lunes, 27 de febrero de 2017

Los enemigos que me gusta tener.

Por Iroel Sánchez 


Es un hecho que el gobierno de EEUU ha trasladado a Internet su guerra de propaganda contra Cuba, que por ley recibe 50 millones de dólares de fondos federales estadounidenses.
Las webs Martí noticias, Cibercuba, Cubanet y 14 y medio forman parte de ese sistema cuyas informaciones son enviadas como spam a través de SMS y correos electrónicos. En los debates de las últimas semanas en Internet esos espacios se han alineado contra este blog pero eso no es "guerra sucia", ni "ataque", ni es insulto ni descalificación, a pesar de que allí llueven los adjetivos junto al nombre del editor de esta bitácora, como prueba la siguiente imagen que arroja el buscador de noticias de Google. 
google-iroel
Pero como eso que se hace allí no es "oficialismo" ni "periodismo estatal", a pesar de que ese ejecuta con el dinero y el respaldo de funcionarios y oficiales del gobierno más poderoso del planeta, no podemos esperar otra cosa que el silencio de quienes se dicen preocupados por pluralismo, la democracia y la libertad de expresión en Cuba. 
Es que mientras unos hablan tanto de sus supuestos enemigos en el aparato estatal y político cubanos que llegan a convencer a gente inteligente de que son víctimas de oscuras conspiraciones de las que no pueden aportar otra prueba que la mediocridad de un anónimo bloguero cuya falta de ética no podemos más que rechazar, otros decimos con Paco Ignacio Taibo II "yo tengo los enemigos que me gusta tener": el imperio y los que a su oneroso sueldo trabajan articuladamente por regresar a Cuba a antes de 1959, cuando la libertad de expresión -según la concibe EEUU- se enseñoreaba sobre este país mientras las uñas, dientes y vidas de no pocos cubanos eran arrancadas para mantener ese estatu quo al que sueñan retornarnos quienes se han reunido varias veces en Miami con el señor Donald Trump. 
¿Eso es cosa del pasado? El actual presidente del gobierno que está detrás de Martí noticias, Cibercuba, Cubanet y 14 y medio afirmó durante su campaña electoral "¿Que si apoyo el ahogamiento simulado? Te puedes apostar el culo a que sí", y ya en el poder, el 26 de enero dijo en una entrevista a la televisora ABC: 
"He hablado con personas en lo más alto de la cúpula de inteligencia y les he preguntado si la tortura funciona y la respuesta fue sí."
Pero a diferencia de quienes se ponen el traje de víctimas para esconder su sistemática victimización de la verdad, no esperemos que la maquinaria de propaganda imperial se rasgue las vestiduras sino que guarde el mismo silencio que cuando se pidió para Cuba "una purga exhaustiva, calcinante" "de las últimas seis décadas".

jueves, 23 de febrero de 2017

Algo sobre afanes socialistas y modos de propiedad

Por Luis Toledo Sande

Que una pauta esté legislada, aprobada y establecida, avalada por el extraordinario sentido común, y hasta examinada masivamente, no es garantía bastante para su cumplimiento. Las razones que conspiran contra la consumación de las mejores alternativas pueden ser diversas, pero en ningún caso deben asumirse con resignación, o con la inercia propia de mentalidades que deben ser cambiadas.

En el fragor de la ineludible defensa de la nación asediada se pudo alguna vez creer que, por muy fundada que fuese, la crítica a una institución estatal podía suponerse dirigida contra el Estado mismo y “darle armas al enemigo”. Discutible y dañina, en algunas mentes esa tendencia pudiera convivir ahora con otra que se agravaría si, a pesar de todo lo ética y legalmente establecido, calara en medios de información del país o en algunos de sus representantes: estimar que a los propietarios privados no se les debe rozar ni con un jazmín, para que no parezca que se va contra ellos en bloque, o contra la voluntad estatal de fomentarlos en cifras y modos útiles, necesarios.

Sería irresponsable, más bien suicida, olvidar —o menguar el reconocimiento merecido por ese hecho— que en los afanes socialistas la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y de servicios debe primar con respecto a otras, a la vez que ser eficiente y librarse de la corrupción. Solo así podrá competir exitosamente con la privada, en la cual los propietarios gozan de un sentido de pertenencia sin mediaciones —“¡Esto es mío!”—, y de mecanismos eficaces para impedir que les roben, aunque no siempre consigan evitarlo.

Nadie se ofenda si se dice que el signo de lo individual, base del individualismo, es guardián y garante del buen funcionamiento en el sector privado: los dueños buscan ganancias para sí, no para la nación. Incluso los que tuvieran vocación filantrópica, para ejercerla necesitarían, primero, lograr rentabilidad, mejor cuanto más alta.

En Cuba no parece que hayan funcionado con toda la efectividad necesaria las prácticas y la propaganda que le muestren al pueblo —verdadero dueño de la propiedad social, administrada por el Estado— que los bienes materiales y los servicios los genera el trabajo, no la buena voluntad estatal, ni el paternalismo. Los propietarios privados, aun aquellos —¿cuántos habrá en el mundo?— que cumplan escrupulosamente sus obligaciones tributarias, no procuran como aspiración central ingresos para invertirlos en construir y mantener hospitales y escuelas de carácter público, y en que unos y otras funcionen bien.

Se empeñan, sí, en lograr rentabilidad, plusvalía, y, si tienen éxito, podrán pagar a sus empleados (explotados, o no se ha entendido ni una media palabra de marxismo, de la vida) salarios mucho más altos que los fijados en el sector estatal. Con esto no se sugiere, ¡no!, que el Estado renuncie a que en el ámbito de la propiedad social de todo el pueblo los salarios les aseguren a trabajadoras y trabajadores una vida honrada y grata, o por lo menos llevadera.

La batalla —de pensamiento y actos— en torno a los modos de propiedad y sus derivaciones, es decisiva para iluminar la construcción del socialismo. No es fortuito que el imperio apueste por el sector privado en sus planes de influir en Cuba, tras haber intentado doblegarla con bloqueo y hechos de armas.

Aunque el bloqueo perdura a despecho del repudio internacional, ya el imperio ha sido capaz de admitir que —aun habiendo dañado tanto a Cuba— no le ha dado a él todos los resultados que esperaba, y por ello hace más de dos años anunció que aplicaría un cambio de táctica, no de fines. Al tiempo que ha hablado de levantar el bloqueo, de manera coherente con su esencia sistémica reforzada por el neoliberalismo en marcha, ha proclamado que privilegiará al sector privado, no al estatal.

Talleres automotrices y otros de propiedad privada se perciben más eficientes que los estatales. Pero ¿de dónde salen las piezas de repuesto que desaparecen en estos últimos? No es aconsejable descartar que, al menos en algunos casos, pueden sustraerse de almacenes del sector estatal en que administradores y otros empleados —el administrador también es un empleado, aunque los haya que se crean dueños y señores— roben para obtener ganancias ilícitas.

Es previsible que los talleres privados aumenten, y con ello el Estado podría concentrarse en lo cardinal. Así, para ser reparadas, las chivichanas no tendrían que competir con centrales eléctricas, ni las bicicletas con sofisticados equipos médicos. Según se dice, ya exitosos propietarios de esos talleres importan por su cuenta lo que necesitan, en parte al menos.

Lo hacen hasta con ayuda de internet —posiblemente de buena conexión—, y yendo ellos mismos o enviados suyos a comprar en otros países sin que, al parecer, se les interponga el bloqueo que le dificulta al Estado cubano, cuando no se lo impide, adquirir medicamentos para la población, un crimen que ha ocasionado hasta muertes. Pero la acumulación originaria de capital para tales emprendimientos por parte de dueños ¿será siempre fruto del tesón laboral y la eficiencia, nunca de ganancias conseguidas gracias a la corrupción y la desidia en el sector estatal, o a “donaciones” subrepticias hechas desde el exterior?

Sobre la realidad o sobre la imaginación rondan la voluntad imperial de apoyar la propiedad privada en Cuba, y rondan también las implicaciones de ese hecho. Ingenuidad o mucho más sería que representantes del Estado cubano —la prensa entre ellos— lo ignorasen. Los desafíos planteados convocan a todo el pueblo, incluyendo propietarios leales a la patria y deseosos de apoyar el socialismo, aunque esto parezca incompatible con triunfos personales buscados por medio de la propiedad que el imperio respalda.

Y otra cosa es segura: abonar el mito de la propiedad social condenada a ser ineficiente genera complicidad con el neoliberalismo y, por tanto, con el imperio. Que sea de modo inconsciente no simplifica las cosas. Tal vez las agrave.

Luis Toledo Sande

Publicado en Cubadebate:

miércoles, 22 de febrero de 2017

La extraña muerte de Julián del Casal

¿Qué enfermedad o accidente llevó a Julián del Casal a tan temprana muerte? ¿Fue realmente un ataque de risa y la subsiguiente rotura de un aneurisma, como se ha contado una y otra vez?


Desear fervientemente la muerte, la propia muerte, y anunciarla a todo el mundo, aunque sin fecha fija, no se considera hoy normal —ni de buen gusto— en una persona social y psicológicamente sana.
Pero si viajamos a la última década del siglo XIX, no importa si nuestro punto de llegada sea un salón literario en la Ciudad de México, una pobre y «espiritualmente sensible» buhardilla en París o una casa de familia tradicional en La Habana, y las personas de referencia son poetas reconocidos, poetas de verdad, independientemente de que sean románticos, modernistas o simbolistas, el tema adopta otros matices más complicados.
Tomemos un caso en particular donde se enuncia abiertamente ese pertinaz y macabro deseo de poner punto final a la vida.
Arrebatadme al punto de la tierra,
que estoy enfermo y solo y fatigado
y deseo volar hacia la altura,
porque allí debe estar lo que yo he amado.

En efecto, se trata de una cuarteta de un poema («Blanco y Negro» es su título) del cubano Julián del Casal y de la Lastra (1863-1893), uno de esos poetas, repetimos, poetas de verdad, que veían, o decían ver, a la Señora de la Guadaña como a una amiga cercana y oportuna a la que se aguardaba con esperanza y sin temor mientras se escribía, como en una suerte de compás de espera, buena poesía.
Veamos este otro segmento del poema «La agonía de Petronio», en la que supuestamente Julián del Casal se refiere a los momentos finales del elegante y disoluto senador romano Gaius Petronius Arbiter (27-66 NE), condenado a muerte por el emperador Nerón, pero en la que se siente latir el anhelo del bardo cubano por terminar su poco estimulante vida —sus condiciones económicas eran malas, su vivienda pobre, la negación social a la que se enfrentaba debido a su homosexualidad y a la condición de colonia de la Isla le eran asfixiantes— en un final elevado y digno de ser recordado e incluso emulado por las (poquísimas) almas afines que le rodeaban.
Y como se doblega el mustio nardo,
dobló su cuello el moribundo bardo,
libre por siempre de mortales penas
aspirando en su lánguida postura
del agua perfumada la frescura,
y el olor de la sangre de sus venas.

En fin, un hombre, un magnífico poeta muy de su tiempo, añorando, e idealizando, el tránsito de la vida terrena a esa otra, para él sublime, de la que nadie ha regresado.
Y en efecto, la inexorable parca le complació y le premió con una muerte prematura, tan temprana como a los veintinueve años de edad (le faltó un mes para cumplir los treinta), lo que no impidió, y es válida la observación, que pergeñara una obra literaria importantísima y digna de aparecer, codo con codo, junto a la de los precursores y creadores de la importante corriente literaria denominada modernismo: el también cubano (aunque vivió casi toda su vida activa fuera de la Isla) José Martí, el colombiano José Asunción Silva, los mexicanos Manuel Gutiérrez Nájera, Salvador Díaz Mirón y Amado Nervo, el peruano José Santos Chocano, la uruguaya Delmira Agustini, el español Salvador Rueda (la lista de poetas españoles relacionados de una forma u otra al modernismo es larga e incluye, entre muchos otros, a los dos hermanos Machado) y, por supuesto, el más grande de todos —como poeta modernista es que lo decimos— el nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, conocido mundialmente como Rubén Darío.
Precisamente, este último, Rubén Darío, con el que se carteaba Julián desde 1887 y al que conoció personalmente, en La Habana, en 1892, tuvo bastante que ver con el reconocimiento póstumo del cubano, sin olvidar a Rueda, quizás el poeta modernista español más relevante, que en Madrid también lo recibió con entusiasmo, aunque fugazmente, en el único viaje al exterior que pudo hacer el cubano en toda su breve vida. Un viaje, por cierto, frustrado, porque su meta era París y no le alcanzó el dinero para llegar allí.
Lo cierto es que muchos de estos bardos morirían jóvenes. José Martí cayó combatiendo —una muerte absurda que bordeaba el suicidio— a las tropas españolas, durante la denominada Guerra de Independencia cubana, a los 42 años de edad; José Asunción Silva se quita la vida a los 31; a Manuel Gutiérrez Nájera lo mata la hemofilia a los 35 y Delmira Agustini es asesinada por su marido a los 27. Si hurgáramos un poco entre los modernistas de segunda línea la lista se incrementaría mucho más.
Pero, volviendo a nuestro personaje… ¿qué enfermedad o accidente llevó a Julián del Casal a tan temprana muerte? ¿Fue realmente un ataque de risa y la subsiguiente rotura de un aneurisma, como se ha contado una y otra vez y como aparece reseñado en todas sus breves y bastante repetitivas biografías y, por supuesto, en Wikipedia?
Pues bien, el autor de este ensayo tiene serias dudas al respecto. Repasemos lo que se ha dicho en cuanto a esto, que no es mucho.
Dos fuentes de información prevalecen. La primera, y muy florida, es el propio Julián, que en varias cartas personales se refiere a sus dolencias como «un mal oscuro, desconocido por los médicos, sin curación» (carta de Julián del Casal a Rubén Darío), y, en otra misiva, «atacado de crueles dolores, no sé si reumáticos o nerviosos… en fin, todos los síntomas de una gran anemia que me amenaza devorar».
Los comentarios de Julián sobre su deteriorada salud fueron muchos y muy variados —habla también de vahídos, parálisis parciales de brazos y piernas, pérdidas de visión y otros variopintos síntomas— y se expresaron tanto a través de su correspondencia y conversaciones privadas como en su propia obra poética, tal y como ya hemos visto en la cuarteta inicial con que iniciamos este breve ensayo.
La otra fuente, muy poco explícita, fue su médico, el doctor Francisco Zayas. Un galeno habanero del que poco podemos decir, tal y como refiere el escritor cubano Antón Arrufat en un excelente trabajo (al que mucho debo) sobre el vate: «poco sabemos del doctor Zayas como médico, salvo que tenía inclinaciones literarias». Pues bien, este doctor le había diagnosticado a del Casal «tumores en los pulmones» y luego «la rotura de un aneurisma» (sin especificar donde) como causa última del repentino y tumultuoso fallecimiento del poeta.
Lo cierto, y nuestra única referencia realmente objetiva, es que Casal se encontraba cenando en la casa del doctor Lucas de los Santos Lamadrid, ubicada en el Paseo del Prado de la ciudad de La Habana (aún se conserva, aunque en estado ruinoso), cuando al reírse a carcajadas —los que le conocieron coinciden que el poeta, lánguido y depresivo, era muy poco dado a estas efusiones— de una ocurrencia de uno de los invitados, sufrió una especie de espasmo y comenzó a vomitar sangre, roja y rutilante, parece ser que en cantidades bastante abundantes. El poeta falleció muy poco después, probablemente por asfixia —oclusión de las vías respiratorias por la sangre acumulada— según creemos.
No hay constancia ni referencia alguna de que se le practicara una autopsia al cadáver de Julián del Casal.
Hasta aquí todo lo que hemos podido averiguar, desde el punto de vista médico, sobre la evidente enfermedad crónica de Julián del Casal, su brusca y aparentemente inesperada muerte cuando «estaba mejorando de sus males» según nos refiere Arrufat en el ya mencionado artículo.
¿Cuál es entonces nuestra opinión profesional sobre la enfermedad y la muerte de este paciente de solo 29 años de edad?
Lo primero es preguntarnos como se podían diagnosticar en vida «tumores pulmonares» en un enfermo al que obviamente —porque aún no estaban al alcance de los facultativos— no se le realizaron estudios radiológicos ni endoscópicos de ningún tipo. Lo lógico es pensar que del Casal padecía en realidad una tuberculosis pulmonar crónica, condición que fue minando su salud de una manera progresiva y que además era muy común en aquella época. La tuberculosis pulmonar, salvo el reposo y una más o menos buena nutrición, no tenía por entonces tratamiento alguno.
La «extraña muerte» por un supuesto aneurisma —tendría que haber sido un aneurisma arterial perforando el tubo digestivo o las vías respiratorias superiores, lo que es sumamente poco probable y menos en una persona de esa edad— nos parece simplemente un error diagnóstico (o se prefirió, por razones sociales y de amistad, no hablar de la verdadera causa), obviando la mucho más común hemoptisis masiva proveniente de una caverna tuberculosa.
Recuerdo a mis viejos profesores, —hablo de cuarenta años atrás— que me contaban de la época heroica, hoy casi olvidada, de los sanatorios antituberculosos (La Esperanza o Topes de Collantes, por ejemplo) y de cómo aquellos pacientes, en su mayoría crónicos, morían en pocos minutos a causa de hemoptisis que hoy nos parecen casi imposibles. Hemoptisis para las que no hubo tratamiento eficaz alguno hasta la aparición de las muy mutilantes cirugías torácicas —resecciones costales y compresiones de la parte afectada del pulmón— que trajo el siglo XX en sus dos primeras décadas y que se continuaban practicando hasta los años cincuenta.
Hoy, con tratamientos antibióticos de gran potencia para la tuberculosis, nos parecen casi imposibles esas muertes bruscas y de un dramatismo extraordinario, pero en aquel tiempo eran la norma.
El resto de los síntomas referidos por del Casal los achacamos al deterioro evolutivo que ocasiona una tuberculosis pulmonar no tratada, quizás a algún componente articular de la misma enfermedad (común, otra vez, en aquella época), a la degradación inmunológica de la condición y a la hipocondría y depresión crónica —¿cómo no estar deprimido con tantos problemas y desencantos?— del enfermo.
Por supuesto que todo lo anterior es un ejercicio académico en el vacío, pero nos parece razonable, e interesante, preguntarnos de vez en cuando por algunas de las «certezas» que repite nuestra historia, tanto la literaria como la política, oficial.
Quizás solo nos quede interrogarnos sobre lo que pudo haber sido y no fue.
¿Qué cumbres poéticas y literarias hubiera alcanzado Julián del Casal de haber vivido una vida normal, o de haberse contado en aquellos tiempos con un tratamiento eficaz para su enfermedad?
Nadie puede contestar esa pregunta.
Nos sorprendemos, eso sí, con lo mucho que alcanzó padeciendo de una salud tan mala y en tan corto tiempo.

martes, 21 de febrero de 2017

El Che en la Revolución Cubana

Por: Fernando Martínez Heredia


Ernesto Che Guevara Foto: Archivo AP

Palabras de Fernando Martínez Heredia en la presentación del tomo 7 de la obrar El Che en la revolución cubana, durante la Feria del Libro de La Habana.

La publicación de este séptimo tomo de El Che en la Revolución cubana constituye un punto de llegada y, al mismo tiempo, un punto de partida.

Hace tres años, el 11 de enero de 2014, Orlando Borrego, Jacinto Valdés-Dapena y yo presentamos los tomos uno y dos de esta colección en el ya tradicional espacio Sábado del Libro. Dije entonces que la aparición de estos siete tomos constituía un gran paso de avance en cuanto a cubrir la necesidad y la urgencia que tiene Cuba de un pensamiento propio, de un pensamiento socialista cubano. Se iniciaba así una publicación que hoy coronamos, con la gran satisfacción del cumplimiento con gran calidad y en el tiempo fijado.

La historia completa es mucho más larga en el tiempo. La de la obra comienza con la feliz iniciativa, audaz en más de un sentido, del compañero que está hoy en esta mesa: Orlando Borrego Díaz, el creador principal de la obra El Che en la Revolución cubana. El joven teniente del Ejército Rebelde que se convirtió en funcionario de la Revolución bajo el magisterio del Che y desempeñó altas responsabilidades en aquella aventura de sacar adelante la dimensión económica de la nueva sociedad de liberación y socialista que dirigió el Che. Borrego ha sabido estar a la altura de la confianza depositada en él por el Che, como animador del Seminario de El Capital, infatigable defensor y divulgador de su pensamiento a lo largo de toda la vida, y autor de textos de enorme valor sobre el pensamiento y la obra del Che. Para mí es además una persona entrañable, porque Borrego y yo hemos anudado una hermandad que se inició una noche, hace cincuenta y un años, en buena compañía.

En 1966, Borrego concibió y logró llevar a la realidad la idea sumamente ambiciosa de rescatar de las fuentes más diversas los productos incontables de la actividad creadora de Ernesto Che Guevara desde el triunfo de la Revolución cubana hasta su partida hacia el Congo, el 1° de abril de 1965. Al trabajo tan grande y complejo que esa tarea conllevaba se ha referido un poco Borrego, yo solo quiero añadir que fue una gran proeza en varios sentidos. El más trascendente fue comprender el inmenso valor histórico que tendría aquel material que entonces formaba parte de la cadena interminable de grandes acontecimientos y trabajo cotidiano incesante de la Revolución, y sacarlo literalmente, salvarlo del turbión y convertirlo en siete libros de edición admirablemente cuidada, que constituyen la más amplia compilación que existe en una sola obra de lo que dijo o escribió el Che a partir de 1959. La tirada fue ínfima, en el papel que consiguió reunir el compilador para que se imprimieran aquellas miles de páginas.

Aquella primera edición fue un empeño intelectual, ideológico y político de enorme alcance, una contribución a la batalla que se libraba, bajo la dirección de Fidel, por el triunfo de las ideas más revolucionarias dentro del campo de la Revolución cubana. Como participante en ella, tuve el honor de recibir uno de los ejemplares de la obra. Porque compartí los afanes de aquellos años sesenta por darle a conocer a todos el pensamiento del Che, y porque conservo el recuerdo de la hermandad de ideales y la amistad de compañeros que ya no están con nosotros, como Luis Alvárez Rom y Enrique Oltusky, este momento también tiene un valor muy grande para mí.

Pasaron más de cuatro décadas durante las cuales El Che en la Revolución cubana, desconocido por las mayorías, era rara vez mencionado. En la presentación de los dos primeros tomos dije que parecía un sueño inalcanzable una segunda edición de esta obra que estuviera al alcance del pueblo. Pero el porfiado Orlando Borrego emprendió en el nuevo siglo, y llevó a cabo, la tarea de escanear la obra y darle así un soporte digital. Puesto en contacto con la entonces presidenta del Instituto Cubano del Libro, Zuleica Romay Guerra, ella tuvo una gran sensibilidad revolucionaria, porque desde ese momento en adelante aprobó y apoyó la idea de publicarla, combinó la diligencia y la habilidad, el respeto y la firmeza, hasta lograr la rápida puesta en marcha de la edición, y velar por sus sucesivas etapas de cumplimiento.

Las direcciones sucesivas, las editoras y los demás trabajadores de la Editorial José Martí han desplegado una actividad ejemplar para convertir en siete hermosos tomos el proyecto, para cumplir en tiempo, pese a los innumerables problemas de tantos tipos que existen en la actualidad. Con una extremada laboriosidad y celo, con conciencia y amor por lo que estaban haciendo, ellos, los funcionarios y técnicos del Instituto involucrados y los trabajadores de las imprentas, han logrado esta colección de cinco mil ejemplares cada tomo. Este es un triunfo, que me place mucho destacar, del Instituto Cubano del Libro, una institución cultural que es hija de la casi inabarcable iniciativa y pasión creadora de revoluciones culturales de Fidel.

Quiero recordar también a otro compañero, al que su estado de salud no le permite acompañarnos hoy aquí, Jacinto Valdés-Dapena, otro valioso luchador de toda la vida por dar a conocer el pensamiento del Che, que en estos años ha sido un colaborador sumamente valioso para las compañeras de la Editorial José Martí y un tenaz impulsor del proyecto. Erudito y discreto, Jacinto es uno de esos pilares de la obra revolucionaria cubana mediante la dedicación y la entrega de toda su vida, y es también un hermano mío desde hace medio siglo.

De otra historia, la del autor de la obra que estamos presentando, nunca se terminará de hablar. Esta presentación es también importante porque es una de las primeras actividades por el Che en el año del cincuentenario de su caída en Bolivia. Y el contenido de este tomo final, preparado en 1966, en la colección que el Che pudo conocer en Pinar del Río, cuando se preparaba militarmente para Bolivia, resulta muy alusivo al remate que tuvo la vida misma del Che, algo que el compañero y compilador estaba lejos de prever. Trae un conjunto de escritos de Ernesto Che Guevara que están reunidos por su asunto: la insurrección, la lucha armada como recurso supremo de los revolucionarios, su naturaleza política y sus características principales, los consejos que puede ofrecer un hombre tan conocedor experimentado como combatiente y como jefe, y pasajes de la historia de la insurrección cubana. Entre otros textos contiene los dos libros que el Che publicó en Cuba: La guerra de guerrillas y Pasajes de la guerra revolucionaria. El segundo, editado por la Unión de Escritores y Artistas, tiene a mi juicio extraordinarios valores para penetrar los sentidos profundos y avanzar en el conocimiento verdadero del proceso de la insurrección cubana, al mismo tiempo que muy notables virtudes literarias. Pero el Che no pretendió ser un literato. El rigor inaudito al que sometió siempre sus actos y sus productos intelectuales refrenó la natural inclinación a alternar en la república de las letras que podía abrigar una persona que tenía tantas lecturas, tanta sensibilidad literaria y prendas de escritor, y tantas vivencias. Sin embargo, el Che estaba totalmente consciente de su lugar histórico, sin duda en cuanto individuo, pero sobre todo como uno de los protagonistas de la revolución cubana y de la nueva ola revolucionaria que estaba recorriendo el mundo.

La guerra de guerrillas es un texto destinado a aumentar las capacidades de los combatientes y enseñarles a pensar sobre las acciones mismas y la organización de la guerra revolucionaria, y un conjunto de indicaciones sobre cómo desarrollar mejor las actividades guerreras. Es uno entre tantos ejemplos del Che como educador, que actuaba en todo momento –hasta en los más difíciles—para que los humildes se apoderaran de la palabra escrita y aprendieran a no conformarse con menos que la superación sistemática de sus capacidades y su mundo intelectual. Que creaba instituciones y tomaba medidas para aumentar los niveles generales y especializados de todos, y aspiraba a que el pueblo cubano tuviera a su alcance un pensamiento que estuviera a la altura de sus prácticas revolucionarias y la nueva vida a la que se asomaba.

La modesta edición de La guerra de guerrillas fue impresa en los talleres tipográficos del INRA por el Departamento de Instrucción del Ejército Rebelde, después MINFAR, que dirigía el Che, con ilustraciones realizadas por un teniente rebelde. Como colofón llevaba este mensaje: “Compañero: este libro pretende ser una síntesis de las experiencias de un pueblo. Si crees que se deba agregar o cambiar algo, comunícalo al Departamento de Instrucción del MINFAR”.

La unión de las circunstancias y las actitudes de cada individuo hacen que predomine en este determinado aspecto; así se forma el hombre de acción, o el hombre de pensamiento. El niño Ernesto fue un gran lector, y el adolescente un enamorado de las ideas, pero desde temprano en su vida salió en busca de la acción. Enrolado en una lucha armada, pronto descolló en ella y fue uno de los protagonistas de la guerra revolucionaria cubana. El Che fue el nombre de bautizo de un hombre de acción. En los seis primeros años del poder revolucionario tuvo una actividad intensísima, política, administrativa e intelectual, como recoge esta colección. Y en los dos y medio últimos años de su vida volvió a ser, sobre todo, un hombre de acción. Así se podría describir el transcurso de su existencia.

Pero lo cierto es que Ernesto Che Guevara fue un hombre de ideas, y las ideas guiaron siempre su actuación, aunque fue uno de esos raros casos de una persona que es descollante tanto en el pensamiento como en la acción. En todo momento pensó el mundo en que estaba viviendo, sus rasgos y sus problemas esenciales, analizando tanto las cuestiones inmediatas como los aspectos trascendentes de la causa en que se involucraba. Aprendió que la praxis es creadora de realidades que los sistemas de pensamiento no pueden admitir o no creen posibles. El Che pensador intentó que el desarrollo de las nuevas realidades creadas probara el acierto de las ideas más revolucionarias –al mismo tiempo que impulsaran y transformaran a esas ideas. Buscaba también en esa dialéctica un suelo social a la parte que en sus definiciones conceptuales le pedía prestada al futuro. El Che no convertía su concepción en una camisa de fuerza dogmática, y le reclamaba a sus compañeros de actuación que pensaran, y que ejercieran la libertad de pensar.

Che fue un hombre de estudios, que practicaba sistemáticamente la superación personal, la pregunta y la duda, sin ceder nunca a la tentación de creerse un sabio. No se arropaba con la teoría marxista, ni se escudaba en ella. Criticó a fondo a la corriente que en aquella etapa era la más poderosa e influyente dentro del socialismo y el marxismo, pero nunca pretendió hacer tienda aparte con sus ideas. Sin embargo, la necesidad y su genio lo llevaron a producir una concepción específica, suya, que engrosó y desarrolló una corriente revolucionaria del marxismo que había sido relegada, en un momento histórico crucial. El Che fue un hereje. En tiempos de creación revolucionaria, la herejía es fundamental, porque lo instituido obra a favor del orden vigente o del que ha existido siempre, y nunca actúa a favor de los cambios profundos y radicales de las personas, las relaciones, la vida y las instituciones.

Su despedida de la etapa que está recogida en El Che en la Revolución cubana fue nada menos que El socialismo y el hombre en Cuba, uno de los textos fundamentales de la historia del pensamiento revolucionario en América Latina. Es el manifiesto comunista de la Revolución cubana, la proclama que le explica al mundo la verdadera naturaleza del socialismo y el camino de liberaciones que necesitan recorrer los seres humanos y las sociedades. Y en la obra del Che, este texto expresa la síntesis de su pensamiento maduro sobre la transición revolucionaria del capitalismo hacia el socialismo y el comunismo, y el inicio de una nueva etapa de su profundización. Y en los días en que se preparaba para marchar a la guerra en Bolivia escribió el Mensaje a los pueblos del mundo desde la Tricontinental, que es uno de los momentos culminantes de las ideas sobre estrategia revolucionaria latinoamericana y del llamado Tercer Mundo en una época singular, la de la segunda ola revolucionaria mundial del siglo XX.

En los últimos dos años y medio de su vida, que se inician con la partida hacia África, Ernesto Che Guevara se dedicó a dos tareas: impulsar la revolución en el mundo, con el arma en la mano, para ayudar a forzar la situación a favor del campo popular y de la causa cubana; y desarrollar su concepción teórica y su exposición escrita, para servir mejor al pensamiento crítico comunista y de liberación. La primera tarea fue la priorizada, a ella le dedicó sus esfuerzos constantes, su audacia y su entrega revolucionaria, y por ella dio su vida.

Hace veinte años, Fidel calificó como el destacamento de refuerzo a la llegada a la patria de los restos de Ernesto Che Guevara y sus compañeros de la guerrilla de Bolivia. Eran tiempos difíciles. En un hermoso evento, el de “Paradigmas emancipatorios de la América Latina”, que reunió a más de cien activistas sociales de la región con muchos cubanos hace cinco semanas en La Habana, yo les comentaba que, en realidad, en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Aunque explicaron que los procesos de cambios y las luchas populares del continente están confrontando muy serias dificultades, ellos expresaron con entusiasmo su convicción en que la determinación y la acción revolucionarias constituyen el único camino por el que los pueblos se volverán capaces de mantener o de ganar sus derechos, y lograrán finalmente vencer.

Esos latinoamericanos, como tantos otros en la región y tantas personas en el mundo, confían en que Cuba seguirá siendo el ejemplo maravilloso de lo que pueden lograr los pueblos, y un faro de esperanza de los que resisten o pelean en el planeta, y de los aspiran a otra vida y otro mundo sin tantas iniquidades. Tomemos una vez más al Che como refuerzo, armémonos con sus ideas y con su ejemplo, en la situación compleja y difícil en que vivimos hoy, para que podamos conmemorar de la mejor manera el cincuentenario de su caída, que es manteniendo viva y triunfadora su causa, la causa de Fidel, la causa de la revolución.

lunes, 20 de febrero de 2017

Amaury, inolvidable en San Juan

Por: Rosa María Fernández



Fotos. Rafael Buxeda Diaz.

En un concierto íntimo, pasional diría, ha quedado nuevamente vibrando Amaury Pérez Vidal, en San Juan, Puerto Rico.

El Teatro Tapia, el más antiguo de la hermosa ciudad caribeña, fundado en 1832, sumó la energía de los ancestros a las ovacionaron de aquellas 17 canciones. Y pudiera parecer algo normal en una ciudad donde se presentan cada fin de semana, tantos intérpretes de relieve internacional, si no les dijera, que hace 34 años, el cantautor cubano, no hacía un concierto acústico, en Puerto Rico.

Amaury vuelve, después de su participación en el exitoso “Concierto Misa Cubana”, obra del Maestro José María Vitier, a finales de octubre 2016. Hacía tanto que no se le escuchaba aquí, que su participación, provocó la repetición de sus canciones.

De manera que anoche, al estar junto a las personas con el rostro iluminado, eufóricas o con el llanto contenido, entonando las letras de su poesía hecha canción, creó algo que va más allá de la “sinergia”, para convertirse en magia.

Y Amaury lo sabía, lo sentía y se entregaba vibrante en la siguiente canción. Así pasaron: “El vino triste”, cantada fuera de escena, como para que el espíritu de su voz, comenzara a recorrer las paredes del vetusto y remozado recinto, o la piel de sus fanáticos, aquellos de 1983, cuando actuó en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico. O la de sus hijos. Porque hasta él llegaron varios jóvenes para decirle: -crecimos con tus canciones por tantos años tarareadas por mis padres.

Siguió “Con dos que se quieran”, que en emblemática alegoría – esta vez- dio nombre al Concierto y al propósito, mantener en vuelo “las dos alas” de esa ave que somos, Puerto Rico y Cuba.

Mientras tanto, una bella señora sentada detrás de mí, me dijo, si Amaury no llega a hacernos reír con sus anécdotas, entre cada canción, creo que mi corazón pudo haber estallado aquí mismo. Ella se llama Alma. Y la comprendo, porque con total alevosía, del intérprete emanó una triada en homenaje a los fundadores -como él- de la Nueva Trova cubana. “Te amaré”, “Yolanda” y “Te Perdono”; de Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y Noel Nicola.

Así continuó in crecendo:”Cuando no estés con él”, “Amigos como tú y yo”, “Mi amor”, “Romanza del amor incomprendido”. Hasta pasar de sus manos sujetas a la guitarra, al aplauso por quien decidió acompañarlo con ese sentimiento sin par, el cellista boricua de la Orquesta Sinfónica, José Daniel de Jesús “Che”. Ahí se quebraron las más íntimas fibras de la emoción, con “Vuela pena” y “Soneto”. Seguidamente a guitarra, “Dame el otoño”.

“Hacía tiempo que no me entregaba así, en cada canción. Se lo que digo”, confesó Amaury cuando ya iba de retirada. Su reflexión emocionada, casi en un susurro, quizá lo hizo olvidar que había una periodista próxima. “Me ha sido difícil salir de una a otra melodía, porque he ido reviviendo, cada una de las circunstancias que las hicieron nacer”.

“Por ejemplo –continúo escuchándolo- en “Vuela Pena”, aquella canción que dediqué en la adolescencia a mi madre (Consuelo Pérez Vidal, actriz y afamada locutora cubana). Esta noche la he visto, con aquella lágrima que pendía sobre su cabeza, junto a la lamparita forrada de papel. Hasta el color que la matizaba, lo viví. En “Con dos que se quieran”, mi padre (Amaury Pérez García, Director de TV cubana) ha estado aquí, junto a mí. Y eso me lo ha provocado la calidez de este público, que no me olvida”.

En particular destaca, aquella composición de sus 18 años, “Acuérdate de Abril”, popularizada en Puerto Rico por Danny Rivera. Me la piden en cada país que visito, de esas canciones casi “obligadas”, pues aquí ha fluido hoy con tal profundidad, que no sabía cómo pasar de ahí a “Encuentros”. Ambas acompañadas magistralmente al piano, por el maestro puertorriqueño, Luis Marín.


Es entonces cuando ese público enardecido, recibe también la intensidad del pianista en “Hacerte venir” y “No lo van a impedir”, hecha -casi un himno- por la inigualable Lucecita Benítez.

Fue el tiempo justo y espontáneo, para que la alcaldesa de San Juan, Sra. Carmen Yulín García, agradeciera a nombre del municipio capital, quien auspició el evento cultural, con una bandera boricua pegada a su corazón. Así la mantuvo Amaury, quien dijo, no haber recibido un símbolo patrio en ningún otro país. Emocionado, el cantautor la apretó a su pecho, y dijo, permanecería junto a la cubana, en su casa habanera.

Momento exacto para decirle a Puerto Rico: “Yo tengo un amigo que aguanta mi vuelta, con una sonrisa y un sabor a fiesta, que pone su ingenio donde va mi mano y me da su verso a cada verano. Yo tengo un amigo que decir austero, forjador de penas morador de anhelos, que comparte el frío de las despedidas, con el seco abrigo de su voz vencida. Yo tengo un amigo que ríe conmigo, que no anida enojos para mi castigo, que me da su apoyo sin cobrar embargos, que conozco poco y que conozco tanto. Yo tengo un amigo que peca de duende, que me llega y luego se desaparece, de una vez parece en la bondad herido y otras una flor que acariciara un niño. Yo tengo un amigo sin edad ni nombre, que tengo un camino como cualquier hombre, si acaso a lo lejos la nostalgia quema. En el viento indiscreto mi canción le lleva”.

Sigue con “Se te olvidaron”, dedicada al montón de canciones que quedaron como un “aliento” en la pequeña guitarra que le regalara su amigo Silvio Rodríguez. Para concluir, tras dos horas de actuación, “Diario”. Con esos versos que parecieran destinados a este momento, a esta tierra…“entre las algas y los caracoles, me hice una amante fiel a mi manera, sin más defensa que las ilusiones o el vuelo que me trajo una paloma”.

Atrapo entonces, tras bambalinas, revelaciones de tantas personas enamoradas de su poesía y modo interpretativo, a tantos fieles de su música, como quien trajo el mismo disco que él le dedicara en 1983, para recibir su segunda inscripción: “Para Edda: un beso grande de tu amigo de siempre, Amaury P. R. 1983”. “A Edda, que me esperó… Tu Amaury, PR. 2017.”

O el comentario hoy, de José Orlando López, dedicado a los productores, José Rivero de Milestone Communications y Papo Coss, de En otro tono: – “Hermano, el espectáculo fue majestuoso y mágico. Su grandeza fue la maravilla de la sencillez, cuando un manto gigante de talento sin límite, cubre el escenario y al público. Mi respeto a ti y a un compañero y maestro”

Para que esa encantamiento sucediera, tuvo su intervención especial Quique Benet, inigualable maestro del diseño de luces, Josean Ruiz, con impecable sonido de la sala, profesionales de WIPR-TV, a cargo de la grabación del Especial Musical de categoría internacional y el premiado sonidista Bertie Rodriguez, quien asegura el sello de calidad, para que surja de este espectáculo, el disco que inicie la Gira Mundial de Amaury en 2017, “Con 2 que se Quieran”.

Unas horas antes de partir de su entrañable San Juan, el cantautor cubano dijo:

“He venido a cantar en la tierra de los grandes intérpretes, y estoy realmente impresionado con la manera en que aprecian mi estilo. Hay una tarja en Cuba, en una casa donde vivió Rafael Hernández, el reconocido compositor boricua -(permaneció en Cuba desde 1920-24 recorriendo armonías de sones y boleros cubanos) – donde dice que, Cuba es la tierra de los mejores autores, y que las voces, nacen en Puerto Rico. Entonces, que valoren mi obra como cantautor, me hace doblemente feliz. Cuando tú te encuentras a tantas personas que elogian el trabajo y la actuación, como sucedió anoche, sientes ese orgullo sano, porque viene desde el criterio autorizado y el corazón de los puertorriqueños. Ese Puerto Rico que es como el humo: inabarcable, inapresable y siempre libre”




jueves, 16 de febrero de 2017

Abel Prieto: La Feria es un espacio para los libros, la distorsión hay que pararla

Por: René Camilo García Rivera



Abel Prieto, Ministro de Cultura, en la entrega del Premio Nacional de Literatura 2016 a la escritora Margarita Mateo Palmer en la XXVI Feria Internacional del Libro. Foto: ACN/ Rafael Hernández.
Tal vez, Abel Prieto sea uno de los ministros más accesibles del Gobierno cubano. Aparece en cada resquicio del mundo cultural. Anda con la seguridad de quien domina su espacio. Una vez lo vi en Pogolotti, donde vivo, en un espectáculo humorístico con la comunidad.
En estos días de Feria se le puede hallar en La Cabaña. Recorre las calles empedradas con su impecable traje oscuro. Cruza de salón a salón, de evento a evento, con la fluidez de una buena prosa.
Abel Prieto no impone barreras. Cuando te le acercas, esboza una sonrisa y extiende la mano (delicadeza del político), y al hablar demuestra el pensamiento que habita en su cabeza (rasgo del intelectual). Al abordarlo pregunta tu nombre, y luego, cuando conversa, te llama por él (valioso recurso empático).
Ministro, ¿qué le parece la Feria de este año?
Lamentablemente no he podido recorrerla completa. No he pasado por todos los stands, pero sí he estado en diferentes presentaciones. Pienso que está siendo un éxito nuevamente. Según vi en los informes del Instituto Cubano del Libro, la gente está muy contenta con el rescate de la Librería Central, que le da la posibilidad al lector de ver las novedades en un mismo lugar.
¿Percibe alguna diferencia respecto al año anterior?
Noto un ambiente más cultural, de más integración de las artes. La Feria pasada tuvo los afiches esos de Messi, de los deportistas, de los animados. No eran las editoriales nuestras. Este año me parece que eso está sucediendo menos.
Desde hace tiempo vemos abundancia de productos de mercadotecnia, de literatura chatarra, desechable. ¿Considera que la Feria del Libro se ha ido desplazando hacia lo comercial?
Si es así, si esa distorsión ha venido ocurriendo, este año hubo un intento del Comité Organizador para rectificar. ¿Qué ha pasado con este tema? Me parece que el retroceso que ha habido en la lectura en el país, se combinó con cierto espíritu pragmático. Se crearon ofertas comerciales no asociadas a la lectura solamente, como la artesanía, los suvenires…
Cuando se mira a lo largo de los años, cuando se compara con las Ferias originales, el fenómeno sí se nota más. Se hicieron concesiones a los expositores extranjeros, a los que traían a Walt Disney y la chatarra cultural. Esa distorsión existe y hay que pararla.
La Feria es un espacio para los libros, para la lectura, para las artes. Es un hecho cultural. La mercadotecnia desmedida puede convertir en una caricatura aquel sueño fundacional de Fidel. No lo podemos permitir.
A pesar de las acciones la lectura en el país, este hábito no goza de igual salud que en otros tiempos… ¿Concuerda?
Yo creo que sí ha habido retrocesos. Tenemos que preparar una estrategia para recuperar terreno. Estudiamos formas para inducir al joven hacia el libro. Creo que este año las versiones digitales han tenido un refuerzo. Estamos distribuyendo un terabyte de información con los discos duros extraíbles, de manera gratuita.
Pero no todo son malas noticias. Fíjate en los diez libros más vendidos de 2016. Ninguna es una obra mediocre o superficial. Hay libros históricos, como Raúl Castro, un hombre en Revolución; pero también hay novelas de uno de los autores más importantes que tenemos en Cuba actualmente, Daniel Chavarría, con La piedra del rapé; y escritores extranjeros como George Orwell, con 1984; entre otros títulos notables.
Aunque persisten las dificultades, la Feria sigue siendo un éxito de público. ¿Cómo usted se lo explica?
Yo creo que Fidel, en primerísimo lugar, y toda la obra cultural y social de la Revolución, sembró algo en el pueblo cubano, dejó un sustrato que permanece y que hay que salvar. El hecho de que la familia cubana, por humilde que sea, tenga un espacio en casa para los libros, para una pequeña biblioteca, es algo único en el mundo; y eso pervive, porque el libro en Cuba tiene un gran peso.
Es cierto que mucha gente ahora no lee, que prefieren los audiovisuales; que los niños eligen los videojuegos antes que emprender un desafío intelectual más serio… Sin embargo, hay una semilla que da frutos.
¿Qué hace el Estado cubano para mantener esa semilla?
En el mundo entero el libro se ha convertido en una mercancía. Lo tratan, lo evalúan y lo promueven como una mercancía. Nosotros no pensamos así. Seguimos subvencionando el libro en este país. Puede ser que los precios hayan subido en los últimos tiempos, pero ninguno cubre su costo de producción. Es subvencionado por una decisión del Gobierno Revolucionario, que considera que la lectura y el conocimiento son derechos.
Esa obra hay que trabajarla intencionadamente para que no se pierda. Todavía está ahí, a pesar de las dificultades. Y tiene que ver con el trabajo de la familia, la escuela, las instituciones culturales de base, los bibliotecarios.
Tenemos que trabajar para que no queden en el vacío, para que aquellas famosas palabras de Fidel, “no le decimos al pueblo cree, le decimos lee”; o aquella otras de Martí, “leer es crecer”, no se disuelvan y pierdan su sentido.
Margaret Atwood, George Furey, Abel Prieto y Graeme Gibson. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
Abel Prieto junto a Margaret Atwood, George Furey y Graeme Gibson, escritores canadienses invitados a la Feria del Libro de La Habana. Foto: Ladyrene Pérez/ Cubadebate.
(Tomado de Juventud Rebelde)

miércoles, 15 de febrero de 2017

Mariela Castro en HBO: entrevista a Jon Alpert.

María Isabel Alfonso
febrero 15, 2017



Fotos cedidas por Jon Alpert

Jon Alpert es el director del documental Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution, distribuido y exhibido recientemente por HBO Documentary Films, sección de la mega-cadena de televisión por cable HBO. Presentada en el 2015 tanto en el Festival Doc New York, como en el Festival de Cine de La Habana, Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution explora los desafíos y transformaciones del movimiento LGBT en la Isla a través del seguimiento de historias personales de miembros de esta comunidad y de los testimonios de Mariela Castro, impulsora, sin lugar a dudas, de muchas de las transformaciones que han tenido lugar en el campo de los derechos de género.

La película, consecución del proyecto iniciado por otro de los grandes realizadores independientes norteamericanos interesados en Cuba (el recientemente fallecido Saul Landau), está precedida por más de una docena de trabajos de los cuales 16 han sido ganadores del Emmy Award; dos, nominados para el Academy Award y cuatro para Columbia DuPont Awards, por mencionar sólo algunos de los reconocimientos. Pocos meses antes del estreno de Mariela Castro’s March, Alpert recibió el Lifetime Achievement Award, galardón concedido por Doc New York a aquellos que han realizado contribuciones importantes al campo del documental.


John Alpert y Mariela Castro durante la grabación del documental Mariela Castro’s March: Cuba’s LGBT Revolution

Alpert es fundador junto a su esposa, Keiko Tsuno, del Downtown Community Television Center (DCTV), organización comunitaria que desde 1972 provee entrenamiento a neoyorkinos interesados en la cinematografía. A través de talleres, renta accesible de equipos, eventos y proyecciones abiertas al público general, DCTV ha logrado mantenerse fiel a su compromiso de empoderar a jóvenes que buscan iniciarse en esta compleja y costosa carrera.

Los temas de género no son noticia en los grandes medios de Estados Unidos. Mucho menos lo es el del movimiento LGBT en Cuba. Hace poco, un comentador de la reconocida cadena noticiosa MSNBC hablaba de la Isla y sus políticas sexuales como si todavía estuviéramos viviendo en los años 60. Se refería a los “campos de detención a los homosexuales”, es decir, a las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), como si aún estuvieran en vigor. Las distorsiones son notables.

Mariela Castro’s March ha llegado acompañado de críticas positivas y de otras más controversiales. Más allá de sus evidentes aciertos y posibles puntos débiles, es innegable que el documental llena un evidente vacío de información en Estados Unidos sobre las dinámicas LGBT cubanas. Ofrecemos aquí una entrevista a Jon Alpert, en la que el realizador aborda los riesgos, retos, esperanzas y desafíos que acompañaron y acompañan la realización y proyección de este filme

– El documental Mariela Castro’s March. Cuba’s LGBT Revolution está dedicado a Saul Landau. ¿Comenzaron juntos este proyecto? ¿Cuál es la conexión?

Saul vino a verme para decirme que quería hacer una última película sobre Cuba, que él se estaba poniendo viejo y quería que yo colaborara con él. Me explicó que el tema era el movimiento LGBT y el liderazgo de Mariela Castro, así como la ironía de que su padre y su tío hubiesen estado ligados (de la manera en que lo estuvieron) a la etapa homofóbica de los primeros años de la Revolución, las UMAP, etc. Saul tenía acceso a Mariela en Cuba, y entonces accedí a trabajar con él. Pero lo que yo no sabía era que no solamente se estaba poniendo viejo y que necesitaba un colaborador, sino que se estaba muriendo. Él tenía cáncer y sabía que hacer el documental era importante. Yo no sabía la seriedad de su condición cuando comenzamos el proyecto. En medio de todo, enfermó tan gravemente que no pudo continuar trabajando. Entonces fui a California y, básicamente, me hizo prometerle en su lecho de muerte que, no importara lo que pasara, yo continuaría el proyecto. No voy a decir que murió feliz por esto, pero el saber que yo lo terminaría le dio tranquilidad.

– Existe la concepción en la mentalidad norteamericana de que Cuba es una sociedad totalmente cerrada y que las personas tienen miedo de hablar, lo cual pasa por alto las complejidades y particularidades de la sociedad cubana. Tengo la impresión de que si Mariela Castro no hubiese estado en la película, las personas entrevistadas no hubiesen contado historias, o hablado de sus traumas… ¿Qué crees?

Creo que la apertura y la candidez con la cual las personas hablan a las cámaras y a los reporteros en Cuba, se ha incrementado a través de los años. Por ejemplo, en mis primeros viajes a Cuba durante en los años 70 había un número de factores que hacían difícil obtener un margen amplio y diáfano de opiniones… Creo que hicimos un buen trabajo, pero tuvimos que trabajar muy duro. En aquellos tiempos teníamos a un “baby sitter” o “acompañante” al lado todo el tiempo, y no se permitía que trabajaras sin esa persona a tu lado. También los equipos eran grandes, pesados, y quizás tenían un aspecto algo intimidatorio. Había un sentido más sistémico de lo “políticamente correcto”, una participación más activa de los Comité de Defensa de la Revolución (CDR); tú probablemente puedas analizar esto mejor que yo…

Entonces era raro encontrar desviaciones de la forma de pensar oficial. Quizás había personas pensando diferente, pero no todo el mundo estaba dispuesto a hablar de eso. Con el paso de los años, de forma continua y progresiva hasta este momento, tú puedes encontrar opiniones mucho más diversas entre las personas con quienes hablas. El sistema de “baby sitter” se acabó hace muchos años; la gente se siente más confiada. También pasa que tú tienes que establecer una relación de confianza con las personas con las con que estás trabajando. Creo que hemos hecho eso en Cuba y la gente de diferentes sectores de la sociedad están familiarizados con nuestro trabajo y con nuestra integridad, y por tanto, pueden confiarnos sus opiniones. Yo me siento confiado en que yo puedo ir a La Habana mañana y encontrar gente con un amplio grado de criterios sobre cualquier tema.

– Después del estreno de tu documental, en algunos artículos se te ha criticado por no hacerle a Mariela las preguntas difíciles ¿Cómo responderías a esta crítica?

Yo he leído algunos de esos artículos también; creo que hay muchas cosas por explorar con respecto al tema LGBT en Cuba: su historia, sus derechos, sus oportunidades de futuro… Nosotros, de manera muy conscientemente, escogimos centrar nuestra historia alrededor de Mariela y su trabajo. Si ella no fue cuestionada más duramente, fue mi culpa. Yo le hice muchas preguntas que no están en el documental. De ellas escogí solo un número determinado. Hubo momentos en que nos sentamos y le hicimos las preguntas que muchas de las personas involucradas quisieron hacerle. Me parece que tenemos muy buen material acumulado. Pensamos que lo que escogimos poner en la película fue lo más iluminador. Estas fueron las opciones editoriales que se hicieron, y si a alguien no le gusta, estamos (por lo menos) contentos de que vieron la película. Dejemos que la critiquen. Esto no significa que no existan muchas áreas que explorar en el tema de los derechos LGBT y otros derechos en Cuba. Así que a estas personas les deseo un maravilloso tiempo explorando estas cosas, y haciendo su propia película.

– Algunos en Cuba han criticado que limitar la narrativa de estas dinámicas a una sola persona, implica que al hacerlo se le puede quitar mérito a un proceso mucho más orgánico que implica a múltiples actores. ¿Piensas que narrar los hechos a través de los ojos de Mariela Castro podría ser problemático en este sentido?

No soy académico, no soy sociólogo, pero voy a hacer una observación. En Estados Unidos tenemos movimientos de “abajo hacia arriba” en el campo de los derechos LGBT. El alto nivel de visibilidad que existe entre la gente sobre estos temas comenzó hace alrededor de 40 años; tuvo que hacerse un camino para llegar al punto en el que estamos ahora. Ese tipo de movimiento en las leyes y en cuanto a la aceptación en general de las personas, en Cuba, fue un proceso condensado de “arriba hacia abajo”, circunscrito a un período de cerca de unos 5 años, cuando el liderazgo del país implementó grandes cambios. Entonces tienes una progresión mucho más rápida en Cuba, que es absolutamente de “arriba hacia abajo”. Hay personas que no aceptan que esto sea así porque en Estados Unidos lo hacemos de “abajo hacia arriba”. Entonces son dos tipos de modelos: en uno tienes el liderazgo de “arriba hacia abajo” y después la aceptación general de la sociedad, aceptación legal, aceptación política de los derechos que cada uno debe tener. Pero hay definitivamente diferencias entre los dos movimientos, y ambos tienen sus fortalezas y sus debilidades.

– Bueno, en Estados Unidos es difícil de aceptar la existencia de otros modelos, no sólo en este campo sino en muchos otros…

Mira, las cosas funcionan de “abajo hacia arriba”, hasta que dejan de funcionar. Por ejemplo, ahora tenemos un gran potencial en Estados Unidos contra la homofobia oficializada de “arriba hacia abajo”, emanada de Washington. No hemos visto evidencia de eso todavía pero, ciertamente, la Administración Obama acogió la defensa de los derechos LGBT de una forma muy visible. No fueron efectivos todo el tiempo, pero sí proveyeron un liderazgo de la misma forma en que Fidel lo hizo con sus discursos y acciones, con respecto a los temas por los que estaba abogando. Y ahora Mariela encarna otro liderazgo en los aspectos por los cuales ella aboga. Obama tenía un asesor transgénero en la Casa Blanca; no va a existir un asesor transgénero en la Casa Blanca con la presente Administración. Creo que con cualquiera de los beneficios que tuvimos de “arriba hacia abajo”, implementados por la Administración Obama, vamos a tener que proyectarlos “bottom-upping”, es decir, empujarlos desde “abajo hacia arriba” con la nueva Administración.

– ¿Qué dificultades impone hacer una película para receptores situados en lados tan distintos del espectro, como lo son la audiencia cubana y la norteamericana, en cuanto a niveles de información, etc.?

Bueno, queremos que nuestras películas sean vistas por tantas personas como sea posible. Esperamos siempre que cada una de ellas contribuya a que otras personas piensen en pos de cambios positivos. En Estados Unidos, por ejemplo, yo estaba haciendo esta película inspirado en mi madre; esperaba influenciar en la manera en la que ella piensa acerca de los asuntos LGBT. Puede que yo no esté de acuerdo con ella, pero yo quería que ella viera la película para que así pudiera comenzar a pensar de una forma más constructiva. Si lees artículos de activistas de la comunidad LGBT, muchos criticaron el filme y encontraron partes que pudieron ser mejoradas. Eso está bien. Yo no hice la película para ellos; la hice para personas como mi madre.

También he puesto el ojo en la población cubana. Hemos estado trabajando con las autoridades, en los últimos tres años, para hacer una proyección del documental. Estuvimos muy cerca de pasar el documental en un espacio de tipo noticioso, pero de alguna forma eso no llegó a suceder. Siento que tenemos que empezar desde el principio para llegar a un acuerdo con el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).


Jon Alpert, documentalista y periodista norteamericano.

– ¿Pero fue presentado en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, cierto?

Sí, pero eso no constituye una audiencia general; es una audiencia muy pequeña… Inicialmente tuvimos una presentación a teatro lleno. Asistió un amplio espectro de personas; gente de la industria cinematográfica, personas del liderazgo (una gran representación del liderazgo), lo cual fue muy positivo. Cuando pedí hacer una sesión de preguntas y respuestas, se me dijo: “Nosotros no hacemos sesiones de preguntas y respuestas”. Yo les dije: “¿Y por qué no hacerla después de mi película?” Entonces, el segundo día, se presentó el documental en un salón pequeño, atiborrado de personas, con una muy emocionante sesión de preguntas y respuestas en la que las personas hablaron de su experiencia de crecer en las provincias, cosas como ésas… Para mí fue uno de los momentos más importantes del festival: la sesión de preguntas y respuestas. Pero repito, no fue en un salón grande.

Al día siguiente, debido a la demanda, añadieron una presentación en el cine-teatro América, en Centro Habana. Esa era la presentación que realmente me tenía muy emocionado, pues es un lugar grande que podría acoger a todas las personas que no cupieron en la proyección del día anterior. Cuando llegué al teatro había un grupo grande de personas transgénero que nunca había visto; es decir, no eran parte de los activistas asociados con Mariela, no eran personas que habían estado en ninguno de los eventos en que yo había estado. Era un grupo grande de gente tratando de entrar, y al no poder hacerlo empezaron a sentirse muy frustrados. Entonces, cuando camino hacia la puerta del cine, veo un cartel que decía que la presentación había sido cancelada. Empiezo a tocar la puerta y finalmente me dejan entrar. En el lapso de 10 minutos obtuve como tres o cuatro excusas contradictorias de por qué la película no iba a ser mostrada. Primero, que no tenían una copia. “Okay, yo tengo una copia, aquí está”. “Ah… usted tiene una copia… Bueno, el proyector está roto.” Y yo: “Ah, ¿sí? Bueno, déjeme revisarlo…” Y ellos: “Bueno, en realidad no es el proyector, es que tenemos apagón…” Básicamente por alguna razón que desconozco, no quisieron poner el filme en el teatro América. Creo que esa semana se había dado el caso de otra película que no habían querido mostrar, lo cual había provocado cierto descontento. Es cierto que el cine está en una parte de La Habana que quizás es más difícil de controlar, y creo que ellos simplemente no quisieron tener ningún problema. Es muy desafortunado que fuera cancelada la proyección.

Esta es otra de las razones por la cual hemos estado trabajando con Mariela y con el ICRT, para lograr un horario de proyección en Cuba. La cosa también es que no he podido dedicarle a esto todo el tiempo que hubiese querido. Ha habido mucho trabajo asociado a la presentación de la película aquí en Estados Unidos. Fuimos invitados a presentarla, por ejemplo, en las Naciones Unidas, en el Comité de los Derechos Humanos. Creo que es la primera vez que honran a Cuba con un gesto positivo en el contexto de los Derechos Humanos; normalmente las Naciones Unidas critican a Cuba en este tema. También creo que es la primera vez que un filme sobre este tema es mostrado allí. Se hizo en un salón muy hermoso, el Salón de los Delegados, acompañado por intervenciones muy inspiradoras, con Mariela presente.

Es decir, si pones todo eso junto: la burocracia de las Naciones Unidas, la burocracia de Cuba, la burocracia de HBO… Poner a toda esa gente a trabajar juntos llevó mucho trabajo.

Entonces, en el medio de todo eso, muere Fidel. Yo quería ir a Cuba para filmar todos los acontecimientos alrededor de su muerte, porque estamos haciendo una película acerca de tres familias cubanas a través de los años. Es una suerte de “resumen” de mi devoción por tratar de entender lo que pasa en Cuba…

– Después de haber filmado en Cuba por tantos años, ¿crees que ha habido una transformación en la sociedad cubana? ¿Ves una gran diferencia entre la Cuba que filmaste anteriormente y la de ahora? 

Yo te puedo hablar en términos de estas tres familias que he estado filmando por muchos años, pues hace 30 años me propuse dejar de filmar lo que serían las “grandes noticias” y concentrarme en estas familias; de cierta forma, me impuse yo mismo esa limitación. Creo que en términos del idealismo visceral, de pasión, de promesas, los primeros días de la Revolución tuvieron una energía, una condición muy única. Como cuando te casas, todos esos días iniciales son muy emocionantes. En cada sociedad, en cada gobierno, en cada relación, ya sea con tu esposa o tu esposo, el tiempo juega un papel en todo esto; las expectativas también. La capacidad o incapacidad de cumplir con las expectativas de una sociedad, con las supuestas promesas, juega un papel fundamental. Casi me siento compelido a hablar de Estados Unidos, porque nos hemos metido nosotros mismos en una situación en la cual una parte significativa de nuestra sociedad cree que las promesas y el potencial de América no han sido cumplidos. Hemos llegado a un lugar de estancamiento y declive.

– Y cómo has logrado mantener ese espíritu con tu organización, DCTV?

Siempre estamos arriba de eso… Añadimos nuevas clases, buscamos nuevas cámaras, arreglamos nuestro local. No queremos que la gente se encuentre con un centro comunitario descuidado. No deben ser solamente los bancos los que tienen ambientes agradables y edificios bonitos. En una organización comunitaria las personas también se merecen un ambiente de trabajo agradable. Esto no quiere decir que no tengamos problemas; pero ciertamente gastamos más tiempo tratando de corregirlos que congratulándonos a nosotros mismos. Somos incansables. Ha sido difícil, pero lo hemos logrado.