lunes, 9 de mayo de 2016

Cuba, ¿Cómo vamos al futuro?

Escrito por  Norelys Morales Aguilera




A veces los periodistas disfrutan del raro privilegio de estar en un lugar ante un suceso que puede marcar sus vidas y hasta el ejercicio profesional.



El periódico Vanguardia de Santa Clara me encomendó reseñar lo que debió ser una de las últimas conferencias del doctor Gaspar Jorge García Galló, cuando daba mis primeros pasos hacia el periodismo. No era gratuito que las comparecencias del profesor en la Escuela Normal o de Comercio estuvieran abarrotada de estudiantes, o que los sindicalistas, especialmente nuestros ilustrados obreros del tabaco, disfrutaran de la facundia y sabiduría del irreductible comunista. En esa oportunidad García Gallo hizo cuatro preguntas: ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos? y ¿Cómo vamos?, imprescindibles para la teoría y la acción.


Las interrogantes una vez más están disponibles para cualquier análisis serio de la nación cubana. Todas son legítimas a la luz de la polémica desatada respecto al laboratorio de ideas Cuba Posible, un “think tank”, que debo señalar resultó sugerente, con la ilusión de verlo aplatanado para perfeccionar el socialismo cubano, con su propuesta de diálogo, debate, consensos, empoderamiento, más democracia, etc.

Sin embargo, el extraño silencio mediático al respecto de una controversia que en otro momento habría saltado de la blogosfera a los diarios corporativos, quedó pautada por la banalización que hiciera El Miami Herald, cuyo título ya es un mensaje inequívoco, que el lector puede decodificar por qué y para quién: “Desde Miami: Iroel Sánchez y su refriega con Cuba Posible”. [1]

El frustrado Premio Juan Rulfo Jorge Dávila Miguel, lo hizo bien para los propósitos de no ir a lo sustantivo. Echa mano a la guasanga, banaliza,  personaliza: manipulación sutil. ¡Cuidadito, “la sangre ideológica” es una “refriega” de Sánchez!, porque este, se lleva “la palma de las insinuaciones político criminosas”, mientras “la palma de los insultos personales se la lleva Veiga” (Roberto Veiga González el director de Cuba Posible).

Pero, es llamativa la reacción de Veiga, que no encaja en el guía de un laboratorio de ideas que ha de suponerse capaz de polemizar con la argumentación y con el análisis profundo, que puede ser, entre otros, ese ¿cómo vamos? en cual centro mi análisis,  tan importante para la teoría como para el periodismo auténtico. Por supuesto, el calado rebasa un artículo.

En el ardor de la discusión, el Director pateó la cristalería del laboratorio. Veiga escala la “transición suave”, con todas sus implicaciones, y pasa a que, la lucha política se intensificará progresivamente y que será  violenta como resultado de  la desmesurada competencia por “imponer una u otra idea y propuesta de país” y  marcada por la deslealtad que engendra la frustración, la desconfianza, la rivalidad y el rencor, según su artículo, junto a Leinier González Mederos, entendible como una declaración de propósitos, “La batalla final por el futuro de Cuba ha comenzado”. [2]

En todo caso para patear más la cristalería del laboratorio, si admitimos la libertad de opinar, tanto la tiene Iroel Sánchez [3], gústese o no, como Roberto Veiga, quien desacredita su inteligencia académica cuando remeda las ínfulas del monarca aquel de “¿Por qué no te callas?”

En su arranque Veiga, guapería aparte, deja para otros una pregunta válida a estas alturas de la meteórica carrera de su think tank: “¿cuáles ideas y posiciones son de izquierda y cuáles de derecha?... del mismo modo, reitero que no pretendo ser un opositor político, ni deseo convertir a Cuba Posible en un partido político (sin embargo, aseguro que si en algún momento lo estimara pertinente me opusiera a cualquier gobierno e integrara el partido político que estime oportuno –siempre, sin comprometer a Cuba Posible y a sus colaboradores-, aunque ello fuera ilegal y me trajera graves consecuencias).”

La única vía revolucionaria es una construcción socialista, no capitalista, ese es el cómo, complemento imprescindible que falta a la declaración, que no pretendo calificar, pero que sí debiera responder un laboratorio de ideas realmente patriótico: “El único camino certero sería la evolución del modelo, por medio de un proceso que no admita rupturas, pero que se empeñe en el completamiento de la República nueva, signada por la soberanía nacional y ciudadana, el crecimiento de la economía y la cultura, y el desarrollo de la justicia social y la democratización política.”

Y, ¿cómo será esa República nueva de Cuba Posible con esas raras elucubraciones de culpar de los males a la Revolución y atenuar las agresiones que convirtieron a la nación en una “plaza sitiada” con sus ineludibles contradicciones, a veces hasta kafkianas, para implorar una civilidad, casi siempre, en abstracto? ¿Será que el partido político que Veiga “estime” no va a ser socialista y menos comunista?

La Cuba Posible “de Veiga” no quiere entrar en esas honduras, pero pistas hay aunque acudan a subterfugios y salgan con acusaciones a quien las muestre.

Por respeto y sentido común el director del laboratorio, puede recibir financiamiento de quien desee sin poder igualarse al mandato legítimo del gobierno, o tener las amistades que mejor guste, pero al tratarse de un vínculo de instituciones, entonces su neutralidad queda comprometida, lo cual sí importa, e importa mucho cuando estamos enfrente de un proyecto que se atribuye, diciendo lo contrario, la verdad última e inobjetable.

No es viable como buen consejero para Cuba, y es un hecho demostrable, que un Francis Fukuyama, el excelso neoliberal que felicitaba la campaña en redes sociales de su discípulo argentino Mauricio Macri, o el Presidente de Diálogo Interamericano, Michael Shifter, cuya ejecutoria habla por sí misma, entre otros con quienes comparte Veiga labores en Diálogo Interamericano, el “think tank” de derecha activa y actuante, a pesar de las declaraciones a favor de la normalización de relaciones Cuba-USA. De argumentarse lo contrario, alguien estaría pasando gato por liebre.
Incluso, su amigo, Carlos Saladrigas, tampoco vale de socio, hablando de entidades,  con esa “Casa Cuba” cuando el empresario, pasa por alto el sufrimiento de los cubanos todos y considera que “la confrontación y el embargo han sido extremadamente útiles para el gobierno cubano” y “ha ayudado al régimen cubano a obtener una legitimidad, que no ha podido obtener por otras formas”, algo que ni siquiera merece comentario a menos que alguien pretenda justificar el bloqueo, que como se ve llama embargo.[4]

De modo, que con lo dicho es suficiente para darnos cuenta de que hay ruido comunicativo con el laboratorio de ideas Cuba Posible, sin que ello incluya a todos sus integrantes.

Asimismo, se puede discrepar con que se dé “un corrimiento al centro”. En todo caso, el centro suele ser una posición incómoda por la puya en que se asienta, y más bien, como no hay respuesta al cómo vamos a la Cuba del futuro próximo y lejano, se trata nada más y nada menos que de la derecha pura, dura y taimada.

La República de Cuba no puede volver al pasado capitalista que impuso a su antojo imperial Estados Unidos cuando intervino en la guerra de los cubanos contra el colonialismo de España, y aupó corrupción y tiranía
Ni Cuba debe ir a un futuro neoliberal auspiciado por el “soft power” al cual la Cuba Posible “de Veiga” le haría un buen servicio, si no demuestra lo contrario. Creo que está obligado a hacerlo por simple respeto ciudadano e intelectual.

Notas
[1] http://www.elnuevoherald.com/opinion-es/opin-col-blogs/opinion-sobre-cuba/article75796497.html
[2] http://cubaposible.net/articulos/no-dejemos-que-arruinen-los-suenos-las-ilusiones-y-la-confianza-en-nosotros-mismos-2-aa6-5-3-7-5
[3] https://lapupilainsomne.wordpress.com/2016/04/29/el-corrimiento-al-centro-again-por-iroel-sanchez/
[4] http://www.contrainjerencia.com/?p=111069


domingo, 8 de mayo de 2016

“Irma” sigue dando que hablar

Contrarréplica a la dúplica de Jorge Camacho



Aunque algo tardíamente, mi profecía del año 2000 en torno a “Irma” viene cumpliéndose. A partir de la Historia de un error del profesor Jorge Camacho este cuento de Martí está dando bastante que hablar. Y comoquiera que los puntos de vista suyos y los míos parecen inconciliables en este momento, habrá que hacer un alto y retomar las pesquisas en busca de otros elementos que puedan arrojar nueva luz sobre el asunto. No renuncio, sin embargo, a mis conclusiones porque las considero bastante fundamentadas, aunque Camacho estime lo contrario apoyado sobre todo en suposiciones sin fuertes asideros. La verdad, ya se sabe, no es absoluta. Y si un día él o yo mismo encontrásemos otros elementos probatorios de nuestras personales hipótesis o de las del contendiente, pues haríamos un bien al divulgarlas como contribución al mejor conocimiento de la vida y obra de José Martí. Mientras tanto, estimo necesario volver sobre las hasta ahora infundadas y no verificables apreciaciones e hipótesis de Camacho y reiterar las mías, a la vez que poner en evidencia la falta de solidez de sus argumentaciones y los errores en que cae, tomando como punto de partida su nuevo artículo “Irma”, un apócrifo en la edición de “Obras completas” de José Martí.


Ya en su primer párrafo yerra tres veces el profesor Camacho. Primero, cuando afirma que fue Víctor M. Heres quien dio a conocer el cuento como del Apóstol en la revista Archivo José Martí (por cierto, sin la preposición de que él añade al título. Ya deslices mínimos como este ponen en entredicho el rigor de cualquiera), pues antes, como he expresado, vio la luz en La Nación de Buenos Aires (20 de diciembre de 1884, con sus iniciales J. M.) y en La Lotería de La Habana (22 de febrero de 1885, con su nombre completo al pie); después, cuando insiste en que fue “recientemente” cuando hice la atribución, pues de ese hecho han pasado nada más y nada menos que 15 años; finalmente, cuando señala, refiriéndose a mí, que “durante un cuarto de siglo ha tratado de probar que pertenece al cubano”, pues en realidad un cuarto de siglo estuve buscando pruebas que finalmente un azar ajeno me puso en las manos. Si fuésemos a llevar este asunto hasta hoy, con cuentas claras, habría que decir que han sido cuarenta años: veinticinco desde el encuentro en La Lotería (sin conocer entonces la presentación de Heres en Archivo José Martí) hasta que demostré su paternidad y quince desde que esta se hizo pública[1]. Entre tantas imprecisiones en un primer párrafo resalta además su omisión de que el dato de su publicación por Heres lo obtuvo de mi presentación en el Anuario del Centro de Estudios Martianos (2000 [i.e. 2003]), que aún no ha aclarado cuándo la conoció.


Vayamos a su segundo párrafo. Dice Camacho que el cuento apareció años después: ¿después de qué, le pregunto? Como estoy de lleno en el asunto, entiendo a qué se refiere, pero ¿y el lector que cae de pronto en su artículo? Por otra parte, le pregunto también, ¿quiénes son esos “críticos martianos” que habían puesto en duda la paternidad martiana del cuento y podían, tras las “pruebas” suyas que, en mi criterio, nada han probado, pedirle “a los especialistas del CEM que sacaran este cuento de sus Obras completas? ¿Puede citar alguno que lo haya hecho explícita y públicamente antes o después que él? Debe tenerse presente que Archivo José Martí, revista que dirigía el eminente martiano Félix Lizaso, lo acogió como suyo en 1942. Salvo en el caso de Gonzalo de Quesada y Miranda, tuve el cuidado y el respeto de no mencionar los nombres de aquellos relevantes especialistas cubanos en Martí que me negaron explícitamente, en forma verbal o escrita, mi atribución hasta el momento en que el cuento se encontró en La Nación, cuando ya para ninguno hubo dudas al respecto. Invito también a Camacho a explicar, a los lectores que han estado siguiendo esta polémica, ¿cuándo y cómo, por qué vía, conoció él de la existencia de las Reminiscencias tudescas y de la presencia entre ellas del cuento “Irma” de José Martí, “adaptado” por Santiago Pérez Triana para adecuarlo a las características del conjunto de narraciones que conforman su volumen de 1902? Finalmente el profesor Camacho pidió en su primer artículo, de modo arrogante y hasta prepotente, como si tuviera la única verdad en sus manos, a los especialistas del CEM que “lo retiren de sus páginas y nunca más vuelvan a mencionar su nombre”. ¿Por qué no mejor sugerir, recomendar, invitar, analizar la conveniencia de, reconsiderar el asunto? Habría resultado más elegante y modesto, más propio de un profesional de la investigación.


Más adelante, reiterando criterios a favor de su negación de la paternidad martiana del cuento ya expuestos en su primer artículo, señala que “tampoco estaba escrito en su estilo, que no lucía ninguno de los giros lingüísticos, ni el lenguaje poético que lo caracterizaba”. Bueno, ¿y es que Martí tuvo “un” único estilo desde Abdala hasta sus Diarios de campaña? Es evidente que no, y Camacho mismo lo conoce, pues recién acaba de rescatar unos cuantos textos martianos desconocidos hasta el presente, que fueron reproducidos en su momento en periódicos de países de América Latina y que si no fuese porque aparecieron originalmente en El Economista Americano, que el cubano escribía casi en su totalidad, nadie se atrevería a afirmar que fuesen suyos (No obviar que en mi presentación original del cuento yo aludía a la no coincidencia de su prosa en el cuento con la maestría y originalidad ya alcanzada por él en la de sus crónicas). Reitera asimismo su peregrina idea de que para escribir sobre un lugar o ambientar una narración en un sitio se requiere haber estado en el mismo. No ha tenido en cuenta mi referencia al primer cuento de Rubén Darío, también ambientado en una Alemania medieval, sin que él hubiese visitado ese país y mucho menos vivido en el medioevo. Como han expuesto algunos comentaristas de este segundo artículo suyo en torno al asunto que nos ocupa, no son pocos los casos en que notables autores han descrito países y costumbres sin conocerlos de modo directo. El propio Martí, por cierto, es una prueba fehaciente de ello. Recuérdense, si no, por solo citar tres ejemplos, sus maravillosos textos sobre el terremoto de Charleston, la Exposición de París y la tierra de los anamitas (esta última mencionada por un lector comentarista), que pueden leerse hoy como trabajos modélicos. Y concluye esta parte de su dúplica con la siguiente pregunta: “¿Hay acaso argumentos más sólidos que estos para rechazar la paternidad martiana de este cuento?” Claro que sí: muchos años antes de que Pérez Triana diese a conocer su “versión” de “Irma” (hasta el momento solo se tiene evidencia de la de 1902 en Reminiscencias tudescas, lo demás son suposiciones y sugerencias de Camacho que ojalá no necesite veinticinco años para demostrar de modo más sólido su tesis de la posible primacía del texto del colombiano sobre el del cubano) ya la de Martí había aparecido (1884) con sus iniciales en un diario donde publicaba regularmente sus correspondencias o cartas desde Nueva York y que es difícil imaginar que pudiera atribuirle un texto aparecido antes bajo el nombre de otro autor o de forma anónima, y en una revista de La Habana (1885, aquí con su nombre y apellido), ciudad donde ya era conocido aunque no se le publicaba o aludía aun con la frecuencia en que se haría a partir del año siguiente (como me consta por la investigación que desarrollo en estos momentos a través de la prensa habanera epocal).


En apoyo a sus tesis negadoras, no ya de la paternidad martiana del cuento sino también de las pruebas aportadas por mí a favor de ella, Camacho acude al propio Martí y a sus recientes experiencias que han dado como fruto esos dos pequeños volúmenes con textos desconocidos suyos (aunque no los mencione). Si bien es cierto que en el XIX los editores de periódicos y revistas en ocasiones “no escribían ni siquiera el nombre del autor, no reproducían de forma íntegra las crónicas y a veces las atribuían a un escritor equivocado”, en este caso estamos hablando de una obra literaria que, en dos publicaciones de ciudades distintas y geográficamente lejanas y en fechas diferentes, aunque relativamente cercanas, aparece con las iniciales de Martí o con su nombre completo, aunque en la segunda no se ofrezca la fuente de procedencia. Pero cuando en su carta a Mercado Martí expresaba que “las toman donde las hallan” se refería a sus crónicas periodísticas, no a piezas literarias que, por demás, no publicaba con frecuencia entonces.


Y seguidamente entramos en un aspecto interesante de esta dúplica suya. En mi artículo le preguntaba si conocía las estrechas relaciones de colaboración entre Martí y Pérez Triana. Ahora las alude someramente y dice que ambos fundaron en Nueva York (1887) la “Sociedad Literaria Hispano-Americana” (aclaro que el artículo antepuesto por Camacho al nombre de la institución no forma parte de él. Ojo con estas pequeñas pifias.), en cuya inauguración “Martí se expresó de una forma muy elogiosa sobre el colombiano” y a continuación cita unas pocas palabras del comienzo de ese “supuesto” discurso homenaje a Santiago Pérez Triana. Doble error en el texto de Camacho, aunque no achacables del todo a él. En primer lugar, esas palabras de Martí no se pronunciaron en la inauguración de la Sociedad en 1887, sino en un homenaje de la misma ocurrido al año siguiente, aunque ello no se precise en la edición de las Obras completas de la década de 1960 a cargo de Gonzalo de Quesada y Miranda. O sea, que la conclusión errónea de que las palabras fueron pronunciadas en la sesión inaugural es todo un aporte suyo. Pero, además, como defensor de Pérez Triana, Camacho debe conocer su vida y su obra; por tanto, si hubiese leído completo tal texto de Martí (algo que evidentemente no hizo para esta ocasión), cuando menos le hubiese asaltado la duda de si se refería en verdad a Santiago Pérez Triana (como se anota al pie en las OC y él acepta) o a otra persona de similares nombre y primer apellido, o sea, a su padre, Santiago Pérez Manosalbas (1830-1900), Socio de Honor de la Sociedad, llegado a Nueva York a mediados de abril de 1888 (o sea, cuando ya la entidad llevaba meses existiendo) y homenajeado por ella en una velada efectuada el 16 de junio de ese año, ocasión en que Martí ocupó la tribuna para pronunciar las palabras recogidas, con el error sobre la identidad del homenajeado y sin la precisión en la fecha de la celebración, en la edición citada de las OC, deficiencias que, suponemos, aparecerán rectificadas en el tomo correspondiente de la edición crítica en proceso de publicación. No voy a hacer más extensas estas notas citando aquellas expresiones del discurso martiano que cuando menos debieron alertar a Camacho, pero le sugerimos que lo lea completo con cuidado. Y, por favor, que no vaya a echar la culpa de los desaciertos de Quesada y Miranda a quienes nada tuvieron que ver con aquella edición.


Como poseo y he expuesto pruebas en mi parecer suficientes para mantener mi criterio de que “Irma” es de José Martí y que lo que hizo Pérez Triana fue “adaptarlo”, “adecuarlo” al conjunto en que lo incluyó o hasta “plagiarlo”, no considero haber hecho “acusaciones injuriosas” para “manchar la reputación” de Pérez Triana, si es que a él y solo a él se refiere Camacho bajo el sintagma “algún escritor”. No pongo en duda la amistad y la colaboración entre ambos y, aún más, asumo plenamente las informaciones y valoraciones de Enrique López Mesa en su enjundioso artículo en proceso de publicación “Santiago Pérez Triana: un colombiano singular”, que tuvo la gentileza de remitirme y podrá leerse oportunamente. No soy yo, por cierto, quien debería “explorar otras hipótesis que no sean las del ‘plagio’”, pues numerosas pruebas he aportado a favor de mi tesis y esta del plagio no estuvo nunca en mi pensamiento hasta que Camacho dio a conocer su tardía impugnación a la paternidad martiana del cuento y su atribución a Pérez Triana una vez detectada su “versión” en las Reminiscencias tudescas. Recomiendo a Camacho localizar publicaciones de entonces, rastrear en ellas no solo en busca del cuento, sino también de referencias indirectas que puedan permitirle algo más que suposiciones y sugerencias no bien fundamentadas. Aunque López Mesa demuestra fehacientemente que Pérez Triana fue consecuente con su posición a favor de Cuba y de Latinoamérica, que escribió un elogioso artículo con motivo de la aparición de Versos libres en 1891, no deja de llamarme la atención una frase de Martí en su carta testamento literario a Gonzalo de Quesada y Aróstegui, donde le orienta que para completar seis volúmenes de sus obras en caso de necesidad, podría escoger los trabajos aparecidos en La Opinión Nacional, La Nación, El Partido Liberal, El Economista Americano y los de La América “hasta que cayó en Pérez”, frase que, en mi criterio, parece signo de distanciamiento suyo de la revista.


Por notas y comentarios sobre La América en la prensa habanera, conozco que hacia mediados de 1887 Pérez Triana compartía su dirección con Diego Vicente Tejera, pero para entonces no se mencionaban ya trabajos de Martí en las notas y comentarios de dicha prensa sobre la revista, donde, sin embargo, al menos en enero y marzo, se habían publicado artículos suyos no registrados en su bibliografía, aunque uno de ellos ha sido muy buscado. ¿Hubo alguna desavenencia en esos momentos entre Martí y Pérez Triana en torno aLa América u otra circunstancia, tal vez relacionada con el proyecto de la Sociedad Literaria Hispano-Americana sobre el que López Mesa asegura que Martí tuvo una “inicial reserva”? Para terminar con este aspecto de la dúplica suya le pregunto a Camacho si cree de veras que existan especialistas en la obra de Pérez Triana que puedan decirnos “dónde y cuándo publicó por primera vez estos cuentos”. Me temo que no, pero, al igual que él, dejo abierta la posibilidad.


Por un momento voy a darle un mínimo de credibilidad a su sospecha y sugerencia de que “Irma” apareció en otra (hasta el momento no ha hablado de ninguna) revista de Nueva York (o de cualquier otro sitio, podría acotarse), donde ambos vivían entonces, con el nombre equivocado o de forma anónima, y que quienes recibieron tal publicación fuera de Estados Unidos “reprodujeron el de Martí [no me queda claro si se refiere al cuento o al nombre] o simplemente asumieron que era suyo”. Hasta ahí esta sería una propuesta atendible para abrir una nueva perspectiva en la investigación al respecto. Pero tal tesis se me desmorona cuando comparo las versiones atribuidas por mí a Martí con la de Pérez Triana en sus Reminiscencias tudescas. Como ya expresé en otro lugar, la versión de La Lotería presenta variantes en relación con la de La Nación que la mejoran en algunos aspectos, por lo cual aventuré que tal vez fue el propio Martí quien la envió a la revista habanera de Triay con las correcciones (Se conoce cuánto se quejaba Martí de las atrocidades cometidas con sus textos periodísticos en el proceso editorial.). La versión de Pérez Triana es bien diferente de la de Martí en muchos aspectos, no solo en la inclusión del epígrafe en alemán y del extenso párrafo inicial. Quien erró en la atribución del cuento a Martí ¿además los suprimió y cambió otras cosas a su antojo? ¿Con qué objeto? ¿Cómo podría explicarse este asunto?


Me apena que Camacho haya asumido que yo tomé su crítica de una forma personal, pero me veo en la necesidad de replicarle que en ningún momento expresé que él la hubiese publicado “en este preciso momento para estropear mi viaje por Estados Unidos”, del que posiblemente no tuviese la más mínima noticia. Pero si en verdad su “propósito al escribir este ensayo [¿no quedamos en que se trataba de una breve nota, cuando más de un artículo? ¡Cuánta presunción la suya ahora!] fue rectificar la bibliografía de Martí y encaminar la investigación por otro rumbo”, ¿a qué tantos ataques, invectivas y mandatos, a quienes como yo y el Centro de Estudios Martianos en este específico caso, se entregan a esa labor que, al parecer, solo él puede llevar a cabo de manera correcta? ¡Cuánta soberbia!


Para concluir, exhorto a Camacho a continuar sus pesquisas en torno al asunto y a darlas a la publicidad, como acaba de hacer con sus dos pequeños volúmenes con textos martianos hasta hoy desconocidos para la contemporaneidad, pero también a que no se apresure demasiado. La prisa no es buena consejera en estos menesteres. Por mi parte, pronto retomaré gustosamente las mías desde una modesta e incómoda butaca de una calurosa biblioteca habanera donde colecciones únicas de polvorientos periódicos decimonónicos cubanos se deshacen a veces entre los dedos, copiando afanosamente a mano cuanta información relacionada con Martí pueda localizar con el único fin de salvar esa parte olvidada de su memoria para la “Patria [que] es humanidad”.








sábado, 7 de mayo de 2016

El hueco negro de la opinión pública



Diariamente ajustamos buena parte de nuestra comprensión del mundo con la lista de asuntos que escalan en el hit parade callejero. Depende de cuán cerca o cuán lejos estemos de los “dolientes” para que podamos reconocer hasta qué punto un tema realmente importa y a cuántos nos moviliza. Porque la mayoría de las veces solo tenemos como feed back el “cocinaíto” en familia, íntimo, sobre las “cosas públicas”, ese que se realiza en paz o a dentelladas a la hora de estar en casa, mientras suenan los calderos.


También algo nos aporta el pleno grito en el pasillo de una guagua a punto de estallar, cuando a un vociferante, cuerdo o no, le da por enunciar sus verdades; o al contrario, cuando en susurros cada vez más corrosivos se pasan, de boca en boca, ciertas ideas.


En ese fluir discontinuo, aproximativo, donde se configuran opiniones orales, ayudan además los juegos cotidianos que el humor y la música popular protagonizan; aunque los chistes y los estribillos tengan que atenerse a los bordes que la censura mediática establece.


La información disponible sobre lo que pensamos y queremos los cubanos resulta tan vaga e imprecisa, tan apreciativa, tan de tumba y vira…, que asusta.


¿Quién se atreve hoy a afirmar cuál es la opinión mayoritaria, y cuáles sus matices, respecto, por ejemplo, a las consecuencias del 17D y el progresivo acercamiento entre Cuba y Estados Unidos? ¿Quién y a partir de qué criterios puede definir cómo evalúan las personas en Cuba el proceso de reordenamiento económico, o el desempeño de un ministro, o las perspectivas de una nueva ley electoral?


El hecho de que la opinión pública no se estudie apenas, y que tampoco se difundan los resultados de sus indagaciones, no es un hecho fortuito, ni la consecuencia colateral de un descuido. El hueco negro de la opinión pública ha sido el tablero de operaciones ideal para que decisores tomen decisiones exonerados per se de compromisos medibles, cuantificables, escrutables. Suele darse por sentada la buena intención y la experticia de quienes administran recursos y diseñan políticas, en el contexto de una economía estatalizada. Y más grave aún, se da por sentado el consenso.


En Cuba, muchas decisiones se han modelado después de asambleas públicas masivas. Recuerdo bien, porque lo viví en plena conciencia, el proceso de reuniones previas al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba, en ese parteaguas que fue 1990. Igual ocurrió durante los Parlamentos Obreros, o más recientemente durante la discusión de los Lineamientos…, o del Código de Trabajo. En todos los casos la cantidad de participantes fue abrumadora, y también el volumen de propuestas. Pero en ninguna de estas experiencias, al finalizar, se devolvió al público el examen estadístico de los criterios que las personas, esperanzadas, ofrecieron.


La apropiación institucional del balance de la opinión pública en esos eventos y la falta de socialización de los resultados, no como documento final sintetizado, procesado, sino en su aspecto estadístico y sin interpretaciones, distorsiona el valor consultivo de estas experiencias.


En ese panorama, el pequeño grupo de cubanos que desde la isla nos conectamos a Internet o a algunas redes (25 por ciento de la población), hemos visto cómo ha ido creciendo en esta zona de la vida, virtual, un nuevo espacio de vertimiento de opinión: la zona de comentarios de la prensa digital, donde los usuarios, anónimos o a camisa quitada, desde la Isla o desde fuera, le buscamos la quinta pata al gato de forma bastante liberada, a pesar de la falta de costumbre.


Aunque casi todos los foros se moderan -también en OnCuba, por cierto-, los usuarios de sitios web como Cubadebate o incluso Granma, cada vez consiguen aproximarnos mejor a una visión del heterogéneo espectro de opiniones que vamos elaborando día por día; y no solo sobre asuntos estrictamente políticos. El principal valor de estos espacios es que convierten el ejercicio de oralidad, en escritura.


La palabra escrita, aunque sea en letra digital, es recuperable, citable, contestable, y por todo ello más poderosa: un ágora ad hoc. De paso, compartir criterios allí va nutriendo la imagen de nosotros mismos, proteinizando nuestros acuerdos, fraguándolos en el trasiego colectivo entre el mundo real y el virtual.


No obstante, todavía vemos que se puede “caer el mundo”, que los foristas pueden argumentar con sabias interpretaciones o desgañitarse, sin que esa expresión genere respuestas. Todavía la agenda pública allí recogida, esa pequeñita constancia de lo que pensamos, parece afectar poco o nada la agenda institucional de los servidores públicos.


La mayoría de las veces, tal como ha ocurrido recientemente, a partir de los nuevos equívocos en las pruebas de ingreso a la universidad, los actores institucionales no parecen sentirse en la obligación de replicar, se muestran elusivos. Frente a estos debates, muchas veces ejemplares, pasan de largo aquellos que desde ministerios, o empresas estatales millonarias, se apoltronan seguros de que un bit de opinión no les tuerce el rumbo. Pero la suma de ellos…, ah… ese día magnífico en que el 75 por ciento de los desconectados de hoy se vuelvan ciudadanos digitales, podría cancelar tanta soberbia.



jueves, 5 de mayo de 2016

“Irma”, un apócrifo en la edición de “Obras completas” de José Martí

Dúplica a la réplica aparecida en CUBAENCUENTRO


Hace unas semanas publiqué un breve artículo en esta revista argumentando que el cuento “Irma” atribuido a José Martí por el investigador cubano Ricardo Luis Hernández Otero y sus colegas del Centro de Estudios Martianos recientemente, era un texto apócrifo, es decir, realmente pertenecía a otro escritor. Dije que este texto tenía una larga historia, ya que no fue Hernández Otero quien primero lo dio a conocer, sino Víctor M. Heres en 1942 en la revista Archivo de José Martí. Hernández Otero, sencillamente fue el único que se tomó en serio este cuento y durante un cuarto de siglo ha tratado de probar que pertenece al cubano.




El problema, como dije, era que no se sabía que este cuento apareció años después en el libro del escritor colombiano Santiago Pérez Triana junto con otros suyos, que tienen el mismo estilo y tratan el mismo tema. Y este hallazgo, advertí, era la prueba que necesitaban los críticos martianos que habían puesto en duda su paternidad para pedirle a los especialistas del CEM que sacaran este cuento de sus Obras completas.


Aclaré, no obstante, que esta no era la única razón por la que creía que este cuento no era de la pluma de Martí. En primer lugar, dije que tampoco estaba escrito en su estilo, que no lucía ninguno de los giros lingüísticos, ni el lenguaje poético que lo caracterizaba. Que era un cuento redactado en un estilo “purista”, como decía Juan Varela, que era propio del colombiano. El cuento, además, trata de una experiencia muy alejada a Martí. Ocurre en Alemania, lugar adonde fue a estudiar Pérez Triana, y nunca fue el cubano, y los críticos que han discutido este cuento, entre ellos el propio Varela, han dicho que este refleja su experiencia en aquel lugar y su admiración por aquella cultura. ¿Hay acaso argumentos más sólidos que estos para rechazar la paternidad martiana de este cuento?


Hernández Otero piensa que no son tan sólidos, y dice que este cuento se publicó primero con la firma de Martí y luego apareció en el libro de Pérez Triana. ¿Por qué? No lo sabemos. No obstante, quien esté familiarizado con los periódicos del siglo XIX sabrá que sus editores muchas veces no ponían mucho cuidado al publicar textos que habían aparecido en otras revistas. A veces no escribían ni siquiera el nombre del autor, no reproducían de forma íntegra las crónicas y a veces las atribuían a un escritor equivocado. Esto ocurría porque en esta época los periódicos tomaban las crónicas y los poemas donde “las hallaban!”, como le decía Martí a Mercado, y él mismo fue víctima muchas veces de estos saqueos.


En respuesta a mi artículo Hernández Otero y su amigo, “el Cubañejo andarín”, argumentan que Pérez Triana plagió a Martí. “Porque, al menos para mí, no hay duda de que se trata de esto” dice Hernández Otero. Yo no lo creo porque a pesar de que Santiago Pérez Triana hoy día es un escritor muy poco conocido, en su época tenía grandes admiradores y amigos, entre ellos Rubén Darío y el propio Martí, con quien fundó en Nueva York “La sociedad Literaria Hispano-Americana” en 1887. Justamente en la inauguración de esta sociedad Martí se expresó de una forma muy elogiosa sobre el colombiano diciendo:


Me siento como ungido, y este honor, en nadie hubiese podido recaer mejor que en quien recae por ser él persona distinguidísima. Este honor recae en quien debe porque al celebrar a D.S.P., [Don Santiago Pérez Triana] no sólo celebramos sus méritos propios, como proféticos y patriarcales.// Hay en la tierra de Colombia algo como aquello… (OC 7, 425)


¿Realmente cree Hernández Otero que este hombre plagió a Martí? Afirmar tal cosa es poner en duda esta amistad y las palabras de cubano. Por eso, antes de hacer estas y otras acusaciones injuriosas con el objetivo de manchar la reputación de algún escritor, creo que Hernández Otero debería tener mucho más cuidado, conocer mejor su vida, la amistad que los unió a los dos, y explorar otras hipótesis que no sean las del “plagio”.


Sospecho y sugiero, que este cuento se publicó en otra revista de Nueva York, donde ambos vivían en esta época. Tal vez en la misma revista La América, en la cual ambos trabajaron. Que se publicó con el nombre equivocado o sin nombre, y quienes recibieron la revista fuera de Estados Unidos reprodujeron el de Martí o simplemente asumieron que era suyo. Desgraciadamente, no tenemos todos los números de La América, ni de otras muchas que se salieron en esta época en Estados Unidos, y tendremos que esperar a que los especialistas en la obra de Pérez Triana nos digan dónde y cuándo publicó por primera vez estos cuentos.


Lamento, sin embargo, que el señor Ricardo Luis Hernández Otero haya tomado mi crítica a este error de atribución de una forma personal, porque yo no escribí este artículo para desacreditarlo a él, ni lo publiqué en este preciso momento para estropear su viaje por Estados Unidos. Mi propósito al escribir este ensayo fue rectificar la bibliografía de Martí y encaminar la investigación por otro rumbo. Las Obras completas de Martí tienen tantos errores, erratas, omisiones, y crónicas cortadas al gusto de los editores, que se necesitaría un contingente de especialistas para irlas depurando de tantos ripios. El cuento titulado “Irma” es solo un ejemplo.


Como dije en mi primer artículo quien quiera conocer mejor el tema y las razones que llevaron a este error que empiece leyendo el artículo del señor Hernández Otero y después lea el cuento de Pérez Triana. Yo, como he dicho, no tengo dudas de que es un texto apócrifo, pero si el señor Hernández Otero quiere seguir pensando que es de Martí y que Pérez Triana lo “plagió” esa es su opinión, a la que tiene todo su derecho, aunque esté por supuesto equivocado. Yo por mi parte, no tengo nada más que agregar a esta discusión y dejo a los editores de las Obras completas que son los que tienen el privilegio de decidir qué incluir y no incluir en sus Obras completas, que tomen una decisión al respecto.



miércoles, 4 de mayo de 2016

Comunicar para unir, no separar



maria-elena-balánPor María Elena Balán Saínz


En ocasiones la forma que tenemos de comunicarnos con los demás nos separa más de lo que nos une. La mala comunicación muchas veces hace que las parejas se divorcien, que exista un clima enrarecido en centros de trabajo y  de estudios o que ocurran conflictos entre familiares o amigos.


Debemos aprender a tomar conciencia de nuestras emociones y comprender a su vez, las de los demás, lo cual es un elemento muy importante si queremos comunicarnos de forma más respetuosa y comprensiva con quienes nos rodean.


Hay días en que muchas personas se levantan y ya desde temprano enfrentan alguna situación que las disgustan en el hogar y luego, salen rumbo a su lugar de labor o de estudios con una carga emocional negativa, que se vuelca en las relaciones interpersonales.


Resulta necesario saber controlar esos estados de ánimo, los cuales pueden conllevar a que la convivencia con los demás tenga matices de agresividad, muy contrarios a los buenos modales y las maneras educadas con que debemos conducirnos.


Es imprescindible evitar las discusiones cargadas de emociones negativas y para esto podemos llegar a acuerdos con los demás y establecer un puente a través de las emociones, promoviendo el acercamiento en lugar del distanciamiento.


Alguna vez, a lo largo del día se ha preguntado: ¿cómo me sentí cuando aquella compañera me habló de forma tan cortante?, ¿qué experimenté cuando me ridiculizaron delante de mis colegas de trabajo? Estas preguntas nos ayudan a conocernos y a comunicarnos mejor con nosotros mismos.


Además, es importante aprender a tener conciencia del estado de ánimo del otro, primero intuyéndolo a través de su lenguaje verbal y no verbal.


Por ejemplo, ¿en alguna ocasión, estando en su sitio de labor, algún compañero le ha puesto mala cara o se ha mostrado ausente, sin deseos de hablar? ¿Qué han pensado sobre él? ¿Se ha preguntado cómo se siente esa persona?, ¿estará triste o enfadada por algo?


Si pretendemos fomentar la comunicación con el otro, es necesario que comprendamos la situación por la cual atraviesa y comunicarnos desde sus emociones, permitiéndole que se tome su tiempo, adaptándonos a su estado en ese momento.


De seguro que así ayudaremos a que esos  gruñones en lugar de a separar, tiendan a unir, a lograr un ambiente de comprensión y buena convivencia. (ACN)




martes, 3 de mayo de 2016

Escamoteo y manipulación en “Historia de un error”

Réplica al artículo Historia de un error, aparecido en CUBAENCUENTRO


En su reciente y brevísimo artículo negador de la paternidad martiana del cuento “Irma”[1], reconocida por mí y por el Centro de Estudios Martianos desde el año 2000, el profesor Jorge Camacho, de la Universidad de Columbia en Carolina del Sur, ha realizado una labor que desdice mucho de su condición de académico, de su polémica bibliografía y de su dedicación —que no vamos a juzgar ni calificar aquí— al estudio de la obra y el pensamiento de José Martí.




Con una ligereza extrema impropia en un profesional de su fuste, no solo intenta desautorizar a un especialista que durante un cuarto de siglo trató de buscar pruebas suficientes para demostrar la paternidad martiana del cuento en cuestión y que mientras no las consiguió se abstuvo de publicar sus conclusiones, sino que también la emprende contra la institución cubana —el Centro de Estudios Martianos— que puso “por todo lo alto esta investigación” cuando, una vez obtenidos y dados a conocer los elementos probatorios de esa paternidad en su Anuario, incorporó el cuento a la edición crítica de las Obras completas de Martí a su cargo. Y hasta parece haberle molestado que Encuentro en la red publicara, en su momento (momento que, recuerdo, ocurrió hace ya más de quince años), “la noticia del supuesto hallazgo”. ¿Por qué semejante reacción a estas alturas? Me lo pregunto y se lo pregunto a Jorge Camacho. ¿Cuándo entró en contacto él con el libro de Santiago Pérez Triana en que éste, mientras no se demuestre lo contrario con pruebas fehacientes que Camacho no ha aportado, “plagió” a Martí al incluir a “Irma” como cuento suyo en susReminiscencias tudescas (1902), siete años después de que Martí hubiese caído en combate en Dos Ríos, o sea, cuando no podía defenderse de semejante tropelía del colombiano? ¿Conoce el académico Camacho las estrechas relaciones de colaboración entre Martí y Pérez Triana en la New York de la década de 1880 que tal vez ayudarían a aclarar más el asunto?[2] Son algunas de las preguntas que me hago y le paso a Camacho para que las responda si lo estima pertinente, en esta u otra publicación.


Mi intención en estos apuntes que desearía realmente breves (no como las siete amplias páginas en que resumí mis criterios demostrativos de la paternidad martiana de “Irma” en el Anuario del Centro de Estudios Martianos, y que Camacho califica de “breve nota”), es no solo exigirle a Camacho, con pleno derecho porque mi trayectoria profesional como académico cubano ha sido puesta por él, públicamente, en entredicho, una aclaración y/o rectificación de sus escamoteadoras y manipuladoras interpretaciones de las pruebas aportadas por mí y asumidas por el Centro de Estudios Martianos en torno a la autoría martiana del cuento “Irma”.


Comencemos por aclarar que las llamadas por Camacho en su nota “razones” ofrecidas por mí no eran tales, sino aspectos de la “conclusión principal” de los apuntes en que se presentaba el cuento y que él mutila a su antojo para “arrimar la brasa a su caldero”. Veamos. Al referirse al primero de esos aspectos limita lo expresado a la idea de que Martí residía desde hacía varios años en New York, y omite que allí “desarrollaba una intensa actividad literaria, periodística y político-revolucionaria”; en cuanto al segundo, silenciaigualmente la parte final, donde se afirmaba, sobre las relaciones entre Martí y el director de La Lotería, que el primero “finalmente parece haber[lo] exonerado de culpas [en 1887] en torno a su actuación en los sucesos del 27 de noviembre”; en el tercero suprime otra vez el final, donde se manifestaba, respecto de otro texto martiano aparecido en La Lotería (1888), que este salió “mutilado en la parte en que criticaba males sociales” [es decir, Triay sabía bien quién era Martí y qué podía o no publicar en su revista, en medio de la censura que sufría la prensa entonces]; y por último, tras repetir lo ya expresado en la presentación en cuanto a su no inclusión en las Obras completas, se lleva de un plumazo lo que seguía: “sino que se ha[bía] obviado en cuantos estudios sobre su producción narrativa se han hecho hasta el presente [entiéndase, 2000], sin que se hayan aportado elementos para esta desatención”.


Hasta esta parte de la nota de presentación en el Anuario del Centro de Estudios Martianos llegó Camacho en su intencionada desinformación a los lectores de CUBAENCUENTRO. Pero, y he aquí una evidente y burda manipulación suya, no incluye, porque echaría [y echa] por tierra su desvirtuadora hipótesis de que el cuento es de la autoría de Santiago Pérez Triana, lo manifestado en aquella presentación en el sentido de que “en la primera página del ejemplar [del diario bonaerense La Nación donde Martí colaboraba asiduamente desde hacía varios años] del 20 de diciembre de 1884, aparecía ‘Irma’, con la indicación al pie ‘Nueva York, noviembre de 1884’ y firmado con las iniciales ‘J. M.’.” El hallazgo no lo realicé yo, sino el investigador del Centro de Estudios Martianos Ibrahim Hidalgo de Paz. Pero esta resultó ser, precisamente, la prueba que por veinticinco años estuve tratando de hallar. Entonces no hubo duda para nadie de que el cuento pertenecía a nuestro José Martí y que debía ser yo quien lo presentara a los lectores del Anuario del Centro de Estudios Martianos. En aras de no hacer más extensas estas notas omito aquí interrogantes que entonces dejé planteadas para indagaciones futuras.


Ante dos publicaciones de sitios tan distantes como Buenos Aires (1884) y La Habana (1885) en que apareció el cuento con las iniciales y el nombre completo de José Martí, respectivamente, y en ambas con la indicación “Nueva York”, ¿qué elementos puede aportar Camacho para negar esa paternidad y atribuírsela al hoy prácticamente desconocido colombiano Santiago Pérez Triana? ¿Que “Lo único que falta en la versión que se le atribuye a Martí es el primer párrafo del cuento, la cita en alemán que lo encabeza y algunas[destacado por mí. R.L.H.O.] frases que están modificadas”, según manifiesta él? ¿Por qué no se le ha ocurrido al académico de la Universidad de Columbia (Carolina del Sur) plantear lo contrario, o sea, que tal vez Pérez Triana conoció el cuento de Martí en alguna de las dos versiones hasta el momento localizadas (aunque no dudamos que pueda haber sido en alguna otra), consideró que se avenía con los propósitos de sus “Reminiscencias tudescas” (y además le aportaba otro tono al volumen porque su protagonista era la única mujer frente a los hombres de las seis restantes. No por gusto le cedió el primer lugar en la colección), lo tomó y le hizo, entre otras muchas (no “algunas frases”, como afirma Camacho) modificaciones, aquella que ubicó la acción en un lugar bien conocido por él (Leipzig, donde había estudiado) y no en la imprecisa “ciudad del norte de Alemania” del original martiano?[3]


O sea, hablando del modo más claro posible, Pérez Triana “adornó” el cuento de Martí para que su plagio —porque, al menos para mí, no hay duda de que se trata de esto—quedara oculto. Recuérdese que el libro de Pérez Triana fue editado en 1902, o sea, siete años después de la muerte de Martí. Mientras el académico Jorge Camacho u otro investigador no encuentre ese cuento “Irma” firmado por Santiago Pérez Triana en una publicación de fecha anterior a las de las versiones firmadas por José Martí en La Nación y en La Lotería, el cuento debe ser considerado de José Martí.


No parece serio, menos en un académico con varios libros publicados, tergiversar las ideas de un colega de profesión, ocultar elementos probatorios de sus aseveraciones, escamotear, a los ejecutivos y lectores de la publicación en que expone sus criterios, algunas informaciones de las fuentes negadas que, ciertamente, contradicen de modo claro sus planteos. Tergiversa mis ideas Camacho también cuando expone, por ejemplo, que yo me había preguntado en mi dilatada investigación en torno al cuento si Martí habría ido a estudiar a Alemania, cuando en realidad expresé en mi presentación que había realizado “averiguaciones sobre una posible visita de Martí a Alemania”.


Como quiera que Camacho utiliza a su favor valoraciones de Juan Valera en su prólogo a Reminiscencias tudescas, que no voy a comentar en ningún sentido por no parecerme pertinente y acorde a mis objetivos en estos apuntes, y aunque al inicio prometí brevedad, no puedo obviar citar in extenso la parte de mi presentación en que reflejaba los modestos primeros resultados de mi indagación (que Camacho ni siquiera menciona) para “tratar de ubicar a ‘Irma’ en el contexto de la narrativa hispanoamericana y contrastar sus rasgos definidores con textos narrativos tempranos de otros escritores modernistas”. Decía allí:


[…] Martí, al igual que otros modernistas como Darío —cuyo primer cuento se tituló precisamente “A las orillas del Rhin”[4] (1885 también, varios meses después de haber aparecido en La Lotería el que nos ocupa, que sería el segundo cuento de Martí publicado: el primero fue “Hora de lluvia”, aparecido anónimamente en Revista Universal de México el 17 de octubre de 1875, pero indudablemente suyo por las razones aducidas por el Centro de Estudios Martianos al darlo a conocer en su Anuario, en 1981)—, ubica esta narración en Alemania; pero su cuento, a diferencia del de Darío —que es una especie de leyenda medieval sobre amores frustrados (consumados después de la muerte casi simultánea de los enamorados: familias en discordia), castillos, secuestro, en un lenguaje nada coloquial— ofrece una historia del presente del narrador-personaje, también con amores no consumados (¿rechazo en este caso a la mezcla de dos civilizaciones tan diferentes ya para él?), pero por razones distintas, y en la que ambos personajes andan en busca de un ideal artístico que creen se encuentra en Alemania. En el cuento de Martí, además, Alemania, sus paisajes y personalidades artísticas son sólo el marco, el ambiente, pero la anécdota podría situarse en cualquier otro lugar del orbe.


Al referirse a “Hora de lluvia”, Luis Toledo Sande ha señalado algo que podemos ampliar para la posible caracterización de “Irma” como cuento modernista:


“Todo el texto alcanza una autonomía y una legitimidad literarias que lo sitúan entre las obras iniciadoras del cuento moderno en Hispanoamérica, las cuales [...] no acudían ya a pretexto alguno para justificar su derecho a existir. Desde entonces, además, la individualidad del autor se sentiría con poder para figurar en un plano a todas luces preponderante, y para hacer uso de esa prerrogativa sin disimulo alguno. (V. José Martí, con el remo de proa, La Habana, Centro de Estudios Martianos y Editorial de Ciencias Sociales, 1990, p. 228)”.


A diferencia también de Darío, que en este cuento inicial al menos (aunque también en otros), utiliza a menudo un lenguaje arcaizante y denota una voluntad de imitar el laísmo y el leísmo españoles (V. R. Lida: Letras hispánicas, 1958, p. 242), así como un procedimiento de enmarcación y articulación (más frecuente en su producción narrativa total), en el de Martí el lenguaje es claro, con presencia de algunos giros y expresiones al parecer muy suyas (aunque sin llegar a la sintaxis característica de su prosa periodística, de gran complejidad y novedad), sin muestras del laísmo y el leísmo hispanos, descripciones precisas del entorno físico donde se desarrolla la acción y de aquel de donde provienen los protagonistas, con elementos de crítica, en especial para el de Irma, o sea, América del Norte: “lugar de su nacimiento, cruzado de ferrocarriles y cubierto de edificios monótonos en su modernismo.”[5]


En ninguna de las dos narraciones que contrastamos se perciben diáfanamente las voces de sus autores, pero ambas ofrecen destellos en frases y en temas y enfoques que habrán de aparecer (o ya aparecían en el caso de Martí: “veníamos de las lejanas comarcas americanas, en donde la humanidad es nueva y la tradición escasa”, “teníamos en nuestros ojos el reflejo postrero de los soles hundidos, y la fe en el día venidero; todos los tintes del crepúsculo, todas las luces de la aurora”, por ejemplo) más adelante en sus restantes textos en prosa o en verso.


Para concluir quisiera expresar que lamento verme envuelto en esta polémica y no poder acudir ahora a los materiales originales de la investigación, conservados en mis archivos personales en La Habana, por hallarme desde hace varias semanas en Estados Unidos, visitando algunas universidades para realizar presentaciones sobre otros novedosos hallazgos en torno a José Martí, obtenidos tras intensas búsquedas diarias en publicaciones periódicas cubanas de la década de 1880 existentes en bibliotecas de La Habana, trabajo desarrollado sin el apoyo logístico y tecnológico de que se dispone acá. Lamento asimismo tener que refutar públicamente las inaceptables e infundadas afirmaciones y suposiciones de Jorge Camacho sobre laindiscutible paternidad martiana del cuento “Irma” y denunciar sus escamoteos y manipulaciones, su atrevido “ordeno y mando” a los actuales editores de las Obras completas de Martí [léase Centro de Estudios Martianos] para que “retiren [a ‘Irma’] de sus páginas y nunca más vuelvan a mencionar su nombre”, así como sus expresiones francamente ofensivas hacia personas e instituciones que, como él, se esfuerzan día a día por alcanzar un más pleno conocimiento del quehacer y del decir de nuestro Apóstol. Disentir, colega Camacho, es ciertamente sano y productivo, tonifica el espíritu, ayuda a expandir el saber; pero solo cuando la discrepancia parte de criterios bien fundamentados y se despliega con rigor y honestidad intelectuales.









Historia de un error

“Irma”, un cuento mal atribuido a José Martí




Recientemente en la nueva edición de las Obras completas de José Martí, que está editando el Centro de Estudios Martianos de La Habana, se publicó el cuento titulado “Irma” que los especialistas del Centro atribuyen a la pluma del cubano. Este cuento lo dio a conocer Víctor M. Heres en 1942, en la revista Archivo de José Martí, y desde entonces los especialistas han tenido dudas e incluso han negado su paternidad. Porque como se sabe, Martí no era un “cuentista,” ni se movía con facilidad en este género a pesar de que es cierto que escribió y tradujo algunas piezas de este tipo. No obstante, en el año 2000, el crítico Ricardo Luis Hernández Otero retomó unas investigaciones que ya había comenzado en los años 70, y publicó este cuento en el Anuario del Centro de Estudios Martianos, junto con una breve nota donde explicaba por qué él creía que había que considerar este cuento como de la pluma del cubano.

Las razones que dio entonces eran que no debíamos “continuar ignorando” 1) que “existe un cuento con la firma de José Martí y la indicación al pie Nueva York, donde nuestro José Martí residía desde hacía varios años”, 2) que “dicho cuento fue publicado en 1885 en una revista habanera dirigida por un español a quien nuestro Apóstol había fustigado desde México, había conocido después en La Habana”, 3) que “en la misma revista aparecería en 1888 otro texto suyo, este sí con la indicación precisa de la publicación de donde había sido tomado (de la cual era redactor principal, a veces único, José Martí)”, 4) que “el cuento que se analiza fue dado a conocer como suyo en la revista especializada Archivo José Martí en 1942; y sin embargo, no sólo no se le ha incluido en sus Obras completas…” (11).

Todas estas razones, que se entenderían mejor si se lee todo el artículo de marras, llevaron a los especialistas del Centro de Estudios Martianos a incluir en su última edición de las Obras completas, “el cuento titulado «Irma», de reciente adjudicación a Martí como autor” (OC 17, 6), con una breve historia al final poniendo por todo lo alto esta investigación. Hasta Encuentro en la red se hizo eco de esta historia y publicó la noticia del supuesto hallazgo.

¿Cuál es el problema entonces? El problema es que este cuento NO es de Martí. El cuento fue escrito y aparece con este mismo nombre, en el libro del escritor colombiano Santiago Pérez Triana (1858-1916)Reminiscencias tudescas (1902). Lo único que falta en la versión que se le atribuye a Martí es el primer párrafo del cuento, la cita en alemán que lo encabeza y algunas frases que están modificadas. El resto es exactamente igual. Esto nos dice que no es un cuento de Martí y que seguramente fue una versión anterior que Pérez Triana publicó en algún periódico y luego fue mal atribuida al cubano.

Juan Valera (1824-1905), el famoso crítico español, fue quien escribió el prólogo de la obra y ya entonces aclaraba que el libro presentaba animadas pinturas de “la vida y costumbres universitarias en Alemania”, adonde fue a estudiar Pérez Triana —y no fue a estudiar, por supuesto, Martí, como alguna vez se preguntó Hernández Otero. Su libro —no sólo este cuento— es una especie de tributo a los alumnos y profesores que conoció en aquel país. Varela explica, además, lo que quienes leían el cuento como si fuera del cubano, no podían entender. El “purismo” de la lengua de este escritor, —purismo entendido como dice Varela, en una forma “amplia y liberal”, pero al fin y al cabo, purismo, que no se aviene con la “selva” martiana, ni con el estilo metafórico de sus crónicas por esta época.

Todo el libro de Santiago Pérez gira, por tanto, alrededor de su experiencia de estudiante y los títulos de los cuentos nos dan una idea de lo que dicen. “Irma” es el primero y comienza con una cita de Schiller. “Otto” es el segundo, y comienza con otra cita de J. V. von Scheffel. “Karl” es el tercero, y está acompañado de una cita de Goethe. El cuarto, “Hans” comienza con una cita de Uhland. El quinto, “Herrmann” con otra de una canción popular Volkslied, y el sexto y el séptimo, con una de Schiller, y otra de Hoffmann von Fallersleben. Todas están en el idioma original, en alemán, que Martí tampoco hablaba, ni nunca escribió.

¿Por qué se publicó entonces este cuento con la firma de Martí en la revista La Lotería de La Habana? No lo sé, pero algo nos debe decir que Martí haya fustigado a su editor, un integrista, desde México. No tengo entonces que repetir que el cuento “Irma” está mal atribuido al cubano, y si algunos críticos lo pensaban pero no tenían la prueba, aquí está. Espero que ahora que sabemos quién es el verdadero autor, los editores de las Obras completas de Martí lo retiren de sus páginas y nunca más vuelvan a mencionar su nombre.

Obras citadas:

lunes, 2 de mayo de 2016

Finalmente, ¿qué es Cuba Posible?

Por Diosnara Ortega, Cuba Posible

Seré breve sobre un tema que nos ha llevado (y lleva) años de discusión a los cubanos y es, sin dudas, parte de nuestra cultura política. Declaro públicamente que yo he sido de esas cubanas  que ha tenido “sospechas” sobre Cuba Posible, esa cosa rara que une gente que no conozco -que no voy a calificar porque sería siempre reduccionista- con gente a la que me une una manera de entender la política y de pensar Cuba. La sospecha se instala en estos casos a partir de la incapacidad histórica con que nos hemos socializado para “entender” y vivir con “la diferencia”. Hemos producido un vínculo directo entre diferente y enemigo, reduciendo el primero al segundo.





En estas décadas -no solo las de la Revolución en el poder, sino en las de luchas políticas- el imaginario de una política transada en bandos, que lleva siempre a la exclusión, nos ha pasado la cuenta. Hacer política en contexto de guerra nos marcó, incluso cuando el escenario de la guerra forma parte del pasado –yo sé bien que es tan fuerte su inmanencia que muchos creerán que estoy equivocada o “confundida”.

El punto es que los cubanos y cubanas, donde quiera que estemos, miramos, leemos, escuchamos, pensamos, nos proyectamos y hasta soñamos, siempre bajo sospecha. Llevamos ese chip que intenta escanear y ubicar al otro dentro de un cuadrante ideológico preestablecido: “este es de la CIA”, “este se derechizó”, “este trabaja pa`los americanos”; o “este es del Partido”, “este es castrista”, “este es comunista”. Y ahí nos tenemos que mover, entre esos polos tan ridículos y obsoletos, que nos llevan al colapso cuando, de tanto en tanto, descubrimos que uno de esos líderes de derecha (esos supuestos disidentes) terminan siendo agentes de la seguridad del Estado encubiertos o viceversa. Algo así me dijo una vez un cuadro de la Revolución: “un día vamos a descubrir que Yoani Sánchez era agente del Estado cubano”.

Me partí de la risa y, a la vez, no han dejado de preocuparme dos problemas de los cuales esa frase es un síntoma: 1) el poco control político que tenemos sobre nuestra política, sus modos de gestión y con ello los elevados niveles de desconfianza, que llevan siempre a la incertidumbre; y 2) seguir reduciendo la diversidad de pensamiento individual y colectivo a las coordenadas políticas de ciertos actores políticos, como si fueran esos, además, los únicos legítimos. El problema no es siquiera de derechas, centros o izquierdas: el problema es que la cosificación de la política ha llegado al punto de adscribir toda postura política a un proyecto político X o Z , donde X y Z son incompatibles entre sí, de lo contrario no existen, no son.

Pues sí, yo soy de esas cubanas de “la sospecha” y a cada rato me descubro reproduciendo el escáner político con que hemos sido socializados a guerra/sangre fría. En mis luchas internas también he recurrido a la labor de espía: buscar ese dato último que me diga “qué es eso de Cuba Posible”, que en realidad es querer saber “pa´ quiénes trabajan”. Después de concientizar y pensar por qué ese enfermizo mal que nos lleva a tratar de “descubrir” al otro que piensa o se proyecta diferente, tal vez con cierta radicalidad o no con la que nosotros esperamos, o con el sentido que queremos; que tiene un modo de hacer política distinto, llegué a varias conclusiones:

1. Todos, absolutamente todos: yo, usted, Iroel Sánchez, Fernando Martínez Heredia, Rosa Miriam Elizalde, Lenier González, Roberto Veiga, Ailynn Torres, Julio César Guanche, todos, trabajamos para “alguien” o al menos para “algo”. Sabemos que “ese trabajo” puede ser, y tiende a ser, capitalizado por “alguienes”, desde cualquier lado. El problema está cuando las ideas se condicionan al resguardo de los medios de subsistencia, cuando se sostiene un discurso en el cual no se cree, pero que se mantiene solo porque es el que trae el pan o la seguridad a la mesa. O cuando se dice “representar” falsamente otras maneras de pensar y decir. En ese camino están, tanto disidentes como dirigentes, cuadros, blogueros, periodistas oficiales; asalariados todos de la política, por cierto.

2. Cuba Posible, al menos algo ha demostrado: 1) capacidad de organizar un proyecto plural donde, desde su misma dirección, uno puede vislumbrar posturas políticas distintas; 2) ha constituido una plataforma de observatorio sobre la realidad cubana y, a la vez, una instancia de diálogo con inmensa repercusión.  No sé si tanto dentro de Cuba, pero sí fuera (que no es un logro menor), no ya para el proyecto en sí, sino para la buena salud de la política en Cuba y los debates sobre sus caminos posibles.

3. Los accesos y articulaciones de Cuba Posible, tal vez con ritmos más acelerados de lo que estamos acostumbrados a vivir en cuanto a cambios y gestión de grupos dentro de Cuba, no debe ser motivo de sospechas y menos de envidias mezquinas. El éxito de los proyectos políticos, intelectuales, etc. -y lo sabemos los cubanos que hemos intentado generar sinergias dentro de Cuba- no depende, en esencia, de si se cuenta con dinero o no. Los cubanos sabemos hacer política, y un montón de otras cosas, sin un peso. El problema, tal vez mayor, es la poca cultura política en cuanto a lidiar y, más aún, avanzar con la diferencia, la que puede variar en una línea amplísima de matices.  Hacer política sumando, no restando. Comprender que la fortaleza está en constituirse desde la diversidad, y que aprender a respetar y lograr horizontes comunes con esa diversidad no nos hace más que fuertes, individual y colectivamente. Más aún, que es imposible democracia sin diferencia y disidencia. No soy una pluralista, al estilo semi-ingenuo; sé, como sabía Paulo Freire, que con el diferente se puede y se debe dialogar, y que con el antagónico no. Sin embargo, entre el diferente y el antagónico hay un recorrido tan largo, un camino que nosotros hemos macheteado y amasado en una sola cosa: el enemigo.

4. No me preocupa en qué plazas habla Cuba Posible: si en el Departamento de Estado o en la Asamblea Nacional del Poder Popular. Por cierto, semanas atrás una delegación de rectores de universidades cubanas tuvieron una reunión con instancias gubernamentales de Estados Unidos en México, a propósito de la educación superior. ¿Será que esos rectores están trabajando para la CIA? Lo que sí me preocupa, y mucho, es que Cuba Posible pueda hablar “allá” y no en la Asamblea Nacional. Lo que me preocupa siempre es que sea solo la voz de Cuba Posible o la de Iroel Sánchez las que se escuchen y las que puedan hablar. Si tuviera que elegir prefiero la de Cuba Posible, porque da espacio a otras voces, muchas y varias.

Esto creo y, con ello, intento desprenderme de ese lastre reduccionista que forma parte de nuestra cultura política y que bloquea toda posibilidad de ejercicio real de la democracia. Mientras, sigo de cerca a Cuba Posible, no ya como espía ni jueza, sino abierta a la plataforma que nos ofrece. Hay cosas que comparto –las más-, y hay otras que no, como en todo. Eso no los hace un enemigo, los hace un proyecto a respetar y con el cual dialogar, con altura.



sábado, 30 de abril de 2016

Es que el centro político no existe, o del sitio donde tan bien se está.


 Por Carlos Luque Zayas Bazán 



Hemos de señalar que entre
la izquierda y la derecha, (…)
solamente existe una línea divisoria
en la que no es posible ubicarse
ni física ni ideológicamente”



Antonio José Gil Padilla.

El presente texto intenta exponer las primeras reflexiones provocadas por la lectura del trabajo “Sobre un “centrismo” inútil, y temas de mayor importancia. O por más debates, y menos desvíos”, que bajo la firma de Julio César Guanche (JCG) puede consultarse en Cuba Posible (CP).


Espero  que ninguna de mis palabras puedan interpretarse desde una intencionalidad personal, algo que está muy lejos de mi ánimo y sobre todo con respecto a su autor. He leído y leo la obra de este investigador, por lo menos hasta el presente, con mucho provecho y respeto, y  es mi opinión que sus ensayos y libros han contribuido muy valiosamente al conocimiento de múltiples aspectos de la historia cubana y sus personalidades políticas y culturales.


Sólo hago uso aquí de lo que, ejerciendo su vocación y particular concepción de lo republicano y democrático, casi al final de su trabajo JCG reconoce y propone: cada cubano tiene el derecho, y se agregaría, hasta el deber, de no aceptar las ideas que no le parezcan correctas o válidas, o a manifestar las dudas sobre aquellas proposiciones o proyectos que no le parezcan concebidos y situados en una ruta promisoria hacia el puerto deseado del bien de todos.


JCG polemiza con un artículo del autor del blog La Pupila insomne, espacio donde los textos de Iroel Sánchez (IS) y otros autores, también hacen una importante contribución al país, y con un enfoque que se atiene rigurosamente a la investigación periodística de los datos que sostienen sus juicios, y, además, en una plataforma que no está signada por la búsqueda complaciente de falsos consensos y diálogos entre diversidades antagónicas, y por ello, provoca no pocas veces airadas o agudas reacciones de comentarios muy disonantes entre sí, cosa que no ocurre a menudo en otras plataformas.


JCG considera que los trabajos analíticos que han sido publicados en La Pupila insomne tendrían la virtualidad de cerrar y obstaculizar  espacios de intercambio y debate de ideas en Cuba.


No me parece que las ideas o convicciones  expuestas por IS hayan pretendido erigirse en una voz tribunicia unilateral, o la única acertada y legítima. En el blog publican muchas otras voces, nacionales e internacionales, y en él no se censuran comentarios diametralmente opuestos, en ocasiones subidos de tono, o carentes de alguna otra altura que no vengan de argumentos ad hominem dirigidos contra IS, o un eventual otro autor.  No es posible pues, que los trabajos que aparecen en este blog pretendan ni estén en la capacidad de “obstaculizar, o directamente impedir, la existencia de espacios diferenciados, y legítimos, de deliberación pública sobre Cuba”, como se lee en el trabajo de JCG. Sería otorgarle o sospecharle un poder casi omnipotente, ubicuo y fantasmal, que no sea el que emane simplemente del ejercicio del criterio y del eco y apoyo que encuentre en sus lectores.


El proyecto impulsado por Cuba Posible tampoco puede obstaculizar, ni impedir directa ni indirectamente, que el espacio que en Cuba se opone a su objetivo transicional y su declarada acción en favor de la pluralidad política “distinta”, se manifieste contra esa concepción.


En cambio, como asiduo lector de diversas y contrastadas fuentes, me pregunto si el objetivo programático de Cuba Posible de cohesionar miradas diversas y dar voz plural, no le anima a publicar en sus medios algunos de los trabajos de IS, o los de tantos otros autores que visiblemente no están en la cuerda de ese “laboratorio de ideas”. Y me pregunto si esa no es una consideración de mayor gravedad y envergadura, dado que el programa de Cuba Posible se presenta como una plataforma de la diversidad y de la búsqueda de un entendimiento casi seráfico entre los intereses y las miradas contrapuestas.


Si autores como IS y otros han “merecido” el sambenito, la descalificación y la acusación de oficialistas, se debe, creo yo, y a partir de lo que sé por sus artículos, a que sus convicciones e ideas se contraponen frontalmente, analiza y desmonta ciertas propuestas y proyectos que son contrarios a lo que se considera oficial en Cuba, es decir, contrarias a las ideas y el proyecto de la Revolución Cubana y  a la dirección de su Partido Comunista. Hay que admitir en estricta justicia entonces, mutatis mutandis, que sus contradictores serían entonces los oficialistas de las concepciones u organizaciones que defienden. Sólo que hay una diferencia no menor y decisiva: algunos de los contradictores de los trabajos aparecidos en La Pupila insomne tienen relaciones, intercambio y apoyo logístico, relaciones estrechas o no, y sabría decir o probar de qué naturaleza, con instituciones, personas u organismos ajenos al país, y que tienen un plan confeso de provocar un cambio de gobierno y de sistema en Cuba. Y por allí, con respecto a las relaciones internacionales de Cuba Posible se originaron mis primeras dudas con respecto a la respuesta de JCG.


El artículo de JCG se concentra inicialmente en refutar el tema del “corrimiento al centro” que estaría operandose en Cuba Posible y que Iroel analiza y advierte citando otras muchas opiniones al respecto de la misma concepción, y, en cambio, JCG ve como asunto inútil, tratado sin rigor académico, a la vez que sostiene que  en la entrevista donde ese término se utiliza, (y se aclara que sólo una vez y entrecomillado, como si eso le restara importancia), sólo está enfocado a “lo que el entrevistado considera como una deseable despolarización de las posiciones que participan del debate nacional, esto es, de las visiones que capturan ese debate entre extremos dicotómicos entre sí.”


Se debe tener en cuenta, en primer lugar que la principal polarización de los debates cubanos y fuera de Cuba es de carácter político y entre los que avizoran y promueven o se unen a la idea de un “tránsito” reformador promovido desde el exterior, y los que apoyan una continuación, una actualización y un perfeccionamiento de la democracia cubana bajo la dirección del Partido Comunista y hacia la meta de una nación socialista como un resultado de la autodeterminación del país. Y ese debate lleva a la adopción de posiciones políticas. De manera que no se entiende el argumento o no está lo suficientemente bien expuesto, si es que se puede separar una cosa de la otra y si es posible, lo cual es un ejercicio mucho más arduo, justificar que en la interna discusión cubana tengan participación órganos externos vinculados de una u otra forma al sistema enemigo del proyecto cubano.


Así pues, como vemos, JCG argumenta que el uso de la expresión “corrimiento “al centro”” sólo se refiere a la “despolarización de las posiciones que participan en el debate nacional”. Y como advierte que nunca se usaron los conceptos de izquierda o derecha, el “centro” en ese contexto no podría ser interpretado justamente en clave de una alusión política.


Si se relee toda la entrevista de buena fe, es justo observar no sólo que la oración donde se utiliza el término aparentemente anodino, inofensivo e inútil  de “centro” está separada por un punto y seguido de la primera afirmación, la que se refiere a la “despolarización de posiciones”, sino que inmediatamente el entrevistado emplea explícitamente el término “políticos” para ilustrar en qué ha consistido ese corrimiento, a saber: “en un conjunto importante de actores sociales y políticos, dentro y fuera de la Isla.” Entonces, ¿se refiere a un corrimiento de las posiciones políticas, y además sociales, hacia el centro, o no? ¿Y qué sentido, por muy riguroso que sea, tiene en ese contexto el “centro” que no sea político y de la práctica política o la elección de soluciones políticas? Parecería tratarse sólo de una cuestión interpretativa de un párrafo que tampoco es muy explícito, ni claro, que no acude ni por asomo como exige JCG al rigor de las ciencias sociales, si no fuera porque varias miradas citadas por IS, coinciden en que la posición política de las propuestas y las soluciones que propone Cuba Posible en ese debate, se están situando precisamente en ese interregno de la nada política que es el centro, pues quienes allí se posicionan tarde o temprano suelen derivar a la derecha del dios padre. (Interesa aquí el propósito del think tank, o “laboratorio de ideas”, pues no son relevantes ahora las personas, que pueden ir variando en el tiempo, sino al espíritu y el nervio central de un proyecto.)


Comprendo el rigor de académico e investigador con que advierte JCG que “sería útil si ese debate se remite en algún grado a sus usos en las ciencias sociales, y a su historia política e intelectual en Cuba”. Desconozco si la opinión de Cuba Posible es la opinión de JCG en cuanto a la inutilidad de abordar derechamente esa cuestión, pero otros muchos no vemos la inutilidad y la insignificancia de una definición tan vital como es el esclarecimiento de las opciones y los posicionamientos políticos en un mundo donde, ya harto se sabe, no existen terceras posiciones políticas válidas y sobre todo en Cuba, donde existe una polarización objetiva de dos destinos bien diferentes.


En su declaración programática Cuba Posible afirma que su visión es “distinta”, pero sin explicitar  con ese rigor que exige JCG en qué y con respecto a qué consiste esa distinción. Sin una clara exposición del referente distintivo. Simplemente lo declara en un texto con carácter de manifiesto presentador, y donde tenía su lugar más natural una más rigurosa distinción entonces falta, e innegablemente se queda en el limbo de la indefinición. No es por tanto un tema tan bizantino, si no es que se quiere simplemente ver así por el humor ocasional de un instante interpretativo.


La “segunda cuestión” abordada por Guanche se refiere a la invitación que Cuba Posible recibiera por parte de WOLA (Oficina de Washington para América Latina), para visitar Washington, “ONG que armó la agenda y sufragó el viaje”. Allí nos informamos que esta “institución fue fundada en los 1970 para oponerse a la política de Estados Unidos hacia Centroamérica y hacia el Chile de Pinochet” y que además, “hacia Cuba, en concreto, WOLA lleva desde su fundación trabajando por la normalización y contra el bloqueo”.


Traer a colación la oposición de WOLA a la política de Estados Unidos hacia Centroamérica en los 1970 y hacia el Chile de Pinochet, (además, de, como se dice en cubano, ser esa una historia mucho más larga) y luego subrayar la contribución de esa institución a la normalización de las relaciones Cuba-EEUU, aunque no se dice expresamente, (es mi interpretación del subtexto), tal parece un argumento y una información que nos aporta JCG para refutar la pertinencia de las advertencias de IS sobre las “conexiones” de Cuba Posible (como Laboratorio de Ideas, y no de alguna persona en particular, repito) con gobiernos, instituciones y personas extranjeras. Desconocedor de esa institución me dirigí a buscar datos y nada mejor que su propio sitio Web: http://www.wola.org/es/programa/cuba para tener una idea de qué va el asunto.


Para ilustración de los posibles lectores que no se tomen el trabajo de seguir el enlace, cito la portada del sub enlace  dedicado a Cuba:


“La política de Estados Unidos hacia Cuba es una reliquia desactualizada de la Guerra Fría que ha fracasado en promover los derechos humanos y la democracia, y por el contrario, ha aislado a los Estados Unidos de la región. WOLA aboga por un cambio a través del compromiso y el involucramiento con Cuba – incluyendo viajes, intercambios ciudadanos, comercio y cooperación diplomática en temas de interés mutuo.” (los subrayados son míos).


Confieso casi cándidamente que me parece estar oyendo uno de los párrafos de la actuación teatral obamiana en Cuba. De manera que WOLA no tiene, en esencia, otro objetivo que el guion de Obama, si sólo nos atenemos a ese introito. Pero repárese bien en la oración: según esta declaración de principios, la antigua política de los Estados Unidos habría fracasado “en promover los derechos humanos y la democracia” en Cuba.


¿Alguien, – me resisto a creer que no académicos y estudiosos honestos (me refiero a la honestidad intelectual de los resultados de un investigador objetivo, no a la honestidad puramente personal, que no ataco ni descalifico aquí) – , puede a estas alturas creer que alguna vez EEUU quiso promover los derechos humanos y la democracia en Cuba que no fuera su concepción espuria de los derechos humanos y su falsa e inexistente democracia?¿Puede WOLA estar promoviendo y apoyando una democracia en Cuba que sea una auténtica democracia? Por consiguiente, el argumento de JCG no se sostiene, y ello  me suscita una pregunta honesta, directa y con el claro sentido explícito de todas sus letras, sin ironías ni ánimos descalificadores: ¿qué espera Cuba Posible de una relación con esos principios, cuando esa institución organiza la agenda y sufraga los viajes, es decir, cuando depende de su logística y programa, y es imposible de esa manera mantener una independencia real aunque honestamente algunos de sus miembros así lo pretendieran como una estrategia?¿Pudo Cuba Posible, por ejemplo, reunirse con otras organizaciones que en Estados Unidos denuncian los atropellos a los derechos humanos de negros y otras minorías?¿No hay alguna razón, en principio, para poner en tela de juicio y examen las finalidades de un intercambio que se califica de fructífero cuando es notorio, confeso y declarado que  la normalización que dice apoyar WOLA se basa en un argumento espurio, como es que alguna vez los gobiernos de esa nación se preocuparon por los derechos humanos y la democracia en Cuba, y que si hay que cambiar esa política esos serían los verdaderos objetivos fracasados?. Yo creo que hay muy pocos cubanos que no comprenden bien de qué se trata el juego. Yo creo entonces que se tiene el deber y el derecho de interpelar y cuestionar a Cuba Posible y si se quiere desechar el término de “conexiones”, se podría acudir a uno más amable, pero sinónimo al fin, de relaciones, que no cambia la esencia de la cuestión. Todos estos datos y argumentos, y muchos otros más que harían interminable este texto, son los que aportan los trabajos que aparecen no sólo en La Pupila insomne, y que, al contrario de cerrar espacios de debate, sostiene precisamente un debate informativo urgente y necesario al país y contribuye a que la mirada “distinta” de Cuba Posible se defina, se conozca y se discuta críticamente.


También este lector repara en que según se lee en la comunicación aparecida en Cuba Posible sobre  ese “intenso programa de trabajo en Washington DC”, los asistentes se reunieron o sostuvieron contactos con otros múltiples actores de muy variopinta condición, a saber: “La visita incluyó reuniones con directivos de Brookings Institution; una reunión con el equipo de la Oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado; un encuentro con asesores para América Latina del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de la Unión; una reunión con miembros del Grupo de Trabajo sobre Cuba de la Cámara de Representantes; una comparecencia pública en la sede del Diálogo Interamericano; un encuentro con miembros y colaboradores de la Fundación WOLA, y un grupo amplio de reuniones privadas con políticos y académicos relacionados con el “tema Cuba”.


Confieso que no tengo un conocimiento suficiente de cada una de esas instituciones o personalidades, y de qué manera están conectadas con el gobierno norteamericano o a qué intereses deben responder sus políticas o sustentos, y es necesario estudiar el tema para opinar con responsabilidad, pero sostengo mi derecho a tener como hipótesis de trabajo y comprobar lo siguiente: conociendo los verdaderos, ocultos o confesos objetivos de la llamada “normalización”, no estaría inclinado a pensar que todas ellas estén ajenas al objetivo declarado de Obama y a sus pretensiones transicionales en Cuba. Al menos se puede afirmar como dato incuestionable una relación de CP con personalidades e instituciones de la política norteamericana, algunas de las cuales, si no es WOLA, y que es la única mencionada por JCG, no van jamás a pretender el apoyo en Cuba de una “transición” hacia una república democrática y socialista.


De todas formas los trabajos que en La Pupila insomne han analizado esta cuestión del “centrismo”,  los de algunas otras propuestas aparecidas en Cuba Posible,  los criterios de otros muchos intelectuales cubanos de sólido prestigio, como Fernando Martínez Heredia, con respecto al tema, y sobre todo en lo referido a las relaciones externas de Cuba Posible, no se limitan al criterio del “centro” expuesto en la referida entrevista a  Lenier González, ni a la única invitación de WOLA.


A ese mismo trabajo objeto de la refutación de JCG, y a muchos otros, puede el lector remitirse para asomarse a un amplio surtido de organizadores y personalidades que están detrás y en relación con los propósitos declarados de Cuba Posible, y que coindicen a la letra con los propósitos declarados por el presidente norteamericano.


¿Cuáles son estos propósitos esenciales de CP? Además de los muy generales  y difusos conceptos de cohesionar y equilibrar miradas y concepciones diversas, promoviendo una pluralidad de cosmovisiones políticas, en una entrevista concedida a Reuters por el ex editor de Espacio Laical, y ahora  director de CP,  este declaró explícitamente que: “Cuba Posible will promote “transitional change” with views from a wide range of Cubans”. No es sólo que el lenguaje no sea inocente, es que el “cambio transicional” que ayudaría a promover Cuba Posible ha sido y es el objetivo de la política de los gobiernos norteamericanos, y no precisamente para el logro de otros derechos humanos y más democracia en la isla, y menos la conservación y el desarrollo de los que el ciudadano cubano ha disfrutado, internacional y ampliamente reconocidos, en varias esferas de la vida. Es que también el entrevistado afirma que el pueblo cubano quiere “ese” gran cambio, afirmación objetivamente insostenible y en el que sí se aprecia, – al afirmar y tomar como cierto un anhelo nacional que no tiene derecho a sostener y generalizar – el potencial de sembrar un virtual obstáculo o un serio impedimento para que en Cuba y por su propia autodeterminación, no haya un natural perfeccionamiento de su sistema político actual. De allí que el lenguaje y sus relaciones internacionales revelen los fundamentos políticos de Cuba Posible cuando evita hablar de actualización y perfeccionamiento y continuidad del socialismo en la Cuba que es, y prefiera optar por el lenguaje de las reformas, los change y las transiciones, consensos y diálogos, pluripartidismos, diversidades y reconciliaciones, conceptos estos rigurosamente pertenecientes hoy al centro, la centro–derecha y la derecha, para el que está atento a las políticas continentales, pero que nunca ha sido ni será un lenguaje que hablen las revoluciones. De todas formas, se espera la rigurosa demostración de lo contrario.


Un concepto que merece un detenido análisis posterior es el de la república martiana con todos y para el bien de todos.  Ahora sólo una breve consideración.


La divisa martiana de la república con todos y para el bien de todos, tampoco debe ser analizada y aplicada intemporalmente, como una abstracta generalidad. Es bien conocido que Martí, como genial político y teniendo por delante una primera tarea de liberación anticolonial para lograr la cual y en su peculiar visión y lenguaje, no convenía atizar las diferencias de clases, (recordemos el reproche que le hizo a lo poco que pudo conocer de la obra de Marx), pero teniendo después un declarado objetivo antimperialista, aplicó una estrategia unitaria para juntar voluntades de distintas generaciones de luchadores, y tanto las ansias libertadoras y los aportes de obreros simples, como de aquellos potentados o no que se sumaran al deseo de ser libres de España. Revolución, según declaró, era la que se haría en la República.


Pero no se comete pecado de especulación si se trata de imaginar que en aquella coyuntura republicana futura avizorada, en que eventualmente sectores o grupos, con vínculos y apoyos externos hubieran atentado o puesto en peligro la soberanía conquistada, él hubiera considerado ese DE TODOS en su particular aspecto del acceso a la disputa del poder político. Porque de eso se trata. Martí va radicalizando su pensamiento hacia los años postreros de su breve existencia y no es descabellado pensar que también sería capaz de analizar las nuevas circunstancias y matizar y  adecuar aquella máxima, no para negar que todos tienen derecho a gozar de los bienes materiales y espirituales de una república, sino para constatar y comprender que no todos optan por una actitud y una opción política que conviene a los intereses y el bien de todos, lo cual es muy distinto políticamente hablando.  Si imaginar aquello puede ser desechado por especulativo, pues no pudo suceder, sin embargo hay algo más claro e irrefutable: la martiana guerra necesaria no era sólo contra el gobierno español, sino para impedir el peligro mayor del acecho norteamericano, que, bien se sabe, sí profetizó y trágicamente se verificó. ¿Cómo entonces extrapolar aquel concepto para sostener la legitimidad de participación y libertad de acción política a los aliados internos  y los promotores externos de las políticas e ideologías enlazadas hoy a los intereses de aquel mismo enemigo que Martí advirtió? En su tarea emancipadora y a lo interno de Cuba y por estrategia política unificadora, Martí fundó un partido ancho e inclusivo de toda la diversidad posible, de obreros y otros sectores sociales, y sufrió la ardua tarea de poner de acuerdo visiones y limar asperezas entre concepciones diversas, pero siempre entre las filas de los que estaban dispuestos a luchar por el objetivo común de la liberación y la independencia. Lo que nunca dejó como legado político fue acudir a diálogos ni a entendimientos ni con las Españas ni con los Estados Unidos de Norteamérica. Creo que también es una enseñanza martiana a recordar y sobre la cual fundar los cambios revolucionarios de lo que deba ser cambiado.


Por último, si acaso fuera cierto que hay un sector en Cuba que ha querido secuestrar lo revolucionario, y esto amerita un análisis aparte, contextualizado, y en cada coyuntura, también es muy visible que existen otros que han deseado y desean secuestrar el concepto de las democracias, y operar y contribuir y promover  transiciones no revolucionarias en nombre de esa misma democracia. Y ante esta postura aquella simplemente se define por sí sola, sin necesidad de que nadie se la apropie. Nunca en la historia un cambio verdaderamente revolucionario ha tenido que ser asistido ni ha buscado diálogos, consensos y  apoyos de los intereses y las cosmovisiones que son carnalmente opuestas no sólo a las revoluciones, sino también a toda democracia posible, a toda posible nación, y a las soberanías de las repúblicas. ¿O no hemos aprendido absolutamente nada de la Historia?