miércoles, 18 de mayo de 2016

Una reseña hasta ahora perdida de José Martí

“El bostezo de los dioses”, sobre el libro de Nicolás Domínguez Cowan Las Pifias del Ajedrez


Uno de los textos que ha sido más buscado por los amantes del ajedrez en Cuba es la reseña que Martí escribió del libro de Nicolás Domínguez Cowan: Las Pifias del Ajedrez.[1] Este libro se publicó en México en 1886, y el autor se lo envió a Martí, quien era su amigo y residía a la sazón en Nueva York. Se sabía por una de las cartas del cubano que este había recibido el libro y que había publicado la reseña en uno de los números del Economista. En su carta del 24 de febrero de 1887, Martí le decía a Domínguez Cowan “¿Con que no han llegado a manos de V. dos números de ‘El Economista Americano’ que puse yo mismo, en diciembre, en el correo, y le hubieran dicho que sí recibí las Pifias, y me parecieron todo lo que allí digo?” (OC 20, 320).[2] Pero esto era todo lo que se sabía, porque no teníamos la reseña, ni el número en que se publicó.




De hecho, de los números que Martí publicó durante tres años del Economista solamente había sobrevivido uno solo, que se encontró en 1979 en la Biblioteca Nacional de Cuba. En mi libro El Poeta en el mercado de Nueva York doy a conocer otro ejemplar que hallamos, y en donde se encuentra este artículo que salió en el mes de noviembre de 1886.[3] En esta reseña Martí incluye además una valoración del libro de su otro compatriota, Andrés Clemente Vázquez, algo que también sabíamos por la misiva que le dirigió a Domínguez Cowan donde le recalcaba: “¡dejar de escribir lo justo de la obra de mi amigo! Y de intento lo puse en un número que había de ser leído. Tomé ocasión de las Pifias para pagar mi deuda a Andrés Clemente Vázquez” (OC 20, 320 énfasis nuestro).


Vale agregar que Martí estaba en lo correcto cuando le dijo a Domínguez Cowan que en el número en que la publicó, con toda intención, era uno “que debía de ser leído” ya que este fue un número realmente extraordinario, que Martí dedicó a las fiestas por la inauguración de La Estatua de la Libertad en Nueva York y que incluye crónicas memorables como la que le dedicó a Henry George, el economista político norteamericano que más admiró en su vida. Esta y otras crónicas, por consiguiente, aparecen en mi libro, pero a continuación reproduzco para los lectores de CUBAENCUENTRO y los fanáticos del juego ciencia esta reseña de Martí sobre lo que llama: el “bostezo de los dioses”.


“Pifias del Ajedrez” De Nicolás Domínguez Cowan, “Análisis del Juego del Ajedrez” De Andrés Clemente Vázquez


José Martí


Nos viene de México, hermosamente impreso, un libro hidalgo, ya por la elegancia y discreción que todo el respira, ya por lo castizo y sabroso de los comentarios con que su autor, el distinguido cubano Nicolás Domínguez Cowan, apunta las pifias de ajedrecistas afamados en las partidas que transcribe. Y tan bien hecho está el libro, que burla burlando viene a ser como una guía literaria del noble entretenimiento del ajedrez, aunque en apariencia no sea más que una colección de juegos, escogida por mano de maestro para que se vea como pueden “bostezar los dioses.” Entre las “pifias” no ha de incluirse por cierto el prólogo, que es donairoso y ameno, ni los comentarios, animada revista en que pasan contritos los jugadores más gallardos, desde Rui López de Sigura, que divertía los ocios acres de Felipe II, hasta Eguiluz, de México, y Andrés Clemente Vázquez, de Cuba, brillantes y novísimos mantenedores.


Esto nos trae a la memoria, para que se vea como nuestra raza sobresale tanto en lo sutil como en lo hojoso, que el cubano Andrés Clemente Vázquez, sobre ser orador de empuje, cabeza de fuerza, y abogado de mérito, ha escrito un “Análisis del Juego del Ajedrez” que goza ya de justa fama, y debe estar en la mesa de todo jugador, por no haberlo tan bueno que no tenga algo que aprender del libro. Allí está todo: las reglas generales y la apertura de los juegos, y sus fines, habilidades y problemas. No hay tratado más claro y completo, ni escrito con mayor urbanidad y soltura, como que el autor se sabe de memoria en todos sus lances y osadías cuantas combinaciones puedan ponerse en el tablero. Avalora el libro, que es un verdadero código, una buena colección de juegos difíciles o célebres.


A un cubano también, al eminente ajedrecista Dionisio Martínez, que es persona magna entre los de esta afición, dedica sus “Pifias” Nicolás Domínguez Cowan, quien pone curioso remate a su libro con una traducción hecha en verso español por David León del poema que escribió sobre el ajedrez aquel rabino de Aben Ezra, cuyos cantares son todavía himnos cotidianos en las casas judías. Si se han de entretener los hombres, sea en cosas tan intelectuales y honestas como el juego que tiene tan cabal tratadista en Andrés Clemente Vázquez, y comentador tan pulido y donoso en Nicolás Domínguez Cowan.








¿Vuelta al capitalismo o más allá del socialismo estatal?: Riesgos y desafíos.

Por Ovidio D´Angelo Hernández, Cuba Posible

La situación actual.





Los Lineamientos del Partido abrieron, de manera abrupta, unas nuevas formas de emprendimientos no estatales (FGNE) a partir de la figura del cuentapropismo (TPCP) y de cooperativas no agropecuarias, mediante fórmulas de propiedad no estatal, arriendos a privados o colectivos, etc.

Las medidas dieron un respiro a nuevas iniciativas de servicios a la población, comercialización –o, en menor medida, de producción- que diversificaron las ofertas disponibles, descargando al Estado, en alguna medida, de numerosos males (plantillas infladas, filtraciones –llamados faltantes-, atención a múltiples pequeños establecimientos que dispersan las posibilidades organizativas, etc.).

Unido a ello, se producen alzas en precios de productos básicos o elaborados, con la intervención de otros actores que complican las cosas (intermediarios –a veces necesarios-, trabajadores informales, mercado negro, etc.), a lo que ha contribuido la lenta y minoritaria introducción de mercados mayoristas.

Por otro lado, el llamado TPCP desbordó ampliamente, a veces de manera legal o de forma expedita y subterránea, sus funciones originales de apoyo a los ingresos de algunos sectores de la población. Bajo esa figura hoy existen trabajadores personales, arrendadores de habitaciones, micro-negocios familiares o arrendatarios colectivos (que, en la práctica, funcionan como una asociación cuasi-cooperativa: por ejemplo, peluquerías, ajustadores de relojería y otros). Todo ellos compatibles con formas de propiedad o gestión de tipo personal-microcolectivas, autogetionadas, afines al ideal socialista de progreso, equidad y libertad personal.

El problema comienza a surgir cuando de esas micro agrupaciones emergen otras “pequeñas”, medianas y mayores empresas en las que los titulares cuentapropistas (en realidad patrones capitalistas de diverso nivel) contratan a otros trabajadores, de manera que comienza a extenderse una forma de explotación de fuerza de trabajo que va engrosando capitales, más allá de que no todos los derechos laborales se cumplan.  Algunos de esos negocios, inclusive, mantienen una forma encubierta de inversión de capital extranjero que también comparte las ganancias de una manera ilegal, como forma de explotación del trabajo asalariado.

Otro tanto sucede con las cooperativas no agropecuarias, que en su mayoría son impuestas desde los organismos estatales de procedencia, sin disponer de una formación y disposición cooperativista basada en los principios fundantes de las mismas, en una extraña mezcla de negocio derivado de lo estatal (o articulado con relaciones preexistentes) y privado, de un grupo ajeno a las necesidades sociales.

No podría decirse que la empresa estatal -tal y como ha funcionado- sea la solución, pues igual enajena al trabajador asalariado de sus resultados y del proceso de gestión y distribución de las ganancias. La fórmula actual descentralizada, planteada por los Lineamientos, obvia la importancia de la participación del colectivo de trabajadores en las decisiones fundamentales de las empresas. Es por ello que no podría considerarse tampoco como una propiedad social, más allá de que el Estado-Partido decide qué hacer con los fondos recaudados de sus productos, una parte de los cuales son redistribuidos en servicios sociales gratuitos a la población y otra parte del presupuesto estatal queda difuminada en el secretismo habitual.

Las relaciones Cuba-Estados Unidos-Europa en la nueva coyuntura.

La política de establecimiento de relaciones entre Estados con diferente régimen social resulta una obvia necesidad en los tiempos actuales de un mundo globalizado cultural y económicamente. Lo mismo ocurre con el restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos, más acá y más allá de la historia de agresiones y confrontaciones.

Sin embargo, como muchos han señalado, se mantienen diferencias de enfoque desde ambos lados. No puede esperarse que Estados Unidos deje a un lado su impronta de gran nación, su aspiración de promover el sistema capitalista y la democracia formal como ideal de país; incluso cuando simule no inmiscuirse en los asuntos internos de los países.

Resultó muy ilustrativo el contraste de posiciones en el encuentro del presidente Obama con cuentapropistas cubanos, entre algún cuentapropista de vocación social (Papito-Proyecto Artecorte, con actividades múltiples de favorecimiento del entorno social, en interrelación con el sector público-estatal y otros TPCP e instituciones comunitarias), que enfatizó la realización de su actividad basada en valores sociales y la interpretación divergente de Obama, aconsejando que desde un garaje se podía llegar a construir grandes empresas privadas y le auguraba éxitos a Papito –muy distintos a los que él mismo se estaba planteando.

De la parte cubana, el mantenimiento de esquemas conceptuales que resultaron inviables en los países del socialismo real, la inercia de cambio de mentalidad –con proclividad a la aceptación de formas capitalistas nacionales o extranjeras, sin contrapeso en una conformación socializadora posible-, abre el camino a la incertidumbre sobre las vías próximas del desarrollo nacional.

¿Alternativas de solución socialista?

Si se tomaran en cuenta las experiencias históricas (las pasadas y las actuales) sobre diferentes formas de organización de la sociedad, se podría llegar a fórmulas más sociales en las que las diversas formas de propiedad y gestión asumieran un carácter realmente social. Los principios de la Economía Social y Solidaria (ESS), acompañados de una democracia participativa, protagónica y decisoria en todos los niveles de la economía y la sociedad, generarían una cultura diferente de cooperación y ayuda mutua, de distribución equitativa, en vez de generar desigualdades, pobreza, alienación del trabajo y oposición capital-trabajo.

El modelo de emprendimiento con vocación social del Proyecto Artecorte, apoyado por el Plan Maestro de la Oficina del Historiador de La Habana y generador de bienestar social y relaciones intersectoriales positivas, es un ejemplo de lo que se puede conseguir para beneficiar a todos.

La ESS sería una plataforma que permitiría aplicar a las distintas formas de propiedad los principios del cooperativismo siguientes: 1) Participación democrática de los trabajadores en las decisiones y gestión empresarial. 2) Distribución de las ganancias de acuerdo a principios consensuados. 3) Autonomía relativa de funcionamiento empresarial, en relación intersectorial público-privado. 4) Co-participación de capitales de diferentes fuentes, bajo los principios anteriores, en las diversas formas de propiedad. 5) Ejecución de formas de Responsabilidad Social comunitaria, de cooperación y solidaridad social, que beneficien a los sectores más desfavorecidos y vulnerables, mediante múltiples acciones. 6) Formas de organización del trabajo a partir de grupos multifuncionales y semi-autónomos. 7) Construcción de formas de asociatividad de los emprendimientos y empresas de diferente tipo, que garanticen la posibilidad de aplicación de esos principios solidarios comunitarios. 8) Promoción de la propiedad y/o gestión comunal de formas cooperativas o asociativas mixtas. 9) Vinculación, a nivel territorial, de las diferentes formas de propiedad a partir de Programas de Desarrollo Social y en estrecha vinculación con la participación ciudadana bajo formas organizativas comunales, etc.

Algunas de esas medidas se realizan hoy, incluso en países capitalistas o en experiencias socialistas, con diferentes fines. Pueden tomar aquí su verdadero sentido social de solidaridad y construcción social cooperada. Si la empresa estatal fuera realmente social y las formas de autogestión extendidas a todos los planos de la sociedad fueran las que se enfatizaran, andaríamos de otra manera.

Ello demanda una participación activa y eficaz, que bajo ciertas condiciones y comprometida con los principios mencionados, contribuiría al necesario fortalecimiento tecnológico y financiero de la economía nacional.

Se requeriría el ejercicio del TPCP bajo principios asociativos que les permita ejercer un mayor nivel de responsabilidad social (más allá de las cargas impositivas estatales que no son controladas por la población) y, conjuntamente, el restablecimiento de principios de sindicalización real (lo que vale para el sector estatal en el que los sindicatos han quedado reducidos a simples poleas de transmisión desde el Centro). Esto último favorecería los derechos de los trabajadores asalariados en todas las formas de propiedad y gestión.

La intersectorialidad bajo principios de concertación público-colectiva-privada, de todas las formas de asociación empresarial, cooperativas asociadas (de segundo y tercer orden) en federaciones nacionales y territoriales, bajo el papel regulador del Estado, podrían, en su conjunto, coadyuvar al desarrollo socioeconómico que necesitamos.

Todo esto apunta a que el panorama futuro no se decide mediante la promoción de formas capitalistas con democracia formal (capitalismo desarrollado actual), ni con formas capitalistas-estatales con gobiernos autoritarios (“socialismo” de mercado tipo oriental), ni con formas de socialismo real-estatal con pequeña producción mercantil y limitada inversión extranjera (“socialismo” con actualización del modelo económico-social). Otras formas basadas en una cultura de la cooperación, del legado del Buen Vivir, de la participación popular ciudadana, del gobernar obedeciendo, del socialismo comunal y otras son posibles, como alternativas a la realidad incierta de la Cuba de hoy.



martes, 17 de mayo de 2016

Reglas para el debate o cuestión de principios


Por  






Lo pueden creer, esta no, es una guerra de frases, no es una confrontación de palabras por palabras, de argumentos de utilería, de oratoria fatua o improvisada. Esta es una guerra de principios. ¿Qué son principios? Digamos columnas, raíces, bases o puntos germinales desde donde surge la esencia de las cosas. Los principios son la estructura sólida sin la cual el cuerpo, el edificio, la obra se desmorona.

Por supuesto una guerra de principios es una guerra por el poder. El poder de sostenerse sobre los principios, los del socialismo contra los del capitalismo. Es eso.

Primera regla para el debate
. No será posible entendernos con quienes llegan hasta nosotros portando una granada de fragmentación lista para hacerla estallar en el seno de la República, de la Nación, de la Patria con el fin de destruir el sistema socialista en construcción y reponer el arcaico y desgastado sistema capitalista. Todo lo demás es discutible.







La Constitución de la República de Cuba contiene entre sus fundamentos la condición de no regresar al capitalismo, la irreversibilidad del socialismo. Esa condición no fue un capricho, ni una enmienda adoptada por señores de corbata, asalariados del poder, fue el parto popular de una decisión pensada y firme de la inmensa mayoría de la población cubana, consultada en las urnas, avaladas con su firma, argumentadas con su historia. Un acuerdo de todos, o de casi todos, no volver atrás, aunque ese pasado nos lo disfracen de futuro.

En el recién finalizado VII Congreso se anunció una reforma constitucional, destinada a contextualizarla El primer secretario del Comité Central dijo: “Estas modificaciones (…) deberán fijarse en la Constitución de la República que nos proponemos reformar en los próximos años, considerando las importantes transformaciones asociadas a la actualización del modelo económico y social y su conceptualización. En la Constitución hay que reflejar todo lo que vamos haciendo, en el momento”. 

La carta magna, a los requerimientos del contexto histórico que vivimos.

Y dijo más. “Debo resaltar que en el alcance de estos cambios constitucionales propondremos ratificar el carácter irrevocable del sistema político y social refrendado en la actual Constitución, que incluye el papel dirigente del Partido Comunista de Cuba en nuestra sociedad (Aplausos), y que en la actual Constitución es el artículo 5”.

Por supuesto eso no significa que como toda la letra del documento, ese artículo estará por supuesto en pleno debate. Si se mantiene y la mayoría vota a favor de la constitución en toda su letra, entonces ahí estamos, firmes en el camino adelante. Si por el contrario la carta magna no es aceptada y recibe los votos mayoritarios en contra, entonces habrá que ir a una nueva propuesta. Lo que si no ocurrirá en Cuba es que la Revolución contradiga la democracia que ella misma ha postulado como parte de la justicia alcanzada.

Los fabricantes de programas, proyectos, articulaciones, y otros similares de interés capitalista en Cuba saben perfectamente que el principio de la democracia es y será respetado, por ello buscan a toda máquina una forma de desmontar la irreversibilidad al capitalismo. Hay sin dudas señores y señoras dispuestos a vender su alma, como también hay, en inmensa mayoría, gente, formidable, con las manos firmes en lo que quieren, empeñadas en no dejar que le destrocen su país. Esos son una barrera infranqueable para los ilustres que pretenden ser Estrada Palmaen su versión 2.0.

Puede ocurrir que alguien pregunte ¿y por qué no al capitalismo? O es inocente o es ladino. Para el primero información para el segundo Baraguá.

Cuba, los cubanos, construyen una sociedad nueva. En ese arduo trabajo de albañilería histórica por supuesto se cometen errores, se saltan planos, se desentienden quien pone el ladrillo y quien dice donde se pone. Y también se avanza con buen tino, se funde una base antisísmica, se levanta una columna para siempre. Todo eso ocurre en cualquier obra, incluida las trascendentales e históricas.  El final es una edificación enteramente nueva, sin los males de las sociedades de mercado. Ninguno de los problemas actuales de Cuba se resuelven dentro del capitalismo. Los problemas de la sociedad de consumo, no se han resuelto en 500 años, por el contrario estos se han incrementado.

Los aspirantes a la Cuba de rodillas repiten una y otra vez: para Cuba, más democracia, más participación ciudadana, más acceso a la información, más libertades.  Y ante sus narices densas y su miope visión les pregunto ¿Qué país capitalista tiene más de todo eso que Cuba?

En América Latina, para no irnos tan lejos. Elecciones con más del 50 % de abstencionismo y el o la flamante presidente o presidenta, así elegida, por una pizca del pueblo, se cruza la banda presidencial como si de verdad hubiera tenido mayoría. (Chile y Colombia están en la lista de los países con más abstencionismo, otro de esa lista es Suiza)

Los medios de prensa desinforman, manipulan, ofenden, calumnian. La población más humilde es mayormente analfabeta o no puede dedicar el tiempo de su lucha por la subsistencia para leer y estudiar. Por cierto los crecientes índices de alfabetización se han alcanzado gracias a la voluntad política de los gobiernos nacionalistas y antimperialistas de este continente todos los cuales están hoy bajo fuego en plena  Guerra de Cuarta Generación, por el pecado de enseñar a leer y a escribir a los pobres.

Quien tiene acceso real a la información, la minoría del poder. Tienen mucho Internet en América Latina, si, para el ocio, el comercio, la propaganda comercial, algo para las campañas electorales, casi nada para el verdadero poder ciudadano.  Como en la antigua Grecia, tienen derecho al ágora los ciudadanos “libres”, en términos actuales son los que saben y tienen tiempo para leer, disponen de solvencia económica  para adquirir tecnología, equipos, cuenta de datos, TV satelital y otros adelantos de la soledad. Es decir los menos dentro de los menos.

A los periodistas que se enfrentan a la hegemonía de la desinformación les espera la expulsión o la muerte. Los medios que se revelan contra ese poder de manipular o son sacados del país o son atacados sin tregua. Telesur en Argentina por ejemplo. México es líder en periodístas asesinados el segundo lugar es de Honduras.

Si las empresas petroleras son nacionalizadas, las tierras entregadas a los pobres, las bases militares gringas -con sus militares violadores inmunes a la justicia-expulsadas del país, las riquezas naturales puestas al servicio de la gente. Si la Chevrón no puede contaminar la selva y los ríos sin ser acusada y obligada a pagar, si Mosanto no puede infectar las cosechas con pesticidas y transgénicos que hacen parir niños con dos cabezas, sin que los pueblos se indignen y se nieguen a comprar sus productos, entonces el capitalismo acusa a esos pueblos de antidemocráticos, genera golpes de estados, crea campañas difamatorias, y declara a esas naciones peligrosas.

Es decir para Cuba el proyecto que nos venden es ese. Veremos a nuestros viejos sin protección social, a los estudiantes endeudados, a los maestros cesantes, a los muchachos recién nacidos morirse como moscas, a los bienes liquidados, a los policías antimotines entrenándose en torturar. Tendremos eso si partidos y políticos que se turnen en el poder para ser más de lo mismo, pandillas de jóvenes que se matan entre sí, senadores con cuentas en paraísos fiscales, traficantes de droga pagados con el presupuesto del Estado, señoritas de sociedad, propaganda comercial, bailes en los liceos, y  resucitarán al Diario de la Marina donde podrán acceder los que hoy publican en ya ustedes saben dónde.


Entonces los pro capitalistas estarán felices y cuando alguien les reclame, dirán “Bueno así es la democracia”.Hasta el más tonto sabe por qué en Cuba no queremos capitalismo, y por qué los que promueven esa sociedad la gente no los considera personas serias a los que se les puede hacer caso.  Hasta el más tonto sabe por qué las personas van a respaldar la irreversibilidad del sistema socialista en Cuba, en la próxima reforma constitucional. A pesar de los esfuerzos de los que quieren ser Plattistas new age.

Segunda regla: No nos entenderemos con quien venga financiado, respaldado, apoyado, por el dinero anticubano terrorista de Miami o de cualquier otra nación, incluida las de la vieja Europa.El mismo financista que pagó las armas usadas en Boca de Samá y los billetes de avión para los cursos de democracia en el Miami Colege. El mismo poder que pagó el entrenamiento en explosivos de Posada Carriles y Orlando Bosch y el salario de las Damas de Blanco o los proyectos del Soft Power. No hay debate con quien acepta dinero del terrorismo y la muerte, dinero blanqueado en los proyectos no violentos de Gene Sharp; de los campos de infiltración de Alpha 66 a las becas, los viajes a Europa, las organizaciones civiles, la prensa alternativa. Las imagenes del contrarrevolucionario Coco Fariñas con Posada Carriles, la del provocador anticubano Antunes abrazado al Félix Rodríguez, alías el "gato" quien participó en el asesino del Che, significan es la consagración de que el el dinero, el mal y los criminales son los mismos.Aceptar el debate de los financiados con esos fondos, es lo mismo que asesinar cada mañana al Che, volar nuevamente La Coubre, matar a los maestros y alfabetizadores, y hacer desaparecer en el aire cada día al avión de Barbados. De nada vale que nos acuse de intolerantes, atrincherados en el pasado y cualquier otro piropo similar. Hay demasiada sangre derramada, demasiadas lágrimas, demasiada dolor, como para olvidar.Por último un mensaje a los “plurales”. Si su proyecto no pretende que seamos una sociedad capitalista, si su proyecto no está financiado con dinero de los centros de poder anticubano, ah entonces podemos, tranquilamente discutir con todo cariño esas ideas, y de seguro estaremos de acuerdo en más de una.  Para los que se apresuran a meter cuñas para desunirnos y medrar en tiempos de cambios, el mensaje es mucho más corto: Los principios no serán negociados.Porque estos son la que hacen posible y no imposible a esta Nación, Patria, Estado, Cultura, cuyo nombre común es la suerte de la indivisibilidad: Cuba.

lunes, 16 de mayo de 2016

Derechos Patrios

Por: Javier Gómez Sánchez, La Joven Cuba


No soy jurista, no estudié leyes y mucho menos derecho constitucional. Desde mi posición de ciudadano intento mantenerme lo más informado posible sobre mis deberes y derechos, tener algún concepto básico de justicia y de moral. Creo que es indispensable para considerarse parte consciente de la sociedad. No creo que las leyes hagan la verdad como cómodamente piensa la burocracia y la vida nos demuestra que no todo lo legal es moral. La mera elaboración de leyes como palabra escrita no garantiza automáticamente las libertades. Hay un gran trecho entre la existencia de una Constitución, un Parlamento, etc y la práctica efectiva y satisfactoria de la democracia.


Soy cubano pero he vivido parte de mi vida fuera de Cuba. En el capitalismo comprendí mucho del socialismo. Me considero producto de la Revolución Cubana y creo en el socialismo como el mejor sistema para mi país. El sistema que puede llegar a darnos lo que Simón Bolívar llamó ¨el gobierno más perfecto, que es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible¨


Por eso lamento que el Gobierno cubano, revolucionario, nunca haya sido capaz de articular un discurso en defensa de su labor por los Derechos Humanos más allá de los reiterativos y casi robóticos ¨Salud y Educación¨ Décadas de gobierno ininterrumpido, y sobretodo el gasto de enormes energías en el conflicto propagandístico con los Estados Unidos han llevado a que la dirigencia política en Cuba haya dejado precisamente de hacer política. Entiéndase por hacer política, lograr por métodos objetivos y convincentes, que el pueblo entienda que este sistema y los individuos que lo manejan les entregan algo bueno, que lo hacen mejor que otros, y sobretodo que pueden darle algo mejor aún en el futuro.


Se hacen llamados en estos tiempos a no ser ingenuos, pero esa falta de ingenuidad no debe ser solo hacia las relaciones con el Gobierno de Estados Unidos, si no hacia nosotros mismos. No podemos creernos que la mayoría de la población cubana considera así porque sí que el sistema socialista es el mejor. Nos hemos acostumbrado a recibir un discurso de resistencia y nada más. La defensa de la Revolución no puede ser solo el culto a su historia, ni tampoco la del Socialismo. La despolitización y desintelectualización cada vez mayor de amplias capas sociales nos pueden pasar la cuenta. Nuestro discurso, sin perder el lenguaje popular, no puede ser simplista, pues nunca será tan simplista y edulcorado como el del capitalismo. Debemos prepararnos para que en un futuro mediano, las instituciones y organizaciones políticas tradicionales que conocemos hoy no sean capaces ya de defender el ideal de la Revolución ni presentarlas como la mejor opción. Prepararnos tal vez para que las ideas revolucionarias y socialistas no sean vistas como las mejores por grandes grupos sociales, y que lo expresen. Que no sea la moda. Incluso para un escenario en el que las personas que las apoyamos seamos una minoría. No es un llamado al pesimismo, si no a la preparación y a la evolución de nuestro arsenal ideológico y por lo tanto de nuestro desempeño político.


Estas líneas debían tener la intención de desentrañar la existencia de derechos en Cuba, más allá del limitado e insuficiente discurso oficial. Una investigación simple sobre lo que se considera hoy Derechos Humanos nos indica que no todos están recogidos en las constituciones de las distintas naciones, por lo que no coinciden al cien por ciento los derechos considerados humanos con los considerados constitucionales. Como ha llovido mucho desde la firma en 1948 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, a los originales se les han añadido otros produciendo varias generaciones de derechos, como también los llamados Derechos Emergentes o los más recientes Derechos Digitales.


A partir del año 2008 Raúl Castro marcó una diferencia con la hasta entonces política de divulgación de información legal. En un país donde era imposible comprar en parte alguna una copia de la Constitución, del Código Penal, o simplemente del Código del Tránsito, distintos estudios arrojaron un alarmante desconocimiento entre la población sobre el ejercicio de la ciudadanía. La pobre educación cívica en las escuelas no mejora aún la situación. La eliminación de prohibiciones creó un ambiente favorable y coherente. Más de lo que se hace actualmente, es imprescindible que se amplíe el acceso del pueblo al texto constitucional, así como los de procedimiento penal y los que recogen los Derechos Humanos, para lograr tanto una base para el debate, como para eliminar fantasmas. Si la gente ignora cuales son todos los Derechos Humanos serán entonces presa fácil de la manipulación y el engaño. El gobierno debe pagar el costo de estar dispuesto entonces a ser cuestionado, pero hay más mérito en eso que en gobernar sobre un pueblo dañinamente aletargado en la ignorancia.


Derechos por la izquierda


Me limitaré a hacer una panorámica muy personal de la situación de los derechos humanos y cívicos en Cuba. Mi visión no tiene que coincidir con la de otras personas, es solo un ejercicio de apreciación.


En Cuba se disfruta hoy mucho más que en otros países el Derecho a la Vida. Cada año en Latinoamérica miles de personas mueren en manos de la policía en falsos ¨intercambios de disparos¨, verdaderos ajustes de cuenta de las autoridades armadas con narcotraficantes u otros delincuentes que aunque hayan incurrido en el crimen no deben perder por eso su condición de seres humanos.


Los presidiarios cubanos son los más longevos del continente, algunos acumulan tres o más condenas. En cualquier país latinoamericano es difícil que un delincuente pase de 25 o 30 años o ver presidiarios reincidentes, simplemente la policía los mata, con el aplauso a veces de una clase media que pide más ¨mano dura con la delincuencia¨ en un intento fallido por supuesto y tan igualmente criminal de combatir una criminalidad incontrolable.


En Cuba la mayoría de los policías con décadas de carrera nunca ha sacado ni siquiera su pistola, y solo la han disparado en prácticas de tiro. No creo que tengamos la mejor policía del mundo como se aspiraba hace unos años, pero es mejor que otras, aún falta trabajo público para evitar la violencia policial, establecer un programa especializado de denuncias más amplio que el existente para garantizar más elDerecho a la Integridad Física. Y que conste que en cuanto a violencia policial nuestro país no ocupa ni remotamente los primeros lugares.


La Cuba de hoy es un referente de respeto al Derecho a la Identidad Sexual. Sin dejar de ser una sociedad machista y homofóbica ha tenido una evolución enorme en la lucha a la discriminación contra personas transexuales u homosexuales. Incluso en el Derecho a una Sexualidad Plena, Cuba ofrece la mayor formación posible en todos sus niveles escolares, en temas de reproducción y educación sexual.


En Cuba los ciudadanos no se ven empujados a casarse jóvenes por presión social o familiar, la cultura lograda con esa formación, ve con buenos ojos la maduración y la experiencia antes de formar una familia. El divorcio no se ve como una desgracia, si no como una liberación para hacer una nueva pareja. A cualquier edad el hombre o la mujer tienen oportunidad de encontrar el amor y demostrarlo públicamente.


Nadie se escandaliza de ver una pareja de 60 años abrazados en el Malecón. Los cubanos son libres de caminar por la calle de la mano de su espos@ o novi@, besarse en la boca y abrazarse públicamente. Algo que es mal visto y hasta multado por la policía como atentado a la moral pública incluso en países muy cercanos.


Cuba es desde 1965 casi el único país latinoamericano y uno de los pocos del mundo subdesarrollado que permite y protege el acceso de la mujer a decidir sobre su cuerpo con la interrupción del embarazo, con lo que se cumple plenamente el Derecho Reproductivo. Se impide formalmente el irrespeto al Derecho a la Igualdad de Género y se trabaja por erradicar el machismo de nuestra mentalidad social.


En Cuba la mujer no es un objeto, ni es abandonada por su pareja al llegar a los 30 para cambiarla por una mujer más joven, o sea por un objeto más nuevo. La industria de las cirugías plásticas en el mundo se basa en instalar la idea en muchas mujeres de que necesitan ser físicamente perfectas para ser admiradas, deseadas o simplemente queridas.


Se lucha a brazo partido por garantizar el Derecho a la Igualdad Racial en una sociedad que arrastra la complejidad de haber sido el penúltimo país en abolir la esclavitud en las Américas (1886, Brasil lo hizo en 1889) convirtiendo a millones de personas negras, luego de haber sido explotadas sin piedad, en libres pero sin instrucción ni preparación alguna, lo que los llevaría inevitablemente a ser ciudadanos pobres de segunda o tercera clase.


Cuba ha sido visitada en menos de 20 años por tres Papas y fue el lugar elegido para la firma de un acuerdo ente las Iglesias Católica y Ortodoxa. Funcionan libremente sinagogas, templos bautistas, evangélicos, protestantes, presbiterianos, logias masónicas, plantes abakúa, asociaciones yoruba, espiritistas, mezquitas y prácticas budistas.


Ningún cubano se siente obligado a decir que es cristiano para ser aceptado o considerado una persona decente. Tiene incluso el mayor porcentaje de población atea del continente. Intente usted pedir empleo en el extranjero, en muchos países de habla hispana, y en la entrevista diga que es ateo, puede irse despidiendo del trabajo, y si además dice que es gay y que está a favor del aborto mejor ni se presente. Aquí nadie le va a preguntar.


Hay como en pocos estados Derecho a la Integridad Pública, Dignidad y Privacidad. En la prensa oficial no se publican fotos de artistas en bikini o topless o con sus amantes tomadas a escondidas por algún paparazzi. Se respeta absolutamente la privacidad de su familia y de sus relaciones de pareja. Más allá del chisme callejero o del cotilleo en las redes sociales ningún suceso bochornoso en sus vidas se convierte en portada de revistas y periódicos, reitero, de la prensa oficial.


A ningún camarógrafo de la televisión cubana se le ocurre acercar morbosamente su cámara al féretro de alguna figura fallecida, existen límites que a nadie se le ocurre violar. Algunas revistas privadas que circulan incipientemente en PDF les gusta coquetear con la onda paparazzi, pero se miden bastante, saben que una denuncia bien puesta en una Fiscalía por algún artista ofendido puede terminar con la felicidad de su publicación.


Nunca he escuchado en Cuba de nadie que haya permanecido en la cárcel sin haber recibido su Derecho a Juicio o esté en su proceso. En Cuba no existe una cultura de impunidad, por lo que es habitual el Derecho a Igualdad ante la Justicia. Si usted comete un crimen y es encarcelado, puede estar convencido de que otras personas que cometan el mismo crimen también lo serán. Por supuesto ¨quién tiene padrino se bautiza¨ y es lógico que alguien con buenos contactos consiga un mejor abogado, un procedimiento más conveniente, incluso puede recibir una sentencia más suave pero no por eso dejará de ser castigado.


No es perfecto. Algunas personas pueden tener críticas hacia el sistema judicial cubano y deben tener razón pero en comparación con los índices de impunidad de las clases altas y corrupción de la justicia típica latinoamericana, funciona mejor. Lo mismo puede decirse del sistema penitenciario. Toda prisión es terrible, pero creo que no tiene comparación cumplir una condena en una cárcel de Cuba que en una de Guatemala o El Salvador.


Tampoco hay que olvidar que en Estados Unidos verdaderos criminales permanecen libres gracias a poder pagarse un buen abogado. Un sistema que promueve eso es lo más lejano a la justicia que se pueda imaginar.


Se puede ejercer aquí un derecho raro, el Derecho a la Vocación, porque en Cuba hay miles de personas que viven de las artes, de las ciencias, del deporte. Es raro hoy el padre cubano que cuando sus hijos le dicen que quieren ser pelotero, o bailarina, o pintor, le responden: ¨NO, yo no voy a criar un vago o un muerto de hambre¨.


Cuando la gente ha tenido alimentación aunque sea básica, un techo aunque sea un apartamento de micro, vestuario aunque haya sido una camisa Yumurí, entonces puede darse el lujo de dedicarse a la trova , escribir poesía, bailar en un conjunto folklórico, prepararse para las Olimpiadas. Solo la garantía de las necesidades básicas permite al ser humano superar ese nivel y buscar la realización de necesidades más elevadas.


El Derecho al Disfrute de las Artes, es altamente subvencionado en Cuba, el país cuya capital es la plaza cultural más importante de Centroamérica y el Caribe mantiene los precios de acceso más bajos respecto al costo de la vida, además de uno de los mayores calendarios de actividades gratuitas en el mundo en proporción con su población.


El Derecho al Deporte ha sido tradicional en los últimos 50 años. Con frecuencia se menciona junto a la Salud y la Educación. La gente ha disfrutado ver a sus atletas en las más disímiles disciplinas. Es el país que más logros tiene en comparación con su PIB y cantidad de habitantes.


Pero la vida en Cuba se ha ido complejizando. El espíritu popular y amateur del deporte se ha ido diluyendo un poco, los intereses de la juventud son otros y la nueva generación no le tiene la misma estima a su práctica y sobre todo al sacrificio que implica.


Al Estado le es difícil sostener una red gratuita de instalaciones deportivas que exigen un mantenimiento económicamente costoso. En la mente de los cubanos de hoy el deporte es algo para deportistas. Un extraño fenómeno de profesionalización precisamente en uno de los países donde más se ha rechazado históricamente la idea del deporte profesional.


La misma búsqueda de mayores resultados ha dejado atrás la idea romántica de los años 70 y 80 del obrero-atleta. El avance tecnológico también ha jugado su parte. Años atrás la diversión de cualquier barrio o pueblo de campo era el juego de pelota.


Hoy los más jóvenes tanto del campo como de la ciudad, pasan su tiempo libre frente al televisor viendo series, películas, absortos en la pantalla de su celular, viendo algún partido de futbol, o jugando deportes pero sentados en la PC…En el mejor de los casos salen a jugar precisamente fútbol que si no es el deporte nacional al menos es algún deporte.


¨La dignidad plena del hombre¨ La frase más allá del bronce.


El Derecho al Trabajo se ha venerado de tal modo que la política de Pleno Empleo y las plantillas infladas llegaron a ser más que un logro, un lastre para la economía. Cuba se convirtió en el único país del mundo donde se podía vivir sin trabajar. Las intenciones de desinflar las plantillas del Estado despidiendo una cuarta parte de la fuerza laboral del país parecía lo mejor, pero no hay nada más similar a una ¨terapia de choque¨ y de paso a un suicidio político. Tener un sector privado limitado e incipiente, insuficiente para absorber rápidamente a un millón de trabajadores, no ayuda en la situación. En vista de esto la necesaria ¨cura de caballos¨ parece haber sido pospuesta o desacelerada. Por otro lado miles de internos laboran y reciben un salario desde el sistema penitenciario. En muchos países ni siquiera se concibe algo similar.


Durante años el Estado construyó una gran cantidad de guarderías gratuitas (pago casi simbólico), en Cuba llamadas círculos infantiles para que los padres se vieran liberados del cuidado de sus hijos y pudieran ir a trabajar. Es preocupante que al Estado se le dificulte económicamente el sostenimiento óptimo de esa red, la escasez de personal debido a los bajos salarios y los cierres intermitentes de algunos centros por diversas razones. En pasadas sesiones de la Asamblea Nacional se llegó de manera alarmante a reconocer como una alternativa válida para el Estado promover las costosas guarderías privadas.


El Derecho a un Salario Digno es una asignatura pendiente. Más que la búsqueda de otras fórmulas la solución vendrá cuando el Estado renuncie al monopolio absoluto del comercio y la importación solucionando el desabastecimiento crónico. Una subida de salarios actualmente aumentaría la demanda pero sin una oferta suficiente. Aún con el poco poder adquisitivo de hoy los estantes de las tiendas están semivacíos y es difícil encontrar muchos productos. El desabastecimiento y el mantenimiento de su origen es el mayor obstáculo para que los trabajadores cubanos reciban un mejor salario.


Derecho a la Alimentación, otro de los tradicionales. En Cuba el alimento empezó a escasear cuando la Revolución logró que todo el mundo desayunara, almorzara y comiera (lo mismo pasó con el transporte público cuando todo el mundo tuvo los 5 ctvos para montarse en la guagua) Mientras hubo hambre era que la comida ¨sobraba¨, algo que los nostálgicos de la Cuba prerrevolucionaria olvidan. Actualmente los altos precios de los productos agrícolas alarman a todos los cubanos y son un dolor de cabeza para el Gobierno. La población destina la mayor parte de sus ingresos en alimentación (la mayor parte no paga renta, ni seguro médico, ni gasolina, ni matrícula escolar que son los otros mayores destinos del salario en el resto del mundo) El país importa la mayor parte del alimento que consume al no tener un sistema social con una mayoría pobre o inmigrante que esté dispuesta a trabajar en las duras labores agrícolas por poco dinero. Aun así los índices de desnutrición son de los más bajos del planeta.


Es difícil clasificar esto dentro de un derecho definido, pero sin dudas el hecho de que en Cuba los servicios funerarios sean gratuitos forma parte la tranquilidad y la seguridad de los cubanos. Servicios adicionales o electivos son subvencionados para mantenerlos a precios accesibles. Es lo menos que un Estado organizado puede hacer por sus ciudadanos.


Existe pleno ejercicio del Derecho a la Identificación, toda persona que nace posee un acta de nacimiento y un documento de Identidad como ciudadano de la República de Cuba. Los cubanos no conciben una persona que no la tenga. Gran parte de la población de muchos países cercanos carecen de identificación alguna, lo que les impide acceder a un empleo formal, tener un seguro médico o contratar servicios. Muchos no pueden conocer ni siquiera su edad exacta.


El acceso al Derecho a la Vivienda ha estado limitado por las condiciones económicas del país y actualmente por la inexistencia de un mecanismo estatal suficiente para la construcción y adquisición de inmuebles. Sin embargo la Revolución convirtió a millones de familias arrendatarias en dueñas de su casa y asumió el pago de los alquileres a los antiguos propietarios. Construyó municipios completos de nuevas viviendas. Cambió proyectos urbanos de casas playeras, de segunda residencia para clase alta, por edificios de apartamentos económicos para gente que no tenía un techo. Feos, es verdad, pero más feo es no tener casa.


El Derecho a la Familia es sagrado. Grandes hitos históricos en la Revolución Cubana como la operación Peter Pan o el caso del niño Elián González han girado en torno a la patria potestad, precisamente por el alto aprecio que los cubanos le tienen al derecho de padres e hijos a permanecer juntos. La separación familiar nos ha afectado tanto como a cualquier país emisor de emigrantes, solo que con el consabido ingrediente de la politización. Incluso bajo condena los reclusos tienen contacto con su familia, incluyendo las relaciones sexuales, tanto en el caso de hombres como de mujeres. En varios países esto no está permitido, o peor aún solo se le permite a los reclusos masculinos. A mediados de la década del 2000 el gobierno de Raúl Castro felizmente abolió el obsoleto sistema de enseñanza en internados en el campo conocidos popularmente como ¨becas¨.


En otra época había favorecido el acceso a la educación de miles de niños y jóvenes de zonas rurales y de las capas más pobres. Pero desde finales de los 80 y sobre todo a partir de los 90, creaba enormes traumas familiares y desarraigo del hogar debido a la separación entre padres e hijos durante toda la semana. Laceraba al mismo tiempo el acceso de miles de adolescentes a otros derechos, a la cultura, las artes, espectáculos, etc al permanecer fuera de las ciudades.


En cuanto a los Derechos Laborales y Sindicalización todo trabajador cubano puede sindicalizarse protegido por la ley. Que los sindicatos no funcionen es otra cosa.


Se ha observado en los últimos años un respeto mayor a la imagen del individuo, en los preuniversitarios ya no se persigue una uniformidad excesiva como antes, no se ven pelados militarizados, muchos estudiantes llevan su cabello teñido y cortes de pelo singulares. Hasta hace poco tiempo no era así.


En Cuba se ven muchísimas personas con tatuajes, eso no les impide trabajar en un banco, en un supermercado, en una oficina. Actualmente se considera incorrecto tener una actitud negativa hacia personas con tatuajes o piercings. En cualquier empresa o ministerio se encuentran hombres con el pelo largo.


La sociedad ha avanzado en tolerancia y aceptación de la diversidad. Tampoco vamos a esperar que un Vicepresidente del Banco Central lleve una argolla en la nariz, pero si trabaja bien tal vez a nadie le importe su imagen. Cuba tuvo Pablos Iglesias mucho antes que España.


Desde mediados de la década del 2000 el gobierno cubano fue eliminando leyes y resoluciones ministeriales que incurrían en violaciones de derechos recogidos en la Constitución, se eliminó la triste prohibición a los cubanos de hospedarse en cualquier hotel y se derogó el impedimento a los ciudadanos cubanos de provincias a residir en la capital (un intento fallido por limitar la migración interna). La madurez de reconocer que han ocurrido violaciones a los derechos es lo que nos permitirá tener una mejor visión en el futuro para la defensa de los mismos. No debe avergonzarnos, lo importante es haber tenido la lucidez de rectificarlo.


Se dieron pasos de avance en cuanto a uno de los derechos recogidos en la Declaración Universal cuya violación más se le imputa a Cuba. ¨Todo ser humano tiene derecho a residir en el país del que es ciudadano¨ y ¨Todo ser humano tiene derecho a entrar y salir de su país¨. La eliminación del lacerante Permiso de Salida, que implicaba que los ciudadanos debían pedir autorización al gobierno para viajar, y este podía ser negado o era concedido por un tiempo límite bajo peligro de perder sus propiedades, fue uno de los mayores avances en materia de Derechos Humanos. Hoy aún se limita a 2 años este periodo de estadía en el exterior. Precisamente la garantía de otros derechos en Cuba impide un ejercicio normal de mantener la residencia, así como el reconocimiento a la doble ciudadanía.


Es difícil ofrecer derechos inherentes a la ciudadanía cubana, como la salud y educación gratuita, subvenciones, etc a personas que no residen en Cuba y por lo tanto no tributan de ninguna manera a la economía nacional. Es usual que cubanos residentes en Miami u otra ciudad del mundo, aprovechen sus viajes a Cuba para conseguir medicinas a precios ínfimos, un chequeo médico, hacerse unos espejuelos, o incluso una dentadura postiza. Como le digo a mis amigos extranjeros: el carnet de identidad cubano es la mejor tarjeta de seguro médico del mundo. Encontrar una solución a este dilema entre aspiraciones, realidad, economía, y derechos humanos y constitucionales no es nada fácil.


Otro escollo pendiente para cumplir el ¨Todo ser humano tiene derecho a entrar y salir de su país¨ consiste en que fue eliminado el permiso de salida pero no el de entrada. Se mantiene el requisito de todo cubano residente en el exterior de presentar su pasaporte en el consulado correspondiente para que le estampe un sello de ¨Pasaporte Habilitado¨, lo cual significa que solo así podrá entrar con ese pasaporte al mismo país que lo emite. En la práctica consiste en una solicitud de permiso para entrar al país. Recordando que los cambios en política migratoria fueron una modificación de la ley vigente y quedó explícito por las autoridades que llegaría el momento de una ley migratoria verdaderamente nueva, de la que estamos a la espera, un punto importante de esa nueva ley sería la del mayor respeto posible a esos derechos.


La reciente voluntad política de aumentar el acceso a Internet permitirá en el futuro ejercer plenamente los llamados Derechos Digitales (relacionados con el manejo de la web) y el Derecho a la Libre Información. Muchos trabajan contra viento y marea por lograr mayores espacios para ejercer el Derecho a la Opinión, que gota a gota, va cambiando el rostro de la prensa nacional. Avanza en toda la sociedad la tolerancia a la Libertad de Expresión. Mucho más que en épocas anteriores, las personas expresan su criterio respecto a la realidad y se va instalando en las mentes que está mal impedirlo o censurar de algún modo a una persona por emitirlo.


Gradualmente desde los espacios oficiales ha ido cambiando la mentalidad en cuanto a la crítica y al pensamiento divergente. Falta mucho aún. Pero recordemos que los gobiernos son el producto y el reflejo de las sociedades. No existe mayor fuente de intolerancia, reticencia, temor, prejuicio o inexperiencia en materia de derechos que la que emana de lo más amplio de la sociedad. El Gobierno muchas veces no es más que un reflejo de eso. No hay nada más fuerte que una idea a la que le ha llegado su momento y quien intente frenarla estará condenado a jugar al más triste de los papeles.


Recuerdo cuando hace unos años se daba lectura a los Lineamientos, en una sesión plenaria de la Asamblea Nacional, un diputado pidió la palabra y en medio de la exposición de las reformas económicas soltó sin ton ni son: ¨Yo quiero saber si el gobierno está previendo permitirle a los peloteros que jueguen en ligas profesionales porque yo no estoy de acuerdo con eso¨. No era un dirigente, no era un funcionario, era lo que puede llamarse ¨una voz salida del pueblo¨. La evolución del tema beisbolero en los últimos tiempos demuestra que las leyes de las dialéctica son implacables.


El punto más álgido acerca de derechos en Cuba es sin dudas el recuento de los que son asignaturas pendientes: El Derecho a la Libre Asociación, Derecho a la Manifestación Pacífica y Derecho a la Diversidad de Prensa (prefiero no usar el término ´´libertad de prensa¨ pues no creo que exista en país alguno). Existirán solo cuando la creación de un modelo de socialismo más desarrollado nos exija que no solo se necesite liberar fuerzas económicas que lo sostengan si no también fuerzas políticas que lo validen. Pero eso solo llegará cuando sea el deseo de una mayoría de la sociedad que sienta que no puede existir plenamente sin ellos. Si alguna vez llegaran a pensar que la solución a sus problemas pasa por el ejercicio de esos derechos.


Mientras tanto no sabemos si en el futuro tendremos que usar ese Derecho a Manifestación que los enemigos de la Revolución tanto exigen para precisamente defender la Revolución. Que lo que se publica en internet sea leído sobre el papel impreso en miles de ejemplares y que el Derecho a Asociación sea para crear más formas en que se inserten los que se sientan revolucionarios. Si un día comprendemos que aquel Discurso del 2005 en el Aula Magna es una terrible realidad mucho nos hará falta que existan también esos derechos. Habrá que vivir el futuro.


 

 

viernes, 13 de mayo de 2016

La Patria posible.

Por Enrique Ubieta




Todos los accesos al campo de batalla han sido minados. El campo es un círculo cerrado, y en él, un grupo de “ofendidos” apedrea al “ofensor”. Si te unes a los que lanzan piedras, “defiendes” la libertad de expresión, la diversidad; si tratas de defender el derecho a opinar, y reconoces algún atisbo de verdad en la opinión del que se pretende estigmatizar, eres un censor. Las advertencias son claras: el articulista que ha desatado la ira –y propiciado el contraataque que, esperan ellos, constituya una lección definitiva para todos los que piensan como él–, es “vil”, “mezquino”, “un ser de las sombras”.


Algunos transeúntes de las redes, ajenos al verdadero contenido de la discusión, asumen como ciertos los epítetos. Otros que saben que el supuesto ofensor lleva razón, callan, porque no quieren ser estigmatizados. El apedreado es un intruso, alguien que fue declarado con desprecio, en una contienda de “elevados” intelectuales, como un no intelectual, un político: “Por más que el inspirador de este texto (…) tiene nombre, blog y pupila, no lo leo como una polémica entre dos intelectuales, porque no lo es: falta uno”, escribe una comentarista. Si un intelectual expresa su acuerdo o su coincidencia de criterios con el Partido, es un político “oficialista”, y no entra en la “zona de prestigio trasnacional”.


Pero la sentencia discriminatoria no es exacta. El articulista atacado no está indefenso, esgrime argumentos profundos que quedan sin respuesta. A cambio, recibe insultos o manipuladoras evasivas. Es un revolucionario intelectual. Su texto incluye una larga cita de uno de los más prestigiosos intelectuales cubanos, que no va en la dirección deseada por los aludidos, y es ignorada.


En la contienda participan los que surfean en la ola de los consensos de prestigio: viene la siguiente, y son expertos en montarse, en avanzar sin caer al agua, en hacerse visibles, aplaudibles. Jamás cambiarían un consenso por una verdad, es muy costoso. Aunque saben, no me cabe dudas, diferenciarlos. Los medios (re)productores de consensos en el capitalismo nos hacen comprar cualquier cosa, incluso la idea de que el suicidio –el capitalismo depredador– es bueno, pero sabemos (todavía sabemos) que no lo es. Suelen citarse estas palabras de Allan Dulles, el fundador de la CIA: “Sólo unos pocos acertarán a sospechar e incluso a comprender lo que realmente sucede. Pero a esa gente la situaremos en una posición de indefensión, ridiculizándolos, encontrando la manera de calumniarlos, desacreditarlos y señalarlos como desechos de la sociedad”.


La verdad, en términos sociales, no puede ser ajena a la ética, a la justicia. Y un revolucionario no puede defender la corriente de moda, aún si fuese acatada por la mayoría de la población, o de los jóvenes, solo porque coyunturalmente la mayoría lo piense; pero es costoso para el prestigio individual ir a contracorriente, y es sin embargo imprescindible, si somos o aspiramos a ser revolucionarios. En construir mayorías estúpidas –desde la ignorancia pura, pero también desde la tecnofilia o la falsa erudición, como la llamaba Martí–, de cualquier edad, se especializa el capitalismo. A veces es inevitable administrar consensos, pero un revolucionario debe, ante todo, construirlos.


Pudiera entrar a discutir un argumento o una frase del articulista “villano”, decir que estoy en desacuerdo con tal razonamiento suyo para que me perdonen el desacuerdo con sus adversarios, en fin, tomar distancia de los implicados, situarme en el medio, hacer política bastarda; pero eso me repugna. Prefiero atenerme a las esencias: estoy de acuerdo con Iroel Sánchez, que escribe como ciudadano, y lo hace con la legítima pasión de los revolucionarios. Entremos pues en el tema de los centrismos.


II


La llamada desideologización, o dicho de otra manera, el desgaste social de la ideología revolucionaria, que para existir tiene que hacerse consciente y reproducirse de manera continua –a diferencia del proceso de reideologización conservadora, que puede transcurrir sin que el sujeto lo perciba–, transforma la duda en escepticismo, en abandono. El individuo se acomoda en el centro, equidistante de los puntos emisores de contenidos: es el lugar aparentemente más cómodo, más seguro. La tesis es que todos tienen parte de razón (la razón libresca, de espaldas a la vida), y esa sola sentencia derriba el interés por la Revolución. El “desideologizado” delega en los demás la actividad política, mientras recarga su nueva cosmovisión.


Cuba Posible se mueve con sigilo y atrae a este sector, mostrándose de la misma manera; usufructúa el cinismo, pero no lo cultiva: necesita construir las nuevas creencias para la reconversión ideológica, y coloca, sin prisa, sus rieles. Por el momento, disecciona como forense –manipula e hiperboliza, ofrece sus propias conclusiones como inobjetables puntos de partida– los males de nuestra sociedad, desde una aparente pluralidad de intenciones y doctrinas, de opiniones y consejos, que provienen los más diversos orígenes; es su manera de eludir cualquier definición ideológica expresa: en ocasiones se acerca al lenguaje revolucionario, en otras, parece articularse en el reformismo socialdemócrata, a veces, en el más tradicional liberalismo.


Si el capitalismo funciona de forma inconsciente a nivel de individuo, y el socialismo lo hace de forma consciente, entonces la “desideologización” únicamente afecta a este último, lo desarma. Ideologizar en el socialismo es lo opuesto a una “falsa conciencia”; implica tomar conciencia de sí, hacerse cargo de que existimos en un mundo, en una época, donde pasado y futuro están interrelacionados. La presencia de todas las doctrinas en el mercado, dispersa y anula la revolucionaria. Donde no hay ideología visible, hay ideología capitalista. Los fundadores de Cuba Posible han dicho que se oponen al "empeño por imponer un proyecto de país único, sin tomar en cuenta las otras propuestas que existieran. Estábamos y continuamos estando convencidos de que el gran cambio que demanda actualmente la nación implica todo lo contrario; o sea, la capacidad para que todos los proyectos puedan compartir el país y construirlo juntos".


Sin embargo, en lo que verdaderamente importa y tiene sentido histórico, solo hay dos proyectos de país. El de la justicia social y la independencia, y el del capitalismo neocolonial. Lo demás son caminos que conducen a uno u otro, acertados o fallidos. ¿Quién dijo que el pluripartidismo implica en alguna parte la existencia de muchos y diferentes proyectos de país? ¿Alguien cree que en los Estados Unidos, en sus zonas de poder, cohabita más de un proyecto esencial de país? Claro que no es lo mismo Obama que Trump o que Sanders, o que la Clinton, pero por favor, ¿alguien cree que alguno de ellos pretende o podría construir otro país? Que nadie pretenda traernos de contrabando, como opción posible, al capitalismo neocolonial.


El cinismo se siente, a pesar de todo, representado en Cuba Posible, porque este grupo construye espacios teóricos descontextualizados, para “denunciar” las grietas que el contexto ha generado entre la realidad y el discurso.


Dos formas diferentes de encarar la realidad y su conceptualización tienden puentes:Cuba Posible (la teoría) se hace acompañar de OnCuba (la descripción minimalista). Ambos procuran golpear los espacios de prestigio de la Revolución: la igualdad, la solidaridad, el heroísmo. Ambos son funcionales a la dominación imperialista, pero semejan ser radicales, rebeldes. No son críticos de lo mal hecho, de los desvíos y errores de nuestra Revolución –ese es el mito de presentación–, porque se sitúan más allá de ella, en el período “Post”: no puede repararse lo que ya “no existe”.


El proceso “descripción-teoría” avanza a rastras, en la oscuridad, se detiene en cada descorchado de la pared, de manera que el lector llegue a creer que ese minúsculo espacio es la imagen de un país. La extrañeza que el discurso de ellos provoca en nosotros y, probablemente, el de nosotros en ellos, se debe a que estamos situados en orillas diferentes: nosotros en la orilla de la convicción, y ¿por qué no?, de la fe (fe en el pueblo, en su capacidad de sostener y desarrollar la Revolución), ellos en la del descreimiento o dicho de modo más literario y autojustificativo, en la del desencanto. En este caso, la fe ve más; el descreimiento es ciego.


Cuando, airado, Veiga –uno de sus fundadores– le responde a Iroel, parte de una creencia propia que enuncia como si fuese una verdad admitida por todos (en esto se parece a Obama): Cuba, su sistema, se encuentra en crisis y es preciso construir entre todos una transición. La palabra en sí porta significados dudosos, comprometidos con la historia: bajo ese término, por ejemplo, España y Chile dieron por finalizado el período de salvajismo capitalista militar y abrieron el del salvajismo capitalista “democrático”, mientras que los países de Europa de Este saltaron de un socialismo trunco a un capitalismo "bananero con nieve" (el único posible para recomenzar). Y no creo que aluda al “período de tránsito al socialismo”, como alegaban los manuales.


Quizás por eso apostilla que no sería “una transición al modo oligárquico o mafioso de la Europa del Este”, y entonces cabría preguntarse, ¿pero nos conduciría al mismo lugar? Dice que Iroel representa “el pasado y el fracaso”. ¿La Revolución, para estos hijos de la Revolución, ha fracasado? Son precisiones que quedan en la sombra y que nada tienen que ver con las prevenciones de Fidel y de Raúl –cuyas palabras manipula Veiga una y otra vez, con gestos literarios de cuadro político, para vender gato por liebre–, ni con la actualización o la reforma (no tengo reparos con el término, porque hacer una reforma no implica ser reformista, contra lo que sí tengo reparos, por cierto), que se ha propuesto hacer más eficiente y justo nuestro socialismo. Cambiar todo lo que deba ser cambiado jamás ha significado en Fidel o en Raúl, o en los revolucionarios cubanos, cambiar el socialismo por el capitalismo. Cuba Posible apuesta por, e intenta construir, la República posrevolucionaria y sus fundadores se perciben como consejeros o asesores de un nuevo estamento político, que ya se declara “lealmente” opositor. Una lealtad dudosa.


Es usual en discusiones como esta que los aludidos se refugien en teorías, en citas eruditas, que mezclen lenguajes y conceptos pescados en este o en aquel libro; pero tras cada palabra, sépanlo ellos o no, sean o no partícipes o usufructuarios, cobren o no, palpita un interés de clase. Como decía el filósofo argentino Arturo Andrés Roig, hay que aprender a diferenciar entre discurso y direccionalidad discursiva, entre significado y sentido.


Si la derecha venezolana utiliza el lenguaje de los revolucionarios –con alusiones al pueblo, a sus derechos o necesidades, a la justicia social– para derrotar a los revolucionarios, ello no implica que se ha reubicado en “el centro”, que aspira a dialogar con la “otra parte”; solo procura cambiar el color de la piel, para igualarse al contexto por el que debe inevitablemente transitar, y defender los intereses de una oligarquía que es antipopular y neocolonial. Una vez en el poder, arrasará con todo vestigio de dignidad adquirida por los Sin Nada. Ya hemos visto un adelanto en el Parlamento de aquel país. El conflicto (el de siempre) entre los Estados Unidos y Cuba más que teórico es práctico, no surge de diferentes interpretaciones sobre los derechos humanos, es un conflicto de intereses, económicos y geopolíticos, y aquellas diferencias conceptuales justifican o defienden estos intereses opuestos, están a su servicio. A ningún congresista estadounidense se le ocurre debatir la peculiar interpretación de los derechos humanos en Arabia Saudita o en Israel.


Tampoco es suficiente el nacionalismo a secas (porque, en primer lugar, no existe). La Patria, la de Martí, no es la “tierra que pisan nuestras plantas”. Es un proyecto y una experiencia colectiva de vida. Cuando, hallándose en Guatemala después del Pacto del Zanjón, le piden a Martí que regrese a Cuba, responde: mi Patria no está allá en la isla colonizada, va conmigo. El nacionalismo burgués convive de manera armónica con el anexionismo; el imperialismo jamás permitiría su existencia independiente.


La Patria que construimos es inclusiva. Pero los que atentan contra la justicia social y la dignidad de los otros, los que aspiran a una riqueza que se sustenta en la pobreza de las mayorías, los que intrigan y conspiran para ser colonizados –así sean fervorosos voluntarios o viles mercenarios–, se autoexcluyen de la Patria. Es cierto que quienes desconfían de las capacidades de su pueblo y mitifican las del vecino, no dejan de ser cubanos. Son los reformistas de siempre, los autonomistas y anexionistas del siglo XIX, los neocolonizados del XX. Recordemos la sutil diferencia que establece Fernando Ortiz entre cubanidad y cubanía: los anexados son cubanos porque no pueden eludir las formas propias (costumbres, tradiciones, etc.) de la cubanidad, pero carecen de cubanía, que es la forma conciente en que se asume esa pertenencia.


III


¿Qué significa ser extremista?, ¿cuáles son los extremos del debate nacional? Para los revolucionarios cubanos, el extremista es quien adopta de manera irreflexiva consignas y frases hechas, cuyo fondo conceptual ignora o no comprende, y es incapaz por tanto de discernir qué es esencial y qué no lo es. El extremismo conduce al dogmatismo y a la doble moral. Lenin lo sentencia de manera inequívoca en una frase que el pueblo ha hecho suya: detrás de cada extremista hay un oportunista. Pero nada tiene que ver con la visión radical –que va a las raíces–, y a la postura revolucionaria frente a la realidad. No me atrevo a definir el extremismo reaccionario, porque el capitalismo no estimula ni propicia –a diferencia de la Revolución– la participación ciudadana en la política real. De cualquier manera, ni el socialismo revolucionario ni el capitalismo, son los extremos en una supuesta “gama de ofertas” políticas. El centrismo político descalifica toda visión radical como extrema y no necesita buscar un equivalente en la visión conservadora. Lo que no es radical, ya no es revolucionario. El centro queda a la derecha del mapa.


¿Por qué Veiga y algunos de sus colaboradores respondieron con ira los señalamientos de Iroel? Con su lenguaje ambiguo y su teoricismo supuestamente centrista, Cuba Posible pretende pescar en el río revuelto de la guerra cultural. El Rey está desnudo, ha dicho Iroel, y la ilusión ha desaparecido. Mi interés no es acusarlo de complicidades espurias: no porque sean bienvenidos en Washington y en Miami, o porque sus artículos sean reproducidos y elogiados por la derecha, la más inteligente, vamos a sospechar de sus gestores o a descartar el análisis de sus propuestas. Pero yo quiero felicitar a Iroel Sánchez, porque nos hizo pensar, raro oficio. La Cuba real contiene, al menos, dos Cubas posibles: la neocolonial e injusta del capitalismo dependiente y la de un socialismo revolucionario, más eficiente y democrático, pero real, por el que no dejaremos de pelear.


(La isla desconocida)



“M. de S.”: el “disfraz” falso de José Martí

Cómo más de 300 artículos en The [New York] Sun, escritos por otro autor, fueron erróneamente atribuidos a José Martí por Ivan A. Schulman. La verdadera identidad del autor es divulgada



En José Martí y el “Sun” de Nueva York: nuevos escritos desconocidos [1], publicado por primera vez en losAnales de la Universidad de Chile [No. 139, pp. 30-49], en 1966, y reimpreso dos años después en La Gaceta de Cuba [No. 65, jun-jul 1968, pp. 22-25], el hispanista estadounidense Ivan A. Schulman anunció que había descubierto más de 300 crónicas nuevas de Martí que fueron publicadas en The Sun durante un periodo de 12 años (1882-1895). Todos los artículos atribuidos a Martí en este período fueron firmados con las iniciales “M. de S.”. El hecho de que Schulman no citara el número exacto de los artículos publicados enThe Sun con esa firma, ni presentara una lista parcial de ellos, y mucho menos el texto completo de alguno, nos hace pensar que nunca supo la verdadera extensión de su supuesto hallazgo.


Al parecer, después de haberse convencido de que “M. de S.” era el homólogo de Martí, todo lo que encontró con esa firma fue asignado al cubano sin la necesidad de llevar la cuenta y tal vez incluso a ciegas. Si Schulman de verdad hubiera leído todos los 300 y tantos artículos, es posible que no se hubiera decepcionado a sí mismo. Que haya tardado 10 años en publicar sus hallazgos también indica cierta vacilación. De hecho, el primero en anunciar el descubrimiento de Schulman no fue Schulman, sino su maestro y mentor, Manuel Pedro González, que en todos sus libros resaltaba la autoría de Martí como un hecho indiscutible, incluso antes que Schulman publicara los resultados de su investigación. Si los críticos martianos aceptaran como auténticos los más de 300 artículos de “M. de S.”, esto constituiría la mayor adición al canon martiano desde que Gonzalo de Quesada publicó la primera edición de las Obras Completas. La posibilidad de hacer semejante aporte puede apaciguar muchas dudas y alimentar muchas ilusiones.


Schulman reconoce —ya que sería imposible negarlo— que los artículos de “M. de S.” son muy diferentes y hasta antagónicos a los que conocemos de la pluma de José Martí: impersonales y llenos de convencionalismos; irónicos y satíricos; soberbios y aduladores; frívolos e insignificantes en su mayor parte. Pero en lugar de rechazarlos por esa razón, Schulman postula que esas incongruencias eran en realidad premeditadas, y en vez de refutar la autoría de Martí, la confirman.


Las incongruencias, que Schulman atribuye a una “auto-desfiguración”, forman parte de un “disfraz” que Martí supuestamente había asumido para escribir estas crónicas de “chismes candentes” de las cortes europeas y temas afines, no porque se hubiera avergonzado de ser conocido como un murmurador trasatlántico, sino porque el editor de The Sun, Charles A. Dana, famoso como pionero del periodismo personal en Estados Unidos, había obligado a un Martí empobrecido que abandonara el acostumbrado personalismo de su estilo porque los lectores de The Sun no podían soportar “su riqueza tropológica”.


Solo si consentía en “desnaturalizar su ingénito estilo”, a “ahogar el artista” y “estrangular su estética”, y a “suprimir observaciones sociales y morales”, podría Martí, en la opinión de Schulman, ejercer de cronista en el periódico que el propio Martí consideraba el mejor del mundo. Así nació el anti-Martí, quien, de acuerdo con Schulman, escribió los artículos firmados “M. de S.” en The Sun.


Schulman basó su identificación de “M. de S.” en consideraciones exteriores al texto, o lo que él llama “una serie de coincidencias más que fortuitas”: el primer artículo de “M de S.” apareció en The Sun a un año de la última aportación reconocida de Martí (firmada José Martí), y las iniciales “M de S.” desaparecieron por completo del Sun un mes antes de la muerte de Martí. La otra supuesta evidencia es de carácter análogo: la firma de “M. de S.” apareció por primera vez en The Sun solo un par de meses después que Martí hubiese terminado su colaboración con La Opinión Nacional, de Caracas, donde escribió bajo el seudónimo de “M. de Z.”. Por supuesto, dos hombres no son idénticos porque entran y salen por la misma puerta al mismo tiempo. El hecho de que Martí escribió bajo el seudónimo “M. de Z.” para protegerse a sí mismo y su editor de persecución por parte del dictador venezolano Guzmán Blanco tampoco demuestra que Martí adoptó el “disfraz” de “M. de S.” con el fin de protegerse de la vergüenza de prostituir a su genio y desfigurar su arte. Aun cuando escribía un anuncio pagado por los fabricantes de equipos de gimnasia en La América, Martí fue siempre e inequívocamente Martí. Su escritura podría elevar el nivel de cualquier tema, pero nunca la rebajó para tratar de ningún tema.


En Seis crónicas inéditas de José Martí, publicado en Cuban Studies 29 [1999], el fallecido Carlos Ripoll y yo rechazamos por diversas razones la atribución por Schulman de los artículos de “M. de S.” a Martí. La más simple y más convincente es que el último artículo de “M. de S.” publicado en The Sun, titulado Paris StreetCleaning (que el autor llama “el toilette” de la ciudad), lleva la fecha del 2 de abril de 1895, cuando Martí, que ya había salido de Nueva York por última vez, estaba en tránsito por la antigua base de piratas de Gran Inagua, en las Bahamas. El día en que se publicó, el 14 de abril de 1895, Martí y Máximo Gómez habían logrado desembarcar clandestinamente en Cuba y estaban en plena manigua rebelde. Suponiendo que Martí no estaba preocupado con otras cosas durante los últimos días de su vida, ¿cómo había obtenido la información para escribir semejante artículo (que está lleno de datos estadísticos) y cómo fue sacado el manuscrito de la isla —y por qué? ¿Hubiera Dana encomendado a Martí un ensayo de 1.750 palabras sobre la recolección de basura en París en lugar de un informe desde las trincheras sobre el estallido de la guerra en Cuba? ¿Es éste, entonces, el “Testamento Sanitario”, de Martí que complementa su “Testamento Político” y su “Testamento Literario”? Lo absurdo de tal conjetura es tan patente e innegable que la afirmación en sí misma es su propia refutación. Sin embargo, todavía hay académicos —como Ilian Stavans y Laura Lomas— que aceptan la atribución de Schulman, incluso después de haber sido desacreditada enCuban Studies.


Como le dije en una carta a Ripoll hace 20 años: “Estaría bien (pero no creo que sea necesario) descubrir la verdadera identidad de ‘M. de S.’. Es mejor que el señor Schulman demuestre que Martí y ‘M. de S.’ son la misma persona, y esto, claro, le sería imposible porque no es verdad”. Reconocí más tarde que no solo “estaría bien”, pero de hecho es imprescindible descubrir la verdadera identidad del autor de los artículos de “M. de S.”, porque solo entonces puede Martí finalmente librarse de la amenaza a su reputación literaria que esta caprichosa atribución conlleva. La solución, yo sospechaba, se encontraría en el mismo Sun y en ninguna otra parte. Y fue ahí que la encontré, entre 280.000 artículos publicados entre 1882 y 1890. Schulman había recorrido el periódico de punta a punta buscando solamente los artículos firmados “M. de S.”, que era casi una tarea mecánica. No buscó, sin embargo, artículos acerca de “M. de S.”, suponiendo sin duda que Martí no hubiera consentido a ser desenmascarado en The Sun después de tanta molestia para ocultar su identidad y “estrangular su estética”.


Al verdadero “M. de S.” no le importaba en lo más mínimo ser descubierto por su propio periódico ya que la publicidad avanzaba sus fines. Fue para promover su primera novela que consintió poner sus lectores al corriente de lo que ya era un secreto a voces. La reseña del libro en The Sun, publicada el 4 de enero de 1890, (p. 5, columna 4), ponía fin a su anonimato: “The author is a newspaper correspondent widely known and esteemed. Readers of THE SUN have long been familiar with her work through the versatile and admirable European letters signed "M. de S." English social life has been minutely studied by Mme. Van de Velde and the results of her keen and appreciative observation are apparent in ‘Dr. Greystone’” [La autora es corresponsal de prensa, ampliamente conocida y estimada. Los lectores de THE SUN han estado durante mucho tiempo familiarizados con su trabajo a través de las cartas europeas versátiles y admirables firmadas “M. de S.”. La vida social de Inglaterra ha sido minuciosamente estudiada por la Sra. Van de Velde y los resultados de su observación aguda y apreciativa son evidentes en “Dr. Greystone”]. The Writer, con sede en Boston, una revista mensual que todavía se publica, también identificó a la señora Van de Velde como la autora de las crónicas de ‘M. de S.” en The Sun [febrero de 1890, Tomo IV, N ° 2, pág 45]: “The New York Sun's European correspondent who writes under the signature ‘M. de S.’ is a lady, Mme. Van de Velde, who lives in London, and who has just published a novel, ‘Dr. Greystone’” [El corresponsal europeo de The New York Sun que escribe bajo la firma “M. de S.” es una dama, Mme. Van de Velde, que reside en Londres, y que acaba de publicar una novela, “Dr. Greystone”].


M[aria]. de S[auges]. Van de Velde (1833-1913), que firmaba con sus propias iniciales, era la esposa del embajador danés en la Corte de St. James, y la editora, traductora y benefactora del autor expatriado estadounidense Bret Harte, quien murió en su casa y fue enterrado en una tumba diseñada y pagada por ella. con la inscripción: “In Faithful Remembrance, M. S. Van de Velde”. Es autora de The French Novel To-day [1891), Random Recollections of Court and Society [1888] y Cosmopolitan Recollections [1889], que tratan en detalle los mismos temas que ella había ensayado en las columnas del Sun y The London World, donde también colaboraba. Todos sus libros han sido recientemente imprimidos por una editorial en la India que se dedica a publicar obras bajo demanda que están fuera de copyright.


Irónicamente, en su artículo atribuyendo a José Martí la obra entera de Mme. Van de Velde en The Sun, Ivan A. Schulman casi tropieza con la verdad antes de descartarla a favor de su propia versión del realismo mágico: “Al leer y analizar los artículos firmados ‘M. de S.’ (como asimismo el firmado ‘de Z. ’) la idea se nos ocurrió en más de una ocasión de que, acaso, se tratara de la obra de un cronista europeo, francés, o español”. Schulman abandonó rápidamente esta idea tras consultar varios diccionarios de seudónimos (que enumera en su artículo) y no encontrar una entrada para “M. de S.” en ninguno de ellos. ¿Por qué llegó a pensar que esto confirmaba la autoría de Martí? Es una cuestión que ahora tiene que preguntarse a sí mismo y que yo no puedo contestar. Tampoco podemos explicar su afirmación de que “pese a la insatisfacción artística del Maestro y consideradas todas las imperfecciones de estos artículos, son escritos que no disminuyen la figura literaria de Martí”. Schulman no pudiera estar más equivocado. La mera sugerencia de que Martí podría haber sido su autor es perjudicial en sí. Si estos artículos se hubieran incorporado a las Obras Completas, como Schulman aconsejaba, el daño habría sido catastrófico y quizá irremediable.


La atribución errónea de Schulman tuvo el efecto indeseado de rescatar de la oscuridad los escritos de la señora Van de Velde y elevarlos por años luz más allá de sus méritos. En este artículo, he tenido que desenmascarar por segunda vez a “M. de S.” para que pudiera recuperar la posesión de lo que por derecho le pertenece. Gracias a la equivocación de Schulman, la reputación literaria (tal como es) de Mme. Van de Velde no solo fue bruñida, pero su nombre ahora está enlazado a través de la historia no solo con el de Bret Harte sino también con el de José Martí. Ella es realmente la única triunfadora en esta comedia de errores que tuvo un plazo de cincuenta años y se cierra hoy.









“Los comunistas no comprenden el país”, dice Roberto Veiga







 Cuba Posible suele presentarse como “moderación”, incluso en El Nuevo Herald de Miami se ha llegado a decir que se basa en en “posiciones emanadas del mismo poder revolucionario”. Acerca de tal “moderación”, los recientes insultos y ataques personales del “director” de CP, Roberto Veiga, a partir de mi post “El corrimiento “al centro““, son bastante ilustrativos. En cuanto a lo segundo, Justo Cruz ha traducido para La pupila insomne una entrevista del diario alemán TAZ a Veiga como editor de la Revista Espacio Laical donde este se expresa sobre el poder revolucionario. 



Entrevista dada por Roberto Veiga, al redactor Bernd Pickert del periódico berlinés TAZ en enero del 2013. Traducida del alemán por Justo Cruz



Periodista cubano sobre las reformas


“Así no se puede hacer política”… “Los comunistas no comprenden el país”, dice el editor cubano Roberto Veiga que aboga por una política de no confrontación hacia Estados Unidos.


Bernd Pickert pregunta: Señor Veiga, hace poco salió la nueva ley sobre emigración y libertad para viajar y cada vez son más los que quieren abandonar a Cuba. Qué respondería usted si alguien le pregunta: Roberto me quedo o me voy?


Roberto Veiga responde: En Cuba no tenemos nada. Sobre todo los jóvenes no tienen ninguna motivación material para quedarse. No tienen posibilidad de trabajar en la construcción de la sociedad. No tienen ninguna posibilidad de cambiar nada. Se encuentran extraños en esta realidad donde viven y por eso escapan allí donde pueden ser más activos. También mis hijos quieren abandonar el país porque quieren vivir su vida. Pero no puedo obligar a ningún cubano a quedarse en el país.


Bernd Pickert pregunta: Desde que Raúl Castro llegó al poder está hablando de reformas. ¿Qué ha logrado realmente?


Roberto Veiga responde: Él comenzó un debate con el pueblo, pero de arriba hacia abajo. Un debate entre el poder y el pueblo, no en el seno del pueblo cubano. Pero fue algo más que nada. Hasta ese momento no había existido en Cuba ese tipo de debate. En el Congreso del Partido en el 2011 se acordaron lineamientos económicos hasta cierto punto positivos. Pero ellos dejan una marco muy amplio para la interpretación en lo que respecta al futuro de la economía cubana. El Gobierno ha hecho una interpretación muy mínima de los mismos, y por eso solo se han implementado en el sector de los servicios y la pequeña empresa.


Pero así no se desarrollará el país jamás.


Bernd Pickert pregunta: ¿Puede el Partido Comunista lograr algo?


Roberto Veiga responde: Había mucha esperanza por lo que pasaría en el último Congreso del Partido (2011), pero lo que sucedió fue muy diferente. El PCC se presentó como el partido de vanguardia y estuvo muy lejos de querer establecer un diálogo con el pueblo, buscando la confianza del pueblo pero sin hablar con él. Así no se puede hacer política en una Cuba del siglo XXI. La frustración sigue dominando.


Bernd Pickert pregunta: ¿Significa que el Gobierno cubano trata de evitar cualquier cambio rápido, teniendo en cuenta la experiencia de la caída del socialismo en la Europa del Este? Muchos creyeron que con la salida de Fidel Castro llegaría el momento del cambio.


Roberto Veiga responde: La experiencia del la Europa del Este, donde los antiguos partidos de los diferentes gobiernos lo perdieron todo, ocasionó mucho miedo a los dirigentes del país. Pero ya están en camino de perder el poder. No entienden el país que ellos dirigen. Si siguen así lo perderán todo. Hubiera sido mejor haber comenzado a tiempo con las reformas en ves de correr el riesgo de perderse como fuerza política. Tienen un partido muy gastado y un sistema político basado en un partido único también muy desgastado. El maldito deseo de tenerlo todo y controlarlo todo los está llevando a un desastre de históricas consecuencias.


Bernd Pickert pregunta:¿Si el Partido Comunista no puede, y no existen partidos opositores o medios masivos opositores, porque están prohibidos, quién puede dirigir un cambio organizado que no termine en un caos?


Roberto Veiga responde: Desgraciadamente no hay nadie. Si todo continúa como hasta ahora, después de Raúl Castro, la tecnocracia irá ocupando el mando paulatinamente. Entonces sería la burocracia la que dirigiría el país pero sin criterio político, solo desde las perspectiva administrativa y financiera. Eso podría dar un poco más de libertad, pero seguirá destruyendo al país


Bernd Pickert pregunta:¿Que papel juegan los cubanos en el extranjero?


Roberto Veiga responde: La integración con los cubanos de la diáspora es muy importante para la unión y la armonía en la sociedad cubana. Pero desgraciadamente la nueva Ley de Emigración tampoco crea condiciones para que los cubanos residentes en el exterior puedan integrarse en la sociedad cubana. Esa integración debe llevarse a cabo porque ellos también son cubanos, son nuestros hermanos. Ellos sufren el hecho de estar tan lejos. Es muy importante también que puedan invertir en la isla.


Bernd Pickert pregunta: En casi todo el mundo hay personas que admiran a Fidel Castro y al modelo cubano y ven en ellos un bastión en la lucha contra el el Imperialismo Norteamericano. ¿Qué le dice usted a estas personas?


Roberto Veiga responde: Estados Unidos se creen los dueños del mundo. Lo quieren dirigir y controlar todo. Manifestarse en contra de ellos es legítimo, y el Gobierno cubano lo ha hecho así. Pero esa resistencia no puede ser a costa del bienestar del pueblo cubano. Cuba no se podrá desarrollar sin una estrecha relación con Estados Unidos. No será posible. Desde finales del siglo XVIII existen relaciones culturales entre Cuba y Estados Unidos, hoy muchos de nuestros familiares son ciudadanos estadounidenses. Estados Unidos y Cuba son socios de negocios por naturaleza y podrían seguirlo siendo en el futuro si Cuba quiere seguir desarrollándose. No podemos sacrificar la dignidad de los cubanos a favor de una política de confrontación con Estados Unidos.


Bernd Pickert pregunta:¿En su campaña electoral Obama manifestó querer seguir una nueva política hacia Cuba. Pero hasta ahora nada ha pasado. ¿Cree usted que el Bloqueo contribuye a estabilizar o a desestabilizar el Gobierno cubano?


Roberto Veiga responde: Yo estoy seguro que Raúl Castro ve al bloqueo como un mal que no le permite desenvolverse como quisiera. Pero al mismo tiempo en algunos círculos políticos existe el criterio de que levantamiento del bloqueo contribuiría a una desestabilización del Gobierno porque ya no tendrían más el argumento de no poder abrirse política, social y económicamente.


Bernd Pickert pregunta: La Unión Europea desde hace algunos años también ha impuesto sanciones a Cuba. ¿Qué le aconsejaría usted a la UE?


Roberto Veiga responde: La UE no debe actuar como Juez sobre Cuba, sino como amigo. Yo entiendo que el Gobierno cubano a veces toma decisiones lamentables. Pero yo no creo que las sanciones ayuden a algo. Las sanciones no permiten que se establezca un diálogo, y eso no ayuda a nadie.


Bernd Pickert comenta: Al parecer se están desarrollando buenas relaciones entre el Gobierno y la iglesia.


Roberto Veiga responde: Después del triunfo de la Revolución la iglesia se posicionó contra el Gobierno. La mayoría de los que guiaron a la contrarrevolución venían de la iglesia o fueron apoyados por la iglesia y eran los que decidían qué posiciones debería asumir la misma. Más tarde la iglesia comprendió que los conflictos y la confrontación no eran la solución. Ella tenía que formar parte de la sociedad y estar al lado del pueblo. Esa posición intranquilizó al Gobierno y volvieron las confrontaciones. Pero la iglesia no tiene intereses secretos y en los últimos años del Pontificado del Papa Johannes Paul II comenzó un proceso de mutua confianza. Este proceso comenzó muy bien con Fidel Castro, pero con Raúl Castro se ha logrado un salto cuantitativo que ha traído consigo un dialogo serio y abierto con la iglesia.


Bernd Pickert comenta: En otros países de Latinoamérica la iglesia juega un papel en la protección de los Derechos Humanos. En Cuba no lo veo así.


Roberto Veiga responde: La iglesia interviene a menudo para que el Gobierno trate mejor a la oposición, que los libere. Algunos de ellos han sido puestos en libertad gracias a la mediación de la iglesia, sin que ellos mismos lo sepan. La iglesia trabaja en silencio y habla con el Gobierno. Para algunos esto es traición, pero esa es la única alternativa.


Justo Cruz es Coordinador del Grupo de Trabajo en el Partido “La Izquierda” (Die Linke) de Alemania “Cuba Sí”.


www.cuba-si.org