viernes, 7 de julio de 2017

Selección de opiniones en Segunda Cita sobre el " Centrismo" en Cuba.


Por Humberto Herrera Carles

En el Blog Segunda Cita de Silvio Rodriguez en el articulo " El Canciller de la Dignidad" se ha dado un interesante debate del cual he selecccionado algunas opiniones, que a mi entender me parecen interesantes para el debate actual.  http://segundacita.blogspot.mx/2017/07/el-canciller-de-la-dignidad-2.html#comment-form

Silvio dijo...

Si Fidel, al triunfo de la Revolución, hubiera hecho con la diversidad de ideologías que conformaban las fuerzas victoriosas lo que proponen hacer los promotores de la reciente campaña anti-centrista con los supuestos centristas, todavía estuviéramos cayéndonos a tiros. 

A estos compañeros les gusta decir que Obama nos separó y que Trump nos ha vuelto a unir. Pero yo lo que veo, en algunos círculos que pretenden ser rectores ideológicos, es un resurgir de aquello que Lenin llamó "enfermedad infantil del izquierdismo". Con el agravante, en términos históricos, de estar bastante lejos de ser niños.


Por cierto Raul Roa es un ejemplo de un intelectual de izquierda que no rehuso el debate, las becas en EE.UU y el intercambio de ideas para promover su apasionado patriotismo cubano. Recibio una de las mas prestigiosas becas norteamericanas, la John Simon Guggenheim, y lo hizo sin aguar un milimetro su patriotismo. En sus aplicaciones puso todas las publicaciones que habia hecho condenando la intervencion indebida de EE.UU en los asuntos internos cubanos, enalteciendo la figura de Marti, como "Jose Marti y el destino americano". En un momento que Cuba se abre mas a los viajes y a las oportunidades academicas en EE.UU y otros paises, mas que ensalzar al que rechaza participar, deberiamos enaltecer a los que como Roa lo han hecho sin ceder en principios. No es lo mismo andar con becas concedidas con presupuesto de la USAID o la NED bajo los fondos de la ley Helms, que hacer como Roa, y usar una beca abierta para la colaboracion de EE.UU con el mundo, cantando las cuarenta sobre los errores y fallas de la politica norteamericana mientras se muestra respeto por la grandeza y se expande el conocimiento desprejuiciado sobre las realidades estadounidenses.

Silvio dijo...

Rafael, lo que dije no está fuera de contexto: mira a la campaña desatada para dividirnos, luego dicen que fue Obama. Yo hablé de la diversidad de ideologías de las fuerzas que hicieron posible la Revolución. Todo el que vivió aquel momento sabe que no era homogénea. Por eso se fueron creando partidos, buscando unirnos. Es una pena que hayas interpretado que me refería a la oligarquía, a traidores y a contrarrevolucionarios. ¿Así me valoras tú, que me llamas hermano?6 de julio de 2017, 13:32

Silvio dijo...

..... Fidel el hombre capaz de reunir en un mismo partido a muchos cubanos patriotas que antes del triunfo de la revolución no pudieron tener la misma militancia. Sencillamente por la ortodoxia de algunos y por el anti dogmatismo de otros, como Raúl Roa García, a quien tuve el honor de conocer y escuchar. Luego no hay contradicción alguna en lo que dije.6 de julio de 2017, 13:37

Elier dijo...

Silvio, la admiración a tu obra y a tu historia, no me limitan para nada a la hora de expresar mis discrepacias con tus asertos. Que lástima que etiquetes como "campaña" el combate de ideas que revolucionarios cubanos estamos haciendo -es nuestro derecho- a una derecha disfrazada de centro, que está tratando de socavar nuestro proceso por vías más artificiosas e inteligentes y que responde también a un nacionalismo de derecha, que como dijo Fernando Martínez Heredia, tiene una larga acumulación cultural a la cual referirse. Creo que no hay que tener grandes dotes intelectuales para comprender eso. Resulta que los que ahora combatimos esas ideas, como lo hizo Marti con las ideas autonomistas, podemos calificar de estalinistas, censores ideológicos,que usamos el poder del estado revolucionario y sus espacios para atacar esa tendencia, etc, etc, pero que ha pasado con los supuestos centristas, ahí están haciendo su labor, exponiendo sus ideas en diferentes plataformas y con un estímulo evidente de los poderes hegemónicos que hoy apuestan -como siempre- a destruir la Revolución Cubana y que son los verdaderos dominantes. Nosotros, aunque algunos quieren dar otra apariencia, somos los que estamos a contracorriente, los antioficialistas, porque quienes son los poderes oficiales dominantes a nivel mundial sino los que promueve el sistema capitalista. Creo que acusar de campaña, censores, abusadores, etc, etc a los que simplemente estamos librando la batalla en el plano ideológico que nos corresponde es sencillamente una distorción de la realidad. Por otro lado decir que Fidel hubiera hecho esto o lo otro, me parece un recurso poco serio y hasta ofensivo con el legado de Fidel. Fidel dijo: renunciar solamente a los incorregiblemente contrarrevolucionarios, pero eso no significó nunca que estuviera dipuesto a dejar de combatir las ideas que consideraba contrarias a nuestro proyecto de nación independiente y socialista, o aceptar en las filas revolucionarias, sin haberse producido una conversión a los adversarios ideológicos. Fidel no acepto por ejemplo el Pacto de Miami, pues entre otrs cosas no estaba claro su carácter antiimperialista. Martí tampoco aceptó a los autonomistas en las filas revolucionarias y combatió duramente sus ideas, solo eran aceptados una vez que dejaran a la puerta de entrada las zandalias llenas de fango por el extravío del camino. Claro los autonomistas, como hacen hoy algunos "centristas" usando otros calificativos, acusaban a Marti de anarquistas, de incendiario, etc, etc.6 de julio de 2017, 14:20

Silvio dijo...

Elier, no sé quién eres, pero veo que te gusta hacerte la víctima y además insultar a quienes supones que no piensan como tú. En ambas cosas nos diferenciamos bastante.

Viví lo que fueron los inicios de la Revolución, y vi que en aquel triunfo, que se debió fundamentalmente al 26 de julio, también tomaron parte otras organizaciones que lucharon y pusieron mártires. No todos pensaban igual. Después de la Revolución pudo ocurrir una guerra fratricida o pudieron disgregarse los revolucionarios en discusiones interminables --que hubiera aprovechado el enemigo--, pero Fidel no lo permitió. Siendo el jefe de la organización más extendida y con más responsabilidad en el triunfo, supo ser humilde para que los humos no se le fueran a la cabeza a nadie y se supo repartir gloria y responsabilidades entre todos.

Tu y los tuyos --esos que posiblemente están recomendando que me salgan al paso, según noto últimamente--, están obsesionados con el asunto del centrismo, como si fuera algo nuevo. Eso existe desde siempre y ocurre ni más ni menos que cuando los extremos son insatisfactorios. Hay condiciones nuevas en el mundo y en ambas puntas hay nervios ante lo diferente. 

Respecto a Cuba ambos extremos pretenden ignorar que las condiciones cambiaron después que un presidente de los Estados Unidos admitió al mundo que la política contra Cuba era un fracaso y después que el Gobierno Revolucionario estableció relaciones en condiciones de igualdad.

Yo creo que todos ustedes le hicieran más bien al país poniendo vuestras inteligencias al servicio de todo lo insostenible que ha demostrado ser nuestro proyecto, este mismo proyecto que alguien --que no menciono para no disgustarte-- dijo un día que era lo que habíamos podido hacer y no lo que hubiéramos querido hacer. Tengo que incluirme inevitablemente entre los que quisimos más y no pudimos. Y desde una participación que ni tú ni cien como tú me pueden cuestionar declaro que no me parece justo, ni bonito y mucho menos revolucionario hacer banderas con lo que no alcanzamos. 

Luchar honestamente por mejorarnos, sin echarle tanta culpa a los demás, es una forma más digna de ser revolucionarios. Bueno, es lo que yo aprendí.6 de julio de 2017, 15:17

Elier dijo...

Silvio, hacer política para tomar el poder, no es lo mismo que hacer y defender una revolución desde el mismo poder, es cierto que Fidel construyó la unidad entre las distintas fuerzas revolucionarias que habían combatido a Batista, pero luego de alcanzado el triunfo en un momento de mayor radicalización del proceso, imprescindible para poder mantener y hacer avanzar la Revolución, la lucha de clases se acentuó y los que solo quería tumbar a Batista, pero para volver al 9 de marzo de 1953 o para buscar un supuesto capitalismo bueno, fueron quedando en otro bando. Ahí estan los Urrutia, los Huber Matos, Felipe Pazos y la lista es larga. Por eso es importante definir bien los principios de esa unidad. Para mí hay uno clave: el socialismo. Todo aquel que aspire a restaurar el capitalismo en Cuba, de una forma u otra, para mí es un adversario ideológico. Me gustaría también que me dijeras donde, en mi comentario anterior, me hice la víctima o escribí algún insulto. Pues por más que leo no lo encuentro y nunca me he caracterizado por eso, todos los que me conocen lo saben bien, ni siquiera con personas que sí se lo merecerían, que no es el caso suyo, al que siempre he apreciado y admirado, aunque ello no signifique que coincidamos en algunas ideas y proyecciones. Y por otro lado le puedo garantizar que nadie me ha orientado, para sostener este intercambio de ideas, ha sido me libre voluntad, luego de ver replicado en facebook sus palabras por muchos de los que hoy se disfrazan de centro. Uno de ellos catalogado por el propio Fidel, que tampoco le temblaba la voz cuando tenía que decir algo, como el "más mentiroso". Abrazos, elier 6 de julio de 2017, 16:14

Silvio dijo...

Lo siguiente se le está diciendo a un victimario: 

Que lástima que etiquetes como "campaña" el combate de ideas que revolucionarios cubanos estamos haciendo... 

Dije que era campaña porque es campaña. Ustedes creen que vuestro deber es hacerlo, pero por eso no es menos campaña: son un grupo bastante numeroso que piensan igualito y publican en todas partes desde hace meses. Ya tienen tomada la televisión.

Creo que acusar de campaña, censores, abusadores, etc, etc a los que simplemente estamos librando la batalla en el plano ideológico que nos corresponde es sencillamente una distorción de la realidad. Por otro lado decir que Fidel hubiera hecho esto o lo otro, me parece un recurso poco serio y hasta ofensivo con el legado de Fidel...

Lo anterior es bastante insultante, porque ustedes sí pueden apoderarse de Fidel y de lo que sea, pero si yo lo menciono, "distorsiono y abuso".

Elier, sigue investigando, que sin dudas te hace mucha falta. Pero toma en cuenta que muchas cosas que ustedes investigan fueron vistas y vividas por algunos que todavía respiramos.

Y si no quieres que se restaure el capitalismo (que yo tampoco porque lo viví) deja la cacería de brujas y ponte a arreglar el socialismo, porque te juro que le hace mucha falta.6 de julio de 2017, 16:46

Ernesto Estevez Rams dijo...

Hay ejemplos en la historia que deberia tenerse mas cuidado a la hora de citar. Es cierto que Marti combatio el autonomismo, pero se cuido, como una vez dijo, de combatir el pecado sin mencionar al pecador. Marti trabajo por unir incansablemente y en esa union, que veia no coyuntural sino estrategica, incluia a los que honestamente se habian inclinado por el autonomismo. Les tendio la mano hasta el ultimo momento para que se incorporaran a la Revolucion que estaba por hacerse. Recuerdan aquello de con todos y por el bien de todos. Esa frase hay que entenderla en el contexto político en que Marti desarrollaba su labor de preparación de una guerra que fundaria una nación. 

Fidel tambien andaba refundando una nación y entendió que había que sumar y sumo, sumo mucho. Los que se decantaron lo hicieron por si solo, desgranandose ante el empuje de una Revolución que se proponia conquistar toda la justicia. Al entrar en la Habana los barbudos pomovieron junto a otras fuerza a la presidencia del pais a un juez que se había portado decente cuando el juicio del Moncada y quien estaba lejos de radicalidad alguna. Hay que estudiar ese primer gabinete de gobierno. Que la realidad, mas que el descalificativo esteril, pusiera las cosas en su lugar. 

No nos engañemos, hoy estamos una vez mas refundando al pais. Se necesita hacerlo luego de que el colapso ideológico del socialismo europeo puso en crisis el pensamiento revolucionario a nivel mundial. La primera etapa de esa nueva batalla fue atrincherarnos como cuando lo hicimos en la sierra frente a la ofensiva batistiana y resistir. Igual que en la Sierra, Fidel diseño la resistencia de tal manera que cada metro ganado por el enemigo fue victoria pírrica hasta que se agoto la nueva crecida de Valmaseda. Luego vino la contraofensiva estratégica y salimos irradiando con tal fuerza que pronto llego la Revolucion Bolivariana, la Revolución Ciudadana, la Bolivia de Evo. la historia nos sirve para entender donde estamos.

Pero el pasado en solitario solo es cemento que sostiene por un tiempo finito las trincheras. Los símbolos desde la historia se deterioran, no sólo por los continuos embates, sino tambien, y en mayor grado, por su incapacidad en solitario de generar modos de diseñar el futuro. Las contraofensivas revolucionarias necesitan diseños filosoficos, ideologicos, culturales, que establezcan utopias sobre las cuales se proyecten los sueños de los seres humanos. Pero una utopia para que no se torne en ucronia, en este contexto historico de quiebre civilizatorio, no puede erigirse sobre localismos intrascendentes, relativismos epistemologicos, desconstrucciones esterilizadoras. Tampoco pueden sostenerse sobre criterios excluyentes, cercenando de antemano ideas, restringiendo campo. Tampoco se diseñan futuros enmancipadores sobre la mediocridad de creer que al mortificar al que te quito la novia ya podemos dar por sentado el orden universal.

Ernesto Estevez Rams dijo...

No olvidemos que la condición de revolucionario es, en la realidad misma, muy compleja. Un individuo solo no puede conquistar toda la justicia. Podra ser justo, digamos, con los pobres de la tierra, pero tal vez desprecie la homosexualidad o sea un tirano con los hijos. Una persona pudiera sufrir al ver que se humilla a una persona de otra raza y sea indulgente con el machismo o practique la misogenia. Una persona puede llorar la ver un niño con hambre y aceptar que se enclaustren mujeres en conventos y se les adoctrine desde niñas y se les mutile una parte importante de sus dimensiones culturales. 

En muchas ocasiones no es culpa del individuo, es un problema de volumen: toda la justicia no cabe en un solo ser humano. Ni en el mas grande, el que mas abarca. La justicia toda no es cosa de individuos. Cuando lo intentan terminan levantados del caballo por un tiro y caen de espaldas mirando al sol: revientan. Es hermoso el gesto y sobre el se fundan pueblos. Pero el simbolo no lo hereda nadie en particular, lo descubren muchos que también lo intentan y también revientan. Y asi en olas sucesivas hasta que reventamos todos los que queremos conquistar toda la justicia. Por eso, al final, toda la justicia es como una gran explosión. No tenemos el derecho de evitar que alguien quiera que su pequeño estallido sea parte de esa gigantesca supernova que va esparciendo polvo de estrella por el universo. Ese mismo polvo que acumulado en algún lugar cósmico vuelva a fundar otro planeta donde otros seres se preguntaran como conquistar toda la justicia. A su manera, en su contexto.

Si aceptamos el grito que este pueblo exclamo al morir el Comandante en Jefe, entonces tenemos que entender que esta Revolución no se puede dar el lujo de perder un solo Fidel de los millones que habitan este planeta hecho isla. Sumemos para poder sostener esa gran explosión que es la Revolución cubana que mantiene, con todos sus avatares, la intención primigenia de conquistar toda la justicia con todos y para el bien de todos.6 de julio de 2017, 16:47

Silvio dijo...

Nosotros creemos que hemos contribuido en la medida de nuestras fuerzas a los acontecimientos actuales de nuestro país. Nosotros creemos que con el esfuerzo de todos estamos llevando adelante una verdadera revolución, y que esa revolución se desarrolla y parece llamada a convertirse en uno de los acontecimientos importantes de este siglo. Sin embargo, a pesar de esa realidad, nosotros, que hemos tenido una participación importante en esos acontecimientos, no nos creemos teóricos de las revoluciones ni intelectuales de las revoluciones.

Si los hombres se juzgan por sus obras, tal vez nosotros tendríamos derecho a considerarnos con el mérito de la obra que la Revolución en sí misma significa, y sin embargo no pensamos así. Y creo que todos debiéramos tener una actitud similar. Cualesquiera que hubiesen sido nuestras obras, por meritorias que puedan parecer, debemos empezar por situarnos en esa posición honrada de no presumir que sabemos más que los demás, de no presumir que hemos alcanzado todo lo que se puede aprender, de no presumir que nuestros puntos de vista son infalibles y que todos los que no piensen exactamente igual están equivocados. Es decir, que nosotros debemos situarnos en esa posición honrada, no de falsa modestia, sino de verdadera valoración de lo que nosotros conocemos. Porque si nos situamos en ese punto, creo que será más fácil marchar acertadamente hacia adelante. Y creo que si todos nos situamos en ese punto —ustedes y nosotros—, entonces, ante esa realidad, desaparecerán actitudes personales y desaparecerá esa cierta dosis de personalismo que ponemos en el análisis de estos problemas.

En realidad, ¿qué sabemos nosotros? En realidad nosotros todos estamos aprendiendo. En realidad nosotros todos tenemos mucho que aprender.

Fidel Castro Ruz, 30 de junio de 1961, Biblioteca Nacional.6 de julio de 2017, 17:36

Asael dijo...

Silvio, poeta le pido humildemente que lea estas palabras del querido Comandante en Jefe o escuche su voz hablando de esta tema, increíble
Fidel 6 de junio de 1971 dijo: 

"...Y, desde luego, todos recordaremos cómo al principio de la Revolución la contrarrevolución adoptaba abiertamente las formas ideológicas burguesas: sencillamente combatían al socialismo, combatían al comunismo desde posiciones antisocialistas, desde posiciones anticomunistas, desde posiciones liberales, desde posiciones burguesas. Pero las ideas liberales y burguesas han quedado tan desprestigiadas que ya ningún contrarrevolucionario usa los argumentos del liberalismo de la burguesía para combatir ideológicamente a la Revolución, sino que la modalidad es combatir a la Revolución desde posiciones comunistas, desde posiciones socialistas, desde posiciones marxistas, desde posiciones de izquierda. Ya no es el argumento liberal, ya no es el argumento burgués. Eso está demasiado desacreditado, eso está demasiado desprestigiado ante las masas, y por eso las modalidades que adoptan incluso son esas. 
Internacionalmente, por ejemplo, se ve claro, y también no faltarán en el orden nacional, aunque nosotros tenemos unas masas bien educadas políticamente —es decir, que han avanzado mucho políticamente—, alertas y, desde luego, ninguna modalidad de esa índole podrá prosperar. Pero lo decimos para expresar cómo van cambiando los mecanismos, los métodos, los medios de lucha frente a la Revolución. Y esa lucha, repetimos, será una lucha larga." 

El Comandante en Jefe lo deja claro en ese fragmento: "sino que la modalidad es combatir a la Revolución desde posiciones comunistas, desde posiciones socialistas, desde posiciones marxistas, desde posiciones de izquierda. Ya no es el argumento liberal, ya no es el argumento burgués. Eso está demasiado desacreditado, eso está demasiado desprestigiado ante las masas, y por eso las modalidades que adoptan incluso son esas." 

y si quieren escucharlo de su propia voz se lo dejo Fidel nos habla a todos los escribidores que estamos en este foro ahí deja claro que la tercera vía de ataque a la revolución comenzaba a desarrollarse en esos años.
https://www.youtube.com/watch?v=vAh1MCe__NI&feature=youtu.be6 de julio de 2017,17:59

javier gomez sanchez dijo...

Silvio, lamento comprobar una vez más lo que vengo observando desde hace un tiempo, que la vejez no se te ha convertido en sabiduría. 
Imagino que cuando dijiste que no conocías a Elier, era porque había aparecido solo con su nombre y no con sus apellidos, pues de hacerlo hubiese sido una muestra de ignorancia haberlo dicho.
Yo soy de esos que ando por ahí escribiendo en contra de centrismo. Y lo hago porque puedo decir lo mismo que tú, que he vivido el capitalismo, a pesar que a diferencia de ti que lo viviste hace 57 años, yo con mis 33 años lo viví hace un par. Pero eso no me lleva a desestimar tus expresiones anticapitalistas aunque cuando las calces frente a otro más joven que tu alegando que lo viviste. Entonces ya ves que gente más joven puede tener experiencias como las tuyas, incluso más porque no es lo mismo ¨vivir el capitalismo¨ con 15 años y una familia, que hacerlo con 30 y un empleo que puedes perder, una renta que pagar y un seguro médico que cubrir.
De esa misma forma, lo que combatimos el centrismo hoy, lo hacemos porque lo hemos vivido, lo hemos visto aparecer y expandirse, lo estamos viviendo y conociendo, y por eso lo combatimos, por convicción y no por fe. Porque cuando uno ya tiene cierta experiencia y visión de las cosas, entonces la fe se convierte en convicción.
Yo comparto esas filas con Elier, como la comparto con muchos otros, pero he sabido luchar en ellas creyéndome solo, luego combatir en ellas sabiéndome acompañado, y finalmente no me importa combatir en ellas sabiéndolas en minoría. 
Los que consideran, como dices, que los que combatimos el centrismo tenemos acceso a todas las publicaciones estatales y a la televisión, se equivocan, como te equivocas tú. Nosotros somos ahora mismo los incómodos, los marginados, los censurados. Los que si nos dieran un Honoris Causa y habláramos denunciando lo que consideramos, nuestras palabras no aparecerían en la prensa. 
Los que si vamos a la televisión, nos dicen que podemos hablar mal de Trump, pero no de Obama, cuando es tan imperialista uno como el otro, pero nos permiten solo combatir los métodos de uno y no los del otro. 
Los que si denunciamos en internet a los mismos con los que tu compartes textos y publicaciones, entonces lo que escribimos tampoco aparece en los periódicos.
Si algo no le ha faltado a los que trabajan y publican en las páginas web cultivando el centrismo, recibiendo el dinero con que se mantienen ha sido porque ha habido con ellos una gran tolerancia. 
Jamás se ha leído en ninguno de nuestros textos un llamado a encarcelarlos, aun cuando se seguro no faltan razones si se revelaran los vínculos que mantienen con un poder extranjero. Aun así hemos sido insultados, acusados, calificados con los peores apelativos. Entonces no somos nosotros quienes gozamos de la libertad de pensamiento que se nos acusa perseguir. 
Yo discrepo de Elier Ramírez Cañedo en muchas menos cosas de las que discrepo contigo, pero una de ellas es cuando él hace énfasis en ese texto en la frase en que Fidel habla de que la revolución sólo debe renunciar a los incorregiblemente contrarrevolucionarios. Entonces me pregunto, ¿Que es ser incorregiblemente contrarrevolucionario? O mejor dicho que es ser ¨hoy¨ eso. Hay que ver que Fidel dijo eso en 1961, muy lejos de lo que vivimos hoy. Entonces yo prefería actualizar la idea, y preferiría decir que la Revolución debe renunciar a los ¨indudablemente¨ contrarrevolucionarios. 
Y en Cuba hoy si hay algo que ha aparentado ser lo contrario, pero es indudablemente contrarrevolucionario es el centrismo. 
Silvio dijo...

Javier Gómez Sánchez, te publico esta nota solo para tener el pretexto de decirte que a ti sí te conozco sin haberte visto nunca. Primero te infiltraste en La Joven Cuba y volviste loco a Harold, hasta que lo llevaste a firmar contigo un artículo bien entradito por el aro. Después te pasaste a La pupila insomne, dándotelas de rojo. Hasta que escribiste un artículo diciendo que todo lo que le pasaba al cine cubano era culpa de la seguridad del estado. Por supuesto, Iroel no te lo publicó y entonces nos lo mandaste a Casaus y a mí, que por supuesto tampoco mordimos. Pedro Monreal barrió el piso contigo. Creo que te lo merecías.

Julio Carranza dijo...

Compañer@s:
Entiendo y comparto el comentario de Silvio que ha dado lugar a este intercambio, comparto su espíritu y creo que comprendo lo que quiere decir, dicho además con la síntesis del poeta comprometido y brillante que él es! y con la autoridad moral que le da su trayectoria. Silvio sabe de lo que habla. Cada cual tiene derecho a estar o no de acuerdo con él, yo estoy de acuerdo.
También, creo que el ejemplo de obra y vida de Fidel, Martí y otros importantes héroes de nuestra historia está ahí, hacen grande la nación y debe estar siempre presente, pero no es suficiente estar buscando en el pasado las respuestas que se deben dar en el presente, la situación y los desafíos de hoy son diferentes a los de cualquier otra situación pasada, por más que tengan puntos en común. Conocer bien la historia y aprender de ella es imprescindible, pero buscar en ella las respuestas del presente es imposible.
Por otra parte, no me parece conveniente estar colocando permanentemente calificativos imprecisos y descalificadores, haciendo discusiones abstractas, basadas en un radicalismo fatuo que poco ayuda para resolver los complejos desafíos de hoy. Hay que discutir con humildad ideas concretas, opciones, análisis específicos, sin excluyentismos. Creo que estamos de acuerdo en que es mucho lo que está en juego hoy.
Por mi parte no estoy de acuerdo con ninguna propuesta que conduzca a una restauración capitalista y muchísimo menos a concesiones de soberanía, pero no basta decir que estamos por el socialismo para creer que estamos de acuerdo, no creo que todos entendamos lo mismo por socialismo. Razón lleva Silvio cuando dice que es sobre eso que hay que discutir, ahí apreciaremos nuestras coincidencias y diferencias, en mi caso, como en el de otros amigos, lo vengo haciendo modestamente en varios textos sometidos al debate desde hace años, el último recientemente. Análisis concretos de la realidad concreta, ya todos los gigantes de nuestra historia que ustedes mencionan y de los cuales todos nos sentimos orgullosos, resolvieron de esa manera los tremendos desafíos que enfrentaron, resolvamos nosotros (esta generación) los que nos corresponden, con la grandeza que esta etapa exige, es una situación incierta, compleja e inédita, reclama inteligencia, audacia y creatividad, las nuevas generaciones exigen con legitimidad su espacio y presentan con fuerza sus demandas. Hay que partir de la historia pero hay que ir más allá de la historia, esa disyuntiva nunca ha tenido otra opción.

Julio Carranza 6 de julio de 2017, 20:58


jueves, 6 de julio de 2017

¿Es posible unir lo mejor del capitalismo y el socialismo? Responde Enrique Ubieta (+ Video)

Por: José Raúl Concepción
El intelectual cubano, Enrique Ubieta, concedió una entrevista a Cubadebate en ela sede del portal Cubasí. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.
El intelectual cubano, Enrique Ubieta, concedió una entrevista a Cubadebate en la sede del portal Cubasí. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.

Cuando el mundo era bipolar, alguien dijo lo que suena a obviedad: “juntemos lo mejor del capitalismo y el socialismo en un solo sistema“. Si cada uno tiene sus defectos y virtudes por qué no desechar lo inútil. La idea es atractiva, sería algo así como la sociedad idílica. Pero qué impide realizarla ¿Por qué se sigue hablando de capitalismo y socialismo? Detrás de aquella obviedad habita otra: no puedes sacar lo mejor del capitalismo como si se tratara de una fruta que se dañó al caer del árbol. Las virtudes de ese sistema se sustentan en sus defectos.
Al parecer la idea no era lo que prometía y continúan las mismas opciones: o mantienes el modo de vida que daña cada rincón de este planeta o buscas una alternativa que solucione los problemas desde la raíz.
En la política, como en la vida, estar en el centro resulta complicado. Sin embargo, existe el funambulismo.
Cubadebate conversó sobre el Centrismo Político con el intelectual cubano, Enrique Ubieta, quien a preguntas sencillas respondió con disertaciones sobre la historia, vigencia y posible aplicación en Cuba de la llamada Tercera Vía.
–¿Es posible que el centrismo represente lo mejor del capitalismo y el socialismo?
–El capitalismo no es una suma de aspectos negativos y positivos, de elementos que pueden ser rescatados o desechados: es un sistema, que en algún momento fue revolucionario y hoy no lo es. Lo engloba y lo encadena todo: la alta tecnología, la más sofisticada riqueza y la miseria más absoluta. Los elementos que contribuyen a una mayor efectividad en la producción son los mismos que enajenan el trabajo humano. Los que generan riqueza para unos pocos, producen pobreza para las mayorías, a nivel nacional e internacional. Me parece una falacia establecer semejante meta: no existe “lo mejor del capitalismo”, como si este pudiera ser depurado, como si un capitalismo bueno fuese factible. Hay versiones muy malas, como el neoliberalismo o el fascismo, pero no conozco ninguna buena. El capitalismo siempre es salvaje.
Por otra parte, el socialismo, a diferencia del capitalismo, no es una totalidad orgánica, una realidad ya construida, sino un camino que no deja atrás de golpe al sistema que intenta superar. Probamos por aquí y por allá, adoptamos nuevas formas, avanzamos y retrocedemos, eliminamos lo que no resulta, rectificamos los errores una y otra vez; un camino hacia otro mundo, en medio de la selva, porque el capitalismo es el sistema hegemónico. Lo que lo caracteriza es su intención confesa, consciente, de superar al capitalismo.
¿Existe un centro? ¿Sobre qué bases se establece? En el sistema electoral capitalista supuestamente existe una izquierda y una derecha, pero esa izquierda, cuya matriz ideológica es la socialdemocracia, que en sus orígenes era marxista y pretendía reformar el capitalismo hasta hacerlo gradualmente desaparecer, hoy es funcional al sistema, y ha renegado del marxismo, y se diferencia de los partidos conservadores en sus políticas sociales y en su comprensión desprejuiciada de la diversidad. La fórmula centrista funciona al interior del sistema capitalista como un recurso electorero. El elector –que se maneja como un cliente porque las elecciones funcionan como si fueran un mercado– está harto de que los partidos de derecha y de izquierda se alternen y apliquen políticas similares, y el sistema construye entonces una falsa tercera vía.
Pero los polos reales no están dentro de un sistema, se contraponen: son el capitalismo y el socialismo. No existe un centro, un espacio neutro entre los dos sistemas. La socialdemocracia se ubica dentro del capitalismo, pero finge ser un centro, que intenta hacer lo que declaramos imposible: tomar lo mejor de uno y otro sistema. En realidad, provoca una alternatividad de métodos, no de esencias. Más allá de casos muy aislados, como pudo haber sido Olof Palme en Suecia, que vivía en un país muy rico, que aún sin haber tenido colonias, como parte del sistema capitalista, también se benefició del sistema colonial y neocolonial.
La socialdemocracia, que parecía ser la triunfadora, dejó de tener sentido cuando cayó la Unión Soviética y desapareció el Campo Socialista. Ni siquiera en Suecia pudo mantenerse (Olof Palme fue asesinado). A partir de entonces, el sistema ya no la necesitó y tiene que recomponerse. La Tercera Vía de Tony Blair es un centro que se ha corrido todavía más hacia la derecha: acepta e instrumenta una política neoliberal y se alía a las fuerzas imperialistas en sus guerras de conquista. La historia de la socialdemocracia es esencialmente europea.
¿Qué papel podrían tener las políticas de centro en Cuba?
En definitiva, ¿qué es ese centro? Es una orientación política que se apropia de elementos del discurso revolucionario, adopta una postura reformista y en última instancia frena, retarda u obstruye el desarrollo de una verdadera Revolución.
Y en otros casos, como el nuestro, intenta usar la cultura política de izquierda que existe en la sociedad cubana porque no puedes llegar aquí con un discurso de ultraderecha a tratar de ganar adeptos. Tienes que usar lo que la gente interpreta como justo y con ese discurso de izquierda empezar a introducir el capitalismo por la puerta de la cocina. Ese sería el papel que podría tener el centro dentro de una sociedad como la cubana.
Enrique Ubieta, director de la revistas cubanas "Cuba Socialista" y "La Calle del Medio", explica la historia de las políticas de "centro" y sus objetivos en Cuba. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.
Enrique Ubieta explica la historia de las políticas de “centro” y sus objetivos en Cuba. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.
Con diferentes terminologías y contextos, políticas similares al centrismo han estado presentes en la historia de Cuba desde que el Autonomismo intentara detener la Revolución independentista de 1895… ¿Por qué cree usted que hay una especie de resurgimiento del centrismo en Cuba en el contexto actual?
En la historia de Cuba está muy clara esa división de tendencias entre el espíritu reformista y el revolucionario. Es una vieja discusión en la historia del marxismo, pero solo voy a referirme a la tradición cubana.
El reformismo está representado por el autonomismo y por el anexionismo. Hay autores que insisten en decir que el anexionismo aspiraba a una solución radical, porque quería la separación de España. Aquí el término “radical” está mal usado, porque no se iba a la raíz del problema. La solución de anexar el país a los Estados Unidos era solo en apariencia radical porque pretendía conservar los privilegios de una clase social y evitarle además el desgaste económico de una guerra por la independencia, conservar el statu quo a través de la dominación de otro Poder que garantizara el orden. Las dos tendencias, el anexionismo y el reformismo, tenían como base la absoluta desconfianza en el pueblo. El miedo a “la turba mulata”, como decían los autonomistas.
El reformismo entreguista ha permanecido a lo largo de la historia de Cuba hasta nuestros días, no se ha extinguido. La Revolución de 1959 lo barrió como opción política real, pero la lucha de clases no ha desaparecido. Si la burguesía o la que aspira a serlo, intenta retomar el poder en Cuba, tanto la que se ha formado fuera del país como la que pueda estar gestándose dentro, va a necesitar de una fuerza exterior que la respalde.
En Cuba no habría un capitalismo autónomo, no existe ya en ninguna parte del mundo, menos en un país pequeño y subdesarrollado. El capitalismo cubano, como en el pasado, solo puede ser neocolonial o semi-colonial. La única forma que tiene la burguesía de retomar y mantener el poder en Cuba, es a través de un poder externo; es la única opción para reproducir su capital, y ya sabemos que la Patria de la burguesía es el capital.
Hoy existe una situación que favorece este tipo de tácticas centristas, sembradas en Cuba desde el Norte. Termina su ciclo histórico-biológico la generación que hizo la Revolución. Alrededor del 80 por ciento de la sociedad cubana no vivió el capitalismo. Imagínate, Cuba es un país que intenta construir una sociedad diferente a otra que la gente no vivió. Hay una situación de cambio y se introducen nuevos elementos, antes rechazados, en la concepción del modelo económico-social. Es en ese contexto que las fuerzas procapitalistas construyen su discurso seudorevolucionario, solo en apariencia, enlazado a los cambios que se operan en el país.
¿La Actualización del Modelo Económico y Social Cubano tiene alguna semejanza con el Centrismo?
No la tiene. Apelo a conceptos que hallé en el filósofo argentino Arturo Andrés Roig. Es imprescindible diferenciar dos planos: discurso y direccionalidad discursiva, significado y sentido. Recuerdo que mientras estudiaba la década de 1920, observaba que Juan Marinello y Jorge Mañach decían casi lo mismo, manejaban conceptos muy similares, porque eran intelectuales que estaban en la vanguardia del pensamiento y el arte cubanos. Pero si sigues la trayectoria de ambos, comprenderás que aquellas palabras con significados similares tenían sentidos diferentes. Marinello se integró al Partido Comunista y Mañach fundó un partido de tendencia fascistoide. Uno peleaba por la justicia social y el socialismo, mientras que el otro deseaba tardíamente convertirse en el ideólogo de una burguesía nacional que ya no existía. No creo que esa ruptura sea solo el resultado de una evolución posterior: ya estaba implícita en la diferente direccionalidad histórica de sus discursos.
Es importantísima esa diferenciación de sentidos, hoy más que nunca, porque vivimos en un contexto lingüístico muy contaminado, promiscuo, en una sociedad global que ha asimilado el discurso e incluso los gestos tradicionales de la izquierda, sobre todo a partir de la Segunda Guerra Mundial. La lucha de clases se enmascara, y es preciso desentrañar a quienes sirven nuestros interlocutores.
¿Qué se proponen los Lineamientos? Buscar una vía propia, alternativa, para avanzar hacia el socialismo, ya que no existe ningún modelo universal y cada país y cada momento histórico son peculiares. Un socialismo cubano equivale a decir un camino cubano hacia una sociedad diferente a la capitalista, en un mundo hostil, desde la pobreza, el bloqueo implacable y la ausencia de recursos naturales, si exceptuamos el conocimiento de sus ciudadanos.
Esa es la situación real de Cuba. Nos proponemos mantener y profundizar la justicia social alcanzada, y para ello debemos dinamizar las fuerzas productivas. Por eso establecemos límites a la acumulación de riquezas y propiedades, y nos preocupamos por los mecanismos de control de esos límites. En sentido inverso, los centristas, con lenguaje parecido al nuestro, sugieren que hemos abandonado el ideal de justicia social, pero exigen una profundización de esos cambios que conduciría al desmantelamiento de lo mínimamente conseguido en términos de justicia. La “profundización” que exigen los centristas, tanto desde el punto de vista económico como político, es una vuelta al capitalismo. Pueden y deben ser escuchadas las opiniones críticas y divergentes en nuestra sociedad, pero todas deben apuntar hacia un mismo horizonte de sentido.
Cuando alguien dice que el socialismo no ha logrado erradicar la corrupción o la prostitución, yo me entristezco porque sé que es verdad. Pero al mismo tiempo habría que preguntar: “¿el capitalismo qué haría con eso?” Lo multiplicaría. Cuando la acusación no conlleva un camino hacia el afianzamiento del sistema que tenemos en el país –el único que puede subsanar sus defectos, insuficiencias y errores–, sino hacia su destrucción, la crítica es contrarrevolucionaria.
Porque no todo lo que hagamos estará bien; nos vamos a equivocar, eso es seguro. El que camina se equivoca. Lo importante es tener la capacidad para rectificar y tener claro el sentido de lo que estamos haciendo, para qué lo hacemos. Si en algún momento perdemos el rumbo, habrá que consultar la brújula que marca el sentido. Que todo lo que podamos hacer ahora, y lo que discutamos, esté marcado por la clarificación de qué queremos y hacia dónde vamos.
El intelectual cubano, Enrique Ubieta, concedió una entrevista a Cubadebate en ela sede del portal Cubasí. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.
El intelectual cubano, Enrique Ubieta, concedió una entrevista a Cubadebate en ela sede del portal Cubasí. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.
¿Se puede ser centrista y revolucionario al mismo tiempo?
No, en absoluto. Un reformista no es un revolucionario. Lo que no significa que un revolucionario no pueda hacer reformas. Los revolucionarios hicimos la Reforma Agraria, la Urbana… Ser reformista es otra cosa.
El reformista confía en las estadísticas y en descripciones exhaustivas de su entorno que terminan haciéndolo incompresible. Una descripción minimalista de las paredes de esta habitación no nos permitiría entender dónde estamos, porque este cuarto está en un edificio, en una ciudad, en un país, es decir, la descripción, para ser útil, presupone una comprensión mayor. Hay que alzarse en vuelo de cóndor para ser revolucionario, que es lo que Martí exigía.
El reformista es descriptivo –cree que la realidad se agota en lo que ve y toca–, por eso se confunde y falla. En la política, el reformista solo puede sumar los cuatro elementos visibles del entorno social. El revolucionario añade un quinto elemento subjetivo no detectable a simple vista. Un elemento que el reformista no toma en cuenta, porque no confía en el pueblo. Podemos resumir ese quinto elemento en el histórico reencuentro en Cinco Palmas de los ocho sobrevivientes del desembarco del Granma, dicho en palabras de Raúl: “Me dio un abrazo y lo primero que hizo fue preguntarme cuántos fusiles tenía, de ahí la famosa frase: ‘Cinco, más dos que tengo yo, siete. ¡Ahora sí ganamos la guerra!’. Es el salto sobre el abismo que pedía Martí.
Eso es lo que diferencia a un revolucionario de un reformista. Y un centrista es algo peor que un reformista, porque de alguna manera es un simulador.
En la tradición europea toda esa trama conceptual, teórica, política que se fue urdiendo desde el siglo XIX le otorga cierta espesura a los debates. En Cuba esos debates manifiestan su trasfondo de forma mucho más evidente. Y toda esa palabrería de juntar capitalismo con socialismo, de quedarte en un plano discursivo revolucionario, pero en la práctica contrarrevolucionario, de alguna manera, a mi modo de ver, también evidencia cierto nivel de cobardía, cierta incapacidad para liderar un proyecto en el cual crees. Esas personas creen en un proyecto que es opuesto al nuestro, pero no tienen la fuerza política ni la valentía suficiente para enarbolarlo abiertamente.
"El capitalismo no es una suma de aspectos negativos y positivos, de elementos que pueden ser rescatados o desechados: es un sistema, que en algún momento fue revolucionario y hoy no lo es"., explica Ubieta. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.
“El capitalismo no es una suma de aspectos negativos y positivos, de elementos que pueden ser rescatados o desechados: es un sistema, que en algún momento fue revolucionario y hoy no lo es”., explica Ubieta. Foto: Annaly Sánchez/ Cubasí/ Cubadebate.

En video, fragmento de la entrevista con Ubieta

miércoles, 5 de julio de 2017

Reforma constitucional y sistema político en Cuba

Autor: Disamis Arcia Muñoz



¿Qué es una reforma constitucional? ¿Qué implicaciones prácticas conlleva la realización de una? ¿Qué alcance tendría en el caso cubano? Estas y otras preguntas similares fueron realizadas el pasado 29 de junio a un grupo de panelistas reunidos en el espacio Último Jueves de la revista Temas en el Centro Cultural Fresa y Chocolate.

Juan Valdés Paz, politólogo, moderó la discusión que durante dos horas se desarrolló entre el panel compuesto por el jurista cubano Julio César Guanche, el cantautor –y también abogado– Israel Rojas, y el periodista Jorge Gómez Barata, y un nutrido público que con una cifra de algo más de 130 participantes, intercambió sus inquietudes y opiniones en torno a los cambios y permanencias que puede y debe experimentar la Constitución cubana.

La primera ronda de preguntas dio inicio a la exposición de Julio César Guanche, quien explicó que solo la Asamblea Nacional del Poder Popular puede hacer la reforma, y que dentro de los pasos establecidos legalmente para poder llevarla a cabo, como ocurrió para la del año 1992, se encuentra la aprobación previa de un Ley de Reforma Electoral –como la de 1990– que paute y rija el proceso de cambios, algo que no ha sucedido hasta ahora en este nuevo contexto en el que se anuncia una nueva reforma constitucional.

Para Jorge Gómez Barata, ningún cambio que ataña a la Constitución puede estar atado a tecnicismos, pues se trata de una institución política. Comentó que la Constitución no son las Sagradas Escrituras, y recordó a los asistentes que las normas jurídicas están sujetas a circunstancias históricas concretas, y la complejidad del momento que vive la sociedad cubana no puede ser obviada a la hora de pensar, proponer e introducir algún cambio en la Constitución. Así ocurrió al crearla, en 1976, cuando hubo que hacer una ajustada a la realidad del contexto creado por la Revolución, que representó un cambio radical respecto al pensamiento constitucional hasta entonces existente en el país.


Foto: Randdy Fundora / Temas.

Israel Rojas se mostró de acuerdo con lo expuesto por Guanche, pero apuntó que aunque técnicamente el proceso de reforma constitucional no haya comenzado, en la práctica ese debate ya empezó con las amplias discusiones populares desarrolladas a lo largo del país sobre los documentos de la conceptualización del modelo socialista cubano, que representan un avance de lo que más adelante normará y plasmará la reforma constitucional.

La segunda pregunta del moderador se centró en qué reformas constitucionales deben responder a los cambios planteados en el discurso y las propuestas políticas de la Actualización del modelo. Guanche se refirió a la descentralización, que forma parte de la aplicación de la Actualización en Mayabeque y Artemisa, en lo referente a la separación de la administración y el Estado a nivel municipal. Si las próximas elecciones se rigen por lo aprobado en 1992, habrá que esperar al cambio constitucional para que sea posible una nueva Ley Electoral. En su formulación, este mecanismo electoral no toma en cuenta, por ejemplo, la nueva Ley migratoria aprobada en enero de 2013.

Gómez Barata insistió en que la Constitución es un instrumento y un resultado de la cultura política, y que esta debe regular las funciones del Estado del modo más general posible. Además, comentó que algo tiene que distinguir al ejecutivo del legislativo, porque como está en estos momentos no es funcional.

Israel Rojas, por su parte, dijo al público asistente que este nuevo proceso de reforma constitucional habría que verlo como una gran oportunidad para ser más inclusivos, ya que en el pasado hubo sectores de la sociedad no participantes, y que ahora deberían serlo.

Los dos últimos panelistas coincidieron en que los cambios en la sociedad y la problemática cubana son tales que requerirían refundar el orden constitucional, y considerar la alternativa de una asamblea constituyente. 

Antes de darle la palabra al público, Rafael Hernández, director de Temas, presentó los resultados de un cuestionario aplicado por el equipo editorial entre los asistentes, así como en la página de Último Jueves en Facebook, que formulaba la misma segunda pregunta: ¿cuáles de los temas políticos suscitados por los debates sobre la Actualización debían considerarse necesariamente para una reforma constitucional?
Entre los temas más votados estuvieron:
El derecho a la información.
La nueva ley electoral.
La descentralización de la toma de decisiones.
La participación ciudadana.
Papel y estatus de los medios de comunicación.
Entre los menos votados estuvieron:
Las regulaciones migratorias.
La ciudadanía.
El límite de edad para ejercer cargos públicos.
El sistema de educación.
El sistema de salud.




Un participante del público argumentó que era necesario debatir más profundamente el contenido político de la Constitución, ya que en el actual contexto se refuerzan concepciones liberales preexistentes, o se introducen como nuevas en el debate. Otros comentaron que aunque la Constitución es cosa de todos, y no solo de los juristas, se requiere un mayor rigor en el conocimiento del orden constitucional y político. Y que los cubanos tenemos una cultura política donde la práctica va imponiendo lo que luego constitucionalizamos. Otro asistente planteó que la alternativa reforma vs. asamblea constituyente soslayaba la cuestión principal: la de la representación y la participación ciudadana lo más amplia y activa posibles en el debate del documento.

Luego de varias intervenciones de los asistentes se dio paso a la tercera pregunta, sobre cuáles antecedentes cubanos y latinoamericanos deberían alimentar esta próxima reforma. A partir de esta ronda de respuestas de los panelistas, se abrió de nuevo al público, que abundó en los tópicos políticos de la reforma, los asuntos que no deberían soslayarse, el contenido y estilo profundamente democráticos que deberían caracterizarla, y la necesidad de que los cambios constitucionales y legislativos no se queden en la letra, sino que impongan un orden vinculante.

Una versión mucho más amplia y detallada de los asuntos discutidos en esta sesión se publicará en la reseña habitual que difunde el portal web de la revista Temas en su canal de Último Jueves.

martes, 4 de julio de 2017

Lo que me enseñó Fernando Martínez Heredia

Por Rosario Alfonso Parodi

Nunca me he sentado en esta mesa sin que Fernando haya estado al lado mío, ni una vez. Quiero compartir con ustedes, por eso, algunas cosas que aprendí, que hay que defender, al lado de Fernando y trabajando siempre con él.

Él me enseñó que la Revolución no es un mundo de quimeras, ni una osadía muy cara, ni una añoranza muy bella. Es la hija más amada de la filosofía de la praxis, pues siempre ha ido más allá de todas las posibilidades aparentes.

Me enseñó que el Estado revolucionario debe ser muy fuerte para defender al país, pero no puede perder de vista que es un, el, instrumento privilegiado del proyecto de hacer la Revolución. Que sus instituciones deben ser, si se llaman revolucionarias, efectivas y formadoras, pero nunca puntos de llegada. Que el poder revolucionario debe estar obligado a avanzar hacia su conversión en verdadero poder popular y que los revolucionarios tienen que velar porque no degenere en poder de un grupo, que termine cerrando el paso al socialismo.

Me enseñó que Fidel y el Che fueron los más originales marxistas latinoamericanos, que lo hicieron todo por un comunismo de liberación nacional, como querían Mella y Guiteras, creador, igualitarista, insurreccional e internacionalista.

Me enseñó que la Revolución no les dio a los cubanos según su trabajo, sino por ser cubanos.

Me enseñó que la guía de nuestra actividad intelectual, como la suya, tiene que ser la de una militancia en defensa de la revolución y de la profundización del socialismo en Cuba. Pero que esa tarea era muy difícil, todo lo verdaderamente importante es muy difícil. 

Me enseñó que sólo una recuperación profundamente crítica, honradamente crítica del marxismo será capaz de cerrarle el paso a la vuelta del dogmatismo y el reformismo.

Que el investigador militante, para serlo, debe proponerse un pensamiento descodificador, anti hegemónico y totalizador, aun cuando quiera ser muy específico; tiene además que ser inquisitivo, audaz y no temer equivocarse.

Que hay que seguir combatiendo el prejuicio de que el debate y la discusión de problemas y de criterios diferentes entre revolucionarios no son convenientes. Para Fernando, el debate real, sin cortapisas, ES una necesidad crucial del proceso de creación social, sin el cual no habrá socialismo en Cuba.

Me enseñó que es muy necesario que todos conozcamos la historia de cómo el pensamiento cubano dio un salto grande hacia adelante al asumir el marxismo, pero que ello sucedió en medio de dificultades, polémicas y corrientes que cohabitaron, ganaron y perdieron.

Me enseñó que es imprescindible la libertad de cátedra y de investigación dentro de la militancia revolucionaria. Que dentro de la Revolución, el pensamiento social solo puede existir y desarrollarse y servir a la sociedad si tiene autonomía, mantiene su identidad y goza de toda libertad. Eso que tanto dice Fernando debe ser un lema: pensar por ser un militante y no a pesar de serlo.

Por eso siempre fue escudo de los trabajos valiosos que chocaban con estructuras impermeables que mantienen prohibiciones a la investigación, pues Fernando consideraba UN DEBER dar la pelea contra los que quisieran que las tareas intelectuales fuesen solo un adorno.

Me enseñó que debemos combatir las deficiencias de la socialización de las ideas revolucionarias. Que existe una muy peligrosa escisión en el conocimiento entre élites informadas y las mayorías. Que hay zonas inmensas en el silencio y el olvido y hay otras al parecer cubiertas, tratadas y atendidas, pero que presentadas de manera superficial, interesada y desde lugares comunes, resultan también muy funcionales al ocultamiento y la falsedad.

Que la gente debe apoderarse de TODA la historia, que los albaceas fraudulentos de la memoria unívoca deben ser derrocados. Que hay que asumir la historia de los de abajo, y que los José Antonio Aponte, carpintero tallador, lector del Quijote, se vuelva más importantes entre nosotros que los José Antonio Saco.

Sobre cómo deben ser los revolucionarios, siempre andaba con eso de que el joven Marx escribió con razón que la vergüenza es un sentimiento revolucionario. Me decía que no se puede perder o arriesgar un ápice de la calidad humana, que hay que conservar intacta la humanidad, que hay que mantenerse muy firme, llamarles a las cosas sin rodeos y claro, atenerse a las consecuencias. Que la modestia es la mejor de las reservas morales y que está muy apegada a la honradez. Que hay que ser muy subversivos, mantenernos muy diferentes. Pero primero, primero, ser honestos, antes de originales.

Me enseñó que se puede admirar mucho la obra mejor, tener condiciones uno mismo, y querer participar y así todo ser inmovilista. Hay que combatir el inmovilismo y quebrarlo. Hay que ser creativos e inconformes y no solo resistentes. Me enseñó que hay que trabajar por soluciones, ya que no basta con hacer un correcto planteamiento delos problemas.

Me enseñó que la dialéctica es muy necesaria y hay que mantener relaciones siempre con ella, pero que la verdadera era la dialéctica de Pablo de la Torriente quien decía que la espada tiene que ser flexible, pero de acero y siempre una espada.

Me enseñó que el revolucionario cubano debe recuperar el principio guevariano de devolver golpe a golpe y de avanzar sin retroceder, y nunca comprometer la estrategia.

Me enseñó que lo mejor era apoderarse de esa rebeldía consciente del Che: organizada, consistente, enfocada en que la gente pueda cambiarse a sí misma, en que la gente quiera, pueda y sepa dirigir el proceso, concretar anhelos y encarar las metas que otros han sugerido irreales, impracticables, ingenuas o ya imposibles, confundiendo deliberadamente el ideal con los intentos fallidos de concreción del ideal.

Fernando también me enseñó que el revolucionario no es un nostálgico, pero tiene que tener toda la sensibilidad y hasta valerse, el que pueda, de la artística, que no puede perder la capacidad de sorprenderse y mucho menos la capacidad de emocionarse.

Lloró cuando me habló por primera vez de Miguel Enríquez y lloró cuando me habló de su socio Hugo Azcuy, cuando hablamos de publicar las cartas de Raúl Sendic y me contó que los esbirros dijeron no me lo maten porque no queremos otro Guevara, y entonces le volaron el maxilar. Y después me decía: Rosario es que el mundo es todo a la vez.

Me enseñó que para construir no se puede actuar en soledad.

Me enseñó, cuando me veía muy pendiente del pasado, que para nosotros debe ser prioritario el presente y el futuro de Cuba, que no basta con vivir aquí, que tenemos que estar, estar dentro de las tensiones, estar muy definidos en la hora de las definiciones.

Me enseñó que la guerra sí, es contra el Imperialismo y el despliegue interno del capitalismo, que apuesta por conquistar el albedrío de nuestras voluntades, las llamadas vidas privadas, el adentro de nuestras casas vs el afuera de la sociedad, pero que ese combate no puede darse con armas inadecuadas y mucho menos con las que nunca sirvieron.

Me enseñó que el éxito será posible en la medida en que triunfe la alternativa de la liberación y como él dice: que triunfe el socialismo sobre el capitalismo… y el socialismo dentro de la transición socialista.

Me enseñó que hay que plantearse las tareas grandes y perseverar, y perseverar.

Nos quiso mucho, le representamos, sin saberlo nosotros, un bien, le ofrecimos mas esperanza. Siempre supo que ser revolucionario era una angustia sí, pero también una elección para la esperanza.

La primera vez que lo vi, iba ya con mis rollos del Directorio. De inmediato me cantó, y de memoria, el himno del DR 13 de Marzo. Lo conocía porque un día vio pasar una caravana de ellos con un herido por Yaguajay. El jefe del pequeño grupo les conminaba a cantarlo para protegerles el ánimo hecho polvo.

Me recibió Fernando cantando… y yo me despido de él, con la misma estrofa, de ese mismo himno: Juventud, juventud cubana, unidos por un solo ideal, estaremos POR SIEMPRE a la vanguardia, en defensa de la libertad.

Gracias, maestro.

Fuente: https://www.cmlk.org/article/texto-de-rosario-alfonso-en-homenaje-a-fernando-ma/

Mientras los dinosaurios despiertan


Ninguna sorpresa: el pescado estaba al horno… aunque ya olía a podrido. Donald Trump en Miami con los restos de la Brigada 2506, los derrotados de Girón, los cambiados por compotas, en un grotesco acto de la peor ralea política y ante una multitud enardecida de ardiente militancia en la derecha asesina y antediluviana, que gritaba USA, USA, USA… ¿Qué podía esperarse, sino politiquería caricaturesca? Hay quien asegura que Trump fue asesorado por un oficial encubierto de los órganos de la Seguridad del Estado criolla, pues el resultado de esa aberración escénica fue lograr una impresionante unidad contra el susodicho engendro mediático entre cubanos dentro y fuera de la Isla, con las más diversas ideologías y matices, incluidas las conservadoras, pero al menos, cubanas: pocas veces una acción política se ha traducido en tanta unión contra ella; en realidad, un verdadero éxito.

Foto Internet

Trump creyó que debía ir allí a respaldar al senador Marco Rubio, El Vampiro Baby Face, según lo apodó un amigo ―norteamericano y republicano, por más señas, conocedor de política, quien me aseguró que con la inexperiencia de Rubio a ningún estadounidense sensato se le ocurriría nominarlo para nada―, porque sigue corriendo la investigación por el caso de James Comey, exdirector del FBI, y la influencia del senador Rubio pesa. Pero Trump es así; se hace el que se deja engañar con el cuento de que obtuvo el “voto cubano” en la Florida, para justificar su presencia, pero realmente se trata de un negocio, un tráfico de apoyos: “yo vengo aquí a respaldarte y tú me ayudarás en el comité de investigación”. No es raro este comportamiento; recordemos lo que le dijo al presidente argentino Mauricio Macri: “Ayúdame con China, que yo te ayudo con lo de los limones” ―se refería a la suspensión provisional del comercio de limones entre Argentina y Estados Unidos por asuntos sanitarios―; en realidad fue una manera irónica de humillarlo, porque ¿cómo podría Macri ayudar a Trump con China? Trump fue a Miami a cumplir con Rubio, y si no fuera porque estamos hablando del pronunciamiento del presidente de la potencia militar más grande del planeta sobre las relaciones futuras con una isla del Caribe, cualquiera pensaría que se trata de las maniobras de Michael Corleone para contener las acusaciones del senador Pat Geary, cuando fue investigada su familia en el Senado. 

Al final, ¿cuál es el resultado de esta representación jurásica? Se deroga el decreto del presidente Barack Obama, pero imposible dar atrás a los convenios firmados, especialmente los relativos a Seguridad Nacional de Estados Unidos ―no, Mayeya, con los santos no se juega―, y casi imposible revertir el proceso de viajes y negocios, porque esto iría en contra de los intereses de ciudadanos estadounidenses, incluso algunos muy poderosos, y es poco probable que un Corleone actúe así. Por mucha enfermedad obsesiva contra Cuba, por mucha prepotencia que se pretenda imprimir en las relaciones internacionales y por mucha ignorancia que se tenga acerca de la sociedad y cultura cubanas actuales, del funcionamiento de su economía y comercio, resulta absurdo volver a la época de la Guerra Fría en un escenario tan diferente. Los actores de este sainete desconocen la realidad de la Isla, se la han imaginado bajo esquemas y etiquetas fabricados por ellos mismos, y a fuerza de repetirlos una y otra vez, se los han creído, y los que no se los creen lo aparentan porque les conviene: son los empleados que paga Tom Hagen, el inefable asesor de los Corleone.

Todo el mundo sabe que los trabajadores del turismo en Cuba no son militares; que los hoteles cubanos reciben suministros de empresas estatales, cooperativas y productores individuales; que una disminución de turistas en la Isla perjudica a los dueños de hospedajes privados, a quienes alquilan autos o brindan cualquier servicio asociado a esta industria; que una afectación a la economía y al comercio involucra a todo el pueblo, porque escasean las materias primas necesarias para desarrollar no solo la producción estatal, sino la de los emprendedores que se pretende “empoderar”...; eso está muy claro para los cubanos, residan donde residan, pues solo basta un mínimo de relación con familiares y amigos en la Isla para conocerlo.

Las relaciones de Cuba con Estados Unidos son irreversibles, se estrecharán tarde o temprano, pase lo que pase y quiérase o no, porque se basan en la comunicación entre pueblos con una larga historia de vínculos y cuentan con el creciente apoyo de los estadounidenses y de la gran mayoría de los cubanos. La vuelta al pasado es una fantasía sustentada en el odio y el rencor, que no construye ningún futuro ni ninguna política. Trump sabe que no hizo política en Miami; fue también a despertar a sus dinosaurios para meter miedo, una fórmula que a veces ha dado resultados en Estados Unidos, pero en Cuba solo ha servido para provocar un efecto bumerán; fue a prometer a los vampiros que habrá sangre, porque el presidente teme enredarse en problemas con la justicia, pero posiblemente él mismo intuya que el destino final del bloqueo sea descansar con los peces, como Luca Brasi.

En realidad, ¿qué firmó Trump? Todavía sin instrumentar por la OFAC, propuso la prohibición de viajes individuales, violatoria del derecho de sus nacionales a viajar a Isla de forma personal, pues deberán hacerlo en grupos y por alguna de las razones autorizadas. Los ciudadanos norteamericanos no podrán, como simples turistas y en igualdad de condiciones a los del resto del mundo, recorrer el reconstruido Centro Histórico de La Habana Vieja, sentarse a la célebre barra del Sloppy Joe, tomarse ―como su compatriota Ernest Hemingway― un daiquirí en el Floridita o un mojito en La Bodeguita del Medio; asistir al clásico espectáculo de Tropicana ni a la descarga musical del Jazz Café, participar de la variedad cultural de la Fábrica de Arte o bailar en la Casa de la Música; se perderán el Festival de Ballet, la Bienal de La Habana, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano o el de Gibara...; tampoco podrán admirar, sin una justificación “convincente”, la belleza romántica de Camagüey y Trinidad, declaradas por la Unesco Patrimonio de la Humanidad, ni las remozadas capitales provinciales, especialmente Santiago de Cuba; ni bañarse en las tibias aguas de Varadero y Guardalavaca, ni contemplar el impresionante paisaje de Viñales, ni competir en el torneo internacional de la pesca de la aguja, sumergirse en alguno de los 525 puntos de buceo, observar sus preferidas entre las más de 16 500 especies de fauna descritas con 90% de endemismo, o de flora, con unas 6 300 variedades. Aunque nada de ello supera en Cuba a su pueblo y a su cultura cotidiana.

Mientras los dinosaurios despiertan y los vampiros se hinchan, Cuba continuará cambiando, como lo ha hecho a lo largo de toda su historia, y desde 1959, para beneficiar a la mayoría del pueblo. Ahora, cuando Trump, gracias a sus asesores ―incluido el Elpidio Valdés que algunos sospechan―, nos ha ayudado para unirnos, es un momento oportuno. Pero resulta imprescindible aprobar definitivamente dos asignaturas pendientes: lograr mayor eficiencia y eficacia en la prosperidad económica, con el menor costo ambiental posible y contando con el lastre del bloqueo como si fuera natural y eterno, aunque se siga reclamando su levantamiento; y consolidar la república socialista y el perfeccionamiento y completamiento de leyes y derechos, blindaje contra la corrupción y la politiquería, y garantía para la democracia participativa e inclusiva.

Un país mejor, un pueblo más feliz, unos ciudadanos con patriotismo más arraigado, convertidos en defensores genuinos de la patria a partir de pensamientos propios y real compromiso, una juventud convencida desde el corazón y el cerebro de que aunque no vivan en una sociedad perfecta está en sus manos mejorarla, es la mejor respuesta a los peligros que siempre nos acecharán desde el gobierno del vecino poderoso y su industria de homogeneización cultural que arrasa con identidades y siembra odio, rencor, miedo y frustración. Defender la independencia y la soberanía de Cuba ha costado mucha sangre y sacrificios, desde la colonia española y la república dependiente del capital norteño: ha llegado el momento de demostrar nuestra madurez como nación.

La Uneac y la AHS han emitido breves y ejemplares mensajes de unidad cívica a partir de la cultura, que han sintetizado la respuesta que necesita esta etapa mesozoica de politiquería desde el otro lado del Estrecho de la Florida. No hay que convertirse en diplomáticos ni en politólogos, hay que construir consensos con un lenguaje en que nos sintamos representados: hagamos real política socialista. Cada uno de nosotros lleva en sí tonalidades, melodías, armonías, cadencias y ritmos, como para suene una enorme banda que pueda acompañar la voz de Cuba, Cuba, Cuba… Ojalá podamos reunir en la Plaza de la Revolución a todas las orquestas de las Escuelas de Arte creadas por la Revolución para, con mil variaciones y afinación impecable, interpretar el llamado al combate del Himno de Bayamo.