martes, 12 de junio de 2018

Fernando Martínez Heredia, te fuiste para apurarnos

Por: Alejandro Gumá

Fernando Martínez Heredia. Foto: La Tizza

A. “El anuncio de los tiempos que vendrán”

Siempre que alguien se ponía a la cabeza de una meta cuyo tamaño excediera las fuerzas propias –al menos las fuerzas conocidas y supuestas–, toda vez que una persona oponía su voluntad a valladares de semblante infranqueable, cuando cualquiera mostraba empecinamiento tras objetivos en desuso o mal usados, Fernando Martínez Heredia les apoyaba en el hombro un aserto: “Eres el anuncio de los tiempos que vendrán”. Quien lo afirmaba, sin embargo, no creía en destinos inexorables. Ningún tiempo llega solo. Ningún anuncio sin práctica puede traerlo. Tampoco, cualquier práctica.
Si asumimos bien las ideas que pasó la vida defendiendo, no haremos de ellas el fijador de un retrato suyo, el salvoconducto de algún capítulo de tesis, o la cita sin vocación, a la postre, traicionera. Si las asumimos bien tendremos que crearles instrumentos, sin confundir al instrumento con la idea; conducirlos, sin semejar la conducción con el monólogo; y desarrollarlos para que sigan dando de sí.
Anoto algunos principios que aprendimos en su voz entrecortada y tosedora:
1. Al plantearnos actuar en política debemos tomar en cuenta las condiciones de partida, no para someternos a ellas sino para trascenderlas –incluidas las condiciones creadas por la cuarta Revolución Cubana, de 1959. Esta superación mediante la práctica es el vector más importante de la reproducción ampliada de un proyecto de liberaciones y el modo de prefigurar un espacio futuro al cual referir las actuaciones del presente y sus promesas.
2. Para no ser cómplices de esa ganancia de la dominación que implica naturalizar los fenómenos sociales y los productos de la actividad humana, debemos estudiarlos –y comprenderlos– en su historicidad.
No asumir como “dados” los procesos o relaciones que pudieran impedir la liberación de las personas y las sociedades, pero tampoco, los que pudieran ayudarnos a hacerla avanzar. En el primer caso, para no suponer una predestinación que después de largos períodos de procesos revolucionarios estos se rutinicen o, al cabo, terminen siendo vencidos, idea que ya Fidel Castro había planteado con audacia en 2005 [1]. En segundo lugar, para no creer(nos) que es un resultado evolutivo la sociedad de bienandanzas y emancipaciones por la que Fernando pugnaba. Hay que ganarla luchando.

La historicidad es también un valor para la asunción de los legados y del pensamiento.
3. Consecuente con los dos puntos anteriores, Fernando no fue nunca martiano, fidelista y marxista de forma mimética. En su concepción de la cultura y de la lucha cultural, por ejemplo, se pone de manifiesto su capacidad –que es la misma de todo pensamiento revolucionario– de concebir ideas superiores a las condiciones vigentes. Fue sin dudas un martiano histórico al entender que la posesión de cultura –“ser cultos”– aunque nos predispone a ser libres, puede predisponernos también a no serlo. Valga aclarar que “ser cultos” para Fernando no incluye únicamente los atributos que desde un sentido común decimonónico encasillan esa cualidad, sino implica –sobre todo en el mundo de hoy– ser convivientes de procesos culturales, portadores de significaciones diferentes y hasta contradictorias, y reproductores en escalas desiguales de la cultura que portamos.
Por ello siempre encontramos en Fernando un cuestionamiento de los contenidos de la cultura que se posee, y la apelación a apoderarnos de y crear una cultura determinada, donde no caben las discriminaciones de ningún tipo, ni las jerarquías que justifican la explotación, ni el tratamiento de las identidades –personales o nacionales– como muñecos de feria.
Cuando José Martí escribió en “Maestros ambulantes”, 1884, aquella idea famosa que todos citamos [2], la ignorancia era el principal instrumento de dominación. Desde mediados del siglo XX comenzó a serlo la cultura misma.
Armado de esa certeza, por haber estudiado a fondo aquel tránsito, es que Fernando aboga por una emancipación que debe serlo también –si aspira a la sostenibilidad– en los contenidos de la cultura, y rebasa la explicación de esta última como antónimo de ignorancia. Por eso puede decir, en la madurez de su concepción, “la rebeldía es la adultez de la cultura” [3]. Y al conferirle valor político, amplía sus predios, le asigna nuevas tareas. Porque mientras ella no es rebelde permanece infante, sujeta, minusválida, postrada por el fardo secular de la opresión, que en la medida en que fue sofisticándose utilizó a la cultura como vehículo de oscurantismo y sumisión.
4. El socialismo no es en Fernando Martínez Heredia un lugar “al cual” llegar sino “del cual” llegar, a otro superior –el comunismo–. Por tanto, siempre usó el concepto de “transición socialista” –y no de “construcción del socialismo”– para llamar la atención sobre dos aspectos decisivos: a) el carácter que debía tener la transición para conducirnos a cotas de libertad y justicia superiores, y b) la condición conflictiva e inacabada de un camino donde solo en la medida en que cambiamos la vida, las relaciones sociales y a nosotros mismos de un modo revolucionario, nos acercamos al horizonte comunista.
Delante de esta idea para Fernando va Ernesto Guevara, con su llamado de “(…) empezar a construir el comunismo desde el primer día, aunque nos pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo” [4].
Una consagración total a ese propósito basta, para que como le ha sucedido al Che, Fernando no sea tampoco visto como un hombre del pasado histórico de la revolución, sino de su futuro.
5. Más referida al trabajo de ciencia social y pensamiento social, el autor de Cuba en la encrucijada nos deja una lección que refrendó con su propia obra: la objetividad está en el modo como encaramos los objetivos, pero no en la ausencia de estos. Dos principios lo sustentan:
a). Que todo trabajo de ciencia social –y todo científico social– persigue objetivos “extra científicos”, tiene intereses ideológicos. Lo que resta valor a la ciencia social es la pretensión de neutralidad e imparcialidad, y no las finalidades políticas que le animan.
b). Que, por lo tanto, el medidor de “cientificidad” no está en la “pureza ideológica” –inexistente e improbable– de la ciencia social, sino en la seriedad, rigor y honestidad intelectual con que el científico social encara o sustenta sus filiaciones al hacer ciencia [5].
6. La combinación entre militancia y libertad es necesaria no solo al hacer trabajo intelectual, sino a la hora de conducirnos como ciudadanos, de pensar con cabeza propia, de imaginar futuros para los cuales el pensamiento no puede tener ataduras. Es preciso “convertir los ideales en militancia y la militancia en ideales” [6].

B. Los revolucionarios no enviudan

La clausura del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana (1963–1971) y de la revista Pensamiento Crítico (1967–1971) [7], fue un episodio duro. Tan bien lo comprendió Fernando que no pudo secarlo el ostracismo ulterior. No transigió con la “autocrítica” que le sugirieron. No pactó. Supo distinguir entre la revolución y sus usufructuarios. En el tiempo que sobrevino chocó a consciencia una y otra vez con la misma piedra –solo así las piedras ceden–.
Y jamás enviudó. Tampoco los de su grupo, los de su estirpe. A no enviudar le ayudó la idea de que “se gana mucho con la derrota si uno no se convierte en un derrotado” [8]. Los inmaculados no han vivido jamás revoluciones, aun cuando su ciclo vital transcurra dentro del ciclo histórico de alguna. O aun cuando supongan actuar en su nombre, administrar sus legados, conducir sus estructuras. Debemos desconfiar de aquellos a los que siempre les va bien en las revoluciones. Y desconfiar de la prevalencia del carácter revolucionario en procesos donde la estabilidad de la norma obsede más que el ejercicio de su interpelación.
Llena de abolladuras nos entrega Fernando su indumentaria. Ninguna es moral. Él ha estado en revolución. En brega por un socialismo que no llegue a homologarse con el pedacito de poder personal de un grupo [9]. O que, como gustaba repetir, citando a Lezama, no se vuelva tan pequeño “que quepa en la chapita de una botella”. Él jamás permutó del centro de una batalla para evitarle al pensamiento la humillación de “adorno” o “actividad permitida”. Allí se mantuvo para volverlo un prefigurador de caminos y un chofer de la política.
Los inmaculados, ¿qué indumentaria exhiben?, ¿cuáles abolladuras?

C. Profeta, periodista, historiador

Fue decisivo aquel curso que impartiera Fernando en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, entre el 3 de marzo y el 12 de junio de 2015: “El marxismo de Marx, problemas de su conversión en instrumento revolucionario mundial” [10]. Quince sesiones de cinco a seis horas los martes y catorce de ocho horas los viernes. Recesos fugaces, como este suyo de ahora.
Fernando, renqueante, trepaba hasta el salón. Su esperanza ardía con la misma intensidad sobre 26 personas que sobre siete. Bromeó el primer encuentro con aquella premonición de Máximo Gómez cuando las tropas bajo su mando salieron hacia Occidente en la invasión: “En estas filas que hoy veo tan nutridas, la muerte abrirá grandes claros”.
De Carlos Marx y La Gaceta Renana a José Martí y aquel opúsculo en La Edad de Oro donde Fernando nos enseñó a ver fundamentado el comunismo[11]. De las Cartas a Kugelmann [12] y Lenin pidiendo que todos las clavasen en las paredes de sus casas, al Che que desde Tanzania le dice a Armando Hart: “(…) ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar” [13].
En tamañas travesías se nos fue revelando cuán preciso era Fernando en aquella forma jocosa de describirse: “Yo he sido a un tiempo profeta, periodista e historiador. Primero me ha tocado alertar: ‘va a pasar esto’; luego decir: ‘está pasando esto’; y por último contar: ‘pasó esto’”.
Entendimos en toda su complejidad personal y social el valor de esa tríada al abordar en sus clases el segundo intento de universalización del marxismo, que a diferencia del primero, aconteció en el tercer mundo hacia la segunda mitad del siglo pasado. Y en el fragor de ese segundo intento, desde la Cuba de los 60, descubrir al imberbe que se fuga con su revólver de una escuela emergente cuando ante la Crisis de Octubre llega la orientación a los alumnos de permanecer estudiando [14]; que, cuatro años y varias broncas después escribe la pieza fundamental de su profecía: El ejercicio de pensar [15]; que analiza los reveses –con optimismo histórico– mientras suceden, en ese testimonio de la resistencia y el pase a la ofensiva que es En el horno de los 90 [16]; y que en las dos décadas siguientes argumenta –andando en la historia [17]–, por qué seguir abrazado(s) a idéntico mástil.
Era el mismo Fernando que nos insistía: “Ustedes la tienen más difícil que nosotros: nosotros lo teníamos todo más claro, ustedes lo tienen todo menos claro”, y añadía: “Quizás porque está todo menos claro ahora”.
Rumiando las posibles causas de esa menor claridad, se me ocurre que una de ellas está asociada a que la lucha por el relanzamiento de la revolución en Cuba debe vérselas con un asunto muy serio: el de las propias creaciones de la revolución. ¿Cómo lograr que esas creaciones se trasciendan sin negarlas? O dicho de otra manera: ¿cómo convertir la superación en causa principal de su pervivencia? ¿Cómo evitar el drenaje de sus contenidos? Las respuestas supondrán encontrarles rápido a nuestros vehículos un nuevo modo de funcionar, porque ellos también nos conducen.

D. Allí donde renazca, hacerlo envejecer

Nos contaba Fernando que en algún momento de su ostracismo su hija Liliana le preguntó: “Papá, ¿tú eres el jefe de la generación del silencio?”, a lo que él no supo responder. Después bromeaba con un pensamiento que lo asaltó en sordina: “Caramba, si esta muchacha sigue avanzando tendré que matarla”.
Me regocija que la suya, la de sus compañeros, no haya resultado ser la generación del silencio.
Muchos atribuyen lo anterior al fracaso del “socialismo” en Europa del Este, que interpretan como la coyuntura que les dio la razón y los colocó otra vez en la palestra. Yo prefiero asociarlo a algo no coyuntural: la permanencia en ellos de la idea, los principios y una forma específica de defenderlos.
La generación a que pertenezco tiene entre sus peligros el de la repetición o el adocenamiento, lo cual a la larga terminaría convirtiéndola en una generación del silencio, pero de uno peor: antes de ser acallados luchando, enmudecer sin haberlo hecho.
Entonces, nos corresponde hablar donde quiera que se abra un espacio digno, y martianamente, con los actos: como mejor se habla. Ser conscientes de que tan perjudicial e indecoroso resulta servir a emisarios de lógicas empresariales, los que colocan la motivación fuera de la idea, como a la poda de las ideas en nombre de la custodia del socialismo. Darnos nuevos medios de expresión y salvar entre todos los que existen. Saber distinguir bien cuáles son las demarcaciones de nuestro campo, para ensancharlas y volverlo el campo más grande. Las revoluciones no se administran, se hacen.
Si es con ojos de funeral que en derredor miramos, Fernando deja un claro terrible en tropas menos nutridas que antes. Pero esos son solo ojos de cristal, de ver afuera. Los suyos, los de afilada cuenca y bolsón debajo, nos dicen que entró a movernos mejor, con esa forma de “orientar” –¿o debería decir “proponer”?– a la que una pedagogía política en la transición socialista no puede dar espalda.
Falleció el 12 de junio de 2017. El mismo día, dos años antes, cerraba el último seminario del curso que nos cambió la vida.
Acertó aquel compañero suyo cuando en uno de los homenajes póstumos inició así su intervención: “A Fernando no digo ‘donde quiera que esté’, porque ‘Fernando está en todas partes’”. Tenía que estarlo para el amigo de tanto trecho.
Pero cuando apenas comenzaba a llenar partes de mi generación, se fue Fernando. Estoy por creer que para apurarnos.

Si ya provoca escándalo morirse a los 78 años sin geriatría, seguir siendo joven en la muerte es un bochorno para los vivos. Él sabe que volverá con frecuencia, pero quiere, necesita, regresar más viejo cada vez. Ayudemos al hereje. Ahora somos los responsables de su ubicuidad, que cambió el “don” por la conquista.

Notas

[2] “Ser culto es el único modo de ser libre” Martí, José (1884): “Maestros ambulantes” en José Martí. Obras completas — Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, 2016, p.124.
Nota del autor: Propongo la lectura completa y cuidadosa del artículo de José Martí para una mejor comprensión del uso que hace del concepto “cultura” y de los problemas específicos a que con él se enfrenta.
[4] Martínez Heredia, Fernando (2001): “El Che Guevara: los sesenta y los noventa”, en El corrimiento hacia el rojo, Editorial de Letras Cubanas, La Habana, pp. 254–255.
[5] Dos ejemplos clásicos paradigmáticos –y diferentes entre sí– son Karl Marx (1818–1883) y Max Weber (1864–1920).
[7] Para ahondar sobre las causas del cierre de ambos empeños, propongo la lectura de “Pensamiento social y política de la Revolución”, conferencia dictada por Fernando Martínez Heredia como parte del ciclo La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios. Puede verse en: Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio de pensar, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
[8] Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio de pensar, Editorial de Ciencias Sociales, Ruth Casa Editorial, La Habana, p.76.
[9] Martínez Heredia, Fernando (2017): “No seamos siervos de ellas: trabajemos con ellas”, en: Cuba en la encrucijada, ob.cit., p.137.
[10] El curso está grabado en su totalidad y ya se edita para su publicación.
[11] “(…) y en que ha de parar el mundo, cuando sean buenos todos los hombres, en una vida de mucha dicha y claridad, donde no haya odio ni ruido, ni noche ni día, sino un gusto de vivir, queriéndose todos como hermanos, y en el alma una fuerza serena, como la de la luz eléctrica”, Martí José (1889): “La última página”, en La Edad de Oro, p.128, disponible en:https://elsudamericano.files.wordpress.com/2017/06/jose-marti-la-edad-de-oro.pdf
[13] Carta del Che Guevara a Armando Hart Dávalos, Dar-Es-Salaam, Tanzania, 4 de diciembre de 1965, disponible en:https://www.rebelion.org/hemeroteca/argentina/filosofia310702.htm
[14] Ver entrevista a Fernando Martínez Heredia en: Suárez Salazar, Luis y Dirk Kruijt (2015): La Revolución Cubana en Nuestra América: El internacionalismo anónimo, Ruth Casa Editorial, libro electrónico.
[15] Véase en: Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio…, ob.cit., pp.139–158.
[16] Martínez Heredia, Fernando (2005): En el horno de los 90, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
[17] Ver Martínez Heredia, Fernando (2009): Andando en la historia, Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC) “Juan Marinello” y Ruth Casa Editorial, La Habana.
(Tomado de La Tizza)

martes, 22 de mayo de 2018

¿Polémica o batalla entre razones e insultos?



No es casual que –aparezca en una película o en cualquier otra parte– algo que insulte a José Martí desate un debate público. Es demasiado grande ese héroe, y mucho vive en el alma de la patria –y no solo en ella–, para que la afrenta quede sin respuesta. Hechos de tal naturaleza validan en la inmediatez cotidiana el criterio expresado por el sabio italiano Benedetto Croce: “La historia es siempre contemporánea”, o, como escribió en verso memorable el poeta cubano Víctor Casaus, “La historia no es un viejo animal muerto”.

Sin embargo, la contienda desatada por una película aludida en el inicio de estas notas, parece haberse extendido más de lo razonablemente aceptable, y tampoco ello es fortuito: en el abrazo y la defensa de los valores patrióticos no solo interviene la razón, sino también la emotividad, los sentimientos y el decoro. Pero el muy extraño sentido común parece apuntar a lo aconsejable que pudiera ser que quienes defienden esos valores pongan fin a su intervención en el debate o, por lo menos, impidan que este se mantenga fuera del punto en que debe ubicarse.

Desde el inicio se apreció que a los realizadores de la película –o a quienes entre ellos (y ellas) ostentaron su representación– les interesaba que estallara el conflicto, y mejor aún si generaba escándalo. Hasta donde este articulista sabe, fueron ellos quienes pusieron en las redes un diálogo que, para no hablar de talento artístico, algo que puede ser esquivo para las mediciones, solo una total indolencia podía llevar a suponer que pasaría sin el debido repudio. No hay indicios de que antes los más encarnizados enemigos de Martí y de Cuba –¿no son uno los dos?– hayan llegado a semejante grado de abyección. Alguien inteligente comentó: “Ni Posada Carriles se permitiría esos extremos”. ¡Y miren que ese engendro se ha permitido aberraciones, crímenes monstruosos!

Si no lo planearon –aunque todo apunta a eso–, el escándalo les funcionó a los promotores como pretexto para llevar el debate al punto donde ellos querían situarlo. Evadieron la realidad del asunto: la inaceptable falta de respeto al héroe fundador y el derecho de la patria y sus instituciones a impedir que se le injurie, y actuaron como si el conflicto se diera entre la libertad de expresión y la censura, en abstracto una y otra. Ello les facilitaba cuestionar el derecho de las instituciones cubanas a cumplir los deberes para los que se han fundado, y en función de los cuales han dado vida a proyectos y realidades como la propia Muestra Joven que los agitadores del griterío usaron para amplificar sus posiciones.

No les faltó astucia para impulsar su maniobra. A menudo hasta pareció que imponían sus reglas. Aducían que sus impugnadores condenaban la película sin haberla visto, y ocultaban que no pocas o la mayoría de las defensas que concitaba, afincadas en la confusión del planteamiento central, tampoco tenían de su lado haberla visto, y se desentendían de la índole del diálogo. En su escala patética, hicieron que muchos recordaran a los marinos yanquis que profanaron la estatua de Martí en el Parque Central de La Habana. Pero hasta parece que lograron que se confundieran algunas personas cuya responsabilidad intelectual, y humana, debió haberlas librado de permitir que se les azuzara de tal modo.

Lecciones pudieran sacarse de los hechos. Las instituciones culturales deben cumplir su cometido, y en todas partes del mundo se promueven, se permiten o se impiden realizaciones determinadas. Pero, aunque actúen sin miramiento ético alguno, a otras no se les discute el derecho a hacerlo. Mientras que, aun cuando cumplan el suyo con acierto y honradez, a las de Cuba hay quienes les quieren negar sus derechos, cuando ellas deben defender una Revolución amenazada por fuerzas materiales terribles, en medio de una lucha cultural impulsada por el mismo poderío imperialista, aunque algunos intenten negar que eso ocurre, o simulen que no lo ven.

También está claro que las instituciones cubanas, por el mismo asedio que sufre el país, están llamadas a actuar sin equivocarse. Pero eso es más bien improbable, dada la falibilidad humana, y una revolución no es obra de arcángeles. Aplicar prohibiciones excesivas en un momento dado, puede conducir a que luego el complejo de culpa empuje a no aplicar las necesarias. Además, está visto que a menudo las prohibiciones generan estímulos promocionales contrarios a los fines con que ellas se aplican.

De ahí la vehemencia con que, avalando la grosería, o más, del diálogo aludido, los promotores de la película reclamaran que se les considerase víctimas de la privación de su derecho a expresarse, cuando lo que se les repudió fue haber sido burdamente irrespetuosos con un héroe sagrado. Sí, sagrado, aunque haya quienes –sobre todo si se tasan a sí mismos entre catorce y quince dólares para recibir mayores réditos en efectivo y en premios que los catapulten a un falso estrellato– nada entiendan de patria y valores irreductibles a cálculos inmorales. A cada paso se ve que hay pequeños y grandes mecenazgos planificados para quienes ataquen a Cuba y sus fundamentos históricos y éticos.

Ojalá el país nunca tuviera que pagar el precio de equivocaciones suyas. Pero estas, como en el arbitraje de la pelota, no se corrigen cantando bola en vez de strike para compensar el haber convertido antes en strike una bola. Haber cedido en algún momento –es solo un ejemplo– a tentaciones ateocráticas, no debe mover a la nación a olvidar que la rige un estado laico, ni a sentirse imposibilitado de castigar por delincuente a un religioso que se lo haya ganado. Tampoco debe dar pie a que falsos religiosos se pasen la vida cobrándole el sectarismo ateo en que ella haya incurrido. De igual modo, sería torpe rehuir la responsabilidad de aplicar interdicciones justas, por el temor a parecer que se reproducen excesos cometidos en otras etapas, y que demandan la debida autocrítica, sin que esta conduzca a una parálisis que sería suicida.

Nada que Cuba haga, por muy lúcido, sabio y acertado que sea, se lo perdonarán sus enemigos, cuyos voceros estarán prestos a condenarla por todo, poniendo en práctica todo tipo de subterfugios, tergiversaciones y calumnias. Si las instituciones de la patria no cumplen su deber, la patria peligra, y si lo cumplen, aunque lo hagan con el mayor tino, entonces puede ser todavía más enconada la rabia con que reaccionen quienes procuran denigrarla.

De eso habla el desconocimiento que ellos (y ellas) mostraron no solo ante la declaración del ICAIC respecto de la película aludida, sino también ante las de la UNEAC y de la Asociación Hermanos Saíz. Esta última organización representa precisamente a los artistas de menor edad, y la honra recordar con su nombre a dos jóvenes revolucionarios que tuvieron por guía el legado martiano y fueron víctimas de la sanguinaria tiranía contra la cual la patria se alzó inspirada en ese legado. La realidad no debe ignorarse como invitan a hacer quienes promueven falacias “posmodernas” según las cuales la historia es un mero relato, no sucesión de hechos.

Las diversas actitudes mostradas ante la historia se pusieron nuevamente en evidencia frente a un insulto que, lanzado contra Martí, si para algo sirvió fue –si es que ello hacía falta– para definir con mayor precisión de qué lado estaba o está cada quien. Siempre puede haber quienes se confundan y, aunque no sea ese su propósito, sean llevados a compartir, de momento al menos, posiciones contrarias a las que verdaderamente sustentan. Pero de eso también pueden sacarse lecciones: en primer lugar por parte de las personas confundidas. Es ni punto menos que doloroso imaginar cómo pudieran sentirse algunas de ellas al percatarse de qué compañías les proporcionó –lenguaje soez incluido– su confusión, aunque no fuera más que, repítase, momentáneamente.

Ante esa realidad, sobre todo frente a quienes siguen aferrados a su afán de condenar a Cuba y todo cuanto ella haga, no parece aconsejable que los defensores de la patria sigan dedicando tiempo a polemizar alrededor de la citada afrenta a Martí. Con respecto a ella han quedado bien delimitadas las distintas posiciones, aunque –reitérese– sea justo dejar abierta la puerta que confundidos de buena fe puedan merecer y necesitar para sus rectificaciones, cuando enemigos de la patria y su Revolución han buscado sacar provecho publicitario del debate, y que este les sirva de pedestal en que alzarse.

Las polémicas deben servir para afinar criterios. Pero no es eso lo que pretenden personas que se conducen como sordos voluntarios, y llegan a extremos como el intento de arrimar a sus sardinas –aprovechando que no están vivos para responderles– el fuego de patriotas como Alfredo Guevara, Tomás Gutiérrez Alea y Guillermo Rodríguez Rivera; o ilustran sus réplicas antipatrióticas con imágenes tomadas de fuentes tan abyectas como la mal llamada Televisión Martí; o, en el colmo del cinismo y la desfachatez, llegan a decir que el aludido diálogo cinematográfico –que indigna recordar, no digamos ya reproducir– no insulta a Martí, sino le rinde homenaje. Tampoco han faltado indicios del daño que se puede derivar de no trazarse los límites necesarios entre pueblo y chusma, confusión contraria a criterios cardinales expresados por el propio Martí y que darían para otros textos.

Una vez que a esas personas se les ha dicho lo que merecen, ¿hay por qué seguir propiciándoles tarimas para que se exhiban? A cada quien, la atención pertinente. No se les alimente el ego a quienes ni al ser impugnados tienen estatura suficiente como para que sus nombres circulen junto con el del extraordinario ser humano insultado. Ni para atacar a quienes lo merecieran se permitía él bajar de la altura en que lo situaron su conducta, su pensamiento y su palabra. Incluso en una carta personal, no en un texto público, para calificar a quienes en su tiempo se enlodaban en el anexionismo y el autonomismo, el día antes de caer en combate los llamó “especie curial, sin cintura ni creación”.

Quería contar con todos, y fundar una república para el bien todos. Pero sabía que esa aspiración, brújula necesaria, tropezaba con quienes no estaban dispuestos a seguirla, y entre ellos estaban –y perduran hoy– los representantes de aquellas tendencias antipatrióticas. No hace muchos años que, en el camino del (¿neo?)autonomismo y el (¿neo?)anexionismo, alguien movido por ideas contrarias a la Revolución Cubana, y a Martí, quiso devaluar al héroe –a quien le reprochó que se guiara por la razón moral–, y se declaró identificado con el Enrique José Varona que, basado en la razón instrumental, justificó a la luz de la sociología positivista la expansión del imperialismo, contra el cual murió en combate el fundador del Partido Revolucionario Cubano.

Matices cabría introducir aquí en favor de Varona, pero lo antes dicho sirve para deslindar posiciones. Quien prefería (o prefiere) a ese pensador antes que a Martí, acusó a este de pretender “totalidades imposibles”. Nada más lejos de la verdad. En el mismo discurso programático donde expresó el afán de fundar una república con todos y para el bien de todos, Martí denunció actitudes contrarias a ese propósito.

En esa pieza oratoria identificó a enemigos de la revolución: entre ellos, junto a quienes atizaban el racismo y el miedo a la guerra necesaria, estaban –no eran los únicos– los que él llamó políticos de pisapapel, lindoros, olimpos y alzacolas. En otros textos expresó similar desaprobación hacia los lamerricos, y hacia los cultivadores de la yanquimanía. Se mantuvo siempre alerta contra aquellos que no tenían fe en su patria y, refiriéndose en particular a quienes tenían los ojos puestos con deslumbramiento en los Estados Unidos, repudió a los que consideraban que no había “elegancia mayor que la de beberle al extranjero los pantalones y las ideas”.

Entre sus lecciones perdura la que dio al preferir condenar actitudes e ideas erradas antes que a personas. Podía pensarse que rehusaba herir innecesariamente a nadie en particular. Pero cuando creyó insoslayable refutar un libro que abonaba perspectivas contrarias a la lucha independentista lo hizo, sin vacilar, en el mismo discurso en que llamó a la unidad necesaria para alcanzar el bien de todos: no quería una unidad fundada sobre bases quebradizas o inmorales. Quien vio en la patria un altar para honrarla y sacrificarse por ella, tampoco desearía dar beligerancia individual a personas no merecedoras de que se les concediera una distinción que ellas, distantes de la honradez, tratarían de tomar como pedestal donde lucir una altura que no tenían. (Tomado de La Jiribilla.)

martes, 3 de abril de 2018

En Cuba la sociedad civil sí representa al pueblo

Por Miguel Angel García Alzugaray

sociedad-civil
El pasado 22 de marzo, los medios de comunicación nacionales e internacionales difundieron la noticia: la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP), que agrupa a más de 380 mil campesinos cubanos y los Comité de Defensa de la Revolución Cubana (CDR), la mayor organización de masas del país con más de ocho millones de ciudadanos miembros, fueron excluidos del Foro de la Sociedad Civil, convocado en la Cumbre de las Américas, a celebrarse en Perú el próximo mes de abril.

Si la legitimidad le viene dada a las organizaciones que integran la sociedad civil por representar a la mayoría del pueblo cubano, ¿cómo se puede entender esta alevosa medida de los organizadores del mencionado foro?
Al respecto, la activista social María del Carmen Barroso González, funcionaria del departamento de Relaciones Internacionales de la organización dijo ante esta provocadora decisión: “Esta es una exclusión injusta, arbitraria y selectiva de la ANAPP, cuyos asociados tienen la misión de producir alimentos para el pueblo de Cuba”.
Según esta mujer cubana, la exclusión se debe a que la ANAP “tiene la misión de denunciar lo que hoy está pasando en los campos del continente, donde se están apropiando de los recursos naturales que son de los pueblos, de la semilla, de las tierras, que se están asesinando líderes campesinos”.
Por su parte, Alfredo Pérez Alemany, especialista del Departamento de Relaciones Internacionales de los CDR, al denunciar el hecho aseguró que la organización envió las solicitudes con tiempo suficiente, pero no los aprobaron.
“Los CDR y la ANAP no fuimos aceptados por el comité organizador de la Cumbre, que no es más que la propia OEA, pero no nos amilana. Sabemos que no les conviene que los CDR estén allí, porque esa es la voz de más de 8 millones y medio de cubanas y cubanos que vivimos durante años enfrentados al imperialismo, a la OEA que es una organización que no tiene prestigio”, señaló.
Nada de esto debe extrañarnos, pues en 2015 alrededor de la Cumbre de las Américas en Panamá se desató también un intenso debate sobre la llamada “sociedad civil cubana” y la legitimidad de sus representantes. Casualmente sus instigadores eran los mismos: el gobierno norteamericano de turno y sus lacayos de la OEA.
Para profundizar en las motivaciones de lo ocurrido, considero oportuno realizar un breve análisis del alcance y contenido de la sociedad civil.
¿Qué se entiende con el término de Sociedad Civil?
La sociedad civil es un término con historia en el pensamiento político, filosófico y jurídico que se constituye por instituciones cívicas y sociales, así como organizaciones que dan forma a la fundación de una sociedad funcional.  En los círculos académicos se afirma que la presencia de una sociedad civil sólida es esencial para asegurar el desarrollo de un país.
En virtud de lo expuesto, a veces se consideran sinónimos los conceptos de organización no gubernamental y organización civil. En el sistema de Naciones Unidas, el concepto de organización no gubernamental (ONG) se ha definido de forma bastante genérica: toda organización sin ánimo de lucro que no sea gubernamental ni intergubernamental. En cambio, el término de Organización de la Sociedad Civil (OSC) es más amplio y contempla el ámbito en que los ciudadanos y los movimientos sociales se organizan en torno a determinados objetivos, grupos de personas, o temas de interés.
En las organizaciones de la sociedad civil tienen cabida tanto las ONG como las organizaciones populares- formales o informales- y otras categorías, como los medios de comunicación, las autoridades locales, y el mundo del arte, el deporte y las ciencias.
En los últimos tiempos, se aprecia un incremento del debate político filosófico en torno al binomio sociedad civil – Estado. Sin embargo, ocurre que no en todos los casos tiene idéntica significación, pues en dependencia de la corriente política y los puntos de vista que defienda el autor, será la interpretación para este concepto.
Este debate encuentra un espacio cada vez más importante en los medios alternativos de información y avanza en relación directa con la ampliación del acceso a estas tecnologías, las redes sociales e Internet.
Aunque algunos autores han rastreado el origen de esta expresión “sociedad civil” en la teoría política medieval e incluso en la Antigüedad, el término se convirtió en uno de los elementos básicos del pensamiento liberal.
Es necesario destacar que Marx defendió una relación dialéctica con la sociedad civil y la ubicó también en el ámbito de la economía, para resaltar las contradicciones presentes en toda “formación económico social” caracterizada por la lucha de clases, donde el Estado era un “producto” de este balance concebido no solo como el “administrador de los bienes sociales” (el gobierno), sino como el depositario del poder político de la clase dominante.
Las reflexiones de Marx permiten comprender que la categoría sociedad civil no es algo contrapuesto al Estado, sino es resultado de la relación orgánica con él.
Esto permite comprender que a una determinada sociedad civil le corresponde un determinado orden político, que no es más que la expresión oficial de la sociedad civil. La asimilación del concepto de sociedad civil define ideologías y objetivos políticos a veces diametralmente opuestos, con un impacto práctico en el quehacer político concreto.
 Las manipulaciones derechistas de la sociedad civil
Aunque el término fue empleado en el discurso político desde el siglo XVII, cayó en desuso en el pensamiento occidental a mediados del siglo XIX.
A pesar de que Antonio Gramsci, en los años 20 del pasado siglo, desarrolló la teoría marxista de la sociedad civil desde un punto de vista metódico, para ubicarlo dentro de lo que llamó el “bloque histórico” y resaltar el papel de la cultura, la ética y la ideología en las luchas hegemónicas y contra-hegemónicas, que han caracterizado la vida política contemporánea, no es hasta finales de la década del 70 del siglo XX, que vuelve a ser utilizado.
A partir de entonces, el término aparece en el debate actual de manera recurrente y semánticamente imprecisa, aplicándose como slogan político por las fuerzas más reaccionarias de la derecha, que manipulan y distorsionan su alcance y contenido bajo la proclama a viva voz de que hay que “salvar a la sociedad civil”, “recuperar la sociedad civil”, “reconstruir la sociedad civil”. Además, se presenta como la consigna de un supuesto movimiento revolucionario como las mal llamadas “primaveras árabes”, que ya sabemos provocaron nefastas consecuencias de destrucción y muerte en esas naciones.
En particular, en el discurso de los más diversos representantes de la ultraderecha norteamericana, el concepto de sociedad civil nada tiene que ver con la concepción de los inicios. De modo tal que resulta, para el lector común, un poco complejo encontrar la verdad cuando se emplea dicho término.
Los ideólogos burgueses manipulan el concepto y lo convierten en objeto de ideologización. Hoy se utiliza con fines ideopolíticos para socavar el socialismo y el orden legalmente constituido en los países con este sistema social.
Fundamentalmente en Cuba se emplea para fomentar la oposición al Estado y proponer el modo de vida capitalista e imperial como la mejor opción de desarrollo para cualquier pueblo. En ese contexto, la sociedad civil es la suma de mercenarios pagados y de todos aquellos que se oponen al socialismo.
Estados Unidos, a tono con el proyecto ideológico neoliberal, ha intentado equiparar, además, el concepto de sociedad civil con el american way of life y otorgarle “valores universales” vinculados a la “democracia” para justificar así su intervención en los asuntos internos de otros países.
Sociedad Civil y Tercer Mundo.
Los movimientos sociales progresistas reivindicaron la existencia de una sociedad civil organizada, frente al desmantelamiento de las instituciones populares tradicionales que trajo consigo la ofensiva neoliberal y encaminaron sus luchas políticas a partir de esta lógica, hasta transformar en varios casos la propia naturaleza de los gobiernos de sus países, especialmente en América Latina.
Así, se aprecia con nitidez en varios países de la región, el protagonismo de actores vinculados a los sectores más pobres, humillados y explotados de la sociedad, como la propone, desde posiciones de la Teología de la Liberación, el teólogo chileno Pablo Richard.
Tal hecho ha provocado la inserción en las sociedades civiles de estos países de un amplio y variado abanico de nuevos actores sociales: movimientos de liberación de la mujer, juveniles, ecológicos, ambientalistas, de solidaridad, de defensa de los derechos humanos, de educación popular, de cultura y arte popular, movimientos de pobladores y barriales, de indígenas, sindicatos y partidos políticos populares y de izquierda, a los que se suman también los movimientos progresistas, movimientos populares de génesis religiosa, las acciones de la prensa que, como parte de una cultura contestataria han participado en la lucha de clases contra regímenes dictatoriales y militares fascistas, encaminan sus esfuerzos a la creación y el fortalecimiento de poderes alternativos, revolucionarios y democrático-populares, a la educación política e ideológica de las masas, la formación de nuevos valores éticos y humanistas, y su movilización para transformar la realidad ideológica cotidiana en esos países.
Existen diversas razones por las cuales las OSC juegan un rol importante en las sociedades de los países del Tercer Mundo explotados por el capitalismo.
Entre estas razones se pueden identificar tres principales:
  1. Porque muchas veces el mercado no ofrece soluciones para atender todas las necesidades sociales, ni a todos los sectores de la población.
  2. Porque el estado, especialmente en países en vías de desarrollo (conocidos a veces como del Tercer Mundo) tiene limitaciones para garantizar el bienestar social.
  3. La sociedad civil debe ser partícipe de las estrategias para su propio desarrollo social.
Así las OSC dan voz a la sociedad y se convierten en medios para la defensa de derechos que de otra forma serían ignorados.
De este modo, en estos países las Organizaciones de la Sociedad Civil se convierten en un medio de integración social y un potenciador de las capacidades individuales y colectivas.

En el caso cubano, es conveniente recordar no solo los aspectos teóricos metodológicos anteriormente tratados, sino cómo ha ocurrido el proceso de la asociatividad en Cuba. En muchas ocasiones, la sociedad civil cubana se ha visto manipulada por el surgimiento de algunos disidentes organizados y financiados por gobiernos extranjeros opuestos al proyecto socialista cubano, que se consideran exponentes de nuestra sociedad civil hacia lo externo.

A partir de 1959 la sociedad cubana se organizó en función de la defensa de la Revolución frente a las agresiones de Estados Unidos. Tal estructuración de las masas populares fue un aporte cubano al movimiento revolucionario internacional y un factor indispensable para explicar su capacidad de resistencia a lo largo de medio siglo.
Si aceptamos que la sociedad civil explica la relación de los individuos con el poder político, es difícil negar que las milicias nacionales revolucionarias, el ejército de alfabetizadores de 1961 o la organización de los Comités de Defensa de la Revolución, no han sido formas de organización de la sociedad civil cubana, solo para señalar algunos ejemplos.
Está claro que se estructuró en simbiosis con el Estado revolucionario, concebido no como un poder autónomo del resto de la sociedad, sino como el depositario del poder popular.
En el plano jurídico, se puede resumir el desarrollo de la sociedad civil cubana a partir del triunfo de la Revolución de la forma siguiente:
  • Desde 1959 a 1976. Se promulgó la primera ley pos neocolonial acerca de las asociaciones. Surgieron otras disposiciones que benefician las amplias masas populares y aparecieron nuevas formas de asociatividad con carácter masivo que se identificaron y convirtieron en sujetos determinantes en la ejecución de las medidas de contenido social y económico, lo cual constituyó la base de la hegemonía del embrionario sistema político que se conformó condicionado por el aumento progresivo de la agresividad de Estados Unidos.
  • Desde 1976 hasta la Reforma Constitucional de 1992. Con la institucionalización del sistema político cubano se promulgó la Ley 1320 de 1976 que regula el derecho de asociación. Luego, con la aprobación de la Constitución Socialista se legalizó la incorporación de algunas organizaciones al ejercicio de actividad estatal, se traspasó el registro de Asociaciones al Ministerio de Justicia, y en 1986 se reinscribieron de oficio, todas las asociaciones registradas en ese momento.
  • De 1992 hasta 2010. En esta etapa varios hechos marcaron una mayor dinamización del sistema asociativo: la crisis económica y social del país en la década del 90, la reforma constitucional de 1992, el incremento por parte de EE.UU. de las medidas económicas y políticas para destruir el sistema político cubano y el reconocimiento político que le hace el V Pleno del Comité Central del PCC a la sociedad civil.
Así, en ocasión del V congreso del PCC, en 1996, la dirección política del país reconoció oficialmente la existencia de esas organizaciones no gubernamentales, atendiendo a la batalla política que se librara luego del derrumbe del campo socialista con las falsas impugnaciones de enemigos acérrimos a la Revolución que negaban la existencia de una sociedad civil en Cuba.
Al respecto, en el Informe que presentara el miembro del Buró Político y Segundo Secretario del Comité Central al V Pleno el compañero Raúl Castro Ruz, expresó: “Para nosotros, la Sociedad civil no es la que refieren en Estados Unidos, sino la nuestra, la Sociedad civil socialista cubana que componen nuestras potentes organizaciones de masas (CTC, CDR, FMC, ANAP, FEU, FEEM e incluso los pioneros), las sociales, que como es sabido agrupan entre otros a los combatientes de la Revolución, a economistas, juristas, periodistas, artistas y escritores, etc., así como otras ONGs que actúan dentro de la legalidad y no pretenden socavar el sistema económico, político y social libremente escogido por nuestro pueblo, a la vez que aun cuando tienen personalidad propia e incluso su lenguaje específico, junto al Estado revolucionario persiguen el objetivo común de construir el socialismo”
En estas definiciones queda claramente expresado que en el caso cubano para pertenecer a las mismas no se exige una filiación política, sin embargo, tienen la particularidad de que los propósitos no se contradicen con el proyecto revolucionario. Por tal razón el carácter no gubernamental de una organización no implica en modo alguno una actitud antigubernamental como es frecuente encontrar en otros países.
Complementariamente, se modificó el artículo 7 de la Constitución y las asociaciones alcanzan un nivel mayor de autonomía funcional.
Dicha norma establece que: “El Estado socialista cubano reconoce y estimula a las organizaciones de masas y sociales, surgidas en el proceso histórico de las luchas de nuestro pueblo, que agrupan en su seno a distintos sectores de la población, representan sus intereses específicos y los incorporan a las tareas de la edificación, consolidación y defensa de la sociedad socialista”.
Fue necesario este reconocimiento por su amplia membresía, representatividad y capacidad de movilización. El sistema político cubano garantiza a estas organizaciones no gubernamentales amplios poderes y capacidad prepositiva, de consulta, opinión, y decisión en el ejercicio de la Democracia participativa instituida por el orden constitucional vigente.
En la actualidad, la sociedad civil en Cuba está integrada por más de 2200 organizaciones sociales y de masas y las asociaciones científicas o técnicas, culturales y artísticas, deportivas, de amistad y solidaridad y cualesquiera otras que funcionan en virtud de la Ley de Asociaciones (Ley 54)
Entre las organizaciones sociales y de masas aparecen algunas de larga trayectoria, y otras surgieron al calor del triunfo revolucionario por la necesidad de brindar a amplios sectores de la población la posibilidad de convertirse en actores directos del proceso de cambios.
La sociedad civil cubana es parte indisoluble de la nación. Actúa en la conformación y enriquecimiento continuos de la identidad nacional y los valores patrios; participa plenamente en los procesos de desarrollo de la entidad cultural; y defiende los más sólidos principios e intereses de la Revolución y es, en su esencia, reflejo y encarnación de la espiritualidad del pueblo.
Un Foro en Defensa de los Pueblos de América
Como parte de la sociedad civil cubana, en La Habana se reunieron representantes de esas más de dos mil organizaciones y asociaciones y participaron en el II Foro de la Sociedad Civil Cubana Pensando Américas.
El encuentro, realizado en la sede de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) previo a la VIII Cumbre de las Américas, se organizó para conformar las propuestas y recomendaciones que los actores sociales de la Isla llevarán a Lima, Perú.
En el teatro del edificio de la CTC, se debatió sobre “Gobernabilidad Democrática frente a la Corrupción”, tema central de la cita peruana.
Organizaciones internacionales y regionales con representación en el país, estuvieron presentes en el intercambio, donde se reflexionó sobre los tres ejes temáticos que se debatirán el 10 y 11 de abril en Lima, “desde la visión de actores, organizaciones y movimientos sociales de la izquierda de nuestro continente”.
Este II Foro nacional dio continuidad al realizado en 2015, igualmente previo a la Cumbre de las Américas celebrada en Panamá, cita en la que Cuba participó por primera vez en este tipo de encuentros.
Al finalizar sus fructíferos debates, los actores sociales y las organizaciones de la sociedad civil cubana, en representación genuina del pueblo cubano, reunidos en el marco del II Foro “Pensando Américas” adoptaron la siguiente declaración:
“Respaldando plenamente las respectivas intervenciones de la vocera de la Coalición “Por un mundo inclusivo y respetuoso” y el jefe de la delegación cubana en el Diálogo Hemisférico, acordamos:
1- Rechazar inequívocamente la presencia en Lima, en el marco del proceso preparatorio del Foro de la Sociedad Civil de la VIII Cumbre de las Américas, de ciudadanos de origen cubano y organizaciones mercenarias al servicio de gobiernos e instituciones extranjeras, que no cuentan con reconocimiento y legitimidad alguna, que persiguen revertir el orden interno, el bienestar social y el sistema político que hemos elegido los cubanos de manera soberana y democrática.
2- Demandar al Gobierno de los Estados Unidos el levantamiento del criminal bloqueo económico, comercial y financiero impuesto desde hace más de 55 años contra el pueblo de Cuba, el cual constituye una violación de sus derechos humanos e impedimenta para la consecución de los objetivos de desarrollo sostenible; así como la devolución incondicional del territorio que ilegalmente ocupa la Base Naval de Guantánamo.
3- Repudiar la pretensión imperial y de la oligarquía conservadora regional de imponer nuevamente los postulados de la tristemente célebre Doctrina Monroe y restaurar su hegemonía y el neoliberalismo que ha plagado de miseria a las naciones latinoamericanas y caribeñas.
4- Respaldar los principios y propósitos del Consenso de Nuestra América como guía práctica hacia la consolidación de un programa político en favor de las mayorías.
5- Denunciar todo intento  de agresión económica, política o militar contra cualquier nación latinoamericana y caribeña, así como la injerencia en sus asuntos internos por parte de gobiernos o instituciones, contrario a los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y las normas del Derecho Internacional.
6- Apoyar expresamente al pueblo y gobierno de la República Bolivariana de Venezuela, así como sus derechos a la libre autodeterminación y la independencia de elegir el sistema social para el bienestar de su nación.
7- Hacer un llamado a respetar los principios de la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, aprobados en II Cumbre de la CELAC en La Habana, enero de 2014, como herramienta para alcanzar la estabilidad necesaria para hacer frente a la corrupción, erradicar la pobreza y la inequidad económica y social, y a alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible.
La Habana, 21 de marzo de 2018”
Conscientes de la importancia de lo expuesto, la delegación cubana alzará su voz en el Foro de la Sociedad Civil de la VIII Cumbre de las Américas prevista para abril en Lima, para defender una vez más el socialismo y sus conquistas.
Ello es posible, porque en Cuba la Sociedad Civil si representa al pueblo.

lunes, 19 de febrero de 2018

¿Quiere usted ganarse cien pesos? Un centrista responde




En una entrada anterior se describe la Encuesta que hizo Carteles en los 1930 con la pregunta que da título a este post. El premio a la mejor respuesta sería 100 pesos.

En esta ocasión, reproduzco una de las respuestas recibidas, en la que el autor se autocalificaba de “centrista” y explicaba sus posiciones.

Estas eran las preguntas de la Encuesta:

¿Es usted derechista o izquierdista?
¿Cuáles son, a grandes rasgos, en el orden político social, los ideales de su doctrina, que le inclinan a defenderla?
¿Cuáles son los que defiende el bando contrario y con los cuales está usted impugna o desacuerdo?
¿Estima usted que el fascismo es una doctrina de izquierda o de derecha? ¿Por qué?
¿Dónde coloca usted al comunismo, la derecha o la izquierda? Dé sus razones.
¿Con cuál de los dos regímenes han alcanzado mayores libertades y oportunidades de superación el obrero manual, el campesino y lo que se consideran en el orden social desheredados de la fortuna?
Si ninguno de esos dos regímenes le satisface, ¿cuál otro encarna dentro de sus ideas derechistas o izquierdistas los supremos ideales del pueblo y por qué?


Un centrista

Así respondía Carlos M. B Castro Augusto R. Sigarreta, de Filadelfia, en Estados Unidos de América

Primera: Centrista.

Segunda: Considero al “centrismo” como la práctica realizable de los principios de común beneficio entre las derechas e izquierdas. Cual si tales beneficios pudieran nivelar en la balanza social los ideales de ambos extremos. Me inclina a defenderla la simple idea de encontrar la vía más real de edificar una masa homogénea que tienda al verdadero equilibrio nacional. Es la fórmula social en la que ambos lados pueden participar de sus ideales en común.

Tercera: Las derechas o izquierdas extremistas. Estoy en desacuerdo sencillamente porque la idea conservadora de las primeras elimina los pasos gigantescos del progreso en el orden político social. Y las segundas extreman los principios liberales a normas incapaces de practicar, porque están inspiradas en un ideal en el cual no se consideran las naturales tendencias del hombre como tal, y las cuales se elimina la posibilidad de conservar lo que de bueno tenga un régimen conservador.

Cuarta: El fascismo lo inspiró el deseo de implantar un movimiento radical en Italia. Hoy su práctica tienen notas de ambas tendencias; es casi un centrismo indeterminado. Los derechos del pueblo reconocidos vs. una nobleza también reconocida.

Quinta: El comunismo es la doctrina de la propiedad común; la negación de derechos individuales en la propiedad. Esto es el comunismo ideal; no el comunismo que se practica en Rusia donde una dictadura proletaria impone una izquierda radical con detrimento lo que una izquierda social bien inspirada podría brindarle una sociedad ansiosa de reivindicaciones.

Sexta: Un régimen extremista da la oportunidad de satisfacer un deseo social, pero no una necesidad social. El obrero manual ha tenido “mayores libertades” en los cambios izquierdistas, pero no “mejores oportunidades”.

Séptimo: Considerando las derechas e izquierdas como los extremos de la ecuación social, la única manera de establecer el equilibrio descansa en la “media proporcional” que goza del privilegio de ser indispensable a ambos extremos. Es, pues, el centrismo la fórmula feliz capaz de satisfacer el anhelo social. El “fiel” de la balanza mediante un simple esfuerzo de comprensión y un deseo lleno de sabia humanidad.

Carteles, Volumen XXX, La Habana, octubre 31, 1937, pp. 16 y 60

lunes, 29 de enero de 2018

Develada estatua ecuestre de José Martí en La Habana: “Te agradecemos por tu vida breve y generosa” (+ Videos)

Por: José Raúl Concepción, Irene Pérez
En este artículo: Cuba, Estados Unidos, estatua, Eusebio Leal, Historia, Historia de Cuba, José Martí, La Habana, Nueva York, Raúl Castro Ruz
28 enero 2018


Raúl Castro junto a Esteban Lazo, Eusebio Leal y Bruno Rodríguez en el acto de develación de la estatua ecueste de José Martí en el parque Trece de Marzo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
Una réplica de la estatua ecuestre de José Martí en el Parque Central de Nueva York fue inaugurada hoy en La Habana. El General de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, presidió el acto en el parque Trece de Marzo, a pocos metros del antiguo Palacio Presidencial, actual Museo de la Revolución.
Las palabras centrales del acto de develamiento estuvieron a cargo del Historiador de la Ciudad, Eusebio Leal.

Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
“En esta mañana en que se cumple el 165 aniversario de su nacimiento no lejos de aquí, en la calle de Paula, evocamos a José Martí en el acto de su supremo sacrificio por la causa que escogió como una motivación para su vida. La obra de la insigne artista norteamericana Anna Hyatt Huntington lo evoca”, dijo el reconocido historiador.
Eusebio emocionó al público cubano y estadounidense que se encontraba sentado frente a la estatua. Junto a Raúl estaban el vicepresidente, Miguel Díaz-Canel, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Esteban Lazo, el ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, entre otros miembros del gobierno de Cuba.
También se encontraban representantes del Museo del Bronx, institución clave para convertir en realidad el sueño de tener una réplica de la obra de Anna Hyatt Huntington en La Habana. Ciudadanos estadounidenses y cubanos residentes en EE.UU. que aportaron fondos para materializar lo que hoy fue develado, viajaron a la capital cubana para estar presentes en el acto.

La pieza de bronce pesa ocho toneladas y media y está sobre un pedestal de mármol negro. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.
El historiador continúo con su discurso estremecedor y describió la estatua con los adjetivos exactos:
“Hay serenidad en su rostro. Hay hermosura en el conjunto en que la bestia pisotea hierbas y lirios, quizás evocando aquellas palabras que siempre consideré la íntima premonición de su sacrificio: ‘Mi verso crecerá bajo la hierba y yo también creceré’. Es la escena del 19 de mayo de 1895. Pero hoy precisamente no nos detenemos a contemplar la muerte que él consideró como un acto necesario. ‘No es verdad -dijo- cuando se ha cumplido bien la obra de la vida’. ‘O cuando ella -como también afirmó- se constituye en un carro de gloria’, no venimos hoy con tristeza y apocamiento ante su monumento. Me alegra extraordinariamente que podamos los habaneros disfrutar hoy de una obra tan bella y tan poéticamente inspirada”.
José Velázquez, representante de la Alcaldía de Nueva York, dio lectura a un mensaje enviado por el alcalde de esa ciudad, Bill de Blasio. “Celebramos con orgullo la amistad que nuestra ciudad comparte dignamente con Cuba. En nombre de Nueva York, les expreso mis mejores deseos de que tengan una agradable y significativa ceremonia”, escribió el gobernante.
Durante el acto, hubo varios agradecimientos a la recientemente fallecida, Holly Block (1959-2017), quien como directora del Museo del Bronx fue una de las más entusiastas impulsoras de la realización de este proyecto. “Fue Holly Block con quien me entrevisté en horas de tristeza, cuando ella y yo estábamos atacados por súbita enfermedad. Ella no pudo sobrevivir. Hoy en su nombre, agradezco a ese centenar de donantes, entre los cuales instituciones y personas lo hicieron desde una modesta contribución hasta la mayor”, explicó Leal Spengler con sentida voz.
El protector del patrimonio habanero, prosiguió con sus palabras dedicadas al cubano más trascendental de la historia:
“Autor de la unidad, no pudo verla concluida. Por eso hoy, cuando nos acercamos ante este monumento rendimos culto aquellos que hicieron posible que tus ideas prevalecieran más allá de la muerte. A las legiones que sufrieron y padecieron buscando un camino para Cuba; para esta Cuba actual para la cual luchamos”.
La reproducción idéntica de la estatua de Martí en Nueva York llega a Cuba tras 22 años de iniciarse las primeras conversaciones para lograr que en la capital de la Mayor de las Antillas también esté presente el Apóstol sobre su caballo. La pieza de bronce pesa ocho toneladas y media y está sobre un pedestal de mármol negro.
La escultora norteamericana Anna Hyatt Huntington (1876-1973) es la autora del monumento original erigido en 1958 y colocado siete años más tarde en el famoso Central Park de Manhattan.
Finalmente, Eusebio Leal despidió sus palabras con un agradecimiento a José Martí similar al que cualquier cubano dedicaría al Maestro bendito de vida breve y generosa.
“Te agradecemos, maestro y apóstol, por tu vida breve y generosa. No has muerto. Vives en nuestro corazones. Cuba te agradece. El pueblo cubano todo deposita ante ti una ofrenda de flores y estos signos recuerdan que tu sacrificio no fue inútil. Hace un instante, la bandera nacional flota en lo alto del monumento. No hemos seguido la práctica habitual, renunciando un poco a la tradición de arrebatar un velo – sería inmenso – hemos preferido que sea la bandera la que se levante sobre el cielo azul de Cuba cuando aún el Sol no ha tocado nuestros ojos ni se ha levantado por las tierras del Oriente, esas tierras que por primera vez viste después que regresaste a Cuba. Bendito seas, Maestro”.

El presidente cubano Raúl Castro y el Vicepresidente primero Miguel Díaz-Canel a su llegada al parque Trece de Marzo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

La escultora norteamericana Anna Hyatt Huntington (1876-1973) es la autora del monumento original erigido en 1958. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Amanecer en el parque Trece de Marzo. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

La réplica de la estatua ecuestre de José Martí en el Parque Central de Nueva York fue inaugurada hoy en La Habana. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

En video, las palabras de Eusebio Leal

Veal el acto de develamiento de la estatua