martes, 5 de abril de 2016

Precisando hechos y datos. Acerca de los comentarios de Amuchástegui









Desde el mismo comienzo, Domingo Amuchástegui me reprocha no abordar determinados asuntos o no profundizar ni extenderme más en temas que él considera indispensable tratar. Entre otras cosas señala, por ejemplo, que al hacer referencia a lo ocurrido en los años 60 y hacer mención a determinados momentos de la política agraria, omitimos el análisis y salimos de ello “con la frase fácil de ‘independiente de la explicación y justificación’ de la misma y que al aludir a ‘concepciones equivocadas’ de esos años lo hacemos ‘sin abordar todas las circunstancias en que ocurrieron y quienes fueron sus gestores y responsables’”. Sin embargo, en el encabezamiento de sus comentarios expresa que “Con gran interés y cuidado [el énfasis es mío] he leído el análisis de Humberto Pérez...”.

Si lo realizó con el cuidado con que dice haberlo hecho no creo que le sea difícil entender que mi artículo tiene un tema y objetivo central que es la narración testimonial y el intento de lograr una valoración objetiva, sin prejuicios, integral y justa, del Primer Congreso del Partido y de lo ocurrido a su alrededor en la etapa preparatoria entre los años 70 y 75 y en la posterior de implementación de sus acuerdos hasta 1985. Para ello, lógicamente aludo a determinados antecedentes y a los períodos siguientes hasta nuestros días, pero de una manera somera y sintética.


No podía pretender en el espacio de un artículo (no de un libro) de apenas 35 cuartillas ser exhaustivo en el análisis de todo el proceso revolucionario desde sus inicios hasta nuestros días, texto que ya resultaba demasiado largo para las publicaciones habituales en la prensa digital y solo la comprensión y benevolencia de la dirección de la revista Temas me autorizó la extensión que al final tuvo.


Cuando afirmo que “independiente de la explicación y justificación en su origen que tiene esta forma de organización y dirección de la propiedad económica […] lo indudable es que no fue un resultado de los años 70 ni de la afiliación al CAME”, no me refiero a la política y esfera agraria en particular, sino a la existencia de una economía socialista estatista, altamente centralizada y manejada de manera vertical tanto en la esfera agraria, como en la industrial, la comercial, etc., que venía desde los inicios al comenzar a organizarse y a gestionarse las propiedades que se fueron confiscando y nacionalizando desde el mismo 1959, lo cual para mí tiene una explicación y una justificación en sus orígenes, la cual señalo en el artículo. Cuando hablo de sus “virtudes y pecados” es porque creo que ese tipo de organización económica de la propiedad tiene aspectos positivos y negativos.


Por otro lado, no consideré adecuado asumir la posición de un auditor o inspector de contraloría, y menos la de un fiscal, para decir quiénes fueron los gestores y responsables de las “concepciones equivocadas” aplicadas en los finales de los años 60 a las que hago referencia. Tampoco lo hizo el compañero Fidel en su Informe al Primer Congreso cuando enumeró con bastante detalle esas concepciones equivocadas e hizo valientemente una autocrítica a nombre de toda la Dirección del país.


En cuanto a los comentarios más detallados de Amuchástegui, me concentraré principalmente en los temas relacionados con el período 1971-1985, sobre todo a partir de 1976, en los que estimo puede estar presente una mala o insuficiente información y, en general, en los que considero de suficiente importancia como para que deban ser conocidos por las actuales y nuevas generaciones y que los conozcan tal y como ocurrieron, y no deformados ni tergiversados, cualquiera que pueda ser la causa de ello.



1. Sobre el sectarismo y la microfracción


Dice Amuchástegui que sobre estos términos hay mucho más que explicar y que minimizamos o anulamos “un gravísimo proceso” ocurrido cuando “el grueso de la membresía vieja y nueva del Partido Socialista Popular [el énfasis es mío] bajo el liderazgo de Aníbal Escalante”, y en 1962 “en estrecha complicidad y aliento por parte del embajador soviético Serguei Kudriatzev, casi completaron un proceso de ‘todo el poder para los soviets’ a la cubana, es decir para el PSP...”. Me parece un tanto exagerada y prejuiciada la inculpación que hace al “grueso de la membresía vieja y nueva del PSP” como integrante de un gran complot que pasó a “controlar casi todos los órganos claves del poder incluyendo la Seguridad, las FAR, las jefaturas de las provincias, donde los excesos de poder y abusos abundaron, donde los combatientes del Ejército Rebelde, del M-26-7 y del DR-13 de Marzo fueron discriminados, destituidos, estigmatizados rodeados de una tremenda atmósfera de desconfianza política y hostigamientos”.


Según mis recuerdos e información, el período del llamado sectarismo fue breve (desde inicios de 1961 hasta marzo de 1962) y aunque ciertamente hizo daño en los lugares donde pudo actuar y lastimó a numerosos compañeros, fue combatido y eliminado a tiempo sin que llegara a consolidarse ni a tener fuerza suficiente. Por otro lado, no estuvo presente de igual manera en todas las provincias ni en todas las instituciones y esferas de actividad. Por ejemplo, en la provincia de Las Villas lo acontecido no se corresponde con las manifestaciones narradas por Amuchástegui.


Ya desde inicios de 1960 se comenzaron a producir en la antigua provincia de Las Villas reuniones de coordinación entre las tres organizaciones revolucionarias, como embrión de lo que desembocaría poco después en las ORI. Esas reuniones se convocaban semanalmente en las oficinas del gobernador provincial, que en aquellos momentos era el comandante Carlos Iglesias (Nicaragua). Participaban, además, el Comandante Jefe del Regimiento Leoncio Vidal (primero fue el comandante Orlando Rodríguez Puerta y después el comandante Papito Serguera, ambos procedentes de la Sierra Maestra y del 26 de Julio); el coordinador provincial del M-26-7 (primero Raúl Curbelo y después, cuando este pasó a Ministro de Comunicaciones, el entonces Tte. Pedro Labrador); Arnaldo Milián como Secretario del PSP; un dirigente de primer nivel de la CTC provincial y el subdelegado provincial del Ministerio del Trabajo procedente del M-26-7. Asistía también a esas reuniones un compañero por el Directorio cuyo nombre no recuerdo. Las decisiones se discutían y se tomaban colectivamente.


En aquellos momentos, el jefe de los órganos de seguridad en Las Villas era Aníbal Velaz, procedente del M-26-7 en Cienfuegos, y como jefe para la organización de las Milicias Nacionales Revolucionarias (MNR) se designó al entonces Comandante y hoy General (R) Armando Choy procedente del Ejército Rebelde y del Movimiento 26 de Julio.


Por la provincia de Las Villas para el primer curso de la Nico López fueron seleccionados ocho compañeros: cinco del M-26-7, dos del PSP y uno del Directorio. La mayoría de los aproximadamente cincuenta alumnos de ese primer curso procedían del M-26-7. Al finalizar, en junio de 1961, fueron seleccionados cinco para continuar estudios superiores en la Unión Soviética: tres del M-26-7, uno del PSP y uno del Directorio.


En ningún momento se pusieron de manifiesto elementos o síntomas de complot por parte del PSP, a pesar de que Aníbal Escalante era el que oficiaba en ese período como secretario organizador de las incipientes ORI.


Cuando el 8 de marzo de 1962 se crea formalmente la Dirección Nacional de las ORI bajo la jefatura de Fidel y Raúl, entre sus 25 integrantes hay 14 del M-26-7, 10 del antiguo PSP entre los cuales estaba aún Aníbal Escalante, y uno del DR-13 de Marzo. Tan solo dieciocho días después, el 26 de marzo, se produce la crítica de Fidel al sectarismo personificado por Aníbal Escalante. Este es el único separado de la Dirección Nacional y se reestructura dicha Dirección.


Un hecho significativo es que César Escalante, hermano de Aníbal, se mantuvo como miembro de la Dirección Nacional, y hasta su muerte, en abril de 1965, fue el Director de la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR) del Partido.


Además, en la mencionada reestructuración de la Dirección de la ORI, Blas Roca es designado miembro de su Secretariado, Lázaro Peña uno de los tres miembros de su Comisión Sindical y otro exdirigente del PSP, Manuel Luzardo, uno de los tres miembros de su Comisión de Organización, dirigida por Osvaldo Dorticós y Emilio Aragonés, procedentes del 26 de Julio.


Las organizaciones de base de las ORI fueron disueltas y la única institución nacional —en la que permanecieron juntos e integrados, estudiando y trabajando, compañeros procedentes del M-26-7, del PSP y del DR-13 de Marzo, a los que se sumaba otro gran grupo que no procedía de ninguna organización en particular— fue la de las EIR (Escuelas de Instrucción Revolucionaria) dirigidas por Lionel Soto, un exdirigente del PSP.


De las EIR nacionales y provinciales salieron en ese mismo año 1962, seleccionados y orientados directamente por Fidel, los grupos de alumnos y profesores encargados de la construcción del PURSC siguiendo una línea de masas a través de las denominadas Asambleas de Ejemplares, como cantera de la nueva militancia.


Cuando en octubre de 1965, ya terminado de construir el PURSC y pasar a denominarse Partido Comunista, se constituye su Primer Comité Central este es integrado por cien miembros, de los cuales 72 proceden del Ejército Rebelde y del M-26-7, 24 del PSP y cuatro del DR-13 de Marzo y en su Secretariado y comisiones adjuntas aparecen varias de las principales figuras del anterior PSP.


Todo lo anterior habla de que en el problema del sectarismo no estaba incluido el resto de los altos dirigentes del PSP ni tampoco “el grueso de su militancia vieja y nueva” como plantea Amuchástegui.


En agosto de 1975, en el acto de conmemoración del 50 Aniversario de la fundación del primer Partido Comunista de Cuba clausurado por Fidel este expresó: “Ese partido, a lo largo de sus años de lucha, dejó en el camino incontables mártires: en la época machadista, en la época batistiana, en la época de los gobiernos corrompidos de Grau y de Prío, y en la etapa final de la sangrienta tiranía de Batista […] Este fue el partido que tuvo que enfrentarse a las difíciles condiciones que en nuestro país siguieron al estallido de la guerra fría de las campañas anticomunistas”. Más adelante manifestó Fidel que después del Primero de Enero de 1959 quedaba todavía una gran batalla por librar “frente al imperialismo yanqui empeñado en destruir la Revolución cubana. Pero otra batalla no menos difícil había que librar todavía: la batalla contra los prejuicios, la batalla contra el anticomunismo sembrado durante tantos años por todos los medios posibles”. Y al referirse al compañero Blas Roca expresó con énfasis que se trataba de “un hombre que, a nuestro juicio, es uno de los hombres más nobles, más humanos y más generosos que hemos conocido jamás. ¡Recordaremos siempre con emoción el día en que, un tiempo después del triunfo de la Revolución y luego de un proceso de unificación de las fuerzas revolucionarias, Blas Roca depositó en nuestras manos las banderas gloriosas del primer Partido Comunista de Cuba!”.


No resultarían comprensibles estas palabras de Fidel si Amuchástegui tuviese toda la razón en lo que expresa al respecto en sus comentarios a mi artículo.



2. Sobre las relaciones con la URSS


Amuchástegui hace también énfasis en lo relacionado con las discrepancias que indudablemente existieron en distintos momentos entre la URSS y la dirección de nuestra Revolución, desde el apoyo de determinado personal de su embajada y de las de otros países socialistas al sectarismo encabezado por Aníbal Escalante en 1962 y renovado como microfracción por un grupúsculo ya sin poder alguno en 1967-68, pasando por lo ocurrido cuando la Crisis de Octubre a finales de 1962, las discrepancias en años inmediatos siguientes sobre las vías para hacer la revolución en América Latina y las posteriores en relación con las luchas en Angola, Etiopía y Yemen y con su intervención en Afganistán, y otras que se produjeron ya en los años 80. Son innegables las varias chapucerías en que incurrió la dirigencia soviética con respecto a Cuba y que llevaron, en ciertos momentos, a un determinado enfriamiento de las relaciones.


No obstante, considero injustas y sin base suficiente en los hechos sus imputaciones de “acciones unilaterales de parte de la URSS contra nuestro país con la suspensión de cualquier cantidad de financiamientos de proyectos y suministros previamente comprometidos que llegaron incluso a dañar seriamente no solo los planes económicos, sino incluso la capacidad defensiva de Cuba en esos momentos drásticos con recortes en suministros energéticos, piezas de repuestos, equipamientos y otros. En la memoria de no pocos están los primeros apagones que en número creciente se producían en 1968”. La acusa también de haber influido con sus demoras en suministros y limitaciones tecnológicas en el fracaso de la Zafra de los diez millones. En otro lugar, Amuchástegui afirma que “las contadas industrias y maquinaria industrial que ofrecían Europa Oriental y la URSS eran ¨cacharros¨ […] en su abrumadora mayoría […] al igual que sus medios de transporte”. Más adelante expresa que los soviéticos solo en la década de los 70 y comienzos de los 80 “por primera vez nos aseguraron un tratamiento privilegiado por algunos años […] a cambio de dejarnos como simple exportador de azúcar, cítricos y níquel (sin entregar su añadido de cobalto que durante muchos años los soviéticos procesaron para su total beneficio)”. En otro momento plantea que los créditos, financiamientos y proyectos comenzarían a disminuir rápidamente para fines de la década de los 70, que esa situación empeoró al entrar en la década de los 80 y que sobre ello “venían influyendo diferencias y conflictos con los soviéticos”. Añade en sus imputaciones a los soviéticos la consideración de que “los frecuentes viajes a La Habana del dirigente soviético Nikolai Baibakov, gran señor del GOSPLAN, nos recordaba a todos que la relación con la URSS era mucho más que una simple copia: tendía a construir una relación de dependencia y vulnerabilidad que se haría dramáticamente visible desde antes del derrumbe simbólico del Muro de Berlín y el colapso de la URSS”.


Frente a estas imputaciones, veamos los hechos como realmente ocurrieron y sobre los que en algunos casos puedo testimoniar por haber sido partícipe y en parte protagonista de los mismos.


El primer convenio comercial con la URSS se firmó en febrero de 1960 y aseguraba la compra de un millón de toneladas anuales de azúcar hasta 1964 a un precio fijo de 4 centavos la libra —cuando el precio en el mercado mundial estaba alrededor de los 2,5 centavos— y además se nos concedía un crédito de cien millones de dólares a un interés de 2,5% para la compra de suministros de diverso tipo durante los próximos cuatro años, todo lo cual ya era un tratamiento privilegiado. En diciembre de ese año se da a conocer que cien nuevas fábricas serán instaladas en Cuba como parte de la ayuda de la URSS mediante un convenio firmado por Kruschev y el Che.


En enero de 1964, durante una segunda visita de Fidel a la URSS, se firmó un convenio a largo plazo por el cual la URSS compraría a Cuba 24 millones de toneladas de azúcar en los siguientes cinco años, comenzando por 2,1 millones en 1965 hasta llegar a 5 millones de toneladas anuales en los últimos tres años (1968-1970). Esta azúcar la pagarían a un precio fijo de 6 centavos la libra (unos 135 dólares la tonelada) y a cambio la URSS aseguraba el suministro a Cuba de productos de todo tipo para su subsistencia y desarrollo económico. Este acuerdo confirmaba un tratamiento con un determinado grado de privilegio para Cuba, lo que, según Amuchástegui, solo ocurrió por primera vez en la década de los 70 y comienzos de los 80.


Fidel, al explicar este convenio ante la TV el 24 de enero de 1964, planteó textualmente lo siguiente:



El caso del convenio azucarero es un buen ejemplo de las perspectivas que brinda a la humanidad una política de división internacional del trabajo y una política de libre comercio entre todos los países […] por una serie de razones naturales, de razones técnicas, de razones históricas, algunos países se han especializado en un tipo de producción y otros se han especializado en otro […] Nuestro país se fue especializando por sus condiciones naturales adecuadas en la producción de azúcar […] La Unión Soviética puede producir azúcar de remolacha toda la que quiera […] Sin embargo, para ellos no es una cuestión vital producir o no producir azúcar, pero para nosotros sí es una cuestión vital […] la Unión Soviética entonces le restó impulso a su programa de desarrollo de la producción azucarera para abastecerse de nuestra azúcar […] este convenio casi cierra toda una etapa de la vida económica de la Revolución y crea las bases para un desarrollo —se puede decir ideal— de nuestra economía.

No fue solo idea y mucho menos imposición de los soviéticos darnos un trato privilegiado y “a cambio dejarnos como un simple exportador de azúcar, níquel y cítricos”, como dice Amuchástegui, sino una idea nuestra, planteada por Fidel, considero que correctamente en aquellas condiciones, a partir de nuestras circunstancias naturales, tecnológicas e históricas, de la situación concreta que se enfrentaba y cuando nadie podía suponer lo que ocurriría con el campo socialista y la URSS veinticinco años después.



Justo después de haber transcurrido un período de discrepancias sobre las vías para hacer la Revolución y asociadas a la microfracción en los años 1967 y 1968, de supuestamente haberse producido los incumplimientos en suministros que, según Amuchástegui, influyeron en el fracaso de la Zafra de los diez millones y en la aparición de los apagones en 1968, y años antes de nuestro ingreso en el CAME, Fidel expresaba, en su discurso del 2 de enero de 1969, refiriéndose a los vínculos con la URSS: “Hay que decir también que a nosotros en ocasiones nos faltaban los productos: las zafras pobres y no podíamos hacer las entregas pertinentes en relación con las importaciones y en muchas ocasiones fueron menos de las cantidades que debíamos haber entregado. Sin embargo esto no afectó las importaciones a Cuba”.


Debe aclararse, según informaciones de compañeros que dirigían la industria azucarera en aquel entonces, que el apoyo de los países socialistas y sobre todo el soviético para la ampliación de los centrales azucareros con vistas a la zafra del 70 fue muy grande en proyectistas, turbogeneradores, calderas, acero, tuberías de acero y de cobre, carriles para vías férreas, coronas para los molinos, motores eléctricos, válvulas y otros materiales, así como una ayuda especial para la automatización con el nivel que ellos tenían en este aspecto, aunque algunos complementos hubo que buscarlos en países capitalistas. Una parte importante de las centrífugas y varios generadores eléctricos vinieron de la RDA, y las de última generación se importaron del área capitalista; los 500 vagones tolva ferroviarios para el azúcar a granel se fabricaron en Rumania, etc.


No es justo imputarle a los soviéticos culpas en el fracaso de los Diez millones. En 1965-1970, de haberse cumplido el compromiso de exportación de azúcar a la URSS, se hubiesen obtenido más de 3 200 millones de dólares de ingreso; sin embargo, el total de exportaciones de Cuba a la Unión Soviética en esos seis años, incluyendo todos los demás productos, solo representaron unos 1 800 millones de dólares, mientras las importaciones ascendieron a más de 3 500 millones, para un saldo desfavorable de casi 1 800 millones. (Reconstrucción y análisis de las series estadísticas 1960-1975 realizado por el INIE y editado en 1977).


En cuanto a que las industrias, maquinarias y medios de transporte no eran en su mayoría de tecnologías de punta, comparadas con las más avanzadas en ese momento en el mercado mundial, y que eran altas consumidoras de energía es totalmente cierto. Pero, de ello a decir que eran “cacharros” va una gran distancia. No se pueden calificar de “cacharros”, por ejemplo, la Planta Mecánica de Santa Clara, ni la de Estructuras Metálicas de Las Tunas, ni el Combinado Mecánico de Moa. Tampoco la Fábrica de Cemento de Cienfuegos (de la RDA) ni la de Santiago de Cuba (de Rumania). No lo eran las Plantas Eléctricas de Mariel, Habana del Este y Renté en Santiago de Cuba (soviéticas), ni las de Nuevitas y Felton (checoslovacas). No lo eran la Poligráfica de Guantánamo ni el Combinado de Cítricos de Jagüey, procedentes de la RDA. No lo era la Planta de Fertilizantes de Nuevitas, ni la Base de Supertanqueros de Matanzas, ni la terminación de Moa Níquel. Dentro de los medios de transporte no eran “cacharros” las KTP-3, ni los Kamaz, ni los jeeps Waz-69, ni los autos Lada —muchos aún funcionan a más de treinta años de su llegada al país—, ni lo eran los ómnibus urbanos Ikarus procedentes de Hungría, etc.


Además se trataba de productos fuertes, de alta calidad constructiva y larga duración y, lo que resultaba determinante: suministrados con créditos blandos a largo plazo, a bajos intereses y a pagar con exportaciones cubanas vendidas a precios muy superiores a los del mercado mundial.


Incluso, cuando para las plantas suministradas era necesario comprar equipos complementarios del área capitalista por no producirse en los socialistas o no tener estos la calidad pertinente, los soviéticos los importaban en MLC y el monto correspondiente lo incluían en la deuda a pagarle en las condiciones y plazos acordados para con ellos. Esto ocurrió, por ejemplo, en el caso de la Planta de Fertilizantes de Nuevitas, en Moa Níquel, en la Base de Supertanqueros de Matanzas y en otras más.


En los años 1971 y 1972 continuaron ocurriendo desbalances comerciales y financieros. En su discurso del 26 de julio de 1972, Fidel criticó “traer el manido argumento, el ridículo argumento de Cuba satélite de la Unión Soviética […] cuando los soviéticos han ayudado a Cuba, cuando nos han mandado las armas gratuitamente —como todas las armas que han mandado a Cuba— y cuando nos han dado créditos para el desarrollo industrial […] aun cuando nosotros hemos tenido duras sequías o dificultades que nos impidieron enviar el equivalente en productos cubanos”.


¿Cómo actuaron los soviéticos ante los incumplimientos de Cuba y ante los problemas que presentaba la situación económica de nuestro país a comienzos de los años 70? Firmaron en diciembre de 1972 con nuestro país, representado por Fidel en una nueva visita a la URSS, cinco convenios económicos. Por el primero refinanciaban y postergaban la deuda acumulada hasta el 1 de enero de 1973 para ser pagada sin intereses trece años después, a partir de 1986 y en un plazo de veinticinco años. Por el segundo concedían nuevos créditos a Cuba para cubrir los desbalances comerciales que se produjeran en los tres años inmediatos siguientes (1973-1975), sin tasa de interés y pagables en los mismos términos. El tercer convenio contenía los listados de mercancías a intercambiar en esos próximos tres años. El cuarto convenio concedía un crédito a Cuba de hasta 300 millones de rublos para financiar una lista tentativa inicial de veintisiete proyectos de desarrollo, a ser amortizado en veinticinco años a partir de 1976. El quinto convenio establecía un precio para el azúcar (de 1973 a 1980) de 200 rublos por tonelada (11 centavos la libra; en el mercado mundial estaba en unos 7 centavos) y un precio para el níquel más cobalto de unos 5 000 dólares por tonelada (en el mercado mundial oscilaba entre 2 000 y 3 000 dólares).


Debemos precisar que el cobalto que iba incluido en el sulfuro de Moa, al contrario de lo que plantea Amuchástegui, no se le regalaba a los soviéticos, sino que estos incluían un plus en el precio de ese níquel como pago de dicho cobalto que lograban refinar y separar en plantas de su industria militar con electricidad barata suministrada por las grandes termoeléctricas de los Urales. El proyecto original de la planta preveía hacer este proceso no en Cuba sino en una instalación en Luisiana (E.U.) donde tenían la tecnología para ello y había gas y electricidad barata.


En la intervención televisiva que hizo Fidel el 3 de enero de 1973 para informar sobre estos convenios aseguró que “no existe, a nuestro juicio, ningún precedente en la historia de la humanidad de tan generosas relaciones”.


En lo relacionado con la afirmación de Amuchástegui de que a finales de los 70 y en el curso de los 80 comenzaron a disminuir rápidamente los créditos, financiamientos y proyectos influidos por diferencias y conflictos con los soviéticos, ello no corresponde a la realidad de lo ocurrido.


Para el plan quinquenal 1976-1980, apoyados en los altos precios que alcanzó el azúcar en el mercado mundial a mediados de los 70 (29,66 cts. como promedio en 1974, habiendo llegado a fines de noviembre a más de 60 cts. la libra), se logró que el precio mínimo para el azúcar a exportar a la URSS en esos cinco años se fijara en 500 rublos (unos 28 centavos por libra), a partir del cual se movería indizado al precio que tuviesen como promedio el petróleo y otros renglones fundamentales a importar en los cinco años anteriores al año dado (precios CAME). Además del azúcar se incluyeron en esa fórmula resbalante nuestras exportaciones de níquel y cítricos sobre precios mínimos igualmente favorables.


Tanto de la URSS como del resto de los países se recibían, además, importantes recursos para proyectos de inversión: ya sea acordados bilateralmente o en los marcos de los llamados Programas a Largo Plazo del Came (PELP), todos cubiertos por financiamientos blandos. Esto se mantuvo durante todo el período 1976-1985, solo con un reajuste en cuanto a los precios mínimos al pasar a elaborar el siguiente plan quinquenal 1981-1985 pues, por ejemplo, debido a la fórmula indizada resbalante atada al crecimiento inflacionario que habían tenido los precios promedio de los productos de importación incluidos en la canasta acordada, el precio del azúcar con la URSS ya había llegado en 1980 a los 686 rublos la tonelada (más de 35 cts. la libra) y se hizo un reajuste a 600 rublos como punto de partida para 1981.


En sentido contrario a lo que plantea Amuchástegui, la actitud de la URSS no fue, en ningún caso, la de disminuir los créditos y financiamientos, sino al contrario: cumplir lo pactado y hacer aportes adicionales cuando se hizo necesario y se le solicitó. Por ejemplo, a pesar de que en los años finales de los 70 y primeros de los 80, la URSS tuvo bajas cosechas de cereales que la obligaron a eliminar sus exportaciones de estos productos y por el contrario hacer grandes importaciones en MLC para su consumo interno, cumplieron con Cuba los suministros pactados.


Así mismo, en algunos años, cuando —debido a incumplimientos en nuestras entregas y a la solicitudes de importaciones por encima de nuestra capacidad de compra, derivadas de decisiones no siempre felices de política económica y de errores en nuestra planificación— el saldo de la balanza comercial resulto desfavorable, a pesar de la favorable fórmula de intercambio aplicada, la URSS financió esos saldos negativos y los convirtió en deuda a pagar a partir de 1986, lo que no estaba previsto en el plan quinquenal firmado.


Adicionalmente, ante los problemas crecientes que se comenzaron a presentar con la balanza de pagos en el área capitalista, en más de un año nos dieron créditos en moneda convertible para cubrir los déficits y, desde 1977, nos autorizaron como complemento a que exportáramos en el mercado capitalista los ahorros que lográramos de los suministros de petróleo anuales que nos entregaban. Estas reexportaciones de petróleo comenzaron a ser crecientemente significativas a partir de 1980 y en los años finales del quinquenio 81-85 llegaron a representar nuestra principal fuente de divisas convertibles (casi 500 millones de dólares al año).


Es de señalar que el 30 de mayo de 1985 se firmó el mayor protocolo de intercambio comercial y pagos en la historia hasta ese momento de las relaciones de la Unión Soviética y Cuba ascendente a 8 200 millones de rublos. No es justo acusar a la URSS de tener como propósito construir una relación de dependencia y vulnerabilidad, lo que era recordado, según nos dice Amuchástegui, por los frecuentes viajes a La Habana de Nikolai Baibakov, “gran señor del GOSPLAN”.


Aunque no es lo más importante, debo precisar, de paso, que en los quince años que van de 1970 a 1985, Baibakov, hombre muy capaz, gran amigo de Cuba y admirador de Fidel, solo vino a nuestro país en cuatro oportunidades, dos con carácter bilateral —1971 y 1979—, y las otras dos para reuniones de los órganos de dirección del CAME —en 1982 en ocasión de celebrarse en Cuba la reunión del COMIPLAN (presidentes de los organismos de planificación) y en 1984 para la XXXIX Sesión del CAME a la que asistieron todos los presidentes de los órganos de planificación, los ministros de comercio exterior y en general los principales dirigentes económicos de todos los países miembros.


En cuanto a que se estaba construyendo “una relación de dependencia y vulnerabilidad” es necesario recordar lo siguiente: ya en la Plataforma Programática aprobada en el Primer Congreso del Partido se planteaba la tarea de elaborar una Estrategia de Desarrollo a Largo Plazo. Desde el primer momento después del Primer Congreso nos dimos a la tarea de elaborar y coordinar con la URSS y demás países del CAME una estrategia de desarrollo encaminada a cambiar la estructura de nuestra economía y precisamente eliminar nuestra dependencia y vulnerabilidad, aprovechando las favorables relaciones económicas establecidas y con ayuda de los países socialistas y de la URSS en primer lugar, sin sospechar ni prever lo que ocurriría quince años después. En una Resolución conjunta del Buró político del PCC y del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros en 1978 se orientó comenzar de inmediato la elaboración de esa estrategia de desarrollo a largo plazo. Se crearon 44 comisiones integradas por 1 500 compañeros de los diversos organismos para cumplir esta orientación. El día 16 de octubre de 1978 se efectuó una reunión en el teatro Karl Marx, presidida por Fidel y los máximos dirigentes del Partido y del gobierno, para dar inicio oficialmente a los trabajos de elaboración de esa estrategia de desarrollo a largo plazo.


A nombre de la máxima dirección del país, al Ministro-Presidente de la JUCEPLAN (actual MEP), se le encomendó hacer la clausura de la reunión. En sus palabras, expresó:



La naturaleza misma de los problemas que debemos resolver […] reclama más de uno, de tres y de cinco años y exigen en muchos casos más de 10 o 15 años […] En los más de 20 años transcurridos […] no hemos logrado el ritmo promedio de crecimiento necesario que nos permita salir del subdesarrollo, ni hemos logrado superar la deformación estructural de la economía externa […] acentuada por diversos factores.

Y más adelante, puntualizó: “El plan a largo plazo es el único que hace posible la creación de condiciones para la realización de la radicales transformaciones económico sociales que se requieren […] para la modificación de la estructura deformada de nuestra economía”.


En su Informe al Segundo Congreso del Partido, Fidel dedica una parte importante (6 páginas de la edición impresa) al tema de los trabajos que se venían realizando desde hacía más de dos años en la elaboración de la Estrategia de Desarrollo y planteaba que en los próximos años seguirían desarrollándose. Continuaron activamente hasta 1985 en que se vieron interrumpidos. En unos llamados “libros azules” se plasmaron los resultados de los trabajos de las diferentes comisiones hasta ese momento. Uno de los más importantes y avanzados, en estrecha colaboración con especialistas y dirigentes soviéticos, fue el Programa de desarrollo autoalimentarlo nacional (PAN).


Nuestros vínculos económicos con la Unión Soviética eran, durante el período 1975-1985, de especialización, integración y complementación que, por ejemplo, dada la relación de precios justos acordados entre nuestros países, en los nueve años comprendidos entre 1975 y 1984 representaron unos 27 mil millones de dólares más de ingresos que lo que hubiésemos obtenido de negociar los mismos productos sobre las bases del mercado mundial.


Pero, además, los soviéticos colaboraban y participaban con Cuba en los estudios y elaboración de los programas que con su ayuda y la del resto de los países del CAME (se firmaron convenios de colaboración a largo plazo en las diferentes ramas principales) nos permitirían en un determinado plazo, de varios quinquenios desde luego, superar la estructura deformada de nuestra economía y aspirar al auto sostenimiento y al desarrollo económico del país. Ese era el objetivo y para eso se trabajaba.



3. Sobre las relaciones con el área capitalista y la supuesta bancarrota económica de 1986


Señala Amuchástegui que “Si la relación excepcional con la Unión Soviética fue el factor principal, un segundo factor de no menor importancia fueron los abundantes créditos y proyectos de cooperación que Japón, España, Francia, Suecia, Argentina y otros países le extendieron a Cuba”.


Sigue diciendo que “Los créditos, tecnologías y proyectos de cooperación de estos mercados capitalistas fueron mal manejados hasta agotar sus potenciales; no se pagaban ni renegociaban de manera inteligente y viable con vistas a su continuidad; prevalecía la inmediatez y el no pago hasta desembocar en 1986, cuando Cuba anunciaba a sus acreedores su incapacidad para cumplir sus obligaciones. Si nuestra economía de 1971 a 1985 hubiera estado en situación tan boyante como la que se describe, no habría razón ni justificación para tomar la decisión de no pagar al año siguiente, casi de la noche a la mañana, en 1986 (subrayado mío) […] Hay algo que no encaja, que no se corresponde, entre el cuadro exitoso que nos presenta Humberto Pérez y la situación de bancarrota que se reconocía en 1986”. [Énfasis míos].


En primer lugar, en mi artículo se señalan los momentos de avance, desarrollo y eficiencia que se lograron en 1971-1985 pero solo en sentido relativo a otros períodos del proceso revolucionario. En ningún momento se plantea que se había logrado una situación boyante ni libre de insuficiencias, errores y dificultades. En segundo, la situación de serios problemas con la balanza comercial y de pagos y con las deudas del país relacionadas con el área capitalista no desembocaron de la noche a la mañana en una bancarrota que se anunció abrupta e inexplicablemente en 1986, sino que ya estaban presentes desde muchos años antes y se manifestaban con agudeza desde finales de la primera mitad de los años 70. Fue algo que recibieron como herencia el Primer Congreso del Partido, sus acuerdos y las instituciones y mecanismos de gestión que se derivaron del mismo.


Hasta 1970, Cuba no tenía prácticamente deudas en moneda libremente convertible. Antes de ese año, la Leyland nos había vendido en 1964 mil ómnibus a crédito e Inglaterra se buscó un serio problema con el Consejo Superior de la OTAN “por cooperar con el enemigo”. Francia nos vendió cientos de bulldozers y otros equipos pesados. Las pocas fábricas y los barcos que se adquirían se cubrieron con créditos a tres o cuatro años cuando más. En los primeros años no se había acumulado una deuda importante en moneda convertible. Del 64 al 67 solo se recibieron créditos por apenas unos 22 millones de dólares. El financiamiento externo en divisas convertibles aumentó, de 1968 a 1974, a razón de 50 millones de dólares por año y ya en el período de 1971 a 1973 el servicio de la deuda requería más de 33% de los ingresos del país en MLC.


Cuando Perón es electo presidente de Argentina ofrece a Cuba un crédito revolvente de 600 millones de dólares. A partir de 1973, mejoraron las condiciones en el mercado financiero internacional en MLC por una relativa distensión y por el “boom” petrolero que creó como consecuencia otro en el crédito internacional ante la necesidad de reciclar los superávit en cuenta corriente de los principales exportadores del crudo.


Por parte nuestra no se fue lo suficientemente prudentes y mesurados en el uso de dichas facilidades y se compraron, sin el debido estudio de inversión, microlocalizaciones y capacidades de construcción y montaje, etc., plantas cuyos equipos permanecieron almacenados durante mucho tiempo, comenzaron a deteriorarse y en cierto momento, en los años 75-76, se hizo necesario crear una Comisión a un alto nivel de gobierno para decidir qué hacer con todo lo que se había adquirido, gran parte de lo cual estaba inmovilizado. Ejemplo de ello son las diez plantas de torula, los molinos de trigo y otros.


En tres años, de 1974 a 1976, nuestra deuda externa en MLC creció en 2,83 veces (casi se triplicó) para un ritmo de crecimiento anual de 42% y llegó, a finales de 1976, a unos 2 450 millones de dólares, de los cuales casi 1 110 millones (45%) eran a corto plazo, lo que obligaba a una diaria y constante gestión bancaria. Esta deuda absorbía en su servicio de 40% a 45% de todos los ingresos en MLC del país. En ese momento, el saldo en bancos en moneda convertible del país era de solo 80 millones de dólares, y el plan elaborado para 1977 estimaba ingresos de unos 570 millones de los cuales 47% debía cubrir las amortizaciones e intereses a pagar y los 300 millones restantes no alcanzaban para enfrentar el plan de importaciones mínimas necesarias estimadas en unos 600 millones.


Al elaborar el plan quinquenal 1976-1980 se había estimado un precio para el azúcar en el mercado mundial de 15 centavos la libra pero los precios reales comenzaron a bajar desde 1975 hasta llegar a unos 8 centavos a finales de 1976. En agosto de ese año se iniciaron negociaciones con los suministradores para lograr posposiciones para 1977 de importaciones ya contratadas y con embarques pactados en el propio 1976.


Se paralizó la adquisición de plantas completas y se estableció lo que se denominó “buqueo”, que significaba decidir mes a mes qué se podía cargar en los puertos de origen según el monto mensual de divisas disponibles para responder a los embarques de mercancías que esperaban en esos puertos. Esto llevó a un ineficiente y costoso empleo de la flota mercante.


Debido a esta situación y a nuestra participación en la guerra de Angola se desarrolló una campaña internacional pronosticando el derrumbe de la economía cubana con el consiguiente retraimiento del mercado financiero internacional. Nos vimos obligados a tomar una serie de medidas, entre las cuales estuvieron las de no iniciar inversiones como no fueran las que generarían fondos exportables y discutir con los países socialistas para desplazar hacia ellos importaciones que veníamos haciendo desde países capitalistas. La participación del intercambio comercial con los países de economía de mercado se redujo de 22% del total en 1977-1980 a 13% en 1982-1984.


Se inició un esfuerzo intensivo por añadir nuevos rubros exportables, sobre todo al área capitalista. En el plan para el año 79 se incorporaron 72 nuevos rubros. Estos continuaron aumentando su nomenclatura y valor, año tras año, y en 1985 ya representaron ingresos adicionales por más de 150 millones de dólares. Se planificaron asimismo, para 1979, reducciones en los consumos de harina de maíz, pan, café, uniformes escolares, pinturas, etc. Debido a las medidas tomadas, la deuda externa en MLC no creció en 1978 ni en 1979.


Aparecieron la fiebre porcina, la roya de la caña y el moho azul del tabaco y para el plan de 1980 fue necesario hacer nuevos ajustes. Se orientó hacer una moratoria en las construcciones sobre todo de obras sociales, detener los inicios e incluso parar algunas obras en proceso, fortalecer el mantenimiento y la reparaciones, etc.


Para el quinquenio 1981-1985 ya había compromisos de pago de servicio de deuda al área capitalista ascendentes a 1 400 millones de dólares de obligaciones contraídas por las compras a crédito de plantas y equipos. Se solicitaron y obtuvieron préstamos en MLC de la URSS, Iraq, Libia y Argelia, que solo servían para paliar la situación y posponer la explosión de la crisis.


El precio del azúcar en el mercado libre continuó descendiendo en los años siguientes (menos en 1981) y en 1984 se redujo hasta 5,18 centavos la libra. Las tasas de interés comenzaron a crecer desde 1978 y sobre todo desde 1979. En 1981 se pagaron 500 millones en intereses por encima de los que se hubiesen pagado a las tasas de 1978.


La presencia nuestra en Angola y Etiopía, la llegada de Reagan al poder en los Estados Unidos y la situación en Centroamérica influyeron en una retirada masiva de los préstamos y depósitos a corto plazo. En diez meses, de octubre de 1981 hasta agosto de 1982, nos retiraron facilidades a corto plazo por unos 1 000 millones de dólares. Por lo anterior, nos vimos obligados a plantear, ese año, ante nuestros acreedores, la renegociación de 1 500 millones de la deuda en moneda convertible que ascendía en total a poco más de 3 000 millones. Esta renegociación es la que continuó hasta 1986. No apareció de la noche a la mañana: se había iniciado cuatro años antes.


En cuanto a lo que significaron las compras de bienes de capital en MLC en los primeros años de los 70, en las condiciones y el contexto económico en que se produjeron y cómo se produjeron, no resultaron, como dice Amuchástegui, “un segundo factor de no menor importancia” que la relación con la URSS, sino que representaron realmente una agonía permanente durante todos y cada uno de los años del decenio 1976-1985, que no era ni mínimamente compensada por lo que algunas de ellas aportaban a la economía nacional.


No es correcto decir que al llegar a 1985 la economía del país, vista en su conjunto, se hallaba en bancarrota pues en más de 85% estaba vinculada al entonces campo socialista que nos ofrecía relaciones de intercambio y financieras favorables sobre las que se asentaron principalmente los avances en crecimientos y eficiencia logrados en los tres lustros (y en particular en los dos últimos) que se abordan en mi artículo, a pesar de errores y deficiencias en su conducción y gestión. En crisis estaba solo la parte vinculada con el área de libre mercado en la que había que enfrentar el pago de financiamientos caros con exportaciones cada vez más depreciadas, una relación de intercambio crecientemente desfavorable y apelar a nuevos créditos con intereses cada vez más altos, además de las afectaciones y entorpecimientos que le añadía el bloqueo imperialista.


4. Sobre los quince años del período 1971-1985 y sobre todo 1976-1985: ¿crecimiento extensivo o intensivo?, ¿aumento o decrecimiento de la eficiencia?, ¿aumento o no del consumo?


Amuchástegui hace referencia irónicamente al período que yo refiero en mi artículo, y afirma: “Durante esos quince años de tantos éxitos no solo comenzaron marcadas declinaciones o total colapso en esferas como la pesca […] la marina mercante, la producción de alimentos, la construcción de viviendas, la industria ligera y alimentaria, “la revolución de los rendimientos” […] la palabra mantenimiento había desaparecido con todas sus implicaciones dañinas”, etc., y manifiesta, en relación con las actividades pesquera y de la marina mercante, que estas actividades económicas existieron exitosamente en los años 60 y de las dos hoy queda muy poco.


4.1. Sobre la pesca y la marina mercante


Es cierto que estas dos actividades fueron una “exitosa iniciativa de los años 60” y que de ambas “hoy queda muy poco”. Pero voy a recordar que pasó con ellas y con su desarrollo en 1971-1985, que Amuchástegui enjuicia desfavorablemente.


4.1.2. Actividad pesquera


La rama pesquera se organizó en 1959 como Departamento de la Pesca del INRA y desde enero de 1964 como Instituto Nacional de la Pesca. A partir de 1976 se constituyó como Ministerio de la Industria Pesquera, derivado de los acuerdos del I Congreso del Partido Comunista de Cuba.


Según los datos y anuarios del CEE, las capturas totales que fueron en 1970 de 106,0 tm, pasaron a ser de 143,9 tm en 1975 y de 219,9 tm en 1985. La producción en la acuicultura, que apenas se iniciaba en 1970, fue ese año de 241 t, de 1046 t en 1975 y de 15 434,3 t en 1985. El consumo per cápita anual de productos de la pesca fue de 10,8 kg en 1970 y ya en 1984 llegaba a los 16,5 kg. Las exportaciones pesqueras fueron de 19,0 millones de pesos en 1970; de 52,2 en 1975, y de 120 millones en 1985. También en la eficiencia económica y productiva tuvo la pesca incrementos sostenidos en todos esos años.[1]


4.1.3. Marina mercante


En relación con la marina mercante, en 1970 la Flota Mercante Cubana tenía 51 barcos con 460.1 tm de peso muerto y en 1985 llegó a las 112 unidades con 1 161 tm de peso muerto.[2]


4.2. Sobre la vivienda.


En relación con este asunto, Amuchástegui plantea que también en los años 60 se desarrollaron varias políticas para atenuar el acuciante problema de la vivienda, que fueron abandonadas después.


En los 17 años que van de 1959 a 1975 se construyeron 255 513 viviendas de las tipologías I y II (con techo de teja o placas y paredes de mampostería u hormigón), para un promedio anual de 15 030. Sumando todas las tipologías, se construyeron 628 484, para un promedio anual de 36 970 viviendas. Entre 1976 y 1985 se construyeron 309 374 viviendas de las tipologías I y II, para un promedio anual de 30 907 viviendas. Sumando todas las tipologías se construyeron 674 607 para un promedio anual de 67 461 viviendas. Es decir, en los diez años enjuiciados desfavorablemente por Amuchástegui se construyeron 53 861 viviendas más de las tipologías I y II que las construidas en los 17 años anteriores y 46 123 más si se consideran todas las tipologías.[3]


4.3. Sobre la industria alimenticia y el consumo alimenticio


En el quinquenio 1976-1980 la producción de los renglones principales de la industria alimenticia se elevó en 14%. En el quinquenio 1981-1985 creció al 6,1% anual. El día 30 de diciembre de 1985 se publicó en la prensa que el Ministerio de la Industria Alimentaria había alcanzado las producciones más altas de su historia en catorce productos fundamentales. Utilizando dos indicadores sintéticos relacionados con este punto, como el consumo de calorías y proteínas per cápita, vemos que mientras en 1975 se consumían 2 622 calorías per cápita, en 1985 ascendía ya a casi 3 000 calorías, y mientras en 1975 se consumían 71,4 gramos de proteína per cápita, 32,8 de ellas de origen animal, en 1985 el consumo era de 79 gramos con 36,2 de origen animal.


4.4. Sobre el mantenimiento constructivo


El mantenimiento constructivo, incluyendo el de viviendas, estuvo siempre entre las prioridades de la planificación y de la asignación de recursos en el período 1976-1985. Desde el primer momento se estableció de manera directiva que los órganos locales del Poder Popular (provinciales y municipales) debían destinar como mínimo 70% de los recursos constructivos que se les asignaran al mantenimiento constructivo y solo 30 % como máximo a nuevas inversiones. Al mantenimiento se destinaron recursos por 76, 7 millones de pesos en 1977 y fueron aumentando significativamente hasta llegar, en 1985, a 415,8 millones de pesos, para una tasa anual de crecimiento de 27%, mientras que la producción bruta total de construcciones en ese mismo período lo hacía en 7,3%. Desde los primeros años se le comenzaron a vender libremente a la población importantes cantidades de cemento y otros recursos para el mantenimiento y la construcción de viviendas por medios propios, cifras que fueron aumentando significativamente cada año.[4]


4.5. Sobre el supuesto colapso de los rendimientos y el crecimiento extensivo o intensivo de la economía.


Amuchástegui, además de hablar de una declinación o total colapso en “la revolución de los rendimientos”, expresa que “el factor decisivo en esos incrementos del PIB no fueron los diseños institucionales y de política económica mencionados sino los acuerdos económicos concertados con los soviéticos” y que “esto facilitó un crecimiento extensivo como nunca antes” y poco después insiste en que “esos crecimientos nunca tuvieron un carácter intensivo, sostenible y a largo plazo”.


En mi artículo yo planteo (supongo que Amuchástegui se haya fijado en ello y no sé por qué lo señala como si yo lo ignorara) que dichos crecimientos “se produjeron indudablemente, en primer lugar, por los excepcionales precios acordados con las URSS y con otros países del CAME” más “los altos niveles de créditos a bajas tasas de interés recibidos de estos países”. La diferencia está en que yo añado que: “no dejó de contribuir a ello la mayor eficiencia interna con que se trabajó en el país en ese período” y aporto datos y cifra al respecto. Esto Amuchástegui lo niega.


En primer lugar sería necesario precisar qué indicadores vamos a utilizar para caracterizar como extensivo o intensivo el crecimiento de una etapa dada. Cuando el crecimiento se produce solo sobre la base de una mayor cantidad de recursos productivos, y se mantienen constantes o empeoran los indicadores de eficiencia económica estaremos en presencia de un crecimiento puramente extensivo. Cuando, por el contrario, la cantidad de recursos productivos empleados se mantiene constante o disminuye y el incremento en la producción se logra únicamente por aumentos en los indicadores de eficiencia, tendremos un puro caso de crecimiento intensivo.


Quizás se deba aclarar que extensivo es cuando más de la mitad del crecimiento se obtiene por incrementos de recursos eintensivo cuando se logra por una mayor eficiencia. También habría que tener en cuenta cómo denominar relativamente a un período en el cual parte importante del crecimiento se alcanza por incrementos en la eficiencia económica (aunque no llegue al 50%), después de una larga etapa en que todo el crecimiento se produjo sobre la base de más recursos, o no hubo crecimiento y sí empeoramiento de la eficiencia económica.


En el período precedente, es decir en el decenio de 1966 a 1975 (todo a precios fijos de 1965), la economía en su conjunto tuvo un crecimiento promedio anual de 5,2%, logrado sobre todo por el crecimiento ocurrido en 1971-1975. Pero tuvo lugar a través de frecuentes altibajos y con una gran heterogeneidad sectorial.


En cuanto a la eficiencia económica en 1966-1970, la productividad neta del trabajo decreció y en 1970 era 12% inferior a la de 1967 y 2% inferior a la de 1965.


Las exportaciones en 1969 eran inferiores a las de 1960 y en 1975 eran escasamente 3% superiores a las de dieciséis años antes. Solo en cuatro años de ese período las exportaciones estuvieron por encima de las de 1960, mientras las importaciones crecieron sostenidamente en todos esos años, en el decenio 66-75 lo hicieron a 9,5% anual, llegando en 1975 a ser 2,6 veces superiores a las de 1960 y 2,5 veces a las de 1965.


A diferencia de lo anterior, la economía en el período 1971-1985 (medida a precios fijos de 1981) tuvo un crecimiento sostenido que abarcaba a todos los sectores. Alcanzó un crecimiento de 5,3% anual en 1976-1985, y en el quinquenio 1981-1985 fue de 7,2%. A cuenta de la productividad se obtuvo como promedio en el decenio más de 60% del Ingreso Nacional, y en 1985 representó 75,3%. El coeficiente del consumo productivo con respecto al Ingreso Nacional pasó de 0,97 en 1975 a 0,90 en 1985.


En la producción de azúcar crudo el consumo de petróleo era en 1976 de 2,1 galones por cada tonelada de caña molida; en 1980 se había reducido a 1,0 galón y en los últimos anos del quinquenio 81-85 se logró suprimir completamente el consumo de petróleo utilizando en su lugar el bagazo como combustible. En general, en 1984 se consumía 15% menos de energía total y 16% menos de petróleo y derivados que en 1975 para producir un peso de PIB.


En cuanto al sector externo (también a precios fijos de 1981), las exportaciones de bienes crecieron al 4,5% anual en 1976-85 y en el quinquenio 1981-85 al 8,2%, mientras tanto las importaciones de bienes del 76 al 85 crecieron a solo 2,5% promedio anual. En el quinquenio 1981-85, a precios fijos (es decir en términos físicos), las exportaciones crecieron cuatro veces más que las importaciones


En toda la historia anterior de la Revolución, medidas a precios fijos, nunca las exportaciones habían crecido más que las importaciones. En 1975, las importaciones representaban 31,3% de la producción total del país y 61,6% del ingreso nacional creado. En 1985, representaron 23,5% y 43,7% respectivamente.[5]


¿Sobre qué base se puede afirmar que el período en cuestión “tuvo un crecimiento extensivo como nunca antes” y que “esos crecimientos nunca tuvieron carácter intensivo, sostenido y a largo plazo”?


Sobre el supuesto “colapso en los rendimientos”, si acudimos a los Anuarios Estadísticos correspondientes al período 1971-1985, sobre todo en el decenio 1976-1985, veremos que tanto los volúmenes de producción agrícola en todos los renglones de cultivos, así como los rendimientos por área, aumentaron sostenida y significativamente año tras año, desde la caña hasta las hortalizas.


Algo similar ocurrió con las actividades pecuarias: porcina, avicultura, lechera, etc. tanto en sus volúmenes totales de producción como en el peso promedio de las entregas a sacrificio, los huevos por ponedora, los kg de leche por vaca, la conversión de pienso en carne, en huevos y leche, etc.[6]


5. Frente a la Ofensiva Revolucionaria de 1968


Manifiesta Amuchástegui que frente a este hecho “nada se hizo para rectificar dicho proceso y sus consecuencias, ni antes del 70 ni durante los quince años de Humberto Pérez. Dicen que rectificar es de sabios, pero en este caso nadie insistió o argumento a favor de una rectificación” (énfasis míos).


Supongo que al hablar de “los quince años de Humberto Pérez” lo haga por la única razón de que al período transcurrido entre 1971 y 1985 es al que me refiero en mi artículo, apoyándome en el “examen de las estadísticas de la historia económica de nuestro país y en las investigaciones y análisis que se han realizado de esa historia por estudiosos calificados”, como el único período de crecimiento y desarrollo de nuestro proceso revolucionario “a pesar de los errores e ineficiencias que ocurrieron en el mismo”.


Ante la afirmación absoluta de Amuchástegui de que “nada se hizo”, solo voy a recordar los siguientes hechos.


1) Ya en 1974, durante la experiencia de los órganos locales del Poder Popular en la provincia de Matanzas y como parte de ella, amparados en una Resolución que dictó el Banco Nacional de Cuba (que desde 1965 había asumido las funciones del Ministerio de Hacienda), se experimentó el trabajo por cuenta propia y se concedieron licencias para unos 30 oficios o actividades.


Después del Primer Congreso se autorizaron las actividades por cuenta propia por el Decreto Ley No. 14 del 3 de julio de 1978 y fueron posteriormente precisadas y reguladas con más detalle por Resolución Conjunta de los Comités Estatales de Finanzas y Trabajo y Seguridad Social de noviembre de 1982. A su amparo, creo que todos los que tenemos edad para ello recordamos, sobre todo, el funcionamiento del Mercado de Artesanos de la Catedral en La Habana Vieja, entre otros.


Es cierto que poco tiempo después vino la “Operación Adoquín” y una política de reducción y eliminación de dichas actividades sobre lo cual es ilustrativo un reportaje que salió en Juventud Rebelde el 18 de junio de 1986 dando a conocer que, en el IV Encuentro Nacional de Trabajadores de los Servicios Comerciales, se planteó “desarrollar un movimiento masivo para que todos aquellos que posean licencias de trabajo por cuenta propia renuncien a dicho privilegio”. El reportaje se titulaba en mayúsculas: “Una propuesta importante: la renuncia a la licencia de trabajo por cuenta propia”.


2) En 1980 se aprobó legalmente el Mercado Libre Campesino para la venta de productos agropecuarios, a precios de oferta y demanda, por parte de Cooperativas, áreas de autoconsumo de Empresas Estatales y campesinos y dueños de parcelas individuales, después del cumplimiento de los planes de acopio, aunque en 1983 se restringió y limitó ese mercado y en 1985 fue eliminado.


3) En 1982 se promulgó el Decreto Ley 50 que autorizaba la creación de empresas mixtas con la participación de hasta 49% del capital por parte de entidades extranjeras, aunque la política económica seguida solo autorizó su creación 7 u 8 años después, ya en vísperas del Período especial.


4) En 1981, en coordinación con la Oficina de Atención a los Órganos del Poder Popular adjunta al Consejo de Ministros, se realizó un levantamiento en todo el país, provincia por provincia, de todos los oficios y labores que, siendo estatales hasta ese momento, debían ser desestatalizados y pasados a ser operados por trabajadores por cuenta propia y/o cooperativas. La dirección del Partido y la del Órgano Provincial del Poder Popular de la entonces provincia llamada La Habana se ofrecieron para desarrollar una experiencia al respecto en su territorio antes de extender la ejecución de la idea a todo el país. Finalmente dicha idea y la propuesta ya concretada fueron desestimadas y no se realizó ni siquiera la experiencia.


6. El gazapo “cazado” por Amuchástegui


En su cuidadosa lectura de mi artículo (a veces como en este caso parece que con lupa, aunque algo empañada según todo hace indicar), Amuchástegui manifiesta en cierto momento al abordar lo relativo a la Zafra de los diez millones lo siguiente: “Y aquí cabe una pequeña corrección a Humberto Pérez: Fidel no anuncia que no se alcanzaran los diez millones en una comparecencia de TV, lo hace en público, frente a la antigua embajada de EE.UU”. Y tiene razón Amuchástegui en relación con que el anuncio ocurrió el 19 de mayo de 1970, pero no en el gazapo que ha creído cazarme.


Revísese mi artículo y se verá que yo no digo que Fidel en la intervención por TV del 20 de mayo de 1970 anunció que no se alcanzarían los diez millones. Textualmente escribo que “durante la intervención televisiva donde informó que no se alcanzarían los diez millones…”, y a renglón seguido hago una cita de esa intervención.


Si releemos el texto de esa intervención publicada en la prensa de la época veremos que Fidel comienza diciendo: “Les ruego que me excusen haber llegado un poco demasiado tarde, casi 45 minutos fuera de hora, a esta comparecencia, por la necesidad de recopilar una gran cantidad de datos en bastante breve tiempo con vistas al informe que queríamos hacer en la noche de hoy”. Y concluye Fidel esta breve introducción: “Más adelante explicaremos precisamente la oportunidad en que nosotros queríamos hacer el informe de la zafra, y las razones por las que salió a relucir ayer este problema”.


Entre otras publicaciones de la prensa de la época, en el número 21 del año 62 de la revista Bohemia del 22 de mayo de 1970 salen ambos documentos: el discurso del 19 de mayo de 1970 en que anunció que no se harían los diez millones y la intervención televisiva que hizo al siguiente día, en que informó en detalles al respecto. En mi artículo me refiero claramente al segundo documento.



7. Epílogo

El 28 de octubre de 1963 el Che escribió una carta a un compañero llamado Pablo Díaz, que le había enviado un artículo narrando determinados hechos históricos.


En esa carta el Che le expresaba que “La primera cosa que debe hacer un revolucionario que escribe historia es ceñirse a la verdad como un dedo en un guante”. Y concluía su breve carta: “Mi consejo, relee el artículo, quítale todo lo que tú sepas que no es verdad y ten cuidado con todo lo que no te conste que sea verdad”.


De te fabula narratur.










[1] Datos tomados del Informe a la Asamblea Nacional hecho por el MIP en julio de 1985 y de los Anuarios estadísticos del CEE.




[2] Datos tomados de los Anuarios Estadísticos del CEE.




[3] Datos estadísticos extraídos y derivados del Censo de Población y Viviendas realizado en 1981 y de los Anuarios Estadísticos del CEE de los años posteriores.




[4] Datos tomados de los Anuarios Estadísticos del CEE y de los Informes de Fidel al II y III Congresos del PCC.




[5] Datos tomados de Reconstrucción y análisis de las Series Estadísticas 1960-1975 elaborado por el INIE y de Balance de la Economía Nacional 1975-1985 elaborado por el CEE y publicado en 1986.



[6] Datos tomados de Reconstrucción y análisis…, ob. cit., y de los Anuarios Estadísticos del CEE para el período 1976-1985.










No quiero saber nada de Industriales ni de Obama.


Por Julio Antonio Fernández Estrada 2016-04-05, Cuba Posible




 Existen al menos dos maneras de asegurar una vida de sufrimiento: ser industrialista y aspirar al socialismo democrático. Durante décadas los mitos y leyendas del periodismo deportivo cubano han inculcado en el pueblo “la verdad” de que el equipo de béisbol Industriales está lleno de jugadores inteligentes y que saben jugar muy bien a la pelota, y que el Estadio Latinoamericano es una olla de presión donde debe fundarse la hombría del pelotero de cualquier lado que aspire a triunfar en este deporte. Sin embargo, la realidad nos informa que los jugadores de Industriales no saben tocar bolas, no saben correr las bases, no pueden tirar strikes y que han sido incapaces de ganar al equipo de Ciego de Ávila, en los últimos cinco años. Por eso no quiero saber de Industriales.



Obama, por otra parte, no es el presidente de la República de Cuba. En Cuba no hay un presidente de la República desde 1976. Nuestro sistema de gobierno no reconoce este cargo, porque preferimos desde hace cuarenta años ser más republicanos y democráticos y tener órganos colegiados donde uno solo no pudiera imponer su voluntad.



Obama dentro de un año tampoco será el presidente de Estados Unidos, y por ello no será más el enemigo de los pueblos ni el terror del Medio Oriente. Los defensores de la democracia, en los últimos tiempos, pensamos que el enemigo era Donald Trump, pero ha resultado ser Obama; eso es lo que dice la prensa cubana, a la que no se debe llamar oficial, porque no hay más prensa reconocida por el Estado, que yo sepa. El presidente Obama ahora nos sale hasta en la sopa, aquel plato que en las tradiciones culinarias que heredamos fue un entrante, pasó a plato fuerte en los 90 y desapareció en los 2000, junto al corazón de pollo y otros menudos.



Pero este caldo no ha sido cocido en la cocina del pueblo. Los alaridos que nos avisan de los engaños de Obama, que nos abren los ojos para que no seamos ingenuos ante los cantos de sirena del imperialismo, me ofenden a mí, que pienso como un obrero portuario o como un profesor universitario, que es lo mismo, o debe serlo en la verdadera democracia. Me ofende porque nosotros, el pueblo, no fuimos quienes nos acercamos a Estados Unidos, ni como soberanos conversamos durante más de un año en secreto con aquel gobierno, ni invitamos al presidente Obama a Cuba, ni lo llevamos a hablar en vivo por la televisión nacional. Pero sí debemos ser inocentes después y tragarnos lo que dice el presidente elegante, que camina como un dandy y parece que en cualquier momento comenzará a danzar.



Sin embargo, no nos tragamos nada. Nos alegramos porque entendemos que la historia ha cambiado, que algo ha pasado en nuestras vidas que no pensamos ver, que una relación de odio puede aminorarse. En tanto, que pudiera ser factible demostrar nuestra gallardía en directo, para que hablen ellos y nosotros también, para que ellos propongan y nosotros también. El pueblo se alegra, nos hemos alegrado sanamente, como cuando llega el día de los carnavales o revienta en el cielo una única bengala para celebrar el día que triunfó la Revolución.



No obstante, también podríamos correr el riesgo de pasar de ser el pueblo más culto y preparado políticamente del mundo en un editorial de la prensa, o en un noticiario, e inmediatamente convertimos en inocentes, proclives a ser engatusados por discursos bien leídos y frases peligrosas. Creo que a este tratamiento le llama la diplomacia cubana “doble rasero”. Ante esto, deberíamos preguntarnos: ¿qué sabemos, nosotros, el pueblo llano? Que Obama no es comunista, que no ha sufrido nuestras penurias, que no conoce la vida de Antonio Maceo, que ha aprendido algunas oraciones de Martí. Que no es parte de nuestras angustias ni alegrías, que no sabe por dónde pasa el P-14 ni dónde se coge la moto que te lleva a Santa Ifigenia.



También sabemos que Obama no es un conservador de derechas, que es culto y bien estudiado, que sabe de Derecho Constitucional y por lo tanto de política, que su concepto de democracia es tan reducido como el de todos los gobernantes del mundo, que es un mulato en tierra de linchamientos a negros, que ha querido reducir la venta de armas en su país, que ha dicho al Congreso que las mujeres ganan menos que los hombres en su gloriosa democracia, que ha fundado ideas para defender a niñas en peligro, que no es un fascista ni un colonialista. Que se puede discutir con él.





La prensa -periodistas y otros- han exigido a Obama que debió pedir disculpas a nuestro pueblo por tanto dolor infligido por Estados Unidos a Cuba, durante tanto tiempo. Hubiera sido hermoso escuchar a Obama hablar de estas cosas. Pero solo creeré en la prensa cuando reclame lo mismo a los gobernantes europeos que pisan nuestra patria y a los que no se les llama nunca a disculparse por los crímenes del colonialismo, la esclavitud, la xenofobia, el exterminio de los pueblos originarios de América. Nunca he leído que, a la visita de un presidente de gobierno español a Cuba, la prensa libre le pida que se disculpe por los 8 estudiantes de medicina que asesinó España en 1871, al menos por ellos, que eran inocentes. Creo que a esto la diplomacia cubana le llama “doble rasero”.



Hablar tanto de Obama sirve, es su primer servicio, para no hablar de Cuba. Yo no he votado por Obama, ni quiero. Nuestro pueblo quiere hablar y sentir la emoción de la política cubana socialista; es decir, democrática, intensa, sin barreras, sin tabúes -la única que podría construir la primera baldosa de la calzada de la verdadera soberanía popular.


La visita de Obama ha desnudado la cultura política cubana, o más bien la ha señalado, y muchos se han fijado entonces. ¿Por qué nuestro pueblo ha agradecido que el presidente norteño hable como un acere? Porque así hablamos, incluso cuando sabemos quién es Walt Whitman o Edgar Alan Poe. Y sobre todo porque nuestros políticos no hablan como el pueblo sino como ellos mismos. ¿Por qué nuestro pueblo agradeció que se rompiera el protocolo y que el presidente invitado saludara al director de la banda de música en el Palacio de la Revolución? Porque así somos, nos cayó bien “el caminado” de Obama, y que viajara con su esposa, sus hijas y su suegra, y que mencionara a Michelle cada dos palabras, y que jugara dominó o lo intentara, y que dijese qué había comido en “la paladar”, y que se quisiera parecer a la gente de aquí, un pueblo mestizo en toda su envergadura.


Del mismo modo, el pueblo de Cuba quiere saber qué comen nuestros políticos. Si alguna vez van a una “paladar”, queremos saber cuántos CUC les quedan y qué gustos tienen. Igualmente, queremos saber si van a comprar las frazadas de piso rebajadas hasta fin de mes, si tienen suegras, si viajan con ellas o no se tratan, si extrañan a sus seres queridos que se han ido del país porque no pudieron ser convencidos, como nosotros, de las bondades del socialismo. Queremos saber a qué escuelas van sus hijos, si asisten a las reuniones de padres y si ayudan a sus niños y niñas a hacer los trabajos de curso y las tareas de Educación Laboral. Y si creen que nada de esto nos importa o no nos debe importar porque es la vida privada de los políticos, les digo que no estamos de acuerdo. Que nuestras vidas las hemos empeñado a este proyecto de sociedad diferente y queremos estar seguros de que nuestros dirigentes la viven como nosotros. Que también gozan el socialismo y las fiestas en casa de amigos, que son humanos, que ríen y lloran y temen morir y dejar obras inconclusas e hijos desamparados, como nosotros.


En la democracia, la vida privada, significa escapar del control popular. Sin embargo, esto no es más que un crimen, que los atenienses resolvían con ostracismo y que nosotros, más tiernos, resolvemos con desdén. Cuando el pueblo vota, no lo hace solo por lo que dice la biografía, ya es bastante que votemos por el pasado. Queremos votar también por la persona más culta, más buena, más inteligente, mejor oradora, que mejor ha educado a sus hijos, que tiene más familiares decentes, y que sabe hablar como la gente de Cuba -con corazón fino y lengua de metralla.


Obama no ha engañado a nadie en Cuba. Sabemos que el futuro será crudo, como siempre, y que habrá que luchar contra los que quieren cambiar a Cuba por un paraíso capitalista de grandes mercados y pobres y pobres. Obama no nos dará la felicidad, ni los que quieren repartir el país a grandes empresarios, ni la burocracia que no entiende al pueblo y se entiende en privado con gente que no conocemos.


La democracia es hermosa, como llegada y como viaje, por los caídos, y los que triunfan. Hace más de dos mil años que los enemigos del pueblo conspiran contra el poder de los pobres libres. Que Cuba sea del pueblo es una necesidad para ser independientes y no yanquis tropicales. Por eso necesitamos todo el poder y no solo un poco, todos los derechos y no solo algunos, todos los instrumentos jurídicos para defenderlos y no una selección, toda la libertad para hacer una constitución realmente nueva, que sirva para que el mundo nos respete y nos entienda.


Si hay que sufrir por la democracia lo haremos con dignidad, porque podemos contentarnos con poco pan pero jamás con poca libertad. Por ello, quiero saber de Cuba, de qué vamos a hacer para salvar la nación, la decencia, la independencia y el sueño de vivir aquí. No quiero saber de Obama, ni de Industriales.





lunes, 4 de abril de 2016

Narciso Cobo: El socialismo es esencialmente un ejercicio de participación







LA HABANA. ¿Qué conceptos y prácticas deben caracterizar al nuevo modelo socialista? ¿Cómo distinguirlo del vigente? ¿Cuáles son los espacios de autonomía de una sociedad civil socialista? ¿Cómo tendría que funcionar el sistema político?


Esta serie de entrevistas se dirige a indagar las concepciones de un orden socialista renovado, y a contribuir modestamente a su debate crítico.


Narciso Cobo es jurista y profesor Titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Fue presidente de la Sala de lo Económico del Tribunal Supremo Popular y de la Sociedad Cubana de Derecho Económico y Financiero. Actualmente funge como vicepresidente de la Corte Cubana de Arbitraje Comercial Internacional. Ha publicado artículos en la revista Temas y participado como ponente y público en las sesiones de Último Jueves.


Fernando Luis Rojas (FLR): Está claro hoy que las rutas del socialismo en sus 99 años de puesta en práctica no responden a un mapa prestablecido y cierto. Pero también que, sin reformularlo, desde cada experiencia nacional y visión del mundo actual, sin saber hacia cuál queremos ir, caminando a tientas, o importando modelos, se corre el riesgo de no llegar a ninguno. Ahora que se acerca el VII Congreso del Partido Comunista y se habla de su conceptualización, ¿qué distingue al socialismo existente y el que se necesita para Cuba? ¿qué distancia existe entre uno y otro?


Narciso Cobo (NC): A nuestro favor tenemos los errores. Unas veces hemos dado en el clavo y otras en la herradura. Entonces la distinción entre el socialismo que tenemos y el que necesitamos va a depender, ante todo, de la capacidad que tengamos para corregirlos. No basta con hablar de ellos. Se trata de no dejar que continúen pautando, de hecho, la vida cotidiana del cubano.


Por momentos hemos mostrado la capacidad de autocriticarnos, pero quizás no hemos sido —ni acabamos de ser— coherentes con esa autocrítica. Por otra parte pienso que no se hace un verdadero espacio al debate y la crítica social.


Pese a lo justificativos que hemos sido —y creo seguimos siendo—, sin culpar de ello a la prensa que quizás piensa y quisiera decir las cosas de otra manera, no creo que nos haya faltado —ni nos falte— un pensamiento crítico informado. Y como si este no bastara, tenemos el del sentido común de la gente, que el humor del cubano no ha dejado nunca de reflejar. Será un problema de canales o de interlocutor, pero lo cierto es que, intencionadamente o no, se hace una “zona de silencio” en torno a la crítica social, un silencio paralizante. Es de las cosas que considero, obligadamente, tenemos que cambiar.


En el socialismo que me represento es la gente lo que tiene otra centralidad, no el Estado. Este último tiene un papel ordenador, conductor hasta cierto punto, en la transformación de las relaciones sociales, pero es la sociedad la que construye el socialismo. Y no sé si “construir” sea la palabra. Pero lo cierto es que este no se hace sin participación, sin oír a la gente. Suele decirse que tenemos diseñados los espacios, pero en la vida real yo creo que todos, en un grado u otro, somos conscientes de que ni son todos los que deben y pueden ser ni son lo efectivos que quisiéramos que fueran. Hay un cierto autoritarismo o centralismo que, perdonando la expresión, más que anular, “suplanta” esta participación.


FLR: Usted decía que “unas veces hemos dado en el clavo y otras en la herradura”. ¿Cómo se daría entonces en ese socialismo necesario o deseado la dinámica entre continuidad y ruptura?


NC: Hay que advertir que hay continuidades, valores, que han sustentado el proyecto revolucionario en el ámbito social, que deben seguir formando parte, pienso, de ese socialismo que necesitamos o queremos; que no debemos renunciar a ellos, aunque puedan formar parte de nuestra utopía. A la vez que dan una dirección y un sentido a las transformaciones, encierran una capacidad movilizativa que en todo caso debemos preocuparnos por perfeccionar. Nuestro ideal de una sociedad lo más justa e igualitaria posible está entre esos valores que, sin embargo, pueden verse relegados, como resultado de las propias transformaciones.


Sin apego a la perpetuación y sin temor a la ruptura, un proceso de transformación como el que debemos llevar a cabo, presupone continuidad y renovación.


Quizás la mejor forma de responder, entonces, sea “por oposición”, a partir de los rasgos negativos que puede presentar nuestro socialismo que de alguna manera le restan capacidad de atracción o credibilidad. Y esto es algo que tendríamos que comenzar por analizar y debatir, abiertamente. ¿Qué hace que nuestro sistema no tenga la credibilidad que quisiéramos que tuviera? Creo que atribuir este fenómeno solo a los problemas económicos que confrontamos sería una simplificación.


FLR: ¿Qué otros problemas podrían considerarse además del económico?


NC: Hay otros factores que pueden concurrir y que más allá de las carencias materiales, creo le restan capacidad de atracción al proyecto cubano. El fenómeno migratorio es solo una manifestación de esto. Y, por paradójico que pueda resultarnos, al menos una parte de la respuesta pudiera estar, pienso, en lo que llamamos, con toda justicia, conquistas del socialismo. Aunque nadie duda de los logros en los campos de la salud y la educación, por tomar quizás los más reconocidos internacionalmente, sucede que damos por sentado sus bondades y solemos pasar por alto las disfuncionalidades que presentan en el día a día, para dar respuesta a expectativas que no han dejado de evolucionar y de ser cada vez más exigentes y que buscan criterios de comparación que dejan atrás nuestra realidad.


No hay que perder de vista que los cambios que fueron radicales en su día, como parte del proyecto revolucionario, hoy forman parte de los derechos adquiridos y solo suelen evaluarse a partir de las insuficiencias que puedan presentar actualmente. La gratuidad y universalidad de servicios como la educación y la salud se dan por sentadas, ahora es un problema de calidad. Si bien esta es reconocida por los organismos internacionales y se expresa en indicadores sociales que nos posicionan favorablemente como país, es cierto que en la percepción del ciudadano medio no es igual. Sin perder de vista que esta es una visión compartida muchas veces por quienes laboran en ambos sectores y que no ven retribuido su trabajo, de verdadera especialización y dedicación, en detrimento de su sentido de pertenencia y entrega profesional.


Con sus matices y diferencias, no deja de suceder algo parecido en campos tan distintos y representativos de nuestra identidad, como el deporte, la ciencia o la cultura, pese a los logros en unos y otros.


Por otra parte, en Cuba, a pesar de tratarse de un país de trabajadores, no alcanzamos a reconocer el trabajo. Quizás, reflexionando en alta voz, sea este el problema de mayor peso en la falta de credibilidad del socialismo que tenemos. Y por oposición, es este el aspecto primordial que debe resaltar en el socialismo que queremos: el respeto por el trabajo, su centralidad. No es un problema de declaración. O filosófico. O de exaltación en los marcos de una jornada dedicada a un sector u otro. Es en los hechos que tiene que figurar este reconocimiento, que no se expresa solo en términos monetarios o retributivos, aun cuando este último evidencie ser, quizás, el problema mayor. Restituir la centralidad del trabajo quizás sea el reto más honda significación en las transformaciones que tenemos por delante.


FLR: Aunque usted evita la simplificación, en la insuficiente credibilidad de nuestro sistema lo económico mantiene un peso significativo.


NC: Y lo político. Dos pueden ser los rasgos que presenta nuestro socialismo que, a mi juicio, le restan igualmente credibilidad: la centralidad del poder y la falta de participación, que quizás puedan sintetizarse en el verticalismo que padecemos. La primera se expresa en todos los campos y si por una parte hace densa la red que se estructura jerárquicamente, por otra anula la iniciativa, la creatividad, la autonomía de los órganos que están llamados a compartir funciones de gobierno o administración. En el plano de los valores, hacer lugar a la participación solo de manera figurativa, sin concederle verdadera importancia, cuando en rigor el socialismo es esencialmente un ejercicio de participación, no deja de ser caldo de cultivo del oportunismo, la complacencia, la mediocridad y la doble moral.


En lo económico, sin entrar a los problemas de la excesiva estatalización, actualmente en vías de corregirse, la centralización, de manera análoga, persiste como un rasgo distintivo que afecta el funcionamiento de la economía y descoloca a los actores económicos; anulando su capacidad de emprendimiento y vaciando de sentido la participación de los colectivos de trabajadores, sin la cual el carácter socialista de la propiedad estatal carece de verdadera sustentación. Si a esto sumamos la estrechez de algunos criterios aún prevalecientes en torno a la pequeña empresa; tenemos una economía caracterizada por su rigidez, baja productividad y limitada eficiencia. No tanto por ser primordialmente estatal, como por la forma de organizar y llevar a cabo la actividad económica.


FLR: Para aprovechar su metodología de diseñar y construir “por oposición” el modelo deseado, ¿qué conceptos y prácticas sobre la propiedad, los medios de producción y el mercado, deben caracterizarlo?


NC: La conceptualización de las formas de propiedad puede no haber sido la más acertada, pero pienso que es en la práctica, en su realización, donde encontramos los obstáculos mayores. De una manera u otra todas las formas de propiedad reconocidas se ven limitadas y condicionadas en la vida real. En este sentido creo que, de cara al futuro más inmediato, partiendo del proceso de consulta que deberá desplegarse con vistas a la reforma constitucional que debemos llevar a cabo, tendremos todos que preguntarnos por las relaciones de propiedad que necesitamos. Y eso implica abandonar esquemas o estereotipos relacionados tanto con la propiedad estatal como con las restantes formas de propiedad, de manera que los derechos relacionados con su realización puedan ejercitarse conforme a su naturaleza y finalidad, en beneficio de sus titulares y de la sociedad.


En cuanto a los medios de producción, término que a veces nos ha llevado por derroteros equivocados, pienso que los pasos que se dan en relación con las formas de gestión empresarial no estatal, expresión que continua poniendo de relieve una visual estatista, van dirigidos a reconocer el papel de estos nuevos actores y, como corolario, la diversidad de formas de titularidad e intervención de estos sobre los medios de producción a su disposición. Todo medio o instrumento de producción, equivale a decir todo actor económico, cuenta. Todo lo que obstaculice o haga ineficiente su empleo va en contra de la racionalidad económica que pienso debe primar para acabar de salir adelante.


Son los actores económicos, cualquiera que sea el régimen de propiedad, los que crean la riqueza. Toda la riqueza. Crean valores con su actividad. Es importante que lo puedan hacer con la mayor racionalidad y eficiencia. Si se ven estorbados o impedidos por hallarse privados de la capacidad para tomar decisiones y asumir su responsabilidad por los resultados, difícilmente se les puede culpar. No es el empresariado, pienso, el que debe continuar cargando las culpas. Hay que revisar el entorno de este empresario, y corregir todo aquello que lastre o impida que desenvuelva su actividad.


En esto, y no quisiera dejar de decirlo, la forma en que hoy día se ejerce el control sobre los actores económicos tiene, en mi opinión, parte de la responsabilidad. En el imaginario del empresario cubano, quiérase o no, se trabaja muchas veces para la supervisión. Esto es algo que en boca de Carmela, la protagonista de la película Conducta, es una alerta de algo en lo que debemos reflexionar.


FLR: Usted hablaba de la centralidad que debe tener la recuperación del trabajo. Esta problemática se identifica muchas veces con lo estatal, pero en realidad lo trasciende. En el sector tipificado como “trabajo por cuenta propia” —muy heterogéneo— se establecen relaciones que en ocasiones no reivindican el lugar central del trabajo; pero este se encuentra tan deprimido en el ámbito estatal que una subvaloración de su papel en la pequeña o mediana propiedad privada no parece significativa.


NC: Pero es que en la forma en que se trata ese universo al que tú te has referido, tan heterogéneo, conduce de alguna manera al ocultamiento de esas relaciones laborales; por lo tanto, todas las relaciones que se inscriben en ese espacio, en ese ámbito, entran en un grado de precariedad porque carecen de verdadera tutela. Ellas están todo el tiempo sujetas a “mi” autoridad, a “mi” decisión, con un grado de dependencia que le impone una sujeción diferente, aun cuando sus criterios de realización personal se acerquen más aquí, con independencia de que su proyecto de vida sea más realizable a partir de los ingresos que pueden derivar de aquí; pero el factor trabajo aquí acusa toda esta problemática. Si a esto le añades la otra mecánica de invisibilidad, real, estás agravando esta situación que tú adviertes. Entonces el tema relación de trabajo indudablemente es, en mi opinión, de máxima sensibilidad.


Carolina García Salas (CGS): Quizá a la concepción del proceso de trasformaciones en Cuba le estén faltando miradas integrales, abarcadoras y articuladoras de distintos campos, desde el punto de vista jurídico, ¿cuáles son los principales retos?


NC: Todo esto que estamos hablando tiene necesariamente que expresarse en un sistema y orden legal, en un régimen normativo. Es que la norma, el derecho, lo que formula son expectativas de conducta, básicamente. Cómo queremos que se conduzcan la sociedad, determinados grupos, la persona. Son expectativas de conductas. Eso implica algo, una categoría que en mi opinión es clave y que nosotros la hemos desacomodado, que es el interés. ¿Cuáles son los intereses?, ¿qué son los intereses sociales?, ¿cuáles son los intereses personales? No hablo de necesidad, la necesidad es una categoría muy importante, pero esta, la de los intereses, lo es también.


Para ponerte un ejemplo: un pelotero cubano —yo ni siquiera soy un aficionado al beisbol, no quisiera incurrir en ninguna superficialidad— puede haber sido aplaudido por la afición, puede incluso haber sido beneficiado, reconocido, estimulado moral y económicamente y, sin embargo, emigra. Esto indica que no necesariamente se trata de problemas económicos, o de la posibilidad de ganar millones, es que en su imaginario jugar en Grandes Ligas tiene una significación importante, le falta ese otro reconocimiento para su realización como persona, quiere “medirse” allí.


Entonces el de los intereses es uno de los campos en los que requeriríamos trabajar de manera muy sostenida. Hay que identificar esto, revelarlo, para poder tener las normas adecuadas que los tutelen, que los protejan, que hagan posible su realización.


Esto sucede en todos los ámbitos, en el de las asociaciones, de las fundaciones, ¿cuántos intereses diversos no están presentes en su conformación? Pero alrededor de estos procesos todavía hay muchas restricciones. Por un lado, el síndrome del ocultamiento, el pensar que hay siempre cosas detrás, no dichas. Por otro, el problema de que, no consideramos, no concebimos la no subordinación. ¿Por qué una asociación tiene que subordinarse?, ¿a qué? En otros contextos estas organizaciones forman parte del entramado social, simplemente. Sin embargo, en nuestra percepción es impensable que no se subordine a algo. Es una expresión evidente, me parece, de aquel verticalismo del que hablaba.


FLR: En este fenómeno que apuntaba Carolina y que usted desarrollaba ha sido una clave la alusión al problema de la participación y del verticalismo. Ahora usted mencionaba la actitud ante el asociacionismo como una de las expresiones. Creo que eso puede estar vinculado con determinados ejercicios de generación jurídica. A veces uno se pregunta, ¿cuál es el ámbito de discusión que debía tener una determinada medida que se establece? Estoy pensando, por ejemplo, en la Ley de inversión extranjera. Cuando se habló del proceso de discusión previa a la aprobación de la Ley por la Asamblea Nacional, se refirió un proceso muy amplio de consulta con un grupo de especialistas, treinta, cuarenta por territorio, como una cifra significativa.


Experiencias como esta generan preguntas: ¿Se discute todo?, ¿qué se discute?, ¿cómo se dan los vínculos?, ¿cuál es el papel del Estado?, ¿qué otros mecanismos?, ¿qué otros mediadores están?, ¿podrían ser las asociaciones quizás un espacio para ello?


NC: Quedarse en esa franja de que si discutimos esta o aquella ley puede llevarnos a asumir que tenemos los espacios de participación que quisiéramos y necesitamos; yo no creo que sea así. No hay que confundir el proceso de gestación de las normas legales con lo que es el proceso de participación de la ciudadanía en todo lo que le toca y concierne, son cosas diferentes.


La norma, de alguna manera, está precedida por una política, independientemente de que a esa política, a su vez, le anteceden estudios, investigaciones, que han identificado necesidades de ordenamiento, de cambio, de regulación, en alguna esfera de la sociedad, en los que es comprensible y necesario que participen expertos.


Pero, ¿cómo se participa de la gestación de esas políticas?, casi tecnocráticamente; no debe ser. ¿Cuándo y cómo discutimos esas propuestas, esas bases de políticas públicas en cualquiera de los campos, en relación con la juventud y el problema migratorio, el envejecimiento de la población, la pobreza, la desigualdad, los precios? Todas esas son proyecciones que se deben de alguna manera examinar, más allá de los limitados espacios en que a veces discurre este examen, más abiertamente.


Después se formula esa política y se somete a una aprobación que la congela, la sacraliza; y no hay tampoco una intervención en la aprobación de las mismas, ¿dónde es que, como regla, se aprueban esas políticas, en qué espacio?, en el más reducido que tenemos.


Y luego se va al proceso de implementación. Nuevamente, ¿dónde se debate? Muchas veces no hay ese otro momento de reflexión ni de reconsideración de lo que quedó aprobado. Hay directamente una norma que está llamada a proyectar y reflejar la política con sus aciertos y con sus errores.


Después viene el problema de la eficacia de aquella norma. ¿Dónde y cómo se evalúa? Entonces se gestan “zonas de silencio” en torno al comportamiento disfuncional de esa política o de aquella norma, en torno a su propia ineficacia. Creo que el tema de la participación no podemos verlo restringido a esa consulta que a veces se hace, porque ese proceso no está dirigido a formar o fomentar consenso. Este último implica capacidad de intercambio, diálogo, es donde va estructurándose gradualmente un pensamiento diferente, que está nutrido de muchos otros y eso no creo que lo tengamos, realmente, en nuestra visual. Sin embargo, no es nada que no podamos hacer.



Foto: Carolina García Salas
Foto: Carolina García Salas

CGS: Hablando de participación, ¿cuáles considera que son los rasgos y espacios propios de una sociedad civil socialista?


NC: La sociedad civil resulta un concepto o una categoría que, a pesar de comenzar a tratarse entre nosotros en los 90, no parece acabar de encontrar el debido acomodo. Ni en la teoría ni en nuestra práctica social. Pese a contar con organizaciones sociales de una vocación integradora, que han desempeñado un papel importante a lo largo del proceso revolucionario y que nacieron como productos originales de este, su perpetuación y limitada capacidad de renovación, parece haber erosionado su legitimación en la actualidad. Esto nos obliga a pensar.


Las asociaciones, portadoras de una amplia diversidad de intereses y representativas de importantes sectores de la sociedad cubana, cuyo crecido número pudiera sorprendernos, se ven restringidas de manera significativa en su ámbito de actuación. Hay un síndrome velado que hace denso el espacio en que estas se mueven, que les resta el protagonismo que les es propio como vectores de una dinámica de intercambios, a pesar de que no dejan de compartir muchos de los empeños y compromisos de nuestro proyecto social. Esto, sin excluir el papel que pudieran incluso asumir en la esfera de la redistribución para contribuir a amortiguar diferencias y a la sostenibilidad, legitimación y credibilidad de nuestro sistema social. Una gran parte de ellas, sin embargo, carece incluso de visibilidad.


Las razones para contar con ellas son múltiples. La sociedad cubana es rica en espacios. El cubano propende en cierta medida a integrarse a cuerpos, a grupos, en los que su vocación o inclinaciones se ven de alguna manera compartidas con otros, y que refuerzan su forma de apreciar o valorar una actividad. Este es un modo importante de participación. A la vez. Las asociaciones tienen un indudable impacto social, permiten la realización personal de sus miembros o integrantes. Tienen —o pudieran tener— un papel de articulación nada despreciable. El solo hecho de su capacidad de diálogo debiera obligar a hacerles otro lugar. Pero está claro que también debe haber una voluntad de escuchar.


FLR: Esas restricciones a las asociaciones y esa necesaria voluntad de escuchar de la que habla, nos remite a mirar el sistema político. En este sentido, ¿cómo debe funcionar un sistema político socialista renovado?


NC: De entrada, creo que de manera diferente a como viene haciéndolo. De forma mucho más participativa. Más abierta. Más inclusiva. Lo político no se agota en lo electoral. Me lo represento más bien en su funcionamiento: en la gestación, aprobación e implementación de las políticas públicas, y en su ejecución y control. No puede, o no debería, operar sin un grado diferente, verdaderamente efectivo, de participación popular. Y si ello va a realizarse bajo la rectoría del Partido, debe tener lugar con la participación obligada de toda la sociedad civil, puesta en función de ello. El Partido no debe suplantar a esta.


El Estado sirve a la sociedad civil, no a la inversa. Luego, el sistema político debe ordenarse de modo tal que aquel se organice y funcione de manera verdaderamente representativa y participativa, no simbólicamente, sino de manera efectiva. Ello supone otra capacidad de intervención del ciudadano y de realización de sus derechos, y también de las instancias locales por ser las más cercanas a este, a la comunidad, a la vida real, a lo cotidiano, donde se debe manifestar y realizar el sistema social. Es lo que le imprime a este, y posibilita, su legitimación y credibilidad. Ese es, creo, el verdadero espacio en que se concreta y realiza el socialismo.


Hoy, francamente, considero frustrante la participación ciudadana. Y pienso que parte importante de este sistema político debe estar en la capacidad que muestre de estar atento a los problemas de la gente y dar solución a estos con su participación. Los medios de prensa, como caja de resonancia de los posibles intereses en conflicto, deben tener un papel importante en este entramado. En esa dirección habría que replantearse quizás el problema de estos y buscar formas más adecuadas que le confieran la necesaria “capilaridad”. En esto, la función de la prensa es irremplazable.


Por otra parte, aunque centralización y autoritarismo no son la misma cosa, se dan las manos. Y más allá de lo que pueda entorpecer, como tantas veces se ha dicho, la autonomía de los actores económicos, la creatividad e independencia de pensamiento y el ejercicio de las libertades, no deja de resultar un campo propicio para conductas complacientes y oportunistas, que lastran el sistema político y lo privan de la necesaria legitimación.


Pienso que nuestro socialismo tiene que ganar credibilidad, no solo para los de afuera, sino ante todo para nosotros mismos; y renovar su legitimidad, con el acuerdo de todos. La histórica alcanza a explicar el proyecto social cubano, pero no la continuidad, permanencia y sostenibilidad de su ideario. Y esto es importante; es algo en lo que obligadamente tenemos que pensar.


Son ya mayoritarias las generaciones nacidas dentro del proceso revolucionario, que tienen otra perspectiva de las realizaciones alcanzadas y que, sin desconocer los sacrificios de las que las preceden, son portadoras de nuevas exigencias. Yo creo que es necesario fomentar un nuevo consenso de los derroteros que nos proponemos, con la más amplia participación de todos. Creo que más allá de las reformas económicas emprendidas, y las transformaciones que se vienen operando, el proceso de modificación del texto constitucional, como verdadero eje articulador de estos cambios, debe contribuir a sentar las bases y a fijar las pautas que den paso a esa necesaria renovación de nuestro sistema político, en su integralidad.


FLR: Hay una cosa que me resulta interesante como expresión de esa “participación ciudadana frustrante”. Tiene que ver no solamente con la participación en el diseño o definición de esas políticas, sino con la evaluación de las mismas. Por ejemplo, en el proceso de discusión de los Lineamientos había una percepción bastante amplia de la necesidad de una transformación. Ahora, no creo que esté la fórmula para identificar que esa política de cambio que inicialmente fueron losLineamientos pueda enfrentar obstáculos, problemas y padecer desviaciones o errores desde el propio momento en que se empieza a implementar.


NC: Tiene que ver con muchas cosas, Fernando. Lo primero que yo te preguntaría, ¿por qué colocarnos en lo que fue el debate de los Lineamientos para examinar este problema? Hemos tenido otros espacios de convocatoria en momentos cruciales, pero tenemos el Congreso [del Partido] a las puertas, ¿por qué no hemos debatido lo que se va a examinar, considerar, analizar allí? Eso es lo que legitima a la fuerza rectora. ¿Hay que esperar a que decidan lo que yo voy después a examinar? ¿Por qué? No ha sido ni siquiera nuestra práctica histórica. Lo que se ha llevado a los Congresos siempre ha sido debatido con un grado de amplitud, ¿cómo en un momento como este se nos va a privar de eso?, ¿qué se dirá de la Constitución, de los Lineamientos, de las estrategias? Hay que sentar las bases para recibir al menos un ruido de cómo pensamos, percibimos, qué nos angustia, qué nos preocupa. Y no es una discusión formal, parte de una necesidad de registrar para poder llevar a ese marco el rigor, la profundidad de análisis que merece.


Dentro de nada habrá cambios importantes, concluye la presente legislatura y termina Raúl como presidente de Estado y gobierno, ¿y quién asume? Antes tú conocías todos y cada uno de los secretarios del Partido de provincias, antes te sabías de memoria los miembros del Buró Político, los del Secretariado; eso formaba parte de la cultura política. ¿Ministros? La mayor parte eran conocidos. El factor histórico, presente en la mayor parte de ellos, reforzaba su autoridad. ¿Hoy quién los conoce? Estamos ante una nueva realidad en la que las instituciones están llamadas a desempeñar un papel central. Entonces tenemos que apostar a un diseño más inteligente de estas.


Yo creo que, pese a todos los empeños en su preparación, nunca hemos estado en una situación de mayor precariedad en las estructuras de dirección del país. Cómo no oír a la gente, si es un momento en el que tienes que formar consenso, alimentarte de todas las percepciones, de todas las inteligencias. Creo que tenemos capacidad instalada, tenemos la gente, tenemos un por qué, tenemos cómo. Sería muy lamentable que no hiciéramos las cosas bien pudiendo y teniendo cómo hacerlas. Si en algún momento ha sido necesaria la participación, es este.


Foto de portada: Carolina García Salas


(Tomado de Revista Temas)






domingo, 3 de abril de 2016

Cuba-EEUU: Los desafíos de la normalización

Juan Valdés Paz




Suscribo estas notas después de avistar una ya inmensa masa de comentarios previos y posteriores a la visita del Presidente Barak Obama a Cuba, proveniente de diversos autores y con diferentes enjuiciamientos. Centraré pues mis observaciones con los que considero los desafíos que enfrentará en adelante el llamado “proceso de normalización”.


1. La inusitada visita de un Presidente de EEUU a la República de Cuba, acompañado de su familia y de un enorme séquito de asesores e invitados,  cierra la primera etapa del proceso de normalización iniciado el 17 de diciembre de 2014, a  partir de las conocidas declaraciones del presidente estadounidense Barak Obama y del presidente cubano Raúl Castro. En esta etapa se inició la normalización de las relaciones diplomáticas entre ambos Estados y Gobiernos, se tomaron algunas medidas de apertura económicas, se autorizaron algunos intercambios de bienes y servicios, particularmente de comunicaciones y transportación, y se suscribieron algunos acuerdos de cooperación.


La visita de Obama a la Isla contribuiría a que el proceso de normalización se hiciese “irreversible”, reforzara su “legado histórico”, y pusiese a prueba la capacidad norteamericana de influir en el escenario interno cubano y sobre sectores de su sociedad. Al respecto, podemos considerar la visita de Obama como un éxito de imagen y comunicación social.


El Gobierno cubano había hecho posible el inicio de las negociaciones al dejar de condicionarlas a la supresión previa del bloqueo económico y financiero de EEUU al país y ha favorecido ahora su continuidad, al recibir al Presidente de EEUU con la intención declarada de dirigirse a sectores de la población cubana como culminación de acciones antes anunciadas de influir en un cambio de régimen en Cuba, por otros medios.


El Gobierno cubano ha tratado de compensar estos gestos e intenciones norteamericanos con reiteradas declaraciones respecto de las condiciones presentes y futuras de dicho “proceso de normalización” de las relaciones entre ambos países, tales como: el respeto a las soberanía y autodeterminación irrestricta de los cubanos; la negociación de sus diferendos entre iguales; basar sus relaciones en el derecho internacional; así como la plena independencia de su política exterior. La experiencia futura nos dirá cuanta viabilidad tuvo este proceso de normalización bajo estas condiciones.


Quedan por conocerse o conjeturar, los contenidos de los intercambios privados  sostenidos entre ambos presidentes, en temas nacionales e internacionales. Podemos suponer que de parte de EEUU fueron: la delimitación de soberanías en las aguas del Golfo, entre los países concernidos; el espacio que le estará disponible en la reforma económica cubana; el posicionamiento frente a los procesos de cambios en la región latinoamericana y caribeña; las acciones contra el bloqueo;  y los temas pendientes de la normalización. Y de parte del Gobierno cubano: este habría reiterado: sus demandas para una normalización completa -abrogación del bloqueo económico y financiero, la indemnización por los daños ocasionados al pueblo cubano, la supresión de las acciones subversivas contra el régimen cubano, y la devolución del territorio de la Base Naval de Guantánamo- así como el rechazo a las pretensiones explícitas  del Gobierno norteamericano de influir en el  proceso de reformas en curso en Cuba.


2. Como era previsible, la visita de Barack Obama a Cuba fue diseñada como un espectáculo que tuvo de la parte cubana toda clase de facilidades. Dejando a un lado “las secretas intenciones”, es de reconocer que sus emotivos discursos, tuvieron la calidad y penetración esperadas. Ambos, presencia y discursos, fueron un ejercicio práctico de lo que se ha dado en llamar por él mismo, el “soft power”.


El propio Obama hizo de su visita un  parte de agua y un hito histórico al decir y comprometerse con que,“He venido aquí para enterrar el último resquicio de la Guerra Fría en el continente americano. He venido aquí para extender una mano de amistad al pueblo cubano”.


Inesperadamente, Obama habló poco de economía, de “la actualización del modelo económico” cubano, iniciada hace más de un quinquenio, o del debate abierto sobre un nuevo modelo. No obstante reiteró su rechazo al bloqueo. Aludió al proceso de reformas en curso sugiriendo, graciosamente, acelerarlo “como un socio de EEUU”. En su lugar prefirió promover su “Credo” personal en el supuesto de que este debería realizarse en Cuba.


Como dice Rafael Hernández, Obama hizo “la cartografía de todo lo prohibido” en Cuba. Pero lo más interesante es que su discurso robaba a los sectores socialistas, críticos de la sociedad cubana, una gran parte de sus reivindicaciones de desestatización, desregulación, descentralización, socialización, autogobierno y autogestión, así como de un mayor desarrollo democrático (“la democracia es la forma de cambiarlo”, Obama dixit) entendido como mejor deliberación, representación y participación de la población. Estas son ideas y demandas internas a la sociedad cubana que se colocan en la tradición comunista de “democracia plena”, (Rosa Luxemburgo dixit). Tales coincidencias explicarían su receptividad para los cubanos más que sus llamados a un “futuro de esperanza” y sus promesas de un futuro acompañado.


Obama mostró una aguda percepción de la sociedad cubana y de  la posible evolución de los escenarios internos y externos. Identificó “nichos” de influencia e interpeló por su nombre a sectores emergentes (“trabajadores autónomos”, “emprendedores”), generacionales (“me dirijo a los jóvenes de Cuba”), grupos en desventajas (“afro descendientes”), población en riesgo, etc.


Sorpresivamente, su discurso fue más una propuesta socialdemócrata que liberal o neoliberal, con lo cual conectó con unas de las corrientes ideológico política en auge  en Cuba y con su eventual base social. En una sociedad que a su pesar acrecienta su patrón de desigualdad su prédica fue que todos ganaremos.


Finalmente, en un lapsus de soberbia imperial, Obama dijo que “Cuba no tiene que ser definida por estar en contra de los Estados Unidos…”, como si la identidad nacional cubana forjada en 500 años dependiese de ellos. Curiosamente, ha sido la ruptura con la dominación de EEUU la que ha permitido a la nación cubana su reconocimiento universal.


3. Si el Presidente Obama utilizase los meses que le quedan de su mandato para incidir con nuevas medidas ejecutivas sobre el proceso de normalización condicionaría en mayor medida la continuidad de su política por parte de una nueva Administración y demarcaría un nuevo tramo de ese proceso. Ello supone que los poderes fácticos que aprueban su política hacia Cuba lo acompañarán hasta el final y que se incrementarán los grupos de presión y de opinión en su favor.


Otra condición favorable sería que como hasta ahora, el tema cubano saliese de la disputa electoral en curso, cosa posible pero no probable.


4. Más en general, las próximas etapas del proceso de normalización se  enfrentarán del lado norteamericano a las modalidades que futuras Administraciones darán a su política hacia Cuba y al peso que le darán en ella a sus premisas geopolíticas. Del lado cubano influirá la marcha de su recuperación económica, los cambios institucionales y el grado de penetración que los EEUU hayan alcanzado para entonces en la economía y la sociedad cubana.


Un punto de desencuentro, será la política de recuperación hegemónica de EEUU sobre América Latina y el Caribe (“todos somos americanos”) y sus correspondientes soportes político, económico y militar. La triangulación que se pretenda con la política hacia Cuba y la política regional será una permanente fuente de desencuentro y eventualmente de confrontación, cosa que podrá agravarse con futuras Administraciones.


Al respecto sería útil retener que el debilitamiento de las  fuerzas progresistas en gobiernos de la región, modificará la correlación de fuerzas con el predominio del eje centro-derecha de países, cosa que influirá en todos los mecanismos de integración económica regionales y aún más en los de concertación política, caso de la OEA y la CELAC. Ello afectará el recurso regional en apoyo a las posiciones cubanas en el proceso de normalización.


Cuba deberá  promover la unidad latinoamericana y la vez una agenda concertada frente a EEUU; igualmente, mantener su solidaridad con los gobiernos de la región que promueven cambios soberanos en favor de las grandes mayorías de sus países.


4. No parece que en próximas etapas del llamado proceso del normalización entre Cuba y EEUU, este transcurrirá con el “deslizamiento” de la primera  y es altamente probable que las próximas Administraciones norteamericanas se coloquen en la perspectiva de que le corresponde a la parte cubana hacer gestos o concesiones que justifiquen las nuevas acciones de normalización por parte de EEUU. Esta noción de “toma y daca” colocarán a   las reivindicaciones cubanas en un plano de difícil solución. El Partido y el Gobierno cubanos tendrán que atemperar sus estrategias de negociación a estas condiciones.


Quizás el mayor desafío para el Gobierno cubano –actual y futuro- estribe en lidiar con la pretensión norteamericana de ser un actor interno en la sociedad y política cubana. Se trata de una vocación imperial de difícil contención. De hecho, el despliegue  de Obama, en su reciente visita a La Habana, no tuvo de la parte cubana las limitaciones esperadas, protocolares o de actuación


Otro complejo desafío para la Dirección cubana será recomponer su discurso hegemónico sobre la sociedad cubana en cual se incluyan, las reformas en curso, la normalización de las relaciones con EEUU y a la vez, el compromiso tercermundista, latinoamericanista, antiimperialista y anticapitalista de la Revolución Cubana.


5. Una cuestión más de fondo que subyacerá a todo el proceso de normalización y que puede hacerlo indefinido, se refiere a las respectivas concepciones sobre el estado de “normalidad” de las relaciones entre ellas. La condición de superpotencia, hegemón regional y líder del capitalismo global le dará a EEUU una percepción asimétrica de cualquier escenario que considere “normalizado” y una propensión irrefrenable a dominar su espacio geopolítico. Cuba será siempre el término débil de esas relaciones y tendrá que refrenar permanentemente la vocación imperial de EEUU. Para ello los cubanos no deberán olvidar en ninguna medida


que existen contradicciones irreductible entre las dos partes –geopolíticas, de proyectos de nación y sociedad, de integración latinoamericana y caribeña, de opciones de desarrollo, etc.- tal como atestigua la historia de dichas relaciones.


Como declaró Obama esas contradicciones no se manifestarán ya en un escenario de guerra fría pero como han advertido muchos analistas, ese nuevo escenario de guerra será como nunca antes, comunicacional, simbólico  y cultural. Pero ningún escenario deberá obviar que la Revolución cubana tiene sus propias metas y valores. Olvidarlo sería condenarnos a volver a vivirlos.







sociólogo, politólogo, analista y Premio Nacional de Ciencias Sociales 2014 de Cuba.



Fuente:
www.sinpermiso.info, 3 de abril 2016

sábado, 2 de abril de 2016

Cuba-EE.UU: Captar el mensaje con oído inteligente

Por MARÍA VICTORIA VALDÉS RODDA


maria-victoriaPasará a la historia como el primer presidente estadounidense que en plenas funciones haya transitado el camino de la distensión con Cuba. Pero aún le falta mucho para ser el primero que realmente respete la democracia y el Socialismo cubano.


En su discurso al pueblo de la Isla, y ante la sociedad civil antillana, efectuado hoy en el capitalino Teatro Alicia Alonso, este 22 de marzo, Obama, si bien desde sus palabras iniciales usara una frase de José Martí como gesto de amistad al ofrecer, igual que el Héroe Nacional, una rosa blanca, no fue del todo sincero.


Por más que se haya empeñado en recalcar a lo largo de su intervención que el destino de Cuba solo le corresponde decidirlo a los cubanos, tuvo toda la intención del mundo remarcar en lo beneficioso que es el individuo aislado como ente transformador de la sociedad y nunca en su comunión con un Estado que desde el mismo 1 de Enero de 1959 ha promulgado leyes de justicia social para todos.


También es cierto que reconoció algunas de las deficiencias de su sistema político pero jamás lo nombró como capitalismo, donde lo que priman son los intereses de las transnacionales y el gran complejo militar industrial. Y no podía ser de otro modo, pues estas palabras también le sirven de antesala a su próxima vista a la Argentina, de la cual espera una alianza para reforzar el esquema neoliberal y los tratados de Libre Comercio en la región.


De lo que no caben dudas es de que se trata de un hombre muy inteligente, muy bien educado en todas las artes y ciencias de la comunicación, la historia y la política. Como era obvio que sucediera recalca en el individualismo la base del desarrollo, ignorando con ello todos los avances que en materia social y de progreso tiene el país, entre otras cosas por la dialéctica con que nuestro gobierno revolucionario, empezando por el propio Fidel, ha sabido enfrentar cada una de nuestras etapas históricas.


El hecho de que se tenga una base tecnológica que permita ensayos clínicos de primer nivel en áreas científicas como el enfrentamiento al cáncer, o que la nación arribara a inicios de marzo de este año al millón de turistas se debe al impulso estatal del sector hotelero y de la gran cultura y cuidado del entorno que puede lucir la Revolución cubana.


Sin embargo, debemos ser honestos del todo. Es cierto que Obama reconoció la labor de nuestros galenos, de nuestros logros generales en materia de igualdad racial, y de nuestra mente abierta en este proceso de acercamiento bilateral. Méritos propios tiene en desbrozar un camino por el fin del bloqueo, eso es inobjetable.


Pero ilusos aquellos que pensaron que por su boca no iban a salir palabras de elogio al capitalismo. El de ahora ya nada tiene que ver con el original de acumulación del capital, donde un pobre tenía posibilidades de hacerse millonario. Ahora las reglas del juego son más duras. El propio Obama no ha podido realizar una reforma migratoria, o sanitaria como prometió en su campaña electoral. En este mundo globalizado quienes mandan son los grandes monopolios.


Así que la sociedad cubana debe tomarse ese discurso bien en serio, no únicamente para ver las bondades de un acercamiento, sino además para interpretar que la esencia del Imperialismo sigue siendo el mismo, solo que ahora con un lenguaje diáfano, sutil.


De ningún modo cabe la desesperanza, y si atarse al pasado es sumamente peligroso, también es un bálsamo recurrir a las raíces, apelar al tronco fundacional de una nación para admitir que Obama tiene razón que el destino de Cuba solo le corresponde a ella misma. En eso andamos.




viernes, 1 de abril de 2016

Los retos políticos, sociales y económicos de la Cuba de hoy

Conversando con el  economista, politólogo  e intelectual cubano Esteban Morales


Por Ute Evers


 MONCADA – 01 de abril de 2016


 "El problema fundamental, en Cuba, no era solamente ser negro, sino ser pobre“, Reyita, sencillamente,


Daisy Rubiera Castillo, 1997


 Releyendo la historia oficial  y no oficial de Cuba, uno puede tropezarse con varias figuras que han sido y son transcendentales en cuanto a la lucha contra la discriminación racial, sea a través de la lucha real, sea a través de la palabra, la literatura[1], es decir, existe desde la historia moderna de Cuba ya una tradición en el tema del racismo. ¿Cuál es su percepción de la sociedad cubana actual en relación con la segmentación social según el “color de la piel“?


 RESPUESTA:


 Sí existía una tradición de lucha contra el racismo en Cuba. Que  ha quedado plasmada en la historia del tema desde principios del siglo XX  en especial. Pero con el  triunfo de la Revolución, la actitud de nuestros principales líderes ante el problema y la extraordinariamente humanista política social  de la revolución, junto a la combinación entre el  potencial componente de división social del tema y los ataques del imperialismo a Cuba, en especial la política agresiva de Estados Unidos, se abrió la tendencia a decir que el asunto se había solucionado(1962 ) , que el  tema nos dividía, que había que estar muy unidos para enfrentar a la contrarrevolución. Junto a la política social mencionada,  el peligro de dividirnos frente a los enemigos  y el trato social prodigado a todos casi  por igual, el tema encontró un contexto propicio para que fuera negado y relegado.


 Solo nos percatamos de que habíamos sido idealistas al considerarlo como algo resuelto, cuando la crisis económica de finales de los ochenta y principios de los noventa, puso de manifiesto que eran los negros y mestizos los que más la sufrían, por venir de más atrás que los blancos, que en Cuba nunca habían sido esclavos. También con la cierta revitalización del mercado, el turismo, las inversiones extranjeras etc. Los empleos se hicieron más competitivos, se produjo cierta competencia social por la economía del dólar  y el racismo como instrumento de diferenciación social emergió nuevamente de donde se había escondido, hasta encontrar el momento propicio para resurgir. El racismo no desapareció, pero hasta los años 80 el ambiente no le era propicio, predominaba el igualitarismo, la política social igualitaria, etc. Solo reemergió a partir de la segunda mitad de los 80, cuando el momento le  fue más propicio.


 Entonces, al ganar  un grupo de nuestra intelectualidad conciencia del problema, comenzó la etapa actual de lucha contra el racismo y la discriminación racial. Ahora el debate crece, la lucha se agudiza, la sociedad es cada vez más consciente del problema y se va reproduciendo y recuperando la  tradición que ya existia. Ante la realidad de que no ha pasado aunque el color de la piel en Cuba, continua siendo una variable de diferenciación social, que afectar  el proyecto humanista y no se le puede permitir avanzar.


¿En qué se manifiesta ese “racismo cotidiano“, que parece contradictorio, al considerar los numerosos funcionarios e intelectuales afrocubanos, que son muy reconocidos en Cuba y ocupan un importante papel en la sociedad cubana a nivel oficial y público? Pienso en Esteban Lazo (presidente del Parlamento cubano), Zuleica Romay (presidenta del Instituto Cubano del Libro), Nancy Morejón (directora de la revista UNION), Roberto Zurbano (hasta hace poco director de la Editorial  de la Casa de las Américas), y usted mismo, reconocido más allá de Cuba...


 RESPUESTA:


 Se manifiesta principalmente, en que Cuba es una sociedad multirracial, multicolor más bien, pero  esa muticoloridad aún no ocupa todos los espacios que debe tener. Dentro de  una sociedad, que aunque vendida durante mucho tiempo por los sectores dominantes como una sociedad blanca, no lo es;  pero  esa multicoloridad no ocupa aun todos los espacios que debe ocupar. Porque paradójicamente, en realidad, en  Cuba,  lo que no hay  son blancos. Porque, los españoles, que nos colonizaron, llegaron con credenciales de blancos y así se quedaron, pero no eran  blancos, y aun  para su  vergüenza, no asumen suficientemente sus ancestros árabes y africanos. Ese reconocimiento se abre paso  cada dia. Recuerden que nuestra cultura es racista, aunque mestiza y  aun vivimos dentro de una sociedad de hegemonía blanca, que no asume el color en la escuela, no habla de él y aun nuestro censo califica como blanca a más del 60% de nuestra población y como negra y mestiza solo a menos de un 40%; negros en específico solo el 10%.


Por eso faltan negros en posiciones relevantes en el turismo, en  las corporaciones, el ballet etc. pero se trata de un problema no simplemente racial sino cultural. La propia familia negra cría aun a sus hijos con los prejuicios sobre el color. Aun nuestra policía le pide más la  identificación a los negros en la calle que a los blancos;  aunque Usted nunca verá ofender a un negro abiertamente. Porque nuestro racismo no llegó a ser el de los bebederos para negros separados de los blancos, como en los Estados Unidos; pero sí  el racismo solapado, hipócrita, dentro de la familia, racismo de negros y blancos, que heredamos de España. Pero el tema apenas está en los medios, en las universidades, en la televisión, etc. Lo que trae como resultado de que aun casi que eduquemos para ser blancos y vivamos dentro  de una sociedad mestiza pero con una hegemonía blanca aun subyacente. No se trata de un asunto agresivo, que provoque guerras entre nosotros, ni debates desagradables, pero que existe y hay que combatir. Entre  muchos que lo ignoran, voluntaria e involuntariamente, que lo niegan, que no  lo comprenden, etc.


Muchas veces se puede leer que en Cuba aún existen las “antiguas raíces“ del racismo.[2] ¿Está de acuerdo con ello? ¿Cómo hacer para arrancarlas de una vez?


 RESPUESTA:


 Las raíces del racismo tienen que ser extirpadas aún. Como un problema cultural, como una disfuncionalidad social que aún nos afecta. Pero es principalmente un problema cultural, que solo se soluciona con el desarrollo educacional y todo lo que debe acompañarlo, la televisión, la radio, el discurso político, la distribución de los espacios de poder, la penalización de los que lo mantienen como rasgo del comportamiento social. Se trata de que Jose Martí nos dejó un gran tesoro para luchar contra el racismo y la discriminación, pero aún no logramos desterrar  de nuestra ideología social a Jose Antonio Saco, padre del racismo, el blanqueamiento, de concebir al cubano solo como blanco, del  criterio de mejorar  la “raza“ blanqueando. Por eso no se trata de una batalla entre negros y blancos, sino de toda la sociedad en su conjunto,  con la conciencia de extirpar el problema de la sociedad cubana.


 El racismo y la discriminación racial en Cuba son una disfuncionalidad social.


 Acerca del problema racial en Cuba, usted  ha escrito que no solo existe preocupación sino también rechazo, “y más aún, ignorancia“. ¿En qué sentido se da ese “rechazo“ y esa “ignorancia“?


 RESPUESTA:


 Muchos cubanos lo rechazan y ese rechazo crece con el desarrollo cultural de la nación. Pero también existe ignorancia, real y asumida,  voluntaria e involuntaria,  para no tratar  a veces el problema. Realidad e hipocresía.


 La ignorancia sobre el tema es lo que más afecta, por la inconciencia ante el problema, la indefensión, pues  se necesita un pensamiento claro para percibirlo. Se necesita preocupar acerca de sus posibles manifestaciones, porque de lo contrario se comporta como enemigo en las sombras, lo cual lo hace más  peligroso. Nadie acepta ser racista en Cuba, muchos lo son sin darse cuenta, otros incluso lo utilizan como instrumento en la sombra ,muchos no prestan atención al problema. Muchos van tomando conciencia del problema. Pero se agazapa y hay que descubrirlos siempre. Para que todos ganen conciencia del  daño que hace y lo combatan.


 En medio del ambiente de paz social  que existe en Cuba, entre los cubanos, predomina la confraternidad, la solidaridad, la aceptación del otro, pero el problema está ahí, como una herencia de la esclavitud, no superada y más bien agudizada  resultado  de las imperfecciones aún existentes dentro de la sociedad cubana de hoy,  que se manifiesta muchas veces sin que nos percatemos de ello,


 En uno de sus ensayos sobre la sociedad cubana usted dice que los años noventa del siglo pasado propiciaron una nueva desigualdad social en la sociedad cubana, sobre todo en cuanto a la población afrocubana. ¿Nos podría explicar por qué y en qué sentido?


 RESPUESTA:


 Ya expliqué un poco esto. La desigualdad no pudo desaparecer, no dió tiempo a extirparla. Además, la política social atacó la pobreza, pero no tuvo en cuenta el color. Ahora tenemos más conciencia de que pobreza, desigualdad y color, se coligan, forman un triángulo terrible. Al ser el color una variable de diferenciación social en Cuba. Entonces, después de combatir mucho contra ella, la desigualdad reapareció acompañada por la discriminación racial que también reemergió en medio de las condiciones propiciadas por la crisis.


 En su artículo Corrupción: ¿Hasta cuándo?[3] usted concluye “que los trabajadores no deben permitir que ningún organismo burocrático luche solo contra la corrupción, sin su explicita participación y fiscalización“ y antes duda de la eficiencia de la prensa nacional y constata que “la corrupción contamina todo la estructura estatal de gobierno y política, deviniendo en un problema de seguridad nacional. Por lo que como tal debe ser atacada, atendida por la estructura gubernamental y política y penada, con todo rigor, por la estructura legal.“ ¿Se están creando mecanismos que mejoren el diálogo entre este triángulo PRENSA-GOBIERNO-PARTICIPACIÓN POPULAR para contrarrestar la corrupción, que Fidel Castro llamó el “enemigo más grande de la Revolución cubana“?


 RESPUESTA:


 La burocracia no puede por sí misma solucionar la corrupción. Ni siquiera luchar sola contra ella. Porque, aunque todos los burócratas no son corruptos;  la burocracia resulta ser corrupta por su propia naturaleza y tiene  que ser muy controlada  para que no se desvíe. Viven de los bienes estatales sin producirlos  y cuando usufructúan  esos bienes de manera indebida,  se protegen unos a otros. Por eso no son la fuerza principal de choque contra la corrupción. Tienen muchas limitaciones, se paralizan ante los niveles superiores, no miran suficientemente hacia arriba, no golpean hacia arriba, oportunistamente  cuidan sus cargos y posiciones.


 Por eso la confianza mayor de la lucha contra la corrupción hay que ponerla en los que la sufren.  Sin la participación de los trabajadores no se puede resolver el problema, hay que darles  un papel fundamental a los trabajadores y sus organizaciones en la lucha contra la corrupción, pues son los que menos se corrompen. Entonces, un sólido mecanismo de prensa, gobierno y participación popular, es lo que mejor puede combatir  a la corrupción.


 En los últimos años, mucho más desde que Raúl Castro preside el gobierno, la sociedad cubana ha experimentado numerosos y fundamentales cambios políticos y económicos, hasta llegar al 17 de diciembre, cuando empezó oficialmente el diálogo entre los presidentes Raúl Castro y Barak Obama, el cual continuó en la reciente Cumbre de las Américas en Panamá. ¿Cuáles son ahora los retos para el gobierno cubano a corto y largo plazo ante la creciente presencia norteamericana y ante la futura “entrada“ de lo estadounidense en todos los ámbitos de la vida cubana?


 Antes la lucha contra Estados Unidos se desenvolvía de trinchera a trinchera, ellos estaban allá y nosotros acá. Ahora los tenemos en el estómago. Por lo cual habrá que trabajar muy duro para digerirlos, antes de que ellos nos traguen  a nosotros.


 La sociedad cubana tendrá que probar su fortaleza de asimilarlos, primero en la economía y también  aprovechar todo lo que traen que nos pueda fortalecer;  digerir y expulsar todo lo que nos pueda hacer daño. Para  eso nuestra fortaleza económica y la  cultura fuertemente integrada, nuestro patriotismo, nuestra capacidad de negociar con sus intereses y nuestra capacidad de dar a los que vienen lo que buscan dentro de la sociedad cubana, en términos culturales, científicos, humanos, serán las claves.


 Estados Unidos no solo no pudo aislarnos del ámbito internacional sino tampoco de la sociedad norteamericana y hoy Cuba cuenta con una influencia en los Estados Unidos, que fue uno de los factores que obraron para  impulsar el cambio de política hacia Cuba. Además, ideológicamente hablando, nosotros  hemos vivido durante mucho tiempo bajo la influencia de Estados Unidos;  los conocemos, en muchas cosas  somos una versión de ellos mismos.  Conocimos al pato donald, somos   los más norteamericanos de este hemisferio, nos parecemos mucho, a veces nos diferencia solo el idioma. Hemos visto como se asombran de todo  lo que la sociedad cubana les ofrece que no conocen, en términos culturales, humanos, de amistad, solidaridad, convivencia, cultura que los deslumbra, los  atrapa, lo enamora, y la mayoría se van de Cuba queriendo volver.


 Encuentran  en Cuba un nivel de convivencia social  humanizada que desconocen, que les  interesa, por su sencillez, su humanismo, su sinceridad, su  austeridad, su vivir feliz con poco, con solo lo indispensable, sin la abundancia estúpida, ante el  consumismo  que no ofrece ningún placer. La  música los atrapa, la convivencia familiar, el desinterés y la frescura de buena parte de nuestra juventud, etc.


 Tenemos armas con qué  combatir  que   desconocen. No todos los que vienen a Cuba tendrán el interés  de subvertirnos,  aunque quieran hacerlo. Demasiados no llegan a Cuba con ese plan. Por tanto, también  podrán ser  objeto de nuestra influencia.


 No tenemos por qué ponernos paranoicos. Tenemos las armas de nuestra cultura y  de una convivencia social que ellos desconocen.


 Usted siempre ha tocado temas muy delicados en relación con la sociedad, la política y la economía de su país. Su posición crítica le llevó al extremo de que en 2010 fuera separado de las filas del Partido Comunista Cubano, aunque luego fuera aceptado nuevamente.  Y este año usted fue con una delegación oficial  a Panamá para presenciar en  la Cumbre de las Américas. ¿Cómo se percibe usted dentro de la vida oficial política en Cuba? ¿Cuáles serían las fronteras, los límites entre una participación oficial y una participación independiente?


 RESPUESTA:


 Yo no formé parte de la delegación que usted llama oficial cubana a la Cumbre de Panamá. Más que oficial, fue una delegación compuesta por diferentes organizaciones e instituciones sociales  y culturales  de nuestra vida social y política. Lo que se ha dado en llamar a veces  como sociedad civil.


 Yo fui a la Cumbre contratado como experto de TELESUR,  solicitado por ese  canal multinacional. Consideraron que debía ser  el comentarista de sus noticias e informaciones durante  la cumbre y por eso me llevaron. Nadie, ni el gobierno cubano ni la UNEAC de la cual soy miembro de su  consejo  nacional, tuvieron nada que ver con esa designación. Fue algo exclusivamente entre  TELESUR  y yo.


Yo creo que lo de oficial  o no oficial  es una trampa. Yo no acepto ese lenguaje. Yo soy una sola persona, con mis compromisos académicos,  políticos y sociales. Cualquiera que me lleve a un lugar, el Estado, el Gobierno o TELESUR, siempre tendrán que cargar conmigo con todo lo que yo soy. En primer lugar un revolucionario cubano.


La militancia en el 2010  me la quitaron por ser un revolucionario cubano en aquel momento, pues los que estaban desfasados  fueron los que consideraron dentro del partido,  que por escribir lo que yo había escrito  no podía continuar  siendo militante. Muy  poco tiempo después de haberle escrito,  el Cro. Raúl Castro orientó  devolverme  la militancia.


Por mi parte, la persona que escribió el artículo, por el que le quitaron la militancia, la persona a la  que le quitaron la militancia y la persona a la que le devolvieron la militancia,  es la misma  persona, antes de escribir el artículo, después de escribirlo, después  de quitarle la militancia y después de devolvérsela.


Mi posición continua siendo la misma de siempre y haré lo que tenga que hacer, siempre que sea porque considere que con ello  estoy defendiendo a la revolución cubana.


Yo simplemente tengo un lema:  “Quien  en los momentos que estamos viviendo quiera continuar siendo revolucionario,  deberá  tener su propia guerra, librar sus propias batallas y correr  los riesgos que le vengan encima, de lo contrario que se quede en su casa debajo de la cama”.


 Espero con esto haber logrado  satisfacer  su interés.


Saludos


 Un abrazo fraterno


 Esteban Morales


 1] Ahí están, sólo por nombrar unos pocos, José Antonio Aponte (asesinado en 1812), Antonio Maceo (1845-1896), el poeta Nicolás Guillén (1902-1989), el ensayista Walterio Carbonell (1920-2008) o, “sencillamente Reyita“.


[2] Pedro de la Hoz, «Una pelea cubana por la dignidad y plenitud humanas», en: Granma Digital 01.04.2015, cita, según el ensayista y Premio Nacional de Ciencias Sociales Fernando Martínez Heredia.


[3] Moncada, UNEAC, diciembre 2013.


[1] Ahí están, sólo por nombrar unos pocos, José Antonio Aponte (asesinado en 1812), Antonio Maceo (1845-1896), el poeta Nicolás Guillén (1902-1989), el ensayista Walterio Carbonell (1920-2008) o, „sencillamente Reyita“.


[2] Pedro de la Hoz, «Una pelea cubana por la dignidad y pelnitud humanas», en: Granma Digital 01.04.2015, cita, según el ensayista y Premio Nacional de Ciencias Sociales Fernando Martínez Herredia.


[3] Moncada, UNEAC, dicembre 2013.