jueves, 11 de mayo de 2017

El valor de la juridicidad en Cuba y en el mundo

Todos los hombres sin excepción deberían unirse en el propósito de proteger el género humano de su posible extinción, y por ello es indispensable el apoyo a la juridicidad. Para esto tenemos la consigna martiana de ser radicales y armoniosos
Por ARMANDO HART DÁVALOS
Hay una cuestión esencialmente de cultura que en Cuba se particulariza por su historia: la cultura cubana tiene un fundamento popular y de derecho. Incluso, me he percatado de algo más: la tradición cultural jurídica cubana, y aun ciertos principios que pudiéramos llamar filosóficos, de derecho, en la historia de Cuba se orientaron siempre hacia la defensa de los pobres, de los desamparados. Ha sido así orgánicamente desde los tiempos de Varela, de Céspedes y de Agramonte, de José Martí y de Fidel Castro.
En la Guerra del 68, cuando se constituyó nuestra primera República con su Gobierno en armas, desde los decretos de la abolición de la esclavitud, toda la mejor historia del derecho se hallan inclinados hacia la defensa de los intereses populares.
En Cuba ha existido una sensibilidad jurídica muy grande… He estudiado aquellas discusiones de la Asamblea de Guáimaro, aquellas discusiones entre Carlos Manuel de Céspedes e Ignacio Agramonte. Discrepancias memorables. Ambos próceres eran abogados, letrados, personas de profesión jurídica, y tenían opiniones diversas.
Céspedes pensaba que, desde el punto de vista práctico, la República no debía constituirse con un Gobierno institucional en medio de la guerra. Agramonte oponía sus puntos de vista, pero ambos se apoyaban sobre las bases jurídicas. Y uno de los más grandes valores de Céspedes fue el de acatar las decisiones de aquel Parlamento mambí. Solamente personas de esa grandeza y sensibilidad jurídica son capaces de respetar principios tales. Si ambos no hubieran poseído una formación política y una sensibilidad jurídica qué más les hubiera dado desestimar la decisión de un Parlamento en armas que lo componían poco más de diez hombres. Y esas son las conductas que crean las bases del respeto en una nación.
Se demostró que ese tipo de República no era viable –Martí hizo un examen de todo esto-. Pero era la República a la que ellos aspiraban y Céspedes tenía conciencia de que si actuaba de otro modo dividiría a los cubanos. Su conducta puede verse hasta como una cuestión de praxis. Una conducta ética lleva al respeto de una decisión jurídica, aun cuando no sea funcional, hasta que se demuestre su inoperancia.
Hacer lo contrario podría traer reacciones funestas en el orden del respeto social y las normas sociales. Y lo ejemplificó con su conducta. Páginas sagradas de la historia son las discrepancias de Maceo, Gómez y Martí en La Mejorana. Estas discusiones que ya venían entre ellos desde los 80 no son más que temas jurídicos: cómo organizar el ejército y cuáles han de ser sus funciones, las funciones del Gobierno, el límite entre ambos. Martí había descubierto una fórmula: el Partido Revolucionario Cubano. Y en los temas esenciales todos estaban de acuerdo: abolición de la esclavitud, independencia de Cuba, desaparición de los conflictos raciales y postura ante el imperialismo. Las discrepancias aparecían en la forma o el modo de abordar un propósito comúnmente aceptado. Y es que eran personas de distinta formación. Martí venía de una formación intelectual y aquellos dos hombres de una formación de lucha, de combate. A la hora de instrumentar algo tenían que aparecer diferencias.
Lo distinto en las propuestas de Martí ocurría por su temor al caudillismo, que América arrastraba como una nefasta y terrible tradición. El mismo temor se albergaba en Maceo hacia el Ieguleyismo, de ingrata y funesta tradición también.
Pero como  Martí no era un leguleyo, Maceo un caudillo a lo latinoamericano, se llegaron a entender al fin. Y ese es el fondo de las honorables discusiones de La Mejorana.
En todo ha existido una esencia que devela que el derecho se ha ejercido para la liberación de los explotados, y para la independencia de Cuba. Lamentablemente ocurre en el 98 la intervención norteamericana y cuando se proclama la República nos colocan como ley la Enmienda Platt, que fue un hecho antijurídico. La impusieron por la fuerza a la Asamblea y muchas gentes votaron en contra. Hubo quienes no votaron en contra argumentando una serie de razones, pero la mayoría sabía o sentía que moralmente estaban votando por algo que estaba mal. Y se sabe que hubo presión, hubo fuerza para esta votación. Ante la resistencia de los constituyentes, se hizo aprobar por el Congreso de los Estados Unidos  el texto de la Enmienda, planteando que si no se incluía textualmente en nuestra Constitución no se pondría fin a la intervención norteamericana. Por eso es inaceptable reconocerle valor jurídico a la Enmienda Platt.
Si se revisa la historia neocolonial se aprecia que los dos gobiernos que originaron movimientos revolucionarios en magnitud social -1933 y 1959- fueron el de Gerardo Machado, con la prórroga de poderes, y el de Fulgencio Batista con el golpe de Estado de 1952, que devinieron dictaduras violentas. Los demás gobiernos, a pesar de su corrupción, sus ilegalidades internas, su mediocridad en todos los aspectos, enfrentaron oposiciones, disturbios, pero no revoluciones sociales, porque cuidaban vestirse con ropaje legal.
Sin embargo, Batista violó la ley, violó la Constitución del 40 y nosotros nacimos defendiendo esa Constitución que era una de nuestras sagradas memorias. La violentación de la Constitución del 40 motivó un movimiento de rebeldía popular.
Se fue a la lucha armada para que se respetara la ley. Batista violentó la Constitución porque tenía un carácter progresista para la época y estaba orientada hacia los intereses del pueblo. Se ha dicho mucho que en los años 50 pudo ocurrir una revolución burguesa, y yo digo que el solo cumplimiento de la Constitución del 40 habría traído un choque con los Estados Unidos, porque formalmente abolía el latifundio.  La abolición del latifundio azucarero y de todo el latifundio en Cuba representaba un choque brutal con los Estados Unidos: un choque inevitable.
Con el triunfo de la Revolución y un programa que rebasaba esas leyes, se necesitaba un cambio. Y proclamamos, apoyados por el pueblo, una nueva ley constitucional,  pero respetando las esencias de  la Constitución del 40. En verdad, ella era la historia de algo ya superado.
En 1976, por abrumadora mayoría, el pueblo cubano dijo sí a la nueva Constitución socialista ajustando jurídicamente las transformaciones ocurridas en nuestra sociedad.
La clave de la cuestión se encuentra hoy en que la civilización, de una a otra forma, nació y creció sobre los principios de juridicidad. Cuando cada etapa va llegando a su fin tienen lugar desajustes que ponen en peligro toda la región del mundo en que ha tenido influencia.
En épocas anteriores, sin embargo, las regiones circundantes ocupaban un espacio geográfico determinado. Actualmente tiene sus efectos sobre toda la humanidad. Hay que movilizar a la población no solo de una región circundante, sino a todo el planeta Tierra e incluir al espacio exterior, que los descubrimientos científicos han convertido cada vez en más cercanos. Por esto se ha planteado  la necesidad de sustituir el Divide y vencerás por el Unir para vencer.
Hagamos desde Cuba, un llamado a todos los hombres sin excepción para que se unan en el propósito de proteger al género humano de su posible extinción y por ello es indispensable el apoyo a la juridicidad. Para esto tenemos la consigna martiana de ser radicales y armoniosos. Ahí se encuentra el camino en este  momento.

miércoles, 10 de mayo de 2017

El ambivalente, los yanquis y el “extremista de izquierda”




Por Iroel Sánchez

 por La pupila insomne
En noviembre de 1933 un gobierno no reconocido por Estados Unidos se tambaleaba en Cuba. A la cabeza estaba el profesor universitario Ramón Grau San Martín, que había llegado al poder tras el derrocamiento del dictador Gerardo Machado, y se debatía entre varias tendencias políticas. A la jefatura del ejército había ascendido Fulgencio Batista, quien se convertiría en el hombre fuerte de los norteamericanos en la Isla y como Ministro de Gobernación, Guerra y Marina se desempeñaba Antonio Guiteras, a quien el embajador norteamericano Caffery coincidía con su antecesor Sumner Welles en calificar de "extrema izquierda". 
El Partido Comunista cubano de entonces, presa de un sectarismo originado en  el seguidismo moscovita de la Internacional, no comprendió a Guiteras, pero el imperialismo norteamericano sí. Varias de las fuerzas involucradas en el que quedaría en la historia como “Gobierno de los Cien Días” detectaron las visitas de Batista a la embajada norteamericana y las presentaron al presidente, acordando un juicio sumario con la intención de destituirlo y ajusticiarlo. El juicio no llegó a realizarse porque Grau –atrapado en sus miedos- dio por válidas las balbuceantes justificaciones del antiguo sargento que pocas semanas después lo derrocaría. “Los que se perdonan hoy, nos matarán mañana” cuentan que dijo Antonio Guiteras, quien luego de la caída del "Gobierno de los Cien Días" fundó la organización armada TNT y posteriormente La Joven Cuba que proclamó "como esencial el credo antiimperialista" y se proponía en su programa la conversión de Cuba en un Estado socialista. 
La historia dio la razón a Guiteras, Fulgencio Batista no sólo asesinó a quien el Che llamó "el más puro luchador antiimperialista" sino a miles de cubanos, dejando un saldo de sangre y corrupción que superaría al de Gerardo Machado.
Y es que los cubanos nos hemos movido siempre entre los discursos del radical (Guiteras), el ambivalente (Grau) y quienes desde el Norte acusan de "extremismo" al radical pero alimentan la traición del verdadero extremista (Batista). Cada vez que leo el cantinfleo equidistante sobre Guiteras de quien asiste a menudo a la embajada yanqui en La Habana y critica a la Revolución que envía médicos a los refugiados saharahuis mientras él va con fondos del imperio a cenas de lujo en Marruecos... sonrío, solo sonrío pensando en lo que haría el líder de La Joven Cuba con él.

La agonía de Guiteras


Por: Harold Cárdenas Lema

Los héroes cubanos mueren jóvenes o viven lo suficiente para ser incomprendidos. Ya lo sabía Mella, que acosado[1] por el partido que fundó y bajo peligro de muerte por el tirano de turno, apenas sobrevivió algunos años en México. También lo supo Villena, reconocido líder del Partido Comunista en Cuba que por su condición intelectual murió sin poder ejercer como secretario general de la organización. Cuando murió Antonio Guiteras a los 28 años de edad, era el revolucionario que más logros concretos había otorgado a la clase obrera en su país, debiendo sufrir los ataques de la derecha imperialista y la incomprensión de la izquierda ortodoxa, así terminaba su agonía.

Su conexión con Julio Antonio Mella es de una increíble coincidencia. Esta iba más allá del nombre que compartían, ambos de madre norteamericana con raíces irlandesas, hablaron primero el inglés que el español. Mella con un abuelo considerado héroe de la independencia en República Dominicana, el segundo con un tío fusilado por contrabandear armas a Cuba y un tío-abuelo irlandés de pasado heroico. Ambos vivirían la agonía de luchar contra todos los fuegos.

Las primeras palabras del pequeño Tony fueron: “I want to go out”, él que en el futuro será calificado por la revista Time como “el más antinorteamericano y antimperialista”.

Durante el Gobierno de los 100 Días dirigió tres ministerios a la vez: Guerra, Marina y Gobernación. Su papel fue clave para los avances populares que tuvieron lugar bajo el gobierno de Grau, pero fue mayormente incomprendido por parte de la izquierda y en especial por el movimiento comunista. Guiteras pasó su ministerio liberando a los comunistas que Fulgencio Batista encerraba, enviando un ramo de olivo que cada día era ignorado por la testarudez disfrazada de disciplina partidista. Muy criticado por oponerse al entierro de las cenizas de Mella, sabía que era el pretexto ansiado por Batista para hacer correr sangre revolucionaria, y así ocurrió. También culparon a Tony por eso.

Como revolucionario que medía bien la correlación de fuerzas, no temió ser ministro de un gobierno capitalista, sino que ocupó tres carteras ministeriales a la vez, desde las cuales logró profundas conquistas sociales. Fumando constantemente, alimentándose de café con leche, durmiendo en el sofá de su oficina y evitando que le dijeran doctor. Compensaba su frustración siendo un revolucionario útil. Aun así, el movimiento comunista insistía en llamarlo “social-fascista de izquierda”. La grandeza de Guiteras también radica en ver más allá y ser mejor que sus críticos, en no atacar al Partido incluso siendo atacado por él, lección histórica.

Su agónica contradicción de revolucionario incomprendido, se agudizó por la persecución policial. Al terminar el Gobierno de los 100 Días vivió oculto en la Habana, aunque no había orden legal en su contra, era el enemigo público número uno. En una ocasión que iba en automóvil, un policía lo detiene y va a inspeccionarlo, cuando se acerca encañona al gendarme y le dice: “¿a quién está buscando? ¿A mí?”, el policía pide disculpas y retrocede sin hacer mucha resistencia. En otra ocasión cuando la casa donde estaba fue rodeada por los soldados, sale caminando muy amoroso tomado de la mano de la novia.

Los aires comienzan a cambiar en el seno del Partido Comunista. Si en septiembre de 1934 arremetían contra Tony y le llamaban “el tipo más peligroso”, después de proclamada la táctica del frente popular en la Conferencia con los Partidos Comunistas de América Latina, los cubanos reciben indicaciones de acercarse a Guiteras y su organización Joven Cuba. Ya es tarde, la muerte le espera.

Su agonía termina el 8 de mayo de 1935. Cuando un venezolano le dice a un cubano en la costa de la bahía de Matanzas: “antes de rendirnos nos morimos…”, la respuesta del otro no se hizo esperar: “nos morimos”. Instantes después caían de un disparo al corazón y otro en la cabeza Antonio Guiteras Holmes y Carlos Aponte. Tony muere joven e incomprendido aun, sin tiempo suficiente para materializar una alianza con el movimiento comunista, su aliado natural.

Luego de su asesinato en el Morrillo, sus restos fueron robados del cementerio de Matanzas por El Viejo, un miembro de Joven Cuba. Tres décadas estuvieron en una pequeña caja en el sótano de la casa de El Viejo en Marianao, no importó que Batista le ofreciera 50 000 dólares, no los entregó y no es hasta 1970 que llegan a manos del entonces Ministro del Interior de Cuba. El delator que provocó la muerte de Guiteras recibió por su acción 40 000 pesos y un ascenso a capitán de corbeta. Un año exactamente después de la muerte de Antonio, un grupo de Joven Cuba le hizo un atentado con bomba que le costaría la vida. La traición se pagaba caro.

Los héroes mueren jóvenes o viven lo suficiente para ser incomprendidos, pero el tiempo absuelve. El Partido Comunista actual, reconoce en Tony uno de los grandes hombres de su tiempo, y con esa dosis de justicia histórica termina esta historia. Solo queda aprender de él y no poner a los revolucionarios actuales en una disyuntiva así, o la agonía de Guiteras seguirá por mucho tiempo.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

[1] Baste este ejemplo para demostrar la incomprensión que sufrió Mella por parte de sus compañeros. El 31 de mayo de 1926 el PCC escribió, en carta dirigida al Partido Comunista de México (PCM), que el recién llegado a sus tierras era “(…) un perfecto y descarado saboteador de los ideales comunistas, a quien le tenéis que negar toda relación (…) un líder extraviado que no descansa en sabotear, por infinitos medios, nuestra heroica labor (…)” El PCM no se dejó impresionar. Los comunistas mexicanos lo aceptaron en sus filas y perteneció a su Comité Central, incluso llegando a sustituir al Secretario General entre junio y septiembre de 1928. Ver en el Archivo Estatal Ruso de Historia Político-Social (RGASPI), Fondo 495-105-2, f. 23

lunes, 8 de mayo de 2017

El percutor de una época: Pensamiento Crítico



Por Félix Valdés y Yohanka León

Era febrero de 1963 y quedaba constituido el Departamento Central de Filosofía de la Universidad de La Habana. La fosilizada Cátedra de antes de 1959, de tan vetusta disciplina de la academia, no volvió más. El grupo de muchachos jóvenes que enseñaría filosofía marxista a las diferentes carreras universitarias iría no solo a un nuevo espacio en la calle K, sino constituiría un nuevo modo de investigar, leer y enseñar. Con ellos llegaba el color del uniforme vede olivo, el olor de la cuartilla alfabetizadora y de la carabina de la Sierra, de Girón, de los milicianos que desde el compromiso práctico pretendían llegar a la teoría y poner otros sentidos a los libros y a los modos de educar. El manual se hizo indócil, el dogma impugnado y se comenzó a abogar por modos indisciplinados (diríamos hoy) de filosofar. La revolución con sus cuatro años de vida ya había conocido en su interior embestidas sectarias. La tendencia revolucionaria, sin saber al dedillo la doctrina, presentía el saber que la nueva práctica conseguía, día a día.

Se imprimieron textos urgentes para las clases. Llegaron ideas de otras latitudes amparadas por actos revolucionarios en África y en el continente americano. Los talleres de la antigua rotativa Omega, donde se imprimían las revistas norteamericanas Selecciones y Life en español, vieron salir con el sello “Ediciones Venceremos”, El Capital de Karl Marx (en tres tomos), los primeros textos de Althusser que se dieron a conocer en Cuba, Los condenados de la Tierra de Frantz Fanon, entre muchos otros títulos. En la decisión de estos nuevos planes editoriales participaban, entre otros, Fidel, Raúl, el Che, Osvaldo Dorticós, Blas Roca y Emilio Aragonés.1

Fidel comenzó a visitar a los jóvenes profesores de filosofía, retándoles –y tal vez buscando en el pensamiento disruptor–, otros modos de avalar las ideas de una revolución más alta que las palmas. Las disconformidades surgidas con la URSS desde la Crisis de Octubre, sostenidas en estos años con la regeneración de la tendencia sectarista en el partido con la micro fracción, liderada por Aníbal Escalante, la creación del Comité Central de Partido Comunista de Cuba, fueron entre muchas otras razones, estímulo para pensar y volverse a otros referentes de la teoría. Era “la hora de los hornos”, como citara el Che a Martí y no debía verse “más que la luz”. El 7 de diciembre de 1965 se creó Ediciones Revolucionarias y en 1966 el Instituto Cubano del Libro. En 1966, a partir de los profesores de filosofía nació también El Caimán Barbudo y en 1967 salió de imprenta el primer número de la revista cuyos 50 años conmemoramos hoy.

Como dijera José Martí, si la guerra mayor que se nos hace, “es de pensamiento, ganémosela a pensamiento”; y a ello venían los jóvenes creadores del nuevo proyecto editorial de constituir una revista bajo un rótulo tan sugestivo en aquel entonces, como gastado hoy. No era solo carencia de textos en la universidad y Fidel Castro lo sabía. El pensamiento vivo que se correspondiera con nuestro estar-siendo, el texto fustigante, que como escalpelo segaba las verdades instaladas como evangelio eran auxilio y urgencia premonitoria. La descolonización africana, el así denominado Tercer Mundo, la Revolución con mayúscula, el antimperialismo, la lucha armada, la guerra de guerrillas, el anti-occidentalismo partícipe, la desmentida del racismo, el nuevo lugar de Cuba para todo el Sur, hacían notar que el sujeto del cambio ya no estaba en el Norte, como reconociera Jean Paul Sartre en 1961 en el prefacio a Los condenados de la tierra de Frantz Fanon.

Por aquellos años se desarrolló en La Habana la Primera Reunión Tricontinental de Solidaridad Revolucionaria, entre el 3 y el 15 de enero de 1966. Se escucharon voces diversas y, entre ellas, las de Salvador Allende de Chile, Amílcar Cabral de Cabo Verde, Luis Augusto Turcios Lima de Guatemala, de Rodney Arismendi de Uruguay. El encuentro dejaba claro que “el principal reducto de la opresión colonial y de la reacción internacional es el imperialismo yanqui, enemigo implacable de los pueblos del mundo” y por tanto, enfrentaba críticamente “todas las formas de dominación imperialista, colonial y neocolonial, acaudilladas por el imperialismo yanqui”. Entre sus reclamos se afirmaba la necesidad de expulsar de la vida cultural de sus países las manifestaciones del espíritu imperialista, se reclamaba solidaridad y radicalidad en la lucha de emancipación del Sur. Un año después, en agosto de 1967, se realizó el encuentro de la Asociación Latinoamericana de Solidaridad (OLAS) que colocaba el debate en la lucha armada y la guerra de guerrillas, sobre todo.

En estos dos encuentros los jóvenes profesores de filosofía, redactores de la revista creada, ocuparon un espacio participativo. Con ellos, la atención se ponía en la riqueza teórica de las nuevas prácticas. Las coordenadas quedaban en Cuba y en el Tercer Mundo. Esta fue coyuntura favorable para compartir y discutir con representantes de los movimientos revolucionarios y reconocer la necesidad de aprehender teóricamente una praxis revolucionaria.

Mientras ello sucedía, la batalla de pensamiento se apresuraba a desplegarse contra el auge rebelde en Nuestra América y también frente al boom en la literatura. Para la CIA y Occidente, con los EUA por medio, la guerra cultural estaba clara. El ya gastado proyecto de la revista Cuadernos, del Congreso por la Libertad de la Cultura creado en 1950, abría una nueva empresa: la revista Mundo Nuevo con la participación de escritores y poetas latinoamericanos. Este, en apariencias un noble propósito contaba detrás con fondos del Angley, manejados por la Fundación Ford, dato revelado por el New York Times en su tiempo. El nuevo proyecto se hacía antagonista de otra revista que ganaba prestigio en cada salida: Casa de las Américas. (La revista Mundo Nuevo de Emir Rodríguez Monegal, por curiosa e inconexa coincidencia vivió los mismos tiempos que la revista habanera Pensamiento Crítico).

1968 fue un año sobrecargado, para el mundo y para Pensamiento Crítico. Si el tiempo no lo contáramos por meses y días, se nos antojaría empezar el nuevo lapso con la muerte del Che en Bolivia en octubre de 1967; más que una fecha fue un suceso que marcó un tiempo. Los primeros días de enero vieron reunirse el Congreso Cultural de La Habana y una vez más se debatió sobre el papel del intelectual revolucionario y el lugar de la cultura en los procesos revolucionarios y de liberación nacional. Aquí se reivindicó la lucha armada, la defensa de Cuba, de Vietnam y se aclamó la figura y el ejemplo del Che Guevara, asesinado en las selvas de Ñancahuazú.

En el número del 12 de Pensamiento Crítico de enero de 1968 en sus primeras páginas sus redactores advertían del peligro del imperialismo norteamericano en la guerra de recolonización cultural y decían “llamamos a los escritores y hombres de ciencia, a los artistas, a los profesionales de la enseñanza, y a los estudiantes, a emprender y a intensificar la lucha contra el imperialismo, a tomar la parte que les corresponde en el combate por la liberación de los pueblos.” A continuación se reproducía el discurso de Fidel en la clausura del Congreso el 2 de enero, donde refirió la trascendencia del encuentro, habló de Viet Nam, de Regis Debray, del Che Guevara y de la muerte del sacerdote guerrillero Camilo Torres Restrepo. Allí Fidel afirmaba: “…No puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo que parecen verdaderos fósiles”. Y con seguridad reconocía que el marxismo “necesita desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria.” Fidel se preguntaba por las paradojas de la historia. Si con Camilo Torres veíamos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias “¿vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas?” Y al mismo tiempo admitía “Esperamos, desde luego, que por afirmar estas cosas no se nos aplique el procedimiento de la “Excomunión” (RISAS) y, desde luego, tampoco el de la “Santa Inquisición”; pero ciertamente debemos meditar, debemos actuar con un sentido más dialéctico, es decir, con un sentido más revolucionario”.

Pero 1968 fue también el año de publicación de El hombre unidimensional, Eros y civilización, de Herbert Marcuse, de Piel negra, máscaras blancas, el primer libro de Fanon, escrito en 1952; el diario del Che, entre tanta otra novedad de importancia filosófica. Fue el año del Mayo francés y del asesinato de los jóvenes en la plaza de Tlatelolco en México, de conmociones que llegaron hasta la pequeña isla caribeña de Guadalupe, y la entrada para siempre en la iconografía revolucionaria de la foto del Che (de Korda) presidiendo las manifestaciones populares. Fue tiempo de auge en el movimiento feminista, de luchas por los derechos civiles en los Estados Unidos; y se cerraría el año con la entrada –en la noche del 20 al 21 de agosto de 1968– de las tropas del Pacto de Varsovia, con la URSS al frente, en toda Checoslovaquia.

1969 fue año de esfuerzos decisivos, de crisis económica, de preparación de una gran contienda: la zafra del setenta. También de esperanzas electorales en Chile con el gobierno de la Unidad Popular que se eclipsara con el golpe de Pinochet y la puesta en marcha del Plan Cóndor. El comunismo y la influencia de Cuba debían quedar extirpados del hemisferio. Tanto Duvalier en Haití como Pinochet en Chile culpaban al marxismo por la represión que llamaban “necesaria”.

1970 se hace arduo. Se avecina un giro. Una nueva década. Razones de estado, realidad económica, guerra fría, coexistencia pacífica por medio, y la mano de la Unión Soviética como garantía de supervivencia para la joven Revolución.

Contradictorio se hizo nuestro acontecer y por ello la actual necesidad de volver al legado, desde la capacidad de hacer vivir esa memoria que nos conforma y que nos conmina a buscar nuestras propias maneras de entendernos y decirnos, pero con la urgencia de desalambrar el pensamiento de dogmas y absolutos.

Nuevamente las circunstancias volvieron a cercar los propósitos y lo consagrado se desvaneció. Cuando en los finales de los 80 volvíamos a preguntarnos por la necesidad de un pensamiento propio que acompañara nuestras maneras de buscar la solución a nuestras contradicciones, el socialismo este-europeo se defenestraba y nosotros nos agarrábamos al marco de la ventana para no ceder al abismo desde donde, por supuesto, siempre asechaban los enemigos invariables de la Revolución invicta del 59. Volvían a aparecer publicaciones que de alguna manera retomaron lo hecho, no para imitar, pero si la inconfesa necesidad de dar continuidad a un acumulado cultural de ejercicio intelectual, no baldío, infértil y vanidoso, sino guerrillero, herético e insomne.

Y en estas andamos. Por eso ellos y ellas que de una manera u otra formaron parte de un elenco virtuoso de la contienda por un pensar cubano, critico, revolucionario siguen inspirando, aun cuando ellos y ellas todos y todas altercaron, pero lo hicieron por el significado dado al oficio de pensar.

Si ponemos en coordenadas todos esos acontecimientos en la línea del tiempo se revelan muchas circunstancias. Si tomamos este concepto en el más estricto sentido orteguiano el hombre es él y su circunstancia, la revista fue ella y sus circunstancias Reescribiendo a Virgilio Piñera no es el agua por todas partes, sino la maldita circunstancia de la ortodoxia dogmática y vulgar del marxismo por todas partes, en el sentido que se une la virtud y el vicio, es decir las realidades por las que pasaba la joven revolución, la sociedad cubana en un proyecto que trataba de saltar las barreras de una lógica cultural, de un modo de ser sociedad, seres humanos, comunidad humana, una forma de encontrarse en su identidad.

Es esa fuerza del principio de realidad ¿cómo íbamos a seguir haciendo viable, factible, posible la felicidad soñada y de alguna manera ya comenzada a vivir por los cubanos y las cubanas si se habían agotado todos los recursos, éramos plaza sitiada condenada a la hambruna, la escases, la violencia y el odio del enemigo más feroz el imperialismo norteamericano?. Solo una alianza posible podía ayudarnos a seguir manteniendo la dignidad sin un costo mayor que el de recortar la autonomía de un ejercicio teórico de pensamiento a un dogma marcado y pautado por una geopolítica interna y externa del socialismo realmente existente en la década del 60 del siglo pasado.

Como diría alguna vez Aurelio Alonso, el compromiso intelectual es precisamente mantener su compromiso cuando siente que este es rechazado. Por eso para él su generación es de la lealtad y de esos jóvenes con su entusiasmo en la época que les correspondió vivirlo, hoy siguen teniéndolo.

Hace unos días Fernando le hablaba a los y las participantes del 12 taller internacional sobre paradigmas emancipatorios; Aurelio presentaba libros y revistas con esa gracia y sabiduría que lo caracteriza, Bell Lara empuja un proyecto de publicación de textos y documentos del proceso revolucionario para que queden en la memoria recopilados ubicados y salvados, para que quede todo lo dicho por todos ellos.

El acontecer de todo ese proceso de la Revista Pensamiento crítico y el Departamento de Filosofía tiene que ver en alguna manera con la conformación de un régimen de verdad, y la disputa por él. Un régimen de verdad es lo que clasifica, decide lo que debe ser o no el campo de una disciplina, dentro de una ciencia, sus postulados, es un proceso de construcción de poder desde el saber. Hoy todas esas clasificaciones de antimarxista, anti leninista y antisoviético no serían acusaciones dirigidas a demarcar una violación de límites inadmisibles, sino solo pasarían al debate histórico social del devenir del pensamiento marxista, hoy no causan nada más que curiosidad intelectual e histórica porque el mundo soviético desapareció en un desmerengazo. Pero en aquella época si era de hecho una acusación política con fuertes implicaciones, y acarreaba por ello sanciones, es decir marcar los límites posibles a esas discrepancias, y así fue. Por tanto algunas verdades perdieron su historicidad y se volvieron absolutas: el marxismo es uno solo, hay una unicidad lineal entre los clásicos, no es posible separar a Lenin del resto, la dialéctica es el método único de la ciencia, el marxismo es determinismo materialista, la conciencia es reflejo de la realidad, existen leyes objetivas inviolables, el marxismo es una ciencia irrebatible como tal.

En realidad se enfrentaron dos maneras de vivir y entender el fenómeno de la ideología en un proceso revolucionario, de la función ideológica que tiene el conocimiento social, la función eminentemente ideológica que tiene la filosofía, el sentido ideológico y el énfasis puesto en la cientificidad de determinados contenidos teóricos. La lógica en la discusión se estableció entre una manera de ubicar esa función en su historicidad concreta, clasista y otra en la historicidad abstracta a posteriori del propio acontecer histórico del pensamiento, entre una búsqueda analítica para pensar el presente y el futuro, y una manera de santificar un pasado para encerrar un presente o justificar solo un presente inamovible y automático, no dañable. El marxismo de esta forma se sellaba en esta contienda con la función de demostrar su verdad a posterior con respecto al pasado, con las implicaciones ya conocidas de esta consideración en el mundo soviético. El marxismo era entonces un conjunto de tesis que se consideraban como una verdad objetiva independientemente a la misma practica y de esa forma se estableció como régimen de verdad en manos de quienes la esgrimieron. Esto terminaba con la necesidad de diálogo y debate en torno a los sentidos históricos dados al marxismo y sus consecuencias ideológicas, hasta desde la misma experiencia de la revolución cubana en curso.

Se enfrentaron dos maneras de asumir el debate una por la crítica argumentativa, explicativa y reflexiva de los contenidos y otra por la forma reiterativa y tendenciosa de selección de citas.

Los debates antes de la decisión de cerrar la publicación (no por voluntad de sus creadores) fueron largos, extensos en argumentos, horas y angustia para los involucrados, sin llegarse siempre a decisiones finales. Estos pudieron posiblemente haber pasado a la historia no por severos cierres de puertas a la diversidad de pensamiento creativo marxista cubano, sino por acopios colectores de esa diversidad, pero los tiempos, las circunstancias todas malditas o no, apremiaban y cercaban el sueño dignificante de miles de cubanos y cubanas. La Revolución cubana de 1959, esa que nos devolvía la virtud y la patria, era más que un proyecto inscrito en un manual de economía política.

Somos deudores de esos tiempos como de otros, y los artículos de Pensamiento crítico son patrimonio intelectual. Se hace necesario indagar no solo las intríngulis de una pesquisa de crónica social de acontecimientos, sino estudiar las obras que se escribieron por aquellos, leer y estudiar los contenidos de los números de la revista, sus paralelos con lo que acontecía en el ámbito nacional e internacional, ver y señalar sus límites, porque ahí es donde está la genialidad de una obra, ya sea personal o colectiva.

Es entonces necesario reconocer esos límites que los propios actores de la contienda tenían mas allá de lo que estos pudieran desear hacer en términos de actores políticos. Lo que se ha llamado herejía del pensamiento marxista cubano siguió presente de alguna manera, porque seguimos ejerciendo un pensamiento revolucionario solidario y cómplice con los procesos revolucionarios en la región y para todo el movimiento anticolonialista y anticapitalista. Seguimos formando a muchos actores y líderes de los procesos insurgentes, de los partidos comunistas y de los movimientos revolucionarios y de liberación principalmente de América Latina, en las escuelas políticas, cursos y asesorías.

Aun así, sin dudas significó una mutilación a florestas comenzadas a surgir y formarse de un marxismo con letra y vida propia. Este enfrentó sus propias encrucijadas y contradicciones, y se leyó en servicio a una práctica revolucionaria desafiante en lo interno y lo externo, llevada a cabo en lo cotidianidad por masas populares cada más dispuestas a arrebatar el hegemonismo cultural de un sistema voraz de la espiritualidad y la cultura; el capitalismo circundante a la isla de cuba por todas partes.

La gestión de PC fue una manera de continuar la revolución pero desde un desafío epistémico, como un proceso cultural, acumulativo y necesario. Reinvertir los cánones en los que se pensaba, y desarrollaba el marxismo en esos años era una revolución en la episteme del pensamiento revolucionario, para hacer valer el instrumento crítico de la teoría revolucionaria en el contexto cubano. No se buscaba construir un particular marxismo cubano, sino hacer percutir una vocación participativa en el campo popular donde los cambios se gestaban diariamente en la vida de los cubanos y las cubanas.

Pensamiento crítico tuvo entre sus muchos contextos el propio campo del saber sociopolítico y cultural al que se enfrentaba para ofrecer alternativas y significados específicos emergentes de las luchas, rebeliones del campo popular, insurgente, de la región latinoamericana y caribeña. Ahí están las luchas revolucionarias de América Latina, África, Asia, el Caribe esencialmente. La revista en su hacer no recurrió al contexto para justificarse como publicación sino se contextualizó para brindar los instrumentos analíticos, la rebelión epistémica ya produciéndose en la región.

En América Latina y el Caribe hoy se va tejiendo una plataforma y sentido compartido sobre desafíos y puntos de partida necesarios al movimiento social popular y a sus objetivos del cambio revolucionario emancipatorio. Muchos esfuerzos diversos con alto costo de organización, resistencias a la criminalización de la lucha popular y urgencias en las correlaciones de fuerzas se realizan para poder crear desde diversas propuestas una formación política capaz de impulsar el percutor de los cambios deseados y de las revoluciones.

Epílogo

Fernando en el recién 12 taller de Paradigmas emancipatorios refiriéndose al legado de Fidel, entre otras enseñanzas de la vida del líder cubano señalaba el no aceptar jamás la derrota y pelear sin cesar contra ella. Fernando indica como uno de los momentos de derrota el año 1970 y dice que fue donde Fidel “comprobó que lograr el despegue económico del país era extremadamente difícil, pero entonces apeló a los protagonistas, mediante una consigna revolucionaria: “el poder del pueblo, ese sí es poder”.” Hacer la Revista era hacer la revolución en ese frente cultural y fue un proceso feliz pero como Fernando advierte en esta misma presentación en enero de 2017 “Para los revolucionarios, y durante los procesos de revolución, hay momentos felices y procesos felices, pero en las revoluciones verdaderas no hay coyunturas fáciles. Cuando puedan parecernos fáciles es solamente porque no nos hemos dado cuenta de sus dificultades”.

Desde esa visión de mirar en dónde estamos y en qué relación con los procesos, contextos y circunstancias nos encontramos y cuanto es posible mover los límites; se gestó, desplegó y permanece Pensamiento crítico.

El primer número de PC en la gráfica de su portada, expone las partes de un arma, y señala el percutor. Dentro de la revista explica en imágenes cómo hacer un coctel molotov, algo que ya había hecho antes la Tricontinental. Este era un número sobre la lucha armada, desde una concepción teórica, defendiendo las posiciones de los revolucionarios que se levantaban en armas en América Latina y marcando la postura marxista de la Revolución cubana lograda por una lucha armada, movilizada en un pueblo armado, en resistencia permanente ante la agresión del imperio norteamericano. Con esto se expresaban en la Revista la posición de la revolución en contraposición a la política soviética.

Sin embargo al cierre de la Revista, con 53 números en su haber, lo antecedió una polémica sobre cuán materialista científico era el marxismo que se defendía. Es curioso, porque no hay nada más materialista que un percutor de un arma, donde se prepara el disparo, violento sí, que reclame la vida que no permite espera.

Las circunstancias del 71 hicieron cerrar la revista y el Departamento, pero no la capacidad inveterada de pensar en función de la emancipación humana, de la ruptura de cadenas de opresión. En esos mismos días, de sobresaltos, de escaso sueño y sostén, de “noches febriles”, nacía otro texto en un amanecer habanero. Tan crítico como conceptual, Roberto Fernández Retamar ponía punto final a su ensayo Caliban publicado justamente en septiembre para reinterpretar “nuestro mundo, a la luz exigente de la revolución y Cintio Vitier urdía su ensayo poético-histórico Ese sol del mundo moral. Sea ello una muestra de la inflexible capacidad crítica cubana.

1 Ver R. López del Amo: “El libro cubano en la etapa revolucionaria”, Cubarte, 20 de noviembre de 2012.

Coloquio: “Con arreglo a esta opinión trabajaremos” A 50 años de Pensamiento Crítico

jueves, 4 de mayo de 2017

Ileana Ros-Lehtinen se quedó con las ganas…


 Ileana Ros Adato, más conocida por el apellido del esposo Dexter Lehtinen, acaba de anunciar su próximo retiro como representante por la Florida ante el Congreso de los Estados Unidos, el venidero año 2018 cuando concluya su mandado del período legislativo.

Ella hizo carrera política al vincularse estrechamente a los sectores terroristas anticubanos, especialmente a la llamada Fundación Nacional Cubano Americana, de la cual recibió siempre un fuerte apoyo financiero para potenciar su posición, con el objetivo de deformar la política exterior de Estados Unidos con respecto a Cuba e impedir un mejoramiento de las relaciones entre los dos países.

Al finalizar su vida política, la señora Ros-Lehtinen deja una estela de acciones a favor de asesinos terroristas, entre ellos los hermanos Guillermo e Ignacio Novo Sampoll, Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, pero se quedará con los deseos de ver derrocada la Revolución cubana, y como hicieron varios presidentes estadounidenses, se retira sin lograr retrotraer a Cuba al pasado de la dictadura de Fulgencio Batista, de la cual su padre, Enrique Emilio Ros Pérez, fue fiel testaferro.

Algunos medios de prensa de Miami la han calificado como una “servidora pública ejemplar”, sin embargo, no hablan de sus vínculos con asesinos terroristas, con las manos manchadas de sangre inocente de cubanos y latinoamericanos.

Quienes la califica de “ejemplar” deben informar a los lectores la verdadera historia de la representante Ileana Ros, cuando en 1989 junto al congresista Connie Mack, inició una campaña para lograr la liberación del asesino terrorista Orlando Bosch Ávila, considerado por el FBI como un terrorista peligroso e inadmisible en los Estados Unidos

Bosch participó activamente en actos terroristas en América Latina y en los propios Estados Unidos y fue uno de los autores en 1976 de la voladura en pleno vuelo de un avión civil cubano, donde murieron 73 personas inocentes. Se escapó de una cárcel en Caracas, Venezuela, e ingresó ilegalmente a Miami, por lo que fue apresado.

Mediante sus vínculos con Jeb Bush, negoció personalmente con el entonces presidente y ex director de la CIA, George Bush, la liberación de Bosch Ávila.

Como pago a esa gestión, Ileana logró financiamiento y apoyo político de la mafia anticubana para alcanzar su asiento en el Congreso en ese mismo año 1989, cuando el propio presidente Bush la apoyó públicamente en un discurso.

Los diarios de Miami también omiten que Ileana Ros-Lehtinen intercedió ante el presidente Ronald Reagan, para conseguir la liberación de otros dos asesinos terroristas: Guillermo e Ignacio Novo Sampoll, lográndola después de pedírsela al propio Presidente.

Esos hermanos, miembros de la Fundación Nacional Cubano Americana, y guarda espaldas de Jorge Mas Canosa, estaban detenidos por el asesinato en una calle de Washington, del ex canciller chileno Orlando Letelier, su secretaria y el chofer, al colocarle una bomba en el auto.

Ambos eran miembros de agrupaciones terroristas creadas por el terrorista Orlando Bosch Ávila.

La hoja de servicios de la señora Ros es amplia en apoyo a los terroristas, pues igualmente se encargó en 1992 de solicitarle al Presidente de los Estados Unidos, que el Departamento de Defensa le donara, o vendiera a bajo precio, tres avionetas Cessna a la organización anticubana Hermanos Al Rescate, dirigida por otro terrorista nombrado José Basulto.

Basulto formó parte en mayo del 1960 de una operación secreta de la CIA, que consistió en su infiltración en Cuba semanas antes de la invasión por Bahía de Cochinos, con la misión de ejecutar actos terroristas en apoyo a la invasión de abril del 61, utilizando el nombre de Ernestino Martínez. Al fracasar la agresión militar, logró huir en junio de ese mismo año, a través de la cerca de la Base Naval Yanqui en Guantánamo.

El 24 de agosto de 1962 participó como artillero de una lancha pirata, que proveniente de los EE.UU tiroteó el entonces teatro Blanquita, actualmente Karl Marx y el hotel Rosita de Hornedo, hoy Sierra Maestra, en Miramar, La Habana.

Con esas avionetas Cessna, Basulto se dedicó a promover actos para subvertir el orden interno cubano, adicionar nuevas tensiones entre Cuba y Estados Unidos, y fabricar provocaciones capaces de desencadenar una acción militar directa de Estados Unidos contra el pueblo cubano, como ocurrió el 24 de febrero de 1992 en áreas del litoral habanero, al violar el espacio aéreo cubano.

Ileana Ros en 1990 se opuso a la visita del presidente Nelson Mandela a Estados Unidos y que en el año 2009 le dio total apoyo al golpe de estado en Honduras, con respaldo de los Estados Unidos, a pesar de ser anticonstitucional y nada democrático.

La calificada como “servidora pública ejemplar”, fue acusada de corrupción en diciembre de 2009, por recibir 18 mil 500 dólares de cada una de las personas que la acompañaron en su visita a Israel, para beneficiarse posteriormente de los favores de ella en el Congreso.

Como antecedentes de sus actos corruptos, el 13 de marzo de 2006, la publicación especializada Roll Call , dio a conocer la investigación a la que estaba sometida por el Departamento de Justicia, producto del escándalo que provocó el cabildero americano-israelí Jack Abramoff.

En ese caso, Ros-Lehtinen de manera evidente, fue favorecida por el Senador John Mc Cain, quién participó directamente en la investigación senatorial sobre ese enorme escándalo.

Ileana Ros-Lehtinen es señalada entre los congresistas que más aceptan invitaciones a paseos y recibir regalos, a cambio de sus votos.

Por si eso fuera poco, la eminente “servidora pública”, fue destacada por la prensa, el 21 de abril del 2010, por exigir dinero a cambio de servir como un miembro de su grupo asesor.

Se afirma que Ros-Lehtinen violó las Reglas del Comité de Ética del Congreso, pues un legislador no debe “patrocinar o participar en cualquier convocatoria que ofrezca a los donantes, acceso especial a los miembros. Se estima en 2 mil 500 dólares el dinero que recibió para unirse a la Junta Consultiva de Relaciones Exteriores”.

Ileana Ros nació en La Habana el 15 de julio de 1952 y emigró a Estados Unidos con 8 años de edad. Siempre ha jugado un rol protagónico dentro del lobby mafioso de origen cubano, apoya diversas organizaciones contrarrevolucionarias y a reconocidos asesinos que han cometidos actos terroristas en Cuba.

En 1991 se opuso con fuerza a la celebración de los Juegos Panamericanos en La Habana.

Apoyó la firma de la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton y el conocido como Plan Bush, con la aspiración de derrocar la Revolución.

En el año 2004 dio su apoyo a varias leyes dirigidas a limitar las exportaciones agrícolas estadounidenses hacia Cuba y para presionar a los bancos norteamericanos para que no hicieran negocios con la isla.

Para reafirmar aún más sus sentimientos terroristas, la calificada como “servidora pública ejemplar”, convocó a asesinar al líder de la Revolución cubana, Fidel Castro, durante una entrevista para el documental británico 638 Ways to Kill Castro, efectuada en marzo del 2006.

Los años pasan y su frustración de no ver nuevamente a Cuba sometida a los Estados Unidos, la convencieron de que lo mejor es irse a su casa, aunque sobre su conciencia quedará el haber apoyado a quienes asesinaron a cientos de cubanos inocentes, provocando dolor y luto en un pueblo que decidió en 1959 su propio camino y la desprecia por todas sus acciones.

Y como expresara José Martí:

“Debe ser penoso inspirar desprecio a los hombres”

*Arthur González, cubano, especialista en relaciones Cuba-EE.UU., editor del Blog El Heraldo Cubano.

Un texto inédito de Julio García Luis sobre la “libertad de expresión” como arma contra Cuba

Julio García Luis dando clases en la Facultad de Periodismo de la UH (Foto: Cubadebate)

En la papelería de Julio García Luis (1942-2012)* aparece este texto con el siguiente encabezado: “Carta de la UPEC a Armando S. Rollemberg con motivo de las imputaciones de este a la prensa y la Revolución cubanas. Fechada el 17 de febrero de 1992”. Este documento inédito hasta hoy integra parte de un libro en preparación.
Para seguir hablando claro, en una lucha a vida o muerte como la que hoy se le plantea a Cuba, un país acosado, abandonado por sus antiguos aliados, sometido a todo tipo de presiones y agresiones, no hay ni puede haber “libertad de expresión” para los contrarrevolucionarios, que son, ciertamente, como tú dices, una exigua minoría, pero una minoría que representa la política de la superpotencia norteamericana y que cuenta para expresarse con todos los medios y recursos del imperio al que sirven.

¿En nombre de qué principio político o moral se le puede reclamar a Cuba espacio para estos elementos?

¿Acaso en nombre del espacio que se abre a las verdades de Cuba en la prensa de Estados Unidos y otros países occidentales?

Tú defiendes una libertad de prensa abstracta, que no existe ni existirá en lugar alguno. Nosotros defendemos una libertad de prensa concreta y real nacida de la Revolución.
¿En nombre de qué principio político o moral se le puede reclamar a Cuba espacio para estos elementos?

Esta libertad es incompleta, es cierto. Si Estados Unidos suspendiera su bloqueo y renunciara a la política de destruirnos, no hay duda de que se crearían condiciones nuevas y podría haber tolerancia y flexibilidad. No tenemos ningún temor a la discusión de ideas y a la diversidad de opiniones. Somos nosotros mismos, los periodistas revolucionarios, quienes defendemos en Cuba el proyecto de una prensa más abierta, variada y polémica. Pero nuestras propuestas han quedado paralizadas por el asedio y la campaña de los que tratan de interpretar cualquier cambio interno como síntoma de debilidad de la Revolución.

Para seguir hablando claro, lo que tú planteas sólo sería posible con el triunfo de la contrarrevolución y la restauración del capitalismo en Cuba, porque sólo bajo esas premisas pudiera existir una “libertad de expresión” como la que pretendes, que es la misma que nos reclaman desde Miami y Washington.

Tendría, pues, que ocurrir una tragedia histórica cuyo precio en vidas humanas es incalculable, que devolviera a nuestro país al pasado, que le arrancara al pueblo sus medios de prensa y los privatizara, poniéndolos en manos de reaccionarios y mafiosos —como ocurre ahora, por cierto, en algunos países ex socialistas, sin que provoque preocupaciones en la OIP.

Nosotros pensamos distinto. Resistir y sobrevivir ahora; superar esta etapa dura y decisiva en que nos debatimos; y luego continuar desde adentro, con lealtad y determinación, los esfuerzos por liberar a nuestra prensa de deficiencias e insuficiencias, que las tiene, y que sólo nosotros podemos y debemos resolver.

Ese es nuestro camino y en él perseveramos.


*Julio García Luis, periodista y doctor en Ciencias de la Comunicación, fue presidente de la UPEC, Premio Nacional José Martí y Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana.

miércoles, 3 de mayo de 2017

“No he conseguido nada por ser la sobrina de Fidel”


MARIELA CASTRO / DIRECTORA DEL CENTRO NACIONAL DE EDUCACIÓN SEXUAL DE CUBA

GORKA CASTILLO


Mariela Castro, durante la entrevista. MANOLO FINISH
MADRID 

Conversar con Mariela Castro (La Habana, 1962), invitada en el Foro Mundial contra las Violencias Urbanas celebrado la semana pasada en Madrid, es como adentrarse en un libro de historia. Además de ser una de las personas que mejor y más han contribuido al reconocimiento de los derechos del colectivo homosexual en Cuba, es hija del presidente Raúl Castro y de la añorada Vilma Espín. Y, por supuesto, es la sobrina de Fidel. “Tuve muchos diálogos con él sobre estos temas pero como todos los hombres de su generación hablaba de la homosexualidad como si fuera una tragedia”, dice. Puede que alguien sienta la tentación de pensar que con Castro al frente del CENESEX (Centro Nacional de Educación Sexual de Cuba) desde el año 2000, desbrozar los estigmas del género hasta declarar proscrita la homofobia fue coser y cantar, pero se equivoca. Hasta cuatro congresos del Partido Comunista tuvo que esperar para percibir un cambio de sensibilidad que poco a poco fue extendiéndose por las venas del sistema cubano y llegando al corazón revolucionario: “La educación desde la infancia es clave para combatir ese mal universal”. A Mariela Castro sólo hay una cosa que le ensombrece la sonrisa que dibuja en su rostro: hablar de las guerras que hoy desangran buena parte del mundo. Entonces, se revuelve en la silla como un felino aterrado y suelta: “¿Por qué la han tomado con Bashar al-Asad y no con otros reyes de la región?”.

¿Vivimos una etapa histórica violenta?

Nos encontramos en un momento donde la violencia se ejerce de manera extrema pero también vivimos una etapa que nos permite visibilizarla. 

¿Qué países son los más respetuosos con los derechos de LGBTI?

No se puede hablar del mejor ejemplo porque en muchos países se han puesto en marcha políticas interesantes. Por ejemplo, en la Argentina del periodo Kirchner se avanzó mucho en materia legislativa por los derechos del colectivo LGBTI en educación o en derechos laborales pero ahora, tras la llegada del nuevo gobierno de derecha de Macri, está en claro retroceso. Este ejemplo me ha servido para reflexionar sobre los peligros que arrastran los sistemas pluripartidistas que dependiendo del color del gobierno de turno se avanza o se retrocede en políticas sociales. Sinceramente, no me parece un modelo convincente de democracia.

Y en Cuba, ¿en qué situación vive el colectivo LGBTI?

Yo entré a dirigir el CENESEX en el año 2000 pero mi mamá ya venía trabajando desde mucho antes en los derechos de las mujeres, la infancia, la juventud, en el ámbito de la educación sexual. Por ejemplo, Cuba comenzó a atender a personas transexuales en 1979. Pero hubo cosas que no pudo cambiar. Cuando asumí el cargo dediqué mucho tiempo a este colectivo porque comencé a explorar vías de sensibilización y educación efectivas pero vi que no me servía únicamente con escuchar a las personas que sufren este tipo de discriminación. Me faltaban herramientas. La comprensión del dolor era importante pero no suficiente. Tuve que prepararme para hacerlo bien y entre ello estaba encontrar el lenguaje que me permitiera llevarlo a la política y a la población. No fue sencillo movilizar al colectivo en programas de capacitación y aún menos involucrar a personas heterosexuales para ir normalizando que la libre condición sexual es la normalidad. 

¿Y cómo logró enfrentar la resistencia que encontró en miembros destacados del Partido Comunista, entre ellos el propio Fidel?

Fidel era un hombre de su tiempo, es decir, educado en la homofobia. No de forma agresiva pero él creía que aquella persona que no fuera heterosexual tenía algún problema. Lo decía con compasión, como si ser homosexual fuera una tragedia. Tuve muchos diálogos con él sobre estos temas. Muchos. Y vi cómo fue evolucionando en sus discursos pero ni él ni los de su generación sabían cómo resolverlo. Lo hablaba con mi mamá. Fue un reto. Yo no quería vivir en una revolución homofóbica. La primera vez que llevé el tema de la identidad de género y la orientación sexual al congreso del Partido Comunista no me apoyaron. En el sexto congreso pasó lo mismo. Tuve que esperar al séptimo para discutirlo. Y hasta el octavo para hacer una propuesta de un glosario de términos. No logré convencer a nadie por ser la hija de Raúl Castro o la sobrina de Fidel sino con argumentos y aprendizaje.

Resulta inevitable preguntarle por Reinaldo Arenas.

Reinaldo Arenas fue un buen escritor cubano pero el cine sobredimensionó su figura. He podido conversar con una mujer con la que tuvo un hijo y con personas muy cercanas a él y todos coinciden en que fue una pena lo que hizo. Comercializó con su libro al salir de Cuba, metiendo alguna mentira para engrandecer al personaje que creó. Fue expulsado de la universidad por una situación de “fraude escolar” y estuvo en la cárcel por un oscuro asunto de abuso sexual infantil. Eso no lo cuenta en su libro. Es cierto que sus obras no se publican en Cuba pero no porque estén prohibidas sino porque el propio Reinaldo Arenas dejó un testamento en el que expresaba su voluntad de que no pudieran publicarse.

¿Qué le parece la democracia española?

De España hemos aprendido muchas cosas a nivel académico, asociativo y comunitario. También en materia legislativa han avanzado de forma importante aunque no modificó los crímenes de odio. No quiero que se interprete como una crítica al Legislativo. Al contrario. Siempre elogiaré a los países, como España, que han dado saltos importantes en defensa de los derechos sociales y, en concreto, de un colectivo tan golpeado como el LGBTI. Pero no basta con las leyes. Hay que trabajar en un plano más amplio, en todo el sistema jurídico, en componentes fundamentales como el educativo y el comunicacional, si se quiere avanzar en la igualdad. Es la única manera de lograr que la acción sea colectiva y permanente. 

La homosexualidad sigue siendo castigada con la pena de muerte en nueve países y con la cárcel en otros 24. ¿Cuál es la situación en América Latina?

Hay países que han avanzado mucho en propuestas legislativas pero a nivel político no han logrado revertir la situación. México es un claro ejemplo, especialmente el DF. Sin embargo, es, junto a Brasil, el país latinoamericano con mayor tasa de crímenes homofóbicos y transfóbicos. 

¿Y qué opinión tiene de Rusia?

Es un país muy atrasado en esta materia. El escándalo de Chechenia –la existencia de un campo de concentración para gais publicada en un diario ruso-- aún no he conseguido verificarlo. No tengo suficientes datos para decir si esa noticia es cierta o no pero cuando lo consiga me pronunciaré. Hay que tener en cuenta que Rusia vive hoy una coyuntura bastante delicada a nivel internacional y me llama la atención que esa información se haya difundido justo en este momento.

¿A qué se refiere?

A que vivimos un contexto de lucha por el control de los recursos naturales y Rusia, junto a Irán y China, está defendiendo a Siria de toda esa invasión de los EEUU y la OTAN, porque en este conflicto Europa es tan responsable como EEUU. En esta situación, casi de tercera guerra mundial, mi pregunta es ¿por qué sale ahora lo de Chechenia y no salió antes? Necesito más información para pronunciarme sobre ese caso.

Han pasado ya cinco meses de la muerte de Fidel Castro, ¿cómo le recuerda?

Fidel era la estrategia. Una locomotora que miraba hacia adelante y, a veces, olvidaba hacerlo hacia los lados. Quería lograr la felicidad para los cubanos a toda velocidad, rápidamente, pero… Un día me dijo mi papá: “Si logras convencer a Fidel de tus temas, él convence a todos los cubanos”. Era cierto porque tenía una habilidad enorme para ello pero enfermó y ya no tuve ocasión de trabajar con él. Era un hombre muy armonizador y una autoridad casi mística.

¿Cómo puede influir en las nuevas relaciones con EEUU la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca?

Prefiero no responder a esta cuestión porque lo desconozco.

¿Cuál es su opinión sobre el panorama internacional actual?

El mundo sigue peleando por el control de los recursos naturales con intereses geopolíticos para lograr esos objetivos expresados a través de la invasión de países, de bombardeos de pueblos enteros, de la mentira de los grandes medios de comunicación, de la manipulación. Es lo mismo que las fuerzas dominantes han hecho siempre. Es una de las fases del imperialismo. Los focos de tensión coinciden con aquellos lugares donde hay recursos naturales pero los gobiernos ponen esas riquezas al servicio del pueblo en lugar de servir a los intereses de los más ricos. En Venezuela, en Bolivia. Ocurrió en Libia, ahora en Siria. Se inventan historias para poder invadir países cuyo nivel de vida colectivo era superior a algunos países europeos. ¿Por qué la han tomado con Bashar al-Asad y no con otros reyes de la región? Las guerras se producen por intereses económicos pero siempre hay un grupo de personas irresponsables e ignorantes que se creen todas las mentiras que se cuentan y que forman parte de esa masa que no reacciona ante las injusticias que se están cometiendo. 

¿Hacia dónde se dirige Cuba?

Tenemos toda una estrategia para un desarrollo político y económico destinado a generar las bases que aporten sostenibilidad al proyecto social y al socialismo. Queremos seguir profundizando en la conquista de la igualdad social. Así lo ha expresado el pueblo en todas las consultas populares realizadas. La estructura social, política y económica de la revolución ha sido construida por el pueblo cubano. Todos participamos en la crítica y en las soluciones. Se quiere avanzar en el desarrollo económico, se desea acabar con el bloqueo financiero y comercial de EEUU que además de ser un obstáculo al desarrollo del pueblo es una violación del derecho internacional, y lo que no queremos es perder las conquistas sociales logradas en todos estos años. Gracias a esa cohesión social hemos resistido el bloqueo de la mayor potencia del mundo durante 50 años y eso no lo vamos a perder.

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© Revista Contexto, SL
Madrid, España

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martes, 2 de mayo de 2017

El primer viaje de Fidel Castro a África

Por Pedro Martínez Pírez
Radio Habana Cuba



Foto de Prensa Latina

Los periodistas que tuvimos el privilegio de participar en la cobertura de la primera visita del Comandante Fidel Castro a África, hace ya cuarenta y cinco años, no olvidamos el cálido encuentro en Conakry, entre el líder histórico de la Revolución Cubana y el presidente de Guinea, Ahmed Sekou Touré.

Fue el 3 de mayo de 1972, en el inicio de una gira de Fidel que culminaría más de dos meses después en Moscú, la capital de la ex Unión Soviética, luego de recorrer Argelia, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Polonia, Alemania Democrática, Checoslovaquia y la URSS.

Entonces laboraba yo en la Agencia Prensa Latina, y su director, Manuel Yepe Menéndez, organizó meticulosamente la cobertura de la gira de Fidel. Yo había conocido a Yepe en el Ministerio de Relaciones Exteriores donde él fue el primer Director de Protocolo de la Cancillería cubana, dirigida con mucha brillantez y dignidad por el doctor Raúl Roa García.

Me correspondía a mí, como periodista, la cobertura de las visitas de Fidel a Guinea, Bulgaria, Hungría, Alemania Democrática y la Unión Soviética. Siempre acompañado por un fotógrafo y un teletipista, en tiempos en que no disponíamos de las tecnologías que llegarían años después.

Para garantizar la información de la llegada de Fidel a Guinea hicimos varias gestiones previas en Conakry, y descubrimos que podíamos hacer llegar los despachos de Prensa Latina por la vía de Bamako-París-La Habana.

Una pieza clave en aquel ajedrez de las comunicaciones fue el corresponsal de Prensa Latina en Francia, el brasileño Haroldo Wal, quien sirvió de puente con la oficina central de Prensa Latina en La Habana para hacer llegar el primer despacho –un flash-- con la noticia de la llegada de Fidel al aeropuerto de Conakry, lo cual mereció una llamada telefónica de felicitación de la inolvidable Celia Sánchez Manduley, ayudante del Comandante.

En la delegación que presidía Fidel figuraban dos comandantes que siempre admiré, Juan Almeida y Manuel Piñeiro. Y entre los periodístas el muy destacado cineasta Santiago Alvarez, y los fotógrafos Jorge Oller y Rogelio Moré, con quienes compartí muchas de las vicisitudes que enfrentamos en esa importante cobertura.

Fue una visita muy intensa. La delegación cubana que presidía Fidel fue objeto de un masivo recibimiento en el Estadio “28 de Septiembre”, visitó las regiones de Kankan, Kissidougou, Faranah, Labé y Kindia, así como el Instituto Politécnico “Gamal Abdel Nasser” de Conakry. Participó en la inauguración de la escuela formadora de cuadros para la juventud “Kwame Nkrumah” y asistió a varias presentaciones artísticas en el Palacio del Pueblo, donde pudimos disfrutar en más de una ocasión al famoso Ballet Nacional de Guinea y recrearnos con las hermosas canciones de la sudafricana Miriam Makeba.

Fueron días inolvidables. Fidel, en el comunicado conjunto firmado con Ahmed Sekou Touré el día 7 de mayo, al finalizar la visita, agradeció emocionado las excepcionales demostraciones de cariño, amistad y solidaridad que le ofrecieron en todas partes las autoridades y el pueblo de Guinea.

Durante la mayor parte del tiempo que duró la visita al primer país africano visitado por Fidel, el líder cubano estuvo siempre acompañado por Sekou Touré, y entre ambos dirigentes se estableció un clima de fraterna amistad e identificación en los temas abordados, entre ellos la denuncia del genocidio yanqui contra el pueblo vietnamita, el apoyo a los movimientos de liberación nacional y a los derechos del pueblo palestino, la denuncia del imperialismo, el colonialismo, el racismo y el apartheid en Sudáfrica, y la consideración de otros asuntos todavía no resueltos, como la reunificación de Corea.

Después de esa primera visita a Guinea –con una breve escala en Sierra Leona--, Fidel estuvo varias veces en Angola, Zimbabwe y la nueva Sudáfrica, pero la puerta del gran continente africano se abrió para el líder de la Revolución Cubana en Conakry el 3 de mayo de 1972. Fecha para no olvidar.

La Habana, 02 de mayo de 2017