los sujetos u organizaciones a los que se subordina[1].
El diseño constitucional de la rendición de cuentas
Como se conoce, la Constitución cubana estructura el Estado bajo el principio de la “unidad de poderes”[2] en el que la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP) es el órgano supremo de poder del Estado (Art. 69 Const.)[3]. Este “poder supremo” le viene conferido por el pueblo, que de acuerdo al artículo 3 de la Constitución, es donde reside la soberanía y del que dimana todo el poder del Estado, del que la ANPP es su representante y la que expresa su voluntad soberana (Art. 69 Const.).
Las bases constitucionales de la rendición de cuentas están reguladas en el artículo 68 de la Constitución, que establece los principios de organización y funcionamiento del Estado cubano; en ese sentido, los siguientes incisos regulan la rendición de cuentas:
b) las masas populares controlan la actividad de los órganos estatales, de los diputados, de los delegados y de los funcionarios;
c) los elegidos tienen el deber de rendir cuenta de su actuación y pueden ser revocados de sus cargos en cualquier momento;
e) los órganos estatales inferiores responden ante los superiores y les rinden cuenta de su gestión;
El citado inciso B reafirma el principio de la soberanía popular, ya que todos los órganos del Estado y el gobierno, incluidos los funcionarios (en otras palabras, la burocracia), son “controlados” por el pueblo. La gran pregunta es cómo este principio se manifiesta en la práctica política, como el pueblo “controla” a todos los dirigentes y funcionarios. Desde el punto de vista deontológico queda claro que la voluntad del poder constituyente (aquel que aprobó la Constitución) es que el pueblo tenga el máximo poder.
En el inciso C se establece la obligación de rendir cuentas de los elegidos, pero a diferencia de cómo estaba regulado en ese mismo inciso del artículo 66 de la Constitución antes de la reforma de 1992, no se dice ante QUIÉN deben rendir cuentas. El inciso C, anterior a la reforma constitucional de 1992, decía que rendían cuenta ante sus electores. Antes de la reforma de 1992 solo se elegían directamente por el pueblo los delegados a las AMPP; los diputados de la ANPP y los delegados de las asambleas provinciales eran elegidos por las AMPP. En ese sentido, los delegados de las AMPP siempre han rendido cuenta de su gestión ante los electores y los delegados provinciales y los diputados debían rendir cuenta ante las AMPP que los eligió.
El inciso E ratifica la estructura de subordinación vertical, obligando a todos los órganos de menor jerarquía a rendir cuenta ante su superior.
Basándose en esos principios, el artículo 75 constitucional, que establece las atribuciones de la ANPP, dispone en el inciso Q, que la ANPP conoce, evalúa y adopta las decisiones pertinentes sobre los informes de rendición de cuenta que le presenten el Consejo de Estado, el Consejo de Ministros, el Tribunal Supremo Popular, la Fiscalía General de la República y las Asambleas Provinciales del Poder Popular (APPP).
Mientras que el artículo precedente (art.74), regula que el Consejo de Estado es responsable ante la ANPP y le rinde cuenta de todas sus actividades.
Por otra parte, el artículo 85 establece el deber de los diputados a la ANPP de rendir cuentas del cumplimiento de sus funciones, según lo establecido en la ley, remitiendo a una ley complementaria que regularía el proceso de rendición de cuentas de los diputados.
Siguiendo el principio de la supremacía de la ANPP, el artículo 99 dispone claramente que el Consejo de Ministros (gobierno) es responsable y rinde cuenta, periódicamente, de todas sus actividades ante esta.
A nivel de órganos locales del poder popular, el artículo 105 establece que las APPP conocen y evalúan los informes de rendición de cuenta, de su órgano de Administración (gobierno provincial) y de las AMPP, siguiendo los principios de subordinación vertical y de subordinación de los órganos ejecutivos-administrativos a los órganos electivos.
En ese mismo sentido, el artículo 106 dispone que las AMPP conocen y evalúan los informes de rendición de cuenta, de su órgano de Administración (gobierno municipal) en base al principio expuesto en el párrafo anterior de subordinación de los órganos ejecutivos-administrativos a los órganos electivos.
El artículo 115, regula la rendición de cuentas de los delegados provinciales en el mismo sentido que los diputados, remitiendo a una ley complementaria para su regulación.
El artículo 114 de la Constitución, que establece las obligaciones de los delegados a las AMPP, regula expresamente que estos rinden cuenta ante sus electores (inciso C). Esta es la razón legal por la que se realizan en todo el país a este nivel las reuniones de rendición de cuentas. Es significativo que este sea el único puesto electivo al que se establece constitucionalmente la obligatoriedad de rendir cuenta ante sus electores. En el caso de los otros puestos electivos (delegados provinciales y diputados) se remite a la ley complementaria para definir ante quién, cómo y cuándo estos rendirán cuenta.
Otro aspecto muy importante respecto a la ejecución del control popular de los órganos del Estado es que constitucionalmente se establece que las sesiones de todas las asambleas (nacional, provincial y municipal) son públicas (art. 80 y 107) excepto por razón de interés de Estado o que se traten asuntos referidos al decoro de las personas. A nivel constitucional no se regula nada respecto a la publicidad de las sesiones de otros órganos del Estado y el gobierno.
Los artículos 125 y 130 establecen la obligatoriedad de rendir cuenta de los tribunales y del Fiscal General, remitiendo a la ley complementaria la forma y la periodicidad con se realizará.
Implementación legal del texto constitucional
Como vimos anteriormente, en muchas ocasiones el texto constitucional remite a la ley para regular la forma y la periodicidad con que se debe rendir cuentas.
Comenzando el análisis verticalmente encontramos que en el caso del Consejo de Estado (que representa a la ANPP entre uno y otro período de sesiones), este le rinde cuenta a la ANPP de todas sus actividades y es responsable ante ella, según el artículo 74 de la Constitución.
El Reglamento de la ANPP, de fecha 25 de diciembre de 1996, dedica el artículo 97 a la rendición de cuentas del Consejo de Estado, utilizando una redacción imprecisa ya que dice que rinde cuenta sobre “las actividades generales realizadas en el período que se determine”, a diferencia del artículo 74 constitucional que dice claramente “todas sus actividades”. En este artículo se limita el mandato constitucional a rendir cuenta de todo a solo las actividades generales y no está definido legalmente qué se entiende por “actividades generales”.
Más interesante resulta aún la forma en que el Reglamento establece la forma de control de los Decretos Leyes y los acuerdos del Consejo de Estado, donde el citado artículo 97 del Reglamento de la ANPP establece que “dará cuenta de los decretos-leyes y acuerdos adoptados” a la ANPP. Nótese que se utiliza el verbo “dar” en lugar de “rendir” que es el que se utiliza en la Constitución. No existe ninguna definición legal sobre qué diferencias existen entre “dar cuentas” y “rendir cuentas”, lo que sin dudas, desde el punto de vista del significado de ambas palabras, “dar” implica que el que da está en posición de poder sobre el que recibe y el que “rinde” está por debajo o subordinado respecto al que está rindiendo. Por ello, la Constitución dice expresamente que todos los órganos del Estado y el gobierno le “rinden” cuenta a la ANPP, porque es el órgano supremo de poder del Estado. Esto pudiera parecer una cuestión de mera retórica legal sino fuera por las consecuencias prácticas de estas disposiciones, que se analizarán más adelante, y que debilitan el rol de la ANPP como órgano supremo.
No se encontró ninguna otra disposición legal sobre el procedimiento en que el Consejo de Estado le rinde cuentas a la ANPP, quizás esto debería estar regulado en el Reglamento del Consejo de Estado, que según el artículo 90, inciso P, de la Constitución, tiene la facultad de aprobar, cosa que no ha ocurrido hasta la fecha.
En el caso del Consejo de Ministros, como se mencionó anteriormente, el artículo 99 constitucional establece que el Consejo de Ministros es responsable y rinde cuenta, periódicamente, de todas sus actividades ante la ANPP.
El artículo 98 del Reglamento de la ANPP expresa que el Consejo de Ministros rinde cuenta cuando determine la ANPP mediante información sobre las cuestiones que aquella considere y que dicha información es expuesta por quien designe el Presidente del Consejo de Ministros. Como se puede apreciar, la regulación de la rendición de cuentas del gobierno es poco precisa, ya que deja a decisión de la propia ANPP cuándo el Consejo de Ministros debe rendir cuentas y deja a su interpretación qué se entiende por “periódicamente”, elementos estos que han tenido consecuencias en la práctica política.
En este caso también se cuenta con la disposición normativa complementaria que es el Decreto Ley No. 272 “De la organización y funcionamiento del Consejo de Ministros” de 16 de julio de 2010. Este Decreto Ley transcribe el contenido del artículo 99 constitucional, en su artículo 7[4] y en el artículo 13 inciso G, se establece como una atribución del Consejo de Ministros que este prepara el informe de rendición de cuentas a presentar ante la ANPP. Al ser este Decreto Ley una norma complementaria de la Constitución se esperaba que precisara el procedimiento de la rendición de cuentas del Gobierno[5] ante la ANPP, sin embargo solo repite el indeterminado “periódicamente” que dice la Constitución. Por tales razones, no hay ninguna precisión legal de cómo, cuándo y de qué forma el Consejo de Ministros rinde cuenta ante la ANPP, solamente se acota que la propia ANPP determinará cuándo se hace.
Respecto a la rendición de cuentas de las APPP, de los tribunales y la Fiscalía, están reguladas en los artículos 99 y 100, en el sentido que la ANPP decide cuándo estas deben rendir cuentas.
El artículo 101 del Reglamento de la ANPP regula la rendición de cuentas de otros organismos del Estado, en el que se dispone que la ANPP tiene la facultad de exigir que un organismo del Estado “le rinda informe de su gestión”. Como se aprecia en la redacción de este artículo no se utiliza el concepto de rendición de cuentas, sino el de rendir informe de su gestión, sin ninguna otra precisión legal sobre el significado de este término y en que difiere de la rendición de cuentas. Lo relacionado con esta forma específica de rendición de cuenta de los organismos del Estado no está regulado expresamente en la Constitución, aunque si es perfectamente coherente con el rol de la ANPP como órgano supremo de poder.
Sin dudas, el cambio estructural más importante del sistema político cubano, después de la reforma de 1992, es la creación de la Contraloría General de la República, mediante la Ley No. 107 “De la Contraloría General de la República de Cuba” del 1rode agosto de 2009. En esta ley se crea la Contraloría como “un órgano estatal, estructurado verticalmente en todo el país, que se le subordina jerárquicamente a la ANPP, al igual que al Consejo de Estado”[6], con la misión de “auxiliar a la ANPP y al Consejo de Estado, en la ejecución de la más alta fiscalización sobre los órganos del Estado y del Gobierno.” Como queda claro en estas definiciones, la Contraloría está ubicada jerárquicamente por encima del gobierno y de todo el aparato ejecutivo administrativo y solo se subordina a los órganos de poder más importantes, la ANPP y el Consejo de Estado.
En ese sentido, la Ley No. 107, en su artículo 5, establece claramente la forma en que la Contraloría le rendirá cuentas a la ANPP y al Consejo de Estado. A diferencia de las otras regulaciones en esta materia que eran imprecisas, en este caso sí se regula expresamente que la Contraloría tiene que rendir cuentas a la ANPP o al Consejo de Estado como mínimo una vez en cada legislatura y todas las demás veces que estos órganos determinen, además de establecer la obligación de que anualmente presente al Consejo de Estado un balance de su trabajo en ese período. La regulación de la rendición de cuentas está, además, especificada muy concretamente en el Reglamento de la Ley No. 107 “De la Contraloría General de la República de Cuba” aprobado por el Consejo de Estado el 30 de septiembre de 2010. Por otra parte, la Resolución No. 60 “Normas del Sistema de Control Interno” del 1ro de marzo de 2011, dictada por la Contraloría, establece como parte del sistema de control interno la rendición de cuentas, dentro del componente Información y Comunicación[7].
En el caso de la Contraloría, al ser un órgano estatal que no estaba previsto en la Constitución, quizás desde el punto de vista jurídico-formal, hubiese sido más acertado realizar una reforma de la Constitución para su constitución, pero lo que sí es contrario al espíritu de su creación y a su rol dentro del sistema político, es que se excluyen de su control dos importantes ministerios (Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y Ministerio del Interior), los que continúan aplicando sus normas internas de control y solamente tienen la obligación de informar sus acciones de control, al menos una vez al año, al Contralor General y el Presidente del Consejo de Estado puede disponer cuando considere que la Contraloría realice acciones de control a estas instituciones[8].
Desde el punto de vista de la rendición de cuentas, lo establecido en las disposiciones normativas relacionadas con la Contraloría es mucho más claro y preciso que las que tienen que ver con los otros órganos del Estado y el gobierno.
A continuación se analizará cómo está regulada la rendición de cuentas de las personas que son electas directamente por el pueblo (diputados, delegados provinciales y delegados municipales).
Como se mencionó anteriormente, en el caso de los diputados y de los delegados provinciales la Constitución remite a una ley complementaria para regular cómo estos rinden cuentan. Las disposiciones normativas en este sentido son los Reglamentos de la ANPP[9] y de las AMPP[10].
Tanto para los diputados como para los delegados provinciales, se regula que estos deben rendir cuenta por lo menos una vez en el período para que fueron electos ante la AMPP del territorio que representan, así mismo se faculta a las AMPP para requerir que estos rindan cuentas en otras ocasiones.
En este caso se mantuvo la forma en que los diputados y los delegados provinciales rendían cuenta antes de la reforma de 1992, es decir, rinden cuenta ante la AMPP y no ante quien los elige, que es el pueblo. Como se dijo anteriormente, antes de 1992 las AMPP, eran las que elegían a los diputados y delegados provinciales. Esto guarda relación con la modificación del inciso C, del artículo 68 de la Constitución (antes de la reforma artículo 66) en el que se eliminó que los elegidos tenían el deber de rendir cuenta ante sus electores y se utilizó la fórmula de rendir cuenta de su actuación, sin precisar ante QUIÉN. Sin dudas esto fue un retroceso de los mecanismos de control y participación ciudadana, ya que los elegidos deben rendir cuenta ante quienes los eligen.
Por último, la figura del delegado a las AMPP, más asociada en la conciencia colectiva nacional al que rinde cuentas de su gestión, sí tiene constitucionalmente establecido que debe rendir cuenta ante sus electores y el Reglamento de las AMPP regula este proceso en los artículos 59, 60 y 61. En los mencionados artículos, de una forma acertada, se reglamenta el proceso de rendición de cuentas del delegado, que como mínimo tiene que rendir cuenta dos veces en el año de su gestión personal y está obligado a mantener un vínculo permanente con sus electores. Desde el punto de vista legal, no hay dudas que el proceso de rendición de cuentas mejor regulado es el de los delegados a las AMPP y es el que se ha venido implementando desde la fundación de los órganos del poder popular[11].
La figura del delegado a las AMPP es la más democrática del sistema político cubano, partiendo desde su elección, rendición de cuentas y posibilidad de revocación; sin embargo, su actuar práctico está muy limitado, ya que tiene muy pocas facultades concretas de decisión en temas esenciales para la comunidad, funcionando más bien como un tramitador o intermediario de los reclamos populares ante los órganos de gobierno local.
Notas:
[1] Sobre el concepto de rendición de cuentas puede consultar el artículo “¿Qué es la rendición de cuentas?”, Schedler, Andreas (2004). Cuadernos de transparencia, (IFAI) (3), en https://works.bepress.com/andreas_schedler/6/download/
[2] El principio de la “unidad de poder” estaba expresamente regulado en el artículo 66 de la Constitución antes de la reforma de 1992, junto con el de “centralismo democrático”, posterior a esa reforma ambos principios fueron eliminados, pero como se mantuvo la misma forma de estructuración del Estado, el principio de “unidad de poder” se mantiene aunque no esté reconocido expresamente.
[3] Artículo 69: La Asamblea Nacional del Poder Popular es el órgano supremo del poder del Estado. Representa y expresa la voluntad soberana de todo el pueblo.
[4]Artículo 7.-De la rendición de cuenta.- El Consejo de Ministros es responsable y rinde cuenta, periódicamente, de todas sus actividades ante la Asamblea Nacional del Poder Popular. (Decreto Ley No. 272/2010)
[5] Artículo 95.-El Consejo de Ministros es el máximo órgano ejecutivo y administrativo y constituye el Gobierno de la República (Constitución de la República).
[6] Artículo 1.1 de la Ley No. 107 “De la Contraloría General de la República de Cuba”
[7] Artículo 13, inciso C de la Resolución No. 60 “Normas del Sistema de Control Interno” de 1ro de marzo de 2011, dictada por la Contraloría General de la República.
[8] Disposición Especial Octava, Ley No. 107 “De la Contraloría General de la República de Cuba”

(La Habana, 1977). Licenciado en Derecho, master en Relaciones Internacionales, asesor Jurídico y profesor asistente (adjunto). Autor de numerosos artículos sobre temas de derecho.
Fuente:
https://cubaposible.com/rendicion-cuentas-cuba-quien-rinde-cuentas-i/

Carta del Che a Armando Hart

Ernesto Che Guevara • Cuba

Dar-Es-Salaam

(4/XII/1965)

Mi querido Secretario:

Te felicito por la oportunidad que te han dado de ser Dios; tie­nes 6 días para ello. Antes de que acabes y te sientes a descansar como hizo tu predecesor, quiero exponerte algunas ideíllas sobre la cultura de nuestra vanguardia y de nuestro pueblo en general.

En este largo período de va­caciones le metí la nariz a la fi­losofía, cosa que hace tiempo pensaba hacer. Me encontré con la primera dificultad: en Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pen­sar; ya el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método, es lo más antimarxista, pero, además, suelen ser muy malos, la segunda, y no menos importante, fue mi desconocimiento del lenguaje filo­sófico (he luchado duramente con el maestro Hegel y en el primer round me dio dos caídas). Por ello hice un plan de estudio para mí que, creo, puede ser estudiado y mejorado mucho para constituirla base de una verdadera escuela de pensamiento; ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar. El plan mío es de lecturas, naturalmente, pero puede adaptarse a publicaciones serias de la editora política.

Si le das un vistazo a sus pu­blicaciones podrás ver la pro­fusión de autores soviéticos y franceses que tiene.

Esto se debe a la comodidad en la obtención de traducciones y seguidismo ideológico. Así no se da cultura marxista al pueblo, a lo más, divulgación marxista, lo que es necesario, si la divulgación es buena (no es este el caso), pero insuficiente.

Mi plan es este:

I Clásicos filosóficos.

II Grandes dialécticos y materialistas.

III Filósofos modernos.

IV Clásicos de la Economía y precursores.

V Marx y el pensamiento marxista.

VI Construcción socialista.

VII Heterodoxos y capitalistas.

VIII Polémicas.

Cada serie tiene independencia con respecto a la otra y se podría desarrollar así:

I. Se toman los clásicos conocidos ya traducidos al español, agre­gándole un estudio preliminar serio de un filósofo, marxista si es posible, y un amplio vocabulario explicativo. Simultáneamente, se publica un diccionario de términos filosóficos y alguna histo­ria de la filosofía. Tal vez pudiera ser Dennyk y la de Hegel. La publicación podría seguir cierto orden cronológico selectivo, vale decir, co­menzar por un libro o dos de los más grandes pensadores y desarrollar la serie hasta acabarla en la época moderna, retornando al pasado con otros filósofos menos importantes y au­mentando volúmenes de los más representativos, etc.

II. Aquí se puede seguir el mismo método general, ha­ciendo recopilaciones de algunos antiguos (hace tiempo leí un estudio en que estaban De­mócrito, Heráclito y Leucipo, hecho en la Argentina).

III. Aquí se publicarían los más representativos filósofos modernos, acompañados de estudios serios y minuciosos de gente enten­dida (no tiene que ser cubana) con la correspondiente crítica cuando representen los puntos de vista idealistas.

V. Se está realizando ya, pero sin orden ninguno y faltan obras fun­damentales de Marx. Aquí sería necesario publicar las obras com­pletas de Marx y Engels, Lenin, Stalin [subrayado por Che en el original] y otros grandes marxistas. Nadie ha leído nada de Rosa Luxemburgo, por ejemplo, quien tiene errores en su crítica de Marx (III tomo) pero murió asesinada, y el instinto del imperialis­mo es superior al nuestro en estos aspectos. Faltan también pen­sadores marxistas que luego se salieron del carril, como Kautzky y Hilfering (no se escribe así) [Che hace referencia al marxista austríaco Rudolf Hilferding] que hicieron aportes y muchos mar­xistas contemporáneos, no totalmente escolásticos.

VI. Construcción socialista. Libros que traten de problemas con­cretos, no solo de los actuales gobernantes, sino del pasado, haciendo averiguaciones serias sobre los aportes de filósofos y, sobre todo, economistas o estadistas.

VII. Aquí vendrían los grandes revisionistas (si quieren pueden poner a Jruschov), bien analizados; más profundamente que ninguno, y debía estar tu amigo Trotsky, que existió y escribió, según parece.

Además, grandes teóricos del capitalismo como Marshal, Keynes, Schumpeter, etc. También analizados a fondo con la explicación de los porqué.

VIII. Como su nombre lo indica, este es el más polémico, pero el pensamiento marxista avanzó así. Proudhon escribió Filosofía de la miseria y se sabe que existe por la Miseria de la filosofía. Una edición crítica puede ayudar a comprender la época y el propio desarrollo de Marx, que no estaba completo aún. Están Robertus y Dürhing en esa época y luego los revisionistas y los grandes polémicos del año 20 en la URSS, quizás los más im­portantes para nosotros.

Ahora veo que me faltó uno, por lo que cambio el orden (estoy escribiendo a vuela pluma).

Sería el IV, Clásicos de la economía y precursores, donde estarían desde Adam Smith, los fisiócratas, etc.

Es un trabajo gigantesco, pero Cuba lo merece y creo que lo pu­diera intentar. No te canso más con esta cháchara. Te escribí a ti porque mi conocimiento de los actuales responsables de la orien­tación ideológica es pobre y, tal vez, no fuera prudente hacerlo por otras consideraciones (no sólo la del seguidismo, que también cuenta).

Bueno, ilustre colega (por lo de filósofo), te deseo éxito. Espero que nos veamos en el séptimo día. Un abrazo a los abrazables, inclu­yéndome de parada, a tu cara y belicosa mitad.
Nota: Esta carta fue publicada en Cuba en septiembre de 1997, en la revista Contracorriente, año 3, no. 9. En los momentos que la escribió, su autor se encontraba en África y el destinatario acababa de ser designado Secretario de Organización del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Esta carta está incluida en el tomo 10 de la colección Cuba, una Cultura de liberación. Selección de escritos 1952-2016 del Dr. Armando Hart Dávalos.

Sobre la Propaganda

Fuente: CUBARTE
Categorías: SOCIEDAD, LETRA CON FILO

La propaganda es tan antigua como la necesidad de propagar al público algún interés. La política y la religión son las que más la han utilizado. Posiblemente Alejandro Magno haya sido el primero en aplicarla de manera incipiente y discreta, pero seguramente con conciencia de sus efectos en sus exitosas conquistas. Tito Livio la usaba para buscar más adhesión a Roma, y después registró sus comentarios como extensos textos como historia. La Iglesia Católica la empleó y desarrolló en su forma oral, teatralizada y escrita desde su surgimiento, con mucho éxito para el adoctrinamiento, no solo en sus fieles, sino también en sus sacerdotes durante la Edad Media; resultó trascendental en la Reforma de Lutero, que coincidió con el surgimiento de la imprenta en Occidente y puso en crisis el monopolio católico. Erasmo de Rotterdam acudió a ella para propagar el llamado pensamiento humanista. Fue muy importante en la Revolución Industrial para dar a conocer la ventaja de sus inventos, y decisiva en la construcción de la emergente ideología burguesa en la preparación de la Revolución Francesa. La Ilustración la utilizó, en especial los enciclopedistas, y particularmente Diderot, quien supo inducirla e infiltrarla en sus escritos como aspiraciones de la nueva clase social frente a la decadencia del antiguo régimen monárquico. En plena Revolución Francesa echaron mano a ella todos los políticos con mayor o menor fortuna, y Napoleón, en sus campañas, expediciones, batallas, ocupaciones e intervenciones territoriales, la refinó con argucias y la enmascaró entre otras manifestaciones culturales, en los difíciles y complejos laberintos negociadores del poder.

En los nacientes Estados Unidos la propaganda política y religiosa se perfeccionó, oculta entre otros mensajes; una parte se extendió al comercio, para promover el consumo y las ventas de bienes y servicios, convirtiéndose en publicidad, hoy con otra historia. A pesar de la importancia de la prensa escrita en Europa, fue en esta estrenada nación donde en el siglo xix se afianzó y estilizó la propaganda de los medios escritos. Periódicos y revistas se especializaron en dirigir mensajes con los cuales se influía en la actitud de una comunidad respecto a alguna causa o posición conveniente para autoridades y gobernadores, mediante la presentación de un solo aspecto del argumento y teniendo muy en cuenta la demanda. Entre 1895 y 1898 se desarrolló una intensa competencia entre el New York World de Joseph Pulitzer y el New York Journal de William Randolph Hearst, en la que ambos periódicos emplearon una propaganda agresiva que incluía fotografías dramáticas, sucesos catastróficos, enredos políticos, crímenes, accidentes, adulterios… en primera plana, para intensificar la emoción, llamar la atención al público lector y vender más ejemplares; como en medio de esta “contienda” surgió una caricatura de un niño vestido de amarillo, identificado como The Yellow Kid o El Chico Amarillo, a este tipo de prensa y de propaganda se le conoce como sensacionalista, amarilla o amarillista. 

La utilidad y efectividad de la propaganda gráfica para los gobiernos comenzó a ser muy visible en este contexto de inicios de la modernidad, pues obtenía altos resultados concretos e inmediatos; fue explotada muy bien por el presidente William McKinley para obtener apoyo en el Congreso cuando Estados Unidos intervino en la Guerra de Independencia de los cubanos contra España, la primera demostración del poderío del principiante imperialismo. En la Primera Guerra Mundial se aprovechó para reforzar la oposición antialemana en Estados Unidos, y al igual que en Europa, el mensaje propagandístico en la literatura, el teatro y el cine, se supervisó y vigiló, mientras el gobierno controlaba celosamente la prensa y la radio. En la Guerra Civil Española, campo de experimentación de la política, la ideología y el sector militar, se diversificó el uso de los carteles y canciones, el cine informativo, la oratoria en desfiles y actos, la impresión de octavillas y folletos, la manera de utilizar la prensa escrita, y especialmente, la radio, que tenía el privilegio de la inmediatez y, por el uso de la voz, se hacía accesible a los analfabetos y demandaba menos esfuerzo en la recepción, con la consiguiente agilidad que demandaban los tiempos para el efecto de los mensajes; en las emisoras radiales se producían verdaderas batallas campales entre los bandos republicanos y monárquicos, y podían diseminarse los contenidos políticos más allá de los frentes de guerra ―un verdadero sueño para Napoleón―, por lo que, entre otras razones, se internacionalizó rápidamente el conflicto; la propaganda franquista, una mezcla de retórica militar, santurronería medieval y conservadurismo monárquico, hablaba de una “cruzada” contra la “barbarie roja”. 

La propaganda nazi dirigida por Joseph Goebbels, responsable de la educación popular y de la comunicación hitleriana, estableció ciertas reglas mediante un poder centralizado para avivar odios primitivos; son conocidos sus métodos y técnicas todavía vigentes, basados fundamentalmente en la mentira y su repetición hasta convertirla en verdad; a pesar de su falta de objetividad, obtuvo muchos simpatizantes y seguidores en un pueblo culto, por el cruel refinamiento conseguido; nunca antes la propaganda política tuvo una perfección tan precisa y maquiavélica. La agitación y propaganda en la época del futurismo ruso en la Revolución de Octubre, inaugurado por el poeta Vladimir Mayakovski ―el “Agitprop”, estrategia política de agitación y propaganda que concebía carteles o vallas para actuar sobre las emociones de los individuos―, devino durante el estalinismo burda propaganda política, incluido el llamado “realismo socialista” ―que muchas veces no era realista ni socialista―, y estableció reglas dogmáticas, sectarias y burocráticas, también mediante un poder centralizado y control estatal absoluto de todos los medios de comunicación, y ―como en la maquinaria hitleriana― en las manifestaciones del arte y la literatura.

La propaganda se continuó utilizando en cualquier lugar del mundo; los estadounidenses la usaron durante la Guerra Fría contra los soviéticos y las nuevas autoridades de la URSS también. Estados Unidos comenzó utilizando la propaganda blanca en La Voz de América, como estación oficial, y Radio Free Europe, emisora controlada por la CIA, como propaganda gris; la URSS respondió con Radio Moscow ―blanca― y Freedom ―gris. Resulta curioso que ambas potencias rivales utilizaran de manera similar o enmascarada, y en nombre de la libertad, emisoras que hacían propaganda disimulada bajo una programación amplia y variada de entretenimiento y proyección cultural. Las dos intentaban utilizar mensajes propagandísticos infiltrados en otros culturales, empleando a la cultura, o la aculturación, como plataforma de una estrategia para desacreditar al “otro”; se trataba de una “inversión” a largo plazo, inculcada de manera indirecta; indudablemente Estados Unidos estaba mejor preparado para “vender” el “sueño americano”, pues, entre otras cuestiones, su tradición le daba ventaja.

En la década del 50 en Estados Unidos se desarrolló la televisión como medio de comunicación masiva; la imagen transmitida hasta la casa ofrecía todas las primacías para convertirse en el medio idóneo de propagar el american way of life. La televisión se convirtió en una “fábrica de opiniones” favorables a la sociedad capitalista, nombrada entonces “de beneficio común”. Desde entonces a la fecha no se ha detenido su progreso y eficacia en el aspecto tecnológico ―televisión en colores, alta definición, digitalización, televisión por cable y satélite, en 3D…―, los aparatos receptores ―pantalla LCD, pantalla de plasma, TV LED, Holográfico…― y la “cultura” televisiva trasmitida en su programación con informativos, debates, opiniones, entrevistas… que diseñan la propaganda evidente del canal, así como espacios educativos, infantiles, seriales, telenovelas… para contribuir a reforzar este carácter propagandístico de manera indirecta y sofisticada. Aún hoy los estadounidenses pasan una considerable cantidad de tiempo frente al televisor, líderes universales en el consumo de la “caja tonta” que emite una programación creada, en más del 90%, por 6 poderosas corporaciones que, en última instancia, responden a los patrones culturales y políticos del “sueño americano”. Este modelo se difundió a muchos otros países que han asimilado su naturaleza consumista, e inclusive en los que se han opuesto a ella, pues sus códigos se infiltran a veces hasta imperceptiblemente para los realizadores, que se convierten en promotores gratuitos de la invitación a realizar “el sueño”. 

Por otra parte, la prensa escrita de Occidente comenzó a desarrollar una perspectiva en órganos oficiales o de expresión de partidos políticos o grupos de presión de las oligarquías, que promueven los intereses del gran capital bajo muy diversas coberturas y matices, aunque se especialicen en diferentes tipos de periodismo con temas políticos, económicos, sociales, culturales, deportivos o variados: mayoritariamente subyace una posición que fortalece las bases de la libre empresa, las ventajas de la iniciativa privada, el individualismo y los valores de la sociedad de consumo. En Estados Unidos, actualmente los grupos más conservadores “acusan” a The New York Times de inclinarse hacia la “izquierda”, por manejar con frecuencia asuntos de interés público o políticas menos agresivas hacia el exterior, mientras que liberales y movimientos populares dicen lo contrario de The Wall Street Journal. Sin embargo, en esencia estas posiciones, que pueden inclinarse en un momento u otro hacia lo público o hacia un monopolio, son muy semejantes, aunque tengan diferencias de formas y métodos. Cada vez más los grandes medios tienen menos dueños y están de acuerdo en ganar más y propagar la voz de los más ricos, por lo que al final postulan políticas semejantes; solo a veces entran en contradicción por rivalidades en intereses particulares, pero siempre son intocables. El imperio del magnate australiano Keith Rupert Murdoch, iniciado en 1952, fue el principal accionista de News Corporation, que comprendía emporios mediáticos como The Sun y The Times, así como cadenas de televisión como Fox y Sky; su monopolio enfrentó acusaciones de soborno, corrupción, intervención de teléfonos, etc., mas su poder fue tan grande que ninguna autoridad nunca se atrevió a enfrentarlo.

En los conflictos modernos la propaganda occidental, que predomina en el mundo, se parece mucho. La guerra de Irak fue transmitida por televisión y se empleó la llamada “propaganda oscura”, una técnica cuyo objetivo es crear a priori una apreciación negativa o positiva ―negativa, por ejemplo, contra “Satán” Hussein, y positiva a favor de la invasión para conjurar el peligro de unas “armas de exterminio en masa” que nunca aparecieron― y preparar el hecho que vendrá, adelantándose a él. El cine puede ser financiado para lograr esos mismos objetivos: la Walt Disney/Buena Vista, la Sony Columbia TriStar, la Metro-Goldwyn-Mayer ―MGM―, la Paramount Pictures Entertainment, la Twentieth Century Fox Film Corporation, la Universal y la Warner Bross, que controlan grandes producciones norteamericanas, y, por consiguiente, han decidido un alto por ciento de lo que se ve en cine, a veces están casi unánimemente interesadas en que se vea lo mismo. Por supuesto, no todas las películas de estas productoras son propagandísticas, pero muchas portan una dosis de propaganda directa o indirecta, que puede ser muy sutil u “oscura”, y, por tanto, apenas perceptible. Atentas a los resultados de las encuestas, estas productoras han detectado las necesidades del destinatario para adaptar su producto a esas demandas, entre las que se pueden encontrar lo latente, la insatisfacción o la vacilación, y sobre ellas, se construye el mensaje. 

La propaganda moderna busca, en un grácil ejercicio del discurso persuasivo, lograr la adhesión del otro a los intereses y a la cultura del último modelo sacrosanto capitalista por las vías de la emoción, y teniendo en cuenta las opiniones de grupos a que se destina el mensaje. La forma sigue siendo asimétrica y emocional, pero muy encubierta, pues se han perfeccionado los disfraces y refinado las referencias: la meta es convencer de la importancia de ser rico a toda costa, sin que nadie se dé cuenta de que está siendo objeto inerme de la propaganda. Apenas se recurre hoy a los panfletos políticos o al discurso pedagógico que tiende al dogmatismo. En la actualidad, los mensajes se remiten a documentos que a veces ni existen o no están bien citados; se promueve el miedo para justificar políticas que aseguren a cualquier precio la estabilidad del sistema; se utilizan testimonios convenientes que cantan al consumismo y desvalorizan todo tipo de austeridad; las palabras y conceptos se redefinen para alabar el individualismo y descalificar al colectivismo; se busca la generalización, el estereotipo, la satanización, la omisión de lo inconveniente, la imprecisión intencional, la simplificación exagerada, el eslogan duro, la cabeza de turco y el cambio semántico que contribuya a una confusión favorable para hacer creer que el capitalismo es irremediable y eterno. En la actual propaganda política, jamás enunciada así, se mantienen trampas clásicas: el insulto personal y la difamación del adversario; la explotación de temas conocidos o lugares comunes para desacreditar o aprovechar su contenido; la vieja técnica de la transposición o transferencia del asunto para ponerlo en el bando contrario; el recurso de usar el prestigio o autoridad de alguien, bien en una cita descontextualizada o una referencia amañada; la ubicación demagógica en el lugar de los desposeídos, un populismo para confundir el sentido de justicia con el de caridad. En la reciente campaña de Donald Trump, se hicieron aportes notables, todavía más execrables.

Como el mundo actual ya es audiovisual e interconectado, Internet no se remite al futuro, sino al presente, y la propaganda estadounidense está todavía más diluida e intangible. Solo podrán “verla” quienes se hayan entrenado y estén alertas para identificarla. El “sueño americano” se sigue vendiendo, aunque para algunos sea pesadilla, y muchos ingenuos que todavía no saben leer lo que consumen por las redes, lo compran. La falta de preparación para entender los mensajes resulta común; no me refiero a la falta de habilidades para manejar dispositivos, sino al analfabetismo funcional ante la venta de ilusiones; ya los spams convencen poco, pero sí operaciones complejas para lograr una votación, cambiar mentes, intervenir psiquis y mudar ideologías. Los cubanos, aunque debemos dominar bien nuestras fortalezas, no tenemos que “vender” nuestro imperfecto socialismo para contrarrestar el negocio del “sueño americano”, y estamos en la obligación de identificar nuestras debilidades. Debemos conocer que no vivimos en una sociedad perfecta porque ellas no existen y tenemos problemas comunes a cualquier país que no ha podido lograr niveles de desarrollo en la última modernidad, porque la arquitectura del capitalismo del primer mundo lo impide, a lo cual se suman las condiciones excepcionales de vivir bajo la presión de Estados Unidos, que no es solo bloqueo económico, comercial y financiero, sino bombardeo cultural flagrante, masivo y sistemático. Sería ingenuo creer que podemos ofrecer un “sueño socialista” para competir en el selectivo consumo del mal llamado “sueño americano”. No se pueden usar las mismas respuestas, pero contrarias, para convencer; lo más importante es crear convicciones sobre la base de los ideales. Pero para comenzar, hay que alfabetizarse en los nuevos medios y detectar sus trucos y mañas propagandísticas; sería el primer paso para identificar la vida real.

Leonardo Padura: “El fracaso de la Unión Soviética fue una derrota para la humanidad”

Antía Castedo BBC Mundo, Hay Festival Cartagena@BBCMundo

Derechos de autor de la imagen CORTESÍA DE LEONARDO PADURA
Image caption Leonardo Padura junto a la tumba de Ramón Mercader, asesino de León Trotksy, enterrado en Moscú.



La Revolución bolchevique o Revolución de octubre de 1917, hecho fundacional de la URSS, cumple este año su 100 aniversario. Y para reflexionar sobre este hecho, sus grandes protagonistas y las deformaciones del sueño socialista, BBC Mundo conversó con el escritor cubano Leonardo Padura, invitado a la XII edición del Festival Hay, en Cartagena.
En su libro “El hombre que amaba a los perros”, publicado en 2009 y recibido con entusiasmo tanto por la crítica como por los lectores, Padura se adentró en las causas que hicieron fracasar “la gran utopía del siglo XX”.
La ingente tarea le llevó cinco años, durante los cuales se sumergió en las vidas de Lev Davídovich Bronstein, León Trotsky, fundador del ejército rojo y líder de la revolución bolchevique junto a Vladimir Illich Lenin; y de su asesino Ramón Mercader del Río, un militante comunista español que renunció a su identidad para matar en 1940 en México a quien José Stalin había convertido en el mayor enemigo de la URSS.
Has explicado que, más que sobre el fracaso en sí de la URSS, lo que te propusiste investigar en “El hombre que amaba a los perros” fue la perversión de la utopía soviética. ¿Cuándo se pervirtió esa utopía?
Yo creo que el hombre occidental está persiguiendo una utopía igualitaria desde la Antigüedad, desde que existe lo que pudiéramos llamar los principios de la civilización occidental. Y la Revolución Rusa, en su momento, fue la encarnación de la posibilidad práctica de establecer esa utopía.
Hubo al principio, como en todas las revoluciones, convulsiones sociales, políticas, económicas y unos niveles de violencia que fueron conmovedores. Lo mismo ocurrió en la Revolución Francesa. Este movimiento pudo ser por momentos violento, pero era necesario para cambiar un régimen y establecer otro completamente diferente y revolucionario.
Creo que había un sentido de caminar hacia una sociedad igualitaria donde hubiera un máximo de libertad con un máximo de democracia.

Hombre con foto de StalinDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionCon la lucha por el poder y el ascenso de Stalin da comienzo la perversión de la utopía, según Padura.

Pero cuando ya habían empezado las luchas en el interior del partido bolchevique, cuando ya se establece la Unión Soviética y el partido es prácticamente el único que tiene un papel activo en la vida soviética, ocurre la muerte de Lenin [en 1924].
A partir de ahí, esos enfrentamientos adquieren un carácter mucho más cotidiano. Se produce una lucha que va a terminar con el ascenso al poder absoluto de Stalin. Este es un punto climático en la evolución del proceso revolucionario ruso y el comienzo de esa perversión.
Porque empieza el momento en que se dice una cosa y se hace otra, se teoriza sobre la grandeza de lo que está ocurriendo y a la vez ocurren cosas miserables. Y eso marca toda esa década terrible que fue la década de los 30 del siglo pasado en la que había que estar con unos o con otros, y eso significaba estar contra unos o contra otros. Eso pervierte la idea originaria de la revolución y la posibilidad de establecer realmente esa sociedad de los iguales.
¿Crees que el devenir de la sociedad soviética hubiera sido distinto si Trotsky hubiera vencido la lucha de poder que se dio antes y después de la muerte de Lenin?
Es la pregunta que más veces me han hecho y que más trabajo cuesta responder porque es una especulación histórica. La historia hay que mirarla como lo que ocurrió y no como lo que pudo haber ocurrido.

León TrotskyDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLeón Trotsky fue comisario de guerra y organizó el Ejército Rojo, vencedor de la guerra civil rusa.

Yo tengo la idea de que tal vez con Trotksy los métodos hubieran sido distintos. Pero si ya había comenzado esta lucha de facciones, al final los resultados podían ser bastante parecidos.
Creo que tal vez, y todo esto es una pura especulación -no tengo ningún derecho, creo a veces, a emitir estos juicios-, pero creo que en lugar de 20 millones de muertos Trotksy hubiera llegado a lo mismo con “solamente” un millón.
Pero habría habido igual violencia, marginación yel establecimiento de un poder que ya no tenía que ver esencialmente con el principio revolucionario de este partido que pretendió ser democrático y terminó siendo tiránico.
La evolución de Trotksy hay que entenderla a partir de este momento en que se produce la lucha interna en el partido, la muerte de Lenin, su marginación e incluso, sobre, todo su exilio en México.
Hay que entenderla como la evolución de un pensador que está fuera del poder. Y desde fuera del poder la actitud es completamente distinta a la que se tiene desde el poder. Y por eso, tal vez, se mira a Trotksy con una mayor simpatía histórica, porque su coyuntura histórica fue totalmente diferente.
¿Por qué elegiste la figura de Trotsky para contar ese desmoronamiento moral del proyecto socialista? ¿Te planteaste desde el principio hacer esa investigación de cómo se cayó el sueño o partiste de la figura de Trotksy y eso te llevó a hacer la novela que finalmente escribiste?
Las novelas tienen orígenes bastante raros y después, cuando uno trata de mirarlas en perspectiva, casi que puede explicar esos orígenes, pero en el momento en que está surgiendo la idea es un proceso muy extraño.
Hay líneas del subconsciente que se están moviendo a veces sin uno tener una noción exacta de hacia dónde van.
Yo creo que el origen de todo estuvo en mi ignorancia, la ignorancia forzada que existía para un joven estudiante universitario cubano que quería saber algo de un personaje del cual se decían las peores cosas sobre su papel dentro de la historia y del movimiento revolucionario del siglo XX.

Leonardo Padura
Derechos de autor de la imagen CORTESÍA DE LEONARDO PADURA
Image caption Leonardo Padura fue Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015.

Trotsky era el enemigo por excelencia y cuando quise saber algo sobre él, me di cuenta de que aquí en Cuba era prácticamente imposible obtener información sobre su figura, que fuera al menos balanceada. Por eso cuando fui por primera vez a México quise visitar la casa de Coyoacán [en Ciudad de México] donde lo habían asesinado.
En esa visita sentí una conmoción muy fuerte. Ese lugar me impresionó físicamente y empecé a entender un poco el drama de lo que había ocurrido allí: un hombre que estaba refugiado, autoencarcelado prácticamente, él mismo decía que el sonido de las puertas de hierro que habían hecho instalar en Coyoacán le recordaba el de una celda donde había estado preso antes de la revolución, y cómo hasta allí llegó la mano de Stalin para matarlo, en el momento en que Trotsky tenía menos poder efectivo.
Esto me hizo pensar hasta qué punto Stalin había pervertido las ideas del socialismo y hasta qué punto tenía una personalidad enferma.
Yo creo que el origen de todo estuvo en mi ignorancia, la ignorancia forzada que existía para un joven estudiante universitario cubano”
Y encontré que dramáticamente era un momento muy revelador, muy ilustrativo.
La literatura tiene que tratar de buscar eso. Uno puede escribir de las vidas más comunes y corrientes, pero si te encuentras una vida extraordinaria, en un momento extraordinario, en una situación altamente dramática, mucho mejor.
A esto se sumó después el saber que Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, había vivido en Cuba los últimos cuatro años de su vida, había muerto en La Habana en el año 78 en esa misma época en que yo estaba estudiando en la universidad, y que yo pude haberme encontrado con él y no hubiera sabido quién era.

LeninDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption El cuerpo de Vladimir Lenin está embalsamado y permanece en un mausoleo situado en la Plaza Roja de en Moscú.

Todo esto me impulsó finalmente a escribir la novela con estos dos personajes y a contextualizarla con un personaje cubano que de alguna forma tiene una experiencia generacional y vital similar a la mía [se refiere al personaje ficticio de Iván Cárdenas, un escritor frustrado que en 1977 conoce a un personaje que le cuenta la historia de Mercader y el asesinato].
Y tras toda la investigación que hiciste, ¿cuál es tu percepción sobre la figura histórica de Trotksy?
Te podrás imaginar que yo estuve dos años investigando, leyendo, luego tres años escribiendo sin dejar de leer e investigar, porque es un tema infinito, inagotable.
A la hora de escribir, yo tenía una condición: necesitaba al Trotsky vivo, no al que se mira en la perspectiva de la Historia, sino al cercano a su momento histórico vital. Y por eso trabajé con la biografía de Isaac Deutscher, que empezó a escribir unos años después del asesinato, cuando todavía estaba viva Natalia Sedova [la segunda mujer de Trotsky].

TrotksyDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionTrotksy y su segunda exposa, Natalia Sedova, llegaron a México en 1937. En esta foto, Sedova aparece en segundo plano, detrás del revolucionario, y a su lado, la pintora Frida Kahlo.

Y al final me doy cuenta de que Trotsky también fue un fanático, era un empecinado que tuvo la capacidad de evolucionar en algunas de sus ideas precisamente porque estaba en la oposición.
Yo creo que ese manifiesto a los intelectuales del mundo [Manifiesto por un arte revolucionario independiente, 1938] que él redacta con André Bréton y que firman Bréton y Diego Rivera, en el que él le exige a Bréton que cuando se hable de la libertad del creador sea toda la libertad, hace que su figura tenga una perspectiva histórica mucho más revolucionaria, mucho más evolucionada que la de otros contemporáneos suyos e incluso de gente que vino después. Pienso que este tipo de cosas históricamente lo han salvado y han hecho que todavía hoy tenga seguidores en el mundo.
 Trotsky era un revolucionario profesional, él era un hombre que vivía, desayunaba, almorzaba y comía revolución.
A lo largo de estos años me he encontrado con mucha gente que me ha hablado de Trotsky con simpatía e incluso me ha revelado que era o seguía siendo trotskista.
Pero rara vez me encuentro a alguien que todavía hoy se confiese estalinista. Creo que esa es una victoria histórica importante para la figura de Trotsky.
Sin embargo, era una persona extremadamente ortodoxa en sus planteamientos.
Sí. Él era un revolucionario profesional, él era un hombre que vivía, desayunaba, almorzaba y comía revolución.
De ahí el sacrificio al que somete a toda su familia, el autosacrificio al que él mismo se somete, siempre en función de su proyección como revolucionario y como una figura que se sentía en el centro de la historia.
Los personajes de tu libro parecen haber perdido la capacidad de ser dueños de sus propias vidas. ¿Crees, como afirman muchos liberales, que la libertad y la igualdad son en cierta manera excluyentes?
Yo creo que la libertad debe ser un principio sagrado de los hombres, que toda la lucha y el progreso del hombre ha sido encaminado hacia la obtención de la libertad, en todos los sentidos y manifestaciones. Y es algo que nunca podemos sentir que es vano, la lucha por la libertad.

EspañaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption Ramón Mercader era un comunista catalán que vivió en Barcelona y combatió en el bando republicano contra las tropas franquistas. Fue reclutado por los servicios soviéticos para matar a Trotsky.

Por eso creo que la desaparición de la Unión Soviética y el fracaso político, social y filosófico antes de su desaparición fue una derrota para la humanidad en su eterna aspiración de crear un mundo mejor, y que de alguna manera los acontecimientos que han ocurrido con posterioridad lo demuestran, al igual que lo que estamos viviendo ahora en el mundo, una administración de Estados Unidos que no sabemos adónde va, una Europa que se está tambaleando, una Rusia fuerte, una China que lo devora todo… Y te hablo de las grandes fuerzas, eso se puede llevar a todos los extremos, lo que está ocurriendo en África, en fin…
Creo que de alguna manera hay que refundar una utopía. Cómo, quién, dónde no lo sé, no tengo la capacidad para poder predecirlo, estimarlo, considerarlo. Pero sí creo que el derecho del hombre a ser libre y a vivir en una verdadera democracia en la cual tenga derecho a ejercer su libre albedrío, es importante.
 Creo que de alguna manera hay que refundar una utopía”
Fíjate si esta idea a mí me persigue que después de “El hombre que amaba a los perros” escribí “Herejes”, que es una novela que tiene que ver precisamente con el tema de la libertad, el ejercicio de la libertad y el precio que se paga por ejercerla. Y ahora estoy escribiendo una novela en la que hablo otra vez del tema del hombre y sus circunstancias.
Cómo la circunstancia, cómo la Historia, puede cambiar la vida del hombre, o de un hombre (lo que pasa es que en las novelas lo personificamos con los personajes), cómo puede alterar el destino de una persona y moverlo por caminos inesperados sin tener la opción de escoger libremente.
¿Crees que tanto Trotsky, como Mercader e Iván comparten esa derrota?
Pienso que sí. Cada uno en su estilo, manera de pensar, contexto, propia evolución como individuos. Iván representa una generación cubana, la generación a la que yo pertenezco, que creció dentro del proceso revolucionario y que siempre estuvo a la expectativa de la llegada de un futuro mejor y ese futuro mejor, cuando parecía que se lograba, se volvía a alejar, se volvía a alejar, y siempre estamos persiguiéndolo y no logramos llegar a él definitivamente.

StalinDerechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image caption La sombra de Stalin se cierne sobre las vidas de los protagonistas de “El hombre que amaba a los perros”.

El final de Iván es el final de una ilusión. Es el personaje más dramático porque al fin y al cabo Mercader obedeció [las órdenes de Stalin] porque quiso obedecer, y Trotksy practicó su oficio de revolucionario a tiempo completo porque era su vocación.
Iván no, es una hoja en el viento de la Historia que es arrastrada desde un lado hacia otro y no tiene control sobre sus propias decisiones y eso hace que sea el más derrotado y el más dramático de todos los personajes.
¿Te sientes identificado con características de este personaje?
Yo creo que mucha gente de mi generación en Cuba, no tengo derecho a decir todos, pero creo que mucha gente de mi generación así lo siente.
Hay algo que ha sido mi mayor satisfacción como autor de esta novela, y fue que durante mucho tiempo, muchas personas aquí en Cuba, cubanos que vivían fuera de Cuba, me dijeron que gracias a esa novela habían entendido mejor su propia vida. Es una lectura que a cualquier escritor le provoca una enorme satisfacción. Incluso hay gente que me ha dicho que esta novela le cambió la vida.
No sé si será cierto o no, pero por lo menos creo que les hizo ver algunas cosas de otra manera.
La URSS fue más que Stalin pero estuvo muy marcada por su figura. ¿Hay algo salvable en esa utopía?
Las revelaciones de los últimos años son tan terribles…
Para empezar creo que no hubiera podido escribir esta novela antes, sino hasta que se desvelaron toda una serie de verdades que no conocíamos sobre la Unión Soviética.

URSSDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionLa URSS se disolvió el 26 de diciembre de 1991.

Hasta que se abrieron los archivos de Moscú, había un desconocimiento general, por ejemplo de lo que había ocurrido con la presencia soviética en España durante la Guerra Civil.
Cuando lees “El fin del Homo Soviéticus” de la Premio Nobel ucraniana Svetlana Alexievich, te das cuenta de que para muchas personas fue un momento glorioso de la Historia y así lo siguieron sintiendo incluso una vez que desapareció la URSS, y que para otros fue realmente un infierno en vida.
Y la cantidad de seres humanos que fueron sacrificados en la URSS por ese proyecto utópico, creo que fue algo que la condenó realmente, como proyecto, como país, como sociedad.
¿Qué impacto tuvo el estalinismo en Cuba?
El sistema soviético que se exporta y adopta en el mundo es un sistema esencialmente estalinista en la economía, en la política, en la forma de manejar la sociedad. No había otro modelo en aquella época para establecer un socialismo real.
Surgieron y se ensayaron otras posibilidades que fracasaron muy rápidamente, no tuvieron la solidez ni la capacidad para establecerse. Pienso por ejemplo en el proyecto de Salvador Allende en Chile, un tipo de socialismo que llegaba por vía democrática, u otras experiencias posteriores.
Pero en lo que se llamó el socialismo real, el modelo económico era profundamente estalinista, toda la estatalización de la economía, así como el sistema de partido único, la forma de hacer la política interior y exterior, tenía que ver con este modelo que Stalin estableció en la Unión Soviética.

CubaDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image caption“El hombre que amaba a los perros” se recibió el Premio de la Crítica Literaria en Cuba y Leonardo Padura ganó el Premio Nacional de Literatura.

Por suerte, en Cuba nunca se llegó a los extremos que ocurrieron en la URSS.
Por ejemplo, aquí en Cuba en los años 70 del siglo pasado hubo lo que se llamó el “Quinquenio gris” o el “Decenio negro” de la cultura cubana, una época en que fueron marginados muchos intelectuales y artistas por creencias religiosas, tendencias sexuales, actitudes políticas, y fue una época muy dura. Pero esta gente no fue al gulag ni fueron fusilados, como sí pasó en la URSS.
En Cuba fueron apartados, lo cual es terrible. Que escritores como Virgilio Piñera o José Lezama Lima hayan muerto en ese ostracismo, creyendo que nunca sus nombres nunca iban a ser rehabilitados, que nunca iban a ser publicados, como de hecho no lo fueron hasta varios años después de su muerte…
Después de la desaparición de la URSS, Cuba mantiene un sistema socialista en el que todavía, por ejemplo, en el terreno económico hay una preponderancia de la economía estatal pero la forma de relacionarse de las personas, la forma de vivir, no sé si por una cuestión cultura, climática, política, social… Afortunadamente es diferente y hay espacios posibles.
Y creo que lo que demuestra el hecho de que mientras Vasily Grossman no pudo publicar “Vida y destino” en la URSS, y ese libro se salvó milagrosamente porque existía una segunda copia en papel cartón que la KGB no encontró (y hablo de la URSS de Nikita Kruschev, no de Stalin), yo acá en Cuba escribí y publiqué “El hombre que amaba a los perros”.
 En Cuba hay espacios posibles”
Puede que haya personas a las que no les haya gustado, creo cada cual tiene derecho de que le guste o no determinada forma de pensar, pero fue posible escribirla, publicarla, presentarla en público, que ganara el Premio de la Crítica Literaria de su año y que después yo ganara el Premio Nacional de Literatura. Esto en sí mismo demuestra que la forma de los sistemas fue diferente.
¿Te encuentras más cómodo en tu papel de escritor en Cuba? ¿Ha habido una progresión en términos de libertades en los últimos tiempos?
Nunca tenemos toda la libertad que deseamos ni toda la libertad que deberíamos tener.
Hay incluso sociedades que se ufanan mucho de tener grandes espacios de libertad y al final uno entiende que hay límites para esa libertad que pueden venir de cualquier parte, de la economía, de la política, de la religión, de la cultura o de la Historia.

PaduraDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl escritor dedicó cinco años de su vida a investigar y escribir la novela.

En el caso cubano, creo que no se debate en Cuba lo suficiente, no hay esos espacios que yo siento que debería haber, y todavía hay mucho que avanzar.
Todavía ocurren casos de censura lamentablemente, de películas, de libros que no se publican, de obras de teatro que se suspenden… Esto tiene que ver con un pensamiento burocrático acendrado, con el miedo de los burócratas al pensamiento y a la libertad.
Pero pienso que sobre todo los creadores han asumido esa necesidad de un ejercicio libre de su trabajo de una manera muy consecuente y la mayor parte de la creación artística que se hace en Cuba tiene ese carácter interrogador de la realidad.
Algunos estudios de opinión en Rusia arrojan que los ciudadanos relacionan la idea de gran nación que promueve su presidente, Vladimir Putin, con la “gran Unión Soviética” de Stalin. Y se identifica su figura con esa grandeza que remite a los tiempos de Stalin. Incluso en algunos sectores de Europa y de América Latina hay cierta admiración por la Rusia actual y Putin. ¿Qué te parece?
Es un tema muy complicado y difícil de explicar y entender.
Putin es una figura bastante compleja, por decirlo de la manera más suave y elegante.

Seguidor de StalinDerechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionPutin “probablemente haya rescatado parte del orgullo perdido” de los rusos, cree el escritor cubano.

Rusia siempre ha tenido esa voluntad imperial de ser una gran potencia y, en efecto, en la época la URSS decidía la suerte política del mundo. Creo que Putin ha manipulado muy bien o con mucha eficacia ese sentimiento y ha restablecido el orgullo perdido.
Sin embargo, algunos de sus métodos no son para nada recomendables ni admirables, pero es lo que hay, en un mundo en el que han ocurrido todas estas revelaciones de lo que sucedió en Estados Unidos y la posibilidad de que un espionaje ruso que haya influido en las elecciones y a la vez que un hombre como Trump al parecer vaya a establecer una relaciones menos intensas con Rusia… Uno se descoloca por completo y empieza a dudar de todo lo que cree y de todo lo que sabe.
Estamos viviendo una época muy caótica.
Las crisis económicas de los últimos años, los problemas de la inmigración, los problemas del terrorismo han colocado al mundo en una situación muy difícil.
Y yo creo que lo de Putin tiene que ver con esa nostalgia que explica muy bien Svetlana Alexievich por un mundo donde las cosas se presentaban -no es que fueran, pero al menos se presentaban- en blanco y negro y era más fácil saber dónde uno se ubicaba.
Pero ahora hay una confusión ideológica y política que, realmente, cuesta mucho trabajo entender dónde estamos y hacia dónde vamos.

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad colombiana entre el 26 y el 29 de enero de 2017.