viernes, 25 de marzo de 2016

“Obama : “Esto no es fácil”

Lo único que podría hacer la Casa Blanca, si es que le interesa, es liberar la grabación o negar su existencia


Por JORGE DÁVILA MIGUEL


Qué le dijeron los opositores al presidente Barack Obama cuando se reunieron este martes en La Habana? ¿Cuál fue el clima del encuentro? ¿Hubo rifirrafe? Dicha reunión era uno de los puntos más exigidos tanto por enemigos como amigos de la visita presidencial de Obama a Cuba y fue uno de los hechos más aplaudidos después que terminó. Pero… ¿qué pasó verdaderamente allí? ¿Qué dijeron, cuánto y cómo le expresaron algunas cosas los opositores al presidente norteamericano? Y ¿qué les contestó? La prensa, hasta el momento de redactar esta nota, no ha dado más detalles, entre otras cosas porque la grabación del encuentro en la embajada norteamericana no ha sido divulgada y los asistentes al evento fueron muy parcos al hablar del evento. Pero a juzgar por la discreción de la Casa Blanca ––quien debe de tener en su posesión la cinta de la reunión–– y la parquedad de los opositores entrevistados a la salida de la reunión, pudieron haber sucedido varias cosas dentro no muy apropiadas para su publicación.

El encuentro presidencial con los opositores duró unas dos horas, pero lo único que se ha dado a conocer son las diplomáticas palabras que durante unos tres minutos Obama les dirigió a los que estaban allí. Y como muestra, aquí van algunas frases: “Todos los individuos alrededor de esta mesa han mostrado un coraje extraordinario”; “Muchas veces requiere un gran coraje ser activo en la vida civil aquí en Cuba”. Pero de lo que le dijeron los opositores a Obama, o se dijeron entre ellos, absolutamente nada.


Muchísima más divulgación le dio la Casa Blanca al comediante Pánfilo que a los trece miembros de la sociedad civil y opositores que se reunieron con Obama. La semana pasada el primer sketch de Pánfilo ––hablando por teléfono con el presidente–– fue ampliamente divulgado por la embajada de Estados Unidos en La Habana y esta semana le ha tocado al presidente Obama, aprendiendo a jugar dominó en la casa del personaje. El primer sketch fue televisado en los canales cubanos y el del dominó, según fuentes bien informadas, lo será mañana. Que el gobierno cubano no publique la reunión opositora con Obama se entiende, porque no lo tendrá o no le interesará hacerlo; pero que el gobierno norteamericano no facilite los detalles del histórico encuentro, el primero entre un presidente norteamericano y la oposición política cubana… es verdaderamente inexplicable.


Y como consecuencia ––no se sabe si por cautela de la Casa Blanca con la grabación u otra mayor razón–– han comenzado a propalarse los rumores. Esto es lo que se dice: que si Rodiles empezó a hablarle en inglés a Obama y estuvo a punto de faltarle el respeto; que si Berta Soler le cantó las cuarenta al presidente americano; que a los veinte minutos del encuentro el primer opositor interrumpió al otro que hablaba y ahí empezó todo; que si Elizardo Sánchez-Santa Cruz contemplaba silente y compungido desde su esquina todo el panorama; que si en un momento dado los opositores empezaron a discutir tanto entre ellos que Obama quiso ser moderador, pero como nadie le hacía caso, le dijo desconcertado a Susan Rice que estaba muy cerquita: “¡Esto no es fácil!”.


Cuando el río suena, es porque algo arrastra y para saber que no arrastra nada, lo único que podría hacer la Casa Blanca, si es que le interesa, es liberar la grabación o negar su existencia. En definitiva el presidente Obama le dijo a Raúl Castro que no temiera escuchar las voces cubanas, así que por la parte americana no debería haber ningún problema en que nosotros también las escucháramos. Son las importantes voces de la sociedad civil cubana. ¿Disimulará algo el gobierno norteamericano? Tenemos derecho a saber, ¿o no?


A mí lo que más me intriga es si Obama pudo calmar la supuesta refriega entre cubanos y verle la cara si de verdad en medio del jelengue se le ocurrió decirle a Susan Rice: “Esto no es fácil”.


Comentarista político y columnista de CNN en Español.


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jueves, 24 de marzo de 2016

El Platismo continúa en la relación de EE.UU. con Cuba




Por Samuel Farber



Calvin Coolidge (izq.) visitando Cuba en 1928, con el presidente Machado (der.).




HAVANA TIMES — La visita de Barack Obama a Cuba fue la primera que un presidente de Estados Unidos hiciera a la isla desde que Calvin Coolidge la visitó en 1928. Con su llegada, Obama continuó el proceso de reapertura de relaciones diplomáticas con Cuba que comenzó el 17 de diciembre del 2014, así como otras medidas iniciadas con el fin de normalizar la relación entre ambos países. Esto ha sido un cambio verdaderamente bienvenido, dada la historia de agresión y hostilidad que por décadas los EE.UU. auspiciaron contra el gobierno cubano, incluyendo, entre otros, el bloqueo económico, aún en vigor, invasiones y ataques terroristas.

Durante su visita el presidente estadounidense se reunió con varios disidentes. Aunque no se sabe todo lo que se habló en esa reunión, sí se conoce que después de esta, varios de los participantes repitieron públicamente sus reservas y su oposición a la normalización de las relaciones con el gobierno cubano que estos opositores rechazan.

Esa postura política desciende de una tradición política denominada Platismo. El término fue acuñado en 1901, cuando el senador estadounidense Orville Platt, respaldado por el Senado, forzó a la primera asamblea constituyente de Cuba a adoptar una enmienda constitucional que le confería a los EE.UU. el derecho a intervenir en los asuntos internos de la Isla.

Avalados por esta enmienda, y con el apoyo explícito de muchos políticos cubanos platistas, los EE.UU. intervinieron repetidamente en la política interna de Cuba reforzando su autoridad con la amenaza de una ocupación militar, que implementaron en varias ocasiones.



Orville Platt




La enmienda Platt fue abrogada en 1934, después de la revolución que derrocó al dictador Gerardo Machado. Pero no afectó el poder y la influencia del gobierno estadounidense en la isla, y siguió contando con el apoyo de los platistas.

En general, el platismo de esa época estaba arraigado en un fatalismo político y económico que daba por sentado que nada podía suceder en Cuba sin el consentimiento de los EE.UU., no porque eso fuera deseable, sino porque era el destino inescapable de un país pequeño cercano al gigante imperial.

El Platismo penetró todas las clases sociales de la Cuba pre-revolucionaria, ya fuera en su versión más suave que predominó entre las clases populares o en su versión más dura entre las clases media y alta. Entre las elites se expresó culturalmente en una gran admiración por el “American way of life,” el consumo de artículos estadounidenses y viajes a los EE.UU.

También promovió un interés obsesivo en las elecciones presidenciales de la poderosa nación del norte, por las consecuencias que los resultados implicaban para la Isla, lo que reafirmó la idea que el futuro de ese país dependía más de las decisiones que se tomaban en Washington que las que se tomaban en La Habana.

En general, los cubanos, aún los de clase alta, favorecían a los demócratas a los que les atribuían una perspectiva más benéfica hacia Cuba que los republicanos (aún después de que el presidente demócrata Harry Truman reconociera oficialmente a Batista después del golpe militar que encabezó en marzo de 1952).



Fulgencio Batista




Muchos políticos cubanos de los 40 y 50, tanto batistianos como anti-batistianos, respaldaron, en secreto, la intervención norteamericana en los asuntos de Cuba, e incluso abogaron en secreto con Washington con ese fin.

Documentos del Departamento de Estado revelaron que Carlos Márquez Sterling–un político prominente que presidió sobre la Convención Constitucional de 1940, y que se postuló como candidato de la oposición leal en las elecciones presidenciales contra Batista—le recomendó a la embajada estadounidense en La Habana que los EE.UU. renovara la venta de armas a Batista aún después de haber sido derrotado por el dictador en lo que Sterling mismo reconoció habían sido elecciones fraudulentas.

El platismo después de la Revolución de 1959


Aun antes de que el Gobierno revolucionario de Castro se declarara comunista y se aliara con la Unión Soviética, emergió una oposición de derecha cada vez más platista cuyos esfuerzos culminaron, en abril de1961, con la invasión de Bahía de Cochinos auspiciada por los EE.UU.



Fidel Castro con Richard Nixon




Muchos cubanos, especialmente los que emigraron después de la revolución, apoyaron, basándose en el Platismo, la larga campaña de los EE.UU. para desestabilizar y destruir el gobierno de Castro.

Y aún cuando con el fin de la Guerra Fría, Cuba pasó a un segundo plano en cuanto a su importancia estratégica para Washington, la influencia de los platistas cubano-americanos en la política doméstica de los EE.UU. jugó un papel fundamental para que se aprobaran leyes tales como la Torricelli de 1992, y especialmente la Helms-Burton de 1996, ambas de las cuales reforzaron significativamente e hicieron más difícil abolir el bloqueo económico contra Cuba.

Para la derecha cubano-americana, la reanudación de relaciones diplomáticas entre los dos países en diciembre del 2014 ha sido un gran golpe. Además, se está enfrentando a una situación cada vez menos favorable en la Florida con la reciente ola de inmigración de cubanos que no vienen de la misma clase ni comparten la política de los que llegaron en los años 60 ni la de sus descendientes, y cuya prioridad es ayudar a la familia que dejaron atrás en su país de origen, y no la política del exilio.

Los EU.UU. y el Platismo en Cuba


En la Cuba de hoy, los que se auto-titulan disidentes son o individuos o grupos pequeños no violentos situados a lo largo de un espectro político que va de la derecha dura, a la democracia cristiana  moderada y la social democracia a su izquierda.



Ilena Ros




También ha surgido una corriente de izquierda crítica, aunque sus partidarios no se auto-titulan disidentes, en gran parte para evitar ser asociados con la disidencia de Miami. Los opositores de derecha se oponen a la reanudación de relaciones y quieren que continúe el bloqueo económico. Los de  izquierda tienden a apoyar esta normalización, aunque frecuentemente demandan que el gobierno cubano haga una serie de concesiones políticas y económicas a cambio de esa normalización.

Para la mayoría de estos disidentes, su oposición al bloqueo económico no se fundamenta en un principio -como el antiimperialismo o la autodeterminación nacional- sino en un cálculo de daños y beneficios conforme al cual el embargo ha resultado ser contraproducente o una estrategia fallida.

Es por eso que estos liberales y socialdemócratas acaban por caer en el Platismo, aunque generalmente de un tipo más suave que el de su contraparte de derecha. Ven a los EE.UU. como una fuente de apoyo que ellos pueden usar o descartar como y cuando les convenga y conforme a sus propios fines.

Desde la revolución, los EE.UU. han tratado de encausar el Platismo cubano de diferentes maneras y dentro de diversas organizaciones. Le proveyeron armas y fondos a las organizaciones terroristas anti-castristas, las cuales aceptaron la ayuda en términos, por lo menos, implícitamente platistas.

Sus iniciativas abiertas y públicas de oposición al gobierno cubano también han asumido un molde platista. Una de las más recientes fue la serie de audiencias que condujo el senador cubano-americano de la Florida Marco Rubio, en Febrero del 2015, en su capacidad como presidente del Subcomité de Relaciones Exteriores del Senado sobre Asuntos del Hemisferio Occidental, para examinar y oponerse al acuerdo entre los presidentes Obama y Raúl Castro.



Marco Rubio




El Comité de Rubio invitó a atestiguar a una serie de disidentes cubanos de diferentes posiciones políticas: desde derechistas duros como Berta Soler, líder de una facción de las Damas de Blanco (un grupo fundado por los parientes de prisioneros políticos), y Rosa Maria Payá del Movimiento de Liberación Cubano Cristiano; hasta moderados como Miriam Leiva, y social demócratas como Manuel Cuesta Morúa, ambos de los cuales apoyan la reanudación de relaciones diplomáticas.

Disfrazando esta iniciativa como el derecho del Congreso a supervisar la política exterior de los EE.UU., comités como el de Rubio se han abrogado el papel de juez y jurado con respecto a la política interna de Cuba.

La colaboración de disidentes como estos con los intentos de las instituciones gubernamentales de los EE.UU. para conferirle al Platismo un carácter oficial, han ayudado a legitimar la intervención de EE.UU. en los asuntos internos de Cuba. Sus comparecencias ante los organismos oficiales estadounidenses también han desacreditado a toda la disidencia cubana ante los cubanos anti-imperialistas nacionalistas cada vez más críticos de su gobierno.

El gobierno estadounidense también ha tratado de establecer vínculos con varios elementos de la oposición en Cuba. Ese es el caso del conocido disidente socialdemócrata Elizardo Sánchez, como también lo es Vladimiro Roca (hijo de Blas Roca, uno de los líderes del Partido Comunista de Cuba antes de la revolución), un social demócrata que se ha ido hacia la derecha.

Conforme a un cable del 2006, de la Sección de Intereses de los EE.UU. (USINT), distribuido por Wikileaks, Sánchez y Roca se encontraron con Michael Parmly, el jefe de la USINT, para pedirle que rescindiera su decisión de prohibir el acceso a dos centros de Internet de la USINT a 10 cubanos, quienes según Sánchez y Roca habían sido injustamente incluidos en la lista negra de la Sección, quizás por instigación de disidentes rivales.

El cable no especifica la relación de trabajo de Sánchez y Roca con la misión diplomática estadounidense, pero sí muestra la voluntad de esos disidentes socialdemócratas a colaborar con el gobierno del norte.

El financiamiento secreto de los EE.UU a un número desconocido de cubanos en la oposición es no solo una iniciativa más, sino la más grave. En un momento dado, el mismo Elizardo Sánchez señaló que para la disidencia, la ayuda financiera directa del gobierno podía ser muy dañina, aunque más tarde cambió de opinión.

Los disidentes que han aceptado esa ayuda sostienen que, en un país como Cuba, es muy difícil mantenerse en la oposición, y señalan que además de contar con un extenso sistema de vigilancia y de recurrir al encarcelamiento, el Estado controla el acceso a la educación superior y, hasta recientemente, casi todas las fuentes de empleo en la isla. Aún controla el 75 por ciento de la empleomanía, aunque esta proporción es mucho más alta en la esfera profesional y académica, de la que un gran número de los disidentes dependen para su empleo.

La respuesta del gobierno cubano al Platismo


No es de sorprender que el gobierno de Cuba haya usado la ayuda, real e imaginaria, del estadounidense a la disidencia como un ariete para golpear a la oposición.



Bruno Rodríguez




Pero fiel a su costumbre, el gobierno de Cuba sigue respondiendo al desafío de una disidencia pacífica, no violenta, con la represión administrativa y/o policíaca. En 1999, el gobierno aprobó la Ley de Protección de la Independencia Nacional y la Economía de Cuba que, entre otras cosas, criminalizó el recibir fondos de países hostiles, aunque estos estén dedicados a actividades políticas pacíficas, como reuniones y manifestaciones, y escribir artículos para órganos hostiles de la prensa como El Nuevo Herald de Miami.

En el 2003, 75 disidentes fueron sentenciados a un largo término de prisión por haber quebrantado esa ley. Su encarcelamiento provocó un gran furor en el extranjero y la crítica de varios personajes que por mucho tiempo habían sido partidarios del gobierno cubano, como el escritor uruguayo Eduardo Galeano, y el novelista portugués ganador del Premio Nobel, José Saramago.

El gobierno dejó salir a unos cuantos de esos disidentes varios años después por razón de salud; pero los 50 restantes permanecieron en la cárcel hasta el 2010, cuando a razón de las negociaciones entre el gobierno de Raúl Castro y la jerarquía de la Iglesia Católica fueron puestos en libertad, después de que la mayoría  aceptara “voluntariamente” salir deportada de la isla (mayormente rumbo a España).

Aún en el caso que todos los 75 hubieran recibido ayuda material de los EE.UU., el gobierno no debería haber manejado las actividades pacíficas de ese grupo como un asunto criminal, sino como un asunto político sujeto a un debate público.

Si todos los cubanos en la Isla, incluyendo la oposición pacífica, tuvieran el derecho de libertad de prensa, de palabra y de reunión, y si se les garantizara el acceso a los recursos para ejercer esos derechos de una manera proporcional y justa, solamente entonces sería justo criminalizarlos por recibir ayuda material del gobierno estadounidense. Desafortunadamente, el gobierno no permite ningún acceso a los medios de comunicación a ninguna oposición, no importa de qué tipo.

La disidencia cubana y el apoyo de los Estados Unidos


La ayuda financiera del gobierno de los EE.UU. y de organizaciones formalmente no gubernamentales, pero financiadas por el estado, tales como Freedom House, no solo ha puesto en entredicho la independencia de los grupos de oposición en Cuba, sino que también los ha distraído de su misión para organizar a los cubanos, y en su lugar ha promovido actividades orientadas al exterior, como dedicarse a rendir declaraciones a la prensa extranjera, y a recibir los cheques de la embajada estadounidense.

El enfoque organizativo con miras a la autosuficiencia, aún en las circunstancias tan difíciles que predominan en la isla, le permitiría a la disidencia una independencia y fuerza política que jamás podría obtener dependiendo de un gobierno extranjero para sobrevivir política y materialmente.

Es precisamente ese modelo organizativo que adoptó el Comité de Defensa de los Trabajadores (KOR), un grupo de oposición de tendencia izquierdista en Polonia que jugó un papel clave en sentar las bases de la insurgencia del movimiento Solidarnocz de 1980.

Según lo narra Jan Josef Lipsky, uno de los líderes de ese grupo, en su libro KOR’s Workers’ Defense Committees in Poland, 1976-1981, su grupo implementó un modelo organizativo que, a pesar del despido y encarcelamiento masivo de sus miembros, permitió forjar la alianza entre los trabajadores activistas y los intelectuales que sirvió como preludio a la huelga en el puerto de Gdansk que detonó el movimiento de Solidaranosc en 1980.

Ese modelo no necesariamente excluye el apoyo financiero y político de las organizaciones verdaderamente independientes en el extranjero. Las organizaciones independientes de derechos humanos, tales como Amnesty International, han desempeñado un papel clave para sacar a la luz pública los abusos de los derechos humanos infringidos por el gobierno cubano.

Mientras más sindicatos progresistas, grupos políticos y organizaciones religiosas internacionales apoyen a las organizaciones independientes en Cuba, menos tendrán estos grupos que depender del apoyo de instituciones imperialistas.

Parte de la disidencia influida por el Platismo sostiene que, en Cuba, la cuestión de la auto-determinación nacional—y por lo tanto la amenaza  que depender de un gobierno extranjero implica para su propia independencia—no tiene base en la realidad de la Isla: en una Cuba sin democracia, dicen ellos, no puede haber auto-determinación, y cualquier objeción a la ayuda del gobierno estadounidense obstruye la lucha por la democracia en la isla.

Pero este argumento solo confunde las dos nociones. Históricamente, el derecho a la autodeterminación nacional jamás ha estado supeditado a la condición de la democracia interna. Por ejemplo, la opinión pública internacional, incluyendo la izquierda, enérgicamente protestó la invasión imperialista del dictador fascista Benito Mussolini contra Etiopía en los 1930.

Esa protesta ocurrió independientemente del hecho que, en aquel entonces, Etiopía estaba gobernada por el emperador Haile Selassie a la cabeza de un sistema profundamente reaccionario caracterizado, entre otras cosas, por la existencia de la esclavitud.

Según otro argumento demagógico que la disidencia ha esgrimido, aunque menos frecuentemente, hasta el mismo gobierno cubano se ha vuelto platista, dado los pasos que recientemente ha dado para establecer relaciones económicas con los EE.UU. para resolver la crisis económica de Cuba.



Manuel Cuesta Mora




Esta posición fue explícitamente articulada por el socialdemócrata Manuel Cuesta Morúa en su artículo titulado “El Platismo Revolucionario” que apareció en la conocida publicación disidente 14 y Medio.com. Además de proponer el asombroso argumento que el conflicto entre Castro y el gobierno de los EE.UU. fue resultado de una decisión “voluntaria” del liderazgo cubano, Morúa afirma en dicho artículo que el modelo económico actual de Cuba es el mejor ejemplo de un Platismo revolucionario, porque solamente se puede sostener con relación a la economía de los EE.UU.

Este argumento distorsiona el Platismo a un grado tal que le quita todo el sentido a ese término. El poder económico objetivo que los EE.UU. poseen como representante del capital doméstico e internacional ha forzado a muchos países a hacerle concesiones políticas a costa de su soberanía nacional. Pero esto no ha sucedido en Cuba todavía (aunque no es posible eliminar la posibilidad de que suceda en el futuro, especialmente después de que los líderes de la “generación histórica” hayan pasado a mejor vida).

Va sin decir que en las transacciones del gobierno cubano con el capital extranjero tienen aspectos verdaderamente reprensibles. Carecen de transparencia y no las someten a ninguna discusión pública. Más que nada, sus prácticas laborales—en las que se ha impuesto como intermediario obligatorio—son verdaderamente explotadoras.  Le paga a los trabajadores cubanos solo una fracción de lo que le cobran a las corporaciones a cuenta de salarios, al mismo tiempo que les niega el derecho a organizarse independientemente para negociar con los capitalistas extranjeros o con el gobierno mismo, su compensación y condiciones de trabajo.

Las consecuencias del Platismo


Al acogerse al Platismo, los disidentes acaban perjudicando la lucha contra el estado unipartidista y la pelea  por la democratización política y económica de la sociedad cubana. El Platismo es una ideología que solo debilita la soberanía política de Cuba y amenaza con arrastrar a la Isla al pasado neo-colonial pre-revolucionario, una condición que la Revolución transcendió, aunque haciendo pagar a los cubanos el costo innecesario de un estado unipartidista.



Pedro Carmona el 12 de abril de 2002.




El compromiso que muchos platistas dicen tener con la democracia  se ha vuelto aún más dudoso por su silencio, y hasta su apoyo, al intento de golpe de estado en Venezuela en el 2002, apoyado por los EE.UU., y el golpe que sí se llevó a cabo en Honduras en el 2009.  El Platismo obsequioso de muchos disidentes también ha causado un gran daño estratégico a la causa anti-castrista, porque le ha abierto las puertas al gobierno cubano para caracterizar a sus críticos como lacayos de los EE.UU. ante la opinión internacional.

Hay que defender a los individuos y organizaciones perseguidos por el gobierno cubano por conducir actividades políticas pacíficas, aún a los platistas y a aquellos que abogan por la restauración de una economía de “libre mercado.” La defensa de los derechos democráticos y los derechos humanos contra un sistema que los rechaza es una obligación que va más allá de cualquier desacuerdo político por fundamental que sea. Pero esto es una cosa muy diferente que darle apoyo político a los platistas.  El Platismo, a fin de cuentas, socava cualquier posibilidad de auto-determinación nacional y de democratización.

La visita del presidente Obama ha sido un paso en la dirección correcta para normalizar las relaciones de los EE.UU. con Cuba. Obama merece el reconocimiento de sus esfuerzos para enmendar algunos de los daños que la política extranjera de su país le ha infligido a la nación cubana. Pero ese reconocimiento no debe confundirse con una gratitud indigna, y mucho menos instando a que utilice el poder del estado imperialista que él preside para presionar por la democratización en Cuba. Esa tarea le incumbe solo a los cubanos, no a Washington.
—–
Traducido por Selma Marks de una versión del artículo original publicado en la revista estadounidense Jacobin.

Samuel Farber nació y se crió en Cuba y ha escrito muchos libros y artículos sobre ese país. Su último texto, The Politics of Che Guevara:Theory and Practice, saldrá a la luz en abril de 2016.


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OBAMA Y LA TELEVISIÓN

Por Paquita Armas Fonseca


Tengo que reconocer que Barack Obama y sus asesores son personas muy inteligentes, tanto que midieron cada paso e imagen que trasmitirían a la población cubana. Yo, lo confieso, tenía deseos de que se fueran antes de que llegaran por el run run popular y de los especialistas.


Llegó bajo la lluvia, en compañía de Michelle (con un sencillo traje de 2 000 euros), sus niñas y su suegra, además de una nutrida delegación gubernamental. Porque el servicio secreto sabía que no había peligro, comió en una paladar de Centro Habana y otra en el Vedado, fue al Estadio Latino Americano, a pesar de que esa mañana había estallado una bomba en Bélgica, colocada por el Estado islámico, hijo de los antecesores de nuestro ilustre visitante.


Yo seguí la visita por Cubadebate y Cubasí, con una buena cobertura por la inmediatez y la riqueza de comentarios que, minuto a minuto, se colocaban en ambos portales, más en el primero que el segundo.


Pero, la televisión, ay, mi televisión ¿Por qué una vez más estuve mejor informada por Telesur que por Cubavisión, si en ambos los comentaristas eran cubanos?. Se, que el canal de la familia cubana era la “voz oficial” de la visita de Obama, ¿necesariamente tenía que ser frio, apenas sin opinión? ¿Así podemos ganar una guerra a pensamiento, ahora más dura que nunca?.


¿Por qué Arleen Rodriguez podía transmitir para Telesur esa frase, que se dice Fidel dijo “Cuba y Estados Unidos establecerán relaciones cuando haya un presidente negro y un papa latinoamericano” y el investigador Esteban Morales disertar sobre la impronta de Fidel, su visión de la historia y hacer un nudo en mi garganta?. ¿Por qué el politólogo cubano podía desmontar magistralmente el discurso del presidente norteamericano, analizar sus escogidas citas del pensamiento de José Martí y ese mismo análisis no era válido para Cubavisión?


obama 1¿Por qué Esteban,  el joven académico Elier Ramirez y un grupo de comentaristas (que los hay) no podían estar junto a los periodistas en Cubavisión?¿Por qué no hacerlo esta vez si cuando vino El Papa Francisco, nos enteramos al detalle de toda la liturgia, gracias a un sacerdote que explicaba los pormenores?.


Este miércoles en el noticiero del mediodía, Oliver Zamora realizó un brillante análisis no sólo del discurso sino de la visita de Obama ¿por qué no el martes?. He dicho y digo que hacer televisión en Cuba no es fácil ni siquiera para dar una noticia, y me pregunto con las nuevas reglas del juego ¿seguiremos así?.


Disfruté de la transmisión del juego de pelota por Telerebelde. Hubo una buena preparación con entrevistas, y una visualidad nada encartonada para llevar incluso la llegada del presidente norteamericano al latino, acompañado del presidente cubano Raúl Castro. En fin, creo que una vez más Telesur (que también en parte es cubana) le ganó a nuestra televisión.


(Tomado del portal de la tv)

“Cuba es muchas cosas, una obsesión, una excusa, una ficción”


Carlos Manuel Álvarez explica a la Redacción IPS Cuba los objetivos del nuevo medio digital e independiente.





El equipo que lo concibe asegura, en su carta de nacimiento: “Somos, apenas, una decena de jóvenes reporteros. No tenemos demasiadas certezas. Y eso es, podemos decir, lo divertido del asunto. Uno se lanza a una carrera e ignora si va a ganar”, pues “el periodista es un atleta y el periodismo una carrera de fondo”.

La Redacción IPS Cuba conversa con Carlos Manuel Álvarez, editor y reportero que se presenta en la página deFacebook del proyecto como: Bebedor de absenta. Grafitero del Word. Nada encuentra más exquisito que los manjares de la carestía: los caramelos de la bodega, los espaguetis recalentados, la pizza de cinco pesos. Leyó un Hamlet apócrifo más impactante que el original de Shakeaspeare, con frases como esta, que repite como un mantra: “la hora de la sangre ha de llegar, o yo no valgo nada.” Cree solo en dos cosas: la audacia de los primeros bates y la soledad del center field.

El Estornudo aún no ha visto la luz pública y ya genera abundantes expectativas en las redes frecuentadas por cubanos… ¿A qué se deben estas expectativas?

No sabemos exactamente a qué se deben, pero las agradecemos. Probablemente tenga que ver con la falta de pluralidad de la prensa cubana y, por suerte, él ánimo favorable de muchos presuntos lectores, que esperan y desean que el orden de cosas se diversifique y aplauden cualquier iniciativa que conduzca a ello.

¿Cómo se construye el staff de este nuevo medio? ¿Influirá en el perfil editorial de ustedes el hecho de que parte de su equipo se encuentra temporal o definitivamente viviendo fuera de los límites geográficos cubanos?

El staff no lo construimos, ya estaba construido. Somos –lo hemos dicho– un grupo de amigos que se inventó una excusa para no dispersarse más de lo que las circunstancias cubanas te obligan a hacerlo. Y el hecho de que vivamos en distintos lugares no solo nos influye, sino que nos determina. Nos gusta la idea de conciliar, desde nuestra génesis, los posibles trozos de la nación. Cuba es muchas cosas –una obsesión, una excusa, una ficción– antes que cierta cantidad de hectáreas.

¿Qué diferencia a El Estornudo de otros proyectos de medios de reciente creación en Cuba?

Sabemos lo que somos nosotros. Un proyecto que se gesta a contrapelo de nuestras otras labores, una especie de apuesta que, como no le debe nada a nadie, no tiene nada que perder y no piensa contraer deudas que comprometan su ejercicio periodístico.

Dicho esto, tendríamos que decir que el resto de los proyectos tendrá, o no, puntos en común con nosotros, pero que eso no es lo más importante, sino que se cree un ecosistema de voces diverso y coherente con el entorno que percibimos. La prensa estatal es como una cámara fotográfica que, no importa cuántas veces dispare, solo tiene una foto para revelar. Sepia, por otra parte. Nosotros no queremos más que llegar con nuestro obturador sin trípode y ver qué sale, qué vemos.

En la Constitución de la República de Cuba, el artículo 53º, se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista. Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad. La ley regula el ejercicio de estas libertades. ¿Cómo interpretan Uds. este tema?

Nada de lo anterior nos reconoce, pero tampoco nada nos condena. No fue escrito ese artículo para un escenario como este. ¿Desde dónde se hace realmente El Estornudo? ¿Quién sabe? Hay reporteros y editores en La Habana, en Miami y en México; un programador desde Australia, un columnista en Londres, otro en Montreal, otro en Barcelona y así. Por otra parte, que algo no sea legal no significa que no sea legítimo.

Si la Cuba de los noventa y los dos mil se movía por debajo de las leyes, hay que decir que la Cuba última las ha desbordado. Eso lo sabe todo el mundo, incluso el gobierno.

miércoles, 23 de marzo de 2016

Obama y nosotros





  • Rafael Hernández






La visita del Presidente de Estados Unidos a Cuba es el objeto del deseo entre los medios de comunicación de todo el mundo. ¿Cuáles han sido las expectativas de los cubanos de a pie? ¿Les importa realmente que Obama venga? ¿Los beneficia, los perjudica o todo lo contrario? ¿Cómo van a cambiar las cosas a partir de su entrada en La Habana, el Domingo de Ramos? ¿Se sentirán más libres? Algunos hasta hablan de “la química entre Obama y el pueblo de la Isla” –extraño fenómeno luminoso que nadie ha podido ver aún, pero que se anticipa, como los que predice la Teoría de la relatividad.


Luego de evaporarse las primeras expectativas que siguieron al júbilo del San Lázaro de 2014, el conocido discurso largoplacista tomó posesión, induciendo, de rebote, una lectura de sentido común equivalente a “la vida sigue igual”. En efecto, durante estos quince meses, se ha repetido que la normalización es “una meta muy remota”, las relaciones siguen siendo “esencialmente iguales”, “son los mismos objetivos, solo han cambiado los medios”, “el bloqueo pica y se extiende”.  De manera que la visita presidencial se había anticipado como “un simple acto simbólico”,  pues “nada cambiará mientras haya bloqueo”, es más, “seguimos en guerra, solo que ahora es cultural”. Etcétera.


Sin embargo, cuando uno mira alrededor, verá que en estos mismos quince meses La Habana se ha desbordado de visitantes, no solo en los hoteles sino en los room for rent, las aduanas no dan abasto, los restaurantes caros, el transporte rentado y los servicios que los suministran hacen su zafra, el flujo hacia EE.UU. por el paso Suramérica-Centroamérica-México ha crecido 60% (“no vaya a ser que quiten la Ley de Ajuste”), las repatriaciones a la Isla de cubanos emigrados de larga data en el Norte han alcanzado récords. Las remesas (oficialmente estimadas en 2014 en 1,7 miles de millones, y cada vez más orientadas a la inversión en el sector no estatal), tienden a reactivarse por la normalización –aunque el dato preciso, como es costumbre, no se haya publicado.En el proceso de diálogo, negociación y cooperación conocido como la normalización, apenas ha habido semana sin movimiento entre instituciones cubanas y entidades de EEUU, incluso más allá de las cancillerías, en sectores como la cultura, la educación superior, el medio ambiente, la seguridad marítima y aérea, el control del delito, la aplicación de la ley, la salud, y hasta el comercio exterior.


Lo mismo que el bloqueo, la normalización tiene un efecto extraterritorial. Por obra y gracia de las nuevas relaciones, las acciones de la imagen Cuba en la bolsa global se han disparado. Después de haber sido pintada, hace apenas unos meses, como el Gulag del Caribe, La Habana se ha convertido, súbitamente, en “una de las 10 ciudades que hay que visitar”, y particularmente para esos recién llegados, en una especie de parque temático del socialismo. En efecto, a pesar de que, según nuestras agencias turísticas, lo que buscan es sol y playa, los nuevos caminantes de nuestras calles dicen que quieren ver con sus ojos la “Cuba de Castro”, mientras Fidel y Raúl están todavía vivos, y antes de que, según ellos, la marea de MacDonalds la tape, y se convierta en otra islita más del Caribe.


Una pregunta recurrente en todas partes –también en las conversaciones entre nosotros– es si los cubanos estamos preparados para este encuentro cercano con los EE.UU. ¿Qué pasará cuando se desencadene el “tsunami norteamericano”? ¿Cuando desembarquen con sus íconos, sus abrumadores medios de comunicación, sus cruceros, sus premios Grammy, sus seriales adictivos, y sus otras series de adicciones, sobre este país entrenado para el “golpe aéreo masivo sorpresivo” y la “guerra de todo el pueblo”? ¿Cómo será enarbolar la bandera desde nuestra trinchera, si el enemigo no llega en paracaídas, sino por el aeropuerto, y viene a hacernos la visita a la propia trinchera? ¿Lo vamos a esperar “con la guardia en alto” o le vamos a extender la mano? ¿La nueva consigna será “una mano en el escudo y la otra extendida”? ¿Es que todo esto ocurrirá solo en un futuro indefinido, cuando el bloqueo se levante o está pasando ya?


Admitir que los cubanos estamos poco entrenados todavía en esta nueva situación de posguerra con EE.UU., sin embargo, no implica ineptitud o incompetencia para lidiar con la sociedad y la cultura norteamericanas. Entenderlo resulta clave para poder apreciar la huella de esta visita presidencial, con todo lo que ella arrastra y proyecta hacia adelante.


Me pregunto si los asesores de John Kerry y de Ben Rhodes entienden bien, en primer lugar, lo muy norteamericanos, culturalmente hablando, que somos los cubanos, más allá de edades, grupos sociales, géneros, colores y gustos ideológicos.


Quizás le han advertido al Presidente que iba a encontrarse con “el país más desconectado del mundo” en términos de Internet, una isla poblada por nativos del mundo predigital, carentes no solo de una conexión doméstica, sino ajenos a Google, Facebook, el correo electrónico, los teléfonos celulares. O un público sometido a una televisión gubernamental, que nunca ve aparecer en sus pantallas a Leonardo di Caprio, Tom Hanks, Sandra Bullock, Miley Cyrus (“Sí los conocen, pero solo los jóvenes, mediante un servicio underground llamado El Paquete”); y una radio que filtra la música norteamericana, incluido el rock, el jazz, el hip hop, y todo lo que les huela a “imperialismo cultural” (“Los Beatles estuvieron prohibidos hasta hace poco”). Quizás le cuenten al presidente que la iglesia católica, “único actor de la sociedad civil tolerado por el gobierno”, es la voz de la nación cubana; y soslayen no solo a las denominaciones evangélicas, la mayoría oriundas de los EE.UU., al igual que las logias masónicas, sino sobre todo a las religiones cubanas originadas en África, las más extensas y representativas de la sociedad civil real.


Si Obama pudiera caminar por la calle a su aire, como cualquier norteamericano, quizá apreciaría que la capital es una mezcla de arquitecturas, entre las cuales el art deco y el estilo moderno venidos del Norte son muy visibles. Comprobaría que a los cubanos les simpatizan los yumas (término afectuoso, en vez de gringo o yanqui), quienes no se pierden en esta ciudad, porque cualquiera aquí chapurrea el inglés, ni se juegan la vida cuando caminan de noche por un barrio como La Habana Vieja. Al menos sí compartir un juego de pelota –algo que difícilmente lograría en Buenos Aires o en Beijing–, pasión nacional que hace gozar y sufrir a nuestros dos pueblos como ninguna otra.


Un tal Fernando Ortiz lo dijo una vez: “La vecindad de esta poderosa cultura es uno de los más activos factores de la cultura nuestra”. Y agregaba: “No nos ciegue el resquemor que en nosotros ha sido latente por sus invariables egoísmos, por sus frecuentes torpezas, a veces por sus maldades y a menudo por sus desprecios. No es un problema de gratitud, sino de objetividad”. Los asesores, los de allá y los de acá, pueden aprender que este juicio de nuestro antropólogo mayor no tiene que ver con ideologías enfrentadas, sino con culturas afines, cuyas implicaciones para la comunicación política resulta difícil exagerar.


Naturalmente, no hay que confundir esa manera de vivir nuestra identidad con sentirnos norteamericanos. Que la cultura cubana digiera cosas foráneas, y se las apropie, no entraña que nos caiga bien el etnocentrismo del Norte, que ya Ortiz señalaba, y que aceptemos de buena gana sus certificados civilizatorios. Menos aún que nos traten con un rasero diferente a los demás. Algunos juzgan que, cuando Obama se reúne con grupos beligerantes como las Damas de Blanco y otros aliados del lobby conservador cubano-americano, radicalmente opuestos a la normalización y ajenos a cualquier diálogo nacional, se limita a ejercer una política que “refleja sus valores”. ¿Es que responde a lo mismo cuando visita oficialmente China y Vietnam, o se dirige a sus aliados latinoamericanos, como México y Colombia? ¿Se le ocurre incluir en su agenda una reunión con los veteranos de Tianamén, los blogueros vietnamitas presos, las organizaciones de familiares de los actuales desaparecidos, torturados, asesinados, que en América Latina y el Caribe son legión? ¿Las apoya activamente? Si se trata de “valores”, con una aplicación universal, no debería hacerse excepciones con los países grandes o con sus adeptos. Desde aquí abajo, esa diferencia se percibe como lo que allá arriba llaman double standard.  Y ese no es precisamente un rasgo de la cultura democrática que ambos lados dicen defender.


Las lecciones que los cubanos debemos aprender, si de convivencia se trata, son otras. La primera es saber reaccionar al toque de Sadim –Midas al revés– que convierte en una suerte de materia fecal todo lo que toca la política de Washington, según sus intereses y prioridades. Que cuando ellos favorecen al sector privado, internet, los intercambios académicos, o abren programas dirigidos a los jóvenes, los emprendedores, o los artistas, porque imaginan que esa es la manera de atraerlos, nuestro reflejo instantáneo no sea recelar de ellos o impedirlos (“si los americanos lo apoyan, por algo será”). Por esa vía tan simple, pueden llevar la iniciativa en condicionar nuestras políticas internas, y demorar o sesgar los cambios que debemos darnos, en nuestros propios términos.


La segunda es estratégica: tenemos que aprender a explicarles cómo es Cuba. Para lograrlo, hay que entenderlos a ellos. Muchas veces sus actitudes hacia nosotros no responden tanto a una ideología irremisible, sino a una cultura política, incluidas sus creencias sobre lo que es libre y democrático. Lograr que ellos comprendan las nuestras, y la sociedad cubana real, aunque no las compartan, resulta clave, para ir construyendo, desde abajo, esta nueva relación. Sin pretender redimirlos de sus ideas y visiones, nacidas de otra cultura política, basta con que nos conozcan mejor y nos entiendan, para que todo pueda ser distinto.


Ambas lecciones suponen aprender a jugar con las piezas blancas, y hacer uso de las reservas de la inteligencia y la cultura cubanas. Si no existieran esas reservas, ¿cómo explicar, por ejemplo, que, cuando emigran, los jóvenes cubanos, todos nacidos después de 1959, puedan aclimatarse tan rápido a la economía y a la cultura de mercado, hasta el punto de ser más competitivos que otros inmigrantes nativos de aquella cultura, y supuestamente más entrenados? En esta nueva relación, que no se limita al canal mono entre los gobiernos, sino se ha vuelto estéreo, mediante las múltiples pistas de comunicación ya abiertas entre las dos sociedades, a la política le toca facilitar que todos los actores directos e indirectos, adentro y afuera, podamos contribuir a soportar y ensanchar este puente, sobre ese capital cultural nuestro. O para decirlo con las palabras de Lezama, hace ya tres cuartos de siglo: a levantarlo sobre “sus aguas hirvientes, congeladas”, “un puente, un gran puente, que no se le ve”.

lunes, 21 de marzo de 2016

Mi familia y Obama

Por Silvio Rodriguez


En estos días han llovido estampas, interpretaciones y hasta augurios sobre la visita que empezará hoy el presidente de los Estados Unidos a Cuba. Entre ellas estuvo el mensaje de Pánfilo y sus amigos que, por cierto, puse en Segunda cita, dedicándoselo a los que deseaban desentrañar el carácter cubano. Pues resulta que ayer me dijeron que el Sr. Obama había respondido varias preguntas del célebre humorista. Aclaro que no creo que los asesores presidenciales lean nuestro blog, pero es obvio que están bien informados.


Se ha dicho mucho que el cubano es un pueblo hospitalario y generoso. Esto es porque la mayoría somos más dados a confraternizar que a lo contrario. Yo creo que es algo genético, que nuestra historia nos fue inoculando desde su exterminio inicial, y luego con sus migraciones forzadas y/o voluntarias, con sus luchas privadas y colectivas por la supervivencia, y con esa sustancia moral que solemos llamar soberanía y que es, ni más ni menos, tener en cada momento el mayor libre albedrío que nuestras capacidades nos permitan, sin dejar de pujar siempre por más.


Algunas reflexiones de especialistas se basan en interrogantes sobre las calidades de las conversaciones entre dos gobiernos que han sido arquetipo de enfrentamiento durante la segunda mitad del siglo XX y lo que va de este. A pesar de posturas opuestas, se suele coincidir en que el futuro será según lo hablado. Yo, por supuesto, comparto la curiosidad por ciertos detalles, aunque supongo los matices. Pero si de algo estoy seguro es de que una cosa es lo que se dice, incluso lo que se cree honestamente, y otra es lo que resulta. Sobran ejemplos en la historia, lo mismo en el sentido de la seriedad que en el del desparpajo. Por eso tiendo a decantarme por lo que me ha movido siempre, por lo que sueño para mi país, que es dignidad, aún con las variantes que presuntamente incorporarán la dialéctica y los astros o, dicho de otra forma, las causas y los azares.


He notado que se suele olvidar que este litigio terrible empezó porque nuestros vecinos no soportaron que decidiéramos qué hacer en nuestra propia casa. Estaban acostumbrados a que aquí se hiciera lo que ellos querían. Y haciendo bien patente su disconformidad, no sólo nos negaron el habla sino que nos hicieron la guerra.


Aquella causa nos apartó violentamente de lo que hubiera sido nuestra vida de pueblo aguerrido pero pacífico, mitad trabajador, mitad tarambana. Aquella causa nos obligó a tomarlo todo con más drama que choteo, nos mostró y nos acercó como nunca a las razones de la hormiga. Aunque debajo seguía bullendo aquella cosa juguetona nuestra que a principios de los 80 llevó a un amigo a confesar lo mucho que le gustaba nuestro “socialismo con pachanga”.


Quién sabe si ha llegado el momento de intentar empatarnos con lo que no nos dejaron ser, con lo que fuéramos de haber tenido un vecino más respetuoso y amable. Y digo quién sabe porque obviamente no todo el futuro depende de nosotros y porque, además, por más que fuera deseable ya no somos los mismos.


En momentos así –sólo en momentos así– es concebible el deseo de prolongar la existencia, digamos otro medio siglo, a ver qué pasa. Pero como esto no es posible, pregunté a mi familia –a todos, sobre todo a los que no vivieron las causas originarias del conflicto– qué le dirían o qué les inspiraba el ilustre visitante de hoy. Y por eso concluyo este momentáneo soliloquio con lo dicho por los que me respondieron, en el orden estricto que me fueron llegando y con sus propias palabras.


Para no irme a la cola, me tomo la licencia de empezar con mis propias palabras para recibir a Barak Obama, las que termino con dos frases que siempre decía mi padre, Dagoberto Rodríguez:


Bienvenidos Ud. y su familia a Cuba, Sr. Presidente.


Nunca es tarde si la dicha es buena.


A mi que me quiten lo bailao.


Mi hijo Silvio Liam


Buenos días papa, sobre lo q me preguntas yo realmente no opino mucho sobre eso por q no creo en las buenas intenciones ni de Obama ni de ninguno d estos señores, pero si su interés en Cuba fuera ayudar al pueblo le diría q pasara por los barrios más calientes d Oriente como por ejemplo algunas partes de Alcides Pino en Holguín y viera las condiciones en que viven las personas y también q preguntara por los salarios en Cuba, q escuche todo lo que quiere decirle la gente incluyendo la oposición, q fuera a una marcha de las damas de blanco a ver si ese día no le caen a golpes delante d el, pero sobre todo le diría que no creyera en un gobierno q coje a los niños pa hacer actos de repudio afuera d las casas de opositores y otras barbaridades que son demasiadas, pero realmente papa yo no creo ni siquiera q Obama tenga q ver con las deciciones políticas y el futuro de las relaciones entre Cuba y usa, dentro d poco ya no será presidente y quién sabe quién venga detrás y lo que tiene en mente, para mí esto es una pantalla para algo, quizás me equivoco como t digo yo ni opinó sobre esto, un beso grande


Mi esposa Niurka:


Tengo sentimientos encontrados respecto a la visita de Obama.


Por una parte deseo que las cosas mejoren porque deseo que la vida sea mejor para la mayoría de los Cubanos y que en Cuba la mayoría viva mejor, y si la visita trae consigo mejoras para la gente, pues bienvenida sea.


Pero entonces aterrizo y no lo creo, entonces prefiero que ya pasen estos tres días de visita de Obama y que vengan los Rollings.


Mi nieto Diego:


Yo le diría a Obama que tengo muchas ganas de ver a mi papá y por lo tanto que me otorgue un visado que me permita ir a verlo cada vez que yo pueda. Y que nos quite el bloqueo porque yo soy nadador y si Cuba pudiera tener un mayor intercambio comercial con el resto del mundo, tuviéramos, los deportistas cubanos, mejor acceso a implementos deportivos y otros materiales que ayudarían a que estuvieran en mejor estado las instalaciones deportivas.


Mi hija Violeta:


Si yo tuviera la oportunidad de hablar con el presidente Obama le contaría que he sido víctima de la incomunicación entre Cuba y Estados Unidos.  Que he padecido en carne propia la hostilidad de los gobiernos de su país contra Cuba. La separación de mi mamá cuando se fue por el Mariel en el año 80 me ha marcado para toda la vida y, aunque esta fuera su decisión,  considero que en gran medida ha sido responsable ambos gobiernos de las tantas familias separadas.  De haber habido una relación armoniosa entre ambos países se hubiera impedido tanta distancia y tantos años  sin verse los cubanos de aquí y de allá. Y sobre todo hubiera evitado tantos muertos en el estrecho de la Florida y en la frontera mexicana. Le pediría a Obama que invalide la ley de pie seco-pie mojado que, aunque favorece a  algunos cubanos para que alcancen su “sueño americano”, en la misma media los lleva a perder la vida en el intento de alcanzar suelo norteamericano. Además de que es muy injusta con el resto de latinoamericanos que sin embargo, teniendo más necesidad de mejorar sus vidas que nosotros,  no tienen el derecho de acogerse a esta ley. En cambio mueren masacrados, desaparecidos, de sed y de hambre,  mujeres, hombres y niños  que en vez de alcanzar “una vida mejor” logran una muerte certera.  La verdad es que a mí como cubana me da  vergüenza: nosotros sí, y ellos no. ¿Por qué? Obviamente esta ley no tiene  otro motivo que el de incitar a los cubanos, dándoles un aparente “privilegio” a que se jueguen la vida tratando de llegar a Estados Unidos, para luego desacreditar con falsa estadística a nuestro país.  Yo le diría a Obama que nos quite el bloqueo, que termine su mandato dejando al mundo convencido de que ese Nobel de  la Paz que le han otorgado lo tiene bien merecido. Porque como dijera José Martí: “ El mal es accidental, solo el bien es eterno”


Mi sobrina Mariela:


Tío, a priori, yo estoy a favor de las buenas relaciones de toda índole entre todos los seres, naciones, etc., pero en este caso en particular lo que me pasa es que de ellos desconfío, hasta que no se demuestre lo contrario. No lo puedo evitar.
 Cuando yo vea cambios, como por ejemplo, que levanten el bloqueo, o que quiten la Base Naval de Guantánamo, entonces podré seguramente empezar a verlos de otra forma.

Mi hijo Omar:


Señor Obama: sé que a veces se le identifica a usted con El Poder sólo por el cargo que representa. No sólo esa idea es falsa (El Poder, usted lo sabe bien, tiene muchas raíces, y muchas están en la sombra), sino que usted mismo se ha visto limitado e impedido en su propio país para emprender algunas políticas. Además, se acerca el final de su mandato, y tendrá que pasar el relevo. Teniendo en cuenta todo esto, y dado que su poder real es limitado pero aun así real y efectivo, lo que le quiero decir respecto a Cuba son dos cosas.


No soy ingenuo, sé que existen intereses dentro de Estados Unidos para reabrir las relaciones con Cuba, y por lo tanto usted no ha estado solo, pero aun así le reconozco la valentía política para haber dado el paso. Al fin y al cabo, sí hay sectores en su país que siguen resistiéndose a cualquier cambio en la política respecto a Cuba, y ha hecho usted una apuesta decidida y valiente. Las posiciones maniqueístas, el “estás conmigo o estás contra mí” y otras falsas dicotomías sólo han fomentado el desconocimiento mutuo. Ya basta de culpar al otro y no asumir los propios errores. La mayoría de la gente, aquí y allá, queremos acceso a la sanidad y a la educación de calidad, a internet y poder ganarnos la vida.


Lo otro que le quiero decir es que, aun conociendo sus límites, este camino no se puede quedar a medias. Lo que espero de usted es que consiga que el retorno a esa vieja política propia de la Guerra Fría tenga un alto coste político, económico y social para los futuros representantes de su país. Que esto no tenga marcha atrás. Que a los que vengan les cueste más regresar que seguir para adelante. Eso me parece que es lo mejor para los dos pueblos, y lo mejor que usted puede hacer. El simbolismo de unas fotos y unos titulares es importante, pero lo es más que se ayude a mejorar la calidad de vida de la gente.


Mi hija Malva:


Opino y reconozco que la visita del presidente Omaba es un acontecimiento histórico; pero sinceramente si su visita no hace mejorar la situación en Cuba, beneficiar a los ciudadanos o no hace nada importante como levantar el bloqueo o quitar la base de Guantánamo, no le veo sentido. Simplemente es un acontecimiento simbólico que en mi caso me dará un receso en la escuela por dos días, pero solo eso y nada más, así que honestamente me es indiferente.


Mi suegra Mirta:


Hoy  llega Obama a Cuba, estoy plenamente convencida de que es un día que quedará marcado en la historia de Cuba pero no tengo la certeza de cuál será la repercusión final de este viaje. Obama ha dicho claramente que la visita servirá para promover cambios polí­ticos en la isla.


Pienso y recuerdo. Los que como yo hemos tenido el privilegio de haber vivido y poder rememorar todo lo sucedido desde aquel día en que nos despertamos en la mañana con el grito de ¡Batista se fue! este día tiene sin dudas un significado especial.


Pero las sensaciones son encontradas, ¿siento que ha ganado Cuba? No puedo afirmar ni lo uno ni lo otro, es cierto que muchas cosas han cambiado, algunas para bien y otras para mal, es cierto que mucho hemos dejado a lo largo de estos años. Recuerdo muchos momentos, las carencias, la beca, las incertidumbres, los miedos desde adentro y desde afuera, las amenazas, años en estado permanente de guerra psicológica, el encierro en la isla “rodeada de aguas por todas partes”, los entrenamientos militares, el cordón de La Habana, la Crisis de Octubre y el U-2 con el piloto yanki sobrevolando mi Instituto Pre-universitario, la homofobia, las concentraciones en la Plaza de la Revolución, lo tranquila que es La Habana si la comparamos con otras ciudades del continente, el privilegio de tener una atención de salud adecuada, las posibilidades de estudios, la libreta de abastecimiento, el pan nuestro de cada día, los apagones, la mochila preparada durante muchos por si la familia tenía que evacuar la capital porque nos atacaban, la pasta perla, la falta de desodorante, los kikos plásticos, la bicicleta… ¿se pueden borrar todos estos años con una visita de 2 días de Obama?


Definitivamente mi sensación es ambivalente, siento júbilo y tristeza, certeza e incertidumbre, siento seguridad y miedo.

sábado, 19 de marzo de 2016

Mensajes a Obama

Por: Rosa Miriam Elizalde

Conferencia de prensa de Bruno Rodríguez Parrilla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate

Como es usual en la práctica política contemporánea, un podio frente a los periodistas es en realidad un canal expedito para la diplomacia. La conferencia de prensa del Canciller cubano, celebrada en el Salón de los Embajadores del Hotel Habana Libre, no fue diferente. Los mensajes de Bruno Rodríguez llovieron, pero me concentraré en resumir los que me parecen más importantes, y cuando sea necesario, explicaré por qué:




  • Los paquetes de medidas anunciados por el Ejecutivo estadounidense se han recibido con beneplácito por Cuba, pero hacen “poca diferencia en la aplicación real del bloqueo y no han funcionado debido al carácter integral y opresivo de éste”. El último grupo, efectivo desde el 16 de marzo, también es bien recibido, pero su profundidad “habrá que establecer en los hechos”.

  • La respuesta de Cuba a la autorización del uso del dólar en sus transacciones internacionales, que forma parte del último paquete de Obama, es eliminar el gravamen del 10 por ciento que se aplica hoy a la moneda estadounidense en la Isla. Sin embargo, mientras haya persecución financiera habrá gravamen. Cuba propone que se hagan declaraciones políticas de muy alto nivel” del Gobierno de Estados Unidos, que se generen ·documentos de alcance jurídico”, “aclaraciones legales numerosas del Departamento del Tesoro que den seguridad jurídica y política a los bancos a los bancos extranjeros y a los propios bancos estadounidenses”.

  • Entre las prohibiciones que siguen pesando para Cuba y en las que la administración de Obama tiene capacidad de maniobra e inexplicablemente no se pronuncia al respecto, está la imposibilidad de Cuba de importar productos y servicios a Estados Unidos, incluyendo medicamentos y productos biotecnológicos. “¿Por qué los ciudadanos estadounidenses, en esta circunstancia particular de la relación bilateral, no pueden utilizar las vacunas terapéuticas cubanas contra el cáncer de última generación?”, se preguntó el Canciller.

  • Las sanciones son unilaterales. Al responder una pregunta de la agencia AP, el Canciller retó a mencionar alguna medida discriminatoria o restrictiva que Cuba aplique a Estados Unidos. “No existe. Cuba no discrimina a las empresas estadounidenses, da la bienvenida a los turistas estadounidenses, desea profundizar los vínculos culturales, deportivos, académicos, científicos, no los restringe de ninguna manera; tiene una política migratoria totalmente abierta, que permite a los ciudadanos cubanos, siempre que reciban visa estadounidense, visitar ese país o, incluso, residir allí”. Y fue enfático: “Nosotros pasamos nuestro gran paquete de medidas en 1959.”

  • Estados Unidos no tiene facultad para “empoderar” ni a Cuba, ni a ningún otro pueblos. El pueblo cubano se “empodera” solo. En otras palabras, los asuntos internos de este país son de absoluta incumbencia de los cubanos. Fuerte y claro.

  • Cuba no va a renunciar a su relación con Venezuela. Sobre la mesa de lo que conversen Raúl y Obama estará este tema. De hecho, en esta madrugada también desembarcó en La Habana el Presidente Nicolás Maduro, en visita oficial.

  • Se transmitirán por la televisión todas las actividades oficiales, pero no está claro cómo será la interacción del Presidente Obama con la prensa acreditada. El Canciller confirmó que habrá declaraciones a la prensa de los Presidentes de Cuba y Estados Unidos, tras su encuentro en el Palacio de la Revolución, hecho que hasta ahora no se había asegurado de manera oficial por ninguna de las dos partes. Esta fue mi pregunta, porque tenía la impresión de que los casi dos mil periodistas que estamos acreditados para la visita, íbamos a vivir la experiencia frustrante de vivir estos acontecimientos solo por la televisión.


También, le pregunté al Canciller por un fuerte rumor de la calle -o del “cubano de a pie”, como le encanta ahora decir a los políticos estadounidenses-: que Obama participará en un show de humor político en La Habana, con artistas locales. Rodríguez aseguró que no sabía, pero tampoco reaccionó contra tal posibilidad.


Según mis fuentes, el programa se está concertando con el actor Luis Daniel Silva, protagonista del espacio humorístico más popular en Cuba, “Vivir del cuento”. Silva parodia a un anciano jubilado y obsesionado con la libreta de abastecimiento (la cartilla de productos subsidiados por el gobierno, que posee cada familia cubana) y suele abordar con desenfado casi todos los temas que importan de la agenda nacional, incluido el restablecimiento de las relaciones entre los dos países. Los rumores de una llamada telefónica hoy y un posible encuentro entre Obama y Silva en un lugar en La Habana, han proliferado en las redes sociales y en el “boca a boca” de los cubanos. Si fuera así, es la prueba de que Obama viene “con todo”, como decimos acá.

viernes, 18 de marzo de 2016

Una guía práctica para visitar Cuba que finalmente tiene sentido












(CNN) - Desde que el presidente Obama restauró las relaciones diplomáticas con Cuba, ha habido interminables titulares que presagian la reducción de las restricciones de viajes para los ciudadanos estadounidenses.


Con la próxima reanudación de los vuelos comerciales y con un mayor levantamiento de las restricciones antes de la visita que Obama hará a la isla, la emoción está aumentando más rápido que nunca.



 Desafortunadamente, los cambios han sido instituidos a modo de una lista que en ocasiones es contradictoria, la cual describe principios que son simplemente desconcertantes. Con tanta ambigüedad, descifrar las nuevas políticas hace que la ciencia de cohetes parezca algo rudimentario.

A través de una cuidadosa revisión de las reformas hemos logrado resolver la confusión. He aquí una dosis de claridad para los viajeros estadounidenses que tengan el deseo de visitar Cuba.


Entonces... ¿el turismo estadounidense es o no legal en Cuba?


Aunque Estados Unidos y Cuba han retomado las relaciones diplomáticas, ambos países para nada lo han resuelto todo. Los viajes turísticos generales hacia Cuba siguen siendo ilegales bajo las leyes en Estados Unidos.


Hasta que el Congreso decida lo contrario, los ciudadanos estadounidenses y los residentes permanentes tienen prohibidos los viajes a Cuba con el único propósito de tomar el sol en la playa y beber daiquiris.


Si el Departamento del Tesoro de Estados Unidos descubriera que un estadounidense participó en tales actividades ilícitas, él o ella podría ser sujeto a castigos legales.


Aún está por verse qué tan rigurosamente será monitoreado el turismo ilegal.


¿Por qué todos dicen que más estadounidenses pueden viajar a Cuba?


Antes de 2015, si un estadounidense quería visitar la isla, por ejemplo una bióloga marina que estudiaba los arrecifes de coral de Cuba (llamémosla Jane Smith), ella tendría que haber obtenido una licencia de viajes del Departamento del Tesoro de EE.UU. por medio de un prolongado proceso de solicitud.


Lo que ha cambiado es que este prolongado proceso de autorización ha sido eliminado para ciertos tipos de viajeros, como Jane Smith, quien ahora tiene la libertad de comprar un boleto a Cuba sin obtener una autorización explícita por parte del gobierno de Estados Unidos.


Siempre que el programa de Jane Smith no incluya actividades que no concuerden con un trabajo de investigación de tiempo completo, ahora todo lo que ella tiene que hacer es obtener una visa de turista (distinto a una licencia) y —si viaja directamente desde Estados Unidos— firmar una declaración jurada de su agencia de viajes acerca del propósito de su viaje (detalles abajo).


Ella también tendrá que mantener un registro y guardar los recibos de su viaje durante al menos cinco años, según el Departamento del Tesoro.


Existen 12 amplias categorías de actividades de viajes que han recibido un estatus permanente aprobado con anticipación (PDF):


• Visitar a familiares


• Proyectos humanitarios o viajes para proporcionarle apoyo al pueblo cubano


• Negocios oficiales del gobierno de EE.UU., gobiernos extranjeros y ciertas organizaciones intergubernamentales


• Actividades periodísticas


• Investigaciones profesionales


• Actividades educativas realizadas por personas en instituciones académicas


• Viajes de persona a persona


• Actividades religiosas


• Presentaciones públicas, clínicas, talleres, competencias y exhibiciones atléticas o de otro tipo


• Autorización para brindar servicios de viaje, servicios de traslado y servicios de remesas


• Actividades de fundaciones privadas, institutos educativos o de investigación


• Exportación de ciertos servicios basados en Internet


El 15 de marzo de 2016, el gobierno hizo otro cambio significativo a las reglas en torno a los viajes educativos de persona a persona. Antes del viaje, los estadounidenses debían ser acompañados por una organización patrocinadora sujeta a la jurisdicción estadounidense.


Ahora, los individuos pueden organizar sus propios viajes de persona a persona siempre y cuando tengan un programa a tiempo completo de actividades de intercambio educativo.


Viajar a Cuba efectivamente es más fácil para muchas personas de lo que ha sido en décadas. Simplemente no es que ahora esté abierto a todos como se ha dado a entender.



¿Qué constituye una razón válida para visitar Cuba?


El propósito establecido de tu viaje tiene que concordar con alguna de las 12 categorías pre-aprobadas que mencionamos arriba.


Afortunadamente, parece que con el giro correcto, casi cualquier cosa puede ser una razón válida.


Algunas de las 12 categorías están bien definidas, como ir a Cuba para "visitar familiares" o "asistir a una conferencia profesional".


Sin embargo, la mayoría cuentan con una definición ambigua, como "actividades periodísticas" o "brindarle apoyo al pueblo cubano". En la era de las redes sociales donde todos son editores,¿qué califica como periodismo? (PDF)


Por un lado, tal oscuridad hace que los criterios sean más inclusivos, lo que aparentemente es bien recibido para los posibles viajeros.


Sin embargo, la ambigüedad genera un elemento turbio que la mayoría quisiera obviar en un sistema de autorizaciones propias que conlleva la posibilidad de sufrir consecuencias penales.


¿Quién decide si cumplo con los criterios de esas categorías?


Tú. Las categorías de viajes son de autorización propia.


Lo que una vez era un sistema de solicitud formal en esencia se ha convertido en un sistema de honor en el que tú concluyes si cumples o no con los criterios categóricos.


Aunque no necesitas una licencia, sí necesitas una visa para entrar a Cuba.



Espera, ¿una visa no es lo mismo que una licencia?


Una visa es un documento completamente distinto de la licencia de viajes retirada, y todos los visitantes estadounidenses a Cuba deben tener una a la mano antes de llegar.


Obtener una visa para viajar a Cuba no es tan sencillo como enviar un formulario a la embajada más cercana.


La forma más fácil de obtener una visa es a través de una agencia de viajes que se especializa en viajes a Cuba, como Cuba Travel Services o ABC Charters, quienes rápidamente procesan solicitudes de visa internamente.


Puedes recibir tu visa por correo (toma hasta cuatro semanas), o puedes hacer arreglos para recogerla en el aeropuerto de Estados Unidos de donde saldrás.


Si quieres hacer todos tus planes de viaje sin una agencia de viajes, puedes reservar tus boletos en CheapAir.com, y la compañía te ayudará para que obtengas tu visa.


Los visitantes de Estados Unidos que viajen a Cuba por medio de un país de entrada como Canadá, México o las Bahamas no necesitan sacar su visa con anticipación, debido a que la pueden adquirir en el aeropuerto del país de entrada durante la escala.


Actualmente, las visas cuestan más o menos 25 dólares.


De cualquier forma —ya sea si viajas a través de un país de entrada o vuelas a Cuba directamente desde Estados Unidos— si eres un ciudadano estadounidense o un residente permanente, debes quedar en una de las categorías pre-autorizadas de viajero para que tu viaje sea legal.



¿Puedo volar a Cuba directamente desde Estados Unidos en lugar de pasar por un país de entrada como Canadá o México?


Estados Unidos firmó oficialmente un acuerdo en febrero para volver a establecer los servicios aéreos programados entre Estados Unidos y Cuba.


En marzo, las aerolíneas estadounidenses presentaron solicitudes para rutas específicas. Se espera que el Departamento de Transporte tome una decisión sobre los vuelos este verano.


Mientras tanto, el servicio chárter continuará.


Antes de 2015, solo había unos cuantos vuelos a Cuba desde Estados Unidos, todos eran vuelos chárter y estaban reservados estrictamente para aquellos a quienes les habían sido otorgadas las licencias de viajes. En 2015, varios vuelos chárter diarios y directos desde Nueva York, Miami, Tampa, Los Ángeles y Washington fueron añadidos.


Debido a que los vuelos estrictamente hablando están fuera del alcance del servicio normal de las aerolíneas, ellos pueden ser reservados únicamente por medio del organizador del vuelo chárter, o en algunos casos, en ChepAir.com.


Todos los proveedores estadounidenses que brinden servicios de viajes a Cuba, ya sea una agencia de viajes o un motor de reservas en línea, actualmente requieren que los viajeros estadounidenses que se ajusten a alguna de las 12 categorías pre-autorizadas firmen una declaración jurada (un documento legal vinculante) en la que declaren cuál es la categoría exacta con la que se identifican: por ejemplo, visitar a la familia.


La declaración jurada normalmente es solicitada por el proveedor al mismo tiempo que la compañía procesa la reservación de boleto del viajero.


Aunque el vuelo directo se lleva puntos por conveniencia, en este momento sigue siendo más económico optar por un vuelo dividido en dos etapas: reservar un viaje ida y vuelta desde Estados Unidos hacia un país de entrada como Canadá, México o las Bahamas, y luego un viaje ida y vuelta adicional entre el país de entrada y Cuba.


Volar por las Bahamas generalmente es la opción más económica. Para volar de manera legal a través de un país de entrada, los viajeros estadounidenses de todas formas deben ajustarse a una de las categorías de viajes autorizados.


Probablemente, los vuelos directos entre Estados Unidos y Cuba se volverán más asequibles a medida que se reanuda el servicio comercial programado.


¿Puedo tomar un ferry hacia Cuba?


Quizá en el futuro cercano. Se espera que el servicio regular de ferry desde el sur de Florida hasta Cuba inicie en 2016.


Los viajes inaugurales a bordo de barcos pequeños también están programados para este año.


¿Tengo que usar a un agente de viajes o puedo planificar el viaje yo mismo?


Hay algunos pasos que puedes seguir cuando planifiques un viaje a Cuba.


Sin duda puedes reservar tu viaje por ti mismo, al organizar los vuelos y tu visa por medio de CheapAir. De igual forma, puedes encontrar hospedaje en sitios como WowCuba, Cuba Particular e incluso Airbnb.


Ahora que ha crecido la economía de compartir, más y más viajeros optan por quedarse en casas de huéspedes y opciones de alquileres vacacionales; ellos hacen los arreglos directamente con los dueños cubanos de las propiedades.


Otra opción es trabajar con un agente de viajes solo en la capacidad de organizar vuelos y solicitar la visa, para simplificar el proceso de reservas, mientras planificas tú mismo el resto de las actividades.


Sin embargo, aunque no estás obligado legalmente a participar en un viaje organizado, a fin de asegurarte una plena adhesión a las categorías aprobadas de viajes, esta podría seguir siendo la mejor alternativa por el momento.


Muchos viajeros sugieren trabajar con un tour operador boutique de servicio completo, como Havana VIP Tours.


Estas organizaciones no solo se encargarán de las reservas de vuelo y hospedaje, sino también diseñarán un itinerario especial que se ajuste plenamente al viajero e incluya actividades de inmersión como clases de cocina, talleres de baile, presentaciones de teatro, tours de arquitectura y trabajo de voluntariado.


Otros puntos importantes:


Celulares: los celulares que tengan una tarjeta SIM de una compañía estadounidense no funcionarán en Cuba, así que no esperes encender tu iPhone y navegar como en casa cuando llegues a la isla.


Si tu teléfono no está bloqueado, puedes comprar una tarjeta SIM local que te permitirá hacer llamadas locales y enviar mensajes de texto (no tendrás datos).


Acceso a Internet: incluso con una tarjeta SIM cubana, no tendrás datos en tu celular, lo que representa un fuerte contraste para los estadounidenses que siempre están conectados. El acceso a Internet es limitado en toda la isla, y lo puedes comprar por hora en ciertos lugares.


Con la excepción de unos cuantos puntos de acceso inalámbricos en los hoteles de alta gama, la mayoría de conexiones son por línea conmutada. Por lo tanto, si tienes confirmaciones de reservas u otro papeleo que necesites durante tu viaje, debes imprimirlo antes de salir.


Efectivo: algunas tarjetas emitidas en Estados Unidos ahora funcionan en Cuba, pero las tarjetas de crédito o débito vinculadas con instituciones financieras estadounidenses no funcionan en todas partes.


Debes llevar suficiente efectivo como para cubrir todos tus gastos y un poco más. Además, asegúrate de apartar efectivo para el impuesto de salida que se cobra cuando sales de la isla.


Cambio de dinero: para que obtengas la mejor tasa de cambio, algunos viajeros sugieren convertir los fondos estadounidenses a euros, libras británicas o dólares canadienses antes de cambiar el efectivo a pesos cubanos.


Existe un impuesto de recargo del 10% sobre la tasa de cambio de dólares estadounidenses que no aplica a otras monedas.


Sin embargo, es oportuno analizar las cifras antes de tomar esta ruta para asegurarse de que las ganancias de la conversión del primer paso no superen la evasión del impuesto de recargo del 10%.





¿Qué puede hacer Cuba?








En estos días en los que Cuba se prepara para recibir la visita del presidente de los Estados Unidos Barack Obama, nuestro Catalejo inicia la publicación de una serie de artículos de varios especialistas estadounidenses, cubanos y latinoamericanos en torno a las circunstancias en que esta tiene lugar, así como su significación en el contexto actual de la política norteamericana, la realidad interna cubana y el ámbito hemisférico. El artículo que presentamos a continuación es el primero de ellos.


Cuba ha reconocido que el Presidente Barack Obama ha adoptado medidas positivas para modificar algunos aspectos del bloqueo y que altos funcionarios de su gobierno han dicho que otras están en estudio. “Sin embargo, no ha sido posible implementar una buena parte de las medidas, por su alcance limitado, por la persistencia de otras regulaciones y por los efectos intimidatorios del bloqueo en su conjunto…”[1]


El gobierno de Estados Unidos anunció en tres ocasiones desde el 17 de diciembre de 2014 (17D) —enero y septiembre de 2015 y enero de 2016— medidas de flexibilización del bloqueo a Cuba en materia de viajes, comercio, operación de empresas estadunidenses, así como la eliminación de límites a determinados tipos de remesas de dinero.


Sin renunciar a nuestros ideales ni claudicar en nuestros principios, ni dejarnos presionar en nuestros asuntos internos, como señalara el General de Ejército Raúl Castro, los tres conjuntos de medidas decretadas por el gobierno de los Estados Unidos abren posibilidades de intercambios que, independientemente de sus intenciones, pueden ser provechosos para Cuba.



¿Qué puede hacer Cuba para aprovechar las medidas en beneficio propio?


Una de las intenciones principales de las nuevas medidas fue facilitar la expansión del turismo estadounidense a Cuba a partir de las 12 categorías de viajeros que su gobierno autoriza. En 2015 arribaron 453 925 viajeros, colocando a Estados Unidos como el segundo emisor de visitantes a Cuba, después de Canadá.


Desde 1980 Cuba recibe visitas de norteamericanos de origen cubano a sus familiares pero las medidas de Obama han facilitado su aumento y diversidad —en 2015 alcanzaron la cifra de 292 692—. En tanto exista el interés de enriquecer las relaciones del país con su emigración y aprovechar su desarrollo en tierras extranjeras en bien el país, el gobierno cubano podría promover actividades y planes turísticos dirigidos a unir las familias; así como a jóvenes de origen cubano, con productos como  los campamentos de verano, cursos de español e historia y actividades deportivas; impulsar actividades en las localidades que atraigan a los oriundos de estas y fomenten la identidad nacional y local; propiciar la contribución de técnicos y profesionales a sus antiguos lugares de trabajo y estudio, incluyendo la posibilidad de retorno y reinserción para los que lo deseen; facilitar el retiro en Cuba de ancianos de origen cubano ofreciéndoles servicios especializados como casas de vida asistida —que pueden ser gestionadas por cooperativas o privados— y seguros médicos o tarifas preferenciales para hacer uso de la salud pública cubana, sin tener que extenderles el acceso gratuito de que gozan los residentes.


En cuanto a viajeros estadounidenses que desean realizar actividades comerciales en Cuba, para efectuar gestiones oficiales estos deben entrar con visa de negocio: sin ella no pueden ingresar a una oficina o instalación del Estado o ser recibidos por nuestros funcionarios. Pero para gestionar una visa de negocio la debe solicitar un organismo del Estado a favor del extranjero, por tanto, se produce un círculo vicioso que limita grandemente los contactos iniciales y exploraciones potencialmente positivos para ambas partes. El gobierno debiera facilitar estos encuentros flexibilizando las normas y prácticas, utilizando, por ejemplo, la Cámara de Comercio como espacio de encuentro y exposición, y puerta de entrada a los organismos y empresas, algo así como lo hace el Centro de Prensa Internacional para los periodistas.


El cuello de botella que se está produciendo con el aumento de visitantes norteamericanos sin vínculos familiares – 161 233 en 2015 – se debe en parte a que solo tres agencias receptoras —Amistur (ICAP), Havanatur (MINTUR) y San Cristóbal (OHCH)— están autorizadas a recibir grupos norteamericanos. El MINTUR debiera permitir que todas las agencias nacionales y extranjeras autorizadas en Cuba gestionen servicios turísticos para viajeros norteamericanos, de la misma manera que lo hacen con las otras nacionalidades.


Otro conjunto de medidas está dirigido a ampliar las actividades educativas que se realizan desde los Estados Unidos en Cuba. Este es un campo en el que el sector no estatal pudiera complementar al Estado, organizando y brindando actividades educativas al turismo proveniente de ese y otros países, en áreas como la enseñanza del idioma, cultura —danza, música, teatro, artes, cine— deportes y ecoturismo. En interés de facilitar la gestión de turismo educativo de proveedores no estatales y comunitarios, el Estado pudiera ofrecer espacios en ferias y convenciones, permitir su inclusión dentro de los canales actuales de promoción turística y abrir la posibilidad de crear redes nacionales de comercialización que combinen servicios estatales y no estatales  —hospedaje, alimentación, excursiones y actividades educativas.


Las regulaciones de Obama han ampliado las posibilidades de enviar remesas y donativos por parte de nacionales de Estados Unidos, de origen cubano o no. Mucho se puede hacer para aprovechar el espacio creado en aras de aumentar su monto y ampliar sus beneficios más allá de los familiares directos de los que las envían.


Se puede comenzar por una mayor transparencia en los datos y la información que permita a los investigadores, estudiosos y periodistas analizar los flujos de remesas y donativos, su impacto y potencialidades. Igualmente, valdría reconocer el papel múltiple de las remesas, como aporte al consumo familiar, a la construcción y reparación de viviendas  —contribuyendo al auge de la industria de la construcción— y como capital de inversión privada.


Es conveniente ver en las remesas y en los proyectos “humanitarios” un potencial de apoyo social y comunitario, por ejemplo, creando fondos para el fomento de proyectos y actividades en localidades e instituciones a los que pueden aportar los oriundos de allí. Igual se presta para antiguos alumnos de escuelas y universidades, trabajadores de determinados centros, fanáticos de clubes deportivos, etcétera.


Merece consideración la posibilidad de propiciar proyectos sociales financiados por donaciones privadas norteamericanas. El proceso de aprobación de donaciones y proyectos en Cuba, vengan de donde vengan, sean de instituciones o individuos, es sumamente burocrático y engorroso, como atestiguan tanto donantes como beneficiarios. Frecuentemente vemos a extranjeros que desean hacer un aporte monetario a una institución o proyecto civil que visitan y se ven imposibilitados de hacerlo por las regulaciones de control que en la práctica resultan disuasivas. La mejor respuesta del gobierno cubano al auge de la colaboración internacional de fuentes privadas norteamericanas con contrapartes cubanas que puede suceder como resultado de estas medidas, es que haga más ágil y eficiente el proceso de aprobación y gestión para todos.


Se deben aprovechar proactivamente, en función del desarrollo local, las oportunidades que han abierto las nuevas regulaciones del gobierno de los Estados Unidos para generar proyectos de preservación del patrimonio, al utilizar mecanismos como la Red de ciudades patrimoniales, agrupaciones de descendientes de la localidad, hermanamientos de ciudades, grupos de aficionados a la historia, arquitectura, antigüedades, etcétera, para este fin.


En otra categoría están las medidas dirigidas a fomentar las relaciones entre la sociedad civil norteamericana y la de Cuba. Si nos atrevemos a ver esto como oportunidad y no como amenaza, puede traer dividendos políticos —por el conocimiento positivo de la realidad cubana que se difundiría directa e indirectamente en los Estados Unidos— económicos y sociales  —por los recursos que se puedan ingresar mediante estos contactos y actividades.


Igualmente, constituye una oportunidad permitir una gestión descentralizada por parte de las organizaciones de la sociedad civil cubana y los gobiernos locales en cuanto a gestionar proyectos humanitarios y actividades de fundaciones y ONGs, siempre que el origen de los fondos sea privado. El Estado puede facilitar plataformas de encuentros entre organizaciones civiles de cada país, por rama: educativas, medioambientales, deportivas, cultuales, religiosas, juveniles, comunitarias, de género, etcétera; y aprovechar la posibilidad que abren las regulaciones de enero 2016 de considerar solicitudes de exportación de productos norteamericanos a ONGs cubanas.


En cuanto a las relaciones comerciales, las regulaciones del gobierno estadounidense orientadas a autorizar una expansión de exportaciones e importaciones de productos y servicios pudieran aprovecharse mucho más en función de la economía cubana, en particular de sus consumidores y productores no estatales. Dichas regulaciones pretenden privilegiar al sector privado en los sectores de la construcción, agricultura, pequeña industria y servicios. Las cooperativas, que para Cuba son parte de la economía social, a los efectos del gobierno norteamericano son “negocios privados”, por lo cual estarían incluidas.


El Estado cubano pudiera responder positivamente a estas oportunidades creando mecanismos para la importación y venta mayorista y minorista de los productos y servicios recién autorizados, sin que pierda control, estableciendo, por ejemplo, una importadora/exportadora especializada, una zona franca donde se pueden comercializar, mecanismos financieros que faciliten créditos a los compradores, etcétera.


De igual manera, pudieran fomentarse las exportaciones de bienes y servicios a los estados Unidos producidos por el sector no estatal y su acceso a tecnologías y mercados, que generen ingresos para el país.


Una oportunidad particular que se está desaprovechando es la exportación de software y aplicaciones producidas en Cuba por informáticos cubanos, por carecer de respaldo del Estado. Este pudiera propiciar los contactos, plataformas y mecanismos comerciales descentralizados que permitan la exportación de servicios informáticos por parte de privados y cooperativas —aún en fase de aprobación— en especial a Estados Unidos, y el cobro de ingresos e impuestos por estas exportaciones. Entre otros beneficios estaría el de retener a cientos si no miles de informáticos que están emigrando por falta de empleos suficientemente remunerados y oportunidades en el país.


A menudo los visitantes norteamericanos dicen que no pueden aprovechar el límite máximo de $400 USD de importaciones de Cuba porque, más allá de los $100 permitidos de alcohol y tabaco, no tienen qué comprar. El Estado, a través de instituciones como el Fondo de Bienes Culturales, la Asociación de Artesanos y Artistas, las Industrias Locales, así como las agencias turísticas y gobiernos locales, pudieran hacer mucho más por promover las producciones artísticas y artesanales de calidad, dirigidas a un turismo de mayor nivel que el que acude a las ferias y mercados callejeros. Ejemplos hay en instituciones como FONACULT en México.


Poco o nada se ha comentado públicamente de la nueva regulación (enero 2016) que permite excepciones “caso a caso” de exportaciones de EU a empresas y otros organismos estatales para la provisión no lucrativa de bienes y servicios en beneficio de la población, por ejemplo, para la producción agropecuaria; creación artística, cultural y patrimonial; educación; producción de alimentos; prevención y manejo de desastres; salud pública y saneamiento; construcción y renovación de viviendas; transporte público; potabilización de agua; suministro de electricidad y otras energías; deporte y recreación; y otras infraestructuras; y exportaciones de productos para el consumo de la población. Esto pudiera aprovecharse para disminuir costos de importación de productos actualmente adquiridos en otros mercados y, combinado con una promoción activa de donativos, aumentar la provisión total de estos bienes y servicios destinados a la población.


Las regulaciones de enero 2016 permiten transacciones relacionadas directamente con producciones profesionales audiovisuales y artísticas norteamericanas en Cuba, dentro de las que también se cuentan filmaciones y producciones de programas de televisión y cine, y productos musicales y artísticos. Esto incluye la posibilidad de contratación de personal cubano y pago de derechos y servicios. Entidades como el ICAIC, RTV Comercial y la Asociación de Productores Audiovisuales pudieran aprovechar esta oportunidad para convertir a Cuba en una atractiva locación para estas producciones, compitiendo favorablemente con otros escenarios como Puerto Rico y República Dominicana, entre otros motivos, por la presencia de competentes profesionales y técnicos audiovisuales y de experimentadas productoras estatales e independientes. Esto se puede combinar con la posibilidad de importar equipos y materiales de uso en dichas producciones, lo cual aumentaría el stock y mejoraría la tecnología existente en el país. En estas circunstancias se pudiera incluso pensar en coproducciones con EU como se hace con otros países.


La actualización del modelo económico cubano comenzó mucho antes de que se iniciara el proceso de normalización de relaciones con Estados Unidos. La aprobación de los Lineamientos (2011) relanzó al socialismo cubano sobre nuevas bases. Estos incluyen: “Reconocer y promover el desarrollo de fórmulas no estatales de gestión de la propiedad, y diferentes actores en la economía; Otorgar el papel preponderante a la empresa estatal socialista, fuerte y bien organizada […]. Ampliar el ejercicio del trabajo por cuenta propia y su utilización como una alternativa más de empleo que contribuya a elevar la oferta de bienes y servicios.” [2]


Aprovechar las medidas de flexibilización del bloqueo a Cuba promulgadas por el gobierno de Obama en función de los objetivos trazados por el Partido y la Revolución, para incrementar la eficiencia económica, los ingresos y el desarrollo, es otra expresión de independencia y soberanía nacionales, de fortaleza y de creatividad.










[1] Granma, Editorial, 9 marzo 2016.



[2] Partido Comunista de Cuba (2011) Lineamientos de la política económica y social del Partido y la Revolución