miércoles, 13 de julio de 2016

Cuba no es un país normal

Por Harold Cardenas, El Toque

Cuba es un país atípico pero ¿debería aspirar a ser normal? ¿Qué es un país normal en América Latina? Quizás el objetivo sea ser extraordinarios.

Una noche intenté enamorar una chica europea en la bahía de Matanzas. Caminando por la arena, con los pies descalzos, me dice: “en España estaría preocupada de pincharme con la aguja de un adicto, no se puede hacer esto”. Entonces le hablé de nuestra tranquilidad ciudadana y cómo esto contradecía la imagen que ella tenía de Cuba, en realidad nunca fui bueno bajando muela. Esa noche me llevé varias victorias y una de ellas fue convencerla de que lo normal está sobreestimado, toca ser extraordinarios.

Si le preguntas a muchos cubanos qué quisieran tener, te dirían que lo normal: comida rápida, Internet y básicamente todo lo que ven en las películas de Hollywood. Si hacemos el mismo experimento con un dominicano, un guatemalteco o un salvadoreño, fácilmente responderá mencionando educación, salud pública y otras cosas que ya tenemos en Cuba. Las aspiraciones pueden ser muy distintas, por lo general los seres humanos damos por sentado lo ya alcanzado.
Hoy somos un país atípico
Esta islita tiene cosas “anormales”, algunas maravillosas y otras lamentables. Nacer y estudiar en Cuba es algo bello, te formas en una sociedad saludable donde recibes una preparación al nivel del primer mundo, ¿y entonces? Somos una fábrica de profesionales que han educado medio planeta, han informatizado América Latina y los continuamos exportando por decenas de miles, la mayoría sin regreso hasta el momento. Una vez graduados de la universidad, no tenemos con qué pagarles, no sabemos qué hacer con ellos. Es lamentable y ya casi nos parece normal.

Recuerdo a mi amigo Otto, que estudió física nuclear y al graduarse estuvo haciendo rayos X en un hospital, nunca me atreví a criticarle su decisión de marcharse a Europa.

Situaciones como esta son tristes, hipotecan el futuro pero no son definitivas. Lo importante es encaminarnos hacia una construcción que permita el desarrollo nacional y quizás un día veamos muchos de los emigrados regresar. Si queremos ser un país normal, habría que ver cuáles son los criterios de esa supuesta normalidad, si queremos ser Suecia, Uruguay o República Dominicana. En lo personal, preferiría no ser ninguno sino nosotros mismos, en un camino socialista que amplíe sus bases democráticas.

Lo normal en la región es el narcotráfico, la corrupción desfachatada (la nuestra es más sutil, aunque preferiría que no tuviéramos ninguna), el pandillismo, los altos niveles de violencia y una brecha social que haría la nuestra palidecer de vergüenza. Ese no puede ser el rumbo a tomar, aunque algunos incautos con tal de comer en McDonald se lancen allí irresponsablemente. Cuba debe salvar sus conquistas y encaminarse urgentemente a lograr otras.

Lo normal en Cuba también es tener que conectarse a Internet en un parque público, recibir mal servicio en casi todos los establecimientos que no son a precios astronómicos, irritarse con el transporte público, frustrarse con los funcionarios públicos que no rinden cuenta de su gestión (que son todos) y aún así comprar el periódico con la esperanza de que la prensa empiece a cambiar ese día. Estas son algunas de las cosas que evitan seamos ese país extraordinario, al que nos trataron de conducir Martí, Mella, Guiteras, el Che.

Hoy somos un país atípico. Nadie que se haya enfrentado a Estados Unidos durante tanto tiempo podría evitar replegarse hacia trincheras inmóviles. Nadie que herede un pasado colonial de corrupción y mala administración puede evitar sus propios errores. Y aún así conservamos varios indicadores a la altura del primer mundo, mantenemos una soberanía que ha costado carísima y nadie más en este continente puede ostentar.

Tenemos mucho de extraordinario. Tanto es así que una chica española, después de criticarnos fuertemente, lo reconoce esa madrugada en la playa, inconscientemente. Y sin que ella se de cuenta a uno se le hincha el pecho y todo lo demás desaparece durante un rato. Cuba no es un país normal, por suerte y por mucho que nos cueste.

martes, 12 de julio de 2016

Fidel: Primeros días en el exilio




Por Mario Mencía Cobas,Fuente CUBARTE



Fidel: Primeros días en el exilio

 ¿Se ha valorado alguna vez en toda su magnitud el efecto potenciador de valores que ejerce el exilio en los hombres excepcionales? ¿Cómo genera en ellos más pasión por la lucha, más acción sin desmayo y claridad de perspectivas?



Será el Bolívar de Jamaica que no tiene cómo pagar el cuarto de una precaria pensión, lo que no impide que  asuma una nítida concepción del universo americano. Nunca vencido, sus días del destierro lo fortalecen; le hacen latir con fuego anticipado el trepidar de las armas futuras de Boyacá, Carabobo, Pichincha, por el que ha de irrumpir la libertad de un continente.

Será el Juárez que arriba desterrado a Cuba en 1853, año mismo en que nace José Martí.  Y no tiene a veces para un bocado de pan y trabaja de tabaquero por unos pocos centavos, pero arde en los planes que lo han de llevar contra la tiranía de Santa-Anna cuando regrese a su tierra en 1855, un siglo antes de que Fidel Castro busque refugio preparador en ella. Para entonces habrá madurado en Juárez el talento singular con el que podrá enfrentar y derrotar al imperio francés que pretendería hollarle la patria.

¿No es la amargura del exilio que abarcará veinticuatro de los cuarenta y dos años de su vida donde se integra y amasa en lúcida pobreza el genio formidable de José Martí, cúspide de la América nuestra del XIX, que ve, el primero en la huella de Bolívar, la necesidad de la unión de los pueblos del Bravo a la Patagonia, para contener el afán depredador del “Norte revuelto y brutal que los desprecia”?

¿Y dónde estaba crecido y creciendo nuestro Julio Antonio Mella cuando pletórico de internacionalismo es asesinado en el año 1929? ¿Y hacia dónde iba nuestro Antonio Guiteras cuando cae con el proyecto  antimperialista de su Joven América en el 1935 de la primera tiranía batistiana?

La tarde del viernes 7 de julio de 1955 toca tierra en el aeropuerto de Mérida la aeronave que cubría el vuelo 566 de Mexicana de Aviación procedente de La Habana. Para aquel hombre alto, de muy usado traje azul que un mes después cumpliría 29 años de edad, que ahora baja la escalerilla con paso firme y la mirada escrutadora, con una maleta corriente y menos ropas que libros, comenzaban los días del exilio.

Llega Fidel Castro Ruz de esa manera por primera vez a la tierra de Juárez, a la que ochenta años antes, el 8 de febrero de 1875, había arribado José Martí con sus quemantes sueños de libertad.

Difícil explicarles cuán amargo ha sido para mi persona el paso necesario y útil de salir de Cuba.  Casi lloré al tomar el avión, escribe Fidel el 14 de julio a sus compañeros de la Dirección del Movimiento Revolucionario 26 de Julio  desde Ciudad México, siete días después de su partida. La escala en Mérida fue breve. Únicamente el tiempo para tomar el siguiente avión que lo lleva a Veracruz rumbo suroeste sobre el golfo de Campeche.

El estado de ánimo –nunca lo individual predominando sobre la obligación social- no impide en Veracruz el abrazo al escultor cubano Manuel Fidalgo y las orientaciones a éste a fin de establecer contacto epistolar con los emigrados de Tampa y Nueva York para ir ganando esos núcleos de cubanos a nuestra causa.

El 10 de julio ya Fidel arriba en ómnibus a Ciudad México. Me reuní la primera noche con Raúl [Castro] y dos o tres cubanos de confianza en casa de una cubana residente en esta desde hace años y que ha sido una verdadera madre para los del Moncada en los días de frío y hambre, detalla en esa misma carta en la que resalta el significado de la ayuda que María Antonia González prestaba a los compatriotas.

Trazamos un pequeño plan de trabajo que comprende desde el modo rápido de obtener noticias de Cuba, hasta el modo de llegar a personalidades influyentes en este país, cuya amistad y simpatías pueden ser útiles, sigue diciendo, y agrega: Con los demás cubanos de distintas militancias, que son escasos, vamos haciendo contacto poco a poco, recibiendo de todos magnífica acogida. Hay otros cubanos residentes en ésta hace largo tiempo de cuyas simpatías estamos informados, que tienen relaciones y recursos y con los cuales nos iremos relacionando más adelante.

Cuando pueda reconstruirse con todo detalle el capítulo del agónico exilio revolucionario de entonces se comprenderá con cuánta abnegación y sacrificios se pavimentó el camino hacia la victoria. Aparecerán en esa historia las noches con hambre y sin almohada, mientras en la palabra y en la acción no cesaba el magisterio vehemente que vence dificultades y suma para la causa por la que se combate en representación del pueblo.

¿Cómo se imaginarán los demás que es esta vida?, escribe el 28 de julio de 1955 en carta en la que apremia información de los compañeros de la dirección del Movimiento, de los que carecía de noticias. Es triste, solitaria, dura. Parece que lo destruyen a uno en mil pedazos cuando lo alejan de la patria a la que sólo se puede volver honrosamente, o no volver nunca más. Sería necesario comprender toda la firmeza de esta decisión para juzgar nuestro ánimo. Yo ando recogiendo todavía los pedazos de mis sentimientos personales que son los de un hombre que por dignidad, ideal y deber todo lo ha renunciado en esta vida.

En la misiva del 14 de julio había dado detalles sobre sus primeros días en el Distrito Federal:

Vivo en un pequeño cuartito y el tiempo que dispongo libre lo dedico a leer y estudiar. Ahora estoy documentándome sobre el proceso revolucionario de México bajo la dirección de Lázaro Cárdenas.  Más adelante pienso redactar el programa revolucionario completo que vamos a presentar al país en forma de folleto que puede ser impreso en ésta e introducido clandestinamente en Cuba. Lo enviaría con anterioridad a ustedes para que lo discutiesen aunque espero que para esa oportunidad algunos de ustedes estén en ésta.

Durante aquellas primeras semanas Fidel se hospeda en una habitación interior en un hotel de ínfima categoría. Allí enferma de gripe y, sin atención médica, mantiene todo el tiempo febricitante actividad, visitando a personas en labor de captación para sus proyectos, escribiendo constantemente hacia Cuba con esos mismos fines. Para almorzar y comer tenía que desplazarse obligadamente desde donde estuviera hasta la casa de María Antonia, en la zona antigua de la capital mexicana.

En general, no iba a sobrepasar los ochenta pesos de ingresos mensuales, que su hermana Lidia y algunos compañeros y amigos acopiarían cada mes para enviarle, y que, como es lógico deducir, se irían en una buena proporción en ayudar a los demás exiliados y en los gastos para la propaganda que iniciaba y las comunicaciones de correos con Cuba.

Al salir de Cuba había dejado escrito: Volveremos cuando podamos traerle a nuestro pueblo la liber­tad y el derecho a vivir decorosamente, sin despotismo y sin hambre. Y volvería. Así lo repite en el bosque de Chapultepec el 26 de julio de 1955, en acto conmemorativo del segundo aniversario del asalto al Moncada, ante un grupo de exiliados latinoamericanos; entre ellos, un joven médico argen­tino llamado Ernesto Guevara de la Serna, a quien Raúl le presentó días antes en el apartamento de María Antonia. La identidad fue absoluta, instantánea:

(...) Charlé con Fidel toda una noche y, al amanecer, ya era el médico de su futura expedición. En realidad, después de la experiencia vivida a través de mis caminatas por toda Latinoamérica, y del remate de Guatemala no hacía falta mucho para incitarme a entrar en cualquier revolución contra un tirano, pero Fidel me impresionó como un hombre extraordinario. Las cosas más imposibles eran las que encaraba y resolvía. Tenía fe excep­cional en que una vez que saliese hacia Cuba iba a llegar, que una vez llegado iba a pelear y que peleando iba a ganar. [1]

La mutua empatía fue instantánea, absoluta:

(...) En una noche -como él cuenta en sus narraciones- se convirtió en un futuro expedicionario del Granma.  Pero en aquel entonces aquella expedición no tenía ni barco, ni armas ni tropas. Y fue así como, junto con Raúl, el Che integró el grupo de los dos primeros de la lista del Granma.

Che era una de esas personas a quien todos le tomaban afecto inmediatamente, por su sencillez, por su carácter, por su naturalidad, por su compañerismo, por su personalidad, por su originalidad, aun cuando todavía no se le conocían las demás singulares virtudes que lo caracterizaron.

(...) Para un hombre como él no eran necesarios muchos argumentos. Le bastaba saber que Cuba vivía en una situación similar, le bastaba saber que había hombres decididos a combatir con las armas en la mano esa situación, le bastaba saber que aquellos hombres estaban inspirados en sentimientos genuinamente revo­lucionarios y patrióticos. Y eso era más que suficiente." [2]

El día primero de agosto de 1955 recibe Fidel la primera carta de la dirección del Movimiento en Cuba. En su contestación del día 2 aparece este fragmento que permite ampliar la imagen de su situación:

Aunque son ya en este instante las 4 y 5 de la mañana, todavía continúo escribiendo. ¡No se sabe cuántas páginas llevo ya en total! Tengo que entregarlas a la portadora a las ocho a.m. No tengo despertador, si me duermo  perdería el correo: no me acostaré pues. Inmediatamente [voy a] ponerme a escribir los demás documentos que salen a fines de semana. Tengo catarro con tos y me duele todo el cuerpo. Carezco de tabacos y buena falta me hacen. Este es el cuadro en breves líneas.

En este otro fragmento, muestra una asombrosa confianza en sí mismo y deslumbrante visión de futuro:

Miren: yo tengo una gran fe; pero no es una fe religiosa, sino racional y lógica, porque en esta hora de tremenda confusión, somos los únicos que tenemos una línea, un programa y una meta.  ¡Y decisión para alcanzarla o morir en el empeño! Pienso pronto dedicarme a la redacción de nuestro programa completo y someterlo a la consideración de ustedes. Será como un mensaje de esperanza en un mundo mejor al pueblo de Cuba y una promesa de buscarlo con nuestra vida y nuestra sangre.

La lejanía de la patria sojuzgada no sería en Fidel la amargura de un exilio que rompe en impotente llanto. Él mismo lo anunciaría tres meses después de partir, en su discurso antiimperialista del 9 de octubre ante el monumento a Martí en ciudad México, como lo había hecho tan solo una semana después de su salida, el 14 de julio:

Me abstuve por eso en absoluto de hacer declaraciones públicas a mi llegada. Además me lo impide el pudor. No hay derecho a llorar en ningún lugar del mundo las penas de Cuba mientras haya un cubano que pueda tomar un rifle para remediarlas. «¿Y qué hacen los cubanos?», nos podrán preguntar los mexicanos si les hablásemos de nuestra bochornosa situación política. ¡Como si fueran pocos los problemas de ellos! En el más infortunado de los casos, de nosotros podrá decirse el día de mañana que supimos morir ante un imposible, pero nunca que se nos vio llorar de impotencia.

Nunca se le vería llorar de impotencia, porque aquella pasión por la libertad se animaba en fervorosa acción tras un sagrado compromiso con el pueblo; compromiso que una y otra vez reafirmaría como en su carta del 2 de agosto a sus compañeros de La Habana. He aquí el hermoso segmento que encierra el sencillo secreto que señaló a nuestro pueblo el camino de la revolución:

Mi tarea en esta pienso llevarla a cabo cabalmente. No me refiero en este caso a la de escribir cartas y manifiestos desde este solitario cuartito, sino a la otra no menos importante. Estoy optimista de lo que llevo hecho, sencilla y discretamente. Considero tan importante y delicado lo de afuera, que soporto con resignación la amargura de esta ausencia y convierto toda mi pena en impulso, en deseo ardiente de verme peleando cuanto antes en la tierra cubana. Vuelvo a reiterar mi promesa que si lo  que  anhelamos no fuera posible, si nos quedáramos solos, me verían llegar en bote, a una playa cualquiera, con un fusil en la mano. 







[1] Ernesto Guevara de la Serna, en entrevista efectuada por Jorge Ricardo Masseti en la Sierra Maestra en abril de 1958, reproducida con el título: "Che en Guatemala", diario Granma, La Habana, octubre 16 de 1967.




[2] Fidel Castro Ruz: "Discurso pronunciado en la noche del 18 de octubre de 1967", diario Granma, La Habana, octubre 19 de 1967.









Mario Mencía Cobas

Por Mario Mencía Cobas


Periodista, ensayista, historiador. Nace en Cienfuegos en 1931. Desde 1981 es investigador y asesor de Historia del Consejo de Estado en las oficinas del Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba. Candidato a Doctor en Ciencias Históricas y Profesor Titular Adjunto de la Universidad de La Habana. Durante la Guerra de Liberación Nacional, perteneció al M-26-7, al Movimiento de Resistencia Cívica e inició su actividad literaria en publicaciones clandestinas.
La inclinación por la literatura de corte histórico comienza cuando estaba estudiando Ciencias Políticas en la década de 1960, a partir de este momento comenzó a escribir trabajos de historia en la Revista Universidad de La Habana y en el periódico Juventud Rebelde, y antes de terminar la carrera, se interesó por los movimientos guerrilleros de liberación, que bajo el influjo de la Revolución Cubana, se desarrollaban en América Latina.
Como escritor comenzó formalmente en 1972 las investigaciones de la segunda dictadura de Batista y de ahí pasó al asalto al Moncada, que volcó en artículos publicados periódicamente. Recopiló una gran cantidad de documentos históricos y realizó numerosas entrevistas que le permitieron acometer, en catorce años, una primera versión de ese trascendental suceso.
Este ensayista ha dedicado su tiempo a sacar a la luz la verdad sobre la revolución cubana, mediante sus artículos periodísticos, históricos y políticos.
A lo largo de su vida ha desarrollado una labor de investigación minuciosa en la cual sobresalen numerosos títulos publicados, entre los que se destacan La prisión fecunda, El grito del Moncada, Tiempos precursores y El Moncada, la respuesta necesaria.
Ha obtenido relevantes resultados en las investigaciones históricas, y sobre todo, acerca de los principales acontecimientos que condujeron al triunfo de la Revolución cubana en enero de 1959.
Entre sus distinciones aparecen: Por la Cultura Nacional, Raúl Gómez García, orden José Martí.






domingo, 10 de julio de 2016

Medias Reformas

Jorge Gómez Barata

Según Carlos Marx, el advenimiento del socialismo tendría lugar en los países más desarrollados como resultado de una mutación del capitalismo. La solución de salida sería una distribución justa de la riqueza social: “…A cada cual según su trabajo…” Faltó sin embargo exponer cómo un gobierno haría tal cosa, y cómo se sostendría el tiempo necesario para alcanzarlas.


Así surgió la idea de desplazar a la burguesía del poder y establecer la dictadura del proletariado, que entre otras cosas conllevó a la total estatización de la economía y al protagonismo del estado y del gobierno en todas las áreas de la actividad social. Bajo Stalin estas opciones, acompañadas del exclusivismo ideológico, legalidad supervisada, elecciones cooptadas, y otras fórmulas, fueron ineficaces.


No obstante, por razones locales asociadas al rechazo al despotismo zarista, las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, y la brutalidad de la contrarrevolución durante la Guerra Civil, el poder soviético disfrutó de un inequívoco apoyo popular, la economía, mediante los planes quinquenales, creció a ritmos espectaculares, y en pocos años llegó a producir más acero, tanques, cañones, y aviones que Alemania, cosa de la cual Hitler se percató demasiado tarde.


La Unión Soviética ganó la guerra y perdió la paz. Aunque relativamente ineficientes y atrasadas como consecuencia del bloqueo occidental, sus enormes capacidades productivas fueron absorbidas por la carrera armamentista, los compromisos con los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), y sobre todo porque el crecimiento material no fue acompañado por un progreso político equivalente.


Durante un siglo, de 1917 a la fecha, al menos en 14 países otros tantos partidos comunistas alcanzaron el poder, e inspirados en la lectura soviética del marxismo, han intentado “construir el socialismo” probando varios formatos: dictadura del proletariado, democracias populares, y socialismo con características chinas. Todos, con la excepción de Corea del Norte, intentaron reformas que no resolvieron los problemas esenciales, entre otras cosas porque no trascendieron la economía.


Los intentos de reformas, comenzando por las implementadas por Lenin durante la NEP, así como las que tuvieron lugar en varios países y las que hoy se llevan a cabo, admiten que en determinadas dosis es preciso utilizar los recursos económicos del capitalismo, sin comprender que no solo se trata de producción y consumo, sino de otras satisfacciones derivadas de estructuras institucionales regidas por la democracia.


En casi todas partes se reconoce que son inevitables las proyecciones relacionadas con el mercado, la inversión extranjera, la reintroducción de la propiedad privada, la explotación del trabajo asalariado por el capital, y concomitantemente con ello, la extracción de plusvalía. Sin embargo, la flexibilidad nunca ha alcanzado las estructuras y prácticas políticas. Ninguno de los proyectos de construcción del socialismo ha tratado de convivir con los preceptos clásicos del orden democrático.


¿Por qué se puede admitir que la propiedad privada, el mercado, la explotación del trabajo asalariado por el capital, la vigencia de la ley del valor, y la diferenciación clasista son compatibles con el socialismo, y no se acepta la separación de poderes, el estado de derecho, la prensa independiente que no tiene que ser necesariamente privada, y otras estructuras institucionales? Son preguntas, por ahora sin respuestas. Allá nos vemos.


La Habana, 5 de julio 2016


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*Este artículo fue escrito para el diario mexicano ¡Por Esto! Al reproducirlo o citarlo, indicar esa fuente

sábado, 9 de julio de 2016

Palos porque bogas…

Por: Darío Machado Rodríguez




El debate de la conceptualización del modelo económico y social y del plan nacional de desarrollo económico y social hasta el 2030, está avanzando a lo largo y ancho del país; si se quiere, calentando los motores, aun en medio de un verano caluroso. Una inteligente y oportuna decisión, la de examinarlos con toda la militancia y el pueblo en general, está permitiendo canalizar inquietudes, propuestas, dudas, análisis, criterios, en fin, lo que todos sabemos que está presente en la comunicación entre las personas y que ahora encuentra canalización en esta convocatoria del partido. Ni más ni menos.


Probablemente en ningún lugar del mundo se haya hecho costumbre, como aquí en Cuba, el someter a escrutinio popular las líneas principales de desarrollo del país. En la historia cubana reciente las instituciones han jugado su papel, pero también la sociedad en su conjunto, más allá de criterios establecidos. Los ejemplos sobran.


No es habitual en las “democracias publicitadas del mundo libre” molestarse en escuchar las voces de la ciudadanía, sino que secuestran sus derechos a nombre de los principios y esquemas establecidos en el sistema y cuando la situación es crítica acuden a la violencia en sus múltiples formas.


Es conocido que este año, aun con todos los esfuerzos y los avances registrados, el contexto económico mundial reduce las posibilidades de crecimiento, mientras el bloqueo continúa demostrando la diferencia entre un discurso bonito y la política real.


La situación económica del país continúa siendo crítica, pero hay más conciencia acerca del camino que se está abriendo, se trabaja más y se trabaja mejor, aún cuando todavía no hemos alcanzado los niveles necesarios de eficiencia y de educación económica y laboral. Pero cabe preguntarse cómo es que en medio de una situación crítica, cuando el poder político en cualquier país del mundo acude a los decretazos, en Cuba por el contrario lo pone todo en discusión: se llama democracia, aunque no lo reconozcan quienes buscan imponer una matriz de opinión espuria sobre Cuba.



Democracia es participación, sin ella es manipulación


Los intercambios que se producen ahora en estas reuniones de análisis tienen características renovadas y renovadoras que le dan una mayor fortaleza al ejercicio: la honestidad sin cortapisas, la confianza para expresar los criterios propios, la tolerancia con la opinión contraria lo evidencian. No es que ya la sociedad cubana en la conquista de toda la democracia posible como nos pidió Raúl, se haya ganado la nota de sobresaliente en diálogo, pero es notable el avance, aunque falta mucho por hacer en esa decisiva dirección.


Entre las reglas que vemos que van abriéndose camino en nuestras prácticas participativas en lo tocante al diálogo podemos apreciar: el reconocimiento del derecho de todos a expresarse libremente sin poner en duda las intenciones; el no creerse dueño de la verdad; el no personalizar, sino enfocarse en los temas; el abstenerse de poner etiquetas a los demás; el ser sustantivos, no emplear la ironía ni epítetos hirientes para valorar las opiniones de otros; el no ser soberbios ni paternalistas con los que tienen otros puntos de vista; el ceñirse a lo que se lee o escucha de los demás y no endilgarles lo que no han dicho o escrito, o sea, no tergiversar; el no sentirse molestos cuando los otros tienen más razón y reconocer que se puede aprender de los demás; el debatir con orden y disciplina, etc.


También hay que reconocer que los medios de comunicación están todavía insuficiente y lentamente socializando lo que se plantea en uno u otro lugar sobre estos documentos; es muy importante que alcancen lo antes posible la capacidad de ofrecer un panorama que exprese un balance del sentir de la sociedad cubana y reflejen la vitalidad e importancia de este diálogo nacional, aunque ello se aproveche -cuando se van conociendo los criterios que han ido emergiendo en estos diálogos- por el oportunismo y la vileza de quienes en lugar de registrarlos como la demostración de la madurez democrática de Cuba, los reconvierten en clave catastrofista. Como dice el refrán: “Palos porque bogas, palos porque no bogas”.


Aparecen y aparecerán fuera de contexto y groseramente resonadas aquellas expresiones que trascienden como resultado de los diferentes canales de socialización de estas discusiones. Pero no por ello se puede dejar de informar cabalmente a toda la sociedad interesada en el presente y el futuro del país. Estamos hoy en el epicentro de la batalla de ideas y como toda batalla tiene sus riesgos. Vale aquí recordar el episodio del popular animado Elpidio Valdez, cuando este monta a Palmiche para ir a la batalla y la abuela le dice “¡Cuídate mi´jo…, pero no demasiado!”



Realidad y debate sobre la realidad


La diversidad de posiciones que existe hoy respecto del futuro del socialismo en Cuba, difícilmente puede encasillarse so pena de caer en el lamentable error de poner etiquetas, simplificar la realidad y desconocer opiniones. Es parte también de entender que no hay un modelo acabado de socialismo y que de lo que se trata en estas discusiones es de enmendar errores, superar deficiencias para lograr el futuro deseado. Y el propio proceso de debate está tejiendo el concepto de sociedad socialista al que podemos aspirar, está contribuyendo a construir nuestro ideal de socialismo.


La realidad de la sociedad cubana es una, es compleja, en ella están indisolublemente interrelacionados procesos económicos, sociales, políticos, culturales, psicológicos, etc. El debate constructivo sobre estos temas, para ser realmente constructivo, debe abstenerse de los vicios y prácticas sobrepasadas en la comunicación política que en nada contribuyen a enriquecer el diálogo, sino que lo merman y empobrecen.


Un debate culto es siempre un proceso de aprendizaje colectivo. No es un enfrentamiento con un único ganador, sino una construcción donde todos ganan. El diálogo no puede entenderse como que “conversamos todo lo que se quiera hasta que ustedes piensen como yo”, tampoco como un ejercicio formal para cubrir el expediente de la democracia. Este debate es estratégico no solo por la importancia que le otorga su sentido y finalidad, sino porque hoy está discutiendo la sociedad y eso ya le confiere ese carácter. Es preciso profundizar en los temas, dedicarles el tiempo necesario a su análisis, comprender la relevancia de este proceso.


El diálogo entonces debe verse orientado al propósito de lograr mejores resultados que los que presenta el punto de partida, un nuevo contenido superior al inicial. Es una construcción colectiva.


Este debate abre nuevamente cauces a la sabiduría de un pueblo cuya mayor y más importante riqueza es su instrucción y su cultura, cuyo sacrificio en décadas de intransigencia revolucionaria le ha ganado todos los derechos, en primer lugar el derecho a ser escuchado y a tener la razón. Y en estos intercambios, el pueblo está haciendo uso de ese derecho con el respaldo político del partido. Su naturaleza es la de la cohesión de la nación alrededor de sus legítimos intereses.


Todas las opiniones son válidas, respetadas, significa que también lo son aquellas que estén en contra de uno o más postulados o contenidos de ambos documentos, son opiniones dichas en la convocatoria del partido, tienen la garantía que el partido asegura a la opinión individual de las personas que participan, todas sirven para mejorar los documentos y serán de utilidad para conocer mejor nuestra realidad y precisar las acciones colectivas de cara al futuro.


Para quienes tergiversan la importancia y riqueza de esta experiencia, vale aquella frase atribuida al Quijote: “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”.




viernes, 8 de julio de 2016

HONDA MARTIANA: Buscando caminos alternativos (I)

Armando Hart




Por ARMANDO HART DÁVALOS


En 1953 Fidel y los moncadistas proclamaron los principios jurídicos de la nación cubana y denunciaron a los que habían quebrantado el sistema jurídico del país. La Historia me absolverá contiene elementos esenciales de esta cultura jurídica de la nación cubana.


Así comenzó la lucha contra la tiranía. Luego la Revolución rebasó el marco de la Constitución cercenada,  sin embargo esta se ha consolidado como una de nuestras sagradas memorias porque expresa el pensamiento político cubano de la década de 1940 logrado por consenso público y formalizado por la Asamblea Constituyente en la que estuvo presente una destacada representación de los comunistas y de las fuerzas revolucionarias provenientes de la lucha contra Machado.


El sistema económico y político dominante en el país hacía imposible llevar a la práctica las disposiciones más revolucionarias contenidas en la Constitución de la República. Por ejemplo, una de ellas, que resulta clave, disponía la abolición del latifundio. Esto obviamente no pudo instrumentarse, el sistema vigente lo impedía.  Solo la Revolución logró hacerlo. El latifundio en manos de los círculos más reaccionarios del país y de los grandes consorcios norteamericanos nos obligó a chocar concretamente con el imperialismo.


Con el triunfo de la Revolución, la primera y fundamental legislación fue la Reforma Agraria y, por tanto, la extinción del latifundio. Se generó a partir de entonces un acelerado proceso de radicalización revolucionaria y fueron proclamadas otras medidas nacionalizadoras, pero fue la ley agraria lo que en definitiva determinó el curso de la Revolución y originó, en última instancia, que Estados Unidos comenzara a concretar su acción, incluso armada, contra la Revolución, como sucedió en Girón.


La Primera y la Segunda Declaración de La Habana (2 de septiembre de 1960 y 4 de febrero de 1962, respectivamente) fueron aprobadas por el pueblo en asamblea pública reunida en la Plaza de la Revolución. El Tribunal Supremo declaró que estos documentos eran fuente de derecho. Más adelante se produjo un proceso que culminó con el Primer Congreso del Partido y la aprobación, por vía democrática y plebiscito popular, de la Constitución de 1976.


La Constitución socialista, aprobada en ejemplar plebiscito popular, recoge la tradición cubana que había rebasado el sistema pluripartidista por resultar ineficaz para cohesionar y organizar democráticamente a nuestro pueblo.


En 1953, en vísperas de unas elecciones generales en las que iba a triunfar un partido de extracción popular y donde se movían fuerzas de izquierda, Fulgencio Batista, al servicio del imperio, dio un golpe  de Estado contra un gobierno constitucional y puso de manifiesto la crisis de las instituciones.


EI régimen de partidos fue incapaz de evitar el golpe de Estado y mucho menos de organizar la resistencia contra el mismo; no pudo restaurar la legalidad destruida. El sistema de partidos corrompidos hasta la médula feneció en el proceso de lucha contra la tiranía antes del triunfo de la Revolución.


No fue la Revolución la que disolvió los partidos, esto fue resultado de la incapacidad del pluripartidismo para conducirnos a una democracia genuinamente cubana, porque el pluripartidismo no ha demostrado ser la forma más alta de democracia ni ha permitido cohesionar al pueblo en defensa de sus derechos. La incapacidad, la podredumbre moral y en el entreguismo de las oligarquías cubanas al imperialismo yanqui condujeron al derrumbe del pluripartidismo.


La divisa de larga tradición reaccionaria “dividir para vencer”, tuvo en el pluripartidismo su expresión política, y la crisis por la cual atraviesa hoy América Latina es más evidente que nunca. La cohesión nacional como única política  sensata es la que puede garantizar la democracia. La corrupción y el entreguismo a los intereses extranjeros y a los explotadores en general dominan la política que se convierte en politiquería


Hay un fenómeno universal incluso presente en los propios Estados Unidos pero se evidencia muy claramente en nuestra América. La Cuba de los cincuenta lo mostró de forma descarnada. Tal como hemos señalado, entre nosotros el pluripartidismo pereció por su impotencia a enfrentar a la tiranía.  Hay muchos otros ejemplos.


Los tiempos del pluripartidismo han caducado. Las necesidades de la unidad y cohesión nacional reclaman otras formas democráticas de carácter participativo. En Cuba, la concepción socialista del Estado superó la vieja fórmula del pluripartidismo. Las asambleas del pueblo trabajador concentran el poder soberano del Estado en un órgano democrático de dirección estatal   al que están subordinadas todas las instituciones de este carácter. El papel dirigente del partido y su funcionamiento democrático viene a representar la solución teórica y práctica que tiene hoy nuestro pueblo para consolidar y ampliar la democracia.


Nuestro sistema constitucional revela un desarrollo político-jurídico que representa  la mejor garantía práctica de la continuidad de la Revolución.


Por todas estas razones, cuando defendemos el sistema jurídico de la Revolución estamos hablando de una de las claves maestras de la cultura política y social de nuestra nación. Nos referimos a la obra de la Revolución que se expresa en lo jurídico y, por tanto, al culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre entendida en su acepción martiana.


Para visualizar mejor la importancia revolucionaria de la juridicidad creada tras este largo proceso histórico, lo primero que debemos tener muy presente es que los enemigos del país atacan a Cuba queriendo desconocer que en nuestra nación existe un orden jurídico.


El sistema jurídico cubano es la expresión del poder democrático del pueblo. El derecho y la democracia viven y se desarrollan en el seno de nuestra Revolución. Toda cuestión política, suceso económico o humano tiene vínculos directos o indirectos con el ordenamiento jurídico.


Para cualquier debate en el terreno social, económico y político hay que pensar en la ley y en su aplicación. Cuidar y fortalecer el poder revolucionario del pueblo significa que el sistema jurídico institucional funcione con eficacia sobre la base de los principios éticos y políticos de la nación. Abarca un complejo de instituciones y formas organizativas que se rigen por leyes que garantizan la democracia y la eficiencia del Estado y la sociedad; por tales razones, defender los valores éticos y políticos de la Revolución exige cuidar el funcionamiento del sistema jurídico en cuya cúspide se hallan la Asamblea Nacional del Poder Popular y el Consejo de Estado.


Por lo hasta aquí expresado, se requiere examinar con estricto rigor científico las tres formas de república que ha tenido nuestro país: la de Cuba en Armas, nacida en Guáimaro en 1869, cargada de contradicciones y, al mismo tiempo, de generosos empeños independentistas; la surgida en 1902, hasta 1959, bajo el condicionamiento de los intereses de Estados Unidos; y la que se establece a partir del 1º de enero de 1959,    independiente y  soberana que lo será para siempre, porque no hay otra alternativa. Esas tres formas se vinculan a tres fechas: 10 de abril de 1869, nacimiento de nuestra República en Armas en Guáimaro; el 20 de mayo de 1902, imposición de la república neocolonial y del dominio imperialista y el 1º de enero de 1959, que marca el advenimiento de la república soberana de Cuba.


De entonces acá, es decir, consolidada y ampliada su independencia, esta república que se proclamó socialista en 1961 ha logrado salir airosa de las más duras pruebas frente a las agresiones de la potencia más poderosa del planeta. He ahí el sentido de nuestra consigna “Socialismo o Muerte”.


Nuestro país ha sido la conclusión de una larga y hermosa historia reflejada en las ideas cubanas de hoy.  Ellas tienen más vigencia y fuerza que nunca porque se está produciendo una gravísima crisis de la cultura universal que necesita buscar nuevos horizontes para asumir los desafíos colosales que nuestra América y la civilización euronorteamericana tienen ante sí.   No las presentamos como válidas para otros países, cada pueblo tomará el camino que corresponda a sus intereses, pero sí solicitamos que la ideas de Cuba se estudien porque pueden servir para el análisis de la situación del mundo.


Los máximos dirigentes de la oligarquía norteamericana solo pueden lanzar contra Cuba, en relación con Martí, estúpidos balbuceos, frases incompletas y salidas de contexto. No existe, en doscientos años de historia, ningún pensamiento cubano que pueda esgrimirse contra nuestra revolución, incluso, José Antonio Saco (1800-1879), el más consecuente ideólogo capitalista de nuestra nación, era antianexionista y trataba de fundamentar sus ideas en la necesidad de superar el peligro de la expansión estadounidense contra Cuba.


(Continuará…)


martes, 5 de julio de 2016

La impertinencia de “los americanos”



Luis-Toledo-Sande-21Por LUIS TOLEDO SANDE, Bohemia


Los nexos entre pensamiento y lenguaje alcanzan especial relieve en asuntos históricos, políticos y culturales. Sería erróneo resignarse ante el mal uso de términos y conceptos, y, aún peor, soslayar o menospreciar debates en temas como las relaciones de los pueblos de nuestra América y los Estados Unidos.


En ese terreno se requiere claridad acerca del origen, el devenir y los propósitos –pasados y actuales, y hacia el futuro– de la nación construida sobre las que fueron Trece Colonias británicas. Se formó a base del exterminio o la segregación –en “reservas” similares al apartheid impuesto en Sudáfrica por los herederos de la colonización inglesa– de los pobladores originarios de las tierras inicialmente ocupadas por dichas Colonias.


Tras la violenta conquista del Oeste –manipulada por la creciente maquinaria cultural con que los conquistadores satanizaron a las víctimas y se presentaron como los misioneros y garantes de la civilización– la nación usurpadora siguió desbordando fronteras. A México le arrebató más de la mitad del territorio, valiéndose del conflicto azuzado por un personaje sombrío, Augustus K. Cutting. En él vio José Martí, adelantado conocedor de aquella sociedad, el símbolo de una patria que primó sobre la representable con el nombre de Abraham Lincoln, la que tampoco era para idealizar.


El “leñador de ojos piadosos” retratado en Madre América –discurso martiano centrado en deshacer mistificaciones imperiales– no frenó la orientación dominante de su país. Triunfó una libertad conceptuada por Martí como “señorial y sectaria, de puño de encaje y de dosel de terciopelo, más de la localidad que de la humanidad, una libertad que bambolea, egoísta e injusta, sobre los hombros de una raza esclava”.


El presidente se prestigió con la lucha antiesclavista que unificó a su nación en un capitalismo de corte moderno. Pero, con respecto a Cuba, “pudo oír sin ira que un demagogo le aconsejara comprar, para vertedero de los negros armados que le ayudaron a asegurar la unión, el pueblo de niños fervientes y de entusiastas vírgenes que, en su pasión por la libertad, había de ostentar poco después, sin miedo a los tenientes madrileños, el luto de Lincoln”. Del propio Martí –quien fuera uno de aquellos niños– son esas palabras en otro texto nacido, como el discurso antes citado, de las graves preocupaciones que le causaba un congreso internacional sobre el que este artículo ha de volver.


Recursos verbales para avasallar pueblos


El afán de aquel país por dominar todo el continente se plasmó en su autobautizo. La misma dificultad de hallar un topónimo distintivo, y de sesgo nacional, para la amalgama de territorios usurpados, le facilitó nombrarse de un modo simbólicamente provechoso para sus planes. No sería los Estados Unidos de un área de América, ni siquiera de una tan vasta como la América del Norte, sino de toda la América, acto “inocente” con el cual, de paso, se adueñaba también del gentilicio americano.


Otras naciones se constituirían también como uniones de estados; pero tenían y reconocían lindes que permitirían prescindir del sintagma Estados Unidos al nombrarlas. Así México y Brasil, y esta última lo cambió en 1968 por el de República Federativa. En la nación forjada sobre las otrora Trece Colonias, al omitir los Estados Unidos se llamaría América. Sus pobladores serían los americanos, y ello reduciría a los de otras tierras del continente y sus islas a ser americanos de segunda, si acaso.


El engendro lo reforzaría la inercia de las traducciones, unida al deslumbramiento que en muchas mentes generó una nación que alcanzó para sí la independencia, pero menospreciaría, o impediría, la de otros pueblos. Muy pronto se añadió la propaganda de esa nación para vender su imagen –con su capitalismo y su fase imperialista– como supuesto paradigma.


Tal modelo va desde la ropa y las comidas –aunque las haya chatarra y causantes de obesidad– hasta la tecnología y el arte, calzado todo con la hegemonía del dólar y la expansión del inglés como lingua francaimperial. En la venta de su imagen la potencia en desarrollo capitalizó victorias bélicas debidas sobre todo al sacrificio de otros pueblos, en especial la del soviético en el aplastamiento del fascismo en la Segunda Guerra Mundial.


Como parte de la ofensiva y los logros del imperio en el terreno cultural, sus engañifas han minado la expresión hasta el punto de mellar el habla cotidiana y aun textos de revolucionarios preparados y consecuentes. Por desprevención o por menosprecio del valor de las palabras, no faltan quienes, incluso con responsabilidades específicas en la lucha antimperialista, se traguen ruedas de molino enmascaradas en algo tan “insignificante” o “secundario” como el uso impropio del lenguaje.


Retos lingüísticos y vitales


Al margen de las intenciones, desde otro ángulo tal desprevención viene a ser como si en público exigiéramos respeto y luego, en privado, aceptáramos ser tildados de tontos, o algo peor. Un asunto como ese –que no es cuestión de guerritas verbales– no se encara adecuadamente con prohibiciones ni con decretos impositivos. Como el hecho cultural que es, se debe instalar en la conciencia y tratarse con persuasión bien fundada.


Actuar acertadamente en esa esfera puede plantear retos expresivos –que hasta se esgrimen para justificar inercias o facilismos–, pero lo que es de fondo es de fondo. Un gentilicio parcial y poco protocolar comoyanqui funciona, a veces irónicamente, para repudiar excesos de los Estados Unidos, aunque también se use para que un texto no se plague de repeticiones.


Si yanqui no siempre es una solución satisfactoria, tampoco lo es norteamericano. Vale, por ejemplo, decirel país norteamericano –e incluso americano– y el europeo si antes se ha mencionado a los Estados Unidos y a Francia, por ejemplo. Este país no es el único en Europa, y aquel no es el único en la América del Norte, ocupada igualmente por otros, aunque uno de ellos, México, sea y se sienta esencialmente latinoamericano, como en el otro, Canadá, lo es Québec, extensa área francófona.


Las relaciones entre América y Europa son también complejas. Inglaterra, o más exactamente el Reino Unido –potencia ya no hegemónica y que tiene con su hija putativa en la América del Norte una coincidencia nominal, United, asociable al parentesco entre ambas–, sugiere otros matices. Martí llamó América europea a los Estados Unidos para señalar la filiación que los distanciaba de nuestra América mestiza, onuestra madre América, expresión a la que debe su título habitual el discurso citado.


A la raigambre europea, británica, de los Estados Unidos aludió igualmente al llamarlos la Roma americanay república cesárea. Con esos rótulos condenaba el expansionismo imperialista y el signo opresor característicos de “la patria de Cutting”, no solo del Cutting individuo, como podría inferirse de un texto publicado en La Habana en vísperas de la visita del presidente Barack Obama, y en el que se glosó mal –se falseó–la “Vindicación de Cuba” escrita por Martí en 1889 para combatir insultos anticubanos de la prensa estadounidense.


Más allá de un continente


Si la separación de Gran Bretaña de la Unión Europea se consuma y no corre la suerte de los referendos burlados, quizás las alianzas y subordinaciones reinantes se tornen más ostensibles. ¿No valdría entonces, con mayor base que hoy, hablar de una Inglaterra “estadounidense”? Téngase en cuenta que, a pesar del poderío de la Unión Europea, creada para contrarrestar el empuje económico de los Estados Unidos, con la OTAN ese país domina gran parte de Europa: ¿una Europa “estadounidense”?


De semejante urdimbre no se debe menospreciar detalle alguno, y en ello se ubica el cuidado que se ha tenido al acuñarse la América Latina y el Caribe. En gran medida es una expresión pleonástica, porque el Caribe, tanto el continental como el insular, en su inmensa mayoría es latino, pues sus idiomas son romances: español, portugués, francés o –el caso de Haití– una variante criolla (creole) de esta lengua. Pero la denominación es, sobre todo, justa: hay pueblos del Caribe que no son de condición latina, pues se expresan en inglés y en holandés –o en sus creoles–, idiomas en los cuales el gentilicio estadounidense es American y Amerikaan, respectivamente.


Sin ceder a una digresión tentadora pero desmesurada, apúntese que –con las especificidades propias– también han generado complejidades terminológicas similares otras federaciones de territorios que desbordan una nacionalidad determinada, aunque esta sea dominante en algún sentido. El nombreFederación Helvética, uno de los dados a Suiza, se debe a Helvecia, topónimo latino que ostentó la región –ubicada en la otrora Galia– donde se ubica aquel país plurinacional y plurilingüístico.


Un ejemplo particularmente ilustrativo para el tema es la otrora Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, nombrada así por motivos políticos e ideológicos, y heredera de reminiscencias coloniales contrarias al internacionalismo de sus más lúcidos fundadores, empezando por Lenin. Cuando por inercia o intenciones diversas se llamaba rusos a sus pobladores que no pertenecían a Rusia –central y dominante en la Unión–, ellos se sentían mal nombrados, si no ofendidos. Razones tenían.


Precisión necesaria


El cuidado al emplear la América latina y el Caribe no es menos importante que precisar de qué se habla al decir ruso o rusa. Resulta especialmente necesario para no regalar a los Estados Unidos topónimos y gentilicios de un continente del cual la potencia imperialista no es ni se debe favorecer que siga creyéndose dueña.


Para los pueblos latinoamericanos y caribeños en general se trata de cuidar su cultura, la valoración de su historia, su identidad, el respeto que deben reclamar para sí y darse ellos mismos. Cubanos y cubanas de cualquier ocupación –qué decir si tienen responsabilidades concretas en la política–, deben tomarlo como cuestión de principio y raíz. ¿No se aprendió en Cuba a nombrar bloqueo lo que el imperio y sus voceros –o desinformados o insensibles sobre ese punto– llaman embargo?


Es un asunto inmerso en la lucha antimperialista y, dentro de ella, en la defensa de pueblos contra las agresiones que les han venido y aún les vienen de los Estados Unidos, como el mencionado bloqueo a Cuba. No se habla de caprichitos propios de filólogos maniáticos o fabricantes de alucinaciones. El imperialismo no es un fantasma, ni cuestión de quisquillas formales.


Ante él –como ante la guerra, plaga con que lucra– mantenerse indiferente resulta criminal: “es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”, para decirlo con la canción de León Gieco difundida por Mercedes Sosa. Ni siempre se aplica “los americanos” a los Estados Unidos con el tino irónico de otra canción argentina, la de Alberto Cortez prohibida en 1971 –se ha dicho– por la dictadura de su país.


Martí, gran fundador antimperialista, estuvo al tanto de las trampas culturales del monstruo, incluidas laslingüísticas, en sus estrategias de dominación. Las denunció, por ejemplo, entre 1889 y 1890, “aquel invierno de angustia” que menciona en el pórtico de Versos sencillos refiriéndose al ya aludido congreso internacional con que los Estados Unidos buscaban uncir a nuestra América por medio del comercio. Para ello estimulaban un panamericanismo imperialista contrario al deseable para pueblos que, además de un continente, comparten competencias deportivas e instituciones panamericanas fértiles.


En la “dramaturgia” del foro el gobierno anfitrión ideó un tren-palacio para deslumbrar a los delegados hispanoamericanos. Martí caracterizó la estratagema citando al poderoso vocero imperial The New York Herald: “Es un tanto curiosa la idea de echar a andar en ferrocarril, para que vean cómo machacamos el hierro y hacemos zapatos, a veintisiete diplomáticos, y hombres de marca, de países donde no se acaba de nacer”.


Contra camelos imperiales


Tretas como esa explican el elogio de Martí al digno representante de Argentina, a quien enalteció por haber sabido responder la convocatoria –“América para los americanos”– hecha por los artífices del congreso. Cuando Roque Sáenz Peña “dijo, como quien reta, la última frase de su discurso sobre el Zollverein[arbitraje propuesto por los Estados Unidos en el camino de lo que un siglo después conduciría al ALCA], la frase que es un estandarte, y allí fue una barrera: ‘Sea la América para la humanidad’, –todos, como agradecidos, se pusieron en pie, comprendieron lo que no se decía, y le tendieron las manos”.


Hasta su muerte en Dos Ríos, Martí asumió como deber mayor la lucha contra los planes de los Estados Unidos. Su ejemplo debería servir para no menospreciar nada –“ni tantito así”, dígase con otro revolucionario de su estirpe– de un tema ubicado en la lucha en que a los pueblos de nuestra América, y a Cuba en particular, les va la salvación o la muerte histórica.


Asumir tales verdades no implica desatar hostilidad alguna contra el pueblo de los Estados Unidos, ni oponerse a las buenas relaciones –¡ojalá fueran las predominantes!– de su gobierno con el resto del mundo. Supone, sí, tratar las cosas como son, y no decirle al vino pan, ni pan al vino.


Con lo esbozado hasta aquí no se ha pretendido agotar el tema ni en sus causas ni en sus implicaciones. Más habría que decir en asuntos como la denominación, no menos que redundante, de cubano-americanos(y sus derivados) aplicada a personas cubanas o nacidas de estas y que residen en los Estados Unidos. Si alguien es cubano, ya es americano. En todo caso, lo adecuado sería cubano-estadounidenses.


Para no volver a los matices sobre bloqueo y embargo, cabe preguntar si en Cuba se aceptan manipulaciones como la de llamar régimen a su sistema social, y otras maneras tendenciosas propaladas por los medios dominantes en los Estados Unidos. Las tácticas de esa potencia, que parten de su autosublimación, incluyen descalificar, o insultar, a dirigentes cubanos.


Donde no necesariamente solo medios propagandísticos enemigos, sino también el distanciamiento afectivo, la inercia y ciertas normas o tradiciones protocolares zarandean un apellido cuyo origen recuerda un campamento militar, en la Cuba revolucionaria se prefiere un nombre de pila asociado, en el imaginario consciente o inconsciente, a la lealtad. ¿Por qué no tener cuidados y cultivar matizaciones similares al nombrar realidades como siglos ya de historia y, con implicaciones que los desbordan, todo un continente y sus pobladores?




El cielo se va a caer

Por: Javier Gómez Sánchez, La Joven Cuba


Diariamente uno participa en disímiles conversaciones, dónde se habla de los temas más diversos e inesperados, y si además uno tiene el privilegio de relacionarse con todo tipo de personas, puede llegar a escuchar las declaraciones más peregrinas.


Pero ha sido últimamente cuando he sentido durante algunas conversaciones ese sentimiento amargo que llaman vergüenza ajena.


En los días más recientes he escuchado a tanta gente hacerse eco irracional de los más estrambóticos rumores. ¨Que si vamos a vivir otro Periodo Especial¨. ¨Que si tendremos apagones de 25 horas al día¨. ¨Que si volveremos a 1994 pero en vez de salsa con reguetón¨


En fin, las bolas más exageradas y disparatadas que un grupo humano puede echar a correr siendo solo superadas por Apocalipsis Maya del 2012.


Todo motivado por las medidas de austeridad, término europeo de moda, que el gobierno cubano ha comenzado a tomar luego de una sostenida bajada en los precios del petróleo.


Es necesario entender la paradoja de que el hecho de que los precios del petróleo en el mercado mundial estén desplomados afecta el consumo de hidrocarburos en Cuba.


Como una buena cantidad de países del Caribe y Centroamérica, Cuba importa petróleo a través del programa Petrocaribe. Dicho programa, creado en el 2005 por Hugo Chávez, devino más que un alivio económico en una plataforma de desarrollo, especialmente para aquellos países que han sabido aprovecharlo.


Petrocaribe ofrece créditos a largo plazo y a muy pajo interés, por la compra de petróleo crudo venezolano. No todo el petróleo que importan y consumen sus estados miembros proviene de él, pero por sus ventajas sí su mayor parte. El programa solo está abierto a empresas estatales. Unos 16 países se benefician y en la práctica dependen de su funcionamiento.


Con el tiempo el pago de Petrocaribe se perfilaba no como una mera deuda de los miembros, si no en un fondo de inversión regional similar al que recientemente crearon varios países con China a la cabeza, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Como es entendible la muerte en el 2013 de su principal impulsor, el presidente Hugo Chávez y la compleja situación política posterior en Venezuela afectaron el avance del proceso.


La exportación petrolera es por mucho el primer renglón económico de Venezuela y por lo tanto su principal fuente de divisas. Los altos precios del petróleo en años anteriores permitieron no solo la creación y expansión de Petrocaribe, sino múltiples inversiones en materia social además del lógico sostenimiento de la vida en el país.


La caída de los precios ha disminuido drásticamente la adquisición de dividas para Venezuela así como la existencia de sus reservas nacionales.


Aunque Petrocaribe es un proyecto del gobierno bolivariano, con una fuerte inspiración latinoamericanista y de colaboración regional basada en el principio de Patria Grande, por lo que es lógico que un cambio político en Venezuela amenace su existencia, es muy poco probable que desaparezca al menos en el futuro cercano.


Pero si debido a la coyuntura actual está disminuyendo obligatoriamente su funcionamiento.


Las consecuencias para pequeñas naciones como Nicaragua, Haití, Republica Dominicana, Jamaica, El Salvador, y por supuesto la propia Cuba, pueden ser muy serias.


Sin embargo, si se hace un análisis, tal vez el país que más condiciones tiene para sobrevivir de la mejor manera a esta situación es precisamente Cuba.


A diferencia de sus vecinos tiene una economía mayormente estatal, lo que amén de las diatribas cotidianas de los cubanos, le permite ser una economía planificada. En el país cada año se toman medidas de ahorro energético durante el verano. Se hizo una trasformación de su sistema eléctrico nacional con la llamada Revolución Energética, que lo descentralizó para hacerlo más fragmentado y manejable, con menores afectaciones ante cualquier situación.


Cuba, a diferencia de la gran mayoría del resto de los miembros, produce buena parte del gas y le petróleo que consume. Es entendible que esta situación acelerará la inversión en la extracción nacional.


Según se ha anunciado el país está a las puertas de una segunda sustitución masiva de la tecnología de iluminación, sustituyendo próximamente todos los bombillos llamados ahorradores que remplazaron una vez a los incandescentes, por bombillas led. Se ha hablado de unas 13 millones de bombillas a distribuir. Eso disminuirá notablemente el consumo energético, especialmente el doméstico.


En algunos países cercanos, incluso con Petrocaribe en su mejor momento, la situación energética es penosa. En República Dominicana los apagones diarios sin excepción en gran parte del país superan las 10 horas diarias.


Es posible que el temor de los cubanos sea mayor debido a que la mayoría no recuerda lo que es un apagón más allá de alguna rotura o evento climático y los más jóvenes ni siquiera vivieron el Período Especial.


Como todos los países, la ejecución del presupuesto disponible es anual, y por supuesto está comprometida de antemano y se evita echar mano a las reservas. En medio de un año fiscal es lógico que no sea fácil sacar cientos de millones de dólares para comprar petróleo fuera de Petrocaribe, ni esas compras se hacen de forma expedita.


Lo más probable es que el Estado cubano tenga que comprar durante lo que queda del 2016 y el 2017, el petróleo de otras fuentes para completar su consumo nacional. Claro, no sería con las ventajas de Petrocaribe por lo que significaría un notable impacto financiero. Además de las conocidas consecuencias del bloqueo estadounidense, donde aún no acaba de erradicarse en la práctica la prohibición del uso del dólar.


Pero como quiera que sea se trata de una crisis energética y no de otro tipo. Por supuesto el sector energético es el pilar del funcionamiento de toda la economía y muchos servicios y producciones se verán afectados. Pero no creo, por ejemplo, que los cubanos vayamos a tener por eso un desabastecimiento mucho mayor que el que ya padecemos cada día.


Puede ser que las tiendas incluso abran más tarde y como es habitual cada verano, apagarán el aire acondicionado para que usted pueda encender el de su casa. De hecho la medida de limitar la jornada de trabajo en muchas oficinas y ministerios a medio día, es reducirla al tiempo verdaderamente productivo. El resto de las horas de trabajo no son efectivas pues buena parte del personal se dedica a jugar en la PC o escaparse hacia las tiendas.


La economía cubana y su comercio internacional se encuentran enormemente más diversificadas y con mayores fuentes de financiamiento que en la década del 90. La Cuba de 1994 y la del 2016 no tienen comparación.


Lo que sí es indudable es que la necesidad de desembolsar un mayor capital para el sostén energético del país, llega en un momento en que ese dinero es necesario para acoger inversiones extranjeras, impulsar industrias en expansión como la turística y la minera. También cubrir enormes lagunas en el desarrollo del país como las telecomunicaciones e Internet. Además de satisfacer la cada vez mayor exigencia popular de inversión en los servicios públicos.


La crisis energética será una afectación real además de una nueva y útil excusa en boca de la ineficiencia.


Pero también acelerará la búsqueda de una mayor independencia energética. Nuestra alianza con Venezuela como todas las cosas terrenales tendrá su término. Aunque duro, nos ayudará a hacernos más independientes y por lo tanto más desarrollados tal y como pasó con el padrinazgo soviético o con el fin de la industria azucarera.


En cuanto a la política interna, se cumpliría el más interesante de los escenarios que se especularon cuando las reelecciones de Chávez y Obama – el trabalenguas ¨ (1) Cuba con Chávez y con Obama, (2) Con Chávez pero sin Obama, y (3) Sin Chávez pero con Obama¨- en la práctica, con el socio venezolano agobiado por su situación y una Casa Blanca con relaciones diplomáticas, la tercera opción es la que perece que tendremos por delante.


Esperemos pasar esta situación con la menor afectación posible ya que sin dudas traerá dificultades extras a nuestras vidas.


Mientras, el ser humano seguirá encontrado más placer en la locuacidad que en el análisis. Pero a veces, aunque sea a veces, uno debe poner la vista en el vacío y ocupar su mente en sacar algunas conclusiones. Puede parecer que está entretenido, pero no, esa persona simplemente está pensando.


Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com



lunes, 4 de julio de 2016

El plan nacional de desarrollo hasta 2030: ¿lapsus con la cooperación internacional?

Por Pedro Monreal , Cuba Posible

La cooperación internacional se consolidó como un principio consensuado de la agenda global de desarrollo a partir de la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas, del año 2000. Tal principio ha sido reafirmado y expandido por la nueva agenda internacional de desarrollo hasta 2030, adoptada en septiembre del pasado año en la sede de la ONU. Desde mucho antes, el Estado socialista cubano había asumido la cooperación internacional como un pilar de su proyecto estratégico, incluyendo mecanismos de colaboración que han beneficiado directamente al país, así como múltiples programas de cooperación internacional, de notable escala, diversidad y alcance geográfico, puestos al servicio del bienestar y desarrollo de otros pueblos.




En ese sentido, pudiera afirmarse que la estrategia de cooperación de Cuba ha sido precursora y modelo de lo que hoy se acepta en Naciones Unidas –al menos teóricamente- como un fundamento del funcionamiento civilizado de la comunidad internacional. El historial de cooperación internacional para el desarrollo iniciado por Cuba en la década del sesenta del pasado siglo es uno de los más exitosos jamás emprendidos por una nación del Sur, a pesar de la pequeña escala del país, de sus limitaciones financieras, y del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos. Después del año 2000, y a pesar de la crisis experimentada por la Isla, la contribución cubana a la cooperación internacional ha continuado siendo muy destacada.

Uno de los programas establecidos en esa etapa, el Programa Integral de Salud, incluyó, en el periodo 1998-2009, una cifra superior a 19,000 colaboradores cubanos de la salud desplegados en más de 15,000 comunidades rurales de 43 países, que abrieron 50 hospitales y 661 nuevos servicios, brindando atención a más de 61 millones de personas y salvando la vida de más de 2 millones de seres humanos. En la actualidad, la colaboración médica cubana está presente en 67 países, con más de 50,000 trabajadores de la salud, de ellos 25,000 médicos (1).

Entre muchos ejemplos posibles, el reciente papel desempeñado por la colaboración médica cubana en la contención de la epidemia del ébola en África Occidental (en 2014 y 2015) fue percibido ampliamente como una muestra del liderazgo mundial de Cuba en materia de colaboración Sur-Sur. En esa ocasión, la excelencia de la cooperación internacional cubana se hizo muy notable, pues pudo ser directamente comparada con la colaboración desplegada por Estados Unidos y Gran Bretaña, la primera y la quinta potencias mundiales. De hecho, fue Cuba, y no las otras dos potencias, la que logro colocar “más batas blancas” sobre el terreno durante los complejos y cruciales días iniciales del programa (2). En buena medida, lo que a los ojos del mundo define positivamente a Cuba en materia de desarrollo son los resultados de sus políticas sociales y la contribución que ha hecho a los esfuerzos de desarrollo de otros países, dos componentes que obviamente se encuentran estrechamente relacionados. La pregunta que entonces se impone es la siguiente: ¿por qué la cooperación internacional para el desarrollo ha recibido tan escasa atención en el plan nacional de desarrollo hasta 2030?

La cooperación internacional únicamente cuenta con una breve referencia explícita en el preámbulo del plan (párrafo 30) y luego se enumera tres veces –de manera fragmentada-, como parte del copioso conjunto de objetivos específicos correspondientes a un trío de ejes estratégicos: “Infraestructura”, “Potencial humano, ciencia, tecnología e innovación”, y “Recursos naturales y medio ambiente” (párrafos 135, 157 y 184). El único de esos objetivos que aparece enunciado en términos de cooperación para ayudar a otros países, es el relativo al medio ambiente (párrafo 184). Por otra parte, la referencia específica que se hace a los servicios médicos –como parte de un sector estratégico de “servicios profesionales” (párrafo 243)- no es suficiente en términos de cooperación internacional. Esa mención parece identificar esencialmente los servicios de salud como una actividad comercial, algo que ciertamente debe tener cabida en el plan, pero que proyecta una visión más estrecha que la que le corresponde a la salud en el contexto de la cooperación internacional.

La nueva estrategia internacional 2030 de la ONU: ¿una oportunidad desaprovechada?

Como ocurre actualmente en Cuba, el resto del mundo también se encuentra inmerso en debates sobre estrategias de desarrollo hasta el año 2030. En esto no estamos solos, a pesar de que el documento del plan nacional no hace la menor referencia a la existencia de un marco de discusión global del desarrollo hasta 2030. Ese debate global, fomentado por la ONU, es un escenario donde la experiencia de Cuba en una serie de áreas ha sido asumida de forma paradigmática por gobiernos, expertos y representantes de la sociedad civil de muchos países. Frente a esa realidad, resulta paradójico el “recogimiento” del plan nacional y su desconexión –esperemos que sea involuntaria y temporal- respecto a un marco de referencia global en el que la estrategia de desarrollo de Cuba tendría condiciones para ocupar un destacado lugar, especialmente en ciertos sectores, siempre que logre ser comunicada eficazmente.

La nueva agenda internacional de desarrollo hasta 2030, aprobada por la comunidad internacional, no implica el cumplimiento forzoso de sus metas por parte de los países, pero define un marco preciso para el seguimiento del avance de los procesos de desarrollo –mediante indicadores específicos- que establece la manera en que las naciones deben reportar periódicamente sus avances a la ONU. Esa circunstancia implica, en principio, la conveniencia de que exista una relativa sincronización entre los planes nacionales y la estrategia global. En el caso de Cuba, esto se dificultaría, al menos, por dos factores. Primero, porque el plan nacional proyecta la imagen de ser una especie de “electrón libre”, sin conexión explícitamente reconocida con la nueva estrategia de desarrollo internacional de la ONU. En segundo lugar, el plan nacional no incluye parámetros de medición y de seguimiento. No contiene ni metas ni indicadores y, por tanto, no permite conocer de qué manera específica Cuba reportaría a la ONU sus avances en materia de desarrollo.

Llegados a este punto conviene precisar que, en sentido estricto, Cuba no tendría “necesidad” de tomar como referencia la nueva estrategia de desarrollo internacional de la ONU. El país pudiera decidir adoptar un plan nacional de desarrollo “en solitario” y, quizás, este pudiera funcionar bien. Muchos expertos consideran que la adopción de objetivos, metas e indicadores –que representa el contenido principal de la agenda 2030 de la ONU- no es suficiente para definir una estrategia de desarrollo. Se argumenta que la nueva agenda de la ONU es esencialmente una declaración global de aspiraciones sobre el desarrollo, algo que es, sin dudas, positivo cuando se ha arribado a ello mediante prolongadas y abundantes discusiones que involucraron gobiernos, expertos y las sociedades civiles de todo el mundo. Sin embargo, no pocos especialistas han alertado sobre el riesgo de crear la falsa ilusión de que el desarrollo puede ser alcanzado de manera incremental mediante posibles avances registrados en un conjunto de metas, lo cual es una visión simplista del desarrollo (3). En cualquier caso, con independencia de este tipo de apreciaciones que expresan los expertos, la nueva agenda de desarrollo de la ONU es un hecho político con el cual hay que lidiar de la única manera en que es efectivo hacerlo: mediante respuestas de naturaleza política. Estas deberían incluir el diseño del plan nacional de desarrollo.

Indudablemente, son las prioridades nacionales las que determinan el diseño y la implementación del plan nacional de desarrollo. Por esa razón, la vinculación del plan nacional con la estrategia internacional de la ONU no es un asunto de “necesidad”. De lo que se trata es de la “conveniencia” de sincronizar los planes estratégicos que existen a esos dos niveles (nacional y global). Existe, al menos, una razón de principios y dos razones prácticas. En el plano de los principios, Cuba debe definirse como una nación solidaria y debe asegurarse de que así se le perciba. En el terreno práctico, la primera consideración es que, para un pequeño estado insular como Cuba, el entorno internacional es decisivo, de manera que no puede asumirse que es muy grande el margen de maniobra que existe para que el plan nacional marche por un lado y la estrategia de desarrollo de la comunidad internacional vaya por otra parte. La segunda razón práctica es que la estrategia global puede crearle a Cuba oportunidades concretas en el plano económico y en el de la seguridad nacional. Este último aspecto es importante, pues ser percibida universalmente como una nación de paz y solidaria, con capacidades probadas para contribuir a la solución de los retos del desarrollo de otros países, tiende a favorecer relaciones diplomáticas cordiales que proporcionan un entorno de estabilidad internacional beneficioso para el desarrollo nacional.

Nombrando posibles oportunidades

Existen múltiples metas de la estrategia global de la ONU que son propicias para el despliegue de las capacidades de cooperación internacional de Cuba en diversas áreas, destacándose la salud, la educación, y la ciencia y la tecnología. En todos esos casos existiría la posibilidad de alinear el plan nacional con metas específicas de la estrategia global de la ONU. No se trataría de que Cuba adoptase como propias esas metas, las cuales en muchos casos ya han sido superadas por Cuba desde hace décadas, sino para que estas metas internacionales pudiesen ser tomadas como parámetros precisos para identificar la intersección de posibles demandas de colaboración con capacidades cubanas de cooperación cuya efectividad es reconocida internacionalmente.

A continuación, se presenta una lista no exhaustiva de 21 metas de la agenda internacional de la ONU para las que Cuba ha demostrado tener efectividad. Pudieran agregarse más, pero esto no debe ser tomado como una propuesta de que todos esos temas deban ser reflejados en el texto del plan. El propósito del listado no es aturdir al lector con una relatoría de metas, sino ilustrar la considerable divergencia que existe entre las cuantiosas direcciones posibles de cooperación internacional que pudieran existir y la parquedad con que el plan nacional de desarrollo las ha reflejado.

El listado sería el siguiente (4):

Meta 3.1 “De aquí a 2030, reducir la tasa mundial de mortalidad materna a menos de 70 por cada 100.000 nacidos vivos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.2 “De aquí a 2030, poner fin a las muertes evitables de recién nacidos y de niños menores de 5 años, logrando que todos los países intenten reducir la mortalidad neonatal al menos a 12 por cada 1.000 nacidos vivos y la mortalidad de los niños menores de 5 años al menos a 25 por cada 1.000 nacidos vivos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.3 “De aquí a 2030, poner fin a las epidemias del SIDA, la tuberculosis, la malaria y las enfermedades tropicales desatendidas y combatir la hepatitis, las enfermedades transmitidas por el agua y otras enfermedades transmisibles” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.7 “De aquí a 2030, garantizar el acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva, incluidos los de planificación familiar, información y educación, y la integración de la salud reproductiva en las estrategias y los programas nacionales” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.8 “Lograr la cobertura sanitaria universal, incluida la protección contra los riesgos financieros, el acceso a servicios de salud esenciales de calidad y el acceso a medicamentos y vacunas inocuos, eficaces, asequibles y de calidad para todos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 3.b “Apoyar las actividades de investigación y desarrollo de vacunas y medicamentos contra las enfermedades transmisibles y no transmisibles que afectan primordialmente a los países en desarrollo y facilitar el acceso a medicamentos y vacunas esenciales asequibles de conformidad con la Declaración relativa al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio y la Salud Pública, en la que se afirma el derecho de los países en desarrollo a utilizar al máximo las disposiciones del Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio respecto a la flexibilidad para proteger la salud pública y, en particular, proporcionar acceso a los medicamentos para todos” (meta correspondiente al objetivo de salud de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.1 “De aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños terminen la enseñanza primaria y secundaria, que ha de ser gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados de aprendizaje pertinentes y efectivos” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.2 “De aquí a 2030, asegurar que todas las niñas y todos los niños tengan acceso a servicios de atención y desarrollo en la primera infancia y educación preescolar de calidad, a fin de que estén preparados para la enseñanza primaria” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.3 “De aquí a 2030, asegurar el acceso igualitario de todos los hombres y las mujeres a una formación técnica, profesional y superior de calidad, incluida la enseñanza universitaria” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.4 “De aquí a 2030, aumentar considerablemente el número de jóvenes y adultos que tienen las competencias necesarias, en particular técnicas y profesionales, para acceder al empleo, el trabajo decente y el emprendimiento” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.5 “De aquí a 2030, eliminar las disparidades de género en la educación y asegurar el acceso igualitario a todos los niveles de la enseñanza y la formación profesional para las personas vulnerables, incluidas las personas con discapacidad, los pueblos indígenas y los niños en situaciones de vulnerabilidad” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.6 “De aquí a 2030, asegurar que todos los jóvenes y una proporción considerable de los adultos, tanto hombres como mujeres, estén alfabetizados y tengan nociones elementales de aritmética” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.a “Construir y adecuar instalaciones educativas que tengan en cuenta las necesidades de los niños y las personas con discapacidad y las diferencias de género, y que ofrezcan entornos de aprendizaje seguros, no violentos, inclusivos y eficaces para todos” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 4.c “De aquí a 2030, aumentar considerablemente la oferta de docentes calificados, incluso mediante la cooperación internacional para la formación de docentes en los países en desarrollo, especialmente los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo” (meta correspondiente al objetivo de educación de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 13.1 “Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países” (meta correspondiente al objetivo de cambio climático de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 13.2 “Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales” (meta correspondiente al objetivo de cambio climático de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 13.3 “Mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional respecto de la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana” (meta correspondiente al objetivo de cambio climático de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 14.5 “De aquí a 2020, conservar al menos el 10% de las zonas costeras y marinas, de conformidad con las leyes nacionales y el derecho internacional y sobre la base de la mejor información científica disponible” (meta correspondiente al objetivo de conservación y uso sostenible de los mares y recursos costeros de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 17.6 “Mejorar la cooperación regional e internacional Norte-Sur, Sur-Sur y triangular en materia de ciencia, tecnología e innovación y el acceso a estas, y aumentar el intercambio de conocimientos en condiciones mutuamente convenidas, incluso mejorando la coordinación entre los mecanismos existentes, en particular a nivel de las Naciones Unidas, y mediante un mecanismo mundial de facilitación de la tecnología” (meta correspondiente al objetivo de medios de implementación y alianza mundial para el desarrollo sostenible de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 17.8 “Poner en pleno funcionamiento, a más tardar en 2017, el banco de tecnología y el mecanismo de apoyo a la creación de capacidad en materia de ciencia, tecnología e innovación para los países menos adelantados y aumentar la utilización de tecnologías instrumentales, en particular la tecnología de la información y las comunicaciones” (meta correspondiente al objetivo de medios de implementación y alianza mundial para el desarrollo sostenible de la estrategia 2030 de la ONU)

Meta 17.9 Aumentar el apoyo internacional para realizar actividades de creación de capacidad eficaces y específicas en los países en desarrollo a fin de respaldar los planes nacionales de implementación de todos los Objetivos de Desarrollo Sostenible, incluso mediante la cooperación Norte-Sur, Sur-Sur y triangular (meta correspondiente al objetivo de medios de implementación y alianza mundial para el desarrollo sostenible de la estrategia 2030 de la ONU)

Observaciones finales

Observación # 1: La posibilidad de tomar en cuenta estas oportunidades no significa agregarle al plan cosas que no se estén haciendo o respecto a las cuales pudiesen existir dudas sobre la capacidad nacional para acometerlas. De hecho, Cuba no solamente ha demostrado excelencia, desde hace tiempo, en esas áreas de la cooperación internacional, sino que actualmente la cooperación representa la mayor fuente de ingresos externos de la nación. Se trataría de aproximar el plan a una realidad que ya existe, pero que no se encuentra reflejada adecuadamente en el documento. Ciertamente, no es el tipo de componente del plan que solamente merezca unas pocas y esparcidas menciones. Debido a su escala e importancia, tampoco es un componente que pueda ser definido de manera insuficiente en la versión inicial del plan, quizás asumiendo que luego habrá tiempo para perfilarlo mejor.

Observación # 2: La cooperación internacional debería ser parte de la planificación estratégica del país, pero no de manera abstracta, ni como un simple enunciado. La identificación relativamente precisa de las posibles direcciones de la cooperación internacional de Cuba en los próximos 15 años no es un asunto menor. Dejar de hacerlo implicaría correr el riesgo de diseñar una planificación estratégica excesivamente atenta a consideraciones “comerciales”, como ocurre en la descripción actual del eje estratégico “Transformación productiva e inserción internacional”, donde no se mencionan, ni una vez, los términos “cooperación” y “colaboración”. Al no hacerlo, se excluiría del diseño del plan estratégico el mecanismo actual más exitoso de inserción internacional del país –la cooperación internacional- que, aunque no es ajeno a las consideraciones comerciales, se explica fundamentalmente por razones extra-económicas. Una parte considerable de la cooperación internacional cubana se fundamenta en acuerdos estatales, no es un resultado del mercado.

Observación # 3: Cuando se asume esencialmente la colaboración como un sector de servicios –de la manera en que parece hacer el plan- se empobrece el enfoque sobre la cooperación internacional. Desde la perspectiva del desarrollo, esta desempeña una función mucho más importante que la de ser un sector económico. Cuando Cuba coopera con otras naciones en materia de salud y educación, la interacción esencial no consiste en una transacción comercial (dinero u otros bienes a cambio de servicios). La cooperación que practica Cuba contiene inevitablemente una propuesta –no necesariamente explícita- de transformación social que rebasa ampliamente las posibles mejoras de los sistemas de salud y de educación de otros países. Para decirlo claramente, cuando un país receptor de la cooperación de Cuba no logra mejorar sus índices de salud –por ejemplo, la mortalidad infantil- por debajo de determinados niveles, a pesar de la excelencia de la colaboración cubana, lo que siempre resulta evidente es que ello no sucederá mientras predominen en esos países determinadas estructuras de poder y el tipo de sociedad que tales estructuras generan. Los índices de salud no podrán mejorar lo suficiente porque la pobreza y la desigualdad en esas naciones desempeñan funciones “patogénicas”, es decir, enferman y matan seres humanos como parte de la operación normal del sistema (5).

Observación # 4: En la cooperación internacional de Cuba está contenida, por tanto, la premisa de que el desarrollo no se alcanza con acciones puntuales, sino que para avanzar hacia el desarrollo deben resolverse las causas esenciales que mantienen a las sociedades en el subdesarrollo. Aquí lo que tiende a operar, para decirlo rápido, es una interacción ideológica entre Cuba y los receptores de la cooperación cubana. La posibilidad de que esa idea se transforme en cambio social es un asunto aparte, cuyo análisis supera los propósitos de este texto. Lo que trato de resaltar es que, vista desde una perspectiva amplia y de largo plazo, la cooperación internacional de Cuba, al promover trasformaciones sociales profundas en otros países es coherente con la noción de que la prosperidad de Cuba debe estar integrada a la construcción de “un mundo mejor”. No debe ser concebida de manera aislada. La visión de nación que se proyecta para Cuba difícilmente pueda materializarse en un entorno internacional donde no se produzcan cambios sistémicos en otros países. Aclaro que no me refiero necesariamente a cambios muy radicales, quizás bastaría –para empezar- con que se alcanzasen las aspiraciones descritas en la estrategia de desarrollo de la ONU. Contribuir a mejorar el mundo no expresa solamente una idea noble, es algo que también responde directamente al interés nacional.

Observación # 5: Recientes propuestas hechas en el marco de la consulta de los documentos (conceptualización y plan nacional) han sugerido agregarle el calificativo de “culta” a la visión de nación expresada en el plan nacional, lo cual considero apropiado (6). En ese sentido, y sin que se interprete necesariamente como una propuesta de agregarle más cualidades a la visión de la nación, el análisis del papel de la cooperación internacional en el desarrollo permite concluir que los calificativos de “nación de paz” y “nación solidaria” deberían formar parte del paradigma de la nación que desea edificarse.

Notas:
1- Las cifras exactas sobre el Programa Integral de Salud son las siguientes: “19 818 colaboradores de la salud; el 78,9 % médicos, ubicados en 426 departamentos y 15 137 comunidades rurales de 43 países, se atendieron 61 469 188 habitantes, han abierto 50 hospitales y 661 nuevos servicios. En los países del programa se ha reducido la mortalidad materna e infantil, por atención de urgencia se ha salvado la vida a 2 115 589 personas”. Ver, Yíliam Jiménez Expósito. “El Programa Integral de Salud de Cuba. Un Modelo de Cooperación Sur- Sur”. Revista Cubana de Salud Pública Internacional 2010; 1 (1). La referencia sobre el número de colaboradores de la salud fue tomada del artículo “Consolidan colaboradores cubanos programa de salud en Sudáfrica”. Revista Bohemia, 7 de abril de 2016. http://bohemia.cu/salud/2016/04/consolidan-colaboradores-cubanos-programa-de-salud-en-sudafrica/


2- Alexandra Sifferlin, “Why Cuba Is So Good at Fighting Ebola”, Time Magazine, November 5, 2014,http://time.com/3556670/ebola-cuba/; Laurie Garrett, “How Cuba Could Stop the Next Ebola Outbreak”, Foreign Policy, May 6, 2015, http://foreignpolicy.com/2015/05/06/cuba-ebola-west-africa-doctors/; Monica Mark in Lagos, “Cuba leads fight against Ebola in Africa as west frets about border security”, The Guardian, Sunday 12 October 2014,https://www.theguardian.com/world/2014/oct/12/cuba-leads-fights-against-ebola-africa; Eduardo J Gomez, “Cuba's health diplomacy in the age of Ebola”, BBC News, 14 November 2014, http://www.bbc.com/news/world-latin-america-29984688

3- Esta fue una crítica planteada con fuerza por especialistas como Sakiko Fukuda-Parr y Thomas Pogge durante el proceso de consultas que organizó la ONU como parte de la preparación de la nueva agenda internacional de desarrollo. Ver, Thomas Pogge (2016). “A Critique of the Sustainable Development Goals’ Potential to Realize the Human Rights of All: Why being better than the MDGs is not good enough”. https://campuspress.yale.edu/thomaspogge/files/2015/10/SDG-HR_Rev-Jan-25-uugh97.pdf

4- Naciones Unidas. “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. Documento A/70/L.1. Septuagésimo período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas. 18 de septiembre de 2015.http://www.un.org/ga/search/view_doc.asp?symbol=A/70/L.1&Lang=S

5- Paul Farmer. “Pathologies of Power: Health, Human Rights, and the New War on the Poor”. California Series in Public Anthropology. Los Angeles. 2004.

6- Yuniel Labacena Romero. “Desde la cultura también se construye futuro”. Juventud Rebelde. 25 de junio del 2016.http://www.juventudrebelde.cu/cultura/2016-06-25/desde-la-cultura-tambien-se-construye-futuro/