martes, 22 de mayo de 2018

¿Polémica o batalla entre razones e insultos?



No es casual que –aparezca en una película o en cualquier otra parte– algo que insulte a José Martí desate un debate público. Es demasiado grande ese héroe, y mucho vive en el alma de la patria –y no solo en ella–, para que la afrenta quede sin respuesta. Hechos de tal naturaleza validan en la inmediatez cotidiana el criterio expresado por el sabio italiano Benedetto Croce: “La historia es siempre contemporánea”, o, como escribió en verso memorable el poeta cubano Víctor Casaus, “La historia no es un viejo animal muerto”.

Sin embargo, la contienda desatada por una película aludida en el inicio de estas notas, parece haberse extendido más de lo razonablemente aceptable, y tampoco ello es fortuito: en el abrazo y la defensa de los valores patrióticos no solo interviene la razón, sino también la emotividad, los sentimientos y el decoro. Pero el muy extraño sentido común parece apuntar a lo aconsejable que pudiera ser que quienes defienden esos valores pongan fin a su intervención en el debate o, por lo menos, impidan que este se mantenga fuera del punto en que debe ubicarse.

Desde el inicio se apreció que a los realizadores de la película –o a quienes entre ellos (y ellas) ostentaron su representación– les interesaba que estallara el conflicto, y mejor aún si generaba escándalo. Hasta donde este articulista sabe, fueron ellos quienes pusieron en las redes un diálogo que, para no hablar de talento artístico, algo que puede ser esquivo para las mediciones, solo una total indolencia podía llevar a suponer que pasaría sin el debido repudio. No hay indicios de que antes los más encarnizados enemigos de Martí y de Cuba –¿no son uno los dos?– hayan llegado a semejante grado de abyección. Alguien inteligente comentó: “Ni Posada Carriles se permitiría esos extremos”. ¡Y miren que ese engendro se ha permitido aberraciones, crímenes monstruosos!

Si no lo planearon –aunque todo apunta a eso–, el escándalo les funcionó a los promotores como pretexto para llevar el debate al punto donde ellos querían situarlo. Evadieron la realidad del asunto: la inaceptable falta de respeto al héroe fundador y el derecho de la patria y sus instituciones a impedir que se le injurie, y actuaron como si el conflicto se diera entre la libertad de expresión y la censura, en abstracto una y otra. Ello les facilitaba cuestionar el derecho de las instituciones cubanas a cumplir los deberes para los que se han fundado, y en función de los cuales han dado vida a proyectos y realidades como la propia Muestra Joven que los agitadores del griterío usaron para amplificar sus posiciones.

No les faltó astucia para impulsar su maniobra. A menudo hasta pareció que imponían sus reglas. Aducían que sus impugnadores condenaban la película sin haberla visto, y ocultaban que no pocas o la mayoría de las defensas que concitaba, afincadas en la confusión del planteamiento central, tampoco tenían de su lado haberla visto, y se desentendían de la índole del diálogo. En su escala patética, hicieron que muchos recordaran a los marinos yanquis que profanaron la estatua de Martí en el Parque Central de La Habana. Pero hasta parece que lograron que se confundieran algunas personas cuya responsabilidad intelectual, y humana, debió haberlas librado de permitir que se les azuzara de tal modo.

Lecciones pudieran sacarse de los hechos. Las instituciones culturales deben cumplir su cometido, y en todas partes del mundo se promueven, se permiten o se impiden realizaciones determinadas. Pero, aunque actúen sin miramiento ético alguno, a otras no se les discute el derecho a hacerlo. Mientras que, aun cuando cumplan el suyo con acierto y honradez, a las de Cuba hay quienes les quieren negar sus derechos, cuando ellas deben defender una Revolución amenazada por fuerzas materiales terribles, en medio de una lucha cultural impulsada por el mismo poderío imperialista, aunque algunos intenten negar que eso ocurre, o simulen que no lo ven.

También está claro que las instituciones cubanas, por el mismo asedio que sufre el país, están llamadas a actuar sin equivocarse. Pero eso es más bien improbable, dada la falibilidad humana, y una revolución no es obra de arcángeles. Aplicar prohibiciones excesivas en un momento dado, puede conducir a que luego el complejo de culpa empuje a no aplicar las necesarias. Además, está visto que a menudo las prohibiciones generan estímulos promocionales contrarios a los fines con que ellas se aplican.

De ahí la vehemencia con que, avalando la grosería, o más, del diálogo aludido, los promotores de la película reclamaran que se les considerase víctimas de la privación de su derecho a expresarse, cuando lo que se les repudió fue haber sido burdamente irrespetuosos con un héroe sagrado. Sí, sagrado, aunque haya quienes –sobre todo si se tasan a sí mismos entre catorce y quince dólares para recibir mayores réditos en efectivo y en premios que los catapulten a un falso estrellato– nada entiendan de patria y valores irreductibles a cálculos inmorales. A cada paso se ve que hay pequeños y grandes mecenazgos planificados para quienes ataquen a Cuba y sus fundamentos históricos y éticos.

Ojalá el país nunca tuviera que pagar el precio de equivocaciones suyas. Pero estas, como en el arbitraje de la pelota, no se corrigen cantando bola en vez de strike para compensar el haber convertido antes en strike una bola. Haber cedido en algún momento –es solo un ejemplo– a tentaciones ateocráticas, no debe mover a la nación a olvidar que la rige un estado laico, ni a sentirse imposibilitado de castigar por delincuente a un religioso que se lo haya ganado. Tampoco debe dar pie a que falsos religiosos se pasen la vida cobrándole el sectarismo ateo en que ella haya incurrido. De igual modo, sería torpe rehuir la responsabilidad de aplicar interdicciones justas, por el temor a parecer que se reproducen excesos cometidos en otras etapas, y que demandan la debida autocrítica, sin que esta conduzca a una parálisis que sería suicida.

Nada que Cuba haga, por muy lúcido, sabio y acertado que sea, se lo perdonarán sus enemigos, cuyos voceros estarán prestos a condenarla por todo, poniendo en práctica todo tipo de subterfugios, tergiversaciones y calumnias. Si las instituciones de la patria no cumplen su deber, la patria peligra, y si lo cumplen, aunque lo hagan con el mayor tino, entonces puede ser todavía más enconada la rabia con que reaccionen quienes procuran denigrarla.

De eso habla el desconocimiento que ellos (y ellas) mostraron no solo ante la declaración del ICAIC respecto de la película aludida, sino también ante las de la UNEAC y de la Asociación Hermanos Saíz. Esta última organización representa precisamente a los artistas de menor edad, y la honra recordar con su nombre a dos jóvenes revolucionarios que tuvieron por guía el legado martiano y fueron víctimas de la sanguinaria tiranía contra la cual la patria se alzó inspirada en ese legado. La realidad no debe ignorarse como invitan a hacer quienes promueven falacias “posmodernas” según las cuales la historia es un mero relato, no sucesión de hechos.

Las diversas actitudes mostradas ante la historia se pusieron nuevamente en evidencia frente a un insulto que, lanzado contra Martí, si para algo sirvió fue –si es que ello hacía falta– para definir con mayor precisión de qué lado estaba o está cada quien. Siempre puede haber quienes se confundan y, aunque no sea ese su propósito, sean llevados a compartir, de momento al menos, posiciones contrarias a las que verdaderamente sustentan. Pero de eso también pueden sacarse lecciones: en primer lugar por parte de las personas confundidas. Es ni punto menos que doloroso imaginar cómo pudieran sentirse algunas de ellas al percatarse de qué compañías les proporcionó –lenguaje soez incluido– su confusión, aunque no fuera más que, repítase, momentáneamente.

Ante esa realidad, sobre todo frente a quienes siguen aferrados a su afán de condenar a Cuba y todo cuanto ella haga, no parece aconsejable que los defensores de la patria sigan dedicando tiempo a polemizar alrededor de la citada afrenta a Martí. Con respecto a ella han quedado bien delimitadas las distintas posiciones, aunque –reitérese– sea justo dejar abierta la puerta que confundidos de buena fe puedan merecer y necesitar para sus rectificaciones, cuando enemigos de la patria y su Revolución han buscado sacar provecho publicitario del debate, y que este les sirva de pedestal en que alzarse.

Las polémicas deben servir para afinar criterios. Pero no es eso lo que pretenden personas que se conducen como sordos voluntarios, y llegan a extremos como el intento de arrimar a sus sardinas –aprovechando que no están vivos para responderles– el fuego de patriotas como Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea y Guillermo Rodríguez Rivera; o ilustran sus réplicas antipatrióticas con imágenes tomadas de fuentes tan abyectas como la mal llamada Televisión Martí; o, en el colmo del cinismo y la desfachatez, llegan a decir que el aludido diálogo cinematográfico –que indigna recordar, no digamos ya reproducir– no insulta a Martí, sino le rinde homenaje. Tampoco han faltado indicios del daño que se puede derivar de no trazarse los límites necesarios entre pueblo y chusma, confusión contraria a criterios cardinales expresados por el propio Martí y que darían para otros textos.

Una vez que a esas personas se les ha dicho lo que merecen, ¿hay por qué seguir propiciándoles tarimas para que se exhiban? A cada quien, la atención pertinente. No se les alimente el ego a quienes ni al ser impugnados tienen estatura suficiente como para que sus nombres circulen junto con el del extraordinario ser humano insultado. Ni para atacar a quienes lo merecieran se permitía él bajar de la altura en que lo situaron su conducta, su pensamiento y su palabra. Incluso en una carta personal, no en un texto público, para calificar a quienes en su tiempo se enlodaban en el anexionismo y el autonomismo, el día antes de caer en combate los llamó “especie curial, sin cintura ni creación”.

Quería contar con todos, y fundar una república para el bien todos. Pero sabía que esa aspiración, brújula necesaria, tropezaba con quienes no estaban dispuestos a seguirla, y entre ellos estaban –y perduran hoy– los representantes de aquellas tendencias antipatrióticas. No hace muchos años que, en el camino del (¿neo?)autonomismo y el (¿neo?)anexionismo, alguien movido por ideas contrarias a la Revolución Cubana, y a Martí, quiso devaluar al héroe –a quien le reprochó que se guiara por la razón moral–, y se declaró identificado con el Enrique José Varona que, basado en la razón instrumental, justificó a la luz de la sociología positivista la expansión del imperialismo, contra el cual murió en combate el fundador del Partido Revolucionario Cubano.

Matices cabría introducir aquí en favor de Varona, pero lo antes dicho sirve para deslindar posiciones. Quien prefería (o prefiere) a ese pensador antes que a Martí, acusó a este de pretender “totalidades imposibles”. Nada más lejos de la verdad. En el mismo discurso programático donde expresó el afán de fundar una república con todos y para el bien de todos, Martí denunció actitudes contrarias a ese propósito.

En esa pieza oratoria identificó a enemigos de la revolución: entre ellos, junto a quienes atizaban el racismo y el miedo a la guerra necesaria, estaban –no eran los únicos– los que él llamó políticos de pisapapel, lindoros, olimpos y alzacolas. En otros textos expresó similar desaprobación hacia los lamerricos, y hacia los cultivadores de la yanquimanía. Se mantuvo siempre alerta contra aquellos que no tenían fe en su patria y, refiriéndose en particular a quienes tenían los ojos puestos con deslumbramiento en los Estados Unidos, repudió a los que consideraban que no había “elegancia mayor que la de beberle al extranjero los pantalones y las ideas”.

Entre sus lecciones perdura la que dio al preferir condenar actitudes e ideas erradas antes que a personas. Podía pensarse que rehusaba herir innecesariamente a nadie en particular. Pero cuando creyó insoslayable refutar un libro que abonaba perspectivas contrarias a la lucha independentista lo hizo, sin vacilar, en el mismo discurso en que llamó a la unidad necesaria para alcanzar el bien de todos: no quería una unidad fundada sobre bases quebradizas o inmorales. Quien vio en la patria un altar para honrarla y sacrificarse por ella, tampoco desearía dar beligerancia individual a personas no merecedoras de que se les concediera una distinción que ellas, distantes de la honradez, tratarían de tomar como pedestal donde lucir una altura que no tenían. (Tomado de La Jiribilla.)

martes, 3 de abril de 2018

En Cuba la sociedad civil sí representa al pueblo

Por Miguel Angel García Alzugaray

sociedad-civil
El pasado 22 de marzo, los medios de comunicación nacionales e internacionales difundieron la noticia: la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP), que agrupa a más de 380 mil campesinos cubanos y los Comité de Defensa de la Revolución Cubana (CDR), la mayor organización de masas del país con más de ocho millones de ciudadanos miembros, fueron excluidos del Foro de la Sociedad Civil, convocado en la Cumbre de las Américas, a celebrarse en Perú el próximo mes de abril.

Si la legitimidad le viene dada a las organizaciones que integran la sociedad civil por representar a la mayoría del pueblo cubano, ¿cómo se puede entender esta alevosa medida de los organizadores del mencionado foro?
Al respecto, la activista social María del Carmen Barroso González, funcionaria del departamento de Relaciones Internacionales de la organización dijo ante esta provocadora decisión: “Esta es una exclusión injusta, arbitraria y selectiva de la ANAPP, cuyos asociados tienen la misión de producir alimentos para el pueblo de Cuba”.
Según esta mujer cubana, la exclusión se debe a que la ANAP “tiene la misión de denunciar lo que hoy está pasando en los campos del continente, donde se están apropiando de los recursos naturales que son de los pueblos, de la semilla, de las tierras, que se están asesinando líderes campesinos”.
Por su parte, Alfredo Pérez Alemany, especialista del Departamento de Relaciones Internacionales de los CDR, al denunciar el hecho aseguró que la organización envió las solicitudes con tiempo suficiente, pero no los aprobaron.
“Los CDR y la ANAP no fuimos aceptados por el comité organizador de la Cumbre, que no es más que la propia OEA, pero no nos amilana. Sabemos que no les conviene que los CDR estén allí, porque esa es la voz de más de 8 millones y medio de cubanas y cubanos que vivimos durante años enfrentados al imperialismo, a la OEA que es una organización que no tiene prestigio”, señaló.
Nada de esto debe extrañarnos, pues en 2015 alrededor de la Cumbre de las Américas en Panamá se desató también un intenso debate sobre la llamada “sociedad civil cubana” y la legitimidad de sus representantes. Casualmente sus instigadores eran los mismos: el gobierno norteamericano de turno y sus lacayos de la OEA.
Para profundizar en las motivaciones de lo ocurrido, considero oportuno realizar un breve análisis del alcance y contenido de la sociedad civil.
¿Qué se entiende con el término de Sociedad Civil?
La sociedad civil es un término con historia en el pensamiento político, filosófico y jurídico que se constituye por instituciones cívicas y sociales, así como organizaciones que dan forma a la fundación de una sociedad funcional.  En los círculos académicos se afirma que la presencia de una sociedad civil sólida es esencial para asegurar el desarrollo de un país.
En virtud de lo expuesto, a veces se consideran sinónimos los conceptos de organización no gubernamental y organización civil. En el sistema de Naciones Unidas, el concepto de organización no gubernamental (ONG) se ha definido de forma bastante genérica: toda organización sin ánimo de lucro que no sea gubernamental ni intergubernamental. En cambio, el término de Organización de la Sociedad Civil (OSC) es más amplio y contempla el ámbito en que los ciudadanos y los movimientos sociales se organizan en torno a determinados objetivos, grupos de personas, o temas de interés.
En las organizaciones de la sociedad civil tienen cabida tanto las ONG como las organizaciones populares- formales o informales- y otras categorías, como los medios de comunicación, las autoridades locales, y el mundo del arte, el deporte y las ciencias.
En los últimos tiempos, se aprecia un incremento del debate político filosófico en torno al binomio sociedad civil – Estado. Sin embargo, ocurre que no en todos los casos tiene idéntica significación, pues en dependencia de la corriente política y los puntos de vista que defienda el autor, será la interpretación para este concepto.
Este debate encuentra un espacio cada vez más importante en los medios alternativos de información y avanza en relación directa con la ampliación del acceso a estas tecnologías, las redes sociales e Internet.
Aunque algunos autores han rastreado el origen de esta expresión “sociedad civil” en la teoría política medieval e incluso en la Antigüedad, el término se convirtió en uno de los elementos básicos del pensamiento liberal.
Es necesario destacar que Marx defendió una relación dialéctica con la sociedad civil y la ubicó también en el ámbito de la economía, para resaltar las contradicciones presentes en toda “formación económico social” caracterizada por la lucha de clases, donde el Estado era un “producto” de este balance concebido no solo como el “administrador de los bienes sociales” (el gobierno), sino como el depositario del poder político de la clase dominante.
Las reflexiones de Marx permiten comprender que la categoría sociedad civil no es algo contrapuesto al Estado, sino es resultado de la relación orgánica con él.
Esto permite comprender que a una determinada sociedad civil le corresponde un determinado orden político, que no es más que la expresión oficial de la sociedad civil. La asimilación del concepto de sociedad civil define ideologías y objetivos políticos a veces diametralmente opuestos, con un impacto práctico en el quehacer político concreto.
 Las manipulaciones derechistas de la sociedad civil
Aunque el término fue empleado en el discurso político desde el siglo XVII, cayó en desuso en el pensamiento occidental a mediados del siglo XIX.
A pesar de que Antonio Gramsci, en los años 20 del pasado siglo, desarrolló la teoría marxista de la sociedad civil desde un punto de vista metódico, para ubicarlo dentro de lo que llamó el “bloque histórico” y resaltar el papel de la cultura, la ética y la ideología en las luchas hegemónicas y contra-hegemónicas, que han caracterizado la vida política contemporánea, no es hasta finales de la década del 70 del siglo XX, que vuelve a ser utilizado.
A partir de entonces, el término aparece en el debate actual de manera recurrente y semánticamente imprecisa, aplicándose como slogan político por las fuerzas más reaccionarias de la derecha, que manipulan y distorsionan su alcance y contenido bajo la proclama a viva voz de que hay que “salvar a la sociedad civil”, “recuperar la sociedad civil”, “reconstruir la sociedad civil”. Además, se presenta como la consigna de un supuesto movimiento revolucionario como las mal llamadas “primaveras árabes”, que ya sabemos provocaron nefastas consecuencias de destrucción y muerte en esas naciones.
En particular, en el discurso de los más diversos representantes de la ultraderecha norteamericana, el concepto de sociedad civil nada tiene que ver con la concepción de los inicios. De modo tal que resulta, para el lector común, un poco complejo encontrar la verdad cuando se emplea dicho término.
Los ideólogos burgueses manipulan el concepto y lo convierten en objeto de ideologización. Hoy se utiliza con fines ideopolíticos para socavar el socialismo y el orden legalmente constituido en los países con este sistema social.
Fundamentalmente en Cuba se emplea para fomentar la oposición al Estado y proponer el modo de vida capitalista e imperial como la mejor opción de desarrollo para cualquier pueblo. En ese contexto, la sociedad civil es la suma de mercenarios pagados y de todos aquellos que se oponen al socialismo.
Estados Unidos, a tono con el proyecto ideológico neoliberal, ha intentado equiparar, además, el concepto de sociedad civil con el american way of life y otorgarle “valores universales” vinculados a la “democracia” para justificar así su intervención en los asuntos internos de otros países.
Sociedad Civil y Tercer Mundo.
Los movimientos sociales progresistas reivindicaron la existencia de una sociedad civil organizada, frente al desmantelamiento de las instituciones populares tradicionales que trajo consigo la ofensiva neoliberal y encaminaron sus luchas políticas a partir de esta lógica, hasta transformar en varios casos la propia naturaleza de los gobiernos de sus países, especialmente en América Latina.
Así, se aprecia con nitidez en varios países de la región, el protagonismo de actores vinculados a los sectores más pobres, humillados y explotados de la sociedad, como la propone, desde posiciones de la Teología de la Liberación, el teólogo chileno Pablo Richard.
Tal hecho ha provocado la inserción en las sociedades civiles de estos países de un amplio y variado abanico de nuevos actores sociales: movimientos de liberación de la mujer, juveniles, ecológicos, ambientalistas, de solidaridad, de defensa de los derechos humanos, de educación popular, de cultura y arte popular, movimientos de pobladores y barriales, de indígenas, sindicatos y partidos políticos populares y de izquierda, a los que se suman también los movimientos progresistas, movimientos populares de génesis religiosa, las acciones de la prensa que, como parte de una cultura contestataria han participado en la lucha de clases contra regímenes dictatoriales y militares fascistas, encaminan sus esfuerzos a la creación y el fortalecimiento de poderes alternativos, revolucionarios y democrático-populares, a la educación política e ideológica de las masas, la formación de nuevos valores éticos y humanistas, y su movilización para transformar la realidad ideológica cotidiana en esos países.
Existen diversas razones por las cuales las OSC juegan un rol importante en las sociedades de los países del Tercer Mundo explotados por el capitalismo.
Entre estas razones se pueden identificar tres principales:
  1. Porque muchas veces el mercado no ofrece soluciones para atender todas las necesidades sociales, ni a todos los sectores de la población.
  2. Porque el estado, especialmente en países en vías de desarrollo (conocidos a veces como del Tercer Mundo) tiene limitaciones para garantizar el bienestar social.
  3. La sociedad civil debe ser partícipe de las estrategias para su propio desarrollo social.
Así las OSC dan voz a la sociedad y se convierten en medios para la defensa de derechos que de otra forma serían ignorados.
De este modo, en estos países las Organizaciones de la Sociedad Civil se convierten en un medio de integración social y un potenciador de las capacidades individuales y colectivas.

En el caso cubano, es conveniente recordar no solo los aspectos teóricos metodológicos anteriormente tratados, sino cómo ha ocurrido el proceso de la asociatividad en Cuba. En muchas ocasiones, la sociedad civil cubana se ha visto manipulada por el surgimiento de algunos disidentes organizados y financiados por gobiernos extranjeros opuestos al proyecto socialista cubano, que se consideran exponentes de nuestra sociedad civil hacia lo externo.

A partir de 1959 la sociedad cubana se organizó en función de la defensa de la Revolución frente a las agresiones de Estados Unidos. Tal estructuración de las masas populares fue un aporte cubano al movimiento revolucionario internacional y un factor indispensable para explicar su capacidad de resistencia a lo largo de medio siglo.
Si aceptamos que la sociedad civil explica la relación de los individuos con el poder político, es difícil negar que las milicias nacionales revolucionarias, el ejército de alfabetizadores de 1961 o la organización de los Comités de Defensa de la Revolución, no han sido formas de organización de la sociedad civil cubana, solo para señalar algunos ejemplos.
Está claro que se estructuró en simbiosis con el Estado revolucionario, concebido no como un poder autónomo del resto de la sociedad, sino como el depositario del poder popular.
En el plano jurídico, se puede resumir el desarrollo de la sociedad civil cubana a partir del triunfo de la Revolución de la forma siguiente:
  • Desde 1959 a 1976. Se promulgó la primera ley pos neocolonial acerca de las asociaciones. Surgieron otras disposiciones que benefician las amplias masas populares y aparecieron nuevas formas de asociatividad con carácter masivo que se identificaron y convirtieron en sujetos determinantes en la ejecución de las medidas de contenido social y económico, lo cual constituyó la base de la hegemonía del embrionario sistema político que se conformó condicionado por el aumento progresivo de la agresividad de Estados Unidos.
  • Desde 1976 hasta la Reforma Constitucional de 1992. Con la institucionalización del sistema político cubano se promulgó la Ley 1320 de 1976 que regula el derecho de asociación. Luego, con la aprobación de la Constitución Socialista se legalizó la incorporación de algunas organizaciones al ejercicio de actividad estatal, se traspasó el registro de Asociaciones al Ministerio de Justicia, y en 1986 se reinscribieron de oficio, todas las asociaciones registradas en ese momento.
  • De 1992 hasta 2010. En esta etapa varios hechos marcaron una mayor dinamización del sistema asociativo: la crisis económica y social del país en la década del 90, la reforma constitucional de 1992, el incremento por parte de EE.UU. de las medidas económicas y políticas para destruir el sistema político cubano y el reconocimiento político que le hace el V Pleno del Comité Central del PCC a la sociedad civil.
Así, en ocasión del V congreso del PCC, en 1996, la dirección política del país reconoció oficialmente la existencia de esas organizaciones no gubernamentales, atendiendo a la batalla política que se librara luego del derrumbe del campo socialista con las falsas impugnaciones de enemigos acérrimos a la Revolución que negaban la existencia de una sociedad civil en Cuba.
Al respecto, en el Informe que presentara el miembro del Buró Político y Segundo Secretario del Comité Central al V Pleno el compañero Raúl Castro Ruz, expresó: “Para nosotros, la Sociedad civil no es la que refieren en Estados Unidos, sino la nuestra, la Sociedad civil socialista cubana que componen nuestras potentes organizaciones de masas (CTC, CDR, FMC, ANAP, FEU, FEEM e incluso los pioneros), las sociales, que como es sabido agrupan entre otros a los combatientes de la Revolución, a economistas, juristas, periodistas, artistas y escritores, etc., así como otras ONGs que actúan dentro de la legalidad y no pretenden socavar el sistema económico, político y social libremente escogido por nuestro pueblo, a la vez que aun cuando tienen personalidad propia e incluso su lenguaje específico, junto al Estado revolucionario persiguen el objetivo común de construir el socialismo”
En estas definiciones queda claramente expresado que en el caso cubano para pertenecer a las mismas no se exige una filiación política, sin embargo, tienen la particularidad de que los propósitos no se contradicen con el proyecto revolucionario. Por tal razón el carácter no gubernamental de una organización no implica en modo alguno una actitud antigubernamental como es frecuente encontrar en otros países.
Complementariamente, se modificó el artículo 7 de la Constitución y las asociaciones alcanzan un nivel mayor de autonomía funcional.
Dicha norma establece que: “El Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo, que agrupan en su seno a distintos sectores de la población, representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista”.
Fue necesario este reconocimiento por su amplia membresía, representatividad y capacidad de movilización. El sistema político cubano garantiza a estas organizaciones no gubernamentales amplios poderes y capacidad prepositiva, de consulta, opinión, y decisión en el ejercicio de la Democracia participativa instituida por el orden constitucional vigente.
En la actualidad, la sociedad civil en Cuba está integrada por más de 2200 organizaciones sociales y de masas y las asociaciones científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad y cualesquiera otras que funcionan en virtud de la Ley de Asociaciones (Ley 54)
Entre las organizaciones sociales y de masas aparecen algunas de larga trayectoria, y otras surgieron al calor del triunfo revolucionario por la necesidad de brindar a amplios sectores de la población la posibilidad de convertirse en actores directos del proceso de cambios.
La sociedad civil cubana es parte indisoluble de la nación. Actúa en la conformación y enriquecimiento continuos de la identidad nacional y los valores patrios; participa plenamente en los procesos de desarrollo de la entidad cultural; y defiende los más sólidos principios e intereses de la Revolución y es, en su esencia, reflejo y encarnación de la espiritualidad del pueblo.
Un Foro en Defensa de los Pueblos de América
Como parte de la sociedad civil cubana, en La Habana se reunieron representantes de esas más de dos mil organizaciones y asociaciones y participaron en el II Foro de la Sociedad Civil Cubana Pensando Américas.
El encuentro, realizado en la sede de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) previo a la VIII Cumbre de las Américas, se organizó para conformar las propuestas y recomendaciones que los actores sociales de la Isla llevarán a Lima, Perú.
En el teatro del edificio de la CTC, se debatió sobre “Gobernabilidad Democrática frente a la Corrupción”, tema central de la cita peruana.
Organizaciones internacionales y regionales con representación en el país, estuvieron presentes en el intercambio, donde se reflexionó sobre los tres ejes temáticos que se debatirán el 10 y 11 de abril en Lima, “desde la visión de actores, organizaciones y movimientos sociales de la izquierda de nuestro continente”.
Este II Foro nacional dio continuidad al realizado en 2015, igualmente previo a la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá, cita en la que Cuba participó por primera vez en este tipo de encuentros.
Al finalizar sus fructíferos debates, los actores sociales y las organizaciones de la sociedad civil cubana, en representación genuina del pueblo cubano, reunidos en el marco del II Foro “Pensando Américas” adoptaron la siguiente declaración:
“Respaldando plenamente las respectivas intervenciones de la vocera de la Coalición “Por un mundo inclusivo y respetuoso” y el jefe de la delegación cubana en el Diálogo Hemisférico, acordamos:
1- Rechazar inequívocamente la presencia en Lima, en el marco del proceso preparatorio del Foro de la Sociedad Civil de la VIII Cumbre de las Américas, de ciudadanos de origen cubano y organizaciones mercenarias al servicio de gobiernos e instituciones extranjeras, que no cuentan con reconocimiento y legitimidad alguna, que persiguen revertir el orden interno, el bienestar social y el sistema político que hemos elegido los cubanos de manera soberana y democrática.
2- Demandar al Gobierno de los Estados Unidos el levantamiento del criminal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto desde hace más de 55 años contra el pueblo de Cuba, el cual constituye una violación de sus derechos humanos e impedimenta para la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible; así como la devolución incondicional del territorio que ilegalmente ocupa la Base Naval de Guantánamo.
3- Repudiar la pretensión imperial y de la oligarquía conservadora regional de imponer nuevamente los postulados de la tristemente célebre Doctrina Monroe y restaurar su hegemonía y el neoliberalismo que ha plagado de miseria a las naciones latinoamericanas y caribeñas.
4- Respaldar los principios y propósitos del Consenso de Nuestra América como guía práctica hacia la consolidación de un programa político en favor de las mayorías.
5- Denunciar todo intento  de agresión económica, política o militar contra cualquier nación latinoamericana y caribeña, así como la injerencia en sus asuntos internos por parte de gobiernos o instituciones, contrario a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y las normas del Derecho Internacional.
6- Apoyar expresamente al pueblo y gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, así como sus derechos a la libre autodeterminación y la independencia de elegir el sistema social para el bienestar de su nación.
7- Hacer un llamado a respetar los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, aprobados en II Cumbre de la CELAC en La Habana, enero de 2014, como herramienta para alcanzar la estabilidad necesaria para hacer frente a la corrupción, erradicar la pobreza y la inequidad económica y social, y a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.
La Habana, 21 de marzo de 2018”
Conscientes de la importancia de lo expuesto, la delegación cubana alzará su voz en el Foro de la Sociedad Civil de la VIII Cumbre de las Américas prevista para abril en Lima, para defender una vez más el socialismo y sus conquistas.
Ello es posible, porque en Cuba la Sociedad Civil si representa al pueblo.

lunes, 19 de febrero de 2018

¿Quiere usted ganarse cien pesos? Un centrista responde




En una entrada anterior se describe la Encuesta que hizo Carteles en los 1930 con la pregunta que da título a este post. El premio a la mejor respuesta sería 100 pesos.

En esta ocasión, reproduzco una de las respuestas recibidas, en la que el autor se autocalificaba de “centrista” y explicaba sus posiciones.

Estas eran las preguntas de la Encuesta:

¿Es usted derechista o izquierdista?
¿Cuáles son, a grandes rasgos, en el orden político social, los ideales de su doctrina, que le inclinan a defenderla?
¿Cuáles son los que defiende el bando contrario y con los cuales está usted impugna o desacuerdo?
¿Estima usted que el fascismo es una doctrina de izquierda o de derecha? ¿Por qué?
¿Dónde coloca usted al comunismo, la derecha o la izquierda? Dé sus razones.
¿Con cuál de los dos regímenes han alcanzado mayores libertades y oportunidades de superación el obrero manual, el campesino y lo que se consideran en el orden social desheredados de la fortuna?
Si ninguno de esos dos regímenes le satisface, ¿cuál otro encarna dentro de sus ideas derechistas o izquierdistas los supremos ideales del pueblo y por qué?


Un centrista

Así respondía Carlos M. B Castro Augusto R. Sigarreta, de Filadelfia, en Estados Unidos de América

Primera: Centrista.

Segunda: Considero al “centrismo” como la práctica realizable de los principios de común beneficio entre las derechas e izquierdas. Cual si tales beneficios pudieran nivelar en la balanza social los ideales de ambos extremos. Me inclina a defenderla la simple idea de encontrar la vía más real de edificar una masa homogénea que tienda al verdadero equilibrio nacional. Es la fórmula social en la que ambos lados pueden participar de sus ideales en común.

Tercera: Las derechas o izquierdas extremistas. Estoy en desacuerdo sencillamente porque la idea conservadora de las primeras elimina los pasos gigantescos del progreso en el orden político social. Y las segundas extreman los principios liberales a normas incapaces de practicar, porque están inspiradas en un ideal en el cual no se consideran las naturales tendencias del hombre como tal, y las cuales se elimina la posibilidad de conservar lo que de bueno tenga un régimen conservador.

Cuarta: El fascismo lo inspiró el deseo de implantar un movimiento radical en Italia. Hoy su práctica tienen notas de ambas tendencias; es casi un centrismo indeterminado. Los derechos del pueblo reconocidos vs. una nobleza también reconocida.

Quinta: El comunismo es la doctrina de la propiedad común; la negación de derechos individuales en la propiedad. Esto es el comunismo ideal; no el comunismo que se practica en Rusia donde una dictadura proletaria impone una izquierda radical con detrimento lo que una izquierda social bien inspirada podría brindarle una sociedad ansiosa de reivindicaciones.

Sexta: Un régimen extremista da la oportunidad de satisfacer un deseo social, pero no una necesidad social. El obrero manual ha tenido “mayores libertades” en los cambios izquierdistas, pero no “mejores oportunidades”.

Séptimo: Considerando las derechas e izquierdas como los extremos de la ecuación social, la única manera de establecer el equilibrio descansa en la “media proporcional” que goza del privilegio de ser indispensable a ambos extremos. Es, pues, el centrismo la fórmula feliz capaz de satisfacer el anhelo social. El “fiel” de la balanza mediante un simple esfuerzo de comprensión y un deseo lleno de sabia humanidad.

Carteles, Volumen XXX, La Habana, octubre 31, 1937, pp. 16 y 60

lunes, 29 de enero de 2018

Develada estatua ecuestre de José Martí en La Habana: “Te agradecemos por tu vida breve y generosa” (+ Videos)

Por: José Raúl Concepción, Irene Pérez
En este artículo: Cuba, Estados Unidos, estatua, Eusebio Leal, Historia, Historia de Cuba, José Martí, La Habana, Nueva York, Raúl Castro Ruz
28 enero 2018


Raúl Castro junto a Esteban Lazo, Eusebio Leal y Bruno Rodríguez en el acto de develación de la estatua ecueste de José Martí en el parque Trece de Marzo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Una réplica de la estatua ecuestre de José Martí en el Parque Central de Nueva York fue inaugurada hoy en La Habana. El General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, presidió el acto en el parque Trece de Marzo, a pocos metros del antiguo Palacio Presidencial, actual Museo de la Revolución.
Las palabras centrales del acto de develamiento estuvieron a cargo del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal.

Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
“En esta mañana en que se cumple el 165 aniversario de su nacimiento no lejos de aquí, en la calle de Paula, evocamos a José Martí en el acto de su supremo sacrificio por la causa que escogió como una motivación para su vida. La obra de la insigne artista norteamericana Anna Hyatt Huntington lo evoca”, dijo el reconocido historiador.
Eusebio emocionó al público cubano y estadounidense que se encontraba sentado frente a la estatua. Junto a Raúl estaban el vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, entre otros miembros del gobierno de Cuba.
También se encontraban representantes del Museo del Bronx, institución clave para convertir en realidad el sueño de tener una réplica de la obra de Anna Hyatt Huntington en La Habana. Ciudadanos estadounidenses y cubanos residentes en EE.UU. que aportaron fondos para materializar lo que hoy fue develado, viajaron a la capital cubana para estar presentes en el acto.

La pieza de bronce pesa ocho toneladas y media y está sobre un pedestal de mármol negro. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
El historiador continúo con su discurso estremecedor y describió la estatua con los adjetivos exactos:
“Hay serenidad en su rostro. Hay hermosura en el conjunto en que la bestia pisotea hierbas y lirios, quizás evocando aquellas palabras que siempre consideré la íntima premonición de su sacrificio: ‘Mi verso crecerá bajo la hierba y yo también creceré’. Es la escena del 19 de mayo de 1895. Pero hoy precisamente no nos detenemos a contemplar la muerte que él consideró como un acto necesario. ‘No es verdad -dijo- cuando se ha cumplido bien la obra de la vida’. ‘O cuando ella -como también afirmó- se constituye en un carro de gloria’, no venimos hoy con tristeza y apocamiento ante su monumento. Me alegra extraordinariamente que podamos los habaneros disfrutar hoy de una obra tan bella y tan poéticamente inspirada”.
José Velázquez, representante de la Alcaldía de Nueva York, dio lectura a un mensaje enviado por el alcalde de esa ciudad, Bill de Blasio. “Celebramos con orgullo la amistad que nuestra ciudad comparte dignamente con Cuba. En nombre de Nueva York, les expreso mis mejores deseos de que tengan una agradable y significativa ceremonia”, escribió el gobernante.
Durante el acto, hubo varios agradecimientos a la recientemente fallecida, Holly Block (1959-2017), quien como directora del Museo del Bronx fue una de las más entusiastas impulsoras de la realización de este proyecto. “Fue Holly Block con quien me entrevisté en horas de tristeza, cuando ella y yo estábamos atacados por súbita enfermedad. Ella no pudo sobrevivir. Hoy en su nombre, agradezco a ese centenar de donantes, entre los cuales instituciones y personas lo hicieron desde una modesta contribución hasta la mayor”, explicó Leal Spengler con sentida voz.
El protector del patrimonio habanero, prosiguió con sus palabras dedicadas al cubano más trascendental de la historia:
“Autor de la unidad, no pudo verla concluida. Por eso hoy, cuando nos acercamos ante este monumento rendimos culto aquellos que hicieron posible que tus ideas prevalecieran más allá de la muerte. A las legiones que sufrieron y padecieron buscando un camino para Cuba; para esta Cuba actual para la cual luchamos”.
La reproducción idéntica de la estatua de Martí en Nueva York llega a Cuba tras 22 años de iniciarse las primeras conversaciones para lograr que en la capital de la Mayor de las Antillas también esté presente el Apóstol sobre su caballo. La pieza de bronce pesa ocho toneladas y media y está sobre un pedestal de mármol negro.
La escultora norteamericana Anna Hyatt Huntington (1876-1973) es la autora del monumento original erigido en 1958 y colocado siete años más tarde en el famoso Central Park de Manhattan.
Finalmente, Eusebio Leal despidió sus palabras con un agradecimiento a José Martí similar al que cualquier cubano dedicaría al Maestro bendito de vida breve y generosa.
“Te agradecemos, maestro y apóstol, por tu vida breve y generosa. No has muerto. Vives en nuestro corazones. Cuba te agradece. El pueblo cubano todo deposita ante ti una ofrenda de flores y estos signos recuerdan que tu sacrificio no fue inútil. Hace un instante, la bandera nacional flota en lo alto del monumento. No hemos seguido la práctica habitual, renunciando un poco a la tradición de arrebatar un velo – sería inmenso – hemos preferido que sea la bandera la que se levante sobre el cielo azul de Cuba cuando aún el Sol no ha tocado nuestros ojos ni se ha levantado por las tierras del Oriente, esas tierras que por primera vez viste después que regresaste a Cuba. Bendito seas, Maestro”.

El presidente cubano Raúl Castro y el Vicepresidente primero Miguel Díaz-Canel a su llegada al parque Trece de Marzo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

La escultora norteamericana Anna Hyatt Huntington (1876-1973) es la autora del monumento original erigido en 1958. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Amanecer en el parque Trece de Marzo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

La réplica de la estatua ecuestre de José Martí en el Parque Central de Nueva York fue inaugurada hoy en La Habana. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

En video, las palabras de Eusebio Leal

Veal el acto de develamiento de la estatua

sábado, 27 de enero de 2018

El ideario martiano en el pensamiento y la práctica política de Fidel Castro frente a los EEUU



Fidel, el más aventajado discípulo de Martí. Foto: Archivo.

Sin duda, Fidel Castro ha sido el más aventajado discípulo de las ideas y la praxis revolucionaria de José Martí.

No fue pura coincidencia histórica, sino que el líder de la Revolución Cubana asumió el ideario martiano de manera consciente y entregada.

Así lo ratificó en 1985 en sus conversaciones con Frei Betto: “Yo, antes de ser comunista utópico o marxista, soy martiano; lo voy siendo desde el bachillerato: no debo olvidar la atracción enorme del pensamiento de Martí sobre todos nosotros, la admiración por Martí”. [i]
En marzo de 1949, cuando marines yanquis profanaron la estatua del Héroe Nacional en el habanero Parque Central, Fidel fue uno de los que encabezó la airada protesta frente a la embajada de los Estados Unidos; en 1953, declararía a Martí como el autor intelectual de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes; durante su alegato de autodefensa conocido como la Historia me absolverá denunció como le habían impedido consultar las obras de Martí, pero que no importaba, pues traía en “el corazón las doctrinas del maestro”, el primer frente en la Sierra Maestra, dirigido por Fidel, ostentaría el nombre de José Martí. Estas son apenas algunas pinceladas que ilustran la hondísima vocación martiana de Fidel, algo que parecía genético. Hoy el líder de la Revolución descansa para siempre junto al Apóstol en el Cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba, en una piedra que alude a la conocida frase martiana que Fidel convirtió en una de las máximas fundamentales de su existencia: “toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz”.
Ambos fueron raigalmente humanistas, anticolonialistas y antiimperialistas, pero jamás antiestadounidenses, su política hacia la nación del Norte estuvo siempre basada en la fuerza de las ideas y los principios, no en odios y fanatismos.
Con “ojos judiciales” supieron distinguir las dos Norteamérica, la de Lincoln y la de Cutting[ii]. De la primera reconocieron sus virtudes y valores culturales, de la segunda -a la cual Martí llegó a nombrar como la Roma Americana o águila temible – no solo criticaron los aspectos políticos que más conocemos, sino también el modo de vida estadounidense que exalta la violencia, la irracionalidad y el culto desmedido hacia el dinero. Y es que una de las primeras similitudes que encontramos entre Martí y Fidel, es la ciclópea labor ideológica que desarrollaron para descolonizar el pensamiento que desde nuestra región exaltaba al Norte como el modelo a imitar.
Con apenas 18 años, Martí había hecho ya la siguiente observación:
“Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento, – Nosotros posponemos el sentimiento la utilidad// Y si hay diferencia de organización, de ser, si ellos vendían mientras nosotros llorábamos, si nosotros reemplazamos su cabeza fría y calculadora por nuestra cabeza imaginativa y su corazón de algodón y de buques por un corazón tan especial, tan sensible, tan nuevo que solo puede llamarse corazón cubano, ¿cómo queréis que nosotros nos legislemos por las leyes con que ellos  se legislan?// Imitemos. ¡No! –Es bueno, nos dicen. Es americano, decimos.- Creemos, porque tenemos necesidad de creer. Nuestra vida no se asemeja a la suya, ni debe en muchos puntos asemejarse. La sensibilidad entre nosotros es muy vehemente. La inteligencia es menos positiva, las costumbres son más puras ¿cómo con leyes iguales vamos a regir dos pueblos diferentes?// Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más  alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa¡[iii]
Martí vivió en los Estados Unidos durante casi 15 años, y aunque Fidel no tuvo la misma experiencia, llegó a ver en sus entrañas de una manera tan aguda  como lo hizo el Apóstol. En esto influyeron sus estudios y lecturas –entre ellas las ideas de Martí sobre los Estados Unidos- y el contacto con la propia realidad, en especial la cubana, donde eran notorios los efectos más nocivos de la dominación imperialista del Norte.
Fidel llegó a convertirse en un verdadero experto en el conocimiento sobre los Estados Unidos, tanto de su dinámica interna como de su política exterior. Sobre esta cualidad de Fidel señaló Gabriel García Márquez: “El país del cual sabe más después de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la índole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo”.[iv]
La estrategia revolucionaria de Fidel hacia los Estados Unidos, sintetiza en gran medida todo el pensamiento y la experiencia legada por José Martí, ajustada siempre, por supuesto, a las coordenadas de su tiempo histórico.
Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?
Imagen de José Martí en su visita a Jamaica. Foto: Radio Habana Cuba
Uno de los grandes desvelos de Martí con relación al ya naciente imperialismo estadounidense fue la posibilidad de que este encontrara un pretexto, un recurso, para intervenir en la Isla, y de esa manera se frustrara la independencia cubana, garantía del equilibrio en las Américas y el mundo.
De ahí que se planteara la necesidad de una guerra “breve y directa como el rayo” que impidiera a tiempo que se extendieran por las Antillas los Estados Unidos. “Y una vez en Cuba los Estados Unidos, ¿quién los saca de ella?”, le había escrito Martí a Gonzalo de Quesada desde 1889.[v]
Poco tiempo después le advertía: “Sobre nuestra tierra, Gonzalo hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos, y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla, a la guerra, -para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más soberbia no la hay en los anales de los pueblos libres: -ni maldad más fría”.[vi]
Esta fue también una de las grandes obsesiones de Fidel, evitar por todos los medios posibles un escenario que facilitara o estimulara una intervención de los Estados Unidos en Cuba, que escamoteara la victoria a los rebeldes frente a la tiranía batistiana.
En los meses finales de 1958, ese peligro se hizo mayor al producirse varios incidentes, evidentemente fabricados por el dictador Fulgencio Batista y el embajador yanqui, con la intención de generar una situación que provocara la intervención de los marines en Cuba.
El primer intento tuvo lugar en julio de 1958, cuando el estado mayor de la dictadura, de acuerdo con el embajador de los Estados Unidos, retiró sus tropas del acueducto de Yateritas que abastecía de agua la base naval estadounidense en Guantánamo y solicitó a las autoridades de los Estados Unidos presentes en la base el envío de soldados a ese punto del territorio nacional. El propósito era generar un conflicto entre las fuerzas del Movimiento 26 de julio y los marines yanquis y así justificar la intervención militar. La actitud responsable, serena, y a la vez muy firme de las fuerzas rebeldes y del propio Fidel, propiciaron una solución diplomática del problema.
Luego, para el mes de octubre de 1958, la dictadura en su desesperación maniobró para que la zona de Nicaro, donde estaban instaladas las plantas de níquel de compañías estadounidenses, se convirtiera en un campo de batalla que estimulara la intervención de los Estados Unidos. Estos incidentes –que no fueron los únicos- y su intencionalidad, serían denunciados por el Comandante en Jefe, a través de Radio Rebelde.
La estrategia martiana de tomar cuenta la correlación de fuerzas y las condiciones objetivas y subjetivas, antes de plantear abiertamente sus objetivos revolucionarios más radicales, también fue seguida por Fidel, para evitar la hostilidad prematura del gobierno de los Estados Unidos:
“En silencio ha tenido que ser, y como indirectamente, porque hay cosas que para logradas han de andar ocultas, y de proclamarse en lo que son, levantarían dificultades demasiado recias pª alcanzar sobre ellas el fin”, le escribía el Héroe Nacional a su amigo Manuel Mercado horas antes de caer en combate el 19 de mayo de 1895.
Después del triunfo revolucionario de 1959, se haría aun más notoria la maestría del líder de la Revolución Cubana, para evitar cualquier circunstancia que pudiera servir como excusa a los Estados Unidos para intervenir militarmente en la Isla.
Entrar en la lengua y hábitos del norte con mayor facilidad y rapidez que los del norte en las civilizaciones ajenas.
El Primer Ministro Fidel Castro Ruz denuncia ante la prensa internacional el secuestro del avion que regresaria a La Habana a la delegacion asistente a la XV Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), por contrarevolucionarios de origen cubano al servicio de la CIA y del gobierno estadounidense. Nueva York, Estados Unidos. Foto: Prensa Latina
Dentro de la estrategia martiana de organización de la Revolución en Cuba y para la futura República, estuvo la de influir políticamente tanto en el pueblo de los Estados Unidos, como en los propios sectores de poder en ese país. Martí hablaba de la necesidad de entrar “en la lengua y hábitos del norte con mayor facilidad y rapidez que los del norte en las civilizaciones ajenas”.[vii]
En un extraordinario libro de Rolando González Patricio, que lleva por título La diplomacia del delegado, el autor sostiene que Martí se propuso ganar la simpatía estadounidense, “…sin la cual la independencia sería muy difícil de lograr y muy difícil de mantener”.[viii] Su estrategia estaba dirigida a ganar al menos el respeto del gobierno de los Estados Unidos a las aspiraciones cubanas y a movilizar el respaldo moral del pueblo de esa nación.
Como parte de ese esfuerzo, no debe dejar de mencionarse el ingreso del Apóstol  como socio del Club Crespúsculo de Nueva York, institución integrada por personalidades de gran  influencia en los más diversos ámbitos de la sociedad estadounidense, agrupadas en esa asociación no solo por amor a la naturaleza y a la justicia, sino para encontrar respuestas a la crisis moral, ética y política en que se encontraban los Estados Unidos.
No cabe duda, que Martí vio en este Club, una vía importante para llegar al pueblo estadounidense con la verdad de Cuba y buscar aliados potenciales a la causa independentista de la Isla. Y no estaba  equivocado, pues meses después de la muerte de Martí, en sesión regular del 9 de abril de 1896, el Club Crepúsculo aprobó una resolución favorable a los revolucionarios cubanos, donde pedía al presidente Cleveland que los reconociera como beligerantes.
Esta capacidad de influir en la sociedad estadounidense para mostrar la realidad sobre Cuba y los nobles propósitos de la Revolución, destruyendo todo tipo de estereotipos, así como falacias construidas y repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación hegemónicos, fue precisamente uno de los mayores éxitos de Fidel desde que se encontraba en las montañas de la  Sierra Maestra.
El líder cubano recibió numerosos periodistas estadounidenses en la Sierra, y a través de ellos, además de asestar fuertes golpes mediáticos a la dictadura, logró trasladar importantes mensajes hacia los Estados Unidos.
Al más conocido de todos, el periodista Herbert Matthews, del New York Times, le expresó Fidel el 17 de febrero de 1958: “Puedo asegurar que no tenemos animosidad contra los Estados Unidos y el pueblo norteamericano”.  Mensajes similares trasladaría Fidel al resto de los periodistas que continuarían la senda abierta por Matthews.[ix]
Mensajes conciliadores hacia el pueblo y gobierno de los Estados Unidos trasladó Fidel cuando viajó a ese país en abril de 1959. Asimismo se encargó de desmentir todo tipo de calumnias que sobre la Revolución se venían reproduciendo en los medios de comunicación occidentales y en declaraciones de representantes de la administración Eisenhower.
Después de producirse la ruptura de las relaciones diplomáticas en enero de 1961 el líder de la Revolución no perdió oportunidad alguna en construir los puentes necesarios con la sociedad estadounidense y la clase política de ese país, que pudieran fomentar las tendencias favorables al cambio en la política de los Estados Unidos hacia Cuba y la normalización de las relaciones.
Durante años el Comandante en Jefe dedicó largas horas de su apretada agenda a recibir y atender personalidades de la política, los medios y la cultura de los Estados Unidos.
La gran mayoría de esos visitantes regresaban a su país con una visión distinta sobre Cuba y del propio líder de la Revolución, y en muchos casos se convertían en abanderados en la lucha contra el bloqueo y por la normalización de las relaciones entre ambas naciones.
Lo primero en política es aclarar y prever
Pintura realizada por Ernesto Rancaño para el VIII Congreso de la UJC, celebrado en Ciudad de La Habana del 2 al 5 de diciembre de 2004 y que fuera obsequiada por el pintor al Comandante en Jefe. Autor: Ernesto Rancaño. / Fecha: 12/2004
“En política lo real es lo que no se ve. A todo convite entre pueblos hay que buscarle las razones ocultas. Los peligros no se han de ver cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede evitar. Lo primero en política es aclarar y prever”,[x] decía Martí, y él mismo fue premonitorio cuando vio el peligro mayor que representaban los Estados Unidos para la independencia no solo de Cuba, sino de toda la región latinoamericana. Pudo vislumbrar el fenómeno imperialista cuando aún estaba en proceso de gestación y desplegar una amplia y temprana labor de alerta a través de sus más de trescientas crónicas, sus famosas Escenas Norteamericanas.
El regreso de los republicanos al poder en 1888 y la designación de James G. Blaine como secretario de Estado, llevaron a Martí a una actividad antiimperialista realmente volcánica para frustrar los planes expansionistas de Blaine, a quien ya el Apóstol venía siguiendo y sabía de sus malévolos planes.
Es conocida su gran batalla de denuncia y alerta a través de sus crónicas en el diario bonaerense, La Nación, acerca de los propósitos de la Conferencia Internacional Americana convocada por Blaine, donde el gobierno de los Estados Unidos pretendía asegurarse mercados consumidores y controlar las materias primas de la región.
También la participación de Martí en 1891, como cónsul de Uruguay, en la Conferencia Monetaria de las Repúblicas de América, donde contribuyó decisivamente a echar por tierra la aspiración estadounidense de imponer una moneda única para todo el continente.
Fidel también se destacó por su capacidad de adelantarse siempre a las movidas del contrario, de ahí se explica, en gran parte, cómo pudo enfrentar y sobrevivir a 10 administraciones estadounidenses esforzadas en su intento por destruir la Revolución Cubana.
Muchos años antes de los históricos anuncios del 17 de diciembre de 2014, Fidel vaticinó en varias de sus intervenciones públicas y en entrevistas que el gobierno de los Estados Unidos podía adoptar una política de seducción para lograr los mismos propósitos que no había alcanzado la política de fuerza, con relación a Cuba.
En un discurso pronunciado el 5 de diciembre de 1988, en la Plaza de la Revolución, Fidel proclamó:
“Aun cuando un día formalmente mejoraran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio, no por ello cejaría ese imperio en su idea de aplastar a la Revolución Cubana, y no lo oculta, lo explican sus teóricos, lo explican los defensores de la filosofía del imperio. Hay algunos que afirman que es mejor realizar determinados cambios en la política hacia Cuba para penetrarla, para debilitarla, para destruirla, si es posible, incluso, pacíficamente; y otros que piensan que mientras más beligerancia le den a Cuba, más activa y efectiva será Cuba en sus luchas en el escenario de América Latina y del mundo. De modo que algo debe ser esencia del pensamiento revolucionario cubano, algo debe estar totalmente claro en la conciencia de nuestro pueblo, que ha tenido el privilegio de ser el primero en estos caminos, y es la conciencia de que nunca podremos, mientras exista el imperio, bajar la guardia, descuidar la defensa”[xi]
Al ser entrevistado por Tomás Borge en 1992, volvería sobre el tema:
“Tal vez nosotros estamos más preparados incluso, porque hemos aprendido a hacerlo durante más de 30 años, para enfrentar una política de agresión, que para enfrentar una política de paz; pero no le tememos a una política de paz. Por una cuestión de principio no nos opondríamos a una política de paz, o a una política de coexistencia pacífica entre Estados Unidos y nosotros; y no tendríamos ese temor, o no sería correcto, o no tendríamos derecho a rechazar una política de paz porque pudiera resultar más eficaz como instrumento para la influencia de Estados Unidos y para tratar de neutralizar la Revolución, para tratar de debilitarla y para tratar de erradicar las ideas revolucionaras en Cuba”.[xii]
Ocho años más tarde, durante el período de la administración Clinton, expresaría Fidel:
“Sueñan los teóricos y agoreros de la política imperial que la Revolución, que no pudo ser destruida con tan pérfidos y criminales procedimientos, podría serlo mediante métodos seductores como el que han dado en bautizar como “política de contactos pueblo a pueblo”. Pues bien: estamos dispuestos a aceptar el reto, pero jueguen limpio, cesen en sus condicionamientos, eliminen la Ley asesina de Ajuste Cubano, la Ley Torricelli, la Ley Helms-Burton, las decenas de enmiendas legales aunque inmorales, injertadas oportunistamente en su legislación; pongan fin por completo al bloqueo genocida y la guerra económica; respeten el derecho constitucional de sus estudiantes, trabajadores, intelectuales, hombres de negocio y ciudadanos en general a visitar nuestro país, hacer negocios, comerciar e invertir, si lo desean, sin limitaciones ni miedos ridículos, del mismo modo que nosotros permitimos a nuestros ciudadanos viajar libremente e incluso residir en Estados Unidos, y veremos si por esas vías pueden destruir la Revolución cubana, que es en definitiva el objetivo que se proponen”. [xiii]
Es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos
El antiimperialismo de Martí y Fidel no estuvo nunca divorciado de la disposición  a establecer relaciones cordiales y respetuosas entre ambos países.
Acerca de las posiciones del Apóstol, González Patricio apunta: “Martí, conocedor del poder creciente de Estados Unidos, de su tradicional interés en poseer Cuba y de su política dirigida a impedir la independencia de la Isla, buscó evitar todo estímulo a la malevolencia norteamericana y encontró prudente aspirar a relaciones cordiales”.[xiv]
A su vez, Martí creía viable un escenario de paz con los Estados Unidos: “Es posible la paz de Cuba independiente con los Estados Unidos, y la existencia de Cuba independiente, sin la pérdida, o una transformación que es como la pérdida, de nuestra nacionalidad”.[xv] Martí recomendó para toda la América Latina lo que también deseaba para la Isla: “de un lado está nuestra América (…); de la otra parte está la América que no es nuestra, cuya enemistad no es cuerdo ni viable fomentar, y de la que con el decoro firme y la sagaz independencia no es imposible, y es útil, ser amigo”. [xvi]
Desde abril de 1959, cuando Fidel viajó a los Estados Unidos, quedó definida su postura favorable al diálogo y a las relaciones civilizadas.  Pero además, en muchas ocasiones la iniciativa de buscar un modus vivendi con los Estados Unidos partió de su parte.
Empleando la diplomacia secreta, Fidel fue el gestor de numerosos intentos de acercamiento bilateral. A través del abogado James Donovan, quien negoció con Fidel la liberación de los mercenarios presos a raíz de la invasión de 1961; la periodista Lisa Howard y otros canales, el líder de la Revolución hizo llegar al gobierno de Kennedy una y otra vez su disposición de conversar en busca de un entendimiento.
En agosto de 1961 Ernesto Che Guevara trasladó una rama de olivo al gobierno estadounidense en un encuentro que sostuvo en Montevideo con el asesor especial de Kennedy para asuntos latinoamericanos, Richard Goodwin. Es imposible pensar que el Che actuara por su cuenta y no de común acuerdo con el líder cubano. Fidel además envió un mensaje verbal al ya presidente Lyndon Johnson a través de la periodista Lisa Howard en 1964, que entre otras cosas decía:
“Dígale al Presidente (y no puedo subrayar esto con demasiada fuerza) que espero seriamente que Cuba y Estados Unidos puedan sentarse en su momento en una atmósfera de buena voluntad y de mutuo respeto a negociar nuestras diferencias.
Creo que no existen áreas polémicas entre nosotros que no puedan discutirse y solucionarse en un ambiente de comprensión mutua. Pero primero, por supuesto, es necesario analizar nuestras diferencias. Ahora, considero que esta hostilidad entre Cuba y los Estados Unidos es tanto innatural como innecesaria y puede ser eliminada”. [xvii]
En una reveladora carta escrita el 22 de septiembre de 1994 al presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari, quien había servido de mediador entre Fidel y el presidente estadounidense, William Clinton, el Comandante en Jefe expresó nuevamente su posición favorable a la normalización de las relaciones:
“La normalización de las relaciones entre ambos países es la única alternativa; un bloqueo naval no resolvería nada, una bomba atómica, para hablar en lenguaje figurado, tampoco. Hacer estallar a este país, como se ha pretendido y todavía se pretende, no beneficiaría en nada los intereses de Estados Unidos. Lo haría ingobernable por cien años y la lucha no terminaría nunca. Sólo la Revolución puede hacer viable la marcha y el futuro de este país”. [xviii]
Se podrían mencionar otros ejemplos. Pero estos son más que suficientes para demostrar que la postura de Fidel fue siempre la de estar en la mejor disposición al diálogo y la negociación con el vecino del norte.
Sin embargo, siempre insistió, con sobrada razón y teniendo como respaldo el derecho internacional y un conocimiento profundo de la Historia de Cuba, que este diálogo o negociación fuese en condiciones de igualdad y de respeto mutuo, sin la menor sombra a la soberanía de Cuba.
Esta es hoy la misma postura –aunque con estilo propio– que ha sostenido el General de Ejército Raúl Castro; así lo ha reafirmado en innumerables discursos e intervenciones públicas.
Seis semanas después de los anuncios del 17 de diciembre del 2014, Fidel ratificó su posición en cuanto a una normalización de las relaciones con los Estados Unidos.
“No confío en la política de los Estados Unidos”, dijo, teniendo suficientes elementos de juicio para hacer ese planteamiento. Pero también expresó que, como principio general, respaldaba “cualquier solución pacífica y negociada a los problemas entre Estados Unidos y los pueblos o cualquier pueblo de América Latina, que no implique la fuerza o el empleo de la fuerza”[xix]
Es de deber continuo y de necesidad urgente erguirse cada vez que haya justicia u ocasión
Cuando faltaba muy poco para la nueva arrancada independentista, en enero de 1894, Martí definió la postura “cauta y viril” como línea rectora de la política cubana frente a los Estados Unidos. Ante la asimetría de poder había que imponer el respeto del adversario por la capacidad de crear, erguirse, resistir y de vencer.
“Ni pueblos ni hombres –decía Martí- respetan a quien no se hace respetar. Cuando se vive en un pueblo que por tradición nos desdeña y codicia, que en sus periódicos y libros nos befa y achica, que, en la más justa de sus historias y en el más puro de sus hombres, nos tiene como a gente jojota y femenil, que de un bufido se va a venir a tierra; cuando se vive, y se ha de seguir viviendo, frente a frente a un país que, por sus lecturas tradicionales y erróneas, por el robo fácil de una buena parte de México, por su preocupación contra las razas mestizas, y por el carácter cesáreo y rapaz que en la conquista y el lujo ha ido criando, es de deber continuo y de necesidad urgente erguirse cada vez que haya justicia u ocasión, a fin de irle mudando el pensamiento, y mover a respeto y cariño a los que no podremos contener ni desviar, si, aprovechando a tiempo lo poco que les queda en el alma de república, no nos les mostramos como somos”.[xx]
Esta posición viril que recomendaba Martí, fue la que caracterizó a Fidel ante cada amenaza e intento por cercenar la soberanía de Cuba por las distintas administraciones estadounidense.
Un momento descollante fue durante la Crisis de Octubre, donde solo con su posición valiente e intransigente –apoyada mayoritariamente por el pueblo cubano- al negarse a cualquier tipo de inspección del territorio cubano, al plantear los Cinco Puntos e impedir en todo momento que se le presionara, se pudo salvar el prestigio moral y político de la Revolución en aquella coyuntura. Esto fue así, a pesar de que la URSS tomó decisiones inconsultas con la parte cubana que trajeron como consecuencia que la Isla fuese la más desfavorecida con la solución que se le dio a la crisis.
También fue memorable su discurso en respuesta a las amenazas del presidente estadounidense W. Bush, el 14 de mayo de 2004 cuando expresó:
“Puesto que usted ha decidido que nuestra suerte está echada, tengo el placer de despedirme como los gladiadores romanos que iban a combatir en el circo: Salve, César, los que van a morir te saludan.
Sólo lamento que no podría siquiera verle la cara, porque en ese caso usted estaría a miles de kilómetros de distancia, y yo estaré en la primera línea para morir combatiendo en defensa de mi patria”.[xxi]

Paz, amistad y cordialidad entre un “pueblo menor” y un “pueblo mayor” como lo definía Martí, no podía jamás implicar dependencia y servidumbre.  Como tampoco jamás Fidel entendió la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, desde la dominación.
En cada uno de los reducidos momentos en que se estableció alguna posibilidad de diálogo o negociación, Fidel fue enfático en cuanto que la soberanía de Cuba, tanto en el plano doméstico como internacional, no era negociable, y que la Isla jamás renunciaría a uno solo de sus principios.
De la unión depende nuestra vida
Asumiendo y enriqueciendo las ideas de Simón Bolívar, Martí y Fidel concedieron como parte de su estrategia revolucionaria un lugar privilegiado a la necesaria unidad de América Latina y el Caribe.
Ramón de Armas destaca como desde 1877, durante su estancia en Guatemala, Martí hizo su llamado de unidad o muerte, en expresión de un latinoamericanismo defensivo que evolucionaría “hacia un claro y precursor latinoamericanismo antiimperialista activo” que cerrara el paso al avance impetuoso del vecino del Norte, a través de la acción unida en torno a objetivos y propósitos comunes. “Puesto que la desunión fue nuestra muerte –decía el Apóstol en aquel entonces-, ¿qué vulgar entendimiento, ni corazón mezquino, ha menester que se le diga que de la unión depende nuestra vida?”.[xxii]
En su concepción revolucionaria, Fidel siempre vio el proceso cubano, como parte de una Revolución mayor, la que debía acontecer en toda América Latina y el Caribe. De ahí su constante solidaridad y apoyo a los movimientos de liberación en la región y denuncia de cada acto de injerencia yanqui.
Esa posición partió en primera instancia de un sentimiento de identidad y de ineludible deber histórico, pero también como una necesidad estratégica para la preservación y consolidación de la Revolución Cubana.
Sobre todo, teniendo en cuenta que desde el siglo XIX en adelante, el principal enemigo común de la verdadera emancipación de los pueblos al sur del río Bravo eran –y continuaban siéndolo- los Estados Unidos, los que en no pocas ocasiones utilizaron con éxito para sus propósitos la máxima de “divide y vencerás”, estrategia que han utilizado hasta nuestros días. A esa compresión había llegado Fidel desde antes de 1959, y la puso de manifiesto en acciones concretas en las que, incluso, puso en riesgo su propia vida durante sus luchas como estudiante universitario.
Fidel integró el comité Pro Independencia de Puerto Rico, el comité Pro democracia dominicana, participó en 1947 en la frustrada expedición de Cayo Confites contra el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y en los sucesos conocidos como el Bogotazo, donde compartió su destino con el pueblo colombiano que enfrentaba a las fuerzas reaccionarias que habían asesinado al líder popular Jorge Eliécer Gaitán.
Además, ya desde aquella época se había pronunciado a favor del derecho de los panameños a la soberanía sobre el canal interoceánico y el de los argentinos sobre las Islas Malvinas.
No obstante, luego del triunfo de enero de 1959, la vocación integracionista de Fidel se hizo más explícita en numerosos pronunciamientos públicos. Sus ideas y amplia acumulación de experiencias durante años, así como los continuos cambios en el contexto internacional, lo hicieron ir perfilando su pensamiento. De ahí que, en el Cuarto Encuentro del Foro Sâo Paulo, efectuado en La Habana en 1994, entre otras muchas ideas vinculadas a ese trascendental tema, declarara:
“Qué menos podemos hacer nosotros y qué menos puede hacer la izquierda de América Latina que crear una conciencia en favor de la unidad? Eso debiera estar inscrito en las banderas de la izquierda. Con socialismo y sin socialismo. Aquellos que piensen que el socialismo es una posibilidad y quieren luchar por el socialismo, pero aun aquellos que no conciban el socialismo, aun como países capitalistas, ningún porvenir tendríamos sin la unidad y sin la integración”.[xxiii]
Los esfuerzos colosales realizados por  Fidel en pos de la unidad y la integración de la región, comenzaron a rendir sus frutos, con la llegada de Hugo Chávez a la presidencia de Venezuela en 1998, momento que inició un verdadero cambio de época en América Latina.
En el 2004 Chávez y Fidel crearían la hoy conocida como Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América -Tratado de Comercio de los Pueblos  (ALBA-TCP) y al año siguiente, en Mar del Plata, el imperialismo estadounidense sufría ya una gran derrota,  al ser enterrado el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA), iniciativa que venía impulsando el gobierno de los Estados Unidos. En el 2011, nacería en Caracas, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y con ello el sueño más preciado de Fidel y, por tradición, de Martí, Bolívar y otros próceres de nuestra América se hacía realidad.
Sin duda, una de las primeras victorias políticas de esa unión, sería el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y los Estados Unidos anunciados el 17 de diciembre de 2014, por los presidentes de ambos países. Cuba sola, sin el fuerte apoyo regional que recibió, no habría llegado a ese resultado.
A modo de conclusión
Es cierto que el equilibro internacional al que aspiraba Martí en las Antillas se frustró a partir de 1898 con la intervención de los Estados Unidos en Cuba, quienes a partir de ese momento comenzaron a construir su hegemonía en el mundo.
Pero por paradojas de la historia, la Revolución Cubana triunfante en 1959, de profunda raíz martiana, liderada por Fidel y el movimiento 26 de julio, abrió nuevamente una puerta para avanzar hacia la segunda y definitiva independencia de América Latina y el Caribe y, con ello, hacia el equilibrio del mundo al que aspiraba el Apóstol. Es decir, por donde mismo comenzó a construir su imperio los Estados Unidos, se iniciaría en 1959 la posibilidad y la esperanza de su desplome.
La administración de Barack Obama y su llamado “nuevo enfoque” hacia la Mayor de las Antillas, trajeron con las nuevas oportunidades, grandes desafíos para la resistencia cubana frente a los intereses de dominación, que sobre nuestra Isla perviven en Washington. Luego el nuevo inquilino en la Casa Blanca, Donald Trump, devolvió a los cubanos la imagen más nítida y real del enemigo imperial. Pero es evidente que su política hacia Cuba desde el punto de vista estratégico se hace cada vez más insostenible.
A 150 años de lucha del pueblo cubano por su independencia, en pleno siglo XXI, los cubanos tenemos el privilegio de contar con el pensamiento táctico y estratégico que, en épocas diferentes, llevaron a la práctica Martí y Fidel frente a los Estados Unidos.
Ante los nuevos convites de guantes de seda e intenciones ocultas que, sin lugar a dudas, vendrán desde el Norte en el futuro para doblegar a la nación cubana, este manantial de ideas y de acciones antiimperialistas, serán aun más imprescindibles. Como en 1891, en ese extraordinario ensayo y programa revolucionario que es Nuestra América, nos decía Martí: “Estos tiempos no son para acostarse con el pañuelo a la cabeza, sino con las armas de almohada, como los varones de Juan Castellanos: las armas del juicio, que vencen a las otras. Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra”.[xxiv]

Notas

[i] Fidel y la religión, Editorial SIMAR S.A, La Habana, 1994, p.142.
[ii] Periodista mediocre y dotado de astucias perversas, fue el turbio aventurero que promovió incidentes que las fuerzas rectoras, imperialistas, de los Estados Unidos aprovecharon con el fin de desatar el conflicto que les sirvió para robarle a México más de la mitad de su territorio. Tomado de Luis Toledo Sande, “Lincoln y Cutting en una cita de José Martí”, en: Cubadebate, 15 de marzo de 2016, http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/03/15/lincoln-y-cutting-en-una-cita-de-jose-marti/#.Wmt8WzS22sw
[iii] José Martí, Cuaderno de Apuntes, no.1, Obras Completas. Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, t.21, pp.15-16.
[iv] Luis Báez, Así es Fidel, Casa Editora Abril, La Habana, 2009, p.177.
[v] José Martí, “A Gonzalo de Quesada”, octubre 29 de 1889, en: Epistolario, compilación, ordenación cronológica y notas de Luis García Pascual y Enrique H.Moreno Pla, prólogo de Juan Marinello, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1993, t.II, p.145.
[vi] José Martí, “A Gonzalo de Quesada”, 14 de diciembre de 1889, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t.6, p. 128.
[vii] Cita de Gonzalo de Quesada y Aróstegui en el Volumen 6, “Hombres”, de la Colección Obras de Martí, p. 6. Tomado de: Emilio Roig de Leuchsenring. Martí, antiimperialista. Ministerio de Relaciones Exteriores, Segunda Edición Notablemente Aumentada, La Habana, 1961, p.39.
[viii] Rolando González Patricio, La diplomacia del Delegado. Estrategias y tácticas de José Martí 1892-1895, Editora Política, La Habana, 1988, p.64.
[ix] Entre el 23 y 28 de abril del propio año, el periodista de la cadena televisiva estadounidense CBS (Columbia Broadcasting Systems), Robert Taber (Bob), en unión del camarógrafo Wendell Hoffman, realiza un reportaje que apareció el 18 de mayo de ese mismo año por la CBS. Se trató de un documental de media hora de duración titulado Rebeldes en la Sierra Maestra, cuya secuencia final fue realizada en el Pico Turquino el 28 de abril, con Fidel y Raúl al frente de los guerrilleros cantando el Himno Nacional. Al mes siguiente, el 17 de mayo, Fidel fue entrevistado por el periodista estadounidense Andrew Saint George. La entrevista apareció en la revista Look, bajo el título “Dentro de la revolución cubana”. En enero de 1958 Fidel concedió también una entrevista al periodista Hoomer Biggart. La entrevista se publicó el 27 de febrero en el New York Times.  En ese propio mes apareció en la revista estadounidense Coronet el artículo “¿Por qué luchamos?”, bajo la firma de Fidel.
[x] José Martí, “La conferencia monetaria de las Repúblicas de América”, en: Obras Completas. Tomo 6. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 197, pp. 155-167
[xi] Discurso en el acto por el XXXII aniversario del desembarco del Granma, fundación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y proclamación de la Ciudad de La Habana “Lista para la defensa en la primera etapa”, 5 de diciembre de 1988 en la Plaza de la Revolución “José Martí”
[xii] Tomás Borge, Un grano de maíz. Entrevista concedida por Fidel Castro a Tomás Borge, Fundación Editorial el perro y la rana, Caracas, 2011, pp.144-145.
[xiii] Discurso del Presidente del Consejo de Estado de la República de Cuba, Fidel Castro Ruz, en la Tribuna Abierta celebrada en la Plaza de la Revolución «Comandante Ernesto Che Guevara», en conmemoración del Aniversario 47 del Asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Villa Clara, 29 de julio del 2000. En: http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2000/esp/f290700e.html. (Internet)
[xiv] Rolando González Patricio, Ob.Cit, p.170.
[xv] Citado por Rolando González Patricio en: “Frente a frente. Las relaciones Cuba-Estados Unidos en el proyecto republicano de José Martí”, en: Anuario del Centro de Estudios Martianos #25, 2002, p.29
[xvi]Ibídem, p.30.
[xvii] Del primer ministro Fidel Castro al presidente Lyndon B.Johnson, mensaje verbal entregado a la señorita Lisa Howard de la ABC News, el 12 de febrero de 1964, en La Habana, Cuba»,www.gwu.edu/-nsarchiv/ (Traducción del ESTI)
[xviii] Véase Carlos Salina de Gortari, Muros, puentes y litorales. Relación entre México, Cuba y Estados Unidos, Penguin Random House. Grupo Editorial, Ciudad de México, 2017, pp.125-126.
[xix] Fidel Castro, Para mis compañeros de la Federación Estudiantil Universitaria, mensaje publicado en el periódico Granma el 26 de enero de 2015.
[xx] José Martí, La protesta de Thomasville, en: Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1991, t.2, p.347.
[xxi] Fidel Castro, Proclama de un adversario al gobierno de Estados Unidos, 14 de mayo de 2004, en: sitio web Fidel Soldado de las Ideas,http://www.fidelcastro.cu/es/discursos/proclama-de-un-adversario-al-gobierno-de-estados-unidos.
[xxii]  Citado por Ramón de Armas, “Unidad o Muerte: en las raíces del antiimperialismo y el latinoamericanismo martianos”, en: La Historia de Cuba pensada por Ramón de Armas. Selección y compilación de Pedro Pablo Rodríguez,  Instituto de Investigación Cultural Juan Marinello y Ruth Casa Editorial, La Habana, 2012, p.82
[xxiii] Fidel Castro. Discurso pronunciado en la clausura del IV encuentro del Foro de Sao Paulo, efectuada en el Palacio de Convenciones, el 24 de julio de 1993.
[xxiv] José Martí, “Nuestra América”,  El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891, en: José Martí, Obras Completas, t.6, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1975, pp. 15-23.