lunes, 21 de noviembre de 2016

El legado de Obama en la política hacia Cuba


El próximo 20 de enero de 2017, concluirá el segundo y último mandato presidencial de Barack Obama, y para nadie es un secreto, que su administración ha marcado el principal punto de inflexión dentro de la clásica política hostil de los Estados Unidos contra Cuba. Obama retomó el camino que antes había trazado el presidente James Carter (1977-1981) en la política hacia la Isla y lo llevó más lejos de lo que realmente muchos imaginábamos antes de los históricos anuncios del 17 de diciembre del 2014.

Quizás hacia ningún otro país, Obama ha implementado con tanto esmero el llamado soft power–poder blando-, una de las caras de la doctrina del smart power –poder inteligente-, concepto manejado por Joseph Nye.[i] El poder blando es definido por Nye como la habilidad de lograr los objetivos de la política exterior de los Estados Unidos a través de la atracción más que por la coerción y la amenaza.

¿Cuáles serían entonces los principales acontecimientos inéditos en las relaciones Cuba-Estados Unidos desde la ruptura diplomática de enero de 1961, que han tenido lugar durante la administración Obama?

  • Nunca antes, desde el triunfo de la Revolución Cubana, presidente estadounidense alguno había realizado una llamada telefónica a su par cubano para hablar de manera cordial y respetuosa, apartándose al menos por unos minutos de la tradicional arrogancia imperial y reconociendo, de hecho, la legitimidad del gobierno cubano.

  • Ningún presidente estadounidense en funciones había manifestado su opinión contraria al bloqueo contra Cuba, considerándola una política fallida. Carter y Clinton lo hicieron solo después de abandonar la Casa Blanca.

  • Tampoco en la historia de las relaciones Cuba-Estados Unidos se había coordinado un mensaje televisivo simultáneo de los líderes de ambas naciones anunciando el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y el inicio de un proceso de normalización de las relaciones.

  • Siempre, dentro los diferentes diseños de negociación con Cuba –fundamentalmente visibles durante las administraciones de Gerald Ford y Jimmy Carter- el restablecimiento de las relaciones diplomáticas fue contemplado por el gobierno de los Estados Unidos como un último paso en el camino de un largo proceso negociaciones y acuerdos. Obama invirtió el proceso, y de un solo golpe, anunció que se abrirían embajadas en ambas capitales y pediría al Congreso el levantamiento del “embargo”, tomando por sorpresa a los que más podían torpedear el proceso de acercamiento a Cuba, en especial a la extrema derecha cubanoamericana presente en el legislativo estadounidense.

  • Ninguna de las 10 administraciones estadounidenses que precedieron a la de Barack Obama estuvo dispuesta a sentarse de igual a igual a conversar con la dirección de la Revolución Cubana, como lo hizo Obama en la Cumbre de las Américas realizada en Panamá y luego en dos oportunidades más.

  • Nunca antes los Estados Unidos y Cuba habían conversado con respeto y en igualdad de condiciones sobre un tema donde existen tantas diferencias como el de los derechos humanos. Tampoco con anterioridad representantes de ambos países se habían reunido para abordar el complejo tema de las reclamaciones por las propiedades norteamericanas nacionalizadas a inicios de la Revolución, junto a la demanda cubana por daños económicos.

  • La reunión en Washington en julio de 2015 entre los encargados de las relaciones exteriores de ambos países, el secretario de Estado John Kerry y el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parrilla, constituyó la primera a ese nivel desde la ruptura de las relaciones diplomáticas en 1961.

  • A finales de julio de 2015 la embajadora estadounidense ante la ONU, Samantha Power, realizó la primera visita de un embajador de ese país a la Misión de Cuba ante las Naciones Unidas en más de medio siglo.

  • La visita de John Kerry a la Habana en agosto de 2015 para participar en la apertura de la embajada estadounidense en nuestro país, fue la primera de un secretario de estado de los Estados Unidos en 70 años.

  • Por primera vez se crea una Comisión Bilateral para diseñar y organizar los asuntos que serán analizados en el largo y complejo proceso de hacia la normalización de las relaciones. Como derivación de ella surgió también el mecanismo de Diálogo Económico bilateral.

  • La visita de Obama a Cuba en marzo de 2016 constituyó la primera de un mandatario estadounidense en casi 90 años.

  • Se restablecieron los vuelos regulares entre ambos países después de más de 50 años;, la transportación marítima de pasajeros que califican bajo las 12 categorías permitidas por la ley y el correo postal directo.

  • Se logró la renovación en los Estados Unidos del registro de la marca de ron cubano Havana Club.

  • Ninguna administración estadounidense había firmado con Cuba en apenas dos años tantos acuerdos de cooperación en áreas de interés común y abierto a la vez diferentes espacios para el diálogo bilateral.[ii]

  • Los intercambios académicos, culturales, científicos y deportivos superan en número los ocurridos durante otras administraciones estadounidenses, al igual que los viajes en ambas direcciones y las visitas de alto nivel.

  • Por primera vez un Presidente de los Estados Unidos hace pública –Carter lo había hecho con anterioridad pero de manera secreta- una directiva presidencial en la que ordena y establece el camino para avanzar hacia la normalización de las relaciones entre ambos países.

  • Luego de 25 años de votación en Naciones Unidas contra el bloqueo, los Estados Unidos por primera vez se abstienen.


Como se ve, la mejoría de las relaciones bilaterales se da tanto en el plano simbólico, como en el práctico. Sin embargo, a pesar de los notables progresos que se han obtenido en las relaciones bilaterales como: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Cuba, el propio inicio del complejo proceso hacia normalización de los vínculos bilaterales y los acuerdos alcanzados hasta el momento, el regreso de nuestros héroes antiterroristas y la eliminación de Cuba de la espuria lista de países antiterroristas;lo cierto es que Obama se va y la Mayor de las Antillas no solo se quedará con el bloqueo –principal obstáculo para la normalización de las relaciones-, sino también con la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo y con toda una serie de políticas hostiles del pasado como Radio y TV Martí, los programas de corte injerencista y aquellos que politizan el tema migratorio al incitar a la emigración irregular.

Lo inédito ha estado en los métodos que ha introducido la administración Obama en la política hacia Cuba, pero no el propósito de promover cambios en Cuba de acuerdo a los intereses de Estados Unidos. Tampoco Obama y sus asesores han sido unos iluminados que han descubierto formas más inteligentes para lograr sus propósitos con Cuba. Muchas ideas y concepciones, que ahora han alcanzado mayor consenso en la clase dominante de los Estados Unidos sobre cómo lograr la “transición hacia el capitalismo en Cuba”, se habían esgrimido desde épocas anteriores en determinados círculos de poder de los Estados Unidos, aunque es innegable que el actual gobierno en la Casa Blanca ha hecho sus aportes.

Obama y el bloqueo

Obama ha manifestado públicamente su desacuerdo con el bloqueo, al considerarlo una política fallida que no ha logrado hacer avanzar en Cuba los intereses de los Estados Unidos. Asimismo, ha exhortado al Congreso a proceder con su levantamiento definitivo.  Mas cuando se analiza que, a pesar de la Ley Helms Burton, el presidente de los Estados Unidos conserva amplias facultades ejecutivas para, a través de licencias, erosionar significativamente el bloqueo,[iii] surgen entonces inevitables cuestionamientos: ¿por qué Obama no ha agotado hasta el final esas prerrogativas?, ¿por qué las medidas que ha tomado para flexibilizar el bloqueo han sido limitadas,  a cuentagotas y con una tendencia que desfavorece al sector estatal de la economía cubana? ¿Cómo se explican las críticas de Obama al bloqueo y que sea al mismo tiempo su administración la que más fervientemente ha llevado adelante la persecución financiera contra la Isla, superando incluso a la administración Bush en la aplicación de las sanciones?

No albergo dudas de que Obama ciertamente considera al bloqueo una política fracasada –lo consideraba así desde que era senador en el 2004-, pero al mismo tiempo, se hace notorio que, ha sido demasiado cauteloso en su desmontaje para evitar una demanda judicial o maniobrado de forma astuta con sus prerrogativas presidenciales.En este punto existen criterios encontrados entre especialistas en las relaciones Cuba-Estados Unidos y abogados que han estudiado el amplio abanico de leyes y regulaciones que componen el bloqueo contra Cuba. Sin embargo, creo que a nivel de hipótesis pudieran argumentarse ambos criterios. El futuro se encargará de mostrar la verdad. “En política lo real es lo que no se ve”, decía nuestro Apóstol, José  Martí.

Asesores y abogados muy ligados a la administración Obama han planteado que están en el límite de lo que desde la rama ejecutiva se puede hacer con relación al bloqueo, mientras que destacados  académicos sostienen que él realmente quisiera hacer más, pues el bloqueo, en definitiva, constituye un obstáculo para sus propósitos de aumentar los canales de influencia de los Estados Unidos en Cuba.

Sin embargo, no deja tener sustento la hipótesis de que Obama, tomando en cuenta el contexto el político y legal, ha preferido entonces maniobrar con gran astucia y sin grandes riesgos a través de sus cinco paquetes de medidas de “flexibilización” del bloqueo, para maximizar el rédito político de su nuevo enfoque hacia la Isla. Algunos elementos que respaldan este criterio serían:

  1. La gran espectacularidad mediática en que ha sido anunciado cada nuevo paquete de medidas, por muy limitadas que hayan sido las “flexibilizaciones”. La espera del momento más oportuno para dar a conocer las nuevas disposiciones. El primer paquete de medidas fue anunciado solo a pocos días de la Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago, mientras que los anuncios del 17 de diciembre de 2014 precedieron solo unos meses a la Cumbre de las Américas en Panamá. Asimismo, otras medidas fueron anunciadas antes de la visita de Obama a Cuba. El último paquete de medidas aprobado, así como su directiva presidencial de política hacia Cuba, se hicieron públicas días antes de la votación en la Asamblea General de Naciones Unidas de la resolución cubana contra el bloqueo. En política nada es casual. Todo ello proyectando una posible falsa imagen al mundo, de que el Presidente estadounidense ha agotado todas sus facultades ejecutivas con relación al bloqueo y que el resto está en manos del Congreso, o en todo caso de Cuba, a la cual correspondería conceder algo a cambio de los “significativos gestos” de Obama.

  2. La manera en que se han priorizado en el proceso de debilitamiento del bloqueo, donde la mayoría de las medidas favorecen el crecimiento del sector privado a la interno de la sociedad, mientras se observa una tendencia que discrimina al sector estatal de la economía cubana. Solo a partir del tercer y cuarto paquetes de medidas se comienza a tomar en cuenta al sector estatal, aunque de manera limitada y con pocas posibilidades de implementación.

  3. El manejo del bloqueo en dos direcciones, como advirtió el Doctor en Ciencias, Esteban Morales, desde el primer período presidencial de Obama, tratando de contraponer “pueblo” y “gobierno”. La mayor cantidad de medidas de “flexibilización” –paquetes, remesas, viajes, becas, etc- se dirigen a captar simpatías e influir dentro de determinados sectores de la sociedad cubana –desdibujando la imagen del enemigo- , mientras que sobre el gobierno cubano se mantienen la mayoría de las presiones, que le dificultan poder llevaradelante con éxito su actual estrategia económica. De esta manera, se busca incidir en el curso de las transformaciones actuales de la sociedad cubana, desviándolas hacia los intereses de Washington, en un momento en que se producen cambios generacionales en las estructuras de dirección del país, algo que el propio Obama ha planteado que pretende aprovechar. A su vez, mientras las circunstancias lo permitan, el bloqueo puede continuar utilizándose como carta de presión sobre el gobierno cubano para exigir cambios o concesiones que satisfagan las demandas hegemónicas de los Estados Unidos.


Por otro lado, no deja de ser dudoso, que después de dos años de estudios, conversaciones y negociaciones bilaterales, Obama y sus asesores no tengan una claridad de hasta dónde puede llegar en la modificación de las políticas de sanciones contra Cuba. Es cierto que a Obama le interesa que los grandes capitales estadounidenses lleguen en gran escala a Cuba –y el bloqueo es un obstáculo para ello-, pero más aún le interesa potenciar la expansión del sector privado en la Isla y estimular su conversión en el principal “agente de cambio” hacia el capitalismo, pues ello es funcional a sus propósitos de “cambiar a Cuba desde dentro”, tomando en cuenta los continuos fracasos al intentar hacerlo desde fuera. Las declaraciones de Antony Blinken, subsecretario de Estado de los Estados Unidos, durante una visita realizada a España en julio del 2015, fueron muy explícitas al respecto: “El embargo tenía buena intención. Reflejaba el hecho de que el Gobierno cubano en la época denegaba derechos básicos a sus ciudadanos y representaba una amenaza de seguridad con su alianza con la URSS. Pero no ha sido eficaz en lograr sus objetivos. Lo lógico es intentar algo diferente. Creemos que abrir la relación es la mejor manera de alcanzar los objetivos que tenían aquellos que apoyaban el embargo. Esto permitirá al pueblo cubano, a la clase media, tener más contacto con el mundo y con EE.UU. Esto nos permitirá extender nuestros contactos en la sociedad cubana. Las medidas que estamos tomando reforzarán a la clase media de Cuba. Este es el mejor instrumento para obtener lo que todos queremos: una Cuba libre, próspera y democrática”.[iv]

Tampoco puede desconocerse que, desde abril del 2009 –aunque ya había pronunciamientos y estudios anteriores- el importante tanque pensante de los Estados Unidos Brookings Institution, en un informe elaborado por 19 personalidades del mundo académico y diplomático estadounidense, especialistas en las relacionesCuba-Estados Unidos, abogados y líderes de opinión, dio a conocer hasta donde podía llegar Obama en la flexibilización de las sanciones económicas contra Cuba: “…el Presidente no tiene autoridad para cancelar el embargo o levantar la prohibición de viajes, pero puede desmantelar el actual embargo comercial usando su autoridad para otorgar licencias para el comercio en ambas direcciones de una amplia variedad de bienes y servicios, o permitiendo la exportación estadounidense de ciertos bienes y servicios así como ampliando las categorías que permiten viajes entre Cuba y los Estados Unidos”.[v]

También que el destacado abogado estadounidense Rubert Muse ha explicado que “la autoridad del Presidente de los Estados Unidos de derogar o modificar el embargo comercial es esencialmente sin restricciones”, pese a la existencia de la Ley Helms-Burton. “Es necesario -señala Muse- remover cualquier idea errónea de que el presidente no tiene autoridad para normalizar las relaciones con Cuba”.[vi]

El pasado 27 de octubre, los reconocidos abogados estadounidenses Stephen Heifetz y Peter Jeydel, publicaron en The Hill un artículo en el que defendían  el mismo punto de vista de Muse, sobre las amplias facultades del Presidente para vaciar de contenido fundamental el bloqueo. Los autores del texto, Tiempo de poner fin definitivamente al embargo sobre Cuba, advertían: “el Secretario del Tesoro podría autorizar a empresas estadounidenses de manufactura y energía iniciar operaciones en Cuba”.[vii]

Sin embargo, ya casi con Obama de salida de la Casa Blanca, su administración solo ha autorizado invertir en Cuba en el sector de las telecomunicaciones, con declarados propósitos políticos e injerencistas. ¿Por qué se excluyen otros sectores importantes y estratégicos de la economía cubana? De la misma manera se han presentado las medidas sobre las operaciones comerciales con pequeños y medianos negocios privados cubanos. En cada uno de los paquetes de medidas no se ha tomado en cuenta a los sectores claves de la economía cubana. Las más recientes medidas anunciadas en octubre incorporan la posibilidad de comercializar y distribuir productos de la industria farmacéutica y biotecnológica cubana, pero no permiten la creación de empresas mixtas para hacer estas operaciones. Por otro lado, a pesar del anuncio del gobierno de los Estados Unidos, antes de la visita de Obama a Cuba, de que la Isla podía hacer uso del dólar estadounidense en sus transacciones financieras –medida que de aplicarse pudiera resultar muy significativa- , eso no ha podido suceder en la práctica, debido al efecto intimidatorio que el bloqueo provoca en los bancos internacionales y de los Estados Unidos y el hecho de que el gobierno de ese país no ha tomado medidas o realizado acciones complementarias que devuelvan la confianza a los bancos para realizar estas operaciones.  Asimismo, no existen aún relaciones bancarias normales entre ambos países, pues para Cuba se mantiene la prohibición de abrir cuentas corresponsales en bancos estadounidenses, algo que Obama pudiera autorizar sin dificultad.

Estados Unidos no es un actor racional único y entre los formuladores de política hacia Cuba se producen contradicciones. Aún existe un  grupo anclado en el pasado que considera que el bloqueo es funcional a la subversión y otro, que por el contrario, lo ve como un obstáculo para poder convertir los elementos del Carril II en una amplia autopista de influencias. Obama, sin duda, pertenece al segundo grupo, pero lo acontecido del 17 de diciembre de 2014 hasta la fecha, puede también entenderse como un intento de proceder al desmontaje del bloqueo de forma gradual e intencionada, con el objetivo de maximizar los dividendos que pudiera ofrecer la estrategia de seducción y ablandamiento adoptada como nuevo enfoque en la política hacia Cuba, que al propio tiempo dificulte la capacidad de respuesta del gobierno cubano.

De cualquier manera, todo parece indicar que el bloqueo tiene sus días contados, pero Cuba jamás puede confiarse o desmovilizarse en su lucha por alcanzar su total eliminación. Como dijo nuestro ministro de Relaciones Exteriores en Naciones Unidas, Bruno Rodríguez, el pasado 26 de octubre: “Es necesario, por tanto, juzgar por los hechos. Lo importante y concreto es el desmontaje del bloqueo, más que los discursos, las declaraciones de prensa o incluso el voto de una delegación en esta sala. Repito, es necesario juzgar por los hechos”.[viii]

Un escenario de “ganar-ganar”.

No se puede obviar en el análisis que la política de los Estados Unidos hacia Cuba anunciada el 17 de diciembre de 2014, no está fuera del plan estratégico general de Washington por recomponer su liderazgo y hegemonía en toda la región de América Latina y el Caribe. La concepción del Smart power–poder inteligente- que ha asumido la administración Obama en política exterior, está basada en el uso de todos los instrumentos del poderío nacional de los Estados Unidos, adaptándolo a las realidades contextuales de cada región o país en específico, lo que Nye denomina inteligencia contextual, y a partir de ahí tener la habilidad de combinar poder duro y blando con mayor efectividad. Por ello es que en ocasiones las políticas de los Estados Unidos puedan aparentar incoherencia en la aplicación de retóricas y praxis diferentes, pero nada más lejos de la realidad que esta apreciación.

Los distintos pronunciamientos de Obama y sus asesores más cercanos después de diciembre de 2014, hacen evidente que su administración ha buscado con este nuevo curso de acción hacia la Isla, hacer coincidir los objetivos políticos específicos que se proponen para Cuba, con otros regionales y globales, en una estrategia integral que le permita ganar en todos los frentes.

¿Cuáles serían algunos de esos propósitos integrados?:

-Reducir el referente simbólico que ha significado Cuba para el hemisferio y el mundo, como ese David enfrentado con éxito a Goliat.

-Crear confusión y división entre los gobiernos progresistas, los movimientos sociales y los sectores de izquierda en la región. Algunos de los cuales pudieran llegar a pensar de manera errónea que la Revolución Cubana ha claudicado.

-Afectar, y de ser posible revertir, los procesos integracionistas y los espacios concertación y cooperación que en los últimos años han avanzado en la región apartándose de las lógicas de dominación de Washington. Entre ellos: la CELAC, UNASUR, ALBA-TCP y Petrocaribe.

-Después de superada la “distracción cubana” y dejado atrás un tema irritante que estaba complicando cada vez más la agenda interamericana de los Estados Unidos, concentrar la mayor cantidad de esfuerzos en las acciones desestabilizadoras contra el proceso revolucionario en Venezuela, por la importancia geopolítica y geoestratégica de este país en la región. También, acentuar en el hemisferio la guerra de cuarta generación y sus componentes psicológicos-comunicacionales contra otros países cuyos gobiernos han seguido una línea progresista y de izquierda.

-Al tiempo que se recupera el espacio perdido en América Latina y el Caribe, disminuir la influencia y presencia de actores extra regionales como Rusia y China, que hoy disputan la hegemonía de los Estados Unidos a nivel global.

-Eliminar los principales aliados estratégicos de Cuba en el hemisferio, lo que colocaría a la Isla en una situación comprometida y supuestamente vulnerable en la mesa de negociaciones con los Estados Unidos. Según ese cálculo, a Cuba no le quedaría otro remedio que sucumbir a los pies de los Estados Unidos.

Ya desde marzo de 2016, Ben Rhodes, uno de los principales asesores de Obama, se vanagloriaba, en una entrevista ofrecida a The Atlantic, de los cambios que se estaban viendo al sur del hemisferio, y, de alguna manera, lo asociaba al “nuevo enfoque” de política hacia Cuba, anunciado el 17 de diciembre de 2014:

“Cuando asumimos el cargo, el viento soplaba a favor de Hugo Chávez, Evo Morales y las fuerzas antiestadounidenses, el movimiento ALBA en América Latina… Y de hecho lo has visto en las últimas elecciones de Argentina, en las que la presidenta antiamericana Cristina Kirchner fue reemplazada por un presidente muy pro-americano, el presidente Mauricio Macri, a quien visitaremos después de Cuba y usted ha visto Evo Morales perder un referéndum en Bolivia. No estoy diciendo que haya un efecto causal directo en nuestras políticas, pero es indiscutible que nos hemos quitado esencialmente como una fuerza justificadora para aquellos líderes de la región que tienen una política arraigada en el antiamericanismo”.[ix]

Este es, en parte, el “legado” que Obama quiere dejar en materia de política exterior hacia América Latina y el Caribe: los Macri y los Temer, aunque Ben Rhodes se adelanta al cantar victoria antes de tiempo. Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador y otros países de la región, junto a los movimientos sociales y las fuerzas progresistas, aún libran importantes batallas por la emancipación y unidad de nuestros pueblos. Pese a avances y retrocesos, la historia de nuestra región jamás volverá a ser como antes.

La directiva presidencial de Obama.

Antes de Obama, solo el presidente James Carter (1977-1981) había firmado una directiva presidencial donde ordenaba iniciar un proceso de normalización de las relaciones con Cuba. Carter lo hizo en un documento secreto, Obama en uno público y de mayor extensión. Carter aprobó este documento en los comienzos de su mandato presidencial, Obama lo hace en un segundo mandato y casi de salida de la Casa Blanca. Por lo tanto, la directiva de Obama está pensada más para el próximo presidente de los Estados Unidos y va a tener muy pocos efectos prácticos en los meses que le restan como Presidente. El documento –una especie de testamento político- recoge las ideas que en torno al “proceso de normalización” ha ido madurando la administración Obama, desde el 17 de diciembre de 2014 hasta la actualidad. Es difícil que la próxima administración estadounidense pueda ignorar esta directiva, pero nada la obliga a darle cumplimiento. El nuevo Presidente de los Estados Unidos podría elaborar su propia directiva de política hacia Cuba.

Esta nueva directiva del 14 de octubre, bajo un lenguaje engañoso, esconde numerosas contradicciones y manipulaciones.

“Reconocemos la soberanía y autodeterminación de Cuba –dice la directiva- y damos cuenta de las áreas en las que existen diferencias. Pretendemos abordar tales diferencias por medio de la interacción y el diálogo, así como mediante la promoción de un creciente entendimiento entre nuestros gobiernos y pueblos”, dice desde sus comienzos, para luego negarlo en varias oportunidades. Como cuando señala: “El Gobierno de los Estados Unidos no tiene intención de modificar el tratado de arrendamiento vigente y otras deposiciones relacionadas con la Base Naval de Guantánamo, que permite a los Estados Unidos mejorar y preservar la seguridad regional”.

¿Es posible que se reconozca y respete la soberanía de Cuba, cuando parte de nuestra soberanía territorial se encuentra comprometida por la presencia ilegal y forzosa de los Estados Unidos en la bahía de Guantánamo?

Después de los anuncios del 17 de diciembre de 2014 se ha hecho notoria la intención, a través de diversos pronunciamientos y documentos de la comunidad militar estadounidense, de dotar a la ilegal base naval estadounidense en Guantánamo de una importancia para la seguridad nacional de los Estados Unidos, que realmente no tiene en la coyuntura actual, lo cual sirve además, como argumentación para enfrentar la histórica demanda cubana sobre ese territorio, que en el nuevo escenario de las relaciones ha cobrado mayor fuerza.

“Nosotros no buscamos un cambio de régimen en Cuba. Continuaremos dejando claro que los Estados Unidos no puede imponer un modelo diferente en Cuba, porque el futuro de Cuba depende del pueblo cubano”, sostiene el documento más adelante. Sin embargo, esta declaración es inmediatamente refutada cuando se expresa que los Estados Unidos continuaran su “compromiso de apoyo a los activistas democráticos, como lo hacemos en todo el mundo, también fomentaremos relaciones con líderes comunitarios, blogueros, activistas y otros líderes en temas sociales que puedan contribuir al diálogo interno en Cuba sobre la participación cívica (…) Seguiremos apoyando programas que sean transparentes y consistentes con los programas desarrollados en sociedades similares en el mundo”.

¿Cómo se entiende esta contradicción? ¿Será realmente una contradicción o más bien una burda manipulación y ofensa a la inteligencia de los cubanos? La injerencia en los asuntos internos de otra nación, no por ser transparente, deja de ser injerencista. Sobre todo, cuando los Estados Unidos utilizan un pretexto tan poco creíble -viniendo de su parte- como el de los derechos humanos y la democracia.

La historia demuestra que a los Estados Unidos jamás le han interesado realmente los derechos humanos y la democracia en otros países, sino su hegemonía. Esto es lo que explica los dobles raseros y la manipulación constante de estos temas. Los distintos gobiernos de los Estados Unidos han sostenido relaciones cordiales y amistosas durante décadas con países en los que sistemáticamente se violan los derechos humanos y en los que poco importa la democracia, pero al responder a los intereses de Washington han recibido de inmediato su beneplácito.

Por si fuera poco, solo unos día después de hecha pública la directiva presidencial, el Buró para la Democracia, los Derechos Humanos y Laborales (DRL), perteneciente al Departamento de Estado, abrió una licitación para interesados en obtener fondos para programas que promuevan “cambios democráticos” en materia de derechos civiles, políticos y laborales en Cuba.La cifra ofrecida asciende a 5,6 millones de dólares.[x]¿Es esa la manera en la que los Estados Unidos pretenden abordar las diferencias con Cuba? ¿Para qué se establecieron entonces embajadas en ambos países? ¿Qué pensaría el gobierno de los Estados Unidos si fuese a la inversa, si Cuba pagara a “disidentes” estadounidenses para que atentaran contra el orden constitucional en ese país? Para que exista una relación normal entre ambos países, entre otras cosas, la política de “cambio de régimen” debe ser definitivamente sepultada. De lo contrario esa directiva no irá jamás en la dirección correcta.

A Obama aún le restan unos días en el poder, quizás pudiera dejar de “jugar al flojo” con Cuba y extender aún más –sin violar la ley- la relación económica con la Isla. Esto estaría más en correspondencia con su discurso y directiva presidencial de hacer irreversible el proceso que se inició el 17 de diciembre de 2014 y dejaría un legado mucho más promisorio para las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba, aunque seamos conscientes que en su esencia, la normalidad a la que aspiran los vecinos del norte, se contrapone a la que históricamente hemos defendido y seguirnos defendiendo los cubanos. Pero en el camino hacia esa meta antagónica, no dejan de existir senderos en los que ambos pueblos se encuentran y benefician.

Notas

[i] Graduado en la Universidad de Princenton y doctor por Harvard, experto en relaciones internacionales. En varias de sus obras ha introducido y analizado el concepto Smart Power el cual ha tenido amplia repercusión en el discurso político estadounidense y la política exterior de ese país. En la actualidad es profesor de la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard.

[ii]Ejemplo de ello han sido: Memorando de Entendimiento sobre y conservación y manejo de áreas marinas protegidas; Declaración Conjunta para la cooperación en la protección del medio ambiente; Programa de colaboración para la capacitación de profesores de idioma inglés; Memorando de Entendimiento para la cooperación en el mejoramiento de la seguridad de la navegación marítima; Memorando de Entendimiento para la cooperación en la agricultura; Memorando de Entendimiento entre el MININT-Aduana General de la República y el Departamento de Seguridad Interna de EE.UU. para la cooperación en la esfera de la seguridad de los viajeros y el comercio; Memorando de Entendimiento entre el MINSAP y el Departamento de Salud de EE.UU. para la cooperación en la esfera de la salud; Arreglo entre el IACC y la Agencia de Seguridad del Transporte (TSA) de EE.UU. para el despliegue de oficiales de seguridad a bordo de los vuelos chárter que operan entre ambos países y Acuerdo para la cooperación en la lucha contra el tráfico ilícito de estupefacientes y sustancias psicotrópicas.

[iii] Otras cosas que aun puede hacer Obama: Permitir a Cuba la apertura en EE.UU. de oficinas de información sobre viajes; autorizar las exportaciones a Cuba de productos estadounidenses para ramas claves de la economía cubana, por ejemplo para la minería, el turismo, la biotecnología, la producción petrolera, entre otras; autorizar importaciones de productos cubanos a EE.UU., más allá de los elaborados por el sector no estatal; autorizar la importación en EE.UU. de cual­quier mercancía fabricada o derivada de productos cultivados, producidos o manufacturados en Cuba por empresas estatales (níquel, azúcar, tabaco, ron u otros); permitir la exportación a Cuba de insumos y equipos médicos que puedan utilizarse
en la producción de productos biotecnológicos cubanos; permitir formas más amplias de colaboración en el desarrollo, comercialización y suministro de medicamentos y productos biomédicos de origen cubano, por ejemplo, inversiones directas de compañías de EE.UU. y empresas mixtas; permitir las ventas de materias primas que Cuba necesita para producir medicamentos para la población cubana y la de otros países en desarrollo; autorizar a compañías estadounidenses comercializar tratamientos médicos cubanos en EE.UU; autorizar a ciudadanos de EE.UU. recibir tratamientos médicos en Cuba y pagar por ellos; permitir a entidades cubanas (bancos, empresas, etc.) abrir cuentas en bancos de EE.UU; instruir a los representantes de EE.UU. en las instituciones financieras internacionales para que no bloqueen el otorgamiento de créditos u otras facilidades financieras a Cuba; autorizar a individuos y compañías estadounidenses realizar inversiones en Cuba, más allá de las aprobadas para el sector de las telecomunicaciones; autorizar a las subsidiarias estadounidenses a realizar negocios con Cuba, que no estén relacionados con la importación y exportación de bienes a Cuba (esto último está prohibido por la Ley Torricelli), por ejemplo, prestar servicios; autorizar a compa­ñías estadounidenses realizar todas las transacciones y exportaciones relacionadas con la exploración y extracción de recursos de hidrocarburos localizados en la Zona Económica Exclusiva (ZEE) de Cuba; autorizar a compañías estadounidenses realizar transacciones y exportaciones para la prevención de derrames de petróleo en la ZEE de Cuba o en aguas territoriales cubanas; autorizar a compañías extranjeras a que utilicen plataformas de petróleo de aguas profundas para la exploración y extracción, que tengan más de un 25 % de componentes estadounidenses; autorizar a las plataformas de exploración extranjeras a que participen en la búsqueda de petróleo en la ZEE de Cuba y a utilizar productos de tecnología estadounidense; eliminar la lista de Nacionales Espe­cialmente Designados, clasificación que se aplica a empresas cubanas o a empresas extranjeras con in­te­reses en Cuba, que una vez que reciben este calificativo, se les aplican todas las regulaciones del bloqueo y se ven imposibilitadas de realizar transacciones comerciales y financieras con EE.UU. o con entidades extranjeras en terceros países que estén
vinculadas a EE.UU. Tomado de Granma, 19 de octubre de 2016.

[iv]AntonyBlinken, Subsecretario de Estado de EE UU: “El deshielo reforzará a la clase media de Cuba”, en El País, 27 de julio de 2015, http://internacional.elpais.com/internacional/2015/07/27/actualidad/1438021772_833235.html

Guillermo Tell

 [v] Cuba: A New Policy of Critical and Constructive Engagement, Foreign Policy and Brookings, abril 2009:http://www2.fiu.edu/~ipor/cuba-t/BrookingsCubaReport-English.pdf

Guillermo Tell

 [vi] Robert Muse, Cuba-Estados Unidos: ¿Nueva normalización?, Cubadebate, 11 de noviembre de 2014. http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/11/11/cuba-estados-unidos-nueva-normalizacion/#.WCSU6fSubIU

Guillermo Tell

 [vii] “Time to finally end the Cuba embargo”, By Stephen Heifetz and Peter Jeydel, The Hill, October 27, 2016,http://thehill.com/blogs/congress-blog/foreign-policy/303098-time-to-finally-end-the-cuba-embargo

Guillermo Tell

 [viii] Discurso del Ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez Parilla, ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Nueva York, en Cubadebate, 26 de octubre de 2016,http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/10/26/bruno-rodriguez-eeuu-se-abstiene-en-onu-pero-el-bloqueo-sigue/#.WCST6fSubIU

Guillermo Tell

 [ix]Jeffrey Goldberg, “The Road to Havana, The Atlantic, march 20, 2016, http://www.theatlantic.com/international/archive/2016/03/united-states-cuba-obama-visit/474510/

Guillermo Tell

 [x] Sergio Alejandro Gómez, “Estados Unidos mantiene su receta subversiva contra Cuba”, Granma, 23 de octubre de 2016.

Guillermo Tell


viernes, 18 de noviembre de 2016

Máximo Gómez frente a la ocupación militar de Estados Unidos: ¿pasividad o estrategia política?

Por: Yoel Cordoví Núñez

 El 10 de diciembre de 1898 quedó firmado el tratado de paz acordado en París entre España y Estados Unidos. Al igual que lo sucedido en el protocolo de paz, suscrito en Washington al concluir las hostilidades, no se mencionaba la independencia de Cuba. La crítica situación suscitó que el general dominicano-cubano Máximo Gómez Báez, hasta ese momento atento al desenlace de los acontecimientos, en carta enviada a Edmond S. Meamy desde Yaguajay, manifestara sus criterios sobre la conducta “dudosa” de “los hombres del Norte”:




… Primero, contemplando indiferente por largo tiempo el asesinato de todo un pueblo, y segundo, y a la postre cuando se determinaron a intervenir en la cuestión y suprimir el verdugo, ya exánime el Pueblo, se le cobra el tardío favor con la humillante ocupación militar de la tierra sin un  motivo racionalmente justificado. De aquí que aunque la soberanía de España es verdad, que ha desaparecido de Cuba, no es aún libre el cubano ni independiente la tierra después de tanta sangre derramada.[1]

A partir del 1ro de enero de 1899 dejaba de existir oficialmente la soberanía española, a la vez que se hacía cargo de Cuba el Gobierno de Ocupación Militar.  La fórmula empleada en las nuevas circunstancias, según Máximo Gómez, no podía estar sustentada en la violencia. En misiva cursada al general José María Rodríguez develaba los planes hegemónicos de Estados Unidos. Las autoridades interventoras buscaban propiciar un clima de inestabilidad interna: “…para que nuestra actitud le sirva de pretexto para apoderarse de una vez de Cuba”.[2]  En tal sentido, aconsejaba al pueblo cubano la necesidad de tener, “cuidado, tacto exquisito y mucha previsión” en esos  momentos históricos”.[3]

Los historiadores que se acercan al tema muchas veces no se explican por qué Gómez reservó para su Diario de campaña sus impresiones sobre “el gran negocio”, que entendía significaba la actitud del “poder extranjero” con “su tutela impuesta por la fuerza”.[4]

La consulta y el procesamiento de la valiosa documentación existente en el fondo personal de Máximo Gómez, atesorada en el Archivo Nacional de Cuba, permiten un enfoque mucho más certero acerca de su pensamiento y praxis en tan complejo contexto. La orientación principal del accionar del Generalísimo durante el período de ocupación (1899-1902) pudiéramos definirla en términos de estrategia política, cuya principal premisa consistió en establecer en un plazo breve la República de Cuba. Esta idea respondía a las disposiciones de las autoridades estadounidenses que condicionaban su retirada al establecimiento de un gobierno propio con capacidad de regir su destino. En tal sentido, materializar el ideal republicano del viejo guerrero era una forma de poner coto a la presencia indefinida de Estados Unidos en la Isla.

Preocupación por el futuro de Cuba


El primer paso importante dado por el General fue la comunicación dirigida, el 6 de enero de 1899, al presidente y demás miembros de la Comisión Ejecutiva de la Asamblea de Representantes de la Revolución Cubana reunida en la finca “El Carmen”, Marianao.  En ella expresaba su preocupación por el futuro de Cuba, así como la necesidad urgente de convocar a una sesión “para considerar la situación y determinar a seguidas la constitución de la República de Cuba”.  De existir algún obstáculo impuesto por el gobierno interventor, declaraba: “…orillemos aquellos hasta conjurarlos y no levantemos manos de la obra hasta tanto dejarla terminada”.[5]

Lo que de hecho representó el primer intento de fusión de los pilares revolucionarios no llegó a concretarse en la práctica.  El 11 de enero de 1899, la Comisión Ejecutiva presidida por Rafael María Portuondo, respondió al mensaje de Gómez asegurándole que no tenía motivos para dudar de los actos de las autoridades norteamericanas. Incluso, auguraba “una intimidad tan grande de relaciones” que abreviaría la retirada de las tropas.[6]

El segundo momento en el accionar político de Gómez tuvo lugar a finales del primer año de la ocupación. Luego de fracasados sus intentos ante los miembros de la Asamblea de Representantes se dio a la tarea de contactar con determinadas figuras de ascendencia en sus respectivas localidades, en su mayoría procedentes de las filas del Ejército Libertador. Por medio de la correspondencia cruzada diariamente hacia y desde las más diversas zonas del país, el General orientaba los pasos a seguir en la realización del “anhelo supremo de Patria Soberana, decorosa, independiente y feliz”.[7]

Tales indicaciones tuvieron su punto culminante en los últimos meses de 1899, cuando ordenó a Antonio González Acosta remitirles a los ayuntamientos de toda la Isla, previamente elegidos por el voto popular, un manifiesto redactado en la Quinta de los Molinos. El documento estipulaba la convocatoria para una Asamblea General que procedería inmediatamente al nombramiento de la Convención Nacional por sufragio directo.[8]

González Acosta, por su parte, lamentaba no haber cumplido la orden, a causa de un mensaje del presidente norteamericano William McKinley que contrariaba lo estipulado en su manifiesto. Gómez solo se limitó a contestarle: “… Despache V. todo, no importa que el Presidente de los EE.UU. no piense de igual modo que nosotros, pero la verdad es como toda verdad justa y clara que los amos de la tierra son los que deben disponer e intervenir en los negocios de su propia casa…”[9]

Para que la república que se estableciera funcionara de acuerdo con los preceptos de Gómez debía, desde sus raíces, buscar la unidad de todos los elementos dispuestos a mantener la vigencia del legado independentista, a su juicio, único modo de “salvar a este País lo más pronto, de la tutela que se nos ha impuesto”.[10] La unidad y la concordia, que durante la guerra pregonara el estratega como el medio rápido y eficaz de poner fin a las hostilidades y establecer la república cordial a la que aspiraba José Martí, mantuvo en lo esencial el mismo significado al firmarse la paz, solo que las adaptó a las exigencias del nuevo contexto histórico.

Esa política unificadora no constituía un elemento abstracto dentro de la estrategia de Gómez. La multiplicidad de clubes, partidos y otras organizaciones que surgían no era más que una de las manifestaciones en la que se expresaba el fraccionado independentismo.

La mayoría de las veces el único vínculo entre los “Partidos de coge a quien puedas y dime donde hay”,[11] era el origen de sus miembros, en tanto los criterios que defendían mostraban una heterogeneidad de matices que imposibilitaba cualquier intento de fusión. La gravedad de la situación se la transmitía al general Francisco Sánchez en los siguientes términos:

Es decir que fue necesario un Weyler para mantenernos unidos, porque en presencia de aquel monstruo todo el mundo comprendió que la desunión pudiera perdernos, y se aparenta ahora ignorar que estamos en frente de otro peligro mayor.[12]

Unidad y concordia en el centro de su accionar político


Desde luego, la política de unidad y concordia fue un factor dinámico en su accionar político. La concepción de la misma ganó en precisión en la medida que aquellos elementos opuestos al movimiento de liberación nacional, ocupaban un espacio importante en la Cuba de inicios del siglo XX. Los trabajos unificadores del Generalísimo, apoyados por grupos provenientes del campo independentista, coincidían con algunas gestiones realizadas por él ante el gobierno interventor.

Tales gestiones en modo alguno se redujeron a la mera solicitud de cambios administrativos. Las posibles modificaciones en manos de los jefes estadounidenses no conllevarían a transformaciones sustanciales. Por consiguiente, las declaraciones al primer gobernador militar de la Isla, el general John Brooke fueron precisas, el conocimiento que tenía Gómez “de los hombres capaces de dirigir la cosa pública” lo ponía en condiciones “de poder indicar las  personas que han de sustituir a las aludidas”.[13]

Citemos, a manera de ejemplo, la carta al general William Ludlow con fecha 15 de abril de 1899. En el documento Gómez recomendaba a Néstor L. Carbonell, veterano de la Guerra de los Diez Años, para que ocupara un puesto en su administración. Aludía para ello a su capacidad como editor y también a “sus condiciones como patriota”.[14]

Este proceder tuvo lugar entre 1899 y mediados del año siguiente. Tras celebrarse los primeros comicios municipales, el general Gómez centró su atención en las personas elegidas para cargos importantes en la administración del país. Mediante ellos comenzó a colocar en los puestos públicos a individuos de probada trayectoria revolucionaria. El fundamento de esa labor quedó resumida en la correspondencia dirigida al general Francisco Carrillo, a mediados de 1900: “… me he puesto de pie firmes, con Espada en mano, a las puertas del templo sagrado de las libertades cubanas, para impedir que se introduzcan en él los mercaderes de oficio…”.[15]

Las alcaldías fueron un centro clave en sus labores.  En las cartas dirigidas a los alcaldes de la Habana, Alejandro Rodríguez Velasco y, posteriormente, Miguel Gener y Rincón, les orientó a los individuos que, a su entender, debían ocupar los cargos públicos del país. Procuraba así la máxima representación de los partidarios de la independencia dentro del conglomerado de tendencias que buscaban ocupar un espacio en la base de lo que sería el futuro edificio político republicano.

Para esta labor se apoyó también en hombres de su entera confianza como el general Bernabé Boza, alcalde municipal de Santa María del Rosario y Fernando Figueredo, Subsecretario de Estado y Gobernación durante el gobierno de Brooke.  En una de sus misivas a este último, fechada el 26 de septiembre de 1901, le solicitaba un puesto para Francisco Arredondo Miranda, y advertía: “… de esos hombres así es que se debe formar la base de la República”. La respuesta de Figueredo no se hizo esperar, y en la misma misiva anotaba: “Esta es una orden, por mi parte será cumplida”.[16]

Entre los problemas comprendidos en lo que él denominó “política salvadora de los intereses nacionales cubanos”, aparecen sus gestiones por el establecimiento de las Milicias Cubanas. De acuerdo con sus ideas, esta institución consistiría en un cuerpo armado compuesto, aproximadamente, por quince mil hombres que, según sus palabras, harían “innecesaria la intervención de las tropas americanas y de la misma Guardia Rural”.[17]

Según los planteamientos de Gómez al Gobernador de la Isla, el cuerpo armado permitiría eliminar el bandolerismo que tenía su origen “en la miseria y el descontento y por modo alguno en la manera de ser del pueblo de Cuba”.  Con la garantía del orden público, la sociedad cubana podría demostrar que era capaz de regir de manera ordenada su propio destino, así como de ejercer “todas las prerrogativas”, además de cumplir con “las obligaciones inherentes a la condición de Nación independiente”. [18]

Ciertamente, la desintegración del aparato militar en aquellas circunstancias facilitó en gran medida los planes de dominación proyectados por la administración de Estados Unidos. No obstante, no fueron los deseos del general Gómez, sino las condiciones objetivas del momento, las que propiciaron la precipitación de un hecho irreversible.  Para el General en Jefe no bastaba, y así lo trasmitía a sus hombres, con la afirmación del Congreso norteamericano para alcanzar la independencia, era necesario “que el pueblo cubano organizado o sea, el Ejército Libertador, esté en pie reclamando la promesa”. De lo contrario afirmaba: “…sería traicionar a la patria, en el momento decisivo de su triunfo”.[19]

Sin embargo, el hambre, la miseria, el cansancio y la labor divisionista de algunos oficiales, unido a la impronta potencialmente desestabilizadora del gobierno interventor, llevaron al Ejército Libertador a su desmembramiento y posterior disolución. Pero de ello no fue responsable el General en Jefe, cuyas concepciones eran contrarias a tal decisión. El Generalísimo fue privado, por factores de muy diversa índole, de “su” ejército, nunca renunció a él.

¿A dónde se había llegado?


Los historiadores que generalmente plantean la existencia de una actitud pasiva de Máximo Gómez frente a la ocupación norteamericana coinciden en afirmar que, al inaugurarse la república el 20 de mayo de 1902, pudo ver realizados sus sueños “con emoción cándida”. Parece que todo quedaba resumido en una frase: “Ya hemos llegado”.

¿A dónde se había llegado?, es la pregunta que se impone cuando se consideran los posibles motivos que inspiraron esas palabras, extraídas de los testimonios del doctor Gustavo Pérez Abreu. Ciertamente la república, al margen de su carácter mediatizado o neocolonial, se había instaurado y con ella se cumplía el fin estratégico de su accionar encaminado a evitar la anexión o “el naufragio de la nave”, como él la llamaba, durante el período de ocupación.

La expresión no significa, empero, que el General hubiera estado de acuerdo con las bases de la república. Desde el mes de febrero de 1901, condenaba, en carta a la poetisa puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, la orden militar que disponía la elección de los delegados a la Convención Constituyente, encargados de redactar la Constitución, y como parte de ella acordar las relaciones que habrían de existir con Estados Unidos.  Según Gómez: “Eso de “ordeno” y eso que la convención deje como Principio Constitucional (eterno) la base de las relaciones políticas entre Cuba y los EE.UU., me parecen un par de esposas”.[20]

Cuando al mes siguiente el Presidente norteamericano sancionó la enmienda elaborada por la fracción republicana encabezada por Orville H. Platt, para ser presentada al Senado y agregada a la Constitución de la República de Cuba, Máximo Gómez, en carta a María Escobar, le manifestaba sus impresiones sobre el hecho: “Cuba será constituida en República, pero con la libertad e independencia que le permita la Ley Platt”.[21]  En otro momento, al referirse al mismo asunto, señalaba en la intimidad de sus escritos:

Con la intervención armada de los EE.UU. en la guerra de independencia es indiscutible que Cuba, al inaugurar la República, ha quedado tan íntimamente ligada así en lo político, como en lo mercantil a la Gran República Americana, que casi y sin casi vienen a constituir tan fatal o fortuita intimidad, un cúmulo de obligaciones, que han hecho de su independencia un mito…[22]

“Y como si el hecho histórico no valiera nada -añadía- ahí tenemos la Ley Platt, eterna licencia convertida en obligación para inmiscuirse los americanos en nuestros asuntos”.  De ahí el fundamento de sus confesiones al puertorriqueño Sotero Figueroa sobre la necesidad de salvar lo mucho que quedaba de la revolución redentora: “su Historia y su Bandera”.  De no ser así, advertía:

…llegará un día en que perdido hasta el idioma, nuestros hijos, sin que se les pueda culpar, apenas leerán algún viejo pergamino que les caiga a la mano, en el que se relaten las proezas de las pasadas generaciones, y esas, de seguro les han de inspirar poco interés, sugestionados como han de sentirse por el espíritu yankee.[23]

Indudablemente, Máximo Gómez, sin llegar a ser un teórico del fenómeno imperialista, puesto que ni su formación ni época se lo permitían, presentó una concepción bastante nítida sobre los problemas que se precipitaban en el entorno cubano. No en vano aducía, como preocupante fundamental en aquellas circunstancias, el hecho de no encontrar “en el seno de nuestra República de mañana otras fuerzas que oponer a las fuerzas avasalladoras que como ley fatal han de ejercer los americanos en América”.[24]

La condena de Máximo Gómez a los mecanismos de dominación impuestos por el gobierno de Estados Unidos no llegó a trascender sus escritos. A su entender, y en eso fue muy explícito, afrontar la situación por medio del enfrentamiento armado con la nación norteña hubiera sido visto por el mundo como “el quijotismo más ridículo”. Como expusiera en su “Porvenir de Cuba”, para evitar esa situación se imponía recurrir a un recurso “absurdo” y “contraproducente” para los intereses de la revolución: “Para la lucha en el campo de las revoluciones, no contamos con ninguna de las ventajas que ellos poseen y, puede decirse, que la lucha es en extremo desigual”.[25]

Más bien sus cartas a determinadas figuras, así como sus escritos íntimos, siempre fueron el desahogo de los sentimientos y las pasiones de un hombre que en su intensa vida no acostumbró a expresar públicamente sus verdaderas emociones. En tal sentido, podemos encontrar con frecuencia numerosas expresiones que, de no ser asumidas en el contexto en que fueron pronunciadas y bajo las condicionantes emocionales expuestas, nos harían pensar que el Viejo”, cansado de los avatares de la política cubana, procedería a retirarse tranquilo a Santo Domingo en compañía de su familia.

Más que proceder a un juicio apresurado llevado por el contenido o el mensaje trasmitido, se impone hurgar en la historia e interrogarla si se quiere. La respuesta no puede ser otra que al margen de las declaraciones, en ningún momento Gómez dejó de asumir posturas políticas ante los acontecimientos del país, aun en los más delicados. Su activa participación en las campañas presidenciales ―tanto en la promoción de la candidatura Estrada Palma- Masó, como posteriormente en su oposición a la reelección estradista― sus consejos al pueblo, fuesen mediante proclamas o de forma directa, sus gestiones muchas veces encubiertas encaminadas a preparar el futuro edificio republicano de acuerdo con sus concepciones, hacen cuestionar la pasividad y mucho más el manido complejo de extranjero que le han sido atribuido en muchas ocasiones.

De nada valdría buscar un pronunciamiento público que incitara a la lucha contra una situación que siempre consideró injustificada. Sin embargo, la cautela no debe confundirse con pasividad, ni mucho menos con candidez. Máximo Gómez actuó en circunstancias extremadamente complejas en las cuales, ante las posibles variantes de solución a la situación existente, asumió aquella que creyó más conveniente para el establecimiento y conservación de una república independiente, y en consonancia se proyectó.

Citas:
[1]. Máximo Gómez: “Carta a Edmon S. Meamy”, Yaguajay, 20 de diciembre de 1898, en Gonzalo de Quesada y Miranda: Archivo de Gonzalo de Quesada. Documentos históricos, Editorial de la Universidad de La Habana, 1965, pp.496-497.

[2]. Máximo Gómez: “Carta a José María Rodríguez”, Jinaguayabo, 14 de enero de 1899, en Archivo Nacional de Cuba (ANC): Fondo Máximo Gómez, legajo  22 No. 3011.

[3]. Máximo Gómez: Dos palabras de consejos a mis amigos cubanos, Calabazar, 20 de agosto de 1900, en Bernabé Boza: Ob. cit., p.310.

[4]. Máximo Gómez: Diario de Campaña, 8 de enero de 1899, pp. 424-425.

[5]. Máximo Gómez: “Carta a la Comisión Ejecutiva de la Asamblea de Representantes”, 6 de enero de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, Legajo 20, No. 2872

[6]. Carta de la Comisión Ejecutiva a Máximo Gómez, 11 de enero de 1899, en Joaquín Llaverías y Emeterio Santovenia: Actas de las Asambleas de Representantes y del Consejo de Gobierno, durante la Guerra de Independencia, t. VI, Imprenta El Siglo XX, La Habana. 1932, pp. 35-36

[7]. Máximo Gómez: “Carta a Pedro E. Betancourt”, 24 de abril de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez,legajo 20, No. 2892.

[8]. El Manifiesto convocaba a una Convención Nacional, “donde se manifestara las legítimas aspiraciones del pueblo de Cuba” y respondiera a los ideales de independencia por los que se había luchado. Véase el texto del “Manifiesto al pueblo de Cuba”, firmado por Máximo Gómez, Arturo Ramoneda, Eduardo González, Antonio González, Enrique Messonier y Jorge Lacedonia, en J. Buttari Gaunaurd: Boceto crítico histórico. Obra escrita en cuatro etapas, Editorial Lex, La Habana, 1954 y la carta de Antonio G. Acosta a Gómez con fecha 13 de diciembre de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 21, No 2915.

[9]. Máximo Gómez: “Carta a Antonio G. Acosta”, 1 de enero de 1900, en ANC.: Fondo Máximo Gómez,legajo 21, No. 2915.

[10]. Máximo Gómez: Diario de Campaña, 8 de enero de 1899, p. 423.

[11]. Así denominaba un articulista del periódico La Lucha a los partidos políticos formados en el país. Ver el ejemplar con fecha 28 de febrero de 1900.

[12]. Máximo Gómez: “Carta a Francisco Sánchez”, Calabazar, 14 de agosto de 1900, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 22, No. 3050.

[13]. Ídem.

[14]. Máximo Gómez: “Carta a William Ludlow”, La Habana, 15 de abril de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 20, No. 2892.

[15]. Máximo Gómez: “Carta a Francisco Carrillo”, Calabazar, 30 de agosto de 1900, en Hortensia Pichardo: Máximo Gómez. Cartas a Francisco Carrillo, Editora Política, La Habana. 1986, p.271.

[16]. Máximo Gómez: “Carta a Fernando Figueredo, 26 de febrero de 1901, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 29, No. 3772.

[17]. Máximo Gómez: “Carta a John Brooke, 7 de mayo de 1899, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 21, No. 2904.

[18]. Ídem.

[19]. Citado por Orestes Ferrara: Mis relaciones con Máximo Gómez, Molina y Compañía, La Habana, 1942, p.200.

[20]. Máximo Gómez: “Carta a Lola R. de Tió, 12 de febrero de 1901, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 2, No. 2927.

[21].  Máximo Gómez: “Carta a María Escobar”, Calabazar, 24 de marzo de 1902, en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 29, No. 3781.

[22]. Máximo Gómez: “Porvenir de Cuba”, (s/f), en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 22, No. 3081.

[23]. Máximo Gómez: “Carta a Sotero Figueroa”, 8 de mayo de 1901, en Emilio Rodríguez Demorizi: Papeles dominicanos de Máximo Gómez, Editora Montalvo, República Dominicana, 1954, p.396.

[24]. Ídem.

[25]. Máximo Gómez: “Porvenir de Cuba”, (s/f), en ANC.: Fondo Máximo Gómez, legajo 22, No. 3081.


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Paradiso extraviado*

Por Arturo Arango



En un ambiente cultural tan proclive a los homenajes, a las celebraciones, sobre todo cuando se trata de esos “aniversarios cerrados”, sorprende que nadie haya recordado que una de las más grandes novelas que se hayan escrito en idioma es-pañol cumplió cincuenta años. De acuerdo con el colofón de su edición príncipe, los cuatro mil ejemplares de Paradiso se terminaron de imprimir el 16 de febrero de 1966, y fue publicada bajo el sello de Ediciones Unión, con diseño y cubierta de otro gran poeta y pintor: Fayad Jamís.


Según relata Cintio Vitier en la “Nota filológica preliminar” a la edición crítica preparada para la Colección Archivos de la UNESCO, en 1988, las más de setecientas erratas que aparecen en el libro de Unión disgustaron profundamente a Lezama. El manuscrito de Paradiso abarca varios cuadernos, que fueron mecacopiados con poco rigor para su viaje hasta la imprenta, lugar donde los linotipistas añadieron cuantiosos errores sin que corrector alguno los advirtiera. Tampoco Lezama.


Julio Cortázar (uno de los prime-ros en celebrar la novela, en el mis-mo año 66) y Carlos Monsiváis se encargaron de cuidar la edición de Era, aparecida en México a mediados de 1968. Lezama celebró, en carta a Monsiváis, la “impecable edición”. El trabajo realizado, dice el autor de Muerte de Narciso, “hace posible que se pueda leer Paradiso sin el sobre-salto de las erratas”. Esta edición de Era fue considerada como canónica hasta 1988. Todo parece ir bien, salvo por un detalle: la de Era contiene más erratas que la de Unión (casi novecientas), según descubrieron Vitier y su equipo cuando emprendieron el cotejo de los originales contenidos en manuscritos, los capítulos aparecidos en la revista Orígenes (seis, entre 1949 y 1955), y estas dos ediciones de 1966 y 1968.


Pero quizás esto no sea lo más importante. Lezama gozaba de un metabolismo cultural ilimitado y se sabía, por encima de todo, un fabulador (jamás un académico). Todo lo leído, lo escuchado, lo visto, se tras-mutaba, se adecuaba a su prosa, de manera que toda cita, toda comilla abierta y cerrada da cuenta de frases, ideas, nombres de los que su memo-ria y su imaginación se habían apropiado para readecuarlos, insertarlos, hacerlos partes de ese cuerpo verbal fabuloso e inatrapable que está no solo en Paradiso sino en toda su obra poética y ensayística. De esa apropiación no se escapaban las leyes gramaticales. No conocí personalmente a José Lezama Lima, pero cuento por decenas los amigos que conversaron con él, o conversaron con quienes conversaron con él, y se empeñan en imitar, con menor o mayor fortuna pero siempre con las mismas pausas, su hablar sincopado por la falta de aire: síncopas que en su prosa toman la forma de comas.


Parte del trabajo realizado por Cortázar y Monsiváis, al cuidar la edición de Era, fue limar esos desajustes entre la mecánica gramatical y las piezas del lenguaje que Lezama hacía encajar a su antojo, guiado por leyes absolutamente personales que, de ninguna forma, eran ajenas a la cosmovisión que da coherencia a un corpus dominado por la poesía. Lo más valioso de la labor cumplida por sus amigos argentino y mexicano fue, de acuerdo con Vitier, la corrección de los nombres propios mencionados.


Si la vida editorial de Paradiso fue luminosa y las erratas no impidieron que fuera reconocida como una obra cumbre, el destino de su autor en Cuba no corrió igual suerte. Católico en un país cuyo gobierno se proclamaba ateo, homosexual en un con-texto de profunda, raigal homofobia, los ataques de que venía siendo objeto desde inicios de los 60 (los primeros, salidos del suplemento Lunes de Revolución) se hicieron más radicales luego de la aparición de esta novela, sobre todo por el celebérrimo capí-tulo VIII, en el que Farraluque, personaje “con una cara tristona y ojerosa, pero con una enorme verga”, va prodigando placeres domingo tras do-mingo sin importar edad o sexo de quienes lo reciben.


Hay dos evidencias que ratifican la idea de que los años entre 1968 y 1970 todavía escaparon a la férrea dogmatización impuesta a partir del I Congreso Nacional de Educación y Cultura, de 1971. En el 70, mientras todo el país se lanzaba a los campos de caña para producir los 10 millones de toneladas de azúcar con que daríamos el salto definitivo hacia el desarrollo económico, Lezama recibía un notable homenaje editorial por sus sesenta años (otro “aniversario cerra-do”): La Gaceta de Cuba le dedicó un largo dosier, Ediciones Unión publicó el volumen de ensayos La cantidad hechizada, y el Instituto Cubano del Libro, en su colección Letras Cubanas, la Poesía completa, en cartoné. La edición de estos dos títulos estuvo a cargo de Dulcila Cañizares, de acuerdo con ambos colofones. Como el fatum de las erratas siempre lo persiguió, en la nota biográfica de la solapa de La cantidad… se dice que el poeta nació en 1912.


Condenado a la marginación oficial en medio de los años de mayor intransigencia ideológica; protegido, en cambio, por la Casa de las Amé-ricas (de donde recibía un salario mensual como investigador), murió el 9 de agosto de 1976 sumido en el ostracismo, aunque no en el olvido. Al velorio y al entierro de Lezama concurrieron muchísimos escritores cubanos, de las más diversas tendencias estéticas, credos y edades.


Una vez aliviado en Cuba ese período nefasto, su figura, su obra, no tardarían en recibir merecido reconocimiento y cuantiosos homenajes. Lezama fue la figura cimera de la literatura cubana en los 80.


La presentación del Paradiso de la Editorial Letras Cubanas, en 1991, es indicadora de varios síntomas. Ante todo, que Lezama estaba de moda. Francisco López Sacha recuerda que el acto se hizo“en medio de una furia popular, no dejaron hablar a los presentadores, César López y Raquel Carrió, y se dio la autorización de vender el libro ante la amenaza del asalto y el motín popular”. Sobre todo, revela la existencia misma de esos lectores potenciales que, al menos, cono-cían la importancia del libro y eran atraídos por su fama ambigua (una gran novela que en su momento fue condenada). Quedaría por conocer cuántos de ellos alcanzaron el párrafo final y comprendieron el sentido de la voz que dice a José Cemí: “podemos empezar”. Por último, ese inusual acto multitudinario pudo marcar el comienzo del declive para el “período Lezama” en la literatura cubana.


A cuarenta años de su muerte, a treinta de los años en que todo era atravesado por el humo de su tabaco, cabría preguntarse por qué el silencio se extiende hoy sobre esta obra. Al conmemorarse el centenario de Lezama, en 2010, José Manuel Caballero Bonald auguraba: “El autor cubano no pertenece a otra escuela que a la que él creó y se extinguió con él, una vez cumplida su difícil y esplén-dida heterodoxia artística” (http:// elpais.com/diario/2010/11/27/babe-lia/1290820362_850215.html).


Paradiso pertenece a la estirpe de obras que hoy van a contracorriente, en un mundo donde las personas damos cada vez menos tiempo a los libros y más a las pantallas. ¿Cuántos lectores no académicos encuentran en nuestros días Terra nostra, de Car-los Fuentes, o Yo, el supremo, de Augusto Roa Bastos, obras magnas que se sostienen en los juegos, recreaciones e insubordinaciones del idioma? Incluso, novelas más narrativas, pero que exigen de un lector tan aplicado como activo (Rayuela, de Cortázar, Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, o Bomarzo, de Manuel Mujica Laínez), van quedando destinadas a estudiantes de Letras o estudiosos.


Al cabo del tiempo, parece más fácil citar Paradiso que leerlo: un empobrecimiento que hubiese entristecido más que las erratas al hombre de letras ab-soluto que fue José Lezama Lima.



* Una versión de este texto apareció en el suplemento Confabulario, de El Universal de México, el 30 de abril del presente año.

Paradiso: la novela, el mito y los cincuenta años





El siglo XX cubano puede observarse desde el prisma de dos novelas esenciales del contexto: Paradiso, de José Lezama Lima y El siglo de las luces, de Alejo Carpentier. Aunque cada uno de ellos desarrolló una obra total, estos títulos son suma de sus intereses creativos y la consolidación de las carreras literarias. La celebración de los cincuenta años de Paradiso, motiva la mirada nuevamente sobre el libro.


En textos como Paradiso: la aventura mítica de Margarita Mateo (Premio Alejo Carpentier de ensayo), se indaga en todo el recorrido de la novela y las múltiples incorporaciones que Lezama le introdujo hasta concluirla tal como la conocemos los lectores cubanos y de otras latitudes.


Concebida a partir del año 1964, fecha en la que muere la madre del escritor, Paradiso es el momento final y cumbre de lo que había iniciado Lezama a través de la poesía y el ensayo. La obra, a pesar de su carácter narrativo, mantiene en su extensión, un estilo marcadamente poético, que la hace síntesis de toda la invención lezamiana en torno a la creación literaria. Como escribió: “Me considero un poeta, no un novelista. Escribí esta novela porque tenía que escribirla, era un signo que estaba en el desenvolvimiento de mi vida”.


A partir de la publicación del libro, en 1966 por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Ediciones UNIÓN), la novela corrió con varias suertes, a medida que cada época le brindaba distintos asideros. Como escribe Cintio Vitier en Invitación a Paradiso (Editorial Letras Cubanas, 2002) cuando apareció, la recepción más generalizada se resumió en un doble juicio insólito y contradictorio: era una obra escandalosa y de difícil lectura, con un hermetismo que rondaba en lo incomprensible.


Juicios que se vertían a partir de las escenas del capítulo VIII o su complejidad como primera barrera para concluir su lectura. Por suerte, a medida que otros escritores se interesaron en la misma —como Julio Cortázar—, la novela alcanzó un auge internacional. Y también prestigio entre los lectores cubanos, quienes iniciaron la apreciación hacia uno de los mundos novelescos más fascinantes de nuestra época.


Lo cierto es que este aniversario, los primeros cincuenta años de publicada en Cuba, refuerza la idea de que Paradiso constituye una de las obras fundamentales de todos los tiempos para la literatura cubana. Podemos ubicarla en su contexto, junto a los textos de Carpentier; pero podemos verla también como obra capital. Con la misma trascendencia que irradia Espejo de paciencia (Silvestre de Balboa), Cecilia Valdés (Cirilo Villaverde) o toda la obra poética, ensayística y periodística de José Martí.


La celebración de este coloquio, permite sistematizar los principales juicios emitidos en torno a la novela, pero también facilita útiles relecturas que de seguro abrirán nuevas zonas de exploración al interior del texto.


El coloquio resultará momento final de lo que debió ser un año lezamiano o paradisiaco. Con certeras apreciaciones, números especiales de las distintas publicaciones culturales cubanas (Unión, La Gaceta de Cuba, La Siempreviva, La Letra del Escriba) que brinden luz sobre el texto. Que lo acerquen a nuevos lectores y permitan descubrir parte de la magia que posee el volumen. Aunque hay que reconocer que, más allá de las claves de cualquier ensayista, nos revela, nada mejor que la lectura oportuna, profunda y analítica de una obra como esta.


Hasta el momento ha sido en su sección El Punto, de la revista bimestral La Gaceta de Cuba, donde Arturo Arango realiza un inventario de Paradiso extraviado, que constituye uno de los artículos recientes en torno al libro en su celebración mejor. La cálida celebración debía motivar otras incursiones en el texto, reediciones que abrieran puertas al disfrute, o espacios propicios a la polémica y el enriquecimiento. Manos jóvenes, más que las mías, deberían hacer de este, “su Paradiso”.