miércoles, 15 de febrero de 2017

Fidel, el poder político y la nueva cultura




Fidel pronuncia un memorable discurso en el XXXIV Periodo de Sesiones de la Asamblea General de ONU, como presidente de los Países No Alineados. Foto: Joaquin Viñas. Fecha: 12.10.1979. Fuente: PL.

Entre los muchos logros de Fidel como constructor de la nueva sociedad cubana se destacan el derrocamiento del capitalismo a favor del socialismo y sus principios inherentes de igualdad y solidaridad; la derrota de la dominación neocolonialista de Estados Unidos, logrando así la soberanía, la independencia y la dignidad; la defensa de los derechos humanos en la salud, la educación, la cultura y el deporte; el respeto de la igualdad racial, la igualdad de género, la alimentación y la vivienda para todos; la defensa de la libertad de expresión, y de la prensa que es uno de los frentes en que el ejemplo de Fidel tiene mucho que seguir enseñándonos; y la creación de una atmósfera social y política civilizada y sin violencia. La base de estas proezas, inexistentes antes de 1959, es el poder político popular, resultante de la Revolución que suprimió el Estado respaldado por EE.UU.

Ya en 1953, la conquista de un nuevo poder revolucionario del pueblo pasaba por el primer plano en la mente de Fidel. Su inquebrantable objetivo se mezclaba con el espíritu de autosacrificio que caracterizó toda su vida política. Entre reveses y victorias, de 1953 a 1956 y hasta 1959, su pensamiento y su acción se inspiraron en este objetivo inquebrantable, asociado indeleblemente a tácticas creativas diseñadas para pasar de la aspiración a la conquista del poder popular, por medio de la revolución armada para hacerla realidad. Este fue el centro de la pasión de Fidel.

La sociedad actual, legada al pueblo cubano, encuentra sus orígenes en los territorios liberados durante las guerras de 1868 y 1895, la última de las cuales alcanzó nuevos niveles de organización bajo el liderazgo de José Martí y el Partido Revolucionario Cubano. Así, durante la segunda mitad del siglo XIX se sembraron las semillas de un nuevo poder que serían resucitadas y actualizadas por Fidel, según las nuevas circunstancias. El poder político local forjado en las áreas liberadas de la Sierra Maestra en el periodo 1957-1958, estaba virtualmente concebido como un Estado revolucionario dentro del Estado dominado por el poder neocolonial. El Movimiento 26 de Julio y el Ejército Rebelde fueron fundados y desarrollados por Fidel y sus camaradas, y crecieron como semillas del Partido Comunista de Cuba y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, respectivamente. Estas instituciones constituyen dos pilares para mantener y desarrollar el poder del pueblo, junto a la cultura socialista de Cuba, como su armadura.

En el transcurso de esta épica marcha victoriosa y en las siguientes décadas, Fidel contribuyó a la construcción de una nueva forma de hacer política dentro de la Revolución Cubana. Él fue un comunicador por excelencia, componente clave de la conquista y el mejoramiento del poder político. Entre otras dimensiones de su legado, su pensamiento y su acción constituyen una nueva cultura de la comunicación entre el líder y su pueblo. Veamos cinco ejemplos acerca de cómo la cultura política de Fidel y la nueva cultura comunicacional se impulsaron mutuamente.

Primero fue en 1953, cuando escribió La historia me absolverá, que fue difundida. Podríamos preguntarnos cómo es posible hablar del talento de la comunicación de un líder en su propia representación, en la búsqueda del poder político del pueblo, cuando se encontraba en prisión, confinado e incomunicado, lejos de las masas. Luego de la derrota del 26 de julio, el poder político no se veía siquiera en el horizonte. Sin embargo, a pesar de tan extremas restricciones, Fidel logró comunicarse secretamente con otros combatientes encarcelados, algunos presidiarios que purgaban condenas por delitos comunes, e incluso con guardias y empleados de la prisión. Antes y después de su defensa, su mundo había sido muy limitado.

En medio de este sistema de comunicación clandestino, y con unos pocos libros que logró reunir, preparó su defensa de memoria. Escribió y editó en su celda día y noche, memorizando cada palabra hasta el momento en que fue llevado a la corte. Solo una persona totalmente consagrada a la solución de los problemas de Cuba, y a abrirle el camino al poder del pueblo con la Revolución, podía optimizar hasta ese punto las escasas herramientas de comunicación a su alcance.

Una vez presentada su defensa de memoria, Fidel regresó a su celda y constató que el texto había desaparecido. Empezó entonces a escribirlo de memoria nuevamente. Algunas relaciones clandestinas cercanas en el interior y el exterior de la prisión le permitieron incluso ampliar su comunicación con la gente. Urdía su defensa pieza por pieza, utilizando métodos ingeniosos, como el uso del jugo de limón como tinta invisible, en pequeños pedazos de papel. Los papeles escritos con esa tinta pasaron a través de la seguridad de la prisión y, como lo había planeado, luego fueron tratados con calor para revelar la escritura y que se leyeran en La Habana.

Un puñado de personas en esa ciudad, particularmente las moncadistas Melba Hernández y Haydee Santamaría, se encargaron de reunir los pedazos de papel como si se tratase de un rompecabezas e imprimir el texto en forma de folleto. Inicialmente, Fidel dio instrucciones a estas dos mujeres, que formaban parte de su limitado entorno, para producir 100 mil ejemplares del alegato. El 18 de junio de 1954 escribió a Melba y a Haydee: “sin propaganda no hay movimiento de masas, y sin movimiento de masas no hay revolución posible”. Indudablemente, se inspiró en esta interacción con sus dos camaradas, quienes arriesgaron de nuevo sus vidas bajo la dictadura de Batista, como lo habían hecho en el Moncada. A su vez, ellas fueron animadas por el pensamiento de Fidel y su heroica resistencia desde la prisión. Entretanto, crecían los limones en el suelo fértil de Cuba, fertilizando el movimiento revolucionario a través de la creativa pluma de Fidel.

Una segunda ilustración es la singular habilidad de comunicación de Fidel en la defensa del poder del pueblo. El 8 enero de 1959, frente a una inmensa muchedumbre en La Habana, en contraste con las extremas limitaciones de su solitaria celda, dijo: “La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañemos creyendo que en adelante todo será fácil; quizás en adelante todo sea más difícil”. No hay duda de que el líder se inspiró en el júbilo del pueblo. Sin embargo, también hacía uso de su perspicacia frente a sus exaltados seguidores, al notar que tenía que convencerlos, como a la audiencia nacional de televisión, para que tomaran precauciones y fueran vigilantes en los meses y años venideros. Fidel y el pueblo convergieron en una entidad política e ideológica a través de su habilidad para comunicar. Resulta difícil afirmar si aquella declaración surgió espontáneamente de la atmósfera política de La Habana en aquel momento, dada su extraordinaria dote para sentir la pulsación de su pueblo, o si ya había pensado en ello. En cualquier caso, dijo lo que debía decir.

De un modo u otro existen muchos momentos memorables en los cuales su comunicación fue ciertamente espontánea, dejando tras de sí una huella indeleble del paisaje político cubano. Esto nos lleva a nuestra tercera ilustración, que tuvo lugar el 28 septiembre de 1960, cuando Fidel habló en La Habana frente a una muchedumbre. La transcripción hace una lectura acerca de la manera como muchos cubanos aún la recuerdan hoy, ya sea por su propia participación o por la inigualable memoria colectiva de la Revolución Cubana, por medio de la familia y los amigos. Cito:

(Se oye explotar un petardo). Fidel pregunta: ¿Una bomba? ¡Deja…! (Exclamaciones de: ‘¡Paredón!, ¡Venceremos!’). (Cantan el himno nacional y exclaman: ‘¡Viva Cuba!, ¡Viva la Revolución!’).

Continúa la transcripción:

(Alguien del público habla con el doctor Castro). (Se escucha una segunda explosión).

Y sigue Fidel:

“…No subestimar al enemigo imperialista. Sería un error subestimar al enemigo imperialista.”

Frente a la dramática amenaza apoyada por Estados Unidos en el corazón de La Habana, surgieron espontáneamente en los barrios y posteriormente con la guía de la dirección de la Revolución, los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Estas organizaciones de masa fueron vitales para la Revolución Cubana. En 1961, su formación demostró ser indispensable para la defensa de Cuba contra las incursiones apoyadas y financiadas por Estados Unidos, y los actos terroristas concebidos para subvertir el poder político revolucionario. Los CDR, fruto de la dinámica de Fidel y el pueblo, también contribuyeron sustancialmente a gobernar a nivel nacional y local, especialmente de 1959 a 1976 —cuando en el país se consolidó un proceso de institucionalización que llevó a que se aprobara la Constitución socialista—, y de muchas maneras luego.

El Che, captando la esencia de esta insuperable comunicación entre el líder y el pueblo, escribió: “En las grandes concentraciones públicas se observa algo así como el diálogo de dos diapasones cuyas vibraciones provocan otras nuevas en el interlocutor”.


Fidel durante su discurso en el acto de conmemoración al 50 Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada y Carlos Manuel de Céspedes en Santiago de Cuba (26/07/2003). Foto: Estudios Revolución/ Fidel Soldado de las Ideas.

La cuarta ilustración se basa en un discurso de Fidel el 25 noviembre de 2005 ante estudiantes y profesores, en la Universidad de La Habana, con ocasión del 60º aniversario de su ingreso allí como estudiante. Fidel se ocupó de los problemas que enfrentaba Cuba, como la necesidad de ahorrar electricidad y oponerse a la corrupción. Su discurso fue subrayado por aplausos y risas, según el tema tratado. Al leer nuevamente la transcripción, esta permite un registro casi visual de la viva interacción del líder con estudiantes y profesores. Más allá de la mitad del discurso, concluyó con lo que pareció ser una frase instintiva, basada quizás en la apariencia de los rostros preocupados de los estudiantes, y en la experiencia de lo que había ocurrido en la Unión Soviética y en el campo socialista europeo:


“Este país puede autodestruirse por sí mismo; esta Revolución puede destruirse, los que no pueden destruirla hoy son ellos; nosotros sí, nosotros podemos destruirla, y sería culpa nuestra.”

Una vez más, la defensa y el posterior desarrollo del poder del pueblo fueron el centro del mensaje de Fidel. Luego de esta declaración, la interacción entre la audiencia y Fidel se aceleró. El Che había sintetizado la relación de Fidel y el pueblo también de esta manera. Cito textualmente:


“Fidel y la masa comienzan a vibrar en un diálogo de intensidad creciente hasta alcanzar el clímax en un final abrupto.”

Más de 11 años después de aquella charla en La Habana, la corrupción sigue siendo un problema. Sin embargo, a pesar de estos y otros escollos, la Revolución del pueblo en el poder continúa invicta. Quizás una de las razones sea la madurez y la naturaleza estable de la vasta mayoría de la juventud cubana.

Existen innumerables ejemplos similares. Me viene uno a la mente: cuando, el 4 de febrero de 1962, más de un millón de cubanos colmaron la Plaza de la Revolución al llamado que hiciera el Gobierno Revolucionario para constituir la Segunda Asamblea General Nacional del Pueblo, durante la cual se aprobó por aclamación, la Segunda Declaración de La Habana. La semana pasada se celebró el aniversario 55 de aquella ocasión, en la que, al leer esa Declaración, Fidel Castro movilizó al pueblo tanto por el contenido del documento como por su extraordinario talento de comunicador para que se votara conscientemente a favor del texto. Este episodio me inspiró para emplear una foto de aquel momento histórico de la votación con la mano levantada, en la cubierta de mi libro acerca de la democracia en Cuba, publicado en 1999.

El quinto ejemplo, quizás una de sus principales reflexiones, es el artículo El hermano Obama, escrito el 27 de marzo de 2016. A simple vista podemos preguntarnos, como en el primer ejemplo acerca de la autodefensa 1953, ¿cómo un artículo escrito por el Presidente ya retirado, y en una estado relativamente delicado de salud, puede ilustrar la dinámica entre el líder y el pueblo por medio de una comunicación activa entre los dos, para la defensa de la Revolución? A pesar de que, con pocas excepciones, desde el 2008 ya no le era posible dirigirse a grandes multitudes e intercambiar con ellas, Fidel es Fidel. Él encontró una manera de comunicarse a través del periodismo, al cual estuvo unido a lo largo de décadas. Durante la visita de Obama y después de esta, un vivo debate se desató en la prensa cubana y entre la gente, con relación al enfoque dado a algunos de los discursos del presidente de Estados Unidos, lejos de crear unanimidad. El hermano Obama fue escrito en el contexto de esa controversia. A pesar de su estado de salud, Fidel sabía lo que estaba sucediendo en Cuba, y así su artículo tocó la fibra más sensible de la sociedad. El texto se onduló a través de las discusiones políticas que tenían lugar en ese momento y, ciertamente, a nivel internacional.

Así empezó Fidel El hermano Obama: “Los reyes de España nos trajeron a los conquistadores y dueños…”. Eso tocó las cuerdas sensibles en el interior y en el exterior de Cuba, de manera que Obama ya no podía ser juzgado ingenuamente. Existe una historia de colonialismo, neocolonialismo e imperialismo de la cual Obama no puede separarse. Sin embargo, una de las mejores y más centradas imputaciones de Fidel aún estaba por venir. Se refirió a la asombrosa afirmación de Obama: “ya es hora de olvidarnos del pasado, dejemos el pasado, miremos el futuro, mirémoslo juntos, un futuro de esperanza”. Fidel se sintió obligado a responder: “se supone que cada uno de nosotros corría el riesgo de un infarto al escuchar estas palabras del presidente de Estados Unidos”. Fidel, el periodista revolucionario, valientemente escribió lo que muchos cubanos y amigos de Cuba pensaban y escribían a su manera. Era como si de algún modo Fidel habitara nuestras mentes. Su oportuna intervención fue un enorme estímulo para el fortalecimiento y la defensa de la cultura socialista cubana. Esto fue captado por la vasta mayoría de los cubanos para proteger el poder político popular, la independencia y la dignidad y, con esto, todos los logros económicos, sociales y culturales de la Revolución.

Este es tan sólo uno de los muchos ejemplos de la asombrosa habilidad de Fidel para mantener su diálogo con los cubanos a través de su pluma. Del jugo de limón, utilizado como tinta indeleble en 1953, al empleo de instrumentos apropiados de escritura en 2016, existe un hilo conductor: la preocupación de Fidel por las necesidades del pueblo en su momento, expresada —para sintetizarlo— en su pensamiento marxista-leninista y martiano para guiar la acción con el objetivo de salvaguardar el poder político y los fundamentos de la Revolución Cubana. Así, en el transcurso de la historia, Elba y Haydee llegaron a ser millones.

A lo largo de su vida política Fidel contribuyó a esta nueva cultura comunicacional sin paralelo en la historia, dado su estilo único y perdurable, de 1953 a 2016. Este hace parte ahora del patrimonio de la Revolución Cubana, disponible para todo cubano o cubana que desee ponerlo en práctica. Pero Fidel estableció estándares muy altos, de manera que no es posible replicar su ejemplo, porque Fidel es Fidel. No obstante, su legado como comunicador es un modelo para líderes de todos los niveles, y para revolucionarios en general.

El legado de Fidel constituye también un patrimonio de la humanidad para guiar a escritores y periodistas en sus países, entre ellos Canadá, para mantener una comunicación estrecha y dialéctica con las necesidades y preocupaciones de la sociedad acerca de la cual y para la cual escribimos.

La estrecha relación de Fidel con el pueblo cubano se reflejó en los tributos realizados luego de su desaparición física y en la frase: “Yo soy Fidel”. Foto: Raúl Abreu/ Cubadebate.
(Presentación realizada en el Panel “Fidel, constructor de la nueva sociedad” del Coloquio Fidel, política y cultura en la Feria Internacional del Libro)

martes, 14 de febrero de 2017

¿Quién daña a la Revolución? (Parte II).



Por Carlos Luque Zayas Bazán, La Pupila Insomne

Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos. 

Fidel Castro

Un viejo pánico y una confirmación

La bloguera cubana residente en Miami Yadira Escobar ha escrito un post titulado "Más sobre la Falsa Izquierda" donde analiza el hecho de que la web Martí noticias, versión para internet de la emisora oficial del gobierno de los Estados Unidos, que tiene como objetivo la subversión del modelo político económico y social existente en Cuba, haya reproducido una Carta Abierta supuestamente destinada a Iroel Sánchez, en parte de cuyo título se acusa a este último de "dañar gravemente la Revolución".

No comparto todo lo que dice Yadira pero la Carta Abierta reproducida en semejante lugar lleva a preguntarse desde cuándo el gobierno de Estados Unidos y los encargados de su propaganda contrarrevolucionaria se han dado a la tarea de defender la Revolución cubana. Su análisis me hace volver sobre un post de mi blog El aldeano vanidoso con el título Un viejo pánico... en clave sibilina cuyas tesis la aparición de la citada carta en Martí noticias acaba de confirmar. 

La citada Carta es una obra maestra del estilo sugerente e indirecto. Si no temiera que fuera considerado un término peyorativo, estaría tentado a calificarlo de sibilino, que en verdad viene a la mente casi como un elogio, pues no hay manera más eficaz de afirmar, que insinuar y deslizar juicios y significados que aparentemente no se admiten ni dicen, pero se dicen. No, pero sí.

Veamos algunas muestras del estilo sibilino.

El abierto remitente escoge la vía de la carta pública. El espíritu de su comunicación a Iroel Sánchez se supondría constructivo, nada menos que una exhortación a no dañar a la Revolución, pero mediante la conjetura de que el daño infligido es grave. Sin embargo no dirige la carta directamente al destinatario, de quien conoce algo de su biografía y con quien da a entender que ha intercambiado personalmente, quizás con amabilidad. Porque el periodista, además de a Iroel Sánchez, quiere que otros conozcan su criterio. Es la finalidad de las cartas públicas, ¿no?. Aunque admite que puede equivocarse – el estilo sibilino, en estos casos, y sobre todo en estos casos, nunca afirma casi nada con claridad – opina que la tarea de Iroel Sánchez puede estar “dañando gravemente” a la Revolución. El remitente no se ahorra el adverbio superlativo, el de grado sumo.

Para sostener tan “grave” suposición, hay que tener argumentos, y el remitente los tiene, aunque se necesita cierta labor de memoria histórica para dar con ellos, (como veremos al final de esta nota).

En el mismo último párrafo está el principal de sus temores-argumentos: sin decir, dice, porque lo pone en boca del receptor, como si el remitente no lo dijera, (recuerden, el estilo sibilino), que una de las razones del daño consiste en ese “tipo de emplazamientos personales” que se estaría haciendo desde el blog La Pupila Insomne.

El argumento de “los ataques o emplazamientos personales” ha sido siempre el arma predilecta de aquellos que no pueden discutir o argumentar en el campo de las ideas y los conceptos, contra los argumentos que se publican en La Pupila. Es algo que escapa a mi escasa inteligencia no comprender por qué el que opina que es objeto de un ataque personal no hace precisamente lo contrario: responde o contesta a los argumentos que se le oponen. Olvidan que están haciendo lo mismo si abandonan el campo del pensar: en efecto, al decir que emplazas o atacas mi persona, y no mis ideas, me estás calificando, no por mis ideas o concepciones, sino acusando de ser un acosador injusto. ¿Si o no? Ese argumento es universalmente desacreditado precisamente por lo anterior: es un procedimiento de suma cero en que el que se queja hace lo mismo de aquello que se queja.

Pero yo no quiero suponer a priori, por ejemplo, que en esta Carta Abierta su autor haga un emplazamiento o un ataque personal al autor de La Pupila, pese a que nada más directo, y a la vez público, que el formato escogido, con nombres y apellidos, y el señalamiento de un grave daño, nada menos que a algo tan inmenso y de importancia para todo un país, como es su revolución. Quiero analizarlo. Está claro que una entidad específica es la persona de Iroel Sánchez, de cuya ética personal o privada nada negativo opina el autor, y otra su tarea pública y social como bloguero y la honestidad con que la ejerce. Pero si la intención secreta del autor fuera desacreditar a Iroel Sánchez como persona, eso sólo podría saberlo en su fuero interno. De nada vale pues, como defensa de las ideas, argumentar el ataque a las personas. De nada vale pues, tampoco utilizarlo como argumento para defender a otras personas al no ser que se prejuzgue y no se demuestre.

Los que califican a Iroel Sánchez, y a cualquiera, como un representante del “oficialismo, le están infligiendo lo que dicen repudiar, están cometiendo aquello de que se victimizan. Pues esa descalificación conlleva a decir que las convicciones del “oficialista” son simuladas, mercenarias, o que vende su conciencia a cambio de prebendas o privilegios. Vaya manera de no emplazar lo más importante del ser humano, que es su dignidad. El autor de la Carta Abierta pudiera escribirle a los que califican de “jauría” a los que escriben en La Pupila, que está dañando gravemente la dignidad personal, no de Iroel Sánchez, sino de varias personas. Pero quizás no lo haga porque el autor del calificativo seguramente hasta publica la Carta Abierta del remitente de Iroel.

Yo lo voy a decir con toda claridad: no me temo, sino que estoy seguro, que con esa opinión sobre los trabajos de La Pupila deben estar muy satisfechos aquellos que con toda seguridad han hecho mucho, y lo seguirán haciendo, por dañar, y bien gravemente, a la Revolución. No por la persona de Iroel Sánchez. Está claro que si los principios de Iroel Sánchez no fueran los fundamentales de la Revolución no tendría importancia ninguna hacer una campaña para desacreditarlo. Como alguien dijo, la campaña tiene otro blanco.

Pero para demostrar que desde La Pupila se hacen ataques personales, habría que analizar al menos uno de sus trabajos referidos a esas “concretas personas” víctimas, y demostrar cuándo no se analizan conceptos, ideas, ideologías o cosmovisiones, o simplemente cuándo no se exponen datos y hechos. El caso es que esto no se hace, porque si no, dónde se quedaría eso de ataque personal. Un ataque personal es la intromisión en la condición estrictamente ética privada. Las personas que publican ideas y forman opinión pública otorgan el derecho a que se critiquen sus juicios, opiniones, fuentes. En ocasiones es importante saber quiénes son. Las ideas o valoraciones políticas no se crean por obra del espíritu santo.

Como el remitente de la carta a Iroel Sánchez no menciona cuáles son esas “personas concretas” que serían el objeto de los ataques de La Pupila, a este lector le resulta obvio que está pensando, aunque también se refiere a jóvenes, ¿será LJC?, en el periodista uruguayo radicado en Cuba y corresponsal de un medio extranjero, que por cierto, acaba de reproducir la Carta abierta a Iroel. Este lector agradecería que alguien hiciera un compendio de los ataques personales contenidos en los trabajos que se refieren a ese periodista. Si un comunicador, por poner un ejemplo, publica una síntesis no autorizada del trabajo de otro autor, y el simple examen de esa síntesis autoriza al autor a juzgar que se ha torcido el hilo central de su tesis, esa acción la hizo una persona con nombres y apellidos y no hay manera de analizar el caso sin dar a conocer quién lo hizo. Y así, como muchas otras acciones y sobre todo concepciones ideológicas que son las que se analizan en La Pupila. Es que a veces no tenemos algo distinto para argumentar que victimizarnos, última ratio de la carencia de argumentos.

Pero hay algo más importante en la Carta Abierta, porque el argumento de los emplazamientos personales no se sostiene, como vemos. Y es la asimetría de “poderes” que el autor de la carta sugiere que existe, siempre sibilinamente, entre el blog, o más bien, y ahora sí, entre la persona, el trabajo y las fuentes del autor de La Pupila, y los que serían las víctimas de sus ataques. Allí está la más grave insinuación… al estilo sibilino.

Para el mejor entendimiento de lo que califico, al menos para mí, como lo más importante de esta carta, reparemos en un dato que sólo se le escaparía a un desconocedor de la historia cultural cubana: sea o no voluntario, – eso sólo puede saberlo su autor -, es un acierto literario finalizar la carta con la expresión “tengo mucho miedo…”. Uno recuerda inmediatamente a Virgilio Piñera diciendo lo mismo en aquellas reuniones que dieron lugar a Palabras a los intelectuales. Pero también nos hacen recordar que cíclicamente se agitan en Cuba viejos pánicos y fantasmas, y asustadas y temblorosas personas advierten sobre la próxima aparición de nuevas décadas grises, apenas creen avistar la más pequeña nube, con lo cual se intenta reactualizar y reverdecer una etapa ya muy lejana y superada, o que en todo caso debe ser abordada en su contexto, como algunos lúcidos autores lo han hecho.

Lo cierto es que estas advertencias de nuevos grises quinquenios, aquellos temores, encuentran rápidamente el apoyo y el eco allá, aquí y acullá, en aquellos medios que parece que nos quieren tanto, que tiemblan junto a nosotros nuestros miedos, como acaba de suceder mientras escribo. Porque ya aparecen los corifeos plañideros de las ficticias tragedias, sobre las cacerías de brujas en Cuba. Son los mismos medios que hasta se atreverían a lamentar el daño que el blog de Iroel Sánchez le podría hacer a la Revolución, porque suelen mimetizarse y dolerse hipócritamente de nuestros dolores, para confundir a los incautos. Lo que nunca harán es reproducir un trabajo de La Pupila. Ninguno de esos en que no hay criterios contra las personas, sino un análisis de las ideas que exponen y las tareas que hacen. Me pregunto si de vez en cuando no debemos preguntarnos si es posible que estemos haciendo algún daño cuando voceros y plataformas evidentemente enemigas comienzan a corear y magnificar nuestros temores.

Volvamos, por último y finalmente, a lo que llamo la asimetría de poderes insinuadas por el autor de la Carta Abierta. Tengamos presente que desde una asimetría de poder, se puede ejercer una más fácil opresión de la víctima, o ejercer represalias.

El autor de la carta no sólo le supone a Iroel Sánchez fuentes de información privilegiada, sino además, le afirma, pero dicho con muchos circunloquios, “una posición que ostenta o sugiere una autoridad oficial —como sucede contigo y La pupila insomne”. Obsérvese la genialidad del estilo sibilino: “ostenta o sugiere”, pero “como sucede contigo”. ¿Lo ostenta o sugiere Iroel? ¿O lo sugiere o lo ostenta el remitente? Con el estilo sibilino genial nunca se sabe…

Lo que resulta evidente es que aquí está repitiendo un argumento bien caro a los adversarios, y a los adversarios no sólo del bloguero revolucionario, sino por cierto, caro a los enemigos ideológicos de la Revolución, que usan la dicotomía oficial/no oficial y oficialismo/no oficialismo para desacreditar al primero como representante del poder estatal, y aprovechar el prestigio “libertario” del segundo concepto. Desde allí, desde el supuesto poder oficial de La Pupila Insomne se crea la injusta metáfora de una asimetría de poderes que convertirían a La Pupila en el responsable de represalias futuras. Esta es la tesis transversal de la cuidadosa redacción de la carta. Lo que no quiere decir con todas sus letras, pero al fin y al cabo, sibilinamente, dice.

Este lector, al menos en los textos que conoce y discuten las ideas de “los emplazados personales”, sólo ha visto calzar las opiniones con fuentes y documentos públicos, cubanos o extranjeros, o estudios e investigaciones, y nunca una suposición que no pueda sostenerse o mediante una cita, o mediante un dato, público, y no sacado de soterradas fuentes secretas. El que respeta la inteligencia ajena debiera suponer que si Iroel Sánchez dispone de fuentes privilegiadas – y que serían en todo caso para defender a Cuba – no cometería el burdo error de utilizarlas sin poder responder a la exigencia de un lector de que pruebe la veracidad de sus datos.

Y, además, ya en otra ocasión Iroel Sánchez se vió obligado a la no ingrata tarea de presentar a su tenebroso, poderoso y secreto equipo de trabajo: una foto familiar.

De las opiniones del autor de esta Carta Abierta, debo confesar que conozco muy poco, sólo esta carta, y por lo tanto no hay ni la más mínima alusión personal que no sea el análisis de las ideas, la intencionalidad y el estilo que he procurado hacer. Sí conozco un juicio suyo, emitido en Facebook, “Un traidor, incluso aunque tuviera razón, no dejará de ser nunca un traidor”, que me llamó, confieso que muy desagradablemente la atención, referida a la persona de Javier Gómez Sánchez. Dejo a los lectores juzgar, pero si no es uno de los más duros ataques que se puedan realizar a la condición ética personal, admito que en la otra vida debo realmente aprender a leer y estudiar nuevamente la Ética a Nicómaco.

Un traidor es aquel que simula o simuló una convicción compartida con otros y nunca fue verdadera. O aquel que abandona a una organización y niega sus convicciones anteriores, pero a cambio de ventajas personales sin importar, incluso, en este caso, ni cuáles son sus convicciones para considerarlo un traidor y además, mercenario.. A veces tengo mucho miedo del relativismo en términos de causas políticas.

Pero de esos momentos de miedo uno tiene muchos motivos para empinarse, muchos en nuestra historia, mucho en la gente común que uno conoce, mucho en la fe en el mejoramiento humano, y sobre todo mucho estímulo cuando uno lee palabras como estas, escritas por un hombre que muchas veces sí es atacado con los peores epítetos, y claro está, tiene los enemigos que merece, pero también la entereza de no victimizarse, y diferenciar lo que realmente importa a la Revolución. Cito estas palabras porque coinciden con lo que siempre he pensado al respecto y lo habría querido expresar de ese modo:

“Tengo la convicción de que ser incomprendido, por un jefe o por un colega al criticar, incluso llegar hasta ser atacado o injustamente castigado, es para un revolucionario, siempre que no tenga de qué avergonzarse, una oportunidad para, lejos de victimizarse, emprender nuevos caminos y entregarse más en beneficio del pueblo al que nos debemos, nunca un pretexto para aliarse o justificar a quienes buscan destruir nuestro proyecto.”

Y eso es exactamente lo que acaba de ocurrir: una alianza, tal vez involuntaria pero alianza al fin, entre el remitente de la "Carta Abierta" y los enemigos históricos de la Revolución cubana. El escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II ha dicho que la medida de un hombre no son sus amigos, son sus enemigos. Gracias al autor de la Carta Abierta el imperio yanqui acaba de confirmar que tiene entre sus enemigos a Iroel Sánchez, no es un buen resultado para quien se dice revolucionario y le ha ha servido esa oportunidad.

lunes, 13 de febrero de 2017

Mirarse al espejo

Por: Harold Cárdenas Lema

Una de mis frases favoritas cuando era profesor de filosofía venía directamente de Nietzsche: “cuando miras el abismo, él también te mira a ti”. La posibilidad de terminar convertidos en aquello contra lo que se lucha, la capacidad que tiene el abismo de influir sobre nosotros y el peligro de perdernos en él. Esto debe preocuparnos a todos los que participamos en el debate político cubano, más aún si lo hacen en escenarios desventajosos, más aún apelando a la crítica como herramienta.

¿Cómo mantener la perspectiva y la ética en el debate? ¿Cómo permanecer dentro de los límites de la crítica revolucionaria?

Quien crea que edulcorando la realidad se defiende un proyecto, está tan errado como el que lo defiende ante peligros externos y no dedica una línea a los desafíos internos. Ambos sufren el riesgo de ser “revolucionarios” a medias cuando de seguro son mejores que eso. También están los que solo tienen ojos para ver sombras y esto les impide ver la luz, algunos por error y otros por malicia. Cuando se camina en la oscuridad y sin compañía es inevitable perder la orientación, si no tienes quién te guíe, lo mejor es recordar por qué estás ahí en primer lugar, regresar a las raíces y retomar el rumbo.

Los errores de cada persona son proporcionales al número de ocasiones que intente algo, quien participa poco se equivocará poco entonces, pero también acertará menos del que lo hace a menudo.

Resulta absurdo planificar críticas y alabanzas por igual en busca de un equilibrio artificial sobre cualquier fenómeno. En el caso del debate político nacional, es importante ver todos los colores de una Cuba que no es blanco y negro, alejado del paraíso o el infierno que se empeñan en mostrar algunos. Esos que no logran captar la atención de un pueblo al que le enseñamos a discernir. ¿Tienen apatía los cubanos? No, es la incapacidad nuestra últimamente de crear una narrativa creíble con la que puedan identificarse a fondo, y aún así son tan sabios que no se dejan atraer por fórmulas anexionistas. Tan empeñados en enseñarle cosas al pueblo, podríamos aprender una que otra de él.

Cada artículo publicado es un acto de desnudez política, no exento de errores. Siempre es difícil mantener ese balance, evitar perderse en el intento de participar, cuando no pocos lo han hecho. Como durante mucho tiempo la blogosfera cubrió los vacíos informativos que dejaba la prensa, podría parecer que el contrapeso a la crítica la hacían de por sí los medios tradicionales, tan dados a la omisión de nuestros errores, y no.

Ellos no eran los únicos en el panorama, una industria de blogs y medios de prensa tendenciosos fue construida por la contrarrevolución. Entonces, ¿cómo insertar las voces críticas sin confundirlos con los apóstatas? ¿Cómo evitar que estos sean empujados hacia el abismo de la derecha por quienes los malinterpretan en la izquierda? ¿Cómo elogiar lo que nos distingue positivamente sin repetir los discursos gastados en nuestros medios? La crítica es más fácil que el reconocimiento de lo alcanzado, pero sin este es incompleta.

El debate público tiene vida propia, el mismo discurso que en un momento parece correcto luego puede ser mal visto, y viceversa. ¿Será que sus límites dependen del contexto? La idea que hoy puede parecer aventurada mañana será un hecho, si es efectivamente revolucionaria.

Cuando ingresamos desde La Joven Cuba al debate hace años, todavía algunos consideraban a los emigrados como traidores en Internet. El derecho a emigrar de nuestros ciudadanos lo defendimos a capa y espada en esos primeros tiempos, recibiendo numerosas críticas. Tiempo después recibimos una visita de quienes se encargaban del tema migratorio al máximo nivel, buscando consultaría al respecto, el límite había cambiado.

Hasta que no se invente un revolucionómetro, la legitimidad de la crítica se medirá según los conocimientos y quizás los prejuicios de quien la juzga.

Cada cierto tiempo es bueno tomar una pausa, regresar a tus orígenes y recordar cuál es el objetivo. Porque mientras se teclea sin pausa el ritmo sigue en las calles, la vida es más rica que la circunstancia, y a veces nos dejamos arrastrar por ella. Toca entonces recordarnos las cosas necesarias por defender, las líneas que no se deben cruzar y que el trayecto es tan importante como el fin en sí mismo.

Hay que seguir echando la pelea en dos frentes, contra aquellos que nos quieren arrastrar al pasado de la dependencia y la pérdida de la soberanía sin siquiera un proyecto político que no sea la negación del nuestro. Y contra nuestros propios defectos, contra el atrincheramiento que solo conduce al aislamiento, que cuando se intenta convertir en política de Estado, solo conduce al sepulcro donde han terminado los proyectos socialistas.

Hace poco un hombre me miró a los ojos y me dio un consejo útil: “no te dejes usar”. No le pedí más explicaciones y pensé automáticamente en los dos polos, quienes apuestan por restaurar el capitalismo usando jóvenes como nosotros, y quienes silencian la crítica en el socialismo invitándonos a pactar a cambio de una posición en el estatus quo. Creo que se refería a lo primero, pero también existe lo segundo. La mejor prevención contra ambos será el uso responsable de la crítica y que el resultado de ella, sea en beneficio de todos. Entonces mirar al abismo será un ejercicio más seguro.

Para contactar al autor: haroldcardenaslema@gmail.com

¿Quién daña a la Revolución? (Parte I).

Por Carlos Luque Zayas Bazán


Revolución es no mentir jamás ni violar principios éticos. 

Fidel Castro
¡Qué profundidad!

El que intenta ridiculizar a otro, casi siempre sale haciendo su propio ridículo. Javier Gómez Sánchez hace una apreciación perteneciente por completo al ámbito de la subjetividad humana en los contactos e intercambios personales: la simpatía o antipatía que provoca el lenguaje gestual o extra verbal de la persona con la cual interactuamos.

Incluso existen muchos testimonios de no cubanos, atendidos por médicos cubanos, que elogian ese gesto del galeno isleño, ausente, o que echan menos, dicen ellos mismos, en los médicos de sus países, que califican de fríos, distantes, impersonales, y que raramente entran en contacto piel a piel


Post en el blog de Cartas desde Cuba ridiculizando a Javier Gómez Sánchez

Pues Javier Gómez Sánchez simplemente, en un testimonio sincero, quizás ingenuo porque no pensó en la orfandad argumental y la indigencia ciberchancletera que se aprovecharía de ello, cuenta que ese gesto de la calidez humana le produjo una impresión agradable en una persona, y no en otra. La siguiente imagen nos permite disfrutar de la alta calidad metafórica y el alto vuelo del ejercicio del criterio de los que se duelen tanto de que nuestra prensa no imite su amarillismo.


Comentario de un forista en el blog Paquito el de Cuba donde se circula la imagen de Javier Gómez Sánchez

Casi todo ser humano ha pasado por la experiencia que narra Javier. El lenguaje gestual nos acerca o no aleja de las personas, al menos como primera reacción.

Alguien dijo que al conocer a Javier, este “no le cayó bien”, como una evaluación retrospectiva del testimonio de Javier. Pero no ironizó al respecto. Pues bien: hay quien, nada menos que uno que creo que se dice académico, llamado Arturo Lopez-Levy, tratando de ridiculizar ese testimonio, “teoriza” con ironía llamándolo “una nueva etapa en el pensamiento político” y opina, como lo más éticamente normal, que alguien debió aconsejarle su eliminación, proponiendo, en un gesto de cálculo insincero su eliminación, con lo cual retrata claramente y de cuerpo entero, cómo actúa cierta prensa y ciertos intelectuales. Opina este intelectual académico que esa “teoría”, que se debió eliminar hipócritamente, es fruto de la falta de argumentos.


Comentario de Arturo López Levy en el perfil de Harold Cárdenas en Facebook

Yo lo creo muy al revés: desde varias plataformas enemigas de Cuba tratan de ridiculizar las palabras de Javier, en evidente falta de argumentos para responder a todos los suyos, y a su testimonio, haciendo uso de criterios pedestres, interesados y éticamente ruines al convertir una evaluación estrictamente personal en un supuesto argumento “teórico” y político. Y después se duelen de ataques personales. Qué profundidad, y qué oportunismo. Pero nos ayuda a deslindar y despejar dudas…

Con una mano, se culpa al proyecto cubano y su Partido de los “problemas de la prensa” y, a la vez, con la otra se elimina una información que denuncia, precisamente, la estrategia que ya se usa, y que estaría expedita para su implementación sin trabas, cuando el Partido dejara…

domingo, 12 de febrero de 2017

"Mi blog es Segunda Cita"

Por Guillermo Rodríguez Rivera, Segunda Cita

Desde los días de mi adolescencia, pensé que me gustaría seguir diversas profesiones. Era temprano para decidir.

Cuando escuchaba a Benny Moré, al primer Elvis Presley, a Miguelito Cuní o a Johnny Mathis, habría querido ser cantante. Pero la naturaleza, que me dio el gusto por la mica,  negó la voz para cantar.

En el Santiago de Cuba donde nací y crecí había una escuela de periodismo que llevaba el nombre de Mariano Corona Ferrer, un joven tipógrafo que se hizo periodista y fue de los primeros en lanzarse a la lucha armada en 1895 y alcanzó el grado de comandante del Ejército Libertador. Su mayor gloria fue cuando el general Antonio Maceo lo designó director de El cubano libre, periódico casi nómada del mambisado, porque radicaba lo mismo en las llanuras de Baraguá que en las márgenes de un río.

Después pensé ser abogado y hasta director de cine. No me hice periodista porque me di cuenta que la del periodista es una habilidad que se adquiere escribiendo y leyendo a los maestros sobre la base de una formación humanística. El mayor de los periodistas cubanos, nunca estudió periodismo: José Martí fue abogado y doctor en Filosofía y Letras, pero sus “Escenas norteamericanas” son ejemplo del mejor periodismo que pueda concebirse.

Al fin, estudié letras y me hice escritor y profesor. Sin embargo, los primeros trabajos que tuve fueron de periodista: la Revista Mella, Radio Reloj Nacional, la Revista Cuba. En Mella hice grandes amistades: Víctor Casaus, Carlos Quintela, Silvio Rodríguez, Norberto Fuentes. La vida se encargó de separarme de algunos y unirme más a otros. No olvido al negro Manolo Rojas, chofer de la revista entonces, con quien canté y aprendí innumerables rumbas que todavía recuerdo, porque también fui admirador de Saldiguera y Virulilla, los grandes cantores de Los Muñequitos de Matanzas.

En la revista Cuba fui secretario de redacción y tuve como jefe al más capaz de los periodistas que he conocido: Darío Carmona, un republicano español que estuvo exiliado en Chile, en Cuba y al final de su vida pudo regresar a España, después de la muerte de Franco. Después, intervine en la fundación de El Caimán Barbudo y a los viejos amigos se unieron otros: Jesús Díaz, Luis Rogelio Nogueras, Orlando Alomá, Aurelio Alonso.

Quien lea lo que escribo, aunque sea un poema de amor, advertirá que del periodista mantengo el gusto por la realidad de todos los días, por esa historia que irá a los libros pero que ahora transcurre ante nuestros ojos junto a lo menos trascendente, y mi espíritu polémico ante lo que creo que no está bien (los dogmáticos de los años setenta le pusieron el nombrete de diversionista) acaso sea la supervivencia litigante del abogado que nunca llegué a ser.

No recuerdo ahora si fue Silvio quien me invitó a colaborar en su blog. En verdad, él me pidió que prologara una lujosa edición que hizo la editorial Planeta de los textos de sus canciones. Ahí volvió a hacerse cotidiana la vieja amistad y le mandé a su blog – cuando lo tuvo: de eso hace ya unos años – los artículos con los que valoré la Ofensiva Revolucionaria de 1968 y que son los que inician este libro.

Después de aquellos cantantes que admiré en mi adolescencia, Silvio Rodríguez había venido a ocupar el lugar que tuvieron ellos, sumándole un componente inesperado por aquellos tiempos: el compromiso con una revolución que los dos habíamos visto nacer y el invariable amor por la poesía.

A veces me han preguntado por qué no tengo un blog y siempre respondo que sí lo tengo: mi blog es Segunda Cita: ello se debe a que casi nunca su director y yo tenemos opiniones enfrentadas. El secreto está en esas coincidencias que fue armando la vida. Cuando Víctor Casaus, otro cómplice (generacional, ideológico y poético) me pidió que reuniera para editar lo que he escrito para Segunda Cita, imaginé que ello no alcanzaría para un libro, pero cuando Patricia Ballote Álvarez, trabajadora de los Estudios Ojalá, me hizo el invalorable favor de reunir mis colaboraciones, tuve que seleccionar las trescientas cuartillas que ahora les presento o, mejor, les presentan sus editores, Silvio Rodríguez y Víctor Casaus. Yo, Guillermo Rodríguez Rivera, apenas les hago llegar estas líneas que, como mis rodillas me lo impiden, tiene la bondad de leerles Marlen López León, mi mujer, gran amiga, quien todos los días me libra un poco de la muerte.

Gracias por asistir a esta presentación.

viernes, 10 de febrero de 2017

Rendición de cuentas en Cuba: ¿quién rinde?, ¿y qué cuentas? (II)

Michel Fernández Pérez, Cuba Posible





Foto: Radio Rebelde

En la primera parte de este artículo se analizó lo relacionado con la regulación constitucional y legal del proceso de rendición de cuentas en Cuba. Ahora dedicamos esta parte a analizar cómo se ha realizado el proceso de rendición de cuentas en los más de 40 años de vigencia de la Constitución de 1976 y, por último, se realizan propuestas para su perfeccionamiento.

La rendición de cuentas en 40 años de experiencia

Esta parte de la investigación ha estado limitada por la posibilidad de acceso a las fuentes de información sobre los procesos de rendición de cuentas que se realizan en el país. Por lo que los resultados que aquí se presentan deben verse como parciales o no concluidos, siempre sujetos a nuevos resultados de otras investigaciones sobre este tema. Pero con la información a la que se ha podido tener acceso, resulta interesante presentar los resultados de este proceso en el período de tiempo señalado. La fuente principal de información ha sido la Gaceta Oficial de la República de Cuba.[1]

Según la información disponible, la rendición de cuentas de los órganos inferiores de gobierno (Consejo de Estado, Consejo de Ministros, Organismos de la Administración Central del Estado, órganos locales, entre otros) ante el órgano supremo de poder del Estado, la Asamblea Nacional del Poder Popular (ANPP), se ha comportado de una forma poco coherente a lo largo de este período.

Empezando por el Consejo de Estado (CE), hasta el año 1996, la ANPP ratificaba expresamente los acuerdos y decretos leyes emitidos por este entre uno y otro período de sesiones de la Asamblea, reconociendo literalmente que el Consejo de Estado le rendía cuenta de sus actividades y gestiones. Durante este período de tiempo, en todas las ocasiones, la ANPP ratificó los decretos leyes y aprobó los informes presentados por el CE. El último acuerdo de este tipo que se conoce es el Acuerdo IV-58, del 25 de diciembre de 1996[2], en el que ratificaron los decretos leyes aprobados por el CE entre el primero de diciembre de 1995 y el 30 de noviembre de 1996. En esa misma sesión de la ANPP se aprueba, mediante el Acuerdo IV-56, el actual Reglamento de la ANPP. Este, como se dijo anteriormente, no precisa la forma en que el CE debe rendir cuenta a la ANPP y, al no contar tampoco el CE con un Reglamento, nos encontramos con un período de 20 años sin que haya evidencia pública de la rendición de cuentas del CE a la ANPP.

En el caso del Consejo de Ministros, durante los años 1985, 1986 y 1988[3] se encontró evidencia de presentación del Informe de Rendición de cuentas de este a la ANPP, aunque es muy probable que durante la década del 80 el Consejo de Ministros haya rendido cuenta en otro momento a la ANPP, pero por las dificultades para el acceso a la información de las Gacetas Oficiales, solo se tiene evidencia de esos tres años mencionados. Desde esa fecha, no hay evidencia de que el Consejo de Ministros le haya rendido cuenta de su trabajo a la ANPP, incluso con posterioridad a la aprobación del Decreto Ley No. 272 “De la organización y funcionamiento del Consejo de Ministros” de 16 de julio de 2010, nunca el Consejo de Ministros ha rendido cuenta de su trabajo a la ANPP. Como se dijo anteriormente, este Decreto Ley es impreciso en la regulación de la rendición de cuentas del Consejo de Ministros a la ANPP y, desde el punto de vista legal, lo único regulado en el sentido del momento en que el Consejo de Ministros debe rendir cuentas lo encontramos en el artículo 98 del Reglamento de la ANPP. Este dispone que el Consejo de Ministros rinde cuenta cuando “determine” la Asamblea Nacional mediante información sobre las cuestiones que aquella considere.

Con relación a la rendición de cuentas de otros Organismos de la Administración Central del Estado ante la ANPP, la información que se ha podido obtener es muy limitada. Por ejemplo, en los años 80 hay varias rendiciones de cuenta de organismos como el Ministerio de la Industria Sidero Mecánica (1986)[4] y el Instituto Nacional de Turismo (1990)[5]. Asimismo, se encontraron otros acuerdos que planifican rendiciones de cuentas de otros organismos (Ministerio de la Industria Básica (1985), Ministerio de la Agricultura (1986), Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (1987), Ministerio de la Construcción (1989), Ministerio de la Industria de Materiales de la Construcción (1989)) pero en estos casos no se encontraron los resultados de estas rendiciones de cuenta.

No es hasta el 2008 que encontramos otra rendición de cuentas; en este caso, del Ministerio de la Industria Sidero Mecánica. En el texto del acuerdo que aprueba el informe presentado por este ministerio se refiere que es la tercera ocasión en que rinde cuenta ante la ANPP[6]. Como se mencionó en el párrafo anterior, este ministerio rindió cuenta en 1986, y en el acuerdo se dice que la última rendición de cuentas fue en el 2002, por lo que en el caso de este organismo, sí se puede afirmar con certeza que rindió cuenta de su trabajo a la ANPP en tres ocasiones (1986, 2002 y 2008). En la rendición de cuentas de 1986, la ANPP le realizó 20 recomendaciones a este ministerio. En las de 2008 solo se consignan cuatro tareas a realizar y al no tenerse la información de la rendición de cuentas del 2002 es muy difícil darle “trazabilidad” a las decisiones de la ANPP sobre este extinto ministerio, más aún si tenemos en cuenta que entre la primera y segunda rendición de cuentas pasaron 16 años, en los que ocurrieron cambios significativos en la sociedad y el Estado en Cuba.

En 2012 rindió cuentas el Ministerio de Salud Pública y en el texto del acuerdo se expresa que es la segunda ocasión en que este rinde cuenta a la ANPP[7], la vez anterior fue en el 1982, momento en el que se le realizaron 14 recomendaciones, en el 2012 (casi 30 años después), se le realizaron seis recomendaciones.

En los casos de la rendición de cuentas de las Asambleas Provinciales del Poder Popular (APPP) ante la ANPP en los años 80, hay evidencia de rendición de cuentas de varias de estas ante la Asamblea, incluso hay una recomendación del año 1987 para que se efectúe “una revisión integral de todo el proceso de rendición de cuenta de las asambleas provinciales ante la Asamblea Nacional con vistas a su perfeccionamiento.”[8] En los casos de las APPP se pueden encontrar tanto rendiciones de cuenta por cada Asamblea, como casos de un Informe resumen general referido a estos órganos locales. Desde el año 1990 no se encontró evidencia de ninguna otra rendición de cuenta de las APPP.

Respecto al proceso de rendición de cuentas ante la Asamblea, o sus comisiones en la sesión de julio de 2016, la prensa nacional reportó que dos ministerios (Economía y Planificación y Agricultura) no habían asistido a sesiones de las comisiones que tenían que evaluar aspectos concretos sobre temas en los que estos ministerios eran los responsables. A pesar de que el tema tuvo cobertura mediática, no se ha conocido hasta la fecha si existió alguna consecuencia o si dio alguna explicación a las Comisiones.

En el caso de las rendiciones de cuenta del Tribunal Superior Popular (TSP), la Fiscalía General de la República (FGR) y la Contraloría, estas se han efectuado regularmente. En el caso de la Contraloría, que es el último informe de rendición de cuentas que se dispone en la Gaceta Oficial, fue en el 2014[9].

El proceso de rendición de cuentas que sí se ha cumplido desde la creación de los órganos del poder popular, y que es la máxima expresión de democracia en el sistema político cubano, es el de los delegados a las Asambleas Municipales del Poder Popular (AMPP) ante sus electores. Este proceso ha sido analizado públicamente muchas veces y su implementación no ha sido uniforme en todo el país: dicho de otra manera, su efectividad no ha sido la misma. Existen territorios en los que funciona acertadamente y en otros se limita a reuniones formales. Sin embargo, de lo que no caben dudas es que este es el modelo que se debe potenciar como paradigma de la rendición de cuentas. La principal limitación de este modelo está dada por el poco poder que tiene el delegado y las limitadas competencias de los órganos municipales de poder.
Propuestas de perfeccionamiento.

Sin dudas, la rendición de cuentas es un elemento esencial en todo proceso que quiera considerarse democrático, por eso es necesario que su diseño e implementación sea efectivo, en el sentido que garantice el control y la supervisión de los ciudadanos sobre los funcionarios electos o designados.

En el escenario cubano actual, en el que cada vez más intervienen nuevos sujetos sociales y económicos, diferentes del Estado (dígase, cuentapropistas, cooperativas y diferentes forma de inversión extranjera), es imprescindible contar con los mecanismos para garantizar que el uso del dinero público sea correcto. Para esto hay una larga lista de acciones que son susceptibles de realizarse, tales como la transparencia en el uso de estos fondos, procesos de licitación (ya reconocidos en la legislación cubana), realización de presupuestos participativos, entre otros. Todo esto sería la base que condicionaría, desde el punto de vista financiero, la posibilidad de que los funcionarios puedan rendir cuentas de sus acciones.

Otro elemento esencial en el proceso de rendición de cuentas es que no deben existir indefiniciones legales, desde el punto de vista del tiempo y la forma en que se debe rendir cuenta, lo que relaja las obligaciones de los órganos inferiores ante sus superiores jerárquicos.

Como principio, todos deben rendir cuenta ante los que lo eligen y esto debe estar precisado expresamente en la ley y la Constitución y deben existir los procedimientos para su implementación.

Sin dudas, con la forma actual de funcionamiento de la ANPP se hace imposible, por una mera cuestión de tiempo, que esta pueda actuar como un órgano efectivo de control de todos los demás aparatos del Estado y que su condición de órgano supremo de poder del Estado no se sea solo formal. En el transcurso de un año la ANPP se reúne en dos períodos ordinarios, que tradicionalmente no son más de cuatro días y excepcionalmente se reúnen en sesiones extraordinarias, por lo que el total de días en que la ANPP está sesionando en un año no es generalmente más de cinco días. Para superar esto la ANPP tiene que tener mucho más protagonismo en la vida política del país y fortalecer su rol como órgano supremo de poder del Estado, depositario de la soberanía delegada por los ciudadanos.

Otro tema esencial en el proceso de rendición de cuentas es tener la información de la forma en que se ejecuta este proceso. En estos momentos es nula o no existe; datos sobre cómo los diputados rinden cuenta ante sus asambleas municipales o cómo es el proceso de rendición de cuentas a lo interno de los órganos locales del Poder Popular. Para superar esto es necesaria una estrategia de comunicación que potencie la trasmisión de estas informaciones al pueblo. Unido a que es imprescindible que todas las sesiones de los órganos representativitos del Estado sean públicos y su acceso sea fácil para todos los ciudadanos, aspecto este que es muy fácil en la actualidad teniendo en cuenta los avances de las nuevas tecnología de la información.

No sería descabellado tampoco pensar en crear una ley específica sobre el proceso de rendición de cuenta, en la que orgánicamente estaría regulado el proceso desde la base hasta los más altos cargos del Estado.

Desde hace siglos los procesos revolucionarios han luchado por tratar de quitarles el monopolio de la política a los funcionarios, los que sistemáticamente han demostrado una alta capacidad para impedir que el pueblo se consolide como el verdadero poder. La rendición de cuentas es una importante herramienta en la conquista de la democracia por el pueblo.

Notas

[1] La posibilidad de consultar un número muy amplio de Gacetas Oficiales se debe a la utilización del Sistema informático para la gestión y facilidad de búsqueda dentro de los contenidos de las disposicionespublicadas en Gaceta Oficial, “LegislaSoft” de Rubén Santiago López, www.legislasoft.com

[2]Gaceta Oficial No. 48 Ordinaria de 27 de diciembre de 1996

[3]Acuerdo No. II/65 de 27 de diciembre de 1985; Gaceta Oficial No. 19 Extraordinaria de 27 de diciembre de 1985; Acuerdo No. II/96 de 25 de diciembre de 1986, Gaceta Oficial No. 7 Ordinaria de 20 de enero de 1987; Acuerdo No. III/64 de 23 de diciembre de 1988, Gaceta Oficial No.1 Ordinaria de 3 de enero de 1989.

[4]Gaceta Oficial No. 7 Ordinaria de 20 de enero de 1987

[5]Gaceta Oficial No. 32 Ordinaria de 10 de agosto de 1990

[6]Gaceta Oficial No. 029 Extraordinaria de 14 de agosto de 2008

[7]Gaceta Oficial No. 033 Ordinaria de 20 de agosto de 2012

[8]Gaceta Oficial No. 81 Ordinaria de 21 de octubre de 1987

[9]Gaceta Oficial No. 37 Ordinaria de 27 de agosto de 2014

Soy un hombre de centro

Por Silvio Rodríguez, Segunda Cita

Soy un hombre de centro. Empecé por nacer, sin darme cuenta, para verme en el centro de la vida. Todavía era un niño cuando me arranqué de mi familia para lanzarme al centro de la noche, con la yesca de una cartilla y un manual. No mucho después llegué al centro de mi mismo, con un arma en la mano, defendiendo un país que llegaba a su centro. Había llegado al centro de la conciencia colectiva y aún no conocía el centro de la existencia humana. Ese centro supremo me esperaba en las intimidades de una joven. Y fue el centro del mundo, del goce y el dolor, de la dicha y la muerte, relámpagos, diluvios. Del desierto anterior y esa humedad llegué al centro de mis palabras. Al centro de espasmos le di vida a inocentes. Al centro de la amistad hice un credo y desafié montañas. Al centro de la muerte he sobrevivido a mis propias miserias. Y si adelante hay algún centro allí estaré, en la neblina fantasmal de millones de nombres que continúan en el centro de todo, aprendiendo a nacer.

jueves, 9 de febrero de 2017

Ni diálogos de sordos, ni discursos de academia

Por Yosvany Montano Garrido • Cuba

Transgresor ante el dogma, la rutina en el pensar y el acomodo en la actuación, Fernando Martínez Heredia nunca deja de volver a la carga incluso cuando para algunos resulta “incómodo” lo que tiene que decir. Protagonista en el tiempo de incontables polémicas vinculadas al futuro de la Nación, no abandona la costumbre de provocar el razonamiento frente a las muchas variables negativas que condicionan nuestro ejercicio del pensar.

Para Fernando “en una revolución todo es dificilísimo, no hay nada fácil”; lo recuerda cuando algunos de sus interlocutores vuelven con aquello de que la realidad nos supera, o con el manido pretexto que reconoce que todo lo dicho es valioso, pero las decisiones las toman otros. Ante lo uno y lo otro, vuelve a recordarnos que ya no tenemos tanto tiempo como antes.

La evolución de un modo de producción condicionado por la deformación de siglos de dominación colonial y neocolonial, los infortunios de afuera y las perezas de adentro, no simplifican la tarea socialista. En medio de la agitación que provocan los conflictos cotidianos, lograr sinergia entre táctica y estrategia es fundamental.

Con base en esa necesidad de debatir la Cuba actual desde la multiplicidad de visiones y aristas, la producción ideológica vuelve a configurarse centro del análisis. Toda transición socialista en su desarrollo ha tenido que sortear poderosos obstáculos; “en el largo camino de la descolonización estamos obligados a liberarnos de las formas de dominación, que nos enseñaron a imitar y admirar eternamente alienados”.
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Fernando Martínez Heredia. Foto: Internet

Abarcar este desafío implica reconsiderar jerarquías, resemantizar conceptos y posicionar nuevas definiciones en el acabado teórico que sustenta nuestro proyecto. El lugar en que se sitúan las relaciones entre cultura y política, así como las que se expresan entre intelectuales y ejercicios de participación, deben ser reconsideradas.

Una cultura socialista y sus posibilidades de multiplicación en el imaginario social, requerirán siempre de una avanzada que logre posicionar contenidos provocadores a los que no se les vea la costura del panfleto, a la vez que exacerbe los deseos populares de cristalizar los valores y conductas en nuevos modos de actuación social.

Problemas de la mayor importancia siguen dependiendo de la posibilidad de capitalizar nuestras fuerzas ideológicas. Reconsiderar aristas del programa político de nuestro proyecto que han sido superadas por el tiempo y reconquistar constantemente, mediante el diálogo participativo, a la gente común que en su mayoría quiere protagonizar la trasformación, no son disyuntivas que podamos obviar.

Ante la inminente contrarrevolución neoliberal que se ejecuta en el sistema mundo, mantenernos solo como observadores puede ser perjudicial. Frente al ataque simbólico y cultural del que somos objeto, habría que alinear nuevamente a las vanguardias, intentar localizar posibilidades de trabajo conjunto y colocar el debate serio como una prioridad. Poco podremos avanzar en tan cenagoso terreno sin precisar y mirar con profundidad hacia lo que hemos dejado de hacer.

La impostergable ratificación de liderazgos populares, los senderos extraviados entre política e intelectualidad, la formación ideológica de sectores obreros y estudiantiles, los problemas conceptuales sobre las categorías inherentes al modelo socialista y la decodificación de la doctrina neoliberal y su discurso homegeneizante y dominador, no son cuestiones que dejen lugar para la espera.

La necesidad de “excluir el autoritarismo y los hábitos de mando irrestrictos, el gobierno sin confrontación con los gobernados, el burocratismo, la intolerancia ante la diversidad, la obstrucción de las ampliaciones sucesivas de la participación en el poder” no han dejado de ser ejes para una mirada crítica de la herejía política de una revolución socialista de liberación nacional como lo es la cubana.


El Quijote de la farola. Foto: Alberto Korda


En esa herencia descansan claves vírgenes, métodos sin emplear, expectativas en pausa y enseñanzas valiosas, que interpretadas con un prisma de contemporaneidad conducirían a resultados más vigorosos en el entorno de la cultura política revolucionaria. Por otra parte, desatar las capacidades populares implica en nuestra coyuntura emprender una actualización considerable de los estilos de trabajo, recuperar la disciplina y proyectar ideas capaces de captar la simpatía de los más diversos sectores.

En este sentido, advierte el autor de El corrimiento hacia el rojo que “toda revolución es una gran fuerza unificadora que barre las diferencias, las pospone o las oculta”. Identificar las diferencias pospuestas y ocultas ante los derroteros de la Nación, no asistir con superficialidad a las que emergen como plataforma de pensamiento capitalista o abiertamente socialdemócrata, especialmente en sectores minoritarios de la población vinculados al lucro y los facilismos económicos de determinadas posiciones, resulta vital. No puedo dejar de advertir aquí la extraordinaria vigencia de un texto emergido en las difíciles y complejas circunstancias de los noventa; palabras que, veinte años después y aun en voz de su autor, no pierden su cualidad de aldabonazo. “La política cubana actual evidencia la tensión fundamental y permanente entre la necesidad de garantizar la continuidad del orden vigente mediante un poder muy concentrado y el imperativo central de la transición socialista de promover saltos en la participación y cambios en las estructuras y las relaciones sociales que conduzcan a la actividad total de la sociedad, hacia la eliminación de toda forma de dominación”.

El socialismo cubano, ante estos desafíos, debe hallar nuevas maneras de interacción con la realidad y también nuevos mecanismos de expresión de la política. Inteligencia, autenticidad, audacia y sobre todo ética, deben caracterizar las acciones que facilitan la expresión del ejercicio del poder. La recuperación de la credibilidad del pueblo en algunos de sus representantes y en la utilidad de no pocas instituciones que tienen como propósito aglutinar y proyectar las fuerzas sociales, son temas permanentes para la agenda del proyecto político cubano.

La repolitización de diversas capas populares del país, con énfasis en las nuevas generaciones, es un asunto de trascendencia capital. Promover la cultura política del socialismo transita sin atajos por ese difícil pero impostergable trayecto. No hacerlo equivale a comprometer la esencia humanista del modelo como alternativa, renunciar a la dignidad plena aprendida de Martí, entregarnos a la depredadora visión del consumo, hacerle el juego a una espiritualidad convertida en mercancía y fragmentar, por estas vías, el ejemplo que constituye la Revolución en sí misma. Todo ello implicaría una gran derrota, no solo en el campo ideológico y político, sino sobre todo en el cultural.

Frente al nuevo panorama socioclasista del país, debemos fomentar una cultura que en su amplitud abrace lo unificador, combata lo dañino y prepare para el ejercicio integrador, totalitario y crítico ante la compleja realidad que se vive. El capital cultural de la nación debe encontrar fuerza para dialogar con sus receptores y convertirlos en celosos vigilantes y multiplicadores de sus ideas. Ni diálogos de sordos ni discursos de academia pueden solucionar nuestro dilema.

La reflexión intelectual sobre la política en sí misma, sin contaminación de pesimismo ni arrebatos de triunfos efímeros, debe ser el camino. La praxis socialista cubana debe reflejar ahora más que nunca capacidad de autogeneración, autenticidad y respuestas constantes a las crecientes necesidades de la gente. Para que no nos marchemos, para que no haya hambre de patriotismo ni anemia social que genere agotamiento, para que no se olvide la ruta y el costo de la resistencia, y en esto las vanguardias juegan su papel, en tanto no renuncien a su capacidad para entusiasmar, seducir, movilizar y renovar permanentemente la confianza de las masas en las propuestas del proyecto revolucionario. Ese es el legado que nos ofrece Fernando Martínez Heredia, al tiempo que nos convoca a cuidar y transformar todo aquello que, si bien invisible, sigue siendo vital para que salvemos y alimentemos la raíz, lo simple y lo cierto.